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			<journal-id journal-id-type="publisher-id">ARBOR</journal-id>
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				<journal-title>ARBOR Ciencia, Pensamiento y Cultura</journal-title>
				<abbrev-journal-title>ARBOR</abbrev-journal-title>
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			<issn pub-type="epub">0210-1963</issn>
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				<publisher-name>Consejo Superior de Investigaciones Cient&#x00ED;ficas</publisher-name>
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			 <article-id pub-id-type="publisher-id">arbor.2013.762n4005</article-id>
			 <article-id pub-id-type="doi">10.3989/arbor.2013.762n4005</article-id>
			 
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				<subject>BIO&#x00C9;TICA Y FRONTERAS DE LA VIDA. I. DESDE LA TEOR&#x00CD;A / BIOETHICS AND BIOLOGIC BOUNDARIES. I. FROM THEORY</subject>
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			  <article-title>Variaciones biopol&#x00ED;ticas sobre naturaleza y vida</article-title>
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		<trans-title>Biopolitical accounts of nature and life</trans-title>
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		<alt-title alt-title-type="running-head">Variaciones biopol&#x00ED;ticas</alt-title>
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				 <surname>Espinosa Rubio</surname>
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			  <aff id="U1">Universidad de Salamanca</aff>
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		<pub-date pub-type="collection">
		<year>2013</year>
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		<volume>189</volume>
		<issue>762</issue>
		
		<elocation-id content-type="doi">10.3989/arbor.2013.762n4005</elocation-id>

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		  	<date date-type="received">
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				<year>2012</year>
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			<date date-type="accepted">
				<day>06</day>
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		<copyright-statement>&#x00A9; 2013 CSIC</copyright-statement>
		<copyright-year>2013</copyright-year>
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		<license-p>Este es un art&#x00ED;culo de acceso abierto distribuido bajo los t&#x00E9;rminos de la licencia Creative Commons Attribution-Non Commercial (by-nc) Spain 3.0.</license-p>
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		<abstract xml:lang="es">
		<title>RESUMEN</title>
		<p>Necesitamos nuevas narraciones para entender un poco m&#x00E1;s nuestro ca&#x00F3;tico y muy complejo mundo. En este caso es &#x00FA;til recordar algunos modelos hist&#x00F3;ricos de las relaciones generales entre naturaleza y vida, que est&#x00E1;n en la base de la biopol&#x00ED;tica: a) el tradicional, basado en la ley natural y en los valores de la vida; b) el t&#x00E9;cnico, basado en la voluntad de poder y en los valores de la libertad; c) el alternativo, basado en la cooperaci&#x00F3;n ecol&#x00F3;gica entre todos los seres vivos y en ambas clases de valores. Para sobrevivir en esta crisis de civilizaci&#x00F3;n hace falta mucho coraje y solidaridad frente a la indiferencia que mata.</p>
		</abstract>
		<trans-abstract xml:lang="en">
		<title>ABSTRACT</title>
		<p>We need new narratives to understand our chaotic and highly complex world a little better. In this case it is useful to remember some historical models of the general relations between nature and life, that underlie biopolitics: a) the traditional one, based on the natural law and life values; b) the technical one, based on the will of power and the values of liberty; c) the alternative one, based on the ecological cooperation between all living beings and both kinds of values. To survive in this crisis of civilisation, a lot of courage and solidarity is needed to confront the indifference that kills.</p>
		</trans-abstract>
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			<title>PALABRAS CLAVE</title>
			<kwd>Biopol&#x00ED;tica</kwd>
			<kwd>Naturaleza</kwd>
			<kwd>Vida</kwd>
			<kwd>Autonom&#x00ED;a</kwd>
			<kwd>Solidaridad</kwd>
		</kwd-group>
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			<title>KEYWORDS</title>
			<kwd>Biopolitics</kwd>
			<kwd>Nature</kwd>
			<kwd>Life</kwd>
			<kwd>Autonomy</kwd>
			<kwd>Solidarity</kwd>
		</kwd-group>
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		<sec id="S0">
		<title></title>
		<p><italic>“Librar del miedo al ser humano es mucho m&#x00E1;s importante que proporcionarle armas o proveerle de medicamentos. El poder y la salud est&#x00E1;n en quien no siente miedo”</italic></p>
		<p>(Jünger, <xref ref-type="bibr" rid="CIT18">1988</xref>, 67)</p>
		</sec>
		
		<sec id="S1">
		<title>1. PROP&#x00D3;SITO Y CONTEXTO </title>
		
		<p>Vivir en una &#x00E9;poca de extraordinaria complejidad como la actual a menudo implica confusi&#x00F3;n, ya que no es f&#x00E1;cil elaborar una explicaci&#x00F3;n de conjunto que articule tantas relaciones y dimensiones como ser&#x00ED;a necesario. Sin embargo, es imprescindible vincular las diferentes lecturas del presente para entender mejor y actuar en consecuencia, pues tan perjudicial resulta el viejo <italic>metarrelato</italic> totalizador como el hoy omnipresente <italic>fragmento </italic>a la hora de lograrlo. Michael Ignatieff se&#x00F1;ala que hay dos grandes narraciones actuales, la <italic>globalizaci&#x00F3;n</italic> por un lado y la impresi&#x00F3;n de <italic>caos</italic> generalizado por otro, entendidos como fen&#x00F3;menos coherentes y contradictorios a la par, pero tambi&#x00E9;n gen&#x00E9;ricos e insuficientes. De ah&#x00ED; que sea preciso construir nuevos esquemas de comprensi&#x00F3;n, entre otras cosas para evitar la sensaci&#x00F3;n de desbordamiento y la tendencia creciente a la “repugnancia moral” ante un mundo que parece enloquecido e ingobernable, dado que “el asco es un pobre sustituto del pensamiento” y que lo urgente es proporcionar “la base racional del compromiso &#x00E9;tico” universalista a largo plazo, mediante la inteligencia de lo que sucede (Ignatieff, <xref ref-type="bibr" rid="CIT16">2002</xref>, 40 y 137 s.)<xref ref-type="fn" rid="NOTE01">1</xref>. Es obligado, pues, abordar el actual torbellino econ&#x00F3;mico, ecol&#x00F3;gico, geopol&#x00ED;tico, socio-cultural, biotecnol&#x00F3;gico, etc., desde m&#x00FA;ltiples perspectivas y recordar al menos algunas genealog&#x00ED;as para mitigar la p&#x00E9;rdida de referencias. En nuestro caso, ello supone aportar al pensamiento sobre las nuevas <italic>fronteras</italic> ontol&#x00F3;gicas y legales en los seres vivos el estudio de los nexos entre las nociones de naturaleza y vida, bajo los diferentes aspectos del poder y el deber, con la intenci&#x00F3;n de contribuir a generar <italic>sentido </italic>en una &#x00E9;poca de oscuridad. </p>
		
		<p>La cosmovisi&#x00F3;n de fondo troquela aspectos varios de la existencia, como es bien sabido desde los presocr&#x00E1;ticos, y en ese cruce de planos se dan cita intuiciones espirituales, intereses pragm&#x00E1;ticos y proyectos sociales de todo tipo que conviene examinar. Por otra parte, el tema debe insertarse m&#x00E1;s que nunca en una suerte de <italic>vida global</italic>, dada la integraci&#x00F3;n superlativa de &#x00E1;mbitos (ecol&#x00F3;gicos, t&#x00E9;cnicos y simb&#x00F3;licos) a escala planetaria que es propia del presente, lo que sin duda reclama una bio&#x00E9;tica y una biopol&#x00ED;tica de gran alcance (Espinosa, <xref ref-type="bibr" rid="CIT06">2007a</xref>). A su vez, este complejo multidimensional conlleva una ampliaci&#x00F3;n de los campos de an&#x00E1;lisis: por ejemplo, a prop&#x00F3;sito de las conexiones de naturaleza y poder es adecuado tratar la gran revoluci&#x00F3;n en marcha de las biotecnolog&#x00ED;as, pero tambi&#x00E9;n las circunstancias pol&#x00ED;tico-econ&#x00F3;micas de pa&#x00ED;ses no occidentales, en especial cuestiones tales como la soberan&#x00ED;a alimentaria, la contaminaci&#x00F3;n, los problemas asociados a los “agrocombustibles”, la gesti&#x00F3;n pac&#x00ED;fica de la grave escasez de agua o la “biopirater&#x00ED;a” (es decir, el robo institucionalizado mediante “biopatentes” industriales), etc., pues en estos asuntos se ejerce un dominio creciente -directo e indirecto- sobre la vida que no desmerece de otros considerados can&#x00F3;nicos.  </p>
		
		<p>Aqu&#x00ED; no cabe ocuparse de todo ello, pero s&#x00ED; es posible delinear cierto tronco hist&#x00F3;rico e ideol&#x00F3;gico com&#x00FA;n, a trav&#x00E9;s del contraste de tres modelos heur&#x00ED;sticos que no son puros ni se suceden linealmente en el tiempo, sino que se mezclan y coexisten en grados diversos, lo que incluye el antagonismo y la complementariedad. A la hora de dar cuenta de las intrincadas relaciones entre lo llamado natural y lo cultural en torno a la vida, es &#x00FA;til seguir un hilo conductor: el paso progresivo desde la creencia en un gran <italic>designio</italic> inherente a la naturaleza (patente en los ciclos y/o fines cosmol&#x00F3;gicos, en la pertenencia de los seres a ciertos tipos invariables, la existencia de una moral y derecho naturales…) hacia un enfoque m&#x00E1;s constructivista y de dise&#x00F1;o t&#x00E9;cnico, tanto en relaci&#x00F3;n a lo humano como al medio ambiente. De hecho, algunos hablan ya del <italic>antropoceno</italic> para nombrar nada menos que una nueva era planetaria, supuestamente capaz de subsumir -por medios biotecnol&#x00F3;gicos- la vieja oposici&#x00F3;n de naturaleza y cultura en un proyecto unitario de renovado e imprevisible poder genes&#x00ED;aco. </p>
		
		<p>Pues bien, a modo de esquema gu&#x00ED;a cabe mencionar un modelo <italic>tradicional</italic> (de corte religioso), otro<italic> tecnol&#x00F3;gico</italic> (secularizado y hoy dominante) y un tercero <italic>alternativo </italic>(apenas asentado), centrados respectivamente en la primac&#x00ED;a de lo dado, de lo construido y de lo integrador. En forma paralela y correlativa, hay que referirse entonces a un cosmos cuasi sagrado del que se depende y en el que se conf&#x00ED;a en clave metaf&#x00ED;sica (con la consiguiente heteronom&#x00ED;a pr&#x00E1;ctica); a un mundo recreado por el artificio y sometido a imperativos humanos, desde cierta independencia al menos parcial (en un marco de autonom&#x00ED;a); y a una patria planetaria a la que todos los seres pertenecen, concebida desde la auto-hetero-determinaci&#x00F3;n ecosist&#x00E9;mica (ll&#x00E1;mese internom&#x00ED;a pr&#x00E1;ctica). Cosmos, mundo y planeta son t&#x00E9;rminos —usados sucesivamente— que ya denotan un tr&#x00E1;nsito evidente en el discurso. Sobre este trasfondo emergen las distintas concepciones de la vida humana, a menudo h&#x00ED;bridas, pero tensadas alrededor de la perenne pugna entre libertad y necesidad, o, en su vertiente menos abstracta, emancipaci&#x00F3;n y dominio. Es oportuno recordar, pues, algunos elementos b&#x00E1;sicos de las relaciones entre naturaleza, vida y poder, as&#x00ED; como de los desplazamientos en el tiempo de sus respectivos l&#x00ED;mites y puntos de encuentro. Pero siempre desde el presupuesto b&#x00E1;sico de que todo ello es creaci&#x00F3;n humana seg&#x00FA;n la uni&#x00F3;n &#x00ED;ntima entre ser e interpretaci&#x00F3;n que Castoriadis ha llamado la “instituci&#x00F3;n imaginaria de la sociedad”: es el ejercicio permanente de la elecci&#x00F3;n y del juicio a lo largo de la historia el que define el “mundo real” a trav&#x00E9;s del “magma de las significaciones” (Castoriadis, <xref ref-type="bibr" rid="CIT03">1998</xref>, 115 s., 181 s., 187)<xref ref-type="fn" rid="NOTE02">2</xref>. El caso es que para afrontar las grandes perplejidades y peligros del presente necesitamos nuevos significados y es obvio que no hay red de seguridad ni garant&#x00ED;as de soluci&#x00F3;n, por lo que conviene la humildad responsable del que asume la incertidumbre y la soledad metaf&#x00ED;sica. Lo que sigue es un peque&#x00F1;o equipaje conceptual de cara a esa urgente reflexi&#x00F3;n. </p>
		</sec>
		
		<sec id="S2">
		<title>2. EL MODELO TRADICIONAL </title>
		
		<p>Con evidente esp&#x00ED;ritu de s&#x00ED;ntesis, puede hablarse de una <italic>posici&#x00F3;n</italic> (mayoritaria en la historia del pensamiento) o conjunto de presupuestos fundamentales desde los que se parte: la naturaleza es entendida como fuente ontol&#x00F3;gica de verdad, valores y normas, en la medida en que obedece a un dise&#x00F1;o providente, es decir, a una perfecci&#x00F3;n <italic>superior </italic>de la que deriva todo sentido y legitimaci&#x00F3;n &#x00E9;tico-pol&#x00ED;tica. Hay en ello prop&#x00F3;sito, inteligencia y cuidado —no importa ahora si el modelo es trascendente o inmanente— que lo diferencia tanto del caos azaroso como del falible artificio humano, de manera que semejante plan intr&#x00ED;nseco queda reflejado en la unidad y armon&#x00ED;a del conjunto natural, y se enuncia en la met&#x00E1;fora del artesano que la habr&#x00ED;a modelado con sabidur&#x00ED;a (Glacken, <xref ref-type="bibr" rid="CIT12">1996</xref>, 49 y 648). Se trata de la disposici&#x00F3;n coherente y eficaz de las partes, de la regularidad de sus ciclos, de su belleza e idoneidad para la vida y, en fin, de todo cuanto asegura que las cosas son como deben ser. Al margen de las discrepancias sobre si esa impronta proviene o no de un creador personal, o sobre si prima la causalidad eficiente o la final, muy pocos han discutido la existencia de un orden totalizador y estable. El axioma de fondo que sustenta la cosmovisi&#x00F3;n es el isomorfismo entre <italic>physis-nomos-logos</italic>, o, si se prefiere en otro plano, la correspondencia y reciprocidad entre ser, pensar y decir, de la que derivan las construcciones culturales particulares. A partir de ah&#x00ED;, el mundo natural resulta inteligible, lo que proporciona seguridad y confianza, adem&#x00E1;s de considerarse bueno y digno de imitaci&#x00F3;n e incluso de obediencia. Esa especie de legalidad de vasto alcance cosmol&#x00F3;gico, epist&#x00E9;mico, moral y jur&#x00ED;dico queda bien resumida en los adagios cl&#x00E1;sicos que rezan “Natura agit rationaliter”, “Natura semper est recta” o “Suprema decreta Dei, Natura”, cuya contundencia habla por s&#x00ED; sola. </p>
		
		<p>En segundo lugar, no puede extra&#x00F1;ar que la <italic>concepci&#x00F3;n</italic> o imagen efectiva de lo real responda a motivaciones f&#x00ED;sico-teol&#x00F3;gicas (en la naturaleza hay pruebas de lo divino), por un lado, y a exigencias propias de una teolog&#x00ED;a pol&#x00ED;tica que funda la organizaci&#x00F3;n social y el comportamiento (p&#x00FA;blico y privado), por otro. Sea en el marco del holismo organicista y c&#x00ED;clico de la antigüedad o de la historia lineal y escatol&#x00F3;gica del cristianismo, lo que importa es atenerse a la Justicia c&#x00F3;smica que debe impregnar la vida humana en todas sus manifestaciones, cual v&#x00ED;nculo entre lo macro y lo microsc&#x00F3;pico: por ejemplo, la “ley com&#x00FA;n” que menciona Her&#x00E1;clito ata&#x00F1;e tanto al empe&#x00F1;o intelectual como al plano pol&#x00ED;tico, pues ambos deben remitirse a lo divino que los origina (cf. frag. 114<xref ref-type="fn" rid="NOTE03">3</xref>), de modo que ese <italic>ajustamiento</italic> expresado a trav&#x00E9;s de la proporci&#x00F3;n y la medida ser&#x00E1; el cimiento ontol&#x00F3;gico de los iusnaturalismos ulteriores. Es cierto que habr&#x00E1; en estos una clara evoluci&#x00F3;n desde la idea de ley encarnada formal y materialmente en la naturaleza hacia la abstracci&#x00F3;n intelectual que solo aprecia una ley racional no emp&#x00ED;rica, pero permanece siempre un imperativo universalizador. Valga ahora una de las formulaciones sincr&#x00E9;ticas<italic> </italic>de esta matriz: “La verdadera ley es la recta raz&#x00F3;n, conforme a la naturaleza universal, constante y eterna (…) una sola ley eterna e inmutable que gobernar&#x00E1; a todos los pueblos en todos los tiempos, y un solo Dios ser&#x00E1; el gu&#x00ED;a y se&#x00F1;or de todos: &#x00E9;l, precisamente, que ha concebido, redactado y promulgado esta ley” (Cicer&#x00F3;n, <italic>De rep. </italic>III, 22, 33). Late por debajo una intenci&#x00F3;n emancipadora en virtud de la igualdad atribuida a todos los hombres, pero tambi&#x00E9;n un papel legitimador de lo dado mediante la sanci&#x00F3;n expresa de las instituciones y c&#x00F3;digos romanos que sirven de modelo dominante. Ambas cosas muestran el tr&#x00E1;nsito desde la mera visi&#x00F3;n metaf&#x00ED;sica hacia el control positivo de la vida, a trav&#x00E9;s de la legislaci&#x00F3;n correspondiente sobre contratos, relaciones de parentesco, propiedades, obligaciones de toda &#x00ED;ndole, gobierno de los placeres, etc. El resultado es que lo socialmente convenido se hace pasar por natural y lo adquirido por innato, toda vez que naturaleza, raz&#x00F3;n y ley parecen tener una misma ra&#x00ED;z y van de la mano sin cuestionarse su origen ideol&#x00F3;gico. Con el a&#x00F1;adido no menor de que lo habitual es poner todo ello al servicio del orden establecido, como bien ejemplifica el propio caso del estoicismo, donde prima la aceptaci&#x00F3;n resignada y/o la huida desde los irreductibles antagonismos y conflictos mundanos hacia la armon&#x00ED;a superior (Puente Ojea, <xref ref-type="bibr" rid="CIT26">1979</xref>, 30-35, 110, 115, 233).  </p>
		
		<p>El cristianismo suscribe lo esencial de esta cosmovisi&#x00F3;n, aunque a&#x00F1;ade al Creador como v&#x00E9;rtice decisivo, claro est&#x00E1;. Baste recordar que Tom&#x00E1;s de Aquino solo entiende el mundo desde “la unidad de orden” (S. Th., I, 47, 3), con una estructura y jerarqu&#x00ED;a definidas en funci&#x00F3;n del finalismo dictado por la providencia (S. Th. I, 22, 1), que no es otro que la orientaci&#x00F3;n hacia el bien (S. Th., I, 93, 6). Luego la f&#x00ED;sica vuelve a desembocar en la moral, una vez que en la naturaleza ya est&#x00E1;n unidas por medio de la <italic>ley natural</italic> que todo lo gobierna y a todos concierne. El hombre est&#x00E1; llamado a captarla con su propia raz&#x00F3;n, justamente porque participa de ella (S. Th., I-II, 90, 4 y 91, 1 s.), de manera que la conexi&#x00F3;n entre lo universal y lo particular est&#x00E1; ya impresa y asegurada en &#x00E9;l. Lo interesante aqu&#x00ED; es el papel que se reserva al <italic>apetito </italic>para dar el paso efectivo entre instancias, entendido como el resorte org&#x00E1;nico que moviliza a la raz&#x00F3;n a&#x00FA;n antes que a la voluntad, y parece ser la infraestructura de ambas: es el apetito dirigido gen&#x00E9;ricamente al bien (S. Th. I, 6, 1 y <italic>De malo, </italic>8, 2), que despu&#x00E9;s se desarrolla en diferentes planos y actividades, con lo que abre el campo de las tendencias, propensiones y deseos primordiales, de obvia importancia para definir la vida humana. En definitiva, la naturaleza (en conjunto y en cada individuo) es la plataforma b&#x00E1;sica desde la que se programan los derechos y los deberes, y por extensi&#x00F3;n las instituciones de toda &#x00ED;ndole, lo que desemboca en una suerte de recurrente <italic>control remoto</italic> sobre la historia, en cuanto que esta tiene por misi&#x00F3;n dar cumplimiento a los planes &#x00ED;nsitos en aqu&#x00E9;lla<xref ref-type="fn" rid="NOTE04">4</xref>. </p>
		
		<p>De ah&#x00ED; que, en tercer lugar, sea obligado referirse a la <italic>intenci&#x00F3;n</italic> pr&#x00E1;ctica subyacente en todo lo anterior, donde el ser se desenvuelve como un querer y un deber que gira en torno a valores. El <italic>locus</italic> cl&#x00E1;sico de “vivir conforme a la naturaleza” lo resume bien, aunque a menudo quede la impresi&#x00F3;n de circularidad o de que no resulta explicado por completo en qu&#x00E9; consiste. Dice S&#x00E9;neca, por ejemplo, que la naturaleza es gu&#x00ED;a y que la raz&#x00F3;n la “observa y consulta”, lo cual conduce a la felicidad siempre que los sentidos sean mero lugar de paso y no haya servidumbre respecto a las cosas externas; esto es, desde otro registro, que solo hay virtud mediante la autarqu&#x00ED;a, incompatible con las zozobras de todo signo (S&#x00E9;neca, <italic>De vita beata, </italic>par. 8 y 15). Y es que se supone que la raz&#x00F3;n es nuestra genuina naturaleza, una vez desplegada la disposici&#x00F3;n que nos es propia (<italic>oikeiosis</italic>), pero c&#x00F3;mo dar cauce adecuado a esta (lo previo) sin la racionalidad misma que nace de ella (lo derivado)… Adem&#x00E1;s, hay otras paradojas, pues solo el esfuerzo y la constancia traen el &#x00E9;xito, pero igualmente hay que aceptar de buen grado lo que el destino depare. Por otro lado, es virtuoso quien act&#x00FA;a como conviene a cada caso —incluido en ello el importante cariz est&#x00E9;tico de la conducta—, pero justamente lo dif&#x00ED;cil es precisar la relaci&#x00F3;n concreta entre naturaleza eterna, raz&#x00F3;n y variable circunstancia. Habr&#x00E1; que aceptar entonces que en eso estriba el arte (moral) de vivir... Algo que el sujeto precristiano —a pesar de sus temores y llamadas crecientes a la austeridad— puede realizar como <italic>cuidado de s&#x00ED;,</italic> no aplastado todav&#x00ED;a por la omnipresente voluntad divina, la “ca&#x00ED;da” universal y la necesidad de purificaci&#x00F3;n asc&#x00E9;tica (Foucault. 1979 s, vol. 2, 228 s.; vol. 3, 198, 218 s.). En cualquier caso, la naturaleza conserva en el paganismo mayor peso y concede mayor autonom&#x00ED;a a la hora de construir la subjetividad. </p><p>La situaci&#x00F3;n posterior viene definida por el hecho de que el cristianismo inicial convierte a su Dios en un soberano absoluto (<italic>Pantokratorik&#x00F3;s</italic>), quien decide el destino del mundo en el contexto de la lucha apocal&#x00ED;ptica del bien y del mal, estando este por vez primera interiorizado en los individuos en forma de pecado y rebeli&#x00F3;n (Meeks <xref ref-type="bibr" rid="CIT22">1994</xref>, 160 y 124, 129). La consecuencia inmediata es que lo natural, tanto en el plano c&#x00F3;smico como humano, queda postergado cuando no denigrado por corruptible, y que el antiguo ideal de convertirse en un <italic>hombre nuevo</italic> ahora solo es posible por la gracia divina. Sin embargo, junto a la sobrenaturaleza, ya consta que el tomismo rehabilitar&#x00E1; los impulsos naturales porque afirma que los preceptos de la ley natural concuerdan con “el orden de las inclinaciones”, lo que se expresa en los conocidos apetitos de conservaci&#x00F3;n, procreaci&#x00F3;n, conocimiento y vida en sociedad (S. Th. I-II, 94, 2). Estas variantes de la <italic>libido</italic> parecen limitar as&#x00ED; tanto el voluntarismo como el intelectualismo moral, en tanto que act&#x00FA;an como condici&#x00F3;n de posibilidad del resto de facultades. Por otra parte, el v&#x00ED;nculo entre cosmolog&#x00ED;a y esta suerte de antropolog&#x00ED;a traspasa la moral y llega al derecho y a la pol&#x00ED;tica, pues todas las leyes positivas derivan de la ley natural (S. Th. I-II, 95, 2), con lo que ese supuesto ti&#x00F1;e los asuntos pragm&#x00E1;ticos m&#x00E1;s variados de la existencia. Una vez m&#x00E1;s, lo descriptivo deriva sin soluci&#x00F3;n de continuidad en lo prescriptivo (expresi&#x00F3;n de la <italic>falacia naturalista</italic> y l&#x00ED;mite obvio a la libertad), dentro de un marco perfectamente clasificado y siempre opuesto a lo considerado antinatural, tanto en sentido ontol&#x00F3;gico como pr&#x00E1;ctico. </p>
		
		<p>La naturaleza, seg&#x00FA;n el modelo tradicional, es vista como algo bien compartimentado y jerarquizado, donde cada individuo ocupa su lugar y cumple su funci&#x00F3;n, ya se trate de la teor&#x00ED;a del “lugar natural” de los cuerpos en Arist&#x00F3;teles (F&#x00ED;s. II, 199 b; III, 205 a) o de las tres clases de alma en Plat&#x00F3;n, con los rangos y deberes sociales correspondientes (Rep. 441 e- 442 a), por poner dos ejemplos c&#x00E9;lebres de transposici&#x00F3;n de lo cosmol&#x00F3;gico a lo f&#x00ED;sico y a lo social. La vida humana es definida entonces por n&#x00ED;tidas fronteras <italic>ad intra</italic> y <italic>ad extra</italic>, lo que se traduce tambi&#x00E9;n en una diferencia de tipos naturales y en una noci&#x00F3;n del poder como <italic>dar de s&#x00ED;</italic> lo que uno es, a su vez desde el axioma de que lo inferior se subordina a lo superior en todos los &#x00E1;mbitos. De ah&#x00ED; la unidad de la legitimaci&#x00F3;n cosmo-onto-l&#x00F3;gica y la simb&#x00F3;lico-pol&#x00ED;tica de la autoridad, as&#x00ED; como de las desigualdades de cualquier clase y de la dominaci&#x00F3;n sobre la vida y la muerte de los sometidos, lo fueran por convicci&#x00F3;n o por fuerza. El ejemplo m&#x00E1;s claro del tamiz religioso que impregna la tradici&#x00F3;n occidental es la atribuci&#x00F3;n de poder a la Iglesia cat&#x00F3;lica como int&#x00E9;rprete exclusiva de tales designios, algo que ella ha sabido ejercer de forma tan refinada como implacable en m&#x00FA;ltiples registros (Puente Ojea <xref ref-type="bibr" rid="CIT25">1992</xref>, 3 s., 154 ss., 177 ss., 204). Lo que no solo es una vigorosa ilustraci&#x00F3;n hist&#x00F3;rica de nuestro tema, sino un trasfondo vigente en las discusiones bio-&#x00E9;tico-pol&#x00ED;ticas actuales. Y es que el llamado <italic>orden natural de las cosas</italic> nunca ha desaparecido de la palestra como gran recurso, y resulta especialmente socorrido en &#x00E9;pocas de cambio e incertidumbre como esta. </p>
		</sec>
		
		
		<sec id="S3">
		<title>3. EL MODELO TECNOL&#x00D3;GICO </title>
		
		<p>3.1. Es conveniente empezar con algunos datos hist&#x00F3;ricos y culturales que permitan bosquejar los elementos de continuidad, a la vez que de transici&#x00F3;n, entre los paradigmas. As&#x00ED;, la visi&#x00F3;n de un mundo est&#x00E1;tico perdura con el nacimiento de la ciencia moderna, cuyo mecanicismo cin&#x00E9;tico adolece de la misma visi&#x00F3;n atemporal y a veces de una peculiar referencia a la religi&#x00F3;n. Baste recordar la f&#x00ED;sica del gran Newton, cuya teor&#x00ED;a unificadora del cosmos parece compatible con la menci&#x00F3;n directa del “Se&#x00F1;or del universo” y su voluntad soberana, siendo esta la &#x00FA;nica capaz de introducir variaci&#x00F3;n en la ciega necesidad de la materia y bajo cuyo estricto dominio est&#x00E1;n todos los seres (<italic>Principia</italic>, Escolio general). Luego las leyes f&#x00ED;sicas son trasunto todav&#x00ED;a —aunque formuladas bajo otros par&#x00E1;metros epist&#x00E9;micos— de las leyes divinas, y ambos tipos constituyen el patr&#x00F3;n universal e inflexible del gobierno pol&#x00ED;tico de los individuos, los cuales est&#x00E1;n siempre sometidos a un orden superior y ajeno a ellos, lo que los impide toda iniciativa y vida espont&#x00E1;nea: tal parece la correlaci&#x00F3;n profunda entre lo f&#x00ED;sico, lo teol&#x00F3;gico y lo pol&#x00ED;tico, tanto en el plano de las fuerzas como en el de las leyes, es decir, en el paso solapado de la <italic>vis</italic> al <italic>imperium</italic> (Escohotado, <xref ref-type="bibr" rid="CIT05">1999</xref>, 30, 116 s.). El modelo cosmol&#x00F3;gico se proyecta de nuevo —directa o indirectamente— en la vida humana, como cumplimiento de la voluntad divina que ha establecido una mec&#x00E1;nica ordinaria del universo para todos los niveles y aspectos.  </p>
		
		<p>Aunque el creador se reserva la capacidad de intervenir y modificar en algo el orden necesario, bien para programar la materia o para salvaguardar la moralidad, lo que se impone poco a poco, sin embargo, es una suerte de automatismo de la naturaleza, m&#x00E1;s propio del de&#x00ED;smo secularizador que del te&#x00ED;smo. Por otro lado, esta rigidez de lo que se considera un orden lineal asoma igualmente en la biolog&#x00ED;a, como atestigua el ejemplo notable de Linneo: su doctrina del <italic>fijismo</italic> supone afirmar una taxonom&#x00ED;a intemporal, dado que la causa divina es inmutable y solo puede crear reinos y especies definitivos, sin cabida para las funciones o rasgos novedosos y mucho menos para los cambios sustanciales (<italic>Sist. de la Nat</italic>., Observaciones sobre los tres reinos de la naturaleza; <italic>Fundamenta botanica</italic>, V, afor.132). Visto en conjunto, el armaz&#x00F3;n de lo real permanece, de manera que el orden natural, el del conocimiento y el de la acci&#x00F3;n son correlativos en un mundo que se entiende dado de una vez para siempre, con su aparente salvaguarda de la inteligibilidad y de las instituciones de toda &#x00ED;ndole. </p>
		
		<p>Como es sabido, las revoluciones pol&#x00ED;ticas del XVIII–XIX, por un lado, y el evolucionismo darwiniano, por otro, alteran dr&#x00E1;sticamente ese cuadro inm&#x00F3;vil de la vida social y biol&#x00F3;gica, pero no debe olvidarse la previa labor de zapa de esc&#x00E9;pticos e ilustrados. El caso de Hume es muy revelador en t&#x00E9;rminos filos&#x00F3;ficos porque cuestiona de ra&#x00ED;z el paralelismo entre el ordenamiento f&#x00ED;sico y moral del mundo, y vale la pena recordarlo: de entrada sostiene que desconocemos “la econom&#x00ED;a del universo” como un todo, y que esta bien puede provenir de la autoorganizaci&#x00F3;n de la materia, sin recurrir a planes externos a ella; y a&#x00F1;ade que deber&#x00ED;an considerarse sin disimulos las muchas imperfecciones de lo real, especialmente la existencia del mal y de la infelicidad generalizada. En consecuencia, hay argumentos para pensar que la naturaleza es ciega e indiferente al bien y al mal, ante lo que solo cabe esforzarse con la industriosidad humana para paliar el dolor y satisfacer las necesidades de la mejor manera posible (<italic>Di&#x00E1;logos sobre religi&#x00F3;n natural</italic>, X y XI). Se abre as&#x00ED; paso el esp&#x00ED;ritu ilustrado que proclama la autonom&#x00ED;a humana y la transformaci&#x00F3;n de lo dado sin cortapisas religiosas, lo que a su vez crear&#x00E1; el marco conceptual e ideol&#x00F3;gico adecuado para el avance de la t&#x00E9;cnica que el propio autor reclama. No es posible detallar esta v&#x00ED;a <italic>racionalizadora</italic>, pero el hecho hist&#x00F3;rico es la evidente reciprocidad del desarrollo cient&#x00ED;fico-t&#x00E9;cnico y del capitalismo, lo que define la edad contempor&#x00E1;nea con sus tremendos &#x00E9;xitos y sus nuevas alienaciones. </p>
		
		<p>Para ce&#x00F1;irnos a nuestro tema, hay que constatar que las supuestas leyes econ&#x00F3;micas que gobiernan la vida de la humanidad parecen solaparse con las leyes naturales que rigen el mundo, en la medida en que adquieren sus rasgos de universalidad y permanencia. La ideolog&#x00ED;a del <italic>progreso </italic>es la quintaesencia en la que convergen todas ellas, en tanto expresi&#x00F3;n del curso inexorable de las cosas, de modo que el viejo naturalismo del <italic>aevum</italic> eterno deja su lugar al historicismo del <italic>tempus</italic>, pero a&#x00FA;n se conserva la apelaci&#x00F3;n a la necesidad com&#x00FA;n a ambos y tambi&#x00E9;n algunas pautas en el tr&#x00E1;nsito de lo descriptivo a lo normativo. Una de las variantes destacadas de esta alianza entre naturaleza, econom&#x00ED;a e historia es el <italic>darwinismo social</italic>, hoy redivivo, que sirve para legitimar una vez m&#x00E1;s la desigualdad (como en su d&#x00ED;a lo hizo con el colonialismo) en la medida en que distingue entre superiores e inferiores, ricos y pobres, etc., en raz&#x00F3;n de variables biol&#x00F3;gicas. Adem&#x00E1;s, lo parad&#x00F3;jico es que, junto al optimismo cientifista de las reformas y avances constantes, siempre ha coexistido un pesimismo antropol&#x00F3;gico muy conservador preocupado por dominar o al menos contener a la <italic>fiera humana</italic>, tanto en sentido pol&#x00ED;tico como org&#x00E1;nico. En ese contexto tiene cabida la utilizaci&#x00F3;n de supuestas medidas eugen&#x00E9;sicas (tales como la esterilizaci&#x00F3;n), o profil&#x00E1;cticas (como el encierro cl&#x00ED;nico), a menudo dictadas por “criterios de clase y de raza” en el seno de una ideolog&#x00ED;a que pretende reducir hechos sociales a causas biol&#x00F3;gicas (Open University, <xref ref-type="bibr" rid="CIT24">1983</xref>, 80 s.). Ese modelo socio-econ&#x00F3;mico y m&#x00E9;dico que consagra el triunfo de los m&#x00E1;s fuertes (practicado en diverso grado por las democracias y llevado al extremo por los nazis) ha resultado tan eficaz y productivo como despiadado. No se pueden negar los cambios que en las &#x00FA;ltimas d&#x00E9;cadas han tenido lugar en las sociedades liberales, tales como la ampliaci&#x00F3;n de la sanidad, la relativa redistribuci&#x00F3;n de la riqueza o cierta movilidad social respecto a &#x00E9;pocas pasadas, pero ello no deja de basarse en la explotaci&#x00F3;n indiscriminada de la naturaleza y del hombre por el hombre, lo que opone l&#x00ED;mites estructurales a cualquier empresa radicalmente emancipadora. Lo significativo es que el biologismo retorna hoy con otros ropajes, pues la naturaleza ya no solo es -como anta&#x00F1;o- fuente normativa y/o materia prima en la producci&#x00F3;n de riqueza (lo que supone una clara esquizofrenia a la hora de valorarla, por cierto), sino tambi&#x00E9;n el objeto de una definitiva remodelaci&#x00F3;n, una vez que ha sido reducida t&#x00E9;cnicamente a la pura informaci&#x00F3;n que parece desmaterializarla y hacerla mucho m&#x00E1;s d&#x00FA;ctil. El &#x00E1;pice del asunto es el acceso a las entra&#x00F1;as gen&#x00E9;ticas del ser, lo que convierte finalmente a la vida en categor&#x00ED;a tecnol&#x00F3;gica (antes incluso que animal y social), susceptible de ser redefinida en su esencia y manejada a capricho. </p>
		
		<p>Todo ello debe entenderse como el m&#x00E1;s reciente salto cualitativo en el proceso de apoderamiento de la vida surgido a partir del siglo XVIII, algo que ocurre —como ha ense&#x00F1;ado Foucault— en t&#x00E9;rminos org&#x00E1;nicos, sexuales, productivos, etc., a trav&#x00E9;s de las variadas instituciones que <italic>normalizan </italic>y disciplinan a la poblaci&#x00F3;n (f&#x00E1;bricas, hospitales, escuelas, prisiones, cuarteles…), lo que hace preciso hablar de una “biohistoria” en la que insertar una “biopol&#x00ED;tica” (Foucault, <xref ref-type="bibr" rid="CIT09">1978</xref>, 168-173). Sus efectos siguen vigentes y pueden sintetizarse en que la corporalidad es en cierto modo reh&#x00E9;n del poder, pero hay que insistir en que este act&#x00FA;a no solo como represor, sino como generador de saberes y deseos que invaden y dirigen la subjetividad, en el marco de toda una “pol&#x00ED;tica de la verdad” y del sentido (Foucault, <xref ref-type="bibr" rid="CIT10">1980</xref>, 106 s., 156, 179, 189). Tal es la tupida malla de pr&#x00E1;cticas y seducciones que ampl&#x00ED;an el alcance del “biopoder”, hasta el punto de hacer que el <italic>enemigo </italic>est&#x00E9; ya en casa, por decirlo as&#x00ED;, bien interiorizado. Sin embargo, estas aportaciones ya cl&#x00E1;sicas requieren alg&#x00FA;n complemento, al hilo del desarrollo hist&#x00F3;rico ulterior ya introducido que el fil&#x00F3;sofo franc&#x00E9;s hubiera sido el primero en atender. Junto a su enfoque de corte <italic>f&#x00ED;sico</italic> (mandan las fuerzas en juego), es preciso a&#x00F1;adir una intensificaci&#x00F3;n de la sutileza del poder a escala antes desconocida: sea en forma de un <italic>estilo de vida</italic> expandido y por completo ligado al consumo; en el hecho de traspasar el campo de la sexualidad hasta llegar a la manipulaci&#x00F3;n gen&#x00E9;tica y psicosom&#x00E1;tica en general; en la globalizaci&#x00F3;n de los procesos planetarios allende los estados; o, en otro plano, en la fulgurante reaparici&#x00F3;n de la <italic>santa alianza</italic> entre religi&#x00F3;n y pol&#x00ED;tica… Por otra parte, la normalizaci&#x00F3;n social adquiere hoy una difusa p&#x00E1;tina est&#x00E9;tica y se instituye en un curioso proyecto universalista en virtud del cual todos los individuos se creen &#x00FA;nicos y distintos, de modo que la desigualdad real de la que nace todo poder se traviste de libertad solo potencial y de juego de apariencias (simb&#x00F3;licas, de imagen, medi&#x00E1;ticas, virtuales), en perfecto juego de camuflaje y enga&#x00F1;o respecto a la limitada autonom&#x00ED;a efectiva de los sujetos. </p>
		
		<p>Esta red de la dominaci&#x00F3;n obliga a ir mucho m&#x00E1;s all&#x00E1; de los antiguos <italic>poderes f&#x00E1;cticos</italic> para entenderla, lo que supone incluir al mercado como instituci&#x00F3;n central del entramado sociol&#x00F3;gico, la progresiva judicializaci&#x00F3;n de la vida en muchos aspectos, el peso enorme de los medios de (des)informaci&#x00F3;n, de la publicidad o hasta de los fondos de inversi&#x00F3;n… Adem&#x00E1;s del obvio economicismo que todo lo invade y de la marea especulativa que se ha provocado en su seno, es interesante reparar en el poder singular de “crear, difundir e imponer c&#x00F3;digos de informaci&#x00F3;n” para influir en una sociedad saturada y llena de ruidos, en la que la <italic>resistencia</italic> pol&#x00ED;tica es cada vez m&#x00E1;s dif&#x00ED;cil ante la impersonalidad m&#x00FA;ltiple y global de las fuerzas rectoras (Estefan&#x00ED;a <xref ref-type="bibr" rid="CIT08">2007</xref>, 192 y 70). La proliferaci&#x00F3;n, metamorfosis e hibridaci&#x00F3;n reciente de los poderes supone un bombardeo sobre los sujetos, envueltos en un haz de viejas y nuevas modalidades entremezcladas. De ah&#x00ED; que algunos invoquen otra vez el perenne “orden natural” para afrontar un devenir vertiginoso, en el que la vida humana est&#x00E1; sometida a est&#x00ED;mulos y requerimientos dispares y apremiantes que no sabe asimilar, por lo que a menudo aparece dislocada o inconsciente. Detr&#x00E1;s de todo ello podr&#x00ED;a haber —seg&#x00FA;n algunos autores— un cambio cualitativo, apreciable por ejemplo en el avance del llamado modelo <italic>digital</italic> en la sociedad del control (mucho m&#x00E1;s sofisticado que la <italic>anal&#x00F3;gica</italic> sociedad disciplinaria), conducido por una forma biotecnol&#x00F3;gica del poder que abarca todo el cuerpo social (Hardt y Negri, <xref ref-type="bibr" rid="CIT13">2002</xref>, 39 y 43). Lo que s&#x00ED; debe concluirse es que la fusi&#x00F3;n plena de tecnolog&#x00ED;a, econom&#x00ED;a y pol&#x00ED;tica permite dirigir mucho m&#x00E1;s a los sujetos, incluso suavizando los procedimientos, hasta colonizar la vida entera y fagocitar los brotes de disidencia como una variante m&#x00E1;s del consumo. </p>
		
		<p>3.2. Para retomar el hilo conceptual de nuestro tema, habr&#x00ED;a que decir que ya no rige la <italic>posici&#x00F3;n</italic> naturalista, sino un artificialismo en el que no hay fronteras n&#x00ED;tidas (entre la vida y la muerte, lo natural y lo artificial, lo org&#x00E1;nico y lo inorg&#x00E1;nico, etc.), capaz de recombinar diversos planos y de dise&#x00F1;ar otros a&#x00FA;n in&#x00E9;ditos. La nueva forma de la raz&#x00F3;n instrumental cuestiona las delimitaciones tradicionales del tipo que sean y se erige en la tecnolog&#x00ED;a m&#x00E1;s potente nunca lograda: “La ingenier&#x00ED;a gen&#x00E9;tica es, quiz&#x00E1;, el `agrandar el poder humano´ sobre la vida por antonomasia” (Rifkin, <xref ref-type="bibr" rid="CIT29">1998</xref>, 211). Jam&#x00E1;s se hab&#x00ED;a llegado a una capacidad de intervenci&#x00F3;n y transformaci&#x00F3;n —¿no es eso el poder?— tan radical, con sus muchas ventajas y peligros, por eso el hecho b&#x00E1;sico que a&#x00FA;n debe reglarse es la manipulaci&#x00F3;n de los c&#x00F3;digos &#x00FA;ltimos del ser vivo. La pregunta elemental pero obligada —en l&#x00ED;nea con los frankfurtianos— se refiere a si este es o no otro paso en la reducci&#x00F3;n de la existencia a cosa, es decir, a mero objeto de c&#x00E1;lculo y de negocio sin cortapisas.  </p>
		
		<p>Por otro lado, semejante potencial demi&#x00FA;rgico, que hace saltar por los aires de manera definitiva la idea de una naturaleza acabada e independiente, replantea con vigor las relaciones entre seres, hechos y valores, dado que la distancia entre ellos se acorta y aparecen circunstancias y creaciones ontol&#x00F3;gicas desconocidas. En este marco constructivista, “El `deber ser´ se deduce del `poder ser´ (el imperativo tecnocr&#x00E1;tico). La vida se convierte en la `principal categor&#x00ED;a pol&#x00ED;tica´ en cuanto objeto de destrucci&#x00F3;n, conservaci&#x00F3;n, reproducci&#x00F3;n o incluso de producci&#x00F3;n” (Garrido Pe&#x00F1;a, <xref ref-type="bibr" rid="CIT11">2004</xref>, 166). Desde programarla, tanto en sentido org&#x00E1;nico como conductual, hasta llegar a generar vida sint&#x00E9;tica, se abren expectativas ilimitadas que tambi&#x00E9;n alteran la vieja oposici&#x00F3;n entre libertad y necesidad: la acci&#x00F3;n biotecnol&#x00F3;gica crea espacios de autonom&#x00ED;a antes impensables frente a lo necesario, pero igualmente puede impedir el comportamiento libre. En una palabra, el derrumbe creciente de las barreras ontol&#x00F3;gicas presenta desaf&#x00ED;os inauditos y se corre el riesgo, a tenor de los precedentes hist&#x00F3;ricos, de subordinarlo todo a una voluntad de poder sin freno, no menos temible y acaso m&#x00E1;s arbitraria que el viejo soberano de la naturaleza. </p>
		
		<p>Respecto a la <italic>concepci&#x00F3;n</italic> gen&#x00E9;rica del mundo, en segundo lugar, parece claro que los medios t&#x00E9;cnicos mencionados refuerzan de modo superlativo el papel de la econom&#x00ED;a pol&#x00ED;tica: baste mencionar la gigantesca capacidad productiva y de dise&#x00F1;o, o que la globalizaci&#x00F3;n se funda en el comercio y la especulaci&#x00F3;n financiera (ajena a la generaci&#x00F3;n de bienes y servicios, que solo representan el 5% del movimiento mundial de capitales). No extra&#x00F1;a, en fin, que se hable de la <italic>mercadolatr&#x00ED;a</italic> o nueva “metaf&#x00ED;sica econ&#x00F3;mica que absolutiza el mercado como panacea de todos los problemas” (Estefan&#x00ED;a, <xref ref-type="bibr" rid="CIT08">2007</xref>, 120), en cuyo &#x00E1;mbito hay que situar la vida cotidiana a todos los efectos, antes y despu&#x00E9;s de la tremenda crisis actual. Las formas de poder mencionadas se condensan y articulan en torno a este n&#x00FA;cleo mercantil, cuyo paradigma es el —provisionalmente denostado— neoliberalismo (privatizaci&#x00F3;n generalizada, desregulaci&#x00F3;n total, recorte de la inversi&#x00F3;n p&#x00FA;blica, p&#x00E9;rdida de derechos laborales, <italic>deslocalizaciones </italic>de empresas, etc.), de manera que el sujeto abandona y somete buena parte de su existencia a aquel ente casi hipostasiado, bajo la promesa de futuros beneficios para todos. Por no hablar del <italic>casino </italic>burs&#x00E1;til a escala planetaria, el gran aut&#x00F3;mata impersonal de las transacciones financieras electr&#x00F3;nicas que se ha convertido en el nuevo dios ante el que nada se puede hacer, salvo pagar sus estropicios y abusos criminales. No es momento de insistir en la hipocres&#x00ED;a fundamental del modelo (la libre competencia a menudo conduce al oligopolio, el Estado carga con las p&#x00E9;rdidas y apenas puede ocuparse de la protecci&#x00F3;n social, desigualdad creciente…), sino de apuntar que las llamadas fuerzas econ&#x00F3;micas se han convertido en la nueva <italic>naturaleza </italic>y definen el resto de variables hasta extremos desconocidos. </p>
		
		<p>As&#x00ED;, las grandes multinacionales se han convertido en los agentes p&#x00FA;blicos de la vida colectiva por antonomasia (al menos en pie de igualdad con los estados), como indica el hecho de que algo m&#x00E1;s del 50 % del PIB mundial est&#x00E1; en manos de las 500 corporaciones m&#x00E1;s importantes. A&#x00F1;&#x00E1;danse a la globalizaci&#x00F3;n neoliberal las pen&#x00FA;ltimas convulsiones geoclim&#x00E1;ticas, militares, terroristas, sanitarias, etc., o la creciente descomposici&#x00F3;n de las sociedades y<italic> </italic>la proliferaci&#x00F3;n de los llamados <italic>se&#x00F1;ores de la guerra </italic>en muchos lugares, para comprender el surgimiento de ciertas organizaciones del poder. Por eso se habla de una vuelta al “sistema feudal”, en el que los “cosm&#x00F3;cratas” corporativos hacen un uso estructural de la violencia (en alianza con esos reyezuelos) para establecer una suerte de nueva “cosmogon&#x00ED;a”, no tanto ordenadora como explotadora (Ziegler, <xref ref-type="bibr" rid="CIT35">2006</xref>, 17 y 44)<xref ref-type="fn" rid="NOTE05">5</xref>. Luego es obligado ampliar el enfoque biopol&#x00ED;tico para incluir estos aspectos, dado que la vida de millones de personas depende en gran medida de esta combinaci&#x00F3;n calculada y mort&#x00ED;fera de elementos biol&#x00F3;gicos y financieros. Citemos al menos dos palancas respectivas de dominaci&#x00F3;n, que bien merecen el nombre de “armas de destrucci&#x00F3;n masiva”: el <italic>hambre</italic> que mata e incapacita en todos los &#x00F3;rdenes a un n&#x00FA;mero creciente de personas (m&#x00E1;s que las guerras) y la denominada <italic>deuda</italic> de los pa&#x00ED;ses pobres, en virtud de la cual env&#x00ED;an m&#x00E1;s fondos al Norte de los que reciben como ayuda; con el resultado de que ambas cosas convierten en v&#x00ED;ctimas y en rehenes a gran parte de la poblaci&#x00F3;n mundial (Ziegler, <xref ref-type="bibr" rid="CIT35">2006</xref>, cap. VI y VII). Apreciar bien las consecuencias fisiol&#x00F3;gicas, sociales y pol&#x00ED;ticas de todo ello requerir&#x00ED;a un an&#x00E1;lisis muy extenso, pero es f&#x00E1;cil calificarlas como implacables y tremendamente eficaces en t&#x00E9;rminos de control de la vida.  </p>
		
		<p>Haya o no voluntad criminal expresa en tales o cuales actos econ&#x00F3;micos y geopol&#x00ED;ticos de los poderosos, la evidencia es el abuso que arrasa con todo una vez que solo se busca el beneficio ilimitado a toda costa. En relaci&#x00F3;n a la naturaleza, ya se apunt&#x00F3; el af&#x00E1;n por privatizar recursos antes gratuitos como el agua, o la creaci&#x00F3;n de patentes de seres vivos modificados (semillas, organismos…), en el marco de un proyecto de m&#x00E1;s vasto alcance: “Organizar la escasez de los servicios, de los capitales y de los bienes es la actividad prioritaria de los se&#x00F1;ores del imperio de la vergüenza (…) Hoy podemos decir que la miseria ha alcanzado un nivel m&#x00E1;s horroroso que en ninguna otra &#x00E9;poca de la historia. As&#x00ED; es como m&#x00E1;s de 10 millones de ni&#x00F1;os de menos de 5 a&#x00F1;os mueren cada a&#x00F1;o de desnutrici&#x00F3;n, epidemias, contaminaci&#x00F3;n de las aguas e insalubridad” (Ziegler, <xref ref-type="bibr" rid="CIT35">2006</xref>, 35). Ante una situaci&#x00F3;n de crisis generalizada, la estrategia es controlar todo lo que es vital y producir los consiguientes efectos de dominaci&#x00F3;n, de momento con mucha m&#x00E1;s crudeza en los pa&#x00ED;ses del Tercer Mundo. Por muy repartidas que est&#x00E9;n las responsabilidades (incluidas, por supuesto, las corruptas &#x00E9;lites locales), hay una conexi&#x00F3;n insoslayable entre la riqueza del Norte y la pobreza del Sur, as&#x00ED; como en la expansi&#x00F3;n de los modos de vida de los primeros a costa de los segundos. La gesti&#x00F3;n biopol&#x00ED;tica de instituciones, saberes y deseos que tanto ocupa a los bien alimentados te&#x00F3;ricos occidentales deber&#x00ED;a apreciarse a esta luz, poni&#x00E9;ndolo en relaci&#x00F3;n con la mera supervivencia de aquellos despose&#x00ED;dos y analizando los instrumentos de poder espec&#x00ED;ficos en cada caso, incluido el <italic>soborno</italic> masivo de las conciencias mediante un bienestar nacido en gran parte de la explotaci&#x00F3;n. </p><p>Entonces tendr&#x00E1;n cabida los problemas y alienaciones de los relativamente privilegiados, en la doble vertiente del llamado <italic>poder duro</italic> (nuevos medios de vigilancia y control, sin descartar la represi&#x00F3;n directa) y del m&#x00E1;s escurridizo <italic>poder blando</italic> sobre la vida. Es cierto que el primero se fortalece hoy en unas democracias devaluadas y adquiere tintes amenazantes, pero el segundo cala mucho m&#x00E1;s en la versi&#x00F3;n del consumismo como fen&#x00F3;meno omn&#x00ED;modo que resume y concentra otros aspectos:  </p>
		
		<p>“Los gestores cambiaron de la `regulaci&#x00F3;n normativa´ a la `seducci&#x00F3;n´, de la vigilancia policial diaria a las relaciones p&#x00FA;blicas, y del imperturbable, excesivamente regulado y rutinario modelo pan&#x00F3;ptico del poder a la dominaci&#x00F3;n por medio de la incertidumbre difusa y desenfocada, la precariedad y la caprichosa alteraci&#x00F3;n de las rutinas. Y luego vino el desmantelamiento gradual del marco de servicios estatales en el que se sol&#x00ED;an desenvolver los aspectos primordiales de la pol&#x00ED;tica de la vida, as&#x00ED; como el desplazamiento/deriva de dicha pol&#x00ED;tica de la vida hacia un terreno presidido por el mercado de consumo” (Bauman, <xref ref-type="bibr" rid="CIT01">2006</xref>, 79 s.).  </p>
		
		<p>Esta coyuntura puede entenderse como un proceso multidimensional: se desmantelan servicios p&#x00FA;blicos b&#x00E1;sicos (crisis del Estado del Bienestar, erosi&#x00F3;n de derechos adquiridos, etc.), a la vez que aumentan e incluso se estimulan las ansiedades e incertidumbres de la poblaci&#x00F3;n (precariedad laboral y econ&#x00F3;mica, peligros globales, migraciones), con la consiguiente demanda de seguridad en detrimento de la libertad; mientras que son ofrecidos y aceptados hipot&#x00E9;ticos consuelos o evasiones, lo que pasa indefectiblemente por las m&#x00FA;ltiples seducciones del mercado y a la postre desemboca en la privatizaci&#x00F3;n general de la vida.  </p>
		
		<p>Por eso el mayor problema no es el ejercicio tradicional del poder (modelo pan&#x00F3;ptico denunciado por Foucault), sino la interiorizaci&#x00F3;n complaciente o resignada de estas pautas, casi de modo subconsciente, y la compraventa de la autonom&#x00ED;a personal que resulta de ello. Ahora la “pol&#x00ED;tica de la vida” se rige por un “s&#x00ED;ndrome consumista” (que incluye actitudes y juicios de valor, preferencias y modelos de felicidad, etc.) que impregnan el <italic>Lebenswelt</italic> en su conjunto, particularmente a trav&#x00E9;s de la presunta satisfacci&#x00F3;n de necesidades que no dejan de aumentar (Bauman, <xref ref-type="bibr" rid="CIT01">2006</xref>, 112, 120 y 123). La red est&#x00E1; echada y muchos dejan de ser ciudadanos para convertirse en simples consumidores, incapaces de practicar y reclamar en la esfera p&#x00FA;blica la solidaridad y el ejercicio de sus derechos. Nada m&#x00E1;s eficaz en este tipo de sojuzgamiento que apoderarse del cuerpo, como es bien sabido, pero no a la vieja usanza m&#x00E1;s o menos violenta, sino haciendo valer su condici&#x00F3;n siempre doliente o descontenta, llena de deseos, necesitada de cuidados y s&#x00ED;mbolos de estatus…  </p>
		
		<p>A todo ello responde bien —dando un paso m&#x00E1;s all&#x00E1;— el llamado <italic>capitalismo de ficci&#x00F3;n</italic> (posterior al de <italic>producci&#x00F3;n</italic> y al de <italic>consumo</italic>), cuyo objetivo no es tanto abastecer de productos cuanto proporcionar buenas sensaciones psicof&#x00ED;sicas a los clientes, hasta llegar a crear nada menos que una “segunda realidad o realidad de ficci&#x00F3;n con la apariencia de una aut&#x00E9;ntica naturaleza mejorada, purificada, puerilizada”; y lo hace con tanta solvencia en la simulaci&#x00F3;n que al final el capitalismo “se esfuma como artefacto de explotaci&#x00F3;n para convertirse en mundo a secas” (Verd&#x00FA;, <xref ref-type="bibr" rid="CIT33">2003</xref>, 10 s.). No se puede pedir m&#x00E1;s en la prestidigitaci&#x00F3;n del poder: la masiva capacidad t&#x00E9;cnico-simb&#x00F3;lica est&#x00E1; en camino de convertir lo real en virtual y viceversa, donde nada parece lo que es ni es lo que parece, pero resulta manipulable casi a capricho. Adem&#x00E1;s, el mundo se asemeja a un gran parque tem&#x00E1;tico a disposici&#x00F3;n de quienes pagan y quieren divertirse, mientras que la degradaci&#x00F3;n imparable de la naturaleza o la infantilizaci&#x00F3;n de la subjetividad solo son <italic>efectos colaterale</italic>s. Sin embargo, la presente crisis econ&#x00F3;mica y social (la vertiente <italic>funeral </italic>del capitalismo, seg&#x00FA;n el propio Verd&#x00FA;, <xref ref-type="bibr" rid="CIT34">2009</xref>) sirve al menos para anular ese enmascaramiento y mostrar la verdadera cara de las cosas por un tiempo. Lo que no se sabe es cu&#x00E1;l ser&#x00E1; el grado de destrucci&#x00F3;n asumible y hasta d&#x00F3;nde llegar&#x00E1; la lucidez; o, dicho a la manera de Lampedusa, si se cambiar&#x00E1; algo para que todo siga igual…  </p>
		
		<p>Corresponde hablar —por &#x00FA;ltimo— de la <italic>intenci&#x00F3;n</italic> pr&#x00E1;ctica que subyace en lo anterior, ya esbozada, pero que a&#x00FA;n cabe matizar a trav&#x00E9;s del examen de cierto tratamiento de los cuerpos y las almas. A modo de titular, podr&#x00ED;a enunciarse como la p&#x00E9;rdida de la responsabilidad personal, bien sea en tanto que vuelta a la <italic>minor&#x00ED;a de edad</italic> precr&#x00ED;tica o como imposici&#x00F3;n al individuo de una determinada idea del bien com&#x00FA;n. Esta falta de autonom&#x00ED;a se ejemplifica de forma paradigm&#x00E1;tica en el terreno de la salud: as&#x00ED;, la actitud l&#x00FA;dica permitida al consumidor debe compatibilizarse, no obstante, con el nuevo mandato universal de llevar una vida sana, lo que a menudo tiene un ribete obsesivo y hasta puritano, no muy lejos por cierto del viejo ideal de disciplina y eficiencia. Lo curioso es que la ocultaci&#x00F3;n de la muerte, el miedo excesivo a cualquier sufrimiento, la b&#x00FA;squeda ciega de la eterna juventud, la hipertrofia del deporte o una hipocondr&#x00ED;a m&#x00E1;s o menos difusa en la sociedad… son expresiones indirectas de un profundo malestar oculto en <italic>el</italic> <italic>mejor de los mundos posibles </italic>(hasta hace poco), a su vez ligadas al consumo creciente de productos y servicios sanitarios.  </p><p>En t&#x00E9;rminos espec&#x00ED;ficamente biopol&#x00ED;ticos es obligado citar la emergencia del <italic>Estado cl&#x00ED;nico</italic>, no solo guardi&#x00E1;n de la salud p&#x00FA;blica al modo tradicional, sino atento vigilante de su mejora material y simb&#x00F3;lica en todos los &#x00F3;rdenes. En &#x00E9;l debe conjuntarse la tarea del buen gestor que <italic>racionaliza</italic> recursos y gastos con la del buen pastor que <italic>salva</italic> al sujeto de los desvar&#x00ED;os de s&#x00ED; mismo: “Se potencian los contenidos pastoriles con la legitimaci&#x00F3;n instrumental de la gesti&#x00F3;n eficaz, y se amanceban lo utilitario y lo teol&#x00F3;gico, el rendimiento y la moralina. No hay noci&#x00F3;n m&#x00E1;s ideol&#x00F3;gica que esta y por tanto se presenta disfrazada de obviedad de sentido com&#x00FA;n” (Savater <xref ref-type="bibr" rid="CIT30">1990</xref>, 130). Hay que cuidarse por el bienestar f&#x00ED;sico, mental y econ&#x00F3;mico de todos, podr&#x00ED;a resumirse, y si no se obedece se ejercer&#x00E1;n las formas de presi&#x00F3;n correspondientes<xref ref-type="fn" rid="NOTE06">6</xref>. Ahora el inter&#x00E9;s por la salud org&#x00E1;nica (en este sentido amplio) sustituye a la antigua preocupaci&#x00F3;n por la salud espiritual, pero conserva tonos imperativos semejantes, hereda en cierto modo el car&#x00E1;cter de una ley natural (y del llamado sentido com&#x00FA;n) y cuenta con una burocracia sanitaria dispuesta a hacerla respetar. Sin olvidar, claro est&#x00E1;, el sentimiento de culpa que a menudo estimula la autoridad -ahora por esta v&#x00ED;a- como forma de autocensura. La libertad responsable de cada cual queda relegada en aras del nuevo <italic>bien absoluto</italic>, considerado superior e incluso ajeno a la decisi&#x00F3;n personal informada, bajo el supuesto de que los sujetos necesitan tutela de un tipo u otro y son incapaces de asumir las consecuencias de sus actos… Si uno no tiene derecho a decidir sobre su vida (aunque no da&#x00F1;e a terceros), menos aun podr&#x00E1; hacerlo respecto a su muerte, como prueba el empantanado y c&#x00ED;nico debate sobre la eutanasia, por citar solo un ejemplo, donde los expertos y los autoproclamados defensores de la vida saben mejor lo que a ese uno le conviene.  </p>
		
		
		<p> Para completar el asunto debe mencionarse el renovado proyecto de crear un tipo de individuo m&#x00E1;s que sano, un aut&#x00E9;ntico s&#x00FA;per o posthumano. Lo parad&#x00F3;jico es que las nuevas biotecnolog&#x00ED;as as&#x00ED; orientadas pretenden trascender el cuerpo mortal y falible para llegar a un tipo de sujeto inorg&#x00E1;nico: el viejo ideal &#x00E9;tico, religioso o pol&#x00ED;tico de transmutarse en el <italic>hombre nuevo</italic> se convierte ahora en el objetivo de crear el <italic>hombre bi&#x00F3;nico</italic>, potencialmente invulnerable al paso del tiempo y a la enfermedad. Se supone que este “procesar&#x00E1;” su vida a partir de los datos gen&#x00E9;ticos y su posterior modificaci&#x00F3;n, en el m&#x00E1;s puro estilo de la programaci&#x00F3;n inform&#x00E1;tica y rob&#x00F3;tica, lo que en t&#x00E9;rminos colectivos de largo alcance abrir&#x00E1; una era que se ha llamado “postevolutiva” o “metadarwiniana”. De modo que “la nueva tecnociencia parece ofrecer los elementos necesarios para realizar un sue&#x00F1;o largamente a&#x00F1;orado: modelar los propios cuerpos y almas, y as&#x00ED; generar los m&#x00E1;s diversos resultados a gusto del consumidor (…) Una vez debilitadas las restricciones impuestas por la primitiva naturaleza, con sus severas leyes puestas en jaque, el sujeto contempor&#x00E1;neo se ve suavemente incitado a administrar su propio destino, tanto en el &#x00E1;mbito individual como en la escala de la especie” (Sibilia, <xref ref-type="bibr" rid="CIT31">2005</xref>, 182). Es el triunfo del modelo <italic>f&#x00E1;ustico</italic> de tecnociencia que traspasa fronteras ontol&#x00F3;gicas, frente al tradicional modelo <italic>prometeico</italic> que buscaba mejoras dentro de ciertos l&#x00ED;mites, es decir, un salto cualitativo a lomos del constructivismo ya referido y del af&#x00E1;n eugen&#x00E9;sico que lo legitima.  </p><p>Los beneficios m&#x00E9;dicos est&#x00E1;n claros, otra cosa son los riesgos que se corren y las no peque&#x00F1;as incertidumbres, am&#x00E9;n de las diversas objeciones &#x00E9;ticas<xref ref-type="fn" rid="NOTE07">7</xref>. La respuesta ilustrada al asunto no puede ser una vuelta a la supuesta e idealizada ley natural ni el rechazo de los evidentes progresos t&#x00E9;cnicos en la calidad de vida, pero s&#x00ED; hay que preguntarse si esa promesa impl&#x00ED;cita de mayor autonom&#x00ED;a ser&#x00E1; cumplida por encima de otros intereses, incluidos los econ&#x00F3;micos y pol&#x00ED;ticos. El caso es que hay motivos y antecedentes para dudarlo: por un lado, solo unos pocos podr&#x00E1;n pagarse tales servicios, mientras que el negocio ser&#x00E1; fabuloso para algunos; y, por otro, los datos gen&#x00E9;ticos o los implantes bi&#x00F3;nicos tambi&#x00E9;n podr&#x00E1;n usarse para manipular a las personas. Adem&#x00E1;s, la noci&#x00F3;n misma de <italic>humanidad</italic> es cuestionada de ra&#x00ED;z desde distintas posiciones por ser considerada tan imperfecta como d&#x00ED;scola o peligrosa —intratable en definitiva—, y la respuesta que algunos dan es convertirla en un producto m&#x00E1;s para procurar su optimizaci&#x00F3;n psicof&#x00ED;sica, una vez logrados los recursos biotecnol&#x00F3;gicos necesarios. Todo lo cual bien podr&#x00ED;a conducir, por ejemplo, a que haya seres humanos de primera, de segunda, etc., en funci&#x00F3;n de las <italic>mejoras</italic> incorporadas. As&#x00ED;, la biopol&#x00ED;tica del futuro est&#x00E1; marcada por la posibilidad de crear <italic>men&#x00FA;s ontol&#x00F3;gicos a la carta</italic> en todos los &#x00F3;rdenes de la vida y con esa radical ambivalencia habr&#x00E1; que lidiar, aunque no sepamos bien c&#x00F3;mo hacerlo. </p><p>En resumen, nos hallamos en un tiempo lleno de contradicciones que se plasman en diferentes registros del estilo de vida: globalizado pero rebosante de nacionalismos y particularismos, recreado por la tecnociencia que no acepta barreras pero apegado a esencias de corte &#x00E9;tnico o racista, liberador del cuerpo en muchos aspectos a la vez que lo convierte en objeto e imagen (sexual, de estatus, publicitaria...). Por otra parte, la cl&#x00E1;sica tensi&#x00F3;n entre naturaleza y autonom&#x00ED;a personal, entre valores de la vida y valores de la libertad, se resuelve aparentemente en un artificio que los integra tecnol&#x00F3;gicamente, pero a costa de negar tanto el universalismo naturalista de la tradici&#x00F3;n como el de corte hist&#x00F3;rico de la Modernidad, esto es, se suprime lo com&#x00FA;n en beneficio de la diferencia discrecional. Escasean los v&#x00ED;nculos de uni&#x00F3;n y eclosionan los grupos, tipos e identidades diversas (sexuales, raciales, de intereses…), sumidos en una feroz competencia simb&#x00F3;lica, econ&#x00F3;mica y medi&#x00E1;tica. Crece no solo el justo reconocimiento de los oprimidos y un pluralismo tolerante, sino tambi&#x00E9;n la pugna entre derechos universales m&#x00E1;s abstractos y particularismos m&#x00E1;s corp&#x00F3;reos, por decirlo as&#x00ED;, o entre una pol&#x00ED;tica de clases y otra biopol&#x00ED;tica, etc. (Heller y Feher, <xref ref-type="bibr" rid="CIT14">1995</xref>, 19, 26, 44, 88, 109). A medio camino de un mundo que se va y de otro por llegar, los sujetos se enriquecen con distintas identidades y pertenencias, s&#x00ED;, pero tambi&#x00E9;n aparecen perplejos y fragmentados, atravesados por tantas relaciones de poder y de sentido que no es f&#x00E1;cil orientarse ni promover la solidaridad. </p>
		</sec>
		
		<sec id="S4">
		<title>4. HACIA UN MODELO ALTERNATIVO </title>
		
		<p>Llegados a este punto no es f&#x00E1;cil avanzar, ya que los proyectos alternativos est&#x00E1;n cuajados de problemas y resistencias. Resulta m&#x00E1;s f&#x00E1;cil, como siempre, decir lo que no se quiere que concretar medios viables a corto plazo, especialmente ante el grav&#x00ED;simo calentamiento global. Lo &#x00FA;nico seguro es la necesidad de crear estructuras pol&#x00ED;ticas y econ&#x00F3;micas m&#x00E1;s igualitarias y participativas para defender los Derechos Humanos, la capacidad para autodeterminarse de todos y la sostenibilidad ecol&#x00F3;gica. En otras palabras, la tarea de encauzar las perennes relaciones de poder a trav&#x00E9;s de mecanismos cada vez m&#x00E1;s democr&#x00E1;ticos es tan ardua como imprescindible. Sirva aqu&#x00ED; un breve apunte de algunas l&#x00ED;neas de reflexi&#x00F3;n, que a la vez sea un balance de lo anterior por contraste. </p>
		
		<p>De entrada, la m&#x00E1;s elemental ense&#x00F1;anza de la historia moderna afirma que la naturaleza no puede ser ya una instancia normativa, casi sagrada, ligada adem&#x00E1;s a una raz&#x00F3;n apod&#x00ED;ctica y monol&#x00ED;tica que la conoce; pero la actual crisis de civilizaci&#x00F3;n tambi&#x00E9;n muestra que no debe ser reducida a mero objeto de explotaci&#x00F3;n o de pura re-creaci&#x00F3;n tecnol&#x00F3;gica, en funci&#x00F3;n de los diversos estadios de la voluntad de poder y de su raz&#x00F3;n instrumental. Laicismo y autonom&#x00ED;a personal, reflexi&#x00F3;n cr&#x00ED;tica sobre los l&#x00ED;mites te&#x00F3;ricos y pr&#x00E1;cticos, sentido de la complejidad, conciencia ecol&#x00F3;gica efectiva, autocontenci&#x00F3;n y responsabilidad… son algunos de los muchos elementos que respaldan este sencillo punto de partida y que ahora hay que dar por supuestos. La <italic>posici&#x00F3;n</italic> m&#x00E1;s coherente frente a esos dos polos reci&#x00E9;n rechazados (la esquizofrenia entre la subordinaci&#x00F3;n y el dominio respecto a la naturaleza) es considerarla el<italic> hogar com&#x00FA;n</italic> y el soporte b&#x00E1;sico de la vida, aunque hasta ahora la sociedad no sea consecuente con un principio geobiol&#x00F3;gico tan claro en la versi&#x00F3;n profunda del t&#x00E9;rmino. Esta propuesta no es de un romanticismo trasnochado, sino la plena constataci&#x00F3;n de la interdependencia global, bien porque el gran ecosistema de sistemas muestra una autorregulaci&#x00F3;n evolutiva que no puede ser perturbada impunemente, bien porque la cooperaci&#x00F3;n (intra e interespec&#x00ED;fica, cada una en su plano) es obligada en esa gran eco-organizaci&#x00F3;n, m&#x00E1;xime ante hechos hist&#x00F3;ricos de alcance planetario. Las razones y las emociones m&#x00E1;s clarividentes —que diversos pensadores y artistas han articulado— confluyen por tanto en una actitud respetuosa en t&#x00E9;rminos morales, admirativa en sentido est&#x00E9;tico y conservacionista en clave pragm&#x00E1;tica. Eso significa, entre otras cosas, asumir la necesidad de un “copilotaje” entre ser humano y naturaleza, en el marco de “la comunidad de destino terrestre” (Morin, <xref ref-type="bibr" rid="CIT23">1993</xref>, cap.9), pues la llamada <italic>sostenibilidad </italic>no es otra cosa que un acto de inteligencia y sensatez propio de quienes saben que viajan en la misma nave, y a&#x00FA;nan as&#x00ED; la convicci&#x00F3;n y el inter&#x00E9;s. </p>
		
		<p>Nada de eso significa confundir y amalgamar los distintos niveles del tema en la <italic>concepci&#x00F3;n</italic> derivada: es obvio que hay procesos naturales en los que rige un tiempo c&#x00ED;clico y prima la vida biol&#x00F3;gica, del mismo modo que hay proyectos humanos ineludiblemente antropoc&#x00E9;ntricos en los que rige un tiempo lineal y prima la conciencia. Los conflictos entre ambos planos son patentes y es absurdo hablar de <italic>armon&#x00ED;a</italic> (noci&#x00F3;n complementaria de la de <italic>progreso</italic>, con pretensi&#x00F3;n ideol&#x00F3;gica semejante), pero lo que s&#x00ED; cabe es la <italic>convivencia</italic>, a pesar de las distinciones cualitativas de planos y de las dif&#x00ED;ciles elecciones que realizar. La vida humana resulta de la decantaci&#x00F3;n de los dos aspectos, es decir, de su especificidad y de la uni&#x00F3;n con el resto, de la dependencia y la independencia respecto al medio natural, que siempre es tambi&#x00E9;n cultural. Por eso es preciso mantener y confiar en ciertos equilibrios ecosist&#x00E9;micos fundamentales y generar a la vez espacios propios de libertad, conscientes de vivir en un marco de amenazas terribles (cambio clim&#x00E1;tico, contaminaci&#x00F3;n y agotamiento de recursos, guerras…) e interconectadas, de modo que los cambios en las actitudes y conductas ecol&#x00F3;gicas, sociales y &#x00E9;tico-pol&#x00ED;ticas se refuerzan mutuamente. La idea clara de pertenecer al planeta como un conjunto bio-cultural integrado favorece la mejor conciencia de todos los registros de nuestra humanidad, y viceversa. De ah&#x00ED; nace una visi&#x00F3;n del mundo alternativa y m&#x00E1;s compleja en los campos de la ciencia, la econom&#x00ED;a y la sociedad, que tiene consecuencias innovadoras de toda &#x00ED;ndole en la medida en que desencadena procesos sin&#x00E9;rgicos en lugar de destructivos (Capra, <xref ref-type="bibr" rid="CIT02">2003</xref>). Es preciso, pues, construir esos puentes de comunicaci&#x00F3;n entre campos distintos y cuidar la vida en el planeta cuanto sea posible con unas perspectivas biopol&#x00ED;ticas revolucionarias y convergentes. </p>
		
		<p>La <italic>intenci&#x00F3;n</italic> que deseamos destacar retoma la antigua idea de la <italic>concordia discordante,</italic> m&#x00E1;s all&#x00E1; de los antagonismos enquistados y de las lecturas pesimistas: se trata de perge&#x00F1;ar una visi&#x00F3;n ecol&#x00F3;gica (tambi&#x00E9;n &#x00E9;tica y pol&#x00ED;tica) que coordine aquellas variables, con el empe&#x00F1;o de someter los delirios tecnocr&#x00E1;ticos de toda laya a una visi&#x00F3;n humanista renovada. Eso implica luchar, claro est&#x00E1;, contra la falsa ideolog&#x00ED;a del <italic>crecimiento</italic> ilimitado en una biosfera finita y la cosificaci&#x00F3;n de lo real (apoyada solo en t&#x00E9;rminos cuantitativos en vez de cualitativos), que equipara sibilina o groseramente autonom&#x00ED;a y consumo, mientras condena a la exclusi&#x00F3;n a la mayor&#x00ED;a de habitantes de la Tierra y reduce la vida a una categor&#x00ED;a biotecnol&#x00F3;gica susceptible de ser manufacturada. No cambiar esta situaci&#x00F3;n resulta sencillamente criminal y suicida, cuando la prudencia es m&#x00E1;s necesaria que nunca con la puesta en marcha contempor&#x00E1;nea de procesos impredecibles e incontrolados. A modo de s&#x00ED;ntesis, digamos que Jorge Riechmann ha identificado algunos de los conflictos esenciales (problema de escala en un mundo “lleno”; tecnosfera mal dise&#x00F1;ada; derroche e ineficiencia generalizados; descontrol f&#x00E1;ustico de la tecnociencia y creciente desigualdad) y ha propuesto ciertas v&#x00ED;as (principios de precauci&#x00F3;n, de solidaridad sincr&#x00F3;nica y diacr&#x00F3;nica, de participaci&#x00F3;n social y pol&#x00ED;tica, autocontenci&#x00F3;n, biom&#x00ED;mesis y ecoeficiencia) para lograr una “vida buena dentro de los l&#x00ED;mites” (Riechmann, <xref ref-type="bibr" rid="CIT27">2006</xref>, 41 ss., 165-176). Perseguir alg&#x00FA;n tipo de simbiosis generalizada solo es posible desde la sobriedad de los deseos en una l&#x00ED;nea epic&#x00FA;rea, se dice, lo que propiciar&#x00E1; una sabidur&#x00ED;a del gozo y de la amistad. Algo verdaderamente imprescindible para enfrentarse una vez m&#x00E1;s —a&#x00F1;adimos— al eterno enemigo de la vida que hoy se ha reforzado, el miedo. </p>
		
		<p>En un mundo m&#x00E1;s agon&#x00ED;stico que de costumbre si cabe, desgarrado por divisiones y amenazas de todo tipo, el miedo surge espont&#x00E1;neo, pero tambi&#x00E9;n se fomenta y se gestiona en la m&#x00E1;s pura tradici&#x00F3;n biopol&#x00ED;tica del control, por lo que es condici&#x00F3;n previa afrontarlo y resistirlo mediante una maduraci&#x00F3;n interna y un compromiso p&#x00FA;blico (Espinosa, <xref ref-type="bibr" rid="CIT07">2007b</xref>). En relaci&#x00F3;n a nuestro tema, recordemos al menos tres grandes variantes del miedo: a la escasez (de agua y alimentos, de combustibles f&#x00F3;siles, etc.); a la inseguridad (peligros globales, terrorismo, epidemias…); y, en definitiva, a la ansiedad e incertidumbre generalizada y a no saber vivir adecuadamente (resoluci&#x00F3;n de conflictos privados y p&#x00FA;blicos) en un entorno muy complejo y en ebullici&#x00F3;n. Junto a la frivolidad y la inconsciencia de una huida hacia delante, persiste el temor ante el <italic>aceleramiento</italic> de una historia que a veces parece desbocada. Estas son algunas de las caras recientes de eso que siempre se ha llamado <italic>el mal</italic>, ante cuya presencia la reacci&#x00F3;n m&#x00E1;s frecuente es desear ser salvados y protegidos…, aunque sea a cambio de obediencia y sumisi&#x00F3;n. Hoy se apela, por un lado, al optimismo de los poderes casi taumat&#x00FA;rgicos del mercado y de la tecnolog&#x00ED;a, y, por otro, reaparecen viejas nociones teol&#x00F3;gico-pol&#x00ED;ticas que aseguran la restauraci&#x00F3;n del bien y del orden natural de las cosas, aun al precio pesimista de cierto <italic>apocalipsis</italic> como escarmiento purificador. En definitiva, hay motivos para temer nuevas variantes, no ya del populismo, sino del fascismo (con barniz tecnocr&#x00E1;tico) y del darwinismo social m&#x00E1;s cruento, cuando las cosas se pongan realmente dif&#x00ED;ciles. </p>
		
		<p>De hecho, aprovechar los desastres de todo tipo —o provocarlos directamente— parece ser una de las estrategias favoritas del capitalismo salvaje para realizar cambios pol&#x00ED;ticos y socio-econ&#x00F3;micos dr&#x00E1;sticos, a&#x00FA;n m&#x00E1;s despiadados, cuando la gente no puede reaccionar por el estado de <italic>shock </italic>y el miedo que los embarga (Klein, <xref ref-type="bibr" rid="CIT20">2007</xref>, 30 ss.)<xref ref-type="fn" rid="NOTE08">8</xref>. El ejemplo m&#x00E1;s c&#x00ED;nico y actual es el intento de aprovechar la crisis econ&#x00F3;mica para llevar a cabo reformas laborales y ajustes brutales a costa de quienes no la han provocado, pero s&#x00ED; la padecen. Junto a las consecuencias materiales para la mayor&#x00ED;a de la poblaci&#x00F3;n, en casos anteriores se han convalidado en sentido legal esas pr&#x00E1;cticas de latrocinio, as&#x00ED; como el uso del terror para responder al terror, es decir, para ejercer la dominaci&#x00F3;n y/o la defensa ante circunstancias especiales. No hace mucho, por ejemplo, hemos asistido al grav&#x00ED;simo retroceso que consiste en poner en cuesti&#x00F3;n y/o derogar los grandes logros biopol&#x00ED;ticos de la Modernidad: el <italic>h&#x00E1;beas corpus </italic>y la prohibici&#x00F3;n de la tortura. Esa es la novedad de <italic>los guant&#x00E1;namos</italic> del mundo, de las medidas extraordinarias y de tanto estado de <italic>shock</italic> que podr&#x00ED;a llegar a convertirse en estado de sitio, real y simb&#x00F3;lico. No son estos precisamente los modelos alternativos a seguir y acaso debamos ser m&#x00E1;s humildes a la par que radicales en las propuestas de cambio (Riechmann, <xref ref-type="bibr" rid="CIT28">2009</xref>). </p>
		
		<p>En t&#x00E9;rminos conceptuales, hay que concluir que la antigua y tranquilizadora regularidad de la naturaleza deja paso definitivo a lo excepcional, que se convierte en parad&#x00F3;jica norma de la historia e incluso de la misma naturaleza (cambio clim&#x00E1;tico, cat&#x00E1;strofes diversas), cuya consecuencia biopol&#x00ED;tica es el sobresalto continuo y su instrumentalizaci&#x00F3;n amenazante. Lo cierto es que la <italic>normalizaci&#x00F3;n </italic>institucional de la barbarie —legitimar el hecho con el derecho— s&#x00ED; que dar&#x00ED;a el triunfo a los fan&#x00E1;ticos y desalmados de cualquier clase, por lo que nos vemos abocados a muy dif&#x00ED;ciles y necesarios debates sobre c&#x00F3;mo limitar los da&#x00F1;os y conseguir al menos… el <italic>mal menor</italic> (Ignatieff, <xref ref-type="bibr" rid="CIT17">2005</xref>), no solo frente al terrorismo sino tambi&#x00E9;n ante los graves desequilibrios ecol&#x00F3;gicos<italic>. </italic>Remitirse al mal menor es s&#x00ED;ntoma y compendio de los tiempos (l&#x00FA;cidamente post-ut&#x00F3;picos dir&#x00E1;n unos, conformistas seg&#x00FA;n otros), acorde con los riesgos y perplejidades que nos asedian, donde antes que nada parece obligado defender la supervivencia de la especie y los logros adquiridos de la libertad. Tal es la tarea biopol&#x00ED;tica previa, la condici&#x00F3;n de posibilidad para luego seguir adelante hacia otras cotas de emancipaci&#x00F3;n. Y es que, en &#x00FA;ltimo resumen, parece que este es <italic>el mundo al rev&#x00E9;s</italic>: lo natural se transmuta en artificial y la excepci&#x00F3;n se convierte en regla, tanto en clave biotecnol&#x00F3;gica como hist&#x00F3;rica y pol&#x00ED;tica. Por eso las fronteras de toda &#x00ED;ndole se difuminan para una vida humana que se siente tan llena de posibilidades como n&#x00E1;ufraga. En verdad hay mucho por pensar y por hacer, sin rendirse nunca, para revertir una situaci&#x00F3;n harto dif&#x00ED;cil…</p>
		
					 
		</sec>
		
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	<back>
	
	

	
	<sec id="notas">
     <title>NOTAS</title>
     <fn-group>
      <fn id="NOTE01"><label>1</label><p>De la compasi&#x00F3;n temporal ante las crisis humanitarias es f&#x00E1;cil pasar al desencanto por las repeticiones y los fracasos, e incluso a la misantrop&#x00ED;a, pero el hecho es que “la experiencia humana se enfrenta ahora a un abanico de nuevas situaciones —hambrunas de dimensiones continentales, cat&#x00E1;strofes ecol&#x00F3;gicas, genocidios— que crean v&#x00ED;ctimas que carecen de relaciones para defenderse y que hacen que una &#x00E9;tica de la obligaci&#x00F3;n moral universal hacia los desconocidos sea necesaria para el porvenir del planeta” (Ignatieff, <xref ref-type="bibr" rid="CIT16">2002</xref>, 34).</p></fn>
      
	  <fn id="NOTE02"><label>2</label><p>Ah&#x00ED; se constata, adem&#x00E1;s, que lo habitual ha sido ocultar el car&#x00E1;cter creador y contingente de la instituci&#x00F3;n humana para buscar un fundamento necesario de origen religioso, lo que se cifra en la “ontolog&#x00ED;a unitaria” seg&#x00FA;n la cual el orden del mundo y el de los asuntos humanos es com&#x00FA;n. Por el contrario, el estrecho lazo geneal&#x00F3;gico entre filosof&#x00ED;a y pol&#x00ED;tica democr&#x00E1;tica legado por Atenas muestra que no hay tal y que debe optarse libremente en un camino sin fin, seg&#x00FA;n el autor.</p></fn>
	  
	  <fn id="NOTE03"><label>3</label><p>Procuro utilizar referencias b&#x00E1;sicas y concisas de las fuentes, al margen de las ediciones particulares, e incluirlas en el texto para facilitar el seguimiento.</p></fn>
	  
	  <fn id="NOTE04"><label>4</label><p>El asunto se formula de modo diferente seg&#x00FA;n las &#x00E9;pocas, pero presenta constantes. Sirva el ejemplo paradigm&#x00E1;tico del prudente Kant, quien afirma que “Se puede considerar la historia de la especie humana en su conjunto como la ejecuci&#x00F3;n de un plan oculto de la naturaleza para (…) desarrollar plenamente todas sus disposiciones en la humanidad”, lo que remite finalmente a la providencia (Kant, <italic>Idea para una historia</italic> <italic>universal…, </italic>par&#x00E1;grafo<italic> </italic>9<italic>)</italic>.</p></fn>
      
	  <fn id="NOTE05"><label>5</label><p>Obviamente no es solo un juicio ideol&#x00F3;gico, sino que surge del contraste de datos y argumentos que Ziegler conoce de primera mano como antiguo relator de la ONU para la alimentaci&#x00F3;n.</p></fn>
	  
	  <fn id="NOTE06"><label>6</label><p>Como bot&#x00F3;n de muestra, vale recordar la decisi&#x00F3;n del Gobierno brit&#x00E1;nico de colocar a los fumadores en la cola de las listas de espera sanitarias, como si ellos no pagaran impuestos directos e indirectos…</p></fn>
	  
	  <fn id="NOTE07"><label>7</label><p>Me he ocupado del tema con amplitud en “El desaf&#x00ED;o del posthumanismo. En relaci&#x00F3;n a las nuevas tecnolog&#x00ED;as”, dentro del colectivo <italic>Humanismo. Teor&#x00ED;a cultural de Europa</italic>, coordinado por Pedro Aull&#x00F3;n y en v&#x00ED;as de publicaci&#x00F3;n.</p></fn>
      
	  <fn id="NOTE08"><label>8</label><p>El repaso de la historia m&#x00E1;s reciente (con m&#x00FA;ltiples ejemplos concretos) que realiza la autora en la obra es tan revelador como documentado, y deja pocas dudas sobre la miseria moral y pol&#x00ED;tica del economicismo depredador. La presente debacle financiera y econ&#x00F3;mica parece haberle dado m&#x00E1;s que la raz&#x00F3;n.</p></fn>
	  	  
	  
     </fn-group>
	</sec>
	
	
	

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		<title>BIBLIOGRAF&#x00CD;A</title>


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			  <publisher-name>Paidós</publisher-name>  
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