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				<journal-title>ARBOR Ciencia, Pensamiento y Cultura</journal-title>
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			<issn pub-type="epub">0210-1963</issn>
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				<publisher-name>Consejo Superior de Investigaciones Cientificas</publisher-name>
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				<subject>RESE&#x00D1;AS DE LIBROS/BOOK REVIEWS</subject>
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			<alt-title alt-title-type="running-head">Rese&#x00F1;a</alt-title>
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			<year>2013</year>
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			<volume>189</volume>
			<issue>760</issue>
			
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	<title><bold>Olga Glondys</bold>. <italic>La guerra fr&#x00ED;a cultural y el exilio republicano espa&#x00F1;ol. Cuadernos del Congreso por la Libertad de la Cultura (1953-1965)</italic>. <bold>Pr&#x00F3;logo de Jos&#x00E9; Carlos Mainer, Consejo Superior de Investigaciones Cient&#x00ED;ficas, Madrid, 2012, 369 pp.</bold></title>
	
    <title> </title>
		<p>Este es un libro importante y necesario. No comparto muchas de las tesis enunciadas respecto al mismo por el profesor Jordi Gracia en su rese&#x00F1;a de BABELIA (16 marzo 2013). En mi modesta opini&#x00F3;n constituye, por el contrario, un enriquecimiento notable de la bibliograf&#x00ED;a sobre el exilio espa&#x00F1;ol, la cultura antifranquista del interior y las interpretaciones todav&#x00ED;a muy frecuentes en cierta literatura en lengua inglesa sobre la guerra civil precedente. Glondys lo ha desarrollado en un marco apropiado: el de la guerra fr&#x00ED;a.  </p><p>La calidad de un historiador se mide por dos criterios: sus interpretaciones deben estar fundadas en la evidencia primaria relevante de &#x00E9;poca suficiente que permite indagar en lo que hubo “detr&#x00E1;s de los hechos” y han de basarse en la aplicaci&#x00F3;n de paradigmas congruentes que no la distorsionen o, al menos, no lo hagan sobremanera.  </p>
		
		<p>Medida por ambos criterios Glondys ha hecho una aportaci&#x00F3;n nada desde&#x00F1;able a las consecuencias culturales de la guerra fr&#x00ED;a sobre el caso espa&#x00F1;ol, si bien cabe destacar que constituye as&#x00ED; mismo una pionera aproximaci&#x00F3;n en dicho &#x00E1;mbito de estudios al latinoamericano. Confieso haber abierto el libro con cierta trepidaci&#x00F3;n. No en vano en mis a&#x00F1;os de estudiante en Alemania e Inglaterra fui asiduo lector de <italic>Der Monat</italic> y de <italic>Encounter</italic>, dos de las publicaciones que abogaban entonces a favor de la libertad de expresi&#x00F3;n y de investigaci&#x00F3;n que hab&#x00ED;an desaparecido totalmente en la entonces Uni&#x00F3;n Sovi&#x00E9;tica. A ello se a&#x00F1;adi&#x00F3; la curiosidad por la autora: fil&#x00F3;loga polaca, aunque historiadora en la pr&#x00E1;ctica, formada en Polonia y en Espa&#x00F1;a, afincada en nuestro pa&#x00ED;s y casada con un espa&#x00F1;ol. Combinaci&#x00F3;n perfecta. Como polaca cabr&#x00ED;a suponerle que no tendr&#x00ED;a demasiada simpat&#x00ED;a hacia el sistema sovi&#x00E9;tico que hab&#x00ED;a mantenido a Polonia durante tantos a&#x00F1;os en su pu&#x00F1;o de hierro. Como cuasi-espa&#x00F1;ola cabr&#x00ED;a presumirle un inter&#x00E9;s particular por el pasado de su pa&#x00ED;s de adopci&#x00F3;n. Ni mi trepidaci&#x00F3;n ni mi curiosidad se han visto defraudadas en la lectura de este libro. </p>
		
		<p>En primer lugar est&#x00E1; basado en fuentes primarias relevantes. Los archivos de tres protagonistas esenciales del Congreso por la Libertad de la Cultura (CLC) como fueron un socialista caballerista, Luis Araquista&#x00ED;n, un expoumista, Juli&#x00E1;n Gork&#x00ED;n, y un republicano rabiosamente anti-franquista, Salvador de Madariaga. (Mi asistencia a la entrega que se le hizo en Aquisgr&#x00E1;n del Premio Carlomagno me vali&#x00F3; una dura reprimenda de mi embajador, por no haber pedido autorizaci&#x00F3;n para hacerlo). A tales archivos se a&#x00F1;aden el general del CLC y de su sucesora, la Asociaci&#x00F3;n Internacional por la Libertad de la Cultura (AILC), custodiados en la Universidad de Chicago, y los personales de siete protagonistas de la ofensiva cultural norteamericana en tiempos de guerra fr&#x00ED;a: Burnett Bolloten (a quien conoc&#x00ED; personalmente y con quien he cruzado espadas m&#x00E1;s de una vez), James Burnham, Sidney Hook, Michael Josselson, Jay Lovestone, Joaqu&#x00ED;n Maur&#x00ED;n y Bertram D. Wolfe, consultables en la Hoover Institution de Stanford, California, y en el caso del agente de la CIA y cerebro del CLC Josselsson en la Universidad de Texas. </p>
		
		<p>En segundo lugar el libro de Glondys se ensarta en el relativamente novedoso campo de los <italic>cold war studies</italic>, hoy en proceso de r&#x00E1;pida expansi&#x00F3;n con la apertura de los archivos de los antiguos pa&#x00ED;ses del Este (aunque con excepciones muy importantes en el caso ruso) y la interacci&#x00F3;n con la din&#x00E1;mica desclasificadora de significativos archivos occidentales, en particular los norteamericanos y los brit&#x00E1;nicos (tambi&#x00E9;n con limitaciones nada desde&#x00F1;ables). </p>
		
		<p>En tercer lugar la obra se enmarca en el &#x00E1;rea, tambi&#x00E9;n en crecimiento acelerado, de los estudios sobre la influencia del vector cultural e intelectual de la contraofensiva norteamericana frente al reto que represent&#x00F3; la Kominform y las estrategias de acci&#x00F3;n de los partidos comunistas nacionales en pa&#x00ED;ses occidentales. Se desarrollaron bajo esl&#x00F3;ganes muy diversos pero que tend&#x00ED;an a aupar a estos &#x00FA;ltimos, en particular en pa&#x00ED;ses muy sensibles para la estrategia de contenci&#x00F3;n estadounidense como fueron Francia e Italia. Glondys reconoce abiertamente, desde las primeras p&#x00E1;ginas, la fundamental aportaci&#x00F3;n divulgadora de uno de los primeros estudios en abordar la direcci&#x00F3;n y gesti&#x00F3;n de la CIA en tal vector como fue la obra de Frances Stonor Saunders, <italic>La CIA y la guerra fr&#x00ED;a cultural</italic>, publicada en 2001 por Debate y hoy afortunadamente reeditada. </p>
		
		<p>Como ha reconocido Saunders con ocasi&#x00F3;n de la reedici&#x00F3;n, entonces apenas si entr&#x00F3; en el caso espa&#x00F1;ol. No es de extra&#x00F1;ar puesto que, en comparaci&#x00F3;n con los <italic>enjeux</italic> globales norteamericanos (y brit&#x00E1;nicos), este no representaba en puridad sino una nota a pie de p&#x00E1;gina.  </p>
		
		<p>Glondys la ha expandido considerablemente. Ha tenido la paciencia de analizar los art&#x00ED;culos y las rese&#x00F1;as de libros emanados de la pluma de los colaboradores espa&#x00F1;oles del CLC as&#x00ED; como una selecci&#x00F3;n de autores extranjeros. En el primer caso llama la atenci&#x00F3;n la frecuencia: 10 art&#x00ED;culos de Araquista&#x00ED;n, 9 de Gork&#x00ED;n, 7 de Madariaga, 7 de Enrique Gironella, 5 de Victor Alba, 3 de Ignacio Iglesias y otros tantos de Maur&#x00ED;n. Se observa la alta presencia de expoumistas con 27 art&#x00ED;culos. Como tambi&#x00E9;n ocurre con las rese&#x00F1;as, en las que Ignacio Iglesias se lleva la palma. A ello se a&#x00F1;ade una bibliograf&#x00ED;a con 140 obras de an&#x00E1;lisis y memorias am&#x00E9;n de casi 30 cap&#x00ED;tulos de obras colectivas y casi 40 art&#x00ED;culos.  </p>
		
		<p>La obra se estructura en diez cap&#x00ED;tulos que combinan el orden cronol&#x00F3;gico y el an&#x00E1;lisis tem&#x00E1;tico. En el primer cap&#x00ED;tulo se examina el punto de partida: los or&#x00ED;genes de la ofensiva intelectual e ideol&#x00F3;gica norteamericana y la peculiar situaci&#x00F3;n del exilio republicano, sin protectores particularmente interesados por &#x00E9;l. En el segundo se pasa revista a los or&#x00ED;genes del CLC en los primeros a&#x00F1;os de la guerra fr&#x00ED;a con el delicado tema de su financiaci&#x00F3;n. No se hace propaganda, ni pol&#x00ED;tica cultural, sin dinero. La CIA asumi&#x00F3;, encantada, esta tarea, no en vano hab&#x00ED;a estado en la g&#x00E9;nesis del movimiento de los intelectuales anticomunistas occidentales. El tercer cap&#x00ED;tulo aborda la proyecci&#x00F3;n, un tanto limitada, del CLC en Am&#x00E9;rica Latina a trav&#x00E9;s del lanzamiento de su revista <italic>Cuadernos</italic> (el equivalente, por as&#x00ED; decir, de <italic>Der Monat</italic>, <italic>Encounter</italic> o <italic>Preuves</italic>). Los cap&#x00ED;tulos cuarto y quinto son tem&#x00E1;ticos: uno estudia las denuncias contra la URSS lanzadas desde el exilio espa&#x00F1;ol y vehiculadas por el CLC y el otro las posturas en contra del neutralismo en la confrontaci&#x00F3;n sist&#x00E9;mica entre los bloques. El cap&#x00ED;tulo sexto retorna a los temas latinoamericanos, en particular tras el vergonzoso golpe pro-norteamericano (perd&#x00F3;n, pro-United Fruit) en Guatemala en 1954 y termina con el an&#x00E1;lisis de sus repercusiones que para la estrategia del Congreso en Am&#x00E9;rica Latina tuvo la revoluci&#x00F3;n cubana, que lo incitaron a dar un peque&#x00F1;o giro hacia la izquierda. El cap&#x00ED;tulo s&#x00E9;ptimo cubre la actuaci&#x00F3;n de cara a una Espa&#x00F1;a en transformaci&#x00F3;n, a causa del cambio generacional y los comienzos de la paulatina y cautelosa “apertura” externa tras el plan de liberalizaci&#x00F3;n y estabilizaci&#x00F3;n econ&#x00F3;micas de 1959. Se proporcionan datos harto relevantes sobre la financiaci&#x00F3;n del famoso “contubernio” de Munich o sobre la actuaci&#x00F3;n del CLC entre las &#x00E9;lites intelectuales espa&#x00F1;olas. Los restantes cap&#x00ED;tulos destacan los contenidos ideol&#x00F3;gicos promovidos hacia Espa&#x00F1;a por el CLC a la hora de intensificar el di&#x00E1;logo entre los intelectuales exiliados y sus contrapartes del interior. </p>
		
		<p>En el tardofranquismo el cap&#x00ED;tulo noveno aborda el abandono del anticomunismo radical en la actuaci&#x00F3;n del CLC en Espa&#x00F1;a, con la promoci&#x00F3;n del “fin de las ideolog&#x00ED;as”, seguido por el an&#x00E1;lisis, desde el contexto hispanohablante, del esc&#x00E1;ndalo de los fondos de la CIA, estallado en 1967, y el comentario de la marginaci&#x00F3;n del n&#x00FA;cleo espa&#x00F1;ol de <italic>Cuadernos</italic>, tanto en el &#x00E1;mbito de la AILC como durante la transici&#x00F3;n democr&#x00E1;tica. El cap&#x00ED;tulo d&#x00E9;cimo presenta un an&#x00E1;lisis metodol&#x00F3;gico y conceptual de las acciones encubiertas y apunta a las principales teor&#x00ED;as que clarifican y permiten comprender las complejas y muy dispares relaciones de los intelectuales espa&#x00F1;oles y latinoamericanos con el CLC. Finalmente las conclusiones contienen una reflexi&#x00F3;n sobre los escollos epistemol&#x00F3;gicos a la hora de estudiar las acciones encubiertas desde la actualidad, complementada por consideraciones generales que suscita a la autora el legado del CLC en Espa&#x00F1;a: el paso del “fin de las ideolog&#x00ED;as” al actual ascenso del neoconservadurismo espa&#x00F1;ol. Glondys no tiene empacho en reconocer que la puerta sigue abierta para futuras investigaciones. Un sentimiento de humildad muy propio de todo historiador profesional para quien el pasado ni termina de pasar ni est&#x00E1; del todo alumbrado.  </p>
		
		<p>Hay dos temas recurrentes: el de la prolongaci&#x00F3;n en el exilio de las querellas intra-republicanas en la guerra civil y la medida en que unos y otros “se dejaron” instrumentalizar en una una causa pro-norteamericana con tal de que fuera suficiente anticomunista. Y en este &#x00FA;ltima se plantea la delicada cuesti&#x00F3;n de hasta qu&#x00E9; punto sab&#x00ED;an o no el papel oculto de la CIA. Algo que, por lo dem&#x00E1;s, la propaganda sovi&#x00E9;tica abordaba m&#x00E1;s o menos hist&#x00E9;ricamente.  </p>
		
		<p>El primer tema es el que m&#x00E1;s interesa a quien esto escribe. Los exiliados, exasperados con la derrota, esparcidos por el ancho mundo y sin recursos, trataron de explicarse y de explicar porqu&#x00E9; ocurri&#x00F3; lo que hab&#x00ED;a ocurrido. Sus portavoces intelectuales y pol&#x00ED;ticos m&#x00E1;s se&#x00F1;eros se dedicaron, casi desde el primer momento, a un ejercicio de proyecci&#x00F3;n. La culpa la tuvieron los “otros”, no ellos. Esos otros siempre fueron Negr&#x00ED;n, los socialistas negrinistas y los comunistas. Se a&#x00F1;adi&#x00F3; el “cisma socialista”, acaudillado por Indalecio Prieto tan pronto como, gracias al golpe de mano sobre el <italic>Vita</italic>, estuvo en condiciones de liderar una corriente preexistente y proporcionarle, al igual que a otros no negrinistas, los necesarios medios de subsistencia. Socialistas caballeristas y besteiristas, expoumistas, republicanos anticomunistas y anarquistas se alinearon en contra de quienes hab&#x00ED;an querido mantener la resistencia no a ultranza, como se afirm&#x00F3; y afirma todav&#x00ED;a hoy por razones ideol&#x00F3;gicas, sino para posibilitar la evacuaci&#x00F3;n del mayor n&#x00FA;mero posible de cuadros militares, pol&#x00ED;ticos y sindicales y sustraerlos a la venganza de los vencedores.  </p>
		
		<p>Ni Prieto ni Araquista&#x00ED;n tuvieron el menor escr&#x00FA;pulo en mentir y desfigurar el pasado. Se les a&#x00F1;adieron personajes de menor alcurnia, pero tambi&#x00E9;n relevantes, como Rodolfo Llopis y Carlos Baraibar. El propio Largo Caballero distorsion&#x00F3; los hechos en sus propias memorias. Nada de ello es sorprendente. Tambi&#x00E9;n lo hizo en su diario el teniente coronel Wolfram von Richthofen, el jefe del Estado Mayor de la Legi&#x00F3;n C&#x00F3;ndor que procedi&#x00F3; al incendio y destrucci&#x00F3;n sistem&#x00E1;ticos de Guernica. Personalmente no puedo ocultar mi desprecio por Baraibar, quien no tuvo el menor empacho en ofrecerse al embajador franquista como informador sobre los exiliados en Chile. Supongo que por dinero.  </p>
		
		<p>Las versiones de tales socialistas, unidas a los de los expoumistas y anarquistas, consolidaron una interpretaci&#x00F3;n de la guerra civil en la cual la URSS, &#x00FA;nico asidero de la Rep&#x00FA;blica, habr&#x00ED;a querido establecer en Espa&#x00F1;a una Rep&#x00FA;blica popular <italic>avant la lettre</italic>. Es una visi&#x00F3;n que populariz&#x00F3; Bolloten y que han desarrollado, impert&#x00E9;rritos, eminentes historiadores norteamericanos como Ronald Radosh o Stanley G. Payne. Su influencia se encuentra en todos quienes leen la historia hacia atr&#x00E1;s o con afanes presentistas. &#x00DA;ltimos ejemplos: el destacado historiador brit&#x00E1;nico Antony Beevor o el ilustre modernista franc&#x00E9;s Bartolom&#x00E9; Bennassar. Por no hablar, claro est&#x00E1;, del amplio plantel de historiadores aut&#x00F3;ctonos, militares o no, franquistas o neofranquistas.  </p>
		
		<p>En esta distorsi&#x00F3;n a los expoumistas les corresponde un papel esencial. No en vano ten&#x00ED;an credenciales que les distingu&#x00ED;an de los dem&#x00E1;s grupos: hab&#x00ED;an estado en la “izquierda”, conectaban con figuras trotskistas o extrotskistas con proyecci&#x00F3;n medi&#x00E1;tica en el mundo de habla inglesa (y algunos en el coraz&#x00F3;n mismo de la contraofensiva encubierta de la CIA) y hab&#x00ED;an visto, como tantos otros intelectuales anteriormente comunistas los errores del pasado. Ni Gork&#x00ED;n (pieza esencial del mecanismo), ni Maur&#x00ED;n, ni Iglesias, ni Gironella, ni Alba tuvieron la proyecci&#x00F3;n e influencia de Koestler, Hook o Wolfe pero su influencia sigue estando de actualidad, lo que se hace patente con las actuales recuperaciones de esa l&#x00ED;nea ideol&#x00F3;gica por los neoconservadores espa&#x00F1;oles. Solo los anarquistas, que tambi&#x00E9;n contribuyeron lo suyo, se escapan de la escrutadora mirada de Olga Glondys. Es verdad que su contribuci&#x00F3;n anal&#x00ED;tica o historiogr&#x00E1;fica fue mucho menor. Resulta dif&#x00ED;cil leer las memorias de Garc&#x00ED;a Oliver, de Mera, las reconstrucciones hist&#x00F3;ricas de Peirats o de Olaya Morales, las disquisiciones militares de Guill&#x00E9;n o las pol&#x00ED;tico-econ&#x00F3;micas de Abad de Santill&#x00E1;n y no advertir que se sit&#x00FA;an en un plano menos sofisticado.  </p>
		
		<p>El caso es que aquellas divergencias de los a&#x00F1;os de conflicto, amplificadas por las disputas del exilio y las arremetidas financiadas por la CIA, contribuyeron a reducir la potencial eficacia pol&#x00ED;tica del exilio republicano. Se comprende que esta afirmaci&#x00F3;n no guste a algunos autores actuales. Tambi&#x00E9;n los antifranquistas necesitan h&#x00E9;roes. Al descartar la oposici&#x00F3;n comunista, quedan como candidatos las no comunistas. Los h&#x00E9;roes aut&#x00E9;nticos estar&#x00ED;an entre ellas. Sobre todo en el interior, pero tambi&#x00E9;n en el exilio. En tal sentido la m&#x00E1;cula de la CIA es, cuando menos, inc&#x00F3;moda. No obsta que pueda explicarse racionalmente. El antiamericanismo tiene, por l&#x00F3;gica, hondas ra&#x00ED;ces en Espa&#x00F1;a. En la izquierda sobre todo pero tambi&#x00E9;n en la derecha. No en vano fueron los Estados Unidos los principales sostenedores de la dictadura. Con la boca peque&#x00F1;a, es cierto, pero por mor de los principios inviolables de la <italic>Realpolitik</italic> y de la necesidad de conservar, en lo posible a precio de saldo, su alquiler de <italic>real estate</italic> espa&#x00F1;ol en forma de bases, oleoductos, instalaciones militares y facilidades de toda &#x00ED;ndole. Todo en aras de la pugna contra el enemigo com&#x00FA;n. El hecho de que el principal adversario del r&#x00E9;gimen fuese una parte sustancial de su propio pueblo no preocup&#x00F3; demasiado en las alturas pol&#x00ED;ticas y estrat&#x00E9;gicas de Washington.  </p>
		
		<p>En esta perspectiva, Glondys abre el delicado tema de qui&#x00E9;n sab&#x00ED;a lo que hab&#x00ED;a detr&#x00E1;s con una cita de John Hunt, el sucesor de Josselson: “Lo sab&#x00ED;an, y sab&#x00ED;an tanto como quisiesen saber, y si sab&#x00ED;an m&#x00E1;s, sab&#x00ED;an que tendr&#x00ED;an que irse; por lo tanto se negaban a saber” (p. 280). Naturalmente, desde el punto de vista intelectual estricto no merece la pena subrayar que Prieto era de los que sab&#x00ED;an y denunciaban. Conviene m&#x00E1;s, por razones de <italic>self-image</italic>, proteger a los intelectuales que mantuvieron enhiestas las banderas de la pureza republicana. Tambi&#x00E9;n se olvidan en tal ejercicio los ataques al propio Prieto. Gork&#x00ED;n y Araquista&#x00ED;n sobresalieron en este empe&#x00F1;o. Por otro lado, no cabe desconocer que numerosos antifranquistas, en el interior y en el exterior, colaboraron con el CLC para engrosar la lucha contra la dictadura (p. 289). Y, ¿por qu&#x00E9; no? Con independencia de lo que pudieran pensar sobre el papel sovi&#x00E9;tico en la guerra civil, en los a&#x00F1;os sesenta era un hecho que la URSS no constitu&#x00ED;a un r&#x00E9;gimen demasiado apetitoso. El libro defiende que razones ideol&#x00F3;gicas y cremat&#x00ED;sticas, agendas particulares, antifranquismo y el simple deseo de conseguir una mayor proyecci&#x00F3;n internacional formaron una especie de im&#x00E1;n que atrajo a muchos intelectuales espa&#x00F1;oles y latinoamericanos a las p&#x00E1;ginas de <italic>Cuadernos</italic> y a los acogedores brazos del CLC.  </p>
		
		<p>No creo que haya en ello nada particularmente reprensible. De joven estudiante en Berl&#x00ED;n viaj&#x00E9; extensamente por la entonces Rep&#x00FA;blica Democr&#x00E1;tica Alemana y algunos pa&#x00ED;ses del Este. Lo que v&#x00ED; no me convenci&#x00F3;. Tampoco me hizo furiosamente anticomunista pero a mi vuelta a Espa&#x00F1;a no se me ocurri&#x00F3; acercarme al PCE. Compa&#x00F1;eros de estudios m&#x00ED;os s&#x00ED; lo hicieron, motivados esencialmente por el antifranquismo. Y luego lo dejaron. Todo esto es algo banal, ya ilustrado en algunos casos notables.  </p>
		
		<p>Glondys trata el tema con delicadeza y subraya que el hecho de colaborar con el CLC no significaba estar a sueldo de la CIA (aunque en el caso del Gorkin que escribi&#x00F3; su famoso panfleto de <italic>Espa&#x00F1;a, un ensayo de democracia popular</italic> no podr&#x00ED;a decirse lo mismo). Glondys no defiende en ning&#x00FA;n momento, como ha insinuado Gracia, la noci&#x00F3;n de que el CLC convirti&#x00F3; a sus colaboradores en “instrumentos intelectuales de la propaganda yanqui”. Al contrario, con un riguroso aparato conceptual y metodol&#x00F3;gico, Glondys exime de tan grave acusaci&#x00F3;n a numerosos intelectuales antifranquistas del exilio y del interior. V&#x00E9;anse los casos, por ejemplo, de Ayala, Caballero Bonald o Castellet entre muchos otros.  </p>
		
		<p>El CLC tendi&#x00F3;, esencialmente, a neutralizar la influencia comunista entre los intelectuales espa&#x00F1;oles. Ello no conlleva el descr&#x00E9;dito de los multivarios componentes de la heterog&#x00E9;na oposici&#x00F3;n antifranquista. Tampoco argumenta Glondys que el CLC, con su promoci&#x00F3;n del “fin de las ideolog&#x00ED;as”, tuviera de por s&#x00ED; la capacidad suficiente para neutralizar los efectos del exilio republicano. Lo que s&#x00ED; hace, y en ello quien esto escribe est&#x00E1; en total acuerdo, es afirmar que las insalvables divisiones del exilio, sus errores de c&#x00E1;lculo pol&#x00ED;tico y el inevitable desgaste de sus protagonistas fueron otros tantos factores de primera magnitud que le restaron fortaleza. Ya lo advirti&#x00F3;, en las memorias que he tenido el honor de rescatar, aquel gran diplom&#x00E1;tico y catedr&#x00E1;tico de universidad que fue Pablo de Azc&#x00E1;rate. El &#x00E1;ngulo anticomunista fue solo un aspecto de la variada actividad del exilio. Si algo puede achacarse a Glondys es que no lo subraye lo suficiente, como he hecho yo mismo. Obedec&#x00ED;a a la cl&#x00E1;sica m&#x00E1;xima de que “el enemigo de mi enemigo es mi amigo”. Para quienes ten&#x00ED;an una necesidad existencial de “salvar” sus propias actuaciones en la guerra civil, utilizar el anticomunismo fue una palanca que deb&#x00ED;a contribuir a acercar al exilio a los decisores occidentales. Se equivocaron. Las democracias de Occidente siempre valoraron m&#x00E1;s la estabilidad geoestrat&#x00E9;gica y geopol&#x00ED;tica que ofrec&#x00ED;a Franco en un rinc&#x00F3;n sensible del <italic>roll-over</italic> ret&#x00F3;rico o del <italic>containment</italic> anticomunista que las elucubraciones sobre el futuro deseable para Espa&#x00F1;a de un grupo variopinto que, por lo dem&#x00E1;s, constituyeron en el plano pol&#x00ED;tico un remedo de la cl&#x00E1;sica jaula de grillos.  </p>
		
		<p>No extra&#x00F1;ar&#x00E1; que Jos&#x00E9; Carlos Mainer eligiera una de las afirmaciones de Glondys para resaltarla en su pr&#x00F3;logo: “La emigraci&#x00F3;n republicana de 1939 es, probablemente, el exilio pol&#x00ED;tico europeo del siglo XX que m&#x00E1;s ret&#x00F3;rica autodestructiva emple&#x00F3;”. Esto es cierto. Tiene que ver no solo con las transformaciones del mundo occidental, la pugna de los bloques, el desgaste existencial y generacional del exilio. Pero tambi&#x00E9;n tiene que ver con el trabajo encubierto de la CIA en los &#x00E1;mbitos pol&#x00ED;tico, ideol&#x00F3;gico e intelectual de la posguerra. Porque de lo que no parece caber duda es que el anticomunismo radical de algunos de los principales exponentes del antifranquismo, enraizado en las querellas de la guerra civil, se vio estimulado y potenciado por el trabajo de organismos como el CLC. El temita del final de las ideolog&#x00ED;as, entre nosotros tan caro al avezado pensador que fue el diplom&#x00E1;tico y ministro franquista Gonzalo Fern&#x00E1;ndez de la Mora, da para mucho. </p>
		
		<p>Nada de ello impide que, a la vez, en su actuaci&#x00F3;n entre los intelectuales espa&#x00F1;oles y latinoamericanos, el CLC, de la misma manera que contribuy&#x00F3; a algunos de sus propios objetivos y de sus valedores, tambi&#x00E9;n lo hizo a agendas y prioridades particulares de quienes se sumaron a sus actuaciones y publicaciones. </p>
		
		<p>En definitiva el libro de Glondys plantea cuestiones muy importantes como, por ejemplo, la permeabilidad de la realidad hist&#x00F3;rica y las epistemolog&#x00ED;as individuales a los discursos manipulados de forma oculta por los poderes hegem&#x00F3;nicos durante medio siglo. Un mundo, en realidad, muy lejano de lo que Jordi Gracia cree percibir en esta obra. </p>
		
		<p>Es deber del historiador reconstruir el pasado en toda su complejidad y en la medida de lo posible. Con aparatos conceptuales y metodolog&#x00ED;as adecuados. Como hace Glondys. Y sin caer en la tentaci&#x00F3;n de cebarse en acusaciones de anticomunismo primario. A Glondys no podr&#x00E1; acus&#x00E1;rsele de simpat&#x00ED;as comunistas. A quien esto escribe tampoco. </p>
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