<?xml version="1.0" encoding="UTF-8"?>
<!DOCTYPE article PUBLIC "-//NLM//DTD Journal Publishing DTD v3.0 20080202//EN" "journalpublishing3.dtd">
<article article-type="research-article" dtd-version="3.0" xml:lang="es" xmlns:mml="http://www.w3.org/1998/Math/MathML" xmlns:xlink="http://www.w3.org/1999/xlink">


	<front>
		<journal-meta>
			<journal-id journal-id-type="publisher-id">Arbor</journal-id>
			<journal-title-group>
				<journal-title>ARBOR Ciencia, Pensamiento y Cultura</journal-title>
				<abbrev-journal-title>Arbor</abbrev-journal-title>
			</journal-title-group>
			<issn pub-type="epub">0210-1963</issn>
			<publisher>
				<publisher-name>Consejo Superior de Investigaciones Cient&#x00ED;ficas</publisher-name>
			</publisher>
		</journal-meta>
		<article-meta>
			 <article-id pub-id-type="publisher-id">arbor.2013.763n5007</article-id>
			 <article-id pub-id-type="doi">10.3989/arbor.2013.763n5007</article-id>
		
		<article-categories>
			<subj-group subj-group-type="heading">
			<subject>BIO&#x00C9;TICA Y FRONTERAS DE LA VIDA. II. DESDE LA PR&#x00C1;CTICA / <italic>BIOETHICS AND BIOLOGIC BOUNDARIES. II. FROM PRACTICE</italic></subject>
			</subj-group>
		</article-categories>	
		
			
		<title-group>
			  <article-title>El concepto de g&#x00E9;nero como hermen&#x00E9;utica de la sospecha: de la biolog&#x00ED;a a la filosof&#x00ED;a moral y pol&#x00ED;tica</article-title>
		<trans-title-group xml:lang="en">
		<trans-title>The concept of gender as a hermeneutics of suspicion: from biology to moral and political philosophy</trans-title>
		</trans-title-group>
		<alt-title alt-title-type="running-head">concepto de g&#x00E9;nero</alt-title>
		</title-group>
			 <contrib-group>
			  <contrib contrib-type="author" corresp="yes"> 
				<name>
				 <surname>Puleo</surname>
				 <given-names>Alicia H.</given-names>
				</name>
				<xref ref-type="aff" rid="U1"/>
			  </contrib>
			  <aff id="U1">C&#x00E1;tedra de Estudios de G&#x00E9;nero. Universidad de Valladolid</aff>
			 </contrib-group>
			 <author-notes>
		<corresp id="cor1">e-mail: <email xlink:href="puleo@flfc.uva.es">puleo@flfc.uva.es</email>
		</corresp>
		</author-notes>
		
		<pub-date pub-type="collection">
		<year>2013</year>
		</pub-date>
		
		<volume>189</volume>
		<issue>763</issue>
		
		<elocation-id content-type="doi">10.3989/arbor.2013.763n5007</elocation-id>

		 <history>
		  	<date date-type="received">
				<day>13</day>
				<month>07</month>
				<year>2012</year>
			</date>
			<date date-type="accepted">
				<day>06</day>
				<month>06</month>
				<year>2013</year>
			</date>
		 </history>
		 
		<permissions>
		<copyright-statement>&#x00A9; 2013 CSIC</copyright-statement>
		<copyright-year>2013</copyright-year>
		<license license-type="open-access" xlink:href="http://creativecommons.org/licenses/by-nc/3.0/">
		<license-p>Este es un art&#x00ED;culo de acceso abierto distribuido bajo los t&#x00E9;rminos de la licencia Creative Commons Attribution-Non Commercial (by-nc) Spain 3.0.</license-p>
		</license>
		</permissions>
		
		<abstract xml:lang="es">
		<title>RESUMEN</title>
		<p>Este art&#x00ED;culo trata sobre el concepto de g&#x00E9;nero como un caso paradigm&#x00E1;tico de frontera entre lo biol&#x00F3;gico y lo cultural. Examina los or&#x00ED;genes hist&#x00F3;ricos olvidados de la idea de g&#x00E9;nero como construcci&#x00F3;n social durante la Ilustraci&#x00F3;n, su definici&#x00F3;n en el siglo XX por oposici&#x00F3;n a lo biol&#x00F3;gico y su influencia en la elaboraci&#x00F3;n de leyes orientadas hacia la igualdad entre mujeres y hombres. Atiende tambi&#x00E9;n a la creciente absorci&#x00F3;n del concepto de sexo por el de g&#x00E9;nero en los debates m&#x00E1;s recientes. Para finalizar, plantea la necesidad de que la hermen&#x00E9;utica de la sospecha de g&#x00E9;nero contin&#x00FA;e utiliz&#x00E1;ndose para implementar pol&#x00ED;ticas de igualdad y, al mismo tiempo, sirva para desvelar el sesgo androc&#x00E9;ntrico en la cultura.</p>
		</abstract>
		<trans-abstract xml:lang="en">
		<title>ABSTRACT</title>
		<p>This article discusses the concept of gender as a paradigmatic case of the boundary between Biology and Culture. It examines the forgotten historical origins of the idea of gender as social construction during the Enlightenment, its definition in the twentieth century in opposition to Biology and its influence on the development of legislation geared towards equality between women and men. Also covers the increasing absorption of the concept of sex by gender in the most recent discussions. Finally, it suggests that the hermeneutics of suspicion must continue to play a huge role in implementing gender equality policies and, at the same time, to unveil androcentric biais in culture.</p>
		</trans-abstract>
		
		<kwd-group xml:lang="es">
			<title>PALABRAS CLAVE</title>
			<kwd>g&#x00E9;nero</kwd>
			<kwd>igualdad</kwd>
			<kwd>androcentrismo</kwd>
		</kwd-group>
		
		<kwd-group xml:lang="en">
			<title>KEYWORDS</title>
			<kwd>gender</kwd>
			<kwd>equalit</kwd>
			<kwd>androcentrism</kwd>
		</kwd-group>
	</article-meta>
	</front>		
	

	<body>
	
		
		
		<sec id="S0">
		<title> </title>
		
		<p>A m&#x00E1;s de cien a&#x00F1;os del nacimiento de la fil&#x00F3;sofa existencialista Simone de Beauvoir, me parece de toda justicia elegir como ep&#x00ED;grafe de estas l&#x00ED;neas la frase m&#x00E1;s famosa de su libro <italic>El Segundo Sexo</italic>. Aunque esta obra de 1949 no incluya el t&#x00E9;rmino <italic>g&#x00E9;nero,</italic> incorporado m&#x00E1;s tarde a las ciencias sociales y humanas, plantea claramente el significado de <italic>construcci&#x00F3;n cultural</italic> que “g&#x00E9;nero” tiene actualmente. Es m&#x00E1;s, puede decirse que, con ella, se inaugura el debate del siglo XX sobre lo biol&#x00F3;gico y lo cultural en la diferencia de los sexos. Una pol&#x00E9;mica que no se reduce al plano te&#x00F3;rico sino que ha tenido, y conserva, un enorme poder de transformaci&#x00F3;n de las leyes y de la sociedad. </p>
		
		<p>Como se sabe, Paul Ricoeur calific&#x00F3; de “maestros de la sospecha” a Nietzsche, a Freud y a Marx. Los tres habr&#x00ED;an cultivado una “herm&#x00E9;neutique du soupçon”. El calificativo de <italic>hermen&#x00E9;utica de la sospecha</italic> hace referencia a aquellas teor&#x00ED;as que suponen que, por debajo de nuestra aparente racionalidad y voluntad libre, hay elementos que dirigen nuestra acci&#x00F3;n sin que lo advirtamos. Aun cuando no aceptemos totalmente las teor&#x00ED;as psicoanal&#x00ED;ticas, deberemos reconocer que Freud supo se&#x00F1;alar que no siempre nuestras conductas son conscientes. Tanto &#x00E9;l como sus disc&#x00ED;pulos estudiaron las fuerzas que dirigen nuestra acci&#x00F3;n y que en su teor&#x00ED;a reciben el nombre de libido. Nietzsche, otro gran maestro de la sospecha, plante&#x00F3; que por debajo de nuestra conducta y del desarrollo civilizatorio subyac&#x00ED;a la Voluntad de Poder como una corriente subterr&#x00E1;nea fundante de toda realidad. Su cr&#x00ED;tica a la cultura se encamin&#x00F3; a la b&#x00FA;squeda del <italic>pudenda origo</italic> de los valores. Emprendi&#x00F3; su genealog&#x00ED;a de la moral como una tarea desmitificadora y liberadora. Por su parte, Marx denunci&#x00F3; la ideolog&#x00ED;a como falsa conciencia y nos ense&#x00F1;&#x00F3; a mirar, analizar y preguntarnos hasta qu&#x00E9; punto nuestros prejuicios, nuestros pensamientos, nuestras actitudes y las grandes realizaciones del mundo simb&#x00F3;lico no ten&#x00ED;an un origen de clase. Independientemente del fracaso de la propuesta pol&#x00ED;tica marxista, la idea de que la pertenencia de clase configura la subjetividad es una aportaci&#x00F3;n definitiva del materialismo dial&#x00E9;ctico a las ciencias sociales. </p>
		
		<p>¿Podemos asimilar la teor&#x00ED;a de g&#x00E9;nero a una hermen&#x00E9;utica de la sospecha? ¿Qu&#x00E9; nos permite descubrir el concepto de <italic>g&#x00E9;nero</italic>? ¿Cu&#x00E1;l es la sospecha que plantea? Su sospecha es que la asignaci&#x00F3;n social de sexo tiene que ver con la forma en que pensamos, sentimos y actuamos. En una palabra, se trata de otra contribuci&#x00F3;n a la certeza de que no somos tan libres, originales ni racionales como se supon&#x00ED;a en el inicio de la Modernidad. Pero su inter&#x00E9;s no se reduce a esta constataci&#x00F3;n. El concepto de g&#x00E9;nero facilita tambi&#x00E9;n elementos para una hermen&#x00E9;utica de la sospecha que nos permite desestabilizar nuestras identidades, mirar cr&#x00ED;ticamente la organizaci&#x00F3;n de la sociedad por sexos y plantearnos su transformaci&#x00F3;n. </p>
		</sec>
		
		<sec id="S1">
		<title>1. UN CASO PARADIGM&#x00C1;TICO DE FRONTERA ENTRE LO BIOL&#x00D3;GICO Y LO CULTURAL </title>
		
		<p>El concepto de <italic>g&#x00E9;nero</italic> se define en el mundo anglosaj&#x00F3;n a mediados del siglo XX para designar las actitudes, caracter&#x00ED;sticas y roles esperados por el entorno en un ni&#x00F1;o o ni&#x00F1;a a partir de la identificaci&#x00F3;n de su sexo seg&#x00FA;n sus caracteres anat&#x00F3;micos externos. As&#x00ED;, mientras <italic>sexo </italic>se refiere a los elementos biol&#x00F3;gicos, <italic>gender</italic> aludir&#x00E1; a lo adquirido, a lo proveniente de la educaci&#x00F3;n, entendida esta en un sentido muy amplio.  </p>
		
		<p>Es sabido que la categor&#x00ED;a de <italic>g&#x00E9;nero</italic> ha ido ganando importancia en las &#x00FA;ltimas d&#x00E9;cadas. Gracias al an&#x00E1;lisis social que ha permitido esta herramienta conceptual, se han desarrollado las pol&#x00ED;ticas de acci&#x00F3;n positiva que tuvieron su origen en EEUU y se han extendido a gran n&#x00FA;mero de pa&#x00ED;ses (Osborne, 2008). En 1999, el Tratado de &#x00C1;msterdam consagr&#x00F3; la igualdad entre los sexos como un objetivo de la Uni&#x00F3;n Europea que han de procurar las pol&#x00ED;ticas comunes y de los estados miembros. Este principio, as&#x00ED; como las Directivas europeas posteriores de 2002 y 2004 (referidas a la aplicaci&#x00F3;n del principio de igualdad de trato en el acceso a la formaci&#x00F3;n, al empleo, a las condiciones de trabajo, a la promoci&#x00F3;n profesional y a los bienes y servicios), son recogidas en nuestro pa&#x00ED;s por la<italic> Ley Org&#x00E1;nica para la Igualdad efectiva entre mujeres y hombres</italic> de marzo de 2007. Hay leyes que incluso incorporan el t&#x00E9;rmino <italic>g&#x00E9;nero</italic> en su denominaci&#x00F3;n misma. Este avance del concepto cr&#x00ED;tico de g&#x00E9;nero no se ha producido sin encontrar resistencias. Una de las numerosas dificultades a las que se enfrent&#x00F3; la <italic>Ley Integral contra la Violencia de G&#x00E9;nero</italic> fue justamente una fuerte oposici&#x00F3;n a la utilizaci&#x00F3;n de los conceptos de g&#x00E9;nero y violencia de g&#x00E9;nero. Durante su elaboraci&#x00F3;n, tuvo lugar un encendido debate en los medios de comunicaci&#x00F3;n. Ante el anuncio del Proyecto de Ley, la Real Academia se manifest&#x00F3; indignada contra lo que consideraba una mala traducci&#x00F3;n del ingl&#x00E9;s cuando se ten&#x00ED;a una palabra como “sexo” que, supuestamente, designaba lo mismo. Para la instituci&#x00F3;n encargada de preservar la lengua espa&#x00F1;ola, se tratar&#x00ED;a simplemente de un barbarismo. En su informe especial con motivo de la preparaci&#x00F3;n de la Ley, sostiene que deber&#x00ED;a llamarse <italic>Ley contra la violencia dom&#x00E9;stica</italic>, admitiendo solo que, en todo caso, se podr&#x00ED;a agregar “y por raz&#x00F3;n de sexo” para incluir los casos en que el agresor no conviviera con la mujer.  </p>
		
		<p>Al promulgarse la ley, se oficializ&#x00F3; el uso com&#x00FA;n del t&#x00E9;rmino fuera del &#x00E1;mbito del feminismo y de las ciencias sociales que ya lo hab&#x00ED;an adoptado mucho tiempo antes. Sin embargo, obedeciendo a la Real Academia y por ignorancia del significado del nuevo t&#x00E9;rmino, los periodistas suelen resistirse a&#x00FA;n a hablar de <italic>violencia de g&#x00E9;nero</italic> y, a menudo, prefieren seguir empleando la expresi&#x00F3;n <italic>violencia dom&#x00E9;stica1</italic><xref ref-type="fn" rid="NOTE01">1</xref>.  </p>
		
		<p>Yo he sostenido en otro lugar (Puleo, <xref ref-type="bibr" rid="CIT26">2008</xref>) que ese debate no era realmente un debate lingü&#x00ED;stico, sino un debate pol&#x00ED;tico en el sentido amplio de “pol&#x00ED;tica” como relaciones de poder en todos los niveles de la sociedad. Porque el concepto de g&#x00E9;nero tiene un componente cr&#x00ED;tico que lo hace peligroso para quienes no desean cambios en la organizaci&#x00F3;n sexuada de la sociedad. De ah&#x00ED; tanta indignaci&#x00F3;n por un supuesto atropello a la lengua espa&#x00F1;ola, al tiempo que se acepta multitud de palabras tomadas del ingl&#x00E9;s para referirse, por ejemplo, a la inform&#x00E1;tica. Hasta el t&#x00E9;rmino <italic>gay</italic> es aceptado y comienza a ser incluido en los diccionarios. En cambio, <italic>g&#x00E9;nero</italic> solo lo ha recogido el Diccionario de Mar&#x00ED;a Moliner. Atento al uso y la evoluci&#x00F3;n de la lengua junto con la sociedad, en su tercera edici&#x00F3;n, presentada en septiembre de 2007, a&#x00F1;adi&#x00F3; una sexta acepci&#x00F3;n a la palabra <italic>g&#x00E9;nero</italic>: “Sexo. Referido especialmente a las diferencias sociales o culturales motivadas por el sexo de las personas: discriminaci&#x00F3;n por razones de g&#x00E9;nero. Violencia de g&#x00E9;nero”.  </p>
		
		<p>Esta no es una casualidad, es un caso de violencia simb&#x00F3;lica en el sentido definido por Pierre Bourdieu. La violencia simb&#x00F3;lica consiste en privar al grupo oprimido de los instrumentos conceptuales que le permitir&#x00ED;an analizar su opresi&#x00F3;n. A menudo, conscientes de que el t&#x00E9;rmino <italic>feminismo</italic> se halla injustamente estigmatizado, convertido en significante que, en el imaginario popular, generalmente remite a voluntad de invertir la dominaci&#x00F3;n, prepotencia hembrista<xref ref-type="fn" rid="NOTE02">2</xref>, histeria y exceso, quienes realizan investigaci&#x00F3;n o formaci&#x00F3;n en torno a la desigualdad entre los sexos se limitan a hablar de <italic>g&#x00E9;nero,</italic> categor&#x00ED;a que tiene la ventaja de remitir a las ciencias sociales. Aducir que no existe en la lengua castellana, resistirse a su introducci&#x00F3;n es m&#x00E1;s que un problema lingü&#x00ED;stico. Considero que esta pol&#x00E9;mica oculta lo que realmente est&#x00E1; en juego: la eliminaci&#x00F3;n de categor&#x00ED;as de impugnaci&#x00F3;n de un antiguo orden patriarcal que distribuye los roles de sexo seg&#x00FA;n un modelo estratificado. </p>
		
		<p>El <italic>concepto de g&#x00E9;nero,</italic> como lo que es construido frente a lo que es recibido, fue asumido por los movimientos feministas en el siglo XX, dando lugar a un cambio espectacular en las sociedades occidentales. Quiz&#x00E1;s hemos perdido la perspectiva hist&#x00F3;rica y no lo percibimos, pero si pensamos c&#x00F3;mo era Occidente en el siglo XIX, veremos que se trata de una transformaci&#x00F3;n impresionante consistente en la salida del colectivo femenino de la reclusi&#x00F3;n dom&#x00E9;stica para comenzar a ocupar, aunque sea parcialmente, el espacio p&#x00FA;blico de los estudios superiores, las profesiones liberales y la pol&#x00ED;tica. La conquista de los derechos fundamentales, de la igualdad formal y la actual reivindicaci&#x00F3;n de equidad en el acceso a los recursos y al reconocimiento (Rubio, <xref ref-type="bibr" rid="CIT33">1997</xref>; Fraser, <xref ref-type="bibr" rid="CIT13">1997</xref>) han sido y son el objetivo de ese movimiento social llamado <italic>feminismo</italic>. Sus demandas han pasado a la agenda pol&#x00ED;tica internacional: “En la actualidad, la cr&#x00ED;tica a la <italic>desigualdad sexual</italic> se ha convertido, gracias a las luchas feministas, en un elemento central de la cultura pol&#x00ED;tica de Occidente” (De Miguel &amp; Cobo, <xref ref-type="bibr" rid="CIT08">1997</xref>: 204). Este espectacular avance en la igualdad democr&#x00E1;tica se ha logrado, entre otras razones, gracias a la utilizaci&#x00F3;n del concepto de g&#x00E9;nero que ha permitido desnaturalizar las caracter&#x00ED;sticas adscriptivas femeninas y masculinas, facilitando la deconstrucci&#x00F3;n de lo que parec&#x00ED;a ser un destino biol&#x00F3;gico ineluctable. </p>
		
		<p>Comparando, incluso, la sociedad europea actual con la de hace cincuenta a&#x00F1;os, podemos decir que los papeles sociales de hombres y mujeres son hoy mucho m&#x00E1;s permeables, mucho m&#x00E1;s fluidos. Ambos sexos han ganado en libertad porque hoy reconocemos que hombres y mujeres somos, al menos parcialmente, producto de una construcci&#x00F3;n social. Indudablemente, el caso del g&#x00E9;nero es paradigm&#x00E1;tico de la relaci&#x00F3;n de frontera entre lo biol&#x00F3;gico y lo cultural.  </p>
		</sec>
		
		
		<sec id="S2">
		<title>2. LOS OR&#x00CD;GENES FILOS&#x00D3;FICOS OLVIDADOS DE UN CONCEPTO REVOLUCIONARIO </title>
		
		<p>Si buscamos los or&#x00ED;genes lejanos del concepto de g&#x00E9;nero, veremos que posee una larga historia. He sostenido que se encuentra ya prefigurado en algunos pensadores ilustrados (Puleo, 1991). Desde finales del siglo XVII y a lo largo del XVIII, se plantea un gran debate sobre qu&#x00E9; es lo adquirido y qu&#x00E9; es lo natural en los papeles de hombres y mujeres. Esta pol&#x00E9;mica surge por diversas causas. Por un lado, se alimenta del conocimiento de otras culturas aportado por los relatos de misioneros y viajeros de la &#x00E9;poca que describen las costumbres de Oriente y del Nuevo Mundo. Las sociedades europeas comienzan a mirarse en el espejo del Otro, sea este la milenaria China, los pueblos polin&#x00E9;sicos o los ind&#x00ED;genas americanos (Puleo, <xref ref-type="bibr" rid="CIT25">1996</xref>). En el debate de la incipiente antropolog&#x00ED;a encontrar&#x00E1; un lugar privilegiado la especulaci&#x00F3;n acerca de lo que es femenino y masculino por naturaleza. No en vano es el momento de gestaci&#x00F3;n de las ciencias naturales y sociales.  </p>
		
		<p>Pero paralelamente se desarrolla la reflexi&#x00F3;n filos&#x00F3;fica que pondr&#x00E1; los fundamentos de las democracias modernas. ¿Qui&#x00E9;n va a ser ciudadano? ¿C&#x00F3;mo va a estar distribuido el poder? ¿C&#x00F3;mo se legitimar&#x00E1;? Este debate no puede separarse de la pol&#x00E9;mica sobre lo propio de la feminidad y de la masculinidad. El Rousseau de <italic>El Contrato Social</italic> (1762), fil&#x00F3;sofo pol&#x00ED;tico, no puede ser desvinculado del Rousseau pedagogo que escribe el <italic>Emilio</italic> (1762)<italic>, </italic>delineando los roles de hombres y mujeres en la sociedad que est&#x00E1; por llegar, la sociedad democr&#x00E1;tica que hemos heredado. Ampar&#x00E1;ndose en una supuesta ley natural de todos los tiempos pero siendo consciente de la necesidad de un adiestramiento espec&#x00ED;fico, dice: “Toda la educaci&#x00F3;n de las mujeres debe referirse a los hombres. Agradarles, serles &#x00FA;tiles, hacerse amar y honrar por ellos, educarlos de j&#x00F3;venes, cuidarlos de adultos, aconsejarlos, consolarlos, hacerles la vida agradable y dulce: he ah&#x00ED; los deberes de las mujeres en todo tiempo, y lo que debe ense&#x00F1;&#x00E1;rseles desde su infancia” (Rousseau, <xref ref-type="bibr" rid="CIT32">1998</xref>, 545). La divisi&#x00F3;n moderna de lo dom&#x00E9;stico y de lo p&#x00FA;blico era tambi&#x00E9;n una distribuci&#x00F3;n de esferas de actuaci&#x00F3;n de ambos sexos. Esta divisi&#x00F3;n guiar&#x00E1; a los diputados jacobinos cuando, en plena Revoluci&#x00F3;n Francesa, decreten el cierre de los clubes pol&#x00ED;ticos de mujeres en nombre de las leyes de la Naturaleza.  </p>
		
		<p>Dentro de la Ilustraci&#x00F3;n, podemos distinguir dos corrientes opuestas de pensamiento sobre la diferencia sexual. Una de ellas tiene que ver con el inter&#x00E9;s por el conocimiento biol&#x00F3;gico del ser humano y ver&#x00E1; en todas las costumbres y papeles de cada sexo una expresi&#x00F3;n de la naturaleza. Los llamados m&#x00E9;dicos-fil&#x00F3;sofos, desde Pierre Roussel al ide&#x00F3;logo Cabanis, explicar&#x00E1;n todas las actitudes y funciones de hombres y mujeres desde una perspectiva biologizante que legitimar&#x00E1; la exclusi&#x00F3;n de las mujeres de los estudios superiores, de la pol&#x00ED;tica y, en general, de la esfera p&#x00FA;blica (Fraisse, <xref ref-type="bibr" rid="CIT12">1991</xref>). Sostendr&#x00E1;n que el cerebro y los m&#x00FA;sculos de la hembra humana son m&#x00E1;s blandos que los del var&#x00F3;n y, por lo tanto, inaptos para un esfuerzo excesivo o prolongado. La funci&#x00F3;n natural de las mujeres, en sus teor&#x00ED;as, ser&#x00E1; exclusivamente la procreaci&#x00F3;n. Siguiendo los consejos de la Higiene, ciencia emergente, el colectivo femenino, afirman los m&#x00E9;dicos decimon&#x00F3;nicos, debe cumplir su misi&#x00F3;n particular consistente en la mejora de la especie, y dejar a los varones la que les es propia: el perfeccionamiento de la civilizaci&#x00F3;n.  </p>
		
		<p>La otra corriente se apoya en la convicci&#x00F3;n ilustrada del poder de la educaci&#x00F3;n para mejorar la sociedad. Encontraremos, por lo tanto, pensadores y pensadoras que insistir&#x00E1;n en el car&#x00E1;cter social y construido de la desigualdad<xref ref-type="fn" rid="NOTE03">3</xref>. Se llega incluso a pensar que las diferencias f&#x00ED;sicas est&#x00E1;n determinadas por la civilizaci&#x00F3;n. As&#x00ED;, Madame d’Epinay considera que no solo puede decirse que las costumbres var&#x00ED;an y son construidas social e hist&#x00F3;ricamente, sino que modelan los cuerpos. La fortaleza de las ind&#x00ED;genas americanas le lleva a pensar que la fragilidad y debilidad corporal de las europeas de su tiempo no es m&#x00E1;s que el efecto de su encierro y de las perniciosas limitaciones a sus movimientos. Olympe de Gouges, dramaturga y pensadora profundamente igualitarista, gran amante de los animales, sosten&#x00ED;a en su <italic>Declaraci&#x00F3;n de los Derechos de la Mujer y de la Ciudadana</italic> (1790) que ninguna hembra de otras especies est&#x00E1; tan limitada en su libertad por el macho como lo est&#x00E1; la hembra humana. En la comparaci&#x00F3;n entre Naturaleza y Cultura, la humanidad parec&#x00ED;a salir mal parada. M&#x00E1;s tarde, esta observaci&#x00F3;n dar&#x00ED;a lugar a especulaciones antropol&#x00F3;gicas sobre el origen del patriarcado. Del otro lado de la Mancha, con <italic>Vindication of the Rights of Woman</italic> (Londres, 1794), Mary Wollstonecraft dirige duras cr&#x00ED;ticas a su admirado fil&#x00F3;sofo Rousseau en lo que concierne a su conceptualizaci&#x00F3;n de la mujer. Ve en la deficiente y deformante educaci&#x00F3;n recibida por las ni&#x00F1;as el origen de las caracter&#x00ED;sticas femeninas reprobables: “Los hombres se quejan, y con raz&#x00F3;n, de la insensatez y los caprichos de nuestro sexo, cuando no satirizan con agudeza nuestras impetuosas pasiones y nuestros vicios serviles. Deber&#x00ED;a responder: ¡he ah&#x00ED; el efecto natural de la ignorancia! La mente que solo se apoya en prejuicios siempre ser&#x00E1; inestable y la corriente avanzar&#x00E1; con furia destructiva cuando no haya barreras que rompan su fuerza.” (Wollstonecraft, <xref ref-type="bibr" rid="CIT37">1994</xref>:127-128). En su <italic>Defensa de las mujeres </italic>(Madrid, 1726) incluida en el <italic>Teatro Cr&#x00ED;tico Universal,</italic> el fraile benedictino Benito Jer&#x00F3;nimo Feijoo sostiene que la aparente falta de inteligencia de las mujeres se debe a la carencia de instrucci&#x00F3;n y a que, encerradas en el hogar, no est&#x00E1;n acostumbradas a participar en conversaciones doctas (Feijoo, <xref ref-type="bibr" rid="CIT11">1726</xref>). En el &#x00FA;ltimo tercio del XVIII, la ilustrada zaragozana Josefa Amar y Borb&#x00F3;n insiste en la capacidad de la educaci&#x00F3;n para erradicar los defectos que se observan en las mujeres: “No hay cosa que no se pueda ense&#x00F1;ar en este estado, ni virtud que no se hiciese com&#x00FA;n, si los que tienen el cargo de la educaci&#x00F3;n supiesen aprovecharse” (Amar y Borb&#x00F3;n, <xref ref-type="bibr" rid="CIT01">1994</xref>:58). No excluirlas de la instrucci&#x00F3;n redundar&#x00E1;, asegura, en la felicidad de todos y el buen orden de la sociedad. Esta tendencia feminista ilustrada, de la que solo he citado algunos representantes, cuestiona, con diferentes matices de intensidad, el car&#x00E1;cter innato de las diferencias entre los sexos para defender la universalizaci&#x00F3;n de derechos. Interpreta la <italic>igualdad de todos los hombres</italic> como la <italic>igualdad de todos los seres humanos</italic>.  </p>
		
		<p>Por el contrario, la corriente mayoritaria de la Ilustraci&#x00F3;n entender&#x00E1; <italic>hombres</italic> solo como <italic>varones</italic>, por lo que la <italic>igualdad de todos los hombres</italic> ser&#x00E1;, para Rousseau (Cobo, <xref ref-type="bibr" rid="CIT07">1995</xref>), Kant (Rold&#x00E1;n, <xref ref-type="bibr" rid="CIT31">1995</xref>) y muchos otros, la <italic>igualdad de todos los varones</italic>. A principios del siglo XX, esta l&#x00ED;nea desemboca en la teor&#x00ED;a psicoanal&#x00ED;tica freudiana sobre la incapacidad de juicio moral en las mujeres. Dado que, seg&#x00FA;n esta teor&#x00ED;a, el s&#x00FA;per yo se forja en el ni&#x00F1;o por temor a la castraci&#x00F3;n, la falta de pene impedir&#x00ED;a a la ni&#x00F1;a la completa internalizaci&#x00F3;n de los valores parentales. La mujer no puede sentir el miedo a perder algo de lo que se sabe despose&#x00ED;da, por lo tanto, tampoco alcanzar&#x00ED;a la firmeza de las ideas morales propia del hombre. Para el fundador del psicoan&#x00E1;lisis, las reivindicaciones de igualdad feministas provienen, o bien del error y la ingenuidad de pensadores como John Stuart Mill, o bien de un desarrollo inadecuado de la subjetividad en mujeres incapaces de renunciar a la fantas&#x00ED;a de ser hombres (Freud, <xref ref-type="bibr" rid="CIT14">1967</xref>, 490-491). La justificaci&#x00F3;n de la discriminaci&#x00F3;n sexual del siglo XIX toma, con el psicoan&#x00E1;lisis, un rumbo m&#x00E1;s complejo pero no menos eficaz. Introduce la mediaci&#x00F3;n de la mente y de la historia individual entre lo biol&#x00F3;gico y lo social, intentando explicar, de esta forma, el creciente descontento con respecto a la estricta divisi&#x00F3;n de roles de g&#x00E9;nero. El sufragismo hab&#x00ED;a encontrado sus modernos detractores. </p>
		
</sec>		
		
		<sec id="S3">
		<title>3. LA OPOSICI&#x00D3;N G&#x00C9;NERO/SEXO EN EL SIGLO XX </title>
		
		<p>Si trazamos una genealog&#x00ED;a que llegue hasta el siglo XX, la l&#x00ED;nea igualitaria nos conduce a Simone de Beauvoir, que publica en 1949 <italic>El Segundo Sexo.</italic> En este cl&#x00E1;sico del feminismo, la autora sostiene que las mujeres sufren una injusta subordinaci&#x00F3;n. Como pensadora existencialista, entiende la vida humana como proyecto, como elecci&#x00F3;n y libertad. Su afirmaci&#x00F3;n de que “no se nace mujer, sino que se llega a serlo” es una denuncia del <italic>Eterno Femenino</italic> como mistificaci&#x00F3;n opresiva. Al observar la riqueza de opciones vitales permitidas a los varones y compararla con la maternidad concebida como &#x00FA;nico destino de las mujeres occidentales de su &#x00E9;poca, llega a la conclusi&#x00F3;n de que la sociedad construye la feminidad impidiendo a la mitad de los seres humanos el pleno desarrollo de sus potencialidades.  </p>
		
		<p>Hoy en d&#x00ED;a, desde la enorme cantidad de estudios feministas y de g&#x00E9;nero realizados en m&#x00E1;s de medio siglo, a&#x00F1;adir&#x00ED;amos que tampoco se nace hombre. Tanto hombres como mujeres somos construidos por una serie de mandatos y modelos, por un mundo de lo simb&#x00F3;lico en el que estamos todos inmersos. La subjetivaci&#x00F3;n se realiza a partir de elementos que nos son dados. En ocasiones elegimos, otras veces (las m&#x00E1;s numerosas) repetimos modelos inconscientemente. El concepto de g&#x00E9;nero nos ayuda a descubrir que hay una parte social fundamental en la elaboraci&#x00F3;n de nuestra identidad. Y si miramos este resultado del condicionamiento social desde una perspectiva cr&#x00ED;tica, puede suceder que algunos de sus aspectos nos disgusten, nos parezcan injustos y queramos cambiarlos. </p>
		
		<p>La antropolog&#x00ED;a ha descrito el sistema de supremac&#x00ED;a masculina o patriarcado como aquella sociedad en que los puestos clave de poder (pol&#x00ED;ticos, econ&#x00F3;micos, militares y religiosos) est&#x00E1;n ocupados mayoritaria o exclusivamente por varones (Divale &amp; Harris, <xref ref-type="bibr" rid="CIT10">1978</xref>). Pero se supone que, en tanto ciencia, debe limitarse a describir, absteni&#x00E9;ndose de calificar moralmente. En cambio, desde una perspectiva &#x00E9;tica, el pensamiento feminista ha juzgado este sistema y ha considerado que la estratificaci&#x00F3;n por sexos era inadecuada. Esta ha sido la larga lucha de la teor&#x00ED;a y la praxis feminista (Amor&#x00F3;s y De Miguel, <xref ref-type="bibr" rid="CIT04">2005</xref>).  </p>
		
		<p>Veamos ahora c&#x00F3;mo se produjo el encuentro de esta teor&#x00ED;a y praxis con el concepto de g&#x00E9;nero creado en el &#x00E1;mbito cl&#x00ED;nico. El t&#x00E9;rmino <italic>gender</italic> fue utilizado por primera vez a mediados de los a&#x00F1;os cincuenta por el m&#x00E9;dico estadounidense John Money, investigador de casos de hermafroditismo, en el marco de la asignaci&#x00F3;n social de sexo a ni&#x00F1;os con &#x00F3;rganos sexuales inciertos. Sostuvo que, a pesar del sexo gen&#x00E9;tico, gonadal y hormonal, un individuo se comportar&#x00E1; seg&#x00FA;n el sexo que le asigne el medio familiar en el que se desarrolla. La teor&#x00ED;a de Money ha sido muy criticada porque, aunque no niega lo biol&#x00F3;gico, le da un peso decisivo a los elementos culturales de la subjetivaci&#x00F3;n. Su concepto de <italic>rol de g&#x00E9;nero</italic> hac&#x00ED;a referencia a las actitudes, gestos, conductas, formas de hablar, o moverse y temas preferidos de conversaci&#x00F3;n y juego caracter&#x00ED;sticos de las identidades masculina y femenina. Money sostuvo que la fijaci&#x00F3;n de la identidad de g&#x00E9;nero se produce en torno a los dieciocho meses de edad y es el resultado de un proceso en el que intervienen factores biol&#x00F3;gicos y sociales.  </p>
		
		<p>En la d&#x00E9;cada siguiente, el t&#x00E9;rmino <italic>gender</italic> ser&#x00E1; progresivamente incorporado por las ciencias biom&#x00E9;dicas y las ciencias sociales, abri&#x00E9;ndose nuevos horizontes de investigaci&#x00F3;n. Robert Stoller, profesor de Psiquiatr&#x00ED;a de la Universidad de California, fue el primer psicoanalista en adoptar la distinci&#x00F3;n sexo/g&#x00E9;nero, desarrollando las nociones de <italic>identidad de g&#x00E9;nero</italic> y <italic>n&#x00FA;cleo de la identidad de g&#x00E9;nero </italic>para estudiar los aspectos psicol&#x00F3;gicos y ambientales de la masculinidad y la feminidad en los casos de transexualidad (Stoller, <xref ref-type="bibr" rid="CIT35">1968</xref>).  </p>
		
		<p>A finales de los sesenta, las te&#x00F3;ricas del feminismo de la llamada “segunda ola” hacen suyo este concepto de <italic>gender</italic> como una clave que devela relaciones de poder en la organizaci&#x00F3;n social a nivel <italic>macro </italic>y <italic>micro</italic>. En <italic>Pol&#x00ED;tica sexual</italic> (1969), Kate Millett cita los trabajos de Money y Stoller, como “pruebas positivas del car&#x00E1;cter <italic>cultural</italic> del g&#x00E9;nero, definido como la estructura de la personalidad conforme a la categor&#x00ED;a sexual” (Millett, <xref ref-type="bibr" rid="CIT21">1995</xref>, 77). Al combinar la categor&#x00ED;a cl&#x00ED;nica de g&#x00E9;nero con la noci&#x00F3;n de <italic>pol&#x00ED;tica</italic> en el sentido frankfurtiano de relaciones de poder, estas pensadoras lo convertir&#x00E1;n en arma contra la desigualdad y la opresi&#x00F3;n. Con &#x00E9;l realizar&#x00E1;n una dura cr&#x00ED;tica a la exclusi&#x00F3;n y marginalizaci&#x00F3;n del colectivo femenino.  </p>
		
		<p>Tanto K. Millett como S. Firestone contrastar&#x00E1;n la condici&#x00F3;n de g&#x00E9;nero con las de clase y raza (Puleo, <xref ref-type="bibr" rid="CIT27">2005a</xref>). La participaci&#x00F3;n de esta generaci&#x00F3;n de j&#x00F3;venes en el movimiento por los derechos civiles de los afroamericanos y en la New Left facilitar&#x00E1; la puesta en correlaci&#x00F3;n de la raza y el g&#x00E9;nero al entender que ambas categor&#x00ED;as de estatus, a diferencia de la clase, se apoyan fraudulentamente en una marca corporal que no se puede borrar.  </p>
		
		<p>Cuando el concepto de g&#x00E9;nero se desarrolla en la Sociolog&#x00ED;a y en el pensamiento pol&#x00ED;tico feminista, la identidad sexuada ser&#x00E1; solo uno de los componentes de un complejo mecanismo de retroalimentaci&#x00F3;n. Como organizaci&#x00F3;n social, el sistema de g&#x00E9;nero remite a distintos elementos. Uno de ellos es la <italic>divisi&#x00F3;n sexual del trabajo</italic>. Como se puede constatar transculturalmente, toda sociedad tiende a distribuir tareas seg&#x00FA;n el sexo. Esta segregaci&#x00F3;n suele coincidir con la divisi&#x00F3;n de espacios entre una esfera de lo p&#x00FA;blico y otra de lo dom&#x00E9;stico, declaradas complementarias pero dotadas de poder y reconocimiento asim&#x00E9;tricos. Las sociedades del capitalismo tard&#x00ED;o son m&#x00E1;s fluidas en ese sentido pero ambas esferas contin&#x00FA;an altamente generizadas. Tradicionalmente, el &#x00E1;mbito dom&#x00E9;stico es el femenino. En &#x00E9;l se realizan las labores de mantenimiento de la vida y de reproducci&#x00F3;n de la fuerza de trabajo y de la especie. A&#x00FA;n hoy, gran parte de la gente vive en hogares tradicionales donde son mujeres las que realizan todas esas tareas de infraestructura que permiten a los individuos estar listos para actuar en el mundo del trabajo asalariado y de la cultura: preparaci&#x00F3;n de la comida, mantenimiento de la ropa, crianza de los ni&#x00F1;os, apoyo afectivo, etc. (Murillo, <xref ref-type="bibr" rid="CIT22">1996</xref>). Las tareas del &#x00E1;mbito dom&#x00E9;stico incluyen el cuidado de ni&#x00F1;os, enfermos y ancianos. Por ello, la <italic>Ley de promoci&#x00F3;n de la autonom&#x00ED;a personal y atenci&#x00F3;n a personas en situaci&#x00F3;n de dependencia</italic> (BOE nº 299 de 15 de diciembre de 2006) no solo est&#x00E1; dirigida a asegurar la dignidad y bienestar de las personas dependientes. Su objetivo son tambi&#x00E9;n las mujeres cuidadoras. Como han mostrado los estudios de g&#x00E9;nero, a pesar de los cambios recientes en los roles, todav&#x00ED;a el cuidado altruista de enfermos y ancianos en el hogar queda mayoritariamente a cargo de las mujeres<xref ref-type="fn" rid="NOTE04">4</xref>.  </p>
		
		<p> La <italic>identidad sexuada</italic> es el aspecto psicol&#x00F3;gico del g&#x00E9;nero fomentado por la divisi&#x00F3;n de roles al tiempo que funcional para esta. ¿Qu&#x00E9; sentimientos, actitudes y formas de pensar y de actuar caracterizan a los sexos en t&#x00E9;rminos estad&#x00ED;sticos<xref ref-type="fn" rid="NOTE05">5</xref>? Durante mucho tiempo la Psicolog&#x00ED;a ha intentado sistematizar y establecer listados de caracter&#x00ED;sticas opuestas de uno y otro sexo, consider&#x00E1;ndolas reflejo de la naturaleza interna de cada uno de ellos. Competitividad, valent&#x00ED;a, agresividad, entre otros rasgos, defin&#x00ED;an a los varones frente a las mujeres, consideradas innatamente m&#x00E1;s emocionales, tiernas, inseguras y temerosas. En cambio, los estudios de g&#x00E9;nero, impulsados por el feminismo, han enfatizado las causas sociales de las diferencias. En algunos pa&#x00ED;ses, incluso hoy en d&#x00ED;a, transgredir las reglas de g&#x00E9;nero puede acarrear la muerte o por lo menos, un duro castigo. En los grupos de pares de cualquier cultura, es com&#x00FA;n que estas transgresiones sean sancionadas con la burla o el aislamiento. En cuanto al c&#x00F3;digo de la moral sexual, puede afirmarse que todav&#x00ED;a hoy es diferente seg&#x00FA;n el g&#x00E9;nero incluso en las sociedades m&#x00E1;s desarrolladas. En todo caso, puede afirmarse sin lugar a dudas que la bipolarizaci&#x00F3;n de la identidad sexuada resultar&#x00ED;a en su mayor parte de un fuerte condicionamiento ejercido desde la infancia a trav&#x00E9;s de mecanismos de internalizaci&#x00F3;n, imitaci&#x00F3;n, coacci&#x00F3;n y recompensa. El cultivo de los sentimientos se ha reservado hist&#x00F3;ricamente a las mujeres y se ha reprimido en los varones, lo cual explicar&#x00ED;a la tendencia “relacional” femenina. La construcci&#x00F3;n de la masculinidad gira en torno al poder y la competencia. Con su estudio sobre “la producci&#x00F3;n de los grandes hombres”, premiado por la <italic>Acad&#x00E9;mie française</italic>, el antrop&#x00F3;logo Maurice Godelier ha mostrado c&#x00F3;mo se forjan los guerreros en sociedades etnol&#x00F3;gicas por medio de procedimientos que podr&#x00ED;amos llamar “tecnolog&#x00ED;a del g&#x00E9;nero” (Godelier, 1986). Actualmente, los imperios siguen construyendo guerreros. Se trata de una interesante cuesti&#x00F3;n que, a mi juicio, merece ser examinada en profundidad<xref ref-type="fn" rid="NOTE06">6</xref>.  </p>
		
		<p>Otro componente del sistema de g&#x00E9;nero es el estatus o rango de g&#x00E9;nero que establece la superioridad de los varones y de lo considerado masculino. Aunque ya no se proclame abiertamente como hace un siglo, sigue presente en nuestras actitudes cotidianas de manera inconsciente y atraviesa el conjunto de la cultura. Finalmente, como elemento de la organizaci&#x00F3;n social de g&#x00E9;nero, cabe mencionar los discursos de legitimaci&#x00F3;n. Pueden ser mitol&#x00F3;gicos, religiosos, filos&#x00F3;ficos, cient&#x00ED;ficos o art&#x00ED;sticos y sirven para justificar las desigualdades entre hombres y mujeres. El Derecho, la Filosof&#x00ED;a, la Religi&#x00F3;n, la Literatura, las Artes… han apuntalado el sistema de g&#x00E9;nero a trav&#x00E9;s de normas, sanciones, estereotipos y discursos que organizan y jerarquizan el mundo. La hermen&#x00E9;utica de la sospecha de g&#x00E9;nero practica dos formas de revisi&#x00F3;n de este mundo de lo simb&#x00F3;lico. En un primer momento, examina los aspectos discriminatorios que pueda contener. La negaci&#x00F3;n a las mujeres de los derechos reconocidos a los hombres<xref ref-type="fn" rid="NOTE07">7</xref> y la escasez o nula presencia de mujeres en el <italic>corpus</italic> de la filosof&#x00ED;a, la literatura o las artes<xref ref-type="fn" rid="NOTE08">8</xref> son ejemplos del sexismo que los estudios de g&#x00E9;nero han ayudado a poner en evidencia. En un segundo momento, la cr&#x00ED;tica al mundo de lo simb&#x00F3;lico ha advertido un aspecto m&#x00E1;s oculto e insidioso de la discriminaci&#x00F3;n: el androcentrismo. El prejuicio sexista opera en los mismos criterios de selecci&#x00F3;n de lo excelente, de forma que el problema no reside solo en la exclusi&#x00F3;n de las mujeres de las actividades prestigiosas de los hombres sino en la clasificaci&#x00F3;n jerarquizada y generizada del mundo. El que ha nombrado y ha definido a los seres, sus cualidades y sus espacios correspondientes ha impuesto tambi&#x00E9;n sus propios patrones de evaluaci&#x00F3;n. El androcentrismo impregna la cultura, constituyendo un serio obst&#x00E1;culo para la plena integraci&#x00F3;n de las mujeres. El estatus de g&#x00E9;nero que hace que tendamos inconscientemente a dar m&#x00E1;s importancia a los hombres, tambi&#x00E9;n afecta nuestra evaluaci&#x00F3;n de los objetos y las actividades. Los temas, estilos, costumbres y gustos femeninos son considerados inferiores a los masculinos. Este sesgo de g&#x00E9;nero se encuentra presente en todos los niveles de la cultura y llega a afectar a la misma investigaci&#x00F3;n cient&#x00ED;fica, estableciendo prioridades y distribuyendo de manera desigual el reconocimiento del m&#x00E9;rito. </p>
		
		<p>A partir de los a&#x00F1;os noventa, por efecto del constructivismo radical reinante en el pensamiento postmoderno, el concepto de g&#x00E9;nero tiende a diluir y reemplazar el de sexo. Por su art&#x00ED;culo <italic>La pens&#x00E9;e straight</italic>, publicado por primera vez en 1980 en la revista <italic>Questions F&#x00E9;ministes, </italic>Monique Wittig es hoy considerada pionera de esta corriente. Wittig afirmaba que la lesbiana no es una mujer, puesto que <italic>mujer</italic> es una categor&#x00ED;a relacional resultante de la heterosexualidad obligatoria. La lesbiana, afirmaba, es una cimarrona, aludiendo a los esclavos que hu&#x00ED;an de las plantaciones del Caribe. Se iniciaba, as&#x00ED;, una teorizaci&#x00F3;n radicalmente constructivista centrada en la sexualidad que conectar&#x00E1; con el saber-poder disciplinario foucaultiano. </p>
		
		<p>Heredera del perspectivismo nietzscheano, esta l&#x00ED;nea de investigaci&#x00F3;n sostiene que no hay realidad que no sea ya interpretada, raz&#x00F3;n por la que no cabr&#x00ED;a hablar de sexo como realidad biol&#x00F3;gica independiente del g&#x00E9;nero. As&#x00ED;, por ejemplo, Thomas Laqueur emprende una detallada historia de las transformaciones de la percepci&#x00F3;n del cuerpo sexuado en Occidente, buscando mostrar su car&#x00E1;cter construido (Laqueur, <xref ref-type="bibr" rid="CIT17">1994</xref>). En <italic>Gender Trouble</italic> (1990), Judith Butler aplica al g&#x00E9;nero la noci&#x00F3;n de performatividad de la teor&#x00ED;a de actos de habla de Austin. El g&#x00E9;nero aparece como el resultado de la repetici&#x00F3;n que actualiza la norma que la precede, ocultando su car&#x00E1;cter de norma e inscribi&#x00E9;ndose en los cuerpos como “natural”. Desde este enfoque asumido por la llamada teor&#x00ED;a <italic>queer</italic>, el concepto de <italic>g&#x00E9;nero</italic> no se referir&#x00ED;a &#x00FA;nicamente a hombres y mujeres. No remitir&#x00ED;a a una dualidad, sino a una multiplicidad, por lo que se propone la proliferaci&#x00F3;n par&#x00F3;dica de los g&#x00E9;neros disruptivos (Butler, <xref ref-type="bibr" rid="CIT06">1990</xref>). Los individuos en los que el sexo, el g&#x00E9;nero y la opci&#x00F3;n sexual no coinciden ser&#x00ED;an los nuevos sujetos revolucionarios que permitir&#x00ED;an avanzar hacia una sociedad post-g&#x00E9;nero. Aunque est&#x00E1; te&#x00F3;ricamente vinculado a los planteamientos feministas de la construcci&#x00F3;n social del g&#x00E9;nero, el objetivo del movimiento <italic>queer </italic>es otro. La adaptaci&#x00F3;n de un insulto homof&#x00F3;bico (<italic>queer</italic>) como denominaci&#x00F3;n ha sido entendida como voluntad de mantenerse fuera de la redefinici&#x00F3;n de la normalidad. Butler ha llamado “performatividad queer” a la capacidad de inversi&#x00F3;n de las posiciones de enunciaci&#x00F3;n hegem&#x00F3;nica que posee la cita descontextualizada en la autodenominaci&#x00F3;n de los “cuerpos abyectos” que se expresan reclamando su propia identidad. La teor&#x00ED;a y el movimiento <italic>queer</italic> no buscan la emancipaci&#x00F3;n de las mujeres, ni la integraci&#x00F3;n normalizada de los gays, sino la abolici&#x00F3;n del concepto de normalidad a trav&#x00E9;s de la afirmaci&#x00F3;n de las disidencias sexuales m&#x00E1;s estigmatizadas, como el incesto, y de todos los marginales de las sociedades opulentas (Despentes, <xref ref-type="bibr" rid="CIT09">2006</xref>). En palabras de Beatriz Preciado, se autocalifica de “post feminista”, separ&#x00E1;ndose n&#x00ED;tidamente del feminismo “blanco y de clase media” que buscar&#x00ED;a la igualdad para las mujeres. La teor&#x00ED;a <italic>contra-sexual</italic> de Preciado “define la sexualidad como tecnolog&#x00ED;a y considera que los diferentes elementos del sistema sexo/g&#x00E9;nero denominados “hombre”, “mujer”, “homosexual”, “heterosexual”, “transexual”, as&#x00ED; como sus pr&#x00E1;cticas e identidades sexuales no son sino m&#x00E1;quinas, productos, instrumentos, aparatos, trucos, pr&#x00F3;tesis, redes, aplicaciones, programas, conexiones, flujos de energ&#x00ED;a y de informaci&#x00F3;n, interrupciones e interruptores, llaves, leyes de circulaci&#x00F3;n, fronteras, constre&#x00F1;imientos, dise&#x00F1;os, l&#x00F3;gicas, equipos, formatos, accidentes, detritos, mecanismos, usos, desv&#x00ED;os…” (Preciado, <xref ref-type="bibr" rid="CIT30">2002</xref>, 19). De Foucault y Wittig a Butler y Preciado, pasando por Donna Haraway, se completa la desnaturalizaci&#x00F3;n del g&#x00E9;nero iniciada con la Ilustraci&#x00F3;n. En este principio del nuevo milenio, conviven y polemizan dos formas diferentes de entender y aplicar la hermen&#x00E9;utica de la sospecha de g&#x00E9;nero a la sexualidad: la cr&#x00ED;tica feminista a la uni&#x00F3;n de Eros y Thanatos<xref ref-type="fn" rid="NOTE09">9</xref> y la reivindicaci&#x00F3;n <italic>queer</italic> de las pr&#x00E1;cticas transgresivas.  </p><p>Un interrogante sobre las consecuencias pol&#x00ED;ticas de la disoluci&#x00F3;n total del sexo en el g&#x00E9;nero: el movimiento <italic>queer</italic> pide la desaparici&#x00F3;n de la menci&#x00F3;n del sexo en los documentos de identidad. Esta demanda, en principio, me parece coherente con la afirmaci&#x00F3;n del individuo frente a la obligatoriedad de identificarse con un sexo. Pero ¿c&#x00F3;mo se podr&#x00ED;a articular con las pol&#x00ED;ticas de acci&#x00F3;n positiva? ¿La disoluci&#x00F3;n del par hombre/mujer, tal como es propuesta por la teor&#x00ED;a <italic>queer</italic>, es favorable a las mujeres que, al fin y al cabo, siguen existiendo?  </p>
		</sec>
		
		<sec id="S4">
		<title>4. APUNTE FINAL SOBRE NATURALEZA Y CULTURA </title>
		
		<p>Me he referido al androcentrismo como el sesgo patriarcal de la cultura vinculado al rango de g&#x00E9;nero. Todo lo que se considera masculino es m&#x00E1;s valorado, y lo femenino, asimilado a la Naturaleza, es menos apreciado. La cr&#x00ED;tica al androcentrismo es una cr&#x00ED;tica a nuestra cultura en tanto producto de una historia de dominaci&#x00F3;n masculina. Insisto en que no se tratar&#x00ED;a de una esencia masculina, sino de una historia en la que los varones han ocupado permanentemente una posici&#x00F3;n hegem&#x00F3;nica por causas sobre las que los especialistas a&#x00FA;n discuten. </p>
		
		<p>Se ha observado que la noci&#x00F3;n de <italic>hombre </italic>forjada en la Grecia cl&#x00E1;sica estar&#x00ED;a vinculada a la existencia de la esclavitud, ya que esta instituci&#x00F3;n se alimentaba de los prisioneros conseguidos en las acciones b&#x00E9;licas. La exaltaci&#x00F3;n del esp&#x00ED;ritu por encima de la materia, de lo masculino sobre lo femenino, que encontramos en Plat&#x00F3;n ser&#x00ED;a, seg&#x00FA;n Nancy Hartsock, una legitimaci&#x00F3;n involuntaria de la guerra. Animaba a arriesgar la vida a los varones griegos y consolaba de su posible p&#x00E9;rdida (Hartsock, <xref ref-type="bibr" rid="CIT16">1985</xref>). Una ideolog&#x00ED;a que sostiene la inferioridad de la Vida, de la Naturaleza y del Cuerpo es altamente funcional en una sociedad patriarcal guerrera. Nuestra especie comenz&#x00F3; a conceptualizarse a s&#x00ED; misma sin dar cabida a las mujeres y a sus experiencias en el proceso. El concepto de ser humano (hombre) que hemos heredado est&#x00E1; hist&#x00F3;ricamente relacionado con sistemas de dominaci&#x00F3;n de seres humanos (esclavos), mujeres y Naturaleza (Puleo, <xref ref-type="bibr" rid="CIT28">2005b</xref>). Arist&#x00F3;teles afirma en su <italic>Pol&#x00ED;tica</italic> que el hombre libre tiene su propio fin en s&#x00ED; mismo. En cambio, sostiene, los esclavos, las mujeres y los animales no poseen un fin en s&#x00ED; mismos. D&#x00E1;rselo corresponde al hombre libre. En su clasificaci&#x00F3;n ontol&#x00F3;gica piramidal, la naturaleza aparece vinculada a las mujeres, los esclavos, las emociones, el cuerpo, los animales. El Hombre es un fin en s&#x00ED; porque es intelecto, dominio racional leg&#x00ED;timo de los seres inferiores.  </p>
		
		<p>Nuestros conceptos de Naturaleza y Cultura han sido hist&#x00F3;ricamente construidos y provienen de una historia “impura” de dominaci&#x00F3;n y explotaci&#x00F3;n que ya es hora de revisar. Una de las aportaciones m&#x00E1;s interesantes de la teor&#x00ED;a ecofeminista reside en la puesta en relaci&#x00F3;n del an&#x00E1;lisis del androcentrismo con el antropocentrismo. La arrogancia con respecto a los dem&#x00E1;s seres vivos y la ilusi&#x00F3;n de que nuestra especie puede sobrevivir aunque destruya la Naturaleza es un ejemplo de lo que se ha llamado “la l&#x00F3;gica del dominio” o “la l&#x00F3;gica del Amo”. (Plumwood, <xref ref-type="bibr" rid="CIT23">1993</xref>). Hoy, la teor&#x00ED;a y la praxis ecofeministas apuntan a horizontes regulativos emancipatorios para otro mundo posible de libertad, igualdad y sostenibilidad  (Puleo, 2011). </p>
		
		<p>Querr&#x00ED;a cerrar estas l&#x00ED;neas, pues, insistiendo en que las aportaciones de la teor&#x00ED;a cr&#x00ED;tica de g&#x00E9;nero no se reducen a mostrar la desigualdad y a exigir que las mujeres accedan a puestos de decisi&#x00F3;n en las mismas condiciones que los hombres, o a que las identidades sexuales disidentes sean reconocidas. La hermen&#x00E9;utica de la sospecha de g&#x00E9;nero nos lleva mucho m&#x00E1;s all&#x00E1;. Las personas de buena voluntad podr&#x00ED;an aprovechar la ocasi&#x00F3;n para transformar la sociedad. Muchas voces llaman a esta tarea, pero habremos de desconfiar de todas las que resten importancia a la demanda de igualdad o reintroduzcan un discurso mistificador (Amor&#x00F3;s, <xref ref-type="bibr" rid="CIT03">2005</xref>). Idealizar en este tema no es ni conveniente ni correcto. Podr&#x00ED;amos, incluso, volver a la vieja discusi&#x00F3;n medieval y renacentista que enfrentaba a mis&#x00F3;ginos y defensores de las damas en torno a cu&#x00E1;l era el sexo excelente (Puleo, 2000). Las mujeres no somos maravillosas pero quiz&#x00E1;s podamos aportar algo desde nuestra experiencia de los m&#x00E1;rgenes, por ejemplo, la &#x00E9;tica del cuidado (L&#x00F3;pez de la Vieja, <xref ref-type="bibr" rid="CIT19">2004</xref>). Es posible incorporar elementos descuidados o devaluados sin necesidad de hipostasiar o exagerar las virtudes del colectivo femenino; y, al mismo tiempo, pedir la igualdad (L&#x00F3;pez de la Vieja, <xref ref-type="bibr" rid="CIT18">2000</xref>). Tenemos que reclamar que contin&#x00FA;en y se intensifiquen las pol&#x00ED;ticas de acci&#x00F3;n positiva dirigidas a superar la situaci&#x00F3;n de desventaja del “segundo sexo”, un proceso que, seg&#x00FA;n c&#x00E1;lculos de expertos, al ritmo actual tardar&#x00E1; unos cuatrocientos a&#x00F1;os en consumarse.  </p>
		
		<p>La implementaci&#x00F3;n de la categor&#x00ED;a de <italic>g&#x00E9;nero</italic>, en tanto tematizaci&#x00F3;n feminista de las relaciones entre los sexos, ha facilitado que, por primera vez en la Historia, el Derecho se haya marcado por objetivo avanzar hacia la igualdad entre mujeres y hombres. Tambi&#x00E9;n ha permitido una clara mejora de la condici&#x00F3;n legal y social de las minor&#x00ED;as sexuales. Si a estos extraordinarios logros sumamos la posibilidad de una profunda revisi&#x00F3;n de nuestro mundo de lo simb&#x00F3;lico y de nuestra visi&#x00F3;n de la naturaleza, podemos concluir que se trata de una de las nociones de frontera entre lo biol&#x00F3;gico y lo cultural m&#x00E1;s revolucionarias de los &#x00FA;ltimos tiempos.</p>
				 
		</sec>
		
	</body>

	<back>
	
	

	
	
	<sec id="notas">
     <title>NOTAS</title>
     
	 <fn-group>
      
	  <fn id="NOTE01"><label>1</label><p>La violencia dom&#x00E9;stica no debe ser confundida con la violencia de g&#x00E9;nero ya que sus v&#x00ED;ctimas son tambi&#x00E9;n ni&#x00F1;os y ancianos y no se explica por la ideolog&#x00ED;a sexista. Numerosas formas de violencia de g&#x00E9;nero tienen lugar fuera del &#x00E1;mbito dom&#x00E9;stico como, por ejemplo, la violaci&#x00F3;n o la prostituci&#x00F3;n forzada. Hay que se&#x00F1;alar, sin embargo, que la Ley espa&#x00F1;ola restringe la definici&#x00F3;n de “violencia de g&#x00E9;nero” a la violencia contra la mujer que se produce en las relaciones familiares y de pareja, difiriendo as&#x00ED; del sentido m&#x00E1;s amplio que le diera la teor&#x00ED;a feminista.</p></fn>
	  
	  <fn id="NOTE02"><label>2</label><p>El “hembrismo” o ideolog&#x00ED;a de la superioridad femenina ser&#x00ED;a el inexistente opuesto sim&#x00E9;trico a machismo, no el feminismo que hist&#x00F3;ricamente se ha desarrollado desde sus inicios como una teor&#x00ED;a y un movimiento social que reivindica el respeto y la igualdad de derechos y oportunidades entre los sexos.</p></fn>
	 
	 <fn id="NOTE03"><label>3</label><p>Para consultar una selecci&#x00F3;n de textos de esta corriente minoritaria que he llamado “Ilustraci&#x00F3;n olvidada”, ver Puleo, <xref ref-type="bibr" rid="CIT24">1993</xref>.</p></fn>
	  
	  <fn id="NOTE04"><label>4</label><p>Los resultados de la encuesta sobre cuidados a las personas mayores en los hogares espa&#x00F1;oles del IMSERSO del a&#x00F1;o 2004 mostr&#x00F3; que el 84 % de las personas que atend&#x00ED;an mayores dependientes son mujeres. Debe se&#x00F1;alarse, sin embargo, que con respecto a la encuesta de 1994 se observa un incremento de hijos varones implicados, pas&#x00E1;ndose del 10% al 19%.  Datos del 2010 continuaban recogiendo un 83% de mujeres entre las personas que asumen el cuidado de los dependientes.</p></fn>
	  
	  <fn id="NOTE05"><label>5</label><p>El reconocimiento de las diferencias entre individuos que, en ocasiones, contradice las predicciones de la socializaci&#x00F3;n de g&#x00E9;nero no es incompatible con generalizaciones de alta probabilidad estad&#x00ED;stica. Sostener lo contrario ser&#x00ED;a negar la validez de las ciencias sociales.</p></fn>
	  
	  <fn id="NOTE06"><label>6</label><p>Particularmente interesante resulta el planteamiento de Myriam Miedzian (Miedzian, <xref ref-type="bibr" rid="CIT20">1995</xref>).</p></fn>
	  
	  <fn id="NOTE07"><label>7</label><p>El derecho al voto por el que debieron luchar las sufragistas es un ejemplo paradigm&#x00E1;tico. En culturas no occidentales, actualmente las mujeres reclaman, entre otros, el derecho a la herencia en igualdad con el hombre o el derecho a la tenencia de la tierra.</p></fn>
	  
	  <fn id="NOTE08"><label>8</label><p>Basta recorrer el &#x00ED;ndice de los manuales al uso para advertir la escandalosa ausencia de las creadoras. A pesar de las dificultades materiales, existieron mujeres que escribieron, pintaron, esculpieron y compusieron, pero solo ahora se comienza, parcialmente, a recordarlas. Este reconocimiento suele hacerse en obras especializadas en el quehacer cultural de las mujeres, por lo general, no es todav&#x00ED;a una actitud incorporada a la normalidad.</p></fn>
	  
	  <fn id="NOTE09"><label>9</label><p>La tematizaci&#x00F3;n de la sexualidad divide al feminismo en las tres &#x00FA;ltimas d&#x00E9;cadas. Las posiciones te&#x00F3;ricas se bifurcan y oponen a partir de la forma en que conciben las relaciones entre deseo, violencia, voluntad de dominio y sistema de g&#x00E9;nero. Ambas conectan con el pensamiento filos&#x00F3;fico previo sobre la sexualidad a trav&#x00E9;s de los conceptos de revoluci&#x00F3;n y transgresi&#x00F3;n sobre los que pivotan respectivamente (Puleo, <xref ref-type="bibr" rid="CIT29">2007</xref>).</p></fn>
	  	  
	 
     </fn-group>
	</sec>

		<ref-list>
			<title>BIBLIOGRAF&#x00CD;A</title>

			<ref id="CIT01">
			<element-citation publication-type="book">
			  <person-group person-group-type="author">
				  <name>
				  <surname>Amar y Borbón</surname>
				  <given-names>J.</given-names>
				  </name>  	  
			  </person-group>
			  <year>1994</year>  
			  <source>Discurso sobre la educación física y moral de las mujeres</source> 
			  <publisher-loc>Madrid</publisher-loc>
			  <publisher-name>Cátedra</publisher-name>
			  <comment>(ed. M.ª Victoria López-Cordón)</comment>
			</element-citation>
			</ref>

			<ref id="CIT02"> 
			<element-citation publication-type="book">
			  <person-group person-group-type="author">
				  <name>
				  <surname>Amorós</surname>
				  <given-names>C.</given-names>
				  </name>  	  
			  </person-group>
			  <year>1997</year>  
			  <source>Tiempo de feminismo. Sobre feminismo, proyecto ilustrado y postmodernidad</source> 
			  <publisher-loc>Madrid</publisher-loc>
			  <publisher-name>Cátedra</publisher-name>
			</element-citation>
			</ref>

			<ref id="CIT03">
			<element-citation publication-type="book">
			  <person-group person-group-type="author">
				  <name>
				  <surname>Amorós</surname>
				  <given-names>C.</given-names>
				  </name>  	  
			  </person-group>
			  <year>2005</year>  
			  <source>La gran diferencia y sus pequeñas consecuencias... para las luchas de las mujeres</source> 
			  <publisher-loc>Madrid</publisher-loc>
			  <publisher-name>Cátedra</publisher-name>
			</element-citation>
			</ref>

			<ref id="CIT04">
			<element-citation publication-type="book">
			  <person-group person-group-type="editor">
				  <name>
				  <surname>Amorós</surname>
				  <given-names>C.</given-names>
				  </name> 
				  <name>
				  <surname>Miguel</surname>
				  <given-names>A. de </given-names>
				  </name> 	   	  
			  </person-group>
			  <year>2005</year>  
			  <source>Historia de la teoría feminista. De la Ilustración a la globalización</source> 
			  <publisher-loc>Madrid</publisher-loc>
			  <publisher-name>Minerva</publisher-name>
			</element-citation>
			</ref>

			<ref id="CIT05">
			<element-citation publication-type="book">
			  <person-group person-group-type="author">
				  <name>
				  <surname>Beauvoir</surname>
				  <given-names>S.</given-names>
				  </name>  	   	  
			  </person-group>
			  <year>1998</year>
			  <source>El Segundo Sexo</source>
			  <publisher-loc>Madrid</publisher-loc>
			  <publisher-name>Cátedra</publisher-name>
			</element-citation> 
			</ref>

			<ref id="CIT06">
			<element-citation publication-type="book">
			  <person-group person-group-type="author">
				  <name>
				  <surname>Butler</surname>
				  <given-names>J.</given-names>
				  </name>  	   	  
			  </person-group>
			  <year>1990</year>
			  <source>Gender Trouble. Feminism and the Subversion of Identity</source>
			  <publisher-loc>New York</publisher-loc>
			  <publisher-name>Routledge</publisher-name>
			</element-citation> 
			</ref>

			<ref id="CIT07">
			<element-citation publication-type="book">
			  <person-group person-group-type="author">
				  <name>
				  <surname>Cobo</surname>
				  <given-names>R.</given-names>
				  </name>  	   	  
			  </person-group>
			  <year>1995</year>
			  <source>Fundamentos del patriarcado moderno. Jean-Jacques Rousseau</source>
			  <publisher-loc>Madrid</publisher-loc>
			  <publisher-name>Cátedra</publisher-name>
			</element-citation> 
			</ref>

			<ref id="CIT08">
			<element-citation publication-type="book">
			  <person-group person-group-type="author">
				  <name>
					  <surname>De Miguel</surname>
					  <given-names>A.</given-names>
				  </name>
				  <name>
					  <surname>Cobo</surname>
					  <given-names>R.</given-names>
				  </name>				  
			  </person-group>
			  <year>1997</year>
			  <chapter-title>Implicaciones políticas del feminismo</chapter-title>  
			  <person-group person-group-type="editor">
				  <name>
				  <surname>Quesada</surname>
				  <given-names>F.</given-names>
				  </name>	  	  
			  </person-group>  
			  <source>Filosofía política I. Ideas políticas y movimientos sociales, Enciclopedia Iberoamericana de Filosofía</source> 
			  <publisher-loc>Madrid</publisher-loc>
			  <publisher-name>Trotta</publisher-name>  
			</element-citation>
			</ref>

			<ref id="CIT09">
			<element-citation publication-type="book">
			  <person-group person-group-type="author">
				  <name>
				  <surname>Despentes</surname>
				  <given-names>V.</given-names>
				  </name>	  	  
			  </person-group>
			  <year>2006</year>
			  <source>King Kong Théorie</source> 
			  <publisher-loc>Paris</publisher-loc>
			  <publisher-name>Grasset</publisher-name>  
			</element-citation>
			</ref>

			<ref id="CIT10"> 
			<element-citation publication-type="journal">
			  <person-group person-group-type="author">
				  <name>
				  <surname>Divale</surname>
				  <given-names>W.</given-names>
				  </name>	
				  <name>
				  <surname>Harris</surname>
				  <given-names>M.</given-names>
				  </name>		  	  		  	    	  
			  </person-group>
			  <year>1978</year>
			  <article-title>The male supremacist complex: Discovery of a cultural invention</article-title> 
			  <source>American Anthropologist</source> 
			  <volume>80</volume>  
			  <fpage>668</fpage>
			  <lpage>671</lpage>      
			</element-citation>
			</ref>

			<ref id="CIT11">
			<element-citation publication-type="book">
			  <person-group person-group-type="author">
				  <name>
				  <surname>Feijoo</surname>
				  <given-names>J.</given-names>
				  </name>	  	  
			  </person-group>
			  <year>1726</year>
			  <chapter-title>Defensa de las mujeres</chapter-title>
			  <source>Teatro crítico universal. Discursos varios en todo género de materias, para desengaño de errores comunes</source>
			  <comment>Tomo I. Discurso 16, IX, 57. Biblioteca Feijoniana. Proyecto Filosofía en español (http://www.filosofia.org/bjf/bjft116.htm, consultado el 1 de abril de 2008)</comment>      
			</element-citation> 
			</ref>

			<ref id="CIT12">
			<element-citation publication-type="book">
			  <person-group person-group-type="author">
				  <name>
				  <surname>Fraisse</surname>
				  <given-names>G.</given-names>
				  </name>	  	  
			  </person-group>
			  <year>1991</year>
			  <source>Musa de la razón. La democracia excluyente y la diferencia de los sexos</source> 
			  <publisher-loc>Madrid</publisher-loc>
			  <publisher-name>Cátedra</publisher-name>  
			</element-citation>
			</ref>

			<ref id="CIT13">
			<element-citation publication-type="book">
			  <person-group person-group-type="author">
				  <name>
				  <surname>Fraser</surname>
				  <given-names>N.</given-names>
				  </name>	  	  
			  </person-group>
			  <year>1997</year>
			  <source>Iustitia interrupta. Reflexiones críticas desde la posición postsocialista</source> 
			  <publisher-loc>Bogotá</publisher-loc>
			  <publisher-name>Siglo del Hombre Editores, Universidad de los Andes</publisher-name>  
			  <comment>trad. Magdalena Holguín e Isabel Jaramillo</comment>
			</element-citation>
			</ref>

			<ref id="CIT14">
			<element-citation publication-type="book">
			  <person-group person-group-type="author">
				  <name>
				  <surname>Freud</surname>
				  <given-names>S. </given-names>
				  </name>	  	  
			  </person-group>
			  <year>1967</year>
			  <chapter-title>Algunas consecuencias psíquicas de la diferencia sexual anatómica</chapter-title> 
			  <source>Obras completas, vol. III</source> 
			  <publisher-loc>Madrid</publisher-loc>
			  <publisher-name>Biblioteca Nueva</publisher-name>  
			</element-citation>
			</ref>

			<ref id="CIT15">
			<element-citation publication-type="book">
			  <person-group person-group-type="author">
				  <name>
				  <surname>Godelier</surname>
				  <given-names>M. </given-names>
				  </name>	  	  
			  </person-group>
			  <year>1982</year>
			  <source>La production des Grands Hommes. Pouvoir et domination masculine chez les Baruya de Nouvelle Guinée</source> 
			  <publisher-loc>París</publisher-loc>
			  <publisher-name>Ed. Fayard</publisher-name>  
			</element-citation>
			</ref>

			<ref id="CIT16">
			<element-citation publication-type="book">
			  <person-group person-group-type="author">
				  <name>
				  <surname>Hartsock</surname>
				  <given-names>N.</given-names>
				  </name>  		   	  
			  </person-group>
			  <year>1985</year>  
			  <source>Money, Sex and Power</source>  
			  <publisher-loc>Boston</publisher-loc>
			  <publisher-name>Norteastern University Press</publisher-name>  
			</element-citation> 
			</ref>

			<ref id="CIT17">
			<element-citation publication-type="book">
			  <person-group person-group-type="author">
				  <name>
				  <surname>Laqueur</surname>
				  <given-names>T.</given-names>
				  </name>  		   	  
			  </person-group>
			  <year>1994</year>
			  <source>La construcción del sexo. Cuerpo y género desde los griegos hasta Freud</source> 
			  <publisher-loc>Madrid</publisher-loc> 
			  <publisher-name>Cátedra</publisher-name>
			</element-citation> 
			</ref>

			<ref id="CIT18">
			<element-citation publication-type="book">
			  <person-group person-group-type="author">
				  <name>
				  <surname>López de la Vieja</surname>
				  <given-names>T.</given-names>
				  </name>  		   	  
			  </person-group>
			  <year>2000</year>
			  <chapter-title>Ética de la diferencia, política de la igualdad</chapter-title>
			  <person-group person-group-type="editor">
				  <name>
				  <surname>López de la Vieja</surname>
				  <given-names>T.</given-names>
				  </name>  		   	  
			  </person-group>   
			  <source>Feminismo: del pasado al presente</source>   
			  <publisher-loc>Salamanca</publisher-loc> 
			  <publisher-name>Universidad de Salamanca</publisher-name>
			  <comment>pp. 51-76</comment>
			</element-citation> 
			</ref>

			<ref id="CIT19">
			<element-citation publication-type="book">
			  <person-group person-group-type="author">
				  <name>
				  <surname>López de la Vieja</surname>
				  <given-names>T.</given-names>
				  </name>  		   	  
			  </person-group>
			  <year>2004</year>  
			  <source>La mitad del mundo. Ética y crítica feminista</source>   
			  <publisher-loc>Salamanca</publisher-loc> 
			  <publisher-name>Universidad de Salamanca</publisher-name>
			</element-citation> 
			</ref>

			<ref id="CIT20">
			<element-citation publication-type="book">
			  <person-group person-group-type="author">
				  <name>
				  <surname>Miedzian</surname>
				  <given-names>M.</given-names>
				  </name>  		   	  
			  </person-group>
			  <year>1995</year>  
			  <source>Chicos son, hombres serán. Cómo romper los lazos entre masculinidad y violencia</source>   
			  <comment>Cuadernos inacabados, ed. Horas y Horas</comment>
			</element-citation> 
			</ref>

			<ref id="CIT21">
			<element-citation publication-type="book">
			  <person-group person-group-type="author">
				  <name>
				  <surname>Millet</surname>
				  <given-names>K.</given-names>
				  </name>  		   	  
			  </person-group>
			  <year>1995</year>  
			  <source>Política sexual</source>   
			  <publisher-loc>Madrid</publisher-loc> 
			  <publisher-name>Cátedra</publisher-name>
			</element-citation> 
			</ref>

			<ref id="CIT22">
			<element-citation publication-type="book">
			  <person-group person-group-type="author">
				  <name>
				  <surname>Murillo</surname>
				  <given-names>S.</given-names>
				  </name>  		   	  
			  </person-group>
			  <year>1996</year>  
			  <source>El mito de la vida privada: de la entrega al tiempo propio</source>   
			  <publisher-loc>Madrid</publisher-loc> 
			  <publisher-name>Siglo XXI</publisher-name>
			</element-citation> 
			</ref>

			<ref id="CIT23">
			<element-citation publication-type="book">
			  <person-group person-group-type="author">
				  <name>
				  <surname>Plumwood</surname>
				  <given-names>V.</given-names>
				  </name>  		   	  
			  </person-group>
			  <year>1993</year>  
			  <source>Feminism and the Mastery of Nature</source>   
			  <publisher-loc>New York</publisher-loc> 
			  <publisher-name>Roudledge</publisher-name>
			</element-citation> 
			</ref>

			<ref id="CIT24">
			<element-citation publication-type="book">
			  <person-group person-group-type="editor">
				  <name>
				  <surname>Puleo</surname>
				  <given-names>A.</given-names>
				  </name>  		   	  
			  </person-group>
			  <year>1993</year>  
			  <source>La Ilustración olvidada. La polémica de los sexos en el siglo XVIII</source>   
			  <publisher-loc>Barcelona</publisher-loc> 
			  <publisher-name>Anthropos</publisher-name>
			</element-citation> 
			</ref>

			<ref id="CIT25">
			<element-citation publication-type="book">
			  <person-group person-group-type="editor">
				  <name>
				  <surname>Puleo</surname>
				  <given-names>A.</given-names>
				  </name>  		   	  
			  </person-group>
			  <year>1996</year>  
			  <source>Figuras del Otro en la Ilustración francesa. Diderot y otros autores</source>   
			  <publisher-loc>Madrid</publisher-loc> 
			  <publisher-name>Escuela Libre Editorial</publisher-name>
			</element-citation> 
			</ref>

			<ref id="CIT26">
			<element-citation publication-type="book">
			  <person-group person-group-type="author">
				  <name>
				  <surname>Puleo</surname>
				  <given-names>A.</given-names>
				  </name>  		   	  
			  </person-group>
			  <year>2008</year>  
			  <source>El reto de la igualdad de género. Nuevas perspectivas en Ética y Filosofía Política</source>   
			  <publisher-loc>Madrid</publisher-loc> 
			  <publisher-name>Biblioteca Nueva</publisher-name>
			</element-citation> 
			</ref>

			<ref id="CIT27">
			<element-citation publication-type="book">
			  <person-group person-group-type="author">
				  <name>
				  <surname>Puleo</surname>
				  <given-names>A. H.</given-names>
				  </name>  		   	  
			  </person-group>
			  <year>2005a</year> 
			  <chapter-title>Lo personal es político: el surgimiento del feminismo radical</chapter-title>   
				<person-group person-group-type="editor">
				  <name>
				  <surname>Amorós</surname>
				  <given-names>C.</given-names>
				  </name>  	
				  <name>
				  <surname>Miguel</surname>
				  <given-names>A. de</given-names>
				  </name>  		   	  
			  </person-group> 
			  <source>Historia de la teoría feminista. De la Ilustración a la globalización</source>   
			  <publisher-loc>Madrid</publisher-loc> 
			  <publisher-name>ed. Minerva</publisher-name>
			  <comment>pp. 35-67</comment>
			</element-citation> 
			</ref>

			<ref id="CIT28">
			<element-citation publication-type="book">
			  <person-group person-group-type="author">
				  <name>
				  <surname>Puleo</surname>
				  <given-names>A. H.</given-names>
				  </name>  		   	  
			  </person-group>
			  <year>2005b</year> 
			  <chapter-title>Del ecofeminismo clásico al deconstructivo: principales corrientes de un pensamiento poco conocido</chapter-title>   
				<person-group person-group-type="editor">
				  <name>
				  <surname>Amorós</surname>
				  <given-names>C.</given-names>
				  </name>  	
				  <name>
				  <surname>Miguel</surname>
				  <given-names>A. de</given-names>
				  </name>  		   	  
			  </person-group> 
			  <source>Historia de la teoría feminista. De la Ilustración a la globalización</source>   
			  <publisher-loc>Madrid</publisher-loc> 
			  <publisher-name>ed. Minerva</publisher-name>
			  <comment>pp. 121-152</comment>
			</element-citation> 
			</ref>

			<ref id="CIT29">
			<element-citation publication-type="book">
			  <person-group person-group-type="author">
				  <name>
				  <surname>Puleo</surname>
				  <given-names>A. H.</given-names>
				  </name>  		   	  
			  </person-group>
			  <year>2007</year> 
			  <chapter-title>Philosophy, Politics and Sexuality</chapter-title>   
				<person-group person-group-type="editor">
				  <name>
				  <surname>Oliver</surname>
				  <given-names>A.</given-names>
				  </name>  	
				  <name>
				  <surname>Femenías</surname>
				  <given-names>M. L.</given-names>
				  </name>  		   	  
			  </person-group> 
			  <source>Feminist Philosophy in Latin America and Spain</source>   
			  <publisher-loc>Atlanta</publisher-loc> 
			  <publisher-name>VIPS RODOPI ed.</publisher-name>
			  <comment>pp. 187-195</comment>
			</element-citation> 
			</ref>

			<ref id="CIT30">
			<element-citation publication-type="book">
			  <person-group person-group-type="author">
				  <name>
				  <surname>Preciado</surname>
				  <given-names>B.</given-names>
				  </name>  		   	  
			  </person-group>
			  <year>2002</year>  
			  <source>Manifiesto contra-sexual</source>   
			  <publisher-loc>Madrid</publisher-loc> 
			  <publisher-name>ed. Ópera Prima</publisher-name>
			</element-citation> 
			</ref>


			<ref id="CIT31">
			<element-citation publication-type="book">
			  <person-group person-group-type="author">
				  <name>
				  <surname>Roldán</surname>
				  <given-names>C.</given-names>
				  </name>  		   	  
			  </person-group>
			  <year>1995</year>  
			  <chapter-title>El reino de los fines y su gineceo: las limitaciones del universalismo kantiano a la luz de sus concepciones antropológicas</chapter-title>   
				<person-group person-group-type="compilers">
				  <name>
				  <surname>Aramayo</surname>
				  <given-names>R.</given-names>
				  </name>
				  <name>
				  <surname>Muguerza</surname>
				  <given-names>J.</given-names>
				  </name>
				  <name>
				  <surname>Valdecantos</surname>
				  <given-names>A.</given-names>
				  </name>	  	    		   	  
			  </person-group>
			  <source>El individuo y la historia. Antinomias de la herencia moderna</source>   
			  <publisher-loc>Barcelona</publisher-loc> 
			  <publisher-name>Paidós</publisher-name>
			</element-citation> 
			</ref>

			<ref id="CIT32">
			<element-citation publication-type="book">
			  <person-group person-group-type="author">
				  <name>
				  <surname>Rousseau</surname>
				  <given-names>J.-J.</given-names>
				  </name>  		   	  
			  </person-group>
			  <year>1998</year>  
			  <source>Emilio o De la Educación</source>   
			  <publisher-loc>Madrid</publisher-loc> 
			  <publisher-name>Alianza</publisher-name>
			</element-citation> 
			</ref>

			<ref id="CIT33">
			<element-citation publication-type="book">
			  <person-group person-group-type="author">
				  <name>
				  <surname>Rubio</surname>
				  <given-names>A.</given-names>
				  </name>  		   	  
			  </person-group>
			  <year>1997</year>  
			  <source>Feminismo y ciudadanía</source>   
			  <publisher-loc>Sevilla</publisher-loc> 
			  <publisher-name>Instituto Andaluz de la Mujer</publisher-name>
			</element-citation> 
			</ref>

			<ref id="CIT34">
			<element-citation publication-type="book">
			  <person-group person-group-type="author">
				  <name>
				  <surname>Salzman</surname>
				  <given-names>J.</given-names>
				  </name>  		   	  
			  </person-group>
			  <year>1992</year>  
			  <source>Equidad y género. Una teoría integrada de estabilidad y cambio</source>   
			  <publisher-loc>Madrid</publisher-loc> 
			  <publisher-name>Cátedra</publisher-name>
			</element-citation> 
			</ref>

			<ref id="CIT35">
			<element-citation publication-type="book">
			  <person-group person-group-type="author">
				  <name>
				  <surname>Stoller</surname>
				  <given-names>R.</given-names>
				  </name>  		   	  
			  </person-group>
			  <year>1968</year>  
			  <source>Sex and Gender</source>   
			  <publisher-loc>New York</publisher-loc> 
			  <publisher-name>Science House</publisher-name>
			</element-citation> 
			</ref>

			<ref id="CIT36"> 
			<element-citation publication-type="journal">
			  <person-group person-group-type="author">
				  <name>
				  <surname>Stoller</surname>
				  <given-names>R.</given-names>
				  </name>	
				  <name>
				  <surname>Herdt</surname>
				  <given-names>G.</given-names>
				  </name>		  	  		  	    	  
			  </person-group>
			  <year>1982</year>
			  <article-title>The development of masculinity: A cross-cultural contribution</article-title> 
			  <source>Journal of the American Psychoanalytic Association</source> 
			  <volume>30</volume>  
			  <fpage>29</fpage>
			  <lpage>59</lpage>      
			</element-citation>
			</ref>


			<ref id="CIT37">
			<element-citation publication-type="book">
			  <person-group person-group-type="author">
				  <name>
				  <surname>Wollstonecraft</surname>
				  <given-names>M.</given-names>
				  </name>  		   	  
			  </person-group>
			  <year>1994</year>  
			  <source>Vindicación de los Derechos de la Mujer</source>   
			  <publisher-loc>Madrid</publisher-loc> 
			  <publisher-name>Cátedra</publisher-name>
			</element-citation> 
			</ref>

		</ref-list>

	</back>
</article>