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			<journal-id journal-id-type="publisher-id">Arbor</journal-id>
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				<journal-title>ARBOR Ciencia, Pensamiento y Cultura</journal-title>
				<abbrev-journal-title>Arbor</abbrev-journal-title>
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			<issn pub-type="epub">0210-1963</issn>
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				<publisher-name>Consejo Superior de Investigaciones Cient&#x00ED;ficas</publisher-name>
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			 <article-id pub-id-type="publisher-id">arbor.2013.763n5005</article-id>
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				<subject>BIO&#x00C9;TICA Y FRONTERAS DE LA VIDA. II. DESDE LA PR&#x00C1;CTICA / <italic>BIOETHICS AND BIOLOGIC BOUNDARIES. II. FROM PRACTICE</italic></subject>
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			  <article-title>¿Normal o patol&#x00F3;gico? El enfermo imaginario en tierra de nadie</article-title>
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		<trans-title>Normal or pathological? The imaginary invalid in no man’s land</trans-title>
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		<alt-title alt-title-type="running-head">¿Normal o patol&#x00F3;gico?</alt-title>
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				 <surname>Molina P&#x00E9;rez</surname>
				 <given-names>Alberto</given-names>
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			  <aff id="U1">Universidad Paris I Panth&#x00E9;on-Sorbonne</aff>
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			 <author-notes>
		<corresp id="cor1">e-mail: <email xlink:href="albertononi@gmail.com">albertononi@gmail.com</email>
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		<pub-date pub-type="collection">
		<year>2013</year>
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		<volume>189</volume>
		<issue>763</issue>
		
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		  	<date date-type="received">
				<day>13</day>
				<month>07</month>
				<year>2012</year>
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			<date date-type="accepted">
				<day>06</day>
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		<copyright-statement>&#x00A9; 2013 CSIC</copyright-statement>
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		<license-p>Este es un art&#x00ED;culo de acceso abierto distribuido bajo los t&#x00E9;rminos de la licencia Creative Commons Attribution-Non Commercial (by-nc) Spain 3.0.</license-p>
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		<abstract xml:lang="es">
		<title>RESUMEN</title>
		<p>¿Es la frontera entre lo normal y lo patol&#x00F3;gico una realidad o una ficci&#x00F3;n? ¿Es la enfermedad solo una cuesti&#x00F3;n de hecho o tambi&#x00E9;n de valores? Presentamos aqu&#x00ED; algunos ejemplos de c&#x00F3;mo supuestas enfermedades pueden ser inventadas y difundidas con fines de lucro (<italic>disease mongering</italic>) o por la propia din&#x00E1;mica de la investigaci&#x00F3;n m&#x00E9;dica. Mostramos c&#x00F3;mo la frontera entre la salud y la enfermedad es borrosa y est&#x00E1; bajo la influencia de representaciones individuales y sociales, de modos de categorizaci&#x00F3;n relativos a cada cultura, y del grado de medicalizaci&#x00F3;n de la sociedad. Ahora bien, estas consideraciones no le restan realidad sino que le a&#x00F1;aden complejidad, porque las construcciones sociales y las experiencias individuales, por ser subjetivas, no son menos reales. Concluimos que la salud y la enfermedad pertenecen simult&#x00E1;neamente a diferentes tipos de realidad, tanto objetivos como subjetivos, y que lo ficticio puede ser real.</p>
		</abstract>
		
		<trans-abstract xml:lang="en">
		<title>ABSTRACT</title>
		<p>Is the boundary between the normal and the pathological real or fiction? Are health and disease just a matter of fact or are they value-laden? Here we present some examples of how alleged diseases can be invented and propagated by the industry (disease mongering) or by the methodology of medical science itself. We show that the boundary between health and disease is blurred and depends on individual and social representations, culture relative ways of categorising things and people, and by the society’s degree of medicalisation. However, we do not mean that it is not real, rather that it is more complex than expected, as the subjectivity of social constructions and individual experiences makes them no less real. Finally, we conclude that health and disease belong to both objective and subjective kinds of reality, so the fictional can be real.</p>
		</trans-abstract>
		
		<kwd-group xml:lang="es">
			<title>PALABRAS CLAVE</title>
			<kwd>Enfermedad</kwd>
			<kwd>realismo</kwd>
			<kwd>constructivismo</kwd>
			<kwd>ficci&#x00F3;n</kwd>
			<kwd>tr&#x00E1;fico de enfermedades</kwd>
			<kwd>objetividad</kwd>
			<kwd>realidad subjetiva</kwd>
		</kwd-group>
		
		<kwd-group xml:lang="en">
			<title>KEYWORDS</title>
			<kwd>Disease</kwd>
			<kwd>realism</kwd>
			<kwd>constructivism</kwd>
			<kwd>fiction</kwd>
			<kwd>disease mongering</kwd>
			<kwd>objectivity</kwd>
			<kwd>subjective reality</kwd>
		</kwd-group>
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	</front>		
	

	<body>
		
		<sec id="S1">
		<title> </title>
		
		<p>Existe en filosof&#x00ED;a de la medicina un viejo debate entre naturalistas y normativistas sobre los conceptos de salud y de enfermedad. Los primeros, como Claude Bernard o, m&#x00E1;s recientemente, Christopher Boorse (<xref ref-type="bibr" rid="CIT02">1975</xref>), dicen que es posible definir la enfermedad sobre una base estrictamente cient&#x00ED;fica, por ejemplo à partir del funcionamiento normal del organismo. Los segundos, como Georges Canguilhem (<xref ref-type="bibr" rid="CIT03">1966</xref>) o H. Tristram Engelhardt (<xref ref-type="bibr" rid="CIT08">1975</xref>) afirman que la noci&#x00F3;n de enfermedad tiene una dimensi&#x00F3;n axiol&#x00F3;gica y que la distinci&#x00F3;n entre lo normal y lo patol&#x00F3;gico entra&#x00F1;a un juicio de valor<xref ref-type="fn" rid="NOTE01">1</xref>. Las dos posturas no son necesariamente incompatibles y algunos autores han propuesto soluciones mixtas (Ereshefsky, <xref ref-type="bibr" rid="CIT09">2009</xref>; Wakefield, <xref ref-type="bibr" rid="CIT28">1992</xref>).  </p>
		
		<p>En cierta medida, aunque no necesariamente, este debate refleja una discusi&#x00F3;n epistemol&#x00F3;gica m&#x00E1;s amplia entre el objetivismo y el constructivismo (Hoffman, <xref ref-type="bibr" rid="CIT15">2001</xref>; Murphy, <xref ref-type="bibr" rid="CIT22">2009</xref>). Los primeros dir&#x00ED;an que el concepto de enfermedad descansa sobre hechos emp&#x00ED;ricos contrastables relativos al cuerpo (o la mente) de un individuo, y que implica por tanto un juicio descriptivo. Los segundos, al contrario, alegar&#x00ED;an por ejemplo que la salud y la enfermedad, tanto en general como en sus distintas manifestaciones, son construcciones sociales e implican juicios normativos relativos a un determinado sistema de valores. Por ambas partes, los ejemplos son f&#x00E1;ciles de encontrar. </p>
		
		<p>En el siglo XVII, Thomas Sydenham, conocido como el Hip&#x00F3;crates ingl&#x00E9;s, pensaba que las enfermedades son independientes del observador, que existen en la naturaleza misma, listas para ser descubiertas y clasificadas como clasificamos a las plantas y a los animales. En el siglo XIX, la medicina realiz&#x00F3; grandes avances en la comprensi&#x00F3;n cient&#x00ED;fica de las enfermedades a partir de tres perspectivas o mentalidades diferentes —anatomocl&#x00ED;nica, fisiopatol&#x00F3;gica y etiol&#x00F3;gica— que comparten una concepci&#x00F3;n naturalista, es decir, la idea de que la enfermedad es una alteraci&#x00F3;n observable en la estructura y/o funcionamiento normal del organismo y que sus causas son estrictamente naturales. Gracias a esos avances, la medicina moderna es infinitamente superior a la de cualquier &#x00E9;poca pasada. Son sus propios &#x00E9;xitos los que avalan la postura naturalista-objetivista: en efecto, la medicina empez&#x00F3; a diagnosticar y a curar exitosamente cuando se centr&#x00F3; en el estudio cient&#x00ED;fico de la naturaleza, dejando a un lado las creencias irracionales y los juicios morales. </p>
		
		<p>Por otro lado, es dif&#x00ED;cil negar que en algunos casos la frontera entre lo normal y lo patol&#x00F3;gico no preexiste y que las normas relativas a la salud y la enfermedad son definidas de acuerdo con nuestros intereses. Michel Foucault (<xref ref-type="bibr" rid="CIT11">1961</xref>) dir&#x00ED;a que esa clasificaci&#x00F3;n es una herramienta de control social. En efecto, los “locos”, antes de ser considerados como enfermos e internados en manicomios, compartieron la misma suerte que los leprosos, los enfermos ven&#x00E9;reos, los “depravados”, los pobres y los delincuentes. Todo eso formaba una categor&#x00ED;a un tanto difusa que mezclaba la enfermedad con el pecado y la exclusi&#x00F3;n social. M&#x00E1;s adelante, en el siglo XIX, en Estados-Unidos, los esclavos negros que ten&#x00ED;an ansias de libertad eran considerados como enfermos mentales, afectados por un trastorno llamado “drapetoman&#x00ED;a”. Del mismo modo, hasta los a&#x00F1;os ochenta, en la Uni&#x00F3;n Sovi&#x00E9;tica, los disidentes pol&#x00ED;ticos eran declarados enfermos mentales e internados en hospitales de alta seguridad. Y hasta 1992, para la Organizaci&#x00F3;n Mundial de la Salud, los homosexuales eran clasificados como enfermos mentales<xref ref-type="fn" rid="NOTE02">2</xref>. </p>
		
		<p>De entre los muchos aspectos y asuntos abordados en el debate, la cuesti&#x00F3;n que nos preocupa aqu&#x00ED; especialmente es saber si existe realmente una frontera entre lo patol&#x00F3;gico y lo no-patol&#x00F3;gico; o, dicho de otro modo, si esa frontera es una realidad o una ficci&#x00F3;n. No se trata de encontrar una definici&#x00F3;n general para los conceptos de enfermedad y de salud. No nos interesa saber si todas las enfermedades tienen algo en com&#x00FA;n ni nos preocupa que sea un g&#x00E9;nero natural. Obviaremos el problema de su explicaci&#x00F3;n y admitiremos sin reparos su car&#x00E1;cter multidimensional (biol&#x00F3;gico, psicol&#x00F3;gico, social, religioso, etc.). En este sentido, nos parece oportuna la distinci&#x00F3;n anglosajona entre <italic>disease</italic>, <italic>illness</italic> y <italic>sickness</italic> que remiten respectivamente a los aspectos biom&#x00E9;dico, personal y social. Lo que s&#x00ED; queremos averiguar en este art&#x00ED;culo es de qu&#x00E9; madera est&#x00E1; hecha la frontera que separa una persona enferma de una que no lo est&#x00E1;, y si la respuesta a esa pregunta depende del tipo de enfermedad.  </p>
		
		<p>De acuerdo con Ian Hacking (<xref ref-type="bibr" rid="CIT12">2001</xref>), hablar de la construcci&#x00F3;n social de algo significa que ese algo se da por supuesto y aparece como inevitable cuando en realidad no lo es, sino que podr&#x00ED;a ser de otro modo y no est&#x00E1; determinado por la naturaleza misma de las cosas. A menudo se usa para decir que algo no es real, que no existe ‘’de verdad’’. Decimos por ejemplo que las razas humanas son construcciones sociales porque esa clasificaci&#x00F3;n de la humanidad no tiene fundamento biol&#x00F3;gico. Aplicado a la distinci&#x00F3;n entre salud y enfermedad, el constructivismo social podr&#x00ED;a llevarnos a la misma conclusi&#x00F3;n. Sin embargo, una construcci&#x00F3;n social tambi&#x00E9;n puede ser real en otro sentido. El dinero, la pobreza, el f&#x00FA;tbol, el idioma espa&#x00F1;ol, el Estado y las fronteras entre Estados... son cosas que s&#x00ED; existen precisamente porque han sido construidas y son mantenidas por la sociedad. </p>
		
		<p>Hoy en d&#x00ED;a, se escuchan cada vez m&#x00E1;s voces que acusan a las empresas farmac&#x00E9;uticas de inventar y promocionar enfermedades a escondidas de la sociedad<xref ref-type="fn" rid="NOTE03">3</xref>. Seg&#x00FA;n ellos, muchas enfermedades ser&#x00ED;an ficciones creadas por la industria para vender medicamentos a gente que no los necesita. En la primera parte del art&#x00ED;culo, veremos que algunas enfermedades son ejemplos claros de ficciones patrocinadas por la industria. Pero, como trataremos de matizar en la segunda parte, la creaci&#x00F3;n y manipulaci&#x00F3;n de enfermedades obedece a mecanismos m&#x00E1;s complejos, y no ser&#x00ED;a posible sin la participaci&#x00F3;n de los profesionales de salud, de los enfermos y de la sociedad en general. Esas consideraciones llevar&#x00E1;n a situar la frontera entre lo normal y lo patol&#x00F3;gico en esa tierra de nadie que separa la realidad de la ficci&#x00F3;n. </p>
		
		</sec>
		
		<sec id="S2">
		<title>TR&#x00C1;FICO DE ENFERMEDADES </title>
		
		<p>La noci&#x00F3;n de <italic>disease mongering</italic> puede traducirse como tr&#x00E1;fico o promoci&#x00F3;n de enfermedades e incluye tanto su invenci&#x00F3;n como su comercio. En los &#x00FA;ltimos a&#x00F1;os han ido acumul&#x00E1;ndose numerosos hechos y argumentos, algunos ya bastante conocidos, que apuntan hacia la responsabilidad de la industria farmac&#x00E9;utica. Cabe se&#x00F1;alar que los industriales no son los &#x00FA;nicos actores responsables de esta situaci&#x00F3;n, pero los hechos que se les reprochan est&#x00E1;n bien documentados y son muy llamativos, por lo que permiten entender claramente el proceso de fabricaci&#x00F3;n de enfermedades y enfermos.  </p>
		
		<p>Hace unos treinta a&#x00F1;os, Henry Gadsden, director de Merck (una de las mayores empresas farmac&#x00E9;uticas mundiales), confi&#x00F3; a la revista <italic>Fortune</italic> su desesperaci&#x00F3;n al ver que el mercado potencial de su empresa estaba confinado solo a los enfermos. Declar&#x00F3; que so&#x00F1;aba con producir medicamentos destinados... a los sanos, para poderlos “vender a todo el mundo” como si fueran chicles (Cassels &amp; Moynihan, <xref ref-type="bibr" rid="CIT04">2005</xref>). Tres d&#x00E9;cadas m&#x00E1;s tarde, el sue&#x00F1;o de Henry Gadsden se hizo realidad. Un documento publicado en 2003, destinado a los dirigentes de la industria farmac&#x00E9;utica, indica que la capacidad de esa industria para crear mercados de enfermedades nuevas se traduce en ventas que alcanzan billones de d&#x00F3;lares, y que los a&#x00F1;os venideros ser&#x00E1;n testigos privilegiados de la creaci&#x00F3;n de enfermedades patrocinadas por la industria (Coe, <xref ref-type="bibr" rid="CIT05">2003</xref>). </p>
		
		<p>Entre los a&#x00F1;os 2000 y 2003, casi todas las grandes compa&#x00F1;&#x00ED;as farmac&#x00E9;uticas pasaron por los tribunales de EEUU, acusadas de pr&#x00E1;cticas fraudulentas; ocho fueron condenadas a pagar m&#x00E1;s de 2,2 billones de d&#x00F3;lares de multa y cuatro de ellas reconocieron su responsabilidad por actuaciones criminales que han puesto en peligro la salud y la vida de miles de personas (Angell, <xref ref-type="bibr" rid="CIT01">2005</xref>, pp. 217-236). </p>
		
		<p>En 2004, el <italic>Real Colegio de M&#x00E9;dicos de familia</italic> brit&#x00E1;nico acus&#x00F3; a la industria farmac&#x00E9;utica de poner en peligro los sistemas p&#x00FA;blicos de salud al inventar enfermedades y fomentar la prescripci&#x00F3;n indebida de medicamentos costosos para incrementar sus ventas. Seg&#x00FA;n la Dra. Maureen Baker, secretaria honoraria del colegio, “siempre es dif&#x00ED;cil trazar una l&#x00ED;nea sencilla entre lo normal y lo patol&#x00F3;gico, pero la industria tiene inter&#x00E9;s en trazar una l&#x00ED;nea que incluya la mayor parte posible de la poblaci&#x00F3;n en la categor&#x00ED;a de los enfermos. Despu&#x00E9;s de todo, cuanto mayor sea ese grupo m&#x00E1;s medicamentos podr&#x00E1;n vender.” (Royal College of General Practitioners, <xref ref-type="bibr" rid="CIT25">2004</xref>). El Colegio cita las formas leves de hipertensi&#x00F3;n, colesterol alto, osteoporosis, ansiedad y depresi&#x00F3;n como ejemplos de condiciones donde la industria trata de mover las l&#x00ED;neas para vender medicaci&#x00F3;n a gente que no la necesita.</p>
		
		<p>En 2005, un comit&#x00E9; del Parlamento ingl&#x00E9;s public&#x00F3; un informe sobre la influencia de la industria farmac&#x00E9;utica donde denuncia los efectos perversos de una mercadotecnia que antepone los resultados econ&#x00F3;micos a la salud de las personas (House of Commons Health Committee, <xref ref-type="bibr" rid="CIT16">2005</xref>). Seg&#x00FA;n este comit&#x00E9;, la industria ejerce una influencia excesiva sobre los m&#x00E9;dicos, los investigadores, las agencias reguladoras, las asociaciones de enfermos, los medios de comunicaci&#x00F3;n y los representantes pol&#x00ED;ticos. Las consecuencias principales de esta situaci&#x00F3;n son, por un lado, los riesgos para la salud que entra&#x00F1;a un consumo excesivo de f&#x00E1;rmacos<xref ref-type="fn" rid="NOTE04">4</xref> y, por otro lado, la creciente medicalizaci&#x00F3;n de la sociedad. </p>
		
		<p>Los riesgos que entra&#x00F1;a el consumo de f&#x00E1;rmacos son bastante conocidos por la multiplicaci&#x00F3;n reciente de los esc&#x00E1;ndalos. Uno de ellos es el Vioxx®, un anti-artritis de la compa&#x00F1;&#x00ED;a Merck antes citada. Se estima que provoc&#x00F3; hasta 140.000 infartos y decenas de miles de muertos en EEUU, a los cuales hay que sumar los de otros pa&#x00ED;ses. Este medicamento, que se vendi&#x00F3; por miles de millones de d&#x00F3;lares anuales, fue recetado indiscriminadamente y a gran escala por los m&#x00E9;dicos, despu&#x00E9;s de una campa&#x00F1;a de promoci&#x00F3;n muy intensa. Los estudios que mostraban la toxicidad del f&#x00E1;rmaco fueron ocultados por la compa&#x00F1;&#x00ED;a. </p>
		
		<p>En cuanto a la creciente medicalizaci&#x00F3;n de la sociedad, es decir, seg&#x00FA;n el comit&#x00E9;, la creencia de que cada problema puede ser resuelto con f&#x00E1;rmacos: “una pastilla para cada problema”, el informe del parlamento ingl&#x00E9;s se&#x00F1;ala que esa tendencia no ha sido creada por la industria farmac&#x00E9;utica, pero s&#x00ED; incentivada por ella. La industria, dice el informe, act&#x00FA;a como ‘’traficante de enfermedades’’<italic> (disease-monger</italic>), con el prop&#x00F3;sito de clasificar un n&#x00FA;mero creciente de individuos como ‘’anormales’’ que deben ser tratados con f&#x00E1;rmacos. Cuanta m&#x00E1;s gente se vea a s&#x00ED; misma como aquejada de alg&#x00FA;n problema m&#x00E9;dico, mayor ser&#x00E1; el mercado y mayores los beneficios econ&#x00F3;micos. Esto es especialmente claro, dice el informe, en el caso de los antidepresivos. Solamente el 5% de los antidepresivos son recetados para casos de depresi&#x00F3;n severa, y dos de cada tres son recetados a personas que simplemente se sienten tristes o que sufren por situaciones y circunstancias dif&#x00ED;ciles. Pero la tristeza, recuerda el informe del comit&#x00E9;, forma parte del abanico de las emociones humanas, no es una enfermedad. </p>
		
		<p>En 2006 fue organizado en Australia el primer congreso internacional sobre <italic>disease mongering</italic> cuyas actas fueron publicadas en un n&#x00FA;mero tem&#x00E1;tico de la revista <italic>PloS medicine</italic>. El art&#x00ED;culo introductorio (Moynihan &amp; Henry, <xref ref-type="bibr" rid="CIT21">2006</xref>) menciona tres formas principales de “tr&#x00E1;fico”: (1) medicalizar aspectos de la vida cotidiana (como la menopausia); (2) presentar problemas leves como si fueran enfermedades serias (como el s&#x00ED;ndrome del colon irritable); (3) identificar factores de riesgo con enfermedades (como el colesterol alto y la osteoporosis). La primera de esas estrategias es quiz&#x00E1;s la m&#x00E1;s rentable ya que permite salirse del &#x00E1;mbito restringido de la terapia, te&#x00F3;ricamente limitado a los enfermos, para abordar el &#x00E1;mbito de la optimizaci&#x00F3;n, abierto al conjunto de la poblaci&#x00F3;n. </p>
		
		<p>El ejemplo m&#x00E1;s conocido es el Viagra®. Pfizer consigui&#x00F3; que lo que deb&#x00ED;a haber sido un tratamiento para hombres con disfunci&#x00F3;n er&#x00E9;ctil causada por la diabetes o por una intervenci&#x00F3;n quir&#x00FA;rgica se convirtiera en un producto consumido por el conjunto de la poblaci&#x00F3;n masculina (Lexchin, <xref ref-type="bibr" rid="CIT19">2006</xref>). Pfizer afirmaba que m&#x00E1;s de la mitad de la poblaci&#x00F3;n masculina mayor de 40 a&#x00F1;os ten&#x00ED;a dificultades para alcanzar o mantener una erecci&#x00F3;n y que el Viagra® pod&#x00ED;a ayudarles, independientemente de las causas e independientemente de la frecuencia del problema. Es decir, que frente a un fallo ocasional causado por los nervios, el cansancio, el estr&#x00E9;s laboral o las preocupaciones familiares, la mejor o la &#x00FA;nica respuesta seg&#x00FA;n Pfizer era la medicaci&#x00F3;n. Ahora bien, los usuarios de Viagra® no se limitan a los mayores de 40 a&#x00F1;os ni a aquellos que sufren problemas de erecci&#x00F3;n. Entre 1998 y 2002, el mercado de mayor crecimiento era el de los hombres con edades comprendidas entre los 18 y los 45 a&#x00F1;os (Delate, Simmons, &amp; Motheral, <xref ref-type="bibr" rid="CIT07">2004</xref>) que no quer&#x00ED;an tratar una disfunci&#x00F3;n sino mejorar lo “normal”. </p>
		
		<p>R&#x00E1;pidamente, los industriales se movilizaron para que las mujeres pudieran disfrutar de un “tratamiento” similar, pero les faltaba la enfermedad correspondiente. Un a&#x00F1;o antes de que Viagra® saliera al mercado, la industria farmac&#x00E9;utica liderada por Pfizer financi&#x00F3; una serie de congresos para definir una enfermedad nueva: la disfunci&#x00F3;n sexual femenina (Forcades i Vila, <xref ref-type="bibr" rid="CIT10">2006</xref>; Moynihan, <xref ref-type="bibr" rid="CIT20">2003</xref>). En 1997, 9 compa&#x00F1;&#x00ED;as farmac&#x00E9;uticas organizaron y financiaron un encuentro cuyo tema era la ausencia de una definici&#x00F3;n para ese trastorno. La mitad de los asistentes eran representantes de farmac&#x00E9;uticas, y solamente fueron invitados aquellos investigadores que ten&#x00ED;an experiencia o inter&#x00E9;s en colaborar con la industria. Dieciocho meses m&#x00E1;s tarde, en Boston, tuvo lugar la primera conferencia internacional para la elaboraci&#x00F3;n de un consenso cl&#x00ED;nico sobre la disfunci&#x00F3;n sexual femenina. La conferencia fue financiada por ocho compa&#x00F1;&#x00ED;as farmac&#x00E9;uticas y 18 de los 19 autores de la nueva definici&#x00F3;n ten&#x00ED;an relaciones econ&#x00F3;micas o de otro tipo con un total de 22 farmac&#x00E9;uticas. Un a&#x00F1;o m&#x00E1;s tarde, en 1999, otra conferencia organizada en Boston era financiada por 16 farmac&#x00E9;uticas; la mitad de los participantes ten&#x00ED;a v&#x00ED;nculos con la industria. Ese mismo a&#x00F1;o, un estudio afirmaba que el 43% de la poblaci&#x00F3;n femenina de EEUU padec&#x00ED;a el trastorno nuevamente definido (Laumann, Paik &amp; Rosen, <xref ref-type="bibr" rid="CIT18">1999</xref>). Dos de los tres autores de ese estudio ten&#x00ED;an v&#x00ED;nculos con la industria. En los encuentros de 2000 y 2001, ya eran 22 las compa&#x00F1;&#x00ED;as patrocinadoras, encabezadas por Pfizer.  </p>
		
		<p>Para identificar la “poblaci&#x00F3;n enferma” se utiliz&#x00F3; un cuestionario con una lista de siete s&#x00ED;ntomas o problemas cr&#x00ED;ticos. Cada uno de ellos era suficiente para diagnosticar la disfunci&#x00F3;n sexual si una mujer lo hab&#x00ED;a experimentado durante dos meses o m&#x00E1;s en el &#x00FA;ltimo a&#x00F1;o. Es decir que las mujeres que no tuvieran deseo sexual durante al menos dos meses quedar&#x00ED;an autom&#x00E1;ticamente etiquetadas de ‘’disfuncionales’’, independientemente de si estaban de luto por la muerte de su pareja, agobiadas por el trabajo, atrapadas en una relaci&#x00F3;n insatisfactoria o gozando de una etapa de plenitud interior. En cuanto a los otros “s&#x00ED;ntomas”, relacionados con la insatisfacci&#x00F3;n sexual, tampoco se contempl&#x00F3; que el problema pudiera ser debido a su pareja. </p>
		
		<p>En 2004, la comercializaci&#x00F3;n del primer medicamento contra la disfunci&#x00F3;n sexual femenina, un parche de testosterona de la compa&#x00F1;&#x00ED;a Procter &amp; Gamble, fue rechazada por la agencia del medicamento de EEUU (Moynihan, <xref ref-type="bibr" rid="CIT20">2003</xref>). Incluso antes de que fuera evaluado, Procter &amp; Gamble ya hab&#x00ED;a gastado cien millones de d&#x00F3;lares en una campa&#x00F1;a de promoci&#x00F3;n que deb&#x00ED;a aparecer como de sensibilizaci&#x00F3;n y de educaci&#x00F3;n sanitaria antes que como propaganda para un producto pendiente de comercializaci&#x00F3;n. Su estrategia estaba enfocada hacia los profesionales de la salud, los medios de comunicaci&#x00F3;n y el p&#x00FA;blico en general, con el objetivo de moldear su percepci&#x00F3;n de los problemas sexuales femeninos y del modo de tratarlos. Seg&#x00FA;n la psiquiatra Leonore Tiefer (<xref ref-type="bibr" rid="CIT27">2006</xref>), el producto que realmente estaba vendiendo la compa&#x00F1;&#x00ED;a en esa etapa no era el medicamento sino la enfermedad. </p>
		
		</sec>
		
		<sec id="S3">
		<title>REPRESENTAR, CATEGORIZAR, MEDICALIZAR </title>
		
		<p>Las t&#x00E9;cnicas utilizadas por la industria farmac&#x00E9;utica para fabricar enfermedades se pueden ordenar en tres ejes:  </p>
		
		<p>1) Representaci&#x00F3;n: cambiar la representaci&#x00F3;n que la gente tiene de s&#x00ED;-misma y de los dem&#x00E1;s, en su cuerpo y su comportamiento; alterar la percepci&#x00F3;n de lo normal y lo anormal, lo aceptable y lo inaceptable; promover el auto-diagn&#x00F3;stico.  </p>
		
		
		<p>La representaci&#x00F3;n implica el conjunto de la sociedad: los profesionales de la salud, los pacientes, y todos los dem&#x00E1;s. </p>
		
		
		<p>2) Categorizaci&#x00F3;n: crear definiciones nuevas, modificar las antiguas, y desplazar la frontera entre lo normal y lo patol&#x00F3;gico. </p>
		
		<p>La categorizaci&#x00F3;n es competencia exclusiva de la medicina, pero est&#x00E1; bajo la influencia de las representaciones sociales. </p>
		
		<p>3) Medicalizaci&#x00F3;n “Una pastilla para cada problema”: fomentar la resoluci&#x00F3;n farmacol&#x00F3;gica de los problemas; alterar la relaci&#x00F3;n terap&#x00E9;utica promoviendo la auto-medicaci&#x00F3;n y la prescripci&#x00F3;n sistem&#x00E1;tica (convertir los m&#x00E9;dicos en proveedores de f&#x00E1;rmacos). </p>
		
		<p>Antes de seguir adelante es conveniente matizar varios puntos. En primer lugar, muchas de esas t&#x00E9;cnicas tienen una cara positiva que nos permite disfrutar de un estado general de salud bastante bueno. Financiar campa&#x00F1;as de sensibilizaci&#x00F3;n y de reconocimiento, o fomentar la educaci&#x00F3;n sanitaria y el autodiagn&#x00F3;stico, no son actividades reprobables en s&#x00ED;. Al contrario, contribuyen a la detecci&#x00F3;n precoz de enfermedades como el c&#x00E1;ncer de mama o el c&#x00E1;ncer de la pr&#x00F3;stata. Por otro lado, la formaci&#x00F3;n destinada a los m&#x00E9;dicos es muy importante para la actualizaci&#x00F3;n de sus conocimientos, tanto a nivel diagn&#x00F3;stico como terap&#x00E9;utico. La medicalizaci&#x00F3;n de los factores de riesgo puede tener un inter&#x00E9;s preventivo. Y el “tratamiento” de los peque&#x00F1;os problemas cotidianos responde a una demanda de la sociedad. En segundo lugar, la disminuci&#x00F3;n de los umbrales de tolerancia es una consecuencia de la elevaci&#x00F3;n de los niveles de vida y de salud de la poblaci&#x00F3;n. Seg&#x00FA;n Amartya Sen (<xref ref-type="bibr" rid="CIT26">2002</xref>), la percepci&#x00F3;n de la enfermedad est&#x00E1; en relaci&#x00F3;n directa con el nivel de salud y de educaci&#x00F3;n de la poblaci&#x00F3;n: en EEUU y en las regiones ricas de la India, la gente tiene una mayor percepci&#x00F3;n de la enfermedad que en las regiones m&#x00E1;s pobres de la India. Seg&#x00FA;n el premio Nobel, parece incluso haber una fuerte correlaci&#x00F3;n con la esperanza de vida: la gente se siente m&#x00E1;s enferma cuando su esperanza de vida es m&#x00E1;s elevada. Cuando hay menos problemas graves de los que preocuparse, se presta mayor atenci&#x00F3;n a los problemas peque&#x00F1;os, y la tolerancia al dolor y al sufrimiento disminuye. Una continuaci&#x00F3;n l&#x00F3;gica de ese movimiento es la voluntad de optimizaci&#x00F3;n. Todo eso no ser&#x00ED;a posible si no fuera por el &#x00E9;xito extraordinario de las farmac&#x00E9;uticas en inventar mol&#x00E9;culas realmente eficaces. En tercer lugar, si bien es cierto que la industria tiene inter&#x00E9;s en incentivar ese fen&#x00F3;meno social, echarle toda la culpa encima solo sirve para disimular la responsabilidad de los dem&#x00E1;s actores. La industria produce f&#x00E1;rmacos, pero los m&#x00E9;dicos los recetan, y la sociedad los exige. </p>
		
		<p>Ian Hacking (<xref ref-type="bibr" rid="CIT13">2004</xref>) cuenta que en 2002 se constat&#x00F3; una “epidemia” de autismo en la Silicon Valley de California. Un m&#x00E9;dico, dice, propuso una explicaci&#x00F3;n convincente del fen&#x00F3;meno: los ni&#x00F1;os afectados son casi todos hijos &#x00FA;nicos de padres treinta&#x00F1;eros o m&#x00E1;s que se mueven en un ambiente compuesto mayoritariamente por j&#x00F3;venes, t&#x00E9;cnicos o ingenieros, que no tienen hijos. Al no tener contacto ni familiaridad con el mundo de los ni&#x00F1;os, esta comunidad carece de normas, le faltan referencias. Por consiguiente, cuando el comportamiento de un ni&#x00F1;o resulta molesto para los padres, creen que no es normal y lo llevan al psiquiatra. En otro contexto, los padres dir&#x00ED;an que el ni&#x00F1;o es pesado o dif&#x00ED;cil, pero no ir&#x00ED;an a consultar. Vemos aqu&#x00ED;, seg&#x00FA;n Hacking, c&#x00F3;mo la representaci&#x00F3;n subjetiva de lo normal puede interferir con un diagn&#x00F3;stico m&#x00E9;dico supuestamente objetivo. </p>
		
		<p>Este ejemplo es especialmente interesante porque a pesar de que la categorizaci&#x00F3;n del autismo ha variado con el tiempo, alternando entre una y varias<xref ref-type="fn" rid="NOTE05">5</xref>, podr&#x00ED;an existir factores biol&#x00F3;gicos detr&#x00E1;s de algunas de sus manifestaciones. Si hay un marcador biol&#x00F3;gico, sea gen&#x00E9;tico o neurol&#x00F3;gico, entonces parece haber un hecho emp&#x00ED;rico independiente que permite confrontar el diagn&#x00F3;stico, e incluso la categor&#x00ED;a misma de autismo con otra cosa que la opini&#x00F3;n de los expertos. Podr&#x00ED;a entonces darse el caso que algunos de los que fueron en su d&#x00ED;a clasificados como enfermos dejen de serlo de acuerdo con los nuevos criterios. Para un naturalista, el ejemplo del autismo muestra claramente que existe una diferencia entre la realidad —en este caso la distinci&#x00F3;n entre lo normal y lo patol&#x00F3;gico— y nuestras normas y representaciones de la misma. Pero ¿qu&#x00E9; pasa cuando la categorizaci&#x00F3;n y el diagn&#x00F3;stico de una enfermedad no pueden apoyarse en una base biol&#x00F3;gica? Es lo que ocurre con muchos trastornos mentales, como la depresi&#x00F3;n. </p>
		
		<p>Philippe Pignarre (<xref ref-type="bibr" rid="CIT24">2001</xref>) explica con bastante detalle el proceso de categorizaci&#x00F3;n de ese trastorno y c&#x00F3;mo ese proceso es en gran parte responsable de su crecimiento exponencial en los pa&#x00ED;ses desarrollados. El autor cita tres explicaciones cl&#x00E1;sicas para ese fen&#x00F3;meno. La primera es social: la multiplicaci&#x00F3;n de los casos de depresi&#x00F3;n ser&#x00ED;a un reflejo y una consecuencia de la evoluci&#x00F3;n de la sociedad, cada vez m&#x00E1;s inhumana, cruel y estresante. La segunda explicaci&#x00F3;n es m&#x00E9;dica: los depresivos tendr&#x00ED;an una predisposici&#x00F3;n org&#x00E1;nica que se diagnostica cada vez mejor. La tercera explicaci&#x00F3;n es anal&#x00ED;tica: los depresivos tendr&#x00ED;an una predisposici&#x00F3;n psicol&#x00F3;gica, por culpa de un trauma infantil, lo cual supone que los problemas familiares tambi&#x00E9;n deber&#x00ED;an estar en aumento. A esas tres explicaciones se puede a&#x00F1;adir una cuarta, que ya conocemos, seg&#x00FA;n la cual la industria farmac&#x00E9;utica manipula la opini&#x00F3;n para vender sus antidepresivos. Philippe Pignarre propone otra explicaci&#x00F3;n que apunta hacia la psiquiatr&#x00ED;a moderna, la metodolog&#x00ED;a de investigaci&#x00F3;n farmacol&#x00F3;gica, y los propios pacientes. </p>
		
		<p>El Manual Diagn&#x00F3;stico y Estad&#x00ED;stico de los trastornos mentales (DSM), que recoge el consenso alcanzado por diferentes grupos de psiquiatras norteamericanos, es una herramienta que sirve para que en un mismo individuo reciba el mismo diagn&#x00F3;stico<xref ref-type="fn" rid="NOTE06">6</xref>. Ese manual define la depresi&#x00F3;n por sus s&#x00ED;ntomas, no por sus causas, porque no hay consenso sobre las causas. Por consiguiente, seg&#x00FA;n Pignarre, el DSM no nos dice de qu&#x00E9; sufren realmente los pacientes (las causas de su trastorno), sino cu&#x00E1;les son los criterios que permiten clasificar a una persona en la categor&#x00ED;a “depresivo”. Esa confusi&#x00F3;n sobre el alcance de las herramientas de diagn&#x00F3;stico es la primera condici&#x00F3;n de la epidemia. </p>
		
		<p>Otras dos condiciones son la ausencia de un marcador biol&#x00F3;gico fiable, por un lado, y la existencia de medicamentos eficaces, por el otro. Esto es muy importante, explica Pignarre, porque la ausencia de un marcador biol&#x00F3;gico fiable permite que sean los propios medicamentos los que definan la enfermedad. En efecto, seg&#x00FA;n otros autores, la epidemia de depresi&#x00F3;n podr&#x00ED;a ser una consecuencia del descubrimiento de los antidepresivos. El motivo es el siguiente. Cuando los investigadores desarrollan una nueva mol&#x00E9;cula y la prueban sobre grupos de pacientes para ver cu&#x00E1;les son sus efectos, todos los sujetos del ensayo cl&#x00ED;nico no reaccionan igual. Entonces los investigadores pueden y deben hacer variar las caracter&#x00ED;sticas del grupo de pacientes, es decir, los criterios de inclusi&#x00F3;n, hasta que el grupo “responda” satisfactoriamente a la mol&#x00E9;cula candidata. De este modo, a medida que cambian los criterios de inclusi&#x00F3;n de los pacientes, se va dibujando el conjunto de s&#x00ED;ntomas sobre los cuales la mol&#x00E9;cula es eficaz. Eso significa que el trastorno que padecen los pacientes de ese grupo viene a ser definido como aquello sobre lo que act&#x00FA;a el antidepresivo. Por consiguiente, cuando se descubre una nueva familia de f&#x00E1;rmacos, aparece al mismo tiempo una nueva categor&#x00ED;a de depresi&#x00F3;n. </p>
		
		<p>Pero eso no es todo. El n&#x00FA;mero de sujetos que participan en los ensayos cl&#x00ED;nicos aumenta progresivamente entre las fases I, II y III de la experimentaci&#x00F3;n hasta alcanzar miles e incluso decenas de miles de personas. En efecto, son las estad&#x00ED;sticas las que aportan la prueba de la eficacia de un f&#x00E1;rmaco. Ahora bien, los ensayos de fase III no tienen lugar en un laboratorio aislado de la sociedad sino en la vida real. Es decir, que mientras recogen informaci&#x00F3;n farmacol&#x00F3;gica los ensayos cl&#x00ED;nicos <italic>instalan</italic> la enfermedad, definida por los criterios de inclusi&#x00F3;n, en la vida cotidiana de miles o decenas de miles de personas. Despu&#x00E9;s, cuando el tratamiento ya ha sido aprobado, hay todav&#x00ED;a estudios de farmacovigilancia (fase IV) que implican esta vez a cientos de miles de personas. Parad&#x00F3;jicamente, parece ser el propio proceso de investigaci&#x00F3;n el que contribuye a difundir la enfermedad a medida que descubre los f&#x00E1;rmacos para tratarla. </p>
		
		<p>El caso de la depresi&#x00F3;n muestra que la ausencia de un marcador biol&#x00F3;gico fiable no permite distinguir entre descubrimiento e invenci&#x00F3;n, o entre realidad nosol&#x00F3;gica y ficci&#x00F3;n cient&#x00ED;fica. ¿A qu&#x00E9; corresponden pues las categor&#x00ED;as psiqui&#x00E1;tricas: a diferentes tipos de patolog&#x00ED;a, o a diferentes clases de f&#x00E1;rmacos? En otras palabras, cuando se clasifica a una persona como depresiva, ¿qu&#x00E9; es lo que se est&#x00E1; diciendo: que esa persona tiene un trastorno mental, o que esa persona se sentir&#x00E1; mejor tomando antidepresivos? Desde luego no es lo mismo. En un caso la persona est&#x00E1; enferma y en el otro no. Sin embargo, el sufrimiento es id&#x00E9;ntico, y los efectos del tratamiento tambi&#x00E9;n. </p>
		
		<p>Sufrir una pulmon&#x00ED;a y estar enfermo no es exactamente lo mismo. La diferencia tiene mucho que ver con el conjunto de pr&#x00E1;cticas y de representaciones sociales con los que va asociada la etiqueta “enfermo”. El hecho de estar enfermo, es decir, el hecho de ser clasificado como tal, puede aportar grandes ventajas y graves inconvenientes. Adem&#x00E1;s de la simpat&#x00ED;a y de la conmiseraci&#x00F3;n de la gente, la enfermedad le puede evitar a uno ser condenado en los tribunales, ser enrolado en el ej&#x00E9;rcito, o tener que ir a trabajar. Al darse de baja por enfermedad, uno se sigue beneficiando de un salario fijo, puede recibir compensaciones del seguro, y tiene acceso a ayudas y servicios denegados a los sanos. Desde un punto de vista individual, uno puede encontrar en la enfermedad una explicaci&#x00F3;n para su sufrimiento. Y las actitudes tanto personales como sociales frente a un determinado problema tampoco ser&#x00E1;n las mismas seg&#x00FA;n que ese problema se considera o no como enfermedad. No es lo mismo ser un vago que tener el s&#x00ED;ndrome de “d&#x00E9;ficit motivacional”. No es lo mismo ser un borracho que tener “dependencia patol&#x00F3;gica al alcohol con predisposiciones biol&#x00F3;gicas”. El lado negativo de ser un enfermo, es que uno puede sufrir rechazo, exclusi&#x00F3;n social, discriminaciones de todo tipo, e incluso privaci&#x00F3;n de libertad. </p>
		
		<p>Para las farmac&#x00E9;uticas, la medicina y el sistema de salud en general tambi&#x00E9;n hay ventajas e inconvenientes de categorizar un problema como patol&#x00F3;gico. Cada enfermedad nueva supone una nueva carga para los sistemas de sanidad que garantizan el acceso a los tratamientos. Al contrario, para la medicina y las farmac&#x00E9;uticas, eso puede resultar muy lucrativo. Si una mol&#x00E9;cula es autorizada como tratamiento para alguna enfermedad, como la disfunci&#x00F3;n sexual femenina, entonces las farmac&#x00E9;uticas reciben cuantiosas subvenciones indirectas del Estado cada vez que este reembolsa el f&#x00E1;rmaco a los supuestos enfermos. Adem&#x00E1;s, disponen con los consultorios m&#x00E9;dicos de una red de distribuci&#x00F3;n muy extendida y extremadamente eficaz para difundir sus productos entre el p&#x00FA;blico y constituirse una clientela fiel. Por otra parte, sin embargo, el control que tiene la medicina sobre sus productos puede constituir para las farmac&#x00E9;uticas una limitaci&#x00F3;n. Para vender drogas recreativas o mol&#x00E9;culas de confort (<italic>lifestyle drugs</italic>), como el Viagra®, la industria tiene inter&#x00E9;s en dirigirse directamente al consumidor, sin pasar por la mediaci&#x00F3;n de la medicina. </p>
		
		<p>Pero, ¿es realmente necesaria la categor&#x00ED;a de enfermedad? Germund Hesslow (<xref ref-type="bibr" rid="CIT14">1993</xref>) afirma que no. De ser as&#x00ED;, si abandon&#x00E1;ramos la distinci&#x00F3;n entre salud y enfermedad, los laboratorios no podr&#x00ED;an ni necesitar&#x00ED;an vender enfermedades para vender sus f&#x00E1;rmacos. Se evitar&#x00ED;a de ese modo la manipulaci&#x00F3;n y la instrumentalizaci&#x00F3;n de las categor&#x00ED;as y representaciones de la salud en nombre de intereses econ&#x00F3;micos, pol&#x00ED;ticos y sociales, aunque probablemente aparecer&#x00ED;an nuevos problemas. La medicina tambi&#x00E9;n perder&#x00ED;a gran parte de su poder de control social. En efecto, la competencia exclusiva que tiene para decidir sobre temas de salud y enfermedad, dibujando fronteras y estableciendo clasificaciones, constituye para la medicina una fuente de poder fabulosa. La vida cotidiana de millones de personas depende de ese tipo de decisiones. </p>
		</sec>
		
		<sec id="S4">
		<title>CONCLUSIONES </title>
		
		<p>Hemos comprobado en la primera parte que existen muchas maneras de manipular la frontera entre la salud y la enfermedad. Nos hemos centrado en el problema del <italic>disease mongering</italic> porque presenta ejemplos claros de ficciones patrocinadas por la industria. Pero quienes han creado esas ficciones para las farmac&#x00E9;uticas, esto es, la comunidad m&#x00E9;dica internacional (a trav&#x00E9;s de algunos de sus miembros), son quienes a la vez detienen la m&#x00E1;xima autoridad para decidir, en materia de salud, qu&#x00E9; enfermedades son reales y cu&#x00E1;les no. Y esa autoridad les es concedida por la sociedad en su conjunto. Por consiguiente, desde una postura constructivista, deber&#x00ED;amos admitir que las llamadas “enfermedades ficticias” son a la vez enfermedades reales en la medida en que han sido reconocidas como tales por quienes las han creado.  </p>
		
		<p>En la segunda parte, hemos visto que la producci&#x00F3;n de “ficciones” m&#x00E9;dicas obedece a mecanismos m&#x00E1;s complejos, algunos de ellos inconscientes e involuntarios. Por un lado, el hecho de que existan mol&#x00E9;culas eficaces para tratar algunas dolencias, as&#x00ED; como el propio proceso de la investigaci&#x00F3;n cl&#x00ED;nica, influyen en la categorizaci&#x00F3;n de aquello que curan. Y en ese proceso intervienen tanto los m&#x00E9;dicos investigadores como los pacientes. Por otro lado, la existencia de una enfermedad, m&#x00E1;s all&#x00E1; de los hechos en los que eventualmente se sustenta, depende de un conjunto de representaciones en las que intervienen todos los actores. En el caso de los trastornos mentales, cuando no existe una base biol&#x00F3;gica, las representaciones lo son casi todo. Desde la postura constructivista fuerte, donde no hay realidad m&#x00E1;s all&#x00E1; de aquello que nos representamos como tal, deber&#x00ED;amos pues reconocer que esas enfermedades son plenamente reales. ¿Pero de qu&#x00E9; realidad estamos hablando? </p>
		
		<p>Un quark, una bacteria, un pr&#x00E9;stamo hipotecario y una enfermedad no son menos reales unos que otros, pero pertenecen a diferentes tipos de realidad. La enfermedad tiene a menudo un componente biol&#x00F3;gico, y por lo tanto f&#x00ED;sico, pero tambi&#x00E9;n un componente social y cultural, as&#x00ED; como un componente psicol&#x00F3;gico que es la experiencia subjetiva propia de cada uno. La contribuci&#x00F3;n respectiva de lo biol&#x00F3;gico y lo cultural en la experiencia subjetiva ser&#x00E1; m&#x00E1;s o menos grande en funci&#x00F3;n del individuo y en funci&#x00F3;n del contexto, pero esa experiencia no se reduce estrictamente a sus condicionantes objetivos, cuando los hay.</p>
				 
		</sec>
		
	</body>

	<back>
	
	

	
	
	<sec id="notas">
     <title>NOTES</title>
     <fn-group>
      <fn id="NOTE01"><label>1</label><p>En este art&#x00ED;culo usaremos las dicotom&#x00ED;as “salud/enfermedad” y “normal/patol&#x00F3;gico” como si fueran equivalentes aunque un examen m&#x00E1;s detallado mostrar&#x00ED;a que no lo son. Ambas son problem&#x00E1;ticas, pero no del mismo modo. Dicho esto, el matiz en cuesti&#x00F3;n no es relevante para nuestro prop&#x00F3;sito.</p></fn>
	  <fn id="NOTE02"><label>2</label><p>La homosexualidad dej&#x00F3; de ser considerada como enfermedad mental por la Organizaci&#x00F3;n Mundial de la Salud con la publicaci&#x00F3;n en 1992 de su d&#x00E9;cima revisi&#x00F3;n de la Clasificaci&#x00F3;n Internacional de Enfermedades (ICD-10). Esta revisi&#x00F3;n fue aprobada el 17 de mayo de 1990 y entr&#x00F3; en vigor para los pa&#x00ED;ses miembros en 1994. Anteriormente, en 1973, la <italic>American Psychiatric Association</italic> (APA) hab&#x00ED;a retirado la homosexualidad de la lista de los trastornos, en la secci&#x00F3;n de desviaciones sexuales, del <italic>Diagnostic and Statistical Manual of Mental Disorders</italic> (DSM-II). Esa modificaci&#x00F3;n se hizo supuestamente bajo la presi&#x00F3;n de los colectivos de homosexuales.</p></fn>
	  <fn id="NOTE03"><label>3</label><p>Ivan Illich criticaba en su <italic>N&#x00E9;m&#x00E9;sis M&#x00E9;dicale</italic> (<xref ref-type="bibr" rid="CIT17">1975</xref>) la medicalizaci&#x00F3;n de la sociedad y de la vida misma. La pel&#x00ED;cula <italic>THX 1138</italic> de George Lucas muestra que en 1971 ya exist&#x00ED;a una preocupaci&#x00F3;n por el control farmacol&#x00F3;gico de la existencia. Ese tema tambi&#x00E9;n est&#x00E1; presente en la novela <italic>Un mundo feliz</italic> (<italic>A Brave New World</italic>), de Aldous Huxley, escrita en 1932. El negocio de la enfermedad es ilustrado en 1923 por Knock, el m&#x00E9;dico de la novela de Jules Romains, y ejemplos todav&#x00ED;a anteriores pueden encontrarse. Ahora bien, la primera autora en analizar el fen&#x00F3;meno actual del <italic>disease mongering</italic>, es decir la promoci&#x00F3;n de enfermedades con fines de lucro, parece ser Lynn Payer (<xref ref-type="bibr" rid="CIT23">1992</xref>). Desde entonces, tal vez como reacci&#x00F3;n ante la multiplicaci&#x00F3;n de los esc&#x00E1;ndalos farmacol&#x00F3;gicos, la publicaci&#x00F3;n de libros y art&#x00ED;culos se ha disparado. Desde 2002, la revista <italic>British Medical Journal</italic> es uno de los espacios de expresi&#x00F3;n m&#x00E1;s activos sobre ese tema. Y en 2006 fue organizado un primer congreso internacional.</p></fn>
	  <fn id="NOTE04"><label>4</label><p>Los efectos secundarios de los medicamentos, dice el comit&#x00E9;, son responsables del 5% de todos los ingresos en los hospitales del Reino Unido.</p></fn>
	  <fn id="NOTE05"><label>5</label><p>En 1987, el Manual diagn&#x00F3;stico y Estad&#x00ED;stico de los trastornos mentales (DSM-III-R) recog&#x00ED;a una &#x00FA;nica categor&#x00ED;a de Trastorno Autista. En 2000, la edici&#x00F3;n siguiente del Manual (DSM-IV-TR) defin&#x00ED;a cinco categor&#x00ED;as diagn&#x00F3;sticas dentro de los Trastornos Generalizados del Desarrollo. En 2013, la &#x00FA;ltima edici&#x00F3;n (DSM-5) vuelve a definir una sola categor&#x00ED;a, el Trastorno del Espectro del Autismo, con criterios de diagn&#x00F3;stico modificados. Esta &#x00FA;ltima revisi&#x00F3;n responde en parte a inconsistencias de diagn&#x00F3;stico. </p></fn>
	  <fn id="NOTE06"><label>6</label><p>Dicho sea de paso, en su cuarta edici&#x00F3;n, el 56% de los autores de ese manual ten&#x00ED;an v&#x00ED;nculos econ&#x00F3;micos con la industria farmac&#x00E9;utica; el 100% en el caso de los grupos de trabajo sobre “trastornos del humor” (<italic>mood disorders</italic>) y sobre “Esquizofrenia y otros trastornos psic&#x00F3;ticos” (Cosgrove, Krimsky, Vijayaraghavan &amp; Schneider, <xref ref-type="bibr" rid="CIT06">2006</xref>).</p></fn>
	  	  
	 
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