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			<journal-id journal-id-type="publisher-id">Arbor</journal-id>
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				<journal-title>ARBOR Ciencia, Pensamiento y Cultura</journal-title>
				<abbrev-journal-title>Arbor</abbrev-journal-title>
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			<issn pub-type="epub">0210-1963</issn>
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				<publisher-name>Consejo Superior de Investigaciones Cient&#x00ED;ficas</publisher-name>
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			 <article-id pub-id-type="publisher-id">arbor.2013.759n1004</article-id>
			 <article-id pub-id-type="doi">10.3989/arbor.2013.759n1004</article-id>
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		<subj-group subj-group-type="heading">
		<subject>GREGORIO MARA&#x00D1;&#x00D3;N Y POSADILLO (1887-1960). CINCUENTA A&#x00D1;OS DESPU&#x00C9;S</subject>
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			  <article-title>MARA&#x00D1;&#x00D3;N Y LA IDENTIDAD SEXUAL: BIOLOG&#x00CD;A, SEXUALIDAD Y G&#x00C9;NERO EN LA ESPA&#x00D1;A DE LA D&#x00C9;CADA DE 1920</article-title>
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		<trans-title>MARA&#x00D1;&#x00D3;N AND SEXUAL IDENTITY: BIOLOGY, SEXUALITY AND GENDER IN THE SPAIN OF THE 1920s</trans-title>
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		<alt-title alt-title-type="running-head">MARA&#x00F1;&#x00D3;N Y LA IDENTIDAD SEXUAL</alt-title>
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				 <surname>Castej&#x00F3;n Bolea</surname>
				 <given-names>Ram&#x00F3;n</given-names>
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			  <aff id="U1">Departamento de Salud P&#x00FA;blica, Historia de la Ciencia y Ginecolog&#x00ED;a Universidad Miguel Hern&#x00E1;ndez</aff>
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		<corresp id="cor1">e-mail: <email xlink:href="rcastejonb@umh.es">rcastejonb@umh.es</email>
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		<pub-date pub-type="collection">
		<year>2013</year>
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		<volume>189</volume>
		<issue>759</issue>
		
		<elocation-id content-type="doi">10.3989/arbor.2013.759n1004</elocation-id>
		
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				<month>10</month>
				<year>2012</year>
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		<copyright-statement>&#x00A9; 2013 CSIC</copyright-statement>
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		<license-p>Este es un art&#x00ED;culo de acceso abierto distribuido bajo los t&#x00E9;rminos de la licencia Creative Commons Attribution-Non Commercial (by-nc) Spain 3.0.</license-p>
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		<abstract xml:lang="es">
		<title>RESUMEN</title>
		<p>En este art&#x00ED;culo se examinan tres trabajos de Gregorio Mara&#x00F1;&#x00F3;n, publicados por primera vez en 1926 y agrupados bajo el ep&#x00ED;grafe de Tres ensayos sobre la vida sexual. Estos ensayos tuvieron una gran resonancia y fueron objeto de numerosas ediciones. El objetivo de este trabajo es contribuir a situar las posiciones cient&#x00ED;ficas y m&#x00E9;dicas, expresadas por Mara&#x00F1;&#x00F3;n en estos ensayos, en el contexto socio-cultural, cient&#x00ED;fico y pol&#x00ED;tico de la Espa&#x00F1;a de la d&#x00E9;cada de 1920. Se discute la teor&#x00ED;a de la diferenciaci&#x00F3;n sexual de Mara&#x00F1;&#x00F3;n y su defensa de la misi&#x00F3;n maternal de las mujeres en una &#x00E9;poca en la que muchas feministas asumieron una visi&#x00F3;n sexualizada del mundo y en la que la identidad femenina se articulaba en torno a la maternidad. El an&#x00E1;lisis de estos ensayos es enmarcado en la historiograf&#x00ED;a contempor&#x00E1;nea sobre la historia de la sexualidad y la historia de las mujeres.</p>
		</abstract>
		<trans-abstract xml:lang="en">
		<title>ABSTRACT</title>
		<p>This article examines three works by Gregorio Mara&#x00F1;&#x00F3;n, published for the first time in 1926 under the epigraph Tres ensayos sobre la vida sexual [Three essays on sexual life]. These essays had a huge impact and they were republished several times. The aim of this paper is to help situate Mara&#x00F1;on’s medical and scientific views, as expressed in these essays, in the political, scientific and socio-cultural context of 1920s Spain. Mara&#x00F1;&#x00F3;n’s theory of sexual differentiation and his defence of women’s maternal mission is discussed at a time when many feminists accepted a sexualised view of the world in which women’s identity was articulated around motherhood. The analysis of these essays is framed in the contemporary historiography on sexuality and women’s history.</p>
		</trans-abstract>
		<kwd-group xml:lang="es">
			<title>PALABRAS CLAVE</title>
			<kwd>Mara&#x00F1;&#x00F3;n</kwd>
			<kwd>sexualidad</kwd>
			<kwd>mujer</kwd>
			<kwd>maternidad</kwd>
			<kwd>hormonas</kwd>
			<kwd>diferenciaci&#x00F3;n sexual</kwd>
			<kwd>educaci&#x00F3;n sexual</kwd>
		</kwd-group>
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			<title>KEYWORDS</title>
			<kwd>Mara&#x00F1;&#x00F3;n</kwd>
			<kwd>sexuality</kwd>
			<kwd>women</kwd>
			<kwd>motherhood</kwd>
			<kwd>hormones</kwd>
			<kwd>sexual differentiation</kwd>
			<kwd>sexual education</kwd>
		</kwd-group>
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	<body>
		<sec id="S1">
			<title>1. INTRODUCCI&#x00D3;N</title>
			<p>El prop&#x00F3;sito de este art&#x00ED;culo es examinar tres trabajos de Gregorio Mara&#x00F1;&#x00F3;n titulados <italic>Tres ensayos sobre la vida sexual (Sexo, trabajo y deporte; Maternidad y feminismo; y Educaci&#x00F3;n sexual y diferenciaci&#x00F3;n social)</italic> publicados por primera vez en 1926, aunque he utilizado la edici&#x00F3;n de sus obras completas (vol. VIII), realizada por Espasa-Calpe entre 1966 y 1977 (10 vols.). En la Espa&#x00F1;a de los a&#x00F1;os 20 del siglo pasado, el debate sobre el papel de la mujer en la sociedad espa&#x00F1;ola y el “problema sexual”, en el marco del auge del movimiento eugenista en Espa&#x00F1;a y de sus preocupaciones raciales y poblacionales, constituye un ejemplo, como se&#x00F1;ala Glick, de los debates de la &#x00E9;lite intelectual y pol&#x00ED;tica espa&#x00F1;ola, en un ambiente abierto y civilizado (Glick, <xref ref-type="bibr" rid="CIT0010">2005</xref>, 137). En este contexto hist&#x00F3;rico los <italic>Tres ensayos sobre la vida sexual</italic> del doctor Mara&#x00F1;&#x00F3;n tuvieron enorme resonancia y fueron objeto de numerosas ediciones. Como escritor y conferenciante, Mara&#x00F1;&#x00F3;n tuvo una importante acogida en medios universitarios y progresistas y su dignificaci&#x00F3;n de la feminidad y su cruzada contra el donjuanismo fueron ingredientes decisivos para lograr el gran eco que obtuvo entre las mujeres (Aresti, <xref ref-type="bibr" rid="CIT0003">2001</xref>, 244)<xref ref-type="fn" rid="NOTE0001">1</xref>. </p>
<p>En estos tres ensayos Gregorio Mara&#x00F1;&#x00F3;n expone lo que son sus ideas acerca de los roles sociales de hombres y mujeres fundament&#x00E1;ndose en las diferencias biol&#x00F3;gicas que &#x00E9;l describe desde la teor&#x00ED;a de las secreciones internas y su teor&#x00ED;a de la diferenciaci&#x00F3;n sexual. Al igual que los roles sociales, las caracter&#x00ED;sticas psicol&#x00F3;gicas de la masculinidad y la feminidad encuentran tambi&#x00E9;n, seg&#x00FA;n Mara&#x00F1;&#x00F3;n, una profunda interrelaci&#x00F3;n con el desarrollo y constituci&#x00F3;n de la diferenciaci&#x00F3;n sexual en cada sexo, dependiente igualmente de las influencias hormonales. En 1922, en su obra <italic>Problemas actuales de la doctrina de las secreciones internas</italic> afirmaba que las caracter&#x00ED;sticas f&#x00ED;sicas y ps&#x00ED;quicas de cada sexo depend&#x00ED;an en &#x00FA;ltimo t&#x00E9;rmino de la secreci&#x00F3;n interna genital (Mara&#x00F1;&#x00F3;n, <xref ref-type="bibr" rid="CIT0014">1922</xref>, 131). Igualmente, la noci&#x00F3;n de la total diferenciaci&#x00F3;n entre hombres y mujeres, bien como principio te&#x00F3;rico o como aspiraci&#x00F3;n social, fue una idea vertebradora de las teor&#x00ED;as de Mara&#x00F1;&#x00F3;n sobre estas cuestiones (Aresti, <xref ref-type="bibr" rid="CIT0003">2001</xref>, 119). </p>
<p>Mi intenci&#x00F3;n no es situar a Mara&#x00F1;&#x00F3;n como blanco de las cr&#x00ED;ticas “progresistas” por sus ideas conservadoras sobre el papel de la mujer en la sociedad (Barrachina, <xref ref-type="bibr" rid="CIT0004">2003</xref>) o su idea de los “invertidos sexuales”, sino entender sus posiciones cient&#x00ED;ficas y m&#x00E9;dicas en el contexto social, cultural y pol&#x00ED;tico de la Espa&#x00F1;a de la d&#x00E9;cada de 1920<xref ref-type="fn" rid="NOTE0002">2</xref>. Las ideas de Mara&#x00F1;&#x00F3;n resultaron tan complejas como el propio feminismo de la &#x00E9;poca (Aresti, <xref ref-type="bibr" rid="CIT0003">2001</xref>, 235). Muchas mujeres y, muchas de las que se consideraban feministas, se identificaban con la teor&#x00ED;a de la diferenciaci&#x00F3;n sexual de Mara&#x00F1;&#x00F3;n y con su defensa de la misi&#x00F3;n maternal de las mujeres. Muchas feministas de la &#x00E9;poca participaron de esta visi&#x00F3;n radicalmente sexualizada del mundo en la que, adem&#x00E1;s, el sexo femenino estaba definido por la capacidad para engendrar. Pero, obviamente, no todas las feministas tuvieron una concepci&#x00F3;n semejante acerca de la maternidad y algunas feministas criticaron duramente las ideas de Mara&#x00F1;&#x00F3;n. Estas feministas se situaban en un amplio espectro pol&#x00ED;tico e ideol&#x00F3;gico: desde el catolicismo profundo de Dolores Velasco de Alam&#x00E1;n, articulista de la revista de mujeres <italic>Mundo Femenino</italic>, el socialismo de Mar&#x00ED;a Cambrils o el anarquismo de Luc&#x00ED;a S&#x00E1;nchez Saornil (Aresti, <xref ref-type="bibr" rid="CIT0003">2001</xref>, 245-247).</p>
<p>En 1925, Mara&#x00F1;&#x00F3;n dio el paso crucial para institucionalizar la endocrinolog&#x00ED;a m&#x00E9;dica como una especialidad en Espa&#x00F1;a; dirigi&#x00F3; la reorganizaci&#x00F3;n del Instituto de Patolog&#x00ED;a M&#x00E9;dica en Madrid como un departamento universitario de la Facultad de Medicina, con &#x00E9;l a la cabeza (Glick, <xref ref-type="bibr" rid="CIT0009">1976</xref>, 296). Debido a su prominencia profesional y su importante visibilidad p&#x00FA;blica, se convirti&#x00F3; en el inevitable punto de referencia para todas estas discusiones sobre la mujer y la sexualidad. </p>
<p>Por otra parte debemos tener en mente, como ha se&#x00F1;alado Raquel &#x00C1;lvarez, que: “El concepto de normalidad, la norma de comportamiento sexual existente en la Espa&#x00F1;a de comienzos de siglo, era tremendamente restrictivo, aceptando s&#x00F3;lo la actividad sexual como actividad procreadora... El llamado ‘instinto sexual’ se identificaba con el llamado ‘instinto de procreaci&#x00F3;n’. Sin embargo, en los a&#x00F1;os veinte los intentos de ruptura con la vieja y estrecha norma se hacen m&#x00E1;s evidentes”. En estos momentos, como ha se&#x00F1;alado igualmente esta autora: “... la definici&#x00F3;n de papeles, la caracterizaci&#x00F3;n de feminidad y masculinidad eran muy importantes por el papel que la mujer comenzaba a jugar dentro de la sociedad” (Alvarez, <xref ref-type="bibr" rid="CIT0002">1990b</xref>, 201, 204).</p>
<p>Es en este contexto donde intentar&#x00E9; explorar las aportaciones de Mara&#x00F1;&#x00F3;n a la reelaboraci&#x00F3;n de las identidades masculinas y femeninas desde el determinismo biol&#x00F3;gico, en su caso endocrinol&#x00F3;gico. ¿C&#x00F3;mo redefine Mara&#x00F1;&#x00F3;n la masculinidad y la feminidad a partir de su lectura de la biolog&#x00ED;a humana? ¿De qu&#x00E9; manera es comprendida y materializada la fisiolog&#x00ED;a femenina en estos ensayos? ¿Qu&#x00E9; cambios y qu&#x00E9; persistencias plantean la endocrinolog&#x00ED;a sexual? Mara&#x00F1;&#x00F3;n, como veremos, sexualiza al organismo humano. Para &#x00E9;l, cada detalle de la anatom&#x00ED;a y de la fisiolog&#x00ED;a del adulto estaba impregnada de su sexo y esta operaci&#x00F3;n de sexualizaci&#x00F3;n del organismo humano determinaba en realidad qu&#x00E9; deb&#x00ED;a ser un hombre y qu&#x00E9; una mujer. Lo que interesa, pues, es c&#x00F3;mo esas diferencias sexuales han sido articuladas, se les adjudica materialidad y por lo tanto, relevancia social (Cleminson y V&#x00E1;zquez, <xref ref-type="bibr" rid="CIT0007">2009</xref>, 629).</p>
<p>Una de las aportaciones de los estudios feministas en la historia de las ciencias biom&#x00E9;dicas es que el sexo no puede ser considerado como una caracter&#x00ED;stica inequ&#x00ED;voca ni un atributo ahist&#x00F3;rico del cuerpo humano (Oudshoorn, <xref ref-type="bibr" rid="CIT0020">1994</xref>; Birke, <xref ref-type="bibr" rid="CIT0005">1999</xref>). El sexo debe ser examinado como una categor&#x00ED;a hist&#x00F3;rica al que se le han asignado diferentes significados, dependiendo de tiempo y lugar. Estos estudios ilustran c&#x00F3;mo cada disciplina biom&#x00E9;dica que ha estudiado el cuerpo humano ha transformado el significado de la feminidad y de la masculinidad. Conforme las ciencias biom&#x00E9;dicas se han desarrollado, han sexualizado un n&#x00FA;mero cada vez mayor de partes del cuerpo humano. En el siglo XVI, solo los &#x00F3;rganos directamente relacionados con la sexualidad y la reproducci&#x00F3;n eran sexualizados. Desde el siglo XVIII, la sexualizaci&#x00F3;n del cuerpo se ha extendido a caracter&#x00ED;sticas anat&#x00F3;micas no relacionadas con la sexualidad y la reproducci&#x00F3;n: por ejemplo, el esqueleto, la sangre y el cerebro. Este proceso de sexualizaci&#x00F3;n ha sido, sin embargo, m&#x00E1;s tard&#x00ED;o y menos radical en los pa&#x00ED;ses de tradici&#x00F3;n cat&#x00F3;lica que en las sociedades protestantes<xref ref-type="fn" rid="NOTE0003">3</xref>.</p>
<p>Con la aparici&#x00F3;n de la endocrinolog&#x00ED;a en el cambio del siglo XX, la sexualizaci&#x00F3;n del cuerpo ya no estuvo restringida a caracter&#x00ED;sticas anat&#x00F3;micas. Los endocrin&#x00F3;logos localizaron la esencia de la feminidad y la masculinidad en las sustancias qu&#x00ED;micas segregadas por las g&#x00F3;nadas: los ovarios y los test&#x00ED;culos. Por primera vez en la historia de las ciencias biom&#x00E9;dicas, el sexo fue atribuido a sustancias qu&#x00ED;micas adem&#x00E1;s de a estructuras corporales tales como &#x00F3;rganos y c&#x00E9;lulas. Los endocrin&#x00F3;logos introdujeron el concepto de hormonas sexuales masculinas y femeninas como agentes qu&#x00ED;micos controlando la masculinidad y la feminidad. De hecho, la introducci&#x00F3;n del modelo hormonal del cuerpo condujo a una medicalizaci&#x00F3;n del cuerpo de la mujer bastante mayor que la del cuerpo del hombre (Oudshoorn, <xref ref-type="bibr" rid="CIT0018">1990a</xref>, 243).</p>
<p>Mara&#x00F1;&#x00F3;n, a lo largo de su trabajo endocrinol&#x00F3;gico, se centrar&#x00E1; muy directamente sobre el rol de las secreciones internas en la medicina experimental y cl&#x00ED;nica, y sus afirmaciones m&#x00E1;s amplias subrayan su creencia en el determinismo qu&#x00ED;mico: las gl&#x00E1;ndulas controlan la vida sexual, la estructura morfol&#x00F3;gica, las reacciones vegetativas, la emotividad, las caracter&#x00ED;sticas psicol&#x00F3;gicas individuales, y la susceptibilidad a la enfermedad (Glick, <xref ref-type="bibr" rid="CIT0010">2005</xref>, 124). </p>
<p>Como es conocido, la teor&#x00ED;a de las “secreciones internas”, establecida por Brown-S&#x00E9;quard en las &#x00FA;ltimas d&#x00E9;cadas del siglo XIX, hab&#x00ED;a iniciado la investigaci&#x00F3;n en endocrinolog&#x00ED;a. El t&#x00E9;rmino “hormona” era un resultado de la reformulaci&#x00F3;n de la doctrina de las “secreciones internas” por el fisi&#x00F3;logo brit&#x00E1;nico Ernest Starling, un colega de Edgard Schäfer. Starling, plante&#x00F3; en 1905, que los “mensajeros qu&#x00ED;micos” u hormonas tienen que trasladarse desde el &#x00F3;rgano donde se producen hasta el &#x00F3;rgano que afectan, a trav&#x00E9;s de la sangre (Oudshoorn, <xref ref-type="bibr" rid="CIT0019">1990b</xref>, 245). Durante los primeros a&#x00F1;os de la endocrinolog&#x00ED;a, el etiquetado sexual de las hormonas fue poco problem&#x00E1;tico. Usando el paradigma de Brown-S&#x00E9;quard de las secreciones gonadales, los ginec&#x00F3;logos y los investigadores de laboratorio asignaron la etiqueta “hormonas sexuales femeninas” a los extractos preparados de los ovarios, y la etiqueta “hormonas sexuales masculinas” a las preparaciones testiculares.</p>
<p>En la d&#x00E9;cada de 1920, sin embargo, el criterio del origen como el factor decisivo para el etiquetado como “masculina” o “femenina” de las preparaciones hormonales sexuales se convirti&#x00F3; en tema de debate. Un creciente n&#x00FA;mero de informes basados en estudios en animales de ambos sexos indicaba que los extractos de ovarios y test&#x00ED;culos produc&#x00ED;an efectos similares. Si ciertas hormonas producidas en el cuerpo masculino se supon&#x00ED;an que creaban y manten&#x00ED;an la masculinidad y diferentes hormonas la feminidad en el cuerpo femenino, en 1921 lleg&#x00F3; el primer cambio para la naturaleza sexo-espec&#x00ED;fica de las hormonas sexuales cuando un ginec&#x00F3;logo vien&#x00E9;s Otfried Fellner, inform&#x00F3; que los extractos de test&#x00ED;culo as&#x00ED; como los extractos de ovarios pod&#x00ED;an inducir el crecimiento del &#x00FA;tero en conejos ovariectomizados. Estos efectos ambisexuales, como se les llam&#x00F3;, fueron debatidos acaloradamente a lo largo de las d&#x00E9;cadas de 1920 y 1930. La historia de las hormonas ilustra, pues, c&#x00F3;mo el esencialismo biologicista da paso a un modelo donde cada hormona obtiene <italic>relativa</italic> importancia y donde los sexos no se plantearon de forma tan fija (Cleminson y V&#x00E1;zquez, <xref ref-type="bibr" rid="CIT0007">2009</xref>, 644).</p>
<p>En los <italic>Tres ensayos sobre la vida sexual</italic>, Mara&#x00F1;&#x00F3;n participa de lo que inicialmente fue un etiquetado sexual no problem&#x00E1;tico de las hormonas, adscritas por tanto al origen, al &#x00F3;rgano del que proced&#x00ED;an. Nos dice Mara&#x00F1;&#x00F3;n: </p>
<p>“Los fisi&#x00F3;logos, por su parte, han logrado el complemento experimental de estas observaciones de la especie humana. Los trabajos de Steinach, de la escuela de Lipschütz, de Pezard y de otros muchos investigadores que hoy son ya legi&#x00F3;n, han probado de una manera concluyente que cuando se castra a un animal queda en un estado eunucoide asexuado; y si entonces se injerta una gl&#x00E1;ndula espec&#x00ED;fica del otro sexo —es decir, un test&#x00ED;culo, si es una hembra, o un ovario, si se trata de un macho— aparecen los caracteres del sexo contrario...”. (Mara&#x00F1;&#x00F3;n, <xref ref-type="bibr" rid="CIT0015">1972</xref>, 329)<xref ref-type="fn" rid="NOTE0004">4</xref>.</p>
<p>A mediados de la d&#x00E9;cada de 1920 Mara&#x00F1;&#x00F3;n no toma en cuenta los debates que se est&#x00E1;n produciendo en relaci&#x00F3;n con la naturaleza sexo-espec&#x00ED;fica de las hormonas (Cleminson y V&#x00E1;zquez, <xref ref-type="bibr" rid="CIT0007">2009</xref>, 649). Sin embargo, en la edici&#x00F3;n que hemos consultado, de 1972, y a pie de p&#x00E1;gina, la problematizaci&#x00F3;n en el etiquetado de las hormonas sexuales ya aparece incorporada por Mara&#x00F1;&#x00F3;n y de hecho, su teor&#x00ED;a de la bisexualidad org&#x00E1;nica inicial, se ve reforzada por la existencia de la bisexualidad qu&#x00ED;mica. Nos dice Mara&#x00F1;&#x00F3;n: “…, el hallazgo… de las dos hormonas, la masculina y la femenina, en el ser humano normal y anormal es ya un hecho adquirido”<xref ref-type="fn" rid="NOTE0005">5</xref>. De hecho, para 1937, en una conferencia dada en Par&#x00ED;s titulada <italic>Los estados intersexuales en la pubertad</italic>, ya hab&#x00ED;a revisado la supuesta naturaleza sexo-espec&#x00ED;fica de las hormonas sexuales, como hab&#x00ED;an hecho otros cient&#x00ED;ficos en la d&#x00E9;cada de 1920 (Cleminson y V&#x00E1;zquez, <xref ref-type="bibr" rid="CIT0007">2009</xref>, 651).</p> 
		</sec>
<sec id="S2">
			<title>2. SEXO, TRABAJO Y DEPORTE</title>
			<p>En su primer ensayo <italic>Sexo, trabajo y deporte</italic>, Mara&#x00F1;&#x00F3;n va a plantear los diferentes roles que corresponden a hombres y mujeres en la vida social, a partir de su tesis de que “... el trabajo es, en cierto modo, una funci&#x00F3;n de orden sexual, un verdadero ‘car&#x00E1;cter sexual’...”, buscando “…la significaci&#x00F3;n del trabajo en la vida humana desde el punto de vista de la biolog&#x00ED;a general” (Mara&#x00F1;&#x00F3;n, <xref ref-type="bibr" rid="CIT0015">1972</xref>, 268). Para ello, viendo c&#x00F3;mo incluir el trabajo entre los caracteres sexuales, introduce los conceptos de caracteres sexuales con su cl&#x00E1;sica divisi&#x00F3;n en anat&#x00F3;micos y funcionales, siendo a su vez divididos ambos en primarios (genitales) y secundarios (sexuales). De esta manera, se suscrib&#x00ED;a a la cl&#x00E1;sica divisi&#x00F3;n entre caracter&#x00ED;sticas primarias y secundarias como sugiri&#x00F3; Havelock Ellis y adem&#x00E1;s divid&#x00ED;a &#x00E9;stas entre elementos anat&#x00F3;micos y funcionales. De acuerdo con Mara&#x00F1;&#x00F3;n, los caracteres sexuales son: “... aquellos rasgos anat&#x00F3;micos y funcionales que nos permiten distinguir ante un animal dado, cualquiera que sea su especie, si pertenece al sexo femenino o al masculino” y “… tanto se diferencia el hombre de la mujer por <italic>caracteres anat&#x00F3;micos</italic>, esto es, por su constituci&#x00F3;n org&#x00E1;nica, por su arquitectura f&#x00ED;sica, cuanto por <italic>caracteres funcionales</italic>, es decir, por el distinto modo y calidad de muchas de sus actividades” (Mara&#x00F1;&#x00F3;n, <xref ref-type="bibr" rid="CIT0015">1972</xref>, 268-270). </p>
<p>Seg&#x00FA;n Mara&#x00F1;&#x00F3;n, las “diferencias fundamentales en la anatom&#x00ED;a nos indican ya la distinta importancia que la correspondiente funci&#x00F3;n sexual primaria ha de tener en cada uno de las dos mitades del g&#x00E9;nero humano”. Y ello, por la escasa magnitud proporcionalmente del aparato reproductor del var&#x00F3;n, que condiciona que “... la funci&#x00F3;n sexual primaria es, en efecto, en el hombre, breve y pasajera...”, en tanto que en la mujer, “... este aparato alcanza una masa considerable”. Y estas diferencias anat&#x00F3;micas y funcionales primarias, siguiendo una antigua taxonom&#x00ED;a, sirven como fundamentaci&#x00F3;n de las diferencias psicol&#x00F3;gicas y sociales de hombres y mujeres. </p>
<p>Las diferencias descritas por Mara&#x00F1;&#x00F3;n en relaci&#x00F3;n con los caracteres anat&#x00F3;micos primarios (genitales) encuentran su confirmaci&#x00F3;n en el estudio y observaci&#x00F3;n de los secundarios: “Sobre todo es significativa la mayor amplitud del esqueleto tor&#x00E1;cico en el hombre, frente al m&#x00E1;s en&#x00E9;rgico desarrollo de la pelvis femenina: s&#x00ED;mbolo de la mayor aptitud del var&#x00F3;n para el esfuerzo f&#x00ED;sico y de la espec&#x00ED;fica trascendencia de la funci&#x00F3;n maternal en la mujer” (Mara&#x00F1;&#x00F3;n, <xref ref-type="bibr" rid="CIT0015">1972</xref>, 272).</p>
<p>Mara&#x00F1;&#x00F3;n se sit&#x00FA;a aqu&#x00ED; en esa tradici&#x00F3;n que arranca del siglo XVIII, en la que la sexualizaci&#x00F3;n del cuerpo no se limita a los &#x00F3;rganos relacionados con la sexualidad y la reproducci&#x00F3;n, sino que se extiende a caracter&#x00ED;sticas anat&#x00F3;micas como el esqueleto, el cerebro, la grasa subcut&#x00E1;nea y el pelo. Mara&#x00F1;&#x00F3;n afirma: “Salvo las v&#x00ED;scera m&#x00E1;s groseras, apenas hay porci&#x00F3;n de cuerpo que no tenga su ‘sexo’, como lo tiene el cuerpo en su totalidad” (Mara&#x00F1;&#x00F3;n, <xref ref-type="bibr" rid="CIT0015">1972</xref>, 271).</p>
<p>Pero va a ser en los que Mara&#x00F1;&#x00F3;n define como caracteres funcionales secundarios en los que va a adscribir la diferente caracterizaci&#x00F3;n femenina y masculina de la emotividad y de la ideaci&#x00F3;n, basado en el diferente funcionamiento del sistema nervioso —m&#x00E1;s estable en el hombre—, as&#x00ED; como las diferencias en la actividad motora, la marcha y las caracter&#x00ED;sticas de la voz.</p>
<p>Sobre esa sexualizaci&#x00F3;n previa de diferentes partes del cuerpo humano y de determinadas caracter&#x00ED;sticas psicol&#x00F3;gicas, Mara&#x00F1;&#x00F3;n introduce el concepto de instinto sexual para analizar el papel de los dos sexos en la divisi&#x00F3;n del trabajo. As&#x00ED;, afirma: “Pero no puede negarse que el instinto sexual, en la m&#x00E1;s amplia interpretaci&#x00F3;n, esto es, <italic>como expresi&#x00F3;n de la energ&#x00ED;a que cada ser viviente desarrolla para perpetuarse en la especie</italic>, aparece aqu&#x00ED; y all&#x00E1;, a cada instante, poniendo su acento vigoroso sobre las diversas actividades humanas. Y este acento sexual es especialmente claro en el caso del trabajo, como intentaremos demostrar” (Mara&#x00F1;&#x00F3;n, <xref ref-type="bibr" rid="CIT0015">1972</xref>, 273).</p>
<p>Esta sexualizaci&#x00F3;n del trabajo va a quedar, por tanto, adscrita a esa sexualizaci&#x00F3;n previa de diferentes partes del cuerpo y de determinadas caracter&#x00ED;sticas psicol&#x00F3;gicas. De acuerdo con Mara&#x00F1;&#x00F3;n: </p>
<p>“Todas las diferencias anat&#x00F3;micas que, seg&#x00FA;n acabamos de ver, impone el sexo al organismo, y por tanto a las actividades de &#x00E9;ste, nos indican claramente que as&#x00ED; como la mujer est&#x00E1; principalmente construida para realizar una completa funci&#x00F3;n sexual primaria —concebir al hijo, incubarlo, parirlo y lactarlo—... en cambio, las funciones sexuales secundarias son infinitamente m&#x00E1;s importantes en el hombre que en la mujer… Su anatom&#x00ED;a y su fisiolog&#x00ED;a le impelen, por tanto, a la lucha con el medio, a la actuaci&#x00F3;n social” (Mara&#x00F1;&#x00F3;n, <xref ref-type="bibr" rid="CIT0015">1972</xref>, 272-273).</p>
<p>Este determinismo biol&#x00F3;gico de las diferentes actividades sociales de hombres y mujeres se acompa&#x00F1;a a su vez de una renuncia expl&#x00ED;cita a explicaciones sociales o econ&#x00F3;micas de estas diferencias: “Sexo, trabajo, lujo, desigualdad: estas palabras forman una c&#x00E1;rcel, de la que la humanidad no saldr&#x00E1; nunca; y es in&#x00FA;til buscar su sentido en las teor&#x00ED;as econ&#x00F3;micas y sociales, porque se trata pura y simplemente de un problema de biolog&#x00ED;a de los instintos” (Mara&#x00F1;&#x00F3;n, <xref ref-type="bibr" rid="CIT0015">1972</xref>, 278). Mara&#x00F1;&#x00F3;n expone con claridad su esencialismo biol&#x00F3;gico<xref ref-type="fn" rid="NOTE0006">6</xref>:</p>
<p>“Si contemplamos el problema con un criterio naturalista, a la luz de los conceptos que acabamos de exponer, se comprender&#x00E1; que hay una barrera infranqueable entre la actuaci&#x00F3;n individual y social de la mujer y del hombre; y si se olvida que existe ese obst&#x00E1;culo, el problema se tornar&#x00E1;, irremediablemente, confuso. Las feministas y los hombres que les hac&#x00ED;an coro miraban hacia fuera, hacia la organizaci&#x00F3;n social, pero no hacia la profundidad de su propia organizaci&#x00F3;n biol&#x00F3;gica,… y hoy el feminismo, pese a quien pese, s&#x00F3;lo puede admitirse y s&#x00F3;lo puede tener una estructura estable cotej&#x00E1;ndose con los datos que nos da la Historia natural” (Mara&#x00F1;&#x00F3;n, <xref ref-type="bibr" rid="CIT0015">1972</xref>, 281).</p>
<p>Esta afirmaci&#x00F3;n de Mara&#x00F1;&#x00F3;n nos da paso al siguiente ensayo, <italic>Maternidad y feminismo</italic>, que como han se&#x00F1;alado Alejandra Ferr&#x00E1;ndiz y Enrique Lafuente procede en gran parte de una conferencia pronunciada en 1920 en Sevilla y publicada en el <italic>Siglo M&#x00E9;dico</italic> con el t&#x00ED;tulo <italic>Biolog&#x00ED;a y feminismo</italic>. En este ensayo se plantean algunas cuestiones en torno al problema del feminismo y las condiciones en que se desarrolla la maternidad en Espa&#x00F1;a, que entroncan con las preocupaciones eug&#x00E9;nicas de Mara&#x00F1;&#x00F3;n y que ponen sobre el tapete el desolador panorama de la mortalidad infantil en la Espa&#x00F1;a de los a&#x00F1;os 20<xref ref-type="fn" rid="NOTE0007">7</xref>. </p>
</sec>
<sec id="S3">
			<title>3. MATERNIDAD Y FEMINISMO</title>
			<p>Ante la situaci&#x00F3;n de la mujer en la sociedad espa&#x00F1;ola, la idea que Mara&#x00F1;&#x00F3;n propugna para acabar con su situaci&#x00F3;n de inferioridad es la idea de la diferenciaci&#x00F3;n: “No son los dos sexos inferiores ni superiores uno al otro; son, simplemente distintos” (Mara&#x00F1;&#x00F3;n, <xref ref-type="bibr" rid="CIT0015">1972</xref>, 289). De nuevo, van a ser los elementos biologicistas los que sostienen la idea de la diferenciaci&#x00F3;n como forma de acabar con la inferioridad de la mujer. Su argumentaci&#x00F3;n descansa en c&#x00F3;mo la forma y la funci&#x00F3;n imprimen su sello a la vida afectiva y ps&#x00ED;quica. En palabras de Mara&#x00F1;&#x00F3;n: “... los caracteres sexuales no terminan en la diferenciaci&#x00F3;n morfol&#x00F3;gica de los dos sexos, en su distinto aspecto exterior, sino que se extienden al terreno funcional, esto es, a las aptitudes f&#x00ED;sicas de uno y otro, y llegan a los m&#x00E1;s nobles estratos del esp&#x00ED;ritu, a la vida afectiva y a la ps&#x00ED;quica” (Mara&#x00F1;&#x00F3;n, <xref ref-type="bibr" rid="CIT0015">1972</xref>, 289). Y esta diferenciaci&#x00F3;n de los sexos, sostiene Mara&#x00F1;&#x00F3;n, es manifiesta tambi&#x00E9;n en el diferente funcionamiento de cada c&#x00E9;lula del organismo de hombres y mujeres. Diferencia que se manifiesta desde el punto de vista energ&#x00E9;tico desde los primeros momentos que siguen a la fecundaci&#x00F3;n y se contin&#x00FA;a observando en el diferente metabolismo de cada uno de los sexos. Ese diferente metabolismo, catab&#x00F3;lico en el hombre, anab&#x00F3;lico en la mujer, explicar&#x00ED;a la inexcusable funci&#x00F3;n de la maternidad en la mujer y del trabajo creador en el hombre. “Es, pues, indudable —nos recuerda Mara&#x00F1;&#x00F3;n— que la mujer debe ser madre ante todo, con olvido de todo lo dem&#x00E1;s si fuere preciso; y ello, por inexcusable obligaci&#x00F3;n de su sexo; como el hombre debe aplicar su energ&#x00ED;a al trabajo creador por la misma ley inexcusable de su sexualidad varonil” (Mara&#x00F1;&#x00F3;n <xref ref-type="bibr" rid="CIT0015">1972</xref>, 290). </p>
<p>Sin embargo, Mara&#x00F1;&#x00F3;n, como figura prominente del movimiento de reforma sexual en la Espa&#x00F1;a de la d&#x00E9;cada de 1920 y principios de 1930, promov&#x00ED;a una variedad de causas reformistas entre las que se encontraban la educaci&#x00F3;n sexual, la supresi&#x00F3;n de la reglamentaci&#x00F3;n de la prostituci&#x00F3;n, el divorcio y una versi&#x00F3;n suave de la eugenesia destinada a mejorar la salud de mujeres y ni&#x00F1;os mediante medidas de salud p&#x00FA;blica (Glick, <xref ref-type="bibr" rid="CIT0010">2005</xref>, 121-122). Es en esta perspectiva donde propone una mejora de las condiciones de las mujeres para desarrollar la funci&#x00F3;n espec&#x00ED;fica y propia de la maternidad, desde la perspectiva de la educaci&#x00F3;n como mejor instrumento para alcanzar ese objetivo. Dice Mara&#x00F1;&#x00F3;n, “La maternidad que debemos desear para la mayor&#x00ED;a de las mujeres, debe tender, dentro de la humana eficacia, a que la madre no se convierta al poco tiempo en una v&#x00ED;ctima de su propia maternidad”, y contin&#x00FA;a: “Para ello ser&#x00E1; preciso, en primer lugar, que la mujer se emancipe del matrimonio como necesidad econ&#x00F3;mica y esto puede lograrse s&#x00F3;lo con la cultura. Pero ¿qu&#x00E9; cultura? ¿Una cultura especial, una cultura femenina, o la misma cultura del var&#x00F3;n?” (Mara&#x00F1;&#x00F3;n, <xref ref-type="bibr" rid="CIT0015">1972</xref>, 292).</p>
<p>A esta pregunta, Mara&#x00F1;&#x00F3;n responde diferenciando la educaci&#x00F3;n primaria de la educaci&#x00F3;n posterior, lo que &#x00E9;l llama la educaci&#x00F3;n profesional: </p>
<p>“La educaci&#x00F3;n primaria en com&#x00FA;n no puede tener sino ventajas… Pero la educaci&#x00F3;n profesional no puede medirse por este mismo rasero..., cu&#x00E1;les son las razones que pueden hacer leg&#x00ED;tima en la mujer una orientaci&#x00F3;n profesional de tipo masculino. Esto ocurre, en efecto, en un grupo de casos que, por muy considerable que sea num&#x00E9;ricamente, desde el punto de vista de la biolog&#x00ED;a, lo consideraremos siempre como excepcional. Es decir, que, <italic>como regla general</italic>, no parece l&#x00F3;gico que la cultura definitiva de la mujer sea la misma del var&#x00F3;n” (Mara&#x00F1;&#x00F3;n, <xref ref-type="bibr" rid="CIT0015">1972</xref>, 292-293).</p>
<p>¿C&#x00F3;mo plantear entonces el trabajo de la mujer en relaci&#x00F3;n con la maternidad?</p>
<p>Para Mara&#x00F1;&#x00F3;n la respuesta est&#x00E1; en la biolog&#x00ED;a: “Pr&#x00E1;cticamente —nos dice Mara&#x00F1;&#x00F3;n— una buena madre durante los a&#x00F1;os de la fecundidad, que son los centrales de su vida, no podr&#x00E1; ser ni deber&#x00E1; ser apenas otra cosa que madre… y la maternidad, aunque, en el tiempo, sea un episodio en la vida de la mujer, es, biol&#x00F3;gicamente, el eje del concepto de la feminidad” (Mara&#x00F1;&#x00F3;n, <xref ref-type="bibr" rid="CIT0015">1972</xref>, 306).</p>
<p>Sin embargo, esa biologizaci&#x00F3;n de la actividad social abre la puerta a excepciones. De acuerdo con Mara&#x00F1;&#x00F3;n: “… la mujer, <italic>como sexo-tipo</italic>, no debe trabajar, aunque en la realidad quepan muchas excepciones —infecundidad, solter&#x00ED;a, per&#x00ED;odos extramaternales de las madres— que poniendo a la hembra al margen de su sexualidad fundamental, la abran leg&#x00ED;timamente las puertas de las labores f&#x00ED;sicas”. Y continuaba: “... el ej&#x00E9;rcito de las que casadas, son est&#x00E9;riles; de las que voluntariamente rehuyen la uni&#x00F3;n sexual; y, por fin, de las mismas madres en los a&#x00F1;os que preceden a la maternidad y en los que la siguen, cuando el ciclo sexual ha terminado y los hijos, ya crecidos, se dispersan del hogar. <italic>Entonces el trabajo de la mujer, no s&#x00F3;lo es leg&#x00ED;timo, sino necesario”</italic> (Mara&#x00F1;&#x00F3;n, <xref ref-type="bibr" rid="CIT0015">1972</xref>, 306, 308).</p>
<p>En este punto, se hace necesario plantearnos una cuesti&#x00F3;n. ¿C&#x00F3;mo explica Mara&#x00F1;&#x00F3;n la realidad de aquellas mujeres que estaban realizando actividades sociales tradicionalmente reservadas a los hombres? Mara&#x00F1;&#x00F3;n lo va a explicar en el marco de su teor&#x00ED;a de la intersexualidad y la diferenciaci&#x00F3;n sexual:</p>
<p>“La cuesti&#x00F3;n queda, por el momento, resumida as&#x00ED;: <italic>La mujer de sexualidad normal, la de tipo medio</italic>, requiere, salvo los casos ‘de emergencia’, una cultura y una aplicaci&#x00F3;n social espec&#x00ED;ficamente femeninas; <italic>la mujer de sexo indiferenciado</italic>, que, en muchos de sus grados es tambi&#x00E9;n una mujer normal, tiene las aptitudes y, por tanto, las aplicaciones sociales de su peculiar sexualidad perfectamente indicadas en territorios vecinos a los de la actividad del var&#x00F3;n” (Mara&#x00F1;&#x00F3;n, <xref ref-type="bibr" rid="CIT0015">1972</xref>, 313).</p>
<p>Como dec&#x00ED;amos anteriormente, el programa feminista de Mara&#x00F1;&#x00F3;n se basaba en la diferenciaci&#x00F3;n como forma de acabar con la inferioridad de la mujer. Con sus palabras: “Hacer muy hombres a los hombres y muy mujeres a las mujeres. En esto estribar&#x00E1; la liberaci&#x00F3;n de &#x00E9;stas, y sobre este eje ha de construirse el programa del feminismo verdadero… y es evidente que, tanto para el progreso individual como por el auge colectivo del sexo, hay que empezar por sustituir este sentimiento de inferioridad por el cultivo, la diferenciaci&#x00F3;n y el ennoblecimiento de la feminidad por s&#x00ED; misma, purificada de todo virilismo, no convergiendo hacia &#x00E9;ste, sino paralela a &#x00E9;l” (Mara&#x00F1;&#x00F3;n, <xref ref-type="bibr" rid="CIT0015">1972</xref>, 294).</p> 
<p>Su teor&#x00ED;a de la diferenciaci&#x00F3;n sexual fue importante en la modernizaci&#x00F3;n del discurso de g&#x00E9;nero porque se bas&#x00F3; en la premisa de que las mujeres no eran inferiores a los hombres. De hecho, durante la d&#x00E9;cada de 1920 y 1930 el discurso m&#x00E9;dico, y Mara&#x00F1;&#x00F3;n ocup&#x00F3; un lugar prominente en este discurso, fue la fuente m&#x00E1;s influyente en la formulaci&#x00F3;n de los valores culturales que redefinieron la identidad femenina a trav&#x00E9;s de la maternidad (Nash, <xref ref-type="bibr" rid="CIT0017">1999</xref>, 26-34).</p>
</sec>
<sec id="S4">
			<title>4. EDUCACI&#x00D3;N SEXUAL Y DIFERENCIACI&#x00D3;N SOCIAL</title>
			<p>El tercer ensayo, <italic>Educaci&#x00F3;n sexual y diferenciaci&#x00F3;n social</italic>, nos va a permitir profundizar en algunos conceptos de la teor&#x00ED;a de la sexualidad de Mara&#x00F1;&#x00F3;n, fundamentalmente en los conceptos de bisexualidad inicial del organismo, la diferenciaci&#x00F3;n sexual como evoluci&#x00F3;n de esa bisexualidad inicial y la intersexualidad, como regresi&#x00F3;n o interrupci&#x00F3;n de esa evoluci&#x00F3;n normalizada. Una teor&#x00ED;a que recibe influencias, como ha se&#x00F1;alado Glick, de la biolog&#x00ED;a darwinista (Glick, <xref ref-type="bibr" rid="CIT0010">2005</xref>, 123-124).</p>
<p>Su posici&#x00F3;n de partida es la de la bisexualidad inicial de los organismos que &#x00E9;l plantea en estos t&#x00E9;rminos: “… es evidente que todo ser, es, en sus principios, bisexuado, y que s&#x00F3;lo posteriormente, en el curso de su desarrollo, se decide el sexo definitivo al que pertenecer&#x00E1; durante toda su existencia. Pero este sexo definitivo no es casi nunca absoluto, como acabo de decir: no es varonil sin mezcla de mujer, ni femenino sin mezcla de var&#x00F3;n” (Mara&#x00F1;&#x00F3;n, <xref ref-type="bibr" rid="CIT0015">1972</xref>, 326-327).</p>
<p>¿C&#x00F3;mo se va a producir esa diferenciaci&#x00F3;n sexual a partir de la bisexualidad inicial? Va a ser a lo largo de la ni&#x00F1;ez que, en palabras de Mara&#x00F1;&#x00F3;n, “... se puede ir siguiendo el trabajo de lenta imposici&#x00F3;n del sexo elegido sobre el derrotado…”, para llegar a la pubertad en la que “... el vencimiento de uno de los dos sexos sea absoluto y el otro se ense&#x00F1;oree definitivamente del esp&#x00ED;ritu y del cuerpo. En este trance puberal es muy frecuente que el muchacho adquiera, primero, ciertos acentos, f&#x00ED;sicos o ps&#x00ED;quicos, de feminidad, porque el sello viril es m&#x00E1;s tard&#x00ED;o que el femenino, y en tanto que aqu&#x00E9;l llega, la influencia contraria —la de mujer— asoma bajo la morfolog&#x00ED;a del adolescente”. El proceso contin&#x00FA;a durante la juventud y la madurez en la que “... la definici&#x00F3;n sexual alcanza su apogeo” (Mara&#x00F1;&#x00F3;n, <xref ref-type="bibr" rid="CIT0015">1972</xref>, 327). Esta teor&#x00ED;a de la diferenciaci&#x00F3;n sexual, como hemos se&#x00F1;alado, estaba influenciada por el evolucionismo darwinista.</p> 
<p>Como hab&#x00ED;a propuesto Darwin, la ontogenia requer&#x00ED;a que la bisexualidad primitiva se resolviera en un g&#x00E9;nero o en otro, tal como el hermafrodismo filogen&#x00E9;ticamente hab&#x00ED;a dado lugar al dimorfismo sexual. Sin embargo, la teor&#x00ED;a de la recapitulaci&#x00F3;n requer&#x00ED;a que todos los individuos, machos y hembras, llevaron dentro de ellos un doble del sexo opuesto, en una reminiscencia del primitivo y ancestral hermafroditismo. Mara&#x00F1;&#x00F3;n declar&#x00F3; que la gente que cre&#x00ED;a que pod&#x00ED;a mejorar su esp&#x00ED;ritu aisl&#x00E1;ndose del sexo opuesto estaban enga&#x00F1;&#x00E1;ndose, y que el aislamiento, dec&#x00ED;a Mara&#x00F1;&#x00F3;n: “… no puede liberarnos de la compa&#x00F1;&#x00ED;a de una representaci&#x00F3;n de ese otro sexo que hoy sabemos que va con nosotros… Esta noci&#x00F3;n del otro sexo dentro de nosotros mismos… es una conquista trascendental de la ciencia moderna” (Mara&#x00F1;&#x00F3;n, <xref ref-type="bibr" rid="CIT0015">1972</xref>, 325).</p>
<p>Para desarrollarse Mara&#x00F1;&#x00F3;n sosten&#x00ED;a, sin embargo, que el individuo deb&#x00ED;a sofocar el fantasma del otro sexo en &#x00E9;l mismo. Los homosexuales eran incapaces de realizar ese paso porque su desarrollo ontog&#x00E9;nico hab&#x00ED;a sido impedido (por lo general) por alg&#x00FA;n factor ex&#x00F3;geno, lo que ocasionaba una segregaci&#x00F3;n de g&#x00E9;nero sin resolver en estos individuos. La evoluci&#x00F3;n, vista siempre en el contexto de la recapitulaci&#x00F3;n, era un sistema explicativo completo para Mara&#x00F1;&#x00F3;n: explicaba el origen de la intersexualidad (a trav&#x00E9;s de la ley biogen&#x00E9;tica) a la vez que le permit&#x00ED;a predecir su final (Glick, <xref ref-type="bibr" rid="CIT0010">2005</xref>, 123-124). Su punto de vista era que la tendencia evolutiva era hacia una segregaci&#x00F3;n m&#x00E1;s categ&#x00F3;rica de los sexos y los tipos intersexuales (incluyendo los homosexuales) ser&#x00ED;an cada vez m&#x00E1;s raros en las poblaciones humanas.</p>
<p>Ayudar, pues, a la diferenciaci&#x00F3;n sexual se va a convertir para Mara&#x00F1;&#x00F3;n y para muchos autores de la &#x00E9;poca influidos por sus ideas, en uno de los elementos m&#x00E1;s importantes del programa de pedagog&#x00ED;a sexual. ¿C&#x00F3;mo articular esa pedagog&#x00ED;a psico-som&#x00E1;tica de la diferenciaci&#x00F3;n sexual? Veamos c&#x00F3;mo lo ilustra Mara&#x00F1;&#x00F3;n:</p> 
<p>“Es, pues, indudable, que en un muchacho cualquiera una educaci&#x00F3;n de tipo muy varonil estimular&#x00E1; el desarrollo no s&#x00F3;lo de sus h&#x00E1;bitos viriles… sino el desarrollo de su tejido espec&#x00ED;fico, de sus &#x00F3;rganos viriles, es decir de una condici&#x00F3;n anat&#x00F3;mica y permanente. A la vez, naturalmente, se dificultar&#x00E1; el desarrollo de sus elementos femeninos. E inversamente suceder&#x00E1; en una muchacha, seg&#x00FA;n se eduque o no en un ambiente de feminidad... El aumento, que hoy observamos, de muchachas con estigmas f&#x00ED;sicos de virilizaci&#x00F3;n... me parece, sin duda, debido al exceso de deporte, es decir, al abuso de una actividad viril” (Mara&#x00F1;&#x00F3;n, <xref ref-type="bibr" rid="CIT0015">1972</xref>, 337).</p>
<p>Y contin&#x00FA;a: “... hay, sobre todo, que reconocerle (a Freud) una gran cantidad de aportaciones indiscutibles al conocimiento del alma humana y una de ellas es &#x00E9;sta de haber se&#x00F1;alado la existencia y la importancia de la ambigüedad sexual, de la tendencia a la sexualidad pasiva y polimorfa del esp&#x00ED;ritu del ni&#x00F1;o… el ni&#x00F1;o es infinitamente sensible a la influencia educadora, desde este punto de vista del porvenir de su diferenciaci&#x00F3;n sexual” (Mara&#x00F1;&#x00F3;n, <xref ref-type="bibr" rid="CIT0015">1972</xref>, 338)<xref ref-type="fn" rid="NOTE0008">8</xref>.</p>
<p>El programa de pedagog&#x00ED;a psico-som&#x00E1;tica de la diferenciaci&#x00F3;n sexual se constitu&#x00ED;a, pues, en uno de los elementos renovadores del proyecto de reforma sexual. En palabras de Mara&#x00F1;&#x00F3;n:</p> 
<p>“Diferenciaci&#x00F3;n sexual. He aqu&#x00ED; el nudo del problema... la &#x00E9;tica humana no puede avanzar sin dejar resuelto el problema de los sexos, que es uno de los grandes obst&#x00E1;culos que entorpecen su progreso. El problema del sexo, mal entendido secularmente, llagado y podrido ahora, enturbia todos los aspectos de la vida. Los dogmas morales cl&#x00E1;sicos han perdido una parte de su eficacia; hay que tener el valor de decirlo. Peor a&#x00FA;n: en ocasiones se han hecho encubridores del pecado. Hay pues, que renovarlos a la luz de la ciencia, que es incapaz de subsistir a la moral pero que puede ayudarla, aclarando su camino” (Mara&#x00F1;&#x00F3;n, <xref ref-type="bibr" rid="CIT0015">1972</xref>, 344).</p>
</sec>
<sec id="S5">
			<title>5. CONCLUSIONES</title>
			<p>En Espa&#x00F1;a, durante el primer tercio del siglo XX, los m&#x00E9;dicos contribuyeron a dotar de autoridad y prestigio a un feminismo compatible con las ideas dominantes en la comunidad m&#x00E9;dica, en un esfuerzo consciente y continuado (Aresti, <xref ref-type="bibr" rid="CIT0003">2001</xref>, 236). Este proceso no solo se observa en la evoluci&#x00F3;n del fen&#x00F3;meno social e ideol&#x00F3;gico de la maternidad, sino que igualmente se observa en la gesti&#x00F3;n por parte de la medicina espa&#x00F1;ola del problema de las enfermedades ven&#x00E9;reas (Castej&#x00F3;n, <xref ref-type="bibr" rid="CIT0006">2004</xref>).</p>
<p>Para el caso de la maternidad, la mayor&#x00ED;a de los m&#x00E9;dicos estrecharon lazos con un feminismo “leg&#x00ED;timo”, que respetaba la diferencia sexual y la misi&#x00F3;n maternal de las mujeres. Sin embargo la existencia de otros feminismos, as&#x00ED; como las repercusiones sociales contradictorias de las teor&#x00ED;as cient&#x00ED;ficas y m&#x00E9;dicas, como las elaboradas por Mara&#x00F1;&#x00F3;n, condujeron a un escenario complejo y diverso a finales de la d&#x00E9;cada de 1920 y durante el periodo republicano.</p>
<p>A lo largo de estos tres ensayos, el eje vertebrador de las posiciones de Mara&#x00F1;&#x00F3;n acerca de la mujer, el hombre y sus roles en la sociedad, lo constituye la teor&#x00ED;a de la intersexualidad y la diferenciaci&#x00F3;n sexual, sustentada sobre su teor&#x00ED;a de las secreciones internas e influenciada por el evolucionismo darwinista, es decir, sobre la base de un determinismo biol&#x00F3;gico de base endocrinol&#x00F3;gica, que redefin&#x00ED;a y transformaba la feminidad y la masculinidad. Estas redefiniciones intentaban alejarse de la ambigüedad sexual, ante el temor a una desestabilizaci&#x00F3;n del orden sexual. Debemos recordar que la medicina es uno de los instrumentos m&#x00E1;s poderosos para naturalizar valores morales y, por tanto, para generar exclusi&#x00F3;n o rechazo (Jordanova, <xref ref-type="bibr" rid="CIT0012">1995</xref>).</p>
<p>Por tanto, entender las posiciones cient&#x00ED;ficas de Mara&#x00F1;&#x00F3;n en su contexto social y pol&#x00ED;tico, significa entender que bajo sus propuestas cient&#x00ED;ficas sexuales, articuladas en la teor&#x00ED;a de la intersexualidad y la diferenciaci&#x00F3;n sexual, operaban los factores sociales y culturales de la Espa&#x00F1;a de la d&#x00E9;cada de 1920 y los debates sobre la mujer y la sexualidad. En su posici&#x00F3;n como liberal, las tensiones entre la r&#x00ED;gida norma sexual cat&#x00F3;lica de la que proced&#x00ED;a y el movimiento de reforma sexual que apoyaba, le condujeron a la elaboraci&#x00F3;n de un programa te&#x00F3;rico en las que poder encajar sus tensiones entre tradici&#x00F3;n y reforma en el &#x00E1;mbito sexual<xref ref-type="fn" rid="NOTE0009">9</xref>. Sin dejar de mirar atr&#x00E1;s, a la tradici&#x00F3;n —pensemos, por ejemplo, en la noci&#x00F3;n de la mujer como una forma adolescente de hombre o como un ser dise&#x00F1;ado para roles pasivos y maternales y no para roles activos o pol&#x00ED;ticos—, Mara&#x00F1;&#x00F3;n intenta flexibilizar el r&#x00ED;gido cors&#x00E9; que la Iglesia Cat&#x00F3;lica hab&#x00ED;a impuesto a la sociedad espa&#x00F1;ola de su tiempo en materia sexual. Este programa contaba con componentes esenciales de continuidad y otros, no menos trascendentales, de ruptura con las concepciones tradicionales. Un ejemplo ilustrativo ser&#x00ED;a, por ejemplo, que su teor&#x00ED;a ofrec&#x00ED;a una explicaci&#x00F3;n a las demostraciones de capacidad femeninas, sin alterar sustancialmente los valores atribuibles a cada sexo (Aresti, <xref ref-type="bibr" rid="CIT0003">2001</xref>, 129-130).</p>
<p>Esta tensi&#x00F3;n y ambivalencia se rastrea en sus opiniones sobre la anticoncepci&#x00F3;n, la maternidad consciente, los roles sociales de g&#x00E9;nero, as&#x00ED; como sobre la posibilidad de una sexualidad m&#x00E1;s all&#x00E1; de la procreaci&#x00F3;n. Rama ha subrayado estos rasgos al colocar a Mara&#x00F1;&#x00F3;n entre los miembros de “la tercera Espa&#x00F1;a neutralista” que ante la situaci&#x00F3;n creada por la Guerra Civil tienden pasivamente o activamente a eludir el conflicto, adoptando una actitud neutral ante los dos bandos en lucha y decidiendo establecerse en pa&#x00ED;ses vecinos a Espa&#x00F1;a durante el conflicto (Rama, <xref ref-type="bibr" rid="CIT0021">1976</xref>).</p>
<p>Los <italic>Tres ensayos sobre la vida sexual</italic> de Mara&#x00F1;&#x00F3;n muestran la enorme riqueza del debate sobre la mujer y la sexualidad que florec&#x00ED;a en la Espa&#x00F1;a de la d&#x00E9;cada de 1920, antesala de los procesos transformadores que la II Rep&#x00FA;blica hizo so&#x00F1;ar a amplios sectores sociales del pa&#x00ED;s. Estos progresos renovadores, abocados al abismo de la Guerra Civil por el ej&#x00E9;rcito insurrecto, terminaron con la reinstauraci&#x00F3;n de un estado autoritario. Tras la vuelta de Mara&#x00F1;&#x00F3;n a Espa&#x00F1;a, en 1943, en el contexto de la posguerra, la voz de Mara&#x00F1;&#x00F3;n en estos temas se silenci&#x00F3;. Era un tiempo de silencio.</p>
</sec>

</body>

<back>
		
	<sec id="notas">
     <title>NOTAS</title>
     <fn-group>
      <fn id="NOTE0001"><label>1</label><p>Esta autora atribuye a Mara&#x00F1;&#x00F3;n un papel central en la redefinici&#x00F3;n de los ideales de g&#x00E9;nero durante los a&#x00F1;os veinte y treinta (Aresti, <xref ref-type="bibr" rid="CIT0003">2001</xref>, 116). M&#x00E1;s all&#x00E1; de la importante visibilidad p&#x00FA;blica que las opiniones y teor&#x00ED;as de Mara&#x00F1;&#x00F3;n tuvieron, me parece m&#x00E1;s adecuado situar a Mara&#x00F1;&#x00F3;n como un prominente y di&#x00E1;fano ejemplo del “esencialismo biol&#x00F3;gico” que vino a reemplazar a los criterios religiosos como el elemento clave en la construcci&#x00F3;n de la diferenciaci&#x00F3;n de g&#x00E9;nero a principios del siglo XX en Espa&#x00F1;a (Nash, <xref ref-type="bibr" rid="CIT0017">1999</xref>, 32-33).</p></fn>
	  <fn id="NOTE0002"><label>2</label><p>Una aportaci&#x00F3;n colectiva reciente a la historia de la sexualidad en la Espa&#x00F1;a contempor&#x00E1;nea en Guere&#x00F1;a, <xref ref-type="bibr" rid="CIT0011">2011</xref>.</p></fn>
	  <fn id="NOTE0003"><label>3</label><p>Laqueur afirma que hasta finales del siglo XVII la explicaci&#x00F3;n dominante de los sexos situaba a hombres y mujeres en una relaci&#x00F3;n de continuidad y no de diferencia biol&#x00F3;gica fundamental (Laqueur, <xref ref-type="bibr" rid="CIT0013">1994</xref>).</p></fn>
	  <fn id="NOTE0004"><label>4</label><p>En su obra Estado actual de la doctrina de las secreciones internas, publicada en 1922, hac&#x00ED;a expl&#x00ED;cita la relaci&#x00F3;n entre la diferenciaci&#x00F3;n sexual y la acci&#x00F3;n sexo-espec&#x00ED;fica de las hormonas (Cleminson y V&#x00E1;zquez, <xref ref-type="bibr" rid="CIT0007">2009</xref>, 646).</p></fn>
	  <fn id="NOTE0005"><label>5</label><p>Mara&#x00F1;&#x00F3;n, <xref ref-type="bibr" rid="CIT0015">1972</xref>, 330. Para la incorporaci&#x00F3;n por parte de Mara&#x00F1;&#x00F3;n de los debates que desde la d&#x00E9;cada de 1920 cuestionaban la idea dual&#x00ED;stica de lo masculino y lo femenino como claros estados hormonales definidos, v&#x00E9;ase Cleminson y V&#x00E1;zquez, <xref ref-type="bibr" rid="CIT0007">2009</xref>. Los debates se iniciaron a partir del trabajo de Ofried Fellner en 1921 y de otros trabajos publicados por bioqu&#x00ED;micos holandeses en 1927. En La evoluci&#x00F3;n de la sexualidad y los estados intersexuales (la primera edici&#x00F3;n, 1929, fue titulada Los estados intersexuales de la especie humana, la 2ª edici&#x00F3;n de 1930, ya incorporaba este t&#x00ED;tulo, as&#x00ED; como la edici&#x00F3;n francesa de 1931. He utilizado la 2ª edici&#x00F3;n como aparece en las obras completas, 1972), Mara&#x00F1;&#x00F3;n se&#x00F1;ala: “Es sabido que Frank y su escuela han demostrado la presencia de la hormona femenina en la sangre de la mujer. Pero Dohrn, Hirsch, Ascheim y otros han encontrado la misma hormona en la sangre y en la orina del macho. Frank y los suyos, que han comprobado estos hallazgos, los interpretan como la posible demostraci&#x00F3;n qu&#x00ED;mica de la intersexualidad, de la producci&#x00F3;n de hormonas femeninas en el hombre, y se proponen investigar este hecho en los hombres homosexuales”. Los trabajos a los que hace menci&#x00F3;n Mara&#x00F1;&#x00F3;n fueron publicados entre 1927 y 1928.</p></fn>
	  <fn id="NOTE0006"><label>6</label><p>Para una cr&#x00ED;tica a la tradici&#x00F3;n esencialista, por ejemplo, Weeks, <xref ref-type="bibr" rid="CIT0025">1998</xref>.</p></fn>
	  <fn id="NOTE0007"><label>7</label><p>Para las campa&#x00F1;as contra la mortalidad infantil en el siglo XIX y XX en Espa&#x00F1;a, resultan indispensables los trabajos de Rodr&#x00ED;guez Oca&#x00F1;a, <xref ref-type="bibr" rid="CIT0022">1996</xref>, <xref ref-type="bibr" rid="CIT0023">2001</xref>, <xref ref-type="bibr" rid="CIT0024">2006</xref>.</p></fn>
	  <fn id="NOTE0008"><label>8</label><p>Glick comenta la amplia discusi&#x00F3;n sobre la relaci&#x00F3;n ambivalente de Mara&#x00F1;&#x00F3;n con Freud. Para Glick, los puntos de vista de Mara&#x00F1;&#x00F3;n sobre el g&#x00E9;nero estaban muy condicionados por algunos elementos clave de la biolog&#x00ED;a darwinista. Una fuente de la que Freud tambi&#x00E9;n beb&#x00ED;a (Glick, <xref ref-type="bibr" rid="CIT0010">2005</xref>, 123).</p></fn>
	  <fn id="NOTE0009"><label>9</label><p>Sobre una discusi&#x00F3;n acerca de si Mara&#x00F1;&#x00F3;n ampli&#x00F3; o no los m&#x00E1;rgenes de lo “normal”/patol&#x00F3;gico en relaci&#x00F3;n con las expresiones de la sexualidad, v&#x00E9;ase Cleminson y V&#x00E1;zquez, <xref ref-type="bibr" rid="CIT0007">2009</xref>, nota 80.</p></fn>
	  
      
     </fn-group>
	</sec>
	
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	<title>BIBLIOGRAF&#x00CD;A</title>
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