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			<journal-id journal-id-type="publisher-id">ARBOR</journal-id>
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				<journal-title>ARBOR Ciencia, Pensamiento y Cultura</journal-title>
				<abbrev-journal-title>ARBOR</abbrev-journal-title>
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			<issn pub-type="epub">0210-1963</issn>
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				<publisher-name>Consejo Superior de Investigaciones Cient&#x00ED;ficas</publisher-name>
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			 <article-id pub-id-type="publisher-id">arbor.2013.764n6010</article-id>
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			<subject>VARIA / VARIA</subject>
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			  <article-title>Suicidio en azul con negra mancha. Breve historia de un balazo en la pintura de Pablo Picasso</article-title>
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		<trans-title>Suicide in blue with black stain. Short history of a gunshot in the paintings of pablo picasso</trans-title>
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		<alt-title alt-title-type="running-head">pintura de Pablo Picasso</alt-title>
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				 <surname>Godoy C.</surname>
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			  <aff id="U1">Universidad Finis Terrae. Santiago de Chile</aff>
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		<year>2013</year>
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		<volume>189</volume>
		<issue>764</issue>
		
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		<license-p>Este es un art&#x00ED;culo de acceso abierto distribuido bajo los t&#x00E9;rminos de la licencia Creative Commons Attribution-Non Commercial (by-nc) Spain 3.0.</license-p>
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		<title>RESUMEN</title>
		<p>Par&#x00ED;s 1901: por el amor de una mujer, se suicida de un balazo en la cabeza Carles Casagemas, amigo &#x00ED;ntimo de juventud de Pablo Picasso. Este tr&#x00E1;gico suceso producir&#x00E1; un gran dolor en el artista, el cual, lo har&#x00E1; internarse en el tema de la muerte y elaborar su “duelo” apoyado en su pintura. El “hoyo a bala” en la sien de su amigo se desplazar&#x00E1; simb&#x00F3;licamente a varios espacios de la vida del joven Picasso y devendr&#x00E1; en “vac&#x00ED;o profundo” y “melancol&#x00ED;a”, permeando diferentes &#x00E1;mbitos dentro de la pintura de Picasso, dando comienzo a su mentado per&#x00ED;odo azul. </p>
		</abstract>
		<trans-abstract xml:lang="en">
		<title>ABSTRACT</title>
		<p>Paris 1901: unrequited love drove Carl Casagemas, a close friend of Pablo Picasso’s youth, to commit suicide by shooting himself in the head. This tragic event was a major blow to Picasso, causing him to dwell upon the subject of death and express his “mourning” through his paintings. The “bullet hole” in his friend’s temple symbolically displaced several areas of the young Picasso’s life and became a “deep vacuum” and “melancholy”, permeating various areas in Picasso’s paintings, and marking the start of his famous blue period.</p>
		</trans-abstract>
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			<title>PALABRAS CLAVE</title>
			<kwd>Picasso</kwd>
			<kwd>Casagemas</kwd>
			<kwd>Gargallo</kwd>
			<kwd>suicidio</kwd>
			<kwd>duelo</kwd>
			<kwd>melancol&#x00ED;a</kwd>
			<kwd>periodo azul</kwd>

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			<title>KEYWORDS</title>
			<kwd>Picasso</kwd>
			<kwd>Casagemas</kwd>
			<kwd>Gargallo</kwd>
			<kwd>suicide</kwd>
			<kwd>grief</kwd>
			<kwd>melancholy</kwd>
			<kwd>blue period</kwd>


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		<sec id="S1">
		<title>1. EL ASUNTO CASAGEMAS </title>
		
		<p>Pablo Picasso y Carles Casagemas se conocieron en 1899 en Barcelona, en una taberna llamada <italic>Els Quatre Gats</italic> (Los cuatro gatos), que frecuentaban los artistas de la ciudad. Los dos ten&#x00ED;an dieciocho a&#x00F1;os, aspiraban a ser pintores y a conquistar Par&#x00ED;s. Compartieron estudio en la desaparecida calle Riera de Sant Joan, en el Barrio G&#x00F3;tico, y eran asiduos a los burdeles de la ciudad. Los dos amigos viajan a Par&#x00ED;s en octubre de 1902, para visitar la Exposici&#x00F3;n Universal, donde Picasso expon&#x00ED;a una obra titulada <italic>&#x00DA;ltimos momentos</italic>. Se instalan en el estudio que les presta el artista catal&#x00E1;n Isidro Nonell y unos d&#x00ED;as despu&#x00E9;s, desde Barcelona, se les une Manuel Pallarès, compa&#x00F1;ero de estudios y de juerga de Picasso y Casagemas. Al poco andar, los tres pintores se hab&#x00ED;an hecho amigos entra&#x00F1;ables de tres modelos muy codiciadas del medio, que posaban desnudas sin problema alguno: Germaine Gargallo, su media hermana Antoinette Fornerod y una amiga de ambas, Louise Lenoir, conocida como la peque&#x00F1;a Odette. Aunque de una manera m&#x00E1;s bien laxa, las parejas se distribuyeron de la siguiente manera: Casagemas con Germaine, Pallarès con Antoinette y Picasso con Odette. De las tres chicas, la que m&#x00E1;s destacaba por su descaro y belleza era sin dudas la multifac&#x00E9;tica Laure-Germaine Gargallo-Florentin-Pichot. Su nombre verdadero era Laure Gargallo y hab&#x00ED;a tomado el apellido Florentin de su primer marido, el cual la hab&#x00ED;a desposado siendo esta una adolecente, pas&#x00E1;ndose a llamar Laure Florentin, por lo cual cuando Picasso, Casagemas y Pallar&#x00E9;s conocieron a las tres chicas, Laure, para arrancar de su pasado y hacerse un nombre en la noche parisina, hab&#x00ED;a reci&#x00E9;n adoptado el nombre de Germaine y a su vez hab&#x00ED;a recuperado su apellido de soltera: Gargallo. “Laure–Germaine” era una mujer de personalidad exuberante, muy atractiva, que aparte de bailarina y modelo ejerci&#x00F3; como lavandera y costurera. Habr&#x00E1; que se&#x00F1;alar igualmente, que fiel a su polifac&#x00E9;tica personalidad, Germaine al tiempo se volver&#x00E1; a casar, esta vez con el pintor catal&#x00E1;n Ram&#x00F3;n Pichot, del cual tomar&#x00E1; una vez m&#x00E1;s su apellido, y lo unir&#x00E1; a su nombre original, pas&#x00E1;ndose a llamar, hasta su muerte, “Germaine Pichot”.  </p>
		
		<p>Seg&#x00FA;n consigna la cr&#x00F3;nica de la &#x00E9;poca, Casagemas, diletante m&#x00E1;s que otra cosa y con una peque&#x00F1;a fortuna personal, se habr&#x00ED;a enamorado irremediablemente de la modelo, Germaine Gargallo (Mailer, <xref ref-type="bibr" rid="CIT23">1997</xref>, 65). Incisiva y c&#x00E1;ustica, esta, no escatimaba en burlas a Casagemas, acus&#x00E1;ndolo incluso de poco hombre, por el amor contemplativo que este le profesaba. El asunto se puso peor al enamorarse perdidamente Casagemas de Germaine y no ser correspondido. Innumerables veces y de diferentes formas Casagemas le pidi&#x00F3; matrimonio, recibiendo solo burlas de la francesa. Habr&#x00E1; que consignar que en esa fecha Casagemas beb&#x00ED;a excesivamente y era adicto a la morfina, ten&#x00ED;a un serio problema de impotencia y para colmo de males, era bastante poco agraciado seg&#x00FA;n se&#x00F1;alan los retratos que le hizo Picasso en esa &#x00E9;poca. Seg&#x00FA;n se&#x00F1;ala Mailer, Casagemas, comenz&#x00F3; a perder la cabeza por este amor imposible y a beber m&#x00E1;s de la cuenta. Germaine, noche tras noche, se fue poniendo m&#x00E1;s esquiva y sarc&#x00E1;stica a los caprichos contemplativos de Carles, tratando por todo los medios de zafarse de su desequilibrado pretendiente. No tard&#x00F3; mucho en aburrirse definitivamente y buscar el abrazo de otros hombres. Fue en este escenario cr&#x00ED;tico en el cual Picasso conmina a Casagemas a que vuelvan a Barcelona y despu&#x00E9;s a M&#x00E1;laga a pasar las fiestas de fin de a&#x00F1;o. Al repecto Mailer precisa: “Al compartir la cama con una mujer por vez primera y ser incapaz de nada m&#x00E1;s que “acariciarla” empez&#x00F3; a venirse abajo hasta tal punto que Picasso, cada vez m&#x00E1;s inquieto por la cordura de su amigo, decidi&#x00F3; volver a Barcelona con &#x00E9;l” (<xref ref-type="bibr" rid="CIT23">1997</xref>, 66).  </p>
		
		<p>A comienzos de 1901 Picasso se dirige a Madrid para trabajar como editor de la revista <italic>Arte Joven</italic> e invita a Casagemas a que lo acompa&#x00F1;e. Sin embargo este desiste y promete volver con su familia a Barcelona. Obsesionado con Germaine, que es por el momento la dama de sus pensamientos (Cabanne, <xref ref-type="bibr" rid="CIT06">1982</xref>, 118) le escribe en promedio dos cartas diarias pidi&#x00E9;ndole matrimonio (Mailer, 68); al no tener respuesta de esta decide tomar subrepticiamente un tren a Par&#x00ED;s. Con la angustia del enamorado llega a la ciudad luz el 16 de febrero de 1901, vestido con un impecable traje de terciopelo verde y una rosa roja en el ojal y en la misma estaci&#x00F3;n de tren donde sus amigos y Germaine Gargallo lo esperaban, le pide a esta de rodillas y con la rosa roja en la mano, que sea su esposa. Ella una vez m&#x00E1;s se niega entre carcajadas. Casagemas herido ya de muerte por las palabras de su amada, consigue al menos que la noche siguiente, a modo de despedida, Germaine lo acompa&#x00F1;e a cenar con todos sus amigos. A la hora del bajativo, mientras todos re&#x00ED;an y beb&#x00ED;an alegremente, con Germaine sentada a su lado, Casagemas tintine&#x00F3; el cristal de su fina copa de vino para llamar la atenci&#x00F3;n de la mesa, se levant&#x00F3; ceremoniosamente y del bolsillo izquierdo de su chaqueta sac&#x00F3; una pistola, mientras aterrorizada Germaine se escabull&#x00ED;a por debajo de la mesa para protegerse detr&#x00E1;s de Pallar&#x00E9;s. Este apenas alcanz&#x00F3; a desviar la direcci&#x00F3;n de la pistola antes de que Casagemas disparara a Germaine, grit&#x00E1;ndole a voz en grito: “<italic>Voil&#x00E1; pour toi!</italic>”. Pallar&#x00E9;s oy&#x00F3; una explosi&#x00F3;n ensordecedora y sinti&#x00F3; c&#x00F3;mo la fr&#x00E1;gil mano que se apoyaba en su hombro ca&#x00ED;a delicadamente al suelo. Casagemas, al contemplar el cuerpo inerte de su amada situ&#x00F3; el ca&#x00F1;&#x00F3;n del arma en su sien derecha y sin cerrar los ojos grit&#x00F3; nuevamente: “<italic>Et voil&#x00E1; pour moi</italic>!” y se descerraj&#x00F3; un tiro, cayendo de bruces en los brazos de la Gargallo. A los minutos, “Germaine se incorpor&#x00F3; y, llorando a lagrima viva abraz&#x00F3; y bes&#x00F3; a Pallar&#x00E9;s, mientras le rogaba que le perdonara por lo que hab&#x00ED;a hecho: hab&#x00ED;a representado su papel en la comedia a la perfecci&#x00F3;n” (Palau i Fabre, <xref ref-type="bibr" rid="CIT25">1980</xref>, 212). </p>
		
		<p>Seg&#x00FA;n consigna el parte de la polic&#x00ED;a de Par&#x00ED;s, el domingo 17 de febrero de 1901, aproximadamente a las 9 PM, Carlos Casagemas se suicid&#x00F3; en L’Hippodrome Caf&#x00E9;, 128 Boulevard de Clichy, en Par&#x00ED;s, Francia, al pegarse un tiro en la sien derecha. Ten&#x00ED;a 20 a&#x00F1;os de edad. Picasso se encontraba en Madrid y se enter&#x00F3; a los pocos d&#x00ED;as de la muerte de su amigo. La noticia conmovi&#x00F3; a toda su generaci&#x00F3;n, pero en especial a &#x00E9;l. Seg&#x00FA;n le confes&#x00F3; a uno de sus bi&#x00F3;grafos, Pierre Daix, muchos a&#x00F1;os despu&#x00E9;s, “Me puse a pensar pintar en azul al pensar en la muerte de Casagemas” (cit. en Leal-Piot-Bernadac: <xref ref-type="bibr" rid="CIT21">2000</xref>, 51). </p>
		
		</sec>
		
		
		<sec id="S2">
		<title>2. RETRATOS PARA UN SUICIDIO </title>
		
		<p>El ciclo de Casagemas alude a una profundizaci&#x00F3;n psicol&#x00F3;gica de Picasso ante la muerte, en la densidad de un mundo subterr&#x00E1;neo (Golding, <xref ref-type="bibr" rid="CIT16">1994</xref>, 214), paralelo al del sufrimiento, la demencia, el patetismo y la pobreza que presenci&#x00F3; en el Par&#x00ED;s de comienzos del siglo XX (Podoksik, <xref ref-type="bibr" rid="CIT26">1996</xref>, 32). El pintor malague&#x00F1;o habr&#x00ED;a reafirmado la condici&#x00F3;n testimonial de su obra, al se&#x00F1;alarle en su momento a una de sus amantes que pintaba al igual que otros escriben su autobiograf&#x00ED;a: “Mis telas, acabadas o no, son las p&#x00E1;ginas de mi diario” (Gilot, <xref ref-type="bibr" rid="CIT15">1965</xref>). Ciertamente, las obras de Picasso sobre la muerte de Casagemas no solo inauguran el per&#x00ED;odo azul del pintor malague&#x00F1;o y el valor taumat&#x00FA;rgico de estas, en cuanto a exorcizar el espectro del suicidio de Casagemas, del cual se siente en cierta manera responsable (Battistini, <xref ref-type="bibr" rid="CIT03">2000</xref>, 26), sino que tambi&#x00E9;n le permiten elaborar el “duelo” y la consiguiente “melancol&#x00ED;a”, imprescindibles para dar curso a la profunda tristeza que lo embarga: “En el duelo, lloramos a los muertos, en la melancol&#x00ED;a, morimos con ellos” (Leader, <xref ref-type="bibr" rid="CIT20">2011</xref>, 15). Lo particular de los retratos pintados por Picasso del rostro del difunto Casagemas, radica en que el pintor malague&#x00F1;o los realiza de memoria, a partir del relato recibido, pues estaba en Madrid cuando Casagemas se suicida. Picasso no asiste a las exequias f&#x00FA;nebres, ya sea por pena, por culpa, o simplemente como se&#x00F1;ala Foucault respecto al suicidio, por la “perplejidad” (1987, 168) que ocasiona. Por lo tanto no vio jam&#x00E1;s a su amigo muerto. En mayo de ese mismo a&#x00F1;o, dos meses despu&#x00E9;s del suicidio, regresa a Par&#x00ED;s para preparar su primera exposici&#x00F3;n en la galer&#x00ED;a de Ambroise Vollard y se instala nada menos que en el estudio de Pallar&#x00E9;s, en el 130 del Boulevard de Clichy, donde Casagemas hab&#x00ED;a pasado su &#x00FA;ltima noche.  </p>
		
		<p>Al poco tiempo de llegar a Par&#x00ED;s no tuvo reparo alguno en entablar una relaci&#x00F3;n amorosa con Germaine, para sorpresa de todos sus amigos, la cual ya a esas alturas se encamaba con el escultor catal&#x00E1;n Manuel Hugu&#x00E9;, que hab&#x00ED;a estado en la mesa de Casagemas la noche de los disparos (Mailer, 75). El 24 de junio de 1901 en la Galeria Vollard, a casi cuatro meses del suicidio de Casagemas, Picasso inaugura su primera exposici&#x00F3;n, que ser&#x00E1; todo un &#x00E9;xito y le har&#x00E1; ganar bastante dinero, el cual gastar&#x00E1; junto a la Gargallo con total desparpajo, en noches de lujuria empapadas en absenta. Es entonces, despu&#x00E9;s de meses de haber ocurrido el suicidio de Casagemas que este aparecer&#x00E1; en la l&#x00FA;brica conciencia de Picasso, para recordarle su triste destino. Picasso comienza su mentado “per&#x00ED;odo azul” con el suicidio de Casagemas, pero por cierto tambi&#x00E9;n, bajo las s&#x00E1;banas de la cama de la Gargallo. Una de las formas de entender este t&#x00F3;rrido romance, es lo que nos explica Freud en Duelo y melancol&#x00ED;a, en cuanto a que la melancol&#x00ED;a –a diferencia del duelo–, radica el “objeto de su p&#x00E9;rdida” en el inconsciente, interrog&#x00E1;ndose a su vez por “lo perdido” ( <xref ref-type="bibr" rid="CIT30">1917</xref>, 3). Esta p&#x00E9;rdida, seg&#x00FA;n Freud, tambi&#x00E9;n arrastra “acusaciones contra el yo”, por lo tanto la escandalosa escenificaci&#x00F3;n del romance con la Gargallo ser&#x00ED;a una m&#x00E1;s de las etapas de la “melancol&#x00ED;a picassiana” por la muerte de su amigo, en la cual asumir&#x00E1; la abyecta figura de lo “indigno, ego&#x00ED;sta, deshonesto, despreciable y moralmente condenable” (3-4). Tambi&#x00E9;n habr&#x00E1; que considerar, sobre este idilio, que en lo “prohibido” radica la raz&#x00F3;n del erotismo, tal como se&#x00F1;ala Bataille (<xref ref-type="bibr" rid="CIT01">1985</xref>), y en la transgresi&#x00F3;n del interdicto su pasi&#x00F3;n: “si la uni&#x00F3;n de los dos amantes es el efecto de la pasi&#x00F3;n, esta apela a la muerte, al deseo de asesinato o de suicidio, lo que designa a la pasi&#x00F3;n es un halo de muerte” (35). </p>
		
		<p>El asunto se complejiza m&#x00E1;s a&#x00FA;n con lo que se&#x00F1;ala Norman Mailer, en cuanto a que no es de extra&#x00F1;ar que Picasso y Casagemas hayan frecuentado esa tierra de nadie que existe entre la heterosexualidad y la homosexualidad, m&#x00E1;s all&#x00E1; de los patrones andaluces de machismo con que cargaba el pintor; sin embargo, sostiene el escritor norteamericano, que una de las razones principales de Picasso para seducir a la Gargallo ten&#x00ED;a que ver con el hecho de conocer carnalmente a la viuda nominal de su amigo, de encontrar a Casagemas en el deseo de este: en el cuerpo de la amada, “…aquello era tambi&#x00E9;n un acto de amor; puede que incluso haya sido una especie de expiaci&#x00F3;n, fornicar con Germaine era invocar a Casagemas m&#x00E1;s que disiparlo” (Mailer, <xref ref-type="bibr" rid="CIT23">1997</xref>, 77). </p>
		
		<p>Se&#x00F1;alaba Apollinaire que “Picasso estudia un objeto como un cirujano disecciona un cad&#x00E1;ver” (cit. en Cirlot, <xref ref-type="bibr" rid="CIT09">2007</xref>, 48). Pues bien, el cad&#x00E1;ver de Casagemas debi&#x00F3; de haberse constituido en Picasso –como se&#x00F1;ala Kristeva–, en aquella “mierda”, incomoda mezcla de desecho e impureza, que “apenas soporta la vida con esfuerzo” (<xref ref-type="bibr" rid="CIT19">2006</xref>, 10). Brutal, por decir lo menos, es el primer retrato que pinta Picasso del rostro de su amigo Casagemas muerto. Indudablemente, como lo han visto m&#x00FA;ltiples autores, este primer retrato de Casagemas tiene la impronta de Van Gogh. Hac&#x00ED;a 10 a&#x00F1;os que Vincent hab&#x00ED;a muerto y a los pocos d&#x00ED;as del suicidio de Casagemas, en marzo de 1901, se inauguraba en Par&#x00ED;s, en la Galer&#x00ED;a Bernheim-Jeune, la retrospectiva de Van Gogh m&#x00E1;s famosa de todos los tiempos (Beujean, <xref ref-type="bibr" rid="CIT04">2005</xref>, 90). Es indudable –y as&#x00ED; lo atestigua <italic>La muerte de Casagemas</italic> (<xref ref-type="fig" rid="F1">L&#x00E1;mina 1</xref>)– que el pintor malague&#x00F1;o debi&#x00F3; de asistir a esta exposici&#x00F3;n, que fue un suceso no solo en Par&#x00ED;s sino en toda Europa. El hecho es que Picasso va a pintar esta primera obra, reci&#x00E9;n un mes despu&#x00E9;s de inaugurada su exposici&#x00F3;n con Vollard, cinco meses despu&#x00E9;s de la muerte de Casagemas. En este contexto se hace relevante el tiempo transcurrido desde el fatal episodio a la realizaci&#x00F3;n de este primer retrato, por cuanto podemos inferir que en Picasso oper&#x00F3; una decantaci&#x00F3;n del modelo, esto es, una re-contextualizaci&#x00F3;n de lo ocurrido, una s&#x00ED;ntesis a modo de epitafio del recuerdo de su amigo, unido a todos los acontecimiento que rodearon su muerte. Casagemas es Van Gogh inmolado en su pasi&#x00F3;n, as&#x00ED; lo atestigua la coincidencia en sus destinos, as&#x00ED; lo atestigua la <italic>manera</italic> de esta pintura con fuertes y gruesas pinceladas que hacen saltar los azules, rojos y negros con los amarillos de la luz de la vela, otorg&#x00E1;ndole al rostro del difunto un dramatismo sin igual; sin embargo hay un algo m&#x00E1;s terrible en esta pieza, otorg&#x00E1;ndole protagonismo, no a la muerte en s&#x00ED;, sino m&#x00E1;s bien al detalle por el cual esta acaeci&#x00F3;: un “hoyo negro” a causa de la bala, una mancha brutal e ingrata pende sobre la sien derecha de Casagemas y vac&#x00ED;a su figura. Precisa Bataille respecto al vac&#x00ED;o de la muerte: “ese vac&#x00ED;o se abre en un punto determinado. Es, por ejemplo, la muerte la que lo abre: es el cad&#x00E1;ver en el interior del cual la muerte introduce la ausencia, es la podredumbre vinculada a esa ausencia” (<xref ref-type="bibr" rid="CIT01">1985</xref>, 85). </p>
		
		<fig id="F1">
		<label>L&#x00E1;mina 1</label>
		<caption>
		<title>La Muerte de Casagemas, Pablo Picasso. &#x00D3;leo sobre tela. 1901. Mus&#x00E9;e National Picasso de Paris.</title>
		</caption>
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		</fig>
		
		<p>Es un extra&#x00F1;o fragmento en la historia de la pintura lo que pinta Picasso. Esta herida en la sien de Casagemas de seguro est&#x00E1; avalada por las llagas del <italic>Cristo muerto</italic> de Messina que cuelga en los muros del Museo del Prado. Sin embargo, aqu&#x00ED; sobre la carne no sobreviene la cr&#x00ED;stica llaga, la roja sangre brilla por su ausencia y todo es azul y negro en este hoyo de bala. La carnes devienen g&#x00E9;lidas, definitivamente la podredumbre como el vac&#x00ED;o acontecen p&#x00E1;lidos en Picasso. Sin embargo otro hoyo devendr&#x00E1; de esta primera obra, una “vagina incandescente” (Palau i Fabr&#x00E9;, <xref ref-type="bibr" rid="CIT25">1980</xref>, 210), a modo de vela, iluminar&#x00E1; el cad&#x00E1;ver del suicida. A su vez, en esta misma l&#x00ED;nea, Mailer se&#x00F1;alar&#x00E1; una “vagina-hoyo” de doble condici&#x00F3;n, en la cual la polaridad aflicci&#x00F3;n y concupiscencia se encuentran, tanto en la vagina materna dadora de vida y de luz, como as&#x00ED; en la de la amante destructora de la misma: “Picasso no encuentra obst&#x00E1;culos para dar a entender que no solo venimos al mundo a trav&#x00E9;s de la vagina, sino que tambi&#x00E9;n podemos ser destruidos por una, para acabar siendo llorados por otra” (Mailer, <xref ref-type="bibr" rid="CIT23">1997</xref>, 85).  </p>
		
		<p>El asunto de la Gargallo adquiere aqu&#x00ED; particular relevancia, por cuanto Picasso inexplicablemente modificar&#x00E1; el primer retrato de <italic>La Muerte de Casagemas</italic> y pintar&#x00E1; otro sobre cart&#x00F3;n, en el cual borrar&#x00E1; el hoyo a bala en la sien de su amigo y titular&#x00E1; <italic>Casagemas en su ata&#x00FA;d</italic> (<xref ref-type="fig" rid="F2">l&#x00E1;mina 2</xref>). Se&#x00F1;ala Bataille (<xref ref-type="bibr" rid="CIT02">2000</xref>), que es rasgo humano procurar alcanzar el punto m&#x00E1;s lejano del “terreno f&#x00FA;nebre” y que: “por todas partes borramos las huellas, los signos, los s&#x00ED;mbolos de la muerte, a costa de incesantes esfuerzos. Llegamos a borrar incluso, si es posible, las huellas y los signos de esos esfuerzos” (99). Si en <italic>La Muerte de Casagemas</italic> Picasso hace ostentaci&#x00F3;n del detalle significativo, de la evidencia brutal de lo ocurrido, del “hoyo” en la sien de Casagemas que grita el nombre de Gargallo a los cuatro vientos, en <italic>Casagemas en su ata&#x00FA;d</italic> Picasso silencia la evidencia suicida en el cad&#x00E1;ver, –cubriendo con pintura el hoyo a bala–, para dejar reposar a su amigo en la fr&#x00ED;a muerte como uno m&#x00E1;s. El azul cad&#x00E1;ver impert&#x00E9;rrito oculta con su gelidez toda evidencia de lo ocurrido y, por cierto, el nombre de la causante. El “hoyo a bala” en la sien es “m&#x00E1;cula” –como se&#x00F1;ala Lipovedsky respecto al suicidio–, que delata y condena el “acto indigno” (2012: 84) del inmolado. Ya no hay aqu&#x00ED; vela vaginal ni el agujero sexual o criminal; el detalle ha sido hipostasiado por el fr&#x00ED;o y neutro velo de la muerte. El homenaje se hace solemne y general.  </p>
		
		<fig id="F2">
		<label>L&#x00E1;mina 2</label>
		<caption>
		<title>Casagemas en su ata&#x00FA;d, Pablo Picasso. &#x00D3;leo sobre cart&#x00F3;n. 1901. Colecci&#x00F3;n privada.</title>
		</caption>
		<graphic xmlns:xlink="http://www.w3.org/1999/xlink" xlink:href="../images/F2.jpg"/>
		</fig>
		
		
		
		
		
		<p>Pero tambi&#x00E9;n el “hoyo” es Germaine, es su presencia en el fatal destino del amante desencantado, es la huella permanente que recuerda a Picasso que est&#x00E1; durmiendo con la causante de la muerte de su amigo. Picasso no querr&#x00E1; m&#x00E1;s imaginar a Germaine –su ferviente amante–, como un gran agujero en la frente de su amigo; sin embargo este “hoyo” no desaparecer&#x00E1; sino que transmutar&#x00E1; y al tiempo Picasso lo llevar&#x00E1; a nuevas disposiciones dentro de otras obras en las cuales volver&#x00E1; a tratar el tema de la muerte de Casagemas. Precisa Mailer, “Picasso est&#x00E1; a punto de entrar en la depresi&#x00F3;n m&#x00E1;s oscura y larga de su vida” (86), pero agregado a esto, tambi&#x00E9;n a uno de los periodos m&#x00E1;s f&#x00E9;rtiles de su pintura. </p>
		
		<p>¿Por qu&#x00E9; Picasso pinta una segunda versi&#x00F3;n, sin el agujero de bala en la sien de su amigo? ¿Qu&#x00E9; quiere ocultar? ¿Lo habr&#x00E1; hecho por Germaine Gargallo o simplemente por un profundo sentimiento de culpa? ¿A d&#x00F3;nde se fue aquel hoyo negro? </p>
		
		</sec>
		
		
		<sec id="S3">
		<title>3. CASAGEMAS QUE EST&#x00C1;S EN LOS CIELOS </title>
		
		<p>Picasso se hace amante de Germaine Gargallo cuando el cuerpo de su amigo “a&#x00FA;n estaba tibio”, y quiz&#x00E1; por eso tapa el hoyo a bala con una palidez maldita en la versi&#x00F3;n <italic>Casagemas en el ata&#x00FA;d</italic>. Se&#x00F1;ala George Bataille que: “hay, necesariamente vinculado al momento de la voluptuosidad, una ruptura menor evocadora de la muerte: en contrapartida, la evocaci&#x00F3;n de la muerte puede entrar en la puesta en marcha de los espasmos voluptuosos” (<xref ref-type="bibr" rid="CIT01">1985</xref>: 149). A&#x00FA;n as&#x00ED;, hay un “hoyo” sin tapar, un hoyo por el cual respira y se fuga, esquivando la voluptuosidad de Picasso, el drama de Casagemas. Picasso sabe que ese hoyo es el del sentido de la vida y el vac&#x00ED;o que deja la muerte, de la cual es tributaria la pintura desde siempre.  </p>
		
		<p>Picasso pintar&#x00E1; una nueva obra en torno al suicidio de su amigo, titulada <italic>Evocaci&#x00F3;n, el entierro de Casagemas</italic> (<xref ref-type="fig" rid="F3">l&#x00E1;mina 3</xref>), en la cual desplegar&#x00E1; el valor taumat&#x00FA;rgico de la pintura, regal&#x00E1;ndole a su amigo un nuevo funeral. De la sien derecha tapada por Picasso en <italic>Casagemas en el ata&#x00FA;d</italic>, volver&#x00E1; a emerger debajo del p&#x00E1;lido empaste azul, como una maldici&#x00F3;n, el “negro hoyo” del balazo, pero esta vez de diferente forma. All&#x00ED;, en la oquedad donde todo era oscuridad y deyecci&#x00F3;n mortuoria, cual mago, Picasso har&#x00E1; aparecer de su paleta un cielo prostibulario donde coloca a su amigo, un cielo amable, en directa escala a la morfina, a la absenta y a los lupanares donde los dos amigos desarrollaron su amistad. Como se&#x00F1;ala Carlos Gurm&#x00E9;ndez, “el deseo es el cuerpo que se hace pura materialidad ansiosa…” (<xref ref-type="bibr" rid="CIT17">1986</xref>: 227), y es justamente en esa pura materialidad pict&#x00F3;rica donde Picasso, para evacuar el vac&#x00ED;o de la ausencia de su amigo, le otorga otra vida, poni&#x00E9;ndolo en medio del deseo y el placer. No hay que olvidar que este asunto de la “trascendencia del cad&#x00E1;ver” no debi&#x00F3; ser menor para la familia de Casagemas, en cuanto a que los suicidas “no se van al cielo”, precisamente. El suicidio ante todo es un crimen social que aparece como “un signo de cobard&#x00ED;a frente a las dificultades de la vida”. Hay que entender que dentro de los valores emergentes de la modernidad, aun permanec&#x00ED;a la acendrada creencia de que “el hombre que pone fin a sus d&#x00ED;as no es solo inmoral porque se desentiende de sus obligaciones hacia la colectividad sino porque se sustrae a un deber individual absoluto” (Lipovetsky, <xref ref-type="bibr" rid="CIT22">1994</xref>, 85). Ser&#x00E1; justamente en este contexto de vac&#x00ED;o, del no lugar del cad&#x00E1;ver del suicida, donde las almas vagan en pena, donde Picasso le construir&#x00E1; y le regalar&#x00E1; a su amigo un cielo puto, “blasfemo” (Golding, 214), plagado de meretrices, hecho para fornicar permanentemente.  </p>
		
		<fig id="F3">
		<label>L&#x00E1;mina 3</label>
		<caption>
		<title>Evocaci&#x00F3;n (El entierro de Casagemas), Pablo Picasso. &#x00D3;leo sobre tela. <xref ref-type="bibr" rid="CIT33">1901</xref>. Muse&#x00E9; d´art Moderne de la Ville de Paris.</title>
		</caption>
		<graphic xmlns:xlink="http://www.w3.org/1999/xlink" xlink:href="../images/F3.jpg"/>
		</fig>
		
		<p>En <italic>Evocaci&#x00F3;n</italic> (<xref ref-type="fig" rid="F3">l&#x00E1;mina 3</xref>), el cuerpo de Casagemas amortajado de blanco, listo para ser depositado en un mausoleo, yace como dormido en el suelo, mientras es llorado por m&#x00FA;ltiples mujeres de negro. En un plano superior, Casagemas en su semental blanco, se eleva al cielo con los brazos en cruz como un Cristo, mientras de su cuello pende Gargallo desnuda. Las putas, todas dispuestas, esperan al suicida en el &#x00FA;nico cielo posible, el del placer eterno. El “hoyo” se ha consumado en su trascendencia, ilumin&#x00E1;ndose con otros sentidos. Picasso ha ritualizado nuevamente la muerte de su amigo y lo ha llevado donde los suyos, a una nueva vida de voluptuosidad. M&#x00E1;s que un “hoyo negro”, Evocaci&#x00F3;n es un nicho azul donde Picasso pone a Casagemas, para lo cual ha vaciado de contenidos el cielo, para darle a su amigo otra mejor vida. A prop&#x00F3;sito del duelo, se&#x00F1;ala Dorian Leader: “Matar a los muertos es una forma de aflojar los lazos con ellos y de situarlos en un espacio diferente, simb&#x00F3;lico. Tal vez entonces se vuelva posible comenzar a forjar nuevos lazos con los vivos” (<xref ref-type="bibr" rid="CIT20">2011</xref>, 113). ¿Gesto de amor? ¿De justicia? ¿De culpabilidad? </p>
		
		<p>En enero de 1903 Picasso volvi&#x00F3; a Barcelona. En la primavera comenz&#x00F3; el cuadro <italic>La vida</italic> (<xref ref-type="fig" rid="F4">l&#x00E1;mina 4</xref>), uno de los mayores y m&#x00E1;s complejos lienzos de su &#x00E9;poca azul, considerado su trabajo m&#x00E1;s importante de estos a&#x00F1;os, obra de un simbolismo inusualmente oscuro. Esta pieza nos muestra un nuevo desplazamiento del hoyo a bala en la sien de Casagemas y tiene justamente como protagonistas a su amigo muerto, esta vez junto a la Gargallo. Picasso ha pintado <italic>La vida</italic> contraponiendo dos grandes temas de la pintura: el de la pareja desnuda, de pie y enlazada, y el de la majestuosa maternidad pobre, cubierta con un manto y los pies desnudos. Picasso pinta al hombre de la pareja con particulares rasgos: “el impotente Casagemas. Un var&#x00F3;n capaz de amar hasta el extremo de quitarse la vida, pero negado por la naturaleza para engendrar hijos en cuerpo de mujer” (De la Puente, <xref ref-type="bibr" rid="CIT10">1991</xref>, 199), junto a su “amada” Germaine. Dos personalidades tiernas y delicadas que se abrazan fr&#x00E1;gilmente. Es un abrazo triste tambi&#x00E9;n, donde la desnudes no preludia pasi&#x00F3;n alguna. El azul invade la escena y presagia el tr&#x00E1;gico fin de los amantes. Casagemas con un tapa rabo es un Cristo viviendo los &#x00FA;ltimos minutos de su martirio. Al frente de la pareja est&#x00E1; la figura de la maternidad –icono sistematizado por Picasso durante toda su vida–, con un ni&#x00F1;o que pl&#x00E1;cidamente duerme en sus brazos, inocente de lo que el destino le traer&#x00E1;. Con su perfil severo y estatuario la mujer-madre que aqu&#x00ED; aparece como especie de retrato del dolor, se contrapone a la figura de los amantes –y aqu&#x00ED; lo tr&#x00E1;gico de la representaci&#x00F3;n–, figura que debieran representar la felicidad. En <italic>La Vida</italic>, la mujer desnuda se apoya ensimismada y pensativa en un hombro de &#x00E9;l, mientras Casagemas, a trav&#x00E9;s de un forzado gesto con la mano, se&#x00F1;ala lo que han sido y ser&#x00E1;n: una ni&#x00F1;ez necesitada de cobijo y de regazos y una madurez camino de la ancianidad. La representaci&#x00F3;n hace referencia de esta manera a la antigua <italic>vanitas</italic> cristiana, aquella que se pintaba con el t&#x00ED;tulo de las <italic>tres edades</italic> y que inclu&#x00ED;an la ni&#x00F1;ez y la adultez, a las cuales se a&#x00F1;ad&#x00ED;a la muerte o la vejez, mostrando el espantable pellejo de su decadencia corporal. Parad&#x00F3;jicamente las miradas de los personajes “no se encuentran y se pierden en un vacio desolador” (Warncke, <xref ref-type="bibr" rid="CIT27">2002</xref>: 103). Picasso ha desplegado esta obra en el contexto de un taller de pintor, donde otros dos cuadros en un segundo plano, conforman un coro doloroso de figuras que preludian el tr&#x00E1;gico destino del suicida. Un primer cuadro de este dram&#x00E1;tico fondo evoca la tristeza de la soledad y el otro, encima de &#x00E9;l, el consuelo del calor humano.  </p>
		
		<fig id="F4">
		<label>L&#x00E1;mina 4</label>
		<caption>
		<title>La vida, Pablo Picasso. &#x00D3;leo sobre tela. <xref ref-type="bibr" rid="CIT34">1903</xref>. Cleveland Museum of Art.</title>
		</caption>
		<graphic xmlns:xlink="http://www.w3.org/1999/xlink" xlink:href="../images/F4.jpg"/>
		</fig>
		
		<p>Picasso, seg&#x00FA;n consignan sus bi&#x00F3;grafos, realiz&#x00F3; cuatro bocetos preparatorios para el cuadro <italic>La vida</italic>, variando la composici&#x00F3;n de las figuras al menos dos veces; cabe destacar que la figura masculina, que empez&#x00F3; siendo un autorretrato –he aqu&#x00ED; lo relevante–, acab&#x00F3; siendo una representaci&#x00F3;n de su amigo Carles Casagemas. Se&#x00F1;ala Pellicer (<xref ref-type="bibr" rid="CIT08">1981</xref>) que “Aqu&#x00ED; no hay una lectura argumental del tema. No es, como dir&#x00ED;a una lectura superficial, la escena de los amantes sorprendidos por la mujer leg&#x00ED;tima. Es m&#x00E1;s bien una confrontaci&#x00F3;n entre el romanticismo que no piensa en el futuro y la realidad gravosa y dura. (86). Ser&#x00E1; por lo tanto, en este sentido, que se habr&#x00E1; de pesquisar esta operaci&#x00F3;n llevada a cabo por Picasso sobre la apariencia del protagonista. </p>
		
		<p>Fenomenol&#x00F3;gicamente el “encubrimiento”, el “recubrimiento” y el “descubrimiento” en estas obras sobre Casagemas ser&#x00E1;n tres categor&#x00ED;as de un s&#x00ED;ntoma reiterativo y de una operativa pertinaz en procura de ritualizar el duelo y la melancol&#x00ED;a, que a su vez ser&#x00E1;n el “llenado ante el vac&#x00ED;o de la muerte”, o “la lucha ante el espanto del sinsentido frente a la dram&#x00E1;tica apariencia del cad&#x00E1;ver de su amigo”. En este direcci&#x00F3;n hay que precisar, como se&#x00F1;ala Donald Winnicot, que “el vac&#x00ED;o es un requisito previo del anhelo de recibir algo dentro de s&#x00ED;”, es decir que el vac&#x00ED;o primario significa, simplemente un, “antes de empezar a llenarse” (Winnicot, <xref ref-type="bibr" rid="CIT28">1974</xref>,119). Ser&#x00E1; por lo tanto en esta trayectoria —la del “hoyo a bala” en la sien de Casagemas—, que Picasso se guiar&#x00E1; para llenar de sentido, tanto f&#x00ED;sico como s&#x00ED;quico, el vac&#x00ED;o producido por el suicida. Al igual que el s&#x00ED;ntoma o la apariencia en la fenomenolog&#x00ED;a de Heidegger, Sigmund Freud encontrar&#x00E1; en “lo ominoso”<xref ref-type="fn" rid="NOTE01">1</xref> (heimlich) –que tambi&#x00E9;n ser&#x00E1; traducido como “lo siniestro”–, aquel objeto familiar que esconde algo, donde la verdad se encuentra velada, y que al aparecer cambia de cualidad, convirti&#x00E9;ndose en algo terror&#x00ED;fico (Cattaneo, <xref ref-type="bibr" rid="CIT07">2011</xref>, 4). Ser&#x00E1; justamente bajo aquella “apariencia” en la obra <italic>La vida</italic>, donde habitar&#x00E1; lo clandestino en Picasso como “doble”. Ominoso en grado supremo –se&#x00F1;alar&#x00E1; Freud–, es lo que refiere a la intimidad con la muerte, los cad&#x00E1;veres y el retorno de estos a la vida. Es justamente en este escenario donde la figura del doble<xref ref-type="fn" rid="NOTE02">2</xref> adquiere a su vez un “doble sentido”. El “hoyo a bala” se ha desplazado una vez m&#x00E1;s y ha devenido como escena y rostro –nada menos que del propio pintor–, que esta vez, a diferencia del p&#x00E1;lido pigmento azul que cubri&#x00F3; el balazo en <italic>Casagemas en su ata&#x00FA;d</italic>, ha sido cubierto, en un segundo movimiento, con el rostro del propio Casagemas, instaurando “sobre” el rostro de Picasso y “bajo” el rostro del suicida la figura de un “doble”, de un “uno mismo que es otro”. Parad&#x00F3;jicamente y de igual forma, <italic>La vida</italic> est&#x00E1; pintada sobre otra famosa obra de Picasso, que se busc&#x00F3; durante mucho tiempo y que se cre&#x00ED;a p&#x00E9;rdida: <italic>&#x00DA;ltimos momentos</italic>. Fue justamente esta obra la que Picasso hab&#x00ED;a presentado a la Exposici&#x00F3;n Universal de 1900 y que lo llev&#x00F3; a viajar a Par&#x00ED;s por primera vez con su amigo, dando comienzo al tr&#x00E1;gico <italic>affair</italic> Gargallo-Casagemas. Cabe precisar qu&#x00E9; <italic>&#x00DA;ltimos momentos</italic> representaba curiosamente a un “moribundo en su lecho de muerte” (Warncke, <xref ref-type="bibr" rid="CIT27">2002</xref>,108). Una vez m&#x00E1;s “lo que cubre descubre”, como una operaci&#x00F3;n semi-ciega del artista en cuanto se desplaza precariamente por el vac&#x00ED;o de la muerte y cubre subrepticiamente de nuevos sentidos a personajes y situaciones. </p>
		
		</sec>
		
		<sec id="S4">
		<title>4. TRES HOYOS PARA UNA BALA (CONCLUSI&#x00D3;N) </title>
		
		<p>Picasso no solo era consciente de los hoyos, agujeros y concavidades en su obra, sino que, adem&#x00E1;s, conceptualiz&#x00F3; sobre ellos. Brassaï (<xref ref-type="bibr" rid="CIT05">2002</xref>) fotografiar&#x00E1; la escultura <italic>Cabeza de Muerto</italic> (<xref ref-type="fig" rid="F5">l&#x00E1;mina 5</xref>) de Picasso en septiembre de 1943, y se&#x00F1;alar&#x00E1; con admiraci&#x00F3;n: “Una obra sobrecogedora. Es m&#x00E1;s una cabeza monumental petrificada con las &#x00F3;rbitas vac&#x00ED;as, la nariz carcomida, los labios borrados, que un esqueleto descarnado y gesticulante. Es como un bloque de piedra errante, comido de cavidades” (77). Picasso siempre mostr&#x00F3; fascinaci&#x00F3;n por los agujeros, puntualizando que “el arte es el lenguaje de los signos”. En una conversaci&#x00F3;n que tendr&#x00E1; el mismo Picasso con Brassaï en 1946 y a prop&#x00F3;sito de unas fotos de <italic>grafitis</italic> callejeros, el malague&#x00F1;o le comentar&#x00E1;: “F&#x00ED;jese en esos ojos. Son hoyos profundos cavados en la pared. Pero algunos parecen combados, como si estuvieran en relieve. ¿De d&#x00F3;nde sale esto? No es un efecto &#x00F3;ptico; se ve perfectamente que son agujeros. Lo que sabemos influye en nuestra visi&#x00F3;n”. (245). </p>
		
		<fig id="F5">
		<label>L&#x00E1;mina 5</label>
		<caption>
		<title>Cabeza de muerto, Pablo Picasso. Piedra. <xref ref-type="bibr" rid="CIT35">1945-46</xref>.</title>
		</caption>
		<graphic xmlns:xlink="http://www.w3.org/1999/xlink" xlink:href="../images/F5.jpg"/>
		</fig>
		
		<p>Un balazo es homologable a la expresi&#x00F3;n «pegarse un tiro», cuyo resultado es un “hoyo de bala”. Un agujero tiene algo trasl&#x00FA;cido que no tiene un hoyo. Un agujero deja pasar algo, al menos la mirada a trav&#x00E9;s de &#x00E9;l. El agujero, por lo general, sorprende al unir, ya sea por intenci&#x00F3;n o accidente, dos realidades colindantes; por el agujero pasa la luz o al menos rebota esta en su “fondo”. El hoyo, sin embargo, es inescrutable y abismal, porque es ciego. El hoyo es pura oquedad y lleva en s&#x00ED; la fosa mortuoria, la oscuridad de la cavidad que ciega la mirada en lo m&#x00E1;s profundo de s&#x00ED;. Como se&#x00F1;ala Edmund Burke (2010), para que en general una cosa sea muy terrible es imprescindible que sea oscura (87). La asociaci&#x00F3;n de lo oscuro con lo terrible apunta a que en la profunda oscuridad se pierde toda referencialidad, quedando el sujeto a la deriva: “podemos caernos a un precipicio al primer paso que demos” (180). El hoyo es oscuridad y tambi&#x00E9;n negrura y las dos condiciones son dolorosas naturalmente (181). Es fuerte y dolorosa la palabra agujero, pero a&#x00FA;n m&#x00E1;s la palabra hoyo, por cuanto esta contiene algo vil y tambi&#x00E9;n soez, sobre todo cuando refiere a un “hoyo de bala en la sien de un suicida». Hay algo insondable en las expresiones “hoyo de bala” y “suicida”, que se conjugan dram&#x00E1;ticamente con las palabras “oscuridad” y “negrura”. En esta conjunci&#x00F3;n se oculta lo <italic>atroz</italic> y los sentidos se fugan indefectiblemente rumbo a la nada. Es justamente este “vac&#x00ED;o de la muerte”, homologable a un hoyo aterrador donde habitan la oscuridad y negrura, lo que determina la recurrencia melanc&#x00F3;lica de Picasso de pintar a su amigo una y otra vez. Es pertinente aqu&#x00ED; la reflexi&#x00F3;n de Leader, que afirma que: “La persona amada perdida se convierte en un hueco, un vac&#x00ED;o siempre presente a cuyo apego el melanc&#x00F3;lico no puede renunciar” (Leader, 177), a no ser que ritualice e incorpore al muerto en s&#x00ED; mismo a trav&#x00E9;s de su obra. El balazo o el “hoyo a (o de) bala” en la sien de Casagemas produce un vac&#x00ED;o profundo e insondable que va m&#x00E1;s all&#x00E1; del cuerpo del suicida, produciendo una macabra ausencia: “es el cad&#x00E1;ver en el interior del cual la muerte introduce la ausencia, es la podredumbre vinculada a esa ausencia” (Bataille: <xref ref-type="bibr" rid="CIT01">1985</xref>). Ser&#x00E1; entonces, desde este dram&#x00E1;tico “vac&#x00ED;o”, que Picasso elaborar&#x00E1; su “duelo” –llorando a su amigo–, con la consiguiente “melancol&#x00ED;a” –de morir con &#x00E9;l–, dando comienzo a su mentado per&#x00ED;odo azul.  </p>
		
		<p>Picasso era consciente de los “desplazamientos” en su pintura que cubren y descubren (Malraux, <xref ref-type="bibr" rid="CIT24">1974</xref>) en pos de un sentido, como as&#x00ED;, que no necesariamente lo que comenzaba terminar&#x00ED;a seg&#x00FA;n lo esperado, importando poco la voluntad del artista (Kanweiler, <xref ref-type="bibr" rid="CIT18">1955</xref>). El arte es para el pintor malague&#x00F1;o, un proceso de muertes acumuladas, una suma de “destrucci&#x00F3;n” y no un simple acto de “creaci&#x00F3;n”, y el arte es el camino seguido por el cerebro en la materializaci&#x00F3;n de un anhelo. Podemos reflexionar que Picasso ve la muerte como un principio de desplazamiento, donde nada se pierde, donde “el rojo que he quitado de una parte se encuentra en alguna otra parte” (Zervos, <xref ref-type="bibr" rid="CIT29">1935</xref>, 173). Ser&#x00E1; entonces, como de esta operaci&#x00F3;n nost&#x00E1;lgica del artista malague&#x00F1;o sobre la “herida de muerte” en la sien de Casagemas, se derivar&#x00E1;n tres “hoyos simb&#x00F3;licos” o “desplazamientos del vac&#x00ED;o” en las obras respecto a este episodio, los que remitir&#x00E1;n a su vez, a tres cuerpos y contextos diferentes, en los que Picasso procurar&#x00E1; construir un sentido para la tr&#x00E1;gica desaparici&#x00F3;n de su amigo.  </p>
		
		<p>El primer desplazamiento se dirigir&#x00E1; al espacio de la amistad o <italic>phil&#x00ED;a</italic> de Picasso y Casagemas, y se referir&#x00E1; al vac&#x00ED;o dejado por la p&#x00E9;rdida brutal del v&#x00ED;nculo, el que ser&#x00E1; plasmado magistralmente en toda la serie inspirada en el suicidio de su amigo. Pero ser&#x00E1; en <italic>Muerte de Casagemas</italic> (<xref ref-type="fig" rid="F1">l&#x00E1;mina 1</xref>), espec&#x00ED;ficamente, donde el “hoyo a bala” en el retrato del cad&#x00E1;ver del suicida atestiguar&#x00E1; la brutal p&#x00E9;rdida. Este “hoyo negro” tomar&#x00E1; cuerpo y se desplazar&#x00E1; virulentamente en m&#x00FA;ltiples imaginarios dentro de la obra del pintor malague&#x00F1;o. La muerte devorar&#x00E1; los sue&#x00F1;os de juventud y la “complicidad” de los amigos y pondr&#x00E1; fin a la juventud aventurera de Picasso, consolid&#x00E1;ndolo en una pintura azul, sombr&#x00ED;a y tr&#x00E1;gica (<italic>La comida del ciego</italic>, <italic>La celestina</italic>, <italic>Los pobres a la orilla del mar</italic>, <italic>El viejo guitarrista ciego</italic>, <italic>El viejo jud&#x00ED;o</italic>, etc.). </p>
		
		
		
		
		<p>Un segundo movimiento estar&#x00E1; dirigido al <italic>eros</italic>, entendido este como aquel lugar de la consumaci&#x00F3;n carnal del deseo. Este lugar no es otro que el del deseo de su amigo, personificado en la figura de la Gargallo. En su ardorosa relaci&#x00F3;n <italic>post-morten</italic> con Germaine, Picasso unir&#x00E1; su pasi&#x00F3;n y tristeza en torno a la figura de la “muerte” de su amigo, entendida esta como “continuidad” en la cual se funden uno con el otro en el acto sexual, al modo de una peque&#x00F1;a muerte (<italic>petit morte</italic>), una peque&#x00F1;a muerte evocadora de la gran muerte (Bataille). Ser&#x00E1; en este espacio, ante el vac&#x00ED;o producido por la ausencia del “pretendiente” Casagemas y su incapacidad en sus afanes amorosos, desde donde emerger&#x00E1; un brioso Picasso “amante”, dispuesto a reivindicar, plasmar y consumar con la Gargallo, lo que su amigo no hab&#x00ED;a logrado. Sin duda, la obra que mejor encarna este desplazamiento es <italic>Casagemas en el ata&#x00FA;d</italic> (<xref ref-type="fig" rid="F2">l&#x00E1;mina 2</xref>), segunda versi&#x00F3;n sobre el cad&#x00E1;ver del suicida, en donde ha desaparecido la huella del balazo en la sien, y su posible causa. </p>
		
		
		
		<p>En tercer lugar, el hoyo a bala se desliza en esta trama simb&#x00F3;lica, aunando los dos espacios anteriores para conformar lo “sagrado”, entendido como aquel espacio de sentido – tanto f&#x00ED;sico como ps&#x00ED;quico-, donde es posible la vinculaci&#x00F3;n con los muertos. El verbo <italic>sacrare</italic> significaba en el pasado “consagrar” y remit&#x00ED;a a una operaci&#x00F3;n previa, a trav&#x00E9;s de la cual se pon&#x00ED;a en valor trascendente una cosa o lugar. Para Mircea Eliade (<xref ref-type="bibr" rid="CIT11">1981</xref>) lo sagrado es aquella experiencia que refiere a la fundaci&#x00F3;n de mundo desde donde surge desde lo trivial lo excepcional<xref ref-type="fn" rid="NOTE03">3</xref> (<italic>hierofania</italic>). En este sentido, ser&#x00E1; justamente desde la pintura y su capacidad taumat&#x00FA;rgica que Picasso har&#x00E1; del cad&#x00E1;ver de su amigo un “cuerpo de trascendencia”, en donde lo excepcional ritualice y a la vez sea ritualizado. A este respecto resultan clarificadoras las obras: <italic>Evocaci&#x00F3;n, el entierro de Casagemas</italic>, en la cual Picasso le construye en el cielo un altar a su amigo muerto y <italic>La vida</italic>, en donde el pintor malague&#x00F1;o trae a la vida por &#x00FA;ltima vez a su amigo, para despedirse de &#x00E9;l. Son iluminadoras aqu&#x00ED; las palabras de Bataille (<xref ref-type="bibr" rid="CIT01">1985</xref>), que afirman que el hombre solo puede superar lo que le horroriza si es que puede mirarlo cara a cara. En lo que concierne a Picasso y su relaci&#x00F3;n con la vida y muerte de Casagemas, es posible plantear que ser&#x00E1; bajo el gobierno del duelo y la melancol&#x00ED;a, que, m&#x00E1;s all&#x00E1; del per&#x00ED;odo azul, inclusive, mirar&#x00E1; cara a cara la muerte y exorcizar&#x00E1; una y otra vez el “vac&#x00ED;o” producido por la p&#x00E9;rdida de su gran amigo. </p>


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	<sec id="notas">
     <title>NOTES</title>
     <fn-group>
      <fn id="NOTE01"><label>1</label><p>“Lo m&#x00E1;s interesante para nosotros es que la palabrita <italic>heimlich</italic>, entre los m&#x00FA;ltiples matices de su significado, muestra tambi&#x00E9;n uno en que coincide con su opuesta <italic>unheimlich</italic>. Por consiguiente, lo <italic>heimlich</italic> deviene <italic>unheimlich</italic>. En general, quedamos advertidos de que esta palabra <italic>heimlich</italic> no es un&#x00ED;voca, sino que pertenece a dos c&#x00ED;rculos de representaciones que, sin ser opuestos, son ajenos entre s&#x00ED;: el de lo familiar y agradable, y el de lo clandestino, lo que se mantiene oculto... Entonces, <italic>heimlich</italic> es una palabra que ha desarrollado su significado siguiendo una ambivalencia hasta coincidir al fin con su opuesto, <italic>unheimlich</italic>. De alg&#x00FA;n modo, <italic>unheimlich</italic> es una variedad de <italic>heimlich</italic>” (Freud, <xref ref-type="bibr" rid="CIT14">2000</xref>, 224).</p></fn>
	  <fn id="NOTE02"><label>2</label><p>“La presencia de «dobles» en todas sus gradaciones y plasmaciones, vale decir, la aparici&#x00F3;n de personas que por su id&#x00E9;ntico aspecto deben considerarse id&#x00E9;nticas; el acrecentamiento de esta circunstancia por el salto de procesos an&#x00ED;micos de una de estas personas a la otra —lo que llamar&#x00ED;amos telepat&#x00ED;a—, de suerte que una es co-poseedora del saber, el sentir y el vivenciar de la otra; la identificaci&#x00F3;n con otra persona hasta el punto de equivocarse sobre el propio yo o situar el yo ajeno en el lugar del propio —o sea, duplicaci&#x00F3;n, divisi&#x00F3;n, permutaci&#x00F3;n del yo—, y, por &#x00FA;ltimo, el permanente retorno de lo igual, la repetici&#x00F3;n de los mismos rasgos faciales, caracteres, destinos, hechos criminales, y hasta de los nombres a lo largo de varias generaciones sucesivas (Freud, <xref ref-type="bibr" rid="CIT14">2000</xref>, 234).</p></fn>   
	  <fn id="NOTE03"><label>3</label><p>“Nunca se insistir&#x00E1; lo bastante sobre la paradoja que constituye toda <italic>hierofan&#x00ED;a</italic>, incluso la m&#x00E1;s elemental. Al manifestar lo sagrado, un objeto cualquiera se convierte en otra cosa sin dejar de ser &#x00E9;l mismo, pues contin&#x00FA;a participando del medio c&#x00F3;smico circundante” (Eliade, <xref ref-type="bibr" rid="CIT11">1981</xref>, 10).</p></fn>   
	  
	  
	 
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			<title>BIBLIOGRAF&#x00CD;A</title>

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			  <comment>diciembre, art. # 16, Medellín, Departamento de Psicoanálisis, Universidad de Antioquia</comment> 
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