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			<journal-id journal-id-type="publisher-id">Arbor</journal-id>
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				<journal-title>ARBOR Ciencia, Pensamiento y Cultura</journal-title>
				<abbrev-journal-title>Arbor</abbrev-journal-title>
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			<issn pub-type="epub">0210-1963</issn>
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				<publisher-name>Consejo Superior de Investigaciones Cient&#x00ED;ficas</publisher-name>
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			<article-id pub-id-type="publisher-id">arbor.2014.767n3008</article-id>
			<article-id pub-id-type="doi">10.3989/arbor.2014.767n3008</article-id>
			 
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			<subject>MUJER Y PERIODISMO EN EL SIGLO XIX. LAS PIONERAS / WOMEN AND JOURNALISM IN THE 19TH CENTURY. THE PIONEERS</subject>
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				<article-title>Las colaboraciones en prensa de Gertrudis G&#x00F3;mez de Avellaneda</article-title>
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					<trans-title>Gertrudis G&#x00F3;mez de Avellaneda’s contributions to the press</trans-title>
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				<alt-title alt-title-type="running-head">GERTRUDIS G&#x00D3;MEZ DE AVELLANEDA</alt-title>
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					 <surname>Fanconi</surname>
					 <given-names>Paloma</given-names>
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				<aff id="U1">Universidad Europea de Madrid</aff>
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			<volume>190</volume>
			<issue>767</issue>
			
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				<title>RESUMEN</title>
				<p>En este art&#x00ED;culo se analiza la presencia de Gertrudis G&#x00F3;mez de Avellaneda en la prensa de su momento, especialmente con sus colaboraciones literarias en prosa que luego publicara bajo el t&#x00ED;tulo de Leyendas en su edici&#x00F3;n de <italic>Obras completas</italic>, como una contribuci&#x00F3;n de la escritora cubana a un g&#x00E9;nero tan desarrollado en la &#x00E9;poca del romanticismo.</p>
			</abstract>
			
			<trans-abstract xml:lang="en">
				<title>ABSTRACT</title>
				<p> In this article the presence of Cuban writer Gertrudis G&#x00F3;mez de Avellaneda is analysed in the newspapers of her time, especially with a group of literary works that she called Legends in her <italic>Obras completas</italic>, a major contribution to the development of this important genre in the age of Romanticism.</p>
			</trans-abstract>
			
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				<title>PALABRAS CLAVE</title>
				<kwd>Gertrudis G&#x00F3;mez de Avellaneda</kwd>
				<kwd>prensa</kwd>
				<kwd>leyendas</kwd>

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				<title>KEYWORDS</title>
				<kwd>Gertrudis G&#x00F3;mez de Avellaneda</kwd>
				<kwd>printed press</kwd>
				<kwd>legends</kwd>

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		<title></title>
		
		<p>No fue la Avellaneda una figura literaria que pasara inadvertida en el momento cultural que le toc&#x00F3; vivir, ni por temperamento ni por producci&#x00F3;n art&#x00ED;stica. Sus poes&#x00ED;as fueron editadas en vida varias veces, sus novelas publicadas exentas en muchas ocasiones, y sus obras de teatro aplaudidas en los m&#x00E1;s importantes escenarios espa&#x00F1;oles del momento. </p>
		
		<p>Su vinculaci&#x00F3;n con los medios de comunicaci&#x00F3;n fue bastante asidua y de diversa &#x00ED;ndole, pero siempre tildada de ese inter&#x00E9;s por dejar rastro de su presencia literaria y de su personalidad vital. </p>
		
		<p>Estamos, desde luego, ante una de las mujeres m&#x00E1;s significativas de la cultura espa&#x00F1;ola del XIX. Entre sus coet&#x00E1;neas, solo Carolina Coronado y Fern&#x00E1;n Caballero fueron tan famosas.  </p>
		
		<p>La Avellaneda debe su popularidad en la vida intelectual del momento a varios factores: sin duda a su fuerte personalidad y agitada vida privada, pero tambi&#x00E9;n a su arrollador &#x00E9;xito en el teatro y a la consideraci&#x00F3;n que sus contempor&#x00E1;neos profesaron siempre por su poes&#x00ED;a. </p>
		
		<p>Cubri&#x00F3; la faceta de colaboradora en diversas publicaciones, pero abord&#x00F3; tambi&#x00E9;n la tarea de fundadora y directora de algunas revistas. </p>
		
		<p>En 1845, emprende la tarea de dirigir un peri&#x00F3;dico, y lo hace en compa&#x00F1;&#x00ED;a de Miguel Ortiz, <italic>La Ilustraci&#x00F3;n, &#x00C1;lbum de Damas</italic>, que en palabras de Inmaculada Jim&#x00E9;nez Morell: </p>
		
		<p>“pretend&#x00ED;a ser el mejor peri&#x00F3;dico literario del momento, pues contaba con la colaboraci&#x00F3;n de los m&#x00E1;s insignes poetas del romanticismo, seg&#x00FA;n su directora” (Jim&#x00E9;nez Morell, <xref ref-type="bibr" rid="CIT07">1992</xref>, p. 53). </p>
		
		<p>S&#x00F3;lo sali&#x00F3; a la luz un n&#x00FA;mero -el del dos de noviembre- en el que la Avellaneda publica “Capacidad de las mujeres para el gobierno”. Pero, como afirma Jim&#x00E9;nez Morel, “es el a&#x00F1;o en que muri&#x00F3; su hija y posiblemente por ello no pudo seguir al frente del peri&#x00F3;dico” (Jim&#x00E9;nez Morell, <xref ref-type="bibr" rid="CIT07">1992</xref>, p. 53). </p>
		
		<p>Quince a&#x00F1;os m&#x00E1;s tarde –en 1860- fund&#x00F3;, en su tierra natal, <italic>El &#x00C1;lbum Cubano de lo Bueno y lo Bello</italic>. Seg&#x00FA;n se&#x00F1;ala Evelyn Pic&#x00F3;n Garfield:  </p>
		
		<p>“Varios factores influ&#x00ED;an en la existencia insegura de las revistas cubanas de la primera mitad del siglo decimon&#x00F3;nico, entre ellos esta vigilancia r&#x00ED;gida de la censura real, la situaci&#x00F3;n vigente en la Isla vis-à-vis, la trata de esclavos, el temor de una rebeli&#x00F3;n de los negros, y el decaer de la industria azucarera. Las revistas florecieron (1837-40) pero luego fueron reprimidas (1840-46): resucitaron (1646-49) para luego ser silenciadas (1850-51); y volvieron a resucitar entre 1852-57, el periodo anterior a la vuelta de G&#x00F3;mez de Avellaneda a Cuba. Muchos de estos factores pudieran haber influido en la vida ef&#x00ED;mera del <italic>&#x00C1;lbum Cubano…</italic>Pero hubo otros de orden personal: la ausencia de la directora de La Habana cuando acompa&#x00F1;&#x00F3; a su esposo a su nuevo puesto administrativo en Cienfuegos; y el tiempo que dedic&#x00F3; a cuidarlo cuando cay&#x00F3; enfermo de fiebre amarilla.” (Pic&#x00F3;n Garfield, <xref ref-type="bibr" rid="CIT08">1993</xref>, p. 21) </p>
		
		<p>La direcci&#x00F3;n de estas dos publicaciones -ambas de poca duraci&#x00F3;n- demuestran que Tula, desde luego, era una mujer interesad&#x00ED;sima y muy implicada en la vida cultural del momento. </p>
		
		<p>Como muchos de sus contempor&#x00E1;neos, comienza a darse a conocer como creadora publicando su obra en la prensa. Las primeras colaboraciones de la cubana fueron poes&#x00ED;as, que empezaron a ver la luz desde los comienzos de su vida en Espa&#x00F1;a, concretamente en Andaluc&#x00ED;a, donde colabor&#x00F3; con varios poemas bajo el seud&#x00F3;nimo de <italic>La Peregrina</italic> en peri&#x00F3;dicos como <italic>El Cisne</italic> de Sevilla o <italic>La Alhambra</italic> de Granada. (Sim&#x00F3;n Palmer, <xref ref-type="bibr" rid="CIT11">1991</xref>, pp. 318-320). </p>
		
		<p>Sus primeros a&#x00F1;os en la Pen&#x00ED;nsula coinciden con el auge de las m&#x00E1;s granadas manifestaciones literarias del romanticismo hispano, que publicaba versos y estrenaba obras de teatro. Tula practica ambas cosas en cuanto se instala en Sevilla, donde se representa, en el a&#x00F1;o 1840, su primera obra para la escena: <italic>Leoncia</italic>. </p>
		
		<p>Es la &#x00E9;poca de la novela por entregas, y la Avellaneda no se automargina de esta corriente: participa en las m&#x00E1;s importantes publicaciones peri&#x00F3;dicas con diversas obras del g&#x00E9;nero, que luego, en muchas ocasiones, ser&#x00E1;n editadas exentas. </p>
		
		<p>Pero am&#x00E9;n de las novelas y las poes&#x00ED;as, hay otras colaboraciones en prensa de la Avellaneda a las que la cr&#x00ED;tica, en diversas ocasiones, ha prestado atenci&#x00F3;n. </p>
		
		<p>En 1843, escribe uno de los cuatro retratos que se publicaron en el <italic>&#x00C1;lbum del Bello Secso</italic>, con su famoso art&#x00ED;culo costumbrista “La dama de gran tono”, al que ha dedicado un brillante estudio Jos&#x00E9; Escobar (Escobar, <xref ref-type="bibr" rid="CIT03">1988</xref>). </p>
		
		<p>Se ha caracterizado a la Avellaneda, y con raz&#x00F3;n, como una defensora a ultranza de las mujeres y sus derechos a participar en la vida social y cultural en rango de igualdad con el hombre. Es cierto: su actividad social, su energ&#x00ED;a personal, episodios como el de su deseo de entrar en la Academia, etc…as&#x00ED; lo demuestran. Escribi&#x00F3;, a la saz&#x00F3;n, varios trabajos sobre la capacidad femenina para distintas actividades p&#x00FA;blicas, y luego los recogi&#x00F3; en el tomo V de sus obras completas, que edit&#x00F3; dos a&#x00F1;os antes de su muerte bajo el subt&#x00ED;tulo de <italic>Art&#x00ED;culos publicados en un peri&#x00F3;dico el a&#x00F1;o de 1860, y dedicados por la autora al bello sexo</italic>. Son: </p>
		
		<p>“La mujer considerada respecto al sentimiento y a la importancia que &#x00E9;l le ha asignado en los anales de la religi&#x00F3;n”.  </p>
		
		<p>“La mujer considerada respecto a las grandes cualidades de car&#x00E1;cter, de que se derivan el valor y el patriotismo”.  </p>
		
		<p>“La mujer considerada respecto a su capacidad para el gobierno de los pueblos y la administraci&#x00F3;n de los intereses p&#x00FA;blicos”.  </p>
		
		<p>“La mujer considerada particularmente en su capacidad cient&#x00ED;fica, art&#x00ED;stica y literaria”. </p>
		
		<p>Algunos de ellos, como el tercero, ya hab&#x00ED;an sido publicados con anterioridad, concretamente en 1845. No cabe duda de que escribir sobre la capacidad de las mujeres para el gobierno de los pueblos no era algo que llamara la atenci&#x00F3;n en un momento en que el trono de Espa&#x00F1;a lo ocupaba Isabel II, y defenderlo a ultranza era una manera de ponerse de parte de los ambientes regios en los que, al parecer, pretend&#x00ED;a introducirse, aunque nunca los consiguiera. Pues aunque la reconocieron tempranamente muchos intelectuales del momento -la elogiaron siendo muy joven, Alberto Lista, Zorrilla y Carolina Coronado- y el p&#x00FA;blico madrile&#x00F1;o aplaudiera sus estrenos con entusiasmo, ni el Palacio ni la docta casa le dieron entrada. </p>
		
		<p>No son estos art&#x00ED;culos sobre la mujer, publicados en el<italic> Album de lo Bueno y de lo Bello</italic>,<italic> </italic>excesivamente avanzados para su &#x00E9;poca. La consideraci&#x00F3;n de la condici&#x00F3;n femenina preeminentemente como lo sentimental y afectivo, el tono y el contenido, hicieron que, como se&#x00F1;al&#x00F3; Jos&#x00E9; Antonio Rodr&#x00ED;guez en su libro <italic>De la Avellaneda: colecci&#x00F3;n de art&#x00ED;culos</italic> Castillo de Gonz&#x00E1;lez (1868) publicara una carta en <italic>El Siglo</italic>, en la que afirma: “La verdad es que no han gustado ni a tirios ni a troyanos”. Y a&#x00F1;ade Rodr&#x00ED;guez: “Como que Tula es inferior en este g&#x00E9;nero a todos los dem&#x00E1;s, lo cual no quiere decir que no merezcan alg&#x00FA;n aprecio tales trabajos” (Rodr&#x00ED;guez Garc&#x00ED;a, <xref ref-type="bibr" rid="CIT09">1914</xref>, p. 157). </p>
		
		<p>En su intento de ensalzar los valores femeninos, convierte estos escritos en un elogio de mujeres ilustres, destacando en el de la religi&#x00F3;n a la Virgen Mar&#x00ED;a y a otras mujeres fuertes de la Biblia, sin a&#x00F1;adir novedad alguna a lo que la tradici&#x00F3;n cristiana viniera se&#x00F1;alando desde los inicios. Entre las grandes patriotas a Artemisa, Juana de Arco, Mariana Pineda o Agustina de Arag&#x00F3;n. Como gobernantes Sem&#x00ED;ramis, Zenobia, Berenguela de Castilla, Mª Teresa de Austria o Mar&#x00ED;a de Molina son objeto de sus elogios. Entre las cient&#x00ED;ficas a Aspasia y, de las escritoras, por supuesto, ensalza a George Sand. Es este &#x00FA;ltimo escrito, el dedicado a las artistas, el m&#x00E1;s combativo -sin duda le tocaba en carne propia- pero no deja de formar parte de este conjunto que no es, ya lo hemos dicho, lo m&#x00E1;s granado de su vasta producci&#x00F3;n literaria. </p>
		
		<p>Si estas y otras prosas de Tula para las revistas se puede considerar que no son literarias, como el famoso art&#x00ED;culo sobre Luisa Sijea o el titulado “Dos palabras en recuerdo de la autora de los anteriores versos”, refiri&#x00E9;ndose a Mar&#x00ED;a Verdejo y Dur&#x00E1;n, malograda poetisa espa&#x00F1;ola etc…, los que recogi&#x00F3; bajo la denominaci&#x00F3;n de Leyendas, en el tomo V de sus Obras completas en <xref ref-type="bibr" rid="CIT05">1871</xref>, indudablemente s&#x00ED; lo son. </p>
		
		<p>Sus t&#x00ED;tulos son: <italic>La velada del helecho o El donativo del diablo</italic>; <italic>La bella toda y Los doce jabal&#x00ED;es</italic> (vasca); <italic>La monta&#x00F1;a maldita</italic> (suiza); <italic>La flor del &#x00E1;ngel</italic> (vasca); <italic>La ondina del lago</italic> <italic>azul</italic>; <italic>La dama de Amboto</italic> (vasca); <italic>Una an&#x00E9;cdota de la vida de Cort&#x00E9;s</italic>; <italic>El aura blanca</italic>; <italic>La Baronesa de Joux</italic>; <italic>El Cacique de Turmequ&#x00E9;</italic>. </p>
		
		<p>Todas ellas se publicaron en prensa y algunas, como <italic>La baronesa de Joux</italic>, pronto vio la luz editada en un libro exento en 1844. </p>
		
		<p>Como es sabido, en el tiempo del Romanticismo, la narraci&#x00F3;n breve hall&#x00F3; en los peri&#x00F3;dicos un cauce inigualable para su difusi&#x00F3;n. <italic>El Semanario Pintoresco Espa&#x00F1;ol</italic>, donde public&#x00F3; Avellaneda <italic>La velada del helecho</italic> y <italic>La monta&#x00F1;a maldita</italic>, recogi&#x00F3; las obras de muchos otros escritores: Fern&#x00E1;n Caballero, Carolina Coronado, N&#x00FA;&#x00F1;ez de Arce y un largo etc…que poblaron las p&#x00E1;ginas de la publicaci&#x00F3;n ilustrada con sus cuentos y consejas. Tambi&#x00E9;n en el <italic>&#x00C1;lbum Cubano de lo Bueno y de lo Bello</italic> insert&#x00F3; algunas de estas narraciones </p>
		
		<p>Teniendo muy presente las palabras que el profesor Baquero Goyanes dedica en su famoso libro <italic>El cuento espa&#x00F1;ol del romanticismo al realismo</italic>:  </p>
		
		<p>“Bueno ser&#x00E1; recordar ahora, para completar tal evocaci&#x00F3;n, que en esos a&#x00F1;os, los del romanticismo, no s&#x00F3;lo se carec&#x00ED;a de una imagen adecuada de lo que por cuento entendemos hoy, sino tambi&#x00E9;n de una m&#x00ED;nimamente precisa terminolog&#x00ED;a” (Baquero Goyanes, <xref ref-type="bibr" rid="CIT01">1992</xref>, p. 6) </p>
		
		<p>Por eso, a veces, los rom&#x00E1;nticos -y entre ellos nuestra escritora- utiliza indistintamente palabras como tradici&#x00F3;n, cuento e incluso novela para designar este tipo de narraciones. Efectivamente, y siguiendo de nuevo a Baquero Goyanes:  </p>
		
		<p>“En el cuento rom&#x00E1;ntico tienden a fundirse varias especies caracter&#x00ED;sticas de la &#x00E9;poca: la tradici&#x00F3;n, la leyenda, la balada, el cuento fant&#x00E1;stico, el cuento popular, el cuadro de costumbres […] </p>
		
		<p>Lo que el Romanticismo viene a resucitar es la forma de narraci&#x00F3;n breve y lo que a ella aporta es su dignificaci&#x00F3;n literaria. El cuento popular, el cuento de viejas, es recogido, revalorizado por los rom&#x00E1;nticos atentos a la vez a las leyendas y tradiciones del pasado, y a los aspectos pintorescos que la sociedad de su tiempo ofrec&#x00ED;a a su consideraci&#x00F3;n. </p>
		
		<p>Cabe, por tanto, a los cuentistas rom&#x00E1;nticos el haber conseguido categor&#x00ED;a literaria para un g&#x00E9;nero normalmente tenido por &#x00ED;nfimo y despreciable” (Baquero Goyanes, <xref ref-type="bibr" rid="CIT01">1992</xref>, pp. 15-16). </p>
		
		<p>Y estos relatos de la Avellaneda son, desde luego, una contribuci&#x00F3;n a tan importante tarea. Una contribuci&#x00F3;n peque&#x00F1;a -no son m&#x00E1;s que diez- pero significativa, que la sit&#x00FA;a, como venimos diciendo, en la l&#x00ED;nea de “escritora de su tiempo” que ya hemos se&#x00F1;alado. </p>
		
		<p>En esta l&#x00ED;nea de adscripci&#x00F3;n gen&#x00E9;rica de este tipo de relato, la profesora &#x00C1;ngeles Ezama Gil public&#x00F3; un art&#x00ED;culo en <xref ref-type="bibr" rid="CIT04">2011</xref> en la revista <italic>Anales</italic> en la que clasifica como relatos de viajes <italic>La dama del Amboto</italic> y <italic>La flor del &#x00E1;ngel</italic>, tras haber realizado la encomiable tarea de localizar la publicaci&#x00F3;n en prensa de la serie que cuenta “Mi &#x00FA;ltimo viaje a los Pirineos”, viaje que hizo en compa&#x00F1;&#x00ED;a de su marido en el verano de 1857. Efectivamente, como se&#x00F1;ala la profesora Ezama, los relatos, cuando fueron publicados por primera vez, es decir, en prensa, iban precedidos de una carta, o m&#x00E1;s bien, insertos en una carta que la Avellaneda dirig&#x00ED;a o al director o a los lectores del peri&#x00F3;dico en cuesti&#x00F3;n, en el caso que analiza la profesora Ezama, el peri&#x00F3;dico <italic>El Estado</italic>, aunque luego las reprodujeron otros. </p>
		
		<p>Son varias las leyendas ambientadas en Suiza. Las mencionadas <italic>La velada del helecho </italic>y<italic> La monta&#x00F1;a maldita </italic>entre ellas. Y en esa conjunci&#x00F3;n con el mito, es destacable la segunda. Fue <italic>La monta&#x00F1;a maldita</italic> una leyenda de la Avellaneda que destacara Cueto en sus comentarios: </p>
		
		<p>“Recordemos, sin embargo, <italic>La Monta&#x00F1;a maldita</italic>, una de las m&#x00E1;s breves, pero la que encierra acaso, entre todas, m&#x00E1;s provechosa y severa ense&#x00F1;anza. Una madre, pobre y abandonada, que no alimenta en su coraz&#x00F3;n m&#x00E1;s vida ni m&#x00E1;s ilusi&#x00F3;n que su hijo, se presenta en una noche triste y fr&#x00ED;a a pedir hospitalidad y consuelo al hijo de sus entra&#x00F1;as, que vive opulento en una esplendorosa quinta, situada a la falda de una monta&#x00F1;a feraz y pintoresca. El hijo desnaturalizado, no contento con arrojar sin piedad a su madre de su casa, la insulta y escarnece b&#x00E1;rbaramente delante de sus criados, hasta que la dulce y paciente madre, cansada al fin de tanto ultraje, y &#x00F3;rgano en aquel momento de la ira divina, maldice al hijo, sus riquezas y hasta la monta&#x00F1;a que habita. Huye en seguida de aquella mansi&#x00F3;n de crueldad y de ingratitud. Se oye un estr&#x00E9;pito horroroso, y al d&#x00ED;a siguiente los habitantes de las comarcas cercanas solo ven esterilidad, cad&#x00E1;veres y escombros donde antes reinaban lozan&#x00ED;a, la vida y la abundancia.” (Gertrudis G&#x00F3;mez de Avellaneda, <xref ref-type="bibr" rid="CIT05">1871</xref>, p. 410). </p>
		
		<p>Efectivamente, en el cuento popular –y de este origen ten&#x00ED;a muy clara conciencia la Avellaneda- suele encerrarse una condena moral de alg&#x00FA;n vicio o error. Tal es el caso de esta, como se&#x00F1;ala Cueto, y de otras. Pero quiero fijarme ahora especialmente en el car&#x00E1;cter popular de las mismas, en el sentido de explicar un hecho natural de manera m&#x00ED;tica, algo tan ancestral en el ser humano y tan com&#x00FA;n a tantas culturas. Las colecciones de cosmogon&#x00ED;as habitan la literatura oral de todos los pueblos. ¿Por qu&#x00E9; se produce tal fen&#x00F3;meno de la Naturaleza? Y se explica con un mito, precisamente porque no se entiende. Ah&#x00ED; radica una de las principales bellezas –a mi parecer- de las leyendas en general y concretamente en las que nos ocupan: las de la Avellaneda. La propia autora nos indica la monta&#x00F1;a a la que se refiere: el macizo de Blumlisalp, un macizo de los Alpes suizos en el cant&#x00F3;n de Berna. Es, efectivamente, rocoso y &#x00E1;rido, sobre un valle verde y frondoso. Su magnitud colosal hace que destaque sobremanera en el conjunto del paisaje. ¿C&#x00F3;mo explicar su aridez? Y la imaginaci&#x00F3;n popular inventa una historia para justificarlo. </p>
		
		<p>Es esto lo que sucede tambi&#x00E9;n, por ejemplo, en <italic>La flor del &#x00E1;ngel</italic>. Una leyenda que explica m&#x00ED;ticamente la existencia de la flor de la abeja, flor muy com&#x00FA;n en toda la Pen&#x00ED;nsula y que nuestra autora sit&#x00FA;a en esta ocasi&#x00F3;n a orillas del Deva, en el Pa&#x00ED;s Vasco.  </p>
		
		<p>De tradiciones vascas tratan dos m&#x00E1;s: <italic>La bella Toda y Los doce jabal&#x00ED;es</italic>, que en realidad son dos relatos, y <italic>La dama del Amboto</italic>. </p><italic>La dama del Amboto</italic><p> es, al igual que <italic>La Monta&#x00F1;a maldita</italic>, una explicaci&#x00F3;n de la Pe&#x00F1;a del Amboto que “sirve de corona a la monta&#x00F1;a de Echaguren”. Es la pe&#x00F1;a donde habita la fratricida Mar&#x00ED;a Urraca, desde la que se arroj&#x00F3; y donde fue enterrada un a&#x00F1;o despu&#x00E9;s de haber matado a su hermano, lanzando un venablo sobre el negro caballo del joven, que, al caer por un precipicio, falleci&#x00F3;. </p>
		
		<p>“Desde entonces la pe&#x00F1;a que corona el monte Echaguren –en que aqu&#x00E9;l existi&#x00F3;- fue llamada Amboto, que significa- traducido literalmente- all&#x00ED; arrojar; porque en el vascuence casi no se conoce de los verbos sino el infinitivo. Atendiendo a ello, la palabra Amboto tiene su verdadera versi&#x00F3;n en la frase: -de all&#x00ED; fue arrojada. Desde entonces, a&#x00F1;ade tambi&#x00E9;n la tradici&#x00F3;n, el alma de la fratricida vaga errante por las hondas entra&#x00F1;as del abismo, saliendo solo para anunciar desastres. </p>
		
		<p>Los d&#x00ED;as en que la cumbre de la monta&#x00F1;a aparece envuelta en densos nubarrones, los pastores retiran sus reba&#x00F1;os, los labriegos se acogen al caser&#x00ED;o abandonando las campestres faenas, y los marineros se guardan bien de dejar el puerto para confiarse a las olas…porque es fama que por tales signos se conoce que <italic>la dama del Amboto</italic> se ha escapado de su tumba y anda por ah&#x00ED; presagiando desgracias.” (G&#x00F3;mez de Avellaneda, <xref ref-type="bibr" rid="CIT05">1871</xref>, p. 155) </p>
		
		<p>Hemos se&#x00F1;alado antes, citando a Baquero Goyanes, la indefinici&#x00F3;n del g&#x00E9;nero que nos ocupa en la &#x00E9;poca del romanticismo. En el t&#x00ED;tulo de <italic>La dama del Amboto</italic> a&#x00F1;ade la autora: “tradici&#x00F3;n vasca”. </p>
		
		<p>Porque efectivamente, el car&#x00E1;cter tradicional y el origen oral son rasgos definitorios del g&#x00E9;nero en s&#x00ED; mismo. De esto eran muy conscientes los autores del momento y la Avellaneda en particular. De hecho, <italic>La velada del helecho</italic> comienza haciendo referencia a la conveniencia de acercarse a estos cuentos oralmente mejor que por escrito: </p>
		
		<p>“Al tomar la pluma para escribir esta sencilla leyenda de los pasados tiempos, no se me oculta la imposibilidad en que me hallo de conservarle toda la magia de su simplicidad, y de prestarle aquel vivo inter&#x00E9;s con que ser&#x00ED;a indudablemente acogida por los ben&#x00E9;volos lectores (a quienes la dedico), si en vez de present&#x00E1;rsela con las comunes formas de la novela, pudiera hacerles su relaci&#x00F3;n verbal junto al fuego de la chimenea, en una fr&#x00ED;a y prolongada noche de Diciembre; pero, m&#x00E1;s que todo, si me fuera dado trasportarlos de un golpe al pa&#x00ED;s en que se verificaron los hechos que voy a referirles, y apropiarme el tono, el gesto, las inflexiones de voz con que deben ser realzados en boca de los r&#x00FA;sticos habitantes de aquellas monta&#x00F1;as. No me arredrar&#x00E9;, sin embargo, en vista de mis desventajas, y la tradici&#x00F3;n –cuyo nombre sirve de encabezamiento a estas l&#x00ED;neas- saldr&#x00E1; de mi pluma tal cual lleg&#x00F3; a mis o&#x00ED;dos en los acentos de un joven viajero, que –toc&#x00E1;ndome muy de cerca por los v&#x00ED;nculos de la sangre- me perdonar&#x00E1; sin duda el confi&#x00E1;rsela a la negra prensa, desnuda del encanto con que la revest&#x00ED;a su palabra” (G&#x00F3;mez de Avellaneda, <xref ref-type="bibr" rid="CIT05">1871</xref>, p. 3) </p>
		
		<p>Efectivamente, esta leyenda, como <italic>La Monta&#x00F1;a maldita</italic>, le fueron relatadas a Tula por boca de su hermano Manuel, lo declara en nota, en la misma p&#x00E1;gina, la propia autora: “La autora alude a su hermano D. Manuel, que, habiendo viajado largo tiempo por casi toda Europa, le proporcion&#x00F3; –con apuntaciones curiosas- los argumentos de algunas de las leyendas que contiene este tomo” (G&#x00F3;mez de Avellaneda, <xref ref-type="bibr" rid="CIT05">1871</xref>, p. 3) </p>
		
		<p>Pero es curioso, por ejemplo, el cambio que para resaltar este car&#x00E1;cter oral realiza la autora tiempo despu&#x00E9;s al escribir la leyenda de <italic>La bella Toda </italic>y <italic>Los doce jabal&#x00ED;es</italic>. <italic>Dos tradiciones de la Plaza del Mercado de Bilbao.</italic> En ella introduce directamente al personaje que le cuenta las historias: </p>
		
		<p>“En el verano de 1858 pas&#x00E9; con mi marido algunos d&#x00ED;as en la limpia y bonita ciudad que es capital de Vizcaya. Durante aquella breve temporada tuvimos ocasi&#x00F3;n de estrechar relaciones de afectuosa amistad con una apreciabil&#x00ED;sima familia del pa&#x00ED;s, de la cual era miembro la amable persona que tuvo la condescendencia de acompa&#x00F1;arnos en todos nuestros paseos y peque&#x00F1;as excursiones, desempe&#x00F1;ando con admirable inteligencia el cargo de cicerone. Una hermosa tarde de Agosto me hallaba con ella en la antigua Plaza Mayor –hoy del Mercado- y sin saber la causa, me sent&#x00ED; s&#x00FA;bitamente pose&#x00ED;da de cierto sentimiento de vaga melancol&#x00ED;a, que no pudo escap&#x00E1;rsele a mi perspicaz compa&#x00F1;era. </p>
		
		<p>-Usted tiene maravilloso instinto de poeta. Me dijo de pronto, interrumpiendo el silencio que guard&#x00E1;bamos ambas hac&#x00ED;a algunos minutos. Su coraz&#x00F3;n se siente conmovido como si adivinase que el sitio en que estamos ha sido teatro en otros tiempos de dram&#x00E1;ticos hechos, que la tradici&#x00F3;n ha transmitido a los nuestros.” (G&#x00F3;mez de Avellaneda, <xref ref-type="bibr" rid="CIT05">1871</xref>, p. 62)  </p>
		
		<p>Y es esta narradora la que contin&#x00FA;a contando la tradici&#x00F3;n de <italic>La bella Toda</italic> y luego la de <italic>Los doce jabal&#x00ED;es</italic>. </p>
		
		<p>Diez a&#x00F1;os como m&#x00ED;nimo separan <italic>La velada del helecho</italic> de <italic>La bella Toda</italic>, y una gran experiencia literaria y especialmente dram&#x00E1;tica. </p>
		
		<p>La leyenda es un g&#x00E9;nero que comparte rasgos con la poes&#x00ED;a y con la novela. La Avellaneda a&#x00FA;na a esto el g&#x00E9;nero teatral. La conveniencia de “apropiarme el tono, el gesto, las inflexiones de voz con que deben ser realzados en boca de los r&#x00FA;sticos habitantes de aquellas monta&#x00F1;as”. Fue sustituida en la leyenda vasca a la que nos estamos refiriendo, por una lugare&#x00F1;a presente en el texto. </p>
		
		<p>Nada une <italic>La bella Toda</italic> a <italic>Los doce jabal&#x00ED;es</italic>, solo el lugar donde se desarrollaron los hechos: la plaza del mercado de Bilbao, a la que Tula se refiere como “teatro”. </p>
		
		<p>De <italic>La velada del helecho</italic>, que fue publicada por primera vez en el <italic>Semanario Pintoresco</italic> en 1849, se hicieron varias ediciones posteriores. En 1857 en la imprenta madrile&#x00F1;a de “Las Novedades” en un volumen. Los ejemplares se agotaron en pocos d&#x00ED;as. Dos a&#x00F1;os m&#x00E1;s tarde en 1859 fue impresa, como una novela, en Nueva York por “The Chronicle”. En <xref ref-type="bibr" rid="CIT05">1871</xref> volvi&#x00F3; a editarse, esta vez por la Imprenta M. Rivadeneyra de Madrid en el volumen V de las <italic>Obras completas</italic> de Gertrudis G&#x00F3;mez de Avellaneda y Arteaga, reeditada en 1914 por el centenario de la autora. </p>
		
		<p>La leyenda fue versionada por la propia autora para el teatro y se puso en escena bajo el t&#x00ED;tulo de <italic>El donativo del diablo</italic>. El 4 de octubre de 1852 se estren&#x00F3; en el madrile&#x00F1;o Teatro del Pr&#x00ED;ncipe con la presencia de los reyes de Espa&#x00F1;a. </p>
		
		<p>El gusto de los rom&#x00E1;nticos por lo legendario, y esta presencia de lo legendario en el romanticismo, con lo que tiene de misterioso, temible, terror&#x00ED;fico, se manifiesta en la prosa de la cubana en p&#x00E1;rrafos como el siguiente, de <italic>La dama del Amboto</italic>, que se insertan por naturaleza propia en la prosa de su momento: </p>
		
		<p>“El firmamento se cubre de negros nubarrones, que envuelven en sus densos pliegues las cimas de las monta&#x00F1;as; cruzan entre ellas los rel&#x00E1;mpagos como serpientes de fuego; retiemblan seculares &#x00E1;rboles al rudo impulso del viento silbador; retumba pavoroso el trueno por los montes y los valles, y todos huyen despavoridos, buscando albergue que los defienda de aquellas iras del cielo” (G&#x00F3;mez de Avellaneda, <xref ref-type="bibr" rid="CIT05">1871</xref>, p. 51).  </p>
		
		<p>“Lo que el Romanticismo viene a resucitar es la forma de narraci&#x00F3;n breve y lo que a ella aporta es su dignificaci&#x00F3;n literaria […] Cabe, por tanto, a los cuentistas rom&#x00E1;nticos haber conseguido categor&#x00ED;a literaria para un g&#x00E9;nero normalmente tenido por &#x00ED;nfimo y casi despreciable” (Baquero Goyanes, <xref ref-type="bibr" rid="CIT01">1992</xref>, p. 16). </p>
		
		<p>Y en esta tarea, en la fusi&#x00F3;n gen&#x00E9;rica, en gusto por lo breve, por lo fragmentario, por lo misterioso, por lo tradicional, la Avellaneda tambi&#x00E9;n estuvo inserta en su tiempo. No fue en esto la briosa Fern&#x00E1;n Caballero ni el genial B&#x00E9;cquer, pero quer&#x00ED;a se&#x00F1;alar con estas palabras que en la leyenda rom&#x00E1;ntica publicada en prensa en la &#x00E9;poca de Romanticismo, la Avellaneda, la gran Tula, tambi&#x00E9;n algo aport&#x00F3;.  </p>
		
		<p>En su imprescindible art&#x00ED;culo, la profesora Ezama se&#x00F1;ala que el objetivo primordial de la Avellaneda al relatar algunas leyendas ambientadas en el Pa&#x00ED;s Vasco era: “recoger las tradiciones de las provincias vascongadas”. Reproduce este art&#x00ED;culo una carta que nuestra autora escribi&#x00F3; al director del <italic>Diario de la Marina</italic> donde lo manifiesta claramente. Quiz&#x00E1; por ello, al seleccionar de sus escritos los que quer&#x00ED;a dejar para la posteridad cuando, dos a&#x00F1;os antes de su muerte, ya enferma, prepar&#x00F3; la edici&#x00F3;n de sus <italic>Obras completas</italic>, seleccion&#x00F3; de ese conjunto de publicaciones en prensa, fundamentalmente las “tradiciones”, y las denomin&#x00F3; “leyendas”. Suprimi&#x00F3; las cartas a los directores que las preced&#x00ED;an cuando las envi&#x00F3; a la prensa. Posiblemente, porque, como se&#x00F1;ala el profesor Jos&#x00E9; Antonio Rodr&#x00ED;guez Garc&#x00ED;a: </p>
		
		<p>“lo mejor de cuanto la poetisa incluy&#x00F3; en el <italic>&#x00C1;lbum Cubano</italic> [podr&#x00ED;amos generalizar prensa] bien cuid&#x00F3; de recogerlo en la colecci&#x00F3;n de sus obras; lo restante, a la verdad, no merec&#x00ED;a los honores de la inclusi&#x00F3;n, porque pertenece al n&#x00FA;mero de esas cosillas que todos los escritores fecundos redactan al correr de la pluma e impelidos por las circunstancias o la necesidad: satisfacen, de momento, “el fin para que fueron” escritos, pero se quedan fuera de los umbrales del regio alc&#x00E1;zar del arte.” </p>

					 
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