Gertrudis Gómez de Avellaneda y el Republicanismo: un apunte sobre negociación y autonomía

 

ENTRE CUBA Y ESPAÑA: GERTRUDIS GÓMEZ DE AVELLANEDA EN SU BICENTENARIO (1814-2014) / BETWEEN CUBA AND SPAIN: GERTRUDIS GOMEZ DE AVELLANEDA IN HER BICENTENNIAL (1814-2014)

GERTRUDIS GÓMEZ DE AVELLANEDA Y EL REPUBLICANISMO: UN APUNTE SOBRE NEGOCIACIÓN Y AUTONOMÍA

Rafael Rojas

Centro de Investigación y Docencia Económica, México D.F/ Princeton University

rrojas@princeton.edu

 

RESUMEN

Este ensayo propone un análisis de los elementos republicanos y americanistas de la poesía de Gertrudis Gómez de Avellaneda. En vez de insistir en las conexiones de la autora con el romanticismo peninsular de mediados del siglo XIX, nos interesa ubicar la poética y la política de La Avellaneda en la tradición del republicanismo hispanoamericano.

GERTRUDIS GÓMEZ DE AVELLANEDA AND REPUBLICANISM: A NOTE ON NEGOTIATION AND AUTONOMY

ABSTRACT

This paper offers an analysis of the Republican and Americanist elements in Gertrudis Gómez de Avellaneda’s poetry. Instead of insisting on the author’s connections with the peninsular romanticism of the mid-nineteenth century, we seek to locate Avellaneda’s poetics and politics in the tradition of Spanish American republicanism.

Recibido: 12-02-2014; Aceptado: 30-10-2014.

Cómo citar este artículo/Citation: Rojas, R. (2014). "Gertrudis Gómez de Avellaneda y el Republicanismo: un apunte sobre negociación y autonomía". Arbor, 190 (770): a184. doi: http://dx.doi.org/10.3989/arbor.2014.770n6005

PALABRAS CLAVE: Gertrudis Gómez de Avellaneda; poetry; liberalismo; romanticismo; republicanismo; tradición; Hispanoamérica; Cuba; George Washington; Napoleón Bonaparte.

KEYWORDS: Gertrudis Gomez de Avellaneda; poetry; Liberalism; romanticism; republicanism; tradition; Hispanic America; Cuba; George Washington; Napoleon Bonaparte.

Copyright: © 2014 CSIC. Este es un artículo de acceso abierto distribuido bajo los términos de la licencia Creative Commons Attribution-Non Commercial (by-nc) Spain 3.0.

CONTENIDOS

RESUMEN
ABSTRACT
EL CISNE PEREGRINO

¿NAPOLEÓN O WASHINGTON?

NOTAS
BIBLIOGRAFÍA

 

En el libro Las repúblicas de aire. Utopía y desencanto en la Revolución de Hispanoamérica (2009Rojas, R. (2009). Las repúblicas de aire. Utopía y desencanto en la Revolución de Hispanoamérica. Madrid: Taurus.), intentamos retratar algunas de las principales figuras del primer republicanismo hispanoamericano, entre 1810 y 1830. Escritores, pensadores o estadistas de aquellas décadas, involucrados en las guerras de independencia y la construcción de los primeros estados nacionales, en la América hispana, como Fray Servando Teresa de Mier y Lorenzo de Zavala, Manuel Lorenzo de Vidaurre y Vicente Rocafuerte, Simón Bolívar y Andrés Bello, fueron algunos de los perfiles propuestos. Sin haber experimentado Cuba, por entonces, una guerra de independencia ni un proceso de construcción de estado nacional, parecido al de los países de Suramérica, poetas y letrados como José María Heredia y Félix Varela, por haber compartido el imaginario o la estética del republicanismo, merecían semblanzas.


Si el enfoque propuesto en ese libro se extendiese a toda la producción intelectual de la isla de mediados del siglo XIX, difícilmente podría eludirse a la poeta Gertrudis Gómez de Avellaneda (1814-1873). Digo “la poeta” porque, si bien Avellaneda comienza a publicar sus obras narrativas a la par de sus poemas –su primer cuaderno aparece, en Madrid en 1841, el mismo año y la misma ciudad en que se publica su novela Sab-, es sabido que fue la poesía la primera forma de escritura que practicó esta autora, en la década anterior, bajo la influencia de maestros románticos de la lírica francesa, como Víctor Hugo y Lamartine, e hispanoamericana, como Andrés Bello, José María Heredia y José Joaquín Olmedo.


En las páginas que siguen intentaremos explorar la poética y la política del primer republicanismo en algunas de las composiciones de las Poesías de la señorita Dª Gertrudis Gómez de Avellaneda (1841Gómez de Avellaneda, G. (1841). Poesías de la señorita doña Gertrudis de Avellaneda. Madrid: Establecimiento Tipográfico.), que apareció en Madrid prologado por Juan Nicasio Gallego Fernández (1777-1853), un sacerdote liberal, graduado de la Universidad de Salamanca, que fuera diputado constituyente en las Cortes de Cádiz por Zamora y resuelto impulsor de la libertad de imprenta. Sobreviviente de la persecución contra el liberalismo en los años de la restauración fernandina, Gallego Fernández se convirtió en un referente del tránsito literario del neoclasicismo al romanticismo en España, luego de la muerte de Fernando VII. Su ubicación de Avellaneda dentro del romanticismo hispánico fue tanto una vía de naturalización de la obra de la cubana, en el Madrid de mediados del XIX, como una forma de ocultamiento de los aspectos republicanos y americanos de aquella poética criolla.


Críticos como Gallego Fernández o Nicomedes Pastor Díaz se involucraron fuertemente en la autorización de la camagüeyana dentro del campo literario peninsular a mediados del siglo XIX. Para ellos, y para la propia Avellaneda, la poeta criolla debía ocupar un lugar junto a las principales figuras del romanticismo español (Espronceda, Zorrilla, Quintana) y no faltó quien intentara agenciarle un asiento en la Academia Real de la Lengua (Gómez de Avellaneda, 1869Gómez de Avellaneda, G. (1869). Obras literarias de la señora doña Gertrudis Gómez de Avellaneda (tomo I). Madrid: Imprenta y Estereotipia de M. Rivadeneyra., p. XXI)[1]. Tal vez no fuera el patriotismo cubano, como generalmente se piensa, que La Avellaneda expresó dentro de los cánones de un reformismo criollo bien visto en Madrid, sino el republicanismo americano, el elemento de mayor afirmación de una autonomía de la poeta dentro de aquel campo intelectual.

 

EL CISNE PEREGRINO
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En su prólogo a las Poesías de Avellaneda, Gallego Fernández arrancaba presentando un panorama de efervescencia en la literatura peninsular hacia 1840. Una efervescencia que contrariaba el lugar común de que la literatura requería “reposo y tranquilidad de espíritu” para su expresión (en Gómez de Avellaneda, 1841Gómez de Avellaneda, G. (1841). Poesías de la señorita doña Gertrudis de Avellaneda. Madrid: Establecimiento Tipográfico., pp. I-II). La creatividad, según el crítico, se constataba en todas las “capitales de provincia” de un imperio, demediado por las independencias hispanoamericanas. De ahí que no hubiera contradicción en entender a Avellaneda como integrante del Parnaso español, descendiente de Luisa Sigea de Velasco, Santa Teresa de la Cruz, Sor Juana Inés de la Cruz o Rosa Gálvez, toda vez que La Habana en 1840, al igual que la Ciudad de México en el siglo XVII, era una capital más de ese imperio (en Gómez de Avellaneda, 1841Gómez de Avellaneda, G. (1841). Poesías de la señorita doña Gertrudis de Avellaneda. Madrid: Establecimiento Tipográfico., pp. III-IV).


Aún así, en varios momentos del prólogo, Gallego Fernández destacaba el lugar de nacimiento de la poeta, como una condición tropical que marcaba su lírica, en un sentido similar a como lo había hecho Bello en relación con Heredia. Especialmente, en el pasaje final, dedicado a comentar el poema “A la muerte del célebre poeta cubano D. José María Heredia”, el prologuista reconocía a la poeta como “hija de la Perla de las Antillas”, aunque entendiendo su literatura como herencia y superación de la herediana. Herencia y superación que, según Gallego Fernández, habían sido logradas gracias a la moderación clasicista del romanticismo que la poesía “varonil” de Avellaneda había operado. A juicio del zamorano, “Muerte de Heredia” era:


Una de las composiciones más perfectas del cuaderno, y en la cual resplandecen rasgos sublimes de sentimiento, de conformidad filosófica y de amor a la poesía, expresados en hermosísimos versos, desnudos de bambolla y afectadas exageraciones. Sin duda los cantos del Cisne del Niágara avivaron en su alma juvenil la chispa eléctrica de un talento que puede consolar a Cuba de la pérdida de su vate malogrado, pues no redunda escasa gloria a la Perla de las Antillas, de contar entre sus hijos a la señorita de Avellaneda, a quien nadie, sin hacerle agravio, puede negar la primacía sobre cuantas personas de su sexo, ha pulsado la lira castellana así en este como en los pasados siglos (en Gómez de Avellaneda, 1841Gómez de Avellaneda, G. (1841). Poesías de la señorita doña Gertrudis de Avellaneda. Madrid: Establecimiento Tipográfico., p. XIII).


Gómez de Avellaneda, según Gallego Fernández, era una heredera que permitía la superación del duelo por la muerte de Heredia. La poesía moderna seguía viva entre los hijos de Cuba y quien llevaba la lírica de la isla por los caminos de la modernidad –sin “bambolla, afectación o exageración”- era una mujer. El crítico peninsular no dudaba en coronar a la poeta camagüeyana, luego de la muerte de Heredia, pero lo hacía circunscribiendo el lauro al género femenino. Avellaneda era reina en un parnaso de mujeres que, paradójicamente, producía una poética normalizadora o correctora de las extravagancias del romanticismo. Heredia quedaba atrás y con él, la poesía romántica del momento republicano.


El poema “Muerte del célebre poeta cubano D. José María Heredia” facilitaba esa interpretación de Gallego Fernández por medio de un apego a la forma neoclásica y, a la vez, un énfasis en la vida trunca de Heredia. Los versos de Avellaneda fijaban el duelo por la muerte temprana del poeta como destino trágico de una idea romántica de la patria: “Del aquilón sañoso roble erguido/ Así en la fuerza de su edad lozana/ Fue por el fallo del destino herido/ Astro eclipsado en su primer mañana” (Gómez de Avellaneda, 1841Gómez de Avellaneda, G. (1841). Poesías de la señorita doña Gertrudis de Avellaneda. Madrid: Establecimiento Tipográfico., p. 119). La lectura de Gallego Fernández tenía a su favor, además, la propia insinuación de un legado en disputa, que forzaba las leyes de la herencia en la poesía patriótica. La patria, Cuba, había perdido a su cantor y alguien debía reemplazar esa función, desde otros acordes y otra voz lírica:


Patria! numen feliz! Nombre divino!


¡Ídolo puro de las nobles almas!


¡Objeto dulce de su eterno anhelo!


Ya enmudeció tu cisne peregrino…


¿Quién cantará tus brisas y tus palmas


Tu sol de fuego, tu brillante cielo?


Ostenta, si, tu duelo,


Que en ti rodó su venturosa cuna,


Por ti clamaba en el destierro impío


Y hoy condena la pérfida fortuna


A suelo extraño su cadáver frío…


(Gómez de Avellaneda, 1841Gómez de Avellaneda, G. (1841). Poesías de la señorita doña Gertrudis de Avellaneda. Madrid: Establecimiento Tipográfico., pp. 119-120).


Llama la atención que Avellaneda utilizara la expresión “cisne peregrino” para referirse a Heredia, adjetivo que luego se aplicaría a ella misma. Deliberadamente, Gallego Fernández torció la frase, aludiendo a un “canto de cisne” herediano. Lo engañoso o lo falso en ese canto –el republicanismo romántico- debía ser enmendado por su heredera, la señorita Gertrudis. Es evidente que la lectura de Gallego Fernández formaba parte de una negociación de la voz de la poeta camagüeyana y de la autorización crítica de esa voz en el campo literario peninsular. Una negociación de la que formó parte la propia poeta, sin dejar de afirmar su autonomía de diversas maneras, como veremos.


La negociación de Avellaneda, en busca de un lugar en el relato de la crítica peninsular sobre el tránsito del neoclasicismo al romanticismo, administrado por Gallego Fernández, se hace plausible en el poema que dedica al propio crítico dentro del cuaderno Poesías (1841). La composición se titula “El Genio” y expone a la perfección la genealogía intelectual del clasicismo latino, entre Homero, Sófocles, Petrarca y Dante, por un lado, y su actualización atlántica con Milton, Shakespeare, Racine y Calderón, por el otro. El relato del linaje clásico conecta los “prodigios” de la antigua Grecia con la “fecundidad, que aun cautiva” del Siglo de Oro (Gómez de Avellaneda, 1841Gómez de Avellaneda, G. (1841). Poesías de la señorita doña Gertrudis de Avellaneda. Madrid: Establecimiento Tipográfico., pp. 182 y 184). El “genio” de Juan Nicasio Gallego –quien, por cierto, tuvo un conocido desencuentro con Domingo del Monte, figura clave del reformismo criollo cubano, cuando este publicó unas poesías del peninsular sin su autorización, en Filadelfia- aparece descrito, en las antípodas del romanticismo, como capacidad de juicio y discernimiento, sabiduría y erudición:


Pontífice inmortal su mano enciende


De la verdad la antorcha peregrina


Él del olvido a la virtud defiende


Al mundo ilustra y al poder domina;


Si a lo pasado su mirada tiende


La noche de los tiempos ilumina,


Y de su siglo un noble monumento


Llega a otra edad su activo pensamiento


(Gómez de Avellaneda, 1841Gómez de Avellaneda, G. (1841). Poesías de la señorita doña Gertrudis de Avellaneda. Madrid: Establecimiento Tipográfico., p. 184).


La afirmación de sí, sin embargo, es también propia de esa negociación de la autonomía, que implica la conquista de un lugar en el campo literario peninsular. Algunos poemas de Avellaneda, sin abrirse tan plenamente a la poética romántica, hacían guiños evidentes al romanticismo, sobre todo francés, por medio de traducciones, imitaciones o versiones de Víctor Hugo y Lamartine. La traducción al castellano del poema “Napoleón” de Lamartine convergía en la ambivalencia con que muchos románticos y realistas franceses de mediados del siglo XIX se enfrentaron a la figura de Bonaparte, preservando su heroísmo y, a la vez, cuestionando su ambición. En otro poema, titulado “A Francia”, Avellaneda iba más allá de Lamartine al oponerse al traslado de los restos de Napoleón desde Santa Helena hasta París, donde serían sepultados monumentalmente por órdenes de Luis Felipe de Orleans:


Déjale allí! ni cantos ni plegaria


Suenan por él en el peñasco rudo


En torno de su tumba solitaria


Más elocuente en su silencio mudo.


Déjale allí! sin comitiva, aislado,


Duerma en su roca estéril y sombría


El Rey sin dinastía,


No en panteón estrecho sepultado


Oiga, oh París, tu bacanal ruido


Entre regios sepulcros confundido


(Gómez de Avellaneda, 1841Gómez de Avellaneda, G. (1841). Poesías de la señorita doña Gertrudis de Avellaneda. Madrid: Establecimiento Tipográfico., p. 111).


El Napoleón de Avellaneda es menos ambivalente que el de Lamartine, acaso, por el apego de la poeta camagüeyana al patriotismo peninsular, que representaba al emperador francés como tirano. En el soneto “Al Monumento del 2 de mayo”, la escritora suscribía aquel patriotismo cuando hablaba de la lucha de los madrileños contra los franceses: “La página más bella de su historia/ Grabó en tu frente la nación Ibera/ y en ti verá la gente venidera/ Su más hermosa espléndida victoria” (1841Gómez de Avellaneda, G. (1841). Poesías de la señorita doña Gertrudis de Avellaneda. Madrid: Establecimiento Tipográfico., p. 133). La referencia a la guerra de independencia de España era otro guiño al liberalismo gaditano que, luego de 1836, se afirmaba en la esfera pública peninsular. No había, en Avellaneda, claras alusiones al otro lado de aquella guerra, la epopeya separatista hispanoamericana, con lo cual la identificación de la poeta criolla con el liberalismo de Cádiz y Madrid satisfacía las expectativas de sus pares peninsulares.


Para Gallego Fernández, poemas como el dedicado al monumento del 2 de mayo, en el que resonaban motivos de su propia “Elegía”, eran una buena prueba de la inscripción de la cubana en el imaginario del liberalismo peninsular. Un liberalismo vindicado en la rebelión de La Granja de 1836 y en la Constitución del año siguiente, que se abría al diálogo con el romanticismo francés, de la época de la Monarquía de Julio francesa, aunque sin refrendar sus voces republicanas más radicales. La recepción política que Gallego Fernández hacía de la lírica de La Avellaneda buscaba, sin embargo, nublar o mediar cualquier aproximación al republicanismo. Las versiones de Víctor Hugo y Lamartine eran vistas por el crítico como ejercicios del estilo romántico, que preservaban la letra y el espíritu neoclásico. Poemas como el soneto a George Washington, que denotaban, tal vez, la aproximación más clara al horizonte republicano, no eran comentados por Gallego Fernández.

 

¿NAPOLEÓN O WASHINGTON?
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En un prólogo tan exhaustivo, es sintomático el silencio de Gallego Fernández sobre el soneto a Washington. Con ese poema, Gertrudis Gómez de Avellaneda regresaba a una de las constantes líricas del primer republicanismo hispanoamericano: la contraposición entre Napoleón y Washington. Y regresaba con una adscripción del glosario republicano –virtud, suelo, sangre, memoria, tiranía, libertad…- que no temía exponer un americanismo ajeno al liberalismo peninsular del propio Gallego Fernández o de Manuel José Quintana, a quien La Avellaneda rindió homenaje en un cuaderno posterior (1869Gómez de Avellaneda, G. (1869). Obras literarias de la señora doña Gertrudis Gómez de Avellaneda (tomo I). Madrid: Imprenta y Estereotipia de M. Rivadeneyra., pp. 304-305). El soneto a Washington era la forma que encontraba la poeta criolla de afirmar su americanidad republicana, su autonomía política dentro de un espacio literario hegemonizado por el liberalismo peninsular:


No en lo pasado a tu virtud modelo


Ni copia al porvenir dará la historia


Ni el laurel inmortal de tu victoria


Marchitarán los siglos en su vuelo


(Gómez de Avellaneda, 1841Gómez de Avellaneda, G. (1841). Poesías de la señorita doña Gertrudis de Avellaneda. Madrid: Establecimiento Tipográfico., p. 159).


Hay una rotundidad en el soneto que contrasta con la moderación retórica que el propio Gallego Fernández atribuía a la poeta cubana. Frente a una historia política tan accidentada, en el mundo hispánico de la primera mitad del siglo XIX, el canto de Avellaneda a Washington figuraba como un manifiesto lírico. El tópico de la antítesis Washington-Napoleón aparecía en el soneto de manera hiperbólica, reiterando el argumento de Heredia y otros románticos hispanoamericanos de que el primer presidente de Estados Unidos, a pesar de haber sido jefe de un ejército y líder de una guerra de independencia, había coronado cívicamente su biografía, declinando la reelección y retirándose a la vida privada luego de su segundo mandato presidencial:


Si con rasgos de sangre guarda el suelo


Del coloso del Sena la memoria


Cual astro puro brillará tu gloria


Nunca empañada por oscuro velo


(Gómez de Avellaneda, 1841Gómez de Avellaneda, G. (1841). Poesías de la señorita doña Gertrudis de Avellaneda. Madrid: Establecimiento Tipográfico., p. 159).


Como Heredia, pero también como Olmedo, Avellaneda leía una americanidad en Washington que no era únicamente anglosajona o de la América del Norte. La idea de una patria fundada en la virtud cívica, en instituciones y leyes, no respondía, en el discurso de la poeta, a coordenadas geográficas, étnicas o culturales. Es interesante observar que cuando La Avellaneda habla del clima se refiere a una atmósfera moral, en Estados Unidos, “formada” por la figura emblemática de Cincinato, el patricio romano que con su retiro a la granja privada personificaba los atributos de la humildad, el desprendimiento y el ascetismo. El orden de la virtud, propio de la tradición estoica y republicana heredada de Roma, no era exclusivo de Estados Unidos, aunque fuera esa América la que más claramente lo encarnaba a mediados del siglo XIX:


Mientras la fama de las virtudes cuente


Del héroe ilustre que cadenas lima


Y la cerviz de los tiranos doma


Alza gozosa, América, tu frente,


Que el Cincinato que formó tu clima


Lo admira el mundo, y te lo envidia Roma


(Gómez de Avellaneda, 1841Gómez de Avellaneda, G. (1841). Poesías de la señorita doña Gertrudis de Avellaneda. Madrid: Establecimiento Tipográfico., p. 159).


Este soneto, escrito originalmente en 1841, fue reescrito por Avellaneda más de veinte años después, tras su primer viaje a Estados Unidos, en tránsito de Cuba a España, en el verano de 1864. Biógrafos y críticos atribuyen la reescritura al contacto directo con Estados Unidos de la autora, quien, además de las cataratas del Niágara, habría visitado entonces la tumba de Washington en Mount Vernon (Gómez de Avellaneda, 1869Gómez de Avellaneda, G. (1869). Obras literarias de la señora doña Gertrudis Gómez de Avellaneda (tomo I). Madrid: Imprenta y Estereotipia de M. Rivadeneyra., p. XLI)[2]. La nueva versión del soneto preservaba los dos primeros versos de la estrofa inicial, pero alteraba sustancialmente el testo del soneto. Vale la pena detenerse en esta segunda versión, con el fin de dilucidar los motivos de la reescritura de un poema ineludible en una exploración de las ideas políticas de la poeta camagüeyana:


No en lo pasado a tu virtud modelo


Ni copia al porvenir dará la historia


Ni otra igual en grandeza a tu memoria


Difundirán los siglos en su vuelo


Miró la Europa ensangrentar su suelo


Al genio de la guerra y la victoria


Pero le cupo a América la gloria


De que el genio del bien le diera cielo


Que audaz conquistador goce en su ciencia;


Mientras al mundo en páramo convierte


Y se envanezca cuando a siervos mande;


¡Mas los pueblos sabrán en su conciencia


Que el que los rige libres sólo es fuerte


Que el que los hace grandes sólo es grande!


(Gómez de Avellaneda, 1869Gómez de Avellaneda, G. (1869). Obras literarias de la señora doña Gertrudis Gómez de Avellaneda (tomo I). Madrid: Imprenta y Estereotipia de M. Rivadeneyra., p. 77)[3].


El primer desplazamiento que leemos aquí es el que elimina la alusión directa a Napoleón y a Francia y atribuye los conflictos de la primera mitad del siglo XIX a un “genio de la guerra y la victoria”, que “ensangrienta” el “suelo” europeo. Puede ser Bonaparte ese “genio de la guerra y la victoria”, pero su identidad no queda tan precisamente fijada como en la fórmula anterior del “coloso del Sena”. La contraposición entre un “genio del bien” y un “genio de la guerra” adquiría, en la nueva versión del soneto, una significación más imprecisa, que podía transferir significados a otros líderes europeos ¿Pensaba Avellaneda, en 1864, en Napoleón III como “genio de la guerra”? ¿Era este líder del Segundo Imperio francés, que por entonces ocupaba México e imponía, allí, el trono de Maximiliano de Habsburgo y se aliaba con los Confederados del Sur de Estados Unidos, ese “audaz conquistador”, que “goza en su ciencia”, mientras “convierte al mundo en páramo” y se “envanece cuando a siervos manda”?.


Si es ese el sentido implícito de la reescritura del soneto, Avellaneda se habría acercado, entonces, a la segunda generación republicana hispanoamericana, la de 1848, que se enfrentó al trono de Maximiliano en México, a la política expansionista de Napoleón III en América Latina y se alió con Abraham Lincoln y los abolicionistas del Norte de Estados Unidos. Una generación en la que destacan mexicanos como Benito Juárez y Melchor Ocampo, chilenos como Benjamín Vicuña Mackenna y Francisco Bilbao y cubanos como Pedro Santacilia y Domingo Goicuría. Tradicionalmente, la crítica y la historiografía han ubicado a Avellaneda a cierta distancia de esa generación, aunque han reconocido algunas aproximaciones de la autora de Sab al discurso del reformismo criollo, partidario del fin de la trata y no tanto de la esclavitud[4]. El soneto a Washington permitiría una reinterpretación de esos nexos, toda vez que los “siervos” a los que parece referirse la poeta podrían incluir a los mexicanos sojuzgados por el Segundo Imperio lo mismo que a los esclavos del Sur de Estados Unidos.


La posible conexión de Avellaneda con aquella segunda generación de republicanos americanos podría explorarse a través de otros pasajes de la lírica de madurez de la camagüeyana, como los versos finales de “A vista del Niágara”, el poema que escribiera luego de la visita a las cataratas en 1864. En aquella composición, luego de otro homenaje a Heredia, la poeta rearticulaba la idea de un “clima” o “ambiente” republicano en Estados Unidos, basado en virtudes e instituciones cívicas, que encontraba analogías en prodigios naturales como el Niágara. Este poema, como la nueva versión del soneto a Washington, escrito en 1864, buscaba una interlocución con la refundación republicana de Estados Unidos durante la guerra civil entre el Norte y el Sur:


Tu ambiente aspira, ¡oh pueblo americano!


Que si tienes –cantando tu grandeza-


Prodigios como el Niágara en el suelo,


Cimentarte supiste instituciones


Que el genio liberal como modelo


Presenta con orgullo a las naciones!


(Gómez de Avellaneda, 1869Gómez de Avellaneda, G. (1869). Obras literarias de la señora doña Gertrudis Gómez de Avellaneda (tomo I). Madrid: Imprenta y Estereotipia de M. Rivadeneyra., p. 375).


Como Heredia o Varela -y como Santacilia, Goicuría y casi todos los anexionistas y separatistas cubanos de la primera mitad del siglo XIX-, Avellaneda admiraba el orden político establecido en Estados Unidos. Pensaba, incluso, que dicho orden servía de modelo a otras naciones, especialmente a las hispanoamericanas del Sur, por ser, precisamente, una república y no una monarquía como las que predominaban en la Europa atlántica. La aplicación de la fórmula “genio liberal” a ese sistema republicano era una manera de transferir, a América, el significado del concepto de liberalismo, fuertemente anclado en la península al referente gaditano.


El republicanismo y el americanismo de Avellaneda, más allá de su patriotismo lírico, eran, por tanto, dimensiones intelectuales de una autonomía negociada dentro del campo literario peninsular. Esa negociación tenía a su favor el acendrado catolicismo de la escritora y una lectura de la historia de España favorable al liberalismo gaditano. La extensa biografía en romance de Alfonso el Sabio, que Avellaneda escribiera para un compendio poético de la “historia de los varones célebres de España”, es indicio claro de su intervención en un relato liberal del pasado, que rescataba las tradiciones pactistas y contractuales de los reinos castellanos (Gómez de Avellaneda, 1869Gómez de Avellaneda, G. (1869). Obras literarias de la señora doña Gertrudis Gómez de Avellaneda (tomo I). Madrid: Imprenta y Estereotipia de M. Rivadeneyra., pp. 284-294). La obra legislativa y lingüística de Alfonso el Sabio, sintetizada en las Siete Partidas, era presentada por Avellaneda como antecedente de la España liberal posterior a Fernando VII.


Desde el punto de vista de la historia de las ideas políticas, la poeta cubana Gertrudis Gómez de Avellaneda podría ser colocada en una zona de diálogo entre el liberalismo gaditano y el republicanismo americano, a mediados del siglo XIX. Esas dos corrientes de pensamiento político, que habían tenido una relación de complementariedad en la América hispana entre 1810 y 1830, hacia 1848 se habían vuelto contradictorias en más de un sentido. La persistencia del régimen colonial y esclavista del imperio español en el Caribe fue uno de los puntos de desencuentro de ambas maneras de pensar la sociedad y el Estado. La escritora camagüeyana intentó ubicarse en un lugar equidistante y, a la vez, depositario de esas tendencias atlánticas, para desde allí afirmar la singularidad de su poética y su política.

 

NOTAS Top

[1]

Para una valoración general de la vida y obra de la Avellaneda ver el estudio de Antón Arrufat (2008Arrufat, A. (2008). Las máscaras de Talía. Matanzas: Ediciones Matanzas.).

[2]

Sobre los viajes de la Avellaneda ver Campuzano (1997Campuzano, L. (1997). "Dos viajeras cubanas a los Estados Unidos: la condesa de Merlín y Gertrudis Gómez de Avellaneda". En Campuzano, L. (ed.), Mujeres latinoamericanas: historia y cultura, pp. 145-151. La Habana: Casa de las Américas., pp. 145-151) y Ferrús Antón (2011Ferrús Antón, B. (2011). Mujeres y literatura de viajes en el siglo XIX: Entre España y las Américas, pp. 87-92. Valencia: Publicaciones de la Universidad de Valencia., pp. 87-92).

[3]

Concuerdo, en lo general, con la interpretación de esta “metamorfosis” que han hecho Beth Miller, Alan Deyermond y María C. Albin, aunque no creo que el cambio a favor del americanismo haya sido tan radical, toda vez que la primera versión del soneto también era americanista y republicana (Miller y Deyermond, 1979Miller, B. y Deyermond, A. (1979). "The Metamorphosis of Avellaneda’s Sonnet to Washington". Symposium, 33, pp. 153-170., pp. 153-170; Miller, 1983Miller, B. (1983). Women in Hispanic Literature: Icons and Fallen Idols. Berkeley: University of California Press, 1983., pp. 205-206; M. C. Albin, 2002Albin, M. C. (2002). Género, poesía y esfera pública. Gertrudis Gómez de Avellaneda y la tradición romántica. Madrid: Trotta., p. 40).

[4]

Sobre el abolicionismo en Sab ver Gomariz (2009Gomariz, J. (2009). "Gertrudis Gómez de Avellaneda y la intelectualidad reformista cubana. Raza, blanqueamiento e identidad cultural en Sab". En Caribbean Studies, 1, pp. 97-118, http://dx.doi.org/10.1353/crb.0.0105., pp. 97-118).

 

BIBLIOGRAFÍATop

Albin, M. C. (2002). Género, poesía y esfera pública. Gertrudis Gómez de Avellaneda y la tradición romántica. Madrid: Trotta.
Arrufat, A. (2008). Las máscaras de Talía. Matanzas: Ediciones Matanzas.
Campuzano, L. (1997). "Dos viajeras cubanas a los Estados Unidos: la condesa de Merlín y Gertrudis Gómez de Avellaneda". En Campuzano, L. (ed.), Mujeres latinoamericanas: historia y cultura, pp. 145-151. La Habana: Casa de las Américas.
Ferrús Antón, B. (2011). Mujeres y literatura de viajes en el siglo XIX: Entre España y las Américas, pp. 87-92. Valencia: Publicaciones de la Universidad de Valencia.
Gomariz, J. (2009). "Gertrudis Gómez de Avellaneda y la intelectualidad reformista cubana. Raza, blanqueamiento e identidad cultural en Sab". En Caribbean Studies, 1, pp. 97-118, http://dx.doi.org/10.1353/crb.0.0105
Gómez de Avellaneda, G. (1841). Poesías de la señorita doña Gertrudis de Avellaneda. Madrid: Establecimiento Tipográfico.
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