Reseña del libro "Transhumanismo. La búsqueda tecnológica del mejoramiento humano"

 

RESEÑAS DE LIBROS/BOOK REVIEWS

 

RESEÑA DEL LIBRO "TRANSHUMANISMO. LA BÚSQUEDA TECNOLÓGICA DEL MEJORAMIENTO HUMANO"

 

Antonio Diéguez Transhumanismo. La búsqueda tecnológica del mejoramiento humano Barcelona: Herder, 2017, 243 pp. ISBN: 9788425439629

 

Promesas infundadas, delirios extravagantes, ideas peligrosas, mecanismo de huida. Muchos son los apelativos que los críticos del transhumanismo han otorgado a esta corriente filosófica y cultural. A menudo, descalificativos y argumentos rancios han servido de escapatoria para no entrar en un debate serio al respecto de alguna de las cuestiones más importantes que hay detrás de las propuestas transhumanistas. Sin embargo, la gran virtud del libro de Antonio Diéguez es mostrar un punto de vista crítico y equilibrado, con la intención de no dar la espalda a ninguna dificultad y de mostrar cuáles son los puntos fuertes y los supuestos injustificados tanto de la argumentación transhumanista como de la de sus principales detractores. No todo lo que se ha escrito a favor o en contra del transhumanismo ha de recibir el mismo crédito. Los prejuicios que se alojan detrás de algunas tesis y las metas que se esconden tras ciertas promesas difícilmente son equiparables en muchos casos. Por ello, la importancia de este libro radica en hacer una limpieza y clarificación de todo el murmullo de ideas que han hecho de esta corriente un tema público de actualidad.

Si hay algo que elogiar al movimiento transhumanista es que ha abierto un espacio de reflexión que permite evaluar ex ante las consecuencias de un incierto desarrollo tecnológico. Su posicionamiento optimista y activista acerca del progreso científico-tecnológico en ocasiones contrasta con un cierto cariz determinista. Los críticos que también se lanzan al debate no pueden negar el valor de deliberar ni desechar la reflexión acerca de estas cuestiones, pero sí reprobar ese entusiasmo patente en la mayoría de los autores transhumanistas. En vista de esto Diéguez, de forma sobria y metódica, emprende la tarea de analizar el fundamento de las diferentes posiciones para después, en base a dicho examen, extraer conclusiones prudentes, aunque no por ello conservadoras.

En un primer capítulo el autor indaga en los orígenes y características de la corriente transhumanista, así como en sus diferentes modalidades. Esta “filosofía de moda” se asienta en ocasiones sobre arenas movedizas y sobre ofertas de inmortalidad, pero también sobre testimonios filosóficos arraigados y sobre el apoyo o fe en una actividad tecnocientífica en auge. De esta manera, se puede apreciar que ideas filosóficas de larga tradición -el humano como animal enfermo, el envejecimiento como un error biológico, la visión dualista que supone al cuerpo como prisión de la mente, etc.- sustentan la argumentación en favor del mejoramiento del ser humano y a la vez refuerzan la percepción de que las pretensiones transhumanistas son algo perseguido a lo largo de la historia. Esto no significa que los autores transhumanistas hagan una buena interpretación de los ejemplos históricos que seleccionan como predecesores de su pensamiento, pues la lectura que realizan es frecuentemente parcial, descontextualizada y distorsionada.

Diéguez diferencia dos principales modalidades de transhumanismo: por un lado, estaría la rama cultural o crítica, que identifica con el posthumanismo y, por otro, la tecnocientífica. La primera de ellas, fruto del pensamiento posmodernista, es una crítica al humanismo moderno y a su concepto de ser humano. El transhumanismo tecnocientífico, por su parte, se divide en dos vertientes, a saber, una de índole cibernética y otra biológico-médica. Sin embargo, a ambas les une la esperanza emancipadora, o incluso redentora, según ellos, de traspasar las barreras biológicas.

La primera de estas vertientes es analizada en el segundo capítulo. Gran parte de esta sección la ocupa el análisis del pensamiento de Hans Moravec, Marvin Minski y Raymond Kurzweil, que gira alrededor de cuestiones como la inteligencia artificial, la singularidad, los cíborgs o el volcado de la mente humana a una máquina. El autor español remarca el determinismo tecnológico subyacente a sus tesis y realiza una profunda exploración del funcionalismo en el que se afianzan. Cabe destacar también la actitud propagandística manifiesta en estos investigadores científicos, la cual se une a sus sueños de inmortalidad propiciados por una deseable fusión con las máquinas, todo ello envuelto de un lenguaje que se asemeja más a la literatura de Isaac Asimov que a la ciencia no ficcional.

En el tercer capítulo, el turno es para la reflexión acerca de la modalidad biomédica del transhumanismo tecnocientífico. En él se valora el papel de la biología sintética en la modificación de las capacidades humanas y los diferentes discursos acerca del biomejoramiento, ya sea este químico (a través de fármacos) o genético. Diéguez expone y sopesa de manera detallada los principales argumentos de los defensores del biomejoramiento pero también examina los supuestos de los detractores de este. De esta forma, el autor hace una dura crítica a todos aquellos que basan su negativa al biomejoramiento en un concepto de naturaleza humana como esencia inviolable. Por otro lado, explora las posibles consecuencias negativas del mejoramiento biológico y la ambigüedad de sus fines.

Una vez realizado este repaso y comentario del panorama del pensamiento transhumanista, el autor español saca a colación la obra de Ortega y Gasset como clave para desatascar la cavilación acerca de las problemáticas desarrolladas a lo largo del libro. Como ya haría en su artículo La acción tecnológica desde la perspectiva orteguiana: el caso del transhumanismo, publicado en la Revista de Estudios Orteguianos, 29, pp. 131–153, Diéguez reivindica la filosofía de la técnica de Ortega para el análisis acerca del mejoramiento humano. Se pueden señalar tres puntos de especial interés:

  1. La idea de la técnica como algo inherente al ser humano, como modo de adaptación del medio a sí mismo a través de la creación de una sobrenaturaleza, de la humanización del mundo.

  2. La concepción antropológica de que el hombre busca no solo sobrevivir, sino vivir bien, o sea, bienestar. Lo que sea el bienestar es algo variable, que depende de los diferentes proyectos de vida.

  3. La crisis de los deseos como signo distintivo de las sociedades contemporáneas, esto es, la falta de finalidad para la técnica, la ausencia de plan vital ante las abrumadoras posibilidades que ofrece la tecnología.

La exposición de la filosofía orteguiana es el hilo conductor que abre paso a las conclusiones. En primer lugar, parece esencial que para valorar el mejoramiento se han de tener en cuenta los fines hacia los cuales se dirige. Lo meliorativo es algo que depende siempre de un criterio a través del cual evaluarlo, y este, para Diéguez, no es otro que la noción de bienestar. En vista de esto, resulta cuestionable que la inmortalidad sea un objetivo deseable. Son muchas las dificultades existenciales ligadas a tal circunstancia. La soportabilidad de una vida eterna, la pérdida de la identidad personal, la asimetría entre el envejecimiento corporal y mental o la ausencia de todo propósito vital son algunos de los problemas que plantea cualquier pretensión de inmortalidad.

Ahora bien, Diéguez arguye que las tesis transhumanistas no son —o al menos no solo son— fruto de aspiraciones históricas, de preocupaciones posmodernistas, o consecuencia de las sociedades complejas y tecnificadas, sino que también surgen como efecto colateral del sistema tecnocientífico. Las promesas pretenciosas son inevitables en la difícil búsqueda de financiación para la investigación, en una forma de hacer ciencia donde la competencia y la rentabilidad son los valores supremos.

En definitiva, Diéguez apoya un mejoramiento moderado —nunca tan radical como para hablar de superación de la especie humana— siempre y cuando este vaya en pro del bienestar social. Para ello, es de vital importancia que sean los ciudadanos los que definan los fines, que establezcan su proyecto vital, y no que sea el desarrollo tecnológico el que lleve a la deriva a la sociedad en favor de los antojos mercantiles. Volviendo a Ortega, la esencia de la técnica es, al fin y al cabo, adaptar el mundo al hombre. Sería del todo paradójico, cuando no contradictorio, que el ser humano sea el que, a través de medios tecnológicos, literalmente se transforme para acoplarse al nuevo mundo hasta tal punto que dicha adaptación pueda proclamar la extinción de la especie.

 

Daniel Labrador Montero
Universidad de Salamanca

 

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