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			<journal-id journal-id-type="publisher-id">ARBOR</journal-id>
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				<journal-title>ARBOR Ciencia, Pensamiento y Cultura</journal-title>
				<abbrev-journal-title>ARBOR</abbrev-journal-title>
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			<issn pub-type="epub">0210-1963</issn>
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				<publisher-name>Consejo Superior de Investigaciones Cient&#x00ED;ficas</publisher-name>
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			 <article-id pub-id-type="publisher-id">arbor.2013.762n4001</article-id>
			 <article-id pub-id-type="doi">10.3989/arbor.2013.762n4001</article-id>
			 
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				<subject>BIO&#x00C9;TICA Y FRONTERAS DE LA VIDA. I. DESDE LA TEOR&#x00CD;A / BIOETHICS AND BIOLOGIC BOUNDARIES. I. FROM THEORY</subject>
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			  <article-title>Los cinco sexos, o c&#x00F3;mo establecemos fronteras categoriales moralmente relevantes en un mundo difuso y continuo</article-title>
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		<trans-title>The five sexes, or how we establish morally relevant categories in a diffuse and continuous world</trans-title>
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		<alt-title alt-title-type="running-head">Los cinco sexos</alt-title>
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			  <contrib contrib-type="author" corresp="yes"> 
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				 <surname>Gomila</surname>
				 <given-names>Antoni</given-names>
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			  <aff id="U1">Dep. Psicolog&#x00ED;a. Univ. Illes Balears</aff>
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		<corresp id="cor1">e-mail: <email xlink:href="toni.gomila@uib.es">toni.gomila@uib.es</email>
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		<year>2013</year>
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		<issue>189</issue>
		<issue>762</issue>
		
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				<day>06</day>
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		<copyright-statement>&#x00A9; 2013 CSIC</copyright-statement>
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		<license-p>Este es un art&#x00ED;culo de acceso abierto distribuido bajo los t&#x00E9;rminos de la licencia Creative Commons Attribution-Non Commercial (by-nc) Spain 3.0.</license-p>
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		<abstract xml:lang="es">
		<title>RESUMEN</title>
		<p>Generalmente se considera que el realismo moral exige un mundo bien determinado, para que las valoraciones tambi&#x00E9;n puedan estarlo. Desde este punto de vista, los dilemas morales genuinos, donde no pueda establecerse la opci&#x00F3;n moralmente correcta porque haya razones igualmente poderosas para ambas alternativas, constituyen un desaf&#x00ED;o al realismo moral. En este trabajo argumento en contra de este tipo de ataque al realismo moral. Partiendo del car&#x00E1;cter continuo y gradual de los criterios constitutivos de nuestros conceptos, muestro c&#x00F3;mo cabe esperar precisamente casos l&#x00ED;mite, en los que aparentemente est&#x00E1; indeterminada la verdad. Que existan fronteras conceptuales borrosas no significa que no puedan ser cruzadas (que no sean &#x00FA;tiles, que no capten diferencias o aspectos relevantes desde el punto de vista de la estructura causal de la realidad y su inteligibilidad), al contrario: sirven para establecer diferencias moralmente relevantes. De hecho, la posibilidad de una comunidad con pr&#x00E1;cticas conceptuales compartidas depende de la existencia de los casos paradigm&#x00E1;ticos, protot&#x00ED;picos, centrales, de ejemplificaci&#x00F3;n de un concepto, y de valoraci&#x00F3;n moral. </p>
		</abstract>
		<trans-abstract xml:lang="en">
		<title>ABSTRACT</title>
		<p>It is generally assumed that moral realism requires a determined world, so that moral judgments can also be determined. From this point of view, genuine moral dilemmas, where two alternative judgments are equally well-grounded, would be a counter-example for moral realism. In this paper I argue against such a challenge to moral realism. Starting from the continuous and gradualist character of the constitutive criteria of our concepts, I show how indeterminacies and limit cases are to be expected where it can be impossible to determine the truth value of a proposition. The existence of fuzzy conceptual boundaries does not mean they cannot be crossed (that they are not useful, that they do not capture difference or relevant features from the point of view of the causal structure of reality and its intelligibility), quite the opposite: they serve to establish morally relevant differences. The very possibility of a community with common conceptual practices depends upon the existence of paradigmatic, central cases that exemplify a concept meaning or a moral valuation. </p>
		</trans-abstract>
		<kwd-group xml:lang="es">
			<title>PALABRAS CLAVE</title>
			<kwd>realismo moral</kwd>
			<kwd>indeterminaci&#x00F3;n sem&#x00E1;ntica</kwd>
			<kwd>casos paradigm&#x00E1;ticos</kwd>
		</kwd-group>
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			<title>KEYWORDS</title>
			<kwd>moral realism</kwd>
			<kwd>semantic indeterminations</kwd>
			<kwd>paradigmatic cases</kwd>
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		<sec id="S1">
		<title>1. BIO&#x00C9;TICA: PROBLEMAS DE FRONTERAS </title>
		
		<p>Al dedicar este volumen a una discusi&#x00F3;n sobre las fronteras biol&#x00F3;gicas y los l&#x00ED;mites legales, sus promotores han focalizado nuestra atenci&#x00F3;n en una cuesti&#x00F3;n fundamental a la que se enfrenta la Bio&#x00E9;tica: el de la justificaci&#x00F3;n de las propuestas normativas que se plantean en un determinado &#x00E1;mbito. Un modo de justificarlas, a primera vista natural, consistir&#x00ED;a en basarlas en distinciones propiamente biol&#x00F3;gicas, o en general, naturalistas: cosas diferentes deben ser tratadas —juzgadas— de modo distinto. Un modo de enfrentarse a este tema, por tanto, consiste en plantear si las decisiones normativas deben basarse &#x00FA;nica o exclusivamente en consideraciones naturalistas (acerca de c&#x00F3;mo son las cosas), o bien si hay otras fuentes de normatividad que deban ser tenidas en cuenta (religiosas o trascendentales, por ejemplo).  </p>
		
		<p>Una segunda aproximaci&#x00F3;n posible consiste en plantear si, dadas o reconocidas ciertas diferencias naturales, tales diferencias tienen relevancia moral o normativa en general, puesto que claramente no todas las diferencias “f&#x00E1;cticas” tienen relevancia normativa. As&#x00ED;, por ejemplo, actualmente rechazamos que de las diferencias entre hombres y mujeres, diferencias &#x00E9;tnicas o ideol&#x00F3;gicas, se sigan diferencias en derechos o en estatus legal (y mucho menos del color del pelo, o del n&#x00FA;mero de pie). Es desde este punto de vista que surge la vieja advertencia humeana de la diferencia l&#x00F3;gica entre el &#x00E1;mbito descriptivo y el normativo, y la necesidad de no derivar un “debe” de un “es” alegremente. Aunque se ha sostenido, y suele darse por supuesto que ese salto es siempre l&#x00F3;gicamente incorrecto (la llamada “falacia naturalista”), la advertencia de Hume no iba tan lejos, y solo alertaba del salto l&#x00F3;gico y reclamaba explicitar la justificaci&#x00F3;n de tal salto, si tal cosa es posible; hay quien cree que s&#x00ED; es posible tal justificaci&#x00F3;n: derivar un “debe” de un “es” puede verse como un entimema, un argumento donde la premisa normativa, que establece la relevancia normativa de esa diferencia natural, est&#x00E1; impl&#x00ED;cita. La derivaci&#x00F3;n es falaz, por tanto, solamente si esa premisa impl&#x00ED;cita no puede ser explicitada y justificada (Rabossi, <xref ref-type="bibr" rid="CIT16">2002</xref>). En el caso de la justificaci&#x00F3;n del aborto, por ejemplo, se puede defender que el aborto est&#x00E1; permitido en las primeras semanas de gestaci&#x00F3;n (conclusi&#x00F3;n de&#x00F3;ntica) a partir de la constataci&#x00F3;n f&#x00E1;ctica de que no se ha constituido todav&#x00ED;a una persona, en el supuesto impl&#x00ED;cito de que las restricciones normativas se aplican solo a las personas y no a los blastocitos. O el rechazo a las corridas de toros (debe) por el dolor que experimentan estos mam&#x00ED;feros en el curso de ese espect&#x00E1;culo (es), presupone la premisa de que est&#x00E1; mal causar dolor para divertirse. La derivaci&#x00F3;n normativa puede justificarse si justificamos en primer lugar la premisa normativa impl&#x00ED;cita. </p>
		
		<p>N&#x00F3;tese que en estos casos puede ser objeto de discusi&#x00F3;n tanto la consideraci&#x00F3;n descriptiva, como la premisa normativa que justifica la inferencia normativa. En efecto, se puede discutir si realmente los toros pueden experimentar dolor; por ejemplo, a trav&#x00E9;s de una caracterizaci&#x00F3;n muy restrictiva e intelectualizada de la capacidad de sentir dolor, que pueda dejar fuera de su extensi&#x00F3;n a todos los animales (a costa de dejar fuera tambi&#x00E9;n a algunos humanos), estrategia que sigue, por ejemplo, Carruthers (<xref ref-type="bibr" rid="CIT03">2005</xref>). O bien se puede discutir si ciertamente est&#x00E1; mal causar dolor para divertirse, o si puede estar justificado cuando esa diversi&#x00F3;n tiene un car&#x00E1;cter ritual, por ejemplo. En cualquier caso, quisiera advertir a quienes suelen aceptar como axiom&#x00E1;tica la falacia naturalista que deber&#x00ED;an, para ser coherentes, eliminar las consideraciones de hecho (por ejemplo, sobre si los animales pueden o no sentir dolor) en su reflexi&#x00F3;n moral, y asumir, al modo de Moore, la existencia de una facultad de “intuici&#x00F3;n” como origen del conocimiento moral. </p>
		
		<p>Pero la propuesta de este volumen puede verse tambi&#x00E9;n desde el punto de vista m&#x00E1;s preciso y concreto: aun aceptando una posici&#x00F3;n naturalista y realista sobre las normas, se plantea la dificultad de que las fronteras “naturales” pueden resultar insuficientes para establecer diferencias normativas, por la posibilidad —meramente hipot&#x00E9;tica, quiz&#x00E1;, o derivada de las nuevas capacidades t&#x00E9;cnicas en el campo de la biomedicina— de encontrarse con casos l&#x00ED;mite, casos cuya mera descripci&#x00F3;n no resulta obvia, y que, por ende, resulta todav&#x00ED;a menos clara su calificaci&#x00F3;n normativa. Este es, al menos, el problema que tratar&#x00E9; de afrontar en este trabajo, a partir del reconocimiento del fen&#x00F3;meno de la borrosidad y tipicidad de nuestros conceptos. Es decir, tratar&#x00E9; de situar el fen&#x00F3;meno de los casos l&#x00ED;mite, que nos piden considerar los editores, como un caso particular del fen&#x00F3;meno general de la vaguedad e indeterminaci&#x00F3;n de las condiciones de uso de nuestros conceptos. Seg&#x00FA;n tratar&#x00E9; de mostrar, este aspecto de nuestras capacidades cognitivas no puede atribuirse exclusivamente a la falta de precisi&#x00F3;n de nuestro sistema conceptual “de sentido com&#x00FA;n” (frente a la esperable precisi&#x00F3;n del conocimiento cient&#x00ED;fico, por ejemplo), o a una limitaci&#x00F3;n de nuestro lenguaje (su falta de precisi&#x00F3;n, reformable con ayuda de la l&#x00F3;gica, por ejemplo), sino que tiene que ver tambi&#x00E9;n con el car&#x00E1;cter din&#x00E1;mico y continuo de nuestro mundo.  </p><p>Tras describir la naturaleza de los casos l&#x00ED;mite y su relevancia normativa (secci&#x00F3;n 2), e ilustrar el modo habitual de enfrentarse a tales casos con el ejemplo del sexo, como un intento paradigm&#x00E1;tico de evitar tal borrosidad (secci&#x00F3;n 3), ofrecer&#x00E9; una breve presentaci&#x00F3;n del fen&#x00F3;meno de la borrosidad conceptual y la indeterminaci&#x00F3;n sem&#x00E1;ntica en el marco de las ciencias cognitivas contempor&#x00E1;neas (secci&#x00F3;n 4). Situar&#x00E9; a continuaci&#x00F3;n, y tratar&#x00E9; de ilustrar, en la siguiente secci&#x00F3;n, las fuentes de la indeterminaci&#x00F3;n sem&#x00E1;ntica en el caso de los conceptos morales, y discutir&#x00E9; su relevancia respecto a la cuesti&#x00F3;n del realismo moral (secci&#x00F3;n 5). Por supuesto, al se&#x00F1;alar la ubicuidad de la borrosidad conceptual y la indeterminaci&#x00F3;n sem&#x00E1;ntica no pretendo cambiar el modo en que se desarrolla la Bio&#x00E9;tica (tratando de perfilar las fronteras biol&#x00F3;gicas relevantes y determinar los l&#x00ED;mites normativos v&#x00E1;lidos), sino m&#x00E1;s bien calmar cierta ansiedad metaf&#x00ED;sica: la que alienta tras el supuesto, compartido tanto por los realistas deterministas como por los anti-realistas, de que solo cabe hablar de realismo (moral) en un mundo perfectamente determinado y definido. </p>
		</sec>
		
		<sec id="S2">
		<title>2. BORROSIDAD, CASOS L&#x00CD;MITE Y DILEMAS MORALES </title>
		
		<p>La existencia de casos l&#x00ED;mite, de casos borrosos, donde no es f&#x00E1;cil establecer cu&#x00E1;ndo deja de ser aplicable un concepto y cu&#x00E1;ndo se ejemplifica mejor otro, o en que una misma situaci&#x00F3;n puede ser conceptualizada de modos distintos, no es exclusiva del &#x00E1;mbito moral, sino que es una caracter&#x00ED;stica general de nuestro sistema sem&#x00E1;ntico-cognitivo (Kamp &amp; Partee, <xref ref-type="bibr" rid="CIT13">1995</xref>). Si bien tradicionalmente este problema se reconoci&#x00F3; solamente en relaci&#x00F3;n con los predicados unidimensionales, como calvo o alto, que remiten a propiedades que var&#x00ED;an de manera continua (pelo a pelo, cent&#x00ED;metro a cent&#x00ED;metro), pero para los que no es posible determinar el punto exacto de transici&#x00F3;n (cu&#x00E1;ndo uno empieza a ser calvo, o a partir de qu&#x00E9; altura alguien es alto), actualmente se da por supuesto que todos nuestros predicados presentan una estructura gradual (una aplicaci&#x00F3;n de m&#x00E1;s a menos, un gradiente de tipicidad) que se convierte en borrosidad cuando nos acercamos a los l&#x00ED;mites de la clase de referencia. La idea, para ser m&#x00E1;s precisos, no es que haya predicados borrosos, sino casos para los que puede no ser claro, o determinado, si satisfacen o no un predicado dado. No es que “calvo” sea un predicado borroso, sino que aplicado a m&#x00ED;, por ejemplo, puede convertirse en un caso borroso, l&#x00ED;mite, dando lugar a una proposici&#x00F3;n indeterminada (al menos, de momento; llegar&#x00E1; un d&#x00ED;a en que “AG es calvo” ser&#x00E1; un proposici&#x00F3;n perfectamente determinada y verdadera). Como veremos, esta propiedad resulta de la estructura protot&#x00ED;pica de nuestros conceptos, que determina que ciertos casos sean m&#x00E1;s t&#x00ED;picos de este concepto que otros (un canario ejemplifica mejor “p&#x00E1;jaro” que un pingüino; una rosa ejemplica mejor “flor” que una coliflor), hasta un punto de borrosidad fronteriza, en que ya no est&#x00E1; claro si un caso satisface el concepto o no (¿un tomate es una fruta?). </p>
		
		<p>Este car&#x00E1;cter continuo, gradual, de los criterios constitutivos de nuestros conceptos posibilita el surgimiento de los casos l&#x00ED;mite, casos en los que aparentemente est&#x00E1; indeterminada la verdad, o donde no parece posible escoger entre varias descripciones de la misma situaci&#x00F3;n. En el caso de los predicados unidimensionales como “calvo”, consistir&#x00E1; en aquellos casos en donde no hay evidencia para establecer si “x es calvo”, para elegir entre esta afirmaci&#x00F3;n y “x no es calvo”. En el caso de los predicados morales podemos encontrarnos con problemas an&#x00E1;logos, como el de cu&#x00E1;nto cerebro hace falta para que exista una persona (con casos como el de los anencef&#x00E1;licos, o dicef&#x00E1;licos, pero tambi&#x00E9;n casos hipot&#x00E9;ticos, o experimentos mentales, que nos permiten imaginar la indeterminaci&#x00F3;n), o cu&#x00E1;nta actividad cerebral debe darse para poder seguir afirmando que alguien est&#x00E1; vivo (la muerte cerebral como criterio de muerte). La borrosidad de la situaci&#x00F3;n genera la indeterminaci&#x00F3;n sem&#x00E1;ntica en tales casos: son los casos l&#x00ED;mite (Shafer-Landau, <xref ref-type="bibr" rid="CIT19">1995</xref>). </p>
		
		<p>Los casos l&#x00ED;mite, por tanto, sirven para plantear dilemas &#x00E9;ticos (Sorensen, <xref ref-type="bibr" rid="CIT22">1991</xref>): la posibilidad de los dilemas &#x00E9;ticos depende de este margen de ambigüedad acerca de la caracterizaci&#x00F3;n adecuada del caso l&#x00ED;mite, compatible con consecuencias normativas distintas, en funci&#x00F3;n de la relevancia de principios distintos, seg&#x00FA;n la caracterizaci&#x00F3;n del caso que sea m&#x00E1;s acertada. As&#x00ED;, por ejemplo, ante el caso de una persona mayor con riesgo de gangrena si no es intervenida r&#x00E1;pidamente, pero de la que hay que obtener consentimiento informado previo, el m&#x00E9;dico puede encontrarse ante obligaciones en conflicto, en funci&#x00F3;n del grado de gravedad y de incapacidad (y ese grado puede variar de manera continua). Es la posibilidad de grados lo que lleva al dilema, al menos en el plano hipot&#x00E9;tico, pues podemos “modificar” convenientemente el caso para que el “peso” de cada una de las consideraciones morales sea el mismo, y por tanto, aparezca el dilema. El m&#x00E9;dico puede estar, al mismo tiempo, obligado a intervenir (sin esperar el consentimiento), y obligado a no intervenir (hasta disponer del consentimiento). </p>
		
		<p>La repercusi&#x00F3;n que este tipo de situaciones supone a nivel normativo puede verse como la necesidad, y la dificultad, de “imponer” l&#x00ED;mites regulativos estrictos donde parece no haberlos en el plano biol&#x00F3;gico o natural. O bien, la necesidad de modificar el modo establecido de fijar las distinciones naturales, introduciendo nuevos elementos descriptivos, que puedan tener relevancia normativa. En efecto, podemos encontrarnos una continuidad de situaciones a primera vista an&#x00E1;logas, para las que nos parece que deber&#x00ED;a haber un tratamiento normativo diferenciado, pero cuya justificaci&#x00F3;n de tales diferencias no resulta obvia. Desde este punto de vista, creo que adquiere pleno sentido la afirmaci&#x00F3;n de que el dominio de la Bio&#x00E9;tica es el de las fronteras. O m&#x00E1;s precisamente, el de determinar en qu&#x00E9; lado de la frontera (normativa) cabe situar adecuadamente un caso particular, que desde el punto de vista biol&#x00F3;gico parece borroso. Bien sea el caso de establecer cu&#x00E1;ndo alguien est&#x00E1; muerto, y si la muerte cerebral constituye el limes decisivo para el cambio de estado, as&#x00ED; como determinar cu&#x00E1;ndo se ha producido; bien sea el de proponer un criterio para la existencia de vida humana, en base al cual podamos juzgar casos particulares,... los problemas de la Bio&#x00E9;tica parecen tener que ver con establecer distinciones dentro de un continuo, y fijar la ubicaci&#x00F3;n de los casos dentro de ese continuo<xref ref-type="fn" rid="NOTE01">1</xref>. Por eso no es de extra&#x00F1;ar que una de las formas argumentativas m&#x00E1;s recurridas en este &#x00E1;mbito sea el de la “pendiente deslizante”: a partir de aceptar un punto de partida compartido, se argumenta que otros casos son como el de ese punto de partida en alg&#x00FA;n aspecto relevante, y por lo tanto, deben tratarse igual. Resistirse a tal “pendiente deslizante” requiere poder establecer una frontera, una diferencia f&#x00E1;ctica, normativamente relevante. </p>
		
		<p>Una indicaci&#x00F3;n de la relevancia de este modo de considerar las cosas se obtiene al observar que los mismos problemas de indeterminaci&#x00F3;n se plantean al nivel de los predicados normativos. Es decir, que ser&#x00ED;a err&#x00F3;neo pensar que es &#x00FA;nicamente en el plano biol&#x00F3;gico, o natural, donde ocurren los casos l&#x00ED;mite, donde tenemos fronteras borrosas, mientras que en el normativo disponemos de conceptos bien afilados y determinados. Al contrario, tambi&#x00E9;n en este &#x00E1;mbito se plantean casos donde puede haber razones igual de poderosas para calificar los casos que se plantean de modos distintos. Es lo que ser&#x00ED;a de esperar si la borrosidad y vaguedad sem&#x00E1;ntica es una caracter&#x00ED;stica general de nuestro sistema conceptual, y no una molesta r&#x00E9;mora que debe y puede ser eliminada con un poco de esfuerzo de precisi&#x00F3;n y definici&#x00F3;n. </p>
		
		<p>Desde este punto de vista, podr&#x00ED;a decirse que, al enfrentarse a los casos l&#x00ED;mite, y a los dilemas morales que tales situaciones pueden plantearnos, la Bio&#x00E9;tica suele adoptar una v&#x00ED;a de b&#x00FA;squeda de mayor precisi&#x00F3;n normativa y casu&#x00ED;stica: de aclarar las peque&#x00F1;as diferencias que pueden resultar relevantes desde un punto de vista normativo, de introducir nuevas distinciones y clasificaciones no tenidas en cuenta en la descripci&#x00F3;n inicial del caso, que puedan inclinar la decisi&#x00F3;n en un sentido o en otro. Sin cuestionar el valor que tiene este modo de proceder, creo que tambi&#x00E9;n puede ser &#x00FA;til reflexionar sobre el por qu&#x00E9; se plantean las cosas en estos t&#x00E9;rminos en primer lugar; en particular, por qu&#x00E9; son posibles tales casos l&#x00ED;mite —y el por qu&#x00E9; esas resoluciones pueden desembocar en nuevos casos l&#x00ED;mite, como suele ocurrir—. Esto es lo que me gustar&#x00ED;a proponer en este trabajo, adoptando una perspectiva sem&#x00E1;ntico-cognitiva, que sit&#x00FA;e este fen&#x00F3;meno de los casos l&#x00ED;mites morales en el contexto m&#x00E1;s amplio de la vaguedad de nuestros predicados.  </p>
		
		<p>Planteada as&#x00ED; la cuesti&#x00F3;n, ser&#x00ED;a posible sugerir, en la l&#x00ED;nea del primer tipo de problem&#x00E1;tica planteada, que en realidad no es acertado buscar la justificaci&#x00F3;n de las fronteras normativas en fronteras biol&#x00F3;gicas, puesto que estas &#x00FA;ltimas no est&#x00E1;n bien definidas, o su establecimiento depende a la vez de valores (epist&#x00E9;micos, sociales), por lo que las decisiones normativas no pueden tener otra base que el acuerdo, la convenci&#x00F3;n; o en una versi&#x00F3;n menos social, la pura decisi&#x00F3;n, la preferencia emocional, la arbitrariedad de la voluntad. Se tratar&#x00ED;a de adoptar alguna variante de constructivismo o decisionismo normativo, o de expresivismo, que asuma un antirealismo en el &#x00E1;mbito meta&#x00E9;tico. Volveremos sobre esta cuesti&#x00F3;n de las implicaciones del reconocimiento de la vaguedad conceptual al final. La opci&#x00F3;n predominante, no obstante, sigue siendo la realista, que trata de buscar o establecer una nueva distinci&#x00F3;n, una nueva frontera, en el plano biol&#x00F3;gico, y basar en ella la diferencia moral, su relevancia normativa, y por tanto, la posibilidad de parar un argumento de pendiente deslizante (o en negar su relevancia). Y esta aproximaci&#x00F3;n dominante concibe esta tarea en t&#x00E9;rminos de razones, de correcci&#x00F3;n, de tener en cuenta c&#x00F3;mo son las cosas. Un ejemplo notorio, aunque dif&#x00ED;cil de plantear sin prejuzgarlo, es de nuevo el del aborto. La posici&#x00F3;n antiabortista parte de que matar a un persona est&#x00E1; mal; y sostiene que no hay ninguna diferencia relevante entre un beb&#x00E9; y un blastocito, por lo que si alguien acepta que se puede matar a un blastocito tambi&#x00E9;n debe aceptar, para ser coherente y racional, que se puede matar a un beb&#x00E9; (por pendiente deslizante). Una l&#x00ED;nea de defensa de la aceptabilidad &#x00E9;tica y jur&#x00ED;dica del aborto consiste en tratar de establecer una diferencia constitutiva entre los blastocitos y los beb&#x00E9;s, que bloquee la pendiente deslizante. Si se prefiere un caso de menor carga emocional, pi&#x00E9;nsese en el papel que se concede en el &#x00E1;mbito jur&#x00ED;dico al grado de intencionalidad de una acci&#x00F3;n para calificarla penalmente, o al sentido de las atenuantes o las eximentes en el &#x00E1;mbito jurisdiccional: diferencias en el plano descriptivo de la acci&#x00F3;n modifican la consideraci&#x00F3;n normativa del caso. </p>
		
		<p>Ilustrar&#x00E9; a continuaci&#x00F3;n la naturaleza y las limitaciones de esta estrategia con un caso paradigm&#x00E1;tico desde el punto de vista biol&#x00F3;gico, pero que presenta tambi&#x00E9;n cierta relevancia bio&#x00E9;tica, como es el de los sexos. Este caso nos mostrar&#x00E1; que la cuesti&#x00F3;n de los casos borrosos no se resuelve simplemente enriqueciendo nuestras taxonom&#x00ED;as con nuevos conceptos y clases, pues el problema se reproduce en un segundo nivel.  </p>
		</sec>
		
		<sec id="S3">
		<title>3. LOS CINCO SEXOS </title>
		
		<p>En <xref ref-type="bibr" rid="CIT07">1993</xref>, Anne Fausto-Sterling public&#x00F3; un art&#x00ED;culo en la revista <italic>The Sciences</italic>, titulado “The five sexes”, en el que defend&#x00ED;a que el sistema universal de distinguir dos sexos no es adecuado para abarcar todo el espectro de la sexualidad humana. Expon&#x00ED;a como base para tal conclusi&#x00F3;n su estudio de la prevalencia de casos de los que no es obvio afirmar si se trata de un var&#x00F3;n o de una mujer, por la combinaci&#x00F3;n diversa de caracter&#x00ED;sticas masculinas y femeninas que puede darse. Por ello, suger&#x00ED;a modificar la clasificaci&#x00F3;n dicot&#x00F3;mica tradicional universal (que el estructuralismo de Levi-Strauss tom&#x00F3; como piedra angular de su concepci&#x00F3;n de lo humano), introduciendo nuevas categor&#x00ED;as, adem&#x00E1;s de var&#x00F3;n y mujer: </p>
		
		<p>- “herms”, para los verdaderos hermafroditas, personas con test&#x00ED;culos y ovarios; </p>
		
		<p>- “merms”, para los pseudohermafroditas masculinos, personas nacidas con test&#x00ED;culos y que desarrollaron algunos aspectos de la genitalidad femenina; y </p>
		
		<p>- “ferms”, para los pseudohermafroditas femeninos, que tienen ovarios, en combinaci&#x00F3;n con algunos aspectos de la genitalidad masculina. </p>
		
		<p>No hace falta detenernos en este punto en la relevancia normativa de la propuesta, en la que podemos estar de acuerdo sin problema: lo que motivaba a Fausto-Sterling era reivindicar el reconocimiento de unas realidades humanas que eran forzadas a encajar en las categor&#x00ED;as sociales dicot&#x00F3;micas establecidas, generando graves da&#x00F1;os en la vida de l@s afectad@s, al ser sometid@s a cirug&#x00ED;a temprana e irreversible. Aun ahora que tales pr&#x00E1;cticas est&#x00E1;n en remisi&#x00F3;n, las personas que no encajan en los g&#x00E9;neros reconocidos puede seguir padeciendo discriminaciones y acoso (Amnist&#x00ED;a Internacional, <xref ref-type="bibr" rid="CIT01">2006</xref>). </p>
		
		<p>Lo que nos interesa del caso es hacer notar, en primer lugar, lo que genera el “problema”: la existencia de diferentes criterios para establecer cu&#x00E1;l es el sexo de alguien, y la aparici&#x00F3;n de casos en que tales criterios no coinciden. El criterio genot&#x00ED;pico, cromos&#x00F3;mico, para ser un var&#x00F3;n consiste en tener un cromosoma X y uno Y, mientras que las mujeres tienen un par de cromosomas X. A nivel fenot&#x00ED;pico puede haber varios criterios: a nivel anat&#x00F3;mico-fisiol&#x00F3;gico, varones y mujeres difieren en sus genitales y en sus g&#x00F3;nadas; a nivel hormonal, las diferencias sexuales se acaban manifestando, tras la pubertad, en diferentes caracter&#x00ED;sticas sexuales secundarias (pelo en la cara, musculatura, voz m&#x00E1;s grave,... en los varones; mamas en las mujeres). Pues bien, una mutaci&#x00F3;n gen&#x00E9;tica, relativamente frecuente entre los esquimales Yupik, por ejemplo, puede dar lugar a la Hiperplasia Adrenal Cong&#x00E9;nita, dominante cuando se hereda de ambos padres, que consiste en contar con dos cromosomas X, unos genitales externos masculinos, y &#x00F3;rganos reproductivos internos femeninos potencialmente f&#x00E9;rtiles. ¿Cu&#x00E1;l es el sexo de tales personas? </p>
		
		<p>Por supuesto, el problema real que se plantea en este tipo de casos, y de ah&#x00ED; el entrecomillado anterior, no es puramente terminol&#x00F3;gico, de c&#x00F3;mo denominarlos, sino el pr&#x00E1;ctico de c&#x00F3;mo tratarlos: aceptando la variabilidad de la realidad, o neg&#x00E1;ndola y someti&#x00E9;ndola al cors&#x00E9; de las posibilidades reconocidas, var&#x00F3;n y mujer, con sus implicaciones legales, sociales, de g&#x00E9;nero, que esa asignaci&#x00F3;n comporta. El art&#x00ED;culo de Fausto-Sterling, as&#x00ED; como el movimiento de los “intersexuales”, liderado por Cheryl Chase (<italic>Intersex Society of North America</italic>), han abogado por modificar la pauta m&#x00E9;dica establecida de someter a cirug&#x00ED;a “normalizadora” a los beb&#x00E9;s que presentaban alg&#x00FA;n caso de genitalidad mixta en el momento del nacimiento, para “desambiguarlos sexualmente”, en la creencia de que la identidad sexual es completamente maleable en los primeros 18 meses. Frente a esta pauta establecida, se han propuesto nuevos criterios de no urgencia y no irreversibilidad respecto a la cirug&#x00ED;a temprana, dejando que cada persona encuentre su identidad sexual en la pubertad (para lo cual puede ser necesario apoyo psicol&#x00F3;gico, y quiz&#x00E1; a partir de ese momento, cirug&#x00ED;a irreversible o tratamiento hormonal complementario). </p>
		
		<p>Aunque los objetivos de tal reivindicaci&#x00F3;n me parecen adecuados (el caso de Chase es el de alguien que fue sometida a cliteridectom&#x00ED;a con la intenci&#x00F3;n de “hacerlo un hombre”), creo que la propuesta de introducir una nueva nomenclatura, una reforma taxon&#x00F3;mica de los sexos, ilustra bien esta inquietud ante los casos borrosos, los l&#x00ED;mites mal definidos, y la reacci&#x00F3;n t&#x00ED;pica de tratar de convertirlos en precisos y bien delimitados, mediante una ampliaci&#x00F3;n de la clasificaci&#x00F3;n. Ciertamente, si se adoptara el sistema clasificatorio propuesto por Fausto-Sterling, algunos de los casos que resultaban indeterminados, dejar&#x00ED;an de serlo. Pero me gustar&#x00ED;a hacer notar dos cosas: que las nuevas categor&#x00ED;as son construidas en base a las de var&#x00F3;n y mujer, por lo que se trata en realidad de un intento de precisificaci&#x00F3;n de segundo orden, que presupone la determinaci&#x00F3;n del primero; y ello hasta el punto que el efecto pr&#x00E1;ctico de la propuesta radica en no precipitar la desambiguaci&#x00F3;n sexual, en permitir que pueda ser cuesti&#x00F3;n de decisi&#x00F3;n individual, de ajuste psicol&#x00F3;gico, pero d&#x00E1;ndose por supuesto que la intersexualidad biol&#x00F3;gica va a acabar resolvi&#x00E9;ndose en uno de los dos sexos-g&#x00E9;neros; y segundo, que por ello mismo, su propuesta es susceptible de nuevas indeterminaciones, en las nuevas fronteras que pretende fijar (as&#x00ED;, ¿c&#x00F3;mo cabr&#x00ED;a clasificar un caso de trisom&#x00ED;a XXY, o XYY? ¿o unos genitales a medio camino entre una vulva y un pene? etc.)<xref ref-type="fn" rid="NOTE02">2</xref>. </p><p>En la medida en que la frecuencia de tales casos sea baja, no obstante, y los estudios realizados hablan de una prevalencia del 1,7%, aunque con gran variabilidad poblacional, y no aparezca un tercer g&#x00E9;nero, no se ve la ventaja de modificar el sistema clasificatorio tradicional para intentar ser m&#x00E1;s precisos, al menos desde el punto de vista de la econom&#x00ED;a cognitiva. De hecho, la propia <italic>Intersex Society of North America</italic> recomienda asignar provisionalmente cada ni&#x00F1;o a un g&#x00E9;nero, masculino o femenino, en funci&#x00F3;n del pron&#x00F3;stico de c&#x00F3;mo va a sentirse cuando crezca, en lugar de reivindicar la introducci&#x00F3;n de un “tercer sexo/g&#x00E9;nero”. Seg&#x00FA;n se afirma, “el intersexo no es, ni ser&#x00E1; nunca, una categor&#x00ED;a biol&#x00F3;gica discreta, m&#x00E1;s de lo que hombre o mujer lo son, y porque tal asignaci&#x00F3;n traumatizar&#x00ED;a innecesariamente al infante” (www.isna.org). (De todos modos, resulta fascinante imaginar la posibilidad de una sociedad que estableciera m&#x00E1;s de dos categor&#x00ED;as de sexo-g&#x00E9;nero, donde las relaciones no fueran solo homo y heterosexuales, etc.). </p>
		</sec>
		
		<sec id="S4">
		<title>4. CONCEPTOS, TIPICIDAD Y BORROSIDAD </title>
		
		<p>La discusi&#x00F3;n del caso anterior nos lleva a la conclusi&#x00F3;n de que la borrosidad de nuestros conceptos no es una caracter&#x00ED;stica que pueda ser eliminada o superada introduciendo mayor precisi&#x00F3;n, pues en este nuevo nivel puede aparecer de nuevo la borrosidad. Ciertamente, el programa logicista, desde Frege, sue&#x00F1;a con un esquema conceptual perfectamente bien definido y determinado, en un mundo bien determinado. Pero esta visi&#x00F3;n est&#x00E1; actualmente en retroceso. La idea de que nuestros conceptos no contienen “esencias ocultas”, que captan las propiedades &#x00F3;nticas de la realidad, sino que se constituyen en pr&#x00E1;cticas simb&#x00F3;licas sociales, basadas en semejanzas de familia, constituye el punto b&#x00E1;sico de las <italic>Investigaciones Filos&#x00F3;ficas </italic>de Wittgenstein. A partir de los a&#x00F1;os 70, este planteamiento filos&#x00F3;fico dio lugar a un programa de investigaci&#x00F3;n cognitiva sobre la naturaleza de las categor&#x00ED;as y los conceptos, impulsado principalmente por Eleonor Rosch (Rosch &amp; Mervis, <xref ref-type="bibr" rid="CIT17">1975</xref>).  </p>
		
		<p>Su contribuci&#x00F3;n principal consisti&#x00F3; en mostrar el fen&#x00F3;meno de la m&#x00E9;trica gradual de pertenencia a la extensi&#x00F3;n de un concepto, lo que se denomina tipicidad. Se trata de que no todos los miembros en la extensi&#x00F3;n de un concepto son considerados igual de buenos representantes del concepto, sino que hay miembros m&#x00E1;s t&#x00ED;picos de la clase que otros. As&#x00ED;, pl&#x00E1;tano es un caso t&#x00ED;pico de fruta, mel&#x00F3;n, intermedio, casta&#x00F1;a es poco t&#x00ED;pico (aunque t&#x00ED;pico de la clase “fruto seco”), y tomate es borroso: hay razones para considerarlo una fruta, pero tambi&#x00E9;n para considerar que no lo es (como los calabacines, a pesar de ser una cucurbit&#x00E1;cea como el mel&#x00F3;n).  </p>
		
		<p>No est&#x00E1; tan clara la explicaci&#x00F3;n de esta estructura gradual de pertenencia. Para Rosch, se debe a que nos representamos los conceptos como prototipos, esto es, como una combinaci&#x00F3;n de caracter&#x00ED;sticas m&#x00E1;s o menos comunes a todos los miembros de la extensi&#x00F3;n. Este es el modo como Rosch concreta la idea de Wittgenstein de los parecidos de familia: no hay una esencia, expresada mediante la definici&#x00F3;n, del concepto. La intensi&#x00F3;n consiste en una serie de caracter&#x00ED;sticas, que pueden satisfacerse en diferentes grados, pero cuya importancia tambi&#x00E9;n puede ser variable, que determinan grados diferentes de pertenencia y, en algunos casos, borrosidad, vaguedad, dudas sobre la propiedad de aplicar el predicado a tal caso. La indeterminaci&#x00F3;n de la extensi&#x00F3;n, por tanto, se debe a la multiplicidad de criterios de pertenencia de la intensi&#x00F3;n. </p>
		
		<p>Un ejemplo analizado en detalle (Lakoff, <xref ref-type="bibr" rid="CIT15">1987</xref>) es el de madre. El concepto de madre incluye una dimensi&#x00F3;n gen&#x00E9;tica (la persona que aport&#x00F3; el &#x00F3;vulo), gestacional (quien tuvo el embarazo y pari&#x00F3;), cuidadora (quien se encarga de atender las necesidades del beb&#x00E9;), jur&#x00ED;dica (quien tiene o comparte la tutela). Quien satisface todas estas caracter&#x00ED;sticas ser&#x00ED;a una madre t&#x00ED;pica, pero es posible satisfacer solo algunas de ellas (madre de alquiler, madre biol&#x00F3;gica, madre adoptiva), e incluso casos en que est&#x00E9; indeterminado si puede aplicarse o no el concepto de madre (algunas madrastras que hacen honor a su fama de cuento), sobre todo teniendo en cuenta la restricci&#x00F3;n de que “madre no hay m&#x00E1;s que una”.  </p>
		
		<p>Es objeto de discusi&#x00F3;n si es as&#x00ED; como efectivamente se representan nuestros conceptos. En particular, para los categoriales (conceptos que podemos aplicar perceptivamente) resulta especialmente dif&#x00ED;cil acceder a las caracter&#x00ED;sticas que conforman el prototipo (o el modelo cognitivo idealizado, como tambi&#x00E9;n se ha llamado). Una alternativa te&#x00F3;rica sugiere que los conceptos estar&#x00ED;an representados en base a un ejemplar, un caso particular de referencia, junto a una m&#x00E9;trica de la semejanza. As&#x00ED;, reconocer un caso como instancia del concepto depender&#x00ED;a de juzgarlo suficientemente parecido, en los aspectos relevantes, al ejemplar de referencia. Si solo hemos conocido un finland&#x00E9;s, la idea es que aplicaremos el concepto de finland&#x00E9;s a cualquier que nos resulte suficientemente similar a nuestro amigo (en los aspectos relevantes). Desde el punto de vista explicativo, la diferencia clave es que este segundo enfoque no requiere la representaci&#x00F3;n expl&#x00ED;cita de las caracter&#x00ED;sticas relevantes para pertenecer a la extensi&#x00F3;n, lo que resulta m&#x00E1;s coherente con el &#x00E9;nfasis actual en los procesos impl&#x00ED;citos en general, para los que no disponemos de evidencia introspectiva. Esta concepci&#x00F3;n, adem&#x00E1;s, ha sido implementada con cierto &#x00E9;xito con modelos conexionistas, especialmente apropiados para reflejar la dependencia contextual de nuestros conceptos, la modulaci&#x00F3;n de su valor sem&#x00E1;ntico en funci&#x00F3;n de con qu&#x00E9; otros t&#x00E9;rminos aparecen (dependencia contextual que caracteriza, como ya avanzamos, nuestros predicados t&#x00ED;picamente graduales, como “alto”, que permite entender la posibilidad de afirmar, tanto de Pedro, un chico de 10 a&#x00F1;os, que mide metro cuarenta, como de Gasol, con sus 2,18, que son altos: como si la extensi&#x00F3;n de “alto” no pudiera especificarse en t&#x00E9;rminos de altura en cent&#x00ED;metros). Pero m&#x00E1;s all&#x00E1; de si la representaci&#x00F3;n es expl&#x00ED;cita o impl&#x00ED;cita, y del modo correcto de explicar la dependencia contextual de la sem&#x00E1;ntica de nuestros predicados, ambos enfoques coinciden en el modo en que explican la aparici&#x00F3;n de casos borrosos: cuando un caso satisface una de las caracter&#x00ED;sticas pero no otra, o satisface en alg&#x00FA;n grado una caracter&#x00ED;stica poco t&#x00ED;pica pero escasamente una muy t&#x00ED;pica, etc. Como hemos visto en el caso de los sexos, se puede satisfacer el criterio gen&#x00E9;tico pero no el hormonal, o a la inversa. O hacerlo en mayor o menor medida. </p>
		
		<p>En algunos casos, adem&#x00E1;s, conocidos como de percepci&#x00F3;n categorial (Harnad, <xref ref-type="bibr" rid="CIT12">1987</xref>), encontramos no varias caracter&#x00ED;sticas combinadas, sino una segmentaci&#x00F3;n de una &#x00FA;nica variable f&#x00ED;sica en categor&#x00ED;as psicol&#x00F3;gicas. Se trata de un mecanismo m&#x00E1;s b&#x00E1;sico de categorizaci&#x00F3;n de nuestra experiencia, que establece fronteras psicol&#x00F3;gicas categoriales donde no hay sino una magnitud f&#x00ED;sica continua, pero que tiene el efecto de reducir la discriminabilidad de las diferencias dentro de la categor&#x00ED;a y de acentuar las diferencias entre categor&#x00ED;as. El caso de los fonemas, o de los colores, es representativo de este mecanismo cognitivo. No obstante, tambi&#x00E9;n en estos casos se plantean los mismos problemas de l&#x00ED;mites borrosos, de puntos de transici&#x00F3;n ambiguos, o cuya interpretaci&#x00F3;n cognitiva depende del contexto. En tales casos, aunque solo haya un aspecto relevante, tambi&#x00E9;n se admiten grados, un continuo de grados de satisfacci&#x00F3;n del predicado. </p>
		
		<p>M&#x00E1;s all&#x00E1; de estas diferencias, lo importante de esta concepci&#x00F3;n contempor&#x00E1;nea es el &#x00E9;nfasis en los aspectos funcionales y pragm&#x00E1;ticos de nuestro sistema conceptual, m&#x00E1;s que en la pretensi&#x00F3;n logicista-racionalista de encontrar en nuestros conceptos un reflejo de la estructura ontol&#x00F3;gica b&#x00E1;sica de la realidad. As&#x00ED;, desde esta concepci&#x00F3;n se insiste en el principio de econom&#x00ED;a cognitiva que impulsa nuestras abstracciones conceptuales, en el sentido de poder captar las contingencias robustas en nuestra experiencia (y por tanto, ignorar, abstraer los detalles de menos inter&#x00E9;s), en base a las cuales poder anticipar expectativas y predicciones, as&#x00ED; como basarlas en nuestros patrones de interacci&#x00F3;n significativa con lo que nos rodea (en lugar de adoptar un punto de vista “divino”, independiente de nuestra propia perspectiva como sujetos). Por supuesto, estos aspectos robustos de nuestra experiencia pueden necesitar de la transmisi&#x00F3;n social de conocimiento, del aprendizaje supervisado y la transmisi&#x00F3;n lingü&#x00ED;stica, m&#x00E1;s all&#x00E1; de la confrontaci&#x00F3;n individual con el medio. </p>
		
		<p>Estas consideraciones pragm&#x00E1;ticas se han visto reforzadas por el desarrollo reciente de la perspectiva “incorporada” de la cognici&#x00F3;n, que defiende la necesidad de basar el contenido de nuestros conceptos en nuestras interacciones en &#x00FA;ltimo t&#x00E9;rminos sensoriomotoras con nuestro entorno (f&#x00ED;sico o social). Sin duda el lenguaje proporciona un repertorio conceptual mucho m&#x00E1;s amplio, y distanciado de constancias perceptivas estrictas, pero la idea es que su significatividad debe basarse en tales interacciones, as&#x00ED; como en los procesos sociales de transmisi&#x00F3;n, que son concebidos asimismo como interacciones en &#x00FA;ltimo t&#x00E9;rmino sensoriomotoras (Gomila, <xref ref-type="bibr" rid="CIT11">2008</xref>). De ah&#x00ED; la robustez general del fen&#x00F3;meno de la dependencia del contexto: un ni&#x00F1;o puede ser alto si mide metro y medio a los ochos a&#x00F1;os, pero con esa altura no dir&#x00ED;amos que un jugador de baloncesto es alto (caso de que existiera un caso as&#x00ED;). En conjunto, desde este punto de vista, la vaguedad, la borrosidad, la indeterminaci&#x00F3;n sem&#x00E1;ntica en algunos casos deja de ser vista —como la ha visto siempre el logicista— como un defecto del que adolece nuestro lenguaje, que debe ser eliminado introduciendo mayor precisi&#x00F3;n y determinaci&#x00F3;n sem&#x00E1;ntica, sino como la consecuencia de nuestra arquitectura cognitiva y de la estructura continua y din&#x00E1;mica de la realidad<xref ref-type="fn" rid="NOTE03">3</xref>. Sin embargo, es preciso insistir en que la indeterminaci&#x00F3;n sem&#x00E1;ntica no depende de la borrosidad del predicado por s&#x00ED; mismo, sino del caso particular al que se aplica (aunque podr&#x00ED;a darse tambi&#x00E9;n el fen&#x00F3;meno del predicado borroso por inespec&#x00ED;fico). Para volver con el ejemplo anterior: “alto” puede ser un concepto borroso, y dependiente del contexto, pero “Pau Gasol es alto” tiene un valor de verdad perfectamente determinado, en virtud de las caracter&#x00ED;sticas protot&#x00ED;picas de “alto” que Gasol ejemplifica en grado sumo. Que las fronteras sean borrosas no significa que no puedan ser cruzadas (que no sean &#x00FA;tiles, que no capten diferencias o aspectos relevantes desde el punto de vista de la estructura causal de la realidad y su inteligibilidad). Al contrario, la posibilidad de una comunidad con pr&#x00E1;cticas conceptuales compartidas depende de la existencia de los casos paradigm&#x00E1;ticos, protot&#x00ED;picos, centrales, de ejemplificaci&#x00F3;n de un concepto. </p>
		</sec>
		
		<sec id="S5">
		<title>5. BORROSIDAD EN LOS CONCEPTOS MORALES Y REALISMO MORAL </title>
		
		<p>Las ideas principales de la secci&#x00F3;n anterior se pueden resumir diciendo que nuestros predicados, por su estructura interna, se articulan en ejes graduales, de m&#x00E1;s o menos, en funci&#x00F3;n de la tipicidad de los ejemplares, hasta el punto de la vaguedad o borrosidad de los casos l&#x00ED;mites. Y que la estrategia de combatir este fen&#x00F3;meno introduciendo nuevos conceptos, nuevas distinciones, para ser m&#x00E1;s precisos y eliminar tales casos l&#x00ED;mite, no puede tener &#x00E9;xito, porque solo se consigue reproducir la borrosidad para esos nuevos predicados, o en un segundo nivel. Por supuesto, esto no significa que debamos dar por buenos los predicados y distinciones heredados sin m&#x00E1;s, o que nunca tenga sentido revisar nuestros conceptos y su aplicaci&#x00F3;n (puede ocurrir que descubramos inconsistencias en nuestras pr&#x00E1;cticas, u otros tipos de conflictos). Al contrario, parte del progreso moral puede tener que ver con entender mejor las diferencias relevantes y el modo de establecerlas. Se trata, no obstante, de oponernos al supuesto impl&#x00ED;cito de que en realidad no pueden darse casos borrosos, que los hechos deben estar perfectamente determinados, al margen de nuestra manera de concebirlos. En esta secci&#x00F3;n, tratar&#x00E9; de mostrar que los conceptos morales tambi&#x00E9;n presentan el mismo fen&#x00F3;meno de tipicidad y estructura graduada, y por tanto, tambi&#x00E9;n deben darse casos borrosos, y argumentar&#x00E9; que tal situaci&#x00F3;n no tiene por qu&#x00E9; resultar incompatible con el realismo moral, del mismo modo que el fen&#x00F3;meno general de la tipicidad de nuestros conceptos categoriales no es incompatible con el realismo en general. </p>
		
		<p>Los casos l&#x00ED;mite en la aplicaci&#x00F3;n de los conceptos morales que hemos revisado anteriormente pueden surgir por las mismas razones que surgen en general. En particular, quisiera mencionar cuatro en concreto: puede darse el caso de que un concepto dependa de un criterio cuya satisfacci&#x00F3;n puede ser gradual; puede ocurrir que un concepto se articule en torno a m&#x00E1;s de un criterio, o concepci&#x00F3;n, que pueden divergir en su aplicaci&#x00F3;n a algunos casos; tambi&#x00E9;n puede ocurrir, en casos de diversos criterios constitutivos, que esos criterios puedan satisfacerse tambi&#x00E9;n de manera gradual, tal como hemos visto en el caso del sexo (Shafer-Landau, <xref ref-type="bibr" rid="CIT19">1995</xref>); y finalmente, es posible que una situaci&#x00F3;n, un caso, permita conceptualizaciones diversas (en t&#x00E9;rminos del concepto de libertad frente al de igualdad, por ejemplo). En cualquiera de estos casos, es esperable que puedan darse casos borrosos, o que podamos imaginar situaciones que constituyan casos l&#x00ED;mite de la aplicaci&#x00F3;n de los conceptos involucrados. </p>
		
		<p>As&#x00ED;, por ejemplo, el concepto de responsabilidad ilustra el caso de una propiedad gradual. Como se puede ser m&#x00E1;s o menos responsable, podemos imaginar —o encontrarnos en la vida real— un caso donde no resulta posible establecer si el protagonista de la situaci&#x00F3;n era responsable de sus actos. “Honrado” podr&#x00ED;a ser un ejemplo de un concepto con varios criterios de aplicaci&#x00F3;n, que pueden no converger en alg&#x00FA;n caso, sin que sea obvio establecer cu&#x00E1;l de ellos debe tener el m&#x00E1;ximo peso. As&#x00ED;, consideramos honrado a quien no roba, y tambi&#x00E9;n a quien da a cada cual lo suyo, lo cual puede llevar a la indeterminaci&#x00F3;n de la proposici&#x00F3;n “Robin Hood es honrado”: se satisface un criterio pero el otro no. Incluso puede ocurrir que esos varios criterios presenten tambi&#x00E9;n grados de satisfacci&#x00F3;n, se pueda ser m&#x00E1;s o menos honrado, en funci&#x00F3;n de cada criterio, lo que abre otra fuente de indeterminaci&#x00F3;n. Por &#x00FA;ltimo, es posible que un caso genere un conflicto en torno a su mejor descripci&#x00F3;n en t&#x00E9;rminos morales (en un caso de venganza puede no ser obvia la adjudicaci&#x00F3;n de los papeles de v&#x00ED;ctima y de verdugo). Es posible que los casos habituales no presenten tal borrosidad, pero como hemos visto antes, en la Bio&#x00E9;tica tales casos aparecen por nuevas posibilidades t&#x00E9;cnicas, o a trav&#x00E9;s de situaciones hipot&#x00E9;ticas, experimentos mentales, que ponen a prueba igualmente nuestras pr&#x00E1;cticas conceptuales. </p>
		
		<p>Por supuesto, no es preciso para que la aplicaci&#x00F3;n de un predicado sea gradual que se refiera a una magnitud continua. Por la ra&#x00ED;z metaf&#x00F3;rica de nuestro sistema conceptual, el eje m&#x00E1;s-menos articula muchas de nuestras polaridades conceptuales, sin soluci&#x00F3;n de continuidad, lo que nos lleva a distinguir grados, y casos t&#x00ED;picos. Como se ha se&#x00F1;alado anteriormente, esta gradualidad podr&#x00ED;a derivarse del modo en que se produce la transmisi&#x00F3;n social de las pr&#x00E1;cticas conceptuales: a trav&#x00E9;s de la aplicaci&#x00F3;n de los predicados a casos paradigm&#x00E1;ticos (Wittgenstein, <xref ref-type="bibr" rid="CIT23">1953</xref>), que constituyen el punto de referencia para la m&#x00E9;trica de la semejanza: la semejanza siempre se da en grados, y depende del contexto. Por tanto, hay buenas razones para considerar los conceptos morales como iguales a los categoriales en lo que se refiere a su estructura gradual y, por tanto, a la posibilidad de que su aplicaci&#x00F3;n en algunos casos resulte borrosa, dando lugar a proposiciones indeterminadas. Por lo menos no hay razones para tratar de modo diferente a este respecto a un tipo de afirmaciones o predicados frente al otro.  </p>
		
		<p>Como tambi&#x00E9;n hemos avanzado, la indeterminaci&#x00F3;n sem&#x00E1;ntica suele ser rechazada en raz&#x00F3;n del supuesto de que la realidad debe ser determinada. Este es el supuesto compartido tanto de los realistas como de los antirealistas. Los primeros, no obstante, la rechazan, mientras que los segundos son antirealistas precisamente en base a la existencia de tales proposiciones indeterminadas. No obstante, creo que puede aceptarse el realismo sin comprometerse con que todas las proposiciones deben tener un valor de verdad determinado. Si uno considera el caso de la descripci&#x00F3;n de la realidad, resulta cada vez m&#x00E1;s claro que ni siquiera en el plano de la descripci&#x00F3;n fundamental de la realidad vamos a encontrar satisfacci&#x00F3;n para esa aspiraci&#x00F3;n racionalista. En esas teor&#x00ED;as encontramos conceptos como el de campo, o espectro, o is&#x00F3;topo, que implican continuidad y cambio din&#x00E1;mico, por no hablar de la indeterminaci&#x00F3;n de Heisenberg. En otros niveles de explicaci&#x00F3;n ese mismo car&#x00E1;cter continuo y din&#x00E1;mico de la realidad se acepta sin problema, a pesar de las dificultades que eso puede generar a la hora de describirla. Y ya ha quedado suficientemente claro el fen&#x00F3;meno de la tipicidad y borrosidad con respecto a nuestros conceptos de sentido com&#x00FA;n. </p>
		
		<p>Mi sugerencia es que esa misma comprensi&#x00F3;n realista de nuestras pr&#x00E1;cticas en el discurso moral es igualmente posible, a pesar de que ocasionalmente nos encontremos con indeterminaciones, y con dilemas morales. El realismo est&#x00E1; comprometido solamente con que la verdad de nuestras proposiciones morales no depende de nuestras propias decisiones, preferencias, actitudes, o pr&#x00E1;cticas, sino que depende de una realidad independiente (Dummett, <xref ref-type="bibr" rid="CIT04">1982</xref>)<xref ref-type="fn" rid="NOTE04">4</xref>. El realismo hace justicia al modo en que utilizamos el lenguaje normativo (con pretensi&#x00F3;n de verdad, de correcci&#x00F3;n, de justificaci&#x00F3;n), y, adem&#x00E1;s, en la versi&#x00F3;n defendida aqu&#x00ED;, es compatible con la indeterminaci&#x00F3;n sem&#x00E1;ntica en casos borrosos. Adem&#x00E1;s, permite explicar la existencia de desacuerdos y de dilemas &#x00E9;ticos, frente a quienes sostienen que constituyen la mejor prueba a favor del antirealismo. El realismo moral tambi&#x00E9;n nos lleva a tratar de mejorar nuestro conocimiento de la realidad, por su relevancia moral, sin tener que suponer que tal realidad est&#x00E9; perfectamente determinada. Lo cual hace recomendables los criterios de prudencia en los casos borrosos.</p>
					 
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     <title>NOTES</title>
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      <fn id="NOTE01"><label>1</label><p>Por supuesto, no solo la Bio&#x00E9;tica, sino tambi&#x00E9;n otras disciplinas normativas como el derecho. Cf. Endicott (<xref ref-type="bibr" rid="CIT05">2007</xref>).</p></fn>
      
	  <fn id="NOTE02"><label>2</label><p>En Fausto-Sterling (<xref ref-type="bibr" rid="CIT08">2000</xref>) se recoge la nueva nomenclatura propuesta por la North American Task Force on Intersexuality, constituida por un grupo de pediatras, que de hecho, establecen fronteras distintas. Se distingue entre intersexuales tipo 1 (por influencias virilizantes), tipo 2 (por interrupci&#x00F3;n del proceso de virilizaci&#x00F3;n) y tipo 3 (por alteraciones del desarrollo de las g&#x00F3;nadas). De nuevo, es una subclasificaci&#x00F3;n de segundo orden, que presupone el car&#x00E1;cter b&#x00E1;sico de la dicotom&#x00ED;a masculino-femenino, y susceptible a nuevos casos l&#x00ED;mite. Adem&#x00E1;s, el principio taxon&#x00F3;mico es extra&#x00F1;o en biolog&#x00ED;a (las taxonom&#x00ED;as son etiol&#x00F3;gicas o estructurales, no por el tipo de desarrollo).</p></fn>
	  
	        <fn id="NOTE03"><label>3</label><p>Frente al fen&#x00F3;meno de la vaguedad e indeterminaci&#x00F3;n sem&#x00E1;ntica se plantean diversas alternativas en l&#x00F3;gica filos&#x00F3;fica y filosof&#x00ED;a del lenguaje: atribuirla a nuestra limitaci&#x00F3;n epist&#x00E9;mica (Sorensen, <xref ref-type="bibr" rid="CIT21">1988</xref>), a la inadecuaci&#x00F3;n ontol&#x00F3;gica de nuestros conceptos de sentido com&#x00FA;n (Heller, <xref ref-type="bibr" rid="CIT14">1991</xref>), o a su insuficiente precisi&#x00F3;n, para que lo se propone hacer preciso el &#x00E1;mbito de la indeterminaci&#x00F3;n: es la estrategia supervaluacionista de, por ejemplo, Fine (<xref ref-type="bibr" rid="CIT09">1975</xref>); para una cr&#x00ED;tica de la viabilidad de esta estrategia, vd. Fodor y Lepore (<xref ref-type="bibr" rid="CIT10">1996</xref>). En cualquier caso, todos estos planteamientos suelen compartir el supuesto de que la propia realidad tiene que ser determinada, de que los casos l&#x00ED;mite y la indeterminaci&#x00F3;n sem&#x00E1;ntica son inaceptables en principio. Como si la vaguedad fuera semejante a la ambigüedad: si de la existencia de predicados ambiguos no inferimos la existencia de objetos ambiguos, de la existencia de predicados vagos no deber&#x00ED;amos inferir la existencia de objetos vagos (es el argumento cl&#x00E1;sico de Rusell, <xref ref-type="bibr" rid="CIT18">1923</xref>; vd. tambi&#x00E9;n Evans, <xref ref-type="bibr" rid="CIT06">1975</xref>). El &#x00FA;nico enfoque que parte de reconocer la posible borrosidad de las propiedades es el de la “l&#x00F3;gica fuzzy” o borrosa (Zadeh, <xref ref-type="bibr" rid="CIT24">1982</xref>), aunque lo hace al precio de reinterpretar la indeterminaci&#x00F3;n sem&#x00E1;ntica en t&#x00E9;rminos de probabilidades, con lo que se confunde indeterminaci&#x00F3;n con incertidumbre. Una estrategia en esta l&#x00ED;nea, aunque influida por la l&#x00F3;gica paraconsistente, es la que sigue Aus&#x00ED;n (<xref ref-type="bibr" rid="CIT02">2006</xref>).</p></fn>
      
	  <fn id="NOTE04"><label>4</label><p>Obviamente, la realidad moral es una realidad vinculada a la experiencia humana, y nuestro conocimiento de ella est&#x00E1; &#x00ED;ntimamente ligado a nuestros conceptos morales, a nuestra autocomprensi&#x00F3;n como agentes morales. Pero eso no impide que podamos estar equivocados o cometer errores morales, lo cual es dif&#x00ED;cil de explicar desde un planteamiento antirealista.</p></fn>
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