The persistent insistence on starting over. Feminisms, sexual disobediences and archival obligation
María Laura Gutiérrez
CONICET, FCEdu-UNER /FHAyCs, UADER
https://orcid.org/0000-0002-1197-5204
laura.gutierrez@uner.edu.ar
RESUMEN
El trabajo interroga algunos de los extensos debates que se han producido en Argentina vinculados a la construcción y recuperación de archivos feministas y de la comunidad LGBTIQ. Teniendo como trasfondo una experiencia de construcción de memoria oral en la ciudad de Paraná (Entre Ríos, Argentina), se recuperan, en primer lugar, los aportes producidos desde el denominado giro afectivo, en su reinterpretación, desplazamiento, interrogación y producción contemporánea alrededor de los procesos de archivo y construcción de memoria. Estos debates han puesto de manifiesto que el archivo es siempre una disputa sobre quien archiva, sobre a quienes se archiva y dónde se archiva, sobre qué materiales merecen reconocimiento como acervo público y qué implica la construcción visual de los archivos para esas comunidades históricamente invisibilizadas. En síntesis, la disputa nunca inocente alrededor de cómo pensamos el qué, el para qué y el cómo del archivo. En este marco, se indaga sobre cómo las comunidades LGBTIQ+ y feministas han aportado al debate que interroga la idea misma de documento y la dificultad alrededor de su clarividencia como evidencia. Por ello, nos detendremos en las discusiones surgidas al calor de diferentes reconstrucciones de archivos realizadas desde los activismos feministas y LGBTIQ+ que han puesto en la mira las formas históricas de la constatación documental; o, en otras palabras, los desvíos producidos alrededor de la queerización de la evidencia. En tercer lugar, se analizan las formas que toma el debate sobre la subjetivación contemporánea y su vínculo entre archivos, propiedad y mercado en el presente neoliberal. Por último, se desandan con preguntas finales abiertas, algunas ideas vinculadas a la utilidad de seguir produciendo y construyendo archivos. Interrogantes que, en este presente convulso desde Argentina, siguen interpelando nuestros trabajos archiveros y activistas no sólo para sostener nuestros pasados sino, también, el futuro que deseamos.
Palabras clave:
archivos; feminismos; desobediencias sexuales; afectos.
ABSTRACT
This paper interrogates some of the extensive debates that have taken place in Argentina related to the construction and recovery of feminist and LGBTIQ archives. Against the background of an experience of oral memory construction in the city of Paraná (Entre Ríos, Argentina), we recover, first of all, the contributions produced from the so-called negative affective turn, in its reinterpretation, displacement, interrogation and contemporary production around the processes of archiving and memory construction. These debates have shown that archiving is always a dispute over who archives, who is archived and where, what materials deserve recognition as public heritage and what the visual construction of archives implies for these historically invisible communities. In short, the never innocent dispute over how we think about the what, the what for, and the how of the archive. In this framework, we inquire into how LGBTI+ and feminist communities have contributed to the debate that questions the very idea of “document” and the difficulty surrounding its clarity as evidence. For this reason, we will dwell on the discussions that have arisen in the heat of different reconstructions of archives carried out by feminist and LGBTI activisms that have focused on the historical forms of “documentary evidence”. Or, in other words, the deviations produced around the “queerization of evidence”. Thirdly, we question the forms taken by the debate on contemporary subjectivation and its link between archives, property and market in the neoliberal present. Lastly, we will explore, with final open questions, some ideas linked to the usefulness of continuing to produce and build archives. Questions that, in this convulsive present from Argentina, continue to challenge our work as archivists and activists, not only to sustain our pasts but also the future we desire.
Keywords:
archives; feminisms; sexual disobedience; affections.
Recibido: 9 septiembre 2024. Aceptado: 28 mayo 2025. Publicado: 08 enero 2026
Cómo citar este artículo/Citation: Gutiérrez, María Laura (2025). La persistente insistencia en comenzar de nuevo. Feminismos, desobediencias sexuales y obligación de archivo. Arbor, 201(814): 2966. https://doi.org/10.3989/arbor.2025.814.2966
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Sería inabarcable explicitar en estas líneas introductorias el desarrollo teórico producido alrededor de una de las categorías centrales que nos interpela en este artículo como es la de archivo. Particularmente a lo largo de todo el siglo XX, los estudios acerca del archivo han suscitado grandes debates desde diferentes perspectivas teóricas, históricas y culturales. Sólo por nombrar una referencia ineludible para cualquiera que se arrime a la pregunta por el pasado, ya en las primeras décadas del siglo XX, el emblemático proyecto de Aby Warburg sobre el Atlas Mnemosyne marcará los vínculos obsesivos que el siglo traerá alrededor de las conexiones entre imagen, archivo y memoria. También, desde el ya clásico corrimiento foucoultiano mucho se ha escrito y dicho. A los fines de este trabajo, sólo baste recordar que para Foucault el archivo antes que instancias institucionales de conservación –ya sean museos, bibliotecas o registros policiales, entre otros– es ante todo «la ley de lo que puede ser dicho, el sistema que rige la aparición de los enunciados como acontecimientos singulares» ([1969] 2002Foucault, Michel ([1969] 2002). La arqueología del saber. Buenos Aires: Siglo XXI., p. 170). Una definición que rápidamente fue expandida, como ha señalado Andrés Tello (2015)Tello, Andrés M. (2015). El arte y la subversión del archivo. Aisthesis, 58, pp. 125-143., hacia su carácter audiovisual (lo que rige la aparición de las imágenes y lo que puede y deber ser visto) y sinestésico, es decir el carácter performativo sobre los cuerpos, la memoria, el pasado y el futuro, entre muchas otras aristas.
Por sólo citar algunos de los nudos problemáticos que estos debates han traído al siglo XXI podríamos decir que desde diferentes perspectivas se ha intentado dar cuenta de las preguntas sobre lo que resulta testimoniable, memorable y archivable (Derrida, 1997Derrida, Jacques (1997). Mal de archivo. Una impresión freudiana. Madrid: Trotta.; Farge, 1991Farge, Arlette (1991). La atracción del archivo. Valencia: Alfons el Magnánim; Halbwachs [1968] 2009Halbwachs, Maurice ([1968] 2009). La memoria colectiva. Zaragoza: Prensa universitaria., citando sólo tres clásicos). Además, han sido clave los debates sobre las implicancias de poder coloniales y sus formas de registro (Didi-Huberman, 2014Didi-Huberman, Georges (2014). Lo que vemos, lo que nos mira. Buenos Aires: Manantial.; Rufer, 2009Rufer, Mario (2009). Huellas errantes. Rumor, verdad e historia desde una crítica poscolonial de la razón. Versión, 23, pp. 17-50.; Stoler, 2010Stoler, Ann Laura (2010). Archivos coloniales y el arte de gobernar. Revista colombiana de antropología, 46(2), pp. 465-496.); o sobre lo que resulta susceptible de ser recordado en una comunidad dada (Huyssen, 2002Huyssen, Andreas (2002). En busca del futuro perdido. Cultura y memoria en tiempos de globalización. México D. F.: FCE.; Pollack, 1997Pollack, Michael (1997). Memoria, olvido, silencio. La Plata: Al Margen.). Con un crecimiento exponencial en las últimas cuatro décadas se han ido formando sobre estas matrices grandes acuerdos y desacuerdos intelectuales y han emergido algunas denominaciones globalizantes que intentan dar cuenta de todos estos procesos tales como: «giro al archivo» (Guasch, 2011Guasch, Ana María (2011). Arte y archivo, 1920-2010. Genealogías, tipologías y discontinuidades. Madrid: Akal.), «Mal de Archivo» (Derrida, 1997Derrida, Jacques (1997). Mal de archivo. Una impresión freudiana. Madrid: Trotta.), «Pulsión de archivo» (Foster, 2004Foster, Hall (2004). An Archival Impulse. October, 110, pp. 3-22.) o «Furor de Archivo» (Rolnik, 2008Rolnik, Suely (2008). Furor de Archivo. Revista Colombiana de Filosofía de la Ciencia, IX (18-19), pp. 9-22.). También, las extensas discusiones vinculadas a las formas en que este «giro archivístico» ha trastocado no sólo los mercados de bienes y consumos a escala capitalista internacional sino la construcción misma de nuestras subjetividades son ya de largo alcance.
En este contexto, la expansión de plataformas capaces de producir, reproducir, acopiar y conservar datos, imágenes y objetos multimedia irán complejizando la tríada de archivo, memoria y documento (Tello, 2015Tello, Andrés M. (2015). El arte y la subversión del archivo. Aisthesis, 58, pp. 125-143.; Carvajal y Tapia, 2019Carvajal, Fernanda y Tapia, Mabel (2019). Tocar lo inapropiable: disputas por el valor de uso de los archivos. En Fernanda Carvajal, Mela Dávila Freire y Mabel Tapia (eds.), Archivos del común II (pp. 34-39). Madrid: Pasafronteras–RedCoSur.). A partir del perfeccionamiento de nuevas formas de registro online y catalogación, en el siglo XXI se está profundizando en las reflexiones sobre los vínculos entre memoria y desarrollos tecnológicos. En ese marco están apareciendo los debates sobre distintas alianzas institucionales y culturales que promueven la recuperación y circulación de acervos –ya sean estatales, institucionales o personales– y de los interrogantes que esto ha suscitado especialmente para el caso de América Latina. Entre ellos, otro nudo gordiano, es el debate acerca de las formas en que se constituye la propia performatividad de las imágenes, es decir, aquello que el archivo le hace a las propias instituciones y a las personas con las que trabaja (Bourcier, 2020Bourcier, Sam (2020). Les archontes ont du souci à se faire. Sociocriticism, 35(1). Disponible en http://interfas.univ-tlse2.fr/sociocriticism/2740; Castillo, 2020Castillo, Alejandra (2020). Adicta Imagen. Buenos Aires: La cebra.; Muñoz, 1996Muñoz, José Esteban (1996). Lo efímero como evidencia. Notas introductorias a los actos queer. Women & Performance, 8(2), pp. 5-16.).
Tanto por la posibilidad metafórica que contienen, como por su potencia como herramienta de conocimiento para el análisis entre los cruces de experiencia, memoria y cuerpo, estos debates han sido un lugar amplio de disputa y uso en América del Sur. Por ejemplo, la desregulación, descontextualización y circulación internacional de distintos fondos de archivo de artistas y activistas culturales y políticos ha desatado largos desencuentros en las últimas dos décadas. Especialmente, el debate en torno al trabajo de arte y política en Argentina ha permitido pensar y discutir las formas de circulación del capitalismo cognitivo y artístico actual en estos territorios. Este proceso ha adquirido una profundidad a una escala sin precedentes por las economías actuales de fijación visual documental y del registro para «las que todo puede devenir archivable» (Carvajal, 2023Carvajal, Fernanda (2023). La convulsión coliza: Yeguas del Apocalipsis (1987-1997). Santiago de Chile: Metales Pesados., p. 35).
Ahora bien, el despliegue en la construcción y recuperación de archivos feministas y LGBTIQ+ no se queda atrás en ninguno de todos estos campos que hemos enunciado. Más bien, podríamos decir que han sido parte central de la reinterpretación, desplazamiento, interrogación y producción contemporánea alrededor de los procesos de recuperación de materiales y memorias situadas. Sin dudas, han puesto de manifiesto que el archivo es siempre una disputa sobre quien archiva, sobre a quienes se archiva y dónde se archiva, sobre qué temas y experiencias merecen reconocimiento como acervo público y qué implicancias conlleva esta construcción visual para comunidades históricamente invisibilizadas (Delille, 2020Delille, Damien (2020). L’art de l’archive queer. Pratiques artistiques et construction des généalogies minoritaires. Sociocriticism, 35(1). Disponible en https://interfas.univ-tlse2.fr/sociocriticism/index.php?id=2725). Es decir, la disputa nunca inocente alrededor de cómo pensamos el qué, el para qué, y el cómo del archivo.
Además de todo lo ya dicho, también podemos señalar que han surgido extensas discusiones sobre la conciencia de lo que inevitablemente se calla. Es decir, no sólo sobre los términos selectivos de aquello que siempre dejamos fuera (como a quienes investigan, preservan memorias o son archivistas) sino de lo que se nos hace imposible saber/querer archivar. Con relación a eso, los aportes de las teorías feministas y queer han sido clave. Plagados de documentos personales, artísticos, afectivos o efímeros los objetos pertenecientes a las comunidades queer y feministas vuelven difícil la idea misma de documento. Por ello, no sólo han entablado largas discusiones alrededor de las formas en que la constatación documental se vuelve un privilegio de algunas comunidades antes que otras, así como evidencia de los borramientos coloniales y patriarcales. Formas de la prueba imposibles de ostentar en comunidades que han sido despojadas no sólo de sus memorias, historias, documentos, o capacidad para archivar sino también de los propios regímenes de visibilidad de sus existencias.
Dicho todo esto, podríamos decir que hacer y escribir sobre archivo en pleno 2024 puede parecer no sólo anacrónico sino quizá casi fútil. A pesar de ello, consideramos que, al menos en el ámbito de América Latina y de Argentina todavía los cruces entre archivos, afectos y teorías de género tiene mucho que ofrecer.
En este marco, las discusiones que se abordan en el presente artículo se originaron al calor del debate teórico entre mi investigación personal sobre activismos feministas y LGBTIQ+ en Paraná, y su inscripción en un proyecto colectivo que inició en 2022 y dio forma a la Red Constelaciones, una extensa red de investigadoras y activistas que vienen reconstruyendo diferentes estrategias de acción, resistencia, huellas y supervivencia en distintas ciudades del país. La red, impulsada por Marjolaine David y Guillermo Vargas Quisoboni, se propuso la construcción de una plataforma de archivo de acceso libre que permita que distintas experiencias de activismo callejero en Argentina puedan ser recuperadas, guardadas y apropiadas (puede visitarse en https://constelaciones.red). Particularmente, la experiencia de este artículo recupera el trasfondo de discusión teórica que articuló el trabajo del Nodo Paraná (Entre Ríos) del cual soy parte. Una ciudad del denominado interior de Argentina, ubicada a 400 kilómetros de la capital nacional11 La experiencia entrerriana se basa, mayoritariamente, en la recuperación de activismos feministas y lgbtiq desde el año 2009 al año 2020, aunque también se está trabajando en el desarrollo de las luchas activistas medio ambientales y de trabajadores y trabajadoras de la cultura durante el período 2015-2024. Para el análisis de las memorias feministas tomamos como faro diferentes conformaciones de archivos argentinos como el Archivo Documental del Activismo Lésbico Potencia Tortillera (2011) creado por el empuje de Gabriela Adelstein, val flores, Canela Gavrila, María Luisa Peralta y fabi tron y luego sostenido por otras activistas. También, en términos de recuperación de experiencias localizadas, debemos mencionar la de los feminismos cordobeses Memorias históricas y colectivas desde 1960 hasta la actualidad. Un trabajo de recuperación que fue llevado adelante por más de veinte activistas durante siete años. Como parte de las acciones conformaron talleres colectivos de pensamiento y recuperación de material que iba desde revistas, fanzines, pins, afiches, calcomanías, entrevistas folletos, canciones, textos, monografías, comics, entre otros objetos que dieran cuenta de los trazados de la genealogía cordobesa. Todo lo reunido lo dividieron a partir de tres núcleos: a) hacer genealogías, b) conformar el archivo y c) fortalecer las redes del activismo local. Por otro lado, me remito al trabajo del Archivo de la Memoria Sexodisidente de la ciudad de Santa Fe, impulsada por los activistas, docentes e investigadores Emmanuel Theumer, Victoria Alejandra Selenia Ironici-Castillo, Florencia Palacios, Noelia Trujillo, Nicolás Engler, Mauricio Aguilera y Sara Baravalle. Esta segunda experiencia se entendió como un reservorio digital transfeminista y disidente que cuenta con registros audiovisuales de relatos de vida, así como un acervo documental que reúne fondos cedidos por activistas provenientes de los movimientos LGBT+, de mujeres y feministas de la ciudad como Andrea Bolcatto, Mabel Busaniche, Noelia Trujillo, Juan Espina, Marina Quintero o Carolina Rossini, entre otras. Todas estas experiencias construyen acervos documentales que reconstruyen la memoria local sobre diferentes hitos y estrategias de intervención en el espacio público y que se pueden consultar y trabajar en línea en http://feminismoscordobeses.net http://memoriassexodisidentes.com.ar y https://potenciatortillera.blogspot.com/..
Si bien todavía se encuentra en su fase preliminar y exploratoria, la plataforma Constelaciones ha discutido a lo largo de casi tres años de trabajo sobre categorías y formas de albergar sus documentos, y ha ido tomando forma como un dispositivo que une objetivos militantes y científicos para conservar y poner en circulación y posibilidad de apropiación los registros de modos de acción estético-políticos que tienen lugar en el espacio público en distintas ciudades argentinas, específicamente por ahora está en La Plata, Rosario y Paraná. Los nodos de prácticas activistas son: activismos artísticos, activismos feministas, activismos del movimiento de mujeres, activismos sexo- disidentes, activismos eco-sociales, activismos contra la represión institucional, activismos de Derechos Humanos, activismos de trabajadoras y trabajadores de la cultura. El período estudiado está centrado, particularmente, durante las últimas dos décadas, aunque algunas experiencias tienen anclajes temporales anteriores que llegan hasta finales de la década de 1990. Como eje transversal, el artículo se ha enfocado en la catalogación de tres tipos de objetos que denominamos, luego de muchos debates: intervenciones callejeras (performances, pegatinas, murales, esténciles, instalaciones, etc.), acontecimientos (marchas, concentraciones, festivales, etc.) y materiales gráficos (folletos, banderas, remeras, afiches, fanzines, etc.). Además de ello, se ha armado una taxonomía en cuatro zonas (informaciones generales, modos de hacer, tramas y procesos y relatos) que permitan dar cuenta tanto de las características técnicas utilizadas en la acción o el acontecimiento como la recuperación de los sentidos contextuales. Por último, una de las apuestas centrales era generar una herramienta que pueda ser de uso compartido como modo de impulsar archivos colaborativos y también garantizar una tecnología de software libre y, para ello, realizamos un trabajo conjunto junto a la cooperativa de desarrolladores Sutty que ayudó a la apropiación y a pensar desde la creación y autonomía tecnológica sin recurrir a repositorios digitales ya constituidos.
Dicho todo esto, hubo una interrogación que me hizo dudar de mi propio proyecto durante un tiempo: ¿para qué otro archivo más en este contexto de exacerbación de las formas digitales del guardado? Y, en diálogo con esa pregunta otra más alrededor de la pertinencia del contenido del archivo entrerriano debido a su descalce de las formas de la larga tradición argentina del activismo artísticos. Sobre ambos puntos, podría decir que resulta sencillo responder enfatizando sobre el argumento que rescata la potencia que conllevan las memorias locales. Desviar la mirada hacia otras localizaciones para construir genealogía teniendo en cuenta eso que ya tanto sabemos: que Buenos Aires no puede contar las experiencias nacionales; como si los procesos sociales, las formas de habitar lo público y lo privado, así como sus límites porosos, de construir imágenes e intervenciones o estrategias de resistencia/supervivencia fueran homogéneos. Así, el proyecto general apuesta a recuperar experiencias específicas de cada territorio y a abrir narrativas sobre aquello que se vuelve voz y representación de la memoria nacional.
Además, como ya se ha adelantado, vivimos en un contexto de producción de documentos e imágenes donde pareciera que todo ya nace y/o se hace para ser archivado o, cuanto menos, con la posibilidad de serlo. Concretamente, al calor de las diferentes plataformas digitales todo se encuentra siempre listo y al acecho de nuestra insistente pulsión del registro. Tarjetas de memorias llenas de contenido que acrecientan nuestros espacios de trabajo, plataformas de redes sociales o blog que rápidamente adquieren material invaluable que no alcanzamos a procesar o analizar, pero que sabemos que está allí, a nuestra espera, como un narcótico que calma la ansiedad contra la superproducción de documentos imposible de asir en nuestro tiempo finito.
Y, sin embargo, los archivos siguen siendo fuente de interrogación, disputa y construcción colectiva. En este escenario, compartimos eso que señalara hace ya medio siglo Arlette Farge: «¿Qué atractivo conserva el archivo cuando todo, o casi todo, ha sido ya dicho por otros sobre la belleza del gesto, el diálogo con los muertos, el tener en cuenta a los anónimos y a los olvidados de la historia? (…) “El archivo es constantemente una carencia» (1991Farge, Arlette (1991). La atracción del archivo. Valencia: Alfons el Magnánim, pp. 45-46). Si bien la autora francesa está pensando en otro tipo de materialidad y en otra genealogía –tanto teórica como experiencial– hay algo de ese sinsentido que nos hace eco.
Ante esto, podríamos responder, en primer lugar y de forma obvia, que las condiciones objetivas del trabajo no son las mismas en Francia, Estados Unidos o Argentina (y dentro de ellos los sin números de diferencias entre sus capitales de país y sus otros centros urbanos, tal como venimos señalando). En segundo, no resulta menor pensar qué significa culturalmente en cada uno de estos países tener y hacer (un) archivo y qué vacíos o imposibilidad de interrogación aparece cuando contamos (o no) con edificios arkonticos que almacenan siglos y siglos de historia. Parodiando la ya vieja pregunta de Stuart Hall podríamos seguir interrogando sobre ¿quién necesita archivar? En tercer lugar, el trabajo desde y con la carencia de evidencia documental nos arrastra indefectiblemente a eso que llamamos emoción o afecto que ya tempranamente, también, enunciaba Arlette Farge pero que ha tomado un indudable protagonismo a partir de los años dos mil con las teorizaciones queer y LGBTIQ+ que son necesarias reponer. Un camino que se abrió paso y que permitió reconstruir de formas imperfectas experiencias opacas a partir de silencios, balbuceos, frases apenas enunciadas y materiales borrosos de evidencia. Son algunos de estos interrogantes teóricos los que nos interesa poner a discusión en este ensayo, para seguir con el problema de ¿para qué y cómo archivar? ¿qué queremos archivar? y ¿cuáles son los límites del archivo?
Durante los últimos años los procesos de trabajo sobre el pasado y la memoria a partir de experiencias queer y feministas se han visto valorados, revitalizados y discutidos a partir de lo que Ann Cvetkovich ha planteado como el uso y producción de «Archivo de sentimientos» (2018Cvetkovich, Ann (2018). Un archivo de sentimientos. Trauma, sexualidad y culturas públicas lesbianas. Madrid: Bellaterra.). La autora, utilizó esta categoría para indagar en experiencias de la cultura pública lesbiana de Estados Unidos y le interesaba dar cuenta de las formas en que «los textos/objetos culturales son depósitos de sentimientos y emociones y son codificados según, no sólo el contenido de los textos mismos, sino también, de las prácticas que giran alrededor de su producción y recepción» (Cvetkovich, 2018Cvetkovich, Ann (2018). Un archivo de sentimientos. Trauma, sexualidad y culturas públicas lesbianas. Madrid: Bellaterra., p. 7). Esto, permitió imaginar que el material con el que trabajamos en las comunidades queer puede ser pensado como fragmentario y disperso, afectivo y cotidiano, objetos que desafían las nociones de aquello que constituye un archivo y sus formas de la documentación, la representación y la conmemoración. También, abre interrogantes alrededor de las diferentes formas de circulación de los afectos en la cultura pública que esos colectivos construyen y que no necesariamente giran sobre los mismos tópicos de la cultura heterocisexual. Formas diferenciales de habitar las sombras que ha sido sustancial para la posibilidad/imposibilidad de ocupar los espacios públicos y sobrevivir en los privados, pero también de interrogar el propio concepto de qué es lo público y qué es digno de contarse y archivarse. Por otro lado, Sara Ahmed (2015)Ahmed, Sara (2015). La Política Cultural de las emociones. México D. F.: UNAM. también aborda algunos de estos interrogantes al insistir en pensar el debate más allá de aquello que contienen los objetos que atesoramos para centrarse en aquello que, más bien, hacen circular entre los cuerpos. Desde allí, ahonda en los sentidos del uso, de lo que sucede en y con esos materiales. Para Ahmed,
«Tenemos que evitar pensar que las emociones están en los materiales que reunimos (lo que transformaría la emoción en una propiedad), sino pensar más en lo que hacen los materiales, cómo trabajan a través de las emociones para generar efectos (…). Más bien, rastreo cómo circulan y generan efectos las palabras que nombran sentimientos y objetos de sentimientos: cómo se mueven, se pegan y se deslizan. [...y cómo] nosotros nos movemos, pegamos y deslizamos con ellas» (Ahmed, 2015Ahmed, Sara (2015). La Política Cultural de las emociones. México D. F.: UNAM., pp. 39-41).
Ahmed nos invita a pensar el archivo y los sentimientos como múltiple zona de contacto, incluidas las institucionales, los intercambios cotidianos (íntimos, públicos y personales), la escritura (propia y de otres), o las huellas como marcas de la borradura de aquellos que ya no está. Así entreteje una zona de fricción que constituye un entramado –una impresión, dirá a lo largo del texto– personal y pública, individual y social donde ambos se dan forma recíprocamente. La categoría de impresión le permite evitar las distinciones analíticas y experienciales entre sensación corporal, emoción y pensamiento. Un efecto del encuentro que involucra formas afectivas de reorientación donde el objeto de sentimiento no está simplemente ante el sujeto, sino que se instituye como una economía afectiva «en el que los sentimientos no residen en los sujetos ni en los objetos, sino que son producidos como efectos de la circulación. Su circulación nos permite pensar sobre la ‘socialidad’ de la emoción» (Ahmed, 2015Ahmed, Sara (2015). La Política Cultural de las emociones. México D. F.: UNAM., p. 31). Así sostiene que los objetos de la emoción pueden ser entendidos como efectos de circulación más que como instancias que resguardan la autenticidad afectiva sobre el objeto en sí.
Entonces, ¿qué le hacen los afectos a esa circulación de archivo? ¿qué le hace lo efímero a los modos del registro del documento? Recuperando a Foucault, Farge sostenía que el archivo puede hacer aparecer escenas de la historia, entendidas como ficciones, maneras de saber desde la cual podemos reflexionar y hacer aparecer el corazón de la verdad en esas historias. No se trata entonces de si el archivo nos dice la verdad sino de pensar los modos en que nos habla acerca de los sentidos que circularon social e individualmente en un momento dado. Indagar, cómo esos materiales no tangibles, marcas, rastros, vestigios, se volvieron zonas de contactos y efectos de montaje en la memoria individual y colectiva.
Continuando con el gesto de queerización que fuimos enunciando de la mano de Ahmed y Cvetkovich me interesa destacar un aspecto más que nos sirve para pensar alrededor de los procesos con los que trabajamos: me refiero a la idea de archivos efímeros que retomamos de la mano de José Esteban Muñoz. Tal como hace Cvetkovich, Muñoz rastrea y se sustenta en el concepto de Raymond Williams para imaginar lo queer como una estructura de sentimientos compartida que abarca deseos homosexuales, configuraciones de sexualidad minoritarias y relaciones afectivas disidentes respecto de la norma heterosexual. Así, esa estructura de sentimiento se vuelve una antesala para la comprensión de las dimensiones materiales de lo efímero, no como una forma unívoca de vínculo a priori de los sujetos queer, pero sí como parte de las estrategias de enunciación y las zonas de contacto de su cultura pública. Muñoz (1996Muñoz, José Esteban (1996). Lo efímero como evidencia. Notas introductorias a los actos queer. Women & Performance, 8(2), pp. 5-16.; 2020Muñoz, José Esteban (2020). Utopía queer. El entonces y allí de la futuridad antinormativa. Buenos Aires: Caja Negra.) entiende lo efímero en su doble acepción: como un archivo vivo, como una práctica que se reactualiza constantemente y como un ephemera es decir que presta atención no sólo a aquello que resultan de difícil catalogación y registro para los cánones del acervo institucional y nacional, sino también rastrea los objetos borrosos que contienen esas experiencias. Esos que, antes que evidencia visible, son insinuaciones, chismes, momentos fugaces, rumores22 Es importante señalar aquí que tanto el rumor, el chisme, la anécdota y lo no dicho viene siendo trabajado desde hace décadas en América Latina como prácticas de las comunidades subalternizadas, también esquivas al registro documental. Como indicaba Mario Rufer, el rumor puede ser pensado como «una gramática de lo social» (2009). He analizado esto más en profundidad en otros textos (flores y Gutiérrez, 2021; Gutiérrez, 2018)., rastros, que dejan una mala evidencia, donde la fantasía, el apego fetichista y los deseos archiveros nos ayudan a construir relatos que difuminan la revelación del dato documental. Gestos queer que el autor enuncia como «huellas, restos, las cosas que quedan suspendidas en el aire como un rumor» (Muñoz, 2020Muñoz, José Esteban (2020). Utopía queer. El entonces y allí de la futuridad antinormativa. Buenos Aires: Caja Negra., p. 134).
Además, el autor señalaba que las performances realizadas por personas queers conllevan en sí mismas un impulso queer, ya que su propia ontología esquiva la habilitación misma que hace que algo pueda contar como prueba apropiada para la construcción de archivos. Así, indaga sobre la noción de actos queer, como estrategias de transmisión encubierta que ofrecen «una ocasión intelectual y discursiva para un proyecto de mundo queer (…) una posibilidad, una forma del auto-conocimiento, un modo de socialización y relacionalidad» (Muñoz, 1996Muñoz, José Esteban (1996). Lo efímero como evidencia. Notas introductorias a los actos queer. Women & Performance, 8(2), pp. 5-16., p. 4). Una evidencia invisible, lo llamará en otro pasaje del mismo texto.
A partir del trabajo con estos aspectos heurísticos, anecdóticos y performáticos, Muñoz ha señalado también, cómo la «evidencia inapropiada», muchas veces, hace que quien investiga esos gestos se enfrente a la acusación de estar produciendo conocimiento ahistórico o poco riguroso. Para disputar estas cristalizaciones, Muñoz, recupera a Sue Houchins y nos alerta alrededor del pedido de evidencia que recae sobre la interrelación de raza, clase y prácticas sexuales queers. Las personas deben elegir, muchas veces, entre distintas categorías de identidad porque la evidencia falla al intentar dar cuenta de cómo interactúan las prácticas y los cruces identitarios situados. En sus palabras: «los límites de la evidencia se vuelven claros cuando intentamos describir e imaginar identidades contemporáneas que no encajan en un unívoco y preestablecido archivo de la evidencia» (Muñoz, 1996Muñoz, José Esteban (1996). Lo efímero como evidencia. Notas introductorias a los actos queer. Women & Performance, 8(2), pp. 5-16., p. 7).
Así, lo efímero está vinculado a formatos alternativos de textualidad y narratividad como memoria y performance: es todas las cosas que perduran luego de una performance, un tipo de evidencia de lo que se ha revelado, pero ciertamente no la cosa en sí misma. Se interesa, por el contrario, «en perseguir rastros, destellos, residuos y partículas de cosas» (Muñoz, 1996Muñoz, José Esteban (1996). Lo efímero como evidencia. Notas introductorias a los actos queer. Women & Performance, 8(2), pp. 5-16., p. 8). Instancias que pueden ser entendidas como «nudos del pensamiento», como ha dicho Fernanda Carvajal (2023)Carvajal, Fernanda (2023). La convulsión coliza: Yeguas del Apocalipsis (1987-1997). Santiago de Chile: Metales Pesados.; o, como señalaba Jack Halberstam, como formas elusivas del saber que indagan alrededor de aquello «que reside en el límite mismo de la memoria» (2018Halberstam, Jack (2018). El arte queer del fracaso. Madrid: Egales., p. 64).
Evidencias inapropiadas, rumores anecdóticos que no importan… Por supuesto, pareciera que no hay nada demasiado nuevo alrededor de los debates históricos sobre qué resulta relevante enunciar, decir o archivar. Desde hace décadas las comunidades queer potencian lo inapropiable como un destello, enfatizan aquello que no fue realizado ni para ser recordado ni para permanecer, y que sin embargo constituyen distintas búsquedas de la materialidad de nuestra cultura pública. Un archivo menor, un archivo del despojo, como refería Philippe Artières (2019)Artières, Philippe (2019). Escribir el murmullo del mundo. En Fernanda Carvajal, Mela Dávila Freire y Mabel Tapia (eds.), Archivos del común II. El archivo anómico (pp. 22-27). Madrid: Pasafronteras–RedCoSur.. ¿Cómo crear archivos de acciones/signos/experiencias que de por sí son efímeros, que no fueron pensadas para archivarse, o que no quisieron archivarse? ¿Cómo conservar/registrar esas huellas del archivo de afectos? y, sobre todo ¿cómo compartirlos?
Estos interrogantes permitieron abrir reflexiones sobre el archivo y anudar sus vínculos entre experiencia, corporalidad y afectos como parte de aquello que constituye lo archivable. Coincido con la propuesta de Julia Crosa y Maria Gracia Paesani, de que «pensar los archivos afectivos cuir supone producirlos mientras los invocamos» (Crosa y Paesani, 2023Crosa, Julia y Paesani, Maria Grazia (2023). Invocar el archivo. Escribir lo imposible desde el sur. Heterotopías, 6(11). Disponible en https://revistas.unc.edu.ar/index.php/heterotopias/article/view/41634, p. 3). Entendiendo estos archivos como gestos políticos que vuelven esos registros un acervo público de nuestras memorias colectivas. Una forma, siempre parcial, de hacer inteligible historias y vidas queer.
Ahora bien, si por un lado recuperamos los análisis queer alrededor de la potencia de los archivos de sentimientos y las evidencias efímeras, dando cuenta de sus huellas, creemos que también el trabajo de la Red Conceptualismos del Sur –que viene trabajando en América Latina desde 2007– nos ayuda en otra constelación de interrogantes. Esta red está parada en un escenario diferente al tipo de prácticas que hemos enunciado hasta aquí (ya que trabaja con archivos específicos de artistas que abordan los cruces entre arte y política específicamente producidos en y desde América Latina). Sin embargo, su trabajo a lo largo de todos estos años nos sirve para pensar/fantasear las formas de recuperación, organización y difusión de los archivos teniendo como horizonte su apropiación y uso colectivo. Particularmente en la construcción de la plataforma Constelaciones y los debates vinculados a los archivos apropiables/inapropiables y a las formas anómicas de su creación y utilización.
Preocupados por las formas en que el giro archivístico impulsó la desregulación económica de los archivos de arte y política en América Latina y su instrumentalización por parte de grandes mercados de arte internacionales, la Red se propuso como horizonte la idea de propiciar archivos como usos del común, sosteniendo y apostando a la importancia del uso de los archivos como forma de dislocar la lógica de la propiedad de los mismos. No ajenos a los debates vinculados a los procesos de internacionalización y mercantilización que acechan estos acervos, proponían pensar en términos de archivo anómicos, entendiendo la anomia de dos formas diferentes pero dialógicas: por un lado, en términos de desregulación y descontextualización, por otro, en términos de potencia y dislocamiento sobre las formas de catalogación enraizadas en las prácticas archivísticas. Así sostenían:
«El archivo anómico interpela principios que parecen naturalizados, como el principio de la propiedad, pero también las ideas recibidas, el glosario, los nombres y categorías que clasifican. La anomia, es decir, lo “sin ley”, puede ofrecer una manera de replantear lo común a fin de entenderlo como forma de compromiso y trabajo colectivo, necesariamente situado, que desafía los criterios institucionales de gestión y conservación de archivos (…) Pero también, archivos del común explora diferentes dimensiones de lo común, cuestionando incluso las razones mismas del acto de archivar y su gramática. Si lo común supone salir de la lógica de la propiedad, si implica trabajar contra la privatización del saber y abandonar la consideración de lo público como patrimonio del Estado, el desafío que se plantea radica en encontrar formas colaborativas de producción, organización y circulación del conocimiento que funcionen fuera de las estructuras estatales» (Carvajal y Tapia, 2019Carvajal, Fernanda y Tapia, Mabel (2019). Tocar lo inapropiable: disputas por el valor de uso de los archivos. En Fernanda Carvajal, Mela Dávila Freire y Mabel Tapia (eds.), Archivos del común II (pp. 34-39). Madrid: Pasafronteras–RedCoSur., p. 12).
Al pensar los archivos anómicos y sus usos comunes, la Red también anticipaba un diagnóstico sobre el devenir de ese boom de archivo en este sur. Por ello apostaban a las formas de diálogos, roces, vínculos y transformaciones entre instituciones (ya sean de arte contemporáneo, pero también universidades, o dependencias estatales) y sus formas de comprender la práctica archivística, sus documentos y metodologías. A través de estos intercambios intentaban propiciar, imaginar, producir y torcer la producción y las formas de organizar muestras colectivas de y alrededor de los archivos. Pero, por otro lado, también advertían sobre las formas en que el exceso de información, documentación y producción de registros de la era contemporánea estaba trastocando esas mismas prácticas de catalogación, de archivado y exposición. Insistían alrededor de cómo las formas excesivas de documentos podrían terminar en una suerte de «memoria de la des-memoria» donde «la sobre acumulación de información termine por reprimir la memoria histórica, que nuestros cuerpos terminen debajo de esas acumulaciones» (Carvajal y Tapia, 2019Carvajal, Fernanda y Tapia, Mabel (2019). Tocar lo inapropiable: disputas por el valor de uso de los archivos. En Fernanda Carvajal, Mela Dávila Freire y Mabel Tapia (eds.), Archivos del común II (pp. 34-39). Madrid: Pasafronteras–RedCoSur., p. 37).
Contra ello apostaban a repensar las metodologías, marcos y herramientas en pos de imaginar archivos inapropiables, entendidos en tres direcciones: 1) como característica inherente a todo archivo, incentivando la reflexión sobre la imposibilidad de la totalidad de este. 2) Lo inapropiable como estrategia para pensar de otra forma las fallas y las faltas del registro. Como sentidos posibles que se fugan de nuestras propias clasificaciones. 3) Por último, como estrategia para poner en tensión las lógicas de propiedad (material pero también simbólica y de reconocimiento de quién tiene el archivo) que rigen los acervos, enfatizaron, más bien en las posibilidades del uso común, en sus formas de organización y sostenimiento colaborativos.
El debate alrededor de las formas en que el giro archivístico ha trastocado no sólo los mercados de bienes y consumos a escala capitalista internacional sino al nivel de construcción de subjetividades es ya de largo alcance. Tanto por la posibilidad metafórica que contienen los archivos, como por su potencia como herramienta de conocimiento o el análisis entre los cruces de experiencia, memoria y cuerpo, el archivo ha sido un lugar amplio de disputa y uso en América del Sur.
¿De qué formas complejas se están uniendo entonces memoria, politización y archivo en este presente? Alrededor de esto, me interesa recuperar algo que la investigadora Fernanda Carvajal analiza alrededor de la reconstrucción del acervo de las Yeguas del Apocalipsis, del que fue parte y motor:
«No es que las Yeguas no fueran estratégicas ni tuvieran un sentido de posteridad, pero operaron en un momento histórico donde los acoplamientos entre archivo, aparato estatal y maquinaria capitalista no habían redirigido todavía de manera tan intensiva como hoy, la acumulación de valor hacia la privatización de las huellas de la existencia común. Casas y Lemebel, tuvieron una relación más bien errática con la documentación posiblemente porque la mayoría de las veces no era siquiera una preocupación o porque no la concebían como precondición para el rédito y circulación de sus intervenciones. Esa soltura o ese soltarse de la fijación documental permite visualizar hoy, con mayor nitidez, el contraste con las tecnologías de registro incrustadas en las economías contemporáneas para las que todo puede devenir archivable» (Carvajal, 2023Carvajal, Fernanda (2023). La convulsión coliza: Yeguas del Apocalipsis (1987-1997). Santiago de Chile: Metales Pesados., p. 35).
Como señalaba, a contracorriente de las experiencias del pasado reciente, nos enfrentamos hoy a una nueva forma de subjetivación donde no sólo todo puede devenir archivable sino que «la relación entre memoria, politicidad y archivo no está dada ni es evidente» (2023Carvajal, Fernanda (2023). La convulsión coliza: Yeguas del Apocalipsis (1987-1997). Santiago de Chile: Metales Pesados., p. 35). Y esto, es clave si queremos interrogar y comprender nuestro presente contemporáneo atestado de ataques contra las políticas de archivo y memoria que creíamos transparentes, consensuadas y fortalecidas.
En este escenario, la pregunta sobre los usos, la circulación y las marcas de propiedad ha suscitado nuevos interrogantes. Es sobre este punto que podemos preguntarnos ¿quién archiva el archivo? Este interrogante es quizá el que considero que ha tomado relevancia para pensar el boom del archivo en nuestros escenarios feministas y LGBTIQ+ de la última década. Junto a ello, nuevamente, la insistente preocupación por querer abarcarlo todo –que no hace más que volvernos una y otra vez a la fantasmática sensación de una totalidad final– y la obsesiva pulsión de querer devenir archivo y material archivable.
Ahora bien, alrededor de todo ello surge algo que punza más como una inquietud que como un diagnóstico de las formas que asumen la construcción de las subjetividades contemporáneas bajo esta incitación y excitación del «furor de archivo» que «se extiende desde las investigaciones académicas hasta las exposiciones basadas parcial o íntegramente en archivos, pasando por frenéticas disputas entre coleccionadores privados y museos por la adquisición de los mismos. Sin lugar a dudas, esto no es pura casualidad» (Rolnik, 2008Rolnik, Suely (2008). Furor de Archivo. Revista Colombiana de Filosofía de la Ciencia, IX (18-19), pp. 9-22., p. 10). Un presente que se encuentra signado por la sobresaturación y circulación de imágenes y la pulsión en querer archivar todo, todo el tiempo.
En este contexto, paradójicamente, considero que actualmente, nos encontramos ante la creación y proliferación insistente de acervos feministas y LGBTIQ+ y la dificultad de sostener colectivamente los ya existentes. Un debate que gira alrededor de las formas en que en la actualidad todo puede (¿y debe?) devenir archivable; donde tecnologías del registro, fijación documental y devenir documento se han transformado en la última década en un plus central en la economía de acumulación capitalista de plataformas contemporáneas de las que no estamos para nada exentos (ni como investigadoras ni como activistas interesadas en la recuperación de memorias queer, feministas y LGBTIQ+). Por ello, considero que hay algo a pensar allí donde la proliferación de la acción de registrar y guardar parece anteceder a la propia cultura pública de la comunidad. En una extraña trasposición, no encontramos la huella de la comunidad que, en otro momento, daba forma, uso y potencia a las prácticas de archivado colectivo. ¿Puede haber registros sin comunidad? ¿Puede la compulsión archivística salvarnos de nuestra dispersión actual post pandemia y desorientación conservadora?
La mayoría de las experiencias enunciadas en la introducción de este artículo sobre los vínculos entre activismos feministas y queer en y desde distintas ciudades de Argentina abordan estrategias comunes de socialización, gratuidad y acceso ilimitado a los materiales recuperados y, sobre todo, piensan estrategias de uso público y colectivo a partir de ellos.
Sin embargo, en este presente sísmico, ese mismo proceso común que apuesta a la producción colectiva de conocimiento que históricamente se sostuvo como una estrategia propia de supervivencia de las comunidades, pareciera estar cada día más individualizada, de forma que cada quien emerge como un guardián arkontico. Esta máxima pareciera erigirse al calor del registro y la construcción del yo en internet, aunque tampoco puede explicarla del todo33 No es el fin de este trabajo indagar aquí sobre esas diferencias, pero no podemos dejar de enunciar que las formas en que el supuesto de la información ilimitada que circula, se produce y se archiva en y para internet se ha vuelto necesariamente inabarcable. Como han señalado Carvajal y Tapia, esa producción ilimitada de información «deja al sujeto en situación de deuda permanente, pues no es posible acceder a toda la información disponible (…) La disputa es entonces, por ensayar relatos y saberes laterales desde los archivos, que produzcan opacidad respecto a la transparencia universalizante de Internet, y que, a la vez, hagan vibrar la densa conflictividad contextual de los documentos. Nos proponemos realizar un trabajo materialista de roce con y entre los documentos, que nos permitan contactar de otro modo con la contingencia histórica, con lo que no estaba (y con lo que no está) previsto» (2019, p.39).. Ante esa voracidad individualizante, ¿qué queda de la cultura pública que históricamente sostuvo las huellas de lo que era necesario no olvidar? ¿qué queda de las preguntas que era mejor no hacer porque, a veces, vivir sí es olvidar? ¿Cómo interrogar ese eterno presente que pareciera siempre dispuesto a iniciarse desde cero? Al menos, ese es el caso particular desde nuestra ciudad, Paraná (Entre Ríos), donde no sólo han mermado las formas de encuentros trazadas por el activismo y la acción colectiva en las calles, sino nuestros espacios subterráneos de socialización, nuestros espacios de encuentros como comunidad pública compartida.
En ese mismo proceso, observamos cada vez más una insistencia en la forma de la documentación como constatación, como el poder de tener el registro de lo que efectivamente sucedió, de lo que ya no es necesario entonces «tener siempre presente» como sostiene Mario Rufer (2009)Rufer, Mario (2009). Huellas errantes. Rumor, verdad e historia desde una crítica poscolonial de la razón. Versión, 23, pp. 17-50.. Un gesto que más bien conspira contra nosotras como agentes activas en esa disputa de las memorias. Otro intento de dar cuenta de lo que, por definición, nunca puede ser asible. Una forma más de desarticular las disputas sobre el desacuerdo que nos habita.
Podríamos pensar con otras palabras que, cada vez más, somos conscientes de la potencia del trabajo sobre el pasado, nos angustia su pérdida y no sabemos qué hacer con su potencial efímero. En este sentido, el boom de la memoria (Huyssen, 2002Huyssen, Andreas (2002). En busca del futuro perdido. Cultura y memoria en tiempos de globalización. México D. F.: FCE.) y el furor de archivo recaen más sobre la vieja premisa de orden, custodia y gobierno, tal como señalaba Derrida, que sobre la de desvío colectivo. Como un espectro del mal de archivo, los relatos menores, los gestos efímeros, los incompletos, los errantes, nos conducen a un vacío que no estamos pudiendo contrarrestar más que con una imperiosa necesidad de regreso al deseo arkontico. En vez de abordar las posibilidades de la falla (Halberstam, 2018Halberstam, Jack (2018). El arte queer del fracaso. Madrid: Egales.), de la imposibilidad de querer decirlo todo o, también, de las diferentes apropiaciones que tiene el uso colectivo de nuestros registros, nos invade la insistencia de volver a crear otro acervo nuevo, bajo el eterno loop de reiniciar y completar. Quizá allí, en ese vaivén del despojo, en esa renuncia al principio de comprensión exhaustiva, todavía sobreviva el interrogante alrededor de la fuerza que todavía puede sostener la pregunta sobre el para qué archivar.
En este escenario ¿es posible (volver a) pensar en formas inapropiables? ¿Qué queremos y podemos archivar? ¿Qué desconocimientos sobre lo ya realizado nos acechan ante la persistente insistencia de comenzar siempre de nuevo? ¿Qué desafíos nos quedan por delante para mantener viva nuestra memoria y sentimientos afectivos como comunidad pública? Así, como ya se ha adelantado, alrededor de las estrategias del común, la pregunta que gira sobre los usos y potencialidades del archivo, sobre su ¿para qué?, se nos vuelve vital. ¿Para qué y cómo seguir archivando?
Quisiera finalizar este escrito citando in extenso a Sara Ahmed, cuyo último libro cayó en mis manos cuando justo estaba entrando en estado de desesperación al escribir este artículo que es una confluencia de largos e infructuosos debates sobre los usos y contradicciones de mi propia investigación, sobre la sobresaturación que se siente al realizar otro archivo más:
«¿Para qué sirve? Funciona como una pregunta retórica cuando llegamos a la conclusión de que no sirve para nada (…) Es más probable que digamos para qué sirve cuando la inutilidad de algo no había sido evidente desde el principio, cuando hemos renunciado a algo que esperábamos que fuera útil, de modo que enfadarse puede señalar no sólo al qué, aquello que ahora se considera inútil, pero también a quién, aquellos que habían asumido que algo tenía un objetivo. Parece apropiado preguntar sobre el uso, lo que significa usar algo o encontrar un uso para algo, con ese momento de exasperación, un momento en que lo perdemos en lugar de usarlo» (Ahmed, 2020Ahmed, Sara (2020). ¿Para qué sirve? Sobre los usos del uso. Madrid: Belaterra., p. 13).
La necesidad de registrar parece devenir cada vez más en una obligación de hacer archivo como si en ello se fuera nuestra propia capacidad de supervivencia colectiva. O como señalaba Ahmed «en términos positivos el uso se convierte en una obligación de mantener algo vivo; o en términos más negativos el uso se hace necesario para evitar que algo se pierda. El uso llega a adquirir una asociación con la vida, el desuso con la muerte» (2020Ahmed, Sara (2020). ¿Para qué sirve? Sobre los usos del uso. Madrid: Belaterra., p. 14). El archivo se volvió así, nuevamente, mandato y síntoma de nuestras prácticas cotidianas. Vivir o morir, archivar o perecer parecen rearticulaciones de la ya vieja consigna publicar o perecer. Creo que esta sensación es clave para pensar las formas que toma la práctica de archivar que se nos presenta aquí y ahora, pero sobre todo las de imaginar sus usos como utopías de futuro. Si como sostenía Derrida (1997)Derrida, Jacques (1997). Mal de archivo. Una impresión freudiana. Madrid: Trotta. más que una cosa del pasado (y aún antes que ella) el archivo debería poner en tela de juicio la venida del porvenir, quizá se trata una y otra vez de ello, antes que de la voracidad de acumulación documental.
Considero que parte del trabajo desarrollado a través de la red y archivo Constelaciones (y de todas las experiencias archivísticas que fuimos enunciando realizadas en y desde América del Sur) nos permitirá seguir indagando sobre la vitalidad de los archivos, aquello que nos permiten pensar sobre lo que fuimos y como un laboratorio de lo que, todavía, no hemos imaginado. Una forma de armar red y constelar a contrapelo, tal como sugiere Griselda Pollock (2010)Pollock, Griselda (2010). Encuentros en el museo feminista virtual. Tiempo, espacio y archivo. Madrid: Cátedra. al fantasear la potencia de los archivos feministas. Además, hemos compartido el debate sobre el carácter inteligible del archivo, es decir como una huella que nos permita comprender a futuro algo de este presente tumultuoso en el que vivimos en Argentina. ¿En qué momentos y de qué formas se fueron modificando las formas de estar en los espacios públicos? ¿Quiénes tomaron las calles y los espacios de activación públicos y qué respuestas encontraron? ¿Qué reacciones conservadoras se produjeron? Quizá sean algunos de nuestros interrogantes para seguir desarrollando a futuro.
Si todavía creemos que historizar es parte de una estrategia contra el silenciamiento y las violencias sistemáticas, así como de nuestras necesarias formas de imaginarnos vivas; quizá interrogarnos sobre qué y para qué archivar, así como seguir formando, creyendo y socializando archivos sea un ejercicio para agitar este presente convulso que, como anticipamos, construye descarnadas retóricas anti-memoria, y hace dudar de viejos consensos que creíamos intocables. Archivo pese a todo, podríamos decir parodiando a Didi-Huberman, donde las imágenes, los relatos y nuestras propias historias nos acechan en permanente construcción, como una posibilidad precaria y virulenta de afectar la memoria y la potencia de su imaginación futura colectiva.
Durante mi estancia de Investigación COIMBRA, sostuve largas charlas con las Dras. Nadia Lie y Silvana Mandolessi y el Dr. Lucas Saporosi, sin cuya generosidad este trabajo no existiría. Además, no sería posible sin las largas charlas y pensamientos sostenidos durante años con Camila Arbuet Osuna y val flores que mantienen siempre encendida la preocupación por la pregunta viva. También debe mucho al grupo que llevan adelante desde hace décadas Ana Longoni y Cora Gamarnik sobre Arte y Política en Argentina y a los debates con Marilé di Filippo, Magdalena Pérez Balbi, Luciana Bertolaccini y Silvina D’arrigo, quienes realizan -junto con un grupo más extenso- un trabajo enorme sobre activismos estéticos políticos en Rosario y La Plata; y a Marjolaine David, por su empuje y generosidad con la red y archivo Constelaciones. Todos vienen siendo faro de mis propios procesos de trabajo.
La autora de este artículo declara no tener conflictos de intereses financieros, profesionales o que pudieran haber influido de manera inapropiada en este trabajo.
Este texto fue escrito durante una estancia de Investigación COIMBRA, gracias al financiamiento de la K.U.Leuven (Bélgica).
María Laura Gutiérrez: Conceptualización, Análisis formal, Investigación, Metodología, Redacción del borrador original, Redacción final, Revisión y Edición.
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1 La experiencia entrerriana se basa, mayoritariamente, en la recuperación de activismos feministas y lgbtiq desde el año 2009 al año 2020, aunque también se está trabajando en el desarrollo de las luchas activistas medio ambientales y de trabajadores y trabajadoras de la cultura durante el período 2015-2024. Para el análisis de las memorias feministas tomamos como faro diferentes conformaciones de archivos argentinos como el Archivo Documental del Activismo Lésbico Potencia Tortillera (2011) creado por el empuje de Gabriela Adelstein, val flores, Canela Gavrila, María Luisa Peralta y fabi tron y luego sostenido por otras activistas. También, en términos de recuperación de experiencias localizadas, debemos mencionar la de los feminismos cordobeses Memorias históricas y colectivas desde 1960 hasta la actualidad. Un trabajo de recuperación que fue llevado adelante por más de veinte activistas durante siete años. Como parte de las acciones conformaron talleres colectivos de pensamiento y recuperación de material que iba desde revistas, fanzines, pins, afiches, calcomanías, entrevistas folletos, canciones, textos, monografías, comics, entre otros objetos que dieran cuenta de los trazados de la genealogía cordobesa. Todo lo reunido lo dividieron a partir de tres núcleos: a) hacer genealogías, b) conformar el archivo y c) fortalecer las redes del activismo local. Por otro lado, me remito al trabajo del Archivo de la Memoria Sexodisidente de la ciudad de Santa Fe, impulsada por los activistas, docentes e investigadores Emmanuel Theumer, Victoria Alejandra Selenia Ironici-Castillo, Florencia Palacios, Noelia Trujillo, Nicolás Engler, Mauricio Aguilera y Sara Baravalle. Esta segunda experiencia se entendió como un reservorio digital transfeminista y disidente que cuenta con registros audiovisuales de relatos de vida, así como un acervo documental que reúne fondos cedidos por activistas provenientes de los movimientos LGBT+, de mujeres y feministas de la ciudad como Andrea Bolcatto, Mabel Busaniche, Noelia Trujillo, Juan Espina, Marina Quintero o Carolina Rossini, entre otras. Todas estas experiencias construyen acervos documentales que reconstruyen la memoria local sobre diferentes hitos y estrategias de intervención en el espacio público y que se pueden consultar y trabajar en línea en http://feminismoscordobeses.net http://memoriassexodisidentes.com.ar y https://potenciatortillera.blogspot.com/.
2 Es importante señalar aquí que tanto el rumor, el chisme, la anécdota y lo no dicho viene siendo trabajado desde hace décadas en América Latina como prácticas de las comunidades subalternizadas, también esquivas al registro documental. Como indicaba Mario Rufer, el rumor puede ser pensado como «una gramática de lo social» (2009Rufer, Mario (2009). Huellas errantes. Rumor, verdad e historia desde una crítica poscolonial de la razón. Versión, 23, pp. 17-50.). He analizado esto más en profundidad en otros textos (flores y Gutiérrez, 2021Flores, Val y Gutiérrez, Laura (2021). A la sombra de una herida. El castigo a la maestra amazónica Claudina Marek. En Eduardo Mancini y Mariana Caballero (comps.), Maestras argentinas (y maestros y maestres). Entre mandatos y transgresiones 4 (pp. 32-41). Rosario: La Toma.; Gutiérrez, 2018Gutiérrez, Laura (2018). Imágenes de lo posible: intervenciones y visibilidades lésbicas y feministas en las prácticas artísticas en Argentina (1986-2013) [Tesis Doctoral]. Universidad de Buenos Aires: Buenos Aires. Disponible en https://ri.conicet.gov.ar/handle/11336/82843).
3 No es el fin de este trabajo indagar aquí sobre esas diferencias, pero no podemos dejar de enunciar que las formas en que el supuesto de la información ilimitada que circula, se produce y se archiva en y para internet se ha vuelto necesariamente inabarcable. Como han señalado Carvajal y Tapia, esa producción ilimitada de información «deja al sujeto en situación de deuda permanente, pues no es posible acceder a toda la información disponible (…) La disputa es entonces, por ensayar relatos y saberes laterales desde los archivos, que produzcan opacidad respecto a la transparencia universalizante de Internet, y que, a la vez, hagan vibrar la densa conflictividad contextual de los documentos. Nos proponemos realizar un trabajo materialista de roce con y entre los documentos, que nos permitan contactar de otro modo con la contingencia histórica, con lo que no estaba (y con lo que no está) previsto» (2019Carvajal, Fernanda y Tapia, Mabel (2019). Tocar lo inapropiable: disputas por el valor de uso de los archivos. En Fernanda Carvajal, Mela Dávila Freire y Mabel Tapia (eds.), Archivos del común II (pp. 34-39). Madrid: Pasafronteras–RedCoSur., p.39).