«Building networks, expanding them like orchids». Visualities and memories in transfeminist struggles
Verónica Perera
Universidad Nacional de Avellaneda
https://orcid.org/0000-0002-0838-5107
veronic.perera@gmail.com
Lidia Mateo Leivas
UNED
https://orcid.org/0000-0002-9282-4490
lidiamateoleivas@gmail.com
Copyright: © 2025 CSIC. Este es un artículo de acceso abierto distribuido bajo los términos de la licencia de uso y distribución Creative Commons Reconocimiento 4.0 Internacional (CC BY 4.0).
En distintas latitudes y de manera interconectada, los feminismos del siglo XXI pusieron en marcha una reconfiguración del mundo social que reverbera hoy, aún en un presente marcado por el avance de la ultraderecha electoral y social. Desde un estado de guerra global y la llamada batalla cultural, la extrema derecha identifica a los activismos feministas, trans y queer entre sus principales enemigos e intenta restaurar sus poderes y controles patriarcales. Movilizando discursos como la denuncia a la «ideología de género», las ultraderechas buscan despojar a mujeres, personas trans y disidencias sexuales de derechos, al tiempo que desmantelan instituciones y programas que trabajaban para revertir violencias y exclusiones.
En este espacio de disputa en el que nada puede darse por sentado, los movimientos transfeministas repiensan estrategias que cuiden la vida, imaginando un mundo que sólo puede reconstruirse asumiendo la vulnerabilidad desigualmente distribuida, articulando modos de visibilidad y de soberanía de los cuerpos, con el horizonte de lo común y lo colectivo. De esos movimientos, y especialmente de su encuentro o resonancias con el movimiento memorialista y de derechos humanos del siglo XX, surge una usina generadora de narrativas, sentidos, imágenes y preguntas que tensionan la historicidad y amplian el campo de visibilidad de las memorias de las violencias más reconocidas y trabajadas académicamente. Ese laboratorio estético-político nos habla de territorios en lucha, cuerpos desobientes y deseantes, repertorios frágiles e incipientes pero actualizados de una nueva lengua política, apropiaciones o derivas creativas, estrategias de intervencion sensible en el mundo que reverberan dentro de genealogías más largas, y que buscamos explorar en este monográfico.
Los feminismos de la última ola se expandieron al ritmo de la interseccionalidad y, parafraseando a Nelly Richard en su lectura de Judith Butler, crecieron bajo las claves de la «teoría impura»: entre disciplinas académicas y lenguajes estéticos, entre temporalidades y lugares diversos, entre corporalidades y materia, entre la reflexión teórica y el movimiento social; una teoría alejada de las certezas del academicismo para encontrarse con la incompletud y el movimiento de los usos crítico-políticos de los textos al calor de los conflictos y antagonismos que atraviesan el cuerpo social (Richard, 2022Richard, Nelly (2022). Desajustar el marco del feminismo: una lectura de Judith Butler desde el Sur. Representations, 158, pp. 77-86., p. 77). Resonando con el activismo del feminismo negro estadounidense de los años setenta en Colectivas como Combahee River (movilizada a propósito de las muertes de mujeres pobres y racializadas en Massachusetts) y desde la teoría crítica hacia el sistema del derecho liberal que Kimberlé Crenshaw inauguró en los años ochenta (Draper, 2024Draper, Susana (2024). Libres y sin miedo: horizontes feministas para construir otros sentidos de justicia. Buenos Aires: Tinta Limón.), la noción de interseccionalidad vino a permear la reflexión académica feminista junto a un movimiento social que, cuando volvió a estallar hace una década, deseaba «cambiarlo todo», como lee el subtítulo del ya clásico libro de Verónica Gago (2019Gago, Verónica (2019). La potencia feminista. O el deseo de cambiarlo todo. Buenos Aires: Tinta Limón.).
La consigna Ni Una Menos del movimiento originado en Argentina en 2015 y expandido a otros países, por ejemplo, fue desplegándose, a lo largo de los años, en Ni una travesti menos, Ni una menos en las cárceles, Ni una migrante menos, Sin las putas, no hay Ni Una Menos (Dillon y López, 2025Dillon, Marta y López, María Pía (2025). No nos vamos a abandonar ahora. Revista Anfibia. https://www.revistaanfibia.com/3j-ni-una-menos-diez-anos-no-nos-vamos-aabandonar-ahora/), como expresión de una lucha que no solo desencializaba la figura de la mujer como referente y el orden binario de la diferencia sexual. La proliferación de consignas a la que NiUnaMenos fue impulsado (o empujado) performan, a modo de ejemplo, la denuncia de la heterocisnormatividad y los esfuerzos por multiplicar los ejes desde donde comprender el sistema de sexo género y su funcionamiento en la cultura y la sociedad, debatir y rebatir jerarquías, además de liberar formas de subjetividad alternativas a las prescritas por el orden patriarcal (Richard, 2022Richard, Nelly (2022). Desajustar el marco del feminismo: una lectura de Judith Butler desde el Sur. Representations, 158, pp. 77-86., p. 80).
La propagación de consignas evoca, entonces, el empeño en conectar e intersectar—analítica y políticamente—violencias sexogenéricas con violencias capitalistas y neoliberales, coloniales y extractivistas, clasistas, raciales o capacitistas. Un empeño organizado transnacionalmente: la primera huelga internacional feminista del 8M de 2018, con un seguimiento histórico en España de movilizaciones y paros no sólo sindicales sino también en torno a los cuidados, el consumo y las tareas cotidianas, y que conectó movimientos en Europa con los del sur global, Estados Unidos y otros países; el Mayo Feminista en Chile en 2018; la lucha por la legalización del aborto en Argentina o la Huelga General Feminista de 2019, que tuvo especial repercusión en España, Argentina e Italia y también se dejó sentir en países como Chile, Méjico, Brasil, Alemania y Portugal, son algunos ejemplos de una organización que aspira a una escala global, que también se asoma en este monográfico.
Los feminismos de la última ola, junto al activismo trans y queer, siempre entre la heterogeneidad y la tensión, vinieron a revisarlo todo, buscando poner, en el centro de la conversación pública, las condiciones para la reproducción de la vida. A través de los paros internacionales y las huelgas feministas lograron desprioritizar, aunque sin desatenderlos, a los duelos por los feminicidios alrededor de los cuáles se habían organizado en primer lugar, para politizar el trabajo todo, incluyendo a los trabajos de cuidado (Gago, 2019Gago, Verónica (2019). La potencia feminista. O el deseo de cambiarlo todo. Buenos Aires: Tinta Limón.) y las maternidades. Rocío López Hernández ilumina esa politización en este número de Arbor, subrayando la importancia de las emociones y su potencial heurístico para entender dinámicas sociales y laborales que enfrentan mujeres migrantes empleadas de hogar en España. Lejos de respuestas individuales, López Hernández entiende a las emociones como fenómenos moldeados por estructuras de poder que perpetúan jerarquías sociales. Aunque puedan humanizar las relaciones laborales, las emociones también refuerzan la dependencia y la explotación, naturalizando la precarización del trabajo de cuidado. Las emociones devienen, en palabras que la autora toma de Gutiérrez-Rodríguez (2010Gutiérrez-Rodríguez, Encarnación (2010). Migration, domestic work and affect. A decolonial approach on value and the feminization of labor. Nueva York y Londres: Routledge.) y de Sarah Ahmed (2015Ahmed, Sarah (2015). La política cultural de las emociones. Ciudad de México: Universidad Nacional Autónoma de México.), «dispositivos de poder que naturalizan la entrega emocional y reproducen jerarquías coloniales, como si de una suerte de colonialismo afectivo se tratara».
Desde otra perspectiva y dentro del campo del arte contemporáneo, Maite Garbayo-Maeztu también explora, en este monográfico, la politización del maternaje. Indaga en los trabajos de artistas como Pili Álvarez, Raquel Friera o Núria Güell que llevan la maternidad más allá de su mera tematización. Estas artistas evocan más bien la ambivalencia en la experiencia de maternaje; tratando de articular y entender las complejas relaciones que existen entre trabajo reproductivo y trabajo artístico, que atraviesan tanto sus vidas como sus creaciones artísticas. Garbayo-Maeztu propone que estas obras hablan del deseo de visibilizar la maternidad y los trabajos de cuidado dentro del engranaje del arte contemporáneo apostando a mostrar sus cargas y su materialidad. Las producciones de estas artistas resuenan, argumenta la autora, con el libro Maternasis (1967) de la ilustradora Núria Pompeia donde desafiaba la mitificación de la vivencia del embarazo, visibilizando su realidad material. Garbayo-Maeztu sugiere, así, una genealogía encarnada desde aquellas obras de los años sesenta que retaban la censura del régimen franquista y la falta de lenguaje y reflexión feminista ante una política visual de imágenes hegemónicas e idealizadas sobre la maternidad.
Desde la politización del trabajo todo, los transfeminismos en el Norte y en el Sur global también vienen analizando y denunciando las alianzas criminales que el patriarcado ha ido armando en distintos momentos hasta el presente: estudiando desde el capitalismo exractivista y neoliberal de plataformas hasta los dispositivos de extracción financiera y la deuda como mecanismo de poder que coacciona gobiernos, coloniza viviendas y modela subjetividades (Caballero y Gago, 2018Caballero, Lucía y Gago, Verónica (2018). Una lectura feminista de la deuda. Vivas, libres y desendeudadas nos queremos.); desde el extractivismo urbano y la violencia inmobiliaria hasta las vidas precarizadas en los territorios vaciados y la (sobre)exposición diferencial de los cuerpos a la violencia estatal o neoliberal (Butler, 2006Butler, Judith (2006). Vida precaria: el poder del duelo y la violencia. Buenos Aires: Paidós.). En tiempos de ecocidio, como denuncian los feminismos indígenas, y ante la urgencia de exterminios multiespecie, como lo formula Donna Haraway, el convite es a perseverar en la búsqueda de la habilidad para responder y seguir con el problema de cómo vivir (y cómo morir) juntxs, a pesar del terror, con alegría generativa y pensamiento colectivo (Haraway, 2019Haraway, Donna (2019). Seguir con el problema. Generar parentesco en el Chtuluceno. Bilbao: Editorial Consomi, p. 60). Así, los feminismos de la última ola junto al activismo trans y queer impulsaron búsquedas—en múltiples frentes y con resonancias transnacionales—por confrontar la lógica neoliberal, con el deseo obstinado de imaginar otras formas de vida en común.
Desde su propia condición biográfica de «migrada, monoparental y que ha experimentado la exclusión habitacional desde su llegada a Barcelona» como lugar vital de subjetivación feminista, Socorro Pérez Rincón relaciona, en este monográfico, un entramado de experiencias políticas transnacionales (en Ciudad de Méjico, en Londres y del feminismo de Black Lives Matter en Estados Unidos) con tres contraproyectos liderados por mujeres en «zonas de guerra social» del barrio del Raval en Barcelona: Madres de Landcaster 24, Tancada Migrante y la Caracola. En esos territorios atravesados por el extractivismo urbano de la alta especulación financiera y la violencia inmobiliaria, Pérez Rincón se detiene en las visualidades creadas en torno a estos contraproyectos que politizan la calle y revitalizan el barrio: pancartas, ilustraciones, graffitis y murales, artefactos que denuncian violencias entramadas y metáforas visuales que conectan imaginariamente pasados de luchas, inspiración de ancestras y futuros de «ciudades imaginadas, deseadas, vitales y cuidadoras». Se trata, en palabras de la autora, de «semillas de vida contra el racismo y el capital» dentro de una genealogía de memorias feministas contra el neoliberalismo.
Desde su fuerza vibrante y transformadora, los feminismos de la última ola junto al activismo trans y queer, se encontraron con el movimiento memorialista: esa mirada hacia el pasado que, a partir de las últimas décadas del siglo XX, se orientó primero hacia el holocausto y luego se desplazó hacia otros genocidios, guerras civiles, dictaduras militares y experiencias traumáticas de violencia estatal, construyendo sentidos con el lenguaje ético y jurídico de los derechos humanos en tanto búsqueda de verdad, justicia y reparación de la desaparición forzada (los desaparecidos) y otros crímenes de lesa humanidad (Crenzel, 2008Crenzel, Emilio (2008). La historia política del Nunca Más. La memoria de las desapariciones en la Argentina. Buenos Aires: Siglo XXI Editores.; Sikkink, 2011Sikkink, Katherine (2011). The Justice Cascade: How Human Rights Prosecutions Are Changing World Politics. Nueva York: W.W. Norton & Company.). El 8 de marzo de 2020 en la Ciudad de México, por ejemplo, frente a un zócalo atestado, la cantante chilena Mon Laferte y la mexicana, Vivir Quintana, gritaban «¿Dónde están nuestras desaparecidas?». Con su grito, no sólo materializaban el fin del silencio, sino que trastocaban los códigos de los discursos memorialistas. Hablando de las desaparecidas en femenino, ampliaban las exigencias de verdad, justicia y reparación que han atendido a las dictaduras del siglo XX para incluir también la violencia cisheteropatriarcal. Los feminicidios han matado y siguen matando como la más cruenta de las dictaduras. El movimiento transfeminista pone a sus muertas y desaparecidas en el centro, desde las más visibles, como Berta Cáceres o Marielle Franco, a las anónimas, las asesinadas en situaciones que, hasta hace muy poco, se denominaban crímenes pasionales. El movimiento transfeminista ha invocado su memoria, y al hacerlo, ha permitido asimismo que las mujeres y disidencias sexuales pudieran ocupar otros lugares en los procesos memorialistas, desjerarquizando los vínculos biológicos y familiares, y la Historia oficial como fuente única o privilegiada de legitimidad memorial (Jelin, 2017Jelin, Elizabeth (2017). La lucha por el pasado. Buenos Aires: Siglo XXI.; Hristova, 2020Hristova, Marije (2020). La lucha por la memoria histórica en España: más allá de la genealogía y las generaciones. Por la Paz 38. https://politicasdelamemoria.org/2020/05/hristova-marije-2020-la-lucha-por-la-memoria-historica-en-espana-mas-alla-de-la-genealogia-y-las-generaciones/; Mateo Leivas, 2022Mateo Leivas, Lidia (2022). Imaginarios de la clandestinidad. Complicidad, memoria y emoción en nueve tramas. Barcelona: Akal.).
Allí, en ese encuentro entre movimientos, transfeminista y memorialista, aparece un laboratorio estético-político que crea sus propias narrativas memoriales, no hegemónicas, sensibles, horizontales, rizomáticas, rebeldes, indisciplinadas, transgenealógicas. Una usina generadora de modos de nombrar y dar forma; figuras singulares de victimización, como la que construye Marcela Lagarde (1996Lagarde, Marcela (1996). Género y Feminismo. Desarrollo humano y democracia. Madrid: Horas y Horas.; 2006Lagarde, Marcela (2006). Del femicidio al feminicidio. Desde el Jardín de Freud: revista de psicoanálisis, 6, pp. 216-225.) a partir del término feminicidio no solo para feminizar el homicidio, visibilizar la diferencia sexo genérica, sino también para acercarlo a la idea de genocidio, denunciando la impunidad estatal y el entramado necropolítico de responsabilidades y violencias que rodea a todo feminicidio. Pero también emergen de ese laboratorio figuras de resistencia y agencia emancipadora, subjetividades disidentes, estéticas y esfuerzos empecinados en crear imaginarios de otros modos de vida en común. De ese laboratorio también damos cuenta aquí: allí donde se entrecruzan los transfeminismos, el movimiento memorialista y el movimiento de derechos humanos, surgen visualidades, lenguajes, experimentaciones activistas y formas no cisheterocentradas de trabajar con el archivo, como proponen María Laura Gutierrez, Nicolás Cuello y Ana Longoni en este monográfico.
A partir de una experiencia de construcción de memoria oral en la ciudad de Paraná (Entre Ríos, Argentina), María Laura Gutierrez se adentra en la disputa nunca inocente alrededor de cómo pensamos el qué, el para qué, y el cómo del archivo. Los activismos LGBTIQ+ y feministas interrogan la idea misma de documento, ponen en cuestión las formas históricas de la constatación documental, y así «queerizan la evidencia», insiste Gutiérrez; ya que «desde hace décadas, las comunidades queer potencian lo inapropiable como un destello, enfatizan aquello que no fue realizado ni para ser recordado ni para permanecer, y que sin embargo constituyen distintas búsquedas de la materialidad de nuestra cultura pública». Así, desde el giro afectivo que reinterpreta los procesos de archivación contemporánea, aparece la pregunta por la posibilidad de crear archivos de aquellas acciones, experiencias y signos efímeros, no pensados para ser archivados. En palabras de la autora: «¿Cómo registrar y conservar las huellas del archivo de afectos? y, sobre todo ¿cómo compartirlos?».
Nicolás Cuello, por su parte, analiza una intervención artística en los Tribunales de la Ciudad de Buenos Aires, que organizaciones de mujeres trans y travestis realizaron en 1997, junto a una integrante de Madres de Plaza de Mayo, Laura Bonaparte, para denunciar la represión ejercida de manera ilegítima por la Policía Federal en tiempos postdictatoriales. Con siluetas bidimensionales y muñecas de trapo rellenas de gomaespuma del tamaño de un cuerpo humano y desplegadas en las escalinatas de los Tribunales, las organizaciones de mujeres trans y travestis visibilizaban en el espacio público, sus historias represivas en tiempos democráticos. Cuello analiza la apropiación creativa de la silueta, una herramienta de representación visual del movimiento de Derechos Humanos, como un uso desplazado de esa matriz de representación artístico política. Pero, además, subraya el hecho que esa intervención tensionó críticamente la historicidad del retorno democrático y la persistencia de la violencia estatal que excede la legitimidad del Estado de derecho. Al grito de Mírennos bien, porque esta noche vamos a desaparecer, las protagonistas de la intervención artística movilizaron la feminidad trans y travesti como una diferencia de género para ampliar los márgenes de la representación de las desapariciones forzadas en Argentina.
Entre paríticipe-testiga directa y archivista de una inédita experiencia política, Ana Longoni reconstruye la multitudinaria marcha del 1 de febrero del 2025 que confrontó la violencia exterminadora de la ultra derecha del presente. Entre el Congreso y la Plaza de Mayo de Buenos Aires, y con réplicas en pueblos y otras ciudades argentinas y del mundo, la marcha del Orgullo Antifascista Antirracista LGTBINBQ+ del 1F convocó un estimado de dos millones de personas. Días antes, ante una tribuna de líderes políticos y magnates de corporaciones transnacionales en el foro económico de Davos, el presidente argentino había equiparado la homosexualidad con la pedofilia y amenazado con perseguir a los zurdos de mierda (sic) hasta el último rincón de la tierra. Aquellas expresiones odiantes impulsaron, de manera inesperada, una movilización «por fuera de las lógicas y las organizaciones conocidas (sindicatos, partidos políticos, federaciones de la comunidad LGTBINBQ+)». Longoni se sitúa entre el activismo y la investigación académica para cartografiar hitos de la movilización transfeminista de los años inmediatamente anteriores al 1F y que recogen capas de distintos pasados de resistencia y lucha. La marcha del 1F recibió el caudal de todas esas subjetividades y sueños políticos, y se asemeja en composición y magnitud, argumenta Longoni, a las convocatorias más grandes del movimiento de derechos humanos de las últimas décadas. Pero las resonancias con las memorias de las luchas contra la última dictadura cívico militar argentina no se agotan en la escala de las manifestaciones que la denunciaron. La proclama de Al closet no volvemos nunca más surgida en la primera asamblea preparatoria del 1F, por ejemplo, articula una respuesta orgullosa ante la homofobia con otra consigna histórica de las luchas del movimiento de derechos humanos de la postdictadura argentina. Los ecos se advierten, también, en la evocación de la memoria festiva de la comunidad homosexual en esa Marcha a contramano (Cuello y Lang, 2025Cuello, Nicolás y Lang, Silvio (2025). Marchar a contramano. Revista Anfibia. https://www.revistaanfibia.com/marchar-a-contramano/); una memoria de la vida entre el terror y la fiesta que la Red Conceptualismos del Sur teorizó en 2012, para dar cuenta de como el arrasamiento represivo coexistía con una resistencia indisciplinada, regocijante y lúdica durante la dictadura y la transición a la postdictadura argentina. A partir del 1F, entonces, Longoni propone pensar en un nuevo modo de enunciación manifestado en carteles, cantos y consignas, que de a poco, de manera incipiente, muy frágil y al amparo de las memorias de luchas anteriores, va inventando una lengua política para este presente pavoroso.
En este presente también signado por regímenes de hipervisualización que promueven lo morboso y desplazan el potencial reflexivo y crítico de lo obsceno, lo fuera de escena, las memorias del lenguaje visual del movimiento feminista de la autoconciencia italiana de los años setenta, como argumenta Hypatia Pétriz Haddad en este monográfico, pueden invitarnos e inspirarnos a otras formas de expresión que erosionan los vínculos con lo aprendido en una cultura patriarcal. Ese feminismo de la segunda ola en Europa y Estados Unidos no tuvo un lenguaje exclusiva o principalmente oral que daba centralidad a la palabra. Luego de su investigación en el archivo de la artista italomericana Suzanne Santoro en Archivia en la Casa delle donne de Roma, junto a otros archivos feministas, Pétriz Haddad sostiene que la autoconciencia fue también una práctica ejercida con un lenguaje visual, en diálogo con la oralidad y la palabra escrita, cuyo recorrido apenas se conoce. A partir del libro de Santoro Towards New Expression/Per una espressione nuova (1974), en una constelación de documentos de revistas, fanzines y libros y junto a textos claves del grupo de la autoconciencia, la Rivolta femminile del cual Santoro fue parte, y escritos de Marija Gimbutas y Luce Irigaray, Pétriz Haddad estudia el dialogo crítico y visual de este feminismo con la tradición del desnudo femenino en la historia del arte europeo. Santoro expone lo que gran parte de esa tradición ocultó —la forma de los genitales femeninos—pero también replantea una iconografía arcaica de lo sagrado femenino. A través de procedimientos como el recorte, la ironía, la descontextualización y recontextualización de imágenes y la generación de imágenes nuevas, el lenguaje visual de la autocoscienza marcó la tensión entre el cuerpo representado y el cuerpo vivido, y operó, sostiene Pétriz Haddad, como una toma de distancia con respecto de las imágenes de las mujeres adquiridas culturalmente; una búsqueda de la autorepresentación desafiante de las imágenes heredadas.
En esta línea de indagación sobre las imágenes recibidas, entre los materiales que componen este monográfico, Pastora Filigrana y Mieke Bal reflexionan a partir de sus propias biografías. Filigrana interpela los arquetipos construidos sobre las mujeres del pueblo gitano arrojando preguntas punzantes para desestabilizar y desmontar marcos hegemónicos de visibilidad; esos marcos que, como diría Judith Butler (2010Butler, Judith (2010). Marcos de guerra. Buenos Aires: Paidós.), simultáneamente muestran cuerpos legibles en escenas visibles al tiempo que esconden maquinarias de poder y una autoridad cultural que normaliza esa ficción de verdad, pretendidamente universal. Por su parte, Bal recorre los recovecos de su infancia identificando momentos que, cual punctum de una foto (Barthes, 2014Barthes, Roland (2014). La cámara lúcida. Buenos Aires: Paidós.), la conmovieron y la fueron ubicando en posiciones contra las cuáles se rebeló. Muchos años más tarde, Mieke Bal llegó a entender esos momentos de su vida infantil como puntos de partida para una teoría de la memoria en clave feminista: memoria en tanto acto y siempre anclada en el cuerpo.
Con el dibujo narrado de una línea de tiempo imprevista, María Cedrá Acebrón constuye memorias sobre y junto a Neus Espresate Xirau, proponiendo cambios en los regímenes de visualidad al trazar vínculos inesperados entre la Historia del exilio español en México durante el franquismo y la historia opacada de mujeres intelectuales. Vida Neus a veces Ana, la investigación artística en proceso, cuyo vídeo y diario de campo incluimos en los materiales de este monográfico, no solo exploran la vida de la editora catalana y cofundadora de la editorial mexicana ERA, Neus Espresate, en un contexto histórico donde su participación en la vida intelectual de las izquiedas fue un hecho excepcional, sino que también dejan ver esa pesquisa como resultado de la complicidad sorora y la amistad intelectual que tramaron ambas mujeres entre 2013 y el fallecimiento de la editora. Con su labor editorial, Neus reunió y sistematizó pensamiento crítico en torno a los conflictos más importantes de su época: la Revolución Cubana, los movimientos estudiantiles y de liberación nacional. Se proponía publicar libros prohibidos durante la dictadura franquista y hacerlos llegar a España. La investigadora artista Cedrá Acebrón heredó parte de su biblioteca.
Las memorias visuales de la dictadura franquista también aparecen en el trabajo de Sonia García López que integran los materiales de este monográfico. Partiendo de la investigación en archivo y la realización de entrevistas y empleando técnicas narrativas y expresivas del lenguaje audiovisual, García López examina, desde presupuestos feministas, la experiencia vital y creativa de María Elisa Corona a su paso por el Instituto de Investigaciones y Experiencias Cinematográficas (IIEC), en 1955. A través de una hermosa intervención experimental sobre una de las obras cinematográficas de la estudiante, García López lleva a cabo un ejercicio de memoria en sí mismo, así como de reflexión sobre el valor emancipatorio que dichas experiencias pudieron suponer para una joven en esos tiempos dictatoriales, al tiempo que visibiliza y pone en valor la aportación de las mujeres a la cultura de la imagen en movimiento durante el franquismo.
Este número de Arbor también da cuenta de resistencias poéticas como los versos de Liliana Cabrera—que el monográfico toma prestados para su título—y que aluden a ese enorme reservorio sensible y de experimentación estética que nutre a los transfeminimos y sus alianzas transnacionales.
«… Todavía me desoriento y me pierdo en la calle, corro cada vez que abre el semáforo,
(…)
Todavía tengo antecedentes penales.
Todavía siento que es necesario proyectar para contraefectuar las crueldades del sistema, y todo lo que se venga, intentando no claudicar ante el cansancio después de tantos años, pero también, a la par de todo eso, aprendí lo necesario que es armar redes, a expandirlas como las orquídeas que no se contentan con dejar sus raíces quietas».
Lili Cabrera, 2023aCabrera, Liliana (2023a). 10 años. (15 de octubre). https://medium.com/@lilicabrera/10-a%C3%B1os-a3cd940a2d7f, «10 años».
Los materiales del monográfico incluyen una entrevista a Liliana Cabrera realizada por Verónica Perera, donde la poeta, activista transfeminista y antipunitivista recorre la experiencia de sus años privada de su libertad cuando comenzó a constuir un horizonte vital diferente y descubrió la escritura creativa como aquello que vino a «crear lazos donde no había mediación posible» (Cabrera, 2023bCabrera, Liliana (2023b). ¿Qué es para mí la escritura? (15 de octubre). https://medium.com/@lilicabrera/qu%C3%A9-es-para-m%C3%AD-la-escritura-74b15f8141ef). Lazos que también insinúan las redes que los feminismos de la última ola junto al activismo trans y queer, tejen atravesando naciones y escalas de organización. Las voces del colectivo feminista y anticarcelario, Mujeres de Frente, en Ecuador, que Lidia Mateo Leivas registró en un intento de condensar algo del sentido de ciertas palabras que revolotean, atraviesan y constituyen lo que Mujeres de Frente son y aspiran a ser. Las palabras cuentan, sobre todo cuando se está entre rejas, posibilitan mundos e imaginaciones que consiguen escapar la lógica carcelaria, ex-presarse, y queríamos que algunas de éstas quedaran así registradas en el dossier. Sus voces dialogan con el colectivo YoNoFui que integra Liliana Cabrera en Argentina, por ejemplo, cuando impulsan un activismo de cuidados del cuerpo íntimo y colectivo a la vez, con un horizonte que vislumbra una justicia feminista y el fin de la cárcel. Se trata de redes que, expandiéndose como «las orquídeas que no se contentan con dejar sus raíces quietas» (Cabrera, 2023aCabrera, Liliana (2023a). 10 años. (15 de octubre). https://medium.com/@lilicabrera/10-a%C3%B1os-a3cd940a2d7f), traman luchas, experiencias emancipatorias y espacios de autonomía, como modos para, insistiendo en las palabras de Donna Harraway, seguir juntas con el problema de la—nuestra—vida en común.
Las autoras de este artículo declaran no tener conflictos de intereses financieros, profesionales o que pudieran haber influido de manera inapropiada en este trabajo.
Verónica Perera: Conceptualización, investigación, redacción – borrador original, Redacción – revisión y edición.
Lidia Mateo Leivas: Conceptualización, investigación, redacción – borrador original, Redacción – revisión y edición.
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Cabrera, Liliana (2023a). 10 años. (15 de octubre). https://medium.com/@lilicabrera/10-a%C3%B1os-a3cd940a2d7f
Cabrera, Liliana (2023b). ¿Qué es para mí la escritura? (15 de octubre). https://medium.com/@lilicabrera/qu%C3%A9-es-para-m%C3%AD-la-escritura-74b15f8141ef
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