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			<journal-id journal-id-type="publisher-id">ARBOR</journal-id>
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				<journal-title>ARBOR Ciencia, Pensamiento y Cultura</journal-title>
				<abbrev-journal-title>ARBOR</abbrev-journal-title>
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			<issn pub-type="epub">0210-1963</issn>
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				<publisher-name>Consejo Superior de Investigaciones Cient&#x00ED;ficas</publisher-name>
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			 <article-id pub-id-type="publisher-id">arbor.2013.759n1006</article-id>
			 <article-id pub-id-type="doi">10.3989/arbor.2013.759n1006</article-id>
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		<subject>GREGORIO MARA&#x00D1;&#x00D3;N Y POSADILLO (1887-1960). CINCUENTA A&#x00D1;OS DESPU&#x00C9;S</subject>
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			  <article-title>MARA&#x00D1;&#x00D3;N COMO MODELO</article-title>
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		<trans-title>MARA&#x00D1;&#x00D3;N AS A MODEL</trans-title>
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		<alt-title alt-title-type="running-head">MARA&#x00D1;&#x00D3;N COMO MODELO</alt-title>
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				 <surname>Gracia</surname>
				 <given-names>Diego</given-names>
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			  <aff id="U1">Doctor en Medicina. Catedr&#x00E1;tico de Historia de la Medicina y Bio&#x00E9;tica. Facultad de Medicina. Universidad Complutense de Madrid</aff>
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		<corresp id="cor1">e-mail: <email xlink:href="dmgg@med.ucm.es">dmgg@med.ucm.es</email>
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		<pub-date pub-type="collection">
		<year>2013</year>
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		<volume>189</volume>
		<issue>759</issue>
		
		<elocation-id content-type="doi">10.3989/arbor.2013.759n1006</elocation-id>
		
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		<license-p>Este es un art&#x00ED;culo de acceso abierto distribuido bajo los t&#x00E9;rminos de la licencia Creative Commons Attribution-Non Commercial (by-nc) Spain 3.0.</license-p>
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		<abstract xml:lang="es">
		<title>RESUMEN</title>
		<p>Mara&#x00F1;&#x00F3;n ha pasado a la historia del siglo XX como arquetipo, debido a su actitud coherente y a su “talante liberal”. Mara&#x00F1;&#x00F3;n fue, sobre todo, un moralista en el sentido kantiano. Una persona aut&#x00F3;noma que no se rigi&#x00F3; por criterios externos, sino por deber; un convencido del papel transformador de las ciencias positivas en pos de una sociedad m&#x00E1;s feliz y m&#x00E1;s justa gracias a una profunda reforma intelectual. Mara&#x00F1;&#x00F3;n, como Fernando de los R&#x00ED;os, integr&#x00F3; krausismo, neokantismo y socialismo y desde esa plataforma ideol&#x00F3;gica, propugn&#x00F3; el necesario cambio moral del pueblo espa&#x00F1;ol.</p>
		</abstract>
		<trans-abstract xml:lang="en">
		<title>ABSTRACT</title>
		<p>As a result of his consistent attitude as citizen and doctor and his “liberal spirit”, Mara&#x00F1;&#x00F3;n has gone down in the history of the twentieth century as an archetype. Mara&#x00F1;&#x00F3;n was, above all, a moralist in the Kantian sense, an autonomous person not governed by external criteria but by duty; a thinker convinced of the transforming role of the positive sciences, towards a happier and more just society through a deep intellectual reform. Mara&#x00F1;&#x00F3;n, like Fernando de los Rios, integrated Kraussism, neo-Kantianism and socialism and from this ideological platform sought the necessary moral change in the Spanish people.</p>
		</trans-abstract>
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			<title>PALABRAS CLAVE</title>
			<kwd>Mara&#x00F1;&#x00F3;n y Posadillo, Gregorio</kwd>
			<kwd>&#x00E9;tica y medicina</kwd>
			<kwd>&#x00E9;tica y pol&#x00ED;tica</kwd>
			<kwd>pensamiento liberal</kwd>
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			<title>KEYWORDS</title>
			<kwd>Mara&#x00F1;&#x00F3;n y Posadillo, Gregorio</kwd>
			<kwd>ethics and medicine</kwd>
			<kwd>ethics and politics</kwd>
			<kwd>liberal thought</kwd>
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		<sec id="S1">
			<title> </title>
			<p>Mara&#x00F1;&#x00F3;n es una de esas pocas personas que han pasado a la historia del siglo XX espa&#x00F1;ol como arquetipo. Por eso forma parte del esp&#x00ED;ritu colectivo de nuestra sociedad, y por eso tambi&#x00E9;n se le recuerda una y otra vez. Y si se preguntara a los ciudadanos por qu&#x00E9; creen que Mara&#x00F1;&#x00F3;n es un arquetipo, o cu&#x00E1;les son sus notas fundamentales, muy probablemente responder&#x00ED;an que por su “talante”. No es decir mucho, pero s&#x00ED; algo significativo. Mara&#x00F1;&#x00F3;n ha pasado a la historia como prototipo de un talante muy peculiar: el de una persona liberal, tolerante, culta, respetuosa, sensata, muy preocupada por el ser humano, amante de la verdad e investigador de los secretos de la naturaleza humana, m&#x00E9;dico humano, preocupado por sus enfermos, europe&#x00ED;sta convencido. ¿No es todo esto admirable? Muchas de las cosas que Mara&#x00F1;&#x00F3;n escribi&#x00F3; o dijo ya no conservan vigencia. La medicina ha avanzado de modo pasmoso en estos &#x00FA;ltimos cincuenta a&#x00F1;os, los que nos separan de su desaparici&#x00F3;n f&#x00ED;sica, la endocrinolog&#x00ED;a ya no es lo que era, y as&#x00ED; tantas otras cosas. El tiempo hace que en la vida de las personas se vaya diferenciando, cada vez con mayor claridad, lo que es coyuntural, eso que pasa con el tiempo para nunca m&#x00E1;s volver, y lo que tiene car&#x00E1;cter permanente. Hoy vemos con claridad qu&#x00E9; es lo vivo y lo muerto de la vida y la obra de Mara&#x00F1;&#x00F3;n. En muchos personajes el tiempo se traga todo, hasta el punto de que su figura se esfuma, desaparece en la oscuridad del pasado. En otros, cerne una parte de su personalidad, la contingente, la pasajera, la coyuntural, dejando en primer plano la permanente, la intemporal. Dir&#x00ED;ase que el tiempo selecciona lo imperecedero de las personas o de los personajes, hace una labor de limpieza, de modo que la figura resultante es m&#x00E1;s pura, de m&#x00E1;s n&#x00ED;tidos perfiles, m&#x00E1;s esencial. No es el mismo el individuo de carne y hueso, que naci&#x00F3; y muri&#x00F3; en un cierto momento, que aquel que pasa a los anales de la historia. De alg&#x00FA;n modo cabe decir que este segundo es, por parad&#x00F3;jico que parezca, m&#x00E1;s real que el primero.</p> 
		</sec>
<sec id="S2">
			<title>LOS MODELOS DE MARA&#x00F1;&#x00D3;N</title>
			<p>La tesis que voy a defender es que Mara&#x00F1;&#x00F3;n fue sobre todo un moralista, y adem&#x00E1;s un moralista en sentido kantiano. Esto no tiene nada de extra&#x00F1;o, habida cuenta de la importancia del neokantismo en el pensamiento europeo, sobre todo alem&#x00E1;n, y tambi&#x00E9;n en el conjunto de pensadores espa&#x00F1;oles, contempor&#x00E1;neos de Mara&#x00F1;&#x00F3;n, que influyeron en &#x00E9;l decisivamente. No es que Mara&#x00F1;&#x00F3;n fuera un lector directo y sistem&#x00E1;tico de Kant y de los idealistas alemanes, o de los neokantianos de Marburgo, Cohen o Natorp. No es as&#x00ED;. Mara&#x00F1;&#x00F3;n no fue un fil&#x00F3;sofo, ni tampoco mostr&#x00F3; especial inter&#x00E9;s por la filosof&#x00ED;a pura. Las influencias las recibi&#x00F3; de modo colateral, por &#x00F3;smosis desde fuentes que le eran muy pr&#x00F3;ximas y a las que prestaba enorme atenci&#x00F3;n. Como tel&#x00F3;n de fondo hay que situar el idealismo krausista de la Instituci&#x00F3;n Libre de Ense&#x00F1;anza, cuya estricta moral del deber derivaba directamente de la kantiana. Mara&#x00F1;&#x00F3;n la vio realizada en personajes como Patricio de Azc&#x00E1;rate, Juli&#x00E1;n Sanz del R&#x00ED;o, Fernando de Castro, Francisco Giner de los R&#x00ED;os o Gumersindo de Azc&#x00E1;rate. M&#x00E1;s pr&#x00F3;ximos a &#x00E9;l, Ortega y Gasset, que sin duda fue su inspiraci&#x00F3;n fundamental a lo largo de toda la vida, y junto a &#x00E9;l los neokantianos de la Facultad de Filosof&#x00ED;a de Madrid, en especial Morente y Besteiro. Y, en fin, los santones laicos de la izquierda pol&#x00ED;tica e intelectual espa&#x00F1;ola, como el propio Besteiro, o Fernando de los R&#x00ED;os, sobrino de Giner, el hombre en que convergen krausismo, neokantismo y socialismo.</p>
<p>Decir que fue un neokantiano en &#x00E9;tica supone afirmar que puso como norte de su vida el ser una persona aut&#x00F3;noma y regirse, no por criterios heter&#x00F3;nomos, venidos de fuera, sino por deber, como Kant ense&#x00F1;&#x00F3; y aceptaron todos los movimientos poskantianos, y supone tambi&#x00E9;n creer que la ciencia positiva ha de jugar un papel fundamental en la construcci&#x00F3;n del reino de los fines kantiano, la sociedad sin clases propugnada por el socialismo, pero conseguida no por la v&#x00ED;a de la lucha de clases sino por la de la moral kantiana. Frente al socialismo dial&#x00E9;ctico marxista, lo que el neokantismo propuso fue un socialismo moral, basado en la reforma de las costumbres y la promoci&#x00F3;n de la autonom&#x00ED;a de las personas.</p>
<p>De esta toma de posici&#x00F3;n inicial, derivaron muchas y muy importantes consecuencias, no s&#x00F3;lo en Mara&#x00F1;&#x00F3;n, pero tambi&#x00E9;n en &#x00E9;l. Una, fundamental, es que consider&#x00F3; necesario combatir, no s&#x00F3;lo en su persona sino tambi&#x00E9;n en su pueblo, en Espa&#x00F1;a, la inercia de las morales heter&#x00F3;nomas, en nuestro medio representadas paradigm&#x00E1;ticamente por la moral eclesi&#x00E1;stica. Esto le llev&#x00F3; a buscar la reforma de la cultura y de la pol&#x00ED;tica espa&#x00F1;olas, luchando por desterrar de nuestro medio los h&#x00E1;bitos ancestrales basados en el despotismo, la obediencia sumisa, la ignorancia, el caciquismo, el sometimiento, la culpabilizaci&#x00F3;n y la pobreza. Como los fil&#x00F3;sofos neokantianos alemanes, y como en la Espa&#x00F1;a de principios de siglo pregonaba Ortega, Mara&#x00F1;&#x00F3;n crey&#x00F3; que la revoluci&#x00F3;n que necesitaba nuestro pueblo era antes que nada moral. Parejas a ella eran la reforma intelectual, en la que el concepto de ciencia cobraba un papel nuevo y revolucionario, y la social, mediante la promoci&#x00F3;n de la justicia. Todo esto necesitaba un cauce para su realizaci&#x00F3;n, y ese no pod&#x00ED;a ser otro que el pol&#x00ED;tico. De ah&#x00ED; el inter&#x00E9;s de todos estos personajes, y concretamente de Mara&#x00F1;&#x00F3;n, por la pol&#x00ED;tica. Pero no nos equivoquemos. Mara&#x00F1;&#x00F3;n no fue, como tampoco lo fue Ortega, un pol&#x00ED;tico. Fue un moralista, o como quiz&#x00E1; preferir&#x00ED;a &#x00E9;l que se le denominase, un intelectual. Igual que los fil&#x00F3;sofos neokantianos. Lo mismo que Ortega.</p>
</sec>
<sec id="S3">
			<title>LA LUCHA CONTRA UN PASADO MORALMENTE INASUMIBLE</title>
			<p>La defensa de esta tesis tiene necesariamente dos partes. Una primera es negativa. Se trata de las cosas que obliga a rechazar. Son muchas, sobre todo en un pa&#x00ED;s con la historia y la tradici&#x00F3;n de Espa&#x00F1;a. La defensa de un ser humano emancipado, aut&#x00F3;nomo, exige luchar contra todos aquellos que han exigido, precisamente por imperativos &#x00E9;ticos, la obediencia sumisa, ciega, a la autoridad, tanto civil como eclesi&#x00E1;stica, la infantilizaci&#x00F3;n de las gentes, el paternalismo, la ignorancia, el desprecio de la modernidad, de Europa, de la ciencia, de la libertad, del esp&#x00ED;ritu liberal. Es preciso montar una impresionante cruzada contra la supercher&#x00ED;a, la superstici&#x00F3;n, la falta de esp&#x00ED;ritu cr&#x00ED;tico. Esto es lo que Mara&#x00F1;&#x00F3;n busc&#x00F3; en todas sus empresas, y lo que puede verse en varios de sus estudios, a la cabeza de todos los que dedica a figuras que se han distinguido y han sufrido por hacer esto mismo que &#x00E9;l pretende, como Luis Vives o el padre Feij&#x00F3;o. Utilizando la met&#x00E1;fora m&#x00E9;dica, tan del gusto de Mara&#x00F1;&#x00F3;n, cabe decir que Espa&#x00F1;a est&#x00E1; enferma, en el sentido etimol&#x00F3;gico del vocablo, es decir, falta de firmeza, d&#x00E9;bil, infantilizada, sin fe en s&#x00ED; misma y en las posibilidades de la raz&#x00F3;n y el trabajo humanos. Anda desorientada, como un ni&#x00F1;o peque&#x00F1;o que busca la salida en figuras paternas omnipotentes. Esa es la fe que deposita en la jerarqu&#x00ED;a eclesi&#x00E1;stica, y esa es tambi&#x00E9;n la que ha deteriorado la vida pol&#x00ED;tica espa&#x00F1;ola desde la &#x00E9;poca de la Restauraci&#x00F3;n, primero con un simulacro de democracia, despu&#x00E9;s con la dictadura de Primo de Rivera. Espa&#x00F1;a es un enfermo que necesita de una cura radical. Y esta no puede venir m&#x00E1;s que de la emancipaci&#x00F3;n no s&#x00F3;lo pol&#x00ED;tica, sino cultural y espiritual del pa&#x00ED;s; es decir, de un cambio moral que permita romper decididamente amarras con la heteronom&#x00ED;a que la ha consumido a lo largo de los siglos y que haga posible el surgimiento de una ciudadan&#x00ED;a sana, adulta y aut&#x00F3;noma.</p>
<p>Esto tiene graves consecuencias en muchos &#x00E1;mbitos de la vida humana. Uno que Mara&#x00F1;&#x00F3;n explor&#x00F3; repetidamente fue el de la sexualidad. En 1926 public&#x00F3; su libro <italic>Tres ensayos sobre la vida sexual</italic>, en el que, entre otras cosas, llamaba la atenci&#x00F3;n sobre la correlaci&#x00F3;n positiva existente entre n&#x00FA;mero de hijos y mortalidad infantil, especialmente en las clases populares. La evidencia le parec&#x00ED;a tan escandalosa, que habl&#x00F3; de la obligaci&#x00F3;n de los padres de no traer hijos al mundo que no pudieran alimentar y educar adecuadamente. Lo dem&#x00E1;s le parec&#x00ED;a irresponsable, inmoral. Y como remedio a ello, propugn&#x00F3; la eugenesia, entendida de acuerdo con las creencias de cada cual. “Hay una eugenesia cat&#x00F3;lica, que es la misma, en su noble fin, que la de aquellos que comulgan en cualquier otra religi&#x00F3;n; y la misma de los que viven fuera de las confesiones religiosas. Lo que var&#x00ED;a es el camino para llegar a ella. En unos, en los laicos, ser&#x00E1; su cumplimiento un simple m&#x00E9;todo cient&#x00ED;fico. En otros, en los que viven en religi&#x00F3;n, ser&#x00E1; un sacrificio penoso del instinto […] Lo que no puede admitirse es, so pretexto de no pecar, traer al mundo a una serie de entes ineducados y enfermos, que son ya pecados vivos contra la Naturaleza” (Mara&#x00F1;&#x00F3;n, <xref ref-type="bibr" rid="CIT0006">1973</xref>, 43). La reacci&#x00F3;n fue tremenda. “Se tach&#x00F3; al libro —y a su autor— de inmoral y disolvente. Doctos pero ligeros moralistas prohibieron su lectura” (Mara&#x00F1;&#x00F3;n, <xref ref-type="bibr" rid="CIT0006">1973</xref>, 41). Mara&#x00F1;&#x00F3;n se opone a ellos: “Todo esto, ¿puede ser inmoral? Gentes solemnes y engoladas nos dicen que s&#x00ED;. Pero ¿qu&#x00E9; pueden importarnos las patentes de moral de los moralistas con alma de sepulcro, muchas veces ni siquiera blanqueado por fuera?” (Mara&#x00F1;&#x00F3;n, <xref ref-type="bibr" rid="CIT0006">1973</xref>, 46).</p>
<p>Si la reforma moral de Mara&#x00F1;&#x00F3;n ten&#x00ED;a una parte negativa, el combate contra toda forma de heteronom&#x00ED;a moral, necesariamente hab&#x00ED;a de tener tambi&#x00E9;n otra positiva. No se trataba s&#x00F3;lo de luchar contra lo negativo, sino tambi&#x00E9;n de construir, de edificar sobre las ruinas. Y esta parte positiva en Mara&#x00F1;&#x00F3;n, lo mismo que en Ortega, tiene un nombre. Este es el de “liberalismo”. Hay que infundir en el pueblo espa&#x00F1;ol un nuevo esp&#x00ED;ritu, el esp&#x00ED;ritu liberal. De hecho, esta es la parte de Mara&#x00F1;&#x00F3;n que hoy sigue vigente, viva, que sigue interesando, porque es tan actual hoy como entonces. Frente al esp&#x00ED;ritu m&#x00E1;s cl&#x00E1;sico en la historia espa&#x00F1;ola, el contrarreformista, el inquisitorial, el dictatorial, el de “sostenella y no enmendalla”, el “que inventen ellos”, el opuesto a Europa, a la democracia y a la ciencia; frente a ellos, el “esp&#x00ED;ritu liberal”. Mara&#x00F1;&#x00F3;n ha sido y sigue siendo uno de los modelos, de los paradigmas de lo que significa ser liberal en la Espa&#x00F1;a del siglo XX. Muchas otras cosas de su vida y de su obra han pasado, pero esta permanece viva y es, quiz&#x00E1;, su m&#x00E1;xima aportaci&#x00F3;n hist&#x00F3;rica. De ah&#x00ED; que debamos analizarla con un cierto cuidado.</p>
</sec>
<sec id="S4">
			<title>EL MODELO CL&#x00C1;SICO: LIBERALIDAD Y MAGNANIMIDAD</title>
			<p>Liberal es t&#x00E9;rmino de larga historia. Si no se analiza &#x00E9;sta en detalle, es muy probable que acabe por no entenderse, o que se entienda torcidamente. Es frecuente pensar que su sentido primario es el pol&#x00ED;tico, pero esto no es as&#x00ED;. El t&#x00E9;rmino liberal tuvo sentido moral mucho antes de que lo adquiriera pol&#x00ED;tico. De hecho, y como es bien sabido, la acepci&#x00F3;n pol&#x00ED;tica del sustantivo “liberal” naci&#x00F3; en las Cortes de C&#x00E1;diz, y desde ah&#x00ED; se extendi&#x00F3; por todo el mundo. Pero la palabra liberal ten&#x00ED;a ya muchos siglos de vigencia en las lenguas derivadas del lat&#x00ED;n.</p>
<p>El vocablo liberal procede del sustantivo latino <italic>liber</italic>, que designa una condici&#x00F3;n o estado, el de persona libre, a diferencia de esclava, y tambi&#x00E9;n un modo de ser, el propiciado por la educaci&#x00F3;n en las llamadas artes liberales. Eso permite entender que en el lat&#x00ED;n cl&#x00E1;sico, el adjetivo <italic>liberalis</italic> tuviera el sentido de noble, educado, honorable, ingenioso, gracioso, generoso. De hecho, funcion&#x00F3; como sin&#x00F3;nimo de <italic>generosus</italic>. Por su parte, <italic>liberalitas</italic> signific&#x00F3; un modo de pensar y de comportarse caracterizado por la generosidad, la afabilidad, la educaci&#x00F3;n y la nobleza de esp&#x00ED;ritu, en suma, la personalidad abierta y comprensiva. Sin&#x00F3;nimos suyos fueron <italic>bonitas, beneficentia</italic> y <italic>benignitas</italic>. En <italic>De officiis</italic>, Cicer&#x00F3;n habla de la <italic>beneficentia, quam eandem vel benignitatem vel liberalitatem appellari licet.</italic> La liberalidad es, pues, primariamente un modo de ser, un car&#x00E1;cter, una condici&#x00F3;n.</p>
<p>Este sentido amplio del t&#x00E9;rmino <italic>liberalitas</italic> fue restringi&#x00E9;ndose con el paso del tiempo, y en el lat&#x00ED;n medieval su espacio sem&#x00E1;ntico qued&#x00F3; reducido al uso razonable y prudente del dinero, de tal modo que por persona liberal se entend&#x00ED;a aquella que no era avara o ego&#x00ED;sta en la gesti&#x00F3;n de sus bienes econ&#x00F3;micos, pero tampoco pr&#x00F3;diga, de tal modo que los malgastara. El sentido de liberalidad como generosidad en el uso de los bienes econ&#x00F3;micos se encuentra en el lat&#x00ED;n cl&#x00E1;sico, pero en el medieval se convierte en el fundamental. La liberalidad era la virtud de la gesti&#x00F3;n prudente de los bienes econ&#x00F3;micos. Este sentido restrictivo lleg&#x00F3; a la teolog&#x00ED;a moral medieval a partir del griego <italic>eleutheri&#x00F3;tes</italic>, y m&#x00E1;s en concreto del espl&#x00E9;ndido cap&#x00ED;tulo con que Arist&#x00F3;teles inici&#x00F3; el libro cuarto de la <italic>&#x00C9;tica a Nic&#x00F3;maco</italic>. Lo que en &#x00E9;l estaba intentando Arist&#x00F3;teles era definir algunas de las principales virtudes morales, que como hab&#x00ED;a explicado antes, consisten siempre en el t&#x00E9;rmino medio entre dos extremos viciosos. Pues bien, esa virtud que denomina <italic>eleutheri&#x00F3;tes</italic>, es el t&#x00E9;rmino medio entre dos vicios en el manejo de los bienes econ&#x00F3;micos y el dinero, que son la avaricia y la prodigalidad. Es interesante que alguno de los mejores traductores modernos no hayan elegido como traducci&#x00F3;n de ese t&#x00E9;rmino griego el que parecer&#x00ED;a m&#x00E1;s l&#x00F3;gico en castellano, el de liberalidad, sino “generosidad”. Ello es debido a que el t&#x00E9;rmino liberal, en las lenguas derivadas del lat&#x00ED;n, no ha perdido nunca ese sentido m&#x00E1;s amplio de persona de buena condici&#x00F3;n, de condici&#x00F3;n generosa en todos los aspectos de la vida y no s&#x00F3;lo en el econ&#x00F3;mico. Esto se ve muy claramente analizando su significado en los autores espa&#x00F1;oles del siglo de oro. En cualquier caso, en la literatura teol&#x00F3;gico-moral bajomedieval, el sentido del t&#x00E9;rmino <italic>liberalitas</italic> es el estricto de gesti&#x00F3;n prudente de los bienes econ&#x00F3;micos, opuesta a la avaricia. As&#x00ED; aparece, por ejemplo, en la <italic>Suma Teol&#x00F3;gica</italic> de Tom&#x00E1;s de Aquino (Tom&#x00E1;s de Aquino, <xref ref-type="bibr" rid="CIT0010">1963</xref>, q. 117).</p>
<p>¿Cu&#x00E1;l ser&#x00ED;a, de entre las virtudes analizadas por Arist&#x00F3;teles en la <italic>&#x00C9;tica a Nic&#x00F3;maco</italic>, la m&#x00E1;s cercana al concepto amplio de liberalidad como condici&#x00F3;n generosa de un ser humano? A mi modo de ver hay una, que Arist&#x00F3;teles expone poco despu&#x00E9;s, sin duda porque la ve emparentada con la anterior. Su nombre es <italic>megalopsych&#x00ED;a</italic>, t&#x00E9;rmino que se tradujo al lat&#x00ED;n por magnanimitas y por tanto al espa&#x00F1;ol por <italic>magnanimidad</italic>. Hoy esta palabra es pr&#x00E1;cticamente un arca&#x00ED;smo en nuestra lengua, y por eso conviene aclarar su sentido ateni&#x00E9;ndonos a su etimolog&#x00ED;a. <italic>Megalopsych&#x00ED;a</italic> significa persona de mente amplia, y esto es lo que se tradujo literalmente al lat&#x00ED;n como persona de <italic>magnus animus</italic>, es decir, de gran coraz&#x00F3;n o de mente amplia. &#x00C9;sta es la persona liberal en el sentido amplio del t&#x00E9;rmino. El propio Arist&#x00F3;teles tiene claro que no se puede ser liberal en sentido estricto, es decir, en la gesti&#x00F3;n de los bienes econ&#x00F3;micos, si no se es tambi&#x00E9;n liberal en la gesti&#x00F3;n de los otros bienes, los espirituales, o si no se tiene una concepci&#x00F3;n liberal y generosa de la vida, es decir, si se carece de mente amplia y de gran coraz&#x00F3;n.</p>
<p>Veamos c&#x00F3;mo lo razona Arist&#x00F3;teles. La liberalidad o generosidad es la virtud del recto uso del dinero y las riquezas. El dinero tiene valor de “uso”, y por tanto pertenece a los bienes de “utilidad” (Arist&#x00F3;teles, <xref ref-type="bibr" rid="CIT0001">1970</xref>, 1120 a 4-5). De hecho, es la unidad de medida de las cosas que tienen uso, y que por tanto son &#x00FA;tiles (Arist&#x00F3;teles, <xref ref-type="bibr" rid="CIT0001">1970</xref>, 1133 a 5-b 29). Pero no todos los bienes son de utilidad, ni pueden medirse en unidades monetarias. Hay cosas que no se las mide por su valor de uso, como por ejemplo la propia &#x00E9;tica. C&#x00F3;mo gestionar el uso o la utilidad no es ya una cuesti&#x00F3;n de uso o de utilidad, al menos para Arist&#x00F3;teles, que se halla a mil leguas de ser un utilitarista. Por eso para ser generoso se requiere de algo que ya no se mide por su utilidad. Esto explica, dice Arist&#x00F3;teles, que los generosos o liberales dif&#x00ED;cilmente lleguen a ser ricos. “No es f&#x00E1;cil que se enriquezca el generoso, que no es inclinado a tomar ni a guardar, sino desprendido y no aprecia el dinero por s&#x00ED; mismo sino para darlo. Esta es la raz&#x00F3;n de que se reproche a la fortuna que los m&#x00E1;s dignos son los menos ricos, pero esto no sucede sin raz&#x00F3;n, pues no es posible que tenga bienes el que no se preocupa de tenerlos, como tampoco si se trata de otra cosa” (Arist&#x00F3;teles, <xref ref-type="bibr" rid="CIT0001">1970</xref>, 1120 b 14-20). Por tanto, el liberal o generoso no aprecia el dinero “por s&#x00ED; mismo” sino por su valor “de uso”. Esto es lo que ha llevado a distinguir los llamados “valores intr&#x00ED;nsecos” de los “valores de uso”. El dinero tiene valor de uso, pero no tiene valor intr&#x00ED;nseco, si este concepto se entiende adecuadamente. Y generoso es quien tiene un valor intr&#x00ED;nseco, el del manejo correcto del dinero como valor de uso. El valor del uso correcto no es, curiosamente, un valor de uso. De ah&#x00ED; que el liberal, para serlo, tenga que poseer unas cualidades que no se limitan a la mera gesti&#x00F3;n del dinero. De hecho, para ser desprendido se requiere estar por encima de los valores econ&#x00F3;micos, y en general de los valores de uso. No sabr&#x00E1; usar bien las cosas quien s&#x00F3;lo se preocupe por los valores de uso, o por las cuestiones de utilidad.</p>
<p>Quiz&#x00E1; esto explica que el t&#x00E9;rmino “liberal” nunca perdiera en nuestras lenguas el sentido amplio, no limitado al correcto uso y gesti&#x00F3;n de los valores econ&#x00F3;micos, conservando el de persona magn&#x00E1;nima o de hombre bueno. La magnanimidad no tiene que ver con el recto uso de las cosas &#x00FA;tiles, sino con la posesi&#x00F3;n de las virtudes en general, especialmente de aquellas que no son &#x00FA;tiles pero que s&#x00ED; son las m&#x00E1;s importantes, dado que las &#x00FA;tiles deben estar a su servicio. Esto identifica al magn&#x00E1;nimo con la persona “excelente” o el hombre “bueno”. Veamos c&#x00F3;mo lo expresa Arist&#x00F3;teles: “El verdaderamente magn&#x00E1;nimo tiene que ser bueno. Incluso podr&#x00ED;a parecer que es propia del magn&#x00E1;nimo la grandeza en todas las virtudes, y en modo alguno le cuadrar&#x00ED;a huir desenfrenadamente o cometer injusticias: ¿con qu&#x00E9; fin, en efecto, har&#x00ED;a cosas deshonrosas quien no sobreestima nada? Y si lo consideramos punto por punto nos resultar&#x00ED;a completamente absurdo un hombre magn&#x00E1;nimo que no fuese bueno. Adem&#x00E1;s, tampoco ser&#x00ED;a digno de honor si fuera malo, porque el honor es el premio de la virtud y se tributa a los buenos. Parece, por tanto, que la magnanimidad es un como ornato de las virtudes: pues las realza y no se da sin ellas. Por eso es dif&#x00ED;cil ser magn&#x00E1;nimo, porque no es posible sin cabal nobleza” (Arist&#x00F3;teles, <xref ref-type="bibr" rid="CIT0001">1970</xref>, 1123 b 29-1124 a 4).</p>
<p>Est&#x00E1; claro que el magn&#x00E1;nimo no tiene s&#x00F3;lo la virtud de la gesti&#x00F3;n correcta de los valores de uso, sino de todos los valores, especialmente de los llamados intr&#x00ED;nsecos o valores en s&#x00ED;. Por eso se identifica con el excelente, y por lo mismo con la persona buena. En su sentido amplio, liberal significa magn&#x00E1;nimo, es decir, persona que se ha dedicado al cultivo de los valores intr&#x00ED;nsecos m&#x00E1;s que los instrumentales, y que por ello mismo puede gestionar tambi&#x00E9;n correctamente &#x00E9;stos, poni&#x00E9;ndoles, como es debido, al servicio de los valores intr&#x00ED;nsecos. De ah&#x00ED; la cr&#x00ED;tica de Mara&#x00F1;&#x00F3;n al “tecnicismo”, “es decir, a la t&#x00E9;cnica como fin y no como medio” (Mara&#x00F1;&#x00F3;n, <xref ref-type="bibr" rid="CIT0006">1973</xref>, 24). El liberal se caracteriza por la defensa y promoci&#x00F3;n de los valores intr&#x00ED;nsecos, y de los instrumentales en tanto en cuanto est&#x00E1;n al servicio de aqu&#x00E9;llos. Por eso viene a identificarse con la persona buena, cabal, excelente.</p>
</sec>
<sec id="S5">
			<title>EL LIBERAL COMO MODELO “EJEMPLAR”</title>
			<p>Lo que hemos hecho en este &#x00FA;ltimo p&#x00E1;rrafo es traducir el lenguaje de las virtudes, propio de la &#x00E9;tica antigua y medieval, al lenguaje de los valores. El magn&#x00E1;nimo, el liberal, es quien se ha dedicado al cultivo de los valores intr&#x00ED;nsecos, y, de alg&#x00FA;n modo, se ha convertido en un modelo de ello. El magn&#x00E1;nimo, o el liberal en su sentido amplio, es un modelo, pero que no coincide con ninguno de los modelos definidos por Scheler, el del santo, el del genio, el del h&#x00E9;roe. Mara&#x00F1;&#x00F3;n, que conoce estos modelos descritos por Scheler, no se ve en absoluto reflejado en ellos (Mara&#x00F1;&#x00F3;n, <xref ref-type="bibr" rid="CIT0006">1973</xref>, 20). El magn&#x00E1;nimo no es genio, ni h&#x00E9;roe, ni tampoco santo. Estos lo son porque han descollado en diferentes tipos de valores intr&#x00ED;nsecos, los espirituales en el primer caso, los vitales en el segundo, los religiosos en el tercero. La persona magn&#x00E1;nima no se caracteriza por ninguna de esas cosas que, en &#x00FA;ltima instancia, son parciales. El magn&#x00E1;nimo tiene como se&#x00F1;a de identidad el llevar a la excelencia la realizaci&#x00F3;n no de unos valores intr&#x00ED;nsecos respecto de otros, sino del conjunto de los valores intr&#x00ED;nsecos. Este es un prototipo que Scheler no describi&#x00F3; y que es m&#x00E1;s importante que los anteriores. Este es el modelo &#x00E9;tico y humano fundamental, el de los que simplemente son grandes hombres, buenas personas, hombres de bien, personas excelentes. Dado que sobresalen por su gesti&#x00F3;n de los valores intr&#x00ED;nsecos, aquellos que no son meramente instrumentales y que por tanto no pueden medirse en unidades econ&#x00F3;micas, es obvio que tambi&#x00E9;n sobresaldr&#x00E1;n por el modo de manejar los valores econ&#x00F3;micos. De ah&#x00ED; que una de las caracter&#x00ED;sticas inherentes a este modelo sea la liberalidad, entendido ahora este t&#x00E9;rmino en su sentido restrictivo.</p>
<p>La literatura espa&#x00F1;ola ha dado desde muy temprano al t&#x00E9;rmino “liberal” estos dos sentidos. Muy tempranamente aparece el estricto de gesti&#x00F3;n correcta del dinero en el <italic>Libro del caballero Cifar</italic>, compuesto entre 1300 y 1305. En &#x00E9;l, en efecto, se lee: “en tres cosas se afirma la bondad de los hombres: la primera, que sea sufrido; la segunda, que sea piadoso cuando fuere poderoso; la tercera, que sea liberal cuando fuere se&#x00F1;or”. Pero el sentido amplio es a&#x00FA;n m&#x00E1;s temprano. Un texto an&#x00F3;nimo, escrito en torno a 1250, que se titula <italic>Bocados de oro</italic>, dice: “El sabio, que es de liberal alma, es se&#x00F1;or de la su natura; e el que non es de liberal alma, es siervo de la su natura”. Por otra parte, en la <italic>General Estoria</italic> de Alfonso X, encontramos expresiones como estas: “era buen varon liberal”, “de gran coraz&#x00F3;n &#x0026; liberal”, “era hombre muy Noble &#x0026; muy liberal en sus hechos &#x0026; sabio”, que demuestran bien la proximidad entre liberalidad y magnanimidad, hasta resultar casi sin&#x00F3;nimos (Real Academia Espa&#x00F1;ola, <xref ref-type="bibr" rid="CIT0008">2010</xref>, “liberal”).</p>
<p>En la literatura cl&#x00E1;sica del siglo de Oro liberal sigue manteniendo la misma ambivalencia. En el cap&#x00ED;tulo 50 de la primera parte del <italic>Quijote</italic>, don Quijote le dice al can&#x00F3;nigo de Toledo, a la vez que le encomia la lectura de los libros de caballer&#x00ED;as: “Vuestra merced cr&#x00E9;ame, y, como otra vez le he dicho, lea estos libros, y vera como le destierran la melancol&#x00ED;a que tuviere, y le mejoran la condici&#x00F3;n, si acaso la tiene mala. De mi se decir que, despu&#x00E9;s que soy caballero andante, soy valiente, comedido, liberal, bien criado, generoso, cortes, atrevido, blando, paciente, sufridor de trabajos, de prisiones, de encantos; y, aunque ha tan poco que me vi encerrado en vna jaula como loco, pienso, por el valor de mi brazo, favoreci&#x00E9;ndome el cielo y no me siendo contraria la fortuna, en pocos dias verme rey de alg&#x00FA;n reino, adonde pueda mostrar el agradecimiento y liberalidad que mi pecho encierra; que m&#x00ED;a fe, se&#x00F1;or, el pobre est&#x00E1; inhabilitado de poder mostrar la virtud de liberalidad con ninguno, aunque en sumo grado la posea” (Cervantes, <xref ref-type="bibr" rid="CIT0002">1975</xref>, II, 560).</p>
<p>Pero donde el sentido del t&#x00E9;rmino queda m&#x00E1;s claro es en la novela “ejemplar” cervantina titulada <italic>El amante liberal</italic>. Ricardo, un cautivo cristiano, se enamora de la bella Leonisa, pero &#x00E9;sta se halla prometida a Cornelio, hijo de una de las mejores familias de la ciudad costera de Sicilia en que se sit&#x00FA;a la acci&#x00F3;n. Los turcos raptan a Ricardo y Leonisa para venderlos en otro puerto del Mediterr&#x00E1;neo, e intentando evitar que se lleven a su querida Leonisa, Ricardo, olvid&#x00E1;ndose de su propio rescate, ofrece por el de Leonisa toda su pingüe hacienda. Tras mil avatares, Ricardo consigue llevar a Leonisa a la ciudad de la que ambos hab&#x00ED;an partido, ahora gobernada por Cornelio. Pie en tierra, Ricardo hace memoria en p&#x00FA;blico de todo lo sucedido y recuerda que empe&#x00F1;&#x00F3; toda su hacienda por el rescate de Leonisa, cosa, dice que si bien “al parecer fue liberalidad, no puede ni debe redundar en mi alabanza, pues la daba por el rescate de mi alma”. Tras esto, entrega sana y salva Leonisa a Cornelio, a la vez que le dice: “Te entrego la prenda que t&#x00FA; debes de estimar sobre todas las cosas que son dignas de estimarse; y ves aqu&#x00ED; t&#x00FA;, ¡hermosa Leonisa!, te doy al que t&#x00FA; siempre has tenido en la memoria. &#x00C9;sta s&#x00ED; quiero que se tenga por liberalidad, en cuya comparaci&#x00F3;n dar la hacienda, la vida y la honra no es nada”. Hay, pues, una liberalidad, que es la de la hacienda, pero hay otra mayor que la de la hacienda, incluso superior a la vida y la honra, que es la de ser generoso y renunciar a la persona amada a favor de otra persona. Aqu&#x00ED; se ve bien el doble sentido del t&#x00E9;rmino liberalidad. Pero Ricardo rectifica acto seguido, porque est&#x00E1; disponiendo de lo que no es suyo. “¡V&#x00E1;lgame Dios, y c&#x00F3;mo los apretados trabajos turban los entendimientos! Yo, se&#x00F1;ores, con el deseo que tengo de hacer bien, no he mirado lo que he dicho, porque no es posible que nadie pueda mostrarse liberal de lo ajeno: ¿qu&#x00E9; jurisdicci&#x00F3;n tengo yo en Leonisa para darla a otro? O, ¿c&#x00F3;mo puedo ofrecer lo que est&#x00E1; tan lejos de ser m&#x00ED;o? Leonisa es suya, y tan suya que, a faltarle sus padres, que felices a&#x00F1;os vivan, ning&#x00FA;n op&#x00F3;sito tuviera a su voluntad”. Leonisa interviene para decir que sus favores a Cornelio fueron por obediencia a sus padres, y contestando a Ricardo, a&#x00F1;ade: “Esto digo por darte a entender, Ricardo, que siempre fui m&#x00ED;a, sin estar sujeta a otro que a mis padres, a quien ahora humilmente, como es raz&#x00F3;n, suplico me den licencia y libertad para disponer la que tu mucha valent&#x00ED;a y liberalidad me ha dado”. Y con la anuencia de sus padres, Leonisa declara su entrega a Ricardo. La generosidad o liberalidad de Ricardo se convierte as&#x00ED; en su m&#x00E1;ximo premio. El ser de talante liberal ha tenido su recompensa. La novela termina de esta forma: “y la fama de Ricardo, saliendo de los t&#x00E9;rminos de Sicilia, se extendi&#x00F3; por todos los de Italia y de otras muchas partes, debajo del nombre del <italic>amante liberal</italic>; y a&#x00FA;n hasta hoy dura en los muchos hijos que tuvo en Leonisa, que fue ejemplo raro de discreci&#x00F3;n, honestidad, recato y hermosura” (Cervantes, <xref ref-type="bibr" rid="CIT0002">1975</xref>, II, 52-77).</p>

</sec>

<sec id="S6">
			<title>LA &#x00C9;TICA DEL LIBERALISMO MODERNO</title>
			<p>&#x00C9;ste es el sentido cl&#x00E1;sico del t&#x00E9;rmino “liberal”; como se ver&#x00E1;, estrictamente moral, y adem&#x00E1;s siempre “ejemplarizante”. El sentido pol&#x00ED;tico vino mucho despu&#x00E9;s, en 1811 y fue hijo de la revoluci&#x00F3;n intelectual que se oper&#x00F3; en Europa en el siglo XVIII. Tambi&#x00E9;n cabe decir que fue fruto de la secularizaci&#x00F3;n que en ese periodo irrumpi&#x00F3; con enorme fuerza en el continente europeo. Quiere esto decir que el liberalismo pol&#x00ED;tico no fue s&#x00F3;lo pol&#x00ED;tico, ni tampoco consisti&#x00F3; en la trasposici&#x00F3;n al &#x00E1;mbito de la cosa p&#x00FA;blica del liberalismo cl&#x00E1;sico, que como puede verse en la obra de Cervantes, segu&#x00ED;a siendo a comienzos del siglo XVII rigurosamente estamental y aristocr&#x00E1;tico. Durante el siglo XVIII el liberalismo cobr&#x00F3; nuevo rostro, no s&#x00F3;lo pol&#x00ED;tico sino sobre todo intelectual. El pol&#x00ED;tico fue una mera consecuencia. Por liberalismo intelectual hay que entender a la altura del siglo XVIII la defensa de la libertad del individuo en materia de valores, fueran estos religiosos, filos&#x00F3;ficos o culturales. Ni que decir tiene que los grandes enemigos del liberalismo comenzaron a ser en este momento las estructuras estamentales cl&#x00E1;sicas, es decir, la monarqu&#x00ED;a y la nobleza, y a&#x00FA;n m&#x00E1;s las estructuras ideol&#x00F3;gicas tradicionales, a la cabeza de todas la eclesi&#x00E1;stica. De ah&#x00ED; que en el orden ideol&#x00F3;gico el liberalismo comenzara a ser en el siglo XVIII el gran promotor y defensor de la secularizaci&#x00F3;n, entendida &#x00E9;sta como la defensa de la autonom&#x00ED;a de todo aquello que no fuera pura religiosidad, respecto de las manos eclesi&#x00E1;sticas. En 1908 escrib&#x00ED;a Ortega: “El poder educador de las religiones, su energ&#x00ED;a socializadora ha cumplido su tiempo: no puede esperarse de ellas una renovaci&#x00F3;n del hombre. Por otro lado, la edad moderna ha tra&#x00ED;do sus nuevas virtudes, los deberes p&#x00FA;blicos y sociales. Son virtudes terrenas, virtudes municipales, virtudes laicas. Aqu&#x00ED; se nos ofrece la cuesti&#x00F3;n moral espa&#x00F1;ola: hay que hacer laica la virtud y hay que inyectar en nuestra raza la moralidad social” (Ortega, <xref ref-type="bibr" rid="CIT0007">2004</xref>, 211-12). El pensamiento, la cultura, la pol&#x00ED;tica, la vida social deben emanciparse de la religi&#x00F3;n, pasando del control eclesi&#x00E1;stico al estrictamente civil. La primera libertad es la libertad de conciencia, y a partir de ella la libertad de gesti&#x00F3;n de la cosa p&#x00FA;blica. De ah&#x00ED; naci&#x00F3; el liberalismo pol&#x00ED;tico.</p>
<p>Ni que decir tiene que as&#x00ED; concebido, el liberalismo pol&#x00ED;tico supon&#x00ED;a el intento de organizar la sociedad de acuerdo con los principios liberales, y que por ello mismo fue repetidamente condenado por las instancias m&#x00E1;s recalcitrantes, a la cabeza de todas la eclesi&#x00E1;stica. En el fondo, los nuevos liberales segu&#x00ED;an teniendo el mismo talante que los anteriores, los cl&#x00E1;sicos, s&#x00F3;lo que ahora en un nuevo medio y con nuevos contenidos. El nuevo liberal quer&#x00ED;a ser, como el antiguo, magn&#x00E1;nimo, generoso, comprensivo, buena persona, etc. S&#x00F3;lo que ahora eso significaba, adem&#x00E1;s, ser muy respetuoso con los principios de “tolerancia” y “libertad de conciencia”, y sobre todo, defensor ac&#x00E9;rrimo de la secularizaci&#x00F3;n de todos los espacios distintos del estricta y directamente religioso. Uno de esos espacios era el &#x00E9;tico. La moral hab&#x00ED;a sido hasta el siglo XVIII materia reservada a te&#x00F3;logos y pastores. Ahora se comenzaba a defender que era una cuesti&#x00F3;n estrictamente civil, humana, que una cosa era la &#x00E9;tica y otra la religi&#x00F3;n, y que el no separarla de la religi&#x00F3;n era ya situarse en el orden de la “heteronom&#x00ED;a”, que a partir de Kant ha sido y es el orden opuesto al de la &#x00E9;tica humana, por necesidad “aut&#x00F3;noma”.</p>
<p>El ejemplo paradigm&#x00E1;tico de este proceso de secularizaci&#x00F3;n lo representa la obra de Kant, y en particular la moral kantiana. No puede extra&#x00F1;ar, por ello, que fuera inmediatamente condenada por la Iglesia, y que, en contraste, se convirtiera en el santo y se&#x00F1;a del liberalismo moral a partir de su mismo nacimiento. De este modo, los liberales fueron personas las m&#x00E1;s de las veces descre&#x00ED;das (los devotos cristianos estaban, casi por obligaci&#x00F3;n, en los partidos conservadores), pero con una fin&#x00ED;sima y elevada conciencia moral.</p>
</sec>

			
<sec id="S7">
			<title>EL LIBERALISMO ESPA&#x00F1;OL</title>
			<p>El esp&#x00ED;ritu liberal se vivi&#x00F3; en la Espa&#x00F1;a del siglo XIX en forma dram&#x00E1;tica. Lo que en los a&#x00F1;os de la guerra de la Independencia fueron los “afrancesados”, los traidores a las esencias tradicionales de lo espa&#x00F1;ol, lo representaron m&#x00E1;s tarde los “liberales” (Mara&#x00F1;&#x00F3;n, <xref ref-type="bibr" rid="CIT0006">1973</xref>, 295-6). Estos tambi&#x00E9;n tuvieron sus guerras, las tres guerras civiles que por esta raz&#x00F3;n se desencadenaron en territorio espa&#x00F1;ol a lo largo de esa centuria. A partir de la &#x00FA;ltima de ellas, el liberalismo fue poco a poco recuper&#x00E1;ndose en Espa&#x00F1;a, para conocer un importante momento de esplendor en la primera mitad del XX. Ejemplo paradigm&#x00E1;tico de esto lo tenemos en Ortega y Gasset, un hombre de la misma generaci&#x00F3;n de Mara&#x00F1;&#x00F3;n, y adem&#x00E1;s su l&#x00ED;der indiscutible. Entre 1905 y 1907, Ortega vive en Alemania, sobre todo en Marburgo, y all&#x00ED; se empapa de kantismo y neokantismo. Vuelto a Espa&#x00F1;a empieza su actividad a favor del liberalismo moral, siguiendo el modelo de sus maestros neokantianos. As&#x00ED;, en octubre de ese a&#x00F1;o escribe: “Yo invito a los <italic>intelectuales</italic> para que, superando un falso buen tono que les mantiene apartados de los problemas p&#x00FA;blicos, se conozcan obligados a renovar la emoci&#x00F3;n liberal y con ella el liberalismo, bello nombre que ha rodado por Europa y que, por una iron&#x00ED;a de la musa gobernadora de la Historia, vino a salir de nuestra oscura tierra. Aunque yo crea que el liberalismo actual tiene que ser socialismo, vengan vibraciones liberales en la melod&#x00ED;a que gusten: ellas tomar&#x00E1;n ritmo dentro de la gran armon&#x00ED;a de nuestro renacimiento cultural. Bien merece ser seguido el ejemplo que don Miguel de Unamuno nos ofrece con su enfogado misticismo liberal” (Ortega, <xref ref-type="bibr" rid="CIT0007">2004</xref>, 114).</p>
<p>Como puede advertirse, Ortega llama no a los pol&#x00ED;ticos sino a los intelectuales a una cruzada liberal. Los convoca a una tarea nacional. No hay duda de que Mara&#x00F1;&#x00F3;n ley&#x00F3; esta convocatoria, y que adem&#x00E1;s la hizo suya inmediatamente. No se ha estudiado a&#x00FA;n con el suficiente detalle la influencia de Ortega en Mara&#x00F1;&#x00F3;n, o si se prefiere, el magisterio intelectual y moral de Ortega sobre algunos de los m&#x00E1;s importantes personajes de su generaci&#x00F3;n, muy en primer t&#x00E9;rmino Gregorio Mara&#x00F1;&#x00F3;n. El liberalismo de Mara&#x00F1;&#x00F3;n es el de Ortega. &#x00C9;ste, pocos meses despu&#x00E9;s, en febrero de 1908, a&#x00F1;ad&#x00ED;a: “Llamo liberalismo a aquel pensamiento pol&#x00ED;tico que antepone la realizaci&#x00F3;n del ideal moral a cuanto exija la utilidad de una porci&#x00F3;n humana, sea &#x00E9;sta una casta, una clase o una naci&#x00F3;n. La direcci&#x00F3;n conservadora, por el contrario, se desentiende de exigencias ideales, niega su valor &#x00E9;tico y se atiene en este punto a lo ya logrado, cuando no fomenta el regreso a formas superadas de constituci&#x00F3;n pol&#x00ED;tica” (Ortega, <xref ref-type="bibr" rid="CIT0007">2004</xref>, 143).</p>
<p>Ortega tiene claro que en los &#x00E1;mbitos conservadores y clericales el t&#x00E9;rmino “liberal” hab&#x00ED;a adquirido un matiz negativo, de persona blanda de car&#x00E1;cter, incapaz de defender sus convicciones, tornadiza, no fiable. “[A la palabra Libertad] se la ha reducido a la significaci&#x00F3;n de tolerancia, y en la tolerancia hemos imbuido despu&#x00E9;s un sabor de complicidad” (Ortega, <xref ref-type="bibr" rid="CIT0007">2004</xref>, 144). Contra esta adulteraci&#x00F3;n protesta en&#x00E9;rgicamente. “La tolerancia no es la renuncia o apartamiento de la lucha, sino la sutilizaci&#x00F3;n de &#x00E9;sta, la pulimentaci&#x00F3;n y legalizaci&#x00F3;n de las armas de combate. Por ella las divergencias entre los hombres se elevan a discusiones cient&#x00ED;ficas; por ella se evita la destrucci&#x00F3;n de las condiciones materiales necesarias para que cada cual pueda seguir sustentando su opini&#x00F3;n. Y no viene a ser otra cosa la tolerancia que una proyecci&#x00F3;n en lo pol&#x00ED;tico de aquella cualidad individual que llamamos buena educaci&#x00F3;n” (Ortega, <xref ref-type="bibr" rid="CIT0007">2004</xref>, 144).</p>
<p>Como no pod&#x00ED;a ser de otro modo, el jefe del partido conservador, Maura, replic&#x00F3; a Ortega, defendiendo que lo bueno del liberalismo ya lo hab&#x00ED;a asumido la derecha, y que por eso los partidos liberales se hab&#x00ED;an hecho conservadores. Ortega le concede que “en Espa&#x00F1;a no hay sino conservadores” (Ortega, <xref ref-type="bibr" rid="CIT0007">2004</xref>, 152), y por esa raz&#x00F3;n se lamenta de que no exista en ella un verdadero partido liberal, y menos que todos el del se&#x00F1;or Moret (Ortega, <xref ref-type="bibr" rid="CIT0007">2004</xref>, 149).</p>
<p>El liberalismo es, por tanto, una filosof&#x00ED;a, un modo de ver el mundo, una &#x00E9;tica, y tambi&#x00E9;n, pero s&#x00F3;lo tambi&#x00E9;n, un modo de hacer pol&#x00ED;tica. No s&#x00F3;lo son cosas distintas sino que con frecuencia no van unidas. Ortega duda de que Moret, el jefe del partido liberal, sea verdaderamente un liberal en el primer sentido de la palabra, y por supuesto hay liberales en todos o casi todos los partidos del espectro pol&#x00ED;tico.</p>
</sec>

<sec id="S8">
			<title>MARA&#x00F1;&#x00D3;N COMO MODELO</title>
			<p>Esta distinci&#x00F3;n es importante, porque de Ortega y Mara&#x00F1;&#x00F3;n hay que decir que fueron liberales en el primer sentido m&#x00E1;s que en el segundo. Quiero decir que fueron m&#x00E1;s moralistas que pol&#x00ED;ticos. Porque actuaron as&#x00ED;, quisieron moralizar la vida p&#x00FA;blica espa&#x00F1;ola, combatiendo un modo distinto de entender la moral del que derivaban desastrosas consecuencias pol&#x00ED;ticas, el conservadurismo y reaccionarismo frailuno y clerical. En su pol&#x00E9;mica con el partido conservador, esto es lo que dice claramente Ortega. Son dos modos de entender la vida y la propia &#x00E9;tica. Ser liberal significaba romper con buena parte del lastre de la historia de Espa&#x00F1;a y buscar un horizonte nuevo para el pa&#x00ED;s.</p>
<p>Mara&#x00F1;&#x00F3;n quiso eso mismo, y tal es la raz&#x00F3;n que, como Ortega, buscara romper con toda la costra tradicional de Espa&#x00F1;a, con la monarqu&#x00ED;a, con la farsa de los partidos turnantes, y tambi&#x00E9;n con la dictadura de Primo de Rivera. Lo que Espa&#x00F1;a necesita es un nuevo estilo de ser humano, con una conciencia aut&#x00F3;noma de su deber, al modo kantiano y neokantiano, que por lo dem&#x00E1;s era el que &#x00E9;l hab&#x00ED;a visto en sus mayores y en los maestros a quienes admiraba. Hay que remoralizar Espa&#x00F1;a, y hay que hacerlo desde un modo nuevo de entender la moral, menos leguleyo y m&#x00E1;s aut&#x00E9;ntico. La moral cat&#x00F3;lica de las derechas estaba gobernada por el Derecho can&#x00F3;nico, y la moral laica de las izquierdas por el Derecho pol&#x00ED;tico. Pero tanto unas como otras lo fiaban todo del derecho. Mara&#x00F1;&#x00F3;n, exactamente igual que Ortega, piensa que eso es un error. Que el concepto primario no es el de derecho sino el de deber, y que es preciso, a partir de &#x00E9;l, reformar completamente la moral de nuestro pueblo.</p>
<p>En un art&#x00ED;culo que lleva por t&#x00ED;tulo “Los deberes olvidados”, Mara&#x00F1;&#x00F3;n hace “examen de conciencia” (Mara&#x00F1;&#x00F3;n, <xref ref-type="bibr" rid="CIT0006">1973</xref>, 17). Cree que eso es m&#x00E1;s necesario que nunca antes, debido, entre otras cosas, a la confusi&#x00F3;n creciente de la &#x00E9;tica con el derecho. Este es un tema recurrente en la obra de Mara&#x00F1;&#x00F3;n, y que no se entiende sin referencia a Ortega y, al fondo, a Kant. “El hombre, como individuo y como pueblo, padece una crisis del deber y una hipertrofia del derecho” (Mara&#x00F1;&#x00F3;n, <xref ref-type="bibr" rid="CIT0006">1973</xref>, 19). La terap&#x00E9;utica, para Mara&#x00F1;&#x00F3;n, no puede consistir m&#x00E1;s que “en recortar con en&#x00E9;rgico valor nuestros derechos y fomentar la robustez y la dureza, la estricta responsabilidad de nuestros deberes” (Mara&#x00F1;&#x00F3;n, <xref ref-type="bibr" rid="CIT0006">1973</xref>, 19). “El af&#x00E1;n de acumular derechos ha socavado y sofocado el sentimiento del deber, que es un eje esencial de nuestra vida. Esto es todo […] Es, pues, preciso que comience una nueva y &#x00E1;spera era cuyo signo ser&#x00E1; ‘los deberes del hombre’, que servir&#x00E1;n de contraveneno a la intoxicaci&#x00F3;n que este siglo y medio ‘de los derechos del hombre’ ha producido en el alma de nuestro tiempo” (Mara&#x00F1;&#x00F3;n, <xref ref-type="bibr" rid="CIT0006">1973</xref>, 19).</p>
<p>Esta cruzada a favor del deber frente a la invasi&#x00F3;n del derecho, le obligar&#x00E1; a tomar partido activo en la batalla que en los a&#x00F1;os de la Segunda Rep&#x00FA;blica se libra en Espa&#x00F1;a en torno al tema de la &#x00E9;tica m&#x00E9;dica. La Iglesia cat&#x00F3;lica y los partidos conservadores abogan por elaborar unos “c&#x00F3;digos deontol&#x00F3;gicos” que definan las obligaciones de los m&#x00E9;dicos y unos comit&#x00E9;s sancionadores de infracciones deontol&#x00F3;gicas dentro de los Colegios de M&#x00E9;dicos, como modo de preservar de la mala pr&#x00E1;ctica el ejercicio profesional. De lo que se trataba, en &#x00FA;ltima instancia, era de trasladar al &#x00E1;mbito profesional los mismos procedimientos sancionadores vigentes en el orden can&#x00F3;nico y en el civil. Mara&#x00F1;&#x00F3;n, inmediatamente, se opone a ello, y pronuncia en la Universidad de Santander unas famosas conferencias sobre <italic>Vocaci&#x00F3;n y &#x00E9;tica</italic>. M&#x00E1;s all&#x00E1; del inter&#x00E9;s que el contenido de esas conferencias tenga por s&#x00ED; mismo, es lo cierto que nacieron en un contexto pol&#x00E9;mico, como respuesta a todo un movimiento surgido en el mundo clerical y cat&#x00F3;lico para controlar f&#x00E9;rreamente la moral de los profesionales de la medicina, sancionando toda conducta que pudiera considerarse, no ya jur&#x00ED;dicamente incorrecta, sino atentatoria contra el decoro profesional (Gracia, <xref ref-type="bibr" rid="CIT0003">2010</xref>, 115-131).</p>
</sec>
<sec id="S9">
			<title>VOCACI&#x00D3;N Y &#x00C9;TICA</title>
			<p>&#x00C9;se es el contexto en que Mara&#x00F1;&#x00F3;n escribe <italic>Vocaci&#x00F3;n y &#x00E9;tica</italic>. Su mensaje ya podemos figur&#x00E1;rnoslo. M&#x00E1;s que procedimientos sancionadores, m&#x00E1;s que nuevas reglas, lo que necesitamos son profesionales &#x00ED;ntegros, conscientes de sus deberes y resueltos a cumplirlos. Mara&#x00F1;&#x00F3;n resume esto en la palabra “vocaci&#x00F3;n”. El m&#x00E9;dico de vocaci&#x00F3;n har&#x00E1; lo que debe por su paciente, con independencia de que lo exijan las leyes o los c&#x00F3;digos deontol&#x00F3;gicos. Y quien no tenga vocaci&#x00F3;n, no actuar&#x00E1; de modo adecuado por m&#x00E1;s que le amenacen con sanciones. La medicina trata con algo tan importante como la vida de los seres humanos, y en campo tan sensible como &#x00E9;se, lo fundamental es la vocaci&#x00F3;n, es decir, creer en lo que se hace. Imitando a Kant, cabe decir que al m&#x00E9;dico de vocaci&#x00F3;n todas las normas y reglamentos le resultar&#x00E1;n superfluos, y para el que no la tiene resultar&#x00E1;n in&#x00FA;tiles.</p>
<p>¿Y qu&#x00E9; es vocaci&#x00F3;n? ¿Algo as&#x00ED; como una emoci&#x00F3;n rom&#x00E1;ntica surgida en el interior de uno mismo? Nada m&#x00E1;s alejado de la realidad. Para Mara&#x00F1;&#x00F3;n se trata de “una emoci&#x00F3;n primordial del deber, con detrimento de los posibles derechos” (Mara&#x00F1;&#x00F3;n, <xref ref-type="bibr" rid="CIT0006">1973</xref>, 33). Y a&#x00F1;ade: “Eso es mucho m&#x00E1;s importante que el problema de la aptitud, en el que la gente ligera localiza la vocaci&#x00F3;n. La aptitud se adquiere —salvo excepciones rar&#x00ED;simas— aun cuando se carezca de ella por completo, al calor de la emoci&#x00F3;n &#x00E9;tica. Todos los hombres servimos para casi todo, en cuanto lo queremos con irrefrenable voluntad. La vocaci&#x00F3;n es una cuesti&#x00F3;n de fe y no de t&#x00E9;cnica” (Mara&#x00F1;&#x00F3;n, <xref ref-type="bibr" rid="CIT0006">1973</xref>, 33).</p>
<p><italic>Vocaci&#x00F3;n y &#x00E9;tica</italic> es un texto del a&#x00F1;o 1935. Para estas fechas Mara&#x00F1;&#x00F3;n y Ortega siguen siendo confesos kantianos en &#x00E9;tica. Quiero decir con ello que son confesos y profesos defensores de la &#x00E9;tica del deber, como dos o tres d&#x00E9;cadas antes. Pero a eso han a&#x00F1;adido nuevos matices. Esto se ve bien analizando la obra de Ortega. Poco a poco supera el neokantismo y comienza la elaboraci&#x00F3;n de su propia filosof&#x00ED;a. Como un cap&#x00ED;tulo irrenunciable de ella est&#x00E1; la &#x00E9;tica. Por m&#x00E1;s que lo prometi&#x00F3; repetidamente, Ortega no escribi&#x00F3; un tratado de &#x00E9;tica. Pero en sus textos va exponiendo algunos de sus conceptos fundamentales. Y uno b&#x00E1;sico, quiz&#x00E1; el principal, es el de “vocaci&#x00F3;n”. El deber kantiano era abstracto, como que estaba regido por el principio de universalizaci&#x00F3;n, el imperativo categ&#x00F3;rico. Ortega cada vez se siente m&#x00E1;s alejado de estas abstracciones. Los deberes son siempre concretos, situados. Mi deber lo es para m&#x00ED;, sujeto concreto, y en estas circunstancias tambi&#x00E9;n concretas. Los deberes universales son siempre una abstracci&#x00F3;n, y en tanto que tales no son deberes en el estricto sentido de la palabra, sino orientaciones para el deber, pero nada m&#x00E1;s. “Yo soy yo y mi circunstancia”, dice la f&#x00F3;rmula orteguiana de 1914. Pues bien, aplicado a la &#x00E9;tica esto significa que mi deber es el que yo tengo aqu&#x00ED; y ahora, en estas circunstancias, pero no s&#x00F3;lo determinado por ellas sino tambi&#x00E9;n, y sobre todo, por mi propio yo, que es distinto de todos los dem&#x00E1;s, por tanto &#x00FA;nico e irremplazable. Pues bien, a este yo que constituye la instancia m&#x00E1;s profunda de uno mismo y que manda con voz imperativa, es a lo que Ortega llama “vocaci&#x00F3;n”. Es una voz, una llamada que no podemos acallar, que, como dice Ortega, procede del “fondo insobornable”, de modo que se nos impone imperiosa, imperativamente. Es la vocaci&#x00F3;n. Si no la seguimos, si no somos fieles a ella, nuestra vida ser&#x00E1; un fracaso, por mucho &#x00E9;xito social que logremos y por m&#x00E1;s que hayamos cumplido con todas las normas estatutarias. En el fondo de todo esto no se halla tanto Kant como Fichte.</p>
<p>Esto le lleva a Ortega a distinguir el “deber ser”, propio de las reglas y normas gen&#x00E9;ricas, y el “tener que ser” espec&#x00ED;fico de cada persona humana. Este &#x00FA;ltimo es el que define nuestro verdadero “deber”, no el espec&#x00ED;fico o gen&#x00E9;rico, sino el propio, personal e intransferible deber de cada uno. Esto es lo que Ortega llama “autenticidad” o “responsabilidad”. En Mara&#x00F1;&#x00F3;n se encuentra la misma idea: es la distancia que hay “entre las normas te&#x00F3;ricas y la propia personalidad” (Mara&#x00F1;&#x00F3;n, <xref ref-type="bibr" rid="CIT0006">1973</xref>, 323). Y para explicarlo habla del “proceso de adaptaci&#x00F3;n de la ley general a las dimensiones individuales, proceso necesario, porque el individuo es el tiempo, y como el tiempo, variable; y las leyes humanas, inexorablemente se tienen que acomodar al perfil de esos tiempos distintos para no convertirse en f&#x00F3;rmulas huecas de toda eficacia” (Mara&#x00F1;&#x00F3;n, <xref ref-type="bibr" rid="CIT0006">1973</xref>, 323).</p>
<p>La verdadera vocaci&#x00F3;n no tiene nada que ver con reglamentos o leyes. “La vocaci&#x00F3;n genuina, pudi&#x00E9;ramos decir ideal, es algo muy parecido al amor. ‘Es, ha dicho Pierre Termier, una pasi&#x00F3;n de amor’. Por lo tanto, una pasi&#x00F3;n que tiene las caracter&#x00ED;sticas del amor, a saber: la exclusividad en el objeto amado y el desinter&#x00E9;s absoluto en servirlo” (Mara&#x00F1;&#x00F3;n, <xref ref-type="bibr" rid="CIT0006">1973</xref>, 328). “La vocaci&#x00F3;n impulsa al hombre, por encima de toda otra elecci&#x00F3;n, a crear la belleza, si es artista; a buscar la verdad, si es hombre de ciencia; o a ense&#x00F1;ar a los otros, si es maestro, la verdad y la belleza conocidas y el modo de buscar las ignoradas. Y, por gozarse en este fin &#x00FA;nico, el artista, el sabio o el maestro est&#x00E1;n dispuestos siempre a dejarlo todo y a renunciar a los goces materiales de la vida, al bienestar material que es, por lo com&#x00FA;n, harto precario en el ejercicio de estas tres vocaciones” (Mara&#x00F1;&#x00F3;n, <xref ref-type="bibr" rid="CIT0006">1973</xref>, 329).</p>
<p>Ahora podemos entender mejor el contexto en que Mara&#x00F1;&#x00F3;n escribe sobre la “vocaci&#x00F3;n” m&#x00E9;dica como tarea moral. No ser&#x00E1; buen m&#x00E9;dico quien se limite a cumplir las normas o reglas establecidas por los c&#x00F3;digos y reglamentos. Tampoco lo ser&#x00E1; quien act&#x00FA;e por miedo a las sanciones. Del m&#x00E9;dico se espera m&#x00E1;s; se espera que sea excelente, que haga las cosas lo mejor posible, que ponga su vida al servicio de su profesi&#x00F3;n. Y esto, dice Mara&#x00F1;&#x00F3;n, s&#x00F3;lo se conseguir&#x00E1; a trav&#x00E9;s de la vocaci&#x00F3;n y de la fidelidad a la vocaci&#x00F3;n. “La &#x00E9;tica profesional brota, como una flor espont&#x00E1;nea, de la vocaci&#x00F3;n. Cuando el maestro descubre en el alumno la vocaci&#x00F3;n verdadera y la conforta; y cuando en el terreno de la vocaci&#x00F3;n demostrada siembra los conocimientos, est&#x00E1; haciendo no s&#x00F3;lo un buen m&#x00E9;dico, sino un m&#x00E9;dico bueno, de profunda moral profesional. De aqu&#x00ED; mi convicci&#x00F3;n, un tanto revolucionaria, de que no se precisan reglas de moral expresas ni cursos de Deontolog&#x00ED;a. En las Facultades de Medicina, la moral, como asignatura, no se ense&#x00F1;a por lo com&#x00FA;n. Y esto, que escandaliza a algunos, tiene esta raz&#x00F3;n fundamental. El m&#x00E9;dico bien preparado en el sentido humano e integral que hemos expuesto, el m&#x00E9;dico de vocaci&#x00F3;n y no el de pura t&#x00E9;cnica, &#x00E9;se no necesita de reglamentos para su rectitud. Al m&#x00E9;dico mal preparado, las reglas y consejos morales le ser&#x00E1;n perfectamente in&#x00FA;tiles. Sobran aqu&#x00ED;, como en todos los problemas de conducta moral, las leyes” (Mara&#x00F1;&#x00F3;n, <xref ref-type="bibr" rid="CIT0006">1973</xref>, 348).</p>
<p>La vocaci&#x00F3;n es el nuevo nombre del deber. Lo que a comienzos de siglo era deber puro y duro, kantianamente entendido, frente a los rituales obsesivos de purificaci&#x00F3;n y perd&#x00F3;n de preceptos que se violan sistem&#x00E1;ticamente, y que los mismos ritos purificadores propician el transgredir, el deber concreto, situado, personal, intransferible, de quien se sabe obligado a cumplir con una vocaci&#x00F3;n propia, personal, &#x00FA;nica e irrepetible, de tal modo que si no la lleva a cabo &#x00E9;l nadie m&#x00E1;s podr&#x00E1; hacerlo. Es la idea de la vida como “misi&#x00F3;n”, de la que comenz&#x00F3; a hablar en Espa&#x00F1;a a la altura de 1935 Xavier Zubiri.</p>
</sec>

<sec id="S10">
			<title>LA &#x00C9;TICA DE MARA&#x00F1;&#x00D3;N</title>
			<p>Esta es la &#x00E9;tica de Mara&#x00F1;&#x00F3;n. Y esto es lo que sigue vigente de su pensamiento. Hoy como entonces, necesitamos combatir la heteronom&#x00ED;a moral, propiciada por todo tipo de instituciones y agentes sociales, tanto eclesi&#x00E1;sticos como civiles. No hay m&#x00E1;s &#x00E9;tica que la aut&#x00F3;noma. En este punto el legado de Kant hay que considerarlo definitivo y resulta hoy tan insustituible como cuando lo formul&#x00F3; su autor. Necesitamos personas aut&#x00F3;nomas, responsables, conscientes de su deber, aut&#x00E9;nticas, coherentes con su vocaci&#x00F3;n de seres humanos, y de seres humanos concretos, con las circunstancias propias de cada uno y las aptitudes tambi&#x00E9;n de cada uno. Necesitamos personas de vocaci&#x00F3;n. Los espa&#x00F1;oles de la generaci&#x00F3;n de 1914, y muy particularmente Ortega y Mara&#x00F1;&#x00F3;n son, en este sentido, sujetos ejemplares, representantes paradigm&#x00E1;ticos, modelos de comportamiento. Por eso han pasado a la historia. Por eso siguen interes&#x00E1;ndonos hoy. As&#x00ED; entend&#x00ED;an ellos su “liberalismo”, como una conducta moral, como autonom&#x00ED;a frente a heteronom&#x00ED;a, como responsabilidad frente a obediencia ciega, como seriedad ante la vida frente a todo tipo de mistificaciones; por tanto, como un estilo, un modo de ser. “El liberalismo es una conducta y, por lo tanto, es mucho m&#x00E1;s que una pol&#x00ED;tica. Y, como tal conducta, no requiere profesiones de fe sino ejercerla, de un modo natural, sin exhibirla ni ostentarla. Se debe ser liberal sin darse cuenta, como se es limpio, o como, por instinto, nos resistimos a mentir” (Mara&#x00F1;&#x00F3;n, <xref ref-type="bibr" rid="CIT0006">1973</xref>, 197). Ellos no s&#x00F3;lo pensaron de tal manera sino que adem&#x00E1;s adecuaron su vida a ese modo de pensar. Y haci&#x00E9;ndolo as&#x00ED;, han trascendido su propia vida personal, convirti&#x00E9;ndose en aut&#x00E9;nticos modelos o paradigmas de un modo de ser y de vivir. Un paradigma hoy de tanta o mayor vigencia que entonces.</p>
</sec>

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	<ref-list>
	<title>BIBLIOGRAF&#x00CD;A</title>
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           <surname>Arist&#x00F3;teles</surname>
           <given-names></given-names>
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		 </person-group>
        <source>&#x00C9;tica a Nic&#x00F3;maco</source>
		<year>1970</year>
		<publisher-loc>Madrid</publisher-loc>
		<publisher-name>Instituto de Estudios Pol&#x00ED;ticos</publisher-name>
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		<name>
           <surname>Cervantes</surname>
           <given-names>M. de</given-names>
         </name>
		 </person-group>
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