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			<journal-id journal-id-type="publisher-id">ARBOR</journal-id>
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				<journal-title>ARBOR Ciencia, Pensamiento y Cultura</journal-title>
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			<issn pub-type="epub">0210-1963</issn>
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				<publisher-name>Consejo Superior de Investigaciones Cientificas</publisher-name>
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				<subject>RESE&#x00F1;AS DE LIBROS/BOOKS REVIEWS</subject>
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			<article-title>Entrando en raz&#x00F3;n: hacia unas Ciencias Socio<italic>Humanas</italic></article-title>
			<alt-title alt-title-type="running-head">Rese&#x00F1;a</alt-title>
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        <pub-date pub-type="collection">
			<year>2013</year>
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			<volume>189</volume>
			<issue>759</issue>
			
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	<title>Gonz&#x00E1;lez de &#x00E1;vila, Manuel. <italic>Cultura y raz&#x00F3;n. Antropolog&#x00ED;a de la literatura y de la imagen</italic>. Barcelona: Anthropos, 2010</title>
	
    <title>Entrando en raz&#x00F3;n: hacia unas Ciencias Socio<italic>Humanas</italic></title>
		<p>Desde su t&#x00ED;tulo, este libro de Manuel Gonz&#x00E1;lez de &#x00E1;vila —especialista en semi&#x00F3;tica (<italic>Semi&#x00F3;tica cr&#x00ED;tica y cr&#x00ED;tica de la cultura</italic>, Anthropos, 2002) y profesor de Teor&#x00ED;a Literaria en la Universidad de Salamanca— exhibe la palabra “raz&#x00F3;n” como ariete contra la relajaci&#x00F3;n argumentativa y expositiva que ata&#x00F1;e al pensamiento sobre la cultura en la era posmoderna o transmoderna. <italic>Cultura y raz&#x00F3;n. Antropolog&#x00ED;a de la literatura y de la imagen</italic> es un ensayo elegante y combativo contra ciertos discursos sesgados hacia un relativismo que, embozado, trabaja a favor de la homogeneizaci&#x00F3;n acr&#x00ED;tica y acient&#x00ED;fica del conocimiento. Pero el volumen es mucho m&#x00E1;s: si la sintaxis y el l&#x00E9;xico de su prosa se afinan para recorrer distintos grados de la iron&#x00ED;a y la vehemencia, su pensamiento se ordena hasta lograr la eficacia de un compendio cr&#x00ED;tico de buen n&#x00FA;mero de teor&#x00ED;as actuales sobre literatura, cultura e imagen, operando en ellas incisiones que revelan tanto las zonas de degradaci&#x00F3;n de su tejido como su entramado interdisciplinar.</p>

		<p>La acu&#x00F1;aci&#x00F3;n del t&#x00E9;rmino <italic>ciencias sociohumanas</italic> certifica la que es voluntad primera de este estudio: vincular las humanidades y las ciencias sociales a fin de restituir a las primeras una exigencia epist&#x00E9;mica que las haga menos endebles frente a las derivas de estetizaci&#x00F3;n trivial que les impone la actual mercantilizaci&#x00F3;n del conocimiento. Abiertas as&#x00ED; las hostilidades, resta ejecutar la minuciosa y matizada defensa de los poli&#x00E9;dricos campos de la cultura concernidos, tomando como punto de partida y piedra de toque la antropolog&#x00ED;a; emancipando a esta &#x00FA;ltima de los mecanismos ret&#x00F3;ricos y los procedimientos de ficcionalizaci&#x00F3;n que la han frecuentado en el tiempo posmoderno, el autor advierte que, en ella, la funci&#x00F3;n simb&#x00F3;lica encuentra compensado su relativismo por un m&#x00E9;todo hol&#x00ED;stico que restaura sus condiciones de legibilidad social e hist&#x00F3;rica, que explica su g&#x00E9;nesis y funcionamiento, y que la reinscribe en una materialidad y una corporalidad universalmente reconocibles. La ciencia antropol&#x00F3;gica, am&#x00E9;n de demostrar coherencia, sistematicidad y exhaustividad, ha intensificado su competencia autorreflexiva, con el consiguiente aumento de racionalidad; y la reivindicaci&#x00F3;n de racionalidad para las <italic>ciencias sociohumanas</italic> en general se hace en este ensayo a sabiendas de que el concepto de racionalidad es aqu&#x00ED; “relativamente cl&#x00E1;sico e incluso conservador, en el extra&#x00F1;o sentido progresista que este t&#x00E9;rmino ha adquirido tras la posmodernidad”. Y es que uno de los empe&#x00F1;os de este libro es precisamente apuntar y disparar hacia la reversibilidad &#x00E9;tica y pol&#x00ED;tica de ciertas posiciones epistemol&#x00F3;gicas recientes sin por ello elegir caminos involucionistas. En realidad, la cr&#x00ED;tica de la posmodernidad que aqu&#x00ED; se lleva a cabo es global, y no impugna conceptos o teor&#x00ED;as que lleven nombre y apellido, pues est&#x00E1; mucho m&#x00E1;s interesada en dibujar un panorama de las <italic>ciencias sociohumanas</italic> con perspectiva propia —antropol&#x00F3;gica— que en discutir ideolog&#x00ED;as ajenas. Y esta intenci&#x00F3;n de creaci&#x00F3;n de una coherencia te&#x00F3;rica dentro del propio libro le favorece m&#x00E1;s que la pol&#x00E9;mica externalizada. </p>

		<p>Pero ello no significa que se hurte el cuerpo: bajo el cap&#x00ED;tulo “Epistemolog&#x00ED;a” se aborda, en primer lugar, la tan tra&#x00ED;da y llevada muerte y resurrecci&#x00F3;n gloriosa del sujeto —finalmente “hipersujeto”—, figura en torno a la cual —afirma el autor— se anudan dos doctrinas que colaboran perniciosamente a favor de una concepci&#x00F3;n no racional de la ciencia y del mundo: la filosof&#x00ED;a posmoderna y el neoliberalismo econ&#x00F3;mico. Tal alianza —en principio contra natura, pues a la una le asiste el relativismo y a la otra una organizaci&#x00F3;n f&#x00E9;rrea— escenifica otra versi&#x00F3;n de la anteriormente mentada reversibilidad &#x00E9;tica y pol&#x00ED;tica. G. de &#x00E1;vila observa que la definici&#x00F3;n tecnocient&#x00ED;fica del sujeto viene a ser contenida y aun desmentida por las actuales ciencias cognitivas, que, adem&#x00E1;s, proporcionan a las <italic>ciencias sociohumanas</italic> una versi&#x00F3;n del sujeto como subjetividad determinada por un cuerpo y por unas emociones que la inscriben tanto en el medio biol&#x00F3;gico como en el medio socio-hist&#x00F3;rico. Que las ciencias cognitivas redescubran lo social, lo hist&#x00F3;rico y lo biol&#x00F3;gico es asunto de gran ayuda para la configuraci&#x00F3;n antropol&#x00F3;gica de las nuevas <italic>ciencias sociohumanas</italic>, y para ponerlas en la perspectiva de dar la mano a las ciencias naturales en un futuro pr&#x00F3;ximo. Y la ambici&#x00F3;n de esta perspectiva, con no ser peque&#x00F1;a, se muestra perfectamente “naturalizable”. Otro garante de la convergencia de las humanidades, las ciencias del lenguaje y las ciencias sociales es la capacidad metasemi&#x00F3;tica de las lenguas naturales, pues la generaci&#x00F3;n de metalenguajes alumbrados por una l&#x00F3;gica natural habilita la posibilidad de su organizaci&#x00F3;n en forma de metasistema, base de toda teor&#x00ED;a cient&#x00ED;fica; la metasemiosis corrobora pues, de nuevo, un proyecto de convergencia epist&#x00E9;mica bajo el signo de la raz&#x00F3;n. </p>

		<p>Deseo expreso del estudio es que la modelaci&#x00F3;n y configuraci&#x00F3;n antropol&#x00F3;gica de las <italic>ciencias sociohumanas</italic> se haga conforme a la aproximaci&#x00F3;n cient&#x00ED;fica de la antropolog&#x00ED;a cultural y no bajo el signo de la fenomenolog&#x00ED;a de la cultura, y por ello pone a ambas a debatir en torno al supuesto menosprecio —de que se acusa a la primera— por lo simb&#x00F3;lico, los valores culturales y la idealidad normativa; la conclusi&#x00F3;n refrenda la superioridad cr&#x00ED;tica de la antropolog&#x00ED;a cultural —propiciadora de actitudes &#x00E9;ticas— frente al conocimiento teoricista de la filosof&#x00ED;a fenomenol&#x00F3;gica —incitadora a un relativismo cultural alimentado de narcisismo y convencionalismo. Aqu&#x00ED;, el verbo incisivo y persuasivo del autor despliega todos sus recursos: si la iron&#x00ED;a distribuye el nombre de las dos facciones contendientes —“ciencia” frente a “ciencia infusa”—, la capacidad anal&#x00ED;tica ejemplifica y verifica lo que la elocuencia glosa y califica sin clemencia; al cabo, se invoca la presencia mediadora de la antropolog&#x00ED;a cognitivista y una idea de cultura “no culturalista” ni ideol&#x00F3;gica, sino inscrita en el tiempo y el espacio sin renunciar por ello al empleo cient&#x00ED;fico de la noci&#x00F3;n de universalidad. G. de &#x00E1;vila acude tambi&#x00E9;n al rescate de la historia argumentando a favor de la irreductibilidad del hecho hist&#x00F3;rico frente a sus interpretaciones, abogando por principios regulativos y apelando a la responsabilidad &#x00E9;tica y social sobre los vestigios y huellas del cuerpo f&#x00ED;sico del sujeto hist&#x00F3;rico. Es precisamente esta responsabilidad la que le lleva a impugnar sin paliativos la equivalencia entre discurso hist&#x00F3;rico y narraci&#x00F3;n, una narraci&#x00F3;n que emparienta a la historia con la literatura y la ficci&#x00F3;n. Y en este punto de su reflexi&#x00F3;n asoma de manera precisa la relaci&#x00F3;n de los discursos posmodernos con ciertos conservadurismos extremos de corte negacionista y perfil c&#x00ED;nico.</p>

		<p>Con el sabor de esta recusaci&#x00F3;n de lo narrativo, se abre a continuaci&#x00F3;n una segunda parte del libro que versa sobre la literatura, y en la que, tras consideraciones sobre la estructura y la utilidad de la teor&#x00ED;a en el contexto de las <italic>ciencias sociohumanas</italic>, se aborda el “lugar poco com&#x00FA;n de la teor&#x00ED;a de la literatura”, en el que, seg&#x00FA;n creencia com&#x00FA;nmente extendida, pelean lo literario y lo te&#x00F3;rico. Aqu&#x00ED;, la posici&#x00F3;n —quiz&#x00E1; demasiado sucintamente abordada— es la de rescatar a la teor&#x00ED;a de la literatura de los saberes human&#x00ED;sticos para integrarla en las <italic>ciencias sociohumanas</italic>, sustituyendo sus tendencias hermen&#x00E9;uticas, textualistas y nominalistas por la asunci&#x00F3;n de una racionalidad regida mediante criterios de evaluaci&#x00F3;n metate&#x00F3;ricos. As&#x00ED; se soslaya —o m&#x00E1;s bien se zanja— la consideraci&#x00F3;n sobre el estatuto de ciencia que pudiera aplic&#x00E1;rsele a la teor&#x00ED;a de la literatura, poniendo al margen la evoluci&#x00F3;n de la estabilidad del concepto de ciencia y su flexibilizaci&#x00F3;n, o los cambios paradigm&#x00E1;ticos de ciertas ciencias. De este modo, el libro entra parcialmente tambi&#x00E9;n en el cauce de la discusi&#x00F3;n —ya hist&#x00F3;rica— que enfrenta a los estudios literarios con la idea de una ciencia de la literatura, tomando claramente partido G. de &#x00E1;vila por esta &#x00FA;ltima y por una consideraci&#x00F3;n te&#x00F3;rica de la literatura frente a una comprensi&#x00F3;n hermen&#x00E9;utica. Tal posici&#x00F3;n se vincula impl&#x00ED;citamente a la a&#x00FA;n pendiente renovaci&#x00F3;n de las humanidades, aunque no est&#x00E9; entre los objetivos del libro entrar en su aplicaci&#x00F3;n espec&#x00ED;fica a los &#x00E1;mbitos del conocimiento y la ense&#x00F1;anza universitarios.</p>

		<p>La cuesti&#x00F3;n literaria se completa con tres estudios de importante alcance: uno sobre autobiograf&#x00ED;a y dos sobre literatura comparada. La autobiograf&#x00ED;a, en tanto que archivo cient&#x00ED;ficamente explotable, no es vista como simple objeto literario, y necesita pues —en afirmaci&#x00F3;n del autor— de un abordaje interdisciplinar en el que colabore una antropolog&#x00ED;a que reconozca en su discurso tanto un objeto de saber como un sujeto de saber. La antropolog&#x00ED;a sabr&#x00E1; as&#x00ED; recuperar al sujeto del discurso autobiogr&#x00E1;fico para la historia y para la vida, rescat&#x00E1;ndolo del axioma pansemi&#x00F3;tico de la teor&#x00ED;a de la literatura, que lo condena a ser entramado de signos y a “incurrir en la fantas&#x00ED;a de autoengendrarse a trav&#x00E9;s de su expresi&#x00F3;n”. En el discurso autobiogr&#x00E1;fico, el “yo” es una individualidad “autoproducida” de “sofisticada arquitectura a la vez cognitiva y pragm&#x00E1;tica”, y no un estilo de escritura ret&#x00F3;ricamente determinado. El inter&#x00E9;s que la perspectiva antropol&#x00F3;gica experimenta por la autobiograf&#x00ED;a —en su acepci&#x00F3;n extensa— es pues correspondido por &#x00E9;sta. Pero tampoco se trata de sustraer la autobiograf&#x00ED;a al enfoque de la teor&#x00ED;a literaria: la autorreferencia y el metadiscurso que le son inherentes proporcionan a este libro brillantes p&#x00E1;ginas sobre el pacto comunicativo y la implicaci&#x00F3;n del receptor en tal discurso. As&#x00ED; mismo, una muy matizada disquisici&#x00F3;n enfrenta y concilia a la autobiograf&#x00ED;a y a la historia, reconoci&#x00E9;ndole finalmente a la primera un car&#x00E1;cter de documento hist&#x00F3;rico y de etnosaber, pero no su pertenencia a la ciencia hist&#x00F3;rica. Casi con entusiasmo, G. de &#x00E1;vila localiza en tan complejo acto comunicativo un auto-modelo cultural cuyo porvenir deber&#x00ED;a ser el de escenario de una racionalidad com&#x00FA;n a la teor&#x00ED;a literaria y a las <italic>ciencias sociohumanas</italic>. </p>

		<p>Bajo la pregunta “¿Es comparativa la literatura comparada?” se ejecuta una revisi&#x00F3;n de los presupuestos de la citada disciplina en la que, tras constatar su infructuosa b&#x00FA;squeda de un objeto espec&#x00ED;fico del que ocuparse, parece inevitable volver a tratar de encontrar legitimaci&#x00F3;n en el m&#x00E9;todo comparativo. La impecable cr&#x00ED;tica de este m&#x00E9;todo contiene un an&#x00E1;lisis de las diversas acepciones comunes y t&#x00E9;cnicas del t&#x00E9;rmino “comparaci&#x00F3;n”, y una reivindicaci&#x00F3;n de la comparaci&#x00F3;n cient&#x00ED;fica frente a la comparaci&#x00F3;n ret&#x00F3;rica, as&#x00ED; como una revitalizaci&#x00F3;n de la historia en tanto que garante de coherencia en este marco. Pero la revisi&#x00F3;n tambi&#x00E9;n desemboca —algo condescendientemente— en la aceptaci&#x00F3;n de una hermen&#x00E9;utica comparativa que “ilumina, ante todo, nuestro uso actual del patrimonio sem&#x00E1;ntico y simb&#x00F3;lico de la literatura y de la cultura”. En todo caso, aun como actividad heur&#x00ED;stica y no como ciencia, la comparaci&#x00F3;n ha de dotarse de una teor&#x00ED;a que —sumando conceptos venidos de las varias teor&#x00ED;as de la literatura— respondan a la configuraci&#x00F3;n antropol&#x00F3;gica, en coherencia con lo expuesto en el resto del libro. De hecho, parece inevitable la constataci&#x00F3;n de un acercamiento entre literatura comparada y antropolog&#x00ED;a cultural, acercamiento que este estudio explora en sus respectivos objetos, m&#x00E9;todos, teor&#x00ED;as y epistemolog&#x00ED;as, con el resultado de una muy notable comunidad de posiciones signadas por la indefinici&#x00F3;n y la provisionalidad. Son meritorios, en este contexto, tanto la franqueza con que el libro expone tal d&#x00E9;ficit cient&#x00ED;fico como el denuedo con el que establece y matiza la distancia de dichas disciplinas respecto del denostado relativismo. </p>

		<p>El &#x00FA;ltimo tranco del volumen se ocupa de la imagen. La usual distinci&#x00F3;n entre significado ling&#x00FC;&#x00ED;stico y significado ic&#x00F3;nico es punto de partida de una incisiva y pertinente reflexi&#x00F3;n sobre la imagen y los estudios visuales, campos que el autor conoce en profundidad. El giro ic&#x00F3;nico sostiene que la cognici&#x00F3;n ic&#x00F3;nica se resiste a la explicaci&#x00F3;n ling&#x00FC;&#x00ED;stica y semi&#x00F3;tica, pero —se anota en este libro— la antropolog&#x00ED;a y la ciencia incitan a suponer que hay comunicaci&#x00F3;n entre las im&#x00E1;genes (perceptivas, mentales y t&#x00E9;cnicas) y el lenguaje natural. La idea de la universalidad y la racionalidad del conocimiento depende de esta intertraducci&#x00F3;n del sentido, y ello importa mucho a G. de &#x00E1;vila, quien constata que los estudios visuales rebajan su resistencia a la semi&#x00F3;tica cuando se acercan a la producci&#x00F3;n de significado cultural a trav&#x00E9;s de la visualidad, es decir, cuando &#x00E9;sta entra en una pr&#x00E1;ctica antropol&#x00F3;gica; y es que el acto de ver es una amalgama de determinaciones perceptivas y cognitivas (iconismo primario), pero tambi&#x00E9;n de &#x00ED;ndole social, hist&#x00F3;rica y cultural (iconismo secundario). A partir de esta re-vinculaci&#x00F3;n semi&#x00F3;tica, el autor considera tambi&#x00E9;n conveniente —para provecho de la ciencia y la antropolog&#x00ED;a— que los estudios visuales deroguen su interdicto ling&#x00FC;&#x00ED;stico: pero esto parece ser harina de otro costal, por mucho que —por ejemplo— las ciencias cognitivas atribuyan a una misma interacci&#x00F3;n cooperativa neuronal (conexionismo) la comprensi&#x00F3;n visual y la comprensi&#x00F3;n ling&#x00FC;&#x00ED;stica. </p>

		<p>La mirada antropol&#x00F3;gica sobre el discurso ic&#x00F3;nico se interesa por el peso de la cultura en la conformaci&#x00F3;n de la imagen perceptiva y de la imagen mental, pero sobre todo por los modos de producci&#x00F3;n de las im&#x00E1;genes t&#x00E9;cnicas y sobre sus consecuencias en nuestra cultura visual y, quiz&#x00E1;, en la naturaleza misma de la visi&#x00F3;n. En impecable e implacable exploraci&#x00F3;n semi&#x00F3;tica, G. de &#x00E1;vila aborda la naturaleza de la actual “enciclopedia ic&#x00F3;nica”, las operaciones —bajo el signo de la <italic>esterotipia</italic>— de sus <italic>iconemas</italic>, la fascinaci&#x00F3;n del cine por su propia identidad ic&#x00F3;nica, la alteridad ic&#x00F3;nica a la que tiende la imagen digitalizada y las modificaciones fundamentales de nuestros modos de percepci&#x00F3;n y concepci&#x00F3;n de la nueva iconicidad —en los que a una t&#x00E9;cnica ilimitada corresponde ahora una imaginaci&#x00F3;n limitada—. A esta nueva iconicidad caracterizan —en versi&#x00F3;n del autor— cinco rasgos semi&#x00F3;ticos —heterogeneidad, fragmentaci&#x00F3;n, discontinuidad, aleatoriedad y metamorfosis ca&#x00F3;tica— que la convierten en un proceso descontrolado y ajeno tanto al “mundo natural” de la percepci&#x00F3;n como a nuestra cultura ling&#x00FC;&#x00ED;stica. Esta cultura de la <italic>posvisi&#x00F3;n</italic> cambia nuestra naturaleza de la visi&#x00F3;n y, en ella, la t&#x00E9;cnica gestiona nuestro imaginario haci&#x00E9;ndonos extremadamente vulnerables a la ideolog&#x00ED;a que vehicula. </p>

		<p>La mirada cr&#x00ED;tica de G. de &#x00E1;vila sobre la imagen en nuestra &#x00E9;poca transmoderna se completa con un &#x00FA;ltimo cap&#x00ED;tulo sobre la aculturaci&#x00F3;n de la imagen. Para ello procede a una revisi&#x00F3;n semi&#x00F3;tica de las neoim&#x00E1;genes de la iconosfera mediante la aplicaci&#x00F3;n a las mismas de las seis funciones del signo. La funci&#x00F3;n referencial en la imagen-acontecimiento revela que lo real desparece bajo sus sustitutos visuales, mucho m&#x00E1;s atractivos y capaces de colonizar la conciencia hasta desconectarla de lo no imaginario. La funci&#x00F3;n emotiva se hipertrofia en el mundo ic&#x00F3;nico evacuando los elementos racionales y desanclando el pensamiento del cuerpo; el cuerpo f&#x00ED;sico es sustituido por una pr&#x00F3;tesis o cuerpo fantasm&#x00E1;tico esquivo frente a una funci&#x00F3;n conativa que, por otra parte, la neoimagen ejerce sin dotar de contenido. La funci&#x00F3;n f&#x00E1;tica desaparece y es sustituida por una funci&#x00F3;n <italic>saturativa</italic>: la imagen impone su presencia sin necesidad de protocolos, legitimaci&#x00F3;n o tan siquiera contenidos, y sin implicar a sus receptores en la responsabilidad del contacto comunicativo. La funci&#x00F3;n est&#x00E9;tica est&#x00E1;, sin embargo, fuertemente reforzada en la iconosfera, y para ella propone G. de &#x00E1;vila el t&#x00E9;rmino de <italic>transestesia</italic>, invasiva y generalizada estetizaci&#x00F3;n reinante en la hipervisualidad, y contra la que quiz&#x00E1; procediese iniciar un <italic>desaprendizaje perceptivo</italic>. En cuanto a la funci&#x00F3;n metasemi&#x00F3;tica, conviene distinguirla de la funci&#x00F3;n sobreinterpretativa, que es la que est&#x00E1; verdaderamente activa en la incesante actividad citacional de la producci&#x00F3;n visual actual, generando un saber d&#x00F3;xico autosatisfecho y conformista que no puede llevar el nombre de <italic>episteme</italic>. En suma, para la perspectiva antropol&#x00F3;gica imperante en este ensayo, el r&#x00E9;gimen de la hipervisualidad trabaja tanto contra el acto comunicativo como contra el conocimiento racional y cient&#x00ED;fico. Y este severo dictamen apenas est&#x00E1; suavizado por el reconocimiento de los servicios promocionales y auxiliares que la imagen presta a la antropolog&#x00ED;a y a la ciencia. </p>
		
		<p>El libro se cierra con un repaso final sobre las diversas artes consideradas desde el &#x00E1;ngulo de la <italic>transvisualidad</italic> —o transmisi&#x00F3;n de esquemas visuales entre im&#x00E1;genes— en el que el autor quiere ver un dato antropol&#x00F3;gico importante de nuestra cultura. La intericonicidad marc&#x00F3; el desarrollo de la &#x00E9;poca moderna y contempor&#x00E1;nea de la pintura; y tambi&#x00E9;n el de la fotograf&#x00ED;a, hasta que su orientaci&#x00F3;n autorreflexiva le proporcion&#x00F3; acceso a una metaiconicidad que la enfrent&#x00F3; tanto a sus propios valores documentalistas como a la credibilidad de la imagen en modo general. La intericonicidad del cine y la pintura se cifr&#x00F3; m&#x00E1;s pl&#x00E1;sticamente que figurativamente, y la metaiconicidad del primero posee desde hace tiempo gran carga ir&#x00F3;nica y cr&#x00ED;tica para con los modelos can&#x00F3;nicos de representaci&#x00F3;n f&#x00ED;lmica. Pero es —seg&#x00FA;n se expone en este estudio— en el videoarte donde la <italic>transvisualidad</italic> explora sus posibilidades extremas, y lo hace evidenciando los recursos y modos de producci&#x00F3;n y recepci&#x00F3;n de im&#x00E1;genes en un proceso interic&#x00F3;nico sin fin que crea un mundo in&#x00E9;dito y muestra su “autoconciencia tecno-materialista” desligada de la voluntad humana. M&#x00E1;s all&#x00E1; de la visi&#x00F3;n depreciativa, a la vez des-subjetivada y anti-racionalista del r&#x00E9;gimen de la transvisualidad, G. de &#x00E1;vila espera que la intericonicidad reconozca el archivo de im&#x00E1;genes previas de nuestra historia, y que la metaiconicidad vuelva a recabar la ayuda de la lengua natural —&#x00FA;nico metalenguaje capaz de hablar de s&#x00ED; mismo o de otros lenguajes— para explicar el funcionamiento l&#x00F3;gico-semi&#x00F3;tico de la imagen, y no s&#x00F3;lo sus connotaciones y significados. </p>

		<p>La configuraci&#x00F3;n antropol&#x00F3;gica que conforma a las <italic>ciencias sociohumanas</italic> en este ensayo no pierde de vista, como bien se aprecia, su inserci&#x00F3;n en la racionalidad y en el racionalismo cient&#x00ED;fico. Pero las <italic>ciencias sociohumanas</italic> preservan la presencia del sujeto al proveerse tambi&#x00E9;n de instrumentos semi&#x00F3;ticos y sociales para el an&#x00E1;lisis cognitivo, afectivo, &#x00E9;tico y est&#x00E9;tico. Lo que pareciera dif&#x00ED;cil equilibrio entre polos excluyentes es presentado aqu&#x00ED; casi como una relaci&#x00F3;n de inclusi&#x00F3;n: la racionalidad es fieramente humana. </p>

		<p>Es dif&#x00ED;cil no estar de acuerdo con las tesis de este espl&#x00E9;ndido libro, pues —acompa&#x00F1;ando a su necesaria complejidad— imperan en &#x00E9;l lo razonable, la perspicacia anal&#x00ED;tica y la agilidad inductiva y deductiva. Es dif&#x00ED;cil tambi&#x00E9;n no compartir la configuraci&#x00F3;n antropol&#x00F3;gica propuesta, pues apela a nuestra experiencia de vida y vela por introducir a esta &#x00FA;ltima en la perspectiva te&#x00F3;rica. Es, adem&#x00E1;s, sensato aceptar la regidur&#x00ED;a de la raz&#x00F3;n si se trata de conformar un pensamiento cient&#x00ED;fico. Y es inevitable sonre&#x00ED;r con complicidad frente a la iron&#x00ED;a que diagnostica —por ejemplo— una “infantil dolencia textualista y nominalista” a la teor&#x00ED;a de la literatura, aun cuando uno se lamente de que la noci&#x00F3;n de “ficci&#x00F3;n” inoculada por Barthes en la teor&#x00ED;a —m&#x00E1;s escritura organizada por las pasiones que inventiva irracionalista o mentirosa— sea declarada culpable de tanta simpleza. Sin embargo, es posible que la propia potencia razonada y pro-raz&#x00F3;n de este brillante ensayo cree zonas de resistencia en su lector, y que su muy informada contundencia excite ciertas rebeld&#x00ED;as que se nieguen a organizarse en franca y razonable disensi&#x00F3;n: al fin y al cabo el juego posmoderno posee flexibilidad suficiente para exasperar a quien espera que la partida se juegue l&#x00F3;gicamente y con una sola baraja. Quiz&#x00E1; es precisamente la ausencia de reglas del juego comunes lo que incline poco a este libro hacia el debate cuerpo a cuerpo con el pensamiento posmoderno. Pero si en ciencia y en teor&#x00ED;a el mejor ataque es una buena defensa propia, preciso es saludar la envergadura te&#x00F3;rica y la solvencia cient&#x00ED;fica de este ensayo que mide sus palabras, su campo y sus operaciones con exactitud maestra. La virtud sint&#x00E9;tica de sus casi trescientas p&#x00E1;ginas podr&#x00ED;a desplegar terreno para muchas pol&#x00E9;micas, pero no es de extra&#x00F1;ar que haya preferido una l&#x00F3;gica cient&#x00ED;fica a una l&#x00F3;gica ret&#x00F3;rica: si de reivindicaci&#x00F3;n de <italic>ciencias sociohumanas</italic> se trata, coherencia obliga.</p>
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