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			<journal-id journal-id-type="publisher-id">Arbor</journal-id>
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				<journal-title>ARBOR Ciencia, Pensamiento y Cultura</journal-title>
				<abbrev-journal-title>Arbor</abbrev-journal-title>
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			<issn pub-type="epub">0210-1963</issn>
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				<publisher-name>Consejo Superior de Investigaciones Cient&#x00ED;ficas</publisher-name>
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			<article-id pub-id-type="publisher-id">arbor.2014.767n3004</article-id>
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			<subject>MUJER Y PERIODISMO EN EL SIGLO XIX. LAS PIONERAS / WOMEN AND JOURNALISM IN THE 19TH CENTURY. THE PIONEERS</subject>
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				<article-title>Cecilia Böhl de Faber entre los rom&#x00E1;nticos</article-title>
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					<trans-title>Cecilia Böhl de Faber among the romantics</trans-title>
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				<alt-title alt-title-type="running-head">CECILIA BÖHL DE FABER</alt-title>
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					 <surname>Arroyo Almaraz</surname>
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				<aff id="U1">Universidad Complutense de Madrid</aff>
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				<day>30</day>
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				<year>2014</year>
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			<year>2014</year>
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			<volume>190</volume>
			<issue>767</issue>
			
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					<license-p>Este es un art&#x00ED;culo de acceso abierto distribuido bajo los t&#x00E9;rminos de la licencia Creative Commons Attribution-Non Commercial (by-nc) Spain 3.0.</license-p>
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			<abstract xml:lang="es">
				<title>RESUMEN</title>
				<p>Cecilia Böhl de Faber y Francisca Ruiz de Larrea participan en la edici&#x00F3;n del cuento <italic>La madre</italic> o <italic>El combate de Trafalgar</italic> publicado en la revista ilustrada <italic>El Artista</italic>, de gran trascendencia en la defensa del Romanticismo. El relato fue escrito por la primera y enviado a la revista por la segunda, una vez que lo tradujo del franc&#x00E9;s modificando en parte el mismo. A partir de este hecho aparece Cecilia como la &#x00FA;nica escritora que public&#x00F3; en la revista rom&#x00E1;ntica defendiendo a su vez principios est&#x00E9;ticos que veremos posteriormente en su obra.</p>
			</abstract>
			
			<trans-abstract xml:lang="en">
				<title>ABSTRACT</title>
				<p>Cecilia Böhl de Faber and Francisca Ruiz de Larrea were both involved in the publication of the story <italic>La madre</italic> o <italic>El combate de Trafalgar</italic> published in the illustrated magazine <em>El Artista</em>, a staunch defender of Romanticism. The story was written by Cecilia Böhl de Faber and sent to the magazine by Francisca Ruiz de Larrea, after she had translated it from French and slightly adapted it. This made Cecilia Böhl de Faber the only woman writer to have been published in the romantic magazine, where she advocated aesthetic principles that would later characterise her work.</p>
			</trans-abstract>
			
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				<title>PALABRAS CLAVE</title>
				<kwd>Cuento rom&#x00E1;ntico</kwd>
				<kwd>episodio nacional</kwd>
				<kwd>novela de costumbres</kwd>
			</kwd-group>
			
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				<title>KEYWORDS</title>
				<kwd>Romantic story</kwd>
				<kwd>national episode</kwd>
				<kwd>novel of manners</kwd>
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		<title></title>
		<p>Tanto Cecilia Böhl de Faber como Francisca Ruiz de Larrea, Frasquita Larrea<xref ref-type="fn" rid="NOTE01">1</xref>, convergen en la publicaci&#x00F3;n de la “novelita” o cuento <italic>La madre o El combate de Trafagar</italic>, publicado en la revista ilustrada <italic>El Artista</italic>, de gran trascendencia en la defensa del Romanticismo frente al clasicismo a&#x00FA;n vigente en la Espa&#x00F1;a de la tercera d&#x00E9;cada del siglo XIX. La entrega apareci&#x00F3; el 15 de noviembre de 1835, por tanto, fecha, autoras y revista que nos vinculan al tema: <italic>Mujer y periodismo en el siglo XIX: las pioneras</italic>. El relato<xref ref-type="fn" rid="NOTE02">2</xref> relaciona a Frasquita Larrea desde su influencia como escritora y por impulsar y traducir del franc&#x00E9;s la que fue la primera publicaci&#x00F3;n de Cecilia y contribuir con ello a su desarrollo como escritora. Adem&#x00E1;s, del contraste entre el original y la traducci&#x00F3;n se aprecia que hay m&#x00E1;s de veintitr&#x00E9;s fragmentos breves a&#x00F1;adidos que no estaban en la versi&#x00F3;n original y otros tantos modificados, por consiguiente, su presencia es a&#x00FA;n mayor. Por otro lado, pese a ser un cuento rom&#x00E1;ntico, aparecen en &#x00E9;l los principales rasgos que veremos posteriormente en las novelas de Cecilia Böhl de Faber<xref ref-type="fn" rid="NOTE03">3</xref> como <italic>La Gaviota</italic> o <italic>La familia de Alvareda </italic>(ambas de 1849); el valorar estos elementos constituye la base de este trabajo. </p>
		
		<p>La “novelita” estaba firmada con las iniciales C. B., y es la &#x00FA;nica firma femenina que apareci&#x00F3; entre la n&#x00F3;mina de escritores rom&#x00E1;nticos como Patricio de la Escosura, Jos&#x00E9; de Espronceda, Ventura de la Vega o Jos&#x00E9; Zorrilla, entre otros muchos. A este hecho hac&#x00ED;a referencia el texto o pre&#x00E1;mbulo que preced&#x00ED;a a la narraci&#x00F3;n, posiblemente firmado por Eugenio Ochoa encargado de la parte literaria -director de la revista junto al pintor Federico Madrazo, con la colaboraci&#x00F3;n estrecha de Jos&#x00E9; de Negrete, conde de Campo Alange-, donde se dice:  </p>
		
		<p>Con mucho placer insertamos la siguiente novelita que nos ha sido remitida por una se&#x00F1;ora, cuyo nombre conocemos, aunque no nos es permitido revelarle. Acaso sus dos iniciales bastar&#x00E1;n &#x00E1; levantar el velo del <italic>inc&#x00F3;gnito</italic> con que obliga &#x00E1; encubrirse una modestia escesiva &#x00E1; nuestra amable escritora. Lo poco frecuente que es en Espa&#x00F1;a el que las personas del bello sexo se dediquen &#x00E1; cultivar la amena literatura, da nuevo realce al m&#x00E9;rito positivo de la siguiente composici&#x00F3;n. </p>
		
		<p>Lo que aparentemente podr&#x00ED;a ser una sencilla explicaci&#x00F3;n sobre la autor&#x00ED;a, a trav&#x00E9;s de esta nota, era m&#x00E1;s complejo como sabemos por la conocida “Carta a los editores de <italic>El Artista</italic>”<xref ref-type="fn" rid="NOTE04">4</xref>, enviada a la revista por Cecilia pocos meses despu&#x00E9;s de la publicaci&#x00F3;n del cuento, donde aclara lo siguiente: </p>
		
		<p>[…] la narraci&#x00F3;n de un hecho visto (y no novela) que hab&#x00ED;a escrito yo en otro idioma por perfeccionarme en la lengua y sin otra pretensi&#x00F3;n. Pero ambas llegaron a su &#x00FA;ltimo grado al volver a leer los renglones con que encabezan ustedes dicha relaci&#x00F3;n, en los que hacen saber que les ha sido remitida por la persona que la escribi&#x00F3;. Aunque es bien cierto que en el corto n&#x00FA;mero de personas que me tratan ninguna reconocer&#x00E1; en la colaboradora de <italic>El Artista</italic> a una mujer de una vida en sumo retirada y en extremo casera, las iniciales que le acompa&#x00F1;an no son con las que yo firmo (…) Yo no he mandado a ustedes la citada relaci&#x00F3;n. </p>
		
		<p>M&#x00E1;s adelante leemos en la misma carta: “la mano que ha descorrido el velo que cubr&#x00ED;a el misterio de mis horas de retiro y soledad ha sido la de una madre querida, y su m&#x00F3;vil la parcialidad materna, el respeto y el agradecimiento sellan mis labios a mi justa queja”. Donde queda aclarado en estas l&#x00ED;neas que quien envi&#x00F3; el cuento traducido al espa&#x00F1;ol fue su madre Frasquita Larrea, y lo hizo sin el conocimiento de su autora. </p>
		
		<p>No vamos a dejar pasar por alto las primeras afirmaciones de lo que hemos le&#x00ED;do anteriormente porque son significativas. Por “hecho visto” no podemos pensar que la escritora o su madre fueran testigos de la batalla de Trafalgar porque ambas se encontraban en Alemania cuando los acontecimientos b&#x00E9;licos; fue al a&#x00F1;o siguiente cuando Frasquita regres&#x00F3; a Espa&#x00F1;a. Para entender esta afirmaci&#x00F3;n tenemos que fijarnos en el “Pr&#x00F3;logo” de <italic>La Gaviota</italic> donde comenta: “no ha sido preciso m&#x00E1;s que recopilar y copiar”. Esta concepci&#x00F3;n est&#x00E1; tambi&#x00E9;n en una carta<xref ref-type="fn" rid="NOTE05">5</xref> escrita a Hartzenbusch, donde le dec&#x00ED;a: “...Vd. sabe que soy ‘recolectora’ y sin pretensi&#x00F3;n alguna de escritora”. Igualmente lo manifiesta en la carta que estamos comentando, donde dice: “deseo se sepa que no solo no he pensado jam&#x00E1;s en escribir para el p&#x00FA;blico, sino que es mi sistema, tanto en teor&#x00ED;a como en pr&#x00E1;ctica”. Seg&#x00FA;n Leonardo Romero y Jos&#x00E9; Escobar (<xref ref-type="bibr" rid="CIT22">2001</xref>, pp. 235-236), en el art&#x00ED;culo “La romer&#x00ED;a de san Isidro” Mesonero Romanos formula el principio fundamental de la m&#x00ED;mesis costumbrista en contraposici&#x00F3;n a la visi&#x00F3;n rom&#x00E1;ntica: “Por lo menos tengo esto de bueno, que no cuento sino lo que veo, y esto sin tropos ni figuras”. Por otro lado, al se&#x00F1;alar “no novela” equivale al “sin tropos ni figuras” de Mesonero; deducimos por tanto de estas citas que la escritora era consciente de estar escribiendo un cuadro de costumbres, el del combate de Trafalgar. </p>
		
		<p>La obra literaria de Fern&#x00E1;n Caballero representa el eslab&#x00F3;n entre la novela rom&#x00E1;ntica y la realista desarrollada por Gald&#x00F3;s y otros escritores de su generaci&#x00F3;n. Volvemos a recurrir a <italic>La Gaviota</italic> porque en ella se encuentra una reflexi&#x00F3;n significativa acerca de su concepci&#x00F3;n de la novela, donde afirma (cap. IV, segunda parte): </p>
		
		<p>Hay dos g&#x00E9;neros que, a mi corto entender, nos convienen: la novela hist&#x00F3;rica, que dejaremos a los escritores sabios, y la novela de costumbres que es justamente la que nos peta a los medias cucharas como nosotros (…) Es la novela por excelencia (…) &#x00FA;til y agradable. Cada naci&#x00F3;n deber&#x00ED;a escribirse las suyas. Escritas con exactitud y con verdadero esp&#x00ED;ritu de observaci&#x00F3;n, ayudar&#x00ED;an mucho para el estudio de la humanidad, de la historia, de la moral pr&#x00E1;ctica, para el conocimiento de las localidades y de las &#x00E9;pocas. Si yo fuera la reina, mandar&#x00ED;a escribir una novela de costumbres en cada provincia sin dejar nada por referir y analizar. </p>
		
		<p>Destaquemos dos aspectos significativos de este fragmento: en primer lugar, la idea de la defensa de una novela nacional o identitaria de la naci&#x00F3;n espa&#x00F1;ola, aunque con un car&#x00E1;cter m&#x00E1;s provincial. Idea que apareci&#x00F3; tambi&#x00E9;n, por ejemplo, en el <italic>Pr&#x00F3;logo</italic> que escribi&#x00F3; el Duque de Rivas en 1856 a la edici&#x00F3;n de <italic>La familia de Alvareda</italic>, incluida en las <italic>Obras Completas</italic> de Fern&#x00E1;n Caballero. Este discurso sobre la naci&#x00F3;n estuvo presente en el Romanticismo<xref ref-type="fn" rid="NOTE06">6</xref> en general. En segundo lugar, la identidad del relato <italic>La madre o el combate de Trafalgar</italic> como novela hist&#x00F3;rica, que cruza dos l&#x00ED;neas isot&#x00F3;picas: una, hist&#x00F3;rica, como la batalla de los nav&#x00ED;os espa&#x00F1;oles y franceses, capitaneados por Villeneuve, contra los ingleses dirigidos por Nelson, justificando desde el comienzo las causas del final que todo lector ya conoc&#x00ED;a l&#x00F3;gicamente a la altura de 1835 (la tempestad y la actitud del almirante Villeneuve destituido por Napole&#x00F3;n); y, la otra, de ficci&#x00F3;n, como es el relato de la se&#x00F1;ora de C., nombre del personaje en el cuento, viuda de un almirante de la marina espa&#x00F1;ola con tres hijos peque&#x00F1;os tambi&#x00E9;n militares que participaron en la lucha. Creemos que el entrecruzamiento de estas dos l&#x00ED;neas marca la base de lo que posteriormente vamos a ver desarrollado en los <italic>Episodios Nacionales</italic> galdosianos. La profesora Pilar Palomo (<xref ref-type="bibr" rid="CIT19">2004</xref>, p. 602) defini&#x00F3; el <italic>episodio nacional</italic> en los siguientes t&#x00E9;rminos: </p>
		
		<p>El Canciller Ayala, con profunda modernidad, est&#x00E1; inaugurando en Espa&#x00F1;a el concepto de <italic>historia viva</italic> que fue tan amado y practicado por Gald&#x00F3;s, y al que se acogen sus seguidores. ‘Lo que le&#x00ED; en los libros’ y ‘lo que mis ojos vieron’... Investigaci&#x00F3;n m&#x00E1;s testimonio, como posible clave de lo que podemos definir como <italic>episodio nacional</italic>, entendido como g&#x00E9;nero narrativo, en su utilizaci&#x00F3;n de la Historia.</p>
		
		<p>Estas palabras coinciden con las escritas por Cecilia, que ya hemos recogido: “la narraci&#x00F3;n de un hecho visto (y no novela)”; por tanto, podemos considerar este cuento como un precedente significativo que ayudar&#x00E1; a configurar ese g&#x00E9;nero que tanto desarrollo tuvo con Gald&#x00F3;s y posteriormente a &#x00E9;l en escritores como Francisco Camba, Concha Espina, Ana M.ª Matute, A. Mu&#x00F1;oz Molina o Eduardo Mendoza, entre otros. Este cuadro de costumbres fue tambi&#x00E9;n un claro antecedente de historia viva, de episodio nacional. </p>
		
		<p>Adem&#x00E1;s de lo se&#x00F1;alado hasta aqu&#x00ED;, es tambi&#x00E9;n nuestro prop&#x00F3;sito destacar lo que podemos llamar espacios comunes entre la obra escrita de Frasquita Larrea y el cuento de Cecilia Böhl de Faber que nos van a permitir valorar la base rom&#x00E1;ntica del relato. Comencemos por el t&#x00ED;tulo aparentemente disyuntivo, <italic>La madre o el combate de Trafalgar,</italic> que realmente lo que presenta es una vinculaci&#x00F3;n de los dos hemistiquios donde la madre es la met&#x00E1;fora de Espa&#x00F1;a, la patria, en el contexto tan definido por la cr&#x00ED;tica de un adoctrinamiento conservador por parte de las dos escritoras. Esto se puede deducir de algunas citas del relato, sin embargo donde mejor vemos explicada esta equivalencia es de nuevo en <italic>La Gaviota</italic>, cuando dice la narradora (segunda parte, cap. XV): “pero tuve otro mal que empeoraba de d&#x00ED;a en d&#x00ED;a, y era el ansia por mi patria y por las personas de mi cari&#x00F1;o. No s&#x00E9; si es porque Espa&#x00F1;a es una excelente madre o porque nosotros los espa&#x00F1;oles somos buenos hijos; lo cierto es que no podemos vivir sino en su seno”. Por otro lado, el tema literario en el que nos introduce el t&#x00ED;tulo, de gran fecundidad durante el Romanticismo, es el amor y la muerte. Ajeno al imposible amoroso que ha configurado toda una geograf&#x00ED;a de espacios y personajes que recogieron tradiciones convergentes –Werther, Don Juan Tenorio, Don &#x00C1;lvaro y un largo etc&#x00E9;tera-, en esa b&#x00FA;squeda del absoluto, que infatigablemente persigui&#x00F3; el artista rom&#x00E1;ntico; en este caso es la vinculaci&#x00F3;n entre el amor familiar y la muerte. Como se&#x00F1;alaba Susan Kirkpatrick (<xref ref-type="bibr" rid="CIT17">2001</xref>, p. 134), la misi&#x00F3;n de la mujer decimon&#x00F3;nica era ser &#x00E1;ngel del hogar, cuya raz&#x00F3;n de ser era el amor, hacia los hijos, hacia sus padres y hermanos, hacia su esposo, hacia su patria como en el cuento. En el final del mismo, la viuda de C., pese a que sus hijos regresan sanos y salvos del combate, pierde el juicio: “¡aquel rostro tan bello de sonrisas y l&#x00E1;grimas queda est&#x00FA;pido!... ¡Ah, Dios m&#x00ED;o! –dijo el mayor de los hijos-, ¡qu&#x00E9; imprudencia la nuestra! Sentimiento tard&#x00ED;o. Aquel coraz&#x00F3;n tan tierno no pudo soportar tal c&#x00FA;mulo de dichas. Hab&#x00ED;a perdido el juicio”. La desesperaci&#x00F3;n de la madre afligida, la experiencia desgarradora le lleva a ese final fatal, rompe as&#x00ED; con una tradici&#x00F3;n que vinculaba mujer y muerte en la literatura desde perspectivas como la muerte de un hijo, de la madre, de una amiga, de un padre o la propia muerte. Esta tem&#x00E1;tica rom&#x00E1;ntica de amor familiar y muerte cont&#x00F3; con un elenco de poetas<xref ref-type="fn" rid="NOTE07">7</xref> que lo cultivaron, entre ellas Dolores Cabrera y Heredia, Rosal&#x00ED;a de Castro, Faustina S&#x00E1;ez de Melgar o Josefa Est&#x00E9;vez de Garc&#x00ED;a del Canto. </p>
		
		<p>Como se ha mantenido, fue Frasquita quien proyect&#x00F3; en su hija Cecilia su vocaci&#x00F3;n de escritora. Sus escritos<xref ref-type="fn" rid="NOTE08">8</xref> van desde la tertulia a las p&#x00E1;ginas de un peri&#x00F3;dico o de un folleto marcadamente persuasivo como la proclama patri&#x00F3;tica -“Una aldeana espa&#x00F1;ola a sus compatricias” o “Saluda una andaluza a los vencedores de los vencedores de Austerlitz”...-. Uno de los espacios comunes entre ambas escritoras es la manera rom&#x00E1;ntica de tratar la naturaleza y el paisaje; lo hacen desde un tono sentimental, desde una sensibilidad hacia lo sublime como podemos leer en el comienzo del cuento: “El d&#x00ED;a se hab&#x00ED;a ataviado de su m&#x00E1;s brillante esplendor, del aire m&#x00E1;s suave y puro”; m&#x00E1;s adelante: “un viento fresco y ligero acariciaba como un ni&#x00F1;o, su brillante superficie” o cuando dice: “el cielo estaba puro como si jam&#x00E1;s hubiera estado, como si jam&#x00E1;s debiera estar”. Esta misma semejanza, desde el motivo de la pureza del aire, la encontramos en los <italic>Extractos de cartas desde Chiclana</italic><xref ref-type="fn" rid="NOTE09">9</xref> de Frasquita Larrea, en la carta del 24-5-1806, en Buitrago, donde se acent&#x00FA;a m&#x00E1;s lo rom&#x00E1;ntico: “el aire estaba tan puro, la atm&#x00F3;sfera estaba tan transparente, el rio tan bullicioso y los arboles tan frondosos, que todo parec&#x00ED;a encantamiento”. En otra del 13 de junio aparece la misma idea: “Todo estaba tranquilo –el viento callaba- las hojas estaban inmobles, el rio se deslizaba con el mayor sosiego por debaxo de los arcos del puente –era verdaderamente una hora de paz! En semejantes momentos desaparece toda sensaci&#x00F3;n vana &#x00E9; interesada, y los sentimientos puros de amor y benevolencia llenan el alma...”. El contraste en el cuento surge con la tempestad y por tanto con la naturaleza amenazadora y no benigna, creadora de terror e inseguridad, de lo sublime. Leemos en una carta de Frasquita del 17 de mayo de 1806: “el mar, lanz&#x00E1;ndose entre dos Arcos que su misma violencia ha formado, amenazaba tragarnos al menor tropiezo”. En el cuento leemos: “interrump&#x00ED;an el silencio el bramido de las olas, que parec&#x00ED;an pedir su presa, y el agudo silbido del viento, que empezaba, crec&#x00ED;a, se hac&#x00ED;a poderoso, luego flaqueaba y mor&#x00ED;a para renacer con m&#x00E1;s violencia”. Finalmente, la naturaleza act&#x00FA;a conjuntamente con los acontecimientos; es un elemento narrativo m&#x00E1;s. El presagio de algo terrible que va a suceder, para lo cual hay una serie de vaticinios desde el comienzo del relato, como por ejemplo las palabras de la narradora cuando dice: “siguieron la voluntad de un solo hombre que, ciego de despecho, los llevaba a una muerte segura”, una vez que salen los barcos del puerto y en direcci&#x00F3;n al combate con los ingleses, se completa con la fusi&#x00F3;n de la naturaleza, de esa armon&#x00ED;a y benevolencia se pasa a la tempestad y la destrucci&#x00F3;n como lo ser&#x00E1; el combate: “Se levant&#x00F3; un fuerte viento del sudeste, y gruesas gotas de lluvia vinieron a anunciar la tempestad (…) Apenas se enlut&#x00F3; el cielo, apenas empez&#x00F3; el mar a levantar su seno agitado y terrible, lanzando y rompiendo sus olas espumosas sobre las rocas que casi estaban debajo de las ventanas de la infeliz madre, cay&#x00F3; esta aniquilada en una silla”. La naturaleza y la madre se fusionan en una misma acci&#x00F3;n desde el alma sensible que trasluce la narradora. Se produce una dependencia en ocasiones entre el estado an&#x00ED;mico y sus impresiones del paisaje y la naturaleza. Al respecto escribe Frasquita en una carta del 15 de agosto: “Es tambi&#x00E9;n cierto que los diferentes aspectos de la naturaleza nos afectan de una manera an&#x00E1;loga a la situaci&#x00F3;n de nuestro esp&#x00ED;ritu. Quando este est&#x00E1; tranquilo, vierte un tinte suave sobre todos los objetos, y aun los sitios mas l&#x00F3;bregos, la inmutabilidad de los lagos, la aridez y el yelo pueden entonces no desagradarnos”. </p>
		
		<p>Otro espacio com&#x00FA;n es la defensa de los valores patri&#x00F3;ticos. Muchos acontecimientos b&#x00E9;licos que iniciaron el siglo XIX contribuyeron a despertar una conciencia ciudadana y patri&#x00F3;tica poco com&#x00FA;n hasta esos momentos. La participaci&#x00F3;n de la mujer en este periodo fue muy limitada, dedic&#x00E1;ndose principalmente al &#x00E1;mbito de la intendencia dom&#x00E9;stica, el altruismo y la caridad, sin embargo, en el contexto de aquellos acontecimientos b&#x00E9;licos se despert&#x00F3; un cierto asociacionismo, tomando como precedente la Junta de Damas de la Sociedad Econ&#x00F3;mica de Amigos del Pa&#x00ED;s madrile&#x00F1;a y, concretamente en Andaluc&#x00ED;a aparecieron la Sociedad de Se&#x00F1;oras de Fernando VII (1812) y posteriormente la Junta Patri&#x00F3;tica de Se&#x00F1;oras de C&#x00E1;diz (1815) a las cuales perteneci&#x00F3; Frasquita Larrea. La mayor parte de la literatura que se gener&#x00F3; en la &#x00E9;poca de la Guerra de la Independencia fue de corte propagand&#x00ED;stico y patri&#x00F3;tico; la mujer est&#x00E1; tambi&#x00E9;n presente aqu&#x00ED; porque se trataba de aunar fuerzas contra el invasor, por tanto algunas mujeres con ese af&#x00E1;n de contribuir como los hombres a enardecer el patriotismo y manifestar su adhesi&#x00F3;n a Fernando VII, escribieron proclamas llenas de fervor contribuyendo, en parte, a la creaci&#x00F3;n de un espacio p&#x00FA;blico de participaci&#x00F3;n. Como ha se&#x00F1;alado Marieta Cantos (<xref ref-type="bibr" rid="CIT12">2006 b</xref>, p. 198):  </p>
		
		<p>La realidad es que solo unas cuantas mujeres se animaron a expresar p&#x00FA;blicamente sus sentimientos y opiniones, y sus escritos fueron publicados en folletos que en ocasiones tuvieron la suerte de ver reimpresos en colecciones patri&#x00F3;ticas junto a las proclamas de otros muchos hombres. En casos a&#x00FA;n menos numerosos, las mujeres decidieron contribuir con su pluma al debate p&#x00FA;blico suscitado por la divisi&#x00F3;n ideol&#x00F3;gica de la naci&#x00F3;n y aireado por los papeles peri&#x00F3;dicos. En este sentido, de alguna manera, la Guerra de la Independencia propici&#x00F3; que un escogido n&#x00FA;mero de se&#x00F1;oras abandonara el limitado espacio dom&#x00E9;stico de su actuaci&#x00F3;n cotidiana, para intervenir con una responsabilidad m&#x00E1;s o menos relevante en la marcha de los asuntos p&#x00FA;blicos. </p>
		
		<p>Pese a ello, la participaci&#x00F3;n de la mujer en la literatura fue, como se&#x00F1;al&#x00F3; Ochoa, paulatina y todav&#x00ED;a excepcional, entre otras razones por la falta de instrucci&#x00F3;n<xref ref-type="fn" rid="NOTE10">10</xref> en muchos casos; no obstante algunas mujeres trataron, y lograron durante este breve periodo, romper los l&#x00ED;mites impuestos a su condici&#x00F3;n de mujer, defendiendo su capacidad de pensamiento y su derecho de participaci&#x00F3;n p&#x00FA;blica, y por ende pol&#x00ED;tica. Nos encontramos entonces con las firmas de Mar&#x00ED;a Manuela L&#x00F3;pez de Ulloa, Mar&#x00ED;a Joaquina Viera y Clavijo, Mar&#x00ED;a Francisca de Nava, Vicenta Maturana V&#x00E1;zquez, Agustina Torres o Catalina Maurandy y Osorio<xref ref-type="fn" rid="NOTE11">11</xref>. </p>
		
		<p>La exaltaci&#x00F3;n patri&#x00F3;tica, la animaci&#x00F3;n a la acci&#x00F3;n y al combate no solo de los hombres sino tambi&#x00E9;n de las mujeres contribuyendo materialmente -dinero, joyas...- y con su trabajo a los gastos y necesidades del ej&#x00E9;rcito levantado contra el franc&#x00E9;s, se encuentra en los folletos de algunas escritoras, entre ellas en varios textos de Frasquita Larrea, como por ejemplo leemos en la proclama “Una aldeana espa&#x00F1;ola a sus compatricias”, texto que pudo ser conocido solamente entre un c&#x00ED;rculo peque&#x00F1;o de amigos, principalmente los que asist&#x00ED;an a las tertulias, fechado el 10 de julio de 1808<xref ref-type="fn" rid="NOTE12">12</xref>: </p>
		
		<p>Una vez fue noble la inercia de nuestra naci&#x00F3;n, pues m&#x00E1;s noble es el reposo que una vana agitaci&#x00F3;n por intereses mezquinos. Pero hoy que el entusiasmo patri&#x00F3;tico se ha despertado y que combatimos por nuestra religi&#x00F3;n, nuestra independencia y por el Rey que Dios nos ha dado; hoy que podemos desplegar las virtudes que la naturaleza ha vinculado en nuestra Patria; hoy, en fin, nos ser&#x00E1; f&#x00E1;cil levantarnos del abatimiento en que el mundo entero nos ha visto abismado. Y nosotras espa&#x00F1;olas usemos tambi&#x00E9;n las armas que nos son propias. Recordemos a nuestros esposos e hijos sus obligaciones. Pint&#x00E9;mosles las dulzuras de una muerte en defensa gloriosa de su Religi&#x00F3;n y Patria (…) ¡Morir o vencer, Espa&#x00F1;oles! ¡Rogad y persuadid, Espa&#x00F1;olas! </p>
		
		<p>En otra proclama antifrancesa, “Saluda una andaluza a los vencedores de los vencedores de Austerlitz”, del 25 de julio de 1808, Frasquita Larrea desde una sensibilidad rom&#x00E1;ntica y bajo el seud&#x00F3;nimo de Laura, muestra su admiraci&#x00F3;n por Fernando VII al que el general Casta&#x00F1;os ha ido a liberar. A lo largo del texto hay una exaltaci&#x00F3;n de los militares heroicos y gloriosos como Casta&#x00F1;os, Reding y Lape&#x00F1;a (Cantos, <xref ref-type="bibr" rid="CIT11">2006 a</xref>, p.75): “Permitid a una Espa&#x00F1;ola, orgullosa de vuestras haza&#x00F1;as, regar con flores humedecidas por las deliciosas l&#x00E1;grimas del entusiasmo, la senda de vuestros pasos triunfantes (…) ¡Guerreros magn&#x00E1;nimos! El ruido de vuestras haza&#x00F1;as ha despertado esta antigua naci&#x00F3;n”. Apareci&#x00F3; en el libro <italic>Demostraci&#x00F3;n de la lealtad espa&#x00F1;ola: colecci&#x00F3;n de proclamas, bandos</italic>... de Manuel Jim&#x00E9;nez Carre&#x00F1;o, en 1808. Como folleto fue reimpreso en M&#x00E9;xico en 1808 y 1809. Se difundi&#x00F3; durante las Cortes de C&#x00E1;diz. En el escrito titulado “Chiclana”, aparece la nostalgia, recordando los d&#x00ED;as de guerra, asedio y ultraje que vivi&#x00F3; en aquella poblaci&#x00F3;n durante la invasi&#x00F3;n napole&#x00F3;nica; escrito en 1811. Se inicia con una cita de la novela <italic>Woman, or Ida of Athens</italic>, de Lady Morgan (1783-1859), que hace referencia a la defensa del nacionalismo irland&#x00E9;s frente al dominio ingl&#x00E9;s. Traza una visi&#x00F3;n cr&#x00ED;tica de la situaci&#x00F3;n de Espa&#x00F1;a culpando de ella a Godoy, a Carlos IV y a las alianzas con la Francia revolucionaria, a quienes van dirigidas estas palabras (Cantos, <xref ref-type="bibr" rid="CIT11">2006 a</xref>, p. 78):  </p>
		
		<p>¡Amor de la Patria! (…) Varios intereses pueden distraer el empe&#x00F1;o nacional: pero el coraz&#x00F3;n es siempre patricio (…) ¡Amor indeleble! Acaso si mi Patria fuese libre y feliz no habr&#x00ED;an interesado mi coraz&#x00F3;n las intrigas de su Gabinete, los mezquinos c&#x00E1;lculos de su inter&#x00E9;s comercial o de su ambici&#x00F3;n legislativa. Pero en su noble infortunio, suyos son todos mis sentimientos. Cantar&#x00E9; sus virtudes, disculpar&#x00E9; sus errores y llorar&#x00E9; la falsa pol&#x00ED;tica de sus Jefes. </p>
		
		<p>Su implicaci&#x00F3;n en el debate pol&#x00ED;tico as&#x00ED; como en una visi&#x00F3;n maniquea y reaccionaria de la propaganda b&#x00E9;lica aparece en otros escritos como “El general El&#x00ED;o o lo que son los espa&#x00F1;oles”, donde muestra su postura anticonstitucional y sus cr&#x00ED;ticas al pensamiento ilustrado que ella ve representado por Voltaire y Rousseau. Critica a los pol&#x00ED;ticos constitucionalistas que califica de jacobinos en el “Fragmento, escrito el d&#x00ED;a de San Fernando”, y sobre todo en el panfleto m&#x00E1;s conocido titulado: “Fernando en Zaragoza. Una visi&#x00F3;n” aparecido en C&#x00E1;diz en 1814; es una loa a Fernando VII que pese a ello fue calificada de subversiva y anticonstitucional, a trav&#x00E9;s de una comunicaci&#x00F3;n del 2 de mayo de 1814, de la Junta de Censura, que conden&#x00F3; el panfleto. En su respuesta desde su escrito “Contestaci&#x00F3;n a la censura”, del d&#x00ED;a 9, se muestra cr&#x00ED;tica respecto a la coyuntura que les ha tocado vivir y lo suficientemente combativa como para pedir que sea la Junta quien modifique su veredicto porque ella no ha hecho m&#x00E1;s que ejercer la libertad decretada por las Cortes (Cantos, <xref ref-type="bibr" rid="CIT11">2006 a</xref>, p. 83): </p>
		
		<p>hab&#x00ED;a entendido que el art&#x00ED;culo 371 de la Constituci&#x00F3;n permit&#x00ED;a la publicaci&#x00F3;n ilimitada de ideas pol&#x00ED;ticas. Sin m&#x00E1;s estudio escrib&#x00ED; sencillamente y sin iron&#x00ED;a, no tanto mi opini&#x00F3;n (que esta podr&#x00ED;a parecerme dudosa) sino lo que hab&#x00ED;a o&#x00ED;do en Inglaterra, Francia y Alemania a hombres de letras, lo que hab&#x00ED;a le&#x00ED;do en autores estimados y lo que coincid&#x00ED;a con mis deseos de conciliar los extremos que la mayor parte de los papeles p&#x00FA;blicos declaran existentes. Por la censura (…) conozco que he incurrido en falta por no haber mirado con atenci&#x00F3;n el reglamento de la libertad de imprenta [sin embargo] espero de los Se&#x00F1;ores que componen la junta de censura, se servir&#x00E1;n modificar el concepto de subversivo que han atribuido a mi papel.  </p>
		
		<p>Esta misma defensa de la libertad de opinar y escribir, recurriendo al mencionado art&#x00ED;culo 371, la vuelve a hacer en su escrito de 1815 titulado “Carta a un joven. Contestaci&#x00F3;n sobre el Obispo de Orense”, es una justificaci&#x00F3;n de la conducta de Pedro Quevedo, Obispo de Orense, que fue presidente del Consejo de Regencia y se neg&#x00F3; a jurar la Constituci&#x00F3;n, por lo que defiende su libertad de manifestar su visi&#x00F3;n anticonstitucionalista. Apoy&#x00E1;ndose en el peri&#x00F3;dico <italic>El Espa&#x00F1;ol</italic> -Blanco White- que desde marzo de 1811 empieza a disentir del planteamiento de la soberan&#x00ED;a nacional tal y como lo hab&#x00ED;an entendido las Cortes de C&#x00E1;diz, se&#x00F1;ala que la soberan&#x00ED;a del pueblo es una “idea abstracta y disparatada” y que el Obispo no cometi&#x00F3; delito alguno al expresar sus ideas pol&#x00ED;ticas. Como se&#x00F1;al&#x00F3; G. Carnero (<xref ref-type="bibr" rid="CIT13">1978</xref>, pp. 24-25) adem&#x00E1;s de la exaltaci&#x00F3;n patri&#x00F3;tica destaca su pensamiento reaccionario, resaltando un conservadurismo que considera esencial al pueblo espa&#x00F1;ol y que se basa en “lealtad, religi&#x00F3;n y patriotismo”. Aparece el Rey y la monarqu&#x00ED;a idolatrados: “el perseguido, el inocente, el amado Fernando”, “pr&#x00ED;ncipe feliz cuanto idolatrado”, “Fernando, semejante &#x00E1; la estrella que esperaban los magos de Egipto”. Insiste en el mantenimiento de la antigua forma de gobierno de la monarqu&#x00ED;a espa&#x00F1;ola, sin contagio con la doctrina revolucionaria francesa. Y finalmente, la execraci&#x00F3;n de los liberales a los que tilda de “turba que se llama liberal por antonomasia”, “sin mas criterio que el de sus pasiones, y sin mas voces que las aprendidas en el diccionario de la revoluci&#x00F3;n francesa”. No solo se da esta exaltaci&#x00F3;n de un Fernando celestial, destinado por la providencia para sacar a Espa&#x00F1;a de la postraci&#x00F3;n a que la hab&#x00ED;a conducido la depravada tiran&#x00ED;a de Godoy en Frasquita Larrea sino que se observa esto mismo en otras escritoras como M.ª Francisca de Nava o Manuela L&#x00F3;pez de Ulloa, por ejemplo. </p>
		
		<p>Entre los textos conservados hay dos cartas a Blanco White editor de <italic>El Espa&#x00F1;ol</italic>: “Al autor del Espa&#x00F1;ol” y “Carta al autor del Espa&#x00F1;ol”, ambas del mes de julio de 1814, donde con un estilo m&#x00E1;s personal y suelto contin&#x00FA;a sus reflexiones pol&#x00ED;ticas en ocasiones de una gran lucidez (Cantos, <xref ref-type="bibr" rid="CIT11">2006 a</xref>, p. 89): “As&#x00ED; es que pienso sean tan pocos los que saben gobernar a los dem&#x00E1;s porque para esto se requiere prescindir de sus propias pasiones y sentimientos y no dejarse seducir por ideas, tanto m&#x00E1;s encantadoras cuando que por no tener el fallo de la experiencia, dan margen a que la imaginaci&#x00F3;n les preste un resultado nuevo y feliz”. O las quejas por unos libelos contra Fernando VII aparecidos en unos papeles ingleses, lo que aprovecha para hacer una exaltaci&#x00F3;n de su concepto de naci&#x00F3;n espa&#x00F1;ola. Convencida de que el editor y escritor compart&#x00ED;a su causa, le pide que no deserte de la empresa. La adhesi&#x00F3;n al conservadurismo, la defensa de la religi&#x00F3;n, la patria y el rey Fernando o la defensa del Antiguo R&#x00E9;gimen aparecen tambi&#x00E9;n en otros escritos de diferentes mujeres. Hay que considerar que Cecilia Böhl de Faber, aunque de car&#x00E1;cter diferente, comparti&#x00F3; con su madre una misma ideolog&#x00ED;a tradicionalista y una especial inquina anticonstitucional, por su afecci&#x00F3;n al sistema anterior. Sin embargo el retorno del Rey trajo consigo una f&#x00E9;rrea censura que se tradujo en la imposibilidad de seguir publicando; Frasquita Larrea sigui&#x00F3; escribiendo a lo largo de aquellos a&#x00F1;os pero no dio a la luz ninguno de sus escritos, termin&#x00F3; volc&#x00E1;ndose en la carrera literaria de su hija, a quien incitar&#x00ED;a a publicar y de quien envi&#x00F3; uno de sus primeros relatos a la revista <italic>El Artista</italic>. Como recordaba Antonio Alcal&#x00E1; Galiano en sus <italic>Memorias</italic> (Cap. XVIII, 2.ª parte), posteriormente, durante el Trienio liberal, aparentemente las mujeres volvieron a tener un peque&#x00F1;o respiro aunque en realidad nada cambi&#x00F3;, por ejemplo pod&#x00ED;an asistir a las cortes pero ten&#x00ED;an que ir vestidas de hombre:  </p>
		
		<p>Acudi&#x00F3; a o&#x00ED;r los debates numerosa concurrencia, y como no era permitido asistir a ellos las mujeres, sigui&#x00E9;ndose desde las Cortes de C&#x00E1;diz esta juiciosa pr&#x00E1;ctica inglesa, en vez de la franca y actual espa&#x00F1;ola, muchas iban vestido el traje de hombre, usando no pocas el talar de los eclesi&#x00E1;sticos para tapar sus formas, ya por modestia, ya por deseo de no descubrir imperfecciones. </p>
		
		<p>En el cuento de Böhl de Faber leemos frases que resaltan ese mismo esp&#x00ED;ritu patri&#x00F3;tico, en esta ocasi&#x00F3;n desde el enfrentamiento contra los ingleses: “velas henchidas de esperanza y elaci&#x00F3;n, sus esbeltos y ligeros pabellones, don precioso de la patria que llevaban como un penacho”, o el s&#x00ED;mil medievalizante de comparar a los soberbios buques con caballeros armados “saliendo para un torneo con pasos lentos, mesurados y orgullosos”, reflejando a su vez la desolaci&#x00F3;n que sirve para justificar el desenlace: “La desgraciada Espa&#x00F1;a, sacrificada a la voluntad de un solo hombre culpablemente temerario, lloraba el d&#x00ED;a m&#x00E1;s horriblemente desastroso”. La heroicidad de los espa&#x00F1;oles contrasta con la visi&#x00F3;n ridiculizadora y cobarde de los franceses: “h&#x00E1;biles generales Gravina, &#x00C1;lava, Cisneros (…) La se&#x00F1;ora de C., viuda de un general de marina, ten&#x00ED;a tres hijos. ¡Todos tres segu&#x00ED;an la gloriosa carrera de su padre y sal&#x00ED;an en esta armada para arrostrar la furia de los elementos y la brillante estrella de un Nelson (…) Al principio del combate el contralmirante Dumanoir se alej&#x00F3;, llev&#x00E1;ndose consigo cuatro buques franceses, pasando junto al Neptuno que defend&#x00ED;a D. Cayetano Vald&#x00E9;s con una firmeza y una intrepidez dignas de la admirable marina espa&#x00F1;ola”. Este discurso contra los franceses y el odio a Napole&#x00F3;n es otro espacio com&#x00FA;n con Frasquita Larrea en escritos como “Napole&#x00F3;n” y “Otra vez Napole&#x00F3;n”. </p>
		
		<p>Concluyo recordando algo que escrib&#x00ED; en un trabajo publicado en 2008 sobre la presencia de la mujer en el mundo del libro y en el marco cultural de la Ilustraci&#x00F3;n, titulado ”Impresoras, libreras, editoras... en la industria del libro del Setecientos”, donde lleg&#x00E1;bamos a la conclusi&#x00F3;n de que no ha habido una falta de mujeres en la tradici&#x00F3;n espa&#x00F1;ola de las letras como se ha mantenido en muchos momentos sino que lo que se ha producido es una habitual falta de consideraci&#x00F3;n social de la mujer, que es lo que ha propiciado en muchos momentos que las obras y los estudios hayan quedado en el olvido a lo largo de los siglos; una literatura silenciada como se pude apreciar en los distintos art&#x00ED;culos de este volumen.</p>

					 
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			 <title>NOTAS</title>
			 
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				<fn id="NOTE01"><label>1</label><p>Francisca Ruiz de Larrea y Aher&#x00E1;n naci&#x00F3; en C&#x00E1;diz en 1775 y falleci&#x00F3; en el Puerto de Santa Mar&#x00ED;a en 1838. Cabe destacar su origen vasco por la rama paterna e irland&#x00E9;s por parte de madre. Perteneci&#x00F3; al seno de una familia de comerciantes acomodados. Con la muerte del padre, cuando ella era peque&#x00F1;a, quedaron en una situaci&#x00F3;n econ&#x00F3;mica rayando en la pobreza y se trasladaron madre e hija a Chiclana (C&#x00E1;diz). Su educaci&#x00F3;n tuvo que ser bastante autodidacta hasta que en 1790 comenz&#x00F3; su relaci&#x00F3;n con Juan Nicolas Böhl de Faber, a lo que la madre se opuso por ser ella cat&#x00F3;lica y &#x00E9;l luterano; posiblemente por este motivo estuvieron seis a&#x00F1;os de noviazgo. Adquiri&#x00F3; una notable cultura cuya tutela se atribuye a su marido, no obstante fue una mujer que siempre demostr&#x00F3; libertad de criterios. Hablaba ingl&#x00E9;s y franc&#x00E9;s, lo que le permiti&#x00F3; leer y traducir en algunos casos a Byron -<italic>Manfredo</italic>- y a su admirada Mary Wollstonecraft. Se carte&#x00F3; con Augusto W. Schlegel, reivindic&#x00F3; a Walter Scott y a Schiller, adem&#x00E1;s de mostrar inter&#x00E9;s por los cl&#x00E1;sicos espa&#x00F1;oles, todo ello hace ver su valoraci&#x00F3;n de la tradici&#x00F3;n literaria, as&#x00ED; como su sensibilidad rom&#x00E1;ntica que declar&#x00F3; en muchos momentos. Mantuvo estrechos lazos de amistad con Jos&#x00E9; J. de Mora, entre otros contertulios que frecuentaban su casa. Despu&#x00E9;s de casarse en Espa&#x00F1;a partieron con su madre para Hamburgo; en ese viaje naci&#x00F3; la primog&#x00E9;nita Cecilia. Los cuatro regresar&#x00ED;an de Hamburgo en 1798 y, al a&#x00F1;o siguiente, nac&#x00ED;a la segunda hija Aurora; en 1801 el &#x00FA;nico hijo var&#x00F3;n Juan Jacobo y en 1803 la &#x00FA;ltima de las hijas, &#x00C1;ngela. Frasquita muy pronto mostr&#x00F3; y comparti&#x00F3; con su marido inquietudes literarias: particip&#x00F3; junto a &#x00E9;l en la famosa “querella calderoniana”, donde adopt&#x00F3; el seud&#x00F3;nimo de Cymodocea, “C…a”, la hero&#x00ED;na de <italic>Los m&#x00E1;rtires</italic> de Chateaubriand. Tambi&#x00E9;n hay que subrayar su apasionamiento por la pol&#x00ED;tica, en la que se implic&#x00F3; desde 1808, como otras mujeres, utilizando en algunos textos el seud&#x00F3;nimo de “Laura”. En 1805, Frasquita y Juan Nicol&#x00E1;s, junto a dos de sus hijos, regresaron a Hamburgo y compraron una hacienda en Görslow, pero Frasquita decidi&#x00F3; abandonar la finca familiar y volver a Espa&#x00F1;a en 1806, donde hab&#x00ED;a quedado su madre con las dos hijas peque&#x00F1;as. Con Juan Nicol&#x00E1;s se quedaron Juan Jacobo y Cecilia: separaci&#x00F3;n matrimonial que dur&#x00F3; seis a&#x00F1;os y que suponemos debi&#x00F3; marcar la infancia de Cecilia, sin referencias de su madre. Frasquita y Juan Nicol&#x00E1;s se reunieron con todos sus hijos y la madre de ella a mediados de 1812, iniciando el viaje de vuelta a Espa&#x00F1;a en el verano de 1813. Inicialmente vivieron en Chiclana y posteriormente en C&#x00E1;diz. Juan Nicol&#x00E1;s perdi&#x00F3; todo su capital debido a la guerra, la casa comercial Böhl alcanz&#x00F3; su quiebra definitiva mediada la d&#x00E9;cada. Logr&#x00F3; el nombramiento de c&#x00F3;nsul para Hamburgo en 1816. Dos a&#x00F1;os despu&#x00E9;s, en 1818, empez&#x00F3; su colaboraci&#x00F3;n como delegado en Espa&#x00F1;a de la firma Duff Gordon y C&#x00ED;a. En El Puerto de Santa Mar&#x00ED;a vivi&#x00F3; la familia desde 1821. Saltamos las vicisitudes que tuvieron que vivir a ra&#x00ED;z de la represi&#x00F3;n absolutista en Andaluc&#x00ED;a desde la llegada de los <italic>Cien mil hijos de San Luis</italic>. En 1836 la salud de Juan Nicol&#x00E1;s empeor&#x00F3; y falleci&#x00F3; el 9 de noviembre de ese a&#x00F1;o. Los dos a&#x00F1;os que Frasquita sobrevivi&#x00F3; a su marido posiblemente fueron tensos en las relaciones con sus hijas, especialmente con Cecilia. Ella falleci&#x00F3; el 14 de noviembre de 1838.</p></fn>
				
				<fn id="NOTE02"><label>2</label><p>Para el relato <italic>La madre o el combate de Trafalgar</italic> partimos de la edici&#x00F3;n publicada en <italic>Art&#x00ED;culo literario y narrativa breve del Romanticismo espa&#x00F1;ol </italic>(2004), donde se contrasta el texto traducido y publicado en <italic>El Artista</italic> con su versi&#x00F3;n original en franc&#x00E9;s que public&#x00F3; posteriormente Camille Pitollet en <xref ref-type="bibr" rid="CIT20">1908</xref>.</p></fn>
				
				<fn id="NOTE03"><label>3</label><p>Cecilia Böhl de Faber y Larrea, “Fern&#x00E1;n Caballero”. Hija primog&#x00E9;nita como ya hemos mencionado de Juan Nicol&#x00E1;s Böhl de Faber y de Francisca Ruiz de Larrea, naci&#x00F3; en Suiza (Morges, cant&#x00F3;n de Berna), el 27 de diciembre de 1796. Vemos por la fecha de nacimiento su proximidad generacional con escritores como el Duque de Rivas (1791), Antonio Gil y Z&#x00E1;rate (1793), Agust&#x00ED;n Dur&#x00E1;n (1793) o Manuel Bret&#x00F3;n de los Herreros (1796), entre otros, sin embargo fue su propia biograf&#x00ED;a quien la alej&#x00F3;, le proporcion&#x00F3; una distancia generacional que permiti&#x00F3; una evoluci&#x00F3;n que fue m&#x00E1;s all&#x00E1; del Romanticismo. 	Se cas&#x00F3; en 1816 con el capit&#x00E1;n de granaderos de Infanter&#x00ED;a Antonio Planells Bardaj&#x00ED;, bajo el consentimiento de su padre pero, parece ser, que no del de su madre porque apenas lo hab&#x00ED;a tratado durante unos meses y sobre todo porque se trasladaban a Puerto Rico, destino militar otorgado por tres a&#x00F1;os. En julio de 1817, muri&#x00F3; inesperadamente y Cecilia regres&#x00F3; a C&#x00E1;diz. Despu&#x00E9;s de pasar alg&#x00FA;n tiempo en Hamburgo junto a su abuela paterna, conoce, si no lo hab&#x00ED;a conocido anteriormente como se ha se&#x00F1;alado en alguna ocasi&#x00F3;n, a Francisco Ruiz de Arco, marqu&#x00E9;s de Arco Hermoso, militar perteneciente a la aristocracia sevillana, con el que contrajo matrimonio en 1822, convirti&#x00E9;ndose en marquesa consorte. El matrimonio se traslad&#x00F3; a Sevilla tratando all&#x00ED; con la nobleza de la ciudad, y posteriormente a El Puerto de Santa Mar&#x00ED;a y a C&#x00E1;diz. En ese periodo conoci&#x00F3; a distintos escritores, concretamente en 1828 a Washington Irving a quien le dio a leer el manuscrito de <italic>La familia de Alvareda</italic>, quiz&#x00E1; no el primero, pues fue redactado en alem&#x00E1;n; a manos del americano llegar&#x00ED;a una versi&#x00F3;n castellana con el t&#x00ED;tulo <italic>Historieta traducida del alem&#x00E1;n de una joven espa&#x00F1;ola</italic>, probablemente debida a Frasquita Larrea. En alem&#x00E1;n hab&#x00ED;a escrito otras obras como <italic>Sola;</italic> <italic>Elia</italic> lo fue en franc&#x00E9;s, como <italic>La Gaviota</italic>. Y quiz&#x00E1; tambi&#x00E9;n le dio a conocer <italic>Magdalena</italic>, declara por la misma Cecilia como su primera obra. En el a&#x00F1;o 1833 vivi&#x00F3; un doble acontecimiento, se casaron sus hermanas: Aurora contrajo matrimonio en C&#x00E1;diz con Tom&#x00E1;s Osborne Man, y &#x00C1;ngela se cas&#x00F3; en Par&#x00ED;s con el General Gabriel Henri Chatry de la Fosse, del que enviudar&#x00ED;a en 1848; durante la estancia de Cecilia en Par&#x00ED;s asisti&#x00F3; a los salones de Madame de Recamier donde todo hace indicar que conoci&#x00F3; a escritores del momento, entre otros a Chateaubriand. Ese a&#x00F1;o Cecilia hab&#x00ED;a escrito <italic>Sola</italic> que se public&#x00F3; posteriormente en Hamburgo en 1840. En 1835 fallece su marido y queda viuda por segunda vez. En ese a&#x00F1;o apareci&#x00F3; la que se considera su primera publicaci&#x00F3;n, enviada a <italic>El Artist</italic>a, el cuento rom&#x00E1;ntico “La madre o el combate de Trafalgar”. Al a&#x00F1;o siguiente, 1836, fallec&#x00ED;a su padre Juan Nicol&#x00E1;s y en 1838 su madre, como ya hemos mencionado. En medio de esas dos fechas, es decir, en 1837, se cas&#x00F3; con el pintor Antonio Arrom de Ayala, enfermo de tisis y al que coste&#x00F3; un viaje a Manila para su recuperaci&#x00F3;n. En parte mejorado, cuando mejor parec&#x00ED;a irles bien, la traici&#x00F3;n de un socio llev&#x00F3; a la desesperaci&#x00F3;n a Arrom, que al conocer su ruina se suicid&#x00F3; en Londres, en mayo de 1859 (M. Cantos, <xref ref-type="bibr" rid="CIT11">2006 a</xref>, p. 29), cuando iba de regreso a Australia. Protegida posteriormente por los duques de Montpensier y la reina Isabel II, se le concedi&#x00F3; como vivienda una de las casas del Patio de las Banderas del Alc&#x00E1;zar de Sevilla. Tras la revoluci&#x00F3;n de 1868 tuvo que abandonarla y acab&#x00F3; en una casa de la calle Juan de Burgos donde residi&#x00F3; hasta su muerte en abril de 1877. En el periodo de su tercer matrimonio fueron apareciendo las principales obras de Cecilia: en <italic>El Heraldo</italic>, se public&#x00F3; en 1849, primero <italic>La Gaviota </italic>donde utiliz&#x00F3; el seud&#x00F3;nimo con el que ya siempre se la iba a conocer de Fern&#x00E1;n Caballero; traducida del franc&#x00E9;s por Jos&#x00E9; Joaqu&#x00ED;n de Mora, apareci&#x00F3; como follet&#x00ED;n al concluir <italic>Las dos Dianas</italic>, de Dumas, entre el 9 de mayo y el 14 de julio; cont&#x00F3; con un art&#x00ED;culo rese&#x00F1;a que escribi&#x00F3; posteriormente Eugenio Ochoa –“Cr&#x00ED;tica de Don Eugenio Ochoa sobre “La Gaviota”, de Cecilia Böhl de Faber (Fern&#x00E1;n Caballero)”- y se public&#x00F3; en dos partes en el peri&#x00F3;dico <italic>La Espa&#x00F1;a</italic> el 26 de agosto y el 18 de septiembre de 1849. Este &#x00FA;ltimo mes y a&#x00F1;o fue cuando apareci&#x00F3; tambi&#x00E9;n en <italic>El Heraldo</italic> <italic>La familia de Alvareda</italic>, entre el 7 y el 26 de septiembre. A estas obras le siguieron <italic>L&#x00E1;grimas </italic>(1850), <italic>La Hija del Sol </italic>(1851), <italic>Clemencia </italic>(1852), <italic>Un servil&#x00F3;n y un liberalito o tres almas de Dios </italic>(1855)<italic>...</italic>; colecciones de cuentos, una de ellas apareci&#x00F3; con el t&#x00ED;tulo de <italic>Cuadros de costumbres</italic>; art&#x00ED;culos y textos de inter&#x00E9;s folcl&#x00F3;rico, desde una base rom&#x00E1;ntica en lo que respecta a la valoraci&#x00F3;n de la tradici&#x00F3;n y de lo popular; en sus relatos se aprecia la narraci&#x00F3;n de las costumbres, especialmente andaluzas. Es considerada como una escritora de novelas de costumbres.</p></fn>
				
				<fn id="NOTE04"><label>4</label><p>Se&#x00F1;ores editores de El Artista. Muy se&#x00F1;ores m&#x00ED;os (1): Solo mi consternaci&#x00F3;n pudo igualar a mi sorpresa al ver en la entrega 1-2 de su interesante peri&#x00F3;dico la narraci&#x00F3;n de un hecho visto (y no novela) que hab&#x00ED;a escrito yo en otro idioma por perfeccionarme en la lengua y sin otra pretensi&#x00F3;n. Pero ambas llegaron a su &#x00FA;ltimo grado al volver a leer los renglones con que encabezan ustedes dicha relaci&#x00F3;n, en los que hacen saber que les ha sido remitida por la persona que la escribi&#x00F3;.	Aunque es bien cierto que en el corto n&#x00FA;mero de personas que me tratan ninguna reconocer&#x00E1; en la colaboradora de El Artista a una mujer de una vida en sumo retirada y en extremo casera, mucho m&#x00E1;s cuando las iniciales que le acompa&#x00F1;an no son con las que yo firmo; aunque es cierto, digo, que la insignificancia del remitido y la de mi persona son mi mejor inc&#x00F3;gnito, me debo a m&#x00ED; misma y a mi propia tranquilidad de deshacer un error que no quiero que exista (2).	Yo no he mandado a ustedes la citada relaci&#x00F3;n, no por modestia, que esta implica m&#x00E9;rito, sino porque tengo el suficiente discernimiento para saber que lo que estampo por v&#x00ED;a de pasatiempo y estudio no merece ni un lugar en su distinguido peri&#x00F3;dico, ni aun llamar la atenci&#x00F3;n de nadie; pero sobre todo porque tengo por &#x00ED;ntimo convencimiento que el c&#x00ED;rculo que forma la esfera de una mujer, mientras m&#x00E1;s estrecho, m&#x00E1;s adecuado a su felicidad y a la de las personas que la rodean, y as&#x00ED; jam&#x00E1;s tratar&#x00E9; de ensancharlo, debiendo a este sistema la felicidad de que he gozado en mi vida como la mano que ha descorrido el velo que cubr&#x00ED;a el misterio de mis horas de retiro y soledad ha sido la de una madre querida, y su m&#x00F3;vil la parcialidad materna, el respeto y el agradecimiento sellan mis labios a mi justa queja (3); pero deseo se sepa que no solo no he pensado jam&#x00E1;s en escribir para el p&#x00FA;blico, sino que es mi sistema, tanto en teor&#x00ED;a como en pr&#x00E1;ctica, que m&#x00E1;s adorna la d&#x00E9;bil mano de una se&#x00F1;ora la aguja que no la pluma, y es injusto se quejen ustedes que <italic>es poco frecuente en Espa&#x00F1;a que las personas del bello sexo se dediquen a cultivar la amena literatura</italic>. La severidad e intolerancia del <italic>sexo fuerte</italic> es la que ha creado la opini&#x00F3;n general de ser incompatibles las calidades dom&#x00E9;sticas y las inclinaciones literarias. Sentado este principio, no hay mujer sensata que quiera sacrificar lo s&#x00F3;lido a lo brillante, una virtud a un adorno.	Ustedes estar&#x00E1;n persuadidos que cuanto llevo dicho es una ensarta de lugares comunes; mucho m&#x00E1;s que ustedes lo estoy yo, pero hay lugares comunes que ganan con ser repetidos por ciertas personas, as&#x00ED; como hay cierta clase de personas que ganan al decirlo, como al hacerlos regla de comportamiento.	Agradezco infinito el nombre de amable que me dan ustedes por <italic>gracia</italic>, el que devuelvo a ustedes por justicia.	(1)Borrador sin fecha ni firma.	(2)Aunque la construcci&#x00F3;n de los &#x00FA;ltimos renglones del anterior p&#x00E1;rrafo es algo deficiente, se comprende bien el pensamiento de Fern&#x00E1;n.(3)Queda demostrado con esta carta que D.ª Francisca Larrea de Böhl fu&#x00E9; quien manifest&#x00F3; que la que escrib&#x00ED;a con tanto aplauso y tan enorme revoluci&#x00F3;n hizo en la rep&#x00FA;blica de las letras con la aparici&#x00F3;n de <italic>La Gaviota</italic>, era ni m&#x00E1;s ni menos que su hija Cecilia. Un hombre que pasar&#x00ED;a por sus propios m&#x00E9;ritos a la Historia y habr&#x00E1; de quedar esculpido en el templo de la fama, ¿por qu&#x00E9; no ten&#x00ED;a que conocerse? Si Fern&#x00E1;n, por modestia, quiso que su nombre no sonara para nada, su madre, que sent&#x00ED;a un leg&#x00ED;timo orgullo con los lauros de su excelente hija, no supo ni quiso callarlo. Hay que reconocer que hasta cierto punto estaba justificado. Habr&#x00ED;a motivos para estar con su primog&#x00E9;nita m&#x00E1;s ancha que larga. Despu&#x00E9;s de todo, <italic>la gloria de los hijos es la mejor corona de los padres</italic>. Adem&#x00E1;s, ¡los tiempos hab&#x00ED;an cambiado! [Edici&#x00F3;n de Fr. Diego de Valencina].</p></fn>
				
				<fn id="NOTE05"><label>5</label><p>Cito a trav&#x00E9;s de Javier Herrero y Julio Rodr&#x00ED;guez Luis (<xref ref-type="bibr" rid="CIT16">1982</xref>, p. 364).</p></fn>
				
				<fn id="NOTE06"><label>6</label><p>Remitimos a Romero Tobar (<xref ref-type="bibr" rid="CIT21">2008</xref>) y a nuestro trabajo (<xref ref-type="bibr" rid="CIT10">2012 c</xref>).</p></fn>
				
				<fn id="NOTE07"><label>7</label><p>Cito a trav&#x00E9;s de Susan Kirkpatrick (<xref ref-type="bibr" rid="CIT17">2001</xref>, pp. 134-142).</p></fn>
				
				<fn id="NOTE08"><label>8</label><p>Los escritos de Frasquita Larrea se conservan en el denominado <italic>Archivo Osborne</italic>, -Antonio Osborne V&#x00E1;zquez, Puerto de Santa Mar&#x00ED;a, C&#x00E1;diz; posiblemente proceda del casamiento de Aurora, segunda hija del matrimonio de Larrea y Böhl de Faber, con Tom&#x00E1;s Osborne- pero no est&#x00E1; permitida su consulta a los investigadores. No hay por tanto posibilidad de ver los originales ya que tampoco se ha hecho una edici&#x00F3;n facs&#x00ED;mil ni una edici&#x00F3;n completa y revisada de los documentos. Hemos consultado para este trabajo las ediciones de Guillermo Carnero Arbat (<xref ref-type="bibr" rid="CIT13">1978</xref>), de Antonio Orozco Acuaviva (<xref ref-type="bibr" rid="CIT18">1977</xref>) y M. Cantos Casenave (<xref ref-type="bibr" rid="CIT11">2006 a</xref>). Siguiendo las indicaciones de G. Carnero (<xref ref-type="bibr" rid="CIT13">1978</xref>) se conservan dos cuadernos que contienen los manuscritos. El primero de 134 p&#x00E1;ginas con 25 textos (proclamas, folletos escritos principalmente a ra&#x00ED;z de la Guerra de la Independencia): “Saluda una Andaluza a los vencedores de los vencedores de Austerlitz en los campos de Baylen”, “Una aldeana espa&#x00F1;ola a sus compatricias”, “Anselmo &#x00F3; las Rocas del Bruch”, “Una noche de Arag&#x00F3;n”, “Cintra”, “Andaluc&#x00ED;a. Una visi&#x00F3;n”, “Chiclana”, “Calificaci&#x00F3;n del papel titulado <italic>Fernando en Zaragoza</italic> hecha por la Junta Censoria”, “Contestaci&#x00F3;n a la censura”, “El general Elio &#x00F3; lo que son los Espa&#x00F1;oles!”, “Napole&#x00F3;n”, “Fragmento. Escrito el d&#x00ED;a de S. Fernando de 1814”, “Al autor del Espa&#x00F1;ol -Julio 1814”, “Carta al autor del Espa&#x00F1;ol -1814”, “Otra vez Napole&#x00F3;n. Avril 1815”, “Carta a un joven. Contestaci&#x00F3;n sobre el Obispo de Orense. 1815”, “Fantas&#x00ED;a -en los jardines de la Casa de campo en Madrid... 1817”, “Especulaci&#x00F3;n y coraz&#x00F3;n”, “Un sue&#x00F1;o”, “Fragmento (sobre el Arauco domado)”, “Epidemia de 1819”, “Di&#x00E1;logo entre madre &#x00E9; hija. 1820”, “Reflecciones sobre la contestaci&#x00F3;n dada por el ej&#x00E9;rcito llamado Nacional en la Ysla a la pastoral del Sr. Obispo de Cadiz -enero 1820”, “Carta a un Amigo analizando la proclama del Se&#x00F1;or Gefe politico Jauregui...”. El segundo cuaderno repite algunos escritos del primero y a&#x00F1;ade y suprime otros, conteniendo en total 18 textos que ocupan 95 p&#x00E1;ginas: “Chactas”, “Amalia”, “Ela”, “Una Aldeana espa&#x00F1;ola”, “Saluda una Andaluza”, “Anselmo”, “Carta a un Amigo”, “Una noche de Aragon”, “Andalucia”, “Suiza”, “Fragmento. La epidemia del a&#x00F1;o 1804”, “Cintra”, Chiclana”, “Sin t&#x00ED;tulo, sobre la cr&#x00ED;tica de Schlegel a la Fedra de Racine”, “A Mr. B.”, “Carta a Mr. Schlegel. 18 enero 1813”, “Extractos traducidos de Schlegel”, “La Aniquilaci&#x00F3;n -visi&#x00F3;n traducida del aleman de Jean Paul”, junto a “Notas del viaje a Inglaterra y Alemania 1812-13”, “Fantasia en la Noche Buena de 1816”, “Notas del viaje a Bornos 1824. Anotaciones abril-julio”, “Id a Ubrique. 1824, julio-agosto”, “Id a Arcos y Bornos, 1826. Abril-junio”. De los dos cuadernos y otros manuscritos se realiz&#x00F3; una copia parcial que los Böhl enviaron a Nicol&#x00E1;s Enrique Julius y que es el ms. 14173 que se conserva en la Biblioteca Nacional de Viena publicado defectuosamente por el P. Becher BBMP, 1931.</p></fn>
				
				<fn id="NOTE09"><label>9</label><p>Cito a trav&#x00E9;s de Guillermo Carnero: <italic>Los or&#x00ED;genes del Romanticismo reaccionario espa&#x00F1;ol: el matrimonio Böhl de Faber</italic>, pp. 125-127.</p></fn>
				
				<fn id="NOTE10"><label>10</label><p>Seg&#x00FA;n M.ª A. Dur&#x00E1;n (<xref ref-type="bibr" rid="CIT14">1982</xref>), los datos del censo de 1797 el total de poblaci&#x00F3;n en Espa&#x00F1;a era: 10.541.221 personas, de ellas 5.220.299 eran varones y 5.320. 922 eran mujeres. Madrid contaba con una poblaci&#x00F3;n de 167.607 personas, de ellas 85.044 eran varones y 82.563 mujeres; con una posible poblaci&#x00F3;n lectora de unas 50.000 personas.</p></fn>
				
				<fn id="NOTE11"><label>11</label><p>Referencia tomada de Marieta Cantos (<xref ref-type="bibr" rid="CIT12">2006 b</xref>, pp. 209-216), “Relaci&#x00F3;n de folletos”.</p></fn>
				
				<fn id="NOTE12"><label>12</label><p>M. Cantos (<xref ref-type="bibr" rid="CIT11">2006 a</xref>, p. 73).</p></fn>
			
			 </fn-group>
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			<title>BIBLIOGRAF&#x00CD;A</title>


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			<element-citation publication-type="book">
			  <person-group person-group-type="author">
				  <name>
				  <surname>Alcalá Galiano</surname>
				  <given-names>A.</given-names>
				  </name>  	   
			  </person-group>  
			  <year>1955</year> 
			  <source>Obras escogidas. Recuerdos y memorias</source>
			  <publisher-loc>Madrid</publisher-loc>
			  <publisher-name>Atlas</publisher-name>
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			<ref id="CIT02"> 
			<element-citation publication-type="book">
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				  <name>
				  <surname>Alonso Seoane</surname>
				  <given-names>M.J.</given-names>
				  </name> 
				  <name>
				  <surname>Ubach Medina</surname>
				  <given-names>A.</given-names>
				  </name> 
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				  <surname>Ballesteros Dorado</surname>
				  <given-names>A.I.</given-names>
				  </name> 	  	   
			  </person-group>  
			  <year>2004</year> 
			  <source>El artículo literario y la narrativa breve del romanticismo español</source>
			  <publisher-loc>Madrid</publisher-loc>
			  <publisher-name>Castalia</publisher-name>
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			</ref>

			<ref id="CIT03">
			<element-citation publication-type="book">
			  <person-group person-group-type="author">
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				  <surname>Arroyo Almaraz</surname>
				  <given-names>A.</given-names>
				  </name>  
			  </person-group>  
			  <year>2008</year> 
			  <chapter-title>Impresoras, libreras, editoras... en la industria del libro del Setecientos</chapter-title>
			  <person-group person-group-type="coordinator">
				  <name>
				  <surname>Arizmendi Martínez</surname>
				  <given-names>M.</given-names>
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				  <name>
				  <surname>Arbona Abascal</surname>
				  <given-names>G.</given-names>
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