1. INTRODUCCIÓN Y MARCO METODOLÓGICO
⌅«Un paro cardiaco causó la muerte a Max Aub, autor de Jusep Torres Campalans»: así titulaba su necrológica el diario Excélsior el 23 de julio de 1972 al hilo del fallecimiento del escritor español, exiliado en México desde 19421
No lo era en su momento, desde luego. A medio camino entre una novela de artista, un montaje vanguardista y una sofisticada broma intelectual, el genuino Jusep Torres Campalans se servía del formato libresco para sustanciar un complejo dispositivo donde la configuración física establecía una relación orgánica e ineludible con los contenidos del texto –ficcionales o reales, pero verosímiles casi siempre–, con el componente performativo de su puesta en escena, y con un vastísimo marco referencial. Partiendo de este hecho, la investigación que motiva estas páginas persigue establecer cómo y por qué semejante armazón se vio sometido a un progresivo desgaste que acabó afectando a su integridad y a su recepción y cuáles fueron los hitos de esa lenta desfiguración, tanto en sentido retórico como literal.
Trazar esa deriva editorial exige realizar un estudio específico de la obra original y cotejar sus cualidades con las de todas y cada una de las ediciones, en diferentes países e idiomas, que la han venido sucediendo. De este modo, la investigación toma en cuenta la morfología editorial fijada por Gaskell (1998Gaskell, Philip (1998). Nueva introducción a la bibliografía material. Gijón: Trea.) y adopta una versión matizada de la secuencia metodológica de análisis material de Bowers (2001Bowers, Fredson (2001). Principios de descripción bibliográfica. Madrid: Arco.) que contempla los siguientes estadios: descripción del libro como objeto material y descripción de sus contenidos, estudio de la transmisión del texto mediante una historia detallada de las distintas impresiones y ediciones, análisis de los cambios incorporados tras la primera edición, y estudio de las relaciones que el autor hubiera mantenido con el libro como tal. En todas estas etapas, pero especialmente en la primera y la última, la consulta directa de documentos de archivo se demostrará fundamental para fijar la intención original de la obra, las variaciones que experimentó bajo control personal del escritor, y las que pudo haber sufrido al margen de su voluntad.
Toda esta labor material y archivística encuentra sustento en ciertos principios conceptuales y operativos de la historia de la escritura y la sociología de los textos que conviene precisar. Así, de relevancia en el desarrollo de la investigación es la distinción kantiana entre el libro como objeto (opus mechanicum) y el libro como discurso y el modo en que Roger Chartier (2007Chartier, Roger (2007). ¿La muerte del libro? Orden del discurso y orden de los libros. Co-herencia, 7(4), 119-129., 2012Chartier, Roger (2012). Escuchar a los muertos con los ojos. Buenos Aires: Katz.) emplea esa disociación para fijar una de las claves de la cultura escrita en la Modernidad y, en su grado extremo, un riesgo para la existencia del propio formato libresco. En este sentido, y a la vista de la peculiaridad formal de Jusep Torres Campalans, especial pertinencia adquieren las tesis de Don McKenzie (2005McKenzie, Don (2005). Bibliografía y sociología de los textos. Madrid Akal.) sobre el libro como forma expresiva y ciertos estudios centrados en examinar cómo lo textual se conjuga con lo gráfico y lo táctil con lo visual en el marco de prácticas editoriales contemporáneas que la creación maxaubiana, inopinadamente, vendría a anticipar (Moegelin-Delcroix, 2006Moegelin-Delcroix, Anne (2006). Sur le livre d’artiste. Articles et écrits de circonstance (1981-2005). Marsella: Le mot et le reste.; Drucker, 2007Drucker, Johanna (2007). The Century of Artist’s Books. Nueva York: Granary.; Lockemann, 2022Lockemann, Bettina (2022). Das Photobuch denken. Eine Handreichung. Berlín: Hatje Cantz.). Al proceder al desglose detallado de este caso paradigmático, en fin, el artículo hace suya la visión de la edición como un acto de mediación necesaria entre discurso y comunicación (Bhaskar, 2014Bhaskar, Michael (2014). La máquina de contenido. Hacia una teoría de la edición desde la imprenta hasta la red digital. Ciudad de México: Fondo de Cultura Económica.) y la convicción de que esa mediación requiere, por encima de todo, que el contenido sea asumido en su especificidad. Atendiendo a su relevancia y a su función seminal, es justamente este aspecto de la obra el que conviene abordar en primer lugar.
2. VOLUNTAD DE FORMA E INTEGRIDAD EN JUSEP TORRES CAMPALANS
⌅El carácter excepcional e inclasificable de Jusep Torres Campalans, no ya en el contexto de la producción maxaubiana sino más allá de sus márgenes, saltó a la vista desde el primer momento. «Al fin: un género nuevo», proclamaba la reseña aparecida en el diario mexicano El Universal el 27 de julio de 1958, que no dudaba en calificarlo de «libro originalísimo, de personalidad tan acusada que casi no se puede encontrar con qué compararlo»2
«El libro es en sí una joya de la bibliografía de nuestros días, ya que no tiene nada que pedir a las mejores ediciones de arte que se hacen en Europa y Estados Unidos», afirmaba por su parte el Excélsior del 28 de junio4
En la estrategia urdida por Aub este afán de réplica jugaba desde el primer momento un papel fundamental, tal y como evidencian ciertos apuntes de enero de 1957 en los que este manifiesta su intención de publicarlo como un libro de Skira (Rodríguez y Herrera, 1993Rodríguez, Joaquina y Herrera, Alejandra, eds. (1993). Relatos y prosas breves de Max Aub. Ciudad de México: Universidad Autónoma Metropolitana., p. 52). El propósito de remedar los productos de la editorial suiza evidencia su conocimiento del estado del arte en lo relativo a la publicaciones especializadas y la altura de miras con que concebía el proyecto: si pocos podían competir con Albert Skira en experiencia en la materia, tras haber editado en los años treinta la mítica revista surrealista Minotaure y numerosos libros de arte con grabados originales de Picasso, Matisse o Dalí, casi ninguno era capaz de hacerle sombra en términos de calidad gráfica y excelencia formal. Ignacio Soldevila (1973Soldevila, Ignacio (1973). La obra narrativa de Max Aub (1929-1969). Madrid: Gredos., p. 151) apunta que Aub pudo haberse inspirado, de manera específica, en el Picasso de Maurice Raynal (1953Raynal, Maurice (1953). Picasso. Ginebra: Skira.), y no en vano la biblioteca personal del autor albergó un ejemplar de ese cuarto volumen de la colección Le goût de notre temps8
Aunque no es logro pequeño que «bajo la dirección del maestro Stols» (así dicta el colofón del libro) se lograse tal parecido con las ediciones de Skira, conviene subrayar que Jusep Torres Campalans no es una simple aproximación formal a la colección Le goût de notre temps sino también, o ante todo, estructural. Así, el Picasso de Raynal se abre con un apartado de Dates et concordances, donde año a año se consignan datos de la vida del pintor acompañados de los hechos históricos más relevantes en el campo del arte (nacimiento de Marcel Duchamp en 1887, fundación del Museo de Arte Moderno de Nueva York en 1929, etc.), al que siguen un Avertissement de l’éditeur, una prolija descripción de la trayectoria de Picasso dividida por etapas (La jeunesse de Picasso a Barcelone, L’epoque nègre, Un retour a la plastique pure…), una concisa bibliografía, una relación de exposiciones del pintor y un índice onomástico. Prescindiendo de estas tres últimas secciones, Aub se servirá de un armazón similar para su obra pero lo desbordará largamente al añadir a los apartados equivalentes (aquí titulados Prólogo indispensable, Anales y Biografía) uno inicial con citas de Gracián, Ortega y un tal Santiago de Alvarado, otro de agradecimientos donde también se mezclan nombres reales y ficticios, un aparato erudito compuesto por artículos sobre la idiosincrasia artística y política española y sobre el propio Campalans, una breve recopilación de declaraciones suyas a la prensa parisina en los años 1912-1914, un amplio conjunto de pensamientos y sucedidos del artista ordenados por años y temas (el llamado Cuaderno verde, claramente inspirado en El día y la noche, antología de apuntes del pintor cubista Georges Braque) y un capítulo, convenientemente anotado con referencias eruditas, donde se refieren los encuentros de Max Aub con el pintor (Las conversaciones de San Cristóbal). Cierra el volumen un catálogo razonado de obras en el que trabajaba el joven crítico irlandés Henry Richard Town, con vistas a la primera exposición de Campalans en la Tate Gallery de Londres, justo antes de que un bombardeo alemán –se nos dice– acabase con su vida y con su proyecto en 1942.
Además de por la viva alternancia de sangrías, tamaños de letra y estilos de fuente –párrafos ordinarios conviven con otros de estándar alemán y francés; el tipo disminuye en las citas, notas y adendas y en el catálogo final; el estilo regular muta en cursiva en el extenso Cuaderno verde–, las distintas secciones se ven animadas por la inserción, aquí y allá, de imágenes que reproducen dibujos, bocetos y cuadros en medio tono. Aunque se diría un mero recurso editorial, lo cierto es que la equilibrada distribución de este tipo de imágenes, unida a la puntual inclusión de páginas con láminas a todo color, confiere una notable unidad plástica a tan marcada diversidad estructural y formal. Las imágenes, en cierto modo, hilvanan el texto, crean una pauta regular en medio de esta biografía multiperspectivista que el propio Aub calificara abiertamente de cubista (Aub, 1958Aub, Max (1958). Jusep Torres Campalans. Ciudad de México: Fondo de Cultura Económica., p. 16) y funcionan como agentes de continuidad para armar un Rimbaud pictórico –es expresión de Jean Cassou (1961Cassou, Jean (1961). Jusep Torres Campalans. Le Rimbaud de la peinture moderne. Bulletin N.R.F. 158, 9-14., p. 9)9
En alguna ocasión se ha apuntado que semejante despliegue cumpliría no solo el cometido de fijar la personalidad y la trayectoria de un pintor prototípicamente maldito, sino que funcionaría como catálogo de exposición del propio Aub (Sáenz, 1996Sáenz, Pilar (1996). Ambigüedad, ficción y metaficción en Jusep Torres Campalans. En: Actas del Congreso Internacional Max Aub y el laberinto español. Valencia: Ayuntamiento de Valencia, 488-493.). Pareciera en efecto que Aub diseña un artista ad hoc, a su exacta medida, porque la barahúnda de recursos y lenguajes pictóricos casa mejor con la pasión de un diletante que con un Campalans cuyo compromiso máximo con la pintura le lleva a repudiar en su Cuaderno verde la inconsistencia de Juan Gris, Kies Van Dongen o Amedeo Modigliani, pero no tiene empacho alguno en acercarse, cuando no plagiar, a todos ellos. A ellos y a muchos otros que Aub consideraba al alcance de sus escasas aptitudes, por lo demás: «los dibujos, ¿qué me cuesta hacerlos? Con intentar copiar a Picasso o a Braque. Mi inhabilidad dará la diferencia», anota sin pudor en su diario de 1957 (Rodríguez y Herrera, 1993Rodríguez, Joaquina y Herrera, Alejandra, eds. (1993). Relatos y prosas breves de Max Aub. Ciudad de México: Universidad Autónoma Metropolitana., p. 52). En la variada producción recogida en Jusep Torres Campalans hallamos remedos más o menos logrados de ambos artistas, sí, pero también ecos de Nolde, Matisse o Dufy, sin duda en el convencimiento de que su factura característica resultaba menos comprometedora –menos que la de un Boccioni, por poner un ejemplo coetáneo– y permitía sortear mejor dicha inhabilidad. Así las cosas, no resulta nada fácil dar respuesta a la capciosa pregunta formulada por Pilar Sáenz: ¿fue todo el relato de compleja estructura un subterfugio para dar a la luz pública la obra pictórica del escritor Aub? ¿Es este un caso de timidez o de humorismo? (Sáenz ,1996Sáenz, Pilar (1996). Ambigüedad, ficción y metaficción en Jusep Torres Campalans. En: Actas del Congreso Internacional Max Aub y el laberinto español. Valencia: Ayuntamiento de Valencia, 488-493., p. 489). El propio Aub promueve el equívoco al declarar en unas ocasiones que la producción plástica precedió a la narrativa –«pinté y quería vender mis cuadros. Me ayudó con la novela sobre Torres Campalans. Algo legítimo y justo»10
Si bien es lugar común referirse a Jusep Torres Campalans como una mofa de las monografías artísticas al uso –una tesis corroborada por el propio Aub al reconocer actuar «en venganza por quienes se han dedicado a hacer docenas de biografías de pintores de segunda»12
3. PERVIVENCIA Y DESGASTE DE JUSEP TORRES CAMPALANS
⌅Tras el fallido intento de editar la obra en la casa inglesa Thames & Hudson –donde fue rechazada aduciendo que «ofrecer al público inglés la vida romantizada de un artista que efectivamente es desconocido (sic) sería una proposición equivocada»14
En carta remitida a mediados de julio de 1961 al sello neoyorquino Doubleday, Aub reconoce contar en ese momento con varias opciones de publicación: Piper en Alemania, Mondadori en Italia, Bonnier en Suecia, Heinemann en Inglaterra16
La tan traída tensión entre forma y contenido caerá paulatinamente tras la publicación de Doubleday; a partir del episodio estadounidense, la historia de las ediciones de la obra será en gran medida la historia de una erosión, de un desdibujamiento, quizá entre otras razones porque el complemento escénico no volverá a formar parte de Campalans. Como observa Dolores Fernández, las ediciones subsiguientes «siguen un formato de bolsillo que no tiene nada que ver con el lujo de la edición mexicana de 1958, la francesa de 1961 o la inglesa de 1962» (Fernández, 1996Fernández, Dolores (1996). La leyenda de Jusep Torres Campalans. En: Actas del Congreso Internacional Max Aub y el laberinto español. Valencia: Ayuntamiento de Valencia, 825-828., p. 825). Esto va a ser así desde la inmediatamente posterior, la italiana de Mondadori de 1963, donde, más allá de la primorosa encuadernación y del bello papel verjurado, se opta por allanar completamente la maquetación –tan solo se conceden las variantes de tamaño y estilo–, se excluyen todas las viñetas adjuntas al texto, y se relegan la escasa decena de reproducciones al final del volumen para acomodarlo al estándar de la colección Quaderni della Medusa.
El prosaico periplo que se abre en Italia va a encontrar un hito en el compromiso de publicación de la obra dentro de un tomo de Novelas escogidas de Max Aub por parte de la editorial Aguilar (Aub, 1970aAub, Max (1970a). Novelas escogidas. Ciudad de México: Aguilar. Col. Biblioteca Autores Modernos. Prólogo y notas de ManuelTuñón de Lara.), en ese contrato donde, a diferencia de otros anteriores –que nada arbitran al respecto–, se fija claramente que la presentación material del volumen será de la exclusiva incumbencia del editor19
Ese mismo año ve la luz la edición de Lumen (Aub, 1970bAub, Max (1970b). Jusep Torres Campalans. Barcelona: Lumen. Col. Palabra en el tiempo.) bien distinta a su coetánea, pero igualmente resuelta a la hora de sacrificar la idiosincrasia del original en beneficio de un modelo preformado, el de la célebre colección Palabra en el tiempo que acogiera la obra señera de Broch, Weiss, Joyce, Beckett o Céline. Dejando a un lado la nueva información contenida en las solapas –una nota de Aub abundando en el equívoco sobre la autenticidad del personaje y extractos de las míticas Galeradas de Carlos Fuentes y Jaime García Tarrés que arroparon a la edición mexicana–, y dejando aparte también la labor de la censura franquista (Fernández, 2019Fernández, Dolores (2019). Estudio introductorio. En: Jusep Torres Campalans. Obras completas IX-A. Madrid-Frankfurt: Iberoamericana-Vervuert, 33-84., p. 65-67), se respeta en lo sustancial la variedad de sangrados, tamaños y estilos al tiempo que viñetas y demás reproducciones de obra se despliegan a lo largo de todo el volumen. Reproducciones que mantienen donde corresponde y como corresponde el uso del color, un rasgo que brillará por su ausencia, por vez primera y no última, en los ejemplares de Alianza (Aub, 1975Aub, Max (1975). Jusep Torres Campalans. Madrid: Alianza. Col. El libro de bolsillo.) y Plaza & Janés (Aub, 1985Aub, Max (1985). Jusep Torres Campalans. Barcelona: Plaza & Janés. Col. Biblioteca Letras del exilio.), ejemplos de la funcionalidad y de la restricción de costes característicos del formato de bolsillo y virtualmente idénticos a pesar de pertenecer a colecciones diferentes –El Libro de Bolsillo, en el primer caso, y Biblioteca Letras del Exilio en el segundo– y presentar opciones divergentes para la portada –una obra de Campalans extraída de la primera edición y una ilustración ajena al autor, respectivamente (figura 4).
Más prestancia ofrecerá la segunda edición en italiano, la de Sellerio (Aub, 1992Aub, Max (1992). Jusep Torres Campalans. Palermo: Sellerio. Trad. de GiuseppeCintioli.), que parte de la traducción y la maqueta de la versión milanesa, pero la altera ligeramente para adoptar un formato más desahogado. He aquí una sobria edición en la que destaca sobremanera el uso de los papeles Fabriano, ante todo en la sobrecubierta, en cuyo centro se sitúa una ventana en golpe seco donde se adhiere la reproducción a color de un bodegón de Campalans –tal vez, dicho sea de paso, el más matisseano de los suyos. La calidad de los materiales, con todo, no alcanza para enmascarar la evidencia: si el patrón simplificador instituido por Mondadori desfiguraba ya en su día la dialéctica imagen-texto, poco puede hacer al respecto la edición siciliana, en tanto que subsidiaria suya, a ese respecto. El desgaste de la obra en el ámbito editorial italiano vivirá un nuevo episodio años más tarde, cuando el sello Theoria alumbre una versión aún más espartana y ensimismada, dentro de su colección Gli irregolari, de cuyo escaso rigor da cuenta el hecho de que no se indique siquiera a quién debemos la traducción (Aub, 2018Aub, Max (2018). Jusep Torres Campalans. Santarcangelo di Romagna: Theoria. Col. Gli irregolari.).
Cabe recordar cómo a mediados de 1961 Aub indicaba al responsable de Doubleday que, de cara al mercado alemán, los derechos de todas sus obras habían sido de hecho cedidos a Piper & Co. Verlag de Múnich, aunque ignoraba a ciencia cierta la fecha de aparición de Campalans20
En el extremo opuesto, la edición auspiciada por la Fundación Max Aub, supervisada por Vicente Rojo y editada por Destino (Aub, 1999bAub, Max (1999b). Jusep Torres Campalans. Barcelona: Destino.) se hará merecedora de especial aprecio por su afán casi facsimilar –no en vano, la edición está numerada– y por la elevada calidad editorial. La primera impresión que produce el volumen es de un notable parecido con el original, siendo que replica con detalle, salvo en la tipografía, la sobrecubierta mexicana. Si bien aumentan ligeramente las dimensiones y la extensión –las 316 páginas del original se convierten en 356 merced al incremento del tamaño de los tipos empleados en el aparato de notas–, se mantienen las peculiaridades tipográficas, la maquetación y el emplazamiento de cada imagen en su lugar exacto. El cuché que allí se reservaba para las reproducciones a color adheridas al papel crudo se emplea aquí para toda la labor de impresión, dando lugar a un resultado general altamente consistente y digno de ser empleado con garantías, a falta de algún ejemplar de la primera edición, como documento de trabajo para un análisis descriptivo de Jusep Torres Campalans (figura 5).
Mención especial requiere, en fin, la edición cubana del sello Arte y Literatura (Aub, 2002Aub, Max (2002). Jusep Torres Campalans. La Habana: Arte y Literatura.). De entrada, conviene dejar aquí a un lado el parte de daños infligidos a la estética original porque el contexto económico donde se gesta la tirada exige acogerla como lo que es, el fruto de una empresa meramente divulgativa. Pese a la escasa calidad del papel y a la desdichada impresión, la maqueta procura preservar la articulación genuina y dar a ver los rasgos generales del artefacto maxaubiano a un público que difícilmente hubiese tenido acceso a las ediciones españolas o mexicanas. Es, si se quiere, la versión urgente y a bajo coste de la anterior, la materialización a contracorriente de un empeño didáctico del Instituto Cubano del Libro que el propio Aub –contrario al embargo comercial de la isla y participante en el Primer Congreso de Intelectuales de La Habana en 1967– habría sin duda respaldado.
Bien diferente resulta, en este sentido, la penúltima edición conocida, la del sello español RBA (Aub, 2011Aub, Max (2011). Jusep Torres Campalans. Barcelona: RBA. Col. Narrativas. Epílogo de AntonioMuñoz Molina.), que aun disponiendo de los medios necesarios para cuajar un volumen rico en matices ahorma la obra por partida triple: al insertarla en la colección Narrativas –sólidamente establecida, como en casos anteriores, y nada sensible por tanto a singularidades de ningún tipo–, al presentarla en volumen conjunto con Vida y obra de Luis Álvarez Petreña –obra a la que se acerca temáticamente pero con la que no guarda relación en cuanto a forma o ambición–, y al reducir hasta lo anecdótico el número de reproducciones –una docena escasa a medio tono y un puñado de viñetas diseminadas entre párrafos es todo lo que queda del componente plástico original. Se agradece pese a todo la incorporación de un epílogo debido a Antonio Muñoz Molina –no un ensayo al efecto, en realidad, sino el texto íntegro del discurso de ingreso del escritor español en la Real Academia Española de la Lengua– donde se evocan aspectos de la trayectoria maxaubiana y se hace alguna alusión volandera a Campalans.
La más reciente edición española hasta la fecha se presenta como una versión crítica de Jusep Torres Campalans que, en principio, vendría a cerrar este largo ciclo de avatares y desencuentros (figura 6). Inserto en la ambiciosa empresa de publicación de las obras completas del autor –al amparo esta vez de un sello comercial, Iberoamericana-Vervuert, y no ya de la institucional Alfons el Magnànim, de la Generalitat Valenciana–, el volumen es fruto de un trabajo exhaustivo de la especialista Dolores Fernández, pionera en la investigación de la peculiar creación maxaubiana y verdadera autoridad en la materia. Dejando a un lado tanto los exhaustivos estudios que abren y cierran la edición como la catalogación de toda la obra campalasiana, incluyendo la obra francesa en color, el afán integrador lleva a Fernández a incorporar a la matriz del texto original de 1958 dos elementos de distinto cariz: las notas eruditas consustanciales a toda edición crítica, por un lado, y los 28 dibujos que Aub había insertado en ediciones posteriores, por otro. En lo relativo al primer elemento, y según sus propias palabras, «la mayor dificultad es la de recomponer, sin que pierda su esencia, la maquetación de Max Aub para la primera edición, respetando las numerosas notas a pie de página o final de capítulo del propio autor […] que dificultan la incorporación de las propias notas de la edición y exigen un diseño específico en la maquetación» (Aub, 2019Aub, Max (2019). Jusep Torres Campalans. Obras completas IX-A. Madrid-Frankfurt a.M.: Iberoamericana-Vervuert. Edición crítica y estudio de DoloresFernández., pp. 70-71). En lo tocante al segundo, subraya, «sumando los dibujos de la edición francesa de 1961 a los publicados en la primera edición de 1958, y teniendo en cuenta el Catálogo de Nueva York de 1962 que explica los dibujos aparecidos en la edición de 1970 de Novelas escogidas, podemos tener la certeza de que esta edición es completa» (Aub, 2019Aub, Max (2019). Jusep Torres Campalans. Obras completas IX-A. Madrid-Frankfurt a.M.: Iberoamericana-Vervuert. Edición crítica y estudio de DoloresFernández., p. 73). ¿Lo es? Ciertamente, así debe ser considerada, aunque el precio a pagar sea un híbrido de varias versiones de un libro que venía de ser un híbrido en sí mismo. Si en otras ediciones, aun precarias, la obra se presentaba exenta de cualquier aparato y mantenía de ese modo la incertidumbre que pudo causar el original, ahora cualquier equívoco queda descartado de antemano en aras del rigor científico, la homogeneidad y la exhaustividad. Se diría que los rasgos morfológicos y teleológicos del genuino Jusep Torres Campalans ceden ante la necesidad, en fin, de ajustar cuentas con su propia peripecia y paliar los daños sufridos por la obra desde su origen, apenas mediado el siglo XX, hasta la fecha.
4. CONCLUSIONES
⌅«Crear es fácil: se parte del caos. Lo difícil es recrear», anota el propio Campalans en su Cuaderno verde (Aub, 1958Aub, Max (1958). Jusep Torres Campalans. Ciudad de México: Fondo de Cultura Económica., p. 199). Nada hay más cierto en el caso de la obra que le vio nacer y en su extraordinaria dificultad para volver a ser o seguir siendo: su historia editorial, a la luz de lo visto hasta aquí, así parece demostrarlo. Si bien las ediciones francesa y estadounidense contaban con cierta aquiescencia por parte del autor y jugaban con la incorporación de nuevos materiales gráficos e incluso con secuelas de la exposición inaugural, ofreciendo así ciertos atractivos a cambio de la alteración del original, la peripecia posterior de la obra es la de una progresiva y lesiva pérdida de identidad. Tanto da que se pusiera el énfasis en la materialidad del libro –rasgo distintivo de las ediciones italianas–, en su maquetación –caso de las tres alemanas– o en el aspecto meramente textual –así, en la mayoría de las españolas–: la primera edición de Jusep Torres Campalans reunía todos esos aspectos de una forma solidaria e integral que nunca volvería a manifestarse de nuevo salvo, quizá, en las dos versiones españolas auspiciadas por la iniciativa oficial.
Aunque este hecho pueda parecer una cuestión puramente coyuntural e incluso menor, lo cierto es que apela al carácter de una obra donde la meticulosa articulación editorial es un rasgo medular y no mero ornamento. Que toda secuela debiera haberla preservado en la medida de lo posible y este no ha sido el caso salta a la vista al comprobar cómo la mayoría de las ediciones posteriores ha trastocado la obra mediante la asfixia del texto, el descuido en la maquetación, la supresión del color o la drástica reducción del número –cuando no completa eliminación– de imágenes, al punto de hacer de ella una novela como cualquier otra. Cuando, en alusión al canon literario de la Modernidad, Ricardo Sánchez apunta que «lo decisivo en la estructura de la obra son esos vacíos, distancias, puntos de vista, discontinuidades, contrastes, fragmentaciones, segmentaciones y montajes que ponen al receptor contra las cuerdas» (Sánchez, 1996Sánchez, Ricardo (1996). La recepción de la obra de arte. En: Bozal, Valeriano (ed.). Historia de las ideas estéticas y de las teorías artísticas contemporáneas, vol.II. Madrid: Visor, 223-228., p. 224), bien pudiera estar refiriéndose a Jusep Torres Campalans y a los espacios que se abren entre esa sinfonía de registros, imágenes y recursos editoriales. Taponar esos espacios o reducir su número mediante la simplificación o la supresión de materiales de construcción acarrea un hecho evidente: transformar lo que era una obra marcadamente incluyente en otra regida en exclusiva por uno solo de sus componentes, el textual, algo que aqueja, asimismo, por citar solo tres ejemplos, a ediciones de autores tan dispares como Cortázar, Kluge o Sebald. Si la recepción de toda obra depende en buena medida de la fidelidad a la propuesta original del autor y cualquier tipo de modificación repercute de forma decisiva en su recepción y en el eco que pueda alcanzar, en el caso de un artefacto editorial tan celoso de los detalles como Jusep Torres Campalans esa alteración conlleva convertir la experiencia de su manipulación en mera lectura, la fascinación en simple interés y la tensión del equívoco en pura evidencia.
Justo cuando lo libresco adquiere la forma de una epifanía electrónica que apela exclusivamente a la mirada, el formidable artificio concebido en su momento por Aub sigue presentándose como un ente corpóreo, vibrante y complejo, como una extraordinaria muestra de esa cultura material que ahora pareciera escapársenos entre las manos, pero también como un antecedente inopinado de la transmedialidad que las tecnologías digitales dicen inaugurar. Si todo proyecto de edición de la emblemática creación maxaubiana ha de tener esta singularidad en cuenta, cosa distinta es –reconozcámoslo, pese a todo– que pueda actuarse siempre en consecuencia.