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			<journal-id journal-id-type="publisher-id">ARBOR</journal-id>
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				<journal-title>ARBOR Ciencia, Pensamiento y Cultura</journal-title>
				<abbrev-journal-title>ARBOR</abbrev-journal-title>
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			<issn pub-type="epub">0210-1963</issn>
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				<publisher-name>Consejo Superior de Investigaciones Cient&#x00ED;ficas</publisher-name>
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			 <article-id pub-id-type="publisher-id">arbor.2013.761n3010</article-id>
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				<subject>LA COMPRENSI&#x00D3;N DE LO SOCIAL / UNDERSTANDING THE SOCIAL</subject>
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			  <article-title>La sacralizaci&#x00F3;n de la persona: Sociohermen&#x00E9;utica de los valores</article-title>
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		<trans-title>The consecration of the person: Socio-hermeneutics of values</trans-title>
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		<alt-title alt-title-type="running-head">Sociohermen&#x00E9;utica de los valores</alt-title>
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				 <surname>S&#x00E1;nchez Capdequ&#x00ED;</surname>
				 <given-names>Celso</given-names>
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			  <aff id="U1">Departamento de Sociolog&#x00ED;a, Universidad P&#x00FA;blica de Navarra</aff>
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		<pub-date pub-type="collection">
		<year>2013</year>
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		<volume>189</volume>
		<issue>761</issue>
		
		<elocation-id content-type="doi">10.3989/arbor.2013.761n3010</elocation-id>

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				<month>04</month>
				<year>2011</year>
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		<copyright-statement>&#x00A9; 2013 CSIC</copyright-statement>
		<copyright-year>2013</copyright-year>
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		<license-p>Este es un art&#x00ED;culo de acceso abierto distribuido bajo los t&#x00E9;rminos de la licencia Creative Commons Attribution-Non Commercial (by-nc) Spain 3.0.</license-p>
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		<title>RESUMEN</title>
		<p>Este trabajo analiza los cambios sociales de la religi&#x00F3;n en nuestras sociedades. Aunque los soci&#x00F3;logos cl&#x00E1;sicos anunciaron su desaparici&#x00F3;n, la religi&#x00F3;n perdura en la sociedad actual pero con un rostro secular. Uno de sus s&#x00ED;mbolos es la persona. Emile Durkheim habl&#x00F3; de la “sacralizaci&#x00F3;n de la persona” como una nueva expresi&#x00F3;n de lo sagrado. Recientemente Hans Joas aborda el problema de los valores y dialoga con Durkheim para explicar las nuevas formas de lo sagrado. La persona ser&#x00ED;a el valor universal que incluye a todos los hombres independientemente de su cultura, g&#x00E9;nero, creencias religiosas, etc. Los Derechos Humanos son la instituci&#x00F3;n que representa la nueva divinidad secular de la persona.</p>
		</abstract>
		<trans-abstract xml:lang="en">
		<title>ABSTRACT</title>
		<p>This paper analyses the social changes religion has undergone in our societies. Although the classical sociologists announced its disappearance, religion remains present in contemporary society but with a secular face. One of their symbols is the person. Emile Durkheim spoke of the “sacralisation of the person” as a new expression of the sacred. Recently Hans Joas addressed the issue of values and discussed the explanation of the new forms of the sacred with Durkheim. The person would be the universal value that includes all humankind regardless of culture, gender, religious beliefs, etc. Human Rights are the institution that represents the new secular divinity of the person.</p>
		</trans-abstract>
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			<title>PALABRAS CLAVE</title>
			<kwd>Religi&#x00F3;n</kwd>
			<kwd>sacralizaci&#x00F3;n de la persona</kwd>
			<kwd>secularizaci&#x00F3;n</kwd>
			<kwd>valores</kwd>
			<kwd>ritual</kwd>
			<kwd>Derechos humanos</kwd>
		</kwd-group>
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			<title>KEYWORDS</title>
			<kwd>Religion</kwd>
			<kwd>sacralisation of the person</kwd>
			<kwd>secularization</kwd>
			<kwd>values</kwd>
			<kwd>ritual</kwd>
			<kwd>Human Rights</kwd>
		</kwd-group>
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	<body>
		
		
		
		<sec id="S1">
		<title>INTRODUCCI&#x00D3;N </title>
		
		<p>Ha sido una constante en el proyecto cient&#x00ED;fico de la modernidad la alta valoraci&#x00F3;n otorgada al horizonte de los hechos emp&#x00ED;ricos como fuente de conocimiento incuestionable. Las l&#x00F3;gicas y las regularidades que explican el curso de las cosas y, en especial, el orden natural que las gobierna, solo pueden desentra&#x00F1;arse atendiendo con detalle al discurrir de la experiencia aparentemente ca&#x00F3;tico e imprevisible. Los determinismos rectores de la vida natural que proclam&#x00F3; la ciencia natural con el advenimiento de la modernidad fueron incorporados al horizonte de la filosof&#x00ED;a y las ciencias sociales decimon&#x00F3;nicas. Bajo el primado de la met&#x00E1;fora de la biolog&#x00ED;a, el objeto propiamente cultural (o social), al igual que el natural, opera desde un mecanismo inexorable que dirige sus procesos y que elimina cualquier tipo de accidente y contingencia en los mismos. </p>
		
		<p>La cuesti&#x00F3;n hermen&#x00E9;utica del significado de los hechos naturales y los actos humanos se ignora porque el gui&#x00F3;n, el &#x00FA;nico gui&#x00F3;n que relata el curso de los acontecimientos, el de la evoluci&#x00F3;n y la diferenciaci&#x00F3;n funcional, se impone sin dejar espacio a la intervenci&#x00F3;n humana en el entorno que habita. El componente contingente de la acci&#x00F3;n y la voluntad humanas queda anulado en un modelo de comportamiento que, en la ciencia natural y social, se reafirma en el af&#x00E1;n de control y anticipaci&#x00F3;n del futuro. Hasta ese momento, al decir de Michel Foucault, “el mundo est&#x00E1; cubierto de signos que es necesario descifrar” (<xref ref-type="bibr" rid="CIT07">1989</xref>, 40). A partir de ahora, el mundo de la experiencia pierde su espesor simb&#x00F3;lico y el anuncio prof&#x00E9;tico de <italic>desencantamiento del mundo </italic>que Max Weber predijo para Occidente se abre paso como el hecho incontrovertible que define el impulso racionalizador y secularizador de la modernidad.  </p>
		
		<p>En este contexto cultural definido por la hegemon&#x00ED;a incuestionable de los hechos emp&#x00ED;ricos uno de los datos incontrovertidos es la paulatina desaparici&#x00F3;n de la religi&#x00F3;n de los marcos de convivencia social. En los albores del pensamiento sociol&#x00F3;gico (A. Comte, H. Spencer, K. Marx, G. Simmel) se anuncian sus &#x00FA;ltimos d&#x00ED;as toda vez que la iniciativa humana se hace cargo de la gesti&#x00F3;n y organizaci&#x00F3;n del dise&#x00F1;o social. Las contribuciones de la raz&#x00F3;n cient&#x00ED;fica constituyen un instrumento de alcance desconocido para penetrar y, as&#x00ED;, controlar los misterios m&#x00E1;s rec&#x00F3;nditos de la cosas. El hombre moderno sue&#x00F1;a con habitar un mundo <italic>transparente</italic> en el que nada escapa a su ilimitada capacidad de conocimiento. <italic>Lo sagrado</italic>, como n&#x00FA;cleo de la experiencia religiosa y l&#x00ED;mite (hasta entonces) de la raz&#x00F3;n humana, se constri&#x00F1;e en el escenario moderno secularizado y deja el territorio expedito para la orientaci&#x00F3;n racional y estrat&#x00E9;gica de los individuos. El horizonte de experiencia se pliega a la voluntad de conocimiento y el control cient&#x00ED;fico luego de haber despojado de interrogantes de ultimidad y de trascendencia la experiencia humana. </p>
		
		<p>Sin embargo, la misma tozudez de los hechos, que un siglo antes ofrec&#x00ED;a una convivencia transida de racionalizaci&#x00F3;n, hoy revela la resistencia de la experiencia religiosa a abandonar los actuales modelos sociales. Ha vuelto o, en realidad, nunca ha dejado de estar. Si acaso, ha buscado nuevas espacios para expresarse. <italic>Lo sagrado </italic>habita la experiencia contempor&#x00E1;nea a pesar de su p&#x00E1;lpito secular. El dominio ultraterreno ya no constituye su referencia. En la experiencia circundante el hombre de nuestro tiempo encuentra se&#x00F1;ales, signos y s&#x00ED;mbolos que invitan a la lectura e interpretaci&#x00F3;n de surcos de trascendencia en medio de un entorno secularizado. Instalada en la dimensi&#x00F3;n intramundana, la religi&#x00F3;n se incorpora a la vida individual como foco de experiencias de ultimidad. La huella de lo divino se hace carne en instituciones, organizaciones y valores transidos de un valor absoluto.  </p>
		
		<p>El trabajo hermen&#x00E9;utico se reivindica como tarea indagatoria que interroga a los hechos sociales para ahondar en sus pautas de sentido. Instituciones de nuestro tiempo como el Tribunal Internacional de la Haya, la ONU y, en especial, los Derechos Humanos, expresan un discurso simb&#x00F3;lico cargado de resonancias sem&#x00E1;nticas evocadoras de un nuevo foco de sacralizaci&#x00F3;n, <italic>la persona. </italic>Aunque fue Emile Durkheim el que anticip&#x00F3; esta nueva disposici&#x00F3;n del n&#x00FA;cleo sagrado de nuestra sociedad que se expresa en lo secular, como un simbolismo laico (como el jur&#x00ED;dico-legal) y en un tono que favorece <italic>la inclusi&#x00F3;n </italic>de la pluralidad inherente a la extensa familia humana, es el soci&#x00F3;logo alem&#x00E1;n Hans Joas el que, desde un horizonte de pensamiento integrador de los enfoques hermen&#x00E9;utico y neopragmatista, hace suya aquella herencia durkheimiana para entrar en el debate sobre los valores, sus procesos de formaci&#x00F3;n y su articulaci&#x00F3;n social en los modelos sociales actuales cargados de contingencia. </p>
		
		<p>A la base de esta indagaci&#x00F3;n te&#x00F3;rica se encuentra el supuesto hermen&#x00E9;utico de que en la convivencia social rige una objetividad al igual que en los procesos naturales, pero con la diferencia de que su origen es social, “resultado de la intersubjetividad” (Alonso, <xref ref-type="bibr" rid="CIT01">1998</xref>, 28) y sustentada en una interpretaci&#x00F3;n simb&#x00F3;lica que galvaniza y selecciona eso llamado “mundo” y “realidad”. En esa interpretaci&#x00F3;n se expresa la dimensi&#x00F3;n creativa de una sociedad que, en sinton&#x00ED;a con el pensamiento nietzscheano, ha infundido valor al desnudo y an&#x00F3;nimo horizonte de los hechos emp&#x00ED;ricos. Ese valor es <italic>la persona. </italic>En ella se siente reconocida la inmensa mayor&#x00ED;a de los individuos contempor&#x00E1;neos. Una vez m&#x00E1;s, al decir de Miguel Beltr&#x00E1;n, “la realidad social exige ser interpretada, hecha inteligible gracias a la indagaci&#x00F3;n de su sentido, un sentido ‘socialmente puesto’” (<xref ref-type="bibr" rid="CIT02">2003</xref>, 21). </p>
		</sec>
		
		<sec id="S2">
		<title>NUEVOS EPISODIOS DE LO SAGRADO: LA PERSONA </title>
		
		<p>Una de las voces m&#x00E1;s autorizadas en el pensamiento sociol&#x00F3;gico, Emile Durkheim, defend&#x00ED;a en <italic>Las formas elementales de la vida religiosa</italic> que <italic>lo sagrado </italic>no desaparecer&#x00ED;a en el transcurso del trance moderno porque constituye el elemento desencadenante de las tramas de valor de la vida intersubjetiva. El texto se publica en 1912, en pleno descr&#x00E9;dito del hecho religioso acosado por una atm&#x00F3;sfera hostil y adversa ante cualquiera de sus expresiones sociales. Durkheim advierte que las sociedades no pueden sobrevivir ni cohesionarse sin formas de veneraci&#x00F3;n que convoquen a sus integrantes en una narrativa com&#x00FA;n. Necesitan formas simb&#x00F3;licas con las que proyectarse como un horizonte compartido elevado. En sus propias palabras, “una sociedad no puede crear ni recrear sin crear, a la vez, el ideal. Esta creaci&#x00F3;n no constituye para ella una especie de acto subrogatorio por medio del cual, una vez ya formada, se completar&#x00ED;a: constituye el acto por el que se hace y se rehace peri&#x00F3;dicamente” (<xref ref-type="bibr" rid="CIT06">1992</xref>, 393). </p>
		
		<p>Esta afirmaci&#x00F3;n cobra especial relevancia para las sociedades modernas debido a su dise&#x00F1;o institucional basado en el modelo de la diferenciaci&#x00F3;n funcional y la especializaci&#x00F3;n t&#x00E9;cnica. M&#x00E1;s que nunca, las sociedades contempor&#x00E1;neas necesitan una argamasa simb&#x00F3;lica que re&#x00FA;na en un valor compartido la complejidad funcional y la multiplicaci&#x00F3;n identitaria que las caracterizan. Se trata del soporte sem&#x00E1;ntico en el que, a pesar de la fragmentaci&#x00F3;n reinante, se reconocen y se identifican los miembros de la sociedad, m&#x00E1;s all&#x00E1; de sus biograf&#x00ED;as personales, or&#x00ED;genes culturales y actividades profesionales. En &#x00E9;l perdura el surco de un <italic>Nosotros</italic> que aglutina al conjunto de los habitantes del planeta en torno a un destino com&#x00FA;n, a modo de una <italic>moral laica</italic> y en calidad de <italic>un sistema de valor cultural</italic> integrador de la variedad del fen&#x00F3;meno humano. Su proceso formativo responde a la fuerza instituyente de lo sagrado que retorna peri&#x00F3;dicamente ofreciendo cauce expresivo a los nuevos sistemas de creencias. </p>
		
		<p>Durkheim a&#x00F1;ade que nuestros modelos de convivencia, como el resto de las sociedades precedentes, integra en su articulaci&#x00F3;n interna la fibra moral de la creencia pero orient&#x00E1;ndola hacia el horizonte intramundano. As&#x00ED; las cosas, ideales como la Patria, el Progreso, la Raz&#x00F3;n cient&#x00ED;fica, la Persona, condensan la capacidad idealizadora que encierra la presencia de lo sagrado. Las nuevas esperanzas sociales se sit&#x00FA;an entre las cosas pertenecientes a la experiencia emp&#x00ED;rica y relucen y brillan con especial intensidad porque en ellas, de una u otra forma, se encuentra el poder humano capaz de gestionar su propia biograf&#x00ED;a y el curso de la historia sin apoyo metaf&#x00ED;sico ultraterreno. La religi&#x00F3;n ha dejado de sacralizar el m&#x00E1;s-all&#x00E1; del dominio intramundano, pero no por ello se ha esterilizado su capacidad de idealizaci&#x00F3;n y condensaci&#x00F3;n simb&#x00F3;lica. Tan solo se ha desplazado su orientaci&#x00F3;n. Se encarna en instancias y realidades que se confunden con lo m&#x00E1;s pr&#x00F3;ximo y cercano. En ellas palpitan intensamente las creencias contempor&#x00E1;neas y se proyectan las esperanzas de la sociedad en un mundo venidero colmado de plenitud. </p>
		
		<p>En la experiencia de lo sagrado tiene lugar la proyecci&#x00F3;n de valor sobre un entorno emp&#x00ED;rico al que carga de sentido. Se trata de la interpretaci&#x00F3;n hermen&#x00E9;utica de la vida social que confiere unidad moral y cognitiva al conjunto heter&#x00F3;clito de la experiencia circundante. De este modo, hechos brutos se convierten acontecimientos significativos y trascendentes: <italic>al sacralizarse devienen valor.</italic> M&#x00E1;s que un problema reducido a creer o no creer, la experiencia de lo sagrado retorna desatando los valores con los que los actores cubren de sentido los cursos rutinarios y previsibles de su tiempo. En ellos se juegan sus relaciones de autoidentificaci&#x00F3;n simb&#x00F3;lica, los proyectos de una vida significativa y la redefinici&#x00F3;n de la situaci&#x00F3;n (global) en la que viven. </p>
		
		<p>A juicio de Durkheim, lo sagrado se expresa en una proyecci&#x00F3;n com&#x00FA;n. Su mayor contribuci&#x00F3;n al devenir de la vida colectiva consiste en aglutinar en un ideal compartido al conjunto diverso y complejo de la sociedad moderna. Alza a los actores por encima de los afanes utilitaristas de cada miembro ofreci&#x00E9;ndoles un horizonte cargado de sentido que abre la puerta a la cooperaci&#x00F3;n y al entendimiento e infunde valor y orientaci&#x00F3;n a sus proyectos vitales. Se constituye en pauta de valor porque <italic>representa al conjunto </italic>que se encarna en cada uno de ellos<italic>, </italic>porque goza de una autoridad de <italic>la que nadie duda, </italic>porque <italic>genera adhesi&#x00F3;n afectiva entre las biograf&#x00ED;as individuales. </italic>En palabras del propio Durkheim, “la sociedad ideal no est&#x00E1; por fuera de la sociedad real, sino que forma parte de esta” (Ibid., 394). </p>
		
		<p>A lo largo del trabajo “Individualismo y los intelectuales” (<xref ref-type="bibr" rid="CIT04">1973</xref>), Durkheim indaga en los cimientos hermen&#x00E9;uticos que encarnan los valores rectores de las sociedades contempor&#x00E1;neas. En el individuo se concentran las caracter&#x00ED;sticas que definen la religi&#x00F3;n para Durkheim en tanto “cuerpo de creencias y pr&#x00E1;cticas colectivas revestidas de una cierta autoridad” (Ibid.,51). Seg&#x00FA;n sus propias palabras, “esta persona humana (<italic>personne humaine)</italic>, cuya definici&#x00F3;n es la piedra toque que distingue el bien del mal, se considera como sagrado en el sentido ritual de la palabra. Comparte la majestuosidad trascendente que las iglesias de toda &#x00E9;poca confieren a sus dioses; se concibe como un ser investido de ese atributo misterioso que crea un vac&#x00ED;o ante las cosas sagradas, que las aparta de los intercambio ordinarios y las a&#x00ED;sla de la circulaci&#x00F3;n cotidiana. Y el respeto que inspira procede precisamente de esa fuente. Cualquiera que intente degradar la vida humana, la libertad humana, el honor humano, nos inspira un sentimiento de horror semejante al que siente el creyente de cualquier credo al asistir a la profanaci&#x00F3;n de su &#x00ED;dolo. Se trata de una &#x00E9;tica que no consiste simplemente en una disciplina higi&#x00E9;nica o en una econom&#x00ED;a prudente de la existencia; es una religi&#x00F3;n en la que, al mismo tiempo, el hombre es el fiel y el dios” (Ibid., 46).  </p>
		
		<p>En el individuo se dan cita las tramas sagradas de la nueva religi&#x00F3;n contempor&#x00E1;nea. Remite a una realidad situada entre los materiales de la experiencia cotidiana que, por la veneraci&#x00F3;n que despierta en la sociedad, adquiere la condici&#x00F3;n de acontecimiento extraordinario. Habita las tramas de la vida cotidiana pero las trasciende porque en ella la sociedad palpa la majestad de lo sagrado. Ahora, “la humanidad se colma de respeto y es sacralizada” (Ibid., 48). Se trata del elemento que promueve y explica que los actores “participen del mismo horizonte y compartan una misma fe” (Ibid., 48). Esta idea de individuo “no supone una glorificaci&#x00F3;n del yo sino del individuo en general. No surge del ego&#x00ED;smo sino de la simpat&#x00ED;a por todos los humanos, de una piedad inmensa ante el sufrimiento, de todas las miserias del hombre, de una imperiosa necesidad de combatirlas y mitigarlas, de un irrenunciable anhelo de justicia” (Ibid., 48-9). </p>
		
		<p>En la sacralizaci&#x00F3;n de la persona prende, seg&#x00FA;n Durkheim (Ibid., 53), el legado de la religi&#x00F3;n cristiana. Por un lado, esta devoci&#x00F3;n ense&#x00F1;a que el valor moral de los hechos debe analizarse a partir de la intenci&#x00F3;n de la voluntad &#x00ED;ntima del individuo que se considera agente soberano de su propia conducta, responsable de sus actos ante s&#x00ED; mismo y ante Dios. Adem&#x00E1;s, con la separaci&#x00F3;n definitiva entre los dominios de lo espiritual y lo terrenal, el mundo queda en manos del hombre y se abre paso la actividad del cient&#x00ED;fico y el intercambio de conocimientos. Esto explica el paulatino e imparable progreso del esp&#x00ED;ritu cient&#x00ED;fico en el entorno cultural occidental marcado por la impronta de la religi&#x00F3;n cristiana. </p>
		</sec>
		
		<sec id="S3">
		<title>LO SAGRADO Y LA FORMACI&#x00D3;N DE LOS VALORES </title>
		
		<p>Los an&#x00E1;lisis de Durkheim parten de una circunstancia muy concreta en la que las viejas im&#x00E1;genes trascendentes del mundo se han debilitado fruto de una diferenciaci&#x00F3;n funcional que obliga a los actores a adaptarse a otros ritmos de vida urbanos muy diferentes de los propiamente naturales y a convivir con actores de or&#x00ED;genes culturales muy diversos. Las r&#x00ED;gidas estructuras normativas de las sociedades tradicionales se diluyen dando lugar a modelos en los que los individuos se hacen cargo de las narrativas hermen&#x00E9;uticas de sus vidas en contacto con los nuevos entornos cambiantes en que viven. Con sus propios t&#x00E9;rminos, <italic>la solidaridad mec&#x00E1;nica ha dado paso a la solidaridad org&#x00E1;nica </italic>al tiempo que la complejidad de la circunstancia contempor&#x00E1;nea sirve como espejo para revelar lo mucho compartido por la variedad reinante en el existir humano. Esta mutaci&#x00F3;n en la dimensi&#x00F3;n estructural y organizativa de la modernidad se corresponde con un cambio moral de enorme alcance para Durkheim, el de la irrupci&#x00F3;n del derecho restitutivo que sustituye al derecho represivo de las sociedades tradicionales. De esta manera, una justicia difusa y sin instituciones especializadas en la que la sociedad <italic>venga</italic> una falta lesiva para la cohesi&#x00F3;n social deja espacio a otro modelo de derecho con &#x00F3;rganos institucionales claramente diferenciados en los que priman las <italic>medidas reparadoras</italic> sin car&#x00E1;cter expiatorio. Se trata de un proceso social y jur&#x00ED;dico contrario a cualquier forma de despotismo en el que “el individualismo se ha desarrollado en valor absoluto, penetrando en regiones que originariamente le estaban cerradas” (<xref ref-type="bibr" rid="CIT05">1987</xref>, 235). </p>
		
		<p>En el transcurso de la vida moderna se impone el convencimiento moral de que el valor y el ideal de <italic>la humanidad</italic> expresa un nuevo lugar de encuentro y entendimiento en el que tienen cabida todos los humanos por el simple hecho de <italic>serlo:</italic> y de <italic>serlo sin adjetivos</italic> (culturales, pol&#x00ED;ticos, de g&#x00E9;nero, etc.). Se adivina en la persona un valor que viene a compensar y suturar las muchas y continuas brechas t&#x00E9;cnicas, econ&#x00F3;micas y culturales que surgen en un contexto global marcado por la irrefrenable tendencia a la diferenciaci&#x00F3;n (de funciones t&#x00E9;cnicas, clases econ&#x00F3;micas y culturas). Destaca por su alto componente inclusivo e integrador ya que ning&#x00FA;n individuo queda fuera de su alcance. Se reivindica a modo de una <italic>moral laica y descentrada</italic> basada en el consenso universal de que “necesitamos interpretar el mundo no desde una perspectiva de aquellos con los que ya tenemos establecidos los nexos afectivos, sino desde una perspectiva ‘de mayor humildad entre nuestros hermanos y hermanas’” (Joas, <xref ref-type="bibr" rid="CIT12">2008</xref>, 174). No se remite a un individuo o grupo concreto, sino “al hombre mismo” (Durkheim, <xref ref-type="bibr" rid="CIT04">1973</xref>, 52). Y esto se debe a que “cada conciencia individual contiene algo divino y se encuentra revestido de una cualidad que la convierte en sagrado e inviolable ante los otros” (Ibid., 1973, 52). Precisamente eso que comparte cada uno de los individuos que pueblan el planeta es la dignidad de la persona. En este sentido, “la noci&#x00F3;n de dignidad constituye un valor en s&#x00ED;. Dicho de otro modo, los llamados valores fundamentales –libertad, justicia e igualdad- no pueden menoscabarse ni restringirse. Como valor incondicionado su validez no descansa en ninguna condici&#x00F3;n” (Bohr, <xref ref-type="bibr" rid="CIT03">2008</xref>, 185).  </p>
		
		<p>Este cambio cultural forma parte de una metamorfosis de mayor calado en la que, como advierte Charles Taylor, tiene lugar “la afirmaci&#x00F3;n de la vida corriente” (<xref ref-type="bibr" rid="CIT14">1996</xref>, 230). Con el protagonismo de la Reforma protestante, se impone la idea de que las obligaciones religiosas en su sentido m&#x00E1;s pleno son realizadas mejor por laicos en la “profesi&#x00F3;n” que por el clero en las comunidades mon&#x00E1;sticas aisladas. Propiamente esto no supone el declive del clero sino el ensalzamiento de lo laico. Esta idea coincide m&#x00E1;s con el diagn&#x00F3;stico de Durkheim que con el de Weber: se estar&#x00ED;a m&#x00E1;s cerca de una <italic>sacralizaci&#x00F3;n del mundo</italic> que de un <italic>inexorable desencantamiento de la historia </italic>(Joas, <xref ref-type="bibr" rid="CIT11">2007</xref>, 152). </p>
		
		<p>El valor de la dignidad de la persona no debe ser entendido como habitualmente se ha hecho en fases hist&#x00F3;ricas precedentes cargadas de resonancias religiosas, es decir, fuera del alcance del entendimiento humano y alejado de la experiencia inmediata. Muy al contrario, el valor de la dignidad se expresa con absoluta claridad y constituye la piedra angular de buena parte de las instituciones pol&#x00ED;ticas representativas de nuestro tiempo que se han hecho eco en sus estructuras normativas y jur&#x00ED;dicas del car&#x00E1;cter sagrado de la persona. Desde esta perspectiva, “las reformas de la ley penal y la pr&#x00E1;ctica penal, as&#x00ED; como la creaci&#x00F3;n de los derechos humanos a finales del siglo XVIII, son una expresi&#x00F3;n de un profundo giro cultural, a trav&#x00E9;s del cual la persona humana en s&#x00ED; misma se convierte en un objeto sagrado” (Joas, <xref ref-type="bibr" rid="CIT12">2008</xref>, 169). </p>
		
		<p>As&#x00ED; las cosas, esta indagaci&#x00F3;n te&#x00F3;rica sobre la fibra hermen&#x00E9;utica de las actuales sociedades es m&#x00E1;s consciente que nunca de la contingencia inherente a toda propuesta de valor en el contexto de una sociedad diferenciada y articulada sobre un pluralismo que exige argumentaci&#x00F3;n y justificaci&#x00F3;n en las decisiones sociales. Bajo el enfoque de <italic>la g&#x00E9;nesis de los valores</italic>, Hans Joas elabora una pauta de reflexi&#x00F3;n que, lejos de abordar el asunto de los valores desde una preexistencia metaf&#x00ED;sica o una mera funcionalidad socializadora, incide en su formaci&#x00F3;n hist&#x00F3;rica cargada de contingencia y sometida, por tanto, a un permanente debate intelectual y pol&#x00ED;tico acerca de la posibilidad de integrar bajo una normativa com&#x00FA;n y universal las muchas y diversas sensibilidades sociales que se reconocen en el valor de la persona.  </p>
		
		<p>La propuesta te&#x00F3;rica de Hans Joas incide en que los valores nacen como experiencia de autotrascendencia (<italic>Selbstraszendenz</italic>) en la que los actores se autorrepresentan en el s&#x00ED;mbolo que comunica y une sus biograf&#x00ED;as dentro de un relato que perdura m&#x00E1;s all&#x00E1; de las contingencias hist&#x00F3;ricas del vivir y convivir humano. En sinton&#x00ED;a con las aportaciones de Durkheim, surgen de procesos hist&#x00F3;ricos transidos de una emoci&#x00F3;n compartida, de una adhesi&#x00F3;n afectiva generadoras de una visi&#x00F3;n com&#x00FA;n y aglutinante. Lejos de derivar de principios morales abstractos y metaf&#x00ED;sicos, los valores son deudores de momentos de extraordinaria intensidad emocional en los que los actores se sienten invadidos por una fuerza an&#x00F3;nima que incita a la comuni&#x00F3;n de cuerpos y mentes reafirmando el ideal com&#x00FA;n como un poder que les cruza y les trasciende. Liberados del control racional, los individuos suman y funden sus emociones bajo la crecida de la fuerza moral del valor social vigente en ellos. </p>
		
		<p>Sin embargo, sobre la base de estos procesos de adhesi&#x00F3;n prerracional, los valores se hacen visibles en cuerpos normativos en los que se justifican ante el resto de la sociedad en la b&#x00FA;squeda del reconocimiento universal. En la sociedad contempor&#x00E1;nea las formas de creencia han de homologarse con el universalismo &#x00E9;tico imperante en ellas. Esto solo es posible buscando el consenso del conjunto de la sociedad y, por tanto, reinventando creativamente, y a la luz de determinados problemas concretos, una estructura normativa general que incluya e integre las muchas expresiones de la condici&#x00F3;n humana. Este proceso consistente en la <italic>generalizaci&#x00F3;n de valores</italic>, en expresi&#x00F3;n de Talcott Parsons, pone en evidencia que los valores incluyen en su seno una tensi&#x00F3;n inexorable entre <italic>lo bueno y lo justo</italic>, entre ideales, que no son fruto de una elecci&#x00F3;n racional sino de identificaciones afectivas, y estructuras normativas, que deben expresar e incluir las muchas y diversas sensibilidades sociales que las forman y las conforman. Seg&#x00FA;n Joas, “de acuerdo con esto, nuestra vida se desarrolla siempre en la tensi&#x00F3;n entre estos dos polos y lo &#x00FA;nico que podemos hacer es buscar una s&#x00ED;ntesis arm&#x00F3;nica entre ellos” (<xref ref-type="bibr" rid="CIT09">2002</xref>, 37).  </p>
		
		<p>El valor de la sacralizaci&#x00F3;n de la persona no agota el tejido axiol&#x00F3;gico de nuestras sociedades, pero s&#x00ED; es el &#x00FA;nico que pretende armonizar y articular un lenguaje com&#x00FA;n en el que las derivas end&#x00F3;genas y excluyentes de cualquier otro pueden mitigarse. Compite con, y en ocasiones, padece, la aplicaci&#x00F3;n radical de otros valores seculares que forman parte de la agenda moderna, como son la patria, la raz&#x00F3;n cient&#x00ED;fica, la cultura, la etnia, etc. Es m&#x00E1;s, su visibilidad queda en entredicho por la radicalidad identitaria que, en ocasiones y seg&#x00FA;n casos concretos, impera en la adhesi&#x00F3;n incondicional a estos s&#x00ED;mbolos. Sin embargo, sus rasgos constitutivos, ya se&#x00F1;alados por Durkheim, como la secularizaci&#x00F3;n, el universalismo &#x00E9;tico y la racionalizaci&#x00F3;n justificativa, imprimen un sello muy singular a sus planteamientos. No en vano, se trata de un valor que pretende convocar a todos los miembros de la condici&#x00F3;n humana en torno a un horizonte compartido a partir de lo que les une y no les separa: <italic>el car&#x00E1;cter absoluto de todo ser humano. </italic></p>
		</sec>
		
		<sec id="S4">
		<title>LOS DERECHOS HUMANOS: LA INSTITUCI&#x00D3;N DE LA SACRALIZACI&#x00D3;N DE LA PERSONA </title>
		
		<p>Uno de los espacios en los que se expresa la sacralizaci&#x00F3;n de la persona es el de los Derechos Humanos entendido como escenario normativo en el que se hace cuerpo lo mucho compartido por la variedad reinante en la condici&#x00F3;n humana. El tejido jur&#x00ED;dico de las sociedades contempor&#x00E1;neas incorpora esa mutaci&#x00F3;n cultural de los &#x00FA;ltimos siglos y asume el prop&#x00F3;sito de velar por su defensa y promoci&#x00F3;n universal. Se trata de un logro moral de la civilizaci&#x00F3;n que tiende a englobar al conjunto de la humanidad, que no contempla ning&#x00FA;n l&#x00ED;mite de tipo pol&#x00ED;tico, religioso, cultural, &#x00E9;tnico y que responde al fondo secular y universalista que activa su despliegue. En palabras de Joas, “la creencia en la dignidad humana y en los derechos humanos nos afecta a todos – y a todos en igual grado. Sacraliza al joven y al anciano, al inteligente y al discapacitado mental” (<xref ref-type="bibr" rid="CIT10">2003</xref>, 268).  </p>
		
		<p>Sin embargo, la paulatina incorporaci&#x00F3;n hist&#x00F3;rica no se da en el marco de un proceso lineal e irreversible, ni en todos los entornos con procesos sociales semejantes ni con tiempos de desarrollo similares. Estados soberanos en los que a&#x00FA;n persiste la pena de muerte, el castigo f&#x00ED;sico de los reos, la desigualdad de derechos entre hombres y mujeres, la ausencia de libertad de expresi&#x00F3;n, asociaci&#x00F3;n, prensa, etc., constituyen resistencias que impiden su institucionalizaci&#x00F3;n social. Por otra parte, aunque los Derechos Humanos encuentran su inspiraci&#x00F3;n original en episodios filos&#x00F3;ficos de la cultura occidental (Kant, Rousseau, etc.), en la sociedad global deben afrontar a&#x00FA;n retos pendientes como, por ejemplo, una reformulaci&#x00F3;n intercultural de sus contenidos, una coordinaci&#x00F3;n sistem&#x00E1;tica de distintas disposiciones jur&#x00ED;dicas y una redefinici&#x00F3;n de las relaciones entre Derechos Humanos, autodeterminaci&#x00F3;n nacional y soberan&#x00ED;a estatal (König, <xref ref-type="bibr" rid="CIT13">2002</xref>, 47). </p>
		</sec>
		
		<sec id="S5">
		<title>CONCLUSI&#x00D3;N </title><p>Son muchas las voces que se inclinan a pensar que la situaci&#x00F3;n moral del presente cabe definirla a partir de conceptos como “liberalizaci&#x00F3;n” o “p&#x00E9;rdida de valores”. Sin embargo, se dan otras opciones, entre ellas, la que defiende este trabajo y que se&#x00F1;ala a la sacralizaci&#x00F3;n de la persona como fuente de valor universal e integrador. Este valor nos une m&#x00E1;s all&#x00E1; de nuestras diferencias. Se ha constituido en la interpretaci&#x00F3;n simb&#x00F3;lica donde se reconocen todos los humanos por el simple hecho de serlo.</p>
		</sec>
		
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		<title>BIBLIOGRAF&#x00CD;A</title>
	
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