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			<journal-id journal-id-type="publisher-id">Arbor</journal-id>
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				<journal-title>ARBOR Ciencia, Pensamiento y Cultura</journal-title>
				<abbrev-journal-title>Arbor</abbrev-journal-title>
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			<issn pub-type="epub">0210-1963</issn>
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				<publisher-name>Consejo Superior de Investigaciones Cient&#x00ED;ficas</publisher-name>
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			 <article-id pub-id-type="publisher-id">arbor.2013.763n5010</article-id>
			 <article-id pub-id-type="doi">10.3989/arbor.2013.763n5010</article-id>
			 
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			<subject>VARIA / <italic>VARIA</italic></subject>
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			  <article-title>Educaci&#x00F3;n, s&#x00ED;mbolo, tacto. M&#x00E1;s all&#x00E1; del modelo instrumental en la pedagog&#x00ED;a</article-title>
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		<trans-title>Education, symbol, tact. Beyond the instrumental model in pedagogy</trans-title>
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		<alt-title alt-title-type="running-head">Educaci&#x00F3;n, s&#x00ED;mbolo, tacto</alt-title>
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				 <surname>Santos G&#x00F3;mez</surname>
				 <given-names>Marcos</given-names>
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			  <aff id="U1">Departamento de Pedagog&#x00ED;a. Universidad de Granada</aff>
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		<pub-date pub-type="collection">
		<year>2013</year>
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		<volume>189</volume>
		<issue>763</issue>
		
		<elocation-id content-type="doi">10.3989/arbor.2013.763n5010</elocation-id>

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				<month>01</month>
				<year>2013</year>
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			<date date-type="accepted">
				<day>22</day>
				<month>07</month>
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		<copyright-statement>&#x00A9; 2013 CSIC</copyright-statement>
		<copyright-year>2013</copyright-year>
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		<license-p>Este es un art&#x00ED;culo de acceso abierto distribuido bajo los t&#x00E9;rminos de la licencia Creative Commons Attribution-Non Commercial (by-nc) Spain 3.0.</license-p>
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		<abstract xml:lang="es">
		<title>RESUMEN</title>
		<p>Argumentamos que las teor&#x00ED;as pedag&#x00F3;gicas basadas en epistemolog&#x00ED;as modernas de tipo racional instrumental no son totalmente adecuadas para abordar la educaci&#x00F3;n. Esto es as&#x00ED; porque el hombre y la relaci&#x00F3;n educativa manifiestan una enorme complejidad y una profundidad que ha de captarse interpretativamente, con una inteligencia hermen&#x00E9;utica o <italic>t&#x00E1;ctil</italic>, que se relaciona con la <italic>phronesis</italic> griega, o sabidur&#x00ED;a pr&#x00E1;ctica. Es preciso un esfuerzo por comprender lo que no puede ser jam&#x00E1;s plenamente comprendido ni iluminado, como algo de naturaleza simb&#x00F3;lica, ambigua, oscura, singular, contingente. La raz&#x00F3;n cient&#x00ED;fica que pretende iluminar plenamente y dominar resulta un medio ciego y hostil a los matices de esta realidad humana que llamamos educaci&#x00F3;n.</p>
		</abstract>
		<trans-abstract xml:lang="en">
		<title>ABSTRACT</title>
		<p>I argue that the pedagogical theories based on modern epistemologies of instrumental reason are not entirely suited to studying education. This is due to the huge complexity and depth of man and education, which needs to be captured interpretively, with a hermeneutic or <italic>tactile</italic> intelligence, which is the Greek <italic>phronesis</italic>, or practical wisdom. This requires an effort to understand what can never be fully understood or illuminated, considered something symbolic, ambiguous, dark, singular, and contingent. Scientific reasoning, which aims to fully illuminate and master it is taking the wrong approach and one that is hostile to the nuances of this human reality called “education”.</p>
		</trans-abstract>
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			<title>PALABRAS CLAVE</title>
			<kwd>Hermen&#x00E9;utica</kwd>
			<kwd>S&#x00ED;mbolo</kwd>
			<kwd>Phronesis</kwd>
			<kwd>Raz&#x00F3;n</kwd>
			<kwd>Filosof&#x00ED;a de la educaci&#x00F3;n</kwd>
			<kwd>Educaci&#x00F3;n</kwd>
		</kwd-group>
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			<title>KEYWORDS</title>
			<kwd>Hermeneutics</kwd>
			<kwd>Symbol</kwd>
			<kwd>Phronesis</kwd>
			<kwd>Reason</kwd>
			<kwd>Philosophy of education</kwd>
			<kwd>Education</kwd>
		</kwd-group>
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	<body>
	
				
		<sec id="S1">
			<title>1. INTRODUCCI&#x00D3;N: HACIA UNA ALTERNATIVA AL MODELO INSTRUMENTAL </title>
			
			<p>En la actual investigaci&#x00F3;n educativa debemos plantearnos si lleva a buen puerto el paradigma epistemol&#x00F3;gico instrumental con su cl&#x00E1;sico desdoblamiento entre una raz&#x00F3;n te&#x00F3;rica que piensa y abarca desde un punto privilegiadamente neutro ese otro lugar llamado “pr&#x00E1;ctica”. O sea, se trata de replantear el papel de la raz&#x00F3;n en la forma en que esta es utilizada <italic>as&#x00E9;pticamente </italic>para analizar una realidad objetivada. Este asunto es hoy un tema candente ya que este paradigma t&#x00ED;picamente moderno subyace al modelo de las competencias, que puede venir a ser, en sus distintas versiones, el del sujeto capacitado para operar en un mundo a su disposici&#x00F3;n, el del sujeto que adquiere t&#x00E9;cnicas para desenvolverse en un medio que lo desaf&#x00ED;a y es capaz de afrontar los problemas planteados por la supervivencia en dicho medio.  </p>
			
			<p>Filos&#x00F3;ficamente, esto se vincula con un modelo instrumental de raz&#x00F3;n en el que esta es un medio para conseguir fines, una suerte de &#x00FA;til que emplea el sujeto para sobrevivir y medrar en el medio ejercitando su dominio sobre el mismo. Tal vez en el discurso de las competencias exista un abanico de posibilidades mayor que el representado por las posibilidades espec&#x00ED;ficas contenidas en una mera raz&#x00F3;n instrumental y t&#x00E9;cnica objetivante. Pero si no fuese as&#x00ED;, estar&#x00ED;amos ante una nueva versi&#x00F3;n del cl&#x00E1;sico mal de la modernidad ya tantas veces diagnosticado, consistente en una reducci&#x00F3;n de la raz&#x00F3;n que obliga asimismo a una reducci&#x00F3;n del sujeto y, como en toda reducci&#x00F3;n, a una serie de olvidos, mutilaciones e invisibilizaciones de distinta &#x00ED;ndole, que se han se&#x00F1;alado abundantemente en la historia de la filosof&#x00ED;a contempor&#x00E1;nea. La dial&#x00E9;ctica de una raz&#x00F3;n instrumental, que tiende a ejercer su dominio contra el propio sujeto que se vale de ella para dominar el mundo, ser&#x00ED;a uno de los se&#x00F1;alados peligros (Horkheimer y Adorno, <xref ref-type="bibr" rid="CIT18">2001</xref>).  </p>
			
			<p>Por un lado, esta reducci&#x00F3;n epistemol&#x00F3;gica muestra, a mi juicio, un d&#x00E9;ficit en la comprensi&#x00F3;n del hombre, y por otro lado, tambi&#x00E9;n implica un empobrecimiento existencial, en la medida en que como indicaba el subt&#x00ED;tulo de una conocida obra de Adorno, la vida resulta da&#x00F1;ada (Adorno, <xref ref-type="bibr" rid="CIT01">2003</xref>). De hecho, en no pocas ocasiones desde la propia pedagog&#x00ED;a se ha venido criticando los excesos de un modelo emp&#x00ED;rico explicativo de corte restringidamente positivista en el estudio cient&#x00ED;fico de la educaci&#x00F3;n (Gordillo, <xref ref-type="bibr" rid="CIT16">1992</xref>, 182-184). Como afirma P&#x00E9;rez Luna con clarividencia: “La pedagog&#x00ED;a que se someti&#x00F3; a las directrices de la raz&#x00F3;n instrumental atent&#x00F3; contra la libertad, se hizo pedagog&#x00ED;a silenciosa, pedagog&#x00ED;a sin voz, por ella hablaba un proyecto de reducci&#x00F3;n del hombre y de toda idea emancipatoria” (P&#x00E9;rez Luna, <xref ref-type="bibr" rid="CIT32">2003</xref>, 94). </p>
			
			<p>Un recomendable art&#x00ED;culo de Jos&#x00E9; Antonio Zamora (<xref ref-type="bibr" rid="CIT37">2009</xref>) diagnostica certeramente lo que est&#x00E1; ocurriendo en el mundo de la ense&#x00F1;anza, teniendo como referencia la filosof&#x00ED;a de Adorno. “La formaci&#x00F3;n reducida a cualificaci&#x00F3;n profesional se orienta unidimensionalmente a la promoci&#x00F3;n de aquellas capacidades y talentos que prometen una utilidad econ&#x00F3;mica actual. Y las instituciones educativas son evaluadas por el mismo criterio, es decir, seg&#x00FA;n sirvan o no al proceso productivo, a aumentar la competitividad de la econom&#x00ED;a o a mejorar las oportunidades de ingreso y ascenso de quienes pasan por ellas” (Zamora, <xref ref-type="bibr" rid="CIT37">2009</xref>, 39). Suscribimos plenamente los temores de Zamora de que “La iniciativa individual y la libertad de investigaci&#x00F3;n puede verse muy mermada por la tendencia observable en esa estructura a la estandarizaci&#x00F3;n y el control, la planificabilidad y la comparabilidad” (Zamora, <xref ref-type="bibr" rid="CIT37">2009</xref>, 41). La constante exigencia de cumplir con los requisitos del mercado laboral y de una preparaci&#x00F3;n t&#x00E9;cnica fren&#x00E9;tica para no sufrir la exclusi&#x00F3;n, tiene, afirma Zamora, un efecto devastador: “supone el triunfo de la ideolog&#x00ED;a economicista neoliberal en el plano de la automercantilizaci&#x00F3;n de los individuos, que han de estar dispuestos a relativizar sus rasgos personales o incluso a no formar ninguna personalidad en el sentido cl&#x00E1;sico para adaptarse flexiblemente a las condiciones r&#x00E1;pidamente cambiantes del mercado” (Zamora, <xref ref-type="bibr" rid="CIT37">2009</xref>, 43).  </p>
			
			<p>Frente a este somero diagn&#x00F3;stico, creo que la pedagog&#x00ED;a deber&#x00ED;a cumplir una funci&#x00F3;n de resistencia a estas din&#x00E1;micas mercantilistas que echan mano de modelos instrumentales de racionalidad. De hecho, la pedagog&#x00ED;a ser&#x00ED;a m&#x00E1;s <italic>&#x00FA;til</italic> si no se centrara tanto en ofrecer respuestas, sino en interrogar(se), en sospechar de sus propias explicaciones y en introducir elementos discrepantes y marginales en su discurso. As&#x00ED; cabr&#x00ED;a entender una pedagog&#x00ED;a y por ende una escuela y universidad comprometidas con la sociedad, en la medida en que actuaran como instancias cr&#x00ED;ticas. </p>
			
			<p>En este trabajo deseo traer a colaci&#x00F3;n una alternativa a este paradigma instrumental de la modernidad instalado impl&#x00ED;citamente en parte de la pedagog&#x00ED;a actual. Para ello hay que atender a la filosof&#x00ED;a, como propone a los educadores el profesor Joaqu&#x00ED;n Esteban (<xref ref-type="bibr" rid="CIT12">2002</xref>). &#x00C9;ste expone una concepci&#x00F3;n de la pedagog&#x00ED;a inspirada en la filosof&#x00ED;a hermen&#x00E9;utica de Gadamer que, entre otras implicaciones, permite una conexi&#x00F3;n entre teor&#x00ED;a y pr&#x00E1;ctica en la pedagog&#x00ED;a, como se ha se&#x00F1;alado en alg&#x00FA;n otro art&#x00ED;culo (VanderVen, <xref ref-type="bibr" rid="CIT36">2009</xref>).  </p>
			
			<p>Recordemos que el pensamiento de Gadamer (<xref ref-type="bibr" rid="CIT13">2002</xref> y <xref ref-type="bibr" rid="CIT14">2003</xref>) es un intento de, como se ha dicho, “urbanizar la provincia heideggeriana”, es decir, dotar de un cierto contenido lo que en Heidegger queda s&#x00F3;lo en el aire como mera “facticidad”. Se trata de ese fondo desde el que el <italic>Dasein</italic> emprende su autocomprensi&#x00F3;n y la comprensi&#x00F3;n de aquello que se revela oblicuamente, impresentemente presente, como es el Ser. El hombre, sujeto o, m&#x00E1;s propia y heideggerianamente, “<italic>Dasein</italic>”, es el pastor del Ser, el ente que trata con el Ser, en cuyo trato con el Ser le va su ser. As&#x00ED;, Heidegger retrotrae la filosof&#x00ED;a (y la existencia) a un sobrecogedor nivel ontol&#x00F3;gico, a una sima, en la que Gadamer halla que la interpretaci&#x00F3;n y la auto-comprensi&#x00F3;n se hace como inmersi&#x00F3;n en tradiciones que dotan de horizontes de sentido, de fines, de perspectivas.  </p>
			
			<p>El hombre est&#x00E1; condenado a carecer de los antiguos fundamentos s&#x00F3;lidos de un Ser descrito como un ente que, en el platonismo, explicaba y orientaba la existencia del propio hombre. Ya no hay m&#x00E1;s que una sucesi&#x00F3;n de relatos, historias que ciertamente nos explican y orientan pero d&#x00E9;bilmente, o sea, con un cierto velo, con un aire difuso, veteado de nada y de incertidumbre. </p>
			
			<p>Obviamente, la ontolog&#x00ED;a d&#x00E9;bil, entendida como hermen&#x00E9;utica del sujeto y relacionada con una existencia que se auto-interpreta y que se sit&#x00FA;a en un contingente contexto (comunitario), rechaza la epistemolog&#x00ED;a que era capaz de establecer sentidos y &#x00F3;rdenes firmes en el mundo y en lo humano. Esta epistemolog&#x00ED;a, que puede funcionar bien para la ciencia, es un peligro, por reduccionista, si la intentamos aplicar a la comprensi&#x00F3;n del hombre-sujeto y de la existencia. Sencillamente, la epistemolog&#x00ED;a basada en un m&#x00E9;todo aprior&#x00ED;stico que analiza, establece leyes y deduce, no puede decir nada sobre la existencia. Pero todav&#x00ED;a m&#x00E1;s, la propuesta del profesor Joaqu&#x00ED;n Esteban (<xref ref-type="bibr" rid="CIT12">2002</xref>) es que dicha epistemolog&#x00ED;a y dicho paradigma moderno tampoco valen para educar de manera efectiva o por lo menos para entender qu&#x00E9; hacemos cuando educamos. Este autor se sit&#x00FA;a en un t&#x00E9;rmino medio, entre el mencionado racionalismo fuerte de la modernidad o del platonismo y otro exceso: el relativismo.  </p>
			
			<p>Seg&#x00FA;n Esteban (<xref ref-type="bibr" rid="CIT12">2002</xref>), el educando ir&#x00ED;a insert&#x00E1;ndose en su medio al ser educado por este mismo medio o por el educador-mediador, pero nunca como agente capaz de distanciarse y dominar al modo instrumental su propio medio lejos de todo prejuicio. Educarse es impregnarse de un entorno, de una atm&#x00F3;sfera que nutre las preguntas y orienta el pensamiento, previa a todo uso instrumental de la raz&#x00F3;n y a toda apuesta por una epistemolog&#x00ED;a de raigambre cartesiana. As&#x00ED; que el profesor Joaqu&#x00ED;n Esteban valora el papel de la memoria en la educaci&#x00F3;n, pero no una memoria entendida como instrumento t&#x00E9;cnico, como c&#x00FA;mulo de datos e instrucciones, sino como ese entorno o tradici&#x00F3;n en el sentido que estamos indicando. Educarse ser&#x00ED;a tomar contacto con esa materia, hacerse cada vez m&#x00E1;s uno con ella y desde ella hacer brotar las preguntas y la teor&#x00ED;a. Toda toma de distancia reflexiva presupone esta previa hermen&#x00E9;utica, como tarea anterior de comprensi&#x00F3;n y de adquisici&#x00F3;n-construcci&#x00F3;n del sujeto. En las palabras empleadas por Esteban, educar ser&#x00ED;a entrar en contacto con la cultura y con la historia como algo complejo, inasible del modo reduccionista con que trata de hacerlo el paradigma moderno de comprensi&#x00F3;n de la historia o de la pedagog&#x00ED;a. Esto implica que el educador debe ante todo desarrollar un estar en sinton&#x00ED;a, un “talante” o “tacto” pedag&#x00F3;gicos, no tanto como empleo de m&#x00E9;todos a priori o de t&#x00E9;cnicas did&#x00E1;cticas, sino como di&#x00E1;logo con el educando y el medio com&#x00FA;n (cultura, historia) que arranque siempre a posteriori, tras la inmersi&#x00F3;n en la pr&#x00E1;ctica.  </p>
			
		</sec>
			
			
			
		<sec id="S2">
			<title>2. EL TACTO PEDAG&#x00D3;GICO </title>
			
			<p>La palabra educaci&#x00F3;n nos remite a un tiempo humano, concreto, dual; a un acontecer que se nos impone en nuestro trato con un Otro que se cuela en nuestro mundo, en nuestra firme seguridad, en nuestras certezas. El ni&#x00F1;o introduce un m&#x00E1;s all&#x00E1;, un futuro de posibilidades y novedad-natalidad (B&#x00E1;rcena, <xref ref-type="bibr" rid="CIT03">2002</xref>), y simult&#x00E1;neamente un presente singular&#x00ED;simo.  </p>
			
			<p>La relaci&#x00F3;n previa a todo estudio te&#x00F3;rico emprendido por la pedagog&#x00ED;a, entendida como ciencia o reflexi&#x00F3;n que los padres establecen con los ni&#x00F1;os, es una relaci&#x00F3;n de cuidado, de acogida, de receptividad. La cara del ni&#x00F1;o con sus grandes ojos exige al adulto que vele por &#x00E9;l y de su rostro emana, como dir&#x00ED;a Levinas, una suerte de imperativo &#x00E9;tico que siendo universalizado y extendido al g&#x00E9;nero humano, se manifiesta en el mandato “no matar&#x00E1;s” (Levinas, <xref ref-type="bibr" rid="CIT20">1977</xref>). Es una ley sin palabras, porque se alza previa a la palabra creadora, como condici&#x00F3;n de la misma. &#x00C9;sta es la teor&#x00ED;a a la que apunta la cara del ni&#x00F1;o, la obligaci&#x00F3;n de velar por su vida y, todav&#x00ED;a m&#x00E1;s, por su futuro. Cuando se est&#x00E1; con un ni&#x00F1;o se est&#x00E1; tambi&#x00E9;n con su futuro; un futuro propio al que sin embargo no se debe sacrificar el presente. En el ni&#x00F1;o, de hecho, se concretizan dos tiempos: futuro y presente, el futuro por hacer y el singular&#x00ED;simo instante. Ambos inciertos y requeridos de protecci&#x00F3;n y cuidado.  </p>
			
			<p>Una consecuencia de este enraizamiento de lo educativo en lo m&#x00E1;s personal y concreto del ni&#x00F1;o es que nunca deber&#x00ED;amos perder de vista lo concreto en la reflexi&#x00F3;n te&#x00F3;rica o en la ense&#x00F1;anza universitaria que se da a futuros maestros. Me refiero a que, aunque se ense&#x00F1;en m&#x00E9;todos, did&#x00E1;cticas, t&#x00E9;cnicas de ense&#x00F1;anza, hay una cualidad esencial que es en s&#x00ED; lo m&#x00E1;s espec&#x00ED;ficamente pedag&#x00F3;gico o educativo, como un <italic>tacto</italic>. Es una sensibilidad que consiste en la buena lectura que uno hace de ese momento pr&#x00E1;ctico, de ese ambiente concreto, de esa situaci&#x00F3;n de educaci&#x00F3;n y del estado del ni&#x00F1;o. Hay que advertir que la psicolog&#x00ED;a ayuda pero eso no implica que reduzcamos este <italic>tacto</italic> al conocimiento y m&#x00E9;todo espec&#x00ED;ficos de la psicolog&#x00ED;a. Es m&#x00E1;s que eso, porque estamos hablando de la capacidad de ser demandado por la llamada que es en s&#x00ED; el Otro y de preocuparse por su presente y su porvenir. Es un ponerse en la situaci&#x00F3;n de hacerse cargo del destino del ni&#x00F1;o como persona que va, que se hace, que est&#x00E1; siendo, que requiere un porvenir y que tiene unas posibilidades por conquistar. Es responsabilidad. Hay en esta relaci&#x00F3;n educativa un obvio desnivel, porque el educador tiene autoridad, <italic>auctoritas</italic>, ganada d&#x00ED;a a d&#x00ED;a y concedida por el ni&#x00F1;o (la autoridad del adulto se la da el ni&#x00F1;o y el adulto se la gana). </p>
			
			<p>Estas ideas son desarrolladas, a partir de ejemplos pr&#x00E1;cticos, con im&#x00E1;genes concretas, por el catedr&#x00E1;tico de educaci&#x00F3;n de origen holand&#x00E9;s Max van Manem (<xref ref-type="bibr" rid="CIT22">1998</xref>). Su objetivo es abandonar los abundantes enfoques psicologistas en pedagog&#x00ED;a y acudir a una visi&#x00F3;n m&#x00E1;s pr&#x00F3;xima a la filosof&#x00ED;a, de raigambre hermen&#x00E9;utica y fenomenol&#x00F3;gica, en la medida en que se elude la ontolog&#x00ED;a de lo factual (positivismo) para ir, por el contrario, a lo f&#x00E1;ctico, al mundo de la vida, a la inmersi&#x00F3;n en el contexto dif&#x00ED;cilmente captable con la mirada positivista y los instrumentos del psic&#x00F3;logo. No hay un rechazo, por supuesto, de la psicolog&#x00ED;a con sus m&#x00E9;todos habituales, sino un adentrarse m&#x00E1;s hondo de lo que resulta posible para ella con dichos m&#x00E9;todos. De este modo, el pedagogo de formaci&#x00F3;n o inspiraci&#x00F3;n filos&#x00F3;fica se sumerge en ese tiempo que he calificado al principio como “humano”, “concreto”, “dual”, ese lugar singular en el que hay que situarse y estar para comprender el proceso educativo. Advirtamos que ello no se opone a la disposici&#x00F3;n de una cierta racionalidad u objetividad dada sobre el terreno, sobre la marcha, similar a la del actor que sopesa su actuaci&#x00F3;n mientras hace su papel en la obra de teatro. As&#x00ED; se ha destacado no s&#x00F3;lo por Manem sino por alg&#x00FA;n otro autor (Clark, <xref ref-type="bibr" rid="CIT10">2005</xref>). </p>
			
			<p>Hay, por tanto, raz&#x00F3;n y captaci&#x00F3;n racional de lo que ocurre, pero no al modo objetivante propio de la ciencia positivista que, seg&#x00FA;n Manem, no llega al todo que constituye el proceso o acto educativo. De hecho, el educador reflexiona, pero lo hace inmerso en su tarea y a partir de lo que le ocurre en ella. Hay una prioridad de lo pr&#x00E1;ctico en el pensamiento pedag&#x00F3;gico, porque la pedagog&#x00ED;a es un saber te&#x00F3;rico que es sin embargo eminentemente pr&#x00E1;ctico (es “teor&#x00ED;a pr&#x00E1;ctica” podr&#x00ED;a afirmarse, aunque suene contradictorio). </p>
			
			<p>El conocimiento pedag&#x00F3;gico se encarna en lo que Manem llama “tacto pedag&#x00F3;gico” que es una suerte de sensibilidad situacional, dada en una situaci&#x00F3;n educativa, de la que se extraen consideraciones para una acci&#x00F3;n prudente, equilibrada, eficaz, encaminada a obtener un bien en el ni&#x00F1;o. Es lo que para Manem suple a las t&#x00E9;cnicas cuando estas son entendidas en un sentido de raz&#x00F3;n estrat&#x00E9;gica. El tacto no es una racionalidad estrat&#x00E9;gica, de medios-fines, que pueda planificar en funci&#x00F3;n de unos objetivos claros, aunque presuponga una cierta reflexi&#x00F3;n en la inmersi&#x00F3;n pr&#x00E1;ctica y previa, anticipadora. Lo bueno que espera obtenerse para el ni&#x00F1;o viene dado por una tradici&#x00F3;n y por ejemplos anteriores que est&#x00E1;n en la memoria (en gran parte inconsciente y corporal) del maestro. De hecho, el modo en que se aprende y ejercita el tacto es mediante ejemplos y situaciones &#x00FA;nicas, que es como, precisamente, estructura su libro Manem (<xref ref-type="bibr" rid="CIT22">1998</xref>), como un enorme c&#x00FA;mulo de elocuentes ejemplos que expresan sin definiciones cerradas lo que es el tacto, mostrando el tacto en acci&#x00F3;n. Vemos que lo que se pone en marcha es una especie de inteligencia interpretativa, intuici&#x00F3;n moral pr&#x00E1;ctica, sensibilidad y receptividad hacia la subjetividad de los ni&#x00F1;os y capacidad de improvisaci&#x00F3;n en el trato con ellos. Debemos resaltar, en este sentido, que recientemente se ha publicado un art&#x00ED;culo que describe una aplicaci&#x00F3;n creativa del modo fenomenol&#x00F3;gico de comprensi&#x00F3;n interpretativa y “t&#x00E1;ctil” de la realidad por parte del educador en un caso concreto, propuesto por Manem, que puede ser le&#x00ED;do y valorado paralelamente a lo que aqu&#x00ED; vamos desarrollando a un nivel m&#x00E1;s especulativo (Ayala, <xref ref-type="bibr" rid="CIT02">2011</xref>). </p>
			
			<p>La raz&#x00F3;n objetivante y t&#x00E9;cnica se nos torna impotente para comprender la pedagog&#x00ED;a en &#x00FA;ltima instancia porque lo que sucede en una clase resulta casi imposible que sea descrito en sus t&#x00E9;rminos, porque resiste toda conceptualizaci&#x00F3;n. Es decir, si intentamos describir o explicar lo que sucede en el aula con la distancia propia de la reflexi&#x00F3;n convencional, ya no estamos en el nivel propio de la situaci&#x00F3;n pedag&#x00F3;gica y no podemos captar su tiempo. Se requiere una cierta reflexi&#x00F3;n semejante a una consciencia, dice Manem, a un estar consciente en dicha situaci&#x00F3;n. La clase, desde la perspectiva del profesor, es una “consciencia” que sin llegar a ser plenamente distancia reflexiva, ya que se halla inmersa en lo que all&#x00ED; est&#x00E1; sucediendo, es un continuo anticipar, ajustarse, modificar, que podemos llamar, acaso en un sentido muy amplio, “di&#x00E1;logo”. Se trata de un pensamiento el que el profesor desarrolla durante la clase, pero un pensamiento concreto, m&#x00F3;vil, en acci&#x00F3;n.  </p>
			
			<p>Para lograr esta habilidad o sensibilidad, se requiere una inmersi&#x00F3;n previa en los ejemplos, en la praxis educativa, en la tradici&#x00F3;n y por supuesto una cierta reflexi&#x00F3;n tanto a posteriori como anticipativa. Esto &#x00FA;ltimo es lo que se desarrolla en una programaci&#x00F3;n, es decir, una anticipaci&#x00F3;n de las posibles situaciones en un aula, un curso de una asignatura o materia, (que en los niveles m&#x00E1;s superiores de la ense&#x00F1;anza reglada constituir&#x00ED;a un tercer elemento fundamental, de los que participar&#x00ED;an en el tiempo pedag&#x00F3;gico). De hecho, como ocurre en el teatro o la m&#x00FA;sica, el gui&#x00F3;n hay que prepararlo bien y cuanto m&#x00E1;s concienzudamente preparado est&#x00E9;, la improvisaci&#x00F3;n requerida por la flexibilidad consustancial a lo contingente y temporal de la situaci&#x00F3;n pedag&#x00F3;gica ser&#x00E1; m&#x00E1;s justa, el tacto pedag&#x00F3;gico funcionar&#x00E1; mejor. Esa suerte de inteligencia pr&#x00E1;ctica que ya algunos griegos describieron como <italic>Phronesis </italic>(Arist&#x00F3;teles), como una reflexi&#x00F3;n veloz, sobre la marcha, en la <italic>doxa</italic>, inmersa en la vida, requiere, en una aparente paradoja, una previa estructuraci&#x00F3;n y entrenamiento<xref ref-type="fn" rid="NOTE01">1</xref>.  </p>
			
		</sec>
			
					
		<sec id="S3">
			<title>3. LO SIMB&#x00D3;LICO COMO SUSTRATO DE LO EDUCATIVO </title>
			
			<p>Como hemos se&#x00F1;alado, la educaci&#x00F3;n implica una acci&#x00F3;n dif&#x00ED;cilmente conceptualizable porque entronca con la compleja realidad humana, con la realidad humana educativa que es una re-creaci&#x00F3;n constante. Pero no confundamos lo nuevo con lo nacido de la nada y el propio Manem alud&#x00ED;a al papel de mediador que hace el profesor, entre una tradici&#x00F3;n y el ni&#x00F1;o. El ni&#x00F1;o es ni&#x00F1;o, como en general el hombre es hombre por mediaci&#x00F3;n de una influencia, siendo dicha influencia lo que propiamente denominamos “educaci&#x00F3;n”. </p>
			
			<p>Esa invisible atm&#x00F3;sfera, que sin embargo resulta activamente operante, ese h&#x00E1;lito de vida, que nos rodea e impregna, entra&#x00F1;ablemente, viene exhalado por quienes apenas son ya polvo. Ese fondo es el que el profesor Joan-Carles Mèlich investiga en alguno de sus trabajos (<xref ref-type="bibr" rid="CIT27">2004a</xref>). Un fondo que no puede ser alcanzado con armas conceptuales porque est&#x00E1; m&#x00E1;s all&#x00E1; de lo conceptual. En palabras de Mèlich, se trata de un universo simb&#x00F3;lico y no s&#x00ED;gnico que, contra lo que pretendiera Freud, no puede ser interpretado en un sentido positivista. Uno debe sumergirse en &#x00E9;l, como en la literatura o en los mitos, y probar hermen&#x00E9;uticas aproximativas. Mèlich (<xref ref-type="bibr" rid="CIT27">2004a</xref>) valora, sobre todo, la hermen&#x00E9;utica emprendida por Girard, que encuentra fruct&#x00ED;fera en cuanto clave para entender acontecimientos en el aula. Se tratar&#x00ED;a de estudiar la escuela y la educaci&#x00F3;n en general como lo har&#x00ED;a un antrop&#x00F3;logo que se sumergiera en la vida de los otros, capaz de trastocar su mundo propio y desdoblarse viendo con los ojos de los otros. </p>
			
			<p>En realidad, filos&#x00F3;ficamente nos ubicamos en lo iniciado por el Husserl tard&#x00ED;o, con su noci&#x00F3;n de “mundo de la vida”, por la cual entend&#x00ED;a ese sustrato precient&#x00ED;fico, preconceptual, dador de sentidos, de horizontes, previo a toda significaci&#x00F3;n y a todo lenguaje, en el que nos hallamos inmersos de hecho, arrojados, de alg&#x00FA;n modo arrastrados, como en una corriente, y que determina contextualmente, no causalmente, a modo de atm&#x00F3;sfera el mundo de la claridad que llamamos ciencia, raz&#x00F3;n o verbo.  </p>
			
			<p>La educaci&#x00F3;n es tambi&#x00E9;n algo simb&#x00F3;lico, ambiguo, referido a esa penumbra incierta. La palabra que podemos emplear adem&#x00E1;s, conectando con la perspectiva de Gadamer, es “tradici&#x00F3;n”. Hay pues una tradici&#x00F3;n, pero por tradici&#x00F3;n debemos entender una cosa antes oscura que clara, y, siguiendo a Mèlich, antes simb&#x00F3;lica y m&#x00ED;tica que s&#x00ED;gnica y conceptual. No se trata de un r&#x00E9;gimen de ideas, sino de palabras en cuanto condensaciones o campos de connotaciones, constituyendo aperturas antes que cierres de significados. Es el mundo del poeta. Un mundo de creaci&#x00F3;n, amplitud y ramificaciones. Un mundo que se desdobla, de espejos que se reflejan en otros espejos. Eso es la tradici&#x00F3;n. En el fondo una nada. Pero una nada que aunque se sustenta en una nada, nos da la sensaci&#x00F3;n de ser algo.  </p>
			
			<p>Pero necesitamos creer que somos algo. Y para creer eso necesitamos las complejas construcciones y los espejismos de la tradici&#x00F3;n de s&#x00ED;mbolos que se desdoblan y que en el fondo, lo dec&#x00ED;a Borges y parece que Girard apunta a lo mismo seg&#x00FA;n Mèlich, llegan a unos pocos arquetipos. Ese origen, ese centro, esos centros, nos dan la sensaci&#x00F3;n de estar en alg&#x00FA;n sitio, de saber d&#x00F3;nde estamos, de conocer a d&#x00F3;nde nos dirigimos. Mèlich lo evoca y tambi&#x00E9;n alude al drama de nuestra &#x00E9;poca en la cual los <italic>centros</italic> ahora parecen ser muchos. </p>
			
			<p>Esta tensi&#x00F3;n vertebra la escuela. La necesidad de un centro del laberinto. Borges dec&#x00ED;a en alguna entrevista que el horror no era que en el centro de todo hubiera un infierno o un dios malo, sino que sencillamente no hubiera centro. Eso es lo que peor puede soportar el hombre y por eso mismo creamos mitos y somos simb&#x00F3;licos. Esa es nuestra noche y nuestra penumbra, que, seg&#x00FA;n Mèlich, gran parte de la pedagog&#x00ED;a ha eludido. &#x00C9;l reivindica un reencuentro con esta naturaleza simb&#x00F3;lica nuestra, que puede hallarse en la literatura f&#x00E1;cilmente, en grandes novelas y autores (Mèlich, <xref ref-type="bibr" rid="CIT26">2003</xref>). Todo esto no supone una vuelta a un extremo irracionalista, advierte, sino que asumimos otro modo de raz&#x00F3;n, otra racionalidad, una raz&#x00F3;n simb&#x00F3;lica que busca pensar connotativamente, pensar lo ambiguo, lo inseguro, lo incierto, de un modo vibrante. Se trata de que ampliemos nuestra noci&#x00F3;n de raz&#x00F3;n, de manera que abordemos las zonas de la realidad que, con el modo restringido positivista, deb&#x00ED;amos dejar de lado.  </p>
			
			<p>Ahora se trata de asumir que en efecto somos en gran parte seres simb&#x00F3;licos que no pueden vivir sin relatos, relatos que nos motivan e implican afectivamente, compuestos de s&#x00ED;mbolos, con ritos, de mitos al fin y al cabo. Creo que ese subsuelo est&#x00E1; y estar&#x00E1; siempre y no pertenece como muy bien recuerda Mèlich, contra Levi Strauss y otros, a una infancia de la humanidad. Pero la madurez s&#x00ED; existe, a mi juicio. La madurez de la humanidad ser&#x00ED;a la capacidad de cribar, comparar, analizar, sopesar, valorar y extraer las consecuencias de los distintos relatos, de las distintas tradiciones que nos constituyen y sustentan. Es una labor ardua y casi imposible, ya que como dec&#x00ED;a Gadamer para pensar necesitamos prejuicios y tal vez sea as&#x00ED;, y no exista la posibilidad de esa ilustraci&#x00F3;n ingenua, cartesiana, de un pensar neutro, absolutamente exterior. Pero s&#x00ED; es posible una comparaci&#x00F3;n, un trabajoso sopesar. Se vive en la relaci&#x00F3;n y se cambian o matizan las perspectivas y las posiciones, porque siempre estamos en lugares relativos, que aun siendo relativos, pueden cambiar y ampliar (o reducir) perspectivas y miradas. </p>
			
		</sec>
			
		<sec id="S4">
			<title>4. PEDAGOG&#x00CD;A DE LA FINITUD </title>
			
			<p>Cabe, pues, esbozar una pedagog&#x00ED;a de la finitud, consecuente con el car&#x00E1;cter finito, contingente, inacabado de la existencia humana. El profesor Mèlich acude a lo antropol&#x00F3;gico para sustentar en ello, en su incierto suelo, una vacilante praxis pedag&#x00F3;gica que es po&#x00E9;tica, literaria, narrativa en un sentido que conecta con planteamientos filos&#x00F3;ficos pr&#x00F3;ximos a Gadamer y sobre todo a Ricoeur (Kemp, <xref ref-type="bibr" rid="CIT19">2006</xref>, 174-177). En la literatura se encuentran claves, seg&#x00FA;n Mèlich, para el encuentro con las limitaciones espacio temporales del hombre, que sirvan para exorcizar la demonizaci&#x00F3;n que ocurre cuando lo relativo es elevado a absoluto, cuando lo relativo es, inapropiadamente, absolutizado, perdiendo su car&#x00E1;cter contingente y pasando a ocupar como un todo el conjunto de lo real. Mèlich (<xref ref-type="bibr" rid="CIT25">2002</xref>) subraya la temporalidad y la memoria como parte de una pedagog&#x00ED;a que resit&#x00FA;e en la metamorfosis a las personas. La literatura, en particular, nos reconcilia con nuestra consustancial finitud si aprendemos que hay tantas lecturas como lectores, que son posibles innumerables lecturas de un mismo texto porque el texto es algo inacabado, no logrado, finito, que nos transmite, por tanto, ese car&#x00E1;cter antimetaf&#x00ED;sico que podemos extrapolar a la &#x00E9;tica como relaci&#x00F3;n con los otros, relaci&#x00F3;n en perpetua reconsideraci&#x00F3;n, como reconstituci&#x00F3;n con la alteridad desafiante (Mèlich, <xref ref-type="bibr" rid="CIT30">2011</xref>).  </p>
			
			<p>En este discurso que enfatiza el desaf&#x00ED;o de la alteridad exteriorizante, lo que se se&#x00F1;ala es el papel de una negatividad impugnadora como tensi&#x00F3;n, el lugar de una dial&#x00E9;ctica que pone el &#x00E9;nfasis en lo no logrado, de lo que resta, de lo que no est&#x00E1;, de lo ausente. As&#x00ED;, en una teor&#x00ED;a del lenguaje, cobrar&#x00ED;a mayor importancia, por ejemplo, lo no dicho que lo dicho. Hay en el mundo, en la palabra, en la memoria, una serie de vac&#x00ED;os, de no lugares, que son tambi&#x00E9;n constituyentes, como magnitudes negativas, como densidades o presentes impresencias que una pedagog&#x00ED;a de la finitud habr&#x00E1; de considerar y que, en t&#x00E9;rminos morales, tienen que ver con la experiencia del mal, cuyo punto de m&#x00E1;xima densidad ha sido Auschwitz (Mèlich, <xref ref-type="bibr" rid="CIT28">2004b</xref>). Como afirma el profesor Reyes Mate: “Lo sorprendente de la memoria es que nos hace ver que de la realidad forma parte tambi&#x00E9;n algo que no existe” (Mate, <xref ref-type="bibr" rid="CIT23">2003</xref>, 23). </p>
			
			<p>Esta negatividad es la que se narra en el libro b&#x00ED;blico del Apocalipsis. En &#x00E9;l el profesor P&#x00E9;rez Tapias encuentra expresada la necesidad de una radical solidaridad con los d&#x00E9;biles, la lucha contra el mal y “el anhelo de que la muerte no obtenga la victoria, de que la injusticia no sea la &#x00FA;ltima palabra” (P&#x00E9;rez Tapias, <xref ref-type="bibr" rid="CIT33">1999a</xref>, 87). Concluye el mencionado autor en el art&#x00ED;culo al que nos referimos que “En esa tarea de un <italic>humanismo antiidol&#x00E1;trico</italic> debemos converger, desde la <italic>apuesta esperanzada en favor del hombre</italic>, en una historia tensa —¿tr&#x00E1;gica sin remisi&#x00F3;n?— y siempre abierta” (P&#x00E9;rez Tapias, <xref ref-type="bibr" rid="CIT33">1999a</xref>, 88). Este mismo autor, en un art&#x00ED;culo posterior propone retomar la concepci&#x00F3;n benjaminiana de la memoria y la recuperaci&#x00F3;n del rostro del Otro maltratado, para relanzar el pensamiento ut&#x00F3;pico, tras su cuestionamiento en nuestros d&#x00ED;as de crisis de la Modernidad. Se trata de que a partir de lo fragmentario, retomemos una utop&#x00ED;a abierta, sin af&#x00E1;n de totalidad, que no sacrifique a los individuos a una identidad totalizante recayendo en totalitarismos (P&#x00E9;rez Tapias, <xref ref-type="bibr" rid="CIT34">1999b</xref>, 206-209). </p>
			
			<p>El hombre concreto se hace en un movimiento centr&#x00ED;peto, por el que la tradici&#x00F3;n acude originando un centro que lo dota de una identidad, de la consistencia de ser Uno, sujeto o <italic>self</italic>. Esta tradici&#x00F3;n de s&#x00ED;mbolos y relatos es una alteridad fundante que ha cubierto la tiniebla original. Bien es cierto que esta tradici&#x00F3;n es ardua, compleja y enrevesada, y que aunque ofrece respuestas, tambi&#x00E9;n genera dudas y nuevos interrogantes. Pero todo ello puebla, habita, llena, ocupa, pesa.  </p>
			
			<p>Por otro lado, con la instantaneidad de los acontecimientos puede ocurrir ese otro momento pedag&#x00F3;gico del ver como por primera vez, del hacer una epoj&#x00E9; de lo que se ven&#x00ED;a aceptando como normalidad y ser casi deslumbrados. Realmente, estos instantes provienen de alg&#x00FA;n contexto, de ese n&#x00FA;cleo de la tradici&#x00F3;n. Emergen de ella. Porque nada surge del vac&#x00ED;o, ninguna mirada humana mira en el vac&#x00ED;o. Pero aun as&#x00ED; se puede dar esa forma de ser deslumbrado en la que parece haber irrumpido una casi absoluta alteridad desafiante, algo que cuestiona, que como una fuerza centr&#x00ED;fuga nos impulsa para abandonar el c&#x00E9;ntrico n&#x00FA;cleo de la plena satisfacci&#x00F3;n (Mèlich, <xref ref-type="bibr" rid="CIT29">2009</xref>, 142-144).  </p>
			
			<p>Este segundo movimiento “educativo” nos retrotrae a la precariedad inicial, a la vaciedad del origen, a un espacio por descubrir, a lo previo a la natalidad, poni&#x00E9;ndonos de bruces ante la nada en la cual nos sustentamos y en la cual penden nuestras existencias. Nos arranca de lo c&#x00E9;ntrico, de lo denso, de lo grave. Nada de esto ocurre, obviamente, fuera del mundo, de la historia y de la materia. Hay que comprenderlo como din&#x00E1;micas internas a los mismos, dadas dentro de ellos, en sus m&#x00E1;rgenes; no estamos hablando de un trascender en t&#x00E9;rminos literales, aunque s&#x00ED; puede imaginarse una cierta anticipaci&#x00F3;n anal&#x00F3;gica con lo que hipot&#x00E9;ticamente llamar&#x00ED;amos lo sobrenatural. Es decir, hay en todo esto una cierta vitalidad, una energ&#x00ED;a, un avance, no necesariamente bueno ni malo en t&#x00E9;rminos absolutos, sino un sencillo abandonar la falsa creencia de que todo empezaba y acababa en uno mismo. </p>
			
			<p>As&#x00ED; pues, tenemos involucrado en la educaci&#x00F3;n esto que hallamos en toda antropolog&#x00ED;a: s&#x00ED;mbolos, relatos, finitud, alteridad, tiempo, historia, realidad. Pero ese instante crucial, reordena nuestro <italic>self</italic>. Ocurre como si se reestructurara lo que somos en unos segundos cruciales y entonces se ataran cabos sueltos. Una narraci&#x00F3;n o persona brilla para nosotros como no brillan las dem&#x00E1;s, una vida nos impacta como ninguna otra, una historia habla con voz penetrante, imponi&#x00E9;ndose. Se establece la m&#x00ED;mesis creativa a la que se refiere Kemp en el colof&#x00F3;n de su excelente art&#x00ED;culo (<xref ref-type="bibr" rid="CIT19">2006</xref>, 183-184), la impronta que deja la <italic>auctoritas</italic> del maestro, fen&#x00F3;meno registrado y relatado a lo largo de nuestra tradici&#x00F3;n, que la filosof&#x00ED;a hermen&#x00E9;utica recoge, como este autor indica en su trabajo. </p>
			
			<p>En esos aconteceres reveladores, cuando podemos trazar una infalible l&#x00F3;gica sobre el relato que uno viene siendo, cuando uno traza un argumento, cuando uno crea, somos verdaderamente educados. Nos alzamos sobre la tradici&#x00F3;n que somos y podemos anal&#x00F3;gicamente referirnos a una cierta forma de natalidad o infancia que el profesor B&#x00E1;rcena estudia y desarrolla en algunos trabajos desde una perspectiva propia y vinculada a la filosof&#x00ED;a de Hannah Arendt (B&#x00E1;rcena, <xref ref-type="bibr" rid="CIT03">2002</xref>). Es el momento po&#x00E9;tico por excelencia, el nacimiento de lo que podemos llamar m&#x00E1;s ahora que nunca “sujeto”, que se hace, po&#x00E9;ticamente, novedosamente, de este modo naciente, con los dem&#x00E1;s, vivos y muertos.  </p>
		</sec>
			
		<sec id="S5">
			<title>5. CONCLUSI&#x00D3;N: HACIA UNA PERSPECTIVA HERMEN&#x00C9;UTICA </title>
			
			<p>Recuerda el profesor Fernando B&#x00E1;rcena (<xref ref-type="bibr" rid="CIT04">2005</xref>, 16-18) la diferencia griega establecida entre <italic>praxis</italic> y <italic>poiesis</italic><xref ref-type="fn" rid="NOTE02">2</xref>. <italic>Praxis</italic>, dice, como una actividad que se agota en s&#x00ED; misma, tiene su l&#x00ED;mite en s&#x00ED; misma y no implica una superaci&#x00F3;n o trascendencia cualitativa alguna respecto a la propia actividad en s&#x00ED;. La <italic>poiesis</italic>, es una producci&#x00F3;n de algo nuevo, de un objeto cualitativamente diferenciado de la actividad que lo produce, creado, producido como un desbordamiento o como una superaci&#x00F3;n del l&#x00ED;mite de la propia acci&#x00F3;n. La educaci&#x00F3;n ser&#x00ED;a una <italic>praxis</italic> (actividad) productiva, en un sentido po&#x00E9;tico, de producci&#x00F3;n de algo nuevo, algo que viene a ser desde una no presencia, desde una previa impresencia, desde una nada originaria. Este acto creativo es lo que considera lo propiamente po&#x00E9;tico en la educaci&#x00F3;n, la educaci&#x00F3;n como donaci&#x00F3;n de novedad, o como acontecer de novedad.  </p>
			
			<p>As&#x00ED; lo entienden, creo, Mèlich y B&#x00E1;rcena. El peligro positivista que denuncian y en lo que yo, en general, les doy la raz&#x00F3;n, es la confusi&#x00F3;n de este proceso de donaci&#x00F3;n de novedad o actividad po&#x00E9;tica, creativa, con una tecnolog&#x00ED;a o procedimiento o metodolog&#x00ED;a (un c&#x00F3;mo) de constituci&#x00F3;n de un producto (el resultado final, ll&#x00E1;mese educando, objetivos o competencias o sujeto competente). Hay una reducci&#x00F3;n instrumental de algo que es una actividad de naturaleza po&#x00E9;tica en un sentido originariamente griego de <italic>poiesis</italic>, de producci&#x00F3;n de algo nuevo que se hace presente, que irrumpe, que llega a estar con otros en la historia.  </p>
			
			<p>Se&#x00F1;ala B&#x00E1;rcena, m&#x00E1;s adelante, que lo que hay de novedad en ese acto creador es traicionado cuando se reduce a un mero aplicar un m&#x00E9;todo establecido a priori, o sea, previamente a toda experiencia de la realidad dual, temporal, din&#x00E1;mica, singular como es propio del tiempo educativo. Un m&#x00E9;todo no es ya un parto desde una cierta nada o impresencia, al estilo de una <italic>poiesis</italic>, una creaci&#x00F3;n po&#x00E9;tica, sino que act&#x00FA;a como una cortina, velo o capa de ceniza que cubre la misteriosa singularidad que sucede o acontece en toda relaci&#x00F3;n pedag&#x00F3;gica. Hay una cegadora luminosidad que tapa la oscura ambigüedad de donde emerge el sujeto, donde se fabrica, po&#x00E9;ticamente, el sujeto.  </p>
			
			<p>Esto hay quien lo entiende como si uno retrocediera a un &#x00E1;mbito pre-cient&#x00ED;fico o anticient&#x00ED;fico, lo cual no es cierto. Debe haber ciencia en la pedagog&#x00ED;a, pero en el lugar que le corresponde, sin extralimitarse, sin ocupar ese tiempo previo, ese intervalo o espacio de la constituci&#x00F3;n creadora, del di&#x00E1;logo que se desarrolla en un hondo sentido m&#x00E1;s all&#x00E1; de lo meramente l&#x00F3;gico, como algo en lo cual se juegan elementos muy serios, tales como la existencia del educando, su ser, su presencia p&#x00E1;lida, en un mundo humanizado, acogida en la tarea de humanizar el mundo, de nombrar el mundo, de poetizar el mundo. Nada de esto se opone a que como parte de ese poetizar, como algo interno al poetizar, se haga ciencia. La ciencia en s&#x00ED; es tambi&#x00E9;n una p&#x00E1;lida esfera, un deseo y un precario anhelo. Por esto, el estudioso de la educaci&#x00F3;n puede y debe conocer cient&#x00ED;ficamente lo que la ciencia sea capaz de decir de la educaci&#x00F3;n, pero manteniendo esa humildad metaf&#x00ED;sica que estamos sugiriendo. </p>
			
			<p>El problema que denunciamos es, por tanto, no que se aborden aspectos de la educaci&#x00F3;n escolar o la educaci&#x00F3;n en s&#x00ED; a partir de la ciencia, sino que la educaci&#x00F3;n se reduzca a un proceso descriptible y abordable por m&#x00E9;todos estrictamente positivos. Permanecer en un &#x00E1;mbito nihilizante manifiesta un cierto <italic>pathos</italic>, tambi&#x00E9;n, de lo et&#x00E9;reo que incluso a veces se asocia con din&#x00E1;micas sociales de tipo burgu&#x00E9;s o intelectualistas. Pero esto no se resuelve con la minuciosa microdescripci&#x00F3;n positivista de datos que desmenuza la realidad, atomiz&#x00E1;ndola y, a mi juicio, desactivando la cr&#x00ED;tica que muchas veces se pretende ejercer con la teor&#x00ED;a. La mirada <italic>proletaria</italic>, precisamente hoy, no es la del bombardeo del dato que halla contradicciones en la realidad o entre ella y la teor&#x00ED;a, pues su efecto de hecho desactiva todo punto arquim&#x00E9;dico desde el cual efectuar el movimiento de palanca de la cr&#x00ED;tica global. </p>
			
			<p>As&#x00ED;, a pesar del riesgo que tambi&#x00E9;n implica, no debemos perder un cierto aire “intelectual” y “teorizante” en la pedagog&#x00ED;a, para entender lo que sucede cuando educamos. Insisto que la educaci&#x00F3;n es un acontecimiento, lo cual quiere decir que es siempre singular, inasible, personal, complejo, temporal, contingente. Y esto no es captable emp&#x00ED;ricamente en su totalidad, no es posible comprenderlo de una manera que lo agote, sino que hay que probar distintas formas de hermen&#x00E9;utica, comprensivas, interpretativas, siempre abiertas e incluso literarias. Al menos as&#x00ED; creemos que es, ciertamente, un sugerente modo de aproximaci&#x00F3;n a lo que ocurre cuando educamos. La educaci&#x00F3;n ostenta muchos elementos simb&#x00F3;licos y m&#x00ED;ticos, narrativos, en sus componentes y en su desarrollo, como algunas investigaciones recientes han sabido poner de manifiesto (Mateos y N&#x00FA;&#x00F1;ez, <xref ref-type="bibr" rid="CIT24">2011</xref>) o hace alg&#x00FA;n tiempo ha excelentemente expuesto alg&#x00FA;n trabajo te&#x00F3;rico (Garc&#x00ED;a Amilburu, <xref ref-type="bibr" rid="CIT15">2002</xref>).  </p>
			
			<p>Las complejas relaciones humanas que constituyen lo que llamamos educaci&#x00F3;n hay que interpretarlas, captarlas en su multidimensionalidad; no son f&#x00E1;cilmente explicables, son parte de un universo human&#x00ED;simo de contagios, de s&#x00ED;mbolos y elecciones, de proyectos vitales; o sea, de algo muy serio, que, en su conjunto, llamamos educaci&#x00F3;n o, tal vez, dir&#x00ED;a Martha Nussbaum al estilo estoico, “florecimiento” (Nussbaum, <xref ref-type="bibr" rid="CIT31">2003</xref>). No todo ello es consciente, sino que en realidad es un proceso de situarse, de un colocarse en un “estar con”, en un “donde”, en un &#x00E1;mbito o mundo de la vida que se va originando y que orientar&#x00E1; la propia existencia, un submundo que en gran medida ser&#x00E1; esa oscuridad ambigua e incierta que vamos siendo cada uno. </p>
		
					 
		</sec>
		
	</body>

	<back>

		<sec id="notas">
			 <title>NOTAS</title>
			 <fn-group>
			 
			 <fn id="NOTE01"><label>1</label><p>En una investigaci&#x00F3;n se ha puesto de relieve que en el paradigma pedag&#x00F3;gico del <italic>service-learning</italic> se requiere una racionalidad de tipo pr&#x00E1;ctico como la expresada por la <italic>phronesis</italic> aristot&#x00E9;lica, frente a los modelos de conocimiento de tipo t&#x00E9;cnico o “epist&#x00E9;mico” (Lukenchuk, <xref ref-type="bibr" rid="CIT21">2009</xref>). Asimismo, el valor de la noci&#x00F3;n aristot&#x00E9;lica de <italic>phronesis</italic> es abundantemente realzado en la literatura pedag&#x00F3;gica, por sus aplicaciones, tal como sugerimos en el cuerpo de nuestro trabajo. Vg. Beckett, Agashae y Oliver, <xref ref-type="bibr" rid="CIT06">2002</xref>; Beckett, <xref ref-type="bibr" rid="CIT05">2008</xref>. Se ha resaltado la necesidad de superaci&#x00F3;n de un modelo t&#x00E9;cnico (<italic>techn&#x00E9;</italic>) de pedagog&#x00ED;a, lo cual implicar&#x00ED;a adoptar la raz&#x00F3;n pr&#x00E1;ctica que estamos propugnando (Berkeley, <xref ref-type="bibr" rid="CIT07">2005</xref>; Smythe, MacCulloch y Charmley, <xref ref-type="bibr" rid="CIT35">2009</xref>). Esto ser&#x00ED;a necesario para la toma de decisiones que involucran aspectos morales en contextos interculturales (Birmingham, <xref ref-type="bibr" rid="CIT09">2003</xref>) o sencillamente razonamientos morales (Bessant, <xref ref-type="bibr" rid="CIT08">2009</xref>), o para el trabajo cooperativo entre los propios maestros (Herrenkohl, DeWater, y Kawasaki, <xref ref-type="bibr" rid="CIT17">2010</xref>).</p></fn>
			  
			  <fn id="NOTE02"><label>2</label><p>Estos conceptos griegos y su relevancia para la pedagog&#x00ED;a son tambi&#x00E9;n expuestos en Egan, <xref ref-type="bibr" rid="CIT11">2004</xref>.</p></fn>
			  
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