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				<journal-title>ARBOR Ciencia, Pensamiento y Cultura</journal-title>
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			<issn pub-type="epub">0210-1963</issn>
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				<publisher-name>Consejo Superior de Investigaciones Cient&#x00ED;ficas</publisher-name>
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			<article-id pub-id-type="publisher-id">arbor.2014.767n3001</article-id>
			<article-id pub-id-type="doi">10.3989/arbor.2014.767n3001</article-id>
			 
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			<subject>MUJER Y PERIODISMO EN EL SIGLO XIX. LAS PIONERAS / WOMEN AND JOURNALISM IN THE 19TH CENTURY. THE PIONEERS</subject>
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				<article-title>Las revistas femeninas espa&#x00F1;olas del siglo XIX. reivindicaci&#x00F3;n, literatura y moda</article-title>
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					<trans-title>Spanish women’s magazines of the 19th century. demands, literature and fashion</trans-title>
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				<alt-title alt-title-type="running-head">REVISTAS FEMENINAS ESPA&#x00D1;OLAS</alt-title>
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					 <surname>Palomo V&#x00E1;zquez</surname>
					 <given-names>M.ª del Pilar</given-names>
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				<aff id="U1">Universidad Complutense de Madrid</aff>
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			<year>2014</year>
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			<volume>190</volume>
			<issue>767</issue>
			
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					<license-p>Este es un art&#x00ED;culo de acceso abierto distribuido bajo los t&#x00E9;rminos de la licencia Creative Commons Attribution-Non Commercial (by-nc) Spain 3.0.</license-p>
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				<title>RESUMEN</title>
				<p>Se comentan las publicaciones peri&#x00F3;dicas del siglo XIX, dirigidas a la mujer. Tras un an&#x00E1;lisis cuantitativo del n&#x00FA;mero de mujeres colaboradoras en prensa durante la centuria, se analizan las directrices generales de esas publicaciones. En la segunda parte se presentan ejemplos de su repercusi&#x00F3;n en autores coet&#x00E1;neos.</p>
			</abstract>
			
			<trans-abstract xml:lang="en">
				<title>ABSTRACT</title>
				<p>This article examines 19th Century periodical publications aimed at women. The article begins with a quantitative analysis of the number of women writers in the century and discusses the publications’ general editorial guidelines. The second part of the article gives examples of their impact on their contemporaries. </p>
			</trans-abstract>
			
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				<title>PALABRAS CLAVE</title>
				<kwd>revistas femeninas</kwd>
				<kwd>reivindicaci&#x00F3;n</kwd>
				<kwd>moda</kwd>
				<kwd>presencia en autores coet&#x00E1;neos: Gald&#x00F3;s, Valera, B&#x00E9;cquer</kwd>
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				<title>KEYWORDS</title>
				<kwd>women’s magazines</kwd>
				<kwd>demands</kwd>
				<kwd>fashion</kwd>
				<kwd>contemporaries: Gald&#x00F3;s, Valera, B&#x00E9;cquer</kwd>
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		<title></title>
		<p>I.- Escrib&#x00ED;a Juan Valera en<italic> El Correo de Espa&#x00F1;a</italic>, en 4 de agosto de 1897: “¿Qui&#x00E9;n si vale algo y si ha logrado alguna celebridad como escritor no ha sido o no es periodista en Espa&#x00F1;a?”. Creo que se puede dar m&#x00E1;s amplitud a la pregunta y llegar a afirmar que todos los escritores del siglo XIX, con celebridad o sin llegar a alcanzarla, con asiduidad o espor&#x00E1;dicamente, colaboraron en prensa. Pero la pregunta que hoy nos hacemos es por qu&#x00E9; no se ha incluido en esa ampl&#x00ED;sima n&#x00F3;mina a las mujeres, cuando se ha estudiado la literatura period&#x00ED;stica del siglo XIX. Generalmente se han citado o analizado los art&#x00ED;culos de aquellas escritoras que ya estaban en las historias de la literatura por sus novelas o su poes&#x00ED;a, que, siempre, se antepon&#x00ED;an a esa obra period&#x00ED;stica, considerada menor. Es verdad que en las dos  &#x00FA;ltimas d&#x00E9;cadas han surgido numerosos e importantes estudios cr&#x00ED;ticos sobre este periodismo femenino del XIX, paralelamente al inter&#x00E9;s creciente sobre el feminismo y el rol de la mujer en la historia.<xref ref-type="fn" rid="NOTE01">1</xref> Pero me parece inadmisible, aunque no me sorprenda, el silencio anterior, si consideramos que la presencia femenina en el periodismo del XIX, y la creaci&#x00F3;n de revistas dedicadas a la mujer lectora, constituye un fen&#x00F3;meno social y literario de una magnitud que no podemos obviar. Y pienso que esta afirmaci&#x00F3;n no necesita ser demostrada m&#x00E1;s que con la enumeraci&#x00F3;n de unas cifras, que me apresuro a indicar. Cifras a las que he llegado tras una consulta de obras bibliogr&#x00E1;ficas fundamentales. Primero los cat&#x00E1;logos de dos autores inmersos en el mismo siglo XIX: el de Hartzenbusch, de 1870, y el de Ossorio y Bernard en <xref ref-type="bibr" rid="CIT06">1903</xref>, y hoy d&#x00ED;a los trabajos de Carmen Sim&#x00F3;n y su monumental obra <italic>Mujeres escritoras del siglo XIX</italic>. Dedicadas a Carmen Sim&#x00F3;n, y en memoria de los citados cr&#x00ED;ticos del XIX, presento hoy mis conclusiones. </p>
		
		<p>En el citado manual bibliogr&#x00E1;fico de la doctora Sim&#x00F3;n Palmer se documenta la existencia de 4762 mujeres que, en mayor o en menor medida escribieron y publicaron durante la centuria. De ese sorprendente n&#x00FA;mero, extraje aquellas escritoras que no publicaron en prensa. El resultado no es menos sorprendente: solo 350. Por tanto, el n&#x00FA;mero de colaboradoras en peri&#x00F3;dicos o revistas sigue siendo abrumador: 4312. Prest&#x00E9; atenci&#x00F3;n, despu&#x00E9;s, al perfil y contexto social de aquellas 350, y el resultado no fue, ahora, sorprendente en absoluto: un buen porcentaje de esas escritoras pertenec&#x00ED;an a &#x00F3;rdenes o asociaciones religiosas, y su obra, llam&#x00E9;mosla extra-literaria, se desarrollaba en un c&#x00ED;rculo, si no contrario al periodismo, si muy alejado de &#x00E9;l: biograf&#x00ED;as de santos, libros de devoci&#x00F3;n, etc... Pod&#x00ED;an ser testimonio, en ocasiones, de una muy interesante actividad intelectual, pero esa actitud (desarrollada dentro del claustro muchas veces) no se vinculaba con el ampl&#x00ED;simo espectro social del periodismo. No nos imaginamos colaborando en la prensa, por ejemplo, a la Vizcondesa de Jorbal&#x00E1;n o Mar&#x00ED;a Micaela del Sant&#x00ED;simo Sacramento, fundadora de las Adoratrices y canonizada en 1934. En mayor n&#x00FA;mero, entre esas 350 excepciones, aparecen las profesoras adscritas estatalmente a la ense&#x00F1;anza, que escriben libros o folletos vinculados cient&#x00ED;ficamente con su profesi&#x00F3;n, desde un tratado de matem&#x00E1;ticas o geolog&#x00ED;a a manuales de bordado. Y por &#x00FA;ltimo, un numeroso sector de escritoras ocasionales, (anotadas por la minuciosa Carmen Sim&#x00F3;n), que figuran con un solo texto, recogido en &#x00C1;lbumes po&#x00E9;ticos, Cert&#x00E1;menes, Homenajes, etc. </p>
		
		<p>Examinando la labor de esas 4312 que nutrieron el periodismo decimon&#x00F3;nico, llegu&#x00E9; a otro porcentaje que estimo a&#x00FA;n m&#x00E1;s revelador para situarnos en la adscripci&#x00F3;n al periodismo de un n&#x00FA;mero de mujeres, aut&#x00E9;nticas pioneras, y dignas de figurar en cualquier estudio que pretenda estudiar la historia del feminismo en Espa&#x00F1;a. Me refiero a las cerca de 50 mujeres (he contado 47, pero supongo que fueron m&#x00E1;s) que fundaron, fueron propietarias y dirigieron peri&#x00F3;dicos o revistas en el periodo que transcurre desde 1833, aproximadamente, ya durante la regencia de Maria Cristina, hasta finales de siglo. Muchas de ellas est&#x00E1;n presentes en los importantes ejemplos que se han seleccionado para ser motivo de nuestra atenci&#x00F3;n y no me detengo en ellas, porque han sido objeto de estudio en el presente volumen: Serrano de Tornel, &#x00C1;ngela Grassi, G&#x00F3;mez de Avellaneda, Pilar Sinu&#x00E9;s, etc. </p>
		
		<p>Entre todas estas consideraciones, m&#x00E1;s cuantitativas que anal&#x00ED;ticas, debo a&#x00F1;adir una que tambi&#x00E9;n considero significativa, como es la indagaci&#x00F3;n de qu&#x00E9; revistas ofrecen mayor n&#x00FA;mero de colaboradoras, no de colaboraciones. He llegado a ese dato a trav&#x00E9;s del “&#x00CD;ndice de publicaciones peri&#x00F3;dicas citadas”, del tan utilizado estudio de Carmen Sim&#x00F3;n y dividiendo el n&#x00FA;mero de escritoras con m&#x00E1;s numerosos textos aparecidos en cada revista, por el n&#x00FA;mero de a&#x00F1;os de vida de la publicaci&#x00F3;n en que se encuentran, he llegado a delimitar las cinco revistas, cuyas p&#x00E1;ginas ofrecen un mayor n&#x00FA;mero de textos escritos por mujeres. Las cito por orden de mayor a menor n&#x00FA;mero: <italic>El Correo de la Moda</italic>, muy por delante del resto (dirigida por &#x00C1;ngela Grassi y luego por Joaquina Garc&#x00ED;a Balmaseda),<italic> El &#x00C1;lbum Ibero Americano </italic>(dirigido por Concepci&#x00F3;n Jimeno de Flaquer), <italic>Flores y Perlas</italic>, (dirigido por Pilar Sinu&#x00E9;s),<italic> La Violeta </italic>(dirigida por Faustina S&#x00E1;ez de Melgar) y <italic>La Madre de Familia </italic>(dirigida por Enriqueta Lozano). Es decir que las cinco revistas en que con una mayor asiduidad escribieron las escritoras del XIX estaban dirigidas por mujeres. No comento el dato, pero pienso que podr&#x00ED;an sacarse de &#x00E9;l conclusiones interesantes, de tipo sociol&#x00F3;gico. </p>
		
		<p>A estos n&#x00FA;meros previos, tengo que a&#x00F1;adir que desde 1813 (fecha de la primera publicaci&#x00F3;n) a 1899, aparecieron en Espa&#x00F1;a m&#x00E1;s de 100 revistas dedicadas, expl&#x00ED;citamente, a la mujer lectora. Que a esas revistas dedicadas al “bello sexo” (como denominan al sexo femenino much&#x00ED;simas de ellas) habr&#x00ED;an de a&#x00F1;adirse las que lo hacen impl&#x00ED;citamente, me refiero a las publicaciones dirigidas a los ni&#x00F1;os (m&#x00E1;s de 30), ya que, de car&#x00E1;cter evidentemente educativo, en realidad est&#x00E1;n dirigidas a sus educadoras b&#x00E1;sicas. O las dedicadas a la familia, por razones similares, aunque aqu&#x00ED; el n&#x00FA;mero ser&#x00ED;a ampliable con cualquier otra revista “pintoresca”, es decir con ilustraciones. Recordemos c&#x00F3;mo Mesonero Romanos, titulaba un grabado de su revista (de 6 de enero de 1839): “<italic>Semanario Pintoresco Espa&#x00F1;ol</italic>. Lectura de las familias”. </p>
		
		<p>Sin embargo, dentro de su tono general de un mensaje dirigido a la mujer conservadora, inmersa en una sociedad patriarcal casi siempre asumida, s&#x00ED; quiero comentar algunos casos que pueden parecernos ins&#x00F3;litos dentro de ese prejuicio establecido. De antemano, tendremos que tener en cuenta que en una buena parte de esas llamadas revistas femeninas, entre labores y moda elegante, subyace en sus textos y en sus prop&#x00F3;sitos un inter&#x00E9;s por promover la educaci&#x00F3;n de la mujer. Y que en muchas de esas revistas, y en sus directoras o colaboradoras (o directores y colaboradores) existe un aut&#x00E9;ntico movimiento reivindicativo. Y pienso, por ejemplo, en la labor de Amalia Domingo Soler o de la radical librepensadora Rosario de Acu&#x00F1;a. </p>
		
		<p>As&#x00ED;, en esa l&#x00ED;nea, existen revistas como <italic>La Ilustraci&#x00F3;n de la Mujer </italic>(Barcelona, 1883), dirigida por Carlos Frontaura, que en su art&#x00ED;culo inicial declara la intenci&#x00F3;n de la publicaci&#x00F3;n: “contribuir a la redenci&#x00F3;n social del bello sexo”, ya que “puede tener el hombre mayor cantidad de cerebro, pero no mejor calidad, que es lo que importa”. O el <italic>&#x00C1;lbum del bello sexo</italic>, (Barcelona, 1882), subtitulado “&#x00D3;rgano de la emancipaci&#x00F3;n de la mujer”, dirigido por Luisa de S&#x00E1;&#x00F1;ez, en donde se defiende “la igualdad de derechos entre el hombre y la mujer, ya que los deberes de esta son superiores a los de aquel”.<xref ref-type="fn" rid="NOTE02">2</xref> Y creo que en este tono de defensa de la posici&#x00F3;n intelectual de la mujer, hemos de colocar aquellas revistas en donde las escritoras se&#x00F1;alan que han sido &#x00FA;nicamente ellas sus creadoras. As&#x00ED; <italic>Gaceta de las mujeres </italic>(Madrid, 1845), dirigida por la Avellaneda, que ofrece como subt&#x00ED;tulo la tajante afirmaci&#x00F3;n de que est&#x00E1; “Redactada por ellas mismas”, aunque no se cumpliese totalmente el prop&#x00F3;sito, ya que aparecen tambi&#x00E9;n colaboradores masculinos. Pero s&#x00ED; se cumpli&#x00F3; en <italic>La Mujer </italic>(Madrid, 1851), “Peri&#x00F3;dico escrito por una sociedad de se&#x00F1;oras y dedicado a su sexo”, donde, al parecer, solo colaboraron mujeres. </p>
		
		<p>Acentuando ese tono reivindicativo, se dan casos extremos, como la revista <italic>Ellas</italic>, objeto de un estudio en el presente volumen. Pero hay bastantes otros casos igualmente representativos. Pienso, por ejemplo, en alguna publicaci&#x00F3;n de car&#x00E1;cter considerado entonces subversivo, <italic>La conciencia libre</italic>, dirigida por Bel&#x00E9;n Larraga de Ferrero, espiritista, propagandista, revolucionaria y republicana que, incluso, fue encarcelada en Valencia por sus ataques al gobierno, desde su revista, ante la crisis del 98. El tono de acusaci&#x00F3;n social desde su publicaci&#x00F3;n se evidencia desde la portada, donde junto a su t&#x00ED;tulo aparecen dos lemas bien expresivos: “¡Guerra a la hipocres&#x00ED;a y a la ignorancia!” y “¡Paso a la ciencia y a la verdad!”, junto al grabado de una figura de hombre, que adivinamos como proletario por su atuendo, sentado sobre un yunque, con un letrero en &#x00E9;l: “Trabajo y ley para todos”. O mucho m&#x00E1;s escandaloso, a causa de su directora, <italic>El Le&#x00F3;n</italic>, aparecido en Madrid en 1870, subtitulado “Peri&#x00F3;dico pol&#x00ED;tico y sat&#x00ED;rico moral” dirigido por Mina Puccinella. Evidentemente nos encontramos ante una autora no hisp&#x00E1;nica. Pero su figura no puedo pasarla por alto. Hartzensbusch (cuyo cat&#x00E1;logo consigna revistas, no escritores) se limita a definir el peri&#x00F3;dico que esta dama dirig&#x00ED;a como “republicano federal”. Pero Ossorio nos trasmite la siguiente nota sobre la periodista: “Amazona italiana que acompa&#x00F1;&#x00F3; a Garibaldi en muchas de sus empresas revolucionarias. En 1870 resid&#x00ED;a en Madrid, vistiendo traje masculino y dirigiendo <italic>El Le&#x00F3;n</italic>, peri&#x00F3;dico pol&#x00ED;tico y sat&#x00ED;rico universal”. Imaginemos a esta garibaldina en el Madrid de 1870. </p>
		
		<p>Pero esas revistas no “femeninas”, aunque dirigidas por mujeres, no podemos adscribirlas &#x00FA;nicamente a una ideolog&#x00ED;a pol&#x00ED;tica de justificada protesta social, ya que tambi&#x00E9;n pod&#x00ED;an encauzar sus esfuerzos a la difusi&#x00F3;n de temas art&#x00ED;sticos y culturales. As&#x00ED; <italic>Asta Regia </italic>(Jer&#x00E9;z de la Frontera, 1879), dirigida por Carolina de Soto, no omite en sus p&#x00E1;ginas el cap&#x00ED;tulo “modas” (que era adem&#x00E1;s usual en cualquier revista ilustrada) pero dedica su esfuerzo al estudio del arte y las costumbres locales. O, sobre todo, <italic>El Pharten&#x00F3;n</italic>, (Barcelona, 1880), fundado y dirigido por una mujer excepcional, Josefa Pujol. Escribi&#x00F3; sobre temas de la mujer y, como sus compa&#x00F1;eras periodistas, fund&#x00F3; revistas “femeninas” como <italic>La Moda Europea</italic>, y dirigi&#x00F3; durante un tiempo <italic>Flores y Perlas</italic>. Pero Josefa Pujol fue una conocida helenista, especializada en temas greco-romanos. Consecuencia de esa formaci&#x00F3;n (ins&#x00F3;lita en una mujer de su siglo) fund&#x00F3; <italic>El Pharten&#x00F3;n</italic>, donde debajo de un grabado clasicista, delimita el contenido de la publicaci&#x00F3;n: “Revista de literatura, Ciencias y Artes”. En sus p&#x00E1;ginas, obviamente, colaboraban los principales autores coet&#x00E1;neos: Castelar, Alarc&#x00F3;n, Nu&#x00F1;ez de Arce, P&#x00E9;rez Gald&#x00F3;s... junto a escasas colaboradoras femeninas: Julia Asensi, Concepci&#x00F3;n Jimeno de Flaquer o Carolina Soto. </p>
		
		<p>Este prop&#x00F3;sito cultural no era, sin embargo, algo ajeno a las llamadas “revistas femeninas”, ya que la tendencia general en ellas, de feminismo reivindicativo o no, era la necesidad de dotar a la mujer de una educaci&#x00F3;n que fuera m&#x00E1;s all&#x00E1; de sus tradicionales labores dom&#x00E9;sticas, aunque tambi&#x00E9;n se atiende a estas en sus p&#x00E1;ginas. Las llamadas de atenci&#x00F3;n a esa necesidad educativa son constantes. En <italic>La Mujer </italic>(Madrid, 1871) que dirigi&#x00F3; Faustina S&#x00E1;ez de Melgar, y que se subtitula “Revista de inter&#x00E9;s general del bello sexo”, se asegura que la mujer “no debe permanecer m&#x00E1;s tiempo en las tinieblas de la ignorancia”. Y no solo por ella, ya que en otra publicaci&#x00F3;n similar <italic>La Educaci&#x00F3;n de la Mujer </italic>(Barcelona, 1877) de un intencionado mayor espectro social, se afirmar&#x00E1;: “La salvaci&#x00F3;n, la civilizaci&#x00F3;n, la felicidad del hombre, de la sociedad, est&#x00E1; indefectiblemente en la educaci&#x00F3;n de la mujer”<xref ref-type="fn" rid="NOTE03">3</xref>. Pensemos que existi&#x00F3;, incluso, una <italic>Asociaci&#x00F3;n para la ense&#x00F1;anza de la mujer</italic>, cuyo &#x00F3;rgano fue la revista <italic>Instrucci&#x00F3;n para la mujer</italic>, ya de 1882. Y a finales del XIX, encontraremos una revista, <italic>La escuela moderna</italic>, de gran contenido cultural, con importantes art&#x00ED;culos sobre el feminismo en Espa&#x00F1;a, y donde se defiende el acceso de la mujer a profesiones liberales, tradicional y legislativamente prohibidas para ella. Sin embargo, ese evidente anhelo dignificador que, sinuosamente, subyace hasta en las revistas de moda (que tambi&#x00E9;n, no podemos olvidarlo, fueron revistas literarias), no nos parece tan altruista: ¿Se intenta promover la educaci&#x00F3;n de la mujer para dignificarla, en s&#x00ED; misma? ¿O se intenta que ejerza mejor su rol social de madre de familia? ¿Ser mejores ellas mismas, para alcanzar la actividad social o laboral que les est&#x00E1; vedada? ¿O ser un instrumento de mejora social, pero sin salirse, eso s&#x00ED;, del papel que la tradici&#x00F3;n y las leyes le han impuesto? Porque muchas de esas defensas aparentemente feministas son, al menos, sospechosas. Pensemos en alguna de ellas. <italic>El sacerdocio de la mujer</italic> (Barcelona, 1886) es una publicaci&#x00F3;n encaminada “a la educaci&#x00F3;n de la mujer”. Pero esta parece que debe ser, &#x00FA;nicamente, como ideal de ese “sacerdocio”, la “respetuosa hija, digna esposa y cari&#x00F1;osa madre”. O <italic>El &#x00C1;lbum de la Mujer </italic>(Barcelona, 1898), donde se definen as&#x00ED; los deberes y derechos de la misma: “La dulce caricia del hijo de vuestras entra&#x00F1;as; el amoroso af&#x00E1;n de vuestro esposo; ese es vuestro derecho. El noble respeto y entra&#x00F1;able amor a este, la tierna solicitud y el constante amparo de aquel: ese es vuestro deber”.<xref ref-type="fn" rid="NOTE04">4</xref> Pero creo m&#x00E1;s significativo el ejemplo que ofrece <italic>El Defensor del Bello Sexo </italic>(Madrid, 1845), que se subtitula “Peri&#x00F3;dico de literatura, moral, ciencias y moda, dedicado exclusivamente a las mujeres”. Ya la portada es reveladora. Aparece una dama flanqueada por dos c&#x00ED;rculos en donde leemos: <italic>Castidad. Pudor. Sensibilidad. Beneficencia</italic>. Y en el art&#x00ED;culo con que se inicia la publicaci&#x00F3;n (titulado “Ideolog&#x00ED;a”), el autor aboga por la educaci&#x00F3;n femenina, pero a&#x00F1;ade: “Y no se crea por esto que en nuestro sentir el bello sexo deba de ser educado para la c&#x00E1;tedra y discusiones pol&#x00ED;ticas. No. Nos disgustan los extremos: ni nos parece que se le debe dejar en un completo abandono, ni consideramos tampoco que le sea l&#x00ED;cito invadir las atribuciones que por la naturaleza y las leyes nos est&#x00E1;n concedidas”. Educaci&#x00F3;n<italic> ma non troppo</italic>. En realidad estamos ante un debate social, del que no estuvieron ausentes las revistas femeninas. Porque esta opini&#x00F3;n llam&#x00E9;mosla moderada, es la sustentada por una buena parte de la sociedad como tuve ya ocasi&#x00F3;n de estudiar en alg&#x00FA;n trabajo anterior (Palomo, <xref ref-type="bibr" rid="CIT08">2012</xref>). No podemos olvidar que un sector de esas colaboradoras y lectoras de prensa femenina participar&#x00ED;an de esa opini&#x00F3;n de no “invadir” el campo laboral masculino. Por ejemplo, un art&#x00ED;culo publicado en <italic>La Madre de Familia</italic>, en 1876, firmado por Adela S&#x00E1;nchez Carlos, se titula “Un problema social” y es un aut&#x00E9;ntico alegato en contra de esa emancipaci&#x00F3;n laboral femenina: solo las artes y la literatura son tareas compatibles con los deberes de la mujer. Pero esos deberes siempre, a lo largo de la historia, fueron compatibles con la lectura y pr&#x00E1;cticamente todas las revistas dedicadas a la mujer se la ofrec&#x00ED;an: novelas, cuentos y poes&#x00ED;a, mucha poes&#x00ED;a. Pienso que la posible lectora se convertir&#x00ED;a con frecuencia en oyente, si pensamos en la pr&#x00E1;ctica habitual de la lectura en familia, y cuando encuentro un t&#x00ED;tulo revelador: <italic>Las veladas del hogar</italic>, de 1867. En &#x00E9;l se alude, sin duda alguna, a ese espacio temporal de las noches familiares, en que un lector o lectora hab&#x00ED;a deleitado a unos oyentes, desde los libros de caballer&#x00ED;a hasta los folletones de la prensa decimon&#x00F3;nica. Y las periodistas que nos ocupan contribuyeron a ello, tanto en las revistas dirigidas al “bello sexo” como en todas las dem&#x00E1;s, que estuvieron, por supuesto, abiertas a sus colaboraciones. Incluso las menos “femeninas”. Pienso, por ejemplo, en <italic>La caza</italic>, subtitulada “Revista de cazadores”, donde fue redactora Sof&#x00ED;a Tartil&#x00E1;n. Y recordemos, entre tantos ejemplos, que la primera edici&#x00F3;n de <italic>La Gaviota, </italic>de<italic> Fern&#x00E1;n Caballero</italic>, apareci&#x00F3; en<italic> El Heraldo</italic>. </p>
		
		<p>II.- Deteni&#x00E9;ndome ahora, someramente, en el contenido y estructura de las revistas, comienzo por algo bien sabido y es que, su receptor femenino ven&#x00ED;a ya indicado, por lo general, en el mismo t&#x00ED;tulo. Desde el inicial peri&#x00F3;dico, <italic>El amigo de las damas</italic>, (C&#x00E1;diz, 1813), los t&#x00E9;rminos “damas”, “mujer” o “bello sexo”, rotulaban la publicaci&#x00F3;n. En 1822, apareci&#x00F3; el que se consider&#x00F3; durante largo tiempo el iniciador: <italic>El peri&#x00F3;dico de las damas</italic>,<italic> </italic>que fue, asimismo, el pionero del contenido habitual de las publicaciones destinadas a la  mujer. Pero ese receptor, en realidad receptora, ven&#x00ED;a, adem&#x00E1;s, bien recalcado en los  reveladores subt&#x00ED;tulos, donde se especificaba, generalmente, contenido, intenci&#x00F3;n y destinatario.  </p>
		
		<p>Pienso que en los casos en que el t&#x00ED;tulo no denotase ese receptor femenino, el comprador, suscriptor (o investigador actual), no podr&#x00ED;a saber, de antemano, de ese car&#x00E1;cter de revista femenina. Recordemos, entre muchos ejemplos, <italic>El Ateneo de</italic> <italic>Madrid</italic>, de 1859, que inmediatamente nos aclara, y muy concretamente en este caso, a qui&#x00E9;n se dirige y qu&#x00E9; contiene: “Revista quincenal de literatura y bellas artes, dedicada a las damas de la aristocracia espa&#x00F1;ola”. O <italic>Extremadura literaria </italic>(Badajoz 1889), donde leemos, bajo este t&#x00ED;tulo que indica un contenido pero no un receptor; “Revista semanal dedicada al bello sexo”. Los ejemplos son numeros&#x00ED;simos: <italic>El trovador del Ebro </italic>(Zaragoza, 1869), <italic>La Guirnalda </italic>(Madrid, 1867) <italic>La Aurora </italic>(Santa Cruz de Tenerife, 1873), <italic>La Floresta</italic> (Barcelona. 1857), <italic>El Vergel de Andaluc&#x00ED;a </italic>(C&#x00F3;rdoba 1845), <italic>Calipso</italic> (Madrid 1843), <italic>La Psiquis </italic>(Valencia, 1840), etc... Pero la importancia de esos subt&#x00ED;tulos, radica tanto en el esclarecimiento, <italic>a priori</italic>, de su receptor, como de la existencia de un contenido generalizado, ya que en ellos aparecen, machaconamente, dos t&#x00E9;rminos que delimitan su tem&#x00E1;tica principal: literatura y moda. As&#x00ED; se consigna en <italic>La Violeta </italic>(Madrid, 1862), <italic>El Cupido </italic>(1842), <italic>La S&#x00ED;lfide </italic>(Madrid, 1845), <italic>La Mariposa </italic>(1839) y un, de nuevo, largo etc&#x00E9;tera. Y cuando el t&#x00E9;rmino <italic>moda</italic> ya aparece en el t&#x00ED;tulo, su compa&#x00F1;ero, <italic>literatura</italic>,<italic> </italic>aparecer&#x00E1; en el subt&#x00ED;tulo casi generalmente. Al menos en las revistas que alcanzaron mayor difusi&#x00F3;n en tiempo y en espacio. Como ejemplo, baste consignar <italic>El Correo de la Moda</italic>, que, desde 1851, aclaraba en su subt&#x00ED;tulo “Peri&#x00F3;dico del bello sexo. Modas, Literatura, Bellas Artes, Teatros, etc&#x00E9;tera.”, que m&#x00E1;s tarde se condens&#x00F3; en “Peri&#x00F3;dico de modas, labores y literatura”. </p>
		
		<p>La simbiosis Moda y Literatura ven&#x00ED;a ya consolidada desde la pionera publicaci&#x00F3;n<italic> El Peri&#x00F3;dico de las Damas </italic>que comenz&#x00F3; con el innovador atractivo (en Espa&#x00F1;a) de acompa&#x00F1;ar la publicaci&#x00F3;n con figurines en l&#x00E1;minas aparte, que proced&#x00ED;an de <italic>L´Observateure des Modes </italic>parisino, uno de los herederos del pionero <italic>Journal des Dames et des Modes </italic>(1797- 1839). Pero junto al atractivo de esos figurines, el peri&#x00F3;dico ofrec&#x00ED;a, por ejemplo, una secci&#x00F3;n de poes&#x00ED;a, a cargo de un an&#x00F3;nimo autor que firmaba con el pseud&#x00F3;nimo de <italic>El Poeta del peri&#x00F3;dico</italic>.  </p>
		
		<p>El modelo se repiti&#x00F3; incansablemente, incluida la procedencia francesa de patrones y figurines. Incluso en alguna publicaci&#x00F3;n (entre otras muchas) como <italic>La Mariposa </italic>(Madrid, 1839), esa procedencia francesa de los modelos ofrecidos se aduc&#x00ED;a como una justificaci&#x00F3;n de lo que pod&#x00ED;a entenderse como un alarde de lujo provocativo, ante la dif&#x00ED;cil situaci&#x00F3;n por la que atravesaba Espa&#x00F1;a (Guerra Carlista), y la “Introducci&#x00F3;n” al primer n&#x00FA;mero se acoge a la evasiva de que ser&#x00E1;n simplemente “el eco de una moda extranjera”, que, adem&#x00E1;s, est&#x00E1;n siguiendo “todas las naciones de la culta Europa”. En consecuencia, se recalca esa procedencia, y en los primeros nueve n&#x00FA;meros de la revista, los textos sobre moda, an&#x00F3;nimos, se adscriben a un “corresponsal” que los env&#x00ED;a desde Par&#x00ED;s. Y cuando esta localizaci&#x00F3;n desaparece y se rastrean en ellos unos espacios madrile&#x00F1;os, siempre se esforzar&#x00E1; el an&#x00F3;nimo comentarista en “anunciar cuanto antes los &#x00FA;ltimos modelos de Par&#x00ED;s”(nº 21, de 30 de Octubre de 1839). Y la moda, esa “deidad que todo lo avasalla”, y a quien se rinden “todas las potestades de la tierra” (nº14, de 20 de Agosto), conservar&#x00E1; su cetro parisino durante toda la centuria. Aquellos figurines del XIX, bell&#x00ED;simos, que acompa&#x00F1;an a las revistas femeninas, han nutrido, en buena parte, el fondo art&#x00ED;stico de anticuarios y coleccionistas. Y fue, sin duda, uno de los grandes atractivos de las publicaciones que, por lo general, ofrec&#x00ED;an, en grabados de madera, en blanco y negro, impresos con el texto, una abundancia incre&#x00ED;ble de modelos de trajes y accesorios. Pero las l&#x00E1;minas en color (que luego pod&#x00ED;an encuadernarse con la publicaci&#x00F3;n) eran lo m&#x00E1;s selecto y, por supuesto, lo m&#x00E1;s caro de la revista. Nos lo revela, por ejemplo, el hecho de que esta aumentaba de precio, cuando aumentaba el n&#x00FA;mero de figurines y patrones (el caso de<italic> El Tocador </italic>(Madrid, 1844)), o incluso el aviso en alguna otra de una sustanciosa rebaja en la suscripci&#x00F3;n si se renunciaba a ellos. Todo ello indica (nos basta contemplar los figurines) que las revistas se dirig&#x00ED;an a una clase social aristocr&#x00E1;tica o acomodada. Pero anotemos, tambi&#x00E9;n, que una parte de ellas se dirig&#x00ED;an, expresamente, a sastres y modistas, como <italic>El Figur&#x00ED;n </italic>(Madrid, 1878), <italic>El Arte Espa&#x00F1;ol </italic>(Madrid, 1871) e incluso, muy expl&#x00ED;citamente, a un sector determinado del arte de la confecci&#x00F3;n, como <italic>El Buen Tono </italic>(Madrid, 1849), que aclara as&#x00ED; su proyecto editorial: “Revista de moda, arte e industria. Peri&#x00F3;dico mensual dedicado a los sastres y fabricantes de sombreros”. </p>
		
		<p>Sobre el important&#x00ED;simo aporte literario de las revistas femeninas (poes&#x00ED;a, novela, cuento, art&#x00ED;culo) no voy a insistir, porque en buena medida se analiza en otros textos del presente volumen. Pero s&#x00ED; quiero dedicar una &#x00FA;ltima parte de mi trabajo a comentar el inter&#x00E9;s que estas publicaciones suscitaban en los lectores masculinos, como lo manifiestan algunas novelas de relevantes autores del momento. </p>
		
		<p>Asombra, por ejemplo, la minuciosidad descriptiva y conocimiento del l&#x00E9;xico de la moda en un Gald&#x00F3;s. Recordemos la descripci&#x00F3;n pormenorizada del vestido y complementos de Mar&#x00ED;a Egipciaca en<italic> La familia de Le&#x00F3;n Roch</italic>, cuando se engalana para ir a reconquistar a su marido (cap. XIV y XV), en que no falta ni el detalle del color azul de las medias, seg&#x00FA;n dictaba la moda del momento, o la casi inevitable alusi&#x00F3;n a una manteleta cortada por un “disc&#x00ED;pulo de Worth”. Y deber&#x00E9; volver en p&#x00E1;ginas posteriores al c&#x00E9;lebre modisto, a cuyo taller parisino acudir&#x00E1; la Elo&#x00ED;sa de <italic>Lo prohibido </italic>para traerse a Madrid las &#x00FA;ltimas novedades (cap. IX, II). Pero ser&#x00E1; en <italic>La de Bringas</italic>, donde Gald&#x00F3;s despliega tal conocimiento del l&#x00E9;xico y las formas de la indumentaria femenina en torno a 1867-68, a&#x00F1;os en que transcurre la acci&#x00F3;n, que creo necesario suponer una previa informaci&#x00F3;n en una lectura, muy bien aprovechada, de revistas femeninas coet&#x00E1;neas a esas fechas. La protagonista de <italic>La de Bringas </italic>sufre una “embriaguez de trapos”, seg&#x00FA;n califica Gald&#x00F3;s su obsesiva afici&#x00F3;n a poseer y lucir las telas y prendas m&#x00E1;s lujosas y nuevas que ofrec&#x00ED;an los establecimientos madrile&#x00F1;os, que las importaban de Par&#x00ED;s. Obsesi&#x00F3;n que llevar&#x00E1; a la se&#x00F1;ora de Bringas a una ruina econ&#x00F3;mica y moral. Y contextualizando acci&#x00F3;n y personaje, en los di&#x00E1;logos o en la narraci&#x00F3;n se citan numeros&#x00ED;simos t&#x00E9;rminos del mundo de la costura y la moda que son otros tantos galicismos introducidos en nuestro idioma, perdidos unos pero mantenidos otros hasta hoy d&#x00ED;a.<xref ref-type="fn" rid="NOTE05">5</xref> Y escribe Gald&#x00F3;s: “Los t&#x00E9;rminos franceses que matizaban este coloquio se despejaban del tejido de nuestra lengua; pero aunque sea clav&#x00E1;ndolos con alfileres, los he de sujetar para que el ex&#x00F3;tico idioma de los trapos no pierda su genialidad castiza” (cap. X). Sabemos de la continua utilizaci&#x00F3;n de Gald&#x00F3;s de la prensa para desarrollar sus narraciones. ¿Y d&#x00F3;nde pod&#x00ED;a aprender mejor ese aludido “idioma de les trapos” sino en las revistas que dedicaban a ellos una parte important&#x00ED;sima de sus textos y grabados? </p>
		
		<p>Pero recordemos, alej&#x00E1;ndonos de toda banalidad, que Gald&#x00F3;s manifest&#x00F3; su inter&#x00E9;s por el tema (en su discurso de ingreso en la Real Academia Espa&#x00F1;ola) cuando asegura que “la vestidura” es la que “dise&#x00F1;a los &#x00FA;ltimos trazos externos de la personalidad”, en parang&#x00F3;n con todo aquello que constituye la “materia novelable” que ofrece el estudio de la sociedad. El traje como signo, que tanto se ha analizado en los estudios de orientaci&#x00F3;n semiol&#x00F3;gica. En consecuencia, no nos puede extra&#x00F1;ar su inter&#x00E9;s por el tema y el significado que el traje de sus personajes adquiere en sus novelas. Sabemos, por otra parte, que ten&#x00ED;a en su biblioteca una colecci&#x00F3;n casi completa, del ya aludido<italic> Peri&#x00F3;dico de las Damas</italic>, de 1820. </p>
		
		<p>Pero, adem&#x00E1;s, puedo ofrecer un testimonio de la utilizaci&#x00F3;n de un art&#x00ED;culo sobre moda (Palomo, <xref ref-type="bibr" rid="CIT07">2008</xref>) que salta del <italic>Seminario Pintoresco Espa&#x00F1;ol</italic>, de 15 de mayo de 1836, a las p&#x00E1;ginas de <italic>La Estafeta Rom&#x00E1;ntica</italic>, cuya acci&#x00F3;n comienza en “septiembre del a&#x00F1;o 35”. Se trata de un texto denominado <italic>Modas</italic> dedicado a las novedades que ha tra&#x00ED;do el famoso sastre Utrilla, importadas de Londres. En los comienzos de la novela, al joven Calpena, el protagonista, le encargan un vestuario completo, y Gald&#x00F3;s, casi literalmente, traspasa la lista que ofrece el art&#x00ED;culo a la descripci&#x00F3;n enumerativa de dicho vestuario. Y cuando los <italic>Episodios Nacionales </italic>prosiguen, y nuevas notas sobre moda se suceden, estas aparecen en textos posteriores del <italic>Semanario</italic>, se&#x00F1;aladas al margen con l&#x00E1;piz azul por el propio Gald&#x00F3;s, en la colecci&#x00F3;n que ten&#x00ED;a en su biblioteca. Y es evidente que buena parte de las noticias sobre moda que aparecen en <italic>Mendiz&#x00E1;bal </italic>podr&#x00ED;amos encontrarlas en las publicaciones femeninas coet&#x00E1;neas a la acci&#x00F3;n. Pienso en el <italic>Correo de las Damas</italic>, cuyos figurines est&#x00E1; rompiendo un ni&#x00F1;o en <italic>Los Apost&#x00F3;licos</italic>, travesura por la que le castigan. </p>
		
		<p>__________________________________________ </p>
		
		<p>Pero las revistas femeninas no solo fueron asiduamente le&#x00ED;das por nuestros grandes escritores de la etapa realista (era un fen&#x00F3;meno social ante el que no permanecieron ajenos) sino que en alguna ocasi&#x00F3;n una de aquellas revistas pudo determinar el desarrollo de una trama novelesca. Y voy a referirme a la conocida obra <italic>Juanita la Larga</italic>, de Juan Valera, que apareci&#x00F3; como follet&#x00ED;n en <italic>El Imparcial </italic>en 1895 y en forma de libro al a&#x00F1;o siguiente. En ella, record&#x00E9;moslo, el escritor cordob&#x00E9;s relata las circunstancias de los amores entre un bien conservado cincuent&#x00F3;n y una muchacha de muy baja condici&#x00F3;n social y de menos de veinte a&#x00F1;os. La acci&#x00F3;n transcurre en Villalegre, nombre ficticio de un pueblo de la campi&#x00F1;a cordobesa. Juanita es hija de Juana la Larga, humilde modista del pueblo (am&#x00E9;n de otras habilidades) y la primera sorpresa del lector  es cuando se nos dice que Juana (y luego su hija), “cortaba vestidos, con tanto arte y primor como Worth o la Doucet en la capital de Francia” (cap. III). A ning&#x00FA;n lector o lectora le pudo parecer veros&#x00ED;mil la afirmaci&#x00F3;n: de todos y todas era conocido que Worth era el principal modisto europeo y que su taller, en Par&#x00ED;s, era el foco de donde irradiaba toda la moda europea dirigida, por supuesto, a la alta sociedad. Su fama fue extraordinaria, sobre todo, cuando se convirti&#x00F3; en el modisto preferido, casi exclusivo, de la emperatriz, la espa&#x00F1;ola Eugenia de Montijo. Por supuesto fue hasta un honor, para la aristocracia europea, o damas pertenecientes, por dinero o clase, a la alta sociedad, vestirse en el taller del gran Worth. Cuando este muri&#x00F3; en 1895, <italic>La Ilustraci&#x00F3;n Espa&#x00F1;ola y Americana </italic>public&#x00F3; su retrato y una sucinta nota biogr&#x00E1;fica acompa&#x00F1;ando el grabado. Pero cuando Valera redacta su novela, Worth a&#x00FA;n vive y sigue siendo el nombre indiscutible de la moda europea. </p>
		
		<p>¿Worth en Villalegre?, se preguntar&#x00ED;a el lector. Pero Valera sabe bien lo que escribe, y cap&#x00ED;tulos despu&#x00E9;s aclara el aparente misterio. Porque cuando Juana y Juanita quieren obsequiar a don Paco, propone la madre a la hija: “...vamos t&#x00FA; y yo a hacerle una levita nueva, seg&#x00FA;n el &#x00FA;ltimo figur&#x00ED;n de <italic>La Moda Elegante e Ilustrada </italic>que recibiste de Madrid el otro d&#x00ED;a.” (cap. XIII). </p>
		
		<p>As&#x00ED; era como Worth y los dise&#x00F1;os franceses entraban en el taller de la modista pueblerina. Y ya tenemos toda la clase elevada de un pueblo cordob&#x00E9;s vestida a lo Worth, porque Juanita, escribe Valera, “estaba al corriente de las &#x00FA;ltimas modas de Par&#x00ED;s, que recib&#x00ED;a los figurines, y que, ajust&#x00E1;ndose a ellos, sin encadenar servilmente su fantas&#x00ED;a a una imitaci&#x00F3;n minuciosa, ideaba, trazaba, cortaba y hacia trajes para las mujeres dignos de figurar en los salones de la Corte y de ser descritos por Montecristo o por Asmodeo”, (cap. XXIII), seud&#x00F3;nimos de los principales cronistas de salones del momento. Y la perfecci&#x00F3;n y elegancia se extend&#x00ED;a a los trajes de ni&#x00F1;os, que paseaban por Villalegre como si fueran “la prole de un milord o de un banquero ingl&#x00E9;s.” Pero, para convencer de la verosimilitud de esta estampa inaudita, a&#x00F1;ade Valera, con la f&#x00F3;rmula de comunicaci&#x00F3;n directa con el lector que le es habitual: </p>
		
		<p>“Ruego al lector que me d&#x00E9; entero cr&#x00E9;dito y que no imagine que son ponderaciones andaluzas, y que mis simpat&#x00ED;as hacia Juanita me ciegan. Lo que digo es la verdad exacta, pura y no exagerada. Yo he estado en Villalegre, he visto alguno de los trajes hechos por Juanita, y me he quedado estupefacto. Y cuenta que yo tengo buen gusto. Todo el mundo lo sabe” </p>
		
		<p>Ninguna de las dos ir&#x00F3;nicas observaciones finales puede ponerse en duda. El buen gusto del arist&#x00F3;crata, cosmopolita y seductor diplom&#x00E1;tico que fue Valera, era proverbial. Y lo sab&#x00ED;a toda Europa y parte de Am&#x00E9;rica, tras su paso, como diplom&#x00E1;tico, por los m&#x00E1;s selectos salones de N&#x00E1;poles, Lisboa, Brasil, Dresde, San Petersburgo, Franckfurt, Washington, Bruselas y Viena. </p>
		
		<p>Pero he aludido a que la citada revista, motivando la asombrosa elegancia de la propia Juanita, fue determinante en la trama. Porque cuando la muchacha acepta de don Paco un lujos&#x00ED;simo corte de traje, de espl&#x00E9;ndida seda verde, se confecciona un modelo a la &#x00FA;ltima, y se presenta con &#x00E9;l en la misa mayor de las fiestas patronales, se organiza tal esc&#x00E1;ndalo que hasta el cura desde el p&#x00FA;lpito arremete contra ella, por salirse  de su esfera social. Y ello dar&#x00E1; motivo a un giro esencial en la trama del relato, cuando, ante el bochorno sufrido, Juanita cambia totalmente la estrategia de su actuaci&#x00F3;n. Los figurines de <italic>La Moda Elegante e Ilustrada </italic>fueron, a la postre, el origen del triunfo final de Juanita que, casada con don Paco podr&#x00E1;, en lo sucesivo, lucir cuantos trajes de seda se le antojen. </p>
		
		<p>Todo lo anterior creo que prueba suficientemente la existencia de un p&#x00FA;blico lector masculino. Y aunque sea obvio volver sobre ello, recalquemos la existencia en las diferentes revistas femeninas de incesantes colaboraciones de los mejores escritores masculinos del siglo. De hecho, en el comienzo, estas publicaciones dirigidas al “bello sexo”, estuvieron dirigidas y escritas por varones. Pero quiero dedicar, como apartado final, la presencia en ellas (en compa&#x00F1;&#x00ED;a de tan numerosas mujeres como hemos comentado) de nombres casi paradigm&#x00E1;ticos en el panorama de la literatura espa&#x00F1;ola. Y voy a referirme a tres escritores que no ofrecen duda cuando los consideramos los iniciadores de la modernidad, en el periodismo, la novela o la poes&#x00ED;a. Me refiero, naturalmente a Larra, Gald&#x00F3;s y B&#x00E9;cquer. </p>
		
		<p>De P&#x00E9;rez Gald&#x00F3;s creo que basta con consignar que varias de sus novelas (<italic>La familia de Le&#x00F3;n Roch</italic>, <italic>El doctor Centeno</italic>...) fueron publicadas como fasc&#x00ED;culos o folletones en <italic>La Madre y el Ni&#x00F1;o </italic>o <italic>La Guirnalda</italic>. De Larra recordemos que fue colaborador asiduo de <italic>El Correo de las Damas </italic>durante el a&#x00F1;o 1833. Pero creo que la publicaci&#x00F3;n de una Rima del poeta sevillano en <italic>El Correo de la Moda</italic>, merece una detenci&#x00F3;n. </p>
		
		<p>Que B&#x00E9;cquer prest&#x00F3; atenci&#x00F3;n a la mujer lectora y a la moda, no puede ponerse en duda. Respecto a lo primero, recordemos el manuscrito donde esboz&#x00F3; una serie de proyectos editoriales (B&#x00E9;cquer, <xref ref-type="bibr" rid="CIT01">2007</xref>, p.1627) que, naturalmente, no pudo realizar. En ellos encontramos la s&#x00ED;ntesis de una “Biblioteca del tocador”, una colecci&#x00F3;n de “novelitas” en lujos&#x00ED;simas encuadernaciones dirigidas a la mujer aristocr&#x00E1;tica. Y junto a ella, una “Biblioteca del Bello Sexo”, en una m&#x00E1;s modesta presentaci&#x00F3;n, constituida por obras escritas por mujeres, de Safo en adelante.  </p>
		
		<p>En cuanto a la moda, basta leer las cr&#x00F3;nicas de sociedad publicadas en <italic>El Contempor&#x00E1;neo</italic>, en 7 y 8 de febrero de 1864: “Revista de salones” y “ Bailes y bailes”. Su descripci&#x00F3;n de los trajes y tocados de las damas asistentes, son dignas del mejor comentarista de modas, sin que falte, adem&#x00E1;s, en ellas, alg&#x00FA;n rasgo que revela al poeta. Pero lo m&#x00E1;s importante es que al final del segundo texto, manifiesta el entusiasmo con que ejerce esa tarea de describir “un mundo encantador”...”de tules, gasas y aderezos y coronas de flores...” </p>
		
		<p>¿Puede extra&#x00F1;arnos, pues, que B&#x00E9;cquer publicase en 1860 una de sus Rimas m&#x00E1;s significativas en <italic>El &#x00C1;lbum de Se&#x00F1;oritas y Correo de la Moda</italic>? Se trata de la Rima XV, seg&#x00FA;n el n&#x00FA;mero que le asigna la edici&#x00F3;n p&#x00F3;stuma de sus obras, en 1871. En esta primera versi&#x00F3;n (no me detengo en sus posteriores y m&#x00ED;nimas variantes) figura con el t&#x00ED;tulo de <italic>T&#x00FA; y yo. Melod&#x00ED;a</italic>, suprimido en el manuscrito llamado <italic>Libro de los gorriones</italic>, realizado dos a&#x00F1;os antes de su muerte.<xref ref-type="fn" rid="NOTE06">6</xref> La Rima XV es la primera que conocemos donde B&#x00E9;cquer apunta su gran met&#x00E1;fora metapo&#x00E9;tica: la imposibilidad de fusi&#x00F3;n de un t&#x00FA; y un yo, porque el yo es el poeta que intenta in&#x00FA;tilmente poseer a la amada, que es la poes&#x00ED;a. Record&#x00E9;moslo. Muchas otras Rimas volver&#x00E1;n a comunicarnos ese concepto, que le lleva a considerar que el perfecto poema (que es lenguaje y forma) ser&#x00ED;a el que pudiese comunicar la poes&#x00ED;a, que es sentimiento. Porque el poema est&#x00E1; hecho con palabras, es producto de la raz&#x00F3;n, y solo el genio es capaz de domar “el rebelde y mezquino idioma”. Las <italic>Rimas </italic>no son, en su sentido m&#x00E1;s profundo, la confesi&#x00F3;n autobiogr&#x00E1;fica de unos amores desdichados. “Yo, cuando siento, no escribo”, nos dir&#x00E1; B&#x00E9;cquer en sus “Cartas literarias a una mujer”. Son una gran met&#x00E1;fora (estamos en la &#x00F3;rbita de Baudelaire, Verlaine o Rimbaud) que nos abre la puerta de la poes&#x00ED;a espa&#x00F1;ola contempor&#x00E1;nea. De 1860 hasta hoy. Y es bonito pensar que ese primer escal&#x00F3;n lo encontremos en una de esas revistas femeninas que he procurado comentar.</p>

					 
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	<sec id="notas">
			 <title>NOTAS</title>
			 <fn-group>
				
				<fn id="NOTE01"><label>1</label><p>Entre otras aportaciones, v&#x00E9;anse los trabajos de Jim&#x00E9;nez Morell (<xref ref-type="bibr" rid="CIT05">1992</xref>), Roig (<xref ref-type="bibr" rid="CIT09">1990</xref>), S&#x00E1;nchez Llama (<xref ref-type="bibr" rid="CIT10">2000</xref>), Caball&#x00E9; (<xref ref-type="bibr" rid="CIT03">2013</xref>). En la actualidad, Carmen Serv&#x00E9;n dirige un equipo de investigaci&#x00F3;n en la Universidad Aut&#x00F3;noma de Madrid, sobre las revistas femeninas de la segunda mitad del siglo XIX.</p></fn>
				
				<fn id="NOTE02"><label>2</label><p>Ambos textos citados a trav&#x00E9;s de C. Sim&#x00F3;n (<xref ref-type="bibr" rid="CIT11">1975</xref>).</p></fn>
				
				<fn id="NOTE03"><label>3</label><p>Ambos textos citados a trav&#x00E9;s de C. Sim&#x00F3;n (<xref ref-type="bibr" rid="CIT11">1975</xref>).</p></fn>
				
				<fn id="NOTE04"><label>4</label><p>Texto citado a trav&#x00E9;s de C. Sim&#x00F3;n (<xref ref-type="bibr" rid="CIT11">1975</xref>).</p></fn>
				
				<fn id="NOTE05"><label>5</label><p>Por ejemplo: <italic>foulard, gross glas&#x00E9;</italic>, encajes <italic>valenciennes, pouff, retrouss&#x00E9;, ruch&#x00E9; </italic>(cap. X), <italic>popl&#x00ED;n </italic>por popel&#x00ED;n (cap. XV), <italic>entred&#x00F3;s, maragout</italic> (cap. XVI), <italic>aigrette, fich&#x00FA;</italic> (cap. XVI), etc. Se citan los colores de moda, como el <italic>cenizas de rosa</italic> (cap. X) o se alude y describen la <italic>casaca guardia francesa</italic> (cap. XVI) o la <italic>casaca Watteau</italic> (cap. XXI).</p></fn>
				
				<fn id="NOTE06"><label>6</label><p>B&#x00E9;cquer (<xref ref-type="bibr" rid="CIT02">1977</xref>).</p></fn>
			
			
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			<title>BIBLIOGRAF&#x00CD;A</title>

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				  <name>
				  <surname>Bécquer</surname>
				  <given-names>G. A.</given-names>
				  </name>		  
			  </person-group>
			  <year>2007</year>
			  <source>Obras completas</source> 
			  <publisher-loc>Madrid</publisher-loc>
			  <publisher-name>Cátedra</publisher-name>
			  <comment>Edición, introducción y notas de J. Estruch</comment>
			</element-citation>
			</ref>

			<ref id="CIT02"> 
			<element-citation publication-type="book">
			  <person-group person-group-type="author">
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				  <surname>Bécquer</surname>
				  <given-names>G. A.</given-names>
				  </name>		  
			  </person-group>
			  <year>1977</year>
			  <source>Libro de los Gorriones</source> 
			  <publisher-loc>Madrid</publisher-loc>
			  <publisher-name>Cupsa editorial</publisher-name>
			  <comment>Edición, introducción y notas de M.P. Palomo</comment>
			</element-citation>
			</ref>

			<ref id="CIT03">
			<element-citation publication-type="book">
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				  <surname>Caballé</surname>
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			  </person-group>
			  <year>2013</year>
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			  <publisher-loc>Madrid</publisher-loc>
			  <publisher-name>Cátedra</publisher-name>  
			</element-citation>
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			<ref id="CIT04">
			<element-citation publication-type="book">
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				  <surname>Hartzenbusch</surname>
				  <given-names>E.</given-names>
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			  </person-group>  
			  <year>1894</year>   
			  <source>Apuntes para un catálogo de periódicos madrileños desde el año 1661 al 1870</source>
			  <publisher-loc>Madrid</publisher-loc>
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			<element-citation publication-type="book">
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			  <year>1992</year> 
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			  <comment><uri>http://dx.doi.org/10.3989/arbor.2012.757n5008</uri></comment>
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			<ref id="CIT09">
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