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			<journal-id journal-id-type="publisher-id">Arbor</journal-id>
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				<journal-title>ARBOR Ciencia, Pensamiento y Cultura</journal-title>
				<abbrev-journal-title>Arbor</abbrev-journal-title>
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			<issn pub-type="epub">0210-1963</issn>
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				<publisher-name>Consejo Superior de Investigaciones Cient&#x00ED;ficas</publisher-name>
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			<article-id pub-id-type="publisher-id">arbor.2014.765n1012</article-id>
			<article-id pub-id-type="doi">10.3989/arbor.2014.765n1012</article-id>
			 
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			<subject>VARIA / VARIA</subject>
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				<article-title>Yo, intelectual: P&#x00ED;o Baroja frente a las masas y la democracia</article-title>
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					<trans-title>I, INTELLECTUAL: P&#x00CD;O BAROJA ON THE MASSES AND DEMOCRACY</trans-title>
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				<alt-title alt-title-type="running-head">P&#x00CD;O BAROJA</alt-title>
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					 <surname>Fuster Garc&#x00ED;a</surname>
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				<aff id="U1">Departamento de Historia Contempor&#x00E1;nea. Facultad de Geograf&#x00ED;a e Historia. Universidad de Valencia.</aff>
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			<pub-date pub-type="collection">
			<year>2014</year>
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			<volume>190</volume>
			<issue>765</issue>
			
			<elocation-id content-type="doi">10.3989/arbor.2014.765n1012</elocation-id>

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					<year>2013</year>
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				<copyright-statement>&#x00A9; 2014 CSIC</copyright-statement>
				<copyright-year>2014</copyright-year>
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					<license-p>Este es un art&#x00ED;culo de acceso abierto distribuido bajo los t&#x00E9;rminos de la licencia Creative Commons Attribution-Non Commercial (by-nc) Spain 3.0.</license-p>
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			<abstract xml:lang="es">
				<title>RESUMEN</title>
				<p>El objetivo de este art&#x00ED;culo es trazar la evoluci&#x00F3;n de la actitud de P&#x00ED;o Baroja como intelectual durante los &#x00FA;ltimos a&#x00F1;os del siglo XIX y las primeras d&#x00E9;cadas del siglo XX, justo el per&#x00ED;odo durante el cual aparece y se consolida en Espa&#x00F1;a este nuevo sujeto social. Para ello, intento analizar el pensamiento del escritor vasco ante dos de los temas que m&#x00E1;s preocuparon a los intelectuales espa&#x00F1;oles y europeos en esta &#x00E9;poca: la relaci&#x00F3;n del individuo con la masa y la postura del intelectual frente a la democracia.</p>
			</abstract>
			
			<trans-abstract xml:lang="en">
				<title>ABSTRACT</title>
				<p>This paper aims to chart how the Basque writer P&#x00ED;o Baroja’s attitude as an intellectual evolved over the final years of the nineteenth and the early decades of the twentieth century, at a time when a new ‘social subject’ was emerging and becoming consolidated in Spain. It therefore analyses Baroja’s thought in relation to two of the topics of greatest concern to Spanish and European intellectuals of the day: the relationship of the individual to the mass and intellectuals’ attitude to democracy.</p>
			</trans-abstract>
			
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				<title>PALABRAS CLAVE</title>
				<kwd>P&#x00ED;o Baroja</kwd>
				<kwd>intelectual</kwd>
				<kwd>Espa&#x00F1;a</kwd>
				<kwd>masas</kwd>
				<kwd>democracia</kwd>
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				<title>KEYWORDS</title>
				<kwd>P&#x00ED;o Baroja</kwd>
				<kwd>intellectual</kwd>
				<kwd>Spain</kwd>
				<kwd>masses</kwd>
				<kwd>democracy</kwd>
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		<sec id="S0">
		<title></title>
			
		<p>En P&#x00ED;o Baroja se da el caso que se ofrece en muchos pensadores y artistas contempor&#x00E1;neos. Merced a su agudo esp&#x00ED;ritu de an&#x00E1;lisis y a su desinter&#x00E9;s intelectual, se encuentran, en un momento hist&#x00F3;rico y en un determinado medio social, con que ni pueden ser amparados –espiritualmente– ni aprobados por los elementos hist&#x00F3;ricos, tradicionalistas, ni por los dem&#x00F3;cratas y revolucionarios. </p>
		
		<p>Azor&#x00ED;n, “P&#x00ED;o Baroja”, <italic>El Pueblo Vasco</italic>, 14-VI-1911</p>
		
		
		</sec>
		
		<sec id="S1">
		<title>LOS “INTELECTUALES” EN LA ESPA&#x00D1;A DE FIN DE SIGLO </title>
		
		<p>La historiograf&#x00ED;a europea ha alcanzado cierto consenso a la hora de situar en la coyuntura del cambio de siglo la aparici&#x00F3;n de un nuevo sujeto social al que desde su nacimiento se ha designado con el nombre de “intelectuales”. Por concretar m&#x00E1;s con las fechas, se suele convenir en que el surgimiento de esta figura se produce por primera vez en Francia, a ra&#x00ED;z del llamado <italic>affaire Dreyfus </italic>y de la publicaci&#x00F3;n del art&#x00ED;culo “J’accuse”, firmado por &#x00C9;mile Zola el 13 de enero de 1898 en el peri&#x00F3;dico <italic>L’Aurore</italic>. En Espa&#x00F1;a, el hito que se suele tomar como punto de partida para la aparici&#x00F3;n de este grupo es la campa&#x00F1;a en favor de revisar los llamados “Procesos de Montjuic”, emprendida desde distintos sectores de la prensa y la cultura e intensificada tambi&#x00E9;n en 1898, coincidiendo con las primeras alusiones al t&#x00E9;rmino “intelectual” en alg&#x00FA;n texto de Miguel de Unamuno y Ramiro de Maeztu. Por tanto, podemos decir que el uso de la palabra “intelectual” como sustantivo aparece en el vocabulario pol&#x00ED;tico espa&#x00F1;ol en torno a la fecha de 1898 y con ese mismo matiz de rebeld&#x00ED;a y disconformidad con el que aparece en Francia, aplicado a aquel individuo que se separa del resto para emitir un juicio personal que suele ser cr&#x00ED;tico con el orden sociopol&#x00ED;tico establecido.  </p>
		
		<p>Estos intelectuales que surgen en Espa&#x00F1;a durante el fin de siglo se diferencian del resto de la sociedad porque reclaman una funci&#x00F3;n espec&#x00ED;fica, sin asumir en ning&#x00FA;n momento el liderazgo. Son – ha escrito Santos Juli&#x00E1; – como los liberales o los rom&#x00E1;nticos, en el sentido de que “convierten la disidencia en un signo de distinci&#x00F3;n”, protestan contra todo y se erigen en “&#x00E1;rbitros morales de la naci&#x00F3;n”; sin embargo, y a diferencia de aquellos, “son incapaces de organizar un movimiento, proponer un programa de acci&#x00F3;n, se&#x00F1;alar un objetivo: sienten una profunda aversi&#x00F3;n a lo concreto” (Juli&#x00E1;, <xref ref-type="bibr" rid="CIT11">1998</xref>, 4). Efectivamente, una de las caracter&#x00ED;sticas que m&#x00E1;s se han se&#x00F1;alado de este nuevo sujeto es la ausencia de uni&#x00F3;n en un grupo cuyos miembros pod&#x00ED;an coincidir en sus opiniones, sin necesidad de ponerlas al servicio de un principio rector; es m&#x00E1;s, se puede decir que los intelectuales compartieron unos mismos espacios de sociabilidad en tertulias y redacciones de peri&#x00F3;dicos pero, aun as&#x00ED;, “rechazaron cualquier idea de organizaci&#x00F3;n y ni siquiera editaron revistas ni peri&#x00F3;dicos propios” (Juli&#x00E1;, <xref ref-type="bibr" rid="CIT12">2001</xref>, 164). “Entre 1895 y 1905 – han dicho dos reconocidos hispanistas –, Unamuno, Baroja, Mart&#x00ED;nez Ruiz, Maeztu, etc., lanzaron muchas ideas pero, en definitiva, ¿qu&#x00E9; valores comunes propusieron?” (Lissorgues y Salaün, <xref ref-type="bibr" rid="CIT14">1991</xref>, 66) En este sentido, pues, parece bastante claro que aquello que compart&#x00ED;a la generaci&#x00F3;n de intelectuales que aparece en Espa&#x00F1;a durante el fin de siglo era solamente el deseo de renovarlo todo guiado por un &#x00ED;mpetu juvenil que, l&#x00F3;gicamente, estaba destinado a evaporarse alg&#x00FA;n d&#x00ED;a.  </p>
		
		<p>Haciendo valer esta nueva condici&#x00F3;n, durante estos primeros a&#x00F1;os del siglo XX el escritor vasco P&#x00ED;o Baroja (1872-1956) empieza a combinar – y lo har&#x00E1; ya durante toda su vida – la creaci&#x00F3;n de su obra literaria con la intervenci&#x00F3;n en el debate p&#x00FA;blico, manifestando sus opiniones en la prensa e interviniendo en una serie de actos c&#x00ED;vicos (conferencias, charlas, m&#x00ED;tines, etc.) que culminar&#x00E1;n en un primer intento de acceder a la pol&#x00ED;tica municipal madrile&#x00F1;a en 1909, como candidato del Partido Republicano Radical de Alejandro Lerroux. En las p&#x00E1;ginas siguientes quiero profundizar en la postura barojiana sobre dos de los temas que m&#x00E1;s preocuparon a los intelectuales espa&#x00F1;oles y europeos durante esta &#x00E9;poca: la relaci&#x00F3;n del individuo con la masa y la actitud del intelectual frente a la democracia.  </p>
		
		</sec>
		
		<sec id="S2">
		<title>BAROJA Y LAS MASAS </title>
		
		<p>Como han venido subrayando infinidad de autores, durante el per&#x00ED;odo que abarca las tres primeras d&#x00E9;cadas del siglo XX el protagonismo de las masas adquiere una relevancia desconocida hasta ese momento en la historia de la Europa contempor&#x00E1;nea. “Hay un hecho – escribe Ortega y Gasset en 1929 – que, para bien o para mal, es el m&#x00E1;s importante en la vida p&#x00FA;blica europea de la hora presente. Este hecho es el advenimiento de las masas al pleno poder&#x00ED;o social” (Ortega y Gasset, <xref ref-type="bibr" rid="CIT17">2005</xref>, 375). El crecimiento y desarrollo demogr&#x00E1;fico de las grandes urbes europeas, propiciado por la llegada a la ciudad de oleadas migratorias procedentes del mundo rural, provoca que la poblaci&#x00F3;n hasta entonces dispersa en n&#x00FA;cleos de tama&#x00F1;o menor se acumule y se concentre en esas metr&#x00F3;polis tomadas por el fen&#x00F3;meno de las muchedumbres, como las llama Ortega: </p>
		
		<p>La aglomeraci&#x00F3;n, el lleno, no era antes frecuente. ¿Por qu&#x00E9; lo es ahora? Los componentes de esas muchedumbres no han surgido de la nada. Aproximadamente el mismo n&#x00FA;mero de personas exist&#x00ED;a hace quince a&#x00F1;os. Despu&#x00E9;s de la guerra parecer&#x00ED;a natural que ese n&#x00FA;mero fuese menor. Aqu&#x00ED; topamos, sin embargo, con la primera nota importante. Los individuos que integran estas muchedumbres preexist&#x00ED;an, pero no como muchedumbre. Repartidos por el mundo en peque&#x00F1;os grupos, o solitarios, llevaban una vida, por lo visto, divergente, disociada, distante. Cada cual – individuo o peque&#x00F1;o grupo – ocupaba un sitio, tal vez el suyo, en el campo, en la aldea, en la villa, en el barrio de la gran ciudad. </p>
		
		<p>Ahora, de pronto, aparecen bajo la especie de aglomeraci&#x00F3;n, y nuestros ojos ven dondequiera muchedumbres (Ortega y Gasset, <xref ref-type="bibr" rid="CIT17">2005</xref>, 376-377).  </p>
		
		<p>Es en este nuevo contexto donde se forja un pensamiento barojiano cuyo an&#x00E1;lisis parte necesariamente de una premisa: aquello que seg&#x00FA;n nuestro autor hace incompatible la coexistencia de individuo y masa es el choque de dos sensibilidades que no encajan. Por eso, y pese a que en su obra hay una cr&#x00ED;tica severa a la incultura de la multitud y a su responsabilidad en esa ausencia de valores que caracteriza a la crisis finisecular, no se puede decir – como han pretendido algunos autores – que Baroja realiza una cr&#x00ED;tica a la sociedad espa&#x00F1;ola en abstracto. La sociedad, dice el escritor, no es mala por el hecho de ser sociedad; lo negativo para el individuo es vivir en una sociedad en la que no se siente a gusto: </p>
		
		<p>Yo estoy convencido de que la vida no es buena ni mala; es como la naturaleza: necesaria. La misma sociedad no es tampoco ni buena ni mala. Es mala para el hombre que tiene una sensibilidad excesiva para su tiempo; es buena para el que se encuentra en armon&#x00ED;a con el ambiente. </p>
		
		<p>[…] El hombre debe tener la sensibilidad que necesita para su &#x00E9;poca y para su ambiente; si tiene menos, vivir&#x00E1; como un menor de edad; si tiene la necesaria, vivir&#x00E1; como un hombre adulto; si tiene m&#x00E1;s ser&#x00E1; un enfermo (Baroja, <xref ref-type="bibr" rid="CIT05">1999a</xref>, 351)<xref ref-type="fn" rid="NOTE01">1</xref>. </p>
		
		<p>Esta incompatibilidad de sensibilidades es justamente la que siente un Baroja que reaccionar&#x00E1; adoptando esa actitud de individualismo radical que impregna su obra literaria y, en general, su cosmovisi&#x00F3;n del mundo. Desde su punto de vista, todas las instancias sociales que someten o encuadran al individuo son creaciones artificiales sin ninguna base s&#x00F3;lida, sin ninguna autoridad moral que no sea la de una convenci&#x00F3;n contranatural; una imposici&#x00F3;n coartadora de la personalidad y la originalidad del hombre: </p>
		
		<p>La individual es la &#x00FA;nica realidad en la naturaleza y en la vida. La especie, el g&#x00E9;nero, la raza, en el fondo no existen; son abstracciones, modos de designar, artificios de la ciencia, s&#x00ED;ntesis &#x00FA;tiles, pero no absolutamente exactas. Con estos artificios discurrimos y comparamos; estos artificios constituyen una norma dentro de nosotros mismos, pero no tienen realidad exterior. </p>
		
		<p>S&#x00F3;lo lo individual existe por s&#x00ED; y ante s&#x00ED;. Soy vivo; es lo &#x00FA;nico que puede afirmar el hombre. </p>
		
		<p>Las agrupaciones o separaciones constituidas por la clasificaci&#x00F3;n son como la cuadr&#x00ED;cula que un dibujante pusiera delante de una figura para copiarla mejor. Las rayas de la cuadr&#x00ED;cula dividir&#x00E1;n las l&#x00ED;neas del dibujo; pero las dividir&#x00E1;n, no en la realidad, sino s&#x00F3;lo en el campo visual del dibujante. </p>
		
		<p>En lo humano, como en todo en la naturaleza, el individuo es lo &#x00FA;nico. S&#x00F3;lo lo individual existe en el campo de la vida y en el campo del esp&#x00ED;ritu (Baroja, <xref ref-type="bibr" rid="CIT04">1998</xref>, 571). </p>
		
		<p>Como ha escrito Jos&#x00E9;-Carlos Mainer y ha coincidido en se&#x00F1;alar toda la cr&#x00ED;tica, si algo define – adem&#x00E1;s de su escepticismo – la mentalidad de Baroja es su acusado individualismo: “una intolerancia respecto a cualquier obst&#x00E1;culo que lo colectivo – Estado, Iglesia, Ley…– imponga a una «ley natural» que debe proteger a los rebeldes en su camino solitario” (Mainer, <xref ref-type="bibr" rid="CIT15">1997</xref>, 31-32). Pero, a pesar de este individualismo, o quiz&#x00E1; precisamente por ello, su curiosidad le lleva a interesarse vivamente por la relaci&#x00F3;n entre el hombre y la masa, as&#x00ED; como por el fen&#x00F3;meno de las multitudes y su comportamiento. Desde esta perspectiva, cabe decir que la visi&#x00F3;n barojiana de la masa no se nutre &#x00FA;nicamente de su experiencia como intelectual, sino que sus juicios se ven enriquecidos tambi&#x00E9;n por la lectura que nuestro protagonista har&#x00E1; de reputados soci&#x00F3;logos y antrop&#x00F3;logos europeos que durante estos primeros a&#x00F1;os del siglo XX elaboran las primeras teor&#x00ED;as cient&#x00ED;ficas sobre la psicolog&#x00ED;a de las masas. Lo comprobamos en su ensayo “El esp&#x00ED;ritu de las masas”, donde cita el nombre de algunos de estos autores muy en boga en la Europa del momento y presentes a trav&#x00E9;s de sus t&#x00ED;tulos m&#x00E1;s representativos en la biblioteca personal del novelista: </p>
		
		<p>Hace ya treinta o cuarenta a&#x00F1;os se publicaron varios libros acerca de la psicolog&#x00ED;a y del alma de las multitudes. Creo que la primera obra que trat&#x00F3; de esta cuesti&#x00F3;n m&#x00E1;s o menos cient&#x00ED;ficamente fue la del profesor italiano Sighele, y que a &#x00E9;sta siguieron las de Le Bon, Tarde y, por &#x00FA;ltimo, Freud (Baroja, <xref ref-type="bibr" rid="CIT06">1999b</xref>, 1131).  </p>
		
		<p>Quiz&#x00E1; uno de los aspectos de la sociedad en la que vive m&#x00E1;s detestados por Baroja es su tendencia a la uniformidad; la masa tiende por naturaleza hacia una homogeneizaci&#x00F3;n de los hombres que suprime su bien m&#x00E1;s preciado: la individualidad. Efectivamente, este abuso del poder de la masa a la hora de frenar y coartar la originalidad del hombre moderno es algo que el novelista no puede perdonar. En “Las ideas de ayer y de hoy” ironiza sobre la idea nietzscheana del “superhombre” y concluye que lo que predomina en la sociedad europea de principios del siglo XX es la mediocridad: “No hay signos de superhombr&#x00ED;a en el ambiente. Por el contrario, el hombre, por la presi&#x00F3;n de las masas, parece que tiende a hacerse m&#x00E1;s aborregado, menos individual, m&#x00E1;s social y, probablemente, m&#x00E1;s mediocre” (Baroja, <xref ref-type="bibr" rid="CIT07">1999c</xref>, 1261).  </p>
		
		<p>Dice Azor&#x00ED;n en <italic>La voluntad</italic> (1902) – expresando un principio compartido seguramente por nuestro autor – que “la originalidad, que es lo m&#x00E1;s alto de la vida, es lo que m&#x00E1;s dif&#x00ED;cilmente perdona el vulgo” (Azor&#x00ED;n, <xref ref-type="bibr" rid="CIT01">2008</xref>, 152). Quiz&#x00E1; con esta afirmaci&#x00F3;n en mente, en el pr&#x00F3;logo a su novela <italic>C&#x00E9;sar o nada</italic> Baroja insiste en la misma idea y ampl&#x00ED;a su teor&#x00ED;a sobre el perjuicio que la masa provoca al individuo; para &#x00E9;l, el ser humano es contradictorio por naturaleza y cada individuo posee unas caracter&#x00ED;sticas propias que le hacen diferente al resto. Por eso, lo ideal ser&#x00ED;a que los hombres pudieran vivir en sociedad, sin tener por ello que renunciar a su libertad individual; este equilibrio ut&#x00F3;pico entre lo general y lo particular, entre lo individual y lo colectivo, es lo que seg&#x00FA;n Baroja, no se encuentra en una sociedad espa&#x00F1;ola en la que el individuo siempre sale perdiendo frente a la mayor&#x00ED;a: </p>
		
		<p>S&#x00F3;lo cuando la inarmon&#x00ED;a individual deja de serlo, cuando pierde sus atributos de ser excepcional, cuando el molde se desgasta y se vulgariza y toma un car&#x00E1;cter com&#x00FA;n, obtiene el aprecio de la mayor&#x00ED;a. </p>
		
		<p>“Es l&#x00F3;gico; lo borroso ha de simpatizar con lo borroso; lo vulgar y lo gen&#x00E9;rico tienen que identificarse con lo gen&#x00E9;rico y lo vulgar” </p>
		
		<p>Desde un punto de vista humano, lo perfecto en una sociedad ser&#x00ED;a que supiese defender los intereses generales, y, al mismo tiempo, comprender lo individual; que diera al individuo las ventajas del trabajo en com&#x00FA;n y la libertad m&#x00E1;s absoluta; que multiplicara su labor y le permitiera el aislamiento. Esto ser&#x00ED;a lo equitativo y lo bueno. </p>
		
		<p>Nuestra sociedad no sabe hacer ninguna de estas dos cosas; defiende lo particular contra lo general, porque tiene como norma pr&#x00E1;ctica la injusticia y el privilegio; no comprende lo individual, porque lo individual constituye la originalidad, y la originalidad es siempre un elemento perturbador y revolucionario (Baroja, <xref ref-type="bibr" rid="CIT04">1998</xref>, 572). </p>
		
		<p>Este an&#x00E1;lisis barojiano coincide con el de otros intelectuales y pensadores europeos que durante las primeras d&#x00E9;cadas del siglo XX llegan a las mismas conclusiones. Para Ortega y Gasset, uno de los efectos m&#x00E1;s nocivos de la masa es esta capacidad para eliminar todo lo que sobresale, lo que destaca o es diferente a la norma; sean del tipo que sean, las minor&#x00ED;as selectas no tienen cabida en esta sociedad europea de las multitudes: “La masa arrolla todo lo diferente, egregio, individual, calificado y selecto. Quien no sea como todo el mundo, quien no piense como todo el mundo corre el riesgo de ser eliminado” (Ortega y Gasset, <xref ref-type="bibr" rid="CIT17">2005</xref>, 380). Seg&#x00FA;n el fil&#x00F3;sofo madrile&#x00F1;o, el responsable de la degradaci&#x00F3;n cultural de la sociedad europea ten&#x00ED;a un nombre: el “hombre-masa”. Si la masa impide la expresi&#x00F3;n de la individualidad es porque est&#x00E1; integrada por individuos sin personalidad propia, por hombres-masa que forman ese todo amorfo y culturalmente pobre que es la masa. En la multitud no caben los extremos, solamente lo mediano, lo com&#x00FA;n. Por eso, dice Ortega, la masa es la uni&#x00F3;n de todo lo mediocre que hay en la sociedad:  </p>
		
		<p>Masa es “el hombre medio”. De este modo se convierte lo que era meramente cantidad – la muchedumbre – en una determinaci&#x00F3;n cualitativa: es la cualidad com&#x00FA;n, es lo mostrenco social, es el hombre en cuanto no se diferencia de otros hombres, sino que repite en s&#x00ED; un tipo gen&#x00E9;rico (Ortega y Gasset, <xref ref-type="bibr" rid="CIT17">2005</xref>, 377). </p>
		
		<p>En el caso de Baroja, esta cr&#x00ED;tica a la masa y a la sociedad de la &#x00E9;poca ser&#x00E1; doble, pues a la denuncia que hace el autor en calidad de intelectual se sumar&#x00E1; la realizada a trav&#x00E9;s de los muchos personajes autobiogr&#x00E1;ficos que encontramos en sus novelas. </p>
		
		</sec>
		
		<sec id="S3">
		<title>BAROJA Y LA DEMOCRACIA </title>
		
		<p>La cr&#x00ED;tica de Baroja y otros intelectuales de su generaci&#x00F3;n a las multitudes tiene su derivaci&#x00F3;n l&#x00F3;gica en el rechazo de todos ellos al modelo pol&#x00ED;tico con el que identifican a esas masas: la democracia. M&#x00E1;s que una cr&#x00ED;tica a la democracia como ideal pol&#x00ED;tico, lo que abunda es una denuncia de la perversi&#x00F3;n de los valores democr&#x00E1;ticos que representa la entrada de las masas en la pol&#x00ED;tica por primera vez en la historia de Espa&#x00F1;a, a trav&#x00E9;s de los partidos republicanos y socialistas que empiezan a tomar fuerza durante las primeras d&#x00E9;cadas del siglo XX como hipot&#x00E9;tica alternativa a los llamados “partidos din&#x00E1;sticos” de la Restauraci&#x00F3;n. Como ha resumido Santos Juli&#x00E1;, “si la masa era el n&#x00FA;mero y si el n&#x00FA;mero decid&#x00ED;a la formaci&#x00F3;n de los Gobiernos, entonces los Gobiernos estaban por definici&#x00F3;n afectados del mismo da&#x00F1;o que la masa” (Juli&#x00E1;, <xref ref-type="bibr" rid="CIT11">1998</xref>, 5). No estamos, sin embargo, ante una especificidad espa&#x00F1;ola; este posicionamiento de los intelectuales frente a la democracia es generalizado para toda Europa. De hecho, son varios los pensadores europeos que durante esta &#x00E9;poca teorizan sobre el comportamiento pol&#x00ED;tico de las masas, publicando ensayos y monograf&#x00ED;as en los que argumentan sobre lo que supone para la sociedad europea la adopci&#x00F3;n de esa novedad que es el sufragio universal masculino.  </p>
		
		<p>Uno de estos soci&#x00F3;logos – citado por Baroja en ese texto al que ya he aludido anteriormente – es Gustave Le Bon, quien en su ensayo <italic>Psicolog&#x00ED;a de las masas</italic> elabora una teor&#x00ED;a que parte de reconocer que “el advenimiento de las clases populares a la vida pol&#x00ED;tica, su progresiva transformaci&#x00F3;n en clases dirigentes, es una de las m&#x00E1;s destacadas caracter&#x00ED;sticas de nuestra &#x00E9;poca de transici&#x00F3;n” (Le Bon, <xref ref-type="bibr" rid="CIT13">2005</xref>, 20). Le Bon estudia la sociedad europea finisecular y percibe un fen&#x00F3;meno que para &#x00E9;l resulta incontestable: el ascenso de unas masas cuyas reivindicaciones las hacen cada vez m&#x00E1;s peligrosas, menos manejables. Dentro de la irracionalidad y la incultura que las caracteriza, las multitudes tienen, en cambio, una importante capacidad para la acci&#x00F3;n. De llegar al poder, cree Le Bon, las masas pueden provocar una involuci&#x00F3;n de la sociedad occidental hasta un per&#x00ED;odo pre-civilizatorio que &#x00E9;l llama de “comunismo primitivo”, de anarqu&#x00ED;a total o, lo que es peor, de tiran&#x00ED;a de la masa: </p>
		
		<p>En la actualidad, las reivindicaciones de las masas se hacen cada vez m&#x00E1;s definidas y tienden a destruir radicalmente la sociedad actual, para conducirla a aquel comunismo primitivo que fue el estado normal de todos los grupos humanos antes de la aurora de la civilizaci&#x00F3;n. Limitaci&#x00F3;n de las horas de trabajo, expropiaci&#x00F3;n de las minas, los ferrocarriles, las f&#x00E1;bricas y el suelo; reparto equitativo de los productos, eliminaci&#x00F3;n de las clases superiores en beneficio de las populares, etc. He aqu&#x00ED; estas reivindicaciones. </p>
		
		<p>Poco aptas para el razonamiento, las masas se muestran, por el contrario, muy h&#x00E1;biles para la acci&#x00F3;n. La organizaci&#x00F3;n actual convierte su fuerza en inmensa. Los dogmas que vemos nacer habr&#x00E1;n adquirido muy pronto el poder de las viejas concepciones, es decir: la fuerza tir&#x00E1;nica y soberana que queda fuera de discusi&#x00F3;n. El derecho divino de las masas sustituye al derecho divino de los reyes. </p>
		
		<p>[…] El advenimiento de las masas marcar&#x00E1; quiz&#x00E1; una de las &#x00FA;ltimas etapas de las civilizaciones de Occidente, un retorno hacia aquellos per&#x00ED;odos de confusa anarqu&#x00ED;a que preceden a la eclosi&#x00F3;n de las nuevas sociedades (Le Bon, <xref ref-type="bibr" rid="CIT13">2005</xref>, 21-22). </p>
		
		<p>Seg&#x00FA;n este soci&#x00F3;logo, la actuaci&#x00F3;n de las “masas electorales” se caracteriza por “una escasa aptitud de razonamiento, ausencia de esp&#x00ED;ritu cr&#x00ED;tico, irritabilidad, credulidad y simplismo”. Si se otorga el voto a las masas, explica Le Bon, se corre el riesgo de dejar el poder para elegir en manos de personas sin criterio; las masas no tienen opini&#x00F3;n propia y razonada, sino impuesta por individuos que no siempre tienen la mejor formaci&#x00F3;n cultural como para ejercer de asesores pol&#x00ED;ticos. Si el criterio para conceder el sufragio se basa en la cantidad de individuos y no en su calidad o formaci&#x00F3;n intelectual, las consecuencias son f&#x00E1;cilmente previsibles. “La grandeza de una civilizaci&#x00F3;n – afirma Le Bon – no puede depender, seguramente, del sufragio de elementos inferiores, que representan &#x00FA;nicamente cantidad. Es tambi&#x00E9;n indudable que los sufragios de las masas son con frecuencia muy peligrosos” (Le Bon, <xref ref-type="bibr" rid="CIT13">2005</xref>, 132-133). Pero en contra de lo que pudiera parecer por estas palabras, el autor no es partidario tampoco de un sufragio censitario m&#x00E1;s restringido; seg&#x00FA;n su punto de vista, la soluci&#x00F3;n no es esa. Para Le Bon, el sufragio restringido y limitado a los m&#x00E1;s inteligentes tendr&#x00ED;a el mismo problema que el sufragio universal. El problema no radica solamente en la inteligencia del votante, sino en el hecho de que en cualquier masa de cualquier tipo, las cualidades de los individuos tienden a igualarse a la baja, lo cual siempre es un hecho negativo: </p>
		
		<p>¿Hemos de suponer entonces que un sufragio restringido – restringido a los capaces, si se quiere – mejorar&#x00ED;a el voto de las masas? No puedo admitirlo ni por un instante y ello por los motivos antes se&#x00F1;alados y relativos a la inferioridad mental de todas las colectividades, sea cual fuere su composici&#x00F3;n. En masa, y lo repito, los hombres se igualan siempre y, por lo que respecta a cuestiones generales, el sufragio de cuarenta acad&#x00E9;micos no es mejor que el de cuarenta aguadores. […] Ante problemas sociales, llenos de m&#x00FA;ltiples inc&#x00F3;gnitas y dominados por la l&#x00F3;gica m&#x00ED;stica o la l&#x00F3;gica afectiva, todas las ignorancias se igualan (Le Bon, <xref ref-type="bibr" rid="CIT13">2005</xref>, 134). </p>
		
		<p>Otro autor le&#x00ED;do y citado por Baroja que tambi&#x00E9;n tercia en este debate sobre las masas y su lugar en la sociedad europea de principios del siglo XX es el soci&#x00F3;logo y crimin&#x00F3;logo franc&#x00E9;s Gabriel Tarde, que en 1901 publica la que quiz&#x00E1; sea su obra m&#x00E1;s conocida e influyente: <italic>La opini&#x00F3;n y la multitud</italic>. En esta monograf&#x00ED;a en la que se estudia la evoluci&#x00F3;n de las masas europeas hasta su conversi&#x00F3;n en lo que Tarde llama “p&#x00FA;blico”, el autor dedica unas l&#x00ED;neas a exponer su argumento sobre lo que podr&#x00ED;a suponer la entrada de las multitudes en la pol&#x00ED;tica. Para este soci&#x00F3;logo, el mayor peligro para las democracias europeas que nacen en el cambio de siglo es su posible obsesi&#x00F3;n por intentar controlar a las masas, ya que, seg&#x00FA;n &#x00E9;l, esa es una tarea que corresponde a los intelectuales, que son los encargados de dar ejemplo a la sociedad y de hacerlo tom&#x00E1;ndose mucho cuidado en su contacto con las masas, cuyo nivel cultural deben intentar elevar. Para evitar la perversi&#x00F3;n de la democracia, los intelectuales deben guiar a las masas, pero siempre resistiendo y manteniendo su situaci&#x00F3;n privilegiada, sin rebajarse nunca a su nivel: </p>
		
		<p>El peligro de las nueva democracias est&#x00E1; en la dificultad creciente para los hombres de pensamiento de escapara a la obsesi&#x00F3;n y a la agitaci&#x00F3;n fascinadora. Es muy peligroso descender en una campana de inmersi&#x00F3;n en un mar muy agitado. Las individualidades dirigentes, que nuestras sociedades contempor&#x00E1;neas ponen de relieve, son cada vez m&#x00E1;s los escritores que viven en continuo contacto con ellas; y la poderosa influencia que ejercen, preferible seguramente a la crueldad de las multitudes ac&#x00E9;falas, constituye ya un desmentido infligido a la teor&#x00ED;a de las masas creadoras. […] Lo que preservar&#x00E1; de la destrucci&#x00F3;n y del nivelamiento democr&#x00E1;tico a las cimas intelectuales y art&#x00ED;sticas de la humanidad no ser&#x00E1;, yo lo creo, el reconocimiento por el bien que el mundo les debe, la justa valoraci&#x00F3;n del coste de sus descubrimientos. ¿Qu&#x00E9; ser&#x00E1;, pues…? Yo quiero creer que ser&#x00E1; su fuerza de resistencia (Tarde, <xref ref-type="bibr" rid="CIT18">1986</xref>, 77). </p>
		
		<p>Sin entrar a valorar sus aventuras pol&#x00ED;ticas, m&#x00E1;s relacionadas con un posible y leg&#x00ED;timo deseo de notoriedad p&#x00FA;blica que con una adhesi&#x00F3;n decidida a una ideolog&#x00ED;a concreta, lo cierto es que Baroja no tuvo jam&#x00E1;s una postura pol&#x00ED;tica definida. Lo &#x00FA;nico que s&#x00ED; se detecta en todas las opiniones vertidas por el novelista vasco a lo largo de su vida es un deseo de romper con la tradici&#x00F3;n y de acabar con los privilegios del pasado e, igualmente, un temor a que esta ruptura signifique que lo nuevo sea igual o peor que lo viejo; que lo que nazca sea una democracia controlada por la masa a trav&#x00E9;s del sufragio: </p>
		
		<p>Todo lo que tiene el liberalismo de destructor del pasado me sugestiona: la lucha contra los prejuicios religiosos y nobiliarios, la expropiaci&#x00F3;n de las comunidades, los impuestos contra la herencia, todo lo que sea pulverizar la sociedad pasada, me produce una gran alegr&#x00ED;a; en cambio, lo que el liberalismo tiene de constructor, el sufragio universal, la democracia, el parlamentarismo, me parece rid&#x00ED;culo y sin eficacia (Baroja, <xref ref-type="bibr" rid="CIT05">1999a</xref>, 424). </p>
		
		<p>M&#x00E1;s que su oposici&#x00F3;n el r&#x00E9;gimen de la Restauraci&#x00F3;n, que tambi&#x00E9;n existe, lo que demuestra la cr&#x00ED;tica barojiana a la democracia es la animadversi&#x00F3;n que siente nuestro autor hacia las multitudes y hacia el abuso de poder que en ellas intuye. Es su individualismo y la desconfianza que siente hacia lo que las masas pueden hacer si acceden a la pol&#x00ED;tica lo que le hace recelar de la democracia: </p>
		
		<p>Actualmente parece que el formar masas es el ideal de los partidos pol&#x00ED;ticos. ¿Lo ser&#x00E1; siempre? No lo sabemos. Los individualistas desear&#x00ED;amos que este ideal fuese transitorio y que se volviera a pensar en los eternos valores personales; pero quiz&#x00E1; ya es tarde. </p>
		
		<p>La masa, que cuando protesta es rencorosa y de un sentimentalismo rid&#x00ED;culo y pueril, cuando manda es desp&#x00F3;tica y sanguinaria. Su moral es muy pobre. ¿Se mata? No se pod&#x00ED;a hacer otra cosa. Antes la vida humana val&#x00ED;a mucho; ahora comienza a no valer nada. La pol&#x00ED;tica de masas produce: o la dictadura socialista, o la fascista. </p>
		
		<p>Con una o con otra, el gobierno es tir&#x00E1;nico y pedantesco, dirigido por gente mediocre y endiosada, apoyado por bur&#x00F3;cratas, polic&#x00ED;as y guardias de todas clases (Baroja, <xref ref-type="bibr" rid="CIT06">1999b</xref>, 1315). </p>
		
		<p>Cuando en sus memorias repase su vida y los diferentes juicios que sobre su postura pol&#x00ED;tica se han hecho, Baroja insistir&#x00E1; en que nunca fue afiliado de un partido pol&#x00ED;tico ni defensor ac&#x00E9;rrimo de ninguna ideolog&#x00ED;a. Lo que s&#x00ED; admite es haber mantenido siempre una concepci&#x00F3;n negativa del comunismo y del socialismo como modelos pol&#x00ED;ticos m&#x00E1;s favorables a la entrada de las masas en pol&#x00ED;tica. Por eso, este rechazo a la democracia como gobierno del pueblo, de la masa social inculta, es la &#x00FA;nica constante ideol&#x00F3;gica en la trayectoria vital barojiana: </p>
		
		<p>Siempre he tenido recelo y poco amor por la democracia y el comunismo. Ya en todas las manifestaciones democr&#x00E1;ticas de hace a&#x00F1;os me parec&#x00ED;a ver un peligro. Todos los p&#x00FA;blicos grandes me han producido desconfianza y, a veces, terror. No creo que una masa social pueda ir a nada bueno. Todo en ella ser&#x00E1;n apetitos un poco brutales, nunca pensamientos nobles ni juicios claros. </p>
		
		<p>Como digo, siempre he tenido recelo por el avance de las teor&#x00ED;as democr&#x00E1;ticas y socialistas (Baroja, <xref ref-type="bibr" rid="CIT03">1997</xref>, 297).  </p>
		
		<p>En varios de sus escritos, Baroja se refiere a la democracia como una “broma etimol&#x00F3;gica”, en el sentido de que lo que para otros es el gobierno del pueblo, para &#x00E9;l es un dominio de la masa que, adem&#x00E1;s, viene acompa&#x00F1;ado de una “mixtificaci&#x00F3;n de oradores”, en referencia a la inepcia de los pol&#x00ED;ticos espa&#x00F1;oles y a su rid&#x00ED;cula propensi&#x00F3;n a la oratoria pomposa y vac&#x00ED;a de contenido. Adem&#x00E1;s, a&#x00F1;ade el escritor, uno de los peores aspectos del debate sobre la democracia es que la mayor&#x00ED;a de la gente habla de un concepto cuyo significado desconoce totalmente. Para Baroja, la gente confunde la solidaridad o el leg&#x00ED;timo y humano deseo de la bondad de los unos para con los otros, con un sistema pol&#x00ED;tico en el que, bajo la apariencia de una mayor justicia, se producen los atropellos m&#x00E1;s insospechados. Como leemos en un temprano art&#x00ED;culo publicado ya en 1899 con el elocuente t&#x00ED;tulo de “Contra la democracia”, por no gustarle, de la democracia no le gustaba ni el nombre: </p>
		
		<p>¡Oh la democracia! Es la palabra m&#x00E1;s insulsa que se ha inventado. Es como la pirueta del c&#x00F3;mico de mi pueblo; la mayor&#x00ED;a no sabemos lo que es la democracia ni lo que significa, y, sin embargo, nos sugestiona y nos hace efecto.  </p>
		
		<p>[…] Hay algo que se llama democracia; una especie de benevolencia de unos por otros, que es como la expresi&#x00F3;n del estado actual de la humanidad, y &#x00E9;sa no se puede denigrar; esa democracia es un resultado del progreso. </p>
		
		<p>La otra democracia, de la que tengo el honor de hablar mal, es la pol&#x00ED;tica, la que tiende al dominio de la masa, y que es un absolutismo del n&#x00FA;mero, como el socialismo es un absolutismo del est&#x00F3;mago. </p>
		
		<p>He le&#x00ED;do, como todo el mundo, algo acerca de la democracia, pero no tengo una idea clara de lo que es; etimol&#x00F3;gicamente, significa “gobierno del pueblo”, pero yo creo – quiz&#x00E1; me enga&#x00F1;e – que el pueblo no ha mandado nunca ni en los tiempos m&#x00E1;s revolucionarios y que tampoco mandar&#x00E1; en el porvenir. </p>
		
		<p>¿Qu&#x00E9; tienen representantes o delegados que mandan por &#x00E9;l? Ri&#x00E1;monos de eso. Es la farsa m&#x00E1;s estupenda que se ha inventado (Baroja, <xref ref-type="bibr" rid="CIT08">1999d</xref>, 128-129). </p>
		
		<p>Aunque ya he dicho que la censura barojiana a la pol&#x00ED;tica y a los pol&#x00ED;ticos es generalizada y no entiende de partidos ni de ideolog&#x00ED;as, si es verdad que hay ciertas ideas a las que el autor les tiene una especial inquina. Quiz&#x00E1; el pensamiento que mayor rechazo le genere a Baroja sea el socialismo. Parte de la cr&#x00ED;tica ha querido ver en esta oposici&#x00F3;n una raz&#x00F3;n autobiogr&#x00E1;fica, en el sentido de relacionar esta animadversi&#x00F3;n con la mala experiencia que tuvo el por entonces incipiente escritor cuando estuvo durante varios a&#x00F1;os al frente del negocio de la panader&#x00ED;a de su t&#x00ED;a-abuela, Juana Nessi, en Madrid. Como es sabido, esta breve etapa como empresario y miembro de la peque&#x00F1;a burgues&#x00ED;a empez&#x00F3; relativamente bien, pero termin&#x00F3; francamente mal, con el abandono del empe&#x00F1;o por parte de un Baroja que en sus memorias atribuye una importante responsabilidad en el fracaso de esta aventura empresarial a los obreros que trabajaban en la tahona que &#x00E9;l administraba y que – siempre seg&#x00FA;n su versi&#x00F3;n – le hicieron la vida imposible con sus quejas. Ah&#x00ED; fue cuando nuestro autor sufri&#x00F3; en carne propia el enfrentamiento entre esa clase obrera asalariada que por primera vez empezaba a organizarse en demanda de derechos y mejoras laborales, y la clase empresarial o patronal (aunque en su caso se tratara de un peque&#x00F1;o negocio como era una panader&#x00ED;a) en la que circunstancialmente se encontraba &#x00E9;l. Aunque no se puede establecer una relaci&#x00F3;n de causa-efecto infalible, si es posible, y as&#x00ED; se aprecia en varios de sus escritos, que esta experiencia marcara la visi&#x00F3;n negativa que el escritor tuvo durante su vida no ya de la clase obrera, sino de sus l&#x00ED;deres pol&#x00ED;ticos y sindicales. Esta especie de rencor hacia los dirigentes obreros por aquel episodio autobiogr&#x00E1;fico s&#x00ED; que contribuy&#x00F3;, junto con otros factores, a esta aversi&#x00F3;n a la doctrina socialista que el novelista vasco nunca ocult&#x00F3;. Valga como muestra esta reflexi&#x00F3;n en el art&#x00ED;culo “Burgues&#x00ED;a socialista”, publicado cuando todav&#x00ED;a no hab&#x00ED;a abandonado el negocio de la panader&#x00ED;a: </p>
		
		<p>Dada la adoraci&#x00F3;n por el n&#x00FA;mero y por la masa que hoy se siente, yo me figur&#x00F3; que el porvenir ser&#x00E1; socialista; pero, a pesar de eso, siento una antipat&#x00ED;a profunda por esa doctrina y por ese partido, que trae la glorificaci&#x00F3;n de la manada, el apabullamiento del individuo por lo dem&#x00E1;s. </p>
		
		<p>A pesar de lo que dicen los peri&#x00F3;dicos representantes del capitalismo, a nosotros, m&#x00E9;dicos, abogados, ingenieros, peque&#x00F1;os industriales; a los que queremos trabajar para vivir, no nos asustan m&#x00E1;s los anarquistas que los socialistas. &#x00C9;stos nos quieren convertir en obreros; aqu&#x00E9;llos sue&#x00F1;an con darnos a cada uno de los hombres nuestra casita, nuestra tierrecilla y un trabajo cualquiera para entretenernos.  </p>
		
		<p>[…] Si llegara esa dulce era de la vida en reba&#x00F1;o, por mi parte, antes de ocupar el n&#x00FA;mero ochenta o noventa mil que me tocara en el gran pesebre socialista, preferir&#x00ED;a emigrar, refugiarme en otro pa&#x00ED;s m&#x00E1;s atrasado y menos socialista, aunque no tuviera all&#x00ED; m&#x00E1;s derecho que el derecho al santo rev&#x00F3;lver (Baroja, <xref ref-type="bibr" rid="CIT09">1999e</xref>, 118). </p>
		
		<p>Pero esta cr&#x00ED;tica al socialismo no tiene &#x00FA;nicamente como origen este episodio autobiogr&#x00E1;fico; de hecho, podemos decir que esa experiencia peque&#x00F1;o-burguesa de Baroja le sirvi&#x00F3; para afirmarse en sus convicciones sobre lo nocivo que resulta para la personalidad del individuo este comportamiento colectivo en el que el reba&#x00F1;o – t&#x00E9;rmino nietzscheano muy del gusto de nuestro autor – sigue incondicionalmente a un pastor, a un l&#x00ED;der supuestamente aventajado. En el pr&#x00F3;logo a <italic>C&#x00E9;sar o nada</italic>, que ya he citado, da una definici&#x00F3;n de lo que, seg&#x00FA;n &#x00E9;l, ser&#x00ED;a un ideal de democracia basado no en la igualdad obligatoria de los individuos, sino en la igualdad de oportunidades y en el desarrollo libre de las capacidades de cada cual, en libre convivencia y competencia con el otro. Tristemente, piensa el novelista, el miedo de la masa a esa originalidad del hombre que se sale de lo establecido es lo que impide que este modelo barojiano de democracia sea factible: </p>
		
		<p>Una democracia refinada ser&#x00ED;a la que, prescindiendo de los azares del nacimiento, igualara en lo posible los medios de ganar, de aprender y hasta de vivir, y dejara en libertad las inteligencias, las voluntades y las conciencias, para que se destacaran unas sobre otras. La democracia moderna, por el contrario, tiende a aplanar los esp&#x00ED;ritus, e impedir el predominio de las capacidades, esfum&#x00E1;ndolo todo en un ambiente de vulgaridad. En cambio, ayuda a destacarse unos intereses sobre otros. </p>
		
		<p>Gran parte de la antipat&#x00ED;a colectiva por lo individual procede del miedo. Sobre todo en nuestros pa&#x00ED;ses del sur. Las individualidades fuertes han sido inquietas y tumultuosas, las manadas de arriba, como las de abajo, no quieren que florezcan en nuestras tierras las semillas de los C&#x00E9;sar o de los Bonaparte. Esas manadas anhelan la nivelaci&#x00F3;n espiritual; que no haya m&#x00E1;s distinci&#x00F3;n entre un hombre y otro que un bot&#x00F3;n de color en la solapa o un t&#x00ED;tulo en la tarjeta. Tal es la aspiraci&#x00F3;n de los tipos verdaderamente sociales; las dem&#x00E1;s distinciones, el valor, la energ&#x00ED;a, la bondad, para los dem&#x00F3;cratas laminadores son verdaderas impertinencias de la naturaleza (Baroja, <xref ref-type="bibr" rid="CIT04">1998</xref>, 572-573). </p>
		
		<p>Es cierto que analizando en mayor profundidad la obra barojiana se percibe algo que ya apunt&#x00F3; Azor&#x00ED;n y que tambi&#x00E9;n he intentado argumentar en estas p&#x00E1;ginas; me refiero al hecho de que, m&#x00E1;s que un cr&#x00ED;tico de la democracia en abstracto, como un sistema pol&#x00ED;tico que no es apto para ninguna sociedad, lo que el Baroja intelectual denuncia es la forma perversa de la democracia que desde su punto de vista se da en la Espa&#x00F1;a de su tiempo. Al margen de la ya conocida corrupci&#x00F3;n electoral del sistema canovista, lo que el novelista vasco aborrece de la pol&#x00ED;tica espa&#x00F1;ola es el haber dado entrada a las muchedumbres, a la masa inculta. Y le molesta esto especialmente porque, como se desprende de lo dicho por Azor&#x00ED;n, muchedumbre y aristocracia no son para Baroja clases sociales, sino una especie de “clases culturales”, esto es, de cualidades del &#x00E1;nimo y el intelecto de cada individuo aislado, que nada tienen que ver con su estrato social ni con su poder econ&#x00F3;mico. As&#x00ED; lo explica el novelista alicantino al referirse a la ideolog&#x00ED;a de su amigo y compa&#x00F1;ero en esa primera generaci&#x00F3;n de intelectuales espa&#x00F1;oles: </p>
		
		<p>Hay muchas p&#x00E1;ginas en los &#x00FA;ltimos libros de Baroja – Juventud, egolatr&#x00ED;a; Las horas solitarias – que nos har&#x00ED;an pensar en un impugnador de la democracia. Guard&#x00E9;monos de observaci&#x00F3;n tan imparcial; es preciso considerar la obra completa de Baroja, y, sobre todo, el esp&#x00ED;ritu que informa esa obra. ¿Qu&#x00E9; es la muchedumbre? ¿Qu&#x00E9; es la aristocracia? Muchedumbre – en su sentido despectivo – es lo mismo un ciudadano que ocupa una eminent&#x00ED;sima posici&#x00F3;n que otro que la ocupa humilde; muchedumbre puede ser – por sus sentimientos vulgares, por su incultura – el duque, el ex ministro, el gran propietario el excelent&#x00ED;simo don Fulano, el ilustr&#x00ED;simo don Mengano. Y aristocracia puede ser el obrero o el labriego inteligentes, cultos, conscientes de su misi&#x00F3;n y de su fuerza. Los antiguos conceptos de clases deben ser rotos para nosotros (Azor&#x00ED;n, <xref ref-type="bibr" rid="CIT02">2012</xref>, 150). </p>
		
		<p>Y es que, como ya he apuntado, la mala opini&#x00F3;n que Baroja tiene de la masa y de la democracia fue compartida por la mayor&#x00ED;a de integrantes de aquella primera generaci&#x00F3;n de intelectuales espa&#x00F1;oles. Lo que sucede en el caso de nuestro autor y lo diferencia del resto es que fue uno de los que con m&#x00E1;s vehemencia defendi&#x00F3; esta postura y – eso s&#x00ED; – el &#x00FA;nico que la conserv&#x00F3; de forma invariable durante toda su vida. Si otros intelectuales abandonaron pronto esa misi&#x00F3;n de cr&#x00ED;tica social y algunos se acercaron tanto a la pol&#x00ED;tica que acabaron formando parte de ella y ejerciendo alg&#x00FA;n cargo, Baroja fue el que se mantuvo m&#x00E1;s fiel a sus convicciones y a esa labor de cr&#x00ED;tica de la sociedad y de los vicios del sistema pol&#x00ED;tico vigente, ya fuera este el de la Restauraci&#x00F3;n, la Dictadura de Primo de Rivera o la Segunda Rep&#x00FA;blica. Como dice Jos&#x00E9;-Carlos Mainer, “nuestro escritor fue, de todos los de su tiempo, quien menos modific&#x00F3; el paradigma inicial: liberal, por odio a toda sumisi&#x00F3;n, pero nada democr&#x00E1;tico”; en eso, explica Mainer, Baroja se comport&#x00F3; igual que los europeos de su generaci&#x00F3;n, “incapaces de cohonestar el igualitarismo electoral y la eficacia de lo p&#x00FA;blico, las necesidades del progreso y las inercias de la incultura colectiva” (Mainer, <xref ref-type="bibr" rid="CIT16">1998</xref>, 89).  </p>
		
		<p>Efectivamente, Baroja se mantuvo fiel durante toda su vida a una postura entre liberal y anarquista, si se puede decir as&#x00ED;, definida por lo &#x00FA;nico que siempre tuvo claro: el rechazo a la masa y a todo lo que representa el sometimiento del individuo a una instancia superior del tipo que sea. As&#x00ED; lo resume &#x00E9;l mismo en <italic>Juventud, egolatr&#x00ED;a</italic>: “Yo he sido siempre un liberal, individualista y anarquista. Primero, enemigo de la Iglesia; despu&#x00E9;s, del Estado; mientras estos dos grandes poderes est&#x00E9;n en lucha, partidario del Estado contra la Iglesia; el d&#x00ED;a que el Estado prepondere, enemigo del Estado” (Baroja, <xref ref-type="bibr" rid="CIT05">1999a</xref>, 424). Tal vez por eso, por no comprometerse con nada que no fuesen sus propios e irrenunciable principios (eso que Ortega y Gasset llam&#x00F3; su “fondo insobornable”), a Baroja le pas&#x00F3; y le sigue pasando lo que, seg&#x00FA;n Antoine Compagnon, les sucede a los pensadores antimodernos: “la derecha piensa que son de izquierdas, y la izquierda piensa que son de derechas” (Compagnon, <xref ref-type="bibr" rid="CIT10">2007</xref>, 249). </p>
					 
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		<sec id="notas">
			 <title>NOTAS</title>
			 <fn-group>
				<fn id="NOTE01"><label>1</label><p>A partir de este momento, siempre que cite a P&#x00ED;o Baroja lo har&#x00E9; siguiendo la edici&#x00F3;n de sus <italic>Obras Completas</italic> (OC) dirigida por Jos&#x00E9;-Carlos Mainer y publicada en diecis&#x00E9;is vol&#x00FA;menes por el C&#x00ED;rculo de Lectores y la editorial Galaxia Gutenberg entre 1997 y 1999.</p></fn>

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			<title>BIBLIOGRAF&#x00CD;A</title>

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			<element-citation publication-type="book">
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				  <name>
				  <surname>Azorín</surname>
				  </name>		  
			  </person-group>
			  <year>2008 [1902]</year>
			  <source>La voluntad</source> 
			  <publisher-loc>Madrid</publisher-loc>
			  <publisher-name>Cátedra</publisher-name>
			  <comment>Edición de María Martínez del Portal</comment>
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			  <person-group person-group-type="author">
				  <name>
				  <surname>Azorín</surname>
				  </name>		  
			  </person-group>
			  <year>2012 [1919]</year>
			  <chapter-title>El genio y la masa</chapter-title>
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			  <publisher-loc>Alicante</publisher-loc>
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			  <comment>Edición y estudio introductorio de Francisco Fuster García</comment>
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			<ref id="CIT03">
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			  <comment>Prólogo y traducción de Eloy Terrón</comment>
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