Arbor, Vol 165, No 652 (2000)

Los Comuneros: un apunte histórico

Luz María Cruz de Galindo

DOI: http://dx.doi.org/10.3989/arbor.2000.i652.993

Resumen


Las colectividades organizadas poseen un espíritu que es fruto preciado y obra capital de innumerables generaciones, síntesis de progresos alcanzados a costa de sacrificios, resultado de abnegaciones y heroísmos sin cuento: el instrumento de su formación es la educación que moldea los espíritus al calor de unas ideas y les infunde ciertos sentimientos que dan cohesión porque unifican en lo propio. Todo ello probado y acrisolado en el transcurso del tiempo. Se trata de colectividades cuyos rasgos característicos son la permanencia, la resistencia a las innovaciones— mientras no prueben que esto supone un enriquecimiento—, pues valoran tanto lo que tienen que sólo adoptan lo que comprueban que es mejor. Asimismo se caracterizan por una vivacidad extraordinaria que triunfa sobre todos los obstáculos.
En el presente estudio veremos cuáles de estos rasgos se dan en las Comunidades Castellanas durante los primeros años de reinado del emperador Carlos a la luz del moderno debate sobre el comunitarismo.

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