Reseña del libro "Pérdidas y ganancias: Exiliados y expatriados en la historia del conocimiento de Europa y las Américas, 1500-2000"

 

RESEÑAS DE LIBROS/BOOK REVIEWS

 

Peter Burke. Pérdidas y ganancias: Exiliados y expatriados en la historia del conocimiento de Europa y las Américas, 1500-2000.
Madrid: Akal, 2018, 256 pp.

 

 

 

Ediciones Akal publicó en 2018 Pérdidas y ganancias. Exiliados y expatriados en la historia del conocimiento de Europa y las Américas, 1500-2000, del acreditado historiador británico Peter Burke. Sus 256 páginas son el interesante relato de las diásporas de intelectuales desde el siglo XV hasta finales del siglo XX. El autor presenta numerosos estudios de caso sobre este tema, muy vigente dentro del ámbito de la historia del conocimiento, y que soslaya campos como la sociología o la antropología histórica.

Como declara en los prolegómenos, Burke comenzó a redactar el libro en la primavera de 2015, animado por algunos colegas a dar a conocer sus pesquisas sobre la participación de los exiliados y expatriados en la historia de Inglaterra. En efecto, las razones de la migración son variadas, siendo a veces una cuestión voluntaria y otras forzosa. A algunos se les puede aplicar la idea de destierro, entendido como desarraigo y pérdida, y a otros la idea de transculturación. Los exiliados han sido muchas veces refugiados, un término que la filósofa alemana Hannah Arendt rechazaba porque prefería la denominación de recién llegados o inmigrantes.[1] En efecto, el desplazamiento a otro país en ocasiones conllevó traumas psicológicos, sentimientos de soledad, nostalgia e inseguridad. Hubo suicidios, como el del filósofo Walter Benjamin o el del historiador Ramón Iglesias, y se convivió con la idea de acabar con una carrera truncada. Theodor Adorno enunciaba lúgubremente: “Todo intelectual emigrado resulta dañado sin excepción”.[2]

No obstante, en esta historia también hay ganadores. Sucedió oportunamente que muchos lograron éxito al reinventarse, al tener la mente abierta para estudiar en nuevos terrenos del conocimiento y aprender. Burke nos habla de actitudes de resistencia y de asimilación, concluyendo que, a su parecer, aquellos que lograron ubicarse en un punto intermedio entre estos conceptos serían quienes más aportaciones brindarían al desarrollo de la ciencia.

El libro acentúa la importancia de las contribuciones hechas por los exiliados, que además de enriquecerse de la nueva cultura que les acogió, favorecieron el cosmopolitismo de sus anfitriones, revelando conocimientos y maneras de pensar nuevas y alternativas. Desde este punto de vista, las migraciones son procesos educativos que favorecen, al menos en el ámbito de la intelectualidad, a ambas partes. Es más, Burke llega a sugerir que el exilio es una forma de educación, aunque muy dura. Al menos es obvio que aquellos que regresaron a sus países natales ya no fueron los mismos, pudiendo examinar su entorno con la suficiente distancia para emitir valoraciones objetivas.

El primer conglomerado de exiliados que se estudia aparece en el Renacimiento, concretamente en 1453. La caída de Constantinopla bajo el asedio del sultán otomano Mehmet II hizo que muchos griegos huyeran a Italia con sus libros y erudición, al punto que ha llegado a afirmarse que el humanismo renacentista es la inmediata consecuencia de dicha emigración. Los exiliados de esta época son en general refugiados por motivos religiosos. Los judíos y los musulmanes fueron expulsados de España y Portugal, teniendo que escoger entre la conversión o el desarraigo. Con la Reforma, en toda Europa disidentes por motivos religiosos evadieron juicios y persecuciones, y adonde fueron trataron de contribuir ofreciendo su cultura y saberes a sus anfitriones. Comenius, que pertenecía a un grupo protestante que defendía un culto llamado Pansophia (un discernimiento que favorecía alcanzar el saber universal), estuvo refugiado en Polonia, Suecia, Prusia e Inglaterra, y allí donde se asentó difundió sus ideas educativas. Los protestantes ingleses llegaron al Nuevo Mundo con los padres peregrinos, y no todos eran puritanos. Se cuenta que, desde su llegada a América en 1631, Roger Williams estudió la cultura de los indios por complacencia y admiración a su armonía espiritual, sin intentar convertirlos.

Mención aparte merecen los protestantes franceses hugonotes que se vieron obligados a huir en masa tras los castigos y expropiaciones del Edicto de Nantes. Burke les dedica un apartado especial, pues muchos emigrados hugonotes eran cultos. El concepto del título del libro, pérdidas y ganancias, se toca aquí por vez primera, ya que la emigración de hugonotes conllevó para Francia una gran pérdida de capital intelectual. Por el contrario, los países de acogida, Holanda, Inglaterra y Prusia principalmente, se vieron beneficiados de las habilidades de estos refugiados. Los hugonotes contribuyeron a la difusión de tecnología especializada, tanto artesana como científica. Fueron médicos y libreros, periodistas e historiadores, docentes y traductores. El que menos enseñaba francés (que en la Europa del siglo XVII era la lingua franca), y otros emprendieron nuevas carreras. El prestigio de la cultura francesa favoreció a que les dieran la bienvenida como emisarios de la sabiduría del país galo.

Burke utiliza el término expatriado para referirse a aquellos que dejan su hogar porque aspiran a mejores condiciones de trabajo en el extranjero. Cuando hablamos de intelectuales expatriados, hablamos entonces de fuga de cerebros. El autor identifica tres clases de contribuciones de este tipo de expatriados: mediación, distanciamiento e hibridación. Quienes se dedicaron a componer diccionarios y gramáticas de las lenguas de su nuevo lugar de residencia son ejemplos claros de mediación intercultural. Paradigmático sería Domingo de Santo Tomás, un misionero dominico que dio a la imprenta en 1560 la primera gramática del quechua. Un caso de distanciamiento sería el de Abraham Rogier, clérigo protestante al servicio de la Compañía de las Indias Orientales. Escribió un libro titulado La puerta abierta al paganismo oculto (1651), donde describe la religión hindú de modo objetivo, respetuoso y desapasionado. La hibridación sucede cuando se produce una colaboración en la investigación con los nativos, tal sería el caso del especialista en estudios orientales Colin Mackenzie que colaboró codo con codo con el epigrafista indio Kavali Venkata Borayya en los orígenes de la historiografía moderna de la India.

En relación a los expatriados modernos, Burke menciona los casos de algunos países, como Rusia, Japón o Turquía, que invitaron a extranjeros para mejorar la calidad de su educación, conscientes de que necesitaban modernizarse y ponerse al día. A Turquía acudió Erich Auerbach, que se quejaba de su aislamiento y de falta de libros. A menudo Burke se pregunta si los intelectuales que describe hubieran escrito los mismos libros de no haber sido exiliados. En el caso de Auerbach posiblemente no, ya que su estancia en Estambul, separado de las bibliotecas apropiadas para sus estudios filológicos, le obligó a dejar de persistir en ellos. Sin embargo, allí escribió su obra más famosa, Mimesis, una profunda investigación sobre la representación de la realidad en la tradición literaria occidental.

Los grandes exiliados del mundo contemporáneo han sido políticos y personas perseguidas por razones de limpieza étnica. En el siglo XIX Londres acogió a muchos asilados políticos, convirtiéndose en la capital europea de los refugiados. Karl Marx fue quizá el exiliado londinense más famoso. En cambio, en el siglo XX el gran éxodo lo protagonizaron aquellos hostigados por el régimen de Hitler, en su mayoría judíos centroeuropeos.

De acuerdo con Burke, el objetivo de Pérdidas y ganancias: Exiliados y expatriados en la historia del conocimiento de Europa y las Américas, 1500-2000 es ayudar a los estudiantes a elucidar lo bueno de la globalización y los movimientos migratorios. Como desenlace, el autor pregunta al lector si podría imaginarse en qué estado estarían las humanidades y las ciencias sociales en el Reino Unido o en otro país occidental, si no hubiera habido traslados de exiliados. En su opinión, muchas generaciones europeas y americanas padecerían de un gran provincianismo intelectual si no hubieran recibido el influjo de estudiosos migrantes. Este mensaje no es casual, ahora que vivimos tiempos de necios nacionalismos y de xenofobia. De ahí que Burke escriba un epílogo titulado “Un comentario sobre el Brexit”, donde vaticina que la salida del Reino Unido de la Unión Europea será un verdadero desastre económico y cultural. Los exiliados son un elemento invaluable de enseñanza e ilustración y el Brexit sacrifica esa fuente de diversidad cognitiva, con lo que posiblemente las próximas generaciones serán más provincianas y menos creativas. Los ejemplos extraídos de las páginas del libro así lo prueban.

 

NOTAS Top

[1]

Arendt, H. (1978). We Refugees. En Ron H. Feldman (ed.). The Jew as Pariah: Hannah Arendt. Nueva York: Grove Press, pp. 55-66.

[2]

Adorno, T. (1951). Minima moralia. Fráncfort: Suhrkamp.

 

José Luis Crespo-Fajardo
Universidad de Cuenca (Ecuador)

 

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