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			<journal-id journal-id-type="publisher-id">ARBOR</journal-id>
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				<journal-title>ARBOR Ciencia, Pensamiento y Cultura</journal-title>
				<abbrev-journal-title>Arbor</abbrev-journal-title>
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			<issn pub-type="epub">0210-1963</issn>
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				<publisher-name>Consejo Superior de Investigaciones Cientificas</publisher-name>
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			 <article-id pub-id-type="publisher-id">arbor.2013.760n2006</article-id>
			 <article-id pub-id-type="doi">10.3989/arbor.2013.760n2006</article-id>
			 
			
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			  <article-title>El acceso de la mujer a la “alta cultura” en la Europa del Renacimiento</article-title>
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		<trans-title>Women’s access to “high culture” in Renaissance Europe</trans-title>
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		<alt-title alt-title-type="running-head">la mujer y la “alta cultura”</alt-title>
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				 <surname>Garc&#x00ED;a P&#x00E9;rez</surname>
				 <given-names>Noelia</given-names>
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			  <aff id="U1">Universidad de Murcia</aff>
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		<pub-date pub-type="collection">
		<year>2013</year>
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		<volume>189</volume>
		<issue>760</issue>
		
		<elocation-id content-type="doi">10.3989/arbor.2013.760n2006</elocation-id>

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		  	<date date-type="received">
				<day>2</day>
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				<year>2009</year>
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			<date date-type="accepted">
				<day>20</day>
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				<year>2009</year>
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		<copyright-statement>&#x00A9; 2013 CSIC</copyright-statement>
		<copyright-year>2013</copyright-year>
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		<license-p>Este es un art&#x00ED;culo de acceso abierto distribuido bajo los t&#x00E9;rminos de la licencia Creative Commons Attribution-Non Commercial (by-nc) Spain 3.0.</license-p>
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		<abstract xml:lang="es">
		<title>RESUMEN</title>
		<p>Este art&#x00ED;culo analiza c&#x00F3;mo en un contexto que no favorec&#x00ED;a el acceso femenino a los c&#x00ED;rculos intelectuales, el patronazgo art&#x00ED;stico permiti&#x00F3; a las mujeres introducirse en la Alta Cultura del Renacimiento, promoviendo una perspectiva femenina que reflejara su historia, su estatus y sus propios intereses.</p>
		</abstract>
		<trans-abstract xml:lang="en">
		<title>ABSTRACT</title>
		<p>This article explores how in a context that did not allow women access to intellectual circles, women could exercise power through patronage. Through the role of patronesses of the arts and the culture, women were able to access to High Culture of the Renaissance, promoting a feminine perspective that reflected their history, status and interests as women.</p>
		</trans-abstract>
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			<title>PALABRAS CLAVE</title>
			<kwd>Alta cultura</kwd>
			<kwd>Renacimiento</kwd>
			<kwd>patronazgo femenino</kwd>
			<kwd>modelos de mujer</kwd>
			<kwd>modelos de patronazgo</kwd>
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			<title>KEYWORDS</title>
			<kwd>High culture</kwd>
			<kwd>Renaissance</kwd>
			<kwd>female patronage femenino</kwd>
			<kwd>patterns of women</kwd>
			<kwd>patterns of patronage</kwd>
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		<title></title>
		<p>En 1975, Natalie Zemon Davis, en su ensayo “City Women and Religious Change”, se&#x00F1;alaba c&#x00F3;mo desde finales del siglo XVI hasta el siglo XVIII, tanto en pa&#x00ED;ses cat&#x00F3;licos como protestantes, la mujer sufri&#x00F3; la impotencia provocada por una serie de cambios que, lejos de beneficiarla, le perjudicaron en todos los sentidos y ante los que nada pod&#x00ED;a hacer (Davis, <xref ref-type="bibr" rid="CIT08">1975</xref>, 94). Las modificaciones en las leyes matrimoniales restringieron, a&#x00FA;n m&#x00E1;s, sus libertades y su capacidad como esposa; el n&#x00FA;mero de gremios femeninos disminuy&#x00F3; considerablemente; el papel de la mujer en el comercio de nivel medio y en la administraci&#x00F3;n de patrimonios se redujo; y la diferencia de salario entre hombres y mujeres se increment&#x00F3;. Estas realidades llevaron a Joan Kelly a plantear en su famoso ensayo “Did women have a Renaissance?”, publicado en 1977, si existi&#x00F3; un renacimiento para las mujeres. Kelly, que circunscribi&#x00F3; la pregunta al marco italiano, sosten&#x00ED;a que todos los progresos de la Italia renacentista, su econom&#x00ED;a protocapitalista, sus estados y su cultura humanista, actuaron para moldear a la mujer de la nobleza como un objeto est&#x00E9;tico: decorosa, casta y doblemente dependiente, de su marido y del pr&#x00ED;ncipe; afirmando que, lejos de las posturas ampliamente aceptadas hasta el momento, esta etapa hist&#x00F3;rica supuso un retroceso, una p&#x00E9;rdida de estatus para la mujer con respecto a la Edad Media (Kelly, <xref ref-type="bibr" rid="CIT15">1977</xref>). Las normas jur&#x00ED;dicas que reg&#x00ED;an la vida de las mujeres en la Edad Moderna contribuyeron a consolidar la situaci&#x00F3;n de sometimiento que imperaba en otros &#x00E1;mbitos de la vida femenina, avanzando &#x00FA;nicamente en la esfera de protecci&#x00F3;n ante las agresiones que pudieran sufrir del exterior, especialmente las de tipo sexual<xref ref-type="fn" rid="NOTE01">1</xref>.</p>
		
		<p>A&#x00F1;os despu&#x00E9;s, en <xref ref-type="bibr" rid="CIT14">1985</xref>, David Herlihy plante&#x00F3; una reconsideraci&#x00F3;n a la pregunta formulada por Kelly, reexaminando la postura com&#x00FA;nmente asumida por la mayor&#x00ED;a de los historiadores del arte feminista seg&#x00FA;n la cual, lejos de existir un renacimiento, se trat&#x00F3;, m&#x00E1;s bien, de un retroceso frente a la posici&#x00F3;n que las mujeres hab&#x00ED;an mantenido a lo largo de la Edad Media (Herlihy, <xref ref-type="bibr" rid="CIT14">1985</xref>). Los casos de Catalina de Siena, Juana de Arco y otras muchas carism&#x00E1;ticas mujeres que, a su juicio, aparec&#x00ED;an con extraordinaria frecuencia en el mundo alto medieval, le llevaron a matizar la postura de Kelly y afirmar que, al menos en un sector de la vida social y cultural, las mujeres tuvieron un renacimiento.  </p>
		
		<p>Lo cierto es que en un mundo repleto de restricciones, la mujer encontr&#x00F3; en la promoci&#x00F3;n art&#x00ED;stica una posibilidad de actuaci&#x00F3;n aceptada e incluso reconocida. Tal como ha se&#x00F1;alado Margaret L. King, del mismo modo que la mayor&#x00ED;a de las mujeres de las clases dirigentes no gobernaron, compartiendo tan s&#x00F3;lo algunas prerrogativas de la soberan&#x00ED;a, no pudieron participar de una forma directa en los c&#x00ED;rculos intelectuales; pero s&#x00ED; lograron acceder a la <italic>Alta Cultura</italic> a trav&#x00E9;s del patronazgo art&#x00ED;stico (King, <xref ref-type="bibr" rid="CIT21">1991</xref>, 160). Donde quiera que existieran cortes como centros de riqueza y actividad art&#x00ED;stica, las mujeres inteligentes actuaban en su papel de patronas de las artes y la cultura, como ocurre en los casos de Isabel I, Margarita de Austria, Mar&#x00ED;a de Hungr&#x00ED;a, Catalina de Medicis, Leonor de Toledo, Menc&#x00ED;a de Mendoza o Isabel Clara Eugenia, por citar tan s&#x00F3;lo algunos ejemplos. </p>
		
		<p>El car&#x00E1;cter del patronazgo femenino desde finales del siglo XV y hasta el XVIII refleja el impacto de nuevas cuestiones socioecon&#x00F3;micas que afectaron al estatus de la mujer (Colh, <xref ref-type="bibr" rid="CIT04">1996</xref>). Las oportunidades para las elites femeninas en la participaci&#x00F3;n de la vida intelectual del siglo XVI fueron, en realidad, m&#x00E1;s limitadas de lo que hab&#x00ED;an sido en el siglo anterior; sin embargo, el patronazgo permiti&#x00F3; a las mujeres explorar el potencial de las artes como una proclamaci&#x00F3;n de su propia identidad y estatus, e incluso de su propio gusto (Lawrence, <xref ref-type="bibr" rid="CIT23">1997</xref>). De este modo, a inicios del Renacimiento, ciertas mujeres comienzan a desempe&#x00F1;ar posiciones de poder y autoridad, que llevaron a Merry Wiesner a hablar de roles propiamente femenino (Wiesner, <xref ref-type="bibr" rid="CIT39">1986</xref>). Las mujeres se definen a s&#x00ED; mismas en t&#x00E9;rminos de sus t&#x00ED;tulos o roles, su lugar natal o familiar, y, en algunos casos, sus propios intereses o gustos. En este sentido, la promoci&#x00F3;n art&#x00ED;stica constitu&#x00ED;a el veh&#x00ED;culo m&#x00E1;s apropiado para mostrar su riqueza y estatus, al tiempo que se erig&#x00ED;a en la v&#x00ED;a de escape a una posible creatividad frustrada. A&#x00FA;n as&#x00ED;, las mujeres raramente encargaban grandes proyectos art&#x00ED;sticos de car&#x00E1;cter p&#x00FA;blico, quedando reservadas sus iniciativas bien a obras de car&#x00E1;cter privado, como la decoraci&#x00F3;n del hogar; bien a actuaciones a caballo entre la esfera privada y la p&#x00FA;blica, como era la creaci&#x00F3;n de la capilla privada de la familia. Algo que, sin duda, limitaba el ejercicio de su gusto art&#x00ED;stico y el modelo de patronazgo a desarrollar.  </p>
		
		<p>Ciertamente, ni todas las mujeres que emprendieron el ejercicio de la promoci&#x00F3;n art&#x00ED;stica desempe&#x00F1;aron el mismo “modelo de patronazgo”, ni todas ellas respond&#x00ED;an al mismo “modelo de mujer”. Pero… cu&#x00E1;les eran estos modelos de mujer, en qu&#x00E9; consist&#x00ED;an los diferentes modelos de patronazgo y, lo que es m&#x00E1;s importante, qu&#x00E9; tipo de correspondencia pudo existir entre ellos. </p>
		
		<p>El modelo de mujer ideal que nos ofrece Castiglione (prudente, casta, buena, discreta, afable, de dulce conversaci&#x00F3;n, honesta, graciosa, avisada, discreta…)<xref ref-type="fn" rid="NOTE02">2</xref> (Castiglione, 1994) se enmarca dentro la tendencia general de la &#x00E9;poca que la considera un mero adorno sometido al benepl&#x00E1;cito de la figura masculina<xref ref-type="fn" rid="NOTE03">3</xref>. Desde Erasmo a Vives, pasando por Antonio de Guevara, Juan de Vald&#x00E9;s o Fray Luis de Le&#x00F3;n, multitud de te&#x00F3;ricos y humanistas vertieron su particular concepto de mujer ideal en tratados y manuales de conducta donde dejar establecidos los preceptos b&#x00E1;sicos que una dama hab&#x00ED;a de seguir (Mart&#x00ED;nez G&#x00F3;ngora, <xref ref-type="bibr" rid="CIT26">1999</xref>). A pesar de las discrepancias existentes entre los distintos autores, todos acertaban a coincidir en las diferentes expectativas que suscitaba cada uno de los modelos de mujer. Estos prototipos femeninos ven&#x00ED;an determinados, b&#x00E1;sicamente, por el estado civil y las obligaciones que de &#x00E9;ste se desprend&#x00ED;an<xref ref-type="fn" rid="NOTE04">4</xref>. Doncella, casada o viuda: distintos estadios que implicaban distintas realidades, tal y como reflejaron te&#x00F3;ricos y humanistas, al abordar la cuesti&#x00F3;n femenina. As&#x00ED;, Juan Lu&#x00ED;s Vives estructur&#x00F3; <italic>La instrucci&#x00F3;n de la mujer cristiana</italic> en tres partes dedicadas a las v&#x00ED;rgenes, a las casadas y a las viudas. Si a las doncellas recomendaba esmerarse en recibir la educaci&#x00F3;n necesaria para cumplir sus futuras obligaciones de madre y esposa (Vives, <xref ref-type="bibr" rid="CIT37">1995</xref>, 35-181); a las casadas las exhortaba a la castidad y el amor entra&#x00F1;able a su esposo (Vives, <xref ref-type="bibr" rid="CIT37">1995</xref>, 211 y 301), apenas salir de las fronteras del hogar y centrarse en “conservar a su marido y a &#x00E9;l s&#x00F3;lo agradar” (Vives, <xref ref-type="bibr" rid="CIT37">1995</xref>, 287); a las viudas persuad&#x00ED;a para evitar un segundo matrimonio, dedicando su vida a honrar la memoria de su difunto esposo (Vives, <xref ref-type="bibr" rid="CIT37">1995</xref>, 387).  </p>
		
		<p>Estos modelos femeninos participaban de una serie de obligaciones comunes como eran el recogimiento; la sumisi&#x00F3;n y obediencia a la figura masculina; la castidad, entendida &#x00E9;sta como virginidad o fidelidad; la modestia, tanto en el gesto como en el semblante (Pe&#x00F1;afiel, <xref ref-type="bibr" rid="CIT31">2001</xref>), la humildad y el temor de Dios. Sin embargo, a pesar de los requisitos comunes, cada uno de estos prototipos femeninos tra&#x00ED;a consigo su propia realidad socioecon&#x00F3;mica y jur&#x00ED;dica, as&#x00ED; como una serie de deberes que condicionaban sus actuaciones. El estatus marital de la mujer marcaba su consideraci&#x00F3;n legal y con ella su situaci&#x00F3;n econ&#x00F3;mica, siempre condicionada por el pa&#x00ED;s de origen (Ericsson, <xref ref-type="bibr" rid="CIT11">1993</xref>; Kettering, <xref ref-type="bibr" rid="CIT18">1989</xref>; Kuehn, <xref ref-type="bibr" rid="CIT22">1991</xref>; Mendelson y Crawford, <xref ref-type="bibr" rid="CIT27">1997</xref>; Mu&#x00F1;oz, <xref ref-type="bibr" rid="CIT29">1991</xref>; Segura, <xref ref-type="bibr" rid="CIT34">1997</xref>; Smith, <xref ref-type="bibr" rid="CIT36">1994</xref>); circunstancias que ten&#x00ED;an una repercusi&#x00F3;n directa en el ejercicio de la promoci&#x00F3;n art&#x00ED;stica. </p>
		
		<p>En este sentido, la generalizada inclinaci&#x00F3;n a pensar que la mujer casada ten&#x00ED;a una dependencia absoluta de la figura masculina ha comenzado a ser cuestionada por recientes investigaciones que sit&#x00FA;an a las damas de la aristocracia en un lugar aventajado desde el que ser&#x00ED;a necesario reconsiderar su capacidad de actuaci&#x00F3;n y sus poderosas redes de influencia (Broomhall, <xref ref-type="bibr" rid="CIT01">2011</xref>, Hickson, <xref ref-type="bibr" rid="CIT16">2012</xref>, Mciver, <xref ref-type="bibr" rid="CIT28">2006</xref>, Pearson, <xref ref-type="bibr" rid="CIT30">2008</xref>). En cualquier caso, disfrutara o no de una cierta independencia financiera y de una mayor autonom&#x00ED;a legal, lo cierto es que su realidad econ&#x00F3;mica y jur&#x00ED;dica hab&#x00ED;a de enfrentarse a los condicionamientos sociales y morales. Cuando Antonio de Guevara se&#x00F1;alaba que “a la muger honrada no le basta que lo sea, sino que lo parezca”, no expresaba m&#x00E1;s que una realidad que la privaba de la vida p&#x00FA;blica, signo seguro de inmoralidad y esc&#x00E1;ndalo. El espacio privado, sin&#x00F3;nimo de virtud, era el reservado para una dama, el lugar donde hab&#x00ED;a de desempe&#x00F1;ar sus principales funciones, resumidas por este mismo autor:  </p>
		
		<p>“El oficio del marido es ganar hazienda, y el de la muger allegarla y guardarla. El oficio del marido es andar fuera a buscar la vida, y el de la muger es guardar la casa. El oficio del marido es buscar dineros, y el de la muger no gastarlos. El oficio del marido es tratar con todos, y el de la muger hablar con pocos. El oficio del marido es ser entremetido, y el de la muger es ser zahare&#x00F1;a. El oficio del marido es saber bien hablar, y el de la muger preciarse en callar. El oficio del marido es zelar la honrra, y el de la muger es preciarse de muy honrada. El oficio del marido es ser dadivoso, y el de la muger es ser guardadora. El oficio del marido es vestirse como pudiere, y el de la muger es como debe. El oficio del marido es ser se&#x00F1;or de todo, y el de la muger es dar cuenta de todo. El oficio del marido es despachar todo lo que es de la puerta afuera, y el de la muger es dar recaudo a todo lo de dentro de la casa. Finalmente, digo que el oficio del marido es grangear la hacienda, y el de la muger gobernar la familia” (De Guevara, <xref ref-type="bibr" rid="CIT07">1539</xref>, 384). </p>
		
		<p>Guardar, callar, administrar, honrar… el cumplimiento de estas obligaciones hace dif&#x00ED;cil imaginar que una mujer empleara sus esfuerzos en otro &#x00E1;mbito que no fuera el hogar. Por ello, sus inicios en la promoci&#x00F3;n de obras de arte quedan circunscritos dentro de los l&#x00ED;mites de la familia o la iglesia. Obras, mayoritariamente destinadas a enaltecer la memoria din&#x00E1;stica de sus ancestros o de su esposo, en las que la mujer no ten&#x00ED;a m&#x00E1;s funci&#x00F3;n que actuar en nombre del marido que era, en &#x00FA;ltima instancia, el que decid&#x00ED;a la conveniencia o no del encargo. Retratos familiares, sepulcros y capillas funerarias constitu&#x00ED;an, entonces, los l&#x00ED;mites de actuaci&#x00F3;n de la mujer casada en el &#x00E1;mbito de la promoci&#x00F3;n art&#x00ED;stica.  </p>
		
		<p>Sin embargo, esta situaci&#x00F3;n variaba considerablemente con la muerte del esposo (Levy, <xref ref-type="bibr" rid="CIT24">2003</xref>). La viuda, considerada m&#x00E1;s casta y virtuosa que la esposa por su abstenci&#x00F3;n sexual, deb&#x00ED;a cuidarse de frecuentar espacios p&#x00FA;blicos y actuar discreta y modestamente para servir de ejemplo al resto de sus cong&#x00E9;neres. A pesar de que el modelo te&#x00F3;rico de viuda presentaba muchas similitudes con el de casada, la figura de esta mujer se erig&#x00ED;a como un personaje con cierto poder debido a dos motivos fundamentales: su experiencia y su libertad respecto del control masculino. Junto a estos dos factores, la independencia econ&#x00F3;mica emerge como el tercer factor definitivo que alza a la viuda como un ser capaz de actuar por s&#x00ED; mismo (M. King, <xref ref-type="bibr" rid="CIT21">1991</xref>, 30). En este sentido, es necesario puntualizar que, si bien es cierto que las mujeres pertenecientes a las clases media y baja ve&#x00ED;an aumentar su libertad al convertirse en cabeza de familia, de poco les serv&#x00ED;a al desaparecer su principal fuentes de ingresos. Mientras, en el caso de las damas de clase alta, la muerte del esposo las situaba en una posici&#x00F3;n aventajada con respecto a su vida anterior. No s&#x00F3;lo era el momento de percibir las arras, lo que supon&#x00ED;a fuertes sumas de dinero y otros bienes, sino tambi&#x00E9;n la disposici&#x00F3;n de una mayor libertad de actuaci&#x00F3;n para administrar sus propiedades<xref ref-type="fn" rid="NOTE05">5</xref>. De hecho, un alto porcentaje de las mujeres que desarrollaron labores de patronazgo lo hicieron una vez quedaron liberadas de las funciones maritales y maternales<xref ref-type="fn" rid="NOTE06">6</xref>. Se trataba, en la mayor&#x00ED;a los casos, de viudas que ya hab&#x00ED;an cumplido con sus deberes de madre o que nunca hab&#x00ED;an llegado a ejercer como tales como Margarita de Austria o Mar&#x00ED;a de Hungr&#x00ED;a (Lawrence, <xref ref-type="bibr" rid="CIT23">1997</xref>, 13) (<xref ref-type="fig" rid="F0001">fig. 1</xref> y <xref ref-type="fig" rid="F0002">fig. 2</xref>). Pero no siempre se trat&#x00F3; de una cuesti&#x00F3;n de independencia econ&#x00F3;mica o de compromisos maritales; igualmente, se da la circunstancia, aunque en menor medida, de mujeres que hubieron de esperar hasta terminar con sus responsabilidades de gobierno para poder dedicarse al patronazgo. Este es el caso de Catalina Cornaro, reina de Chipre y Se&#x00F1;ora de Asolo, quien s&#x00F3;lo despu&#x00E9;s de su abdicaci&#x00F3;n del trono, se dedicar&#x00ED;a plenamente a las labores de promoci&#x00F3;n art&#x00ED;stica (Buenger, <xref ref-type="bibr" rid="CIT02">1980</xref>). Otras patronas como Isabel I, Catalina de Medici o Juana de Austria (<xref ref-type="fig" rid="F0003">fig. 3</xref> y <xref ref-type="fig" rid="F0004">fig. 4</xref>), no s&#x00F3;lo pudieron compaginar ambas facetas, sino que emplearon el arte en aras de sus propios intereses pol&#x00ED;ticos.</p>
		
		 <fig id="F0001">
				  <label>Figura 1</label>
				  <caption>
					<title>B. van Orley. <italic>Margarita de Austria</italic>. Bruselas, Museos Reales de Bellas Artes</title>
				  </caption>
				  <graphic xmlns:xlink="http://www.w3.org/1999/xlink" xlink:href="../images/F1.jpg"/>
		 	 </fig>
			 
		 <fig id="F0002">
				  <label>Figura 2</label>
				  <caption>
					<title>P. Leoni y L. Leoni. <italic>Mar&#x00ED;a de Hungr&#x00ED;a</italic>. Madrid, Museo del Prado</title>
				  </caption>
				  <graphic xmlns:xlink="http://www.w3.org/1999/xlink" xlink:href="../images/F2.jpg"/>
		 	 </fig>
			 
		<fig id="F0003">
				  <label>Figura 3</label>
				  <caption>
					<title>Atribuido a I. Oliver. <italic>Isabel I (The Rainbow Portrait)</italic>, 1600-1602. Hertfordshire, Hatfield House</title>
				  </caption>
				  <graphic xmlns:xlink="http://www.w3.org/1999/xlink" xlink:href="../images/F3.jpg"/>
		 	 </fig>
		<fig id="F0004">
				  <label>Figura 4</label>
				  <caption>
					<title>A. Moro. <italic>Juana de Austria</italic>, 1560. Madrid, Museo del Prado</title>
				  </caption>
				  <graphic xmlns:xlink="http://www.w3.org/1999/xlink" xlink:href="../images/F4.jpg"/>
		 	 </fig>	 
			 
		<p>Doncellas, casadas, viudas; con mayores o menores recursos econ&#x00F3;micos, cierta independencia jur&#x00ED;dica, con o sin responsabilidades de gobierno… si algo ten&#x00ED;an en com&#x00FA;n estos modelos de mujer era el rol eminentemente pasivo que deb&#x00ED;an desempe&#x00F1;ar en la sociedad. Como hemos apuntado, muchos investigadores consideran la esfera cultural como una de las pocas &#x00E1;reas donde la mujer de la Edad Moderna de buena posici&#x00F3;n econ&#x00F3;mica goz&#x00F3; de una libertad e influencia significativa (M. King, <xref ref-type="bibr" rid="CIT21">1991</xref>; Wiesner, <xref ref-type="bibr" rid="CIT40">2000</xref>; Wilkins, <xref ref-type="bibr" rid="CIT41">1975</xref>). Cierto es que la mayor&#x00ED;a de las mujeres que desarrollaron labores de patronazgo durante su matrimonio ejercieron una labor secundaria, sometidas al benepl&#x00E1;cito de sus c&#x00F3;nyuges, circunstancia que ha motivado que resulte muy dif&#x00ED;cil dilucidar cu&#x00E1;l es el verdadero promotor de muchas obras (Crum, <xref ref-type="bibr" rid="CIT06">2001</xref>). Sin embargo, este papel fundamentalmente pasivo, obligado por las circunstancias, variaba de forma considerable en las viudas y en aquellas casadas que dispon&#x00ED;an de una independencia financiera. En este caso, la pasividad se transformaba en actividad; la esfera privada dejaba paso, prudentemente, a un plano m&#x00E1;s p&#x00FA;blico (Kerber, <xref ref-type="bibr" rid="CIT17">1988</xref>, Sharistanian, <xref ref-type="bibr" rid="CIT35">1986</xref>); de la misma manera que las obras patrocinadas pasaban de promocionar y defender el patrimonio de la dinast&#x00ED;a familiar y el prestigio del linaje a ser expresi&#x00F3;n de un inter&#x00E9;s propio, reservado hasta el momento a discretas manifestaciones en las obras que promocionaban<xref ref-type="fn" rid="NOTE07">7</xref>.</p>
		
			
		<p>La mayor&#x00ED;a de las mujeres que emprendieron el ejercicio de la promoci&#x00F3;n art&#x00ED;stica de manera activa comenzaron, pues, ejerciendo un patronazgo pasivo, atento a la aprobaci&#x00F3;n masculina. No obstante, entre ambos extremos emerge una opci&#x00F3;n intermedia ampliamente desarrollada que denominaremos <italic>patronazgo activo condicionado</italic>. Si el patronazgo pasivo se caracteriza por ser aquel en el que la mujer opina, pero no decide -con el ejemplo paradigm&#x00E1;tico de Leonor de Toledo en el proceso de decoraci&#x00F3;n de su oratorio personal en el Palacio Viejo de Florencia, iniciado en 1540, apenas transcurrido un a&#x00F1;o de su matrimonio con Cosme de Medici en el que la Duquesa era consultada, sin embargo, era el Duque quien tomaba las decisiones y las empleaba, en ocasiones, para extraer ventajas pol&#x00ED;ticas<xref ref-type="fn" rid="NOTE08">8</xref> (Eisenbichler, 2004, Smyth, <xref ref-type="bibr" rid="CIT38">1997</xref>, Cox-Rearick, <xref ref-type="bibr" rid="CIT05">1993</xref>, Eldestein, <xref ref-type="bibr" rid="CIT09">1995</xref> y <xref ref-type="bibr" rid="CIT10">2001</xref>)-, el patronazgo activo implica el ejercicio del gusto personal, manifestado en la elecci&#x00F3;n de un g&#x00E9;nero concreto, una iconograf&#x00ED;a determinada o un estilo preciso, fruto de la experiencia y criterio femenino. As&#x00ED;, Catalina de Medici adopt&#x00F3; la imagen de Artemisa para sus retratos, dentro de unos c&#x00E1;nones estil&#x00ED;sticos previamente fijados (Ffolliot, <xref ref-type="bibr" rid="CIT12">1986</xref>, <xref ref-type="bibr" rid="CIT13">1997</xref>); Margarita de Austria escogi&#x00F3; a Conrat Meit, como uno de los escultores favoritos (Burk, <xref ref-type="bibr" rid="CIT03">2005</xref>) o Mar&#x00ED;a de Hungr&#x00ED;a por los hermanos Leoni (Estella Marcos, <xref ref-type="bibr" rid="CIT25">2000</xref>). Es decir, el ser activo implica tomar decisiones, elegir con cierta libertad, conforme a unos criterios personales. Sin embargo, la est&#x00E9;tica femenina act&#x00FA;a m&#x00E1;s o menos libremente en funci&#x00F3;n del tipo de obra que comisiona y los motivos que subyacen tras el encargo. Parece, por tanto, dif&#x00ED;cil que una mujer pueda ejercer su gusto personal al comisionar un pante&#x00F3;n familiar sin verse condicionada por el verdadero prop&#x00F3;sito que le lleva a erigir esa obra: la promoci&#x00F3;n din&#x00E1;stica. Sin embargo, si se tratara de su enterramiento personal, actuar&#x00ED;a m&#x00E1;s libremente y sin otro condicionante que su propio criterio y experiencia. En el primer caso se tratar&#x00ED;a de un <italic>patronazgo activo condicionado</italic>: aquella actuaci&#x00F3;n en la que la patrona somete su criterio personal al contexto y circunstancias del encargo y en el segundo un <italic>patronazgo activo</italic>. Uno de los ejemplos m&#x00E1;s evidentes al respecto lo encontramos en el caso de Menc&#x00ED;a de Mendoza. La Marquesa del Zenete manifest&#x00F3; en su testamento su deseo de que tanto sus padres como ella fueran enterrados en la Capilla de los Tres Reyes del Convento de Predicadores de Valencia. Sin embargo, especific&#x00F3; c&#x00F3;mo para sus progenitores deseaba poner “camas e bultos de alabastro” (Roest Van Limburg, <xref ref-type="bibr" rid="CIT32">1908</xref>, 99) (<xref ref-type="fig" rid="F0005">fig. 5</xref>) mientras para s&#x00ED;, tan s&#x00F3;lo quer&#x00ED;a que sobre su sepultura “se ponga una lancha de alabastro igual de la tierra sin otro vulto con un letrero en que se diga como mi cuerpo yace all&#x00ED; sepultado y se declare el dia de mi finamiento porque las personas que lo vieren y leyeren y me conoscieren tengan memoria de rogar a Dios por mi alma” (Roest van Limburg, <xref ref-type="bibr" rid="CIT32">1908</xref>, 94-95) (<xref ref-type="fig" rid="F0006">fig. 6</xref>). Se trataba de dos estilos bien distintos: el primero el que sus padres hubieran deseado, el segundo el que ella misma escog&#x00ED;a, siguiendo los par&#x00E1;metros de la doctrina erasmista. Ambos fueron voluntad expresa de Menc&#x00ED;a de Mendoza, aunque la responsabilidad de la construcci&#x00F3;n recayera sobre Luis de Requesens; ambos constituyen un ejemplo de patronazgo activo, sin embargo, en el caso de la tumba de los Marqueses del Zenete asistimos a un caso de <italic>patronazgo activo condicionado</italic>, en el que el criterio personal de Menc&#x00ED;a se ve sometido a las circunstancias particulares del encargo. </p>
		
			<fig id="F0005">
				  <label>Figura 5</label>
				  <caption>
					<title>Cromolitograf&#x00ED;a del sepulcro de los Marqueses del Zenete, 1879. Valencia, Convento de Santo Domingo</title>
				  </caption>
				  <graphic xmlns:xlink="http://www.w3.org/1999/xlink" xlink:href="../images/F5.jpg"/>
		 	 </fig>
			 
			 <fig id="F0006">
				  <label>Figura 6</label>
				  <caption>
					<title>Sepulcro de Menc&#x00ED;a de Mendoza, 1554. Valencia, Convento de Santo Domingo</title>
				  </caption>
				  <graphic xmlns:xlink="http://www.w3.org/1999/xlink" xlink:href="../images/F6.jpg"/>
		 	 </fig>			 
		
		<p>Se tratara de un patronazgo activo o pasivo, los principales proyectos que emprendieron estas mujeres persegu&#x00ED;an unos fines muy concretos. As&#x00ED;, la comisi&#x00F3;n de tumbas y panteones familiares era la expresi&#x00F3;n perfecta del amor conyugal y el modo id&#x00F3;neo para la promoci&#x00F3;n din&#x00E1;stica, mientras la decoraci&#x00F3;n de iglesias, capillas y conventos era considerado, bien como expresi&#x00F3;n de piedad, bien como forma de autopromoci&#x00F3;n, ya fuera personal o de su familia. No obstante, en muchos casos, las obras encargadas por patronas femeninas parecen pretender alcanzar una m&#x00E1;s alta posici&#x00F3;n personal. Tan pronto como cada una de las patronas mencionadas fue descubriendo que el arte era un instrumento al servicio del poder, un s&#x00ED;mbolo de estatus y una manera de reconocimiento social, fueron evolucionando en sus actitudes hasta convertirse en aut&#x00E9;nticas promotoras del arte, hasta el punto de llegar a rivalizar con sus c&#x00F3;nyuges, y encontrar en el arte la v&#x00ED;a de expresi&#x00F3;n de su propia experiencia, manifestada de numerosas formas, desde la creaci&#x00F3;n de un estilo o iconograf&#x00ED;a que definiera su propio estatus o aspiraciones, al goce est&#x00E9;tico del arte, la satisfacci&#x00F3;n de la adquisici&#x00F3;n y el placer de asociarse con artistas, y m&#x00E1;s tarde, marchantes y otros coleccionistas (Lawrence, <xref ref-type="bibr" rid="CIT23">1997</xref>).  </p>
					 
		</sec>
		
	</body>

	<back>
	
		<sec id="notas">
		<title>NOTAS</title>
	
		<fn-group>
	

			<fn id="NOTE01"><label>1</label><p>Sin embargo, es preciso puntualizar que la ley solamente proteg&#x00ED;a a las mujeres consideradas honradas, privilegio que reca&#x00ED;a entre aquellas j&#x00F3;venes pertenecientes a familias acomodadas y de cierto prestigio. De este modo, no se trataba de una defensa de las mujeres y de su dignidad como persona, sino de una salvaguarda de la honra familiar de las clases altas. Tal como se&#x00F1;ala Cristina Segura: “Toda mujer debe estar bajo la protecci&#x00F3;n de un hombre, padre o marido, y &#x00E9;ste es el que le proporciona la honra, que no tienen por s&#x00ED; mismas”. (Segura Gra&#x00ED;&#x00F1;o, <xref ref-type="bibr" rid="CIT33">1986</xref>, 123).</p></fn>
			
			<fn id="NOTE02"><label>2</label><p>“As&#x00ED; que dexando aquellas virtudes del alma que le son a ellas comunes con el cortesano, como es la prudencia, la grandeza del &#x00E1;nimo, la continencia y muchas otras y asimismo aquellas calidades que se requieren en todas las mujeres, como ser buena y discreta, saber regir la hacienda del marido y la casa y los hijos, si fuere casada, y todas aquellas partes que son menester en una se&#x00F1;ora de su casa, digo que la que anda en una corte o en otro lugar donde se traten cosas de gala, par&#x00E9;ceme que de ninguna cosa tenga tanta necesidad como de una cierta afabilidad graciosa, con la cual sepa tratar y tener correa con toda suerte de hombre honrados, teniendo con ellos una conversaci&#x00F3;n dulce y honesta y conforme al tiempo y al lugar y a la calidad de aquella persona con quien hablare. (…) pero esto con tal manera de seso y de bondad lo haga, que en opini&#x00F3;n de todos sea tan buena, prudente y bien criada, cuanto graciosa, avisada y discreta.” De Castiglione, Baltasar [1531], (1994): <italic>El Cortesano</italic>, Madrid, C&#x00E1;tedra, p. 350.</p></fn>
			
			<fn id="NOTE03"><label>3</label><p>Esta postura tan tradicional contrasta con la actitud m&#x00E1;s progresista, equiparable a humanistas como Erasmo, que lo lleva a defender en el tercer libro de <italic>El Cortesano</italic> la igualdad entre ambos sexos: “Y por eso, as&#x00ED; como ninguna piedra puede ser m&#x00E1;s perfectamente piedra que otra, cuanto al ser de la piedra, ni un le&#x00F3;n m&#x00E1;s perfectamente le&#x00F3;n que otro, as&#x00ED; un hombre no puede ser m&#x00E1;s perfectamente hombre que otro; y por consiguiente no ser&#x00E1; el macho m&#x00E1;s perfecto que la hembra cuanto a la sustancia suya formal, porque entre ambos se comprende debaxo de la especie del hombre, y aquello en que el uno es diferente del otro es cosa accidental y no esencial”. Ib&#x00ED;dem, pp. 358-359.</p></fn>
			
			<fn id="NOTE04"><label>4</label><p>Los tres estados b&#x00E1;sicos en los que se divid&#x00ED;a la vida de una mujer quedaban determinados por su condici&#x00F3;n civil. Doncella, casada o viuda, estos fueron durante largo tiempo los prototipos femeninos b&#x00E1;sicos. Sin embargo, dentro de ellos podr&#x00ED;amos establecer, a su vez, otros muchos modelos. As&#x00ED;, deber&#x00ED;amos considerar a la mujer dedicada a la vida religiosa, como la monja; la vinculada a los sectores marginales, como la criada, la esclava, la alcahueta o la prostituta; la ligada a otras etnias o religiones, como la morisca o la gitana; y aquella relacionada con el mundo de la magia y los poderes sobrenaturales, como la bruja. Sin embargo, exceptuando algunas de las mujeres dedicadas a la vida religiosa, los modelos de mujeres previamente citados no se abordan en este estudio por no haber desempe&#x00F1;ado funciones de patronazgo.</p></fn>
			
			<fn id="NOTE05"><label>5</label><p>Aunque la situaci&#x00F3;n econ&#x00F3;mica femenina difer&#x00ED;a sensiblemente entre los pa&#x00ED;ses europeos e incluso entre las diferentes ciudades-estados de un mismo pa&#x00ED;s, como ocurre en el caso italiano, lo cierto es que la mujer, tras la muerte de su esposo, disfrutaba de una inusitada autonom&#x00ED;a financiera que le permit&#x00ED;a decidir la forma de invertir su dinero. (King, <xref ref-type="bibr" rid="CIT20">1998</xref>, 3).</p></fn>
			
			<fn id="NOTE06"><label>6</label><p>Seg&#x00FA;n Cathering King, exist&#x00ED;an tres modelos de mujer, capacitadas legal y econ&#x00F3;micamente, para ejercer el patronazgo es estos momentos: las viudas, las hijas de personajes acaudalados que viv&#x00ED;an en comunidades como monjas y las consortes de grandes gobernantes. Sin embargo, existe un cuarto modelo de mujer no contemplado por esta autora. Nos referimos a aquellas mujeres cuya posici&#x00F3;n econ&#x00F3;mica es independiente de su estado civil, como es el caso de Isabel I de Inglaterra, en la faceta de reina, o Menc&#x00ED;a de Mendoza, en el &#x00E1;mbito de la nobleza. (C. King, <xref ref-type="bibr" rid="CIT19">1992</xref>, 373).</p></fn>
			
			<fn id="NOTE07"><label>7</label><p>Catherine King ha planteado la posibilidad de que las obras comisionadas por las mujeres posean cierta impronta femenina en funci&#x00F3;n de las circunstancias del encargo. As&#x00ED;, cuando una mujer comisiona una obra para su uso personal, el trabajo resultante suele poseer su marca femenina, mientras que, si se trata de un encargo para terceras personas, normalmente hombres, como la tumba de su esposo, s&#x00F3;lo la inscripci&#x00F3;n u otros peque&#x00F1;os detalles nos har&#x00E1; ver la participaci&#x00F3;n femenina. (C. King, <xref ref-type="bibr" rid="CIT20">1998</xref>,6).</p></fn>
			
			<fn id="NOTE08"><label>8</label><p>No obstante, este rol pasivo, personificado en la Duquesa fue evolucionando conforme avanzaba su matrimonio, ganaba confianza y autoridad, y reconoc&#x00ED;a en el arte un instrumento de poder. De este modo, en una de las modificaciones que tuvieron lugar en la capilla entre 1545 y 1553, Leonor intervino relegando algunas de las obras que Cosme hab&#x00ED;a elegido y empleado como instrumento pol&#x00ED;tico, y las reemplaz&#x00F3; por im&#x00E1;genes m&#x00E1;s piadosas: La Anunciaci&#x00F3;n de la Virgen y el Arc&#x00E1;ngel San Gabriel que vemos en la imagen. A partir de este momento, y a la vez que conclu&#x00ED;a el ciclo iconogr&#x00E1;fico de la capilla, tom&#x00F3; conciencia tanto de la manipulaci&#x00F3;n que su esposo ejerc&#x00ED;a sobre ella, como del importante lugar ocupado por el arte en la ciudad de Florencia, donde constitu&#x00ED;a una de las m&#x00E1;ximas expresiones de poder y prestigio. Por ello, afirm&#x00F3; su limitado poder transformando su capilla, inicialmente concebida por su esposo como un paneg&#x00ED;rico mediceo, en una imagen de la piedad contrarreformista en consonancia con la cercan&#x00ED;a de Leonor a la doctrina jesu&#x00ED;tica. Fue a partir de este momento, contando ya con veintitr&#x00E9;s a&#x00F1;os, cuando comenz&#x00F3; a desempe&#x00F1;ar el patronazgo art&#x00ED;stico de forma activa.</p></fn>
			
			
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			<title>BIBLIOGRAF&#x00CD;A</title>

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			  <comment>Este artículo fue traducido al castellano en: Amelang, James S. y Nash, Mary (ed.) (1990): Historia y Género: las mujeres en la Edad Moderna y Contemporánea, Valencia, Dpto. de Historia del Arte, pp. 126-165.</comment>
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