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			<journal-id journal-id-type="publisher-id">Arbor</journal-id>
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				<journal-title>ARBOR Ciencia, Pensamiento y Cultura</journal-title>
				<abbrev-journal-title>Arbor</abbrev-journal-title>
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			<issn pub-type="epub">0210-1963</issn>
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				<publisher-name>Consejo Superior de Investigaciones Cient&#x00ED;ficas</publisher-name>
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			 <article-id pub-id-type="publisher-id">arbor.2013.763n5006</article-id>
			 <article-id pub-id-type="doi">10.3989/arbor.2013.763n5006</article-id>
			 
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				<subj-group subj-group-type="heading">
				<subject>BIO&#x00C9;TICA Y FRONTERAS DE LA VIDA. II. DESDE LA PR&#x00C1;CTICA / <italic>BIOETHICS AND BIOLOGIC BOUNDARIES. II. FROM PRACTICE</italic></subject>
				</subj-group>
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			  <article-title>Locos entre cuerdos, cuerdos en ambientes patol&#x00F3;gicos</article-title>
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		<trans-title>The mad among the sane; sane individuals in pathologic contexts</trans-title>
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		<alt-title alt-title-type="running-head">Locos entre cuerdos</alt-title>
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			  <contrib contrib-type="author" corresp="yes"> 
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				 <surname>Rodr&#x00ED;guez-Arias Palomo</surname>
				 <given-names>Jos&#x00E9; Luis</given-names>
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			  <aff id="U1">Dr. en Psicolog&#x00ED;a y Psic&#x00F3;logo Cl&#x00ED;nico. Hospital Materno-Infantil de A Coru&#x00F1;a </aff>
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			 <author-notes>
		<corresp id="cor1">e-mail: <email xlink:href="jose.luis.rodriguez-arias.palomo@sergas.es">jose.luis.rodriguez-arias.palomo@sergas.es</email>
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		<pub-date pub-type="collection">
		<year>2013</year>
		</pub-date>
		
		<volume>189</volume>
		<issue>763</issue>
		
		<elocation-id content-type="doi">10.3989/arbor.2013.763n5006</elocation-id>

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		  	<date date-type="received">
				<day>13</day>
				<month>07</month>
				<year>2012</year>
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			<date date-type="accepted">
				<day>06</day>
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		<copyright-statement>&#x00A9; 2013 CSIC</copyright-statement>
		<copyright-year>2013</copyright-year>
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		<license-p>Este es un art&#x00ED;culo de acceso abierto distribuido bajo los t&#x00E9;rminos de la licencia Creative Commons Attribution-Non Commercial (by-nc) Spain 3.0.</license-p>
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		<abstract xml:lang="es">
		
		<title>RESUMEN</title>
		<p>La Salud Mental se mueve en un territorio con l&#x00ED;mites imprecisos: la consideraci&#x00F3;n de un comportamiento como sano o enfermo depende del momento hist&#x00F3;rico, de la sociedad y la cultura en la que se produce o, sencillamente, de la ideolog&#x00ED;a del profesional que califica ese comportamiento. Desde la perspectiva del Constructivismo Radical se exploran estos l&#x00ED;mites entre la locura y la cordura y se cuestionan los criterios de clasificaci&#x00F3;n al uso en los Servicios de Salud Mental a trav&#x00E9;s de una serie de ejemplos, que ponen de relieve la inestabilidad de estos y la oscuridad de los mismos. La idea que atraviesa este debate es que la autonom&#x00ED;a de los pacientes cobra protagonismo, precisamente, en la relatividad del diagn&#x00F3;stico en Salud Mental, ya que, aunque “locos”, tienen igual derecho que los cuerdos a decidir sobre su propia existencia y su propio estilo de vivir.</p>
		</abstract>
		<trans-abstract xml:lang="en">
		
		<title>ABSTRACT</title>
		<p>Mental Health moves within a territory of uncertain boundaries: weather a behavior is considered healthy or sick depends on factors such as the historical moment, the culture and society in which the diagnosis is made or simply the professional’s ideology on the matter. In this paper, the borders between madness and sanity will be explored from the point of view of Radical Constructivism (Watzlawick, <xref ref-type="bibr" rid="CIT17">1988</xref>). The classification criteria currently used in Mental Health units will be questioned through a series of examples which reveal their instability and fuzziness. The thesis behind this debate is that the autonomy of the patient should be considered precisely in this context of relativity. Though “mad”, they have equal rights to sane people to decide over their own existence and their own ways of leading their lives.</p>
		</trans-abstract>
		<kwd-group xml:lang="es">
			<title>PALABRAS CLAVE</title>
			<kwd>Psicodiagn&#x00F3;stico</kwd>
			<kwd>Salud Mental</kwd>
			<kwd>Constructivismo</kwd>
			<kwd>Terapia Familiar</kwd>
		</kwd-group>
		
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			<title>KEYWORDS</title>
			<kwd>Psychodiagnosis</kwd>
			<kwd>Mental Health</kwd>
			<kwd>Constructivism</kwd>
			<kwd>Family Therapy</kwd>
		</kwd-group>
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	<body>
		
		<sec id="S1">
		<title> </title>
		
		<p>El t&#x00ED;tulo de este art&#x00ED;culo<xref ref-type="fn" rid="NOTE01">1</xref> se inspira en el libro de Lauren Slater, “Cuerdos entre Locos: Grandes experimentos psicol&#x00F3;gicos del Siglo XX”. La autora selecciona un grupo de diez experimentos psicol&#x00F3;gicos que, desde su punto de vista, han supuesto cambios, tanto en el campo de la salud mental, como en el de la vida cotidiana. Los presenta de una manera controvertida, valorando las luces y las sombras de cada uno de los experimentos que relata (Slater, <xref ref-type="bibr" rid="CIT14">2006</xref>). Uno de los elegidos es el de David Rosenhan (<xref ref-type="bibr" rid="CIT11">1973</xref>), psic&#x00F3;logo americano que en los a&#x00F1;os 70 quiso comprobar el fundamento de los diagn&#x00F3;sticos que utilizan los profesionales de Salud Mental para clasificar a los pacientes que tratan. Se le ocurri&#x00F3; la idea de reunir a un grupo de colegas y amigos que no tuvieran nada mejor que hacer en aquel octubre de 1972 y proponerles que se hicieran pasar por locos. Quer&#x00ED;a saber si los profesionales que tienen la responsabilidad de curar a los que enloquecen eran capaces de distinguir bien entre locos y cuerdos. Les propuso que acudieran a un dispositivo de salud mental cualquiera y simularan un &#x00FA;nico s&#x00ED;ntoma: o&#x00ED;r una voz. Se apuntaron ocho: un pintor, un ama de casa, un estudiante de postgrado, un pediatra, un psiquiatra y tres psic&#x00F3;logos, uno de los cuales era el propio David Rosenhan. Para evitar interpretaciones adicionales y facilitar la homogeneidad de los s&#x00ED;ntomas entre los ocho pacientes fingidos decidieron que todos iban a decir escuchar una voz que dice “zas”. Un sonido sin ning&#x00FA;n sentido, ni significado para dar las pistas m&#x00ED;nimas sobre el diagn&#x00F3;stico. No deb&#x00ED;an fingir ning&#x00FA;n otro s&#x00ED;ntoma y deb&#x00ED;an responder a todas las preguntas que les hicieran con veracidad. Excepto en lo referente al nombre y a la profesi&#x00F3;n para no ser identificados. </p>
		
		<p>Los resultados fueron contundentes: los ocho fueron ingresados. Todos, menos uno, fueron diagnosticados de esquizofrenia. El otro fue diagnosticado de psicosis maniaco-depresiva. A partir de que consiguieron su prop&#x00F3;sito de ser ingresados dejaron de manifestar el s&#x00ED;ntoma. Cuando eran interrogados respond&#x00ED;an que ya estaban bien, que ya no o&#x00ED;an la voz. Su estancia media en el centro hospitalario fue de 19 d&#x00ED;as —7 el que menos y 52 el que m&#x00E1;s—. Durante su vida en el hospital fueron sumisos, obedientes y buenos cumplidores. Pasaron la mayor parte del tiempo haciendo anotaciones en un cuaderno sobre la vida hospitalaria y el comportamiento de locos y profesionales. Al cabo de este tiempo fueron dados de alta por “remisi&#x00F3;n temporal de los s&#x00ED;ntomas”. Ninguno fue considerado curado al final, de la misma manera que ninguno fue considerado sano al principio. </p>
		
		<p>Este experimento levant&#x00F3; una gran pol&#x00E9;mica. Un hospital lo ret&#x00F3; a repetirlo y enviar durante los tres meses siguientes tantos pacientes falsos como quisiera, para demostrarle que ser&#x00ED;an puntualmente reconocidos por los profesionales de salud mental de ese hospital. Al final del tercer mes el hospital inform&#x00F3; que hab&#x00ED;a detectado 41 falsos pacientes de 193 casos recibidos (21%). Rosenhan no hab&#x00ED;a enviado ninguno. </p>
		
		<p>Este experimento suscita m&#x00FA;ltiples reflexiones. El autor subraya c&#x00F3;mo el diagn&#x00F3;stico en Salud Mental se hace mucho m&#x00E1;s fij&#x00E1;ndose en el contexto que en la persona. Y, sin embargo, el tratamiento se le ofrece a la persona porque, desde la perspectiva cl&#x00E1;sica<xref ref-type="fn" rid="NOTE02">2</xref>, se dice que son las personas las que enferman. Es a las personas a las que se les dice que se tomen tal o cual medicaci&#x00F3;n, a las que se les propone tal o cual cambio de actitud o comportamiento. Y con independencia de la validez que se le quiera otorgar, lo que s&#x00ED; parece dejar claro es que el l&#x00ED;mite entre la cordura y la locura es borroso; que los profesionales har&#x00ED;an bien en tomarse con prudencia los juicios cl&#x00ED;nicos que hacen, porque los diagn&#x00F3;sticos condicionan el significado que se atribuye al comportamiento de las personas que los portan.  </p>
		
		<p>Las Unidades de Larga Estancia de Ingreso Hospitalario para Enfermos Mentales —as&#x00ED; se llama ahora a los antiguos manicomios— est&#x00E1;n llenos de personas y no de contextos. Contextos solo hay uno y unifica el sentido del comportamiento de los que all&#x00ED; est&#x00E1;n ingresados: los locos, locos son y cualquier cosa que hagan es una locura. Y si no, ¿c&#x00F3;mo se explica que est&#x00E9;n ah&#x00ED; ingresados? Para ilustrar de qu&#x00E9; manera los contextos condicionan el comportamiento y la interpretaci&#x00F3;n que los profesionales hacen del mismo, propongo un ejemplo de la vida real y otro tomado de una ficci&#x00F3;n. </p>
		
		<p>En el Cuadro 1 se incluye el documento que firman los pacientes que ingresan en una Unidad de Hospitalizaci&#x00F3;n (U.D.H.) para enfermos mentales que, aunque se encabece con el t&#x00ED;tulo de “consentimiento informado”, parece m&#x00E1;s una simple nota informativa. </p>
		
		<fig id="F1">
		<label>Cuadro 1</label>
		<caption>
		<title>Documento de consentimiento para el ingreso en una Unidad de Agudos</title>
		</caption>
		<graphic xmlns:xlink="http://www.w3.org/1999/xlink" xlink:href="../images/F1.jpg"/>
		</fig>
		
		<p>Resulta llamativo que una instituci&#x00F3;n de ingreso voluntario est&#x00E9; “permanentemente cerrada”. Es curioso que a los locos se les exija respeto a los horarios, a las instalaciones y a los pacientes, participaci&#x00F3;n en las actividades y actitud de colaboraci&#x00F3;n… ¿Cu&#x00E1;nto tiempo tienen que portarse as&#x00ED; para que dejen de ser considerados locos? Al mismo tiempo, se les proh&#x00ED;ben las llamadas telef&#x00F3;nicas y se les obliga a someterse a cuantos controles se consideren necesarios… ¿Es acaso una sumisi&#x00F3;n tal compatible con la cordura? Finalmente, el incumplimiento de estas normas supone la expulsi&#x00F3;n por seis meses… ¿Significa esto que niega el tratamiento a quien sigue estando loco? ¿O m&#x00E1;s bien que la rebeld&#x00ED;a es se&#x00F1;al de cordura? </p>
		
		<p>Y un ejemplo de ficci&#x00F3;n. En los a&#x00F1;os 80 y coincidiendo con la Reforma Psiqui&#x00E1;trica, uno de cuyos logros m&#x00E1;s importantes y controvertidos fue la desinstitucionalizaci&#x00F3;n de los pacientes que estaban ingresados en condiciones escasamente terap&#x00E9;uticas, Carles Mira dirigi&#x00F3; una pel&#x00ED;cula —“Con el culo al aire”— en clave de humor, sobre la vida en los manicomios. El siguiente extracto corresponde a un pasaje de esa pel&#x00ED;cula en el que un interno veterano hace la acogida de un reci&#x00E9;n ingresado. </p>
		
		<p>PAPA LUNA (Un loco disfrazado de Papa). Si&#x00E9;ntate a mi lado y presta atenci&#x00F3;n. ¡Qu&#x00E9; pasa! ¿No pensar&#x00E1;s que el &#x00FA;nico cuerdo aqu&#x00ED; eres t&#x00FA;? </p>
		
		<p>JUAN. ¿Yo? No s&#x00E9;. </p>
		
		<p>PAPA LUNA. Escucha. Te he estado observando y he llegado a dos conclusiones: que se puede confiar en ti y que necesitas ayuda. </p>
		
		<p>JUAN. ¿Cu&#x00E1;ndo se sale de aqu&#x00ED;? </p>
		
		<p>PAPA LUNA. Se sale cuando ellos quieren, no hay reglas fijas. </p>
		
		<p>JUAN. ¿Cu&#x00E1;ndo se sale de aqu&#x00ED;? </p>
		
		<p>PAPA LUNA. Ya te lo he dicho, cuando ellos quieren. De aqu&#x00ED; se sale sin prisas. M&#x00ED;rame. ¿Te parezco un Papa? ¿Me ves contento? </p>
		
		<p>JUAN. No s&#x00E9;. </p>
		
		<p>PAPA LUNA. ¡C&#x00F3;mo que no sabes! T&#x00FA; m&#x00ED;rame bien. (Reparte bendiciones) ¿Qu&#x00E9;? ¿No lo hago bien? </p>
		
		<p>JUAN. S&#x00ED;. </p>
		
		<p>PAPA LUNA. ¡Claro que s&#x00ED;! Lo hago muy bien. Son muchos a&#x00F1;os practicando. Ya soy un hombre nuevo y cualquier d&#x00ED;a me sueltan. </p>
		
		<p>JUAN. Pero yo no quiero ser Papa. </p>
		
		<p>PAPA LUNA. Claro, te falta vocaci&#x00F3;n. Pero tampoco quer&#x00ED;as tragarte las pastillas y te las has tragado. ¿A que s&#x00ED;? </p>
		
		<p>JUAN. Me han obligado. </p>
		
		<p>PAPA LUNA. Hummm, y a m&#x00ED; tambi&#x00E9;n. Y sin embargo, yo no me las has tragado (Hace un esfuerzo y va escupiendo las pastillas). ¿Qu&#x00E9; te parece? </p>
		
		<p>JUAN. ¿C&#x00F3;mo lo haces? </p>
		
		<p>PAPA LUNA. Ya lo has visto, sin prisas. Aqu&#x00ED; tienes tiempo y motivos suficientes para aprender a vomitar. </p>
		
		<p>[…] </p>
		
		<p>PAPA LUNA. Solo se sale de aqu&#x00ED; cuando ellos creen que eres un hombre nuevo. Y hemos descubierto que imitando a ciertos personajes hist&#x00F3;ricos te llega antes la libertad. </p>
		
		<p>AGUSTINA DE ARAG&#x00D3;N (otro loco disfrazado de Agustina de Arag&#x00F3;n). Cuanto mejor representes el momi&#x00F3;n escogido mejor te tratan. </p>
		
		<p>PAPA LUNA. Y antes sales. </p>
		
		<p>JUAN. O sea, que aqu&#x00ED; nadie es lo que parece, ni nadie se cree nada, ni nada de nada. </p>
		
		<p>PAPA LUNA. ¡Hombre, no exageres! Aqu&#x00ED; hay de todo como en la vi&#x00F1;a del Se&#x00F1;or. </p>
		
		<p>JUAN. Pero vosotros no sois ni el Papa Luna ni Agustina de Arag&#x00F3;n. </p>
		
		<p>AGUSTINA DE ARAG&#x00D3;N. Un momento, que yo s&#x00ED; soy Agustina de Arag&#x00F3;n. ¿O es que no se nota? </p>
		
		<p>JUAN. Pero no te lo crees </p>
		
		<p>PAPA LUNA. Escucha, Juan, no te l&#x00ED;es. Aqu&#x00ED; no se trata de lo que nosotros creamos o dejemos de creer, sino de lo que ellos crean. Y si ellos creen que t&#x00FA; crees que eres uno de sus momiones est&#x00E1;s salvado, si no, caput. </p>
		
		<p>JUAN. ¡Pero c&#x00F3;mo se lo van a creer! ¡Es imposible! </p>
		
		<p>PAPA LUNA ¿Imposible? Se nota que no los conoces. S&#x00ED; se lo creen, hijo m&#x00ED;o, s&#x00ED; se lo creen ¿No ves que est&#x00E1;n locos? </p>
		
		<p>El pasaje es suficientemente elocuente de la locura de los contextos que los profesionales promueven como terap&#x00E9;uticos. ¿Es solo humor? ¿La pel&#x00ED;cula ya no refleja la realidad de las modernas “unidades de larga estancia para enfermos mentales” del siglo XXI? </p>
		
		<p>El experimento de Rosenhan levant&#x00F3; ampollas y recibi&#x00F3; m&#x00FA;ltiples cr&#x00ED;ticas. Uno de sus detractores m&#x00E1;s furibundos fue Robert Spitzer (Slater, <xref ref-type="bibr" rid="CIT14">2006</xref>), famoso psiquiatra que tiene el m&#x00E9;rito de haber sido el Presidente del Comit&#x00E9; de Intervenci&#x00F3;n de Nomenclatura y Estad&#x00ED;stica del DSM-III (Manual Diagn&#x00F3;stico y Estad&#x00ED;stico de los Trastornos Mentales). En esa tercera versi&#x00F3;n (de 1980) fue donde, definitivamente, la homosexualidad qued&#x00F3; desclasificada como trastorno mental. En el DSM-II la homosexualidad aparec&#x00ED;a como una enfermedad mental m&#x00E1;s. En 1973 fue sustituida por “trastornos en la orientaci&#x00F3;n sexual” y en 1980 se codifica como enfermedad solo la homosexualidad egodist&#x00F3;nica, es decir, cuando el homosexual est&#x00E1; insatisfecho con su orientaci&#x00F3;n sexual y desear&#x00ED;a cambiarla y hacerse heterosexual. En el DSM-III se argumenta as&#x00ED;: </p>
		
		<p>“El punto crucial que determina si la homosexualidad <italic>per se</italic> puede ser considerada o no como un trastorno mental no reside en la etiolog&#x00ED;a de esa condici&#x00F3;n, sino en sus consecuencias y en el modo en que se defina el trastorno mental. Una importante proporci&#x00F3;n de homosexuales est&#x00E1;n aparentemente satisfechos con su orientaci&#x00F3;n sexual y no muestran signos ostensibles de psicopatolog&#x00ED;a (a no ser que la homosexualidad en s&#x00ED; misma sea considerada psicopatol&#x00F3;gica), siendo capaces de actuar social y laboralmente sin ninguna dificultad. Si se emplea el criterio de malestar o incapacidad, la homosexualidad <italic>per se</italic> no es un trastorno mental. Si se recurre al criterio de <italic>desventaja inherente</italic>, no est&#x00E1; claro en absoluto que la homosexualidad constituya una desventaja en todas las culturas o subculturas.” (DSM-III, 396-397). </p>
		
		<p>El comentario m&#x00E1;s inteligente que puede hacerse al respecto es el de Paul Watzlawick: “Eso ha constituido el mayor &#x00E9;xito jam&#x00E1;s alcanzado, pues millones de personas se curaron de golpe de su enfermedad” (Watzlawick, <xref ref-type="bibr" rid="CIT18">1995</xref>, 63). Robert Spitzer, no conforme con esta repentina curaci&#x00F3;n de tanta gente, en la Reuni&#x00F3;n Anual de la APA (American Psychological Association) de 2001 present&#x00F3; un trabajo en el que presum&#x00ED;a de tener a su disposici&#x00F3;n un tratamiento para cambiar de forma eficaz la orientaci&#x00F3;n sexual de las personas (Spitzer, <xref ref-type="bibr" rid="CIT15">2003</xref>). De homosexual a heterosexual, por supuesto. La APA se apresur&#x00F3; a desaprobar el trabajo de Spitzer, arguyendo que no hab&#x00ED;a suficientes pruebas para afirmar que el tratamiento propuesto por Robert Spitzer fuera eficaz para cambiar la orientaci&#x00F3;n sexual. </p>
		
		<p>M&#x00E1;s recientemente y m&#x00E1;s cerca, un psiquiatra y catedr&#x00E1;tico de Psicopatolog&#x00ED;a de la Universidad de San Pablo-CEU<xref ref-type="fn" rid="NOTE03">3</xref> compareci&#x00F3; el 20 de junio de 2005 a petici&#x00F3;n del Partido Popular ante la Comisi&#x00F3;n de Justicia del Senado para informar en relaci&#x00F3;n con el Proyecto de Ley por la que se modificaba el C&#x00F3;digo Civil en materia de derecho a contraer matrimonio y, en particular, sobre los efectos que tiene en el desarrollo de los menores la convivencia con parejas homosexuales. En su ponencia, citando estudios de otros autores y bas&#x00E1;ndose en su propia experiencia, afirm&#x00F3; que los homosexuales declaran haber tenido un padre hostil, distante, violento o alcoh&#x00F3;lico y una madre sobreprotectora. Precis&#x00F3; m&#x00E1;s: la madre es percibida por el hijo homosexual como necesitada de afecto, fr&#x00ED;a y muy exigente y por las hijas lesbianas como emocionalmente vac&#x00ED;a. Y continu&#x00F3; afirmando que estos ni&#x00F1;os y ni&#x00F1;as pueden haber sufrido en la temprana infancia abuso sexual o violaci&#x00F3;n por parte de padre, madre o alg&#x00FA;n familiar. Sostuvo que en su ejercicio profesional el 30% de los homosexuales que hab&#x00ED;an pasado por su consulta hab&#x00ED;an sufrido estas experiencias. El autor no ofreci&#x00F3; ninguna explicaci&#x00F3;n del hecho de que estos hijos homosexuales y estas hijas lesbianas hubieran nacido en familias presumiblemente heterosexuales. Pero donde se pronunci&#x00F3; m&#x00E1;s claramente fue al referirse a la comorbilidad, que &#x00E9;l mismo describ&#x00ED;a en los siguientes t&#x00E9;rminos: “Cuando dos trastornos patol&#x00F3;gicos diversos coinciden sincr&#x00F3;nicamente en una misma persona sin que se conozcan a fondo cu&#x00E1;les son los grados de implicaci&#x00F3;n respectiva —a veces la hay, pero otras no— entre ellos.”<xref ref-type="fn" rid="NOTE04">4</xref>. En los siguientes p&#x00E1;rrafos del discurso ante el Senado, abund&#x00F3; en comentarios que se refer&#x00ED;an a la homosexualidad como una patolog&#x00ED;a que lleva asociada otras, como la depresi&#x00F3;n mayor, el trastorno obsesivo-compulsivo, las crisis de ansiedad generalizadas, el consumo de drogas, los trastornos de conducta y de la personalidad, con una propensi&#x00F3;n especial al trastorno de personalidad narcisista (Comisi&#x00F3;n de Justicia del Senado, <xref ref-type="bibr" rid="CIT06">2005</xref>). </p>
		
		<p>De forma an&#x00E1;loga a lo ocurrido con Spitzer, la Universidad Complutense se apresur&#x00F3; a sacar un comunicado enmendando la plana a la ponencia diciendo que en la actualidad no era profesor de esa universidad y que rechazaban sus opiniones sobre la homosexualidad por considerarlas inaceptables y carentes de base cient&#x00ED;fica<xref ref-type="fn" rid="NOTE05">5</xref>. De igual manera, la Sociedad Espa&#x00F1;ola de Psiquiatr&#x00ED;a y la de Psiquiatr&#x00ED;a Biol&#x00F3;gica emitieron tambi&#x00E9;n un comunicado asegurando que la comunidad cient&#x00ED;fica no reconoce ning&#x00FA;n tipo de car&#x00E1;cter patol&#x00F3;gico en la homosexualidad. </p>
		
		<p>En definitiva, de lo expuesto hasta aqu&#x00ED; se desprende, por un lado, que para calificar a alguien como loco o cuerdo es necesario tener en cuenta la situaci&#x00F3;n en la que se produce el comportamiento que se pretende calificar. Lamentablemente, el comportamiento, una vez clasificado, es considerado como propio y caracter&#x00ED;stico de la persona e independiente del contexto en el que se produce. Este error en la l&#x00F3;gica del razonamiento supone una imprecisi&#x00F3;n en el juicio diagn&#x00F3;stico que afecta de manera trascendente a la vida de la persona que lo sufre. Si Clemente Dom&#x00ED;nguez G&#x00F3;mez, fundador de la Iglesia Cat&#x00F3;lica Palmariana en el Palmar de Troya (Sevilla), autoproclamado Papa en 1978 con el nombre de Gregorio XVII, no hubiera convencido a un peque&#x00F1;o grupo de incondicionales a los que nombr&#x00F3; obispos y a un n&#x00FA;mero nada despreciable de fieles creyentes, la sociedad le hubiera considerado un loco y como tal lo habr&#x00ED;a tratado. </p>
		
		<p>Por otro lado, se sigue de lo expuesto que la consideraci&#x00F3;n de alguien como loco o cuerdo depende del momento hist&#x00F3;rico y de las creencias y del criterio que utilice el profesional que lo valora y califica, al menos tanto como del comportamiento de la propia persona. Machado de As&#x00ED;s, en su novela “El Alienista”, cuenta c&#x00F3;mo en un pueblo de ficci&#x00F3;n —Itagua&#x00ED;— el alienista —hombre de ciencia, estudioso y reflexivo— abri&#x00F3; una casa de locos —la Casa Verde— porque entre todas las enfermedades, consideraba que la enfermedad mental era la m&#x00E1;s desconocida. Al principio fue ingresando a quienes m&#x00E1;s o menos lo necesitaban, pero con el tiempo y fruto de sus reflexiones, lleg&#x00F3; a la conclusi&#x00F3;n de que “la raz&#x00F3;n es el perfecto equilibrio de todas las facultades; fuera de esto insan&#x00ED;a, solo insan&#x00ED;a”. (Machado de Asis, <xref ref-type="bibr" rid="CIT09">1977</xref>, 47). Con este criterio ingres&#x00F3; a cualquiera que manifestaba el m&#x00E1;s peque&#x00F1;o defecto, que era tomado como signo de locura: los que se empobrecen y los que se enriquecen, los aduladores y, por supuesto, los cr&#x00ED;ticos que se opon&#x00ED;an a su criterio cient&#x00ED;fico de locura, que era el verdadero. La Casa Verde se llen&#x00F3; de locos: “Todo era locura. Los cultivadores de enigmas, los fabricantes de charadas, de anagramas, los difamadores, los curiosos de la vida ajena, los que ponen todo su cuidado en su acicalamiento, alg&#x00FA;n que otro funcionario engre&#x00ED;do (…) Respetaba a las enamoradas, pero no dejaba a las enamoradizas.” (Machado de As&#x00ED;s, <xref ref-type="bibr" rid="CIT09">1977</xref>, 94). El alienista sigui&#x00F3; reflexionando y, en un refinamiento mayor de sus capacidades diagn&#x00F3;sticas, lleg&#x00F3; a la conclusi&#x00F3;n de que la perfecci&#x00F3;n, la ausencia de defectos, era precisamente aquello en lo que consist&#x00ED;a la verdadera locura: “… la verdadera doctrina no era aquella, sino la opuesta, y por lo tanto que deb&#x00ED;a admitirse como normal y ejemplar el desequilibrio de las facultades y como hip&#x00F3;tesis patol&#x00F3;gicas todos los casos en que el equilibrio fuese ininterrumpido” (Machado de As&#x00ED;s, <xref ref-type="bibr" rid="CIT09">1977</xref>, 100). Siguiendo esta nueva directriz, puso fuera a todos los locos ingresados en la Casa Verde porque sus defectos eran la mejor prueba de cordura y empez&#x00F3; a ingresar a todos los ciudadanos que llevaban una trayectoria de vida ejemplar, en los que no fue capaz de descubrir defecto alguno. Y permanec&#x00ED;an ingresados hasta que daban muestra de alguna debilidad. </p>
		
		<p>Esto es una novela, pero refleja de forma preocupantemente fiel la historia de varios diagn&#x00F3;sticos de supuestos trastornos mentales, como la homosexualidad, la esquizofrenia o el d&#x00E9;ficit de atenci&#x00F3;n e hiperactividad. Los criterios que siguen quienes deciden si una persona est&#x00E1; loca o cuerda cambian con el tiempo o en funci&#x00F3;n de circunstancias e intereses, no de acuerdo a evidencias cient&#x00ED;ficas. Recientemente se ha publicado en Estados Unidos —a&#x00FA;n no en Europa— el DSM-5<xref ref-type="fn" rid="NOTE06">6</xref> que trae algunas novedades interesantes. En Estados Unidos ya son enfermos mentales los que comen desmesuradamente —trastorno por atrac&#x00F3;n—, o los ni&#x00F1;os que se enfadan de manera incomprensible para los adultos —trastorno de desregulaci&#x00F3;n disruptiva del estado de &#x00E1;nimo— o las personas que utilizan la fuerza y la coacci&#x00F3;n para obligar a otra persona a practicar sexo —trastorno paraf&#x00ED;lico—<xref ref-type="fn" rid="NOTE07">7</xref>, que han dejado de ser delincuentes para convertirse en enfermos mentales. En Espa&#x00F1;a y en Europa los individuos que se comportan de esa manera a&#x00FA;n no son considerados locos, pero previsiblemente lo ser&#x00E1;n dentro de unos meses, cuando las sociedades europeas de salud mental validen el DSM-5, a no ser que se sigan utilizando los criterios CIE, en cuyo caso habr&#x00E1; que esperar a que se publique la CIE-11 para saber cu&#x00E1;l es el criterio consensuado para decidir qui&#x00E9;n est&#x00E1; enfermo y qui&#x00E9;n no. </p>
		
		<p>Todas estas consideraciones tienen importancia y afectan a la pr&#x00E1;ctica cl&#x00ED;nica diaria. Hace algunos a&#x00F1;os acudi&#x00F3; a mi consulta, derivado de otros servicios de salud mental, Vicente, un muchacho que quer&#x00ED;a ganar el Tour de Francia porque quer&#x00ED;a demostrar a todo el mundo que era capaz de hacer algo importante en su vida. Viv&#x00ED;a con sus padres y sus dos hermanas menores en un valle de Cantabria rodeado de monta&#x00F1;as. Desde los 17 a&#x00F1;os entrenaba todos los d&#x00ED;as, sub&#x00ED;a el Portillo de la S&#x00ED;a y el de la Lunada. Pedaleaba unos 150 kms diarios. Compet&#x00ED;a en campeonatos juveniles, pero sus resultados no eran todo los buenos que a &#x00E9;l le gustar&#x00ED;a. Su mejor puesto fue un tercero en una carrera local. Le&#x00ED;a libros de ciclismo; se interesaba sobre todo por la preparaci&#x00F3;n f&#x00ED;sica de los grandes campeones, como Lance Amstrong, que fue durante a&#x00F1;os —antes de que confesara sus pr&#x00E1;cticas ilegales de dopaje— un ejemplo de superaci&#x00F3;n personal: hab&#x00ED;a sido capaz de ganar seis Tours de Francia seguidos justo despu&#x00E9;s de haber superado un c&#x00E1;ncer de test&#x00ED;culo. Vicente aprendi&#x00F3; en la literatura sobre ciclismo que se sol&#x00ED;a desaconsejar a los grandes campeones mantener relaciones sexuales dos d&#x00ED;as antes de las carreras por la p&#x00E9;rdida de energ&#x00ED;a que, supuestamente, se produce con las eyaculaciones. Vicente dedujo que sus poluciones nocturnas pod&#x00ED;an ser las responsables de su rendimiento insuficiente. Encontr&#x00F3; argumentos para amputarse un test&#x00ED;culo, y lo hizo. Otros colegas de mi gremio calificaron su comportamiento y el razonamiento que lo soportaba como propio de un esquizofr&#x00E9;nico. Se decidi&#x00F3; ingresarlo en una Unidad de Agudos y se le puso tratamiento farmacol&#x00F3;gico con neurol&#x00E9;pticos. Quince d&#x00ED;as m&#x00E1;s tarde fue dado de alta con el calificativo de “esquizofrenia desorganizada” y una pauta farmacol&#x00F3;gica para toda su vida. Ten&#x00ED;a 19 a&#x00F1;os. </p>
		
		<p>Pero Vicente, como la mayor&#x00ED;a de los grandes campeones, era tozudo, persistente y disciplinado. Desde el primer momento se manifest&#x00F3; contrario a tomar la medicaci&#x00F3;n —aunque la tomaba— porque le imped&#x00ED;a rendir sobre la bicicleta y porque pensaba que los psiquiatras no hab&#x00ED;an comprendido bien las razones de su acci&#x00F3;n y por eso le hab&#x00ED;an diagnosticado err&#x00F3;neamente. Su psiquiatra negoci&#x00F3; con &#x00E9;l para que tomara la medicaci&#x00F3;n durante dos a&#x00F1;os y valorarlo de nuevo al cabo de este tiempo para ver los resultados. Y as&#x00ED; fue. Pas&#x00F3; los dos a&#x00F1;os diciendo que no estaba enfermo, que no quer&#x00ED;a tomar f&#x00E1;rmacos y que estos eran los responsables de no tener un rendimiento adecuado sobre la bicicleta. Al final de ese periodo Vicente decidi&#x00F3; que ya no tomar&#x00ED;a m&#x00E1;s medicaci&#x00F3;n. Que &#x00E9;l hab&#x00ED;a cumplido su parte del trato y ahora era el psiquiatra el que ten&#x00ED;a que cumplir la suya. Al dejar la medicaci&#x00F3;n todo el mundo esperaba que se produjera un nuevo brote en cualquier momento al cabo de unas semanas. Pero no ocurri&#x00F3; as&#x00ED;. Vicente estuvo trabajando duramente en el campo, ayudando a su padre en labores agr&#x00ED;colas y lo &#x00FA;nico rese&#x00F1;able de su evoluci&#x00F3;n en ese per&#x00ED;odo desde el punto de vista psicopatol&#x00F3;gico es que se hizo muy religioso. Tal vez excesivamente beato, pero ¿cu&#x00E1;ndo ha sido ese un motivo suficiente para catalogar a alguien como loco? A la vista de este resultado, los psiquiatras le quitaron el calificativo de esquizofr&#x00E9;nico desorganizado y le pusieron el de pensamiento obsesivo con un nivel intelectual l&#x00ED;mite. Vicente sigui&#x00F3; entrenando. Gast&#x00F3; montones de dinero en adquirir una bicicleta propia de un corredor profesional. Encarg&#x00F3; un cuadro a su medida, luego unos pedales a su medida, m&#x00E1;s tarde un sill&#x00ED;n a su medida y un manillar, por supuesto; pero los resultados segu&#x00ED;an sin llegar. A veces, la frustraci&#x00F3;n era tan grande que renunciaba a su objetivo y, en un arrebato, vend&#x00ED;a su bicicleta perdiendo dinero. Unos meses m&#x00E1;s tarde volv&#x00ED;a a comprar otra a&#x00FA;n mejor, para ver si as&#x00ED; consegu&#x00ED;a su prop&#x00F3;sito. Durante esa &#x00E9;poca fue rechazado por varios equipos y varios entrenadores, de manera que tuvo que hacerse su propio programa de entrenamiento, para lo que sigui&#x00F3; leyendo libros especializados en el tema. Cuando se hizo con una bicicleta perfectamente adaptada a s&#x00ED; mismo y los resultados segu&#x00ED;an sin llegar, se dio cuenta de que &#x00E9;l mismo ten&#x00ED;a una serie de defectos f&#x00ED;sicos que le imped&#x00ED;an rendir adecuadamente. Ten&#x00ED;a el tabique nasal desviado, lo que dificultaba una respiraci&#x00F3;n &#x00F3;ptima en momentos de pleno esfuerzo; los pies planos y demasiado abiertos como consecuencia de una evidente rotaci&#x00F3;n del f&#x00E9;mur —inequ&#x00ED;vocamente confirmada por m&#x00E1;s de un traumat&#x00F3;logo—, por lo que la posici&#x00F3;n del pie sobre el pedal tampoco era &#x00F3;ptima; y el pecho hundido —<italic>pectus excavatum</italic>—, un examen cardiol&#x00F3;gico confirm&#x00F3; que por este motivo ten&#x00ED;a el coraz&#x00F3;n ligeramente desplazado, lo que no le imped&#x00ED;a hacer deporte y una vida normal. ¿Pero qui&#x00E9;n ha dicho que un ganador del Tour pueda hacer vida normal? La soluci&#x00F3;n para los pies planos fue hacerse unas plantillas que permitieran que el pie apoyara de forma &#x00F3;ptima sobre los pedales. Como ped&#x00ED;a unas plantillas con un puente exagerado, en la ortopedia se negaron a modificar m&#x00E1;s sus plantillas, dici&#x00E9;ndole que no pod&#x00ED;an hacer las plantillas que &#x00E9;l ped&#x00ED;a. Para la rotaci&#x00F3;n del f&#x00E9;mur la soluci&#x00F3;n era quir&#x00FA;rgica y a base de perseverancia encontr&#x00F3; un traumat&#x00F3;logo dispuesto a hacerle la operaci&#x00F3;n, quien le inform&#x00F3; de las escasas garant&#x00ED;as del resultado y del elevado riesgo de quedar peor tras su paso por el quir&#x00F3;fano. Pero &#x00E9;l, con tal de ganar el Tour, estaba dispuesto a asumir cualquier riesgo. Tambi&#x00E9;n encontr&#x00F3; un cirujano dispuesto a operarle el pecho. El cirujano pensaba que era un problema de autoimagen y que esta mejorar&#x00ED;a una vez que el defecto, por lo dem&#x00E1;s ostensible, fuera corregido. Y para la nariz se puso en la lista de espera de la Sanidad P&#x00FA;blica, aunque dif&#x00ED;cilmente pod&#x00ED;a soportar la espera, ya que para ganar el Tour hay que empezar el entrenamiento adecuado en la edad adecuada, y ya ten&#x00ED;a 21 a&#x00F1;os. En resumen, despu&#x00E9;s de hacerse una bicicleta a medida, comprando cada componente en la mejor tienda del pa&#x00ED;s, ten&#x00ED;a que hacer un cuerpo a la medida de un ganador de Tour: pies, piernas, pecho y nariz.  </p>
		
		<p>El asunto es: ¿Todos estos razonamientos son locos o cuerdos? Porque si son locos, no puede permitirse que una persona que no est&#x00E1; en su sano juicio tome decisiones potencial y probablemente da&#x00F1;inas para su salud f&#x00ED;sica y tambi&#x00E9;n mental. Pero si son razonamientos propios de una persona cuerda, entonces ¿qu&#x00E9; derecho tiene nadie a sustraerle la posibilidad de someterse a las intervenciones quir&#x00FA;rgicas que &#x00E9;l desee y que haya, al menos, un profesional que considere que tal operaci&#x00F3;n es posible y no contraria a las normas de buena pr&#x00E1;ctica cl&#x00ED;nica? Cuando se me pidi&#x00F3; que evaluara la capacidad del paciente, consult&#x00E9; al cirujano sobre el riesgo de la intervenci&#x00F3;n para corregir el <italic>pectus excavatum</italic>. &#x00C9;l era favorable a realizarla, argumentando que “as&#x00ED;, el chaval se sentir&#x00ED;a mejor”. Le pregunt&#x00E9; si pod&#x00ED;a garantizar que Vicente ganar&#x00ED;a el Tour de Francia. </p>
		
		<p>Si se afirma que estos razonamientos son propios de un esquizofr&#x00E9;nico entonces se le quita la capacidad de decidir en base a ellos. Si, por el contrario, se considera que Vicente no est&#x00E1; loco, entonces hay que permitir que haga con su cuerpo lo que aut&#x00F3;nomamente quiera. ¿Hay opciones intermedias? Por supuesto: hablar y negociar. </p>
		
		<p>Pero para hablar y negociar es tan imprescindible tener clara la propia posici&#x00F3;n, como comprender y aceptar la posici&#x00F3;n del interlocutor. Es decir, negociar no es una forma de llevarse el gato al agua y demostrar que la raz&#x00F3;n est&#x00E1; de parte de uno. Al contrario, negociar significa saber reconocer las razones del otro para que este, a su vez, sepa reconocer las nuestras y llegar a una soluci&#x00F3;n de consenso, no necesariamente en un punto intermedio. El Constructivismo Radical, cuya tesis central es que la “Realidad” es una construcci&#x00F3;n en cierto modo inventada por quien la observa (von Foerster, <xref ref-type="bibr" rid="CIT08">1991</xref>; Watzlawick, <xref ref-type="bibr" rid="CIT17">1988</xref>) ofrece algunas soluciones. </p>
		
		<p>Desde una perspectiva constructivista se distingue entre <italic>Realidad de Primer Orden</italic>: “Los sentidos nos proporcionan una imagen de la Realidad que es factible comparar con aquella percibida por otras personas, para descubrir sorpresivamente que son id&#x00E9;nticas” (Watzlawick, <xref ref-type="bibr" rid="CIT17">1988</xref>) y <italic>Realidad de Segundo Orden</italic>: “la que nos impide captar en forma pura sin hacer inferencias de categorizaciones, la que transforma el acto de conocimiento en subjetivo.” (Ceberio y Watzlawick, <xref ref-type="bibr" rid="CIT05">1998</xref>). La primera no es negociable: el acuerdo entre los observadores viene dado por la naturaleza y caracter&#x00ED;sticas del observador. Las personas perciben que el cielo es azul porque los ojos —los receptores— transforman el est&#x00ED;mulo en un impulso el&#x00E9;ctrico que cuando llega al cerebro, es interpretado de forma que todas las hablantes del espa&#x00F1;ol dicen: azul. No hay un solo desacuerdo. El mundo de est&#x00ED;mulos f&#x00ED;sicos conforma la Realidad de Primer Orden. La segunda solo cobra entidad —¿realidad?— cuando es compartida por, al menos, dos observadores. Solo “existe” lo que es validado por otra persona. Por ejemplo, un color se pone de moda cuando muchas personas quieren vestirse con ropa de ese color. El color se corresponde con una Realidad de Primer Orden, el que se ponga de moda es un acuerdo t&#x00E1;cito de muchas personas: Realidad de Segundo Orden. </p>
		
		<p>Este reconocimiento expl&#x00ED;cito de que una parte importante de lo que las personas perciben se corresponde con realidades de segundo orden es el fundamento del respeto y de la tolerancia, tanto como de la incomprensi&#x00F3;n y el desencuentro. A la vez, deja sin cabida al totalitarismo ideol&#x00F3;gico, a la dictadura de la raz&#x00F3;n y a cualquier otro tipo de totalitarismo o dictadura; porque unos y otros suponen que “Realidad” no hay m&#x00E1;s que una: la que ellos ven, defienden e imponen. </p>
		
		<p>En el caso de Vicente: el pectus excavatum, el tabique nasal desviado, la rotaci&#x00F3;n del f&#x00E9;mur y los pies planos, corresponden a realidades de primer orden que pueden verificarse con las oportunas pruebas de imagen, o a simple vista, y que cualquier profesional especialista es capaz de diagnosticar sin probable desacuerdo en el diagn&#x00F3;stico. Ahora bien, hasta qu&#x00E9; punto cada uno de esos defectos es o no incapacitante y la valoraci&#x00F3;n que Vicente hace de los mismos, tiene que ver con su propia biograf&#x00ED;a y sus planes de vida. Se corresponde, por tanto, con una Realidad de Segundo Orden, donde caben diversas opiniones derivadas de los diferentes puntos de vista que se pueden adoptar frente a cualquier situaci&#x00F3;n. ¿Hay argumentos para decir que el punto de vista de Vicente es patol&#x00F3;gico? ¿Y el de Clemente Dom&#x00ED;nguez G&#x00F3;mez? ¿Habr&#x00ED;a que haber ilegalizado su Iglesia Cristiana Palmariana? </p>
		
		<p>De esta manera, tiene que ser Vicente quien interprete aut&#x00F3;nomamente la vida que quiere vivir y c&#x00F3;mo quiere vivirla. Deber&#x00E1; ser &#x00E9;l quien valore la importancia de los riesgos y si estos compensan o no los beneficios que se esperan. Es obligaci&#x00F3;n del profesional de Salud Mental asegurarse de que Vicente cuenta con la informaci&#x00F3;n necesaria para fundamentar sus razonamientos; podr&#x00E1; opinar sobre si estos son l&#x00F3;gicos y prudentes, si conoce y sopesa las consecuencias de sus decisiones y si est&#x00E1; en condiciones de asumirlas. </p>
		
		<p>Adem&#x00E1;s, para que sus razonamientos puedan no ser considerados locos estar&#x00ED;a bien que consiguiera que alguien m&#x00E1;s los comparta —como hizo el Papa del Palmar—, los comprenda, los asuma; en definitiva, los d&#x00E9; por v&#x00E1;lidos. Podr&#x00ED;a ser un entrenador que est&#x00E9; dispuesto a seguir con &#x00E9;l un programa de preparaci&#x00F3;n f&#x00ED;sica o un club ciclista que contrate sus servicios, o un cirujano, traumat&#x00F3;logo, ortopedista u otorrinolaring&#x00F3;logo que est&#x00E9; dispuesto a afirmar que las peticiones de Vicente est&#x00E1;n dentro de lo que la especialidad de cada uno considera buena pr&#x00E1;ctica cl&#x00ED;nica. O tambi&#x00E9;n un profesional de Salud Mental que informe que Vicente est&#x00E1; en condiciones de competencia mental para decidir sobre su meta y sobre los medios que propone para conseguirla.  </p>
		
		<p>La valoraci&#x00F3;n de la competencia<xref ref-type="fn" rid="NOTE08">8</xref> de una persona es un tema estudiado y controvertido (Simon, 2008; Appelbaum, Appelbaum y Grisso, <xref ref-type="bibr" rid="CIT01">1998</xref>; Appelbaum <xref ref-type="bibr" rid="CIT02">2007</xref>; Drane, <xref ref-type="bibr" rid="CIT07">1985</xref>; Roth, Meisel y Lidz, <xref ref-type="bibr" rid="CIT12">1977</xref>) y a d&#x00ED;a de hoy no hay, ni parece probable que haya, un instrumento de medida que eval&#x00FA;e la capacidad de una persona de una manera objetiva; es decir, al margen o con independencia del observador que la eval&#x00FA;a. Es m&#x00E1;s, desde la perspectiva del Constructivismo Radical tal objetividad, ni es posible, ni es deseable. Y esto por varias razones: 1) la competencia de una persona no se puede valorar como una cualidad independiente del contexto en el que desarrolla su actividad; 2) la competencia de una persona no es una cualidad o capacidad propia, sino que solo cobra sentido cuando se valora en relaci&#x00F3;n al objeto a que se destina; y 3) como se ha venido sosteniendo en este art&#x00ED;culo, la competencia de una persona tambi&#x00E9;n depende de cu&#x00E1;l sea el criterio, el punto de vista, en el que se sit&#x00FA;e el observador que la califica o valora. En definitiva, no se puede hablar de que una persona es o no competente en t&#x00E9;rminos absolutos y permanentes, sino que su competencia solo cobra sentido cuando se dice: “es o no es competente para…”. </p>
		
		<p>S&#x00ED; es cierto que los expertos han llegado a algunos consensos razonables para valorar la capacidad de las personas. Roth y cols. (<xref ref-type="bibr" rid="CIT12">1977</xref>) proponen cinco criterios escalonados para valorar la capacidad, que van de menos exigentes a m&#x00E1;s exigentes: 1º) La persona es capaz de hacer y expresar una elecci&#x00F3;n; 2º) la persona toma una decisi&#x00F3;n razonable; 3º) la persona toma una decisi&#x00F3;n razonable basada en argumentos racionales; 4º) La persona comprende los beneficios, riesgos y alternativas a un tratamiento; y 5º) la persona comprende todos los aspectos relevantes de la decisi&#x00F3;n a tomar y consiente de forma libre y estando bien informada. El problema es qui&#x00E9;n valora cada uno de estos cinco criterios: qui&#x00E9;n decide que una decisi&#x00F3;n es razonable, qui&#x00E9;n que est&#x00E1; basada en argumentos racionales, qui&#x00E9;n que la persona comprende la situaci&#x00F3;n… Desde esta perspectiva, cuando una persona elige una opci&#x00F3;n en contra de la opini&#x00F3;n del profesional que la atiende, la probabilidad de que se considere una decisi&#x00F3;n poco razonable es alta y, por tanto, de que se le declare incapaz. </p>
		
		
		<p>Y otra de las aportaciones importantes a este campo es la <italic>escala m&#x00F3;vil</italic> de Drane (Drane, <xref ref-type="bibr" rid="CIT07">1985</xref>). Desde esta perspectiva se reconoce de forma expl&#x00ED;cita que la capacidad es algo que est&#x00E1; en relaci&#x00F3;n directa con la decisi&#x00F3;n concreta que hay que tomar. En la valoraci&#x00F3;n de la capacidad de una persona se tiene en cuenta el balance riesgo/beneficio de una opci&#x00F3;n. De esta manera se exige un grado alto de capacidad tanto para aceptar una opci&#x00F3;n que tiene m&#x00E1;s riesgo que beneficio, como para rechazar una opci&#x00F3;n que tiene m&#x00E1;s beneficio que riesgo. Y al contrario, se pide un bajo nivel de capacidad tanto para aceptar una opci&#x00F3;n que tiene m&#x00E1;s beneficio que riesgo, como para rechazar algo que tiene m&#x00E1;s riesgo que beneficio. </p>
		
		<p>La perspectiva del Constructivismo Radical se sit&#x00FA;a en el polo opuesto del “todo vale”, m&#x00E1;s propio del relativismo. Si bien cualquier punto de vista de la Realidad es “no-real”, es inventado, esto no significa que d&#x00E9; lo mismo construir una u otra Realidad o que cualquier punto de vista de la Realidad sea igualmente v&#x00E1;lido. Algunos puntos de vista se revelan eficaces para determinados prop&#x00F3;sitos y otros, en cambio, ineficaces. Algunas construcciones de realidad gu&#x00ED;an a buen puerto, otras confunden y embarrancan. Desde esta perspectiva, no es necesario oponerse a los deseos de Vicente. Bastar&#x00ED;a con darle la oportunidad para que consiga demostrar que su punto de vista puede considerarse razonable dentro de los l&#x00ED;mites, muchas veces borrosos, caracter&#x00ED;sticos de estos tiempos por los que transita. </p>
		
		<p>A modo de conclusi&#x00F3;n, y tomando prestadas las palabras de Paul Watzlawick, si una persona decide vivir su vida desde una perspectiva constructivista, se convertir&#x00E1; en una persona ante todo <italic>tolerante</italic> porque “el que llega a comprender que su mundo es su propia invenci&#x00F3;n debe acordar lo mismo a los mundos de sus semejantes. (…) Adem&#x00E1;s, se sentir&#x00E1; <italic>responsable</italic> en un sentido profundamente &#x00E9;tico, responsable no solo de sus sue&#x00F1;os y yerros, sino tambi&#x00E9;n de su mundo consciente. (…) Y plenamente <italic>libre</italic>, porque quien tiene plena conciencia de que es inventor de su propia Realidad conoce la posibilidad siempre presente de forjarla de otra manera”. (Watzlawick, <xref ref-type="bibr" rid="CIT17">1988</xref>, 265). Y podr&#x00ED;a a&#x00F1;adirse… y absolutamente <italic>seguro</italic> de que el suelo que pisa es tan inestable como &#x00E9;l mismo quiera construirlo. </p>
				 
		</sec>
		
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     <title>NOTAS</title>
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      <fn id="NOTE01"><label>1</label><p>Propiamente este articulo es la versi&#x00F3;n escrita de una ponencia que tuve el privilegio de presentar en el Seminario “Fronteras Biol&#x00F3;gicas y L&#x00ED;mites Legales: Un enfoque Bio&#x00E9;tico”, organizado en noviembre de 2007 por el Departamento de &#x00C9;tica de la Facultad de Filosof&#x00ED;a de la Universidad de Salmamanca. Los revisores de este art&#x00ED;culo, a quienes agradezco el tiempo e inter&#x00E9;s que le han prestado a este texto, han visto la necesidad de actualizar las referencias y han hecho propuestas que sin duda mejoran la calidad y actualidad del texto.</p></fn>
	  
	  <fn id="NOTE02"><label>2</label><p>Con la expresi&#x00F3;n “perspectiva cl&#x00E1;sica” quiero referirme al modo de pensar m&#x00E1;s extendido entre y aceptado por los profesionales de la Salud Mental actual. Profesionales que fundamentan su pr&#x00E1;ctica cl&#x00ED;nica en la suposici&#x00F3;n de que es posible un saber “objetivo”, al que se llega a trav&#x00E9;s de los diferentes procedimientos de estudio de la “Realidad” externa al observador, que no se deforma por el propio acto observacional.</p></fn>
	  
	  <fn id="NOTE03"><label>3</label><p>La Presidenta de la Comisi&#x00F3;n de Justicia le present&#x00F3; como Catedr&#x00E1;tico de Psicopatolog&#x00ED;a de la Universidad Complutense, donde ces&#x00F3; su actividad en 2004.</p></fn>
	  
	  <fn id="NOTE04"><label>4</label><p>http://www.senado.es/legis8/comisiones/index_S011008.html (29/8/09).</p></fn>
	  
	  <fn id="NOTE05"><label>5</label><p>http://pendientedemigracion.ucm.es/cont/descargas/documento4247.pdf?pg=cont/descargas/documento4247.pdf (22/6/2005)</p></fn>
	  
	  <fn id="NOTE06"><label>6</label><p>Los DSM son el consenso de la Asociaci&#x00F3;n Americana de Psiquiatr&#x00ED;a (A.P.A.), en cambio la CIE es el consenso oficial de la O.M.S. Como se&#x00F1;alan Reed y cols., “un verdadero proceso multilateral de definici&#x00F3;n de trastornos no puede ser llevado a cabo leg&#x00ED;timamente por un &#x00FA;nica organizaci&#x00F3;n profesional que representa a una &#x00FA;nica disciplina dentro de la salud, en un contexto de un pa&#x00ED;s concreto y que cuenta con un inter&#x00E9;s comercial importante en los productos que desarrolla.” (Reed, Anaya y Evans, <xref ref-type="bibr" rid="CIT10">2012</xref>).</p></fn>
	  
	  <fn id="NOTE07"><label>7</label><p>Para que los intereses sexuales at&#x00ED;picos sean considerados una patolog&#x00ED;a el DSM-5 requiere como criterios que, 1) sientan angustia personal, no solo la derivada de la desaprobaci&#x00F3;n social y, 2) que impligue angustia para otra persona, lesi&#x00F3;n, muerte o el deseo de conducta sexuales con personas que se oponen o con personas incapaces de dar su consentimiento legal.</p></fn>
	  
	  <fn id="NOTE08"><label>8</label><p>Pablo Sim&#x00F3;n discute los matices que diferencian los t&#x00E9;rminos de “capacidad” y “competencia”. Aqu&#x00ED; se est&#x00E1;n utilizando como sin&#x00F3;nimos, porque ninguna de las definiciones del ambos conceptos expresa con exactitud lo que el autor entiende por capacidad o competencia (Sim&#x00F3;n, <xref ref-type="bibr" rid="CIT13">2008</xref>).</p></fn>
	 
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			<title>BIBLIOGRAF&#x00CD;A</title>

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			  <comment>http://pendientedemigracion.ucm.es/cont/descargas/documento4247.pdf?pg=cont/descargas/documento4247.pdf (22/6/2013)</comment>
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