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			<journal-id journal-id-type="publisher-id">ARBOR</journal-id>
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				<journal-title>ARBOR Ciencia, Pensamiento y Cultura</journal-title>
				<abbrev-journal-title>ARBOR</abbrev-journal-title>
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			<issn pub-type="epub">0210-1963</issn>
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				<publisher-name>Consejo Superior de Investigaciones Cient&#x00ED;ficas</publisher-name>
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			 <article-id pub-id-type="publisher-id">arbor.2013.762n4009</article-id>
			 <article-id pub-id-type="doi">10.3989/arbor.2013.762n4009</article-id>
			 
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				<subj-group subj-group-type="heading">
				<subject>VARIA / <em>VARIA</em></subject>
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			  <article-title>“Horae canonicae”, Espa&#x00F1;a y los dos auden</article-title>
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		<trans-title>“Horae canonicae”, Spain and the two Audens</trans-title>
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		<alt-title alt-title-type="running-head">“Horae canonicae”</alt-title>
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				 <surname>Insausti</surname>
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			  <aff id="U1">Universidad de Navarra – ICS. Departamento de Filolog&#x00ED;a-Facultad de Filosof&#x00ED;a y Letras</aff>
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		<pub-date pub-type="collection">
		<year>2013</year>
		</pub-date>
		
		<volume>189</volume>
		<issue>762</issue>
		
		<elocation-id content-type="doi">10.3989/arbor.2013.762n4009</elocation-id>

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		  	<date date-type="received">
				<day>27</day>
				<month>03</month>
				<year>2012</year>
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			<date date-type="accepted">
				<day>13</day>
				<month>03</month>
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		<copyright-statement>&#x00A9; 2013 CSIC</copyright-statement>
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		<license-p>Este es un art&#x00ED;culo de acceso abierto distribuido bajo los t&#x00E9;rminos de la licencia Creative Commons Attribution-Non Commercial (by-nc) Spain 3.0.</license-p>
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		<abstract xml:lang="es">
		<title>RESUMEN</title>
		<p>“Horae canonicae”, la serie de poemas incluida en <italic>The Shield of Achilles</italic> con el G&#x00F3;lgota por tema central, constituye una de las piezas m&#x00E1;s importantes del Auden de los a&#x00F1;os cincuenta. La cr&#x00ED;tica ha situado habitualmente este conjunto en el contexto del cristianismo ulterior del poeta y su evoluci&#x00F3;n ideol&#x00F3;gica hacia un tibio conservadurismo, tras unos a&#x00F1;os de juventud en los que coquete&#x00F3; con el izquierdismo revolucionario. No obstante, “Horae canonicae” contiene algunos elementos sumamente enigm&#x00E1;ticos sobre los que conviene llamar la atenci&#x00F3;n, y que permiten leer el texto como una suerte de palinodia cuyo intertexto ser&#x00ED;an poemas como el c&#x00E9;lebre “Spain”.</p>
		</abstract>
		<trans-abstract xml:lang="en">
		<title>ABSTRACT</title>
		<p>“Horae canonicae”, the series first included in <italic>The Shield of Achilles</italic> when first published, with the Crucifixion as its central theme, is one the most crucial pieces of the later Auden. Criticism has often located these poems within the contexto f Auden’s conversi&#x00F3;n to Christianity and his ideological bias towards a growing conservatism alter his early years, in which he flirted with revolutionary leftism. However, “Horae canonicae” contains several enigmatic elements on which the reader should focus, elements that allow us to read it as a sort of palinode whose intertext would be pieces like the much better known “Spain”.</p>
		</trans-abstract>
		<kwd-group xml:lang="es">
			<title>PALABRAS CLAVE</title>
			<kwd>Auden</kwd>
			<kwd>Horae canonicae</kwd>
			<kwd>“Spain”</kwd>
			<kwd>sacrificio</kwd>
			<kwd>conversi&#x00F3;n</kwd>
			<kwd>violencia antirreligiosa</kwd>
		</kwd-group>
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			<title>KEYWORDS</title>
			<kwd>Auden</kwd>
			<kwd>Horae canonicae</kwd>
			<kwd>“Spain”</kwd>
			<kwd>sacrifice</kwd>
			<kwd>conversion</kwd>
			<kwd>antireligious violence</kwd>
		</kwd-group>
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	<body>
		
		<sec id="S1">
		<title>UNA VISI&#x00D3;N DEL G&#x00D3;LGOTA </title>
		
		<p>Como anuncia el propio t&#x00ED;tulo, el tema de <italic>Horae canonicae</italic> es un recorrido por las horas del d&#x00ED;a —el <italic>good Friday</italic> que adelanta en su &#x00FA;ltimo verso una de las secciones, apoy&#x00E1;ndose en la anfibolog&#x00ED;a— a trav&#x00E9;s de las horas del oficio divino: “Prima”, “Tercia”… hasta las “Completas” y los “Laudes” que cierran la serie. Lo interesante aqu&#x00ED; es que en ese recorrido Auden propone una intersecci&#x00F3;n entre el acontecimiento hist&#x00F3;rico y &#x00FA;nico de la Crucifixi&#x00F3;n y el presente, en una jornada cualquiera en el mundo moderno: la muerte de Cristo ser&#x00ED;a el centro de la Historia humana, supondr&#x00ED;a la abolici&#x00F3;n definitiva de una “infancia” en la que pod&#x00ED;a a&#x00FA;n creerse en la propia inocencia y permanecer en una visi&#x00F3;n l&#x00FA;dica de la vida. Tras la agon&#x00ED;a de la v&#x00ED;ctima en el Calvario, en cambio, los verdugos saben que ese mundo ha concluido, y que all&#x00E1; donde est&#x00E9;n ellos seguir&#x00E1; acech&#x00E1;ndoles el recuerdo del Crucificado, de su propio crimen:  </p>
		
		<p>Esta carne mutilada, nuestra v&#x00ED;ctima,  </p>
		
		<p>explica demasiado desnuda, claramente,  </p>
		
		<p>el hechizo del jard&#x00ED;n de esp&#x00E1;rragos,  </p>
		
		<p>el fin del juego de tiza; sellos,  </p>
		
		<p>huevos de p&#x00E1;jaros, no son ya lo mismo, tras la maravilla  </p>
		
		<p>de los caminos de sirga y las callejas hundidas,  </p>
		
		<p>tras el arrebato en la escalera en espiral,  </p>
		
		<p>siempre seremos conscientes  </p>
		
		<p>del acto al que conducen, bajo  </p>
		
		<p>el juego de la persecuci&#x00F3;n y la captura,  </p>
		
		<p>bajo la carrera y la pelea y el chapoteo,  </p>
		
		<p>bajo el jadeo y la carcajada,  </p>
		
		<p>siempre escucharemos el grito y la calma  </p>
		
		<p>que le sigue; all&#x00E1; donde el sol brille  </p>
		
		<p>y corra el arroyo, se escriban libros,  </p>
		
		<p>siempre estar&#x00E1; esta muerte.<xref ref-type="fn" rid="NOTE01">1</xref></p>
		
		<p>Es decir, que puede decirse que <italic>Horae canonicae</italic> contiene no tanto una recreaci&#x00F3;n o un relato de la Crucifixi&#x00F3;n cuanto una interpretaci&#x00F3;n cristiana de la Historia, esto es, una visi&#x00F3;n del acontecer humano como drama, en el que hay v&#x00ED;ctimas y verdugos y en el que se plantean cuestiones como la imputaci&#x00F3;n de la culpa y la expiaci&#x00F3;n. </p>
		
		<p>De hecho, la secci&#x00F3;n titulada “V&#x00ED;speras” subraya de modo muy particular esta centralidad del sacrifico de la Cruz, junto con las dos primeras de aquellas consecuencias que tra&#x00ED;a consigo la restauraci&#x00F3;n de la interpretaci&#x00F3;n ortodoxa, a saber, que en ella Cristo —y con &#x00E9;l todo m&#x00E1;rtir, calificado como <italic>alter Christus</italic>— es inocente y que toda sociedad y toda civilizaci&#x00F3;n poseen un origen religioso. Se trata de un poema en vers&#x00ED;culos, que describe una escena aleg&#x00F3;rica: el encuentro entre el “Ut&#x00F3;pico” y el “Arc&#x00E1;dico” en las calles de la ciudad, cuando la noche ha ca&#x00ED;do ya sobre ella. ¿Qui&#x00E9;nes son estos personajes? Muy pronto se definen, el primero como un individuo de car&#x00E1;cter aristocr&#x00E1;tico, con una visi&#x00F3;n est&#x00E9;tica de la vida, apegado a alg&#x00FA;n tipo de religiosidad fundamentalmente privada, y el segundo como un partidario de las ideas ilustradas, practicante de las virtudes racionales y del igualitarismo, que sue&#x00F1;a con una revoluci&#x00F3;n que invierta las estructuras de poder.  </p>
		
		<p>Significativamente, Auden habla en primera persona desde el punto de vista del Arc&#x00E1;dico, es decir, se identifica con lo que podr&#x00ED;amos considerar como un liberal aferrado a sus placeres privados y esc&#x00E9;ptico ante toda posibilidad de mejorar el mundo, que contempla con horror el fanatismo unilateral y severo de los ut&#x00F3;picos y prefiere no imaginar el empobrecimiento del mundo que se producir&#x00ED;a si ellos lo gobernasen por entero. O sea, que si el Auden de los a&#x00F1;os cincuenta toma en principio partido por el Arc&#x00E1;dico, bien puede pensarse que el Ut&#x00F3;pico encarna el fantasma de su propia juventud. Entre ambos parece existir un antagonismo irresoluble: los dos personajes se esp&#x00ED;an a distancia, se contemplan bajo sospecha, no se dirigen la palabra. No obstante, el final de “V&#x00ED;speras” introduce una novedad, que resuelve ese encuentro fortuito con una sugerencia que viene aqu&#x00ED; muy al caso:  </p>
		
		<p>¿Fue (como parecer&#x00E1; a cualquier dios de las encrucijadas) simplemente una intersecci&#x00F3;n fortuita de trayectorias vitales, fieles a distintas mentirijillas?  </p>
		
		<p>O quiz&#x00E1; tambi&#x00E9;n un encuentro entre dos c&#x00F3;mplices que, pese a s&#x00ED; mismos, no pueden evitar verse / para recordarse el uno al otro (¿acaso, en el fondo, desean ambos la verdad?) esa mitad de su secreto que preferir&#x00ED;a olvidar,  </p>
		
		<p>forz&#x00E1;ndonos as&#x00ED;, por una fracci&#x00F3;n de segundo, a recordar a nuestra v&#x00ED;ctima (pero por &#x00E9;l yo podr&#x00ED;a olvidar la sangre y por m&#x00ED; &#x00E9;l podr&#x00ED;a olvidar la inocencia),  </p>
		
		<p>sobre cuya inmolaci&#x00F3;n (ll&#x00E1;mesele Abel, Remo, como se quiera, es un mismo ofrecimiento) se fundan nuestras arcadias, nuestras utop&#x00ED;as, el vejestorio de nuestra democracia.  </p>
		
		<p>Pues sin un cimiento de sangre (ha de ser humana, ha de ser inocente) ning&#x00FA;n muro secular se tendr&#x00E1; en pie.<xref ref-type="fn" rid="NOTE02">2</xref></p>
		
		<p>Como es habitual en Auden, “V&#x00ED;speras” introduce un juego de equivalencias entre arquetipos: Abel y Remo son intercambiables en la medida en que ambos suponen una prefiguraci&#x00F3;n de Cristo; es decir, ambos son esa primera v&#x00ED;ctima sobre cuya muerte se construye toda una civilizaci&#x00F3;n, el mundo hebraico y luego cristiano en el primer caso y el Imperio romano en el segundo. As&#x00ED;, que el Arc&#x00E1;dico y el Ut&#x00F3;pico sean, sin propon&#x00E9;rselo, c&#x00F3;mplices, significa que cualquier civilizaci&#x00F3;n, con independencia de su estructura pol&#x00ED;tica, de alg&#x00FA;n modo hunde sus ra&#x00ED;ces en un sustrato religioso. Es m&#x00E1;s, Auden subraya con una extra&#x00F1;a insistencia que ese sustrato es de &#x00ED;ndole sacrificial: la sangre derramada ha de ser humana e inocente, dice, para sostener esa civilizaci&#x00F3;n. O sea, que la Historia se erige invariablemente sobre el basamento de las v&#x00ED;ctimas. </p>
		
		<p>Ahora bien, no conviene perder de vista que quien habla en el poema no es exactamente Wystan Hugh Auden sino el Arc&#x00E1;dico: en plena guerra fr&#x00ED;a, Auden opone las utop&#x00ED;as de signo totalitario a las democracias liberales y declaradamente imperfectas, recuerda su origen hasta cierto punto com&#x00FA;n y desenmascara —c&#x00ED;nicamente, si se quiere— tanto sus errores de juventud al adherirse a las grandes causas p&#x00FA;blicas desde las posiciones de la izquierda como su opci&#x00F3;n de madurez, en la medida en que esta &#x00FA;ltima supondr&#x00ED;a la asunci&#x00F3;n de una actitud esc&#x00E9;ptica y “reaccionaria”. El Arc&#x00E1;dico y el Ut&#x00F3;pico, en principio tan irreconciliables, son a la postre complementarios, las dos mitades de cada hombre moderno: ambos comparten la misma condici&#x00F3;n, es decir, el hecho que su existencia viene posibilitada por ese momento fundacional de la civilizaci&#x00F3;n, el sacrificio de Cristo. Y lo que los distingue, en &#x00FA;ltimo t&#x00E9;rmino, inevitablemente nos lleva a pensar en las cuestiones teol&#x00F3;gicas que suscitaron la conversi&#x00F3;n de Auden y en los acontecimientos que atestigu&#x00F3; durante su visita a la Espa&#x00F1;a en guerra: el Utopista preferir&#x00ED;a que el Arc&#x00E1;dico dejara desapercibida la sangre, esto es, la violencia, la naturaleza insoslayablemente cruenta de ese sacrificio, mientras que el Arc&#x00E1;dico quisiera que el Utopista olvidara la inocencia de la v&#x00ED;ctima. </p>
		
		<p>Es decir, que tanto el Ut&#x00F3;pico como el Arc&#x00E1;dico son proclives a un relato interesado de los acontecimientos, marcado por un sesgo ideol&#x00F3;gico capaz de deso&#x00ED;r los escr&#x00FA;pulos morales: que el Utopista prefiera que ignoremos la sangre derramada en el sacrificio significa que pretende dirigir nuestra atenci&#x00F3;n sobre la promesa del beneficio que supuestamente ocasiona ese sacrificio y as&#x00ED; distraer nuestra mirada del precio que ha costado; es decir, pretende simplemente justificar la violencia revolucionaria al calificarla como acto sacrificial. Por su parte, el Arc&#x00E1;dico quisiera que el Ut&#x00F3;pico olvidara la inocencia de la v&#x00ED;ctima, o al menos se reconoce capaz de hacerlo, esto es, de hacer o&#x00ED;dos sordos a las injusticias que se producen en el mundo y permanecer encerrado en sus universos privados, en una actitud insolidaria que resuelve toda perplejidad, toda incomodidad, mediante la vieja imputaci&#x00F3;n arbitraria de la culpa: como los jud&#x00ED;os ante Job, el Arc&#x00E1;dico siente constantemente la tentaci&#x00F3;n de pensar que quien padece en este mundo se ha hecho merecedor de ese padecimiento y por tanto no se le debe auxilio alguno, lo que le permite continuar c&#x00F3;modamente instalado en su muelle existencia. </p>
		
		<p>No obstante, lo m&#x00E1;s revelador de este “cinismo” de Auden en <italic>Horae canonicae</italic> es algo tan simple como la persona gramatical: tanto en los versos ya citados de “V&#x00ED;speras” como en “Tercia” y “Sexta”, las alusiones a la Crucifixi&#x00F3;n se hacen desde una significativa primera persona del plural. Es decir, que Auden adopta el punto de vista de los verdugos, en una perspectiva ir&#x00F3;nica y &#x00E9;ticamente perturbadora. ¿Por qu&#x00E9;? ¿Pretende acaso despertar nuestra empat&#x00ED;a, hacer que comprendamos las motivaciones que los han llevado a cometer semejante crimen?  </p>
		</sec>
		
		
		<sec id="S2">
		<title>LINCHAMIENTO EN EL G&#x00D3;LGOTA </title>
				
		<p>Un vistazo a “Tercia” ofrece algunas claves:  </p>
		
		<p>Lo que sabemos imposible,  </p>
		
		<p>aunque una y otra vez predicho  </p>
		
		<p>por eremitas, chamanes y sibilas  </p>
		
		<p>que parlotean en trance,  </p>
		
		<p>o revelado a un ni&#x00F1;o en la inesperada rima  </p>
		
		<p>de <italic>azar</italic> y <italic>matar</italic>, sucede  </p>
		
		<p>antes de que nos demos cuenta. Nos sorprende  </p>
		
		<p>la facilidad y la velocidad de nuestro acto,  </p>
		
		<p>nos incomoda: son apenas las tres,  </p>
		
		<p>media tarde, y la sangre  </p>
		
		<p>de nuestro sacrificio ya se seca  </p>
		
		<p>sobre la hierba. No estamos preparados  </p>
		
		<p>para un silencio tan temprano y repentino;  </p>
		
		<p>el d&#x00ED;a es demasiado caluroso, claro, detenido,  </p>
		
		<p>demasiado siempre, el muerto sigue siendo demasiado nada.  </p>
		
		<p>¿Qu&#x00E9; podemos hacer hasta la noche?  </p>
		
		<p> </p>
		
		<p>Ha cesado el viento y hemos perdido nuestro p&#x00FA;blico.  </p>
		
		<p>La muchedumbre sin rostro que siempre  </p>
		
		<p>se re&#x00FA;ne cuando un mundo va a naufragar,  </p>
		
		<p>saltar hecho pedazos, incendiarse, desquebrajarse,  </p>
		
		<p>abismarse, partirse en dos, verse hecho trizas,  </p>
		
		<p>se ha disuelto. Ninguno  </p>
		
		<p>de los que yacen, durmiendo tranquilamente,  </p>
		
		<p>a la sombra de los muros y los &#x00E1;rboles,  </p>
		
		<p>inofensivos como corderos, podr&#x00ED;a recordar  </p><p>por qu&#x00E9; ni de qu&#x00E9; gritaba  </p>
		
		<p>tan alto esta ma&#x00F1;ana, al sol;  </p>
		
		<p>si se les preguntara, responder&#x00ED;an:  </p>
		
		<p>“Fue un monstruo de un solo ojo rojo,  </p>
		
		<p>una multitud quien lo vio morir, no yo”.  </p>
		
		<p>El verdugo ha ido a lavarse, los soldados a comer;  </p>
		
		<p>estamos solos con nuestra haza&#x00F1;a.  </p>
		
		<p> </p>
		
		<p>La Virgen del p&#x00E1;jaro carpintero,  </p>
		
		<p>la Virgen de la higuera,  </p>
		
		<p>la Virgen junto a la presa amarilla,  </p>
		
		<p>retiran la mirada de nosotros  </p>
		
		<p>y nuestros proyectos en construcci&#x00F3;n,  </p>
		
		<p>miran s&#x00F3;lo en una direcci&#x00F3;n,  </p>
		
		<p>fijan sus ojos en nuestra obra ya completa:  </p>
		
		<p>el martinete, la hormigonera,  </p>
		
		<p>la gr&#x00FA;a y la piqueta esperan que las usemos de nuevo,  </p>
		
		<p>pero ¿c&#x00F3;mo podemos repetir eso?  </p>
		
		<p>Al sobrevivir a nuestro acto, permanecemos en pie,  </p>
		
		<p>tan desapercibidos como  </p>
		
		<p>cualquiera de nuestros artefactos descartados,  </p>
		
		<p>como guantes rasgados, teteras oxidadas,  </p>
		
		<p>ramas abandonadas, ruedas de molino  </p>
		
		<p>torcidas e inservibles, devoradas por ortigas [...] </p>
		
		<p> </p>
		
		<p>Pronto una fresca tramontana agitar&#x00E1; las hojas,  </p>
		
		<p>las tiendas volver&#x00E1;n a abrir a las cuatro  </p>
		
		<p>el autob&#x00FA;s vac&#x00ED;o en la plaza vac&#x00ED;a  </p>
		
		<p>se llenar&#x00E1; y partir&#x00E1;: tenemos tiempo  </p>
		
		<p>para distorsionar, justificar, negar,  </p>
		
		<p>mitificar, utilizar este acontecimiento,  </p>
		
		<p>mientras bajo una cama de hotel,  </p>
		
		<p>en prisi&#x00F3;n, en una mala racha, su significado  </p>
		
		<p>espera nuestras vidas. Antes de lo que quisi&#x00E9;ramos,  </p>
		
		<p>el pan se fundir&#x00E1;, el agua arder&#x00E1;  </p>
		
		<p>y empezar&#x00E1; el gran sofocamiento, Abbadon  </p>
		
		<p>levantar&#x00E1; su triple cadalso  </p>
		
		<p>ante nuestras siete puertas, y el gordo Belial  </p>
		
		<p>obligar&#x00E1; nuestras mujeres a bailar desnudas; mientras tanto  </p>
		
		<p>ser&#x00ED;a mejor irnos a casa, si tenemos una casa,  </p>
		
		<p>descansar, en cualquier caso.<xref ref-type="fn" rid="NOTE03">3</xref></p>
		
		<p>Creo que <italic>Horae canonicae</italic>, y en particular “Tercia”, no se pueden comprender adecuadamente si no se recuerda, tras este Auden cristiano de los a&#x00F1;os cincuenta, al escritor pol&#x00ED;tico de los treinta: el relato de “Tercia” podr&#x00ED;a resumirse como una caracterizaci&#x00F3;n del G&#x00F3;lgota como linchamiento, esto es, una sanci&#x00F3;n moral —de saldo negativo— de un brote de violencia contra un individuo al que una muchedumbre ha tomado moment&#x00E1;neamente como chivo expiatorio. De hecho, el relato atraviesa las distintas fases que se suceder&#x00ED;an en un acto de violencia de este tipo, adoptando el punto de vista de los verdugos desde un “nosotros” que contiene una apelaci&#x00F3;n a la conciencia del lector.  </p>
		
		<p>Primero, la furia que se ha desatado justo antes de que comience el poema, y que explica que la v&#x00ED;ctima yazga exangüe, inofensiva, extra&#x00F1;amente insignificante incluso, como si sus verdugos se preguntaran de pronto qu&#x00E9; hab&#x00ED;a en ella que pudiera justificar su propio acto. Despu&#x00E9;s, algo tan banal como la simple curiosidad morbosa, que es lo que en primera instancia ha reunido a la muchedumbre. M&#x00E1;s tarde, la sorpresa ante su propia acci&#x00F3;n, como si ese estallido de violencia hubiese obedecido a una psicosis transitoria, a ese enardecimiento de los &#x00E1;nimos que tiene lugar por replicaci&#x00F3;n, &#x00F3;smosis o retroalimentaci&#x00F3;n, en una muchedumbre: todo sucede antes de que los propios verdugos “se den cuenta”, y el narrador queda at&#x00F3;nito ante la “velocidad” y la “facilidad” de su crimen; los asesinos casi no recuerdan por qu&#x00E9; ni c&#x00F3;mo llegaron a cometer su asesinato, en una dislocaci&#x00F3;n de la personalidad que intentar&#x00ED;a eludir la responsabilidad moral. En cuarto lugar, esta actitud elusiva se enuncia a las claras mediante una estrategia que Auden conoc&#x00ED;a al dedillo: la disoluci&#x00F3;n de la responsabilidad del individuo en el anonimato de la masa, el “monstruo de un solo ojo rojo” que, preguntados, alegar&#x00ED;an todos que dio muerte a la v&#x00ED;ctima. Finalmente, y como resultado de esta culpa ineludible pese a todo, se quiebra la relaci&#x00F3;n de inmediatez, de intimidad o de comuni&#x00F3;n entre los hombres y el mundo: el sue&#x00F1;o de una vida inocente, libre de toda culpa, queda truncado y los juegos infantiles resultan ya imposibles, los juguetes quedan abandonados. Por &#x00FA;ltimo, lo que encuentra entre sus manos el hombre, tras esa misteriosa muerte, es precisamente tiempo “para distorsionar, justificar, negar, / mitificar, utilizar este acontecimiento, / mientras bajo una cama de hotel, / en prisi&#x00F3;n, en una mala racha, su significado / espera nuestras vidas”. Es decir, para perderse en tergiversaciones y eludir la mirada directa, para esquivar nuestra propia participaci&#x00F3;n vicaria en el crimen y hacer o&#x00ED;dos sordos a su motivaci&#x00F3;n &#x00FA;ltima: la <italic>charitas</italic> hasta las &#x00FA;ltimas consecuencias que se ha manifestado en la Encarnaci&#x00F3;n, y que Auden pone aqu&#x00ED; en relaci&#x00F3;n con el mandato supremo del amor y con las obras de misericordia. Todo hombre necesitado de ayuda, se podr&#x00ED;a resumir, es otro Cristo, siguiendo el pasaje evang&#x00E9;lico de las obras de misericordia. Es decir, que nuestra solidaridad deber&#x00ED;a ser con la v&#x00ED;ctima, y no con el verdugo. </p>
		
		<p>Caracterizar el acontecimiento del G&#x00F3;lgota como un linchamiento equivale a restaurar el significado ortodoxo del cristianismo, en la medida en que de este modo queda subrayada la inocencia de la v&#x00ED;ctima. Pero, como he sugerido arriba, esa caracterizaci&#x00F3;n nos devuelve a un tema recurrente en la literatura de los a&#x00F1;os treinta, cuyo tratamiento explica el cambio de signo en la evaluaci&#x00F3;n de la violencia revolucionaria por parte de Auden: los comportamientos de las masas. Nunca antes el escritor hab&#x00ED;a sido tan consciente de que la vida urbana era la vida de las masas, de que aquel monstruo de mil cabezas era el verdadero protagonista del presente: el diagn&#x00F3;stico precoz de Ortega —cuya <italic>Rebeli&#x00F3;n de las masas</italic> se hab&#x00ED;a editado en ingl&#x00E9;s en 1932— se revelaba como uno de los signos de la &#x00E9;poca, y escritores como Henry Green en su novela <italic>Living</italic> o J. B. Priestley en <italic>The Good Companions</italic> describ&#x00ED;an el comportamiento de la muchedumbre abigarrada de un estadio de f&#x00FA;tbol en un domingo, en una celebraci&#x00F3;n de la vida moderna. A comienzos de la d&#x00E9;cada, las novelas de Grassic Gibbon, Sommerfield y James Barke <italic>Grey Granite</italic>, <italic>May Day</italic> y <italic>Major Operation</italic> empezaron a dotar de contenido pol&#x00ED;tico a este tema y pronto los escritores de izquierda comenzaron a apropiarse de &#x00E9;l. Por ejemplo, en su “Hymn” (1933) Rex Warner arengaba as&#x00ED; a los lectores: “Venid pues, compa&#x00F1;eros. Esta es la primavera de la sangre, / el d&#x00ED;a del coraz&#x00F3;n, el movimiento de las masas”.  </p>
		
		<p>Auden, que alude al conocido ensayo de Ortega en algunos art&#x00ED;culos de su etapa neoyorquina y que rese&#x00F1;&#x00F3; la edici&#x00F3;n en ingl&#x00E9;s de <italic>Hacia una filosof&#x00ED;a de la Historia</italic>, no dej&#x00F3; de advertir lo crucial del fen&#x00F3;meno orteguiano, como muestra la tercera parte de su <italic>Carta</italic> <italic>de A&#x00F1;o Nuevo</italic>. Con el tiempo, esta recreaci&#x00F3;n de la masa como sujeto infalible, como encarnaci&#x00F3;n pura de la voluntad popular, recibir&#x00ED;a las inevitables objeciones. Spender, por ejemplo, hab&#x00ED;a desconcertado a uno de sus amigos alemanes al hacerle ver que &#x00E9;l mismo era uno de esos seres mezquinos y desleales que merec&#x00ED;an el exterminio, si hab&#x00ED;a que ser coherente con las consignas que unos minutos antes hab&#x00ED;a voceado &#x00E9;l entre la muchedumbre. Otros eran menos comedidos: Julian Bell afirmaba en su “Carta abierta a Cecil Day Lewis” que las masas no son m&#x00E1;s que muchedumbres y que “las muchedumbres son est&#x00FA;pidas por definici&#x00F3;n”; Herbert Read opon&#x00ED;a las facultades excepcionales del artista a la indiferenciaci&#x00F3;n de la masa; Edwin Muir observaba que los escritores de izquierda corr&#x00ED;an el peligro de deshumanizar la literatura al no ver lo humano “si no es en una gran masa”; y el primer n&#x00FA;mero de <italic>New Verse</italic>, en enero de 1933, deploraba una victoria de las masas que tend&#x00ED;a a “vulgarizar” las artes. </p>
		
		<p>En muchos de estos casos, los sucesos ocurridos en la Alemania del Tercer Reich o el espect&#x00E1;culo de los discursos de Nuremberg hab&#x00ED;an resultado decisivos, en la medida en que mostraban a los ojos de unos j&#x00F3;venes german&#x00F3;filos la vertiente m&#x00E1;s siniestra del comportamiento de una masa. Del mismo modo que un Fritz Lang, huido de Alemania en 1933, sab&#x00ED;a lo que se hac&#x00ED;a cuando en <italic>Furia</italic> (1939) retrataba el comportamiento criminal de una masa iracunda, que tomaba a Spencer Tracy como chivo expiatorio en un linchamiento, los j&#x00F3;venes escritores brit&#x00E1;nicos de los treinta no pod&#x00ED;an enga&#x00F1;arse al respecto, hacia el final de la d&#x00E9;cada. De hecho, creo que la objeci&#x00F3;n de Spender —de sangre parcialmente jud&#x00ED;a— tiene mucho que ver con la que Auden empez&#x00F3; a madurar durante su estancia en la Espa&#x00F1;a de la guerra, y que no es casual que en su caso esa revisi&#x00F3;n de sus ideas viniera motivada por su disgusto ante la violencia antirreligiosa. La inercia terrible de la masa en movimiento, su ilusi&#x00F3;n de irresponsabilidad moral, su autojustificaci&#x00F3;n en el simple n&#x00FA;mero, la convert&#x00ED;an en un monstruo capaz de soslayar el hecho de que la v&#x00ED;ctima elegida es inocente. Y, con el tiempo, eso valdr&#x00ED;a tanto para el jud&#x00ED;o o el marxista perseguido tras la Noche de los Cristales Rotos como para el sacerdote cat&#x00F3;lico fusilado en la Guerra Civil Espa&#x00F1;ola.  </p>
		
		<p>Haber comprobado <italic>in situ</italic> el terrible desenlace de uno de esos arrebatos m&#x00E1;s o menos espont&#x00E1;neos de violencia colectiva servir&#x00ED;a para que Auden realizase uno de los descubrimientos que marcar&#x00ED;an el resto de su vida y su obra: la conciencia individual y su obligaci&#x00F3;n de revisar constantemente sus deberes morales, contra la f&#x00E1;cil exoneraci&#x00F3;n de ese deber que permitir&#x00ED;a fundirse con la muchedumbre en una terrible unanimidad. Porque lo m&#x00E1;s aterrador de la masa —y en esto Auden coincidir&#x00E1; con su amiga Hannah Arendt— es que propicia que se cometan las mayores atrocidades sin que en cada uno de los individuos que la conforman tenga lugar un acto pleno de deliberaci&#x00F3;n, un odio consciente y meditado; basta con que se dejen arrastrar por la corriente general. Y eso, a la altura de 1950, se hab&#x00ED;a comprobado sobradamente: la autojustificaci&#x00F3;n de los verdugos del G&#x00F3;lgota en “Tercia” —“no fui yo”, “fue la muchedumbre”— recuerda de cerca las que empezaron a o&#x00ED;rse a partir de 1945 desde Nuremberg hasta Berl&#x00ED;n, en un argumento que a Auden, residente en la Alemania de Weimar entre 1928 y 1933, no pod&#x00ED;a satisfacer. Ampararse en el “Todos lo hac&#x00ED;an” o el “S&#x00F3;lo cumpl&#x00ED;a &#x00F3;rdenes” supon&#x00ED;a precisamente eso, buscar una disoluci&#x00F3;n de la responsabilidad &#x00E9;tica individual mediante una incorporaci&#x00F3;n ciega a la masa. La tercera secci&#x00F3;n de “Sexta” desarrolla —de nuevo en un ir&#x00F3;nico tono laudatorio, casi h&#x00ED;mnico o triunfalista— una revisi&#x00F3;n sobre el tema de la masa:  </p>
		
		<p>Dondequiera que vayas, en cualquier lugar  </p>
		
		<p>sobre esta Tierra de amplio pecho, dadora de vida,  </p>
		
		<p>en cualquier lugar entre sus partes secas  </p>
		
		<p>y el Oc&#x00E9;ano impotable,  </p>
		
		<p> </p>
		
		<p>la multitud permanece quieta, en pie,  </p>
		
		<p>con sus ojos (que parecen uno solo) y sus bocas  </p>
		
		<p> </p>
		
		<p>(que parecen infinitas)  </p>
		
		<p>sin expresi&#x00F3;n, completamente en blanco.  </p>
		
		<p> </p>
		
		<p>La multitud no ve (como ve cualquiera)  </p><p>un combate de boxeo, un accidente de tren,  </p>
		
		<p> </p><p>c&#x00F3;mo se bota un destructor,  </p>
		
		<p>ni se pregunta (como todo el mundo se pregunta)  </p>
		
		<p> </p>
		
		<p>qui&#x00E9;n ganar&#x00E1;, qu&#x00E9; bandera ondear&#x00E1;,  </p>
		
		<p>cu&#x00E1;ntos se abrasar&#x00E1;n vivos,  </p>
		
		<p> </p>
		
		<p>nunca se deja distraer  </p>
		
		<p>(como todo el mundo se distrae)  </p>
		
		<p> </p>
		
		<p>por un perro que ladra, un olor a pescado,  </p><p>un mosquito sobre una calva:  </p><p> </p><p>la multitud s&#x00F3;lo ve una cosa  </p>
		
		<p>(que s&#x00F3;lo la multitud puede ver),  </p><p> </p><p>una epifan&#x00ED;a de aquello  </p><p>que hace cuanto se haga, lo que sea.  </p>
		
		<p> </p>
		
		<p>Sea cual sea el dios en quien alguien cree  </p>
		
		<p>y sea cual sea el modo en que cree en &#x00C9;l  </p>
		
		<p> </p>
		
		<p>(no hay dos iguales),  </p>
		
		<p>en cuanto parte de una multitud cree  </p>
		
		<p> </p>
		
		<p>y s&#x00F3;lo cree en aquello  </p><p>en lo que s&#x00F3;lo hay un modo de creer.  </p><p> </p><p>Pocas personas se aceptan los unos a los otros  </p>
		
		<p>y la mayor&#x00ED;a no har&#x00E1;n nunca nada a derechas,  </p>
		
		<p> </p>
		
		<p>pero la multitud no rechaza a nadie, unirse a ella  </p>
		
		<p>es lo &#x00FA;nico que pueden hacer los hombres.  </p>
		
		<p> </p>
		
		<p>S&#x00F3;lo por esa raz&#x00F3;n podemos decir  </p><p>que todos los hombres son nuestros hermanos,  </p>
		
		<p> </p>
		
		<p>superiores, debido a esto,  </p>
		
		<p>a sus exoesqueletos sociales. ¿Cu&#x00E1;ndo  </p>
		
		<p> </p>
		
		<p>han ignorado ellos a sus reinas,  </p>
		
		<p>detenido por un segundo su trabajo  </p>
		
		<p> </p>
		
		<p>en sus ciudades de provincias, para adorar  </p><p>al Pr&#x00ED;ncipe de este mundo como nosotros,  </p>
		
		<p> </p>
		
		<p>este mediod&#x00ED;a, sobre esta colina,  </p>
		
		<p>con ocasi&#x00F3;n de esta muerte?<xref ref-type="fn" rid="NOTE04">4</xref></p>
		
		<p> </p>
		
		<p>Durante a&#x00F1;os, esta observaci&#x00F3;n &#x00E9;tica de la masa fue una constante en Auden. En uno de sus ensayos recogidos en <italic>The Dyer’s Hand</italic> estableci&#x00F3; una perspicaz distinci&#x00F3;n entre sociedad, comunidad y masa, caracterizando &#x00E9;sta como una pura cantidad aritm&#x00E9;tica, un agregado sin articulaci&#x00F3;n ni jerarqu&#x00ED;a que se produce de modo ef&#x00ED;mero. Y en “El poeta y la ciudad”, al estudiar la diferencia entre “El P&#x00FA;blico”, una categor&#x00ED;a ideada por Kierkegaard, y “la muchedumbre”, permitir&#x00ED;a que en sus ideas resonasen casi literalmente algunos versos de este pasaje de <italic>Hora canonicae</italic>: cuando un hombre pertenece al p&#x00FA;blico, dice all&#x00ED;, “no es nada m&#x00E1;s”; cuando pertenece a una muchedumbre, &#x00E9;sta “puede transformarse por obra de la oratoria demag&#x00F3;gica en una turbamulta que se comporta de una manera de la que ninguno de sus miembros, tomados por separado, ser&#x00ED;a capaz” (<xref ref-type="bibr" rid="CIT09">2007</xref>, 441). Y que Auden no pensaba s&#x00F3;lo en el mundo de Shakespeare cuando escrib&#x00ED;a estas l&#x00ED;neas se comprueba al leer la siguiente frase. “Este fen&#x00F3;meno, desde luego, nos es familiar”, a&#x00F1;ade discretamente, con una reticencia que a la altura de 1960 no requer&#x00ED;a de mayores concreciones. Cuando, en las p&#x00E1;ginas siguientes, alude a la muchedumbre que “apalea a un negro o conduce a unos jud&#x00ED;os a la c&#x00E1;mara de gas”, o cuando describe una multitud que, al contemplar una demolici&#x00F3;n, “queda fascinada por una prueba m&#x00E1;s de que la fuerza f&#x00ED;sica es el Pr&#x00ED;ncipe de este mundo” (<xref ref-type="bibr" rid="CIT09">2007</xref>, 442), Auden asocia im&#x00E1;genes hist&#x00F3;ricamente muy espec&#x00ED;ficas con su interpretaci&#x00F3;n cristiana de la Historia, pero adem&#x00E1;s se remite literalmente a algunos versos de <italic>Horae canonicae</italic>. </p>
		
		<p>En suma, al focalizar nuestra atenci&#x00F3;n sobre la muchedumbre, sobre la masa, <italic>Horae canonicae</italic> supone un puente o un eslab&#x00F3;n entre el joven revolucionario de los a&#x00F1;os treinta y el moralista cristiano de los cuarenta, cincuenta y sesenta. Contra la cr&#x00ED;tica que separa tajantemente ambos momentos, como si se tratase de dos escritores distintos, cabe proponer una interpretaci&#x00F3;n m&#x00E1;s continuista, en la que el Auden de madurez simplemente regresar&#x00ED;a a los mismos temas y a reflexiones muy cercanas a las de su juventud. S&#x00F3;lo que en &#x00E9;l —en su visi&#x00F3;n de las cosas y en su propia persona— se producir&#x00ED;a un vuelco, casi una inversi&#x00F3;n completa de muchos puntos de vista en lo que se refiere a la naturaleza y el destino de la civilizaci&#x00F3;n, al origen del mal y a la Historia. Su experiencia en la Espa&#x00F1;a de la Guerra Civil se encuentra en el centro de algunas de esas reflexiones, en la medida en que le permiti&#x00F3; contemplar directamente el verdadero rostro de la revoluci&#x00F3;n a la que invocaba en algunos de sus versos. </p>
		</sec>
		
		
		<sec id="S3">
		<title>“SPAIN” </title>
		
		<p>No es descabellado pensar que los temas de<italic> Horae canonicae</italic> remiten a algunas de las cuestiones de una de las piezas m&#x00E1;s c&#x00E9;lebres —y m&#x00E1;s controvertidas— de Auden: “Spain”. De hecho, puede decirse que <italic>Horae canonicae</italic> es en parte una palinodia con “Spain” como subtexto o punto de partida impl&#x00ED;cito. Creo que si se yuxtaponen ambos poemas es posible advertir una l&#x00ED;nea de continuidad entre ambos Auden, y que lejos de un cambio de rumbo caprichoso o aleatorio, o de la actitud pusil&#x00E1;nime del poeta que se bate en retirada de la escena p&#x00FA;blica, en la evoluci&#x00F3;n de madurez de Auden pesa un argumento decisivo. M&#x00E1;s que oposici&#x00F3;n, lo que existe entre los dos Auden es la articulaci&#x00F3;n de dos rostros, las dos caras de una misma moneda, o que, como ha se&#x00F1;alado David Garrett (2004, 4), en realidad ambos Auden son uno y el mismo, s&#x00F3;lo que el segundo ya no busca el cambio social ni expresa sus inquietudes &#x00E9;ticas subido a la palestra sino “desde dentro de s&#x00ED; mismo y cada uno de nosotros”.  </p>
		
		<p>No es preciso reproducir aqu&#x00ED; las primeras estrofas de “Spain”, sobradamente conocidas: “Ayer todo el pasado…”. Si el primer tercio del poema arroja un saldo de optimismo y confianza en la civilizaci&#x00F3;n, el segundo sugiere una suerte de restauraci&#x00F3;n previsible del orden: un mundo sosegado, que transcurre bajo la mirada tutelar de una Libertad, con inicial may&#x00FA;scula. El regreso a la vida privada, la alegr&#x00ED;a fecunda de los ritos familiares, los peque&#x00F1;os placeres dom&#x00E9;sticos, el bienestar material planeado cient&#x00ED;ficamente, los procedimientos tal vez lentos pero gratificantes de la democracia. Entre un momento y otro, entre ese pasado lineal y progresivo y esa promesa apacible del futuro, se encuentra el presente. Y el presente se caracteriza como un instante decisivo en el curso de la Historia. El presente es, ante todo, la guerra de Espa&#x00F1;a, que Auden resume del siguiente modo:  </p>
		
		<p>Pero hoy la lucha.  </p>
		
		<p>Hoy el aumento deliberado en el peligro de muerte, </p>
		
		<p>la aceptaci&#x00F3;n consciente de la culpa en el crimen necesario.  </p>
		
		<p>Hoy el desperdicio de las fuerzas  </p>
		
		<p>en el panfleto ef&#x00ED;mero y el tedioso mitin.  </p>
		
		<p>Hoy el consuelo moment&#x00E1;neo del cigarrillo compartido,  </p>
		
		<p>las cartas en el granero, a la luz de una vela, y el concierto horr&#x00ED;sono,  </p>
		
		<p>las bromas masculinas. Hoy el abrazo vacilante  </p><p>e insatisfactorio, antes de hacer da&#x00F1;o.  </p>
		
		<p>Las estrellas han muerto. Los animales no miran,  </p>
		
		<p>estamos solos ante la batalla, y el d&#x00ED;a es breve,  </p>
		
		<p>y a los derrotados la Historia quiz&#x00E1; puede  </p>
		
		<p>ofrecer un lamento, pero no ayuda ni perd&#x00F3;n (Auden <xref ref-type="bibr" rid="CIT07">2002a</xref>, 58).<xref ref-type="fn" rid="NOTE05">5</xref></p>
		
		<p>Auden entreg&#x00F3; todo el dinero que se recaud&#x00F3; de la primera edici&#x00F3;n de “Spain” al Comit&#x00E9; de Ayuda M&#x00E9;dica a Espa&#x00F1;a. Ese gesto, junto con la disposici&#x00F3;n para trabajar como conductor de ambulancias que lo condujo a Valencia en enero de 1937, supuso entre otras cosas una realizaci&#x00F3;n efectiva de la misma apelaci&#x00F3;n moral a la que daba voz con su poema. Su granito de arena, su peque&#x00F1;o acto individual en el gran drama colectivo. Pero, si se quiere elucidar la creciente incomodidad de Auden con esta pieza, conviene echar un vistazo a su historia editorial: “Spain”, efectivamente, se public&#x00F3; por primera vez en Faber &amp; Faber en mayo de 1937, apenas dos meses despu&#x00E9;s de regresar su autor de Espa&#x00F1;a; en 1939 fue incluido, sin alteraciones significativas, en <italic>Los poetas del mundo defienden al pueblo espa&#x00F1;ol</italic>, la antolog&#x00ED;a preparada por Nancy Cunard y Pablo Neruda; ese mismo a&#x00F1;o sufri&#x00F3; algunas revisiones cuando Auden lo incluy&#x00F3; en <italic>Another Time</italic>; posteriormente fue reimpreso en los <italic>Collected Poems</italic> de 1944 y durante los a&#x00F1;os de la Segunda Guerra Mundial alcanz&#x00F3; cierta notoriedad, al formar parte del repertorio habitual que se le&#x00ED;a en muchos m&#x00ED;tines y reuniones prorrepublicanos; no obstante, en el ejemplar de <italic>Another Time</italic> que obraba en poder de Cyril Connolly, en alg&#x00FA;n momento Auden escribi&#x00F3; al margen de los versos finales de “Spain”: “Esto es mentira”; despu&#x00E9;s el poema fue eliminado para siempre, en los <italic>Selected Poems</italic> de 1957; y, por fin, en el pr&#x00F3;logo a <italic>Collected Shorter Poems</italic> de <xref ref-type="bibr" rid="CIT04">1966</xref>, Auden ofreci&#x00F3; una explicaci&#x00F3;n de los motivos que, a la vuelta de los a&#x00F1;os, le hab&#x00ED;an llevado a rechazarlo: </p>
		
		<p>He eliminado algunos de los poemas que he escrito y, desgraciadamente, publicado, porque eran insinceros, o maleducados o aburridos. </p>
		
		<p>Un poema insincero es uno que expresa, aunque lo haga muy bien, sentimientos o creencias que su autor no ha tenido nunca. Por ejemplo, en una ocasi&#x00F3;n yo expres&#x00E9; cierto deseo de “nuevos estilos arquitect&#x00F3;nicos”, pero nunca me ha gustado la arquitectura moderna. Prefiero los viejos estilos, y uno debe ser sincero incluso con sus propios prejuicios. Tambi&#x00E9;n, y para mi vergüenza, escrib&#x00ED; una vez </p>
		
		<p>Y a los derrotados la Historia quiz&#x00E1; puede </p>
		
		<p>Ofrecer un lamento, pero no ayuda ni perd&#x00F3;n. </p>
		
		<p>Decir eso es equiparar bondad y &#x00E9;xito. Ya habr&#x00ED;a resultado perverso de por s&#x00ED; que yo sostuviera alguna vez semejante doctrina, pero expresarla simplemente porque me pareciera ret&#x00F3;ricamente efectiva es bastante imperdonable (1966, 15). </p>
		
		<p>Creo que no ser&#x00ED;a exagerado decir que “Spain”, y la historia de “Spain”, o de la relaci&#x00F3;n entre el poeta y su poema, son una clave para entender la evoluci&#x00F3;n de las ideas de Auden sobre el lugar p&#x00FA;blico y la funci&#x00F3;n social que pudiera tener el poeta. Es m&#x00E1;s, Espa&#x00F1;a, y “Spain”, supondr&#x00ED;an el punto de inflexi&#x00F3;n decisivo en la biograf&#x00ED;a de Auden y en la historia de sus convicciones &#x00E9;ticas y est&#x00E9;ticas fundamentales. “Nunca he sido realmente comunista”, explic&#x00F3; a Alan Ansen (<xref ref-type="bibr" rid="CIT03">1990</xref>, 48) diez a&#x00F1;os despu&#x00E9;s de escribir el poema que nos ocupa, “y aunque una vez estuve al borde de serlo, mi viaje a Espa&#x00F1;a me hizo abrir los ojos”. Sin el precedente de “Spain”, las im&#x00E1;genes sacrificiales de <italic>Horae canonicae</italic> perder&#x00ED;an parte de su sentido. </p>
		
		<p>En particular, una de las experiencias espa&#x00F1;olas de Auden lo encaminar&#x00ED;a por esa senda &#x00E9;tica que transit&#x00F3; durante el resto de su vida. Como es sabido, a su paso por Barcelona encontr&#x00F3; que no hab&#x00ED;a sacerdotes y que la mayor&#x00ED;a de las iglesias hab&#x00ED;an sido incendiadas o estaban cerradas. “Para mi sorpresa”, coment&#x00F3; m&#x00E1;s tarde, “esto me conmovi&#x00F3; y me perturb&#x00F3; profundamente. No pude evitar el darme cuenta de que, por mucho que hubiera rechazado e ignorado a la Iglesia durante diecis&#x00E9;is a&#x00F1;os, la existencia de los templos y de lo que suced&#x00ED;a en ellos hab&#x00ED;a sido muy importante para m&#x00ED; durante ese tiempo” (<xref ref-type="bibr" rid="CIT05">1986</xref>, 306). As&#x00ED;, la explicaci&#x00F3;n de la evoluci&#x00F3;n de Auden, o de la tajante distinci&#x00F3;n entre los dos Auden que ha establecido gran parte de la cr&#x00ED;tica, ser&#x00ED;a sumamente sencilla, en apariencia: el Auden que regres&#x00F3; de Espa&#x00F1;a estaba ya a las puertas de su conversi&#x00F3;n al cristianismo, y por tanto no pod&#x00ED;a comulgar ya con aquella visi&#x00F3;n materialista, ni con el progresismo m&#x00E1;s o menos milenarista que conten&#x00ED;a “Spain”, en la medida en que semejante visi&#x00F3;n de la Historia supone una secularizaci&#x00F3;n de lo escatol&#x00F3;gico inaceptable para el poeta que se hab&#x00ED;a reencontrado con su fe en la trascendencia.  </p>
		
		<p>En realidad, m&#x00E1;s que una conversi&#x00F3;n s&#x00FA;bita, la de Auden fue un largo proceso. Un proceso, adem&#x00E1;s, que supon&#x00ED;a un camino de vuelta a la comuni&#x00F3;n episcopaliana en la que se hab&#x00ED;a educado. Si se siguen los testimonios de los a&#x00F1;os 1925-1940, su itinerario aparece jalonado de contradicciones, hasta el momento decisivo de su llegada a Nueva York.<xref ref-type="fn" rid="NOTE06">6</xref> Lo que me gustar&#x00ED;a subrayar, y lo que constituye el tema fundamental de este art&#x00ED;culo, es que la explicaci&#x00F3;n mediante el recurso a la fe religiosa, siendo en l&#x00ED;neas generales v&#x00E1;lida, contiene un significado muy particular y decisivo cuando se trata de “Spain” y de las convicciones m&#x00E1;s profundas de Auden, entreveradas con su propia relaci&#x00F3;n con este poema.  </p><p>De hecho, si bien en su pr&#x00F3;logo a los <italic>Collected Shorter Poems</italic> de 1966 Auden se refer&#x00ED;a a los &#x00FA;ltimos versos para explicar su rechazo, lo cierto es que otras partes del poema se revelaron tambi&#x00E9;n problem&#x00E1;ticas durante la historia editorial que he resumido unas p&#x00E1;ginas atr&#x00E1;s. Fundamentalmente, el verso sobre “la aceptaci&#x00F3;n consciente de la culpa en el asesinato necesario”, que motiv&#x00F3; en primer lugar una acerba cr&#x00ED;tica de George Orwell en <italic>Inside the Whale</italic>. Pese a considerar “Spain” como “una de las pocas cosas decentes que se han escrito sobre la guerra de Espa&#x00F1;a”, el miliciano, empe&#x00F1;ado en ostentar sus heridas ganadas en el frente y arrojarlas al rostro de los <italic>MacSpaunday</italic>, no dudar&#x00ED;a en llamar la atenci&#x00F3;n sobre la frivolidad o la ligereza moral que contienen estos versos. La expresi&#x00F3;n “asesinato necesario” s&#x00F3;lo la podr&#x00ED;a escribir, argument&#x00F3;, una persona “para la que el asesinato es casi una palabra; yo, personalmente nunca hablar&#x00ED;a tan a la ligera del asesinato, porque sucede que he visto los cad&#x00E1;veres de cientos de asesinados […] El amoralismo del se&#x00F1;or Auden s&#x00F3;lo es posible cuando eres el tipo de persona que siempre est&#x00E1; en otra parte en el momento en que se aprieta el gatillo” (<xref ref-type="bibr" rid="CIT18">1961</xref>, 146). O, quiz&#x00E1;, cabr&#x00ED;a a&#x00F1;adir, cuando eres parte de esa muchedumbre, o de ese p&#x00FA;blico kierkegaardiano, que apartaba la mirada mientras se asesinaba a un inocente. </p>
		
		<p>Este tipo de cr&#x00ED;ticas explica que Auden cambiara pronto el verso por “la aceptaci&#x00F3;n consciente de la culpa ante el <italic>hecho</italic> del crimen”, y que no obstante esa versi&#x00F3;n siguiera sin satisfacerle. De ah&#x00ED; los sucesivos cambios introducidos en el poema, hasta su eliminaci&#x00F3;n en los <italic>Collected Shorter Poems</italic> de 1966. En definitiva, desde su cristianismo de madurez, m&#x00E1;s o menos ortodoxo, Auden ve&#x00ED;a a restaurar un significado de la violencia diametralmente contrario al que hab&#x00ED;a apuntado en “Spain”: los escritores brit&#x00E1;nicos pod&#x00ED;an tal vez caracterizar la violencia antirreligiosa de los espa&#x00F1;oles como un sacrificio ritual, esto es, un fen&#x00F3;meno religioso en s&#x00ED;, pero no enga&#x00F1;arse por mucho tiempo a&#x00F1;adi&#x00E9;ndole el adjetivo de “cristiano”. Es m&#x00E1;s, en la medida en que se revolv&#x00ED;a contra el mito fundamental de su generaci&#x00F3;n, el mismo que &#x00E9;l hab&#x00ED;a erigido con “Spain”, puede decirse que entonaba su personal palinodia y arremet&#x00ED;a contra uno de los pilares de la ideolog&#x00ED;a revolucionaria de quince a&#x00F1;os atr&#x00E1;s, desenmascar&#x00E1;ndola como un relato interesado y falaz. No en vano, en “Sexta”, tras la consumaci&#x00F3;n del martirio, el verdugo dice que “tenemos tiempo para distorsionar, justificar, negar, / mitificar, utilizar este acontecimiento”. Eso mismo, desde la perspectiva madura de Auden, hab&#x00ED;an hecho escritores como Bates, Pitcairn o, en menor medida, Orwell. Con <italic>Horae canonicae</italic>, al caracterizar la Pasi&#x00F3;n como un linchamiento y a su v&#x00ED;ctima como un chivo expiatorio, Auden restauraba entre otras cosas una idea ortodoxa del sacrificio y del cristianismo, que contradec&#x00ED;a su juvenil justificaci&#x00F3;n de la violencia revolucionaria. Hab&#x00ED;a corrido demasiada sangre.</p>
					 
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	<sec id="notas">
     <title>NOTAS</title>
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	  <fn id="NOTE01"><label>1</label><p>“This mutilated flesh, our victim, / Explains too nakedly, too well, / The spell of the asparagus garden, / The aim of our chalk-pit game; stamps, / Birds’ eggs are not the same, behind the wonder / Of tow-paths and sunken lanes, / Behind the rapture on the spiral stair, / We shall always now be aware / Of the deed into which they lead, under / The mock chase and mock capture, / The racing and tussling and splashing, / The panting and the laughter, / Be listening for the cry and stillness / To follow alter: wherever / The sun shines, brooks run, books are written, / There will also be this death” (Auden <xref ref-type="bibr" rid="CIT04">1966</xref>, 331). Es m&#x00ED;a la traducci&#x00F3;n de los textos cuya referencia se encuentra en ingl&#x00E9;s en la Bibliograf&#x00ED;a.</p></fn>
	  
	  <fn id="NOTE02"><label>2</label><p>“Was it (as it must look to any god of croos-roads) simply a fortuitous intersection of life-paths, loyal to different fibs? / Or also a rendezvous between two accomplices who, in spite of themselves, cannot resist meeting / to remind the other (do both, at bottom, desire truth?) of that half of their secret which he would almost like to forget, / forcing us both, for a fraction of a second, to remember our victim (but for him I could forget the blood, but for me he could forget the innocence), / on whose immolation (call him Abel, Remus, whom you will, it is one Sin Offering), arcadias, utopias, our dear old bag of a democracy are alike founded: / For without a cement of blood (it must be human, it must be innocent) no secular wall will safely stand” (Auden <xref ref-type="bibr" rid="CIT04">1966</xref>, 333).</p></fn>
	  
	  <fn id="NOTE03"><label>3</label><p>“What we know to be not possible, / Though time alter time foretold / By wild hermits, by shaman and sybil / Gibbering in their trances, / Or revealed to a child in some chance rhyme / Like <italic>will</italic> and <italic>kill</italic>, comes to pass / Before we realize it. We are surprised / At the ease and Speed of our deed / And uneasy: It is arely three, / Mid-afternoon, yet the blood / Of our sacrifice is already / Dry on the grass; we are not prepared / For silence so sudden and so soon; / The day is too hot, too bright, too still, / Too ever, the dead must remain too nothing. / What shall we do till nightfall? / The wind has dropped and we have lost our public. / The faceless many who always / Collect when any world is to be wrecked, / Blown up, burnt down, cracked open, / Felled, swan in two, hacked through, torn apart, / Have all melted away. Not one / Of these who in the shade of walls and trees / Lie sprawled now, calmly sleeping, / Harmless as sheep, can remenber why / He shouted or what about / So loudly in the sunshine this morning; / All if challenged would reply / -‘It was a monster with one red eye, / A crowd that saw him die, not I’.- / The hangman has gone to wash, the soldiers to eat: / We are left with our feat. / The Madonna with the green woodpecker, / The Madonna of the fig-tree, / The Madonna beside the yellow-dam, / Turn their kind faces from us / And our projects under construction, / Fix their gaze on our completed work: / Pile-driver, concrete-mixer, / Crane and pick-axe wait to be used again, / But how can we repeat this? / Outliving our act, we stand where we are, / As disregarded as some / Discarded artifact of our own, / Like torn gloves, rusted kettles, / Abandoned branch-lines, worn lop-sided / Grindstones buried in nettles […] Soon cool tramontana will stir the leaves, / The shops will re-open at four, / The empty blue bus in the empty pink square / Fill up and depart: we have time / To misrepresent, excuse, deny, / Mythify, use this event / While, under a hotel bed, in prison, / Down wrong turnings, its meaning / Waits for our lives. Sooner than we would choose / Bread will melt, water will burn, / And the great quell begin, Abaddon / Set up his triple gallows / At our seven gates, fat Belial make / Our wives waltz naked; meanwhile / It would be best to go home, if we have a home, / In any case good to rest” (Auden <xref ref-type="bibr" rid="CIT04">1966</xref>, 330-32).</p></fn>
	 
	 <fn id="NOTE04"><label>4</label><p>“Anywhere you like, somewhere / on broad-chested life-giving Earth, / anywhere between her thirstlands / and undrinkable Ocean, / the crowd stands perfectly still, / its eyes (which seem one) and its mouths / (which seem infinitely many) / expressionless, perfectly blank. / The crowd does not see (what everyone sees) / a boxing match, a train wreck, / a battleship being launched, / does not wonder (as everyone wonders) / who will win, what flag she will fly, / how many will be burned alive, / is never distracted) / by a barking dog, a shell of fish, / a mosquiito on a bald head: / the crowd sees only one thing / (which only the crowd can see), / an epiphany of that / which does whatever is done. / Whatever god a person believes in, in whatever way he believes / (no two are exactly alike), / as one of the crowd he believes / and only believes in that / in which there is only one way of believing. / Few people accept each other and most / will never do anything properly, / but the crowd rejects no one, joining the crowd / is the only thing all men can do. / Only because of that can we say / all men are our brothers, / superior, because of that, / to the social exoskeletons: When / have they ever ignored their queens, / for one second stopped work / on their provincial cities, to worship / The Prince of this World like us, / at this noon, on this hill, / on the occasion of this dying” (Auden <xref ref-type="bibr" rid="CIT04">1966</xref>, 328-29).</p></fn>
	 
	 <fn id="NOTE05"><label>5</label><p>“To-day the struggle. / To-day the deliberate increase in the chances of death, / The conscious acceptance of guilt in the necessary murder, / To-day the expending of powers / On the flat ephemeral pamphlet and the boring meeting. / To-day the makeshift consolations: the shared cigarettes, / The cards in the candlelit barn, and the scraping concert, / the masculine Jokes; to-day the / Fumbled and unsatisfactory embrace befote hurting. / The stars are dead. The animals will not look. / We are left alone with our day, and the time is short, and / History to the defeated / May say Alas but cannot help or pardon” Auden <xref ref-type="bibr" rid="CIT07">2002a</xref>, 58).</p></fn>
	 
	 <fn id="NOTE06"><label>6</label><p>Seg&#x00FA;n testimonios de sus amigos, durante su primer a&#x00F1;o en Oxford la conversaci&#x00F3;n de Auden volv&#x00ED;a una y otra vez sobre la “imposibilidad absoluta” de creer en un Dios personal, y de hecho el poema que eligi&#x00F3; para la <italic>Oxford University Review</italic> en 1926 era “Cinders”, que condenaba precisamente esa idea de Dios; al a&#x00F1;o siguiente, en una comida con Isherwood y Edward Upward, atac&#x00F3; con vehemencia la religi&#x00F3;n, en la que Upward parec&#x00ED;a estar interesado; pero en 1931, conversando con Helen Campbell, viuda del obispo episcopaliano de Glasgow, discuti&#x00F3; la herej&#x00ED;a patripasionaria, que a su juicio contradec&#x00ED;a el primero de los Treinta y Nueve art&#x00ED;culos, y cit&#x00F3; el poema entonces en boga que atacaba la versi&#x00F3;n de 1928 del <italic>Book of Common Prayer</italic>, calific&#x00E1;ndola como “un libro sofista, papista y anti−escritural”; en 1934 declaraba que hab&#x00ED;a terminado con el Cristianismo de una vez por todas y se preguntaba en un ensayo si hab&#x00ED;a alg&#x00FA;n futuro para la Iglesia, pero el a&#x00F1;o anterior hab&#x00ED;a tenido lugar en Downs School su experiencia “m&#x00ED;stica” de amor al pr&#x00F3;jimo, durante una noche de verano en compa&#x00F1;&#x00ED;a de otros tres profesores.; en 1938, solo durante meses con Isherwood durante su viaje por Asia, no dejaron de hablar de religi&#x00F3;n, y cuando su amigo demostraba una hostilidad excesiva hacia ella , Auden bromeaba: “Cuidado, querido, o uno de estos d&#x00ED;as tendr&#x00E1;s una conversi&#x00F3;n de tal calibre...”; por fin, su tambi&#x00E9;n conocido episodio de Yorkville —cuando durante el pase de un documental sobre la invasi&#x00F3;n de Polonia los alemanes que hab&#x00ED;a entre el p&#x00FA;blico empezaron a gritar “¡Matadlos!”, celebrando la marcha de las tropas nazis— reforz&#x00F3; las ideas de Auden sobre el pecado original y le llev&#x00F3; a abandonar todo resquicio de progresismo ingenuo, en una actitud que experimentar&#x00ED;a pocas variaciones durante el resto de su vida.</p></fn>
  
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		<title>BIBLIOGRAF&#x00CD;A</title>

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			  <year>1961</year>
			  <chapter-title>Inside the Whale</chapter-title>
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