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			<journal-id journal-id-type="publisher-id">ARBOR</journal-id>
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				<journal-title>ARBOR Ciencia, Pensamiento y Cultura</journal-title>
				<abbrev-journal-title>ARBOR</abbrev-journal-title>
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			<issn pub-type="epub">0210-1963</issn>
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				<publisher-name>Consejo Superior de Investigaciones Cient&#x00ED;ficas</publisher-name>
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			 <article-id pub-id-type="publisher-id">arbor.2013.761n3002</article-id>
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				<subject>LA COMPRENSI&#x00D3;N DE LO SOCIAL / UNDERSTANDING THE SOCIAL</subject>
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			  <article-title>La hermen&#x00E9;utica del sentido de las “cosas sociales”</article-title>
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		<trans-title>Hermeneutics of the sense of “social things”</trans-title>
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		<alt-title alt-title-type="running-head">“cosas sociales”</alt-title>
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				 <surname>Beltr&#x00E1;n Villalva</surname>
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			  <aff id="U1">Universidad Aut&#x00F3;noma de Madrid</aff>
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		<pub-date pub-type="collection">
		<year>2013</year>
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		<volume>189</volume>
		<issue>761</issue>
		
		<elocation-id content-type="doi">10.3989/arbor.2013.761n3002</elocation-id>

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		  	<date date-type="received">
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				<month>04</month>
				<year>2011</year>
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			<date date-type="accepted">
				<day>25</day>
				<month>10</month>
				<year>2012</year>
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		<copyright-statement>&#x00A9; 2013 CSIC</copyright-statement>
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		<license-p>Este es un art&#x00ED;culo de acceso abierto distribuido bajo los t&#x00E9;rminos de la licencia Creative Commons Attribution-Non Commercial (by-nc) Spain 3.0.</license-p>
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		<abstract xml:lang="es">
		<title>RESUMEN</title>
		<p>La realidad social tiene un componente material susceptible de medici&#x00F3;n (sus dimensiones cuantitativas), y otro inmaterial, el sentido de las “cosas sociales”, que ha de ser interpretado y comprendido. Ambas dimensiones son imprescindibles para describir y eventualmente explicar la realidad, pero durante mucho tiempo ha predominado en las ciencias sociales un planteamiento <italic>naturalista</italic>, con el que se pretend&#x00ED;a su asimilaci&#x00F3;n al modelo de las ciencias f&#x00ED;sico-naturales. La atenci&#x00F3;n al componente intersubjetivo del sentido que permea la realidad obliga a tener en cuenta el discurso con el que nos referimos a ella, en el bien entendido de que no se trata de una cuesti&#x00F3;n lingü&#x00ED;stica, sino hermen&#x00E9;utica. Y, claro est&#x00E1;, el prop&#x00F3;sito de la Sociolog&#x00ED;a no se reduce a la comprensi&#x00F3;n del sentido, sino que pretende conocer la totalidad de la realidad. </p>
		</abstract>
		<trans-abstract xml:lang="en">
		<title>ABSTRACT</title>
		<p>Social reality has a measurable dimension (its quantitative, material component) and other non measurable, immaterial: the sense of choses sociales, which have to be interpreted and comprehended. Both are essential to describe and explain reality, but a <italic>naturalistic</italic> approach has prevailed in the social sciences for a long time, favouring their assimilation to the natural sciences model. The inter-subjective sense that pervades social reality compels us to take into account people’s speech not as a linguistic question, but as a hermeneutic one. And, of course, the object of sociology is not limited to understanding the meanings, but extends to scientific knowledge of the complexity of social reality.</p>
		</trans-abstract>
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			<title>PALABRAS CLAVE</title>
			<kwd>Sentido</kwd>
			<kwd>significado</kwd>
			<kwd>discurso</kwd>
			<kwd>hermen&#x00E9;utica</kwd>
			<kwd>lingü&#x00ED;stica</kwd>
		</kwd-group>
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			<title>KEYWORDS</title>
			<kwd>Sense</kwd>
			<kwd>meaning</kwd>
			<kwd>speech</kwd>
			<kwd>hermeneutics</kwd>
			<kwd>linguistics</kwd>
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		<sec id="S1">
		<title>1. LOS DOS COMPONENTES DE LAS “COSAS SOCIALES”: LO TANGIBLE Y EL SENTIDO </title>
		
		<p>Una excelente definici&#x00F3;n de la Sociolog&#x00ED;a como ciencia de la realidad social podr&#x00ED;a ser la formulada por Misgeld, que la describe como “<italic>a combination of hermeneutics, emancipatory reflection and analitycal knowledge</italic>” (Misgeld, <xref ref-type="bibr" rid="CIT12">1976</xref>, 166). A mi entender, ya la combinaci&#x00F3;n de hermen&#x00E9;utica y conocimiento anal&#x00ED;tico es de por s&#x00ED; emancipatoria, en la medida en que produce <italic>conocimiento</italic> de la realidad social, y este, por definici&#x00F3;n, libera de los <italic>idola</italic>. Por ello quiz&#x00E1;s podr&#x00ED;a dicha definici&#x00F3;n simplificarse en la f&#x00F3;rmula de “estad&#x00ED;stica m&#x00E1;s hermen&#x00E9;utica”, que implicar&#x00ED;a afirmar que la sociolog&#x00ED;a ha de ser materialista pero no solo positivista, indagadora del sentido pero no idealista, emancipatoria pero no prescriptivista. En definitiva, que la sociolog&#x00ED;a se sit&#x00FA;a m&#x00E1;s all&#x00E1; de ser una teor&#x00ED;a que busca solo una explicaci&#x00F3;n causal materialista, as&#x00ED; como m&#x00E1;s all&#x00E1; de buscar solo una explicaci&#x00F3;n comprensiva lingü&#x00ED;stico-interpretativa, situ&#x00E1;ndose en la exigencia de asumir ambas posiciones de acuerdo con la complejidad de la realidad social. Pero no vayamos tan deprisa. </p>
		
		<p>La cuesti&#x00F3;n del sentido que las “cosas” de la vida social tienen para sus actores no es en modo alguno nueva: los antrop&#x00F3;logos, por ejemplo, no la han perdido nunca de vista. Pero para la tradici&#x00F3;n naturalista y positivista de la Sociolog&#x00ED;a, as&#x00ED; como para los enfoques conductistas, la noci&#x00F3;n de “sentido” se hab&#x00ED;a terminado refugiando en &#x00E1;mbitos muy estereotipados, como el cl&#x00E1;sico de “definici&#x00F3;n de la situaci&#x00F3;n”. En la misma limitaci&#x00F3;n incurri&#x00F3; un cierto marxismo que interpret&#x00F3; la famosa frase de <italic>La ideolog&#x00ED;a alemana</italic> de “lo que los hombres dicen, se representan o se imaginan” como si ello no fuese m&#x00E1;s que un subproducto de la vida real, de dudoso o nulo inter&#x00E9;s por s&#x00ED; mismo. De hecho, por unas razones o por otras, los soci&#x00F3;logos de buena parte del siglo XX se han formado en el exclusivismo cuantitativo, de suerte que solo si hab&#x00ED;a medici&#x00F3;n habr&#x00ED;a ciencia (exclusivismo cuantitativo que intenta cuantificarlo todo, incluso ciertas dimensiones simb&#x00F3;licas problem&#x00E1;ticamente cuantificables, como las actitudes y opiniones, por ejemplo, o el an&#x00E1;lisis de contenido en su versi&#x00F3;n orientada al recuento de t&#x00E9;rminos). Pues bien, lo que reaparece hoy con fuerza es la evidencia de que, en expresi&#x00F3;n de Nicol&#x00E1;s Ramiro, somos <italic>animales ladinos</italic>, simb&#x00F3;licos, y que por ello vivimos en un mundo en el que los componentes materiales de la vida social est&#x00E1;n inextricablemente mezclados con el sentido que las cosas tienen para nosotros. Del mismo modo que somos a la vez e inseparablemente biolog&#x00ED;a y cultura (esto es, genes evolucionados heredados y respuestas inventadas aprendidas, todo ello en el proceso de adaptaci&#x00F3;n), la sociedad es a la vez e inseparablemente grupos, estructuras y procesos que han de medirse, y significados y sentidos que han de interpretarse. Y debe quedar claro que este segundo componente tiene mucho que ver con la fuente de s&#x00ED;mbolos que es el lenguaje, aunque no se confunda con &#x00E9;l. </p>
		
		<p>No se trata, pues, del retorno del sujeto, o del auge de lo subjetivo: tal como yo lo veo, estamos ante un &#x00E9;nfasis, por as&#x00ED; decirlo, de lo <italic>intersubjetivo</italic>, que, aunque parezca un juego de palabras, no tiene nada de “subjetivo”, esto es, no es algo espont&#x00E1;neo, diferente y aut&#x00F3;nomo para cada sujeto. En efecto, lo intersubjetivo es tan objetivo como la tasa de natalidad o la distribuci&#x00F3;n de la renta. El sentido que tienen para m&#x00ED; las cosas de la vida no lo <italic>pongo</italic> yo, sino que me viene <italic>dado</italic>, socialmente puesto: no lo decido yo, no me lo invento, sino que lo he aprendido. Es, en efecto, un <italic>dato</italic> para el cient&#x00ED;fico social, ya que se trata, en frase de Sapir, de “los modos de interpretaci&#x00F3;n esencialmente arbitrarios que la tradici&#x00F3;n social nos sugiere constantemente desde el mismo momento de nuestro nacimiento” (Sapir, <xref ref-type="bibr" rid="CIT14">1949</xref>, 546). Se trata, pues, de un &#x00E1;mbito de la realidad en el que se sit&#x00FA;an el lenguaje, el significado, el sentido, la cultura, la interpretaci&#x00F3;n. No podemos seguir considerando el mundo social como si fuera solo un universo material, sino que es rigurosamente imprescindible tener en cuenta la dimensi&#x00F3;n cualitativa de la realidad social y esforzarse en conocerla emp&#x00ED;ricamente. </p>
		
		<p>Piensa Luhmann que los objetos sociales no son simplemente lo que son, sino m&#x00E1;s bien lo que significan, ya que es esencial para ellos el ser comprendidos, esto es, tener sentido, de modo que “los sistemas sociales son sistemas identificados por el sentido” (Luhmann, <xref ref-type="bibr" rid="CIT09">1975</xref>, 18): entendemos las cosas de la realidad social porque tienen sentido para nosotros, lo que, obviamente, es fundamental para la sociolog&#x00ED;a, la ciencia que trata de describir y explicar dicha realidad social. Y para una mayor precisi&#x00F3;n: la comprensi&#x00F3;n lingü&#x00ED;stica lo es del significado, en tanto que la comprensi&#x00F3;n hermen&#x00E9;utica lo ser&#x00ED;a del sentido. El sentido ser&#x00ED;a el correlato cultural no lingü&#x00ED;stico de una situaci&#x00F3;n, por m&#x00E1;s que pueda manifestarse a trav&#x00E9;s del lenguaje en el marco de sus condiciones materiales. El que algo carezca de sentido lo convierte en absurdo, lo coloca fuera de control. Como dice el texto cl&#x00E1;sico (<italic>Macbeth,</italic> escena V, acto quinto), algo carente de sentido es: </p>
		
		<p><italic>a tale told by an idiot,</italic></p>		
		<p><italic>full of sound and fury,</italic></p>
		<p><italic>signifying nothing.</italic></p>
		
		<p>Otra cosa ser&#x00ED;a el que algo me parezca ininteligible: tendr&#x00E1; sentido, sin duda, pero no se me alcanza. El sentido de una cosa da cuenta de su raz&#x00F3;n de ser, de su finalidad, y es un producto social: se trata de una construcci&#x00F3;n cultural que forma parte de la <italic>Weltanschauung</italic> transmitida a los miembros de la sociedad, o a una clase o grupo de ella, en sus procesos de socializaci&#x00F3;n. </p>
		
		<p>Pues bien, la realidad social consiste en el conjunto de las relaciones entre las posiciones sociales; dichas posiciones no est&#x00E1;n distribuidas al azar, sino articuladas, a modo de organigrama, en un espacio estructurado por factores materiales, constituidos como “cosas sociales” por la articulaci&#x00F3;n sobre ellos de pautas de conducta y atribuci&#x00F3;n de sentido, lo que las hace inteligibles. Las “cosas sociales” no son sino hechos sociales a los que, como cree Durkheim, es necesario tratar como cosas, con objeto de reivindicar para ellos un grado de realidad an&#x00E1;logo al que se reconoce a los objetos del mundo exterior que no son productos de la actividad mental. Las “cosas sociales” son compuestos de elementos materiales y culturales, as&#x00ED; como de pr&#x00E1;cticas sociales, dotados de un determinado sentido para un determinado conjunto de personas. Por consiguiente, el sentido de las “cosas sociales” descansa, en &#x00FA;ltimo extremo, en los elementos materiales de la estructura y en la praxis que tiene lugar dentro de ella. De modo que la hermen&#x00E9;utica consiste en la interpretaci&#x00F3;n del sentido de las “cosas sociales”, pero el sentido no constituye la totalidad de la realidad social: el conocimiento de esta sobrepasa a la mera hermen&#x00E9;utica. Las ciencias sociales, y en particular la Sociolog&#x00ED;a, no se reducen a la comprensi&#x00F3;n del sentido. El sentido de las “cosas sociales” permite explicarlas gracias a que hace posible su comprensi&#x00F3;n. No basta con describir la realidad, sino que hay que intentar explicarla: pero muchas veces es imposible o insuficiente una explicaci&#x00F3;n causal, y se requiere comprender, entender lo que existe o lo que pasa para dar raz&#x00F3;n de ello. Tal comprensi&#x00F3;n se logra a trav&#x00E9;s del sentido que la “cosa” tiene para los actores que forman parte de la situaci&#x00F3;n o participan en el proceso (aunque sea como afectados por sus consecuencias). Y debe quedar claro que, en mi opini&#x00F3;n, el sentido no es algo <italic>externo</italic> a las “cosas sociales”, algo que se les a&#x00F1;ade y superpone, sino que les es esencial: las constituye y es parte inseparable de su ser social. Toda la realidad social, todas las “cosas sociales” tienen un sentido <italic>socialmente puesto</italic>: todas significan algo para quienes se mueven en su seno y a su alrededor. </p>
		</sec>
		
		<sec id="S2">
		<title>2. LA NECESARIA CONSIDERACI&#x00D3;N DE LOS DOS COMPONENTES </title>
		
		<p>El lingüista Ryle estableci&#x00F3; la distinci&#x00F3;n entre <italic>thick descriptions</italic> (descripciones “densas”, que no se limitan a lo externo y visible, a lo directamente observable) y <italic>thin descriptions</italic> (descripciones “sumarias”, o “superficiales”, que se limitan a lo externo y visible, como las que hac&#x00ED;an los behavioristas). As&#x00ED; es recogida la distinci&#x00F3;n por Clifford Geertz, que identifica la etnograf&#x00ED;a con la descripci&#x00F3;n densa, y distingue en las ciencias sociales entre “descripci&#x00F3;n”, que establece la significaci&#x00F3;n que determinadas acciones sociales tienen para sus actores, y “explicaci&#x00F3;n”, que enuncia lo que el conocimiento as&#x00ED; alcanzado muestra sobre la sociedad a que se refiere (Geertz, <xref ref-type="bibr" rid="CIT06">1997</xref>, 37). Pues bien, hay que rechazar la herencia behaviorista de la descripci&#x00F3;n superficial, y aceptar con Geertz que la adecuada para las ciencias sociales es la densa, que toma en consideraci&#x00F3;n el sentido que tiene para el actor el objeto de conocimiento, descripci&#x00F3;n que viene seguida por la interpretaci&#x00F3;n, en la que ponemos de manifiesto qu&#x00E9; nos dice lo descrito sobre la sociedad de que se trata. El sentido est&#x00E1; <italic>detr&#x00E1;s</italic> de los elementos materiales y de las pr&#x00E1;cticas sociales (detr&#x00E1;s de la superficie), y es <italic>consecuencia</italic> de los valores, normas y s&#x00ED;mbolos compartidos. El sentido no suele ser expl&#x00ED;cito, pero en ocasiones se explicita f&#x00E1;cilmente. La mayor parte de las veces, sin embargo, es algo impl&#x00ED;cito, latente, dado por supuesto, e incluso no consciente. Por ello sus datos, lingü&#x00ED;sticos o simb&#x00F3;licos (pero siempre articulables en alguna forma de discurso), han de ser producidos y analizados gracias a la investigaci&#x00F3;n cient&#x00ED;fica. </p>
		
		<p>En una l&#x00ED;nea an&#x00E1;loga a la de las descripciones “densas” habr&#x00ED;a que situar la posici&#x00F3;n de Bourdieu, quien propugna que gracias a la noci&#x00F3;n de campo se supere la alternativa entre una interpretaci&#x00F3;n que ignore las condiciones econ&#x00F3;micas, sociales e hist&#x00F3;ricas y otra que refiera el sentido solo a ellas. Bourdieu se&#x00F1;ala, en su rechazo del estructuralismo, que “la comprensi&#x00F3;n hist&#x00F3;rica historiza, relativiza”: no arranca el objeto del tiempo, no es una comprensi&#x00F3;n destemporalizante (Bourdieu, <xref ref-type="bibr" rid="CIT04">1995</xref>, 452). En resumidas cuentas, los elementos materiales de la realidad social no pueden ellos solos dar cuenta del sentido, ni este constituye un <italic>texto</italic> aut&#x00F3;nomo que pueda ser entendido en s&#x00ED; mismo. Hay, pues, que intentar la descripci&#x00F3;n densa de Ryle, o construir el objeto a trav&#x00E9;s de la noci&#x00F3;n de campo de Bourdieu, de suerte que no se omita la consideraci&#x00F3;n del sentido de las cosas sociales, ni se considere a dicho sentido una mera variable dependiente de los factores econ&#x00F3;micos o pol&#x00ED;ticos, ni se le analice como una especie de texto autoportante, ni se le interprete al margen de la historia. Anotado tan ambicioso programa, volvamos ahora a reflexionar sobre las versiones posibles del sentido. </p>
		</sec>
		
		<sec id="S3">
		<title>3. SENTIDO Y SENTIDOS </title>
		<p>El aprendizaje del sentido a trav&#x00E9;s de la socializaci&#x00F3;n no supone una asimilaci&#x00F3;n meramente pasiva por parte de los socializados, sino que estos lo recrean en cierta medida, con lo que el sentido de que se trate no es id&#x00E9;ntico para todos los que lo comparten. De otro lado, el conflicto social produce sentidos no meramente dis&#x00ED;miles, sino incluso contradictorios para quienes se encuentran en posiciones enfrentadas: una determinada “cosa social” no tiene el mismo sentido para j&#x00F3;venes o para viejos, para ricos o para pobres, etc. Aunque el sentido est&#x00E9; socialmente puesto, esto es, aunque no sea algo subjetivo construido por cada actor, no es sin embargo &#x00FA;nico para cada “cosa social”, aunque alguna de sus versiones puede ser predominante, lo que depende de qui&#x00E9;n tenga el poder y, por tanto, cu&#x00E1;l sea la ideolog&#x00ED;a dominante. Quienes est&#x00E9;n en conflicto con ese grupo no compartir&#x00E1;n obviamente el sentido por &#x00E9;l atribuido a la “cosa social” de que se trate, sino que esgrimir&#x00E1;n su propio sentido. Naturalmente, en cada sociedad hay distintas <italic>visiones del mundo</italic>, y desde cada una de ellas cabr&#x00E1; atribuir un sentido diferente al mismo fen&#x00F3;meno o situaci&#x00F3;n, a la misma “cosa”. Las <italic>visiones del mundo</italic> dependen de la perspectiva con que se le contempla, del lugar social que corresponde a la posici&#x00F3;n del que mira. El conflicto que determina la variedad de sentidos es un conflicto de posiciones sociales. Ve&#x00E1;moslo con un ejemplo. En la f&#x00E1;brica Hawthorne la direcci&#x00F3;n ofreci&#x00F3; a los obreros de la sala de cableado (la <italic>bank wiring room</italic>) una serie de primas si lograban determinados aumentos en la producci&#x00F3;n, pero aquellos la mantuvieron sin incrementos; la explicaci&#x00F3;n de su comportamiento es que en la coyuntura de depresi&#x00F3;n de la crisis de 1929, los obreros interpretaban los incentivos como una argucia de la direcci&#x00F3;n para producir m&#x00E1;s con menos trabajadores, con lo que podr&#x00ED;an mandar al paro a una parte de ellos (Roethlisberger y Dickson, <xref ref-type="bibr" rid="CIT13">1946</xref>, 417). Pero la direcci&#x00F3;n de Hawthorne jam&#x00E1;s pens&#x00F3; semejante cosa, sino que trataba de indagar los factores que afectaban a la productividad. He aqu&#x00ED;, pues, dos sentidos en conflicto, dependientes de la posici&#x00F3;n objetiva ocupada por los actores sociales (empresa y trabajadores). En todo caso, y pese a la borrosidad de lo asimilado en la socializaci&#x00F3;n, o a la pluralidad de las versiones conflictivas, el sentido de las “cosas sociales” es intersubjetivo, esto es, compartido por los miembros de las “comunidades de sentido” y, por tanto, objetivo; se trata de un concepto parecido a las <italic>communities of discourse</italic>, de Wuthnow, que articulan las ideolog&#x00ED;as (compartidas) con la estructura social (Wuthnow, <xref ref-type="bibr" rid="CIT17">1989</xref>, <italic>passim</italic>). Existe, pues, una parte no material de la realidad social <italic>exterior</italic> (la parte a la que vengo llamando “sentido”) que se impone a los individuos. Se trata de un sentido socialmente elaborado y atribuido, que cada uno aprende y <italic>negocia</italic> en la interacci&#x00F3;n social. Es verdad que dicho sentido de las “cosas sociales” cambia con el tiempo, y lo hace a trav&#x00E9;s de los cambios de las posiciones sociales y de la interacci&#x00F3;n social, ya que todo orden social es provisional, y se transforma con mayor o menor velocidad. </p>
		
		<p>El que la identificaci&#x00F3;n del sentido de las cosas sociales que lleve a cabo un investigador pueda ser diferente de la que consiga otro no es cosa que tenga que ver con la tesis del pragmatismo, tan criticada por Durkheim, de que la verdad sea esencialmente variable. Lo que sucede, en primer lugar, es que un mismo sentido aprendido a trav&#x00E9;s de la socializaci&#x00F3;n puede manifestarse en quienes lo comparten de maneras no rigurosamente id&#x00E9;nticas, sino con diferencias m&#x00E1;s o menos importantes en funci&#x00F3;n de su borrosidad (variedad que, obviamente, ser&#x00E1; mayor en momentos de cambio cultural). En segundo lugar, las cosas sociales pueden no tener un &#x00FA;nico sentido, sino sentidos diferentes como consecuencia del conflicto social, que generar&#x00E1; distintas “comunidades de sentido” integradas por quienes a causa de su posici&#x00F3;n social comparten uno de los sentidos enfrentados. Yo puedo identificar en mi investigaci&#x00F3;n uno de ellos, incluso sin percatarme del hecho del enfrentamiento, y otro puede ser descubierto por un investigador diferente, siendo ambos emp&#x00ED;ricamente verificables: ambos sentidos existen, son entendidos como “verdaderos” por quienes los comparten, y ambos son “verdaderos” (estar&#x00E1;n verificados) para las ciencias sociales. Lo que no supone ning&#x00FA;n relativismo o variabilidad pragmatista de la verdad, sino que da cuenta del hecho de que la verdad cient&#x00ED;fica acerca del sentido de una determinada cosa social incluye dos versiones diferentes del mismo, o incluso m&#x00FA;ltiples versiones de un original m&#x00E1;s o menos borroso. Con lo que hay que diferenciar, como quer&#x00ED;a Durkheim, que un determinado sentido sea verdadero desde el punto de vista cient&#x00ED;fico (esto es, que sea, en efecto, el sentido que la cosa tiene para la gente que lo comparte), y que un determinado sentido sea verdadero desde el punto de vista del sentido com&#x00FA;n (esto es, que quienes lo comparten est&#x00E9;n convencidos de su verdad). En definitiva, y como resumen de la posici&#x00F3;n durkheimiana, el sentido de la realidad tiene un origen social, su pretensi&#x00F3;n de verdad procede de la sociedad, y su funci&#x00F3;n es reforzar la conciencia social. Con lo que se reivindica el racionalismo (al negar la variabilidad de la verdad cient&#x00ED;fica) y se reconoce el convencionalismo aprendido, el origen social que el sentido de las cosas tiene para nosotros. Y es que Durkheim, “como racionalista convencido que era, no sucumbi&#x00F3; a la tentaci&#x00F3;n del relativismo” (Lukes, <xref ref-type="bibr" rid="CIT10">1984</xref>, 434), y contribuy&#x00F3; as&#x00ED; a despejar el camino para la sociolog&#x00ED;a del conocimiento.  </p>
		</sec>
		
		<sec id="S4">
		<title>4. SIGNIFICADO DEL LENGUAJE VERSUS SENTIDO DE LAS “COSAS SOCIALES” </title>
		
		<p>En todo caso, la interpretaci&#x00F3;n del sentido por las ciencias sociales no tiene que ver con los m&#x00E9;todos de las ciencias f&#x00ED;sico-naturales: para Habermas, la comprensi&#x00F3;n interpretativa (<italic>interpretive understanding</italic>) que la ciencia social lleva a cabo a trav&#x00E9;s de la hermen&#x00E9;utica, es diferente de los m&#x00E9;todos propios de las ciencias f&#x00ED;sico-naturales, adecuados para los componentes materiales de la realidad, y utilizados tambi&#x00E9;n por las ciencias sociales para dicho prop&#x00F3;sito. Gadamer, por su parte, subraya el papel del lenguaje en nuestra experiencia y comprensi&#x00F3;n del mundo (y, por tanto, su presencia en el sentido que impregna la realidad social y la hace inteligible), e indica que el lenguaje no se limita a ser un medio de comunicaci&#x00F3;n, sino la v&#x00ED;a de alcanzar la comprensi&#x00F3;n del sentido de las cosas, haciendo posible la racionalidad de los actores sociales. El lenguaje no es, obviamente, una creaci&#x00F3;n del individuo, sino una herencia cultural que nos llega de otros, y cuya utilizaci&#x00F3;n responde a unas reglas controladas por otros. Por ello mismo, cuando hablo mi discurso no es solo autoexpresi&#x00F3;n, sino que inevitablemente expreso al mundo en el que vivo: lo que digo, cree Charles Taylor, responde a la realidad en la que estamos situados e incluidos (Taylor, <xref ref-type="bibr" rid="CIT15">2005</xref>, 64). Cuando hablo, habla el grupo del que formo parte, e incluso podr&#x00ED;a decirse, con Heidegger, que quien habla es el propio lenguaje. </p>
		
		<p>En resumen, e insisto en ello a riesgo de ser reiterativo, el lenguaje (sus palabras, sus construcciones) tiene significados, que remiten al sentido de las cosas. Las cosas tienen sentido para nosotros, y ese sentido puede ser expresado mediante el lenguaje, aunque tambi&#x00E9;n desde las actitudes y el comportamiento: no solo desde lo que se dice, sino desde lo que se hace, y desde lo que se dice que se hace (Alonso, <xref ref-type="bibr" rid="CIT01">1998</xref>, 72). El sentido se manifiesta tanto en la pr&#x00E1;ctica discursiva como en las pr&#x00E1;cticas extradiscursivas que se producen en una determinada situaci&#x00F3;n (Mart&#x00ED;n Criado, <xref ref-type="bibr" rid="CIT11">1998</xref>, <italic>passim</italic>). El sentido que interesa al soci&#x00F3;logo es el compartido, un sentido intersubjetivo que, por tanto, es objetivo. Este sentido no lo pongo yo, sino que est&#x00E1; socialmente puesto: lo compartimos los miembros de una determinada comunidad de sentido, y eso hace inteligible la realidad en que vivimos. El sentido de las cosas sociales puede expresarse tanto en un discurso espec&#x00ED;fico, no siempre articulable por quienes lo comparten (puede tener aspectos inefables, o cadenas de significaci&#x00F3;n latentes o impl&#x00ED;citas), como en unas pr&#x00E1;cticas concretas: discurso y praxis que deben ser objeto de la investigaci&#x00F3;n emp&#x00ED;rica adecuada al caso de que se trate. El sentido puede referirse a una situaci&#x00F3;n (a modo de una escena teatral), a una instituci&#x00F3;n (pol&#x00ED;tica, por ejemplo, o familiar), o a un modo de vida (que tenga que ver con el sistema de clases sociales, o con ser joven o viejo, hombre o mujer, etc.). En todo caso, el sentido no se agota en el discurso (en los discursos) ni en la praxis que pueden explicitarlo. Para captar el sentido de la realidad social, esto es, para comprenderla (o, si se quiere, para explicarla), es necesario, pues, interpretar el discurso, o los discursos, y los elementos extralingü&#x00ED;sticos en que se exprese dicho sentido. Se trata, pues, de una tarea hermen&#x00E9;utica.  </p>
		
		<p>Pero hay que decir inmediatamente que la importancia que el sentido de las cosas sociales tiene para la comprensi&#x00F3;n de la realidad social no debe llevar a la identificaci&#x00F3;n del sentido con dicha realidad: esta es simult&#x00E1;neamente material, tangible (tiene dimensiones que se pueden contar, pesar o medir), e inmaterial, con sentido (tanto para los participantes como para el investigador). De modo que no predomina en ella ni lo tangible ni el sentido, sino que ambas cosas est&#x00E1;n necesariamente unidas: se trata de la inseparabilidad de la significaci&#x00F3;n y de su soporte, como cree Taylor. Inseparabilidad, si se quiere, de la <italic>res extensa</italic> y de la <italic>res cogitans</italic> como caras o aspectos mutuamente necesarios de la realidad. En todo caso, coexisten la realidad material o externa y la realidad <italic>dicha</italic> o construida, produciendo una y otra efectos en la vida social. De aqu&#x00ED; que, como se ha apuntado m&#x00E1;s arriba, en las ciencias sociales haya dos tipos complementarios de explicaci&#x00F3;n: la causal, an&#x00E1;loga a la de las ciencias f&#x00ED;sico-naturales, y la comprensiva, espec&#x00ED;fica de las ciencias sociales. O por decirlo de manera m&#x00E1;s simple: la explicaci&#x00F3;n de la dimensi&#x00F3;n cuantitativa, y la explicaci&#x00F3;n de la dimensi&#x00F3;n cualitativa. En todo caso, la explicaci&#x00F3;n causal de los fen&#x00F3;menos sociales parece responder mejor al “c&#x00F3;mo” que al “por qu&#x00E9;”. Esta &#x00FA;ltima pregunta, la indagaci&#x00F3;n de la causa, es m&#x00E1;s ambiciosa que la primera, que se limita modestamente a dar cuenta del modo en que se producen los fen&#x00F3;menos. </p>
		
		<p>Pero una cosa es la comprensi&#x00F3;n del sentido que los actores sociales llevan a cabo en la vida cotidiana, y otra muy diferente la que intentan las ciencias sociales para dar cuenta de la realidad. En el caso de los actores, lo que se produce seg&#x00FA;n Gadamer es una suerte de “precomprensi&#x00F3;n”, m&#x00E1;s ontol&#x00F3;gica que metodol&#x00F3;gica, que nunca se manifiesta plenamente, y que no es deliberadamente “producida” por el sujeto, sino que surge en su conciencia con la apariencia de espontaneidad y naturalidad con que los elementos de la cultura se le hacen constantemente presentes (Gadamer, <xref ref-type="bibr" rid="CIT05">1977</xref>, 333 y ss. y 364 y ss.). En cambio, para las ciencias sociales la hermen&#x00E9;utica es una herramienta metodol&#x00F3;gica, en concreto anal&#x00ED;tica, para producir una explicaci&#x00F3;n comprensiva del objeto de conocimiento a trav&#x00E9;s de la interpretaci&#x00F3;n de su sentido. </p>
		
		<p>Como sabemos, el sentido que pueda tener una “cosa social” para un actor no es necesariamente compartido por todos los dem&#x00E1;s: no estamos ante constantes antropol&#x00F3;gicas o universales culturales, sino ante elementos fragmentarios de una visi&#x00F3;n del mundo que refleja la historia y el conflicto social. De modo que puede haber una variedad de sentidos de la misma situaci&#x00F3;n o fen&#x00F3;meno, lo que permite hablar de “comunidades de sentido” para aquellos conjuntos de personas que comparten un determinado sentido. Y lo que las “cosas sociales” signifiquen para las ciencias sociales depender&#x00E1; de la interpretaci&#x00F3;n que de su sentido o sentidos se haga. Con lo que la hermen&#x00E9;utica no es necesariamente concluyente, no ofrece <italic>una</italic> soluci&#x00F3;n &#x00FA;nica y definitiva al problema (como, por otra parte, tampoco la ofrece la estad&#x00ED;stica en su tratamiento anal&#x00ED;tico de los elementos materiales de la realidad), sino que sus hallazgos se caracterizan por una cierta ambigüedad. Entonces, ¿c&#x00F3;mo puedo estar seguro de que mi interpretaci&#x00F3;n sea correcta? ¿Qu&#x00E9; pasa si alguno de los actores sociales implicados rechaza el sentido que atribuyo a la realidad que estudio? ¿Qu&#x00E9; sucede si otro investigador de la realidad no percibe en ella el sentido que yo propongo, o no acepta mi interpretaci&#x00F3;n? Y no se crea que este sea un problema que afecte solo a la sociolog&#x00ED;a: Heather, en <italic>La ca&#x00ED;da del Imperio Romano</italic> se&#x00F1;ala que “como ha sucedido siempre, los historiadores est&#x00E1;n muy lejos de alcanzar un consenso general, ya sea en torno a las grandes cuestiones, ya sobre asuntos de detalle” (Heather, <xref ref-type="bibr" rid="CIT08">2006</xref>, 10). Pues igual sucede con los resultados de la interpretaci&#x00F3;n sociol&#x00F3;gica del sentido de las “cosas sociales”. El problema es dif&#x00ED;cil, pues no me estoy refiriendo a una cuesti&#x00F3;n de significaci&#x00F3;n lingü&#x00ED;stica, que podr&#x00ED;a ser dilucidada de manera m&#x00E1;s o menos concluyente, sino a una cuesti&#x00F3;n de sentido: del sentido que la realidad tiene para los actores, y de lo que da sentido a la acci&#x00F3;n social y al comportamiento de los actores. De modo que ese componente de la realidad social que es su sentido, se manifiesta no solo en los discursos que puedan formularse al respecto, sino en los comportamientos. As&#x00ED; que podr&#x00ED;a decirse que no solo el discurso, sino la acci&#x00F3;n humana propiamente dicha, esto es, nuestro comportamiento, resulta susceptible de interpretaci&#x00F3;n hermen&#x00E9;utica, de manera parecida a como lo hace Whyte en <italic>Street Corner Society</italic>: “lo que la gente me dijo me ayud&#x00F3; a explicar lo que hab&#x00ED;a sucedido, y lo que yo observ&#x00E9; me ayud&#x00F3; a explicar lo que la gente me dijo” (Whyte, <xref ref-type="bibr" rid="CIT16">1955</xref>, 51). He de interpretar, pues, conjuntamente lo que veo y lo que la gente me dice, porque el sentido lo es para los actores sociales, y se pone de manifiesto tanto en su <italic>praxis</italic> cotidiana como en el discurso que utilizan para hablar de ella. Y conviene repetir que es un sentido compartido e intersubjetivo, que constituye una parte esencial de la realidad social inseparable de los datos materiales observables. </p>
		</sec>
		
		<sec id="S5">
		<title>5. TRES ENFOQUES: FENOMENOL&#x00D3;GICO, LINGÜ&#x00CD;STICO, HERMEN&#x00C9;UTICO</title>
		
		<p>En su “informe bibliogr&#x00E1;fico” de 1967 sobre la l&#x00F3;gica de las ciencias sociales, Habermas incluye un extenso apartado que lleva por t&#x00ED;tulo “Sobre la problem&#x00E1;tica de la comprensi&#x00F3;n del sentido en las ciencias emp&#x00ED;rico-anal&#x00ED;ticas de la acci&#x00F3;n”, en donde plantea que cuando se trata de textos o documentos recibidos, “el ‘sentido’ que ha de explicitarse tiene entonces el <italic>status</italic> de un hecho, de algo emp&#x00ED;ricamente ah&#x00ED;”, de modo que hemos de reconstruir sus enunciados, esto es, los generamos de nuevo, con lo que “el pensamiento anal&#x00ED;tico puede ser contrapuesto con toda raz&#x00F3;n a la discusi&#x00F3;n hermen&#x00E9;utica” y, en todo caso, la investigaci&#x00F3;n del sentido ha de llevarse a cabo “sin aceptar la limitaci&#x00F3;n positivista de la metodolog&#x00ED;a a an&#x00E1;lisis del lenguaje” (Habermas, <xref ref-type="bibr" rid="CIT07">1988</xref>, 173 y 175). El autor comienza su argumentaci&#x00F3;n con un examen del enfoque fenomenol&#x00F3;gico, en el que recoge la opini&#x00F3;n de Cicourel acerca de la falta de refinamiento metodol&#x00F3;gico de las ciencias sociales, llenas de supuestos impl&#x00ED;citos de sentido com&#x00FA;n. Tal opini&#x00F3;n tiene el m&#x00E9;rito de poner de manifiesto la necesidad de una teor&#x00ED;a que explicite las estructuras del mundo de la vida, de modo que las reglas a las que al efecto recurre Cicourel no son las reglas gramaticales del lenguaje, sino las que gobiernan la acci&#x00F3;n social, que son las que suministran una base emp&#x00ED;rica para el estudio de las estructuras b&#x00E1;sicas del sentido (Habermas, <xref ref-type="bibr" rid="CIT07">1988</xref>, 189). Es obvio que Cicourel se apoya en la obra de Schutz, que en la l&#x00ED;nea de Husserl se abre a una fenomenolog&#x00ED;a del mundo de la vida a partir de la intersubjetividad de las interacciones cotidianas, de suerte que “los hechos del &#x00E1;mbito objetual de la sociolog&#x00ED;a no pueden desgajarse de la intersubjetividad en que se constituyen. [...Pero] la sociolog&#x00ED;a comprensiva no pretende excluir, ni mucho menos, la adecuada medici&#x00F3;n de los hechos sociales, sino posibilitarla”, con lo que cobra “frente a las ciencias f&#x00ED;sico-naturales y del comportamiento un <italic>status</italic> propio” (Habermas, <xref ref-type="bibr" rid="CIT07">1988</xref>, 192 y 194). Pero, en resumidas cuentas, estos planteamientos fenomenol&#x00F3;gicos resultan inapropiados para Habermas, pues cree que permanecen dentro de los l&#x00ED;mites del an&#x00E1;lisis de la conciencia, lo que impide incluso llegar al an&#x00E1;lisis del lenguaje, en cuyo tejido se forman -dice- los sujetos. </p>
		
		<p>Tras el enfoque fenomenol&#x00F3;gico aborda Habermas el lingü&#x00ED;stico, del que destaca ante todo el desplazamiento anal&#x00ED;tico desde la conciencia al lenguaje, de tal modo que las formas de vida responden a las reglas de la gram&#x00E1;tica de los juegos de lenguaje: aqu&#x00ED; ya no se plantean cuestiones de sentido, sino solo el an&#x00E1;lisis l&#x00F3;gico de los significados lingü&#x00ED;sticos. Pues bien, el an&#x00E1;lisis del lenguaje cobra un significado especial para las ciencias sociales, ya que sus reglas “no pueden ser reglas privadas para un sujeto particular, sino que han de ser intersubjetivamente v&#x00E1;lidas para una forma de vida”: el problema, para Habermas, es que estos planteamientos disuelven la sociolog&#x00ED;a, convirti&#x00E9;ndola en un tipo especial de an&#x00E1;lisis del lenguaje, con la carga idealista que a su juicio ello implica (Habermas, <xref ref-type="bibr" rid="CIT07">1988</xref>, 215). Por &#x00FA;ltimo, Habermas presenta como tercer posible enfoque el hermen&#x00E9;utico, que fundamenta sobre los problemas de la traducci&#x00F3;n y de la historia, pues “nuestra concepci&#x00F3;n del significado de la vida cambia constantemente” (Habermas, <xref ref-type="bibr" rid="CIT07">1988</xref>, 246). Con lo que termina prestando especial atenci&#x00F3;n a los planteamientos de Gadamer, que toma en consideraci&#x00F3;n “el saber aplicativo a que la hermen&#x00E9;utica conduce” (que para Habermas se concreta en una forma de consenso del que depende la acci&#x00F3;n comunicativa), que tiene que ver con la visi&#x00F3;n del mundo a que lleva la apropiaci&#x00F3;n de los contenidos de sentido recibidos del grupo por el sujeto (Habermas, <xref ref-type="bibr" rid="CIT07">1988</xref>, 251). </p>
		
		<p>Pero si dej&#x00E1;ramos as&#x00ED; las cosas quedar&#x00ED;a en la penumbra la rica tradici&#x00F3;n hermen&#x00E9;utica de las ciencias sociales, y en particular de la sociolog&#x00ED;a. Sin perjuicio de repetir algo ya dicho o de anticipar lo que pueda decir m&#x00E1;s tarde, parece el momento de recordar el denso tratamiento que hace del tema Zygmunt Bauman (Bauman, <xref ref-type="bibr" rid="CIT02">2002</xref>), para quien la comprensi&#x00F3;n de los fen&#x00F3;menos como objetivo de la hermen&#x00E9;utica ha sido puesta en relaci&#x00F3;n con la historia (sobre todo en los escritos de Marx y Weber), con la raz&#x00F3;n (en el caso de Parsons), y con el <italic>Lebenswelt</italic> (en Schutz y la etnometodolog&#x00ED;a). Aunque bastar&#x00ED;a con esta sumaria referencia para poner de manifiesto la importancia de la corriente de reflexi&#x00F3;n e investigaci&#x00F3;n hermen&#x00E9;utica en la sociolog&#x00ED;a, a&#x00F1;adir&#x00E9; de la mano de Bauman alg&#x00FA;n rasgo notorio de la misma. En su opini&#x00F3;n, la l&#x00ED;nea de reflexi&#x00F3;n filos&#x00F3;fica abierta por Hegel permiti&#x00F3; que Marx y Weber se movieran en el marco de “la historia tendente a comprenderse a s&#x00ED; misma”: para Marx, la comprensi&#x00F3;n de la historia debe llevarse a cabo <italic>hist&#x00F3;ricamente</italic>, como un problema sociol&#x00F3;gico, pues entiende “la historia como el progreso de la raz&#x00F3;n hacia la propia comprensi&#x00F3;n” (Bauman, <xref ref-type="bibr" rid="CIT02">2002</xref>, 45). Weber, por su parte, relaciona directamente la cuesti&#x00F3;n de la naturaleza cient&#x00ED;fica de la investigaci&#x00F3;n social con la posibilidad de la comprensi&#x00F3;n objetiva de una realidad esencialmente subjetiva, de modo que “el conocimiento objetivo es el conocimiento racional; por lo tanto, es posible comprender objetivamente las acciones humanas tal cuales son y, hasta donde es posible puedan ser consideradas como acciones racionales” (Bauman, <xref ref-type="bibr" rid="CIT02">2002</xref>, 18). Este autor se&#x00F1;ala que, para Weber, “todos nosotros tenemos necesariamente un conocimiento introspectivo ‘interno’ de la acci&#x00F3;n intencionalmente racional”, instrumental, que hace las acciones humanas “inteligibles para nosotros, nacidos en la &#x00E9;poca del mercado racional y de la ciencia”: podr&#x00ED;amos, pues, decir que la comprensi&#x00F3;n no es en Weber <italic>natural</italic>, sino <italic>hist&#x00F3;rica</italic>, y concluir con Bauman que “la asunci&#x00F3;n de la historicidad es indispensable para convalidar el m&#x00E9;todo en su forma weberiana” (Bauman, <xref ref-type="bibr" rid="CIT02">2002</xref>, 74, 75 y 81). Y se hace necesario recordar que Mannheim cuestiona el punto central del ar­gumento, esto es, que la acci&#x00F3;n racional sea el modo de conducta dominante en la sociedad moderna, y sostiene en cambio que la variedad de posiciones en la estructura social genera parcialidad y distorsi&#x00F3;n, solo superables en el grupo social de los intelectuales, que es el &#x00FA;nico que puede hacer posible una comprensi&#x00F3;n objetiva. </p>
		
		<p>Para Bauman, la versi&#x00F3;n de la hermen&#x00E9;utica que caracteriz&#x00F3; al romanticismo deb&#x00ED;a arriesgar hip&#x00F3;tesis respecto del mensaje oculto del texto, pues este solo puede ofrecer al lector la plausibilidad de su interpretaci&#x00F3;n, no una prueba concluyente de que haya sido verdadera o falsa. Pero este &#x00E9;nfasis en el texto coincidi&#x00F3; con que en el desarrollo positivista de las nuevas ciencias sociales, ajenas a la idea de intencionalidad, la <italic>comprensi&#x00F3;n</italic>, es decir, la captaci&#x00F3;n intelectual de la l&#x00F3;gica de los fen&#x00F3;menos, era lo mismo que la <italic>explicaci&#x00F3;n</italic>, esto es, la demostraci&#x00F3;n de las reglas generales y las condiciones espec&#x00ED;ficas que hacen inevitable que el fen&#x00F3;meno suceda: solo esta clase de <italic>comprensi&#x00F3;n</italic> parec&#x00ED;a compatible con una ciencia de la sociedad que aspirara a emular los logros obtenidos por las ciencias f&#x00ED;sico-naturales. En otras palabras, el cient&#x00ED;fico “comprend&#x00ED;a” el fen&#x00F3;meno cuando lograba identificar la variable independiente que pod&#x00ED;a considerarse como su causa. Y sin embargo, se&#x00F1;ala Bauman, “los fen&#x00F3;menos sociales [...] deben ser comprendidos de manera diferente que a trav&#x00E9;s de su mera explicaci&#x00F3;n [...]. Por lo tanto, la comprensi&#x00F3;n de un acto humano debe ser buscada en el sentido que le confer&#x00ED;a la intenci&#x00F3;n del actor; una tarea [...] esencialmente diferente de las de las ciencias naturales” (Bauman, <xref ref-type="bibr" rid="CIT02">2002</xref>, 10 y 11). Pues bien, es Husserl quien retoma la idea de que la comprensi&#x00F3;n no se limita al mundo de la historia y de la intencionalidad, sino que es universal y se extiende por tanto al reino de la ciencia f&#x00ED;sico-natural. Con ello el discurso hermen&#x00E9;utico reincorpora el legado positivista, dise&#x00F1;ado ahora como un planteamiento en el que la historia cede ante una “subjetividad trascendental”, una suerte de comunidad de significados accesible por la v&#x00ED;a racionalista despojada de su carga historicista.  </p>
		
		<p>Por fin, y a partir del &#x00E9;nfasis de Heidegger en que la comprensi&#x00F3;n del sentido solo puede ser llevada a cabo en el marco del <italic>Lebenswelt</italic>, la posici&#x00F3;n de Schutz y de los etnometod&#x00F3;logos se&#x00F1;ala a la sociedad y a la interacci&#x00F3;n entre sus miembros como el &#x00FA;nico universo capaz de garantizar la interpretaci&#x00F3;n del sentido, como la posibilidad de captar el significado de la actividad humana. En el mundo-de-la-vida todo es tomado como sabido por el sentido com&#x00FA;n, por lo que pasa inadvertido sin intervenci&#x00F3;n de las facultades anal&#x00ED;ticas de los participantes, que no lo hacen, por tanto, objeto de interpretaci&#x00F3;n. ¿C&#x00F3;mo captar entonces el sentido de la acci&#x00F3;n humana? Para Cicourel, no reconstruyendo los procesos mentales, sino ateni&#x00E9;ndonos al comportamiento y registrando fielmente su di&#x00E1;logo: el sentido no precede a la experiencia de un acto, sino que es construido retrospectivamente en el curso del an&#x00E1;lisis. La sociolog&#x00ED;a no puede pretender que el significado de un fen&#x00F3;meno social sea algo <italic>dado</italic>, como un objeto en s&#x00ED;, sino que ha de identificarlo e interpretarlo con las herramientas de la hermen&#x00E9;utica para poder comprenderlo, captando as&#x00ED; la complejidad de la realidad social: “El sentido de las cosas sociales se encuentra en los discursos, de manera patente o latente; lo que se dice de ellas expresa directa o indirectamente su sentido, esto es, el que les atribuye quien habla, que expresa as&#x00ED; una informaci&#x00F3;n que &#x00E9;l no ha creado […], sino que ha interiorizado en alg&#x00FA;n proceso de socializaci&#x00F3;n” (Beltr&#x00E1;n, <xref ref-type="bibr" rid="CIT03">2003</xref>, 207).</p>
					 
		</sec>
		
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			<title>BIBLIOGRAF&#x00CD;A</title>

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