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			<journal-id journal-id-type="publisher-id">ARBOR</journal-id>
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				<journal-title>ARBOR Ciencia, Pensamiento y Cultura</journal-title>
				<abbrev-journal-title>ARBOR</abbrev-journal-title>
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			<issn pub-type="epub">0210-1963</issn>
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				<publisher-name>Consejo Superior de Investigaciones Cient&#x00ED;ficas</publisher-name>
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			 <article-id pub-id-type="publisher-id">arbor.2013.761n3003</article-id>
			 <article-id pub-id-type="doi">10.3989/arbor.2013.761n3003</article-id>

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				<subj-group subj-group-type="heading">
				<subject>LA COMPRENSI&#x00D3;N DE LO SOCIAL / UNDERSTANDING THE SOCIAL</subject>
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			  <article-title>La sociohermen&#x00E9;utica como programa de investigaci&#x00F3;n en sociolog&#x00ED;a</article-title>
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		<trans-title>Socio-hermeneutics as a research program in sociology</trans-title>
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		<alt-title alt-title-type="running-head">Sociohermen&#x00E9;utica y sociolog&#x00ED;a</alt-title>
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				 <surname>Alonso</surname>
				 <given-names>Luis Enrique</given-names>
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			  <aff id="U1">Universidad Aut&#x00F3;noma de Madrid</aff>
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			 <author-notes>
		<corresp id="cor1">e-mail: <email xlink:href="luis.alonso@uam.es">luis.alonso@uam.es</email>
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		<pub-date pub-type="collection">
		<year>2013</year>
		</pub-date>
		
		<volume>189</volume>
		<issue>761</issue>
		
		<elocation-id content-type="doi">10.3989/arbor.2013.761n3003</elocation-id>

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		  	<date date-type="received">
				<day>15</day>
				<month>04</month>
				<year>2011</year>
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			<date date-type="accepted">
				<day>25</day>
				<month>10</month>
				<year>2012</year>
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		<copyright-statement>&#x00A9; 2013 CSIC</copyright-statement>
		<copyright-year>2013</copyright-year>
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		<license-p>Este es un art&#x00ED;culo de acceso abierto distribuido bajo los t&#x00E9;rminos de la licencia Creative Commons Attribution-Non Commercial (by-nc) Spain 3.0.</license-p>
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		<abstract xml:lang="es">
		<title>RESUMEN</title>
		<p>En este art&#x00ED;culo hemos tratado de argumentar que la sociohermen&#x00E9;utica es una tradici&#x00F3;n propia del conocimiento sociol&#x00F3;gico desde el primer momento de formaci&#x00F3;n de la sociolog&#x00ED;a interpretativa cl&#x00E1;sica. Tradici&#x00F3;n totalmente diferente de la actual deconstrucci&#x00F3;n postmoderna y de su idea sobre el poder total del texto. Se revisan cr&#x00ED;ticamente, a continuaci&#x00F3;n, las aportaciones de Bourdieu al conocimiento de las pr&#x00E1;cticas lingü&#x00ED;sticas como pr&#x00E1;cticas sociales de poder. Finalmente se define la l&#x00F3;gica del an&#x00E1;lisis sociol&#x00F3;gico de los discursos —como an&#x00E1;lisis comprehensivo e interpretativo— como un tipo de trabajo espec&#x00ED;fico que se separa tanto del an&#x00E1;lisis cuantitativo de contenido como del an&#x00E1;lisis estructural del texto de origen lingü&#x00ED;stico.</p>
		</abstract>
		<trans-abstract xml:lang="en">
		<title>ABSTRACT</title>
		<p>In this article we have tried to argue that socio-hermeneutics has been a tradition in itself in sociological knowledge since the inception of classical interpretative sociology. Its tradition is totally different from current postmodernist deconstruction and its ideas about the total power of text. Bourdieu’s theories about linguistic practices such as social power practices are subsequently critically reviewed. Finally, the logic of the sociological discourse analysis (comprehensive and interpretative) is defined as a specific type of work which is separate from both quantitative analysis of content and structural text analysis of linguistic origins.</p>
		</trans-abstract>
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			<title>PALABRAS CLAVE</title>
			<kwd>Hermen&#x00E9;utica</kwd>
			<kwd>sociolog&#x00ED;a</kwd>
			<kwd>an&#x00E1;lisis del discurso</kwd>
			<kwd>texto</kwd>
			<kwd>acci&#x00F3;n social</kwd>
			<kwd>pr&#x00E1;cticas</kwd>
			<kwd>lenguaje</kwd>
		</kwd-group>
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			<title>KEYWORDS</title>
			<kwd>Hermeneutics</kwd>
			<kwd>sociology</kwd>
			<kwd>discourse analysis</kwd>
			<kwd>text</kwd>
			<kwd>social action</kwd>
			<kwd>practices</kwd>
			<kwd>language</kwd>
		</kwd-group>
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	<body>
		<sec id="S0">
		<title> </title>
		
		<p>“Los actores son actores: reflexionan, act&#x00FA;an, nunca son totalmente adecuados para sus funciones y sus intereses, y la teor&#x00ED;a debe poder explicar su actividad, su reflexividad, su cr&#x00ED;tica cuando tienen que resolver problemas” </p>
		
		<p>Francos Dubet (<xref ref-type="bibr" rid="CIT31">2011</xref>) </p>
		
		<p>“Podemos referirnos a los sentidos y los significados como si estuvieran en cierto modo integrados en las cosas, o como si fueran la naturaleza que cada una de ellas tiene. Pero en la mayor&#x00ED;a de los casos, los sentidos<italic> inherentes</italic> son simplemente los pedazos de nuestro lenguaje que llegan a lo que hay, a lo que est&#x00E1; ah&#x00ED;” </p>
		
		<p>Terry Eagleton (<xref ref-type="bibr" rid="CIT33">2007</xref>) </p>
		
		<p>“La sociolog&#x00ED;a no es una ciencia del esp&#x00ED;ritu […] El hecho de que los fen&#x00F3;menos sociales est&#x00E9;n mediados por el esp&#x00ED;ritu, por la conciencia de los hombres, no debe hacernos caer en el error de deducirlo sin m&#x00E1;s de un principio espiritual” </p>
		
		<p>Theodor W. Adorno (<xref ref-type="bibr" rid="CIT01">2001</xref>) </p>
		
		<p>El enfoque socioherm&#x00E9;utico que vamos a tratar de desarrollar en estas p&#x00E1;ginas, asociado al an&#x00E1;lisis de los discursos en sociolog&#x00ED;a, lo concebimos no tanto dentro del giro lingü&#x00ED;stico del conocimiento contempor&#x00E1;neo, ni siquiera en el m&#x00E1;s gen&#x00E9;rico del <italic>giro interpretativo</italic> de las ciencias sociales contempor&#x00E1;neas (Rabinow y Sullivan, <xref ref-type="bibr" rid="CIT67">1987</xref>: 15), sino como una tradici&#x00F3;n inscrita en la evoluci&#x00F3;n de la sociolog&#x00ED;a moderna desde su propia formaci&#x00F3;n frente a la insistencia actual de que la hermen&#x00E9;utica se integrar&#x00ED;a en la investigaci&#x00F3;n social en un momento postmoderno, de superaci&#x00F3;n del positivismo y de vuelco del estudio de lo social en la deconstrucci&#x00F3;n de sus relatos y en el dibujo de sus cada vez m&#x00E1;s d&#x00E9;biles identidades (Alvesson, <xref ref-type="bibr" rid="CIT05">2002</xref>); en estas p&#x00E1;ginas se defiende un encuentro temprano entre la sociolog&#x00ED;a y la hermen&#x00E9;utica como un aut&#x00E9;ntico programa de investigaci&#x00F3;n en el sentido de Lakatos (<xref ref-type="bibr" rid="CIT56">1989</xref>), esto es, como un conjunto de reglas metodol&#x00F3;gicas, heur&#x00ED;stico positivas unas y heur&#x00ED;stico negativas otras, que nos definen cu&#x00E1;les son los senderos a seguir y cu&#x00E1;les los errores a evitar para la elaboraci&#x00F3;n de nuestras pr&#x00E1;cticas y protocolos de investigaci&#x00F3;n. En este programa de investigaci&#x00F3;n nos encontramos con un conjunto de teor&#x00ED;as interconectadas, ninguna de las cuales se puede considerar como totalmente aut&#x00F3;noma sin hacer referencia al programa de investigaci&#x00F3;n como un todo, lo que ayuda a construir la visi&#x00F3;n de la realidad que circunscribe el objeto de investigaci&#x00F3;n y las reglas para operar con &#x00E9;l. De esta forma, en este programa de investigaci&#x00F3;n sociohermen&#x00E9;utico se pueden encontrar a lo largo de su evoluci&#x00F3;n elementos principales que se han ido fortaleciendo y enriqueciendo desde su primera formaci&#x00F3;n en el encuentro entre la sociolog&#x00ED;a y la filosof&#x00ED;a comprehensiva, as&#x00ED; como un denso y creciente cintur&#x00F3;n protector de hip&#x00F3;tesis interpretativas extra&#x00ED;das de tradiciones intelectuales pr&#x00F3;ximas, pero diferentes y de un conjunto de saberes pr&#x00E1;cticos acu&#x00F1;ados en el campo de la investigaci&#x00F3;n emp&#x00ED;rica. </p>
		</sec>
		
		
		<sec id="S1">
		<title>1. LA TRADICI&#x00D3;N SOCIOHERMEN&#x00C9;UTICA </title>
		
		<p>El gran Georg Simmel, como es sabido, no encontraba para la sociolog&#x00ED;a ning&#x00FA;n nuevo objeto sustantivo, sino que la conceb&#x00ED;a como un “nuevo modo de observaci&#x00F3;n”, como un “punto de vista” o <italic>una mirada</italic>; una particular disposici&#x00F3;n de perspectivas gracias a la cual podemos vislumbrar lo significativo entre las, casi innumerables, formas y contenidos que configuran el denso mundo de lo social. La sociolog&#x00ED;a apelaba, as&#x00ED;, a las formas de conocimiento por las cuales el sujeto realiza la s&#x00ED;ntesis de los elementos que toma por “la sociedad”; pero, es m&#x00E1;s, si bien la s&#x00ED;ntesis descansa en el sujeto contemplador. Este es, a su vez, una s&#x00ED;ntesis de elementos de la propia sociedad; no es extra&#x00F1;o, pues, que el propio Simmel le conceda un papel fundamental al proceso de <italic>socializaci&#x00F3;n</italic>, como proceso seg&#x00FA;n el cual los individuos establecen una unidad dentro de la que se realizan sus intereses, y que atribuya a la sociolog&#x00ED;a el papel de la investigaci&#x00F3;n de esas <italic>acciones rec&#x00ED;procas</italic>. Frente a la tentaci&#x00F3;n individualista o psicologista, Simmel acaba otorgando a la realidad social un car&#x00E1;cter interactivo, interpretativo y rec&#x00ED;proco que se realiza en el <italic>proceso concreto de socializaci&#x00F3;n</italic>; y a la sociolog&#x00ED;a, el papel de estudiar, en cada contexto temporal y geogr&#x00E1;fico, el juego de posiciones y de relaciones sociales que se expresan y se despliegan a diferentes niveles, desde la conciencia individual hasta las estructuras institucionales. </p>
		
		<p>Estos planteamientos se encuentran en el primer cap&#x00ED;tulo de la monumental monograf&#x00ED;a que Simmel dedic&#x00F3; a la sociolog&#x00ED;a (Simmel, <xref ref-type="bibr" rid="CIT75">1977</xref>: 14 y ss.). En el conocido ensayo: “El &#x00E1;mbito de la sociolog&#x00ED;a”, complemento inseparable de su imprescindible <italic>“El individuo y la libertad</italic>”, Simmel se refiere al <italic>punto de vista de la producci&#x00F3;n social</italic> que estudia las “figuras que se producen en el marco de la interacci&#x00F3;n entre los hombres, o en ocasiones tambi&#x00E9;n ellas <italic>son</italic> tales interacciones, figuras que, as&#x00ED; pues, no cabe considerar del individuo considerado por s&#x00ED;” (Simmel, <xref ref-type="bibr" rid="CIT76">1986</xref>: 237). La sociolog&#x00ED;a es, as&#x00ED;, un <italic>m&#x00E9;todo gen&#x00E9;tico</italic> que se hace consciente de los tipos de producci&#x00F3;n social y estudia “la producci&#x00F3;n de fen&#x00F3;menos por medio de la vida social, y ciertamente en un doble sentido, por la coexistencia de individuos interactuantes que produce en cada uno lo que no es explicable <italic>a partir</italic> de &#x00E9;l solo, y por la sucesi&#x00F3;n de las generaciones, cuyas herencias y tradiciones se amalgaman indisolublemente con la adquisici&#x00F3;n propia y hacen al hombre social” (ib&#x00ED;dem). El propio Max Weber, contra todo naturalismo, hablaba de <italic>comprehender</italic> c&#x00F3;mo captar la evidencia del sentido de cada actividad y relaci&#x00F3;n —empleando, como bien ha recogido Julien Freund (<xref ref-type="bibr" rid="CIT39">1986</xref>: 85), el t&#x00E9;rmino de <italic>figura significativa</italic>—, e introduc&#x00ED;a, sobre la base de una subjetividad original, una racionalidad en lo real para poder interpretarlo y comprenderlo; el sentido considerado subjetivamente por los agentes tiene, as&#x00ED;, resultados objetivos en el curso de toda actividad concreta. De este programa weberiano se pueden entresacar consecuencias permanentemente actuales para la sociolog&#x00ED;a, tal como hace, por ejemplo, Miguel Beltr&#x00E1;n: “El prop&#x00F3;sito de la sociolog&#x00ED;a no es inventar el mundo social (lo es precisamente en el sentido latino del t&#x00E9;rmino), sino descubrirlo: conseguir que las realidades sociales sean tambi&#x00E9;n categor&#x00ED;as sociol&#x00F3;gicas, ya que descubrir algo es sobre todo conceptualizarlo. […] Construir conceptualmente la realidad es tanto como elaborar un mapa de la misma, mapa que no es la realidad ni su reflejo, pero que la representa, interpreta y hace inteligible. Y tal construcci&#x00F3;n existe siempre: o la hace la ciencia o la hace la ignorancia” (Beltr&#x00E1;n, <xref ref-type="bibr" rid="CIT10">1991</xref>: 60). Lo anterior nos liga, as&#x00ED;, al enfoque del objeto de conocimiento; un objeto que debido, precisamente, al enfoque que propugnamos, se convierte y toma el papel de sujeto dentro de la investigaci&#x00F3;n. La visi&#x00F3;n comprehensiva en sociolog&#x00ED;a tiende, as&#x00ED;, en primer lugar, a dar cuenta del horizonte de las formas simb&#x00F3;licas en donde se desenvuelven las acciones sociales; formas simb&#x00F3;licas que toman, convencionalmente, apariencia codificada —lenguajes—, pero de cuyo estudio, imprescindible, nos interesa no su gram&#x00E1;tica o estructura interna, sino su car&#x00E1;cter comunicativo de mediador y formador de las experiencias y de las necesidades sociales (Lled&#x00F3;, <xref ref-type="bibr" rid="CIT60">1996</xref>: 221); y, en segundo lugar, a examinar las producciones significativas de los propios sujetos —discursos, im&#x00E1;genes, relatos, representaciones, etc.—, generadas y construidas por los actores, o en el di&#x00E1;logo directo con ellos, en sus propios contextos situacionales, sociales e hist&#x00F3;ricos; tratando, as&#x00ED;, de evitar toda sobrecodificaci&#x00F3;n o simplificaci&#x00F3;n previa de los sentidos de la acci&#x00F3;n de los sujetos, t&#x00ED;pica del supuesto “observador objetivo externo”. </p>
		<p>Sobre esto, Norbert Elias se pronunci&#x00F3;, con la brillantez y riqueza de matices que le caracteriza, cuando se refiri&#x00F3; al “car&#x00E1;cter doble del mundo de nuestra experiencia como un mundo independiente de nosotros, pero que nos incluye y como un mundo del que hace de intermediario para nuestro entendimiento una red de representaciones simb&#x00F3;licas hechas por el hombre, predeterminadas por su constituci&#x00F3;n natural, que solo se materializa con ayudas de procesos de aprendizaje social” (Elias, <xref ref-type="bibr" rid="CIT36">1994</xref>: 195). Elias traza, de esta manera, un v&#x00ED;nculo indisoluble que une lo social, lo simb&#x00F3;lico, lo individual y hasta lo biol&#x00F3;gico, tratando de superar, as&#x00ED;, cualquier intento de segregaci&#x00F3;n radical de &#x00E1;mbitos; lo que s&#x00ED; parece posible es estudiar la contribuci&#x00F3;n de cada &#x00E1;mbito, en su autonom&#x00ED;a relativa, a la producci&#x00F3;n y a la reproducci&#x00F3;n de ese todo que consideramos realidad y que, a su vez, tiene tanto una dimensi&#x00F3;n f&#x00E1;ctica, como una naturaleza simb&#x00F3;lica construida. Los s&#x00ED;mbolos son, por tanto, esquemas de clasificaci&#x00F3;n que las sociedades utilizan para construir un universo inteligible; de ah&#x00ED; que los s&#x00ED;mbolos vayan m&#x00E1;s all&#x00E1; de conceptos representacionales que se mueven bien en un horizonte exclusivamente lingü&#x00ED;stico —el signo— o inform&#x00E1;tico —la se&#x00F1;al—, pues rompe el c&#x00F3;digo cerrado de la lengua o de la convenci&#x00F3;n prefijada para entrar en el mundo humano del sentido. Lo simb&#x00F3;lico es una “apertura de mundo” y, por tanto, otorga igual que recibe el significado de las acciones sociales.  </p>
		<p>Por esto, coincidiendo con Paul Ricoeur, consideramos que la sem&#x00E1;ntica del discurso envuelve y determina a la semi&#x00F3;tica del signo; tomando el hecho mismo de comprender el car&#x00E1;cter de <italic>una narraci&#x00F3;n</italic> que sit&#x00FA;a al sujeto en un tiempo, y relacion&#x00E1;ndolo con el pasado y con el futuro (Ricoeur, <xref ref-type="bibr" rid="CIT71">1991</xref>). Lo que nos interesa es, pues, la <italic>praxis</italic> intersubjetiva de los actores y no el sistema de la lengua como sistema abstracto; el habla concreta cobra <italic>sentido</italic> solo cuando se refiere a un contexto y a un juego de acontecimientos que regulan la polisemia de los s&#x00ED;mbolos y los articulan con acciones situadas. El discurso es, por lo tanto, algo m&#x00E1;s que una actualizaci&#x00F3;n o concreci&#x00F3;n de un sistema de signos, es una representaci&#x00F3;n din&#x00E1;mica de la realidad realizada por su sujeto social.  </p>
		<p>Todo la anterior nos lleva, pues, a una visi&#x00F3;n <italic>sociohermen&#x00E9;utica</italic> de la sociolog&#x00ED;a donde la interpretaci&#x00F3;n no se plantea como un sistema hipot&#x00E9;tico deductivo que permite la verificaci&#x00F3;n o falsaci&#x00F3;n de un conjunto de categor&#x00ED;as predeterminadas y codificables, (excluyendo como “ruido” todo lo que no se adapta al modelo de validaci&#x00F3;n), sino como un proceso de captaci&#x00F3;n de productos discursivos reales para tratar de determinar, en ellos, el sentido efectivo de la acci&#x00F3;n de los sujetos como sujetos sociales. La percepci&#x00F3;n, tanto de los actores como del investigador, son, as&#x00ED;, elementos fundamentales de la interpretaci&#x00F3;n, y el “ruido”, lejos de ser excluido, es una parte de lo real que puede ser fundamental —como s&#x00ED;ntoma— para el an&#x00E1;lisis, al ser algo que entra en el campo continuo de lo anal&#x00F3;gico y que, sin embargo, queda literalmente fuera de las oposiciones binarias (verdadero/falso) de lo digital. Frente a la orientaci&#x00F3;n fuertemente subjetivista que ha tenido la hermen&#x00E9;utica tradicional, la sociohermen&#x00E9;utica que aqu&#x00ED; defendemos no busca tanto intuir o reconstruir el sentido aut&#x00E9;ntico y &#x00FA;ltimo que otorga un sujeto sublimado a sus enunciados simb&#x00F3;licos, sino los efectos reales que los discursos producen. Jean Phillipe Bouilloud (<xref ref-type="bibr" rid="CIT12">1997</xref>: 247), define la sociolog&#x00ED;a como una <italic>hermen&#x00E9;utica de lo real</italic>, “en tanto que <italic>real social</italic> y este real social procede en s&#x00ED; mismo de la interpretaci&#x00F3;n del mundo por los individuos” por ello, considera que la categor&#x00ED;a b&#x00E1;sica de interpretaci&#x00F3;n no es <italic>el sentido</italic>, sino el efecto<italic> del sentido;</italic> pues no es &#x00FA;nicamente la voluntad de sentido lo que formalmente opera y lo que tiene relevancia en la comprensi&#x00F3;n, sino su percepci&#x00F3;n, recepci&#x00F3;n y retroacci&#x00F3;n en las interacciones de los p&#x00FA;blicos concretos. Berger y Kellner (<xref ref-type="bibr" rid="CIT11">1985</xref>: 59), por otra v&#x00ED;a, llegan a una conclusi&#x00F3;n muy similar cuando aseguran: “no puedo interpretar el significado de otro sin cambiar, siquiera sea de modo m&#x00ED;nimo, mi propio sistema de significado”. Lo que en el estilo de hermen&#x00E9;utica preconizado por Charles Taylor viene a eliminar cualquier inflaci&#x00F3;n de subjetivismo individualista, manejando la idea de que todo sentido es interpretable poniendo en relaci&#x00F3;n los <italic>significados comunes</italic> que involucra en la colectividad (vid. Taylor, <xref ref-type="bibr" rid="CIT79">1985</xref>: 47). </p>
		<p>Apart&#x00E1;ndose, as&#x00ED;, de cualquier dimensi&#x00F3;n ontol&#x00F3;gico-existencial, el encuentro entre hermen&#x00E9;utica y ciencias sociales se realiza sobre la idea de que el hecho de comprender no es nunca el comportamiento de un sujeto con un objeto dado, sino el acontecer de una acci&#x00F3;n hist&#x00F3;rica. El <italic>horizonte significativo</italic>, en el que hay que situar algo que se trata de interpretar en cuanto realidad cultural, no se puede nunca comunicar totalmente, ni agotar en todas sus dimensiones explicables; asimismo, lo interpretado est&#x00E1; marcado por su acci&#x00F3;n en la historia; acci&#x00F3;n hist&#x00F3;rica que, a su vez, determina la conciencia del int&#x00E9;rprete. En sociolog&#x00ED;a, por tanto, el <italic>c&#x00ED;rculo hermen&#x00E9;utico</italic> toma la forma de un movimiento que comienza por un conocimiento inicial hol&#x00ED;stico de los sistemas de acci&#x00F3;n social, que es usado por el investigador, como base para interpretar las situaciones particulares, para luego volver a revisar los planteamientos generales en un proceso de permanente ajuste y di&#x00E1;logo entre las condiciones concretas de producci&#x00F3;n del sentido, y del sentido general que atribuye el int&#x00E9;rprete (Herman, <xref ref-type="bibr" rid="CIT51">1983</xref>: 58). Solo podemos interpretar un discurso si anticipamos su sentido en lo social, y esta anticipaci&#x00F3;n ser&#x00E1; sucesivamente corregida cuando vayamos interpretando y analizando sus condiciones concretas de producci&#x00F3;n. La conversaci&#x00F3;n entre los productos textuales y el int&#x00E9;rprete es un intercambio de <italic>consciencias discursivas y de pr&#x00E1;cticas</italic> que converge en el trabajo de las ciencias sociales. Como indica Anthony Giddens (<xref ref-type="bibr" rid="CIT45">1984</xref>: 284; <xref ref-type="bibr" rid="CIT44">1991</xref>: 201-221)), los te&#x00F3;ricos sociales deben realizar interpretaciones con sentido de acciones que tienen sentido, pero estas, a su vez, modifican, en diferentes planos, la comprensi&#x00F3;n que los actores sociales tienen de su realidad social.  </p>
		<p>La interpretaci&#x00F3;n hermen&#x00E9;utica tiende a la captaci&#x00F3;n de los sentidos latentes y manifiestos de los procesos de interacci&#x00F3;n social, m&#x00E1;s all&#x00E1; de sus declaraciones convencionales. En principio, tales sentidos son la concreci&#x00F3;n de un proyecto de definici&#x00F3;n de las estrategias de los actores involucrados en el hecho a investigar, realizado por el propio sujeto investigador, mediador por su cultura, informaci&#x00F3;n, situaci&#x00F3;n y percepci&#x00F3;n del campo social; proyecto de definici&#x00F3;n que ser&#x00E1; progresivamente objetivada por su contextualizaci&#x00F3;n en el conjunto de fuerzas sociales que enmarcan a los sujetos de la investigaci&#x00F3;n, al investigador y a la investigaci&#x00F3;n. Las estrategias de los actores, en suma, son inseparables de lo simb&#x00F3;lico —un universo preconsciente de significados compartidos—; pues las acciones sociales en una parte sustancial est&#x00E1;n constituidas comunicativamente y solo comunicativamente pueden analizarse en su complejidad. Frente a cualquier naturalismo que presupone que las categor&#x00ED;as de estudio se derivan del propio objeto de conocimiento, el car&#x00E1;cter comunicativo de la interacci&#x00F3;n social obliga a la <italic>construcci&#x00F3;n</italic> concreta y estrat&#x00E9;gica de categor&#x00ED;as que, desde la subjetividad del investigador, sean capaces de captar la subjetividad de los productos comunicativos de los actores, subjetividad que se constituye, finalmente, en intersubjetividad por el hecho mismo de que todo discurso se produce en sociedad y vuelve a ella (Le Moigne, <xref ref-type="bibr" rid="CIT58">1995</xref>). </p>
		</sec>
		
		<sec id="S2">
		<title>2. SOCIOHERMEN&#x00C9;UTICA, MOTIVOS DE LA ACCI&#x00D3;N Y RAZONES PR&#x00C1;CTICAS  </title>
		
		<p>El programa sociohermen&#x00E9;utico aspira a una reconstrucci&#x00F3;n de los motivos que operan en la conducta significativas de los agentes sociales. Pero eliminando, de entrada, cualquier connotaci&#x00F3;n hipersubjetivista del concepto de motivaci&#x00F3;n, as&#x00ED; como cualquier tentaci&#x00F3;n —tan al uso y abuso— de reducirlo solamente a las sobredeterminaciones inconscientes o biogen&#x00E9;ticas de un individuo aislado, lo que acaba haciendo siempre, por un camino u otro, caer a este concepto en las ignotas esferas de la personalidad oculta o de la estructura biol&#x00F3;gica. Por el contrario planteamos, como es evidente, el concepto de motivaci&#x00F3;n como un conjunto articulado de <italic>motivos concretos de acci&#x00F3;n</italic> y, entonces, como ha indicado pertinentemente el fil&#x00F3;sofo espa&#x00F1;ol Manuel Cruz, se produce un acercamiento importante entre la sem&#x00E1;ntica situacional de la acci&#x00F3;n —t&#x00ED;pica de posiciones anal&#x00ED;ticas o postanal&#x00ED;ticas— y la tradici&#x00F3;n hermen&#x00E9;utica de la <italic>Verstehen</italic>: “El nexo que se est&#x00E1; proponiendo, en efecto, no es explicativo. Los motivos alegados constituyen una forma de interpretar la acci&#x00F3;n” (Cruz, <xref ref-type="bibr" rid="CIT29">1995</xref>: 61).  </p>
		
		<p>Nexo de uni&#x00F3;n que hace ya m&#x00E1;s de cincuenta a&#x00F1;os, dej&#x00F3; apuntado C. Whrigt Mills en uno de sus tempranos y esclarecedores art&#x00ED;culos sobre lenguaje, conocimiento y sociedad. Art&#x00ED;culos un tanto olvidados, pero, hoy, afortunadamente rescatados por su anticipaci&#x00F3;n a temas que la sem&#x00E1;ntica de la acci&#x00F3;n est&#x00E1; desarrollando en estos mismos momentos. De este modo, Ch. W. Mills (<xref ref-type="bibr" rid="CIT64">1981</xref>) propon&#x00ED;a considerar los motivos, antes que como elementos fijados individualmente como t&#x00E9;rminos socialmente preestablecidos con los que los actores sociales proceden a la interpretaci&#x00F3;n de sus conductas. Abordando con ello la imputaci&#x00F3;n y la declaraci&#x00F3;n de motivos como fen&#x00F3;menos sociales a explicar, y no como el origen interno de ninguna acci&#x00F3;n externa. Se distinguir&#x00ED;an, as&#x00ED;, dos v&#x00ED;as alternativas de acometer el tema de la motivaci&#x00F3;n; una, la m&#x00E1;s convencional, que consiste en explicar las conductas en referencia a las motivaciones —consideradas como resortes subjetivos de la acci&#x00F3;n—, la otra, la m&#x00E1;s sociol&#x00F3;gica, que consiste en analizar los procesos lingü&#x00ED;sticos observables de atribuci&#x00F3;n y reconstrucci&#x00F3;n de motivos en cuanto que fen&#x00F3;menos sociales que deben interpretarse poniendo de manifiesto la relaci&#x00F3;n de los <italic>vocabularios de motivos</italic> con los sistemas de acci&#x00F3;n social. </p>
		
		<p>Aparece, por tanto, una concepci&#x00F3;n social de los motivos. Concepci&#x00F3;n que parte de la idea misma de que la explicaci&#x00F3;n ordinaria de los motivos en el marco de las <italic>acciones situadas</italic> de los sujetos; y ello no es propiamente realizar una descripci&#x00F3;n de la experiencia personal de la acci&#x00F3;n, ni interpretar la acci&#x00F3;n y el discurso como manifestaciones externas de elementos subjetivos, sino buscar la forma en que los <italic>motivos socialmente construidos</italic> y las acciones tienen su origen en la situaci&#x00F3;n en que los individuos particulares se encuentran. El elemento fundamental de este tipo de an&#x00E1;lisis es encontrar c&#x00F3;mo se relacionan situaciones t&#x00F3;picas con repertorios de motivos apropiados a las conductas que en tal situaci&#x00F3;n se producen. Los vocabularios de motivos, entonces, son repertorios lingü&#x00ED;sticos diferentes, usados en situaciones diferentes, que var&#x00ED;an hist&#x00F3;ricamente y se encuadran en marcos sociales, siendo sus efectos finales hacer justificables las acciones ante los dem&#x00E1;s y ante el individuo mismo. La motivaci&#x00F3;n deja as&#x00ED; de tener un horizonte interno e individual, para convertirse en un espacio relacional que conecta con el lenguaje —materializado en repertorios y usos sociales concretos—, la subjetividad personal, la objetividad social y la intersubjetividad situacional. </p>
		
		<p>De todas formas, interpretaci&#x00F3;n, motivaci&#x00F3;n y sociolog&#x00ED;a cualitativa han sido, l&#x00F3;gicamente, una constante en la tradici&#x00F3;n sociol&#x00F3;gica, fundamentalmente en su desarrollo comprehensivo; es el propio Max Weber el que contundentemente aseguraba, ya a principios del siglo veinte: “En el an&#x00E1;lisis del comportamiento humano, nuestra exigencia de explicaci&#x00F3;n puede satisfacerse de modos <italic>cualitativamente</italic> diversos, es decir, de modos que dan una entonaci&#x00F3;n cualitativamente distinta al concepto de irracionalidad. Para los fines de su interpretaci&#x00F3;n podemos proponernos, al menos en principio, no solo ‘concebirlo’ como ‘posible’, en el sentido de hacerlo coherente con nuestro saber nomol&#x00F3;gico, sino tambi&#x00E9;n comprenderlo, es decir, reconstruir un ‘motivo’ o un complejo de motivos concretos ‘reproducibles en la experiencia interior’ y a partir de ello imputarlo con grados de precisi&#x00F3;n diversos seg&#x00FA;n el material que dispongamos”(Weber, <xref ref-type="bibr" rid="CIT80">1992</xref>: 80). </p>
		
		<p>Se trata, pues, de reconstruir en la investigaci&#x00F3;n social cualitativa la intenci&#x00F3;n de los sujetos implicados en la investigaci&#x00F3;n; no se pretende, de esta manera, tomar las conductas como respuestas individualizadas de car&#x00E1;cter acumulativo y externo, sino de comprenderlas en su sentido din&#x00E1;mico, como movimiento desde fuera hacia dentro, como <italic>interiorizaci&#x00F3;n</italic> o subjetivizaci&#x00F3;n de esquemas que, al estar determinados por las relaciones sociales, est&#x00E1;n fuera de los individuos o, cuando menos, no pertenecen solo al &#x00E1;mbito de lo individual. Como dice Pierre Bourdieu, desmarc&#x00E1;ndose tanto del objetivismo mecanicista como del subjetivismo espontane&#x00ED;sta, las motivaciones operan “como la interiorizaci&#x00F3;n de la exterioridad, permiten a las fuerzas exteriores ejercerse, pero seg&#x00FA;n la l&#x00F3;gica de los organismos en los que est&#x00E1;n incorporadas; es decir de manera duradera, sistem&#x00E1;tica y no mec&#x00E1;nica: sistema adquirido de principios generadores” (Bourdieu, <xref ref-type="bibr" rid="CIT15">1991</xref>: 95-96). </p>
		
		<p>De esta manera, la sociolog&#x00ED;a interpretativa/cualitativa busca y acepta las definiciones y significados del mundo social como dados —y reconstruye la realidad a trav&#x00E9;s de la revelaci&#x00F3;n de lo asumido como v&#x00E1;lido por los individuos y grupos del lugar—, pero solo a partir de su contextualizaci&#x00F3;n en otra dimensi&#x00F3;n. La dimensi&#x00F3;n que se preocupa de la identificaci&#x00F3;n de los significados, no a partir de la descripci&#x00F3;n f&#x00E1;ctica o de la aceptaci&#x00F3;n del sentido com&#x00FA;n cotidiano, sino en la construcci&#x00F3;n del sentido de aquello que se observa desde el sistema de relaciones, esto es, entre acciones, palabras e im&#x00E1;genes como fuentes de significados. La motivaci&#x00F3;n, as&#x00ED;, no es un elemento psicol&#x00F3;gico o interno, sino el sentido de la acci&#x00F3;n situada en el campo relacional de los comportamientos humanos y por ello convertida en gu&#x00ED;a de la interpretaci&#x00F3;n.  </p>
		
		<p>La interpretaci&#x00F3;n de la motivaci&#x00F3;n reclama, pues, la idea de un <italic>campo</italic> que ya desde sus versiones te&#x00F3;ricas m&#x00E1;s antiguas —empezando por la de Kurt Lewin (<xref ref-type="bibr" rid="CIT59">1971</xref>), sintetizada all&#x00E1; por los a&#x00F1;os treinta, arrancando de la tradici&#x00F3;n <italic>gestalt</italic>—, supone el paso de un pensamiento en t&#x00E9;rminos de sustancias a un pensamiento en t&#x00E9;rminos de relaciones, lo que implica integrar el hecho de la motivaci&#x00F3;n en el conjunto de las situaciones ambientales vividas por el individuo, as&#x00ED; como su encaje en la din&#x00E1;mica de los grupos en los que interact&#x00FA;a (Feertchak, <xref ref-type="bibr" rid="CIT37">1996</xref>: 104-115). La motivaci&#x00F3;n, entonces, es m&#x00E1;s un resultado que un origen, y queda determinada por las relaciones con la estructura de fuerzas de la que forma parte, estando vinculados los cambios que experimenta a las modificaciones que sufren los dem&#x00E1;s componentes del campo en un espacio-tiempo determinado. Por su parte, Pierre Bourdieu le ha dado al concepto de campo una dimensi&#x00F3;n expl&#x00ED;citamente sociol&#x00F3;gica, con mayores propiedades de estructuraci&#x00F3;n objetiva de la acci&#x00F3;n, hasta convertirlo en <italic>campo de producci&#x00F3;n simb&#x00F3;lica</italic>, es decir, un sistema de puestos, relaciones y competencias construido por un conjunto de agentes que unifican y legitiman las actuaciones individuales, encerr&#x00E1;ndolas en una frontera delimitada por la propia pr&#x00E1;ctica de los agentes de ese dominio. El campo institucionaliza un punto de vista de las cosas y delimita el espacio de la motivaci&#x00F3;n: “el proceso de diferenciaci&#x00F3;n del mundo social, que conduce a la existencia de campos aut&#x00F3;nomos concierne, a la vez, al ser y al conocer: diferenci&#x00E1;ndose, el mundo social produce la diferenciaci&#x00F3;n de los modos de conocimiento del mundo; a cada uno de los campos le corresponde un punto de vista fundamental sobre el mundo que crea su objeto propio y que encuentra en &#x00E9;l mismo el principio de comprensi&#x00F3;n y explicaci&#x00F3;n conveniente a este objeto”(Bourdieu, <xref ref-type="bibr" rid="CIT18">1997</xref>: 119). </p>
		
		<p>Hablar de motivaci&#x00F3;n, pues, implica la posibilidad de aceptar la falta de conciencia expl&#x00ED;cita y presuponer que la conducta de los actores est&#x00E1; determinada, o cuando menos influida, por fuentes no directamente accesibles de la conciencia (Giddens, <xref ref-type="bibr" rid="CIT46">1987</xref>: 87); lo que nos lleva a la necesidad de utilizar pr&#x00E1;cticas o t&#x00E9;cnicas de investigaci&#x00F3;n m&#x00E1;s abiertas que posibiliten al investigador considerar y evaluar lo no consciente de los sujetos a partir de lo que, con mayor o menor grado de libertad, conscientemente mantienen como sus objetivos e intenciones. Es decir, mediante el empleo de los m&#x00E9;todos y t&#x00E9;cnicas cualitativas es posible acceder a las formaciones discursivas vivas, concretas y espont&#x00E1;neas, lo que, en &#x00FA;ltimo t&#x00E9;rmino, implica tambi&#x00E9;n entender que las declaraciones de los sujetos no expresan una identidad entre intenciones y acciones, sino que los discursos son una compleja expresi&#x00F3;n de niveles de la conciencia, donde la interpretaci&#x00F3;n sociol&#x00F3;gica tiene que encontrar las relaciones entre lo consciente y lo preconsciente, entre lo declarativo y lo intencional, entre las racionalizaciones y las motivaciones, y, en suma, entre lo individual/instrumental y lo social expresivo. Nos encontramos ante una racionalidad interrogativa e interpretativa —toda proposici&#x00F3;n tiene m&#x00E1;s sentidos que su sentido declarativo— que no hace otra cosa que recoger el car&#x00E1;cter problem&#x00E1;tico y problematizador de la realidad social como situaci&#x00F3;n plural y m&#x00FA;ltiple (Meyer, <xref ref-type="bibr" rid="CIT63">1995</xref>: 123 y ss.).  </p>
		
		<p>De esta manera, la sociohermen&#x00E9;utica se aparta, como programa de conocimiento social, del concepto de texto que maneja la deconstrucci&#x00F3;n postmoderna por resultar pr&#x00E1;cticamente inmanejable en las investigaciones sociales concretas. El texto omnipotente y separado de cualquier anclaje emp&#x00ED;rico o de referencia social operante, se convierte en el postmodernismo deconstructivista en una entidad inasible que, adem&#x00E1;s se postula, por su capacidad de diseminaci&#x00F3;n y el diferimiento de la significaci&#x00F3;n, como una especie de anti-realidad absoluta y opresora (Eagleton, <xref ref-type="bibr" rid="CIT32">2005</xref>). Sin embargo, el discurso, solo tiene sentido en la investigaci&#x00F3;n hermen&#x00E9;utica concreta como una pr&#x00E1;ctica simb&#x00F3;lica que se construye en —y construye a— los actores sociales en el juego de representaciones de sus conflictos, intereses y formas de historicidad concretas. Todo ello nos lleva a las razones pr&#x00E1;cticas y a los nichos de la vida intersubjetivamente creados, frente a un concepto de texto o incluso metatexto del que nada puede salir y que se convierte —a pesar del radicalismo inicial de la propuesta deconstructivista y de la iron&#x00ED;a contra las verdades de la interpretaci&#x00F3;n— en un concepto de tintes autoritarios. No tanto por sus posibles repercusiones pol&#x00ED;ticas —que las puede tener— como por su incapacidad de dejar cualquier libertad de acci&#x00F3;n-reacci&#x00F3;n, interpretaci&#x00F3;n y cr&#x00ED;tica a los sujetos en sus realidades concretas. Cargar los tintes como hace la deconstrucci&#x00F3;n en una lectura que, por ser infinitamente arriesgada, de hecho no tiene el m&#x00E1;s m&#x00ED;nimo riesgo, al poder decir y desdecir todo en un canto a la arbitrariedad absoluta y autocomplaciente, cuyo valor para la investigaci&#x00F3;n social es pr&#x00E1;cticamente nulo. Los discursos no son solo palabras, son formas de pr&#x00E1;ctica social que nos remiten a luchas y jerarqu&#x00ED;as pol&#x00ED;ticas, a contextos pragm&#x00E1;ticos, a nichos institucionales, a condiciones materiales y a pr&#x00E1;cticas no discursivas en un sentido estricto. Los discursos —y su interpretaci&#x00F3;n— nos remiten, pues, a «razones pr&#x00E1;cticas», en el sentido que le da a este concepto Pierre Bourdieu (<xref ref-type="bibr" rid="CIT16">1994</xref> y <xref ref-type="bibr" rid="CIT18">1997</xref>), es decir, al conjunto de relaciones entre la posici&#x00F3;n y la toma de posici&#x00F3;n. En consecuencia, en sociedad, existen l&#x00ED;mites de posibilidad de los discursos y l&#x00ED;mites de sus interpretaciones —l&#x00ED;mites hist&#x00F3;ricos, pol&#x00ED;ticos, econ&#x00F3;micos, situacionales, etc.—, de manera que la mayor o menor plausibilidad de los discursos y sus interpretaciones vienen del mayor y mejor reconocimiento contextual de esos l&#x00ED;mites, aunque sea para superarlos o subvertirlos.  </p>
		
		<p>Es evidente que la aportaci&#x00F3;n de Pierre Bourdieu al acercamiento entre la sociolog&#x00ED;a y la lingü&#x00ED;stica ha sido enorme. Adem&#x00E1;s, como desde muchos puntos de vista se ha argumentado, la disciplina tradicional de la sociolingü&#x00ED;stica como marchamo acad&#x00E9;mico regularizado se hab&#x00ED;a venido dedicando m&#x00E1;s a problemas estrictamente lingü&#x00ED;sticos (cambio o variaci&#x00F3;n lingü&#x00ED;stica, ideolectos y sociolectos, nacionalismo y lenguaje, hipercorrecci&#x00F3;n, habla com&#x00FA;n, cualquier otro tema de la influencia de lo social sobre el lenguaje) que a temas de corte realmente sociol&#x00F3;gico. En este sentido el trabajo de Bourdieu por romper los principios de inmanencia lingü&#x00ED;stica que se arrastran desde Saussure y que ha lanzado al estudio del lenguaje por una especie de “lingü&#x00ED;stica del cerebro” (realizada sobre sistemas de oposici&#x00F3;n y de transformaci&#x00F3;n l&#x00F3;gica) ha sido contundente y hasta fascinante, sobrepasando con mucho las posiciones m&#x00E1;s avanzadas de la etnolingü&#x00ED;stica y la sociolingü&#x00ED;stica norteamericanas, fuertemente influidas por el interaccionismo simb&#x00F3;lico y, por tanto, mucho m&#x00E1;s centradas en los procesos de construcci&#x00F3;n lingü&#x00ED;stica de la microsituaci&#x00F3;n social que en demostrar, como pretende Bourdieu, que los c&#x00F3;digos lingü&#x00ED;sticos son parte de un capital simb&#x00F3;lico que, a su vez, valoriza, produce y reproduce lo social gen&#x00E9;rico. </p>
		</sec>
		
		<sec id="S3">
		<title>3. PIERRE BOURDIEU Y SU CR&#x00CD;TICA A LA HERMEN&#x00C9;UTICA: POSIBILIDADES Y LIMITACIONES </title>
		<p>Bourdieu, como se sabe, se opone nominalmente a la tradici&#x00F3;n hermen&#x00E9;utica por su supuesta resistencia a la objetivaci&#x00F3;n, el canto desbocado del punto de vista —que deprecia los constre&#x00F1;imientos del campo—, su ambivalencia human&#x00ED;stica que puede acabar en peligrosas maniobras filos&#x00F3;ficas como el caso Heidegger, su acientifismo rom&#x00E1;ntico y literario o su fetichizaci&#x00F3;n de la lengua (Bourdieu, <xref ref-type="bibr" rid="CIT14">1988</xref>). Y frente a esta representaci&#x00F3;n de la tradici&#x00F3;n hermen&#x00E9;utica un tanto prejuicial y deformada, el soci&#x00F3;logo franc&#x00E9;s se sit&#x00FA;a en la tradici&#x00F3;n pr&#x00E1;cticamente opuesta del <italic>hecho social </italic>durkheimiano —objetivo, externo, que se impone sobre los sujetos—, que tanta importancia ha tenido en la propia formaci&#x00F3;n del paradigma estructuralista en la lingü&#x00ED;stica, aunque Bourdieu haga su teor&#x00ED;a en directa oposici&#x00F3;n a tal vis&#x00F3;n estructural. La concepci&#x00F3;n que presenta Bourdieu del lenguaje (Bourdieu, <xref ref-type="bibr" rid="CIT13">1985</xref>; Bourdieu y Boltanski, <xref ref-type="bibr" rid="CIT20">1975</xref>) como <italic>mercado lingü&#x00ED;stico</italic>, o sea, como un sistema de diferencias y valores lingü&#x00ED;sticos ordenados en (y por) el campo social de referencia en que los actores plantean sus jugadas de sentido, no deja de funcionar como una especie de <italic>capitalismo lingü&#x00ED;stico</italic> (no hay otra cosa detr&#x00E1;s de su noci&#x00F3;n de mercado lingü&#x00ED;stico) con diferencias y valores expresivos ordenados y reproducidos por el sistema de dominaci&#x00F3;n social (Bourdieu y Wacquant, <xref ref-type="bibr" rid="CIT21">2005</xref>: 211-219); carg&#x00E1;ndose de una especie de funcionalismo de la dominaci&#x00F3;n y con escasas —por no decir nulas— aperturas a la praxis o al dialogismo.  </p>
		
		<p>La inteligente maniobra de Bourdieu, muchas veces m&#x00E1;s terminol&#x00F3;gica que real, de atribuir al <italic>habitus</italic> y fundamentalmente al <italic>habitus</italic> lingü&#x00ED;stico el car&#x00E1;cter, no solo de estructura estructurada, sino el de estructura estructurante (es decir, formadora de pr&#x00E1;cticas), no deja de seguir otorgando un car&#x00E1;cter excesivamente reproductivista al plan de an&#x00E1;lisis social propuesto por el propio Bourdieu (Mart&#x00ED;n Criado, <xref ref-type="bibr" rid="CIT61">2010</xref>; Lahire, <xref ref-type="bibr" rid="CIT55">2004</xref>). Centrar, como hace nuestro autor, el an&#x00E1;lisis del discurso casi exclusivamente en la violencia simb&#x00F3;lica, planteado como una <italic>reconstrucci&#x00F3;n necesitante</italic>, frente a la <italic>comprensi&#x00F3;n participante</italic> de, por ejemplo, la hermen&#x00E9;utica contempor&#x00E1;nea, nos lleva peligrosamente hacia el monologismo: un monologismo cr&#x00ED;tico y denunciador de la dominaci&#x00F3;n, pero monologismo al fin y al cabo. Esta es una cr&#x00ED;tica habitual que se despliega desde diferentes c&#x00ED;rculos de orientaci&#x00F3;n hermen&#x00E9;utica; de este modo, nos encontramos con la t&#x00ED;pica argumentaci&#x00F3;n, entre heideggeriana y liberal, de Luc Ferry y Alain Renaut (<xref ref-type="bibr" rid="CIT38">1988</xref>: 34), donde afirman que Bourdieu corre el riesgo de caer en una caricatura que le incit&#x00F3; a reducir, sin otra forma de proceso, el sentido de toda diferencia comunicativa de una voluntad social de distinci&#x00F3;n, acabando con cualquier posibilidad de libertad o creaci&#x00F3;n positiva de sentido, hasta el argumento que el propio Gadamer utiliza en respuesta directa a Bourdieu, de que su cr&#x00ED;tica a la hermen&#x00E9;utica acaba por reducir cualquier di&#x00E1;logo humano, filos&#x00F3;fico o existencial a la expresi&#x00F3;n de una voluntad social de legitimaci&#x00F3;n de la desigualdad o de eufemistizaci&#x00F3;n de las estrategias de dominaci&#x00F3;n en el campo cultural (Gadamer, <xref ref-type="bibr" rid="CIT43">2002</xref>: 341-355).  </p>
		
		<p>En la idea de la <italic>reconstrucci&#x00F3;n necesitante</italic> (Bourdieu, <xref ref-type="bibr" rid="CIT17">1995</xref>: 442-443) hay una pretensi&#x00F3;n de objetivismo y descripci&#x00F3;n (denuncia) del campo de fuerzas que ha producido las expresiones lingü&#x00ED;sticas —los discursos son necesarios en un campo conflictivo—, que deja fuera las capacidades de interpretaci&#x00F3;n de los actores —empezando, como pretende Gadamer (<xref ref-type="bibr" rid="CIT42">1998</xref>: 11-27), por interpretarse a s&#x00ED; mismos en di&#x00E1;logo con sus propios enunciados— o las posibilidades de acci&#x00F3;n comunicativa del lenguaje de los sujetos sociales, donde no solo se pone en juego un inter&#x00E9;s instrumental, sino tambi&#x00E9;n un inter&#x00E9;s hermen&#x00E9;utico o incluso un inter&#x00E9;s emancipatorio. Abrir el mundo del lenguaje al dialogismo es, sin obviar el marco de la dominaci&#x00F3;n social, apreciar tambi&#x00E9;n las capacidades de autoorganizaci&#x00F3;n y autorreflexi&#x00F3;n de los sujetos, de construcci&#x00F3;n y atribuci&#x00F3;n del sentido por parte de los propios actores y no solo la descripci&#x00F3;n de c&#x00F3;mo los sentidos de los poderosos se imponen a los dominados (Habermas, <xref ref-type="bibr" rid="CIT50">1991</xref>). ). Es evidente que el desaf&#x00ED;o hermen&#x00E9;utico en las ciencias sociales est&#x00E1; planteado y, como dice Zygmunt Bauman (<xref ref-type="bibr" rid="CIT09">2002</xref>: 226), “la verdad de la sociolog&#x00ED;a debe ser negociada, de igual manera que lo es el consenso corriente; y las m&#x00E1;s de las veces no son los soci&#x00F3;logos quienes establecen las reglas de la negociaci&#x00F3;n”.  </p>
		
		<p>Y es que, aunque se haya pretendido lo contrario —ver por ejemplo Burkitt (<xref ref-type="bibr" rid="CIT24">1998</xref>)—, es este bloqueo de Bourdieu para pensar lo dial&#x00F3;gico en todas sus versiones el que genera la imposibilidad estructural de nuestro autor para acercarse, desde sus planteamientos epistemol&#x00F3;gicos y metodol&#x00F3;gicos, a conceptos imprescindibles en el an&#x00E1;lisis sociol&#x00F3;gico de los discursos como es el de la polifon&#x00ED;a o el mundo de la vida cotidiana (Alonso, 1998; Alonso, <xref ref-type="bibr" rid="CIT03">2009</xref>). As&#x00ED;, en consecuencia con estos planteamientos, que se arrastran en la obra de Bourdieu desde la &#x00E9;poca de libros como <italic>El oficio del soci&#x00F3;logo</italic> (en el que se plantea el conocimiento como una conquista contra el sentido com&#x00FA;n, una <italic>doxa</italic> con la que hay que cortar y separase en la cr&#x00ED;tica (Bourdieu, Chamboredon y Passeron, <xref ref-type="bibr" rid="CIT22">1989</xref>), todo lenguaje “<italic>popular</italic>” es considerado como una ausencia de poder, esto es, entendi&#x00E9;ndolo por el poder que no tiene, porque en la homolog&#x00ED;a con la econom&#x00ED;a que aqu&#x00ED; se despliega, tienen escaso capital simb&#x00F3;lico o lingü&#x00ED;stico. Todo lo contrario al planteamiento de Mijail Bajtin (<xref ref-type="bibr" rid="CIT06">1982</xref>) donde todo acto lingü&#x00ED;stico es un acto que necesita al otro, como otro concreto, que implica ideolog&#x00ED;a, pero por eso mismo implica acci&#x00F3;n, creaci&#x00F3;n y reacci&#x00F3;n, <italic>praxis </italic>social que se produce desde todos los espacios de la estructura social.  </p>
		
		<p>Ya frontalmente contra Bourdieu, Michel de Certeau (<xref ref-type="bibr" rid="CIT25">1990</xref>, 82-97) se pronuncia contra la imagen de radical pasividad para la creaci&#x00F3;n de sentido que tiene el concepto de pr&#x00E1;ctica en Bourdieu, prisionero del <italic>habitus</italic> y reducido a usos lingü&#x00ED;sticos planteados como supuestas estrategias para ganar poder que, por variados que se presenten, son eternamente reproductivos, calculadores, estrat&#x00E9;gicos. Pero de Certeau —y otros autores— nos recuerdan tambi&#x00E9;n el car&#x00E1;cter gratuito y de <italic>don</italic> que tienen muchos de nuestros actos culturales y lingü&#x00ED;sticos: la comunicaci&#x00F3;n es estrategia, pero tambi&#x00E9;n es cooperaci&#x00F3;n y donaci&#x00F3;n; es reproducci&#x00F3;n, pero tambi&#x00E9;n es reconstrucci&#x00F3;n, reelaboraci&#x00F3;n e incluso invenci&#x00F3;n a partir de materiales preexistentes. En la condici&#x00F3;n de sujeto est&#x00E1; la condici&#x00F3;n de productor de narraciones, narraci&#x00F3;n que unifica sustancialmente a pr&#x00E1;cticas culturales, lingü&#x00ED;sticas, sociales, etc. Cada producci&#x00F3;n, dir&#x00ED;a de Certeau, es una reelaboraci&#x00F3;n, una redefinici&#x00F3;n desde la experiencia, que implica no solo aceptaci&#x00F3;n sumisa, sino resistencia creativa. Bourdieu, por tanto, hab&#x00ED;a planteado muy bien la dimensi&#x00F3;n <italic>dominaci&#x00F3;n simb&#x00F3;lica del lenguaje</italic>, pero se despreocupar&#x00ED;a de la dimensi&#x00F3;n <italic>donaci&#x00F3;n y cooperaci&#x00F3;n</italic> o de incluso de la dimensi&#x00F3;n <italic>reconstrucci&#x00F3;n y resistencia</italic>, algo que no se puede dejar fuera en los juegos pragm&#x00E1;ticos que toda pr&#x00E1;ctica comunicativa comporta. Michel de Certeau indica, adem&#x00E1;s, que estas operaciones de utilizaci&#x00F3;n o reutilizaci&#x00F3;n simb&#x00F3;lica corresponden al antiguo arte del “<italic>hacer</italic>”: son usos, designando con ello acciones que tienen sus propias l&#x00F3;gicas y sentidos, y que organizan callada y cotidianamente el trabajo del consumo de producci&#x00F3;n cultural. Con Bourdieu hemos sabido que el an&#x00E1;lisis sociol&#x00F3;gico de los discursos no solo mostrando las relaciones que se mantienen con un sistema o un orden no solo lingü&#x00ED;stico, sino tambi&#x00E9;n social delimitando las relaciones de fuerza lenguaje y la comunicaci&#x00F3;n, pero tambi&#x00E9;n debemos dar cuenta del encaje de sentidos y poderes que no se derivan solo del sistema de dominaci&#x00F3;n sino de la capacidad de los sujetos de activarse e interpretarse, quiz&#x00E1;s as&#x00ED; podamos dar sentido a ese proyecto de <italic>democratizaci&#x00F3;n de la postura hermen&#x00E9;utica</italic> que Bourdieu (<xref ref-type="bibr" rid="CIT19">1999</xref>: 542) quer&#x00ED;a reivindicar frente a la tradici&#x00F3;n convencional e hipersubjetiva de interpretar descontextualizadamente los textos literarios o los grandes productos culturales de h&#x00E9;roes o antih&#x00E9;roes de la creaci&#x00F3;n formal , sino una lectura comprehensiva de los relatos corrientes de las gentes corrientes.  </p>
		</sec>
		
		<sec id="S4">
		<title>4. SOCIOHERMEN&#x00C9;UTICA, TEXTO Y DISCURSO </title>
		
		<p>El mismo concepto de texto, incluso etimol&#x00F3;gicamente —trama de hilos—, remite a multiplicidad, a un entramado o urdimbre. Texto es un entramado de palabras entrelazadas, unidas en una disposici&#x00F3;n regularizada que le proporciona su consistencia comunicativa que representa la materializaci&#x00F3;n social de discursos como l&#x00ED;neas de enunciaci&#x00F3;n simb&#x00F3;lica que nos remiten a posiciones sociales. En efecto, en su enfrentamiento con el formalismo lingü&#x00ED;stico, Bajt&#x00ED;n defini&#x00F3; el car&#x00E1;cter dial&#x00F3;gico e intertextual de todo enunciado: “los enunciados no son indiferentes uno a otro, ni son autosuficientes, sino que saben uno de otro y se reflejan mutuamente. Estos reflejos rec&#x00ED;procos son los que determinan el car&#x00E1;cter del enunciado. Cada enunciado est&#x00E1; lleno de ecos y reflejos de otros enunciados con los cuales se relaciona por la comunidad de la esfera de la comunicaci&#x00F3;n discursiva” (Bajtin, <xref ref-type="bibr" rid="CIT06">1982</xref>: 264). El problema, entonces, no es la estructura subyacente de la lengua, sino la significaci&#x00F3;n social del habla, y esta significaci&#x00F3;n es producto siempre de un di&#x00E1;logo, o de un proyecto de di&#x00E1;logo que, desde la propia formaci&#x00F3;n de la mente como proceso psicol&#x00F3;gico superior —operando en el aspecto simb&#x00F3;lico y no solo sobre el sistema de se&#x00F1;ales—, construye lo humano como social y, por lo tanto, como una conversaci&#x00F3;n o un di&#x00E1;logo de m&#x00FA;ltiples voces. </p>
		
		<p>En el enfoque sociohermen&#x00E9;utico, por tanto, el lenguaje aparece <italic>no</italic> como el agente de la creaci&#x00F3;n exclusiva de la realidad social, creaci&#x00F3;n que se derivar&#x00ED;a de la potencia constitutiva de sus c&#x00F3;digos, sino como el medio de construcci&#x00F3;n significativa del mundo en una <italic>situaci&#x00F3;n</italic> concreta, a partir de las experiencia de los actores sociales. Esta constituci&#x00F3;n ayuda a crear significados libres, a partir de la interacci&#x00F3;n de biograf&#x00ED;as pr&#x00F3;ximas que soportan en su actuaci&#x00F3;n la visi&#x00F3;n del mundo de biograf&#x00ED;as remotas, pero encuadradas en el mismo grupo de pertenencia. Una construcci&#x00F3;n que se realiza <italic>por negociaci&#x00F3;n</italic> (Cicourel, <xref ref-type="bibr" rid="CIT26">1981</xref>, <xref ref-type="bibr" rid="CIT27">1982</xref>) desde la posici&#x00F3;n social (de poder) de los sujetos de la enunciaci&#x00F3;n, y no solo por la imposici&#x00F3;n de c&#x00F3;digos.  </p>
		
		<p>El trabajo de la sociohermen&#x00E9;utica, entonces, no es un an&#x00E1;lisis de textos, ni lingü&#x00ED;stico, ni psicoanal&#x00ED;tico, ni semiol&#x00F3;gico; no se busca en &#x00E9;l la estructura subyacente de la enunciaci&#x00F3;n, ni la sintaxis combinatoria de las unidades significantes, sino es la <italic>reconstrucci&#x00F3;n</italic> del sentido de los discursos en su situaci&#x00F3;n —micro y macro— de enunciaci&#x00F3;n. M&#x00E1;s que un an&#x00E1;lisis formalista, se trata en este enfoque sociohermen&#x00E9;utico —tan cercano a la fenomenolog&#x00ED;a como a la teor&#x00ED;a cr&#x00ED;tica— en el que la <italic>reconstrucci&#x00F3;n de los intereses de los actores</italic> nos aparece como modelo de comprensi&#x00F3;n del texto grupal, en su contexto social y en la historicidad de sus planteamientos. La tarea interpretativa consiste, pues, en incorporar a la propia interpretaci&#x00F3;n la interpretaci&#x00F3;n del otro; la hermen&#x00E9;utica se hace doble hermen&#x00E9;utica en cuanto que es la reflexi&#x00F3;n del analizador sobre el actor y del actor sobre el analizador (Giddens, <xref ref-type="bibr" rid="CIT45">1984</xref>, <xref ref-type="bibr" rid="CIT44">1991</xref>). </p>
		
		<p>El an&#x00E1;lisis sociohermen&#x00E9;utico no es, por tanto, el desmigajamiento de un corpus buscando sus unidades de significaci&#x00F3;n elementales; lo que no quiere decir que el corpus no tenga que ser minuciosamente le&#x00ED;do y rele&#x00ED;do, seleccionado y ordenado realizando un recorte en sus sentidos posibles, seg&#x00FA;n los objetivos de la investigaci&#x00F3;n, sino que es la sistematizaci&#x00F3;n de ese corpus, por un modelo concreto de representaci&#x00F3;n, lo que le otorga significaci&#x00F3;n a los enunciados. Modelo que, como Piaget sugiri&#x00F3; en su estudio de las estructuras cognitivas (Piaget, <xref ref-type="bibr" rid="CIT66">1986</xref>), opera por un doble proceso; por una parte de <italic>asimilaci&#x00F3;n</italic> —integraci&#x00F3;n de los enunciados en el modelo—, y por otra, de <italic>adaptaci&#x00F3;n</italic> —transformaci&#x00F3;n del esquema en funci&#x00F3;n de los resultados enunciativos—; <italic>constructivismo concreto</italic> que marca la metodolog&#x00ED;a <italic>ad hoc</italic> de la investigaci&#x00F3;n social cualitativa, cuando esta es realizada en su dimensi&#x00F3;n m&#x00E1;s creativa (Conde, <xref ref-type="bibr" rid="CIT28">2010</xref>; Ort&#x00ED;, <xref ref-type="bibr" rid="CIT65">2000</xref>).  </p>
		
		<p>Por lo tanto, m&#x00E1;s que con “el texto”, en el an&#x00E1;lisis sociohermen&#x00E9;utico, trabajamos con <italic>nuestras textuales emp&#x00ED;ricas</italic>, que se producen no sobre la hip&#x00F3;tesis de aleatoriedad, individualidad e independencia, sino sobre la idea de que el campo discursivo donde los discursos son coherentes con su contexto, a la vez que son, o pueden ser, interdependientes, estratificados, competitivos y conflictivos entre s&#x00ED;. La labor del investigador social, en este tipo de pr&#x00E1;ctica cualitativa, no es, por tanto, un an&#x00E1;lisis sint&#x00E1;ctico o lingü&#x00ED;stico de textos, sino el an&#x00E1;lisis pragm&#x00E1;tico centrado en los usos y los efectos y, por ello, de reconstrucci&#x00F3;n cr&#x00ED;tica de los procesos ideol&#x00F3;gicos generadores de esos textos producidos en los contextos sociales de enunciaci&#x00F3;n. El an&#x00E1;lisis de los textos producidos en condiciones sociales es siempre sociohermen&#x00E9;utico, puesto no es una simple utilizaci&#x00F3;n mec&#x00E1;nica de la amplia caja de herramientas heredadas de la metodolog&#x00ED;a lingü&#x00ED;stica o semi&#x00F3;tica, sino el uso estrat&#x00E9;gico y orientado en su sentido de esas herramientas en el marco siempre concreto, completo y complejo del contexto tem&#x00E1;tico de la investigaci&#x00F3;n social. El proceso ideol&#x00F3;gico se asocia, as&#x00ED;, al an&#x00E1;lisis de los productos discursivos propiamente dichos, el an&#x00E1;lisis no es, por tanto, un an&#x00E1;lisis “interno” —tal como se ha pretendido desde la semi&#x00F3;tica formal—, sino un an&#x00E1;lisis de articulaci&#x00F3;n de mensajes expl&#x00ED;citos, con unas reglas de comprensi&#x00F3;n y de adecuaci&#x00F3;n que son antes sociales que lingü&#x00ED;sticas. La ideolog&#x00ED;a no se encuentra en la descomposici&#x00F3;n de la frase — trabajo que Roland Barthes (<xref ref-type="bibr" rid="CIT08">1981</xref>) le atribu&#x00ED;a al lingüista—, ni es una funci&#x00F3;n espec&#x00ED;fica del lenguaje, sino que se combina y entremezcla en todas sus funciones para encontrar (o simplemente buscar), un poder social (Rossi-Landi, <xref ref-type="bibr" rid="CIT73">1980</xref>). </p>
		
		<p>Toda lectura de un enunciado es una interpretaci&#x00F3;n y, por tanto, al igual que cualquier proceso de interpretaci&#x00F3;n es <italic>infinito</italic>, como se han encargado de recordarnos repetidamente, desde posiciones cercanas a la hermen&#x00E9;utica fenomenol&#x00F3;gica, autores como Hans-Georg Gadamer o Paul Ricoeur. El trabajo de lectura y an&#x00E1;lisis de un grupo de discusi&#x00F3;n no es un an&#x00E1;lisis de contenido —un recuento de frecuencias de los t&#x00E9;rminos aparecidos, o bien de los trenes o diferenciales sem&#x00E1;nticos como modelo externo de asociaci&#x00F3;n y correlaci&#x00F3;n de palabras (Bardin, <xref ref-type="bibr" rid="CIT07">1986</xref>)—, ni un an&#x00E1;lisis de texto en el que se busca un modelo abstracto del que se genera, o deduce, la enunciaci&#x00F3;n concreta. Antes, habr&#x00ED;a que conceptualizarlo como un an&#x00E1;lisis estrat&#x00E9;gico, modulado por los objetivos de la investigaci&#x00F3;n, en el que hay un proyecto de reconstruir, en su contexto concreto, las pr&#x00E1;cticas significantes de los sujetos de la enunciaci&#x00F3;n. Proceso que, siguiendo al cr&#x00ED;tico norteamericano Frederic Jameson (<xref ref-type="bibr" rid="CIT53">1989</xref>: 48), podemos conceptualizar como una <italic>reescitura fuerte del texto</italic>; pues no es tanto una decodificaci&#x00F3;n como una <italic>transcodicicaci&#x00F3;n</italic> lo que se hace en la interpretaci&#x00F3;n, ya que lo que se busca con ella no es encontrar la coherencia del texto, sino el lugar que lo comunicativo ocupa en la creaci&#x00F3;n y recreacci&#x00F3;n de la realidad social de los discursos.  </p>
		
		<p>El texto, como producto cultural, cobra relieve cuando se lee en su materialidad social; esto es, cuando se inscribe en los determinantes que est&#x00E1;n en su g&#x00E9;nesis, en las relaciones de poderes que lo enmarcan y en los efectos innovadores o reproductores que origina (Wiliams, <xref ref-type="bibr" rid="CIT81">1994</xref>). La investigaci&#x00F3;n social siempre y en todo lugar exige un paso hermen&#x00E9;utico, por cuanto que el proceso de entendimiento interpretador que lo anima implica la consideraci&#x00F3;n, tanto de los investigadores como de los investigados como sujetos. Sujetos, adem&#x00E1;s, en el mismo plano de lo social a lo largo de toda la investigaci&#x00F3;n. El an&#x00E1;lisis del discurso no es una <italic>t&#x00E9;cnica</italic> objetivo-explicativa, puesto que hay intersubjetividad desde la misma selecci&#x00F3;n del texto, sino una <italic>pr&#x00E1;ctica</italic> relacional-reflexiva. El conocimiento aparece como proceso no como resultado. El investigador se convierte as&#x00ED; en instrumento metodol&#x00F3;gico fundamental. Es aqu&#x00ED; donde la perspectiva cualitativa se encuentra con el uso del concepto de “<italic>verstehen</italic>” de Dilthey y Weber, como intento del investigador de lograr un conocimiento del sentido de la acci&#x00F3;n del actor en orden a reconstruir el fen&#x00F3;meno social. De este modo, esta mirada desde la “<italic>verstehen</italic>” solo puede tener sentido de interpretaci&#x00F3;n reflexiva; por una parte porque conecta la acci&#x00F3;n de cada individuo a la de los dem&#x00E1;s miembros de la sociedad en un doble sentido —en cuanto que los individuos son capaces de participar por la v&#x00ED;a de ciertos roles y reflejarlos en el producto de esa participaci&#x00F3;n, pero a la vez quedar reflejados por ellos—; por otra parte porque los investigadores quedan definidos en la misma investigaci&#x00F3;n al puntualizar el sentido de las acciones de los sujetos, desde su propio sentido de la acci&#x00F3;n. La interpretaci&#x00F3;n se convierte en necesaria, y por esto no se puede percibir el fen&#x00F3;meno social como un valor inmediato y superficial sino en su interpretaci&#x00F3;n desde su profundizaci&#x00F3;n cr&#x00ED;tica. El mismo Jos&#x00E9; Ortega y Gasset lo expresaba con rotundidad en su conocido pr&#x00F3;logo a “Introducci&#x00F3;n a las ciencias del esp&#x00ED;ritu”, la “opera magna” de Wilhem Dilthey (<xref ref-type="bibr" rid="CIT30">1980</xref>:24): “La ciencia es el descubrimiento de las conexiones entre los hechos. En la conexi&#x00F3;n el hecho desparece como puro hecho y se transforma como miembro de un ‘sentido’. Entonces se le entiende. El sentido es la materia inteligible”. El conocimiento se transforma por la pr&#x00E1;ctica, tanto como la pr&#x00E1;ctica se ve transformada por el conocimiento. </p>
		
		<p>Esta visi&#x00F3;n nos introduce directamente en un enfoque cr&#x00ED;tico-racional de la investigaci&#x00F3;n, donde la aproximaci&#x00F3;n a la realidad social debe llevarse a cabo mediante la introducci&#x00F3;n, consciente y cr&#x00ED;ticamente orientada, de la esfera de <italic>los valores</italic> y de <italic>los fines</italic> sociales en el pro­ceso de investigaci&#x00F3;n; cuestionando, de forma permanente mediante un proceso <italic>“autorreflexivo</italic>”, la aparente neutralidad e inmediatez de los discursos (Habermas <xref ref-type="bibr" rid="CIT48">1982</xref>: 197 y ss.). El an&#x00E1;lisis sociol&#x00F3;gico de los discursos es imposible que trabaje con un criterio <italic>anal&#x00ED;tico-sist&#x00E9;mico</italic>; por su propia naturaleza de herramienta metodol&#x00F3;gica pretecnol&#x00F3;gica, concreta, intensiva y no estad&#x00ED;stica tiene una segura vinculaci&#x00F3;n de base con un criterio cr&#x00ED;tico de investigaci&#x00F3;n en las ciencias sociales. Esto es f&#x00E1;cil de ver claramente, siguiendo a Jürgen Habermas (<xref ref-type="bibr" rid="CIT47">1973</xref>: 117-180), cuando opone los rasgos definitorios de ambas corrientes en lo que se refiere a su concepci&#x00F3;n del proceso de investigaci&#x00F3;n social. Frente a la primac&#x00ED;a de la <italic>determinaci&#x00F3;n y contrastaci&#x00F3;n t&#x00E9;cnica de hip&#x00F3;tesis particulares</italic> mediante definiciones operativas (formalizables y medibles por instrumentos t&#x00E9;cnicos) que propone el m&#x00E9;todo anal&#x00ED;tico (lo que supone, de hecho, la primac&#x00ED;a del m&#x00E9;todo sobre el objeto de conocimiento), el m&#x00E9;todo cr&#x00ED;tico, contempla la primac&#x00ED;a de la comprensi&#x00F3;n y explicaci&#x00F3;n te&#x00F3;rica global de los <italic>procesos sociales en movimiento</italic> mediante <italic>totalidades concretas</italic> y representaciones globales tomadas como <italic>procesos discursivos</italic>; aqu&#x00ED; es siempre el objeto particular el que determina y tiene primac&#x00ED;a sobre el m&#x00E9;todo. Los acontecimientos son situados en su lugar hist&#x00F3;rico, pero no como simple producto derivado, sino a trav&#x00E9;s de la experiencia vivida de sus actores. La interpretaci&#x00F3;n, a la vez, es <italic>cercan&#x00ED;a</italic> —ponerse en el lugar del sujeto— y es <italic>distancia</italic> —ponerse en el contexto de enunciaci&#x00F3;n—; no hay modelo objetivo de interpretaci&#x00F3;n, hay siempre subjetividad objetivada y objetividad subjetivada (Gadamer, <xref ref-type="bibr" rid="CIT40">1993</xref>):  </p>
		
		<p>La sociohermen&#x00E9;utica circunscribe el espacio propio para el an&#x00E1;lisis sociol&#x00F3;gico de los discursos, separ&#x00E1;ndolo del an&#x00E1;lisis lingü&#x00ED;stico de los textos, o de la sistematizaci&#x00F3;n anal&#x00ED;tica de los mismos, por cuanto que deben de plantearse con l&#x00F3;gicas diferentes. Ignorar estas diferencias l&#x00F3;gicas, mezcl&#x00E1;ndolas o queriendo reducirlas todas a una —en el an&#x00E1;lisis del discurso lo habitual ha sido reducir lo social a lo lingü&#x00ED;stico— crea errores de todo tipo; b&#x00E1;sicamente errores de interpretaci&#x00F3;n, pero errores, al fin y al cabo, que provienen de no asentar de manera correcta los fundamentos epistemol&#x00F3;gicos del an&#x00E1;lisis de discurso en sociolog&#x00ED;a. El lenguaje, desde aqu&#x00ED;, toma un sentido polimorfo, activo y convencional, fruto de m&#x00FA;ltiples acciones humanas, y sus usuarios son los que act&#x00FA;an en el lenguaje, de forma que el significado de un t&#x00E9;rmino es sencillamente su uso en un determinado juego del lenguaje que se corresponde con una forma concreta de vida; por eso, en el contexto que justifica el uso, es donde se encuentra la posibilidad de la comprensi&#x00F3;n, y no en los fundamentos l&#x00F3;gicos de las palabras o de las reglas donde se sit&#x00FA;a la producci&#x00F3;n del sentido en el lenguaje (Wittgenstein, <xref ref-type="bibr" rid="CIT82">1988</xref>: 33 y ss). </p>
		
		<p>El estudio de los discursos, tal como aqu&#x00ED; se plantea, se pregunta lo que hace y busca la gente cuando utiliza el lenguaje —de ah&#x00ED; su dimensi&#x00F3;n fundamentalmente pragm&#x00E1;tica—; investiga regularidades sociales y no “leyes” formales; se centra en la tematizaci&#x00F3;n m&#x00E1;s que en la sintaxis significante; encuentra referencias a contextos, m&#x00E1;s que universales, lingü&#x00ED;sticos o antropol&#x00F3;gicos; opera por analog&#x00ED;a e interpretaciones locales y no por digitalizaci&#x00F3;n y protocolos gen&#x00E9;ricos; y, finalmente, el “corpus”, lejos de ser la prueba textual o el hecho positivo de la interpretaci&#x00F3;n, es la v&#x00ED;a para la comprensi&#x00F3;n de la funci&#x00F3;n interactiva y comunicativa de los discursos: “el analista del discurso trata su “corpus” como el registro (texto) de un proceso din&#x00E1;mico en el cual el hablante/escritor utiliza el lenguaje como instrumento de comunicaci&#x00F3;n en un contexto para expresar significados y hacer efectivas sus intenciones (discurso). Trabajando sobre estos datos, el analista intenta describir las regularidades encontradas en las realizaciones lingü&#x00ED;sticas que emplea la gente para comunicar esos significados e intenciones” (Brown y Yule, <xref ref-type="bibr" rid="CIT23">1993</xref>: 47).  </p>
		
		<p>Nos encontramos, por tanto, no en el espacio del an&#x00E1;lisis formal, sino en el de la interpretaci&#x00F3;n; en esa situaci&#x00F3;n mezcla de “sospecha y escucha” que trata de penetrar en el significado para los sujetos de los enunciados, sin subordinar los enunciados a las leyes, sean estas estad&#x00ED;sticas o lingü&#x00ED;sticas (Ricoeur, 1986:151). El an&#x00E1;lisis del discurso como an&#x00E1;lisis sociohermen&#x00E9;utico es un an&#x00E1;lisis pragm&#x00E1;tico del texto y de la situaci&#x00F3;n social —micro y macro— que lo ha generado. El trabajo sociohermen&#x00E9;utico parte, as&#x00ED;, de que no buscamos c&#x00F3;digos universales, sino el significado de las acciones de los sujetos sociales. Vamos del texto a la acci&#x00F3;n, del enunciado al sentido de lo vivido por los sujetos. Si el modelo lingü&#x00ED;stico se utiliza en el plano de la constituci&#x00F3;n de los enunciados, el modelo hermen&#x00E9;utico fenomenol&#x00F3;gico, que estamos dise&#x00F1;ando, se coloca en el plano de la fundamentaci&#x00F3;n de los enunciados: intenci&#x00F3;n, motivaci&#x00F3;n, sentido, etc. (Ricoeur, <xref ref-type="bibr" rid="CIT69">1988</xref>: 133-154). Fundamentar las acciones conlleva averiguar qu&#x00E9; significan para los que las realizan y, con ello, tratar de situarse en el lugar de los sujetos, en este caso de los actores sociales. Ponerse en el lugar de los actores no significa, por un lado, usurpar el papel de esos actores, ni, por otro, adoptar la posici&#x00F3;n &#x00FA;nica de uno de los actores en juego, sino entrar en un campo de fuerzas que no es armonioso sino conflictivo; es un campo comunicativo y, por ello, es un juego de poderes y un juego de lenguajes.  </p>
		
		<p>La interpretaci&#x00F3;n sociol&#x00F3;gica de los discursos, no es, por tanto, un an&#x00E1;lisis de contenido —tomado este como suma de los significados prefigurados de las palabras que componen el texto—, ni un an&#x00E1;lisis formal —se realice en el plano sint&#x00E1;ctico, morfol&#x00F3;gico, estil&#x00ED;stico, f&#x00F3;nico, o sem&#x00E1;ntico—, sino un <italic>an&#x00E1;lisis contextual</italic>, donde los argumentos toman sentido en relaci&#x00F3;n con los actores que los enuncian, enmarcados en un conjunto de fuerzas sociales en conflicto que los originan. El <italic>hacer interpretativo</italic>, es un querer saber sobre el hacer de los discursos, esto es, una pr&#x00E1;ctica de atribuci&#x00F3;n de sentido de los discursos centrada sobre lo que los discursos hacen en sociedad. Esto representa, justamente, lo contrario de una lectura anal&#x00ED;tica de los textos —que trata de encontrar un perfil estructural dividiendo su texto en partes y subpartes—; es una <italic>lectura activa</italic>, en la que las preguntas que se le hacen al texto se realizan desde una polifon&#x00ED;a de las diferentes posiciones sociales que entran en el campo social de referencia. Toda interpretaci&#x00F3;n se efect&#x00FA;a en un conflicto de interpretaciones, porque toda interpretaci&#x00F3;n se hace en la encrucijada de la pluralidad de sentidos de lo social (Ricoeur, <xref ref-type="bibr" rid="CIT72">1995</xref>). Si siguiendo al inolvidable Maurice Merleau-Ponty (<xref ref-type="bibr" rid="CIT62">1993</xref>: 191 y ss.), podemos distinguir la palabra <italic>hablada</italic> —producto lingü&#x00ED;stico sistematizado y cristalizado— de la palabra <italic>hablante</italic> —manifestaci&#x00F3;n de un lenguaje en su sentido creador— la interpretaci&#x00F3;n sociol&#x00F3;gica se mueve en este &#x00FA;ltimo plano, por cuanto la labor del lenguaje no se estudia como producto final, sino en tanto que veh&#x00ED;culo de captaci&#x00F3;n y comunicaci&#x00F3;n de los sentidos referidos al marco social de los mensajes. La interpretaci&#x00F3;n, por tanto, es el descubrimiento del sentido, pero no de una manera arbitraria, de imposici&#x00F3;n del yo sobre cualquier realidad —como pretender&#x00ED;a cualquier proposici&#x00F3;n solipsista o nihilista del hacer interpretativo—, sino de encuentro intersubjetivo entre el sujeto como generador de sentido y el mundo de la vida en que se encuentra como l&#x00ED;mite de los significados: “Esto equivale a decir que nosotros damos su sentido a la historia, pero no sin que ella nos lo proponga” (Merleau-Ponty, <xref ref-type="bibr" rid="CIT62">1993</xref>: 457). </p>
		
		<p>El camino de la interpretaci&#x00F3;n, de esta manera, no nos debe conducir a ninguna arbitrariedad del autor de dicha interpretaci&#x00F3;n: como viene diciendo Umberto Eco desde hace ya m&#x00E1;s de treinta a&#x00F1;os, el lector no puede usar el texto como desee, sino como el texto quiera ser usado (Eco, <xref ref-type="bibr" rid="CIT34">1993</xref>: 77-82). Es decir, la interpretaci&#x00F3;n adquiere sentido cuando reconstruye, con relevancia, el campo de fuerzas sociales que ha dado lugar a la investigaci&#x00F3;n, y cuando su clave interpretativa es coherente con los propios objetivos concretos de la investigaci&#x00F3;n; un doble enfoque pragm&#x00E1;tico —pragm&#x00E1;tica de los discursos sociales, pragm&#x00E1;tica de la estrategia de la investigaci&#x00F3;n— que nos aleja definitivamente de cualquier formalismo lingü&#x00ED;stico o matem&#x00E1;tico, como de cualquier anhelo de sobreinterpretaci&#x00F3;n.  </p>
		
		<p>Teniendo en cuenta que cuando hablamos, aqu&#x00ED;, de <italic>sobreinterpretaci&#x00F3;n</italic> no estamos usando el concepto en su acepci&#x00F3;n restringida o t&#x00E9;cnica, tal como lo viene utilizando, por ejemplo, el psicoan&#x00E1;lisis cl&#x00E1;sico freudiano (Laplanche y Pontalis, <xref ref-type="bibr" rid="CIT57">1984</xref>: 413), esto es, como una interpretaci&#x00F3;n m&#x00E1;s profunda o derivada que se desprende, de modo secundario, de una interpretaci&#x00F3;n primera —coherente y completa ya en s&#x00ED; misma—, y que vendr&#x00ED;a determinada por la superposici&#x00F3;n de estratos de significaci&#x00F3;n en los procesos y productos de la vida ps&#x00ED;quica; procesos en los que la condensaci&#x00F3;n de una sola imagen expresa varias series inconscientes de desarrollo simb&#x00F3;lico. Antes, al contrario, consideramos la sobreinterpretaci&#x00F3;n en su acepci&#x00F3;n de interpretaci&#x00F3;n insostenible, descontextualizada y excesiva, guiada m&#x00E1;s por la intenci&#x00F3;n un&#x00ED;voca del receptor que por la postulaci&#x00F3;n coherente de una <italic>intenci&#x00F3;n del texto</italic>. De acuerdo con esto, podemos decir, con Umberto Eco, que el mensaje puede acoger una multiplicidad de significados y referentes, pero no tenemos derecho a decir que puede significar cualquier cosa, o mejor, efectivamente, “puede significar cualquier cosa, pero hay sentidos que ser&#x00ED;a rid&#x00ED;culo sugerir” (Eco, <xref ref-type="bibr" rid="CIT35">1995</xref>: 47). </p>
		
		<p>Interpretaci&#x00F3;n, entonces, que da prioridad a la pr&#x00E1;ctica sobre el c&#x00F3;digo; a la funci&#x00F3;n sobre la estructura; al contexto sobre el texto; a lo latente sobre lo inconsciente; a la intencionalidad del mensaje sobre la arbitrariedad de los signos y, en suma, a la primac&#x00ED;a de la comunidad o del contexto hist&#x00F3;rico social sobre la comprensi&#x00F3;n de un mensaje, teniendo en cuenta el car&#x00E1;cter problem&#x00E1;tico y conflictivo de ese contexto (Hymes, <xref ref-type="bibr" rid="CIT52">1973</xref>:4-5). Todo an&#x00E1;lisis social en los textos empieza siendo un <italic>mapa de posiciones discursivas</italic> que trata de representar un campo comunicativo que, a la vez, es un campo de fuerzas sociales. Las categor&#x00ED;as de an&#x00E1;lisis aparecen, as&#x00ED;, no por un proceso de l&#x00F3;gica composicional —de determinaci&#x00F3;n de un modelo que se adapta a unas reglas universales—, sino de <italic>estructuraci&#x00F3;n protot&#x00ED;pica</italic>, esto es, una organizaci&#x00F3;n global de las propiedades t&#x00ED;picas de los discursos que son reconocidas en, y por, los hablantes. Es una organizaci&#x00F3;n cognitiva de categor&#x00ED;as que trata de representar las propiedades y atributos m&#x00E1;s importantes desde el punto de vista social de los enunciados, referidos a una situaci&#x00F3;n real y concreta (Kleiber, <xref ref-type="bibr" rid="CIT54">1995</xref>:67). </p>
		</sec>
		
		<sec id="S5">
		<title>CONCLUSI&#x00D3;N</title>
		
		<p>El investigador cualitativo, en tanto que analizador-interprete de discursos es un metod&#x00F3;logo pragm&#x00E1;tico, despliega su <italic>pr&#x00E1;ctica</italic> de investigaci&#x00F3;n como si fuera un sistema de estrategias y de operaciones “ad hoc”; llamadas —en todo momento— para conseguir respuestas a determinadas preguntas <italic>concretas</italic> sobre la agenda de temas que le interesan en su investigaci&#x00F3;n espec&#x00ED;fica (Strauss, <xref ref-type="bibr" rid="CIT78">1987</xref>: 17; Strauss y Corbin, <xref ref-type="bibr" rid="CIT77">2005</xref>). La realidad se reconstruye, no se recoge; se describe o se refleja como si estuviera simplemente ah&#x00ED; fuera, y el investigador la descubriese en su exterioridad absoluta, como pretenden los positivistas o neopositivistas m&#x00E1;s o menos feroces; ni tampoco se inventa desde la creatividad arbitraria del texto o de la mirada absoluta del observador, como pretenden las diversas corrientes postmodernos al uso y abuso; m&#x00E1;s bien, hay que decir que toda realidad se construye de manera subjetiva con materiales y con l&#x00ED;mites que son objetivos. Esto quiere decir que toda interpretaci&#x00F3;n, por el hecho de serlo, ni refleja, ni traduce “la realidad” —ni mucho menos, a nivel m&#x00E1;s particular, la naturaleza objetiva del texto—, sino que trata de descubrir, de la manera m&#x00E1;s completa posible, la trama de significados que reconstruye una realidad a la que el investigador, de manera coherente con su proyecto —objetivos particulares, contextos de acci&#x00F3;n y posici&#x00F3;n social— encuentra sentido en cuanto int&#x00E9;rprete. Como dice Gadamer, el mundo de lo humano no es algo dado, no es un objeto explicado por categor&#x00ED;as cient&#x00ED;ficas directamente aplicables, sino que es una experiencia vivida en cuanto “<italic>horizonte</italic>”; mirada que trata de abrir —y tambi&#x00E9;n fijar— los l&#x00ED;mites de la acci&#x00F3;n: “El mundo es en este sentido para nosotros un espacio sin l&#x00ED;mites, en medio del cual estamos y buscamos nuestra modesta orientaci&#x00F3;n”(Gadamer, <xref ref-type="bibr" rid="CIT41">1997</xref>:118) Esto nos lleva al tema del posible subjetivismo de la labor sociohermen&#x00E9;utica, sin embargo, el subjetivismo, antes de considerarlo como un obst&#x00E1;culo para la investigaci&#x00F3;n, hay que estimarlo como una de sus precondiciones necesarias, pues es el sujeto quien atribuye sentido a los hechos y a los textos. As&#x00ED;, Z. Bauman (<xref ref-type="bibr" rid="CIT09">2002</xref>), en su magn&#x00ED;fico texto sobre hermen&#x00E9;utica y sociolog&#x00ED;a, observaba que los contenidos asociados a las pr&#x00E1;cticas culturales solo se pueden entender en relaci&#x00F3;n a los contenidos de la propia cultura —siempre hay traducci&#x00F3;n—; lo que se puede entender m&#x00E1;s como una ventaja que como una desventaja. Hay que recalcar, de este modo, que la posici&#x00F3;n creativa del analista es central, aunque est&#x00E9; raramente reconocida y siempre tiene un l&#x00ED;mite objetivado y objetivador en referencia al campo y los contextos de acci&#x00F3;n. Podemos acordar con Paul Ricoeur (<xref ref-type="bibr" rid="CIT70">1990</xref>), que el juicio que se refiere a la interpretaci&#x00F3;n es una conjetura, y que la validaci&#x00F3;n de la interpretaci&#x00F3;n es antes el fruto de su adaptaci&#x00F3;n a una praxis conflictiva, derivada del contexto de la interpretaci&#x00F3;n, que el producto de una l&#x00F3;gica universal de la verificaci&#x00F3;n emp&#x00ED;rica tan as&#x00E9;ptica como irreal. </p>
		
		<p>Esta hegemon&#x00ED;a del nivel de la interpretaci&#x00F3;n es fundamental si concebimos el trabajo del investigador social no como un simple descriptor de fen&#x00F3;menos sociales puntuales asociados por relaciones externas, sino como un sujeto en proceso que busca en las conductas humanas acciones significativas; acciones cuyo sentido, para el conjunto de actores involucrados en ese campo, trata de extraer conceptualmente. Si la pretensi&#x00F3;n anal&#x00ED;tica es sustituir el estudio de la din&#x00E1;mica de la acci&#x00F3;n de los agentes por un m&#x00E1;s o menos minucioso proceso de acumulaci&#x00F3;n de hechos, discretos, convertidos en datos de sus productos, y el deseo estructuralista es el de reducir los acontecimiento a sus invariantes universales, lo importante de esta visi&#x00F3;n hermen&#x00E9;utica es hallar los mecanismos que vinculan las estructuras a los acontecimientos. La sociohermen&#x00E9;utica por tanto se ha demostrado como un potente n&#x00FA;cleo unificador en tanto que conjunto de teor&#x00ED;as que tratan de dar cuenta de la central importancia del sentido, el sujeto, el s&#x00ED;mbolo y el discurso en la din&#x00E1;mica de lo social —as&#x00ED; como en su investigaci&#x00F3;n sistem&#x00E1;tica—, y que re&#x00FA;nen los logros m&#x00E1;s notables en ese campo de conocimiento. N&#x00FA;cleo que ha ido produciendo un complejo cintur&#x00F3;n protector de hip&#x00F3;tesis auxiliares que han estado reiteradamente sometidas a un contraste permanente con los hechos y las representaciones sociales. Todo esto ha hecho de este encuentro entre la hermen&#x00E9;utica y la sociolog&#x00ED;a un programa de investigaci&#x00F3;n cient&#x00ED;fico progresivo, gracias a las sucesivas reformulaciones de sus aplicaciones, que han supuesto un aumento de su contenido emp&#x00ED;rico. Como cualquier programa de investigaci&#x00F3;n, la sociohermen&#x00E9;utica no tiene una forma perpetua, sino que es provisional y cambiante, podr&#x00E1; ir tanto desembaraz&#x00E1;ndose de hip&#x00F3;tesis desgastadas como a&#x00F1;adiendo hallazgos heur&#x00ED;sticos que lo hagan m&#x00E1;s eficaz para la investigaci&#x00F3;n social.</p>
					 
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