ARBOR Ciencia, Pensamiento y Cultura 201 (814)
julio-diciembre 2025, 3134
ISSN-L: 0210-1963, eISSN: 1988-303X

Stéphany Onfray (2025). Retratadas. Fotografía, género y modernidad en el siglo XIX español. Cátedra. ISBN: 978-84-376-4858-3

Retratadas: mujeres como agentes de la cultura fotográfica en la España del siglo XIX

Stéphany Onfray sostiene que las mujeres, en su papel de retratadas, coleccionistas, consumidoras o aficionadas, y más allá de aquellas que ejercieron profesionalmente como fotógrafas, fueron agentes fundamentales en el desarrollo técnico, comercial y estético de la fotografía en la España del siglo XIX. Lo expone en Retratadas. Fotografía, género y modernidad en el siglo XIX español, libro que llega en un momento especialmente receptivo a los estudios de historia con perspectiva de género y que ha encontrado amplio eco tanto en círculos académicos como entre el público no especializado.

Este trabajo se inscribe en lo que empieza a constituir ya una genealogía sólida de estudios que incorporan el análisis de género a la historia de la fotografía, tanto en el contexto académico español como en el extranjero. La fotografía, por su naturaleza popular y accesible, ofrece un gran potencial para proponer otras narrativas sobre cultura visual, sus modelos, usuarios y afectos. El giro analítico que propone Onfray consiste, en lugar de centrarse únicamente en la figura de la fotógrafa, en atender el papel que jugaron muchas mujeres al involucrarse activamente en la nueva cultura fotográfica, impulsada con fuerza a partir de los años 1860, y contribuir, de diferentes modos, a su desarrollo, en un contexto de profundos cambios sociales en España y de necesidad de adecuar la imagen propia a los nuevos valores dominantes de la modernidad. Hasta fechas recientes, se daba por sentado que el proceso de producción de imágenes en las galerías de retrato del siglo XIX recaía en la figura única del fotógrafo. Sin embargo, cada vez se dispone de más evidencias que muestran que en algunas galerías los retratistas contaban con numeroso personal, entre el que había mujeres. Además, esta fotografía tenía un carácter eminentemente comercial y, por lo tanto, las expectativas y deseos de la clientela también jugaban un papel importante en el proceso de producción. Es en este punto donde entra de lleno el trabajo de Onfray, pues entre la clientela de los estudios de fotografía, las mujeres eran muy numerosas. En este sentido, Retratadas supone una aportación relevante más allá del campo disciplinar estricto de la historia de la fotografía, ya que se inscribe en los estudios de cultura visual de la época contemporánea que cada vez subrayan con más énfasis la particular relación que se ha tejido entre mujeres e imágenes, fuertemente establecida ya en el siglo XVIII con los grabados y las vistas ópticas y que perdura hasta nuestros días, cuando la cultura de la selfie, en determinados países, está mucho más practicada por mujeres que por hombres11 Véase el proyecto de investigación multidisciplinar Selfiecity en https://selfiecity.net/. Esta genealogía pone de manifiesto uno de los temas centrales del libro de Onfray, esto es, la tensión entre agencia y sujeción, entre juego, mascarada y norma. La fotografía supuso una poderosa herramienta de emancipación para las mujeres, pero también operó como instrumento de normativización y cosificación de sus cuerpos.

El libro demuestra cómo la fotografía entró en el hogar a través de retratos, fotograbados y las primeras cámaras domésticas diseñadas para mujeres. De acuerdo con Onfray, la imagen fotográfica estaba muy presente en el espacio doméstico y en la sociabilidad femenina, como muestra la prensa femenina con sus álbumes, representaciones de estudios fotográficos y visores estereoscópicos. El libro también aborda el uso de fotografías dentro de otros objetos (miniaturas, álbumes, retratos con retratos). Onfray analiza cómo las mujeres gestionaban los álbumes, posproduciéndolos con materiales afectivos como cabellos o marcos, lo que obliga a entender la fotografía más allá de la imagen, como objeto material. Otra cuestión central son los disfraces y su representación fotográfica. Fundamentales en los bailes aristocráticos, se preparaban durante meses, se fotografiaban y luego se lucían en público. Onfray ha investigado las correspondencias entre figurines publicados y disfraces realizados en diversos países, demostrando conexiones que cuestionan la idea de una España al margen, puesto que había circulación de modelos mediante la prensa y la fotografía. Un caso destacado es la alegoría de la Fotografía, que transita de la caricatura al figurín, al disfraz y finalmente a la publicidad, con creciente comercialización del cuerpo femenino. Aquí emerge la otra cara de esta feminización de la fotografía: la jaula dorada, ya no la autorrepresentación sino la imagen construida para otros fines. Finalmente, el libro sobresale por el análisis de los gestos en los retratos del siglo XIX, abordados como vía de comunicación con el espectador. Aunque no siempre son interpretables con certeza, a menudo expresan cariño o emociones. Precisamente, la portada del libro ilustra cómo el gesto interpela al espectador y, según Onfray, demuestra la astucia de estas mujeres al cumplir con la feminidad aceptable mientras ganaban libertad de autorrepresentación.

El libro surge de un trabajo previo de tesis doctoral defendida en la Universidad Complutense de Madrid, de la que aquí se publica solo una parte. El estudio demuestra cómo, a pesar de la extendida creencia de que la fotografía de galería del siglo XIX era altamente estandarizada, el análisis de volúmenes masivos de fotografías, la mayoría del formato conocido como tarjeta de visita, revela que estas no se reducen a poses prefijadas. Al contrario, existen variaciones en gestos, objetos, formas de posar y perfiles sociales. Incluso dentro de series de seis u ocho tomas, se introducen cambios que individualizan el retrato. El trabajo de Stéphany Onfray demuestra que la observación exhaustiva de este corpus le ha permitido afinar el ojo y detectar esas pequeñas variaciones. Metodológicamente, el proyecto se apoya en la Colección Castellano (reunida por el pintor Manuel Castellano en 22 tomos con unas 21.000 fotografías y preservada hoy en la Biblioteca Nacional), pero también en las colecciones del Museo Nacional del Romanticismo, del Museo del Traje, y otros fondos madrileños y colecciones privadas. En el libro, también ha jugado un papel importante la propia tarea coleccionista de la autora, que le ha llevado a buscar casos extremos, contrastar y recurrir al vasto archivo personal y doméstico que puede encontrarse en el Rastro de Madrid y otros mercadillos, además de portales privados de venta. En la selección que se muestra en el libro hay aristócratas, retratos de mujeres rezando, nodrizas y actrices. También aparecen trabajadoras como lavanderas, horchateras y tabaqueras. Es decir, mujeres que se retratan explícitamente como trabajadoras.

Cátedra ha dotado el libro de una ilustración excepcional, con numerosas imágenes en color, un esfuerzo editorial poco frecuente en los estudios de historia de la fotografía. Retratadas. Fotografía, género y modernidad en el siglo XIX español supone una contribución de gran valor tanto a la historiografía fotográfica del siglo XIX, y no únicamente la española, como a los estudios de cultura visual con perspectiva de género. Una vez leído, el lector ya no puede dejar de detenerse en la observación de gestos, objetos, o, dicho de otro modo, en lo particular dentro de una producción de retratos que en el XIX fue masiva y aparentemente repetitiva pero que encierra la diferencia y la expresión individual.

Núria F. Rius

Universitat Pompeu Fabra

https://orcid.org/0000-0002-4331-5323
nuria.rius@upf.edu

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1 Véase el proyecto de investigación multidisciplinar Selfiecity en https://selfiecity.net/