Carta a mi mujer: un testamento lírico entre realidad y deseo

 

FRANCISCO UMBRAL Y LA POESÍA / FRANCISCO UMBRAL AND THE POETRY

CARTA A MI MUJER: UN TESTAMENTO LÍRICO ENTRE REALIDAD Y DESEO

Jean-Pierre Castellani

Université François Rabelais (Tours)

jpcastellani@wanadoo.fr

 

RESUMEN

Los peores enemigos de Francisco Umbral reconocen su capacidad para crear un discurso lingüístico innovador tanto en sus textos autobiográficos, autoficcionales, ficcionales o periodísticos. Entre los 14 textos publicados durante la década 2000-2010 por Francisco Umbral, dos solamente pueden considerarse como pertenecientes stricto sensu a la prosa narrativa: son dos novelas, El socialista sentimental (2000) y Los metales nocturnos (2003), a los que hay que añadir, además de las columnas en prensa, un diario íntimo, Un ser de lejanías (2001), y un libro póstumo, Carta a mi mujer, que aparentemente Umbral escribió en los años 80 y que se publicó en 2008. Es precisamente en estos textos supuestamente narrativos donde observamos una marcada tendencia hacia un discurso esencialmente lírico. Nos centraremos esencialmente en este libro póstumo en el cual observamos una gran fuerza poética. En este discurso dirigido a su esposa María España, Umbral da muestra de una gran capacidad de creación en lo que se puede considerar como un testamento que da una imagen muy distinta de la relación del escritor con su esposa.

CARTA A MI MUJER: A LYRIC WILL BETWEEN REALITY AND DESIRE

ABSTRACT

Even Francisco Umbral’s worst enemies acknowledge his talent for innovative linguistic discourse when writing texts of various kinds - autobiography, autofiction, prose fiction or journalism. Among the 14 texts Francisco Umbral published between 2000 and 2010, only two can be considered prose fiction stricto sensu – his novels El socialista sentimental (2000) and Los metales nocturnos (2003), while the rest of his production at the time included his columns in newspapers, his private diary, Un ser de lejanías (2001) and his Carta a mi mujer, which Umbral apparently wrote in the 1980s but was published in 2008 after his death. In these supposedly narrative texts, it is possible to pinpoint a tendency towards lyricism. From this point of view, this article will focus on the aforementioned posthumous work as an example of lyrical discourse. Addressed to his wife María España, in this letter Umbral achieves a high degree of creativity and manages to produce what might be easily taken as a testament where he offers a unique depiction of his relationship with his wife.

Recibido: 11-03-2014; Aceptado: 26-09-2014.

Cómo citar este artículo/Citation: Castellani, J. (2015). "Carta a mi mujer: un testamento lírico entre realidad y deseo". Arbor, 191 (774): a250. doi: http://dx.doi.org/10.3989/arbor.2015.774n4005

PALABRAS CLAVE: carta; esposa; naturaleza; poesía; metáfora; amor.

KEYWORDS: letter; wife; nature; poetry; metaphor; love.

Copyright: © 2015 CSIC. Este es un artículo de acceso abierto distribuido bajo los términos de la licencia Creative Commons Attribution-Non Commercial (by-nc) Spain 3.0.

CONTENIDOS

RESUMEN
ABSTRACT
LOS NOVIOS DE VALLADOLID

UNA DESPEDIDA LÍRICA


NOTAS
BIBLIOGRAFÍA

 

La relación de Francisco Umbral con la crítica e incluso con la opinión, sobre todo la de los que no lo leían, ha sido siempre ambigua, problemática, contaminada por equívocos, polémicas a veces fomentadas por la actitud provocativa del mismo autor o sencillamente injustas. Su personalidad invasora, a menudo vanidosa, o por lo menos consciente del valor de su obra, provocó odios poco comprensibles para un observador extranjero. Pero algo que todos los críticos o lectores reconocen es la calidad de su discurso lingüístico, el valor de su creación verbal, incluso en sus columnas periodísticas que él mismo veía “entre la política y la poética” (Umbral, 1993Umbral, F. (1993). La década roja. Barcelona: Planeta., p. 218).


El problema se vuelve más delicado todavía cuando se focaliza la atención sobre la relación singular de Umbral con su propia esposa, María España. En este caso, las acusaciones de machismo, cinismo o vulgaridad llegan a su paroxismo. Es evidente que la aparente ausencia de su mujer en su obra y en sus declaraciones públicas por una parte, y por otra, la confesión impúdica, el exhibicionismo y el relato detallado y crudo de sus aventuras amorosas y eróticas con otras mujeres, parecen reforzar esa interpretación tajante que hace de Umbral un Don Juan inmoral. Sin embargo, Carta a mi mujer, obra inédita publicada en 2008, unos meses después de la muerte del escritor en 2007, pero redactada en 1985 y 1986[1], reúne esos dos aspectos fundamentales en Umbral: un lirismo que domina en este libro híbrido entre diario íntimo, crónica familiar y poesía pura, y un homenaje a la mujer a través de su propia esposa, hasta tal punto que Pere Gimferrer lo considera como «una metáfora de la vida de una pareja en la madurez» (Umbral, 2008Umbral, F. (2008). Carta a mi mujer. Barcelona: Planeta., p. 7).


Se sabe, gracias a la investigación de Anna Caballé (Caballé, 2004Caballé, A. (2004). Francisco Umbral, el frío de una vida. Madrid: Espasa.), que Francisco Umbral nació en Madrid en mayo de 1932 y que era hijo natural de Ana María Pérez Martínez. Su madre, que vivía en Valladolid, tuvo a ese hijo después de una relación con un hombre casado, en la época de libertad de costumbres que reinaba en España con la llegada de la Segunda República. Umbral es el hijo de esa revolución sexual. Umbral, tan propenso a manifestar su intimidad, ocultó siempre las condiciones reales de su nacimiento y guardó ese secreto, probando así que, para él, era una herida profunda que lo marcó durante toda su vida.


De hecho no conoció a su padre y fue criado durante cinco años por la familia de su madre. Llegó a Valladolid en 1936 y vivió ya con su madre, huérfano de su padre. No se puede entender la actitud de Umbral adulto si no se considera ese traumatismo infantil, agravado más tarde por la muerte repentina de su propio hijo. Umbral va a vivir su destino de escritor famoso entre esas dos maldiciones íntimas. María España está en el centro de las dos heridas. De ahí el deseo de Umbral, ya maduro, de rendir un homenaje a la persona que aparece asociada a su adolescencia, liberada de una infancia solitaria, y a su hijo muerto.


España Suárez Garrido, por su parte, nació en marzo de 1936 en Santa Eulalia de Tábara, al norte de Zamora. Su padre, republicano sincero, la bautiza como España a raíz de la euforia de la victoria de los republicanos, que va a cortar dramáticamente la guerra civil. La familia se traslada a Valladolid en 1947.


 

LOS NOVIOS DE VALLADOLID
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Ahí se van a encontrar los dos jóvenes en los años cincuenta. Sus dos testimonios coinciden: formaban parte del mismo grupo de amigos y España era una de las chicas con las que iban a remar en el río Pisuerga. Lo que confirma su mujer en una entrevista a El Norte de Castilla en agosto de 2009. Se conocieron en la Acera de Recoletos que era entonces el paseo de la juventud y, según ella, Paco venía a buscarla todos los días a la salida del Instituto.


Después, sin casi darnos cuenta, empezamos a ir al Pinar a merendar casi todos los fines de semana. Y los sábados por la tarde, al cine que había en el Teatro Calderón. No sé. Creo que no hubo un momento concreto en el que se declaró. Todo fue poco a poco y la cosa se fue decantando. Hasta que al final dimos por sentado que ya estábamos saliendo juntos (Suárez Garrido, 29 agosto 2009Suárez Garrido, E. (29 agosto 2009). El Norte de Castilla, Suplemento Artes, p. 4.).


Estos datos son fundamentales para entender su relación: se hacen pues novios muy jóvenes y cuando se casan en septiembre de 1959, en la Iglesia San Martín de Valladolid, Paco tiene 27 años y España 23. Por esas fechas, él está completamente huérfano, ya que su madre ha muerto en 1953. Ha empezado su carrera de periodista, discretamente en la emisora La Voz de León donde es responsable de un programa nocturno. No se puede decir, por lo tanto, que ella se case, por interés, con el famoso que será Umbral a partir de los años 65. Como viaje de novios van a visitar la dehesa de Requejo, zona donde vivían los abuelos de María España. Umbral se refiere a esa estancia en un fragmento del Diario de un escritor burgués:


Paseo con E entre las jaras. La jara es el olor de su infancia, la planta de su vida. Estuvo de niña en una dehesa zamorana y lleva en la memoria y en la pituitaria un perfume de jaras. Hace muchos años me llevó a aquella dehesa [...] Ahora me da a oler la flor de la jara. Pienso que todo el mundo vive sobre una textura interior de carácter lírico. A todos nos condiciona un fragmento de paraíso entrevivido en la infancia, y que luego la memoria ha convertido en paraíso absoluto, magnificándolo. Lo que la jara es para E., lo es para mí cierto frío helado de mi calle al norte, en la infancia (Umbral, 1979aUmbral, F. (1979a). Diario de un escritor burgués. Barcelona: Destino., pp. 102-103).


Podemos observar el pudor de Umbral que da solamente la primera letra, E, sacada del nombre de su mujer y vemos sobre todo cómo la asocia, en su recuerdo, con mucha ternura, a un elemento natural, la jara y su perfume, símbolos de la pureza de la infancia. En Carta a mi mujer ese pudor desaparece y ahora la llama María, si bien sigue asociándola con la jara:


Ropas que huelen a tu perfume y, por debajo, a esa cosa zamorana de infancia y jara que es tu alma (Umbral, 2008Umbral, F. (2008). Carta a mi mujer. Barcelona: Planeta., p. 169).


En esa época de su vida que cree acabada, Umbral recuerda con ternura a:


[...] aquella niña de provincias, con calcetines blancos, zapatos altos de su hermana mayor y andares de cabra trabada (Umbral, 2008Umbral, F. (2008). Carta a mi mujer. Barcelona: Planeta., p. 18).


María España se va a quedar con él hasta su muerte, o sea 48 años de vida común y estuvo a su lado en los momentos de alegrías o de dificultad, por culpa de una salud algo frágil. Incluso, durante los últimos años, Paco le dictaba su columna diaria. A la periodista Emma Rodríguez que le preguntaba si fue fácil estar al lado de una personalidad tan fuerte, María España contestó:


No, yo misma me coloqué un poco a la sombra pero no me sentí en ningún momento en inferioridad de condiciones, tal vez porque él siempre me llevó a su lado y contó conmigo, al margen de los amores que haya podido tener (Rodríguez, 21 diciembre 2007Rodríguez, E. (21 diciembre 2007). "Entrevista a España Suárez". El Mundo, Magazine, p. 32.).


Hay una paradoja en Umbral: por una parte, confiesa a Martínez Rico que el matrimonio no le cambió la vida, pero sí el nacimiento de un hijo y luego la muerte de este niño. Es que no creía en la institución del matrimonio que era, para él, un disparate: “un hombre y una mujer no están hechos para vivir juntos, eso es una gilipollez” (Martínez Rico, 2001Martínez Rico, E. (2001). Umbral, vida, obra y pecados, conversaciones. Madrid: Foca., 22). De ahí su visión negativa de la esposa en general, considerada como la “abnegada” ya desde El retrato de un joven malvado en 1973:


En la calle encontramos un día a la abnegada. La abnegada es esa mujer dispuesta siempre a sacrificarse por nosotros, la que nos lo dará todo, llorará mucho y nos creará una mala conciencia de tango. La abnegada confiaba en nosotros hasta el infinito, pero al mismo tiempo desconfiaba mucho, nos daba su cuerpo sin placer, porque lo suyo era el alma, y ponía ojos de mártir para entregarse, ojos en blanco como los que habíamos visto a las santas en las iglesias de la infancia (Umbral, 1973Umbral, F. (1973). El retrato de un joven malvado. Barcelona: Destino., p. 198).


Hace suya una afirmación de José Antonio Marina según la cual “Cada matrimonio son dos matrimonios: el que vive él y el que vive ella”. (Martínez Rico, 2001Martínez Rico, E. (2001). Umbral, vida, obra y pecados, conversaciones. Madrid: Foca., p. 136). Él no quiso hablar demasiado de su vida de matrimonio como lo había dicho en 2000 a Martínez Rico: “De mi mujer no escribo nada, no he escrito nada. El día que escriba sobre mi mujer y cuente su historia, eso va a ser un best-seller que van a arder los crisoles y todo lo demás” (Martínez Rico, 2001Martínez Rico, E. (2001). Umbral, vida, obra y pecados, conversaciones. Madrid: Foca., p. 160).


Lo que confirma en un libro cuyo título lo define perfectamente: Las verdades de un mentiroso ilustre. A Martínez Rico, que le anuncia que van a hablar poco en este libro de su relación con su mujer España, contesta: “No, ni en ninguno, como habrás visto. ¿En cuál sale España? Un poco en Mortal y rosa. (Martínez Rico, 2003Martínez Rico, E. (2003). Umbral, las verdades de un mentiroso ilustre. Gijón: Llibros del Pexe., p. 32). Y por otra parte, dice todo aquello en 2000 y 2003 cuando sabe que ha escrito Carta a mi mujer. ¿Lo sabe? ¿Lo ha olvidado? Lo que sí es cierto es que en Carta a mi mujer desaparece la figura de la abnegada, dejando paso a una persona poetizada, sumida en un discurso lírico: “El jardín eres tú, María, lo he comprendido paseando por el jardín. Aunque fuese un jardín francés, geometrizado, el jardín serías tú” (Umbral, 2008Umbral, F. (2008). Carta a mi mujer. Barcelona: Planeta., p. 118).


 

UNA DESPEDIDA LÍRICA

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De este modo, las obras mayores de Umbral se enlazan perfectamente: Mortal y rosa (Umbral, 1975/1995Umbral, F. (1975/1995). Mortal y rosa. Madrid: Cátedra, (ed. M. García-Posada).), Diario de un escritor burgués (Umbral, 1979), Un ser de lejanías (Umbral, 2001Umbral, F. (2001). Un ser de lejanías. Barcelona: Planeta.) y por fin en Carta a mi mujer (Umbral, 2008Umbral, F. (2008). Carta a mi mujer. Barcelona: Planeta.). Ya en un fragmento de Mortal y rosa había aludido a una supuesta carta a su mujer: “Y te escribo esta carta que voy a enterrar entre mis papeles, para que no la leas nunca” (Umbral, 1975/1995Umbral, F. (1975/1995). Mortal y rosa. Madrid: Cátedra, (ed. M. García-Posada)., p. 202). Se trata pues de un conjunto de textos autobiográficos cuyo hilo conductor es un estado de tristeza, de soledad, de dudas en el seno de esta sociedad y de esta ciudad, Madrid, que, sin embargo, le dan reconocimiento por un éxito tan perseguido, y de balance de su matrimonio.


Así que se ve a la mujer como objeto de deseo, lo fascina, es un seductor nato, experimenta lo que llama una “inmensa curiosidad por la mujer” (Umbral, 2001Umbral, F. (2001). Un ser de lejanías. Barcelona: Planeta., p. 137). Lo nuevo, en Carta a mi mujer, es la situación central de su esposa María, retratada en este cuadro idílico, como mejor representante de esa pureza y de ese presente profundo que opone a la actualidad frívola de Madrid. Por una vez, Umbral no es el único personaje del texto, si bien inserta como siempre reflexiones sobre la literatura, las columnas, el estatuto del escritor y su relación con el narrador, el paso del tiempo. Ella es evocada en estampas sensuales, sembrando, regando o comiendo frutas, es la gracia, la juventud, el enlace con la niñez: “[...] te quedas quieta hojeando una manzana como un libro” (Umbral, 2008Umbral, F. (2008). Carta a mi mujer. Barcelona: Planeta., p. 24).


El momento privilegiado de ese cuadro casi bíblico es cuando María riega el jardín: 


Sentado aquí, en butaca de mimbre, sentado con un libro y con un vaso, te veo, a lo lejos, agente rubio de la inundación, cuando corren ya por todo el césped, por entre la tierra, las serpientes de agua que hacen más paraíso el modesto jardín. Lo tuyo es eso, esto. (Umbral, 2008Umbral, F. (2008). Carta a mi mujer. Barcelona: Planeta., p. 107) 


Unos malpensados pensarán que este libro póstumo ha sido escrito en los últimos meses de su vida o, peor todavía, que ha sido reelaborado después de su muerte, por motivos comerciales. No damos fe a esas hipótesis. Es más, opinamos que Carta a mi mujer es un libro que Umbral escribió en esa época, después de vivir muchas pasiones eróticas en los años ochenta, la redacción corresponde a una especie de balance amoroso. Lo prueban las páginas ardientes dedicadas a Rimbaud de La bestia rosa (Umbral, 1981aUmbral, F. (1981a). La bestia rosa. Barcelona: Tusquets.), a Leticia/Lutecia de Los amores diurnos (Umbral, 1979bUmbral, F. (1979b). Los amores diurnos. Barcelona: Kairós.) o a todas esas chicas cuyos nombres aparecen en tantos libros de Umbral como por ejemplo en Memorias eróticas (Umbral, 1992Umbral, F. (1992). Memorias eróticas. Madrid: Temas de hoy.) o A la sombra de las muchachas rojas (Umbral, 1981bUmbral, F. (1981b). A la sombra de las muchachas rojas. Madrid: Novela Cátedra.). Hay que considerar, por lo tanto, Carta a mi mujer como la conclusión de una trilogía que empieza con Mortal y rosa (Umbral, 1975/1995Umbral, F. (1975/1995). Mortal y rosa. Madrid: Cátedra, (ed. M. García-Posada).) y sigue con El hijo de Greta Garbo (Umbral, 1982Umbral, F. (1982). El hijo de Greta Garbo. Barcelona: Destino.), o sea los homenajes al hijo, a la madre y a la esposa.


Umbral se presenta como un hombre ya mayor, cansado, y escéptico, enamorado de una mujer, que fue cómplice de su vida, desde la juventud. Ella es la poesía en una carta/diario íntimo que podría limitarse a una crónica frívola de la vida de un matrimonio o a una confesión sentimental y que, al contrario, se torna un homenaje lleno de ternura y de pudor. Le dice: 


Tú estás aquí, desde hace tantos años, casi desde niña, para prepararme el último té con leche, que tomaré casi con normalidad de convaleciente. (Umbral, 2008Umbral, F. (2008). Carta a mi mujer. Barcelona: Planeta., p. 168)


Es un himno fúnebre, un adiós desgarrador a la infancia, y a la esposa, manifestado por numerosas reflexiones sobre la vejez, la soledad o la muerte, lejos de cualquier exhibicionismo, pose frívola o autocomplacencia pedante. Una despedida patética. Un testamento lírico. Repite varias veces: “Cuánto hemos enterrado, María” (Umbral, 2008Umbral, F. (2008). Carta a mi mujer. Barcelona: Planeta., p. 46) a lo largo de esta emocionante carta donde habla de “la continuidad funeral de nuestras vidas” (Umbral, 2008Umbral, F. (2008). Carta a mi mujer. Barcelona: Planeta., p. 22) y añade: “Tú eres mi final, María, mi involuntario final, niña elegida un día para la vida y, por tanto, para la muerte” (Umbral, 2008Umbral, F. (2008). Carta a mi mujer. Barcelona: Planeta., p. 169).


Para nosotros, Umbral pasa, con este libro, de la Anatomía de un dandy, uno de sus primeros libros, autorretrato dedicado a Larra (Umbral, 1965Umbral, F. (1965). Larra. Anatomía de un dandy. Madrid: Alfaguara.) a la “anatomía de un matrimonio” (Umbral, 2008Umbral, F. (2008). Carta a mi mujer. Barcelona: Planeta., p. 22) más allá de “los silencios matrimoniales” (Umbral, 2008Umbral, F. (2008). Carta a mi mujer. Barcelona: Planeta., p. 140) e incluso a la “anatomía lírica en vivo” (Umbral, 2008Umbral, F. (2008). Carta a mi mujer. Barcelona: Planeta., p. 60) de un ser. María España viene a ser como la síntesis de todos sus amores. Pero, con ella, no se trata de una aventura efímera sino de alguien que le devuelve su infancia, o sea sus orígenes, su madre, su hijo perdido. Por cierto, se puede ver a María España como una enfermera, la fiel secretaria que le leía sus conferencias cuando no se encontraba bien, el ama de sus casas, la esposa oficial del gran escritor, pero también como su protectora atenta y paciente, la madre de su hijo, su refugio cuando estaba en crisis[2]. Es verdad que ha tenido lo que llama con un eufemismo algo cínico “[...] una vida amorosa, digamos, variada” (Martínez Rico, 2001Martínez Rico, E. (2001). Umbral, vida, obra y pecados, conversaciones. Madrid: Foca., p. 139). Pero ese libro secreto es un grito de amor. Como dice al final: 


Esa apelación a ti o a mí (inevitablemente a los dos) quiere decir que nuestro matrimonio sigue abierto. Vivo (Umbral, 2008Umbral, F. (2008). Carta a mi mujer. Barcelona: Planeta., p. 173).


Es una auténtica declaración de amor a su mujer que nadie esperaba de Umbral, tachado en general, de misógino.


Aquí, te tengo, amor, allí te tengo [...] Ahora que nos hemos venido (antes de tiempo), es cuando mejor te veo, con perspectiva de unos pocos días, resumen de hijos perdidos, amores malogrados, cosas, feliz al fin, con esa paz indiferente que da la madurez, y que es mía también, regando los ciruelos, los rosales, el modestísimo césped que nadie pide ni quiere para crecer (Umbral, 2008Umbral, F. (2008). Carta a mi mujer. Barcelona: Planeta., p. 103).


Para María España, Paco es el amor de su vida. Su amor de infancia. Lo amó y lo admiró. Lo defiende contra viento y marea, como lo prueba lo que dijo en una entrevista al Norte de Castilla, en 2009: 


No hay ni momento que no lo recuerde. Desde que me levanto hasta que me acuesto lo tengo presente. De hecho, todavía continúo leyendo el periódico en el mismo lugar en que lo hacía él. Y compruebo que su figura sigue vigente. Siempre que veo algo me viene Paco a la cabeza. No sé, cualquier cosa. Ya sea porque sale el sol, porque anochece, porque nieva; siempre me acuerdo de él (Suárez Garrido, 29 agosto 2009Suárez Garrido, E. (29 agosto 2009). El Norte de Castilla, Suplemento Artes, p. 4.).


Para Umbral, María España se vuelve “María, Mariamor” (Umbral, 2008Umbral, F. (2008). Carta a mi mujer. Barcelona: Planeta., p. 145): la repetición como un estribillo de la interpelación “María, amor, mariamor” le da una tonalidad muy poética al texto. Umbral se vale varias veces del recurso esencialmente de la acumulación de sintagmas parecidos, lo que da un ritmo particular al texto, más cerca de la poesía que de la prosa, como pasa con las observaciones: “estaba regando el jardín” (Umbral, 2008Umbral, F. (2008). Carta a mi mujer. Barcelona: Planeta., p. 77), “el jardín eres tú, María” (Umbral, 2008Umbral, F. (2008). Carta a mi mujer. Barcelona: Planeta., pp. 118-119). Asocia de modo permanente a María con el jardín: “Esa eres tú, aquella a la que el jardín divide, multiplica” (Umbral, 2008Umbral, F. (2008). Carta a mi mujer. Barcelona: Planeta., p. 106).


Por otra parte, se encuentra en Carta a mi mujer, la expresión lírica de un sentimiento de la naturaleza por medio de un lenguaje muy rico. Numerosas evocaciones refieren unas horas privilegiadas del día: anochecer, colores de otoño, cambios y matices de luz u observaciones del jardín con sus flores, la magnolia, el álamo, el ciprés, el pino o el sauce que tendremos también más tarde en Diario político y sentimental (Umbral, 1999Umbral, F. (1999). Diario político y sentimental. Barcelona: Planeta.) o en Un ser de lejanías (Umbral, 2001Umbral, F. (2001). Un ser de lejanías. Barcelona: Planeta.), como si fueran la mejor modalidad de encontrar esa intemporalidad: 


Pero un día, un noviembre, vino noviembre con su hacha, inevitablemente. Los sauces, los gigantescos sauces, eran un bosque del cielo, una masa de verdor y luz que ponía oscilación en el universo, estatua en el jardín y gracia en el día (Umbral, 2008Umbral, F. (2008). Carta a mi mujer. Barcelona: Planeta., p. 16).


Hasta el punto de que, en Carta a mi mujer, Umbral le quita a este falso diario íntimo la obligación de lo que él mismo llama el corsé cronológico, evadiéndose totalmente del tiempo oficial, el de la sociedad para regresar al tiempo real, el del cuerpo, de la vida biológica, y de la naturaleza. Ya no se dan fechas sino momentos, fragmentos intensos de literatura pura, que cada lector puede compartir, con un predominio de la conciencia cercana pero lúcida de la muerte. La naturaleza reducida a la observación extasiada de su jardín es la correspondencia de su conciencia dolorosa pero serena de la vejez, del final de su matrimonio, del acercamiento de la muerte, de su soledad.


En esta perspectiva la naturaleza, mediante las evocaciones del jardín en su casa, siguiendo el ciclo de las estaciones, recibe un tratamiento totalmente nuevo en el universo literario de Umbral. Muchos fragmentos son un canto lírico de unos elementos característicos de este jardín, como por ejemplo esos fragmentos dedicados al mes de septiembre: 


El jardín, en septiembre, es un arpa con sueño, la delirante lanza que mata el sol penúltimo. El jardín, en septiembre, es un campo de guerra: perfumados cadáveres del verano que fuimos se esparcen por el césped como estatuas fallidas. La luna es la Cruz Roja de todas esas cosas: una banal batalla actualidad/presente. El presente, María, yace, aquí, como un húsar [...] (Umbral, 2008Umbral, F. (2008). Carta a mi mujer. Barcelona: Planeta., p. 126).


O al verano:


La noche es de seda y de tiniebla azul. (Umbral, 2008Umbral, F. (2008). Carta a mi mujer. Barcelona: Planeta., p. 92).


O


Entonces nuestra casa sería ésta, frente a una línea de cordillera azul, bajo una fronda de cielo que es, todo el año, como la desembocadura del verano (Umbral, 2008Umbral, F. (2008). Carta a mi mujer. Barcelona: Planeta., p. 57).


Se acumulan las imágenes insólitas, irracionales, más propias de un texto poético: “el ciprés es aristocrático, renacentista, pagano y esbelto” (Umbral, 2008Umbral, F. (2008). Carta a mi mujer. Barcelona: Planeta., p. 25), “Las lilas inciertas del frío ponen aterido al jardín” (Umbral, 2008Umbral, F. (2008). Carta a mi mujer. Barcelona: Planeta., p. 140), o “rodeados del temblor del jardín, con su perfil ingenuo y alto de continente ingenuo, con su gracia helada de Atlántida breve” (Umbral, 2008Umbral, F. (2008). Carta a mi mujer. Barcelona: Planeta., p. 140) o “[...] el jardín, que de lejos es una bella y fría inmovilidad, que de cerca es un temblor de violetas falsas, plumeros cereales y árboles altísimos” (Umbral, 2008Umbral, F. (2008). Carta a mi mujer. Barcelona: Planeta., p.141).


La naturaleza le sirve para la puesta en escena poética de su condición de hombre mayor, melancólico y escéptico. Es el vector que permite la irrupción y la victoria de la poesía. La naturaleza es lo contrario del costumbrismo de otros textos, los de antes, cuando contaba su conquista de Madrid. Umbral parte, como siempre, de lo exterior para acercarse a su «yo» más íntimo: se trata aquí de una naturaleza domesticada, civilizada, en la cual ve una correspondencia a su estado de ánimo melancólico y angustiado:


Me pongo inevitablemente elegíaco mirando por la ventana, pero, visto el magnolio en la totalidad, es como un convento de monjas jóvenes redondeadas, de carmelitas (si es que las carmelitas van de blanco), cada una en su celda de luz, en la punta de su rama, como esa punta de rama del árbol del convento que es una celda femenina (Umbral, 2008Umbral, F. (2008). Carta a mi mujer. Barcelona: Planeta., p. 14).


Este diario circunstancial de la vida de un matrimonio da lugar a una especie de poema que cuenta y canta los detalles de su cotidianeidad: un tomate del jardín, la casa, la cama, un gato, un coche Citröen GS, una bicicleta, el desayuno o un baño compartidos:


Yo me baño en tu baño y como de una fruta misteriosa, incógnita. Esta capacidad de transformar el baño y los melocotones es infantil, poética y maligna. Como infantiles, poéticas y malignas son las niñas. Una mujer nunca es peligrosa por lo que tiene de mujer, sino por lo que aún tiene de niña (Umbral, 2008Umbral, F. (2008). Carta a mi mujer. Barcelona: Planeta., p. 42).


Podemos observar una como teatralización de los sentimientos, a veces como un juego lingüístico con el acostumbrado forcejeo con las palabras que es lo más notable en Umbral, mejor escritor que novelista. Le dice a su mujer: 


Andas entre las ramas, te pierdes y reapareces por el jardín buscando flores sin nombre, o mimando el barroquismo excesivo de las rosas, eres luz en la luz o sombra en la sombra [...] (Umbral, 2008Umbral, F. (2008). Carta a mi mujer. Barcelona: Planeta., p. 18).


Es un nuevo tono en Umbral quien ahora mira y admira la naturaleza, por lo menos a través del jardín de su casa, huyendo de la calle hacia una casa refugio. De modo reiterativo, a lo largo de este diario, se produce ese encuentro entre el hombre y la naturaleza, pero con la mediación de María, que es un elemento más de ese cuadro embriagador:


Tu pelo huele a trigo e cuando tú eras trigo, María (Umbral, 2008Umbral, F. (2008). Carta a mi mujer. Barcelona: Planeta., p. 93).


No importan la vida social, mundana, los triunfos periodísticos o prestigiosos, sino la sencilla y recíproca armonía del matrimonio con los elementos naturales. Así que la política, o sea el comentario de la actualidad más cercana y a menudo muy irrisoria, tan presente en las columnas, demasiado para muchos críticos, no está tratada en unas páginas dominadas por un trabajo lingüístico que las acerca más a la invención de la lírica que a la lógica de la narrativa o de la opinión.


Una vez más Umbral controla su confesión, y en este caso la traslada a una visión algo literaria, o sea que la literatura es la que manda en él, la suya y la de la tradición. Para Umbral, la naturaleza es la base de un juego verbal brillante, por cierto, pero a veces algo forzado o artificial, digamos retórico. Como por ejemplo cuando propone unas metáforas o comparaciones algo forzadas: “el álamo nos dio sombra como un relicario gótico de plata verde” (Umbral, 2008Umbral, F. (2008). Carta a mi mujer. Barcelona: Planeta., p. 25), “Somos unas Venecias que, generalmente, ni siquiera han estado en Venecia” (Umbral, 2008Umbral, F. (2008). Carta a mi mujer. Barcelona: Planeta., p. 19), “el día se desprende de la noche, dulcemente, como un hijo monstruosamente bello” (Umbral, 2008Umbral, F. (2008). Carta a mi mujer. Barcelona: Planeta., p. 36), “Jóvenes chopos verdes, álamos, lo que sean, alabardas de sol con medallas de oro” (Umbral, 2008Umbral, F. (2008). Carta a mi mujer. Barcelona: Planeta., p. 95). O greguerías inútiles como: “Todo gato es cimarrón en verano y Duque de Alba en invierno” (Umbral, 2008Umbral, F. (2008). Carta a mi mujer. Barcelona: Planeta., p. 130) O destacadas de modo artificial, en una página casi blanca, como “Los gatos son gratis. (Julio Cortázar)” (Umbral, 2008Umbral, F. (2008). Carta a mi mujer. Barcelona: Planeta., p. 73).


Pero, en general, se impone un idioma triunfante, exaltado, lírico, que narra sencillamente el presente, hasta el punto de cobrar una forma de estrofa poética[3]. Intercalados en el mismo texto que, como lo hemos visto, adopta una prosa poética, Umbral introduce fragmentos que son poesía pura, con la forma de versos sucesivos que irrumpen de modo inesperado, ocupando tan solo la parte de arriba de la página, lo que destaca todavía más esas ráfagas poéticas en un espacio casi blanco: 


El presente, el presente, espesando las cosas/ es como una carreta cargada del verano/El presente, el presente, abultando las horas, /es como una cosecha sobrante de oro inútil. / El presente se extiende como un árbol de días/y crece hasta los cielos tapando el mes entero. / El presente es el eje de un metal ignorado/donde se balancean, pensativos, los tiempos. /El presente da miedo, ha abolido la noche/y nos tiene aquí en vela, en vigilia de oro (Umbral, 2008Umbral, F. (2008). Carta a mi mujer. Barcelona: Planeta., pp. 108-117).


Esas definiciones del presente, expresadas con unos recursos muy corrientes como la comparación, la metáfora, la imagen insólita, los encabalgamientos que hacen que el verso pasa de una página a otra, vuelven a aparecer más lejos en el texto, estableciendo una correlación intensa entre los dos textos que comunican uno de los temas esenciales del libro, el predominio del presente en el flujo del tiempo:


La eternidad es una abstracción cursi. El presente es una salvación posible y usadera (Umbral, 2008Umbral, F. (2008). Carta a mi mujer. Barcelona: Planeta., p. 139).


Como dice con razón Pere Gimferrer en su Prólogo: “Los valores líricos no son algo añadido al texto, sino su razón de existir” (Umbral, 2008Umbral, F. (2008). Carta a mi mujer. Barcelona: Planeta., p. 7).


Umbral introduce también poemas presentados de modo más clásico en el mismo texto en prosa, en estrecha correspondencia con este. Por ejemplo, uno de verso libre que dice con imágenes intensas la llegada del mes de septiembre, y la vuelta al trabajo, tema tradicional en el diario íntimo, pero expresado aquí en forma poética:


Cuando llegue septiembre y se muera un racimo/cuando seamos rehenes de una ciudad de cáncer,/ cuando la actualidad descienda sobre mí/como una capa de oro con cáscaras bordadas/cuando este azul presente lo cerremos con llave/y pongamos al cielo sus cancelas (Umbral, 2008Umbral, F. (2008). Carta a mi mujer. Barcelona: Planeta., p. 85).


Después de unos párrafos de tonalidad erótica, dedicados al sexo con su mujer, introduce un poema titulado Esta cálida estrella que dice lo mismo pero de manera muy metafórica, muy cerca de las imágenes de la poesía lorquiana:


Toma, mama la verga, vive sabor a hombre; toma, planta en tu recto esta daga de loco; toma, guarda en tus manos este surtidor de oro; toma entre tus pezones este cuchillo espeso. En las fosas nasales introduce esta rosa. En tus breves orejas, esta azul caracola. Toma, hunde hasta las raíces del dolor que te ciega este galeón de sangre, esta cálida estrella (Umbral, 2008Umbral, F. (2008). Carta a mi mujer. Barcelona: Planeta., p. 123).


A esa violencia del sexo se opone la gracia de la estampa de una niña de siete años, Olga, que se baña:


La casa era una balsa navegando en lo verde./Olguita es una niña raptada por las cosas [...] Y Olguita, siete años, atraviesa desnuda/el campo de batalla, pisando los racimos (Umbral, 2008Umbral, F. (2008). Carta a mi mujer. Barcelona: Planeta., p. 81).


Umbral llega a reflexionar sobre esa mezcla de poesía y prosa en su propio texto, en un ejercicio de meta-literatura que practica a menudo. Después de introducir en su texto un poema amoroso: 


Estamos entre bragas y tomates/tomando un sol que no da en nuestras vidas (Umbral, 2008Umbral, F. (2008). Carta a mi mujer. Barcelona: Planeta., p. 69).


acude a Cortázar para justificarse:


(Aquí iba a seguir hilando algunos poemas, pero leo en Cortázar que no se deben hacer libros alternados de poesía y prosa, porque eso, más o menos, crea malestar en el lector, le obliga a funcionar.) (Umbral, 2008Umbral, F. (2008). Carta a mi mujer. Barcelona: Planeta., p. 70).


No cumple aquí con esos consejos de Cortázar ya que inserta varios poemas en la carta a su mujer, como uno a propósito de la escritura de su columna diaria: 


Hoy es sábado, coño, y viene en el periódico/un artículo mío, como todos los sábados (Umbral, 2008Umbral, F. (2008). Carta a mi mujer. Barcelona: Planeta., p. 75).


Ya se ha observado que las columnas periodísticas de Umbral presentaban un ritmo métrico de poesía, ilustrando de este modo el rechazo, en el discurso de Umbral, de los géneros, o su deseo obsesivo y reivindicado de mezclarlos, sin que haya fronteras entre ellos. Por eso, en esta carta que pertenece normalmente al género epistolar, no duda en ofrecernos un poema dedicado a su gato Rojito con una primera forma de poema llamada (al derecho) y otra titulada (al revés) que dice lo mismo en una prosa poética, jugando una vez más con la puesta en página que utiliza las posibilidades de la superficie del libro como objeto (pp. 86-87) El último verso del poema : “Ya soy su prisionero, soy de alguien” encabeza el poema en prosa de la página siguiente. Pasa lo mismo con el epígrafe de Pablo Neruda sacado de Veinte poemas de amor y una canción desesperada: “Para sobrevivirme te forjé como un arma” que reaparece en la carta de Umbral a su mujer: “Te forjé como un arma para sobrevivirme” (p. 36) Una prueba más de que el texto de Umbral es una totalidad, más allá de las diferencias de géneros. Una totalidad esencialmente poética.

 

NOTAS Top

[1]

El libro consta de dos partes, una primera que es la carta principal, fechada en Madrid, otoño de 1985 y una segunda, mucho más corta, titulada Otra carta, fechada en Majadahonda, en julio de 1986. En el Prólogo al libro, Pere Gimferrer se refiere a una primera versión mecanografiada en la época de escritura del texto y de una segunda, trasladada al ordenador en 2007, a petición del escritor, antes de su muerte. Su mujer María España confirma esa cronología al publicar el libro en 2008.

[2]

De este modo, su pareja se integraría en lista numerosa de escritores muy unidos a una esposa como fue el caso de Jorge Luis Borges con María Kodama, Camilo José Cela con Marina Castaño, Rafael Alberti con María Teresa León, Francisco Ayala con Carolyn Richmond, José Saramago con Pilar del Río.

[3]

Umbral acude a la misma mezcla de elementos prosaicos muy reales con estrofas poéticas en Madrid, tribu urbana (2000), insertando unos poemas en medio de retratos de la actualidad o de reflexiones sobre la Historia de España.

 

BIBLIOGRAFÍATop

Caballé, A. (2004). Francisco Umbral, el frío de una vida. Madrid: Espasa.
Martínez Rico, E. (2001). Umbral, vida, obra y pecados, conversaciones. Madrid: Foca.
Martínez Rico, E. (2003). Umbral, las verdades de un mentiroso ilustre. Gijón: Llibros del Pexe.
Rodríguez, E. (21 diciembre 2007). "Entrevista a España Suárez". El Mundo, Magazine, p. 32.
Suárez Garrido, E. (29 agosto 2009). El Norte de Castilla, Suplemento Artes, p. 4.
Umbral, F. (1965). Larra. Anatomía de un dandy. Madrid: Alfaguara.
Umbral, F. (1973). El retrato de un joven malvado. Barcelona: Destino.
Umbral, F. (1975/1995). Mortal y rosa. Madrid: Cátedra, (ed. M. García-Posada).
Umbral, F. (1976/1988). Los males sagrados. Barcelona: Destino.
Umbral, F. (1979a). Diario de un escritor burgués. Barcelona: Destino.
Umbral, F. (1979b). Los amores diurnos. Barcelona: Kairós.
Umbral, F. (1981a). La bestia rosa. Barcelona: Tusquets.
Umbral, F. (1981b). A la sombra de las muchachas rojas. Madrid: Novela Cátedra.
Umbral, F. (1982). El hijo de Greta Garbo. Barcelona: Destino.
Umbral, F. (1992). Memorias eróticas. Madrid: Temas de hoy.
Umbral, F. (1993). La década roja. Barcelona: Planeta.
Umbral, F. (1999). Diario político y sentimental. Barcelona: Planeta.
Umbral, F. (2001). Un ser de lejanías. Barcelona: Planeta.
Umbral, F. (2008). Carta a mi mujer. Barcelona: Planeta.


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