Faustina Sáez de Melgar: liberación sin rupturas

 

MUJER Y PERIODISMO EN EL SIGLO XIX. LAS PIONERAS / WOMEN AND JOURNALISM IN THE 19TH CENTURY. THE PIONEERS

FAUSTINA SÁEZ DE MELGAR: LIBERACIÓN SIN RUPTURAS

Carlos Dorado

Hemeroteca Municipal de Madrid

doradofc@gmail.com

 

RESUMEN

Con documentación hemerográfica como fuente principal, el artículo pretende poner de manifiesto la estrecha relación que con la prensa tuvo la extensa obra y la biografía de Faustina Sáez de Melgar (1833?). Creadora de varias revistas dirigidas a la mujer, vio en ellas un medio de fomentar la lectura en los hogares. Afirma que la educación es el medio por el que la mujer puede liberarse de la marginación social que padece y que ella denuncia como esclavitud. Autora del drama La cadena rota, comprometida con el abolicionismo, considera sin embargo innecesario romper ninguna: esa liberación llega además por el matrimonio y la práctica de las virtudes en una sociedad patriarcal cristiana. Sus opiniones parecen en ocasiones contradictorias y oportunistas. Posiblemente subyace una cautelosa estrategia en aplicación del “posibilismo”.

FAUSTINA SÁEZ DE MELGAR: LIBERATION WITHOUT FAULT LINES

ABSTRACT

Drawing on periodicals as the principal documental source, this article aims to demonstrate how the copious literary production and biography of Faustina Sáez de Melgar (1833?) was closely linked to journalism. The creator of several magazines aimed at women, she seems to regard fashion magazines as a way of encouraging reading habits in the home. She asserts that education is the key to delivering women from their social marginalisation, which she denounced as a form of slavery. Although an active supporter of abolitionism -author of the drama La cadena rota- she did not consider women’s liberation to require any break in social norms, as it can be found within marriage, the maintaining of patriarchal structures and the practising of Christian virtues. Her thought sometimes appears opportunistic and contradictory. This is possibly a result of a cautious strategy, in which she sought to achieve only what was possible in her epoch.

Recibido: 03-07-2013; Aceptado: 06-04-2014.

Cómo citar este artículo/Citation: Dorado, C. (2014). "Faustina Sáez de Melgar: liberación sin rupturas". Arbor, 190 (767): a135. doi: http://dx.doi.org/10.3989/arbor.2014.767n3006

PALABRAS CLAVE: Sáez de Melgar; literatura española; escritoras; periodismo; prensa; España; siglo XIX; revistas femeninas.

KEYWORDS: Spanish literature; women writers; press; journalism; Spain; 19th century; women’s periodicals.

Copyright: © 2014 CSIC. Este es un artículo de acceso abierto distribuido bajo los términos de la licencia Creative Commons Attribution-Non Commercial (by-nc) Spain 3.0.

CONTENIDOS

RESUMEN
ABSTRACT
NOTAS
BIBLIOGRAFÍA

 

Finalizando diciembre de 1866, en las primeras páginas del cáustico Gil Blas un embozado escribe:


“¡Cielos!... ¡Yo periodista como Pilar Sinués de Marco, Ángela Grassi, Robustiana Armiño, Joaquina Balmaseda, Faustina Sáez de Melgar y otras once mil… escritoras que llenan con sus plumas todos los semanarios de modas de esta mundo y del otro!”[1].


Dardos similares pueden encontrase en la prensa satírica de aquellos años. Endebles, aunque algunos sean dirigidos por celebridades como un Leopoldo Alas “Clarín”, recurren a la sonoridad onomástica de las atacadas y manejan prejuicios que se irán tornando insostenibles por las actuaciones de mujeres como aquellas de las que se ocupan estos estudios. También son detectables desconcierto y recelo por el peligro que en diversos aspectos podría conllevar la presencia, desenvoltura y manifestación femeninas en el mundo de la cultura. 


En España, este acontecimiento era entonces cuestión de actualidad: la revelación, in crescendo, de nombres femeninos en las páginas de diarios o revistas, ya como colaboradores en ellas o por dar cuenta de la aparición de sus obras y actuaciones intelectuales.


Así, en 1860 -quedan décadas para que salgan de imprenta los repertorios de Ossorio y Bernard (1889 y 1904) o de Criado y Domínguez (1889Criado y Domínguez, J.P. (1889). Literatas españolas del siglo XIX. Apuntes bibliográficos. Madrid: Imprenta A. Pérez Dubrull.)- aparecen en la primera página de varios de los diarios madrileños de más tirada (por ejemplo, en La correspondencia de España de 22 de septiembre, en La discusión del día siguiente, o en La época del día 25) una información, sin indicación de procedencia ni propósito, encabezada: “Señoras que escriben para el público en España”. Contiene casi cincuenta nombres, aunque falten, como es lógico, muchos que luego se harán conocidos y hasta populares. Se presentaba como fenómeno reseñable en noticia.


Fenómeno complejo donde actúa la transformación de la prensa misma a mediados del siglo, y en particular y más de aplicación en este caso, de las llamadas convencionalmente “revistas femeninas”. Causas que no excluyen motivaciones puntuales y prosaicas. Por ejemplo, la influencia en el auge de ventas y difusión de las “revistas de modas” del perfeccionamiento y la comercialización de la máquina de coser, que va a facilitar el corte y confección en las casas particulares.[2] Para ello hacen falta modelos y patrones y esa necesidad se traduce en la demanda de las publicaciones que las suministran y publicitan. Son usuales ofertas como esta: “figurines y modelos elegantísimos de toda clase de prendas de vestir, para señoras, señoritas y niños; patrones trazados de tamaño natural para poder confeccionar en casa los trajes que no sean demasiado complicados”. (De La moda elegante en La unión católica, 25 de abril de 1891). Figurines y patrones no son, pues, un elemento secundario de la revista y le facilitan su existencia como vehículo literario de comunicación. Es mérito de estas revistas de modas su contribución al fomento de la lectura en los hogares. De ello se aperciben estas escritoras que, resueltas a materializar su vocación, van a servirse para ello inteligentemente de los medios a su alcance. En primerísimo lugar, de la prensa.


Uno de los nombres de autoras que se deja ver con más frecuencia, por la notable extensión y variedad de su obra, por su demostrada gran capacidad en la planificación empresarial y en las relaciones sociales, es el de Faustina Sáez de Melgar.[3]

* * *


Han transcurrido 34 años del siglo[4] cuando nace en Villamanrique del Tajo, entre Aranjuez y Chinchón, en el seno de una familia “de más que medianas conveniencias”, según refiere la breve biografía que de ella escribe tempranamente Pilar Sinués (1860Sinués, P. (1860). "Biografía de la señora doña Faustina Sáez de Melgar". En La higuera de Villaverde. Leyenda tradicional por Faustina Sáez de Melgar, pp. 76-88. Madrid: Imprenta de Bernabé Fernández.) y que recoge J. E. Hartzenbusch (1866Hartzenbush, J.E. (1866). "Doña Faustina Sáez de Melgar". Prólogo a Aniana o la quinta de Peralta (2ª ed.), pp. 3-15. Madrid: La Iberia.). “Sus padres, ricos hacendados”… “ocasiones había en que la pobre aldea en que vio la luz carecía hasta de maestro de primera enseñanza y en una de estas comprendió lo que pasaba en su alma”… “sin auxilio de nadie aprendió a escribir”… “pasaba la noche en vela, y aunque no le dieron ningún maestro, aprendió gramática, geografía e historia”. 


Esa información tuvo que facilitarla la propia biografiada. Era la época del self made man, satirizado entre otros por Dickens, y estas escritoras van a ser en algún modo tipos de su versión femenina. Sin embargo y sin perjuicio de considerarla en efecto autodidacta, la formación de Faustina hubo de ser más completa. Cuenta ella misma en La violeta (1865, n.130, 28 de mayo, p. 260) de María, la que había sido su primera novela: “La escribí cuando contaba trece años”. En cualquier caso, mantuvo su inquietud intelectual durante toda la vida. Ya en 1880 Juan Fastenrath informa, por ejemplo, e incidentalmente, de que su amiga Faustina Sáez de Melgar ”ha empezado hace unos meses a aprender la lengua alemana” (en el artículo “El poeta y crítico Rodolfo de Gottschall”, publicado en La América, n.5, 8 de marzo, p. 9), lo que contribuye a documentar su preparación para tareas de traducción; en este caso, de autores como Carmen Silva, quien en 1887 le va a encargar -cuentan periódicos como El día, de 8 de agosto- la edición de sus obras, que en París edita Garnier. Doña Faustina desarrolla una gran actividad como traductora, principalmente de obras publicadas como folletines, en ocasiones “del inglés” o “del alemán”. Da a entender que no lo hizo a través del francés, como era entonces frecuente; también lo es que de esas traducciones quede advertido son “arreglo al castellano.”


El matrimonio va a ser acontecimiento de especial transcendencia en su vida porque para la escritora que germina supondrá el comienzo de la liberación. Valentín Melgar, periodista y alto funcionario, parece que no solo permitió sino que alentó, en principio, las ambiciones intelectuales de Faustina. Varios de esos puestos que ocupó exigían un dilatado alejamiento, en espacio y en duración, de España, lo que suponía aumentar la responsabilidad de la esposa, madre de familia numerosa, y de su necesaria libertad para tomar decisiones. Acompañada de sus hijas, no lo estará por el marido durante su largo desplazamiento a París, a partir de 1880, movida por el deseo de dar a sus hijas la mejor formación y también por ambiciones profesionales que apuntaban a Iberoamérica.


“Antes de partir Faustina consiguió que algunos periódicos y/o revistas españolas aceptaran publicar sus crónica parisienses; además, ella continuaría su labor de escritora y, sobre todo, de traductora, ya que allí podría contactar directamente con algunos de los autores franceses de mayor fama para adquirir los derechos de traducción de algunas de sus obras. Por otro lado, dada la numerosa colonia española establecida en el vecino país, emprendería nuevos proyectos periodísticos; como la publicación de alguna revista dirigida a las mujeres o a la infancia, que bien podría comercializar entre sus miembros, además de, a través de sus contactos, venderlas en España e Hispanoamérica. Todo ello le produciría unos beneficios que ayudarían al mantenimiento familiar (Seguí, 2002Seguí Collar, V. (2002). Gloria Melgar Sáez. Madrid: Ediciones del Orto., p. 23). 


El cambio de residencia dice mucho, ciertamente, de sus inquietudes, iniciativas y capacidades. También con la separación física se hace patente el distanciamiento personal entre los esposos. Hay desacuerdos en el procedimiento educativo de la hija mayor, en que la madre, consecuente con sus principios, se esmera. Se evidencian ciertas dificultades económicas. Valentín Melgar se expresa en sus cartas de forma autoritaria y áspera. Son reveladores los fragmentos de la correspondencia de este que incluye su bisnieta cuando publica la biografía de su tía abuela, la artista Gloria Melgar Sáez:


“no vayas a tener que sentir, que entonces desdichada de ti, porque entonces te tendría que pedir cuentas muy estrechas”. “En esto es donde debes de poner los cinco sentidos, porque te aseguro firmemente que si salieses con algún descuido, no lo resistiría sin que no lo pagaras bien caro, así pues ten cuidado” (Seguí, 2002Seguí Collar, V. (2002). Gloria Melgar Sáez. Madrid: Ediciones del Orto., pp. 17-18).


Cabe pensar, pues, que Faustina respira por la herida cuando en 1880 se incorpora con unos versos al festivo y constantemente incrementado Pleito del matrimonio entre T. Guerreo y R. Sepúlveda, contendiendo en él como jueces, letrados y testigos distinguidos escritores, en su 4ª edición (pp. 228-229): 


“Decía un recién casado, /lleno de sublime ardor: / -“Yo me casé por amor/ y vivo desesperado: / y escaso un año ha pasado / y ya me aburro sin tasa; me cae encima la casa, / y anhelo con ansia fuerte / salir de ella sin que acierte / a saber lo que me pasa”. / “Y su esposa que le oyó, / contestóle con presteza: -“Amigo, el fastidio empieza / por donde el amor salió: / si débil afecto unió / al tuyo mi pobre ser / no puedes mi dicha hacer, / pues requiere el matrimonio / indudable testimonio / del firmísimo querer.” 


Después de siete años en París y uno en Biarritz, la escritora y periodista regresa a Madrid en 1888. Se sabe que ella no quiso acompañarle a Villamanrique cuando él regresó definitivamente, y que mantuvo casa en Madrid hasta el final de sus días (Seguí, 2008Seguí Collar, V. (2008). "Doña Faustina Sáez de Melgar en Villamanrique. En memoria de una mujer que se forjó a sí misma". Boletín informativo de Villamanrique de Tajo, 7, pp. 11-14., p. 14). 


Madrid había sido para Faustina una de las consecuencias del matrimonio, el escenario de su liberación y para ella, ciudad abierta. Tuvo acceso al propio Palacio y contó con muy buenas relaciones familiares y amistosas, en la hight life y en el mundo de la cultura. En Madrid y por Madrid se mueve la señora de Melgar con gran soltura, gusto y aprovechamiento. Se la puede ver participando en el Liceo Piquer, en la Sociedad El Fomento de las Artes, en la Sociedad de Escritores y Artistas, de la que llega a ser socio de mérito y secretaria, en la Asociación de Amigos de las Letras y de la Lectura. Será invitada a formar parte de la Junta Organizadora del Congreso Pedagógico Hispano-portugués-americano y de la junta para la remisión de objetos a la exposición de Chicago, para el espacio dedicado “A la mujer española”, donde es vicepresidenta de honor, por invitación del gobierno norteamericano (Diccionario enciclopédico hispanoamericano de literatura, ciencias y artes, s.v Sáez de Melgar). Participa en los homenajes a Camoens y a Calderón. Acude a teatros y a fiestas en casas de la aristocracia y la alta burguesía. Deja numerosas huellas de su gran interés por actividades humanitarias y educativas: es socio de la Cruz Roja, asiste a la entrega de premios del Ayuntamiento a las escuelas primarias, al Real Colegio de Señoritas de Santa Isabel…


En Madrid, sobre todo, realiza sus grandes proyectos culturales y benéficos: en mayo de 1886 queda constituida la comisión organizadora para realizar el pensamiento iniciado por ella de fundar un Asilo de huérfanas de empleados y profesores de instrucción primaria -en algún momento se habla también de huérfanas de periodistas- de Santa Fe. Proyecto que se materializa con sede también en París, contribuyendo con su patrimonio doña Faustina, y que acabó por algunos conflictos de los que supo salir airosa. 


Será recordada su intervención en la aparición y desarrollo de instituciones como el Ateneo de Señoras o la Sociedad Abolicionista, actividades vinculadas con sus estrechas relaciones con la burguesía progresista y con los krausistas anteriores a la fundación de la Institución Libre de enseñanza, en particular con una figura tan comprometida con proyectos para la educación de la mujer como lo fue Fernando de Castro. 


Ligado está De Castro en la creación de aquel Ateneo Artístico y Literario de Señoras: asociación de enseñanza universal, científica y recreativa, en 1869, de la que Sáez de Melgar es nombrada presidenta y donde tendrá ocasión de demostrar su dinamismo. 


Presente está doña Faustina en el primer mitin abolicionista, en 1865. Fernando de Castro es presidente de la Sociedad Abolicionista Española desde 1869, y cuando en 1871 se constituye la Sociedad de señoras protectoras de los esclavos, Faustina Sáez es designada presidenta.


Madrid es donde lleva a cabo, entre 1862 y 1866, su primera gran realización periodística: la revista La violeta, de cuya primera época queda hecho un magnífico análisis en uno de los presentes estudios y de la que, por tanto, solo es pertinente hablar ahora para hacerlo de la relación de doña Faustina con el desarrollo de la vida política. 


Ligado a la fortuna de La violeta está el nombre de Isabel II y de su adhesión a ella y a la Familia Real deja numerosas huellas la escritora, que participa, por ejemplo, en la Corona poética editada como elogio a la Reina por el controvertido “rasgo” de 1865. 


Simpatía que, sobrevenida la Revolución, no le impide hablar del “pasado yugo de la tiranía” cuando lo hace en La Iberia (17 de diciembre de 1868) de la fundación del Ateneo de Señoras. Fundación para la que contó, por cierto, con el apoyo económico de la duquesa de la Torre. Tres años después también publica en La Iberia (25 de enero, p. 3) un poema de homenaje: “En la muerte del excelentísimo señor don Juan Prim” (“¡Mártir de libertad!”), de los más logrados de su obra. Y La mujer, su otra gran revista, colma de elogios en ese mismo año de 1871 a la reina M ª Victoria. Esta su acomodación al curso de la política no pasó desapercibida, lo que demuestra que la figura de doña Faustina merecía atención. El republicano La igualdad publica en su n. 799 (19 de junio, p. 2) una nota:


“La directora de un antiguo periódico de modas, La violeta, que era solo una continua alabanza a doña Isabel de Borbón, que la costeaba, publica hoy un periódico titulado La mujer que es una continua alabanza a la señora de Aosta, que lo costea. Esto de tributar incienso a todos los que mandan será muy lucrativo, pero no da muy buena idea de la rectitud de principios de la que se propone moralizar e instruir a la mujer”.


La aludida responde con carta que el diario no publica, sí La Iberia, que se había hecho eco de aquel suelto el 29 de junio y que también incluye ella en su revista (nº 5, 8 de julio, pp. 6-7). Es evasiva, la disposición aludida es dos años anterior al cese de la revista, pero suministra información de interés:


“[Isabel II] lejos de proteger el periódico le hizo mucho daño, porque si bien obtuvo una real orden por mediación de mi digno amigo don Eugenio de Ochoa, director entonces de Instrucción Pública, para que las maestras se suscribieran, cargando su importe al material, fue derogada al mes de concedida, causándome un perjuicio inmenso por los trabajos de propaganda y el excesivo coste de los números, dibujos y labores que hube de adquirir, de lo que no pude resarcirme, siendo esta la causa de la muerte del periódico, que suspendió poco después”.


Y en los años de la Restauración continuará la excelente relación de doña Faustina con la familia reinante, en especial con la infanta Paz, cuya personalidad ofrece marcadas afinidades con el suyo. Más que oportunismo, o hipocresía, es el de “posibilismo”, término muy utilizado en la política de entonces, el que parece de más conveniente aplicación a los planteamientos, en esta y otras cuestiones que a veces también parecen contradictorias, de Faustina Sáez y de compañeras suyas de generación. Actuar apurando las posibilidades, sin crear alarma social, con prudente y paciente estrategia.


* * *


La orientación práctica en las personalidades de esa generación de escritoras queda bien reflejada en su dedicación a una prensa que con paso firme se va consolidando como poderoso medio de comunicación. La prolífica obra de Faustina Sáez de Melgar en verso y prosa, novela, teatro y escritos pedagógico-doctrinales, aparece volcada sobre todo en periódicos y revistas. No se aparta en esto de un rasgo muy común en las escritoras románticas:


“Del centenar de autoras, tan solo cincuenta escriben libros y el resto lo hizo en la prensa periódica. Es fundamental, por tanto, la consulta de estas publicaciones para tener una idea aproximada de su producción, no solo poética, sino incluso novelística.” (Simón, 1990Simón Palmer, M.C. (1990). "Panorama general de las escritoras románticas españolas". En Mayoral, M. (coord.), Escritoras románticas españolas: recopilación de las ponencias presentadas en el seminario del mismo título, pp. 9-16. Madrid: Fundación Banco Exterior., p. 18).


Fuera de la prensa cuenta, ciertamente, con algunas realizaciones tan notables como Las mujeres españolas, americanas y lusitanas pintadas por sí mismas…, de 1881, en la que puso dirección y empeño, que viene a ser suma de artículos costumbristas firmados por destacados nombres de esta generación de pioneras y, a manera de enlace, por alguno de los de la siguiente. Participa también en publicaciones de homenajes, efemérides y finalidades benéficas.


Merece ser recordada también su actuación como editora. De colecciones, de sus propias obras (Obras morales y recreativas, recopilaciones en libro de colaboraciones en periódicos y revistas) o de otros autores: la Biblioteca de señoras, de 1860 a 1870, y su segunda época, la Biblioteca de damas a partir de 1878. Y en sus últimos años expresa su propósito de editar una Biblioteca Infantil, según informa El día de 1 abril de 1892. Parece que fue relevante su intervención en El Cosmos editorial, de la que figura como agente durante su estancia en París y en cuyo catálogo, entre las de otros conocidos autores, aparecen varias obras de Zola.


Pero es figura nacida para el mundo de la prensa. Como creadora y como usuaria, su vida pública se enlaza estrechamente con ella; en ella quedan huellas de su peripecia biográfica y la prensa recoge y recogerá testimonios de la fortuna crítica de su obra. 


En su producción poética dispersa por periódicos y revistas son observables huellas de lecturas de Selgas, el duque de Rivas y Zorrilla[5], por quien siente confesa admiración, o de Campoamor, cuya impronta es perceptible en las composiciones que titula “Improvisaciones”, aparecidas en revistas para las que escribió en su madurez.[6]

Pero la notoriedad se la prestó a su firma, sin duda, su labor de folletinista, de novelas suyas y de “arreglos al castellano” en páginas de diarios y revistas: La Iberia, o El díaLa reforma, La elegancia, La moda elegante, Gran moda… Tan productiva fue, que llegó a enviar capítulos de folletines a más de una publicación por las mismas fechas.


Autora de breves relatos moralizantes, de artículos pedagógicos y de divulgación cultural, están escritos con particular afecto y acierto los que destina al público infantil. 


De su teatro, aunque estrenó con éxito en 1875 Contra indiferencia, celos, La cadena rota, que parece nunca subió a un escenario y llegó al público envuelto en papel de periódico (salió en La mañana a partir de noviembre de 1879), muestra lo que impresionaba a la afinada sensibilidad de la autora el drama de la esclavitud y también aquel compromiso suyo con el movimiento abolicionista. De 1868 es su novela por entregas en La Iberia, a partir de 24 de octubre, María la Cuarterona o la esclavitud en las Antillas. 


Cultiva doña Faustina el “periodismo de salón” y sus crónicas de Madrid (“Salones y Revista de Madrid”, en La violeta…) y de París (Paris Charmant-Artístico…, reproducidas luego en otras revistas, como Asta regia) traslucen la desenvoltura con la que en los salones se movía la periodista.[7]

Y dedica mucho de su tiempo y de sus reflexiones a los numerosos textos en que trata de la situación contemporánea de la mujer y de la educación de mujeres y de niños, sembrando prédicas sobre el ejercicio de las virtudes y la erradicación de los vicios. Aparte de los contenidos en las publicaciones en las que tenía responsabilidad directiva, aparecieron “Cuatro palabras sobre la mujer” en La ilustración ibérica; en La Alhambra, las “Cartas a las damas”, firmadas con el seudónimo de “María”; en La moda elegante, en La mujer y en La canastilla del hogar, los “Deberes de la mujer”; los “Estudios sobre la mujer” en La moda elegante ilustrada, “La literatura en la mujer” en La aurora de la vida y en La violeta; “Influencia de la mujer en la educación moral de la niñez”, en La mujer y en La canastilla de la infancia…


Colaboraciones periodísticas muy diseminados por, al menos, medio centenar de cabeceras, es presumible que de más, en ocasiones aparecen insospechadamente.[8] Facilita esa dispersión la admirable comunicación de estas escritoras entre sí, brindándose las páginas de sus revistas en aplicación de una “fraternidad literaria” que, según Faustina en dedicatoria a Patrocinio de Biedma (Cádiz, n.8, 30 de mayo de 1878, p. 22), es “la más bella de las fraternidades”.


* * *


La más perdurable aportación de Faustina Sáez a la historia del periodismo son sus propias revistas. El éxito de La violeta, de la que ya se ha hablado brillantemente en otro de los presentes estudios, animó a su directora a aplicar el modelo experimentado a otra de sus creaciones: La mujer: revista de instrucción general para el bello sexo, aparecida en junio de 1871. Que tuvo éxito lo habría indicado el que el n. 7 (20 de julio) advierta que están ya “agotados los primeros números”, pero el n. 12 (30 de agosto) contiene una despedida del trimestre que parece lo fue también de la publicación.


En La mujer, doña Faustina, sin dejar de extender veladuras, descubre con más libertad su pensamiento y hasta expresa el entusiasmo esperanzado que le producen las nuevas circunstancias sociopolíticas. “La revolución puede cambiar nuestra condición social” afirma en el prospecto (¿de 1 de junio?) “la redacción” de la revista: 


“Muchas son las publicaciones que nacen y mueren cada día […] ninguna se ha encaminado nunca única y exclusivamente a la mujer […] nuestra misión […] la de propagar en nuestro sexo las ideas de progreso que han hecho a la mujer inglesa y norteamericana una mujer fuerte, independiente, instruida y digna sin apartarse de los deberes que la encadenan al hogar”.


Y continúa entreverando hábilmente reivindicaciones con observaciones tranquilizadoras: 


“Muchos siglos de subyugación moral han hecho de la mujer española un ser sin propia voluntad e iniciativas. La revolución puede cambiar nuestra condición social, si hay hombres que comprendan la importancia de la educación de la mujer, nos ayudan perfeccionarla y nos marcan los deberes y los derechos que nos son propios. Guiándonos por el camino de la ilustración, a la luminosa esfera de la inteligencia y el saber, dejándonos tomar la parte que nos corresponde en las graves cuestiones sociales que deben resolverse […] No debe la mujer permanecer más tiempo en las tinieblas de la ignorancia: esto acarrea fuertes males a la causa del progreso porque la convierte en arma de partido, se explota su conciencia con fines reaccionarios”


En el n. 1 (8 de junio) se reafirma la redacción (“Al público”) en denuncias atemperadas:


“No me refiero a las soñadoras, que corriendo ilusas tras una utopía irrealizable, piden su emancipación, piden derechos que no conocen, piden igualarse con el hombre, que es como si quisieran igualar el sol a la luna” (p. 1).


“No nos proponemos hacer un periódico de modas […] bastantes tienen ya que solo hablan a los sentidos […] presentando con tentadora seducción nuevos y poderosos modelos de bonitos trajes […] fomentando en las pobres imaginaciones que las leen con avidez la idea de que la mujer solo sirve para ser instrumento y no compañera del hombre […] trataremos en nuestro semanario de apartar a la mujer de la senda ridícula y peligrosa a que quieren condenarla los partidos reaccionarios […] ¿Quién puede oponerse al torrente de ideas que chocan entre sí, resultando de este choque de luz que todo lo inunda? La luz es inevitable, irradia por doquier, la civilización avanza, marchemos con ella, aceptemos los hechos consumados y tome la mujer la parte que le corresponde en la esfera social de nuestro nebuloso hemisferio” (p. 2).


La propia directora, presentada por el prospecto, conjurando recelos, siendo “mujer, esposa y madre antes que escritora”, se revela autora de lo que antecede porque continúa en los mismos términos: 


“A semejanza del torrente que desbordado arrastra cuantos obstáculos se oponen a su paso, el más pernicioso torrente de fanatismo avanza impetuoso a continuar su obra tomando por auxiliar a la mujer […] no procurando ilustrar su entendimiento, sino cegándole en perpetuas tinieblas, llenando de sombras su timorata conciencia, que imponen a su capricho, y ejerciendo sobre ella una influencia perniciosa […] No puede desconocerse que las facultades intelectuales de la mujer son iguales a las del hombre” (p. 3).


“¡Luz! ¡Luz para la mujer!”, escribe en la entrega n. 9 (8 de agosto), “¡Luz! ¡Mucha luz¡ Venga de donde viniere. La mujer, mitad de la humanidad, vive todavía a oscuras en el siglo de las luces; ¡ilustradla, iluminad su entendimiento! […] No debe la mujer permanecer más tiempo en las tinieblas de la ignorancia: esto acarrea graves consecuencias a la causa del progreso, porque se la convierte en arma de partido, se explota su conciencia con fines reaccionarios” (pp. 7-8).


Imagen esta de la luz cuyo uso por Sáez de Melgar merecería ser considerado. Consecuente con su propósito fundamental de instruir a la mujer, la revista -donde, por cierto, figuran más colaboradores que colaboradoras- incluye textos sobre “La mujer de ayer, la de hoy y la de mañana” e “Influencia de la mujer en la educación moral de los niños”, a cargo de la directora, y páginas de cultura varia: poemas traducidos del ruso (recuérdese que las casi novedosas conferencias de Pardo Bazán sobre literatura rusa son de 1885), una semblanza encomiástica de Mariana Pineda o un descripción del Museo Arqueológico Nacional. Y, aunque ha reconocido su importancia secundaria, sabe de la que tienen para la captación de lectoras e incluye “dibujos, patrones o retratos litografiados”.


Establecida en París, le encomiendan la dirección del Paris Charmant-Artístico: periódico ilustrado de las nuevas modas entre enero de 1881 y marzo de 1882. 


Este trabajo no colmaba sus ambiciones. Y, sin pausa, materializa en París, siendo corresponsal la madrileña Librería de San Martín, sus propias ideas. Una inexactitud de Ossorio (La canastilla de la infancia por La canastilla infantil, (1904Ossorio y Bernard, M. (1904). Ensayo de un catálogo de periodistas españoles del siglo XIX. Madrid: Imprenta. J. Palacios, (Ed. facsímil: Madrid: Hemeroteca Municipal, 2004)., p. 407) puede ser el origen de la confusión con que en ocasiones aparecen citadas. Examinadas cuidadosamente, puede establecerse una secuencia: directora del Paris Charmant en castellano, a fines de ese mismo año de 1881 doña Faustina funda La canastilla infantil que en enero de 1882 transforma en La canastilla del hogar, aparecida a lo largo de 1883. Y 1884 será el año de La violeta renacida.

La canastilla infantil: gaceta ilustrada para recreo, instrucción y utilidad práctica de los niños y las madres: modas parisienses para los niños de ambos sexos desde la primera infancia hasta los catorce años, es quincenal desde diciembre de 1881 hasta enero de 1882, y sale, como su libro La semana de los niños, de la casa editorial de Bouret.


“Muchos son los periódicos -dice la primera entrega- que nacen, pasan y mueren… No hemos visto ninguno que uniese a la instrucción y el recreo de los niños la utilidad práctica para las madres. En este concepto creemos no engañarnos al afirmar que el nuestro es el primero […] Combinadas con el recreo y la amenidad las ciencias y las artes, los niños las aprenden jugando. Al lado de un artículo de Hª natural, que por sí solo es pesado, presentaremos el grabado correspondiente […] Confiamos -desliza sutilmente doña Faustina- en que nuestra querida España y la ilustrada América acogerán nuestra modesta publicación […] También nos atrevemos esperar de la noble prensa de ambos países un cariñoso recibimiento.”


Ella escribe sobre “La educación moral de la mujer”. También escriben Gloria Melgar, Hernán González Melgar, Carolina de Soto, Ana Ruiz, Gregoria Urbina, Clemencia Larra, la infanta Paz, Antonio Grilo, Selgas, Salvador Rueda… Acompañan figurines y pliegos de patrones y bordados.


La canastilla del hogar: gaceta instructiva para las madres de familia y las señoritas: recreo, instrucción, utilidad práctica: modas parisienses, que apareció entre enero y diciembre de 1883, también incluye figurines y patrones. En la “Sección literaria”: “Revista de modas”, “Deberes de la mujer” y “Física para niños”; poesías, novelas (como atención al mercado americano: una de costumbres colombianas)… Entre los nombres masculinos, los de Castelar y Fastenrath. Tiene una “Sección de grabados”, algunos de ellos en color. Contiene la necrológica de Ángela Grassi.


Y en enero de 1884 doña Faustina brinda a los lectores la sorpresa de resucitar su querida La violeta: gaceta ilustrada del hogar doméstico, modas parisienses, labores, literatura, bellas artes, utilidad práctica para las madres de familia, instrucción y recreo para las señoritas. Para que no quepa duda de la deseada continuidad, consigna: 2ª época, año VIII, directora-propietaria, doña Faustina Sáez de Melgar, quien, a manera de preámbulo, escribe:[9]

“Nuestras tareas en esta segunda época de La violeta serán la continuación de las que hemos desempeñado durante la primera en España donde con tanto aplauso y durante muchos años se ha publicado nuestro periódico […] venimos trabajando hace muchos años en numerosas obras y periódicos que circulan por todas partes […] esto prueba la bondad del sistema expuesto por nosotras y hoy transplantado desde las orillas del Manzanares a las del caudaloso Sena […] como nuestro principal objeto es hermanar la utilidad con la baratura no damos más que un solo número, pero este contiene 16 grandes páginas a dos columnas, con más lectura y grabados en el texto que otras publicaciones quincenales que solo dan ocho. Es preciso lo tengan en cuenta nuestras lectoras al comparar unos con otros que solo dan ocho […] nuestras modas son prácticas no ilusorias y solo bonitas para la vista, como las de muchas publicaciones que son dirigidas por personas incompetentes. Nuestras redactoras ensayan y prueban los modelos antes de admitirlos para nuestro público periódico”.


Su contenido: revista de modas, colaboraciones literarias, grabados y figurines, alguno en color, crónica de salones. Escriben Ana Ruiz, Julia Asensi, Mª del Pilar Contreras, Carolina de Soto, Carolina Coronado, García Gutiérrez… Asoma un artículo sobre Madrid, de José Gutiérrez Abascal.


Como aguinaldo de pascua ofrece la revista a sus suscriptoras una máquina de coser a 29 francos: “no contenta nuestra directora con regalar uno de sus libros ha hecho un contrato con el fabricante”. 


Y, de vuelta a Madrid, años más tarde, La canastilla de la infancia: revista hispano-americana: modas para niñas. Bajo la dirección de doña Faustina, publica la revista Cándido García, propietario de la editorial El genio literario, que en el preámbulo escribe: 


“venimos a dar con el ideal soñado: una revista única en su clase, en la que nadie había pensado nunca […] queremos contribuir a educar a la niña […] dándoles a las madres unos instrumentos […] la hemos confiado a una escritora de antiguo renombre, muy amiga del público y sobre todo, de los niños, a los que ama con delirio, y no tendrá tarea más grata que dedicarles sus últimos días”


Y así vino a ser, en efecto, 


Cincuenta y dos entregas entre enero de 1893 y enero de 1894; junto al cuerpo de la revista, hojas “de labores” y “de literatura amena”, acompañando entregas del Quijote. Cuadros de la vida social, narraciones originales y traducidas, artículos pedagógicos de historia natural, lecciones geográficas, “recetas de cocina para las niñas aplicadas” (n.4, 19 de febrero, p. 78), un juguete cómico y una comedia… Los nombres de Fernán Caballero, de Alarcón, de Gertrudis Gómez de Avellaneda, de Hartzenbusch, de García Gutiérrez… Las colaboraciones moralizantes, ya habituales, de doña Faustina, hablando de virtudes y de vicios, de la “influencia de la mujer en la educación moral de la niñez”. Reproduce textos provenientes, así lo indica, de La violeta, como aquel “El Greco” de J. Castellanos (n. 19, 4 de junio), denotando que a la avisada directora no se le pasó por alto lo que tuvo en su momento de novedoso.


Pero la revista transmite cierta sensación de agotamiento de una fórmula de producción. 


Doña Faustina fallece en marzo de 1895. Debió de haberle producido no poca satisfacción el que le pidiesen colaboración (lo hizo con “Los dones intelectuales”) en el número extraordinario de El día, por el Año Nuevo de 1892, entre una selección de valores prestigiosos del mundo de la cultura, como Galdós. Parece que ella en cierta medida también lo era entonces, lejanos ya los años regios isabelinos. Pero quien había dedicado buena parte de su vida a publicar sobre la moda también como escritora desaparecía, arrastrada por el cambio de modas en expresiones y gustos literarios.


* * *


La noticia de su muerte pasa casi desapercibida. Los periódicos que dan la noticia -alguno lo hace con inexactitud- coinciden en destacar sus cualidades humanas: “persona culta y buena”, dice La dinastía el 1 de abril, “menos conocida de lo que debía haberlo sido”, El día de 13 de marzo, “era trabajadora infatigable y su nombre popularísimo”, El correo militar del día 20…


Si embargo, el nombre de Faustina Sáez ya comenzaba a eclipsarse en las páginas de esa prensa de la que ella se había servido muy bien para dar curso a su obra y que había dado a conocer sus inquietudes sociales, en diversos aspectos y de diversas formas.


Un episodio: abogando por la construcción del Canal del Tajo, que habrá sido de gran beneficio para su patria chica, dirige desde El imparcial (21 de abril de 1878; sobre el mismo asunto ya había dirigido otra al gobierno desde La nueva Iberia de 3 de septiembre de 1868), una carta a la duquesa de Medinaceli, presidenta de la Sociedad Geográfica de Agricultura en que la calificada alguna vez de “servil cronista de salones” incluye este comentario:


“La aristocracia, lejos de las miserias del pueblo y saturada de los goces que proporciona la consideración y la fortuna, no ha podido nunca sentir amor ni deseo alguno por el mejoramiento del estado social y material del país […] muchos siglos de subyugación moral han hecho de la mujer española un ser sin propia voluntad y sin iniciativas […] es altamente consolador admirar a una ilustre dama apartarse de las tradiciones absurdas que siempre han coartado el libre impulso del pensamiento”.


Hablar de las ideas y mentalidad de Faustina Sáez de Melgar en asuntos como el papel social de la mujer es insistir en parámetros ya señalados, por ser muy comunes, en los textos de esta generación. De las virtudes cristianas de la mujer y de su aceptación de los deberes que le asigna la naturaleza y confirma la tradición, depende la estabilidad de la familia y, por tanto, de la sociedad, donde ha de ser mantenida la estructura patriarcal. 


La educación de la mujer es necesaria y urgente. No es peligrosa, sino al contrario, porque contribuirá a que ella cuide mejor del hogar y de quienes lo componen. 


En algunas de las inteligentes autoras que defendían estos principios quedaba enmascarado también el posibilismo del momento, una lúcida cautela y una tácita estrategia a largo plazo. De “el terreno que tiene conquistado y el que puede conquistarse si marcha paso a paso” habla La mujer en la primera página de su número 1. 


En el caso de Faustina Sáez ese posicionamiento conservador va acompañado siempre de severas denuncias sobre la situación femenina. También concibe la educación que la mujer debe recibir de modo más amplio que una orientación puramente doméstica: ha de incluir conocimientos que le permitan, llegado el caso, un trabajo, no al margen, sino compatible con los del hogar. Véanse a este respecto sus comentarios en “La instrucción de la mujer en Bulgaria” y “La beneficencia en Rumania”, de 22 de febrero y 3 marzo de 1889, respectivamente, de El día.


Pero aquella entusiasta defensora de la liberación de los esclavos, la autora de La cadena rota, aunque proclama al hablar de la mujer que “ha concluido la sierva”, opina que la liberación de la mujer se consigue a través de la educación y del matrimonio. Aunque el éxito del suyo acabara empañándose, ello no invalidaba del todo su teoría. A Faustina le abrió las puertas para desplegar una intensa vida social y le permitió abrir las de su casa, como ama de ella, para que la sociedad que ella quería entrase. En alguna ocasión sugiere, con perspicacia, la autoridad que la mujer puede, dentro de casa, alcanzar sobre la del marido.[10] También con una ingenuidad que a veces se le sospecha. Una muestra: declara que su novela Rosa, la cigarrera está “destinada a las clases populares para separar a la masa de la política vertiginosa, inculcándole el amor al trabajo” (La correspondencia de España, 26 de mayo de 1872). Y lo dice con ocasión de la tirada de extraordinario lujo que lanza su frecuente editor Juan Pons en Barcelona.


* * *


De la celebridad de Faustina Sáez en sus días vienen a dar prueba los ataques -para finalizar volviendo a lo dicho al principio- de que fue blanco. Es de destacar el que le dirige Las españolas pintadas por los españoles, porque para satirizar el tipo de “la literata” la escoge a ella como retrato:


“Ninguna entre la variedad infinita de especies de la familia humana, más saliente ni de caracteres más propios y peculiares que aquella de que vamos a ocuparnos […] Brotó entonces el periodismo, fuente inagotable de discusión y emociones de todo género […] La literata de nuestros días pertenece de hecho al estado conyugal y, de derecho, a la prensa y a la escena […] se entrega a fundar revistas, semanarios y bibliotecas dando al olvido los calzoncillos de su esposo […] drama sobre drama condenando la esclavitud o combatiendo el pauperismo […] publica tomo sobre tomo con sus inspiraciones poéticas […] ya escribe un drama condenando la esclavitud […] por eso la ven Vds. abonada gratis a todos los teatros reclamando un derecho de autora, cuando no improvisando espectáculos para el socorro de las víctimas del Congo, o fundando ateneos y asociaciones para protestar contra el tráfico de sangre y defender la abolición de la esclavitud. Por eso funda periódicos y compromete a cuantos emborronan papel para que figuren en la lista de colaboradores y los dedica al príncipe H o la duquesa Z […] Por eso vive en continuas conversaciones con libreros y editores, y hace que se anuncien sus obras, y envía el elogio hecho de su mano,[11] o publica el sumario de su último número, y, por eso… está adelantando gigantescamente la aparición de la literata del porvenir” (Saco, 1871Saco, Eduardo (1871). "La literata". En Las españolas pintadas por los españoles. Colección de estudios acerca de los aspectos, estados, costumbres y cualidades de nuestras contemporáneas (tomo I), pp. 67-73. Madrid: Imprenta J. E. Morete., pp. 67-73).


En cualquier caso, mucho pesó el conservadurismo moralizador en la caducidad del mensaje de estas grandes periodistas. Aún un Julio Cejador, en su Historia de la lengua y literatura castellana (t. 9, 1918, p. 292), al hablar de cierto autor venezolano le juzga: “sobrado moralizador, a lo Sáez de Melgar y Ángela Grassi”. Bien que, al mencionar a varias de estas autoras, entre ellas a Sáez de Melgar, el padre Blanco García, en La literatura española del siglo XIX (t. I, 1891, p. 392) critique, pensando seguramente que era de aplicación a ellas: “La señora Sinués debe de confiar mucho en el poder del arte docente, según es la devoción que le muestra, pero su moral es bastante laxa y propende a colocar el heroísmo de la virtud en la obediencia a las inclinaciones del espíritu a veces tan peligrosas y extraviadas.”


En cualquier caso, y aunque severamente amortiguada, no se extinguió del todo la resonancia de estos sonoros nombres.


En 1902, el recensor en Revista contemporánea (t. 125, n. 627, 16 de julio) de algunas obras de Blanca de los Ríos, opina que esta “viene a continuar la larga y gloriosa serie de astros de primera magnitud que se llamaron Pilar Sinués, Ángela Grassi, Carolina Coronado, Faustina Sáez de Melgar y tantas otras”. 


En 1921 Melchor Fernández Almagro, en la primera página de La época, 8 de octubre, hablando de folletines y novelones comenta que “no fueron pocas las madres de familia que, enloquecidas por aquellos nuevos libros de caballería, pasaron de lectoras a autoras: Mª del Pilar Sinués, Faustina Sáez de Melgar y Enriqueta Lozano”.


En 1930, en La libertad de 25 de diciembre, y a propósito del libro Las escritoras españolas, de Margarita Nelken, Antonio Zozaya lamenta en él la ausencia de: “algunos astros femeninos de segunda magnitud, pero muy merecedores de reverencia, como […] Faustina Sáez de Melgar […] y tantas otras escritoras que actualmente son injustamente menospreciadas.”


Y no hace muchos años:


“La pasada centuria -escribe un crítico- es un caso digno de estudio. Ofrece un amplísimo elenco de escritoras, superior probablemente al de nuestro siglo, y varias docenas de revistas dirigidas a las mujeres, algunas excelentes […] floreciente de actividades literarias cuyos aromas quedaron encerrados en las obras de Faustina Sáez de Melgar […] Hay en todo ese movimiento con ribetes educativos el germen de una revolución pacífica cuyo desarrollo posterior no ha tenido siempre la misma poderosa eficacia” (Senabre, 1992Senabre, R. (1992). "Literatura femenina". ABC, 14 enero, p. 3.).


* * *


Al margen del valor atribuible hoy a su obra literaria, la interesante y un punto intrigante personalidad de Faustina Sáez de Melgar, diseñadora y gestora de nuevos espacios periodísticos, merece, por sus aportaciones a las historias de la prensa española y de la promoción cultural de la mujer, recuerdo, atención y estudio.

 

NOTAS Top

[1]

El comentario es del día 23 y la animadversión no fue pasajera: contra Faustina Sáez, en concreto, se dirigen también cuatro años después el 13 de marzo y el 23 de marzo de 1882.

[2]

En tiempos de La violeta, por ejemplo, ya está abierto al público, informan los diarios, entre ellos El imparcial de julio de 1863, un “Gran depósito de máquinas” en la calle del Príncipe, donde las hay “para uso de las familias, a precio de fábrica, con garantía y comodidad en el pago”. Asimismo, el representante de la Singer Compañía Fabril se anuncia estante en la Fonda de los Peninsulares, (ibid., febrero de 1862), etc.

[3]

Para los apuntes que conforman este breve estudio ha sido fundamental la consulta de las colecciones de prensa y de las bases de datos disponibles para el investigador en la Hemeroteca Municipal de Madrid, en la Biblioteca Nacional de España y en la Bibliothèque Nationale de France.

[4]

De las notas necrológicas se deduce, y consta por lo habitual, 1834 como su fecha de nacimiento. Perdida el acta de bautismo, otros documentos (inscripciones de matrimonio y de fallecimiento, empadronamientos) permiten fijarlo, sin embargo, en 1833.

[5]

“¡Ha muerto ya! La funeral campana pregónalo ya con lastimero acento”. (“En la muerte de la excma. Sra. Petronila Livermore de Salamanca”, Álbum de las familias, 28 de octubre de 1866, p. 38); “¿Por qué dicen que ya murió? ¿Por qué resuena con lúgubre gemido esa campara?” (en el citado poema a Prim).

[6]

Por ejemplo, en La Alhambra, 30 de octubre de 1884, La ilustración ibérica, 19 de mayo de 1883 y La canastilla de la infancia, 2 de julio).

[7]

De la Reina exilada, por ejemplo, que asiste a una fiesta en París: “Iba vestida de Isabel II”. Asta regia, n. 61, 21 de marzo de 1881, pp. 8-9. En la misma crónica: “Sentimos no poder reseñar la gran fiesta de Victor Hugo por falta de espacio en estas páginas”.

[8]

Así, en Crónica de Badajoz, o en la espiritista La luz del porvenir en un número que, por cierto, contiene un violento artículo anticlerical (27 de octubre de 1887).

[9]

Según Roig, 1977Roig Castellanos, M. (1977). La mujer y la prensa. Desde el siglo XVII a nuestros días. Madrid: Tordesillas., p. 31, fue en España “la segunda directora de una revista, y la cuarta en la historia del periodismo femenino”. En realidad, batió esa marca porque lo fue de seis. Sí parece (Roig, 1977Roig Castellanos, M. (1977). La mujer y la prensa. Desde el siglo XVII a nuestros días. Madrid: Tordesillas., p. 28) que en el comentario de libros en una revista femenina fue pionera con La violeta.

[10]

“Desde la más remota antigüedad ha venido ejerciendo [la mujer] un dominio relativo sobre los destinos de hombre: débil, tierna y sumisa, encuentra a veces en esa misma debilidad, en esa dulzura, un dique que encadena y sujeta su innata fogosidad” (La canastilla de la infancia, n.7, 12 de marzo, pp. 4-6).

[11]

Esto es exacto: Faustina escribe, tras el seudónimo de Artemisa Rey, el elogio de su La semana de los niños en las páginas de París Charmant-Artistico, nº 3, 1 de febrero de 1882.

 

BIBLIOGRAFÍATop

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