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			<journal-id journal-id-type="publisher-id">ARBOR</journal-id>
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				<journal-title>ARBOR Ciencia, Pensamiento y Cultura</journal-title>
				<abbrev-journal-title>ARBOR</abbrev-journal-title>
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			<issn pub-type="epub">0210-1963</issn>
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				<publisher-name>Consejo Superior de Investigaciones Cient&#x00ED;ficas</publisher-name>
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			 <article-id pub-id-type="publisher-id">arbor.2013.762n4006</article-id>
			 <article-id pub-id-type="doi">10.3989/arbor.2013.762n4006</article-id>
			 
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				<subj-group subj-group-type="heading">
				<subject>BIO&#x00C9;TICA Y FRONTERAS DE LA VIDA. I. DESDE LA TEOR&#x00CD;A / BIOETHICS AND BIOLOGIC BOUNDARIES. I. FROM THEORY</subject>
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			  <article-title>Borrosidades patol&#x00F3;gicas</article-title>
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		<trans-title>Pathologic fuzziness</trans-title>
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		<alt-title alt-title-type="running-head">Borrosidades patol&#x00F3;gicas</alt-title>
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				 <surname>Ferrer i Balsebre</surname>
				 <given-names>Luis</given-names>
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			  <aff id="U1">Profesor Asociado. Departamento de medicina. Universidad de A Coru&#x00F1;a. M&#x00E9;dico Psiquiatra Jefe del Servicio de Salud Mental del Complejo Hospitalario Universitario de Santiago de Compostela</aff>
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			 <author-notes>
		<corresp id="cor1">e-mail: <email xlink:href="Luis.Ferrer.Balsebre@sergas.es">Luis.Ferrer.Balsebre@sergas.es</email>
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		<pub-date pub-type="collection">
		<year>2013</year>
		</pub-date>
		
		<volume>189</volume>
		<issue>762</issue>
		
		<elocation-id content-type="doi">10.3989/arbor.2013.762n4006</elocation-id>

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		  	<date date-type="received">
				<day>13</day>
				<month>07</month>
				<year>2012</year>
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			<date date-type="accepted">
				<day>06</day>
				<month>06</month>
				<year>2013</year>
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		<copyright-statement>&#x00A9; 2013 CSIC</copyright-statement>
		<copyright-year>2013</copyright-year>
		<license license-type="open-access" xlink:href="http://creativecommons.org/licenses/by-nc/3.0/">
		<license-p>Este es un art&#x00ED;culo de acceso abierto distribuido bajo los t&#x00E9;rminos de la licencia Creative Commons Attribution-Non Commercial (by-nc) Spain 3.0.</license-p>
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		<abstract xml:lang="es">
		<title>RESUMEN</title>
		<p>En este art&#x00ED;culo se analizan los cambios sociales derivados de la llamada Posmodernidad y su relaci&#x00F3;n con las patolog&#x00ED;as ps&#x00ED;quicas emergentes. El declive de los valores, el cambio en las categor&#x00ED;as de tiempo y espacio, los cambios en los sentimientos de pudor y vergüenza, la p&#x00E9;rdida de la funci&#x00F3;n de autoridad junto con la <italic>adultizaci&#x00F3;n</italic> del ni&#x00F1;o y la infantilizaci&#x00F3;n del adulto, el fen&#x00F3;meno del consumo, el riesgo como factor de vida y la primac&#x00ED;a de la emoci&#x00F3;n, los cambios en la estructura familiar y la funci&#x00F3;n social de los hijos, son algunos de los puntos analizados. Dichos factores determinan la aparici&#x00F3;n de nuevas patolog&#x00ED;as as&#x00ED; como cambios de prevalencia de diversos cuadros cl&#x00ED;nicos.</p>
		</abstract>
		<trans-abstract xml:lang="en">
		<title>ABSTRACT</title>
		<p>This article explores the social changes arising from what has come to be termed Postmodernity and their connections to emerging mental illnesses. The decline in values, the change in the categories of time and space, the changes in the feelings of modesty and shame, the loss of the role of authority together with the <italic>adultisation</italic> of children and the <italic>infantilisation</italic> of adults, the phenomenon of consumption, risk as a factor of life and the primacy of the emotion, the changes in the family structure and the social function of the children, are some of the points subject to the analysis. Such factors determine the emergence of new pathologies as well as changes of prevalence in diverse clinical profiles.</p>
		</trans-abstract>
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			<title>PALABRAS CLAVE</title>
			<kwd>Posmodernidad</kwd>
			<kwd>valores</kwd>
			<kwd>patolog&#x00ED;as emergentes</kwd>
		</kwd-group>
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			<title>KEYWORDS</title>
			<kwd>Postmodernity</kwd>
			<kwd>values</kwd>
			<kwd>emergent pathologies</kwd>
		</kwd-group>
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	<body>
		
		<sec id="S0">
		<title>INTRODUCCI&#x00D3;N: BORROSIDAD Y POSTMODERNIDAD </title>
		
		<p>La borrosidad que la &#x00E9;poca posmoderna ha generado en muchos aspectos sociales ha tenido su efecto en las maneras de sufrir, en la aparici&#x00F3;n de nuevas patolog&#x00ED;as emergentes y en la desaparici&#x00F3;n de otras habituales. </p>
		
		<p>Ya Hip&#x00F3;crates en su obra <italic>De los aires, las aguas y los lugares</italic>, alertaba de la importancia de conocer los entornos del enfermar y del sanar. Y de esta importancia da cuenta el hecho siguiente, referido a nuestro contexto hist&#x00F3;rico. Hablaba yo hace poco con unos colegas reci&#x00E9;n jubilados que comentaban estas opiniones y me confirmaban que la patolog&#x00ED;a que ellos hab&#x00ED;an tenido que atender era uniforme, de f&#x00E1;cil taxonom&#x00ED;a y filiaci&#x00F3;n pero que, a partir de los ochenta, el perfil de los pacientes comenz&#x00F3; a cambiar hasta el punto de resultar en ocasiones inclasificable. Algunos autores, como Guillermo Rendueles, habla de la proliferaci&#x00F3;n de OPNIS, esto es, de <italic>objetos psiqui&#x00E1;tricos no identificados</italic>. </p>
		
		<p>As&#x00ED; que junto con “el fin de la historia” como ha identificado Fukuyama al momento actual, parece que asistimos al declive de aquellas entidades expuestas en los envejecidos tratados y manuales de psicopatolog&#x00ED;a, y vemos cada vez m&#x00E1;s entidades borrosas, nuevas terminolog&#x00ED;as y nuevos tipos de pacientes. Tal pareciera que la sociedad y los sujetos se han transformando mucho m&#x00E1;s r&#x00E1;pidamente que nuestra capacidad para pensarlos, y que nuestras teor&#x00ED;as han llegado tarde a la transformaci&#x00F3;n apresur&#x00E1;ndose, tambi&#x00E9;n ellas, a cambiar, adapt&#x00E1;ndose, adecu&#x00E1;ndose a la misma fragmentaci&#x00F3;n, desarrollando sistemas clasificatorios como el DSM IV (Asociaci&#x00F3;n Americana de Psiquiatr&#x00ED;a, <xref ref-type="bibr" rid="CIT05">2002</xref>), obligadas a clasificar y reclasificar incesantemente la realidad psicopatol&#x00F3;gica; olvid&#x00E1;ndose de que el mapa no es el territorio y que las clasificaciones ordenan, pero a veces nada dicen de lo ordenado. </p>
		
		<p>Los siguientes son algunos datos epidemiol&#x00F3;gicos relevantes<xref ref-type="fn" rid="NOTE01">1</xref>: </p>
		
		<p>· 15% de prevalencia de depresi&#x00F3;n mayor y 5% para distimias. </p>
		
		<p>· 10% de la poblaci&#x00F3;n sufre o ha sufrido de ansiedad generalizada.  </p>
		
		<p>· 7% de los j&#x00F3;venes tendr&#x00E1;n un intento de suicidio antes de los 25 a&#x00F1;os. </p>
		
		<p>· 15% de la poblaci&#x00F3;n presenta trastornos de personalidad (10 veces m&#x00E1;s que la esquizofrenia y los trastornos afectivos y casi igual que los cuadros de angustia/ansiedad)  </p>
		
		<p>· Los trastornos de la alimentaci&#x00F3;n aumentan de un 0,3% en 1985 al 2% en el 2000. </p>
		
		<p>· El consumo de antidepresivos aumenta un 270% entre 1985 y 2000<xref ref-type="fn" rid="NOTE02">2</xref>. </p>
		
		<p>· Los f&#x00E1;rmacos ansiol&#x00ED;ticos son los m&#x00E1;s consumidos por la poblaci&#x00F3;n<xref ref-type="fn" rid="NOTE03">3</xref>. </p>
		
		<p>· El 43% de los j&#x00F3;venes entre 14 y 18 a&#x00F1;os consumen alcohol el fin de semana. </p>
		
		<p>· El promedio de edad en el inicio del consumo es de 13,5 a&#x00F1;os. </p>
		
		<p>· La cantidad de j&#x00F3;venes que consumen alcohol aumento un 20% en los &#x00FA;ltimos diez a&#x00F1;os. </p>
		
		<p>· Espa&#x00F1;a ocupa el segundo lugar del mundo en tasa de alcoholismo juvenil. </p>
		
		<p>· El Complejo Hospitalario Universitario de A Coru&#x00F1;a atendi&#x00F3; 207 comas et&#x00ED;licos de j&#x00F3;venes entre 13 y 23 a&#x00F1;os en el 2005. </p>
		
		<p>· En Galicia 100 j&#x00F3;venes menores de 16 a&#x00F1;os cumplen medidas judiciales por agresi&#x00F3;n a los padres. (S&#x00ED;ndrome del Emperador). </p>
		
		<p>· El 10% entre 3 y 18 a&#x00F1;os incurren en violencia Filio-parental. </p>
		
		<p>· El 29% en hogares monoparentales maternos<xref ref-type="fn" rid="NOTE04">4</xref>. </p>
		
		<p>· El 40% de los j&#x00F3;venes de 24 a&#x00F1;os no entienden el Editorial de un peri&#x00F3;dico<xref ref-type="fn" rid="NOTE05">5</xref>. </p>
		
		<p>· El 30% de los estudiantes NO acaba secundaria, y el 50% abandona la Universidad<xref ref-type="fn" rid="NOTE06">6</xref>.</p
		
		><p>Tratar&#x00E9; ahora de ensayar una explicaci&#x00F3;n de estos datos desde el nivel de realidad sociocultural, siguiendo el modelo de etiopatogenia del s&#x00ED;ntoma ps&#x00ED;quico desarrollado por el Dr. Santiago Lamas Crego (Lamas Crego, <xref ref-type="bibr" rid="CIT11">1988</xref>) en el que se entiende la enfermedad mental desde la complejidad que abarcan los diferentes niveles de realidad (biol&#x00F3;gico, intraps&#x00ED;quico, relacional familiar, sociocultural…) desde los que puede generarse el sufrimiento ps&#x00ED;quico y que interact&#x00FA;an de forma recursiva entre s&#x00ED;. </p>
		
		<p>La variaci&#x00F3;n en la prevalencia de las diferentes patolog&#x00ED;as psiqui&#x00E1;tricas constatada epidemiol&#x00F3;gicamente en los &#x00FA;ltimos cuarenta a&#x00F1;os y su comprensi&#x00F3;n desde los cambios socioculturales que supuso la &#x00E9;poca posmoderna, se propone desde la selecci&#x00F3;n de los que consideramos los rasgos que m&#x00E1;s claramente evidencian dicha relaci&#x00F3;n. Cabr&#x00ED;a desarrollar muchos otros, pero en aras de la brevedad nos ce&#x00F1;iremos a los que a nuestro juicio ejemplifican mejor su influencia en la pr&#x00E1;ctica cl&#x00ED;nica diaria de la psiquiatr&#x00ED;a y la psicolog&#x00ED;a cl&#x00ED;nica. </p>
		
		<p>La sociedad contempor&#x00E1;nea constituye un ambiente inestable y exigente para la constituci&#x00F3;n de la subjetividad. Enfrentamos el peligro de destrucciones mucho m&#x00E1;s extensas y “globales” que en el pasado: ya sea de car&#x00E1;cter b&#x00E9;lico, ecol&#x00F3;gico o financiero. El mundo, gracias a la inform&#x00E1;tica, se ha empeque&#x00F1;ecido y somos m&#x00E1;s conscientes de c&#x00F3;mo los acontecimientos pr&#x00F3;ximos dependen de los ya-no tan lejanos. </p>
		
		<p>La literatura actual sobre los efectos de estas modificaciones sociales es enorme, pero la mayor&#x00ED;a de los estudios coincide en que todo se mueve, nada permanece, no hay futuro ni pasado que sirvan como referentes. El tiempo y el espacio se han modificado, la vergüenza y la culpa han trastocado su lugar tradicional, y cada d&#x00ED;a hemos de vivir decidiendo c&#x00F3;mo queremos vivir al d&#x00ED;a siguiente. ¿C&#x00F3;mo construirse en todo ello? ¿C&#x00F3;mo adaptarse a este v&#x00E9;rtigo? La exigencia resulta desmesurada. La angustia deviene entonces un estado m&#x00E1;s o menos permanente. </p>
		
		<p>Las transformaciones sociales que vamos a ver a continuaci&#x00F3;n nos llevan a la constituci&#x00F3;n de un “yo posmoderno” que Gergen (Gergen, <xref ref-type="bibr" rid="CIT07">1992</xref>) considera como el producto de las tecnolog&#x00ED;as y la saturaci&#x00F3;n social. Los mails, m&#x00F3;viles, televisi&#x00F3;n, aviaci&#x00F3;n, etc. nos conectan con miles de personas en miles de lugares, recibiendo informaci&#x00F3;n inmediata de todo el mundo al momento. Inmerso en m&#x00FA;ltiples relaciones cambiantes, para este yo actual, todo se tambalea. Lo duradero se vuelve ef&#x00ED;mero; lo estable inestable. Las pautas de relaci&#x00F3;n se vuelven plurales, m&#x00FA;ltiples y muchas veces virtuales desarroll&#x00E1;ndose un nuevo entorno de relaci&#x00F3;n a trav&#x00E9;s de la red de internet. </p>
		
		<p>Este yo posmoderno, flexible, adaptable y polimorfo, tiene tambi&#x00E9;n algunos inconvenientes. En concreto, es fr&#x00E1;gil, quebradizo, fragmentado y narcisista. Con la saturaci&#x00F3;n social nos convertimos en depositarios de m&#x00FA;ltiples personalidades ocultas, de varias voces interiores. Nuestro <italic>yo</italic> se convierte en una pauta de relaciones. </p>
		
		<p>La saturaci&#x00F3;n se traduce socialmente en superabundancia vac&#x00ED;a, —como se&#x00F1;ala Lipovetsky (Lipovetsky, <xref ref-type="bibr" rid="CIT12">1986</xref>)—. Se trata de superabundancia de informaci&#x00F3;n, de servicios y de bienes de consumo. Curiosamente, esta disponibilidad infinita conduce a un estado caracter&#x00ED;stico de nuestra cultura posmoderna: el aburrimiento y la desilusi&#x00F3;n. Pero no se trata del aburrimiento rom&#x00E1;ntico y melanc&#x00F3;lico, sino de un aburrimiento integral al que se llega por el hecho de poder hacerlo todo; por el hecho de haber recorrido en poco tiempo todo el espacio que ocupa un proyecto voluntario. Podr&#x00ED;amos decir que la de hoy es una acci&#x00F3;n sin objetivo concreto porque los objetivos b&#x00E1;sicos est&#x00E1;n cubiertos y los superfluos son tan f&#x00E1;ciles como cambiantes.  </p>
		
		<p>Las peores expresiones conductuales del aburrimiento por saturaci&#x00F3;n las encontramos en dos fen&#x00F3;menos nuevos: la violencia desalmada de adolescentes que manifiestan llevarla a cabo “porque se aburren”, y el aumento de adultos saturados de est&#x00ED;mulos sexuales que devienen consumidores de pornograf&#x00ED;a infantil a trav&#x00E9;s de Internet. El perfil de este cibernauta que ya no sabe que consumir para estimularse, no tiene nada que ver con la parafilia de siempre descrita en nuestros tratados de psicopatolog&#x00ED;a. </p>
		
		<p>La p&#x00E9;rdida de puntos s&#x00F3;lidos de referencia, as&#x00ED; como la desaparici&#x00F3;n de los viejos ritos y de h&#x00E1;bitos duraderos crea una intranquilidad dif&#x00ED;cil de sobrellevar, de aqu&#x00ED; que muchos consideren a esta tensi&#x00F3;n o “stress”, junto con la depresi&#x00F3;n, como la principal problem&#x00E1;tica de salud de nuestro tiempo. Otros se&#x00F1;alan al aumento de la violencia intrafamiliar y social, las adicciones y los trastornos adaptativos como las consecuencias de la dificultad de adaptarse a todos estos cambios.  </p>
		
		<p>Hoy estamos obligados a adaptarnos de forma constante a las nuevas tecnolog&#x00ED;as, a nuevas formas de ocio, de vida, de familia, de moneda, de normas y hasta de estructura social, hecho ins&#x00F3;lito en la humanidad que tardaba siglos en cambiar una estructura. </p>
		
		<p>La revoluci&#x00F3;n del ‘68 supuso el paso de una sociedad <italic>postfigurativa,</italic> en la que los hijos aprend&#x00ED;an los modos y maneras de vivir de los adultos, a otra <italic>configurativa</italic> en la que los hermanos peque&#x00F1;os aprend&#x00ED;an esos modos de sus hermanos mayores. De esta estructura se pas&#x00F3;, con la ca&#x00ED;da del muro de Berl&#x00ED;n, a una estructura <italic>prefigurativa</italic> en la que son los adultos los que adoptan los modos y maneras de los j&#x00F3;venes. Es el boom de los <italic>yuppies</italic>, los <italic>jasps</italic>, los <italic>liftings</italic>, lo <italic>ligtht,</italic> la cirug&#x00ED;a est&#x00E9;tica, la dieta; en definitiva, el cuerpo y las maneras <italic>j&#x00F3;venes</italic> como valor social predominante. </p>
		
		<p>En el campo de la <italic>ciencia dura</italic> (<italic>hard science</italic>) se ha puesto tambi&#x00E9;n de manifiesto esta concepci&#x00F3;n del pensamiento. La inestabilidad que caracteriza el mundo de hoy abarca tambi&#x00E9;n la materia f&#x00ED;sica. El universo mecanicista de Newton ha dejado paso a un universo mucho m&#x00E1;s inestable. Eso ponen de manifiesto los trabajos sobre sistemas en desequilibrio y termodin&#x00E1;micos de I. Prigogine. &#x00C9;l viene a decir que cuando un sistema pierde su equilibrio se comporta de forma extra&#x00F1;a y de ning&#x00FA;n modo sigue un comportamiento mecanicista, de tal manera que un peque&#x00F1;o est&#x00ED;mulo puede producir grandes consecuencias y viceversa. El azar entra en circulaci&#x00F3;n. No hay sistemas cerrados, sino que estos interact&#x00FA;an constantemente; cuando su inestabilidad es mayor es cuando m&#x00E1;s sensibles se vuelven a las fuerzas interactivas y al azar, de manera que los resultados pueden ser impredecibles. Un ejemplo claro de esto lo constituye la pol&#x00E9;mica sobre una simple caricatura de Mahoma<xref ref-type="fn" rid="NOTE07">7</xref>, que fue capaz de crear un efecto de consecuencias planetarias. </p>
		
		<p>Partiendo de este encuadre general, intentar&#x00E9; se&#x00F1;alar algunos de los cambios que a mi juicio nos han influido m&#x00E1;s. </p>
		
		<p>El t&#x00E9;rmino Posmodernidad es ambiguo y borroso. En cualquier caso, no se puede hablar de postmodernidad sin definir antes en qu&#x00E9; consiste su antecesor, la Modernidad.  </p>
		
		<p>La Modernidad es un conjunto de formas simb&#x00F3;licas que se encarnan en Europa a partir del Renacimiento y que comienzan a debilitarse con la muerte de Nietzsche en 1900. La Modernidad abarca desde el siglo XV hasta finales del XIX. En ella destacan dos periodos especiales: el Renacimiento, en el que se revive la tradici&#x00F3;n grecorromana poniendo al Hombre como valor fundamental, y la Ilustraci&#x00F3;n —seguida de la Revoluci&#x00F3;n Francesa, la Revoluci&#x00F3;n industrial y el Positivismo— con el valor de la Raz&#x00F3;n por bandera. Es la &#x00E9;poca de las grandes esperanzas de futuro para la humanidad, de los grandes ideales de paz y progreso. </p>
		
		<p>Poco a poco este esp&#x00ED;ritu va a ir alter&#x00E1;ndose. Europa va paulatinamente a ir desencant&#x00E1;ndose de sus ideales: triunfan el capitalismo, el imperialismo, la globalizaci&#x00F3;n, los antagonismos (nazismo y comunismo), la exterminaci&#x00F3;n de masas, dos guerras mundiales, el terrorismo, la corrupci&#x00F3;n pol&#x00ED;tica, el consumismo, la producci&#x00F3;n, el ocio, la tecnolog&#x00ED;a... El hombre deja de creer en los ideales de progreso, la felicidad y su redenci&#x00F3;n, propios de la Modernidad, mirando con escepticismo la fe en la raz&#x00F3;n. Europa abandona as&#x00ED; sus convicciones y transita hacia la Posmodernidad. </p>
		
		<p>La verdad acaba siendo el resultado de una interpretaci&#x00F3;n de interpretaciones, perdiendo consistencia. La raz&#x00F3;n se disuelve, la opini&#x00F3;n p&#x00FA;blica sustituye a la voluntad general de Rousseau. En lugar del pueblo, encontramos ahora a las masas; en lugar del ciudadano aparece el consumidor y el usuario. </p>
		
		<p>La Posmodernidad se diferencia de la Modernidad en que no acepta la existencia de realidad alguna que se presente como absoluta, tr&#x00E1;tese de Dios, del Hombre, de la Ideolog&#x00ED;a, o de la Raz&#x00F3;n. En lo postmoderno se mueven dioses, ideolog&#x00ED;as, razones intercambiables.  </p>
		
		<p>Si tuvi&#x00E9;ramos que definir los rasgos fundamentales de este ambiente posmoderno destacar&#x00ED;amos los siguientes: </p>
		
		</sec>
		
		<sec id="S1">
		<title>1. EL DECLIVE DE LOS VALORES TRADICIONALES </title>
		
		<p>Hasta hace poco sustentaban nuestra civilizaci&#x00F3;n: el esfuerzo, el valor del trabajo, la autoridad, respeto patriarcal y su sucesiva atomizaci&#x00F3;n en m&#x00FA;ltiples valores, a veces contradictorios entre s&#x00ED;. </p>
		
		<p>As&#x00ED; como el hombre moderno viv&#x00ED;a seg&#x00FA;n un discurso racional sobre el mundo y en t&#x00E9;rminos de una verdad &#x00FA;nica y absoluta; una vez perdida su confianza en cualquier tipo de metanarraci&#x00F3;n, de gran relato, vive en medio de una pluralidad de narraciones relativas o de verdades proclamadas sin certeza en los diversos contextos del saber. </p>
		
		<p>De esta manera, no solo carece de una &#x00FA;nica verdad, sino que la idea misma de verdad ha perdido para &#x00E9;l todo sentido. Es decir, ha entrado en crisis no solo aquella raz&#x00F3;n que se hab&#x00ED;a arrogado el derecho y la tarea de dar fundamento a todos los valores, sino la raz&#x00F3;n como tal, con todas sus capacidades. A partir de este momento, el hombre posmoderno tendr&#x00E1; que buscar su propia m&#x00ED;stica, su propia raz&#x00F3;n y su propia verdad. </p>
		
		<p>Esto puede ser alentador en algunos aspectos, como la libertad y evoluci&#x00F3;n civilizada del hombre, pero en otros resulta m&#x00E1;s complejo. La posibilidad de una elecci&#x00F3;n individual de valores ante la ausencia de valores socialmente predefinidos implica una elecci&#x00F3;n narcisista, individual, que en ocasiones choca frontalmente con las del otro, complejizando las relaciones sociales y determinando la proliferaci&#x00F3;n (con muchos m&#x00E1;s casos de los que nunca hemos visto antes) de individuos “curiosos” como se&#x00F1;ala Millon (<xref ref-type="bibr" rid="CIT14">1999</xref>); “anormales” como defin&#x00ED;a Schneider, y con <italic>trastorno de personalidad</italic> como diagnosticamos todos. </p>
		
		<p>El hombre posmoderno est&#x00E1; obligado a la elecci&#x00F3;n permanente sin otra referencia que uno mismo y la l&#x00F3;gica predominante de la <italic>novedad</italic> y el <italic>cambio</italic> como valores en uso. Podr&#x00ED;a decirse que el gusto por lo nuevo ha desembocado en el gusto por lo ef&#x00ED;mero, como se&#x00F1;ala Lipovetsky. </p>
		
		<p>Debemos elegir —y renunciar— en todos los aspectos: desde el canal de televisi&#x00F3;n al culto religioso; desde el tipo de familia al estilo de alimentaci&#x00F3;n; desde el modelo de tel&#x00E9;fono m&#x00F3;vil al tipo de sexualidad; desde el estilo de ropa (se acabaron las tendencias) a los estudios de posgrado. Y todo ello, insisto, de forma r&#x00E1;pida y sin referente ni absolutos en los que poder orientarse. Nuestra vida estar&#x00ED;a, as&#x00ED;, sometida a la permanente angustia del acierto en la elecci&#x00F3;n y a la frustraci&#x00F3;n por la renuncia o la incapacidad de elegir. </p>
		
		<p>No es de extra&#x00F1;ar, entonces, que los cuadros de angustia/ansiedad se hayan multiplicado por cuatro en los &#x00FA;ltimos diez a&#x00F1;os. </p>
		</sec>
		
		
		<sec id="S2">
		<title>2. EL CAMBIO DE LAS CATEGOR&#x00CD;AS DE TIEMPO Y ESPACIO  </title>
		
		<p>Dichas categor&#x00ED;as est&#x00E1;n mediadas sobre todo por la tecnolog&#x00ED;a inform&#x00E1;tica y por las nuevas comunicaciones. Estas hacen del tiempo algo inmediato y del espacio algo soslayable sin dificultad. Dichos cambios implican la anulaci&#x00F3;n de la funci&#x00F3;n psicol&#x00F3;gica de la espera, que es crucial para introducir un tiempo de comprensi&#x00F3;n entre el instante del deseo y el de su conclusi&#x00F3;n. Todo esto lleva a una disminuci&#x00F3;n —en nuestra sociedad— de la tolerancia a la frustraci&#x00F3;n generalizada, antesala de la violencia y de las conductas en “acting-out” o corto-circuito, que constituye un rasgo nuclear en la mayor&#x00ED;a de los trastornos de conducta y personalidad. </p>
		
		<p>La vivencia actual del tiempo y del espacio es pues m&#x00E1;s transversal que longitudinal: se vive m&#x00E1;s que nunca en el “aqu&#x00ED; y ahora”. El tiempo ps&#x00ED;quico deviene veloz y fugaz, la conducta y la comunicaci&#x00F3;n instant&#x00E1;nea y dispersa.  </p>
		
		<p>No es extra&#x00F1;o ver a gente en el cine comentando algo con el del al lado y al mismo tiempo enviando mensajes. Estos rasgos de aceleraci&#x00F3;n, fugacidad y dispersi&#x00F3;n de la atenci&#x00F3;n son t&#x00ED;picos de los cuadros hipoman&#x00ED;acos. La sociedad posmoderna es man&#x00ED;aca y, por tanto, propensa al repunte de todos los trastornos de tipo afectivo que se han multiplicado por diez en todas sus variantes cl&#x00ED;nicas, as&#x00ED; como a los llamados trastornos de hiperactividad o d&#x00E9;ficit de atenci&#x00F3;n. </p>
		
		<p>Otro tanto ocurre con los ritmos biol&#x00F3;gicos, as&#x00ED; el del sue&#x00F1;o/vigilia o el ritmo hambre/saciedad. </p>
		
		<p>Muchos ciudadanos y ciudadanas se ven “obligados” a enga&#x00F1;ar el hambre en aras de la prisa o de la est&#x00E9;tica con frugales tentempi&#x00E9;s o galletitas energ&#x00E9;ticas. Aparte de las alteraciones biol&#x00F3;gicas que esto pueda suponer, aparece la alteraci&#x00F3;n psicol&#x00F3;gica de los trastornos de la alimentaci&#x00F3;n, hoy d&#x00ED;a tan de moda, tan emergentes. Tocar este reloj, alterar el ritmo, puede llevar a la indiferencia diab&#x00F3;lica frente al comer en forma de anorexia, o al asalto nocturno a la nevera de un ej&#x00E9;rcito de bul&#x00ED;micos acosados por su propia trasgresi&#x00F3;n al ritmo. </p>
		
		<p>El rito de la <italic>comensalidad</italic> cuando se vuelve borroso o se transgrede, se transforma en el <italic>ritual del comensal. </italic></p>
		
		<p>El ritmo biol&#x00F3;gico del sue&#x00F1;o/vigilia tambi&#x00E9;n ha sufrido sus alteraciones. Hoy se puede hacer de todo, a todas horas. Esto est&#x00E1; bien, pero le ha roto los ritmos y los nervios a mucha gente. El insomnio es tambi&#x00E9;n una de las patolog&#x00ED;as en auge. La alteraci&#x00F3;n del sue&#x00F1;o se corrige con p&#x00ED;ldoras para dormir, y la resaca de las mismas con p&#x00ED;ldoras para espabilarse o litros de caf&#x00E9;. En suma, estamos poniendo el reloj biol&#x00F3;gico en manual cuando es, naturalmente, autom&#x00E1;tico. </p>
		</sec>
		
		<sec id="S3">
		<title>3. EL SENTIMIENTO MORAL DE LA VERGÜENZA Y EL PUDOR </title>
		
		<p>De ser un signo de humanidad, estos sentimientos han dado lugar a una desinhibici&#x00F3;n (de nuevo otro rasgo hipoman&#x00ED;aco) que elude cualquier tipo de represi&#x00F3;n, haciendo de lo otrora motivo de culpa, un elemento de exhibici&#x00F3;n y espect&#x00E1;culo, como podemos comprobar a diario en los <italic>reality shows</italic>. La culpa y la vergüenza por algo ya no son contenidos habituales de represi&#x00F3;n en el inconsciente; por el contrario, parece que son sustituidos por la <italic>angustia por nada</italic> como s&#x00ED;ntoma posmoderno primordial. </p>
		
		<p>La soluci&#x00F3;n religiosa que propon&#x00ED;a una felicidad m&#x00E1;s all&#x00E1; de este mundo, cargando las tintas en la culpa y la vergüenza como mecanismos simb&#x00F3;licos de autocontrol, ha sido reprimida en la Posmodernidad, como lo fuera la sexualidad en la &#x00E9;poca victoriana —tesis defendida por el pensador brit&#x00E1;nico John Gray (Gray, <xref ref-type="bibr" rid="CIT09">2002</xref>)—.  </p>
		
		<p>Pero como Freud ya explic&#x00F3; muy claramente, lo reprimido siempre regresa y lo hace bajo forma de s&#x00ED;ntomas. S&#x00ED;ntomas que aparecen como una proliferaci&#x00F3;n de nuevas “religiones” a la carta de las cuales la ciencia es la m&#x00E1;s representativa. Igual que aquellas, esta promete la salvaci&#x00F3;n, solo que no lo hace bajo la forma de una resurrecci&#x00F3;n gozosa, sino de una especie de inmortalidad y seguridad terrena que para nada parece confirmarse. </p>
		
		<p>El fin de la historia que preconizaba Fukuyama, haciendo referencia a que la tecnolog&#x00ED;a y la globalizaci&#x00F3;n supondr&#x00ED;an el fin de las revueltas mundiales, o las ideas de Keynes acerca de la superaci&#x00F3;n de la amenaza de escasez de recursos una vez desarrollada la era industrial, se est&#x00E1;n demostrando completamente equivocadas. </p>
		
		<p>Despu&#x00E9;s de la deflagraci&#x00F3;n hist&#x00F3;rica que supusieron las luchas pol&#x00ED;ticas del siglo XIX o las ideol&#x00F3;gicas del siglo XX, nos vemos abocados de nuevo a viejas confrontaciones que cre&#x00ED;amos superadas: el conflicto por los recursos (la guerra de Irak es buen ejemplo de ello) y la religi&#x00F3;n. Ambas suponen causas t&#x00ED;picamente medievales. </p>
		
		<p>Por otra parte, nuestro bienestar posmoderno choca frontalmente con otras civilizaciones que, no disfrutando del mismo, mantienen la religi&#x00F3;n como valor e ideal que aglutina voluntades y arremete contra el bienestar del otro lado. Europa es el 17% de la poblaci&#x00F3;n mundial, un continente viejo y rico que debe convivir rodeado de gentes pobres y j&#x00F3;venes. Terrorismo e inmigraci&#x00F3;n son dos grandes amenazas del bienestar posmoderno que tendr&#x00E1;n sus consecuencias ps&#x00ED;quicas, como se expondr&#x00E1; m&#x00E1;s adelante. </p>
		</sec>
		
		<sec id="S4">
		<title>4. DE LA JERARQU&#x00CD;A A LA HORIZONTALIDAD DE LOS VALORES </title>
		
		<p>La<italic> </italic>jerarqu&#x00ED;a de los valores personales, sociales y familiares ha dado paso a una horizontalidad donde los l&#x00ED;mites devienen borrosos, siendo cada vez m&#x00E1;s dif&#x00ED;cil ocupar cualquier lugar simb&#x00F3;lico de autoridad<italic>,</italic> sea familiar, laboral o social. </p>
		
		<p>La sociedad tecnol&#x00F3;gica ha abierto, entre otras muchas cosas, la posibilidad del acceso permanente de los ni&#x00F1;os y adolescentes a los mismos circuitos de ocio e informaci&#x00F3;n que los adultos. Ya no existen lugares, im&#x00E1;genes o informaciones restringidas al adulto de forma exclusiva. </p>
		
		<p>Ello ha derivado en una progresiva “adultizaci&#x00F3;n” del ni&#x00F1;o, que puede acceder a los mismos contenidos que el adulto. El universo de lo que hasta ahora entend&#x00ED;amos como <italic>la edad de la inocencia</italic>, se desmorona. Podr&#x00ED;amos hablar sin demasiada exageraci&#x00F3;n de una especie de “muerte de la infancia”. No es de extra&#x00F1;ar que los ni&#x00F1;os y los adolescentes est&#x00E9;n protagonizando sucesos violentos hasta hace poco ins&#x00F3;litos a esas edades. </p>
		
		<p>Paralelamente a esta <italic>adultizaci&#x00F3;n</italic> del ni&#x00F1;o, se est&#x00E1; produciendo una progresiva “infantilizaci&#x00F3;n” del adulto. Es decir, est&#x00E1; ocurriendo una especie de <italic>difuminaci&#x00F3;n</italic> de los l&#x00ED;mites entre ambos mundos.  </p>
		
		<p>La infancia y la adolescencia postmoderna est&#x00E1;n sufriendo un retroceso al periodo comprendido entre los siglos XIII y XV, en el que el ni&#x00F1;o era contemplado como “un adulto peque&#x00F1;ito”, capaz de razonar, juzgar o decidir como un adulto. </p>
		
		<p>El discurso creado en torno al ni&#x00F1;o se ha inflado de tal modo que se reivindica su “derecho al goce ilimitado”. Cualquier acto de frustraci&#x00F3;n del deseo del ni&#x00F1;o es vivido con culpa por unos padres <italic>borrosos</italic> (generalmente culpabilizados por no disponer de tiempo suficiente para estar con el ni&#x00F1;o), que cada vez se muestran m&#x00E1;s incapaces de administrar ese deseo. </p>
		
		<p>Se difuminan as&#x00ED; las referencias claras de lo que debe ser un padre que asuma la funci&#x00F3;n simb&#x00F3;lica de autoridad, es decir, del personaje nutriente que cuida, protege y premia; pero que tambi&#x00E9;n castiga, frustra, administra y castra el deseo cuando es necesario. Esta falla primaria para el ni&#x00F1;o, necesaria para la construcci&#x00F3;n de una conciencia moral y de capacidad de autocontrol, es la que m&#x00E1;s tarde conducir&#x00E1; a un cuestionamiento generalizado de toda Autoridad (con may&#x00FA;sculas), y de la Ley (tambi&#x00E9;n con may&#x00FA;sculas). Las conductas “retadoras”, violentas e impulsivas, son ya hoy un latido emergente en nuestra cl&#x00ED;nica y en la sociedad, siendo solo un ejemplo el del desaf&#x00ED;o de los <italic>macrobotellones</italic>. </p>
		
		<p>La autoridad pierde su referente en el adulto, produci&#x00E9;ndose la infantilizaci&#x00F3;n del mismo que se expresa por un desvanecimiento de las diferencias entre ambos (en el vestir, en el comer, en el hablar, en los horarios, en el ocio…). Nos encontramos frente a unos adultos que son una especie de “jovencitos perpetuos” generalizados. </p>
		
		<p>La diferencia fundamental entre un ni&#x00F1;o y un adulto est&#x00E1; en que el adulto lo es porque se hace responsable de su deseo y de sus actos y asume las consecuencias.  </p><p>Cada vez hay menos gente adulta porque cada vez el sujeto de la Posmodernidad act&#x00FA;a m&#x00E1;s, pero no se responsabiliza de sus actos. Cada vez se vive m&#x00E1;s bajo la premisa del “dejadme en paz y ocuparos de mis asuntos”. </p>
		
		<p>Se puede as&#x00ED; fumar y pedir responsabilidades por las consecuencias a la tabacalera; envenenarse con todo tipo de drogas y “exigir” su cura y control a los poderes p&#x00FA;blicos. Curiosa posici&#x00F3;n esta en que las conductas voluntarias reclaman un control externo a uno mismo, al contrario que los s&#x00ED;ntomas. Ning&#x00FA;n diab&#x00E9;tico exige que se cierren las pasteler&#x00ED;as. A este adulto posmoderno se le disculpa todo. Se le disculpa porque, como a los ni&#x00F1;os, no se le considera responsable.  </p>
		
		<p>La disculpa viene generalmente por la v&#x00ED;a de la conversi&#x00F3;n de la responsabilidad en una enfermedad. La diferencia entre un s&#x00ED;ntoma y una conducta est&#x00E1; en que los s&#x00ED;ntomas son, por definici&#x00F3;n, involuntarios. Las conductas no.  </p>
		
		<p>Se reformulan las conductas como s&#x00ED;ntomas y el sujeto queda exculpado: de ser un jugador, un mujeriego o un chulo pasa a ser un lud&#x00F3;pata, un adicto al sexo o a la violencia de g&#x00E9;nero. La sociedad as&#x00ED; lo juzga: <italic>“no puede ser normal, tiene que estar enfermo”</italic>. Y por esta raz&#x00F3;n, cada vez hay m&#x00E1;s psic&#x00F3;patas que se ponen la m&#x00E1;scara de sufridor con el fin de perpetuar sus conductas, con la absoluta buena conciencia de ser unos canallas inocentes, como se&#x00F1;ala Pascal Brukner (Bruckner,<xref ref-type="bibr" rid="CIT03">1996</xref>). </p>
		
		<p>El siguiente paso es arrojar estos sujetos a las profesiones de ayuda que “entienden” de enfermedades y exigir su cura. Y como consecuencia de este paso, el siguiente lo constituye nuestra impotencia terap&#x00E9;utica frente a quien no reconoce responsabilidad alguna en su sufrir.  </p>
		
		<p>Por su parte, el ni&#x00F1;o posmoderno, adultizado, pierde el referente de lo que es un padre (un adulto) porque este tambi&#x00E9;n est&#x00E1; borroso. ¿Qui&#x00E9;n sostiene entonces la autoridad para poner y se&#x00F1;alar los l&#x00ED;mites? ¿Qui&#x00E9;n encarna el modelo adulto? ¿Qui&#x00E9;n asume la responsabilidad? </p>
		
		<p>La palpitante pol&#x00E9;mica sobre la violencia en las aulas y las quejas desesperadas de la gente de la ense&#x00F1;anza es una consecuencia de lo dicho. Tampoco el aula es un referente de autoridad. Los derechos ilimitados del alumno impiden la interposici&#x00F3;n de un l&#x00ED;mite. El alumno no ser&#x00E1; cuestionado mientras se apela a sus derechos o a que “tiene problemas” (de nuevo un s&#x00ED;ntoma).  </p>
		
		<p>Los docentes se quejan, afligidos, de algo que ya pronosticara Lacan en torno a la segregaci&#x00F3;n: los estados modernos lanzados a una pol&#x00ED;tica de supresi&#x00F3;n de las diferencias, reciben en lo real la respuesta: son los propios sujetos los que se segregan en funci&#x00F3;n de su deseo particular. </p>
		
		<p>As&#x00ED;, tenidas por progresistas unas medidas no segregativas se llega a no eliminar a los repetidores y a colocar en una misma aula a alumnos extremadamente diferentes; grupos de alumnos a los que interesa poco el saber se convierten as&#x00ED; en los reyes de las aulas y, a trav&#x00E9;s de la violencia, dictan la ley de su deseo particular. Es la reintroducci&#x00F3;n perversa de la necesaria diferencia que la estupidez homogeneizadora pretende borrar. </p>
		
		<p>Al adulto postmoderno que concede todos los derechos y responsabilidades al joven de la Postmodernidad, le responde este tom&#x00E1;ndose el &#x00FA;nico derecho que le importa profundamente: el de su satisfacci&#x00F3;n; un goce que se va a manifestar en un auge de la violencia en los centros de ense&#x00F1;anza. </p>
		
		<p>All&#x00ED; donde hay violencia hay un d&#x00E9;ficit de palabras. Es verdad. La cultura posmoderna es una cultura de la imagen; all&#x00ED; donde hab&#x00ED;a palabras, ahora hay im&#x00E1;genes. </p>
		
		<p>Pero se predica el “di&#x00E1;logo”, del mismo modo que el ni&#x00F1;o desarrolla actividades en solitario con el microondas, la video ni&#x00F1;era, las videoconsolas, y dem&#x00E1;s actividades mudas y solitarias. Est&#x00E1;n carentes de adultos que act&#x00FA;en como “terroristas semi&#x00F3;ticos”, seg&#x00FA;n dice Umberto Eco; adultos que filtren, interpreten y maticen la realidad que observan los ni&#x00F1;os, que introduzcan un cierto “orden” en todo ese caos informativo.  </p>
		
		<p>Al desaparecer la conciencia del l&#x00ED;mite, aparece el consumo y el placer desordenado y, en definitiva, el culto a las apariencias como forma posible de realidad. Nos encontramos con el culto al cuerpo y a la imagen, el culto al envoltorio (el valor del regalo se mide por el envoltorio); el culto a la informaci&#x00F3;n (pero entendida como archivo, no como memoria, otra palabra clave que ha perdido su significado). </p>
		</sec>
		
		<sec id="S5">
		<title>5. EL CONSUMO </title>
		
		<p>Es en esta &#x00E9;poca posmoderna en la que asistimos al fen&#x00F3;meno del consumo generalizado. El hombre posmoderno consume, luego existe. La l&#x00F3;gica implantada del consumo nos ha hecho dejar de desear lo que necesitamos, para pasar a necesitar lo que deseamos, y todo es una permanente propuesta de oferta y seducci&#x00F3;n: </p>
		
		<p>- Consumo de bienes materiales como s&#x00ED;mbolo de rango social. El sujeto pasa de ser la persona que compra a ser lo que compra; pasa del “yo soy el que compra” al “yo soy lo que compro”. </p>
		
		<p>- Consumo m&#x00E9;dico: presenciamos la paradoja de sujetos con una resistencia frontal a la medicina oficial que recurren a todo tipo de remedios alternativos, junto a la forma sutil de subversi&#x00F3;n que supone una generalizaci&#x00F3;n del consumo excesivo, indomable, de la medicina, con p&#x00E1;nico a las amenazas de su salud. Supone una escalada fant&#x00E1;stica del consumo m&#x00E9;dico que desaf&#x00ED;a completamente los objetivos y finalidades de la medicina, adem&#x00E1;s del presupuesto farmac&#x00E9;utico y la atenci&#x00F3;n de urgencias.  </p>
		
		<p>- Consumo de amor r&#x00E1;pido, alejado de sentimientos y aut&#x00E9;ntico erotismo; consumo de amor as&#x00E9;ptico y virtual a trav&#x00E9;s de <italic>chats</italic> y <italic>ciberidilios</italic>. </p>
		
		<p>- Consumo de informaci&#x00F3;n sin l&#x00ED;mites, sin posibilidad de ser transformada en conocimiento a trav&#x00E9;s de la reflexi&#x00F3;n, ya que los medios deben ser m&#x00E1;s r&#x00E1;pidos que los contenidos. </p>
		
		<p>- El consumo de drogas se ha vuelto un verdadero problema, ya que es el emergente m&#x00E1;s doloroso y brutal del estilo de vida posmoderno. Lo peor es la trivializaci&#x00F3;n del consumo, que ha llevado a considerarlo algo “normal” en una amplia franja de edad. </p>
		
		<p>- Consumo de todo tipo de m&#x00ED;sticas: secularizada la religi&#x00F3;n del progreso, vuelve a abrirse el espacio de lo genuinamente m&#x00ED;stico. Lo m&#x00ED;stico ya no tiene por referencia a Dios, la ciencia, la patria o la clase obrera. Lo m&#x00ED;stico hoy es el presente. </p>
		
		<p>Ocurre que el viejo relato &#x00FA;nico de la Modernidad se ha quebrado en mil min&#x00FA;sculos relatos. Estoy de acuerdo con Salvador Paniker (Paniker, <xref ref-type="bibr" rid="CIT15">2000</xref>) en su idea de que cada cual ha de inventar su propia leyenda, inventar su propia m&#x00ED;stica. Pero dotarse de una m&#x00ED;stica particular se hace muy complicado cuando no existen valores absolutos de referencia.  </p>
		
		<p>Se corre entonces el riesgo de la afiliaci&#x00F3;n a la m&#x00ED;stica m&#x00E1;s preponderante, la m&#x00ED;stica del consumo, de objetos y de sustancias, del trabajo sin pausa y a veces sin raz&#x00F3;n, la m&#x00ED;stica de la agenda, la cartera llena y, quiz&#x00E1;s, la vida vac&#x00ED;a.  </p>
		
		<p>Las soluciones que la medicina ofrece a este reto son las propias del momento, soluciones r&#x00E1;pidas: tecnol&#x00F3;gicas y qu&#x00ED;micas. Son eficaces pero parciales, incompletas, poco duraderas y con efectos secundarios.  </p>
		
		<p>En lugar de “aclarar” al sujeto, de “se&#x00F1;alarle” la necesidad de una vida &#x00ED;ntima, m&#x00E1;s importante que la privada y la p&#x00FA;blica para poder cultivar esa m&#x00ED;stica individual aclaratoria, la medicina opta (y el sujeto elige mayoritariamente) por el adormecimiento o la exaltaci&#x00F3;n qu&#x00ED;mica, por la enajenaci&#x00F3;n en vez del ensimismamiento. </p>
		
		<p>No es de extra&#x00F1;ar, el cultivo de la vida &#x00ED;ntima requiere como elementos imprescindibles el silencio y la reflexi&#x00F3;n, algo de cultivo ecol&#x00F3;gico para una gran mayor&#x00ED;a de nuestra sociedad. </p>
		
		<p>Para el yoga, sin silencio no hay aliento; sin aliento no hay vida. Para la meditaci&#x00F3;n t&#x00E1;ntrica, el silencio es la propia identidad, porque solo en el silencio se puede ser. Para Pascal, la receta para la salud mental del hombre estaba en su capacidad de permanecer media hora diaria solo y en silencio. </p>
		</sec>
		
		
		<sec id="S6">
		<title>6. EL RIESGO COMO FACTOR DE LA VIDA </title>
		
		<p>Nuestra &#x00E9;poca ya no es la que describe Stefan Zweig en sus memorias (Zweig, <xref ref-type="bibr" rid="CIT17">2002</xref>), ya no hay seguridades previas.  </p>
		
		<p>La carencia de cobijo bajo grandes ideales y <italic>metarrelatos </italic>(Dios, patria, ideolog&#x00ED;as), a la par que la globalizaci&#x00F3;n que hace que todo influya sobre todos, deriva en una necesidad de prevenci&#x00F3;n en todos los &#x00E1;mbitos de la vida que hipertrofia la angustia, generando un repunte de todos los cuadros cl&#x00ED;nicos asociados a ella, e incluso la aparici&#x00F3;n de algunos nuevos como lo que Fern&#x00E1;ndez Blanco denomina como el <italic>s&#x00ED;ndrome de stress pre-traum&#x00E1;tico </italic>(<xref ref-type="bibr" rid="CIT06">2004</xref>)<italic> </italic>y que aparece como angustia anticipatoria ante acontecimientos sociales como los atentados, la amenaza de nuevas infecciones, el sufrir todo tipo de patolog&#x00ED;as o el no llegar a tener hijos sanos. </p>
		
		<p>El terror que salpica desde dentro y fuera de los medios de comunicaci&#x00F3;n lleva la experiencia extrema a la vida cotidiana; salir de casa se convierte para muchos en toda una aventura plagada de amenazas. Como consecuencia, la demanda de libertad de la modernidad se ha sustituido por la demanda de seguridad posmoderna. </p>
		
		<p>Con todo lo extrema que parece la vida, nunca antes se ha temido m&#x00E1;s a la muerte, la vejez o la invalidez que en los &#x00FA;ltimos tiempos. Esta negaci&#x00F3;n de la edad y de la muerte es otra manifestaci&#x00F3;n del desprendimiento de la temporalidad y de la <italic>desrrealizaci&#x00F3;n</italic>: la vida como objeto de ficci&#x00F3;n, justo ahora cuando la vida no pertenece a Dios, no pertenece a la patria, no pertenece a la revoluci&#x00F3;n, sino que nos pertenece a cada uno. </p>
		
		<p>El hombre de hoy ya no puede apelar al destino, a Dios ni al azar para explicar sus temores, &#x00E9;l es el &#x00FA;nico responsable de su cuidado, lo que le lleva a la angustia permanente de la prevenci&#x00F3;n (colesterol, mamograf&#x00ED;as, revisiones peri&#x00F3;dicas, amniocentesis, consejo gen&#x00E9;tico...). Todo debe ser prevenido. No es de extra&#x00F1;ar el repunte de los cuadros f&#x00F3;bicos, en especial la hipocondr&#x00ED;a y los llamados <italic>trastornos somatoformes</italic> experimentado en los &#x00FA;ltimos a&#x00F1;os. </p>
		</sec>
		
		<sec id="S7">
		<title>7.DEVALUACI&#x00D3;N DEL PENSAMIENTO Y PRIMAC&#x00CD;A DE LA EMOCI&#x00D3;N</title>
		
		<p>El peso del saber y el pensamiento como un valor fundamental ligado a la tradici&#x00F3;n y a la formaci&#x00F3;n de la persona se han devaluado en beneficio de un saber instrumental y de la b&#x00FA;squeda de emociones como ideal predominante. </p>
		
		<p>Sin la consistencia cl&#x00E1;sica, este saber es fr&#x00E1;gil, expuesto a la controversia, lo que se traduce en una desconfianza del sujeto ante los repetidos cambios de criterio cient&#x00ED;fico, en una demanda de una segunda opini&#x00F3;n, en la proliferaci&#x00F3;n de ilustrados de Internet, de derivaci&#x00F3;n a otros saberes alternativos, de manuales de autoayuda y de una progresiva “rappelizaci&#x00F3;n” de la sociedad. </p>
		
		<p>Marina (Marina, <xref ref-type="bibr" rid="CIT13">2000</xref>) afirma que el posmodernismo nos ha contagiado el s&#x00ED;ndrome de <italic>inmunodeficiencia mental</italic> que aniquila nuestras defensas racionales haci&#x00E9;ndonos vulnerables a cualquier idea por d&#x00E9;bil que esta sea. El remedio seg&#x00FA;n Marina es estudiar y pensar m&#x00E1;s. </p>
		
		<p>En medicina, el lugar del sujeto —supuesto saber imprescindible para la cura— ha sido sustituido por el del objeto —supuesto saber encarnado en la tecnolog&#x00ED;a y las nuevas “m&#x00E1;quinas”—, hecho de consecuencias devastadoras en la estructura de la relaci&#x00F3;n m&#x00E9;dico-enfermo. El c&#x00F3;digo &#x00E9;tico ha sido sustituido por el c&#x00F3;digo penal. </p>
		
		<p>En cuanto a las emociones, si la Modernidad valor&#x00F3; y coloc&#x00F3; en un lugar de privilegio a la raz&#x00F3;n como &#x00FA;nico criterio de verdad, la Posmodernidad ha optado por absolutizar los sentimientos. El “pienso, luego existo” de Descartes ha sido sustituido por el “siento, luego existo”. </p>
		
		<p>Las grandes concentraciones posmodernas, salvo contadas excepciones, no son motivadas por ideas o proyectos, sino por la b&#x00FA;squeda de sensaciones colectivas, como en el caso del <italic>botell&#x00F3;n</italic>, el f&#x00FA;tbol o los conciertos de rock.  </p>
		
		<p>Solo en un escenario as&#x00ED;, puede proliferar un tipo de individuo permanentemente cuidadoso de su salud pero que arriesga su vida en todo tipo de deportes de riesgo y aventuras. Est&#x00E1; hiperinformado, pero es cada vez m&#x00E1;s permeable a todo tipo de esoterismos, curanderos, adivinadores y gur&#x00FA;s. Relajado respecto al saber y las ideolog&#x00ED;as, pero perfeccionista en el bricolaje. Al&#x00E9;rgico al esfuerzo, las normas coercitivas y la autoridad, no deja de impon&#x00E9;rselas a &#x00E9;l mismo con crueles reg&#x00ED;menes diet&#x00E9;ticos y esfuerzos deportivos desproporcionados. Discreto y contenido frente a la muerte, consume vorazmente todo tipo de terapias “<italic>psi</italic> “en las que poder gritar, llorar, insultar y maldecir en la intimidad. </p>
		</sec>
		
		<sec id="S8">
		<title>8. CAMBIOS EN LA ESTRUCTURA FAMILIAR Y LA FUNCI&#x00D3;N DE LOS HIJOS  </title>
		
		<p>El cambio en las estructuras familiares obedece a m&#x00FA;ltiples factores, como el acceso de la mujer al trabajo y el control de la natalidad, el aumento de la expectativa de vida, el alargamiento de todas las fases del ciclo vital de la familia o el n&#x00FA;mero de divorcios, que en nuestro pa&#x00ED;s pas&#x00F3; de 15.000 en 1982 a 40.000 en 2001. Pero quiz&#x00E1;s sea el proceso de transici&#x00F3;n de una sociedad rural a una postindustrial, d&#x00F3;nde se produce una substituci&#x00F3;n de las familias por los individuos como unidades centrales en la vida social. Con ello culmina el proceso de individualizaci&#x00F3;n y se pasa de las estrategias colectivas a las individuales propias de la Posmodernidad. </p>
		
		<p>En nuestro pa&#x00ED;s, el cambio de una estructura familiar cl&#x00E1;sica de tipo compleja, nuclear, en la que conviv&#x00ED;an dos o tres generaciones, ha sido evidente a favor del aumento exponencial de hogares unifamiliares, monoparentales y reconstituidos, equipar&#x00E1;ndose cada vez m&#x00E1;s al resto de Europa Occidental, d&#x00F3;nde son mayor&#x00ED;a hace d&#x00E9;cadas. En Paris, por ejemplo, alrededor del 70% de los hogares son de solitarios. </p>
		
		<p>En este sentido, soci&#x00F3;logos como Coleman (Coleman y Torsten, <xref ref-type="bibr" rid="CIT04">1989</xref>) entienden que al cambio familiar que acompa&#x00F1;a al proceso de modernizaci&#x00F3;n, se suceder&#x00E1;n tres modelos consecutivos de familia: </p>
		
		<p>1. Pre-Moderno: demanda “cantidad” de hijos en funci&#x00F3;n de considerarlos “fuente de rentas” o “bienes de producci&#x00F3;n”, capaces de “devolver” lo invertido en ellos y de ocuparse de los padres en su ancianidad. El caso m&#x00E1;s extendido es el de la familia campesina. </p>
		
		<p>2. Moderno: tras la llegada de la revoluci&#x00F3;n industrial y del consiguiente fen&#x00F3;meno migratorio a la ciudad, se generaliza (sobre todo en la burgues&#x00ED;a urbana) este modelo, que ya no demanda cantidad, sino “calidad” de hijos, porque los considera “bienes de inversi&#x00F3;n”. Aqu&#x00ED; ya no se trata de explotar a los hijos, sino de invertir en ellos a fin de asegurarles un mejor y m&#x00E1;s brillante futuro.  </p>
		
		<p>3. Post-moderno: tras la consolidaci&#x00F3;n de la sociedad de consumo y del Estado del Bienestar, aparecer&#x00ED;a, sobre todo en los nuevos profesionales urbanos, este nuevo modelo, que continuar&#x00ED;a demandando calidad y no cantidad de hijos, pero ya considerados como meros “bienes de lujo o de consumo ostentoso”. </p>
		
		<p>Por otro lado, parece claro que la familia moderna dej&#x00F3; a un lado importantes funciones econ&#x00F3;micas y educativas para convertirse en algo parecido a <italic>una agencia dispensadora de servicios afectivos</italic> como apunta Miguel Requena (Requena, <xref ref-type="bibr" rid="CIT16">1996</xref>). </p
		
		><p>De la carencia afectiva de los hijos en las familias premodernas, se ha pasado a la <italic>hiperprotecci&#x00F3;n</italic> de los mismos en las familias posmodernas. </p>
		
		<p>Una y otra presentan sus patolog&#x00ED;as. La que nos ocupa hoy d&#x00ED;a determina unos sujetos fr&#x00E1;giles e inseguros, que pueden llegar a dudar de su capacidad para enfrentarse a un mundo cuyos peligros, amenazas y dificultades est&#x00E1;n pronta y puntualmente resueltos por los padres. Entiendo que algo de este orden est&#x00E1; determinando el creciente n&#x00FA;mero de adolescentes que cuelgan sus estudios porque “se agobian” hasta el punto de presentar cuadros de ansiedad sintom&#x00E1;ticos. </p>
		</sec>
		
		<sec id="S9">
		<title>A MODO DE EP&#x00CD;LOGO </title>
		
		<p>La cl&#x00ED;nica psiqui&#x00E1;trica constituye un observatorio privilegiado de la realidad social. El sufrimiento ps&#x00ED;quico plasma de forma inequ&#x00ED;voca los malestares que acechan al ser humano en cada momento de su historia y evoluci&#x00F3;n. </p>
		
		<p>Lo expuesto en esta breve reflexi&#x00F3;n no es m&#x00E1;s que la constataci&#x00F3;n de unos hechos y el ensayo de alguna explicaci&#x00F3;n. La conclusi&#x00F3;n l&#x00F3;gica de estas ideas ser&#x00ED;a el apunte de alguna soluci&#x00F3;n o medida capaz de mitigar los malestares diagnosticados, tarea que quiz&#x00E1;s escapa a la formaci&#x00F3;n de un m&#x00E9;dico psiquiatra; no obstante intentaremos anotar algunas reflexiones al respecto. </p>
		
		<p>La plasticidad del cerebro humano para resolver problemas y adaptarse al medio es extraordinaria, pero los tiempos de adaptaci&#x00F3;n son tambi&#x00E9;n muy lentos. Los cambios descritos y operados en nuestro entorno han sido lo suficientemente r&#x00E1;pidos como para que a&#x00FA;n hoy, no solo no nos hayamos adaptado, sino que tampoco podamos saber a trav&#x00E9;s de qu&#x00E9; cambios estructurales de nuestro cerebro se llevar&#x00E1;n a cabo. Cambios no solo de impacto filogen&#x00E9;tico y ontog&#x00E9;nico a nivel individual, sino tambi&#x00E9;n relacional, colectivo y social.  </p>
		
		<p>Reza un proverbio Zen: “no se puede cambiar la trayectoria de la flecha cuando esta est&#x00E1; en el aire”. Podemos dar cuenta de los cambios pero no podemos saber hacia d&#x00F3;nde nos llevan. </p>
		
		<p>Teniendo en cuenta esta incertidumbre en la que tampoco es desde&#x00F1;able la intervenci&#x00F3;n del factor de azar que se&#x00F1;ala la f&#x00ED;sica cu&#x00E1;ntica, s&#x00ED; podemos identificar algunas se&#x00F1;ales del sentido del cambio. </p>
		
		<p>En lo tocante a la crisis de valores propios de la &#x00E9;poca posmoderna parece observarse un incipiente alumbramiento de nuevos valores tales como la Ecolog&#x00ED;a, el laicismo integrador de diferencias, la igualdad de g&#x00E9;neros o la justicia social entendida desde postulados menos ideol&#x00F3;gicos o pol&#x00ED;ticos y m&#x00E1;s pragm&#x00E1;ticos derivados de la actual crisis econ&#x00F3;mica mundial. </p>
		
		<p>La transformaci&#x00F3;n de la vivencia del tiempo y la devaluaci&#x00F3;n de los sentimientos de pudor y vergüenza han supuesto el cambio de lo que antes era un sufrir principalmente mediado por el pensamiento —la culpa, la vergüenza o el remordimiento— por la patolog&#x00ED;a derivada del acto —trastornos impulsivos, de personalidad, de alimentaci&#x00F3;n— y la ansiedad. Al igual que ocurre en la cl&#x00ED;nica individual, es posible que estemos asistiendo a una desaceleraci&#x00F3;n del tiempo ps&#x00ED;quico propia del final de las fases hipoman&#x00ED;acas e inicio de las normot&#x00ED;micas. Es funci&#x00F3;n de los pol&#x00ED;ticos y de todos los agentes sociales creadores de opini&#x00F3;n, el favorecer y fomentar la vuelta a un tiempo m&#x00E1;s humano en el que los momentos de silencio, de ensimismamiento, de contacto con uno mismo y la naturaleza vayan abri&#x00E9;ndose camino entre la actual aceleraci&#x00F3;n enajenada. </p>
		
		<p>Las m&#x00FA;ltiples voces que cada d&#x00ED;a m&#x00E1;s y desde todos los &#x00E1;mbitos reclaman una intervenci&#x00F3;n decidida sobre la educaci&#x00F3;n y las aulas, albergan la esperanza de la aparici&#x00F3;n de una nueva Ley que devuelva con claridad la posici&#x00F3;n jer&#x00E1;rquica a los agentes que deben simbolizar la autoridad y aquellos a quienes tienen el deber y la necesidad de reconocerla. </p>
		
		<p>Se hacen necesarios nuevos planteamientos pol&#x00ED;ticos y sociales sobre la l&#x00F3;gica del consumo que ha regido las &#x00FA;ltimas d&#x00E9;cadas. La crisis econ&#x00F3;mica mundial, las diferencias y al mismo tiempo el empeque&#x00F1;ecimiento de las distancias entre los diferentes mundos cada vez m&#x00E1;s grandes, apuntan a la necesidad de un cambio de modelos econ&#x00F3;micos y productivos mucho m&#x00E1;s globales y sostenibles. </p>
		
		<p>La necesidad de libertad debe auparse sobre la actual obsesi&#x00F3;n por la seguridad y la &#x00FA;nica manera de conseguirlo es la puesta en valor de un mundo m&#x00E1;s justo y equitativo. </p>
		
		<p>Finalmente, la familia humana, deber&#x00E1; encontrar nuevos equilibrios que favorezcan la adaptaci&#x00F3;n psicol&#x00F3;gica de sus v&#x00E1;stagos a las nuevas estructura. Probablemente los cambios evidenciados en las estructuras familiares llevar&#x00E1;n a un proceso de ensayo y error —como en su tiempo ocurri&#x00F3; con el ensayo de la convivencia en comunas— que decante aquellas f&#x00F3;rmulas exitosas para el desarrollo humano. Muchos de los actuales modelos se demostrar&#x00E1;n inviables y otros har&#x00E1;n valer su oportunidad. Habr&#x00E1; que esperar.</p>
		
					 
		</sec>
		
	</body>

	<back>
	
	

	
	<sec id="notas">
     <title>NOTAS</title>
     <fn-group>
      <fn id="NOTE01"><label>1</label><p>Las fuentes de estos datos quedan recogidas en el anexo “Datos epidemiol&#x00F3;gicos” de la bibliograf&#x00ED;a.</p></fn>
      
	  <fn id="NOTE02"><label>2</label><p>Las fuentes utilizadas para la evoluci&#x00F3;n de los f&#x00E1;rmacos en la &#x00FA;ltima d&#x00E9;cada, fueron obtenidas del Servicio de Farmacia de la Conseller&#x00ED;a de Sanidade (2010). Xunta de Galicia.</p></fn>
	  
	  <fn id="NOTE03"><label>3</label><p>Estad&#x00ED;stica de la Unidad de Hospitalizaci&#x00F3;n Psiqui&#x00E1;trica del Complejo Hospitalario Universitario de La Coru&#x00F1;a. Periodo comprendido entre 1996-2005.</p></fn>
	  
	  <fn id="NOTE04"><label>4</label><p>Informe Evoluci&#x00F3;n de la Familia en Espa&#x00F1;a 2010, mayo 2010. La ruptura Familiar en Espa&#x00F1;a 2012. Instituto de Pol&#x00ED;tica Familiar (http://www.ipfe.org/documentacion.htm) (31/05/2013)</p></fn>
      
	  <fn id="NOTE05"><label>5</label><p>http://www.abc.es/20101004/comunidad-galicia/explicar-contemporaneo-20101004.html (31/05/2013)</p></fn>
	  
	  <fn id="NOTE06"><label>6</label><p>http://www.consumer.es/web/es/educacion/universidad/2010/03/21/191878.php (31/05/2013)</p></fn>
	  
	  <fn id="NOTE07"><label>7</label><p>Estas caricaturas fueron publicadas el 30 de septiembre de 2005 en el peri&#x00F3;dico dan&#x00E9;s <italic>Jyllands-Posten</italic> con el t&#x00ED;tulo “El rostro de Mahoma”.</p></fn>
	  
	  
     </fn-group>
	</sec>
	
	
	
	

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			<p>WHO (2000). “Cross-national comparisons of the prevalences and correlates of mental disorders, WHO International Consortium in Psychiatric Epidemiology”. <italic>Bulletin of the World Health Organization</italic>, 78 (4).</p>
		
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