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			<journal-id journal-id-type="publisher-id">Arbor</journal-id>
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				<journal-title>ARBOR Ciencia, Pensamiento y Cultura</journal-title>
				<abbrev-journal-title>Arbor</abbrev-journal-title>
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			<issn pub-type="epub">0210-1963</issn>
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				<publisher-name>Consejo Superior de Investigaciones Cient&#x00ED;ficas</publisher-name>
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			<article-id pub-id-type="publisher-id">arbor.2014.767n3011</article-id>
			<article-id pub-id-type="doi">10.3989/arbor.2014.767n3011</article-id>
			 
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			<subject>MUJER Y PERIODISMO EN EL SIGLO XIX. LAS PIONERAS / WOMEN AND JOURNALISM IN THE 19TH CENTURY. THE PIONEERS</subject>
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				<article-title>Los mundos lejanos de &#x00C1;ngela Grassi: historia, leyenda y moral</article-title>
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					<trans-title>&#x00C1;ngela Grassi’s distant worlds: history, legend and ethics</trans-title>
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				<alt-title alt-title-type="running-head">&#x00C1;NGELA GRASSI</alt-title>
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					 <surname>N&#x00FA;&#x00F1;ez Rey</surname>
					 <given-names>Concepci&#x00F3;n</given-names>
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				<aff id="U1">Universidad Complutense de Madrid</aff>
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				<year>2014</year>
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			<year>2014</year>
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			<volume>190</volume>
			<issue>767</issue>
			
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					<license-p>Este es un art&#x00ED;culo de acceso abierto distribuido bajo los t&#x00E9;rminos de la licencia Creative Commons Attribution-Non Commercial (by-nc) Spain 3.0.</license-p>
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				<title>RESUMEN</title>
				<p>El presente estudio se propone descubrir las claves ideol&#x00F3;gicas y formales en que se funda la obra literaria publicada por &#x00C1;ngela Grassi (1823-1883) bajo la forma de art&#x00ED;culos en prensa. De su extensa producci&#x00F3;n, aparecida en las diversas revistas de su tiempo, en especial en las femeninas, hemos acotado m&#x00E1;s de medio centenar de art&#x00ED;culos publicados en <italic>El Correo de la Moda</italic>, la revista en que la autora colabor&#x00F3; m&#x00E1;s asiduamente desde 1866 y que dirigi&#x00F3; desde 1867 hasta su muerte. Su obra, de estirpe rom&#x00E1;ntica, se aleja de la realidad de su &#x00E9;poca para huir hacia tiempos hist&#x00F3;ricos o legendarios en los que busca modelos &#x00FA;tiles para una ense&#x00F1;anza moral; todo ello revestido de una gran riqueza literaria.</p>
			</abstract>
			
			<trans-abstract xml:lang="en">
				<title>ABSTRACT</title>
				<p>This study sets out to uncover the ideological and formal keys of the literary work published by &#x00C1;ngela Grassi (1823-1883) in the form of press articles. Of her extensive production, which appeared in various magazines of her time, particularly women’s magazines, we have annotated over fifty articles published in <italic>El Correo de la Moda</italic>, the magazine to which Grassi contributed most assiduously from 1866 onwards, and which she ran from 1867 until her death. Her work, romantic in nature, escapes the reality of her age in historical or legendary times in which she looks for useful models for moral education; all wrapped in a rich literary style.</p>
			</trans-abstract>
			
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				<title>PALABRAS CLAVE</title>
				<kwd>&#x00C1;ngela Grassi</kwd>
				<kwd>El Correo de la Moda</kwd>
				<kwd>prensa espa&#x00F1;ola del siglo XIX</kwd>
				<kwd>prensa femenina</kwd>
				<kwd>revistas femeninas</kwd>
				<kwd>escritoras isabelinas</kwd>
				<kwd>escritoras rom&#x00E1;nticas</kwd>
				<kwd>art&#x00ED;culos literarios</kwd>

			</kwd-group>
			
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				<title>KEYWORDS</title>		
				<kwd>&#x00C1;ngela Grassi</kwd>
				<kwd>El Correo de la Moda</kwd>
				<kwd>Spanish press of the 19th century</kwd>
				<kwd>feminine press</kwd>
				<kwd>feminine magazines</kwd>
				<kwd>women writers during the reign of Isabella II</kwd>
				<kwd>romantic writers</kwd>
				<kwd>literary articles</kwd>
			</kwd-group>
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		<sec id="S1">
		<title>1. LA LEJAN&#x00CD;A </title>
		
		<p>La lejan&#x00ED;a aludida en el t&#x00ED;tulo significa de modo general el rasgo destacado que impregna la obra literaria de &#x00C1;ngela Grassi, en especial, de ella fluye el gran caudal de sus art&#x00ED;culos period&#x00ED;sticos, objeto de nuestro estudio<xref ref-type="fn" rid="NOTE01">1</xref>. </p>
		
		<p>Entendemos siempre lejan&#x00ED;a como distancia objetiva del aqu&#x00ED; y el ahora, de la realidad que nos circunda, del presente en que vivimos, pero a&#x00FA;n hallaremos otros matices m&#x00E1;s subjetivos que ensanchan esta idea inicial. </p>
		
		<p>De forma patente, nuestra autora no se aproxima con sus art&#x00ED;culos a su tiempo y espacio vitales sino en muy contadas ocasiones, y solo con lev&#x00ED;simas alusiones, como si su pensamiento rebotase en la realidad pr&#x00F3;xima y saliese repelido. </p>
		
		<p>As&#x00ED;, los escenarios de sus art&#x00ED;culos nos alejan de Madrid, la ciudad en que Grassi residi&#x00F3; durante cerca de tres d&#x00E9;cadas y donde despleg&#x00F3; su fecunda labor period&#x00ED;stica. De igual modo, siempre est&#x00E1;n ausentes los espacios observados, descritos como fruto de la experiencia directa; tan solo nos ofrece algunas pinceladas de ciudades y paisajes espa&#x00F1;oles realmente visitados. En su mayor&#x00ED;a, son espacios conocidos de forma erudita o libresca, evocados mediante escasos trazos y embellecidos con la imaginaci&#x00F3;n. En ocasiones, tan solo se trata de espacios aludidos, y muchos son ex&#x00F3;ticos, sean de los pa&#x00ED;ses de Oriente, hasta China, sean de las regiones del Norte, hasta las polares. </p>
		
		<p>En cuanto a la distancia en el tiempo, nos descubre el verdadero para&#x00ED;so literario de la autora, los mundos del pasado, de cualquier pasado, remont&#x00E1;ndose a las m&#x00E1;s antiguas civilizaciones, que ella convierte en su verdadera realidad. </p>
		
		<p>Tal posici&#x00F3;n de huida del presente nos remite a la corriente rom&#x00E1;ntica, al menos, a uno de los anchos brazos de esa corriente que domin&#x00F3; el pensamiento y el arte en la primera mitad del siglo XIX. Pero la obra period&#x00ED;stica de &#x00C1;ngela Grassi se despliega a lo largo de la segunda mitad del siglo, un tiempo en que triunfa el positivismo y en que la observaci&#x00F3;n de la realidad se convierte en ley art&#x00ED;stica. Vemos as&#x00ED; un nuevo matiz de la lejan&#x00ED;a: la obra de la autora se desenvuelve contracorriente de las nuevas tendencias y se instala en la concepci&#x00F3;n literaria de un tiempo ya pasado. </p>
		
		<p>De igual modo, un desajuste tan profundo con la realidad nos obliga a pensar en la caracter&#x00ED;stica insatisfacci&#x00F3;n de los rom&#x00E1;nticos, en su inquietud o desaz&#x00F3;n. Pero no es el caso de Grassi; su universo mental es equilibrado y estable; en realidad, el pasado es su mundo ideal porque es acabado, inmutable, perdurable; frente al presente din&#x00E1;mico e inquietante. </p>
		
		<p>Recordemos a&#x00FA;n otro matiz de la lejan&#x00ED;a en la obra de la autora: la fuerza de lo imaginario, incluso de lo maravilloso, frente al rigor de la referencia hist&#x00F3;rica, de la precisi&#x00F3;n erudita. Aunque, justamente, lo que se pierde en verdad hist&#x00F3;rica se gana en valor literario, y en ello reside la fuerza creativa de &#x00C1;ngela Grassi, constructora de un extenso universo legendario, fabuloso, m&#x00ED;tico, expandido por las m&#x00E1;s lejanas &#x00E9;pocas y culturas. </p>
		
		</sec>
		
		<sec id="S2">
		<title>2. COSMOVISI&#x00D3;N. UN UNIVERSO PERFECTO </title>
		
		<p>No se trata de un universo inestable, a pesar de ello, no queda reducido a un puro divagar por el tiempo, sino que aparece organizado por una estructura coherente y perfecta en cuyo centro ordenador se sit&#x00FA;a Dios, creador de todo cuanto existe, de todas las perfecciones de la Naturaleza y de la perfecci&#x00F3;n del hombre, hecho a su semejanza. Dios, aludido con frecuencia como la Providencia que protege amorosamente a sus criaturas haciendo triunfar el bien, la verdad y la belleza. La idea de Dios se expresa con m&#x00FA;ltiples y bell&#x00ED;simos nombres agrupados en cuatro grandes conceptos. Como Dios Todopoderoso es “Rey de Reyes”, “el Eterno”, “el Alt&#x00ED;simo”, el “trono del Eterno”, “Divinidad sublime e infinita”, “Diestra oculta que gobierna el universo”, “esplendoroso sagrario del Eterno”. Como Dios Creador es el “Supremo autor”, “el pincel eterno”, “Hacedor supremo”, “Art&#x00ED;fice supremo”. Como juez es: “&#x00C1;rbitro supremo”, “Juez supremo”, “Dios de inescrutable justicia”, “juez justo”, “juez incorruptible”. Y como redentor es: “Jesucristo”, “Salvador divino”, “Redentor divino”, “el Crucificado”, “el m&#x00E1;rtir de las alturas infinitas”, “el Santo Cordero inmaculado”, “Consolador infinito”<xref ref-type="fn" rid="NOTE02">2</xref>. </p>
		
		<p>A la presencia de Dios, latente pero constante en la obra de Grassi, se corresponde su fe firme e incuestionable, la “Santa fe” (626, p. 3)<xref ref-type="fn" rid="NOTE03">3</xref> salvadora y consoladora, y profesada por todas las figuras que animan sus escritos. A veces es expresada con bella plasticidad: “Esta voz, que resuena en los trinos de los p&#x00E1;jaros, en los murmurios de las fuentes, en los gemidos de los ecos, en las armon&#x00ED;as del cielo, grita sin cesar a mi alma: ¡Ama y bendice en las criaturas al Supremo autor de cuanto existe!” (664, p. 314). </p>
		
		<p>Los personajes de Grassi reciben una energ&#x00ED;a, a veces, heroica, gracias a “su fe profunda en Dios” (667, p. 338). Otras veces, la fe es triunfadora en los hombres a pesar de las circunstancias adversas, como los lapones, enfrentados a una naturaleza hostil: “el lap&#x00F3;n alza todos los d&#x00ED;as las manos al cielo, y bendice a la Providencia, exclamando que su pa&#x00ED;s es el m&#x00E1;s bello de la tierra” (652, p. 219). </p>
		
		<p>Por otra parte, en sus frecuentes viajes al pasado, la autora se encuentra con divinidades de las culturas antiguas, sobre las que siempre prevalece Dios: “Majestad, oculta, sabia e infinita […] el Supremo autor de cuanto existe” (664, p. 314). </p>
		
		<p>O se encuentra con una religi&#x00F3;n primitiva, como la de los guanches, a la que acoge destacando sus valores positivos: “Adoraban […] a la Naturaleza, y se ten&#x00ED;a por un sacrilegio irremisible manchar sus aras con la sangre de ning&#x00FA;n ser viviente […] la paz, el amor y la fraternidad reinaban all&#x00ED; sin obst&#x00E1;culos” (636, p. 91).  </p>
		
		<p>En uno de los escasos episodios que sit&#x00FA;an a la autora en la realidad presente, se encuentra con “una ni&#x00F1;a de cuatro a&#x00F1;os desgre&#x00F1;ada y andrajosa”, que recoge alfileres con cuya venta ayuda a comprar aceite para la Virgen (“de los alfileritos”), y a la que Grassi aconseja: “pobre ni&#x00F1;a, guarda siempre esa hermosa fe del alma” (646, p. 171). </p>
		
		<p>Su fe se dirige “al que vino a iluminar con una luz tan suave el imperio moral del universo” (631, p. 42), y en ello funda su sentir religioso: fe que trae luz, consuelo y sentido a la vida humana. Solo en una alusi&#x00F3;n nos da la idea de un Dios implacable con sus criaturas, pero no es m&#x00E1;s que una posibilidad: “Sin duda Dios no debi&#x00F3; echar su maldici&#x00F3;n sobre aquellas islas afortunadas” (636, p. 91). </p>
		
		<p>Desde tan s&#x00F3;lido edificio, toda su obra se despliega en dos direcciones fundamentales. Por una parte, la celebraci&#x00F3;n gozosa, a veces exaltada, de todo lo creado en un emotivo canto a la grandiosidad de la naturaleza y a la grandeza humana. En tan perfecta armon&#x00ED;a de v&#x00ED;nculo, toda obra o “industria” creada por la mano del hombre, en especial la que por su utilidad haya contribuido a su progreso, es tambi&#x00E9;n objeto de celebraci&#x00F3;n por ser de inspiraci&#x00F3;n divina, porque toda facultad humana procede de Dios. </p>
		
		<p>Con total coherencia, &#x00C1;ngela Grassi desarrolla su obra literaria dentro del marco estable de esta concepci&#x00F3;n religiosa, fundamento que da orden, sentido y valor a la existencia, frente al caos y el azar. </p>
		
		<p>La otra direcci&#x00F3;n que siguen sus escritos es la corriente m&#x00E1;s caudalosa y responde a la necesidad de la ense&#x00F1;anza moral<xref ref-type="fn" rid="NOTE04">4</xref>. Se origina en su visi&#x00F3;n sagrada del hombre y en su sincero amor a las criaturas, en la fe en su grandeza y en la esperanza de que el hombre se eleve sobre s&#x00ED; mismo para buscar la perfecci&#x00F3;n de esp&#x00ED;ritu. Pero el hombre, dotado de libre albedr&#x00ED;o (651, p. 210), puede caer en la imperfecci&#x00F3;n y destruir la armon&#x00ED;a de lo creado, por ello se hace imprescindible conducirle por el camino de la virtud, ofrecerle una educaci&#x00F3;n moral que le ayude a regresar a la pureza primigenia. </p>
		
		<p>Es la meta perseguida por &#x00C1;ngela Grassi en sus diversos escritos. Una inmensa labor educadora en cuya complejidad nos vamos a detener m&#x00E1;s tarde.<xref ref-type="fn" rid="NOTE05">5</xref></p>
		
		<p>Aunque se fundamente en la religi&#x00F3;n cat&#x00F3;lica, la ense&#x00F1;anza que divulga la autora no es religiosa; no explica dogmas teol&#x00F3;gicos, ni ritos eclesiales. Su deseo es ayudar a sostener la fe y orientar las conductas. A ello se suma su criterio equilibrado y l&#x00FA;cido, que defiende la devoci&#x00F3;n a trav&#x00E9;s de figuras ejemplares, pero previene de los excesos<xref ref-type="fn" rid="NOTE06">6</xref>, incluso lamenta el poder destructor del fanatismo religioso.<xref ref-type="fn" rid="NOTE07">7</xref></p>
		
		<p>Al mismo tiempo, mediante uno de sus modelos hist&#x00F3;ricos, se inclina por la separaci&#x00F3;n del poder religioso y el civil, que, como sabemos, ha configurado el desarrollo en la civilizaci&#x00F3;n occidental: “Respetaba la autoridad de los Sumos Pont&#x00ED;fices, pero sab&#x00ED;a distinguir entre el sacerdocio y el imperio […] inflexible en los principios de justicia” (654, p. 236). </p>
		
		<p>En otra direcci&#x00F3;n, contradiciendo su frecuente celebraci&#x00F3;n de los progresos humanos, retorna a un pensamiento medieval tan caracter&#x00ED;stico como el que desprecia la vida terrena frente a la eterna; as&#x00ED; medita ante el sepulcro de Don &#x00C1;lvaro de Luna en la catedral de Toledo: “en prueba de cu&#x00E1;n pasajera es la gloria del mundo […] nos gritar&#x00ED;a […] <italic>Huid los halagos de la ambici&#x00F3;n, renunciad a los sue&#x00F1;os de una caduca gloria, pensad tan solo en el bien, que jam&#x00E1;s se extingue</italic>” (645, p. 162). </p>
		
		<p>A&#x00FA;n nos sorprende m&#x00E1;s un fugaz momento que trasluce una leve duda en la s&#x00F3;lida fe de Grassi. Parece mirar al umbral detr&#x00E1;s del cual el dolor humano y la propia existencia pueden convertirse en algo absurdo, sin un sentido. Ante el intenso sufrimiento de un personaje (situaci&#x00F3;n casi novedosa en sus art&#x00ED;culos), la vida celestial prometida no “es”, con la rotunda e incuestionable afirmaci&#x00F3;n habitual, sino que “tiene que ser”: “fuerza es pensar que existe una patria, en donde la felicidad comprada con las penas de esta vida, es eterna e inmensurable” (665, p. 324). </p>
		
		<p>Acompa&#x00F1;emos ya a &#x00C1;ngela Grassi por sus mundos lejanos y recojamos sus ense&#x00F1;anzas morales, dirigidas en especial a la mitad de la sociedad. </p>
		
		</sec>
		
		<sec id="S3">
		<title>3. UN SELECTO INTERLOCUTOR </title>
		
		<p>En el tercer v&#x00E9;rtice del estructurado universo ideal de &#x00C1;ngela Grassi se sit&#x00FA;a la mujer, destinataria exclusiva de todos sus art&#x00ED;culos<xref ref-type="fn" rid="NOTE08">8</xref>, invocada de forma expl&#x00ED;cita para reclamar su atenci&#x00F3;n o para ofrecerle un consejo moral. Pero no est&#x00E1;n incluidas todas las mujeres; son los propios vocativos los que restringen y delimitan el grupo de mujeres al que la autora interpela: son “j&#x00F3;venes casadas” o “j&#x00F3;venes doncellas”, es decir, su mensaje no est&#x00E1; dirigido a la mujer mayor, madura, ya formada, sobre la que ejercer&#x00ED;a m&#x00E1;s dudosa influencia. Por otra parte, establece con sus destinatarias lazos de proximidad (“tiernas amigas m&#x00ED;as”, 628, p. 28), con frecuencia tiende a ani&#x00F1;arlas como seres necesitados de gu&#x00ED;a (“mis queridas ni&#x00F1;as”<xref ref-type="fn" rid="NOTE09">9</xref>), lo que eleva la autoridad moral de la autora a la categor&#x00ED;a de maestra y hace m&#x00E1;s efectiva la lecci&#x00F3;n; incluso estrecha los lazos de afecto hasta el nivel de una madre (“mi querida hija”, 668, p. 346), que, como es natural, solo busca el bien de sus criaturas. </p>
		
		<p>Pero tales afectos no son un recurso impostado al servicio de la escritora, muy al contrario, parecen nacer espont&#x00E1;neamente de ella misma, porque la mirada de &#x00C1;ngela Grassi vertida sobre el mundo aparece siempre te&#x00F1;ida de un apacible y amoroso sentir. Con sus lectoras establece incluso un di&#x00E1;logo directo que interrumpe a veces el discurso o el relato: “como os he dicho en otras ocasiones” (666, p. 331); “ahora quiero hablaros” (ibid.), “voy a contaros” (642, p. 138). Se crea as&#x00ED; una corriente de intimidad que aproxima la voz de la autora al discurso de una maestra, o a la tradici&#x00F3;n del narrador oral. </p>
		
		<p>El grupo de mujeres invocadas se sigue seleccionando por su papel de lectoras (“lectoras m&#x00ED;as”, 641, p. 132; “amables lectoras del <italic>Correo</italic>”, 643, p.145), es decir, se remite al reducido n&#x00FA;mero de mujeres “letradas” en la segunda mitad del siglo XIX (un 23 %)<xref ref-type="fn" rid="NOTE10">10</xref>. A&#x00FA;n m&#x00E1;s, se trata del selecto grupo de suscriptoras de <italic>El Correo de la Moda</italic>,<xref ref-type="fn" rid="NOTE11">11</xref> grupo constituido por mujeres de clases altas, de la burgues&#x00ED;a y de la aristocracia, e interesadas no solo en la moda sino en la Literatura. Un grupo verdaderamente select&#x00ED;simo; mujeres contempladas en un punto como: “flores esbeltas y graciosas que embellecen el jard&#x00ED;n humano” (643, p. 145). </p>
		
		<p>Antes de examinar los contenidos de las ense&#x00F1;anzas de &#x00C1;ngela Grassi, interesa conocer el papel asignado a la mujer en el universo ordenado que ella concibe: “ha recibido de Dios «el cetro moral del universo»” (638, p. 107), y aparece “colocada por Dios mismo en el centro de la familia” (626, p. 2). En una sucesi&#x00F3;n de met&#x00E1;foras explica su responsabilidad: “piloto experto y valiente, ella debe manejar el tim&#x00F3;n con tal acierto, que libre a la barquilla do se albergan los seres m&#x00E1;s queridos de su alma, del oleaje de las pasiones tumultuosas y embravecidas que rujen en torno suyo” (ibid., p. 3). O de otro modo, ella es “el pastorcillo que debe responder ante su amo [Dios]”, si “dejase que sus ovejuelas triscasen aqu&#x00ED; y all&#x00E1;, perdiendo el rico vell&#x00F3;n entre las matas, o despe&#x00F1;&#x00E1;ndose en el embravecido torrente, hasta que por fin fujitivas [sic] y dispersas, fuesen a dar con el lobo carnicero” (ibid.). </p>
		
		<p>De la mujer depende, en consecuencia, todo el orden social desde su funci&#x00F3;n de esposa y madre (“jur&#x00F3; al objeto de su amor eterna fe a los pies de los altares, y ci&#x00F1;&#x00F3; con dulce j&#x00FA;bilo la diadema santa de las madres” (672, p. 379). Y la sumisi&#x00F3;n al hombre completa su funci&#x00F3;n; en palabras de la autora: “Todo guarda en la naturaleza un orden admirable […] el hombre manda, la mujer suplica” (638, p. 107). Las armas de que dispone para realizar su misi&#x00F3;n son “el candor, la modestia, la bondad, la persuasi&#x00F3;n, la timidez y la dulzura” (ibid.). Son armas tan poderosas que las mujeres se convierten en: “&#x00E1;rbitras absolutas de las pasiones de los hombres, pueden a su antojo hundirlos en el cieno, o elevarlos hasta las regiones inmortales” (645, p. 164). La responsabilidad atribuida a la mujer es de tal trascendencia que la autora invoca en alguna ocasi&#x00F3;n a los propios padres: “preciso es que abr&#x00E1;is los ojos a la luz de la verdad, y que atend&#x00E1;is de aqu&#x00ED; en adelante a la educaci&#x00F3;n de vuestras hijas” (ibid., p. 164). </p>
		
		<p>Se completa as&#x00ED; la ancestral organizaci&#x00F3;n social aceptada por &#x00C1;ngela Grassi en la configuraci&#x00F3;n de su universo literario; consecuentemente, acepta el papel asignado a la mujer, revestida de responsabilidad moral y dependiente del hombre, padre o esposo. Semejante estatus no puede ser cuestionado o perturbado porque pondr&#x00ED;a en riesgo el perfecto orden universal.<xref ref-type="fn" rid="NOTE12">12</xref></p>
		
		<p>A pesar de su coherencia, una escritora como &#x00C1;ngela Grassi no pod&#x00ED;a dejar de sentir algunas contradicciones, y hemos de ver m&#x00E1;s adelante que entreabri&#x00F3; algunas ventanas a la reivindicaci&#x00F3;n social de la mujer. </p>
		
		</sec>
		
		<sec id="S4">
		<title>4. LOS MUNDOS LEJANOS: FIGURAS HIST&#x00D3;RICAS FEMENINAS </title>
		
		<p>Asumida la importancia de educar a la mujer para sostener el orden perfecto del mundo, la autora despliega en sus textos period&#x00ED;sticos un inmenso saber erudito, hist&#x00F3;rico y literario, procurando que en evocaciones, descripciones o relatos se encierre una conclusi&#x00F3;n moral. </p>
		
		<p>En las muchas decenas de art&#x00ED;culos publicados se pueden establecer algunas agrupaciones n&#x00ED;tidas y descubrir el orden profundo que se esconde en tan vasto recorrido por el tiempo. </p>
		
		<p>Uno de los grupos m&#x00E1;s definidos y extensos lo forman las <italic>semblanzas de mujeres destacadas a lo largo de la historia</italic>, convertidas en arquetipos morales de los que tomar ejemplo. La mayor&#x00ED;a son reinas que en su funci&#x00F3;n de esposas o madres de reyes anteponen el bien general al suyo propio: son magn&#x00E1;nimas, sacrificadas, devotas y asistidas siempre por la Providencia en momentos decisivos. Dialogan, pactan, persuaden y sufren, pero triunfan y son reconocidas al final: las unas en la tierra, como D.ª Sancha de Navarra, s&#x00ED;mbolo de la constancia, la valent&#x00ED;a y la resistencia frente a la desventura (“todos los ecos de Castilla resonaron para ensalzar su nombre […] para adorar su memoria y bendecirla”, 632, p.52); otras triunfan en el cielo, como D.ª Blanca de Borb&#x00F3;n, que sufre el abandono de su esposo Pedro el Cruel, resign&#x00E1;ndose a su destino con “santa mansedumbre” (“todos lloraron su muerte […] vi&#x00E9;ndola entrar triunfante en la mansi&#x00F3;n eterna coronada de luz”, 628, p.20). Cada una viene a simbolizar un principio moral: como la prudencia y el esp&#x00ED;ritu de concordia de D.ª Mar&#x00ED;a de Molina (626); o como la honradez y la defensa valiente de la propia reputaci&#x00F3;n sin renunciar a la libertad de acci&#x00F3;n, como D.ª Blanca de Castilla, reina de Francia y madre de San Luis (654); o como Catalina Cornaro, expresi&#x00F3;n del amor fraternal y de la renuncia al poder (655); o la reina Vanda de Polonia, que sacrifica su vida para salvar a su pa&#x00ED;s (696). </p>
		
		<p>Algunos modelos proceden de mujeres de la nobleza: como Juana la Beltraneja, que simboliza la resignaci&#x00F3;n frente al destino (683); o como do&#x00F1;a Mayor de Fonseca, que representa el amor filial (634). </p>
		
		<p>Otras son famosas emprendedoras que con su trabajo alcanzan la riqueza y procuran un bien social: como Magdalena Didion, que promovi&#x00F3; en Nancy las f&#x00E1;bricas de encajes creando miles de puestos de trabajo para mujeres (667). Junto a ellas figuran algunas mujeres sabias como las catalanas Isabel de Josa (675) o Juliana Morell (681), o la veneciana Casandra Fedele (687). Entre todas ellas cobra especial relieve Beatriz Galindo, quien en su presentaci&#x00F3;n “ostenta una doble aureola de talento y de virtudes” (641, p. 131), virtudes en las que se centra todo el relato porque hacen nacer su amistad con Isabel la Cat&#x00F3;lica cuando consigui&#x00F3; de ella la gracia para un reo condenado injustamente.  </p>
		
		<p>En tan extenso panorama femenino algunas de ellas aparecen en negativo; son contramodelos &#x00FA;tiles para advertir de los peligros que es preciso evitar. D.ª Juana la Loca es ejemplo de los excesos enfermizos de la sensibilidad y la imaginaci&#x00F3;n “cuando oscurecen la raz&#x00F3;n con sus vanas quimeras” (647, p. 178). Parecido ejemplo representa D.ª Urraca por su volubilidad, “mudando a cada instante de parecer, seg&#x00FA;n las impresiones fortuitas del momento” (651, p. 212), lo que trajo a sus reinos sucesivas guerras y “cuantas calamidades puede producir la civil discordia”. </p>
		
		<p>De una manera ambigua aparece la figura de Isabel la Cat&#x00F3;lica en un episodio infantil, cuando niega su ayuda a una pobre familia, horrorizada ante el espect&#x00E1;culo de su miseria (“venciendo el orgullo a la compasi&#x00F3;n, hizo un gesto de supremo desd&#x00E9;n, y se alej&#x00F3; con aire desabrido”, 673, p.2); al d&#x00ED;a siguiente, aconsejada por su ayo, les ofrece arrepentida su protecci&#x00F3;n y “venciendo su repugnancia con admirable fortaleza, tom&#x00F3; al ni&#x00F1;o en sus brazos, y le meci&#x00F3; durante algunos instantes” (ibid.). </p>
		
		<p>Muy especial papel representa la figura de Cristina de Suecia, frente a la cual, m&#x00E1;s que dibujar un antimodelo, &#x00C1;ngela Grassi lanza un verdadero alegato. Representa la mujer que se rebela contra su condici&#x00F3;n y piensa, siente y act&#x00FA;a con total libertad e independencia, despreciando los espec&#x00ED;ficos atributos femeninos y rompiendo los l&#x00ED;mites que la separasen de los hombres en cuanto al ejercicio de la fuerza y la pasi&#x00F3;n por el estudio y el saber. Semejante figura representa para nuestra autora en todos sus rasgos la mayor amenaza contra el universo ordenado que ella concibe, seg&#x00FA;n venimos viendo. En consecuencia, la reina recibe su castigo y su vida es condenada al vac&#x00ED;o y la infelicidad: “Dotada de singular talento y vast&#x00ED;sima instrucci&#x00F3;n, no solo no report&#x00F3; ning&#x00FA;n bien a la sociedad, sino que jam&#x00E1;s supo inspirar simpat&#x00ED;as” (638, p. 107). </p>
		
		<p>Pero &#x00C1;ngela Grassi va m&#x00E1;s all&#x00E1; y a la inusual ambici&#x00F3;n de Cristina opone una humillaci&#x00F3;n casi brutal. Con un h&#x00E1;bil recurso lo convierte en realidad en autohumillaci&#x00F3;n porque hace nacer las palabras de la propia conciencia de la reina, que medita: “–Pobre y d&#x00E9;bil mujer, abandona el cetro por la rueca […] ¡En vano quieres triunfar de tu propia naturaleza; en vano quieres robar al hombre sus preciados atributos de valor y fuerza! ¡Hum&#x00ED;llate, arr&#x00E1;strate a sus pies, que es ese tu destino!” (ibid., p. 108). </p>
		
		<p>Semejantes ideas se desgajan del contexto y se convierten en una tesis demasiado inaceptable para un lector de hoy; aunque en realidad, se trata de un moment&#x00E1;neo exceso que no define exactamente la posici&#x00F3;n de la autora. As&#x00ED; se demuestra en un art&#x00ED;culo posterior titulado “La mujer en la Edad Media” (650), en que incluso podr&#x00ED;amos hallar aspectos protofeministas. </p>
		
		<p>Como es habitual, &#x00C1;ngela Grassi nos traslada a una Edad Media literaria, al mundo ideal caballeresco del amor cort&#x00E9;s que le va a servir como referencia. Un mundo en que las mujeres aparecen elevadas al m&#x00E1;ximo prestigio y admiraci&#x00F3;n, por lo que “se desarrollaron de un modo admirable las facultades de su entendimiento y las facultades sublimes de su alma” (p. 203). As&#x00ED; enriquecida, la mujer logra ejercer un efectivo influjo civilizador: “por todas partes agita, con f&#x00E9;rvido entusiasmo, la bandera santa del progreso” (p. 203). </p>
		
		<p>Pero es el hombre el responsable de favorecer este florecimiento de la mujer, porque &#x00E9;l impone las leyes: “soberbio y ego&#x00ED;sta, se ha reservado para s&#x00ED; solo el monopolio de todas las cosas de la tierra” (p. 202). Esta inesperada acusaci&#x00F3;n contra el hombre, este acto de rebeld&#x00ED;a casi &#x00FA;nico, pero meditadamente elaborado, nos muestra por primera vez a la autora cuestionando el orden perfecto de su universo, y dada la influencia de sus escritos este texto cobra un significado excepcional. No solo cuestiona la posici&#x00F3;n del hombre, tambi&#x00E9;n le atribuye la responsabilidad de que la mujer logre demostrar sus capacidades, que, para mayor asombro, en esta ocasi&#x00F3;n &#x00C1;ngela Grassi iguala a las del hombre: “Como siempre sucede, entonces fue lo que el hombre quiso que fuera: ingeniosa, galante, ilustrada y heroica. La mayor parte de las damas de la Edad Media, se muestran superiores a sus caballeros en las luces del entendimiento, y a veces tan aptas como ellos en la guerra y en dirigir los grandes negocios del Estado” (p. 203). As&#x00ED;, las capacidades de la mujer son todas y lo reafirma Grassi no como especulaci&#x00F3;n sino como hecho sobradamente demostrado: “Si la mujer es o no apta para llevar a cabo grandes y sublimes hechos, nos lo dice la historia de todos los pa&#x00ED;ses en sus p&#x00E1;ginas eternas” (p. 202). </p>
		
		<p>En una &#x00FA;ltima sorpresa, al final del art&#x00ED;culo, la autora se traslada al presente (una de las raras ocasiones) para alzar po&#x00E9;ticamente una denuncia y una demanda en favor de la mujer; con solemnes palabras invoca: “¡Hombres de nuestro siglo! ¡Hoy la mujer es una alt&#x00ED;sima palmera aprisionada en una maceta de barro, y por esto inclina sus lacias hojas, por esto no da fruto: trasladadla a una tierra f&#x00E9;rtil, procuradla espacio, y prestar&#x00E1; sombra a vuestra frente, y ofrecer&#x00E1; a vuestros labios abrasados un fruto delicioso!” (p. 204). </p>
		
		<p>Grassi desordena as&#x00ED; su ordenado mundo con esta explosi&#x00F3;n controlada de ideas latentes, que humanizan y acercan su voz, si no a la de su tiempo, s&#x00ED; a la sensibilidad de un lector de hoy. La enorme responsabilidad asumida para educar moralmente a la mujer, hubo de enfrentarla al fin con las limitaciones impuestas a su desarrollo integral y, valientemente, la autora clama reivindicando para ella el despliegue de sus facultades y un mayor papel en la vida social. </p>
		
		<p>Si entre los modelos femeninos evocados la mayor&#x00ED;a proceden de la historia de Espa&#x00F1;a, las escasas figuras masculinas son tomadas de pa&#x00ED;ses tan lejanos como su tiempo y en su mayor&#x00ED;a aparecen en compa&#x00F1;&#x00ED;a de una mod&#x00E9;lica mujer. Los episodios a que alude tienen referencia real pero los datos son imprecisos y sobre todo se envuelven en la invenci&#x00F3;n literaria. De esta forma, somos trasladados a la Rusia de comienzos del siglo XVII para asistir a la elecci&#x00F3;n de Miguel Teodorovich<xref ref-type="fn" rid="NOTE13">13</xref> como Zar a los 17 a&#x00F1;os, y a su propia elecci&#x00F3;n como esposa de la humilde y devota Eudosia, para acabar en su buen gobierno, que trajo la paz y la prosperidad a su pueblo: “sus &#x00FA;nicos trofeos eran la paz, la abundancia, la virtud, y el creciente desarrollo de las artes y las ciencias” (637, p. 100). </p>
		
		<p>Lejos del &#x00E1;mbito cristiano, pero con semejanza argumental, la autora nos traslada a la China del siglo X, esta vez con llamativa distorsi&#x00F3;n de datos,<xref ref-type="fn" rid="NOTE14">14</xref> al reinado de Chi-Tsong I, tirano que desposa a la humilde Li-Tsi, quien supera su propia debilidad y apoya con su energ&#x00ED;a al monarca, transform&#x00E1;ndolo en justo y bienhechor. Esta vez, junto al mensaje moral aflora una idea social, m&#x00E1;s o menos latente en otros art&#x00ED;culos: la redistribuci&#x00F3;n de la riqueza es impulso de progreso, por lo que “se enriqueci&#x00F3; el pa&#x00ED;s, florecieron las ciencias, las artes y la industria” (642, p. 140). </p>
		
		<p>M&#x00E1;s legendaria parece la historia del pastor Beppo como descubridor de las ruinas de Herculano, inspirado por su fe en la Virgen de la Esperanza, que de tal modo lo salva de la miseria, la desesperaci&#x00F3;n y el crimen.  </p>
		
		<p>Totalmente imaginaria parece la recreaci&#x00F3;n de los amores de Ariosto y Tasso (677), los dos grandes poetas del Renacimiento italiano, cuyas vidas siguieron diverso camino por influjo de sus amadas: el amor sereno y generoso de Alejandra trajo la felicidad al primero, mientras la pasi&#x00F3;n ego&#x00ED;sta de Leonor de Este conden&#x00F3; al infortunio al segundo. De modo que, en realidad, el ejemplo moral lo proporcionan las figuras femeninas. </p>
		
		<p>De estos modelos, el de mayor inter&#x00E9;s nos lleva hasta la antigüedad cl&#x00E1;sica a la figura de Dem&#x00F3;stenes, al que elige por su magn&#x00E1;nima generosidad frente a la asechanza de su enemigo Eschino (Esquines, en realidad), y cuya virtud la autora vincula a la cristiana de “perdonar las ofensas”. Con la habitual distorsi&#x00F3;n literaria del hecho hist&#x00F3;rico, la autora alude al episodio que enfrent&#x00F3; a ambos oradores cuando se propuso la coronaci&#x00F3;n honor&#x00ED;fica de Dem&#x00F3;stenes por sus servicios a la patria. Esquines levant&#x00F3; su voz oponi&#x00E9;ndose, pero fue vencido por el gran orador que respondi&#x00F3; con su famoso discurso <italic>Pro corona</italic>. Lo que en la historia fue lucha entre partidarios y opositores de Filipo de Macedonia, en el art&#x00ED;culo es el enfrentamiento entre la envidia de Esquines, que acaba condenado al destierro, y la generosidad de Dem&#x00F3;stenes, que lo busca en Rodas para consolarlo y obsequiarlo. </p>
		
		<p>Como es habitual, &#x00C1;ngela Grassi nos lleva hasta alg&#x00FA;n episodio hist&#x00F3;rico conocido, para recrearlo libremente, incluso dramatiz&#x00E1;ndolo mediante di&#x00E1;logos imaginarios, seg&#x00FA;n venimos viendo, y para extraer de todo ello una positiva lecci&#x00F3;n moral. En general, los ilustres personajes o los ex&#x00F3;ticos monarcas sirven m&#x00E1;s bien para atraer la curiosidad creando una ambientaci&#x00F3;n escenogr&#x00E1;fica. </p>
		
		</sec>
		
		<sec id="S5">
		<title>5. LOS MUNDOS LEJANOS: MITOS Y LEYENDAS </title>
		
		<p>Mayor altura literaria alcanza &#x00C1;ngela Grassi cuando se remonta al mundo de las leyendas, y sobre todo al de la mitolog&#x00ED;a cl&#x00E1;sica. Podr&#x00ED;a decirse incluso que en tales textos goza de una libertad creativa que enriquece su estilo. </p>
		
		<p>As&#x00ED; lo parece en el relato de la leyenda medieval de San Lamberto, por cuya intervenci&#x00F3;n el herrero Hullas descubri&#x00F3; el carb&#x00F3;n que lleva su nombre. La autora juega con lenguajes casi opuestos para cambiar el enfoque. Al comienzo, presenta la llegada gradual del invierno con un estilo arcaizante y l&#x00ED;rico: “agost&#x00E1;banse los postreros frutos del oto&#x00F1;o, y la brisa se iba convirtiendo en cierzo, y tras el cierzo asomaban los rudos aquilones que arrebatan a los &#x00E1;rboles sus postreras hojas, que arrebatan a la tierra sus postreras flores; que todo lo tronchan y aniquilan, preparando la entrada triunfal del caduco invierno” (657, p. 258). Y hacia el final, cambia el l&#x00E9;xico y cambia el ritmo para darnos la ilusi&#x00F3;n del trepidante mundo t&#x00E9;cnico recientemente alcanzado: “¡El carb&#x00F3;n de piedra, que deb&#x00ED;a ser de tanta utilidad a la moderna industria, dando impulso a sus m&#x00E1;quinas gigantescas; prestando alas a los barcos de vapor para desafiar las tempestuosas ondas de los mares; prestando alas a la soberbia locomotora, que cruza silbando por montes y por valles, triunfando del tiempo y las distancias!” (ibid., p. 260). </p>
		
		<p>El po&#x00E9;tico origen del canario da lugar a una de las m&#x00E1;s bellas leyendas, inserta adem&#x00E1;s en una original estructura. Se inicia con el elogio de su canto y nos traslada sin transici&#x00F3;n a las islas Canarias para pintar un amplio panorama de su naturaleza, imagen del para&#x00ED;so, y de la primitiva cultura guanche, s&#x00ED;mbolo de una vida pura y pac&#x00ED;fica. La informaci&#x00F3;n precisa se funde con el lirismo y con las evocaciones legendarias: “En la hermosa regi&#x00F3;n en donde la f&#x00E1;bula coloca el jard&#x00ED;n de las Hesp&#x00E9;rides, y que los antiguos llamaban Islas Fortunatas, por la pureza de su cielo y la fertilidad de la tierra […]. En aquel tiempo en que H&#x00E9;rcules, el h&#x00E9;roe predilecto de la f&#x00E1;bula, atraves&#x00F3; los desiertos de la Mauritania y se dirigi&#x00F3; a estas islas para matar el Drag&#x00F3;n que guardaba el jard&#x00ED;n de las Hesp&#x00E9;rides y robar las tres manzanas de oro” (636, p. 91). Con ello se da paso al mito de Cana-Aria, la joven cuyo canto proteg&#x00ED;a a los guanches de los desastres naturales y a la que identificaban con el “esp&#x00ED;ritu bienhechor de la monta&#x00F1;a”. Tras su muerte accidental por olvidarse de cantar, el llanto de los guanches movi&#x00F3; a la Naturaleza a transformarla en el canario, el ave de precioso canto. De este modo, el final del art&#x00ED;culo regresa en c&#x00ED;rculo al punto inicial, uno de los muchos ejemplos de eficacia narrativa y del elaborado plan con que Grassi construye sus art&#x00ED;culos. </p>
		
		<p>Pero es en los mitos cl&#x00E1;sicos donde parece encontrar &#x00C1;ngela Grassi sus mundos favoritos: “Las graciosas y po&#x00E9;ticas f&#x00E1;bulas de la Grecia envuelven siempre una moral suave para el hombre pensador que intenta desentra&#x00F1;arla. Cada una de esas f&#x00E1;bulas es un mito, un s&#x00ED;mbolo delicioso, que antes de persuadir la mente conmueve el coraz&#x00F3;n. Como su cielo espl&#x00E9;ndido, como sus campos risue&#x00F1;os y floridos, la moral, lejos de mostrarse all&#x00ED; severa y desnuda, se cubre con ligeros velos, se corona de rosas, y pronuncia entre festivas risas sus m&#x00E1;ximas sublimes” (629, p. 26). La cita encierra un especial inter&#x00E9;s porque la autora filtra su idea de moral flexible, tolerante, amable, algo que, realmente, prevalece tras la lectura de sus textos, a pesar de ser tan dedicadamente moralizadores. </p>
		
		<p>Algunos de los mitos proceden de <italic>Las metamorfosis</italic> de Ovidio, como el de Cisne y Faet&#x00F3;n, a trav&#x00E9;s del cual canta la belleza del ave y compone un encendido elogio de la amistad como uno de los mayores tesoros. </p>
		
		<p>Con recurso m&#x00E1;s original recoge el mito de Alciona (Alc&#x00ED;one) y Ceix, s&#x00ED;mbolo del amor conyugal, transformados por los dioses en alciones<xref ref-type="fn" rid="NOTE15">15</xref> para perpetuar su uni&#x00F3;n. El relato se inserta dentro de otro en que un narrador oral recurre al mito para explicar que la presencia del ave haciendo su nido es anuncio de mar en calma. Algunas descripciones nos traen ecos de sabor cl&#x00E1;sico: “Acerc&#x00E1;base el crep&#x00FA;sculo con sus medias tintas, y aves, brisas, insectos y sonoros ecos, iban enmudeciendo por grados, entreg&#x00E1;ndose al bienhechor descanso de la noche” (656, p. 250). </p>
		
		<p>A&#x00FA;n nos recuerda la autora el estrecho v&#x00ED;nculo entre el mito y la realidad, para reforzar su valor: “Esto dice la tradici&#x00F3;n, y aunque fabulosa, el hecho es eterno e inmutable” (ibid., p. 252). </p>
		
		<p>El punto m&#x00E1;s alto de su recorrido por la mitolog&#x00ED;a, en realidad, una verdadera cumbre dentro del conjunto de sus art&#x00ED;culos, lo alcanza la autora con una serie que titula “Las cuatro majestades”. De los siete art&#x00ED;culos que la componen<xref ref-type="fn" rid="NOTE16">16</xref>, los dos primeros sirven de marco y narran una historia atemporal envuelta en sucesos heroicos y m&#x00E1;gicos, protagonizados por la devota y compasiva Alsina. En su peregrinar es llevada a un “vergel ameno” ante cuatro personajes, para decidir cu&#x00E1;l de ellos es superior en majestad y m&#x00E1;s digno de rendirle culto. </p>
		
		<p>Desde este punto, en los cuatro art&#x00ED;culos siguientes Alsina es solo un pretexto para que las cuatro divinidades que personifican las cuatro fuerzas elementales de la naturaleza se describan a s&#x00ED; mismas, componiendo cada una de ellas un espect&#x00E1;culo apote&#x00F3;sico: Eolo, como “rey de los vientos” (660); el sol, representado con sus nombres en distintas culturas, y s&#x00ED;mbolo de “la luz, el cal&#x00F3;rico y el fuego” (661); el “Dios del agua”, sin un nombre definido, porque abarca todas sus manifestaciones, no solo el mar (662); y tambi&#x00E9;n sin nombre, una mujer representa “la madre tierra” (663). </p>
		
		<p>Con el despliegue de argumentos que cada uno alega en su favor, la autora nos aproxima al centro del debate de los fil&#x00F3;sofos presocr&#x00E1;ticos de Mileto, para dirimir cu&#x00E1;l de los elementos naturales constitu&#x00ED;a la fuerza primordial. </p>
		
		<p>Pero lo m&#x00E1;s extraordinario es la deslumbrante fusi&#x00F3;n que realiza entre explicaciones cient&#x00ED;ficas en torno a cada elemento y la presencia constante de alusiones m&#x00ED;ticas y culturales. Se genera as&#x00ED; una din&#x00E1;mica alternancia de lenguajes adaptados a cada enfoque. </p>
		
		<p>Por una parte, &#x00C1;ngela Grassi expone con estilo sobrio y objetivo la informaci&#x00F3;n cient&#x00ED;fica de los fen&#x00F3;menos naturales; as&#x00ED; la explicaci&#x00F3;n de un eclipse: “El eclipse se efect&#x00FA;a cuando la luna, que es un cuerpo opaco y naturalmente oscuro, hall&#x00E1;ndose situado en l&#x00ED;nea recta, o casi directa entre el sol y la tierra, oculta al primero, y arroja sobre la segunda, en medio del d&#x00ED;a su sombra tenebrosa” (661, p.291); as&#x00ED; la composici&#x00F3;n del agua: “Uno de los principales constitutivos del agua, es una sustancia aeriforme, mucho m&#x00E1;s lijera [sic] que el aire inflamable, que se llama hidr&#x00F3;geno; la otra es una sustancia tambi&#x00E9;n simple, esencial a la respiraci&#x00F3;n, pero incombustible, que se llama ox&#x00ED;geno, y sin el cual perecer&#x00ED;an todos los seres animados” (662, p. 300); o as&#x00ED; la atracci&#x00F3;n de la tierra: “Los sabios te habr&#x00E1;n dicho sin duda, que es la ley de la gravedad la que hace que la fruta desprendida del &#x00E1;rbol caiga al suelo” (663, p. 306); o as&#x00ED; el ciclo hidrol&#x00F3;gico: “La atm&#x00F3;sfera recibe en su seno a una porci&#x00F3;n considerable de vapores y exhalaciones que se desprenden de los mares, de los r&#x00ED;os y de la tierra, y despu&#x00E9;s de haberlos purificado, se los devuelve en forma de lluvia bienhechora” (660, p. 282). Incluso son citados cient&#x00ED;ficos como Lavoisier y Newton<xref ref-type="fn" rid="NOTE17">17</xref>. </p>
		
		<p>En forma paralela fluye en los textos la visi&#x00F3;n m&#x00ED;tica de la naturaleza, expresada con lenguaje extra&#x00ED;do de la tradici&#x00F3;n cultural. De este modo son identificados los vientos seg&#x00FA;n su procedencia: “<italic>Euro</italic> o <italic>Levante</italic>, el que viene de Oriente; <italic>Noto</italic> o <italic>Auster</italic>, el de Mediod&#x00ED;a; <italic>B&#x00F3;reas</italic> o <italic>Tramontana</italic>, el del Septentri&#x00F3;n, y por &#x00FA;ltimo, <italic>Favonio</italic> o <italic>C&#x00E9;firo</italic>, el de Poniente” (660, p. 282). Envuelto el lenguaje en elementos m&#x00E1;s subjetivos se invoca al sol y su adoraci&#x00F3;n a lo largo de la historia: “¡Esplendoroso sol, fuego brillante, yo fui el emblema de la divinidad increada, ante el cual doblaron la rodilla los sencillos pueblos primitivos! […] ¡Aquellos hombres pasaron, pero aunque menos tierno, jam&#x00E1;s carec&#x00ED; de culto! ¡Homa en Persia, Agni en la India, Apolo en Atenas, Mithra en Roma, y Sol en la virgen Am&#x00E9;rica, por do quiera fui objeto de amor, veneraci&#x00F3;n y asombro!” (661, p. 290). Y con una subjetividad m&#x00E1;s &#x00ED;ntima y sentimental, es evocada la primitiva adoraci&#x00F3;n de la tierra: “Los pastores de la Arcadia, de costumbres puras y sencillas, me adoraban &#x00FA;nicamente a m&#x00ED;, y transmitieron su culto a Atenas, a Tebas, a la Grecia entera, en donde yo era invocada bajo el nombre de Ceres, la piadosa madre. ¡Ceres, la bondad increada, que ama del mismo modo al hombre que a la planta, y al insecto de alas de oro! ¡Ceres, la madre universal!” (663, p. 306). </p>
		
		<p>A&#x00FA;n superpone nuestra autora otro lenguaje impregnado de lirismo en el que triunfan sus propias emociones, y que irrumpe sin cesar entre los otros lenguajes. As&#x00ED; expresa la pura exaltaci&#x00F3;n: “¡La luz! ¡La luz!... ¡Imagen perfecta de la inmortal belleza!” (661, p. 291). Y exclama ante la inmensidad del mar: “¡Oh, grandeza incomparable! ¡Qui&#x00E9;n podr&#x00ED;a describir la majestad de esos profundos mares! […] ¡Los mares! ¡Espejos del cielo! ¡Arcanos incomprensibles!” (662, p. 299). </p>
		
		<p>Con emoci&#x00F3;n &#x00E9;pica se desata el viento: “A mi voz braman los huracanes, corren de mar en mar, de clima en clima, amontonando las nubes, suscitando las tormentas, y haciendo crujir con su salvaje empuje los quicios de la tierra” (660, p. 282). Con emoci&#x00F3;n &#x00ED;ntima se percibe el sonido: “Escucha ese concierto de ecos perdidos, rumores vagos y lejanos, armon&#x00ED;as de las aguas, cantos y susurros de p&#x00E1;jaros e insectos” (660, p. 283). O con emoci&#x00F3;n melanc&#x00F3;lica, el hombre siente la llegada del oto&#x00F1;o: “en las po&#x00E9;ticas tardes del Oto&#x00F1;o divaga por la campi&#x00F1;a, hollando las hojas secas de los &#x00E1;rboles, que antes le serv&#x00ED;an de dosel, y ya le sirven de alfombra, mostr&#x00E1;ndole cu&#x00E1;n pronto caducan los bienes de la tierra” (662, p. 299). </p>
		
		<p>A&#x00FA;n se entrelazan en el discurso de la autora algunas ideas relevantes, como la del valor de la palabra, adoptando un tono de sentencia: “la palabra es la gran civilizadora de los pueblos” (660, p. 283). </p>
		
		<p>Tambi&#x00E9;n adquiere especial relevancia la reflexi&#x00F3;n inserta como lamento de la tierra, agredida por el progreso tecnol&#x00F3;gico del hombre: “¡Es verdad que a veces me arranca quejidos dolorosos la brutalidad del hombre, cuando rompe mis entra&#x00F1;as para construir canales y mudar la direcci&#x00F3;n de las aguas, o cuando abate mis altivos montes para abrir paso a la locomotora, que corre veloz devorando los espacios! ¡Oh, s&#x00ED;, sufro mucho entonces; pero me someto y callo!” (663, p. 307). Vemos que, moment&#x00E1;neamente, el discurso atemporal puesto en boca de una naturaleza <italic>personificada</italic> se traslada al presente de la autora, a la sociedad tecnol&#x00F3;gica del XIX, y nos transmite una naciente inquietud por el da&#x00F1;o que la mano del hombre inflige a la tierra, y que ha perdurado agravada hasta nuestros d&#x00ED;as. </p>
		
		<p>En suma, &#x00C1;ngela Grassi nos ofreci&#x00F3; con esta serie de art&#x00ED;culos un documento de la amplitud de su pensar y su sentir, un testimonio de que ciencia, cultura y lirismo conviv&#x00ED;an en su concepci&#x00F3;n de la realidad, y demostr&#x00F3; su capacidad para fundir tan distintas visiones en un todo armonioso. </p>
		
		<p>A&#x00FA;n a&#x00F1;adi&#x00F3; al conjunto un breve art&#x00ED;culo a manera de ep&#x00ED;logo, en el que Alisia rechazaba adorar a ninguna de las cuatro fuerzas naturales, sobre las que prevalec&#x00ED;a la suprema majestad de Dios, “oculta, sabia e infinita” (664, p. 314). El ep&#x00ED;logo carece de valores literarios, pero pon&#x00ED;a el broche para devolvernos al habitual universo de la autora. </p>
		
		<p>As&#x00ED; se cierra este cap&#x00ED;tulo donde hemos entrevisto el que tal vez sea m&#x00E1;s atractivo “mundo lejano” creado por &#x00C1;ngela Grassi. </p>
		
		</sec>
		
		<sec id="S6">
		<title>6. LAS CREACIONES HUMANAS Y EL CONOCIMIENTO DE LA NATURALEZA </title>
		
		<p>Habl&#x00E1;bamos al principio de dos grandes direcciones seguidas por &#x00C1;ngela Grassi en el desarrollo de su obra. La primera la venimos recorriendo y constituye el ancho caudal de sus ense&#x00F1;anzas morales, fundadas en los diferentes modelos hist&#x00F3;ricos y m&#x00ED;ticos. La otra direcci&#x00F3;n, mucho menos amplia, es la celebraci&#x00F3;n de todo lo creado, que incluye la naturaleza y las creaciones humanas, todas de origen divino en el universo de Grassi ya descrito. </p>
		
		<p>Entre ambos caminos existen, como es natural, zonas comunes, elementos compartidos de lecci&#x00F3;n y de celebraci&#x00F3;n, pero fijaremos ahora la atenci&#x00F3;n en los art&#x00ED;culos dedicados al estudio de aquellas creaciones humanas que han significado un gran progreso social, o encierran un especial valor para la vida humana. </p>
		
		<p>Por otra parte, en toda la obra de Grassi est&#x00E1;n presentes, junto a las creaciones de su imaginaci&#x00F3;n, los estudios eruditos m&#x00E1;s diversos, pero es en los art&#x00ED;culos ahora seleccionados donde cobra el protagonismo la informaci&#x00F3;n documental.  </p>
		
		<p>Hay un cambio en la intenci&#x00F3;n de la autora, que sigue invocando a sus lectoras para atraer su atenci&#x00F3;n, pero ahora pretende sobre todo instruir, m&#x00E1;s que moralizar. </p>
		
		<p>La variopinta tem&#x00E1;tica de estos art&#x00ED;culos permite algunas agrupaciones que grad&#x00FA;an el significado de fondo. De tal manera, la aludida celebraci&#x00F3;n de lo existente dirige su foco en primer lugar a las ciudades, como punto de partida de la civilizaci&#x00F3;n: “El progreso naci&#x00F3; con el mundo […] erigi&#x00F3; su trono entre los que derribaron los troncos de los &#x00E1;rboles para formar la primera aldea” (698, p. 202). </p>
		
		<p>Ciudades que testimonian la evoluci&#x00F3;n social con su esplendor monumental y que van dejando su huella en el tiempo. Elige Antioqu&#x00ED;a, descrita desde su geograf&#x00ED;a hasta sus usos culturales, para reflejar el grado de progreso alcanzado, aunque: “La descripci&#x00F3;n de una ciudad cualquiera de aquella remota &#x00E9;poca, bastar&#x00ED;a a dar a conocer su ilustraci&#x00F3;n” (ibid.). Otras ciudades, como Pers&#x00E9;polis, Palmira, N&#x00ED;nive o Babilonia, son evocadas y descritas de forma m&#x00E1;s o menos fabulosa,<xref ref-type="fn" rid="NOTE18">18</xref> a&#x00F1;adiendo una nota moral sobre la fugacidad que reflejan sus ruinas: “¡Al evocar los nombres de las ciudades que un tiempo fueron espl&#x00E9;ndidas y florecientes, convertidas hoy en un mont&#x00F3;n de escombros, el alma comprende la insensatez del humano orgullo, cifrado en obras fr&#x00E1;giles y perecederas” (627, p. 11). La autora abarca desde el conocimiento libresco de las ciudades antiguas hasta la experiencia de la ciudad visitada, y as&#x00ED; describe Portici, crecida junto a las ruinas de Herculano, con toda su belleza sensual: “all&#x00ED; acuden […] a pedir sombra a sus bosques, aromas a sus pensiles, murmurios a la brisa y a las aguas que riegan los vergeles” (648, p.186). </p>
		
		<p>La ciudad culminante es Salamanca, en cuya visi&#x00F3;n parecen fundirse el conocimiento hist&#x00F3;rico y el espacio conocido, incluso sentido: “Hay ciudades venerandas, a cuyo solo nombre se estremece el alma de respeto, creyendo ver surgir de sus antiguos y denegridos muros las sombras de mil ilustres h&#x00E9;roes, de mil inspirados vates, de mil sabios, lumbreras de la ciencia y gloria de su patria. En su recinto augusto todo recuerda su presencia” (641, p. 130). </p>
		
		<p>Desde la celebraci&#x00F3;n de esta ciudad, “madre de las artes y las ciencias”, seg&#x00FA;n cita Grassi, podemos continuar el recorrido hacia un grupo de art&#x00ED;culos que hablan de lo que llamar&#x00ED;amos industrias o trabajos de valor art&#x00ED;stico, como la fabricaci&#x00F3;n de encajes o de perlas artificiales, cuyo origen y desarrollo explica de forma novelada. O como las obras de ebanistas (“que trabajan el &#x00E9;bano”) y escultores, con repaso hist&#x00F3;rico de su origen, sus figuras y los materiales empleados. O como la moda, nacida con la sociedad humana, de la que Grassi ofrece un prolijo panorama de transformaciones y modelos, desde los sombreros hasta el calzado (633). De todas ellas elogia el progreso material que las ha acompa&#x00F1;ado, y a&#x00F1;ade una nota social en cuanto a los puestos de trabajo que han proporcionado a las clases populares: “los hombres ocupados en preparar el vidrio, las mujeres y los ni&#x00F1;os en ensartar las perlas” (“Las perlas de Venecia”, nº 640, p. 124). </p>
		
		<p>Pero atraen mucho m&#x00E1;s la atenci&#x00F3;n los art&#x00ED;culos dedicados a los grandes inventos humanos, empezando por la escritura, cuya historia traza la autora desde su origen remoto, pasando por pueblos y culturas con su diversidad de signos, siguiendo por los soportes materiales hasta el comienzo del papel, del que detalla sus sistemas de fabricaci&#x00F3;n sucesivos para acabar repasando los instrumentos de escritura hasta la pluma de acero. Este curso decreciente del art&#x00ED;culo se inicia intensamente con una valoraci&#x00F3;n subjetiva: “¡Nada m&#x00E1;s sorprendente que la escritura! ¡Nada hay en el universo m&#x00E1;s &#x00FA;til, ni que eleve m&#x00E1;s al hombre sobre cuantos seres le rodean! […] ¡Palabra m&#x00E1;gica, […] eco que resonar&#x00E1; de siglo en siglo […]; por ella no se ha roto jam&#x00E1;s la invencible y misteriosa cadena del progreso!” (630, p. 34). </p>
		
		<p>Casi como continuaci&#x00F3;n vino tiempo despu&#x00E9;s el art&#x00ED;culo “Las bibliotecas”, para ocuparse de la literatura y de los sistemas para “transcribir y multiplicar” las obras escritas. Desde la evocaci&#x00F3;n de las perdidas bibliotecas de Alejandr&#x00ED;a y Constantinopla, la autora se aproxima a la labor de los monjes copistas de la Edad Media, cuando el saber se refugi&#x00F3; en los conventos, y el proceso que sigui&#x00F3; con la multitud de amanuenses contratados por las universidades del siglo XIV, hasta llegar a la invenci&#x00F3;n de <italic>la imprenta</italic> como respuesta a una necesidad: “si crec&#x00ED;a el n&#x00FA;mero de los copistas, crec&#x00ED;a de una manera asombrosa el de los lectores. La fiebre del saber se hab&#x00ED;a comunicado r&#x00E1;pidamente a todas las inteligencias” (653, p. 227). Despu&#x00E9;s de repasar algunos antecedentes de la imprenta, eleva su homenaje a Gutenberg: “no es un hombre; ¡es la personificaci&#x00F3;n del progreso, es el s&#x00ED;mbolo de un grande acontecimiento, que ha franqueado el paso a la civilizaci&#x00F3;n” (ibid.). Pero ve los peligros que trae la f&#x00E1;cil difusi&#x00F3;n para sembrar “ideas infames y desorganizadoras”. Un peligro acrecentado por el nacimiento de <italic>los peri&#x00F3;dicos</italic>, a cuya historia retrocede de nuevo la autora para recordar las “actas diurnas” creadas por C&#x00E9;sar en Roma, y el nacimiento de los primeros peri&#x00F3;dicos: en Francia, con la <italic>Gazzeta</italic> (en realidad, <italic>La Gazette</italic>), de 1631; y en Espa&#x00F1;a, con el <italic>Diario de Avisos</italic>, un siglo posterior. </p>
		
		<p>Se cierra este art&#x00ED;culo fundamental con una defensa de estirpe ilustrada: la necesidad de las bibliotecas, pero peque&#x00F1;as, llevadas incluso a cada aldea, “si se quiere que el progreso moral e intelectual sea un hecho positivo” (p. 228). Muy cerca se sit&#x00FA;a aqu&#x00ED; &#x00C1;ngela Grassi de las corrientes regeneracionistas que se est&#x00E1;n agitando en su &#x00E9;poca. </p>
		
		<p>Otros inventos son celebrados con entusiasmo por nuestra autora, como la litograf&#x00ED;a, cuyo origen y proceso t&#x00E9;cnico inserta en un relato convencional; o como la fotograf&#x00ED;a, cuya g&#x00E9;nesis explica con m&#x00E1;s rigor recordando los nombres que participaron en el proceso, desde Porta, descubridor de la c&#x00E1;mara oscura, hasta Daguerre y sus seguidores. Admirada, la autora celebra como una conquista reciente la aproximaci&#x00F3;n a realidades lejanas que la imagen fotogr&#x00E1;fica posibilita: “¡Hoy el joven, ansioso de instruirse […] puede admirar, sin moverse de su aposento, los bellos edificios de Par&#x00ED;s, Londres, San Petersburgo y Constantinopla, hasta en sus detalles m&#x00E1;s leves e insignificantes!” (666, p. 332). Y el joven, obviamente, se identifica con la propia autora. </p>
		
		<p>Nos instala as&#x00ED; &#x00C1;ngela Grassi en la celebraci&#x00F3;n del progreso t&#x00E9;cnico que hab&#x00ED;a tra&#x00ED;do su siglo XIX, un homenaje que culmina en su art&#x00ED;culo “Tiempos antiguos y modernos”, verdadera excepci&#x00F3;n dentro de su labor que nos lleva sobre todo al presente con algunos retrocesos al pasado. Se trata de un texto fundamental en que repasa la transformaci&#x00F3;n de las costumbres que ha tra&#x00ED;do el progreso t&#x00E9;cnico. Se abre con el efecto del alumbrado urbano, cuando al atardecer, antes hora de recogimiento, nos lanzamos “a la calle en busca de placeres tumultuosos, a las calles inundadas de luz, casi remedo del sol brillante, en donde vaga una multitud, ya inquieta y apresurada […] o ya negligente y ociosa” (649, p. 194). La escena se completa con algunos ingredientes inquietantes, como “el ruido de los infinitos coches” o los gritos de mujeres y ni&#x00F1;os “que venden peri&#x00F3;dicos y f&#x00F3;sforos”. Pero en la comparaci&#x00F3;n con el pasado el saldo es positivo: “el aspecto que ofrec&#x00ED;an en su tiempo estas mismas calles, mudas, l&#x00FA;gubres y oscuras, iluminadas tan solo a largos trechos por la l&#x00E1;mpara que ard&#x00ED;a delante de la capillita de una Virgen” (ibid.). Fiel a su m&#x00E9;todo, la autora retrocede para explicar la historia del alumbrado en las ciudades europeas con amplio despliegue de datos. </p>
		
		<p>El mismo proceso sigue con el empedrado de las calles, enlazando as&#x00ED; los distintos fen&#x00F3;menos (“El progreso se forma por medio de un encadenamiento de adelantos simult&#x00E1;neos”), y retrocediendo de nuevo, pasa por las calzadas romanas, las calles embaldosadas de la C&#x00F3;rdoba califal, sigue por las ciudades de Europa con las fechas de sus pavimentos, e incluso alude a t&#x00E9;cnicas y materiales. De igual modo, describe los veh&#x00ED;culos desde los primitivos carros de la antigüedad, pasando por los carruajes de distintas &#x00E9;pocas, hasta describir la amplia variedad de modelos y tipos de servicio de los coches de su tiempo, e incluir la llegada del tren circulando por la ciudad. </p>
		
		<p>Al final triunfa expresamente en el art&#x00ED;culo la alabanza del progreso y de la nueva sociedad: “¡Dichoso siglo el nuestro, en el cual cada ma&#x00F1;ana al abrir los ojos se ofrecen a nuestra consideraci&#x00F3;n nuevas y estupendas maravillas!” (p. 196). </p>
		
		<p>Una alabanza que se ampl&#x00ED;a en el art&#x00ED;culo “La ciencia antigua” a otros inventos, que describe sin darles nombre: “no se pensaba en que un poco de agua, reducida a vapor, pudiese dominar los vientos, devorar las distancias y suplir el trabajo de millares de brazos en los ferro-carriles y las f&#x00E1;bricas de tejidos […] en que, aprisionando el rayo, se pudiese transmitir la chispa el&#x00E9;ctrica y con ella el pensamiento de un polo al otro polo […], y lo que es m&#x00E1;s importante a&#x00FA;n, en destruir el dolor, suspendiendo la sensualidad f&#x00ED;sica durante las crueles operaciones de la cirug&#x00ED;a” (698, p. 203). Magn&#x00ED;fica forma sint&#x00E9;tica de explicar el inmenso adelanto de la anestesia, as&#x00ED; como el de la m&#x00E1;quina de vapor y el tel&#x00E9;grafo. </p>
		
		<p>Pero &#x00C1;ngela Grassi, en una imagen perfecta de s&#x00ED; misma, dividida entre la ciencia y su fe religiosa, exclama: “Oh!, siglo diez y nueve, si fueras tan creyente como sabio, si fueras tan honrado como luminoso” (649, p. 196). Es decir, la autora teme la amoralidad con que puede avanzar la ciencia y defiende unos principios o valores humanos que para ella solo pueden estar garantizados dentro de un sentido trascendente de la existencia, dentro de la fe. </p>
		</sec>
		
		<sec id="S7">
		<title>7. LA REALIDAD, EL PRESENTE, EL YO, EN SOMBRAS </title>
		
		<p>Regresamos ahora de todas las lejan&#x00ED;as recorridas en el tiempo en busca del presente, en busca de alg&#x00FA;n testimonio de las realidades cercanas a &#x00C1;ngela Grassi. Y nos encontramos sobre todo una realidad desaparecida: desaparecidos los conflictos pol&#x00ED;ticos de un tiempo tan cambiante como la segunda mitad del siglo XIX;<xref ref-type="fn" rid="NOTE19">19</xref> desaparecidas las grandes concepciones cient&#x00ED;ficas que llevaron al profundo conocimiento de la naturaleza y del hombre (tan solo encontramos las aludidas menciones del progreso t&#x00E9;cnico)<xref ref-type="fn" rid="NOTE20">20</xref>; desaparecidos los profundos conflictos entre las clases sociales que avanzan en una espiral creciente;<xref ref-type="fn" rid="NOTE21">21</xref> desaparecidos el dolor, la enfermedad, la injusticia, la miseria, el mal, que no existen sino como concepto global; y sobre todo, desaparecidas las mujeres reales, no solo en el plano sociol&#x00F3;gico, en el que han empezado a cuestionar los estrechos l&#x00ED;mites a que son reducidas, sino tambi&#x00E9;n en el plano de la literatura, donde tantas hero&#x00ED;nas son fiel reflejo de la insatisfacci&#x00F3;n de la mujer burguesa en la moderna sociedad, un testimonio que, como sabemos, se inicia desde mediado el siglo con la flaubertiana Madame Bovary, y se despliega en el mismo tiempo de nuestra autora. </p>
		
		<p>Nos ofrece a veces atisbos de realidad, pero estilizada, depurada de toda huella vital. Los innumerables personajes de sus art&#x00ED;culos, sean hist&#x00F3;ricos o imaginarios, aparecen como arquetipos sin conflicto, carentes de matices psicol&#x00F3;gicos, de los que interesa solo la virtud o el error que simbolizan. </p>
		
		<p>Rara vez mencionados, en muy leves alusiones est&#x00E1;n presentes los pobres: “el desmantelado tugurio del pobre” frente a “los salones del rico” (636, p. 91); “los mineros […] esclavos, casi desnudos” (640, p. 122). Muy pocos de sus personajes surgen de la pobreza, pero siempre es una pobreza muy estilizada, a veces elegida, como la que vive Eudosia con su padre en la paz del campo, antes de convertirse en zarina (637, p. 98). O la que sufre Lidia, la ni&#x00F1;a mis&#x00E9;rrima, que en Venecia recibe de la Virgen el secreto de la fabricaci&#x00F3;n de perlas, con lo que alcanza la riqueza. Igualmente, son premiados, y por fin enriquecidos por su virtud y trabajo, el pastor Beppo, el herrero Hullas o la encajera Didion. </p>
		
		<p>En muy pocos momentos la autora nos muestra un cuadro popular como experiencia directa, pero de nuevo nos oculta la sociedad real porque solo aparece inmersa en celebraciones festivas; as&#x00ED; sucede en Aranjuez, cuando la autora presencia la romer&#x00ED;a de San Isidro: “En su derredor tambi&#x00E9;n se colocan los vendedores de los gr&#x00E1;ficos <italic>torrados</italic>, <italic>rosquillas</italic> y <italic>frasquetes</italic>, y acuden en tropel de todos los pueblos vecinos los alegres labradores, montados los unos en jamelgos, los otros en carros, y los otros a pie, llevando la merienda en un pa&#x00F1;uelo, atado en la punta de su bast&#x00F3;n de viaje, lo cual ofrece el conjunto m&#x00E1;s animado y pintoresco que puede imaginarse” (643, p. 146). </p>
		
		<p>Este af&#x00E1;n de depuraci&#x00F3;n de la realidad afecta a la propia autora, que apenas alude a s&#x00ED; misma, que esconde pudorosamente su yo. En cuanto a sus experiencias m&#x00E1;s vivas, solo conocemos que visita Aranjuez en mayo de 1866 (ibid.), que desde all&#x00ED; viaja en tren a Toledo, donde recorre la catedral y donde asiste a la festividad del Corpus. En su larga descripci&#x00F3;n de cuanto descubre y presencia se mezclan sucesivas efusiones de admiraci&#x00F3;n o estados de emoci&#x00F3;n, pero solo nos ofrece junto a ello una aut&#x00E9;ntica vivencia, la llegada y la partida de Toledo: “Volaba silbando la locomotora y en muy breve tiempo nos hallamos delante de las ruinas cubiertas de musgo”; “Cerraba ya completamente la noche, las campanas de la catedral dejaron o&#x00ED;r su sonoro y majestuoso ta&#x00F1;ido, como un solemne adi&#x00F3;s de despedida; silb&#x00F3; la locomotora, y volvimos a Aranjuez” (645, pp.162 y 164). </p>
		
		<p>Muy poco m&#x00E1;s; de pasada alude a su presencia en una reuni&#x00F3;n, sin otras precisiones, donde se debate sobre la ciencia moderna. Y en una evocaci&#x00F3;n, nos conduce a su infancia, a un paseo junto al mar: “yo recorr&#x00ED;a la orilla del Mediterr&#x00E1;neo en la bella y pintoresca Catalu&#x00F1;a […] Una tarde sal&#x00ED; a recoger conchas con otras jovencillas, mis amigas, y nos sentamos al pie de una encina que crec&#x00ED;a en la misma ribera […] Era aquella una magn&#x00ED;fica tarde de verano” (656, p. 250). </p>
		
		<p>En cuanto a su yo personal, al margen de las frecuentes efusiones subjetivas, solo afirma de s&#x00ED; misma dos ideas: una de ellas, reiterada alguna vez y confirmada a lo largo de este estudio, es una sincera verdad: “como sab&#x00E9;is que soy tan amiga de viejas historias” (643, p. 146). La otra, no es sino una prudente precauci&#x00F3;n, desmentida por el mismo estudio: “Yo, pobre e ignorante mujer”. Nos sorprende la autora con esta negaci&#x00F3;n de s&#x00ED; misma, que lleva a meditar sobre su significado, en todo caso refleja un temor a ofrecer una imagen demasiado erudita.<xref ref-type="fn" rid="NOTE22">22</xref> Sin duda, es este el origen de otro fen&#x00F3;meno observado en sus art&#x00ED;culos, las referencias a sus fuentes de informaci&#x00F3;n son siempre vagas e imprecisas: “dice uno de nuestros antiguos y c&#x00E9;lebres escritores” (626); “dice un viajero c&#x00E9;lebre” (627); “un escritor franc&#x00E9;s” (638); “dicen todos los historiadores” (654); “seg&#x00FA;n refieren cr&#x00F3;nicas a&#x00F1;ejas” (651); “en los archivos de la Catedral [de Santiago]” (634). Pero pasa de soslayo sin dejar ver las fuentes consultadas<xref ref-type="fn" rid="NOTE23">23</xref>. </p>
		
		<p>En absoluto, pobre mujer, y mucho menos, ignorante; s&#x00ED; es posible que en la frase se encuentre la raz&#x00F3;n por la que construy&#x00F3; su mundo literario al margen de la realidad; tal vez huy&#x00F3; de ella porque pod&#x00ED;a a&#x00F1;adir otros peligros al hecho de ser una mujer intelectual, y prefiri&#x00F3; cautelosamente poner a resguardo el paso adelante que significaba su obra literaria. </p>
		
		<p>Lo cierto es que &#x00C1;ngela Grassi solo entreabre rendijas sobre la realidad, y su mundo queda preservado casi por completo en una suave penumbra del pasado. </p>
		
		</sec>
		
		
		<sec id="S8">
		<title>8. SU MUNDO Y SUS LENGUAJES </title>
		
		<p>Como reflejo &#x00FA;ltimo de este mundo literario en que nos hemos adentrado est&#x00E1;n los lenguajes, que nos alejan de lo cercano y cotidiano y nos devuelven a la lejan&#x00ED;a. </p>
		
		<p>Para construir su mundo ideal, la autora adopta un tono elevado y culto, ennoblecido, de ret&#x00F3;rica a veces excelsa, expresi&#x00F3;n de belleza y bondad, de afectos puros, de placeres del esp&#x00ED;ritu. Se apoya, seg&#x00FA;n hemos venido viendo, en un l&#x00E9;xico escogido y rico, salpicado de cultismos o de arca&#x00ED;smos, al tiempo que acoge algunas expresiones t&#x00E9;cnicas novedosas (“globos aerost&#x00E1;ticos”); y juega sin cesar con simetr&#x00ED;as, met&#x00E1;foras y s&#x00ED;miles.<xref ref-type="fn" rid="NOTE24">24</xref></p>
		
		<p>Sobreabundan las valoraciones y juicios subjetivos, efecto con frecuencia de una gran exaltaci&#x00F3;n (“Las Catedrales! Epopeyas sublimes de los siglos, ¿qui&#x00E9;n habr&#x00E1; que no os cante y no os admire?”)<xref ref-type="fn" rid="NOTE25">25</xref>. Exclamaciones e interrogaciones ret&#x00F3;ricas se suceden generando un estado emotivo, porque se trata de llegar a las lectoras invocadas para provocar en ellas una reacci&#x00F3;n emocional: “¡Los p&#x00E1;jaros! ¿Qui&#x00E9;n no admira esos peque&#x00F1;os seres alados que nos embriagan de delicias con sus cantos, que nos asombran con su prodigioso instinto?” (671, p. 370). </p>
		
		<p>El retoricismo conduce en ocasiones a una expresi&#x00F3;n convencional y caduca: “¡Qui&#x00E9;n sabe si entre estas bellas jovencillas, alguna hur&#x00ED; de ojos azules o negros grabar&#x00E1; con mano tr&#x00E9;mula un nombre querido en la corteza de uno de aquellos &#x00E1;rboles seculares!” (643, p. 145). Pero muchas veces nos ofrece originales efectos, como la llegada de un cortejo convertida en sonido: “Al d&#x00ED;a siguiente los tranquilos ecos del valle iban repitiendo, y transmiti&#x00E9;ndose los unos a los otros, el murmullo de muchas voces, y el ruido que produc&#x00ED;an los corceles de una numerosa y brillante cabalgata que atravesaba sus estrechas sendas” (637, p. 100). Y en muchas ocasiones alcanza un aliento de belleza cl&#x00E1;sica: “Acerc&#x00E1;base el crep&#x00FA;sculo con sus medias tintas, y aves, brisas, insectos y sonoros ecos, iban enmudeciendo por grados, entreg&#x00E1;ndose al bienhechor descanso de la noche” (656, p. 250). </p>
		
		<p>Para atraer al lector a su mundo ideal y hacer este m&#x00E1;s pr&#x00F3;ximo y veros&#x00ED;mil, lo interpela a menudo con invocaciones e interrogaciones, que son recursos cl&#x00E1;sicos del narrador oral (“¿Lo has o&#x00ED;do?”; “Ayer os hablaba”; “Acabo de deciros”) y crean una impresi&#x00F3;n de di&#x00E1;logo cercano entre la autora y sus lectores. </p>
		
		<p>Ya hemos visto ejemplos en que Grassi desciende para describir brevemente, con sobria objetividad, alg&#x00FA;n elemento real, pero resulta muy sorprendente descubrir que con plena voluntad traza una leve pincelada naturalista: “el triste aspecto de sus ruinas cubiertas de asquerosos insectos y musgo amarillento”.<xref ref-type="fn" rid="NOTE26">26</xref> Este adjetivo despectivo nos sit&#x00FA;a en las ant&#x00ED;podas de la visi&#x00F3;n idealista y rom&#x00E1;ntica que ella misma nos ha dado con su canto a los insectos (670), y la ennoblecida visi&#x00F3;n de las ruinas que nos ha dado en otros textos. </p>
		
		<p>No obstante, los diferentes lenguajes de Grassi se hallan, al igual que los mundos que expresan, muy lejos de realismos y naturalismos, los lenguajes y las tendencias dominantes en su tiempo. </p>
		
		<p>En cuanto a la construcci&#x00F3;n de los art&#x00ED;culos, en su mayor&#x00ED;a est&#x00E1;n basados en una estructura semejante, con diversas variantes: una an&#x00E9;cdota, una breve reflexi&#x00F3;n o la descripci&#x00F3;n de cualquier objeto, fen&#x00F3;meno o creaci&#x00F3;n sirven a la autora para plantear un tema que esconde un significado moral; desde ese punto se retrocede al pasado, con frecuencia para introducir un relato que ilumine el tema propuesto y cuyo desenlace contenga una ense&#x00F1;anza moralizadora. A veces la ense&#x00F1;anza es el elemento introductorio y el relato viene a confirmar con su moraleja la tesis inicial. El elemento fijo es el salto atr&#x00E1;s, pero a veces el relato es sustituido por un recorrido hist&#x00F3;rico que despliega el tema inicial en su evoluci&#x00F3;n (669). Otras veces se encadenan an&#x00E9;cdotas a relatos en una estructura digresiva (651, 667); en otras se inserta un relato dentro de otro (640, 643). Incluso introduce un relato en una vivencia recordada (656). </p>
		
		<p>Y dentro de las narraciones insertas se introducen sin cesar dramatizaciones de episodios intensos, con di&#x00E1;logos inventados, tanto para los personajes imaginarios como para las figuras hist&#x00F3;ricas. </p>
		
		<p>La autora pone en juego todos los recursos intensificadores que puedan captar el inter&#x00E9;s del lector y dotar de mayor eficacia a sus ense&#x00F1;anzas. </p>
		
		<p>El conjunto re&#x00FA;ne en s&#x00ED; un asombroso caudal de sabidur&#x00ED;a literaria. </p>
		
		
		</sec>
		
		<sec id="S9">
		<title>A LO LEJOS, SIGUIENDO SU CAMINO </title>
		
		<p>El universo perfecto de &#x00C1;ngela Grassi que hemos descrito y analizado hasta aqu&#x00ED; revela su obra como una nueva elaboraci&#x00F3;n neoplat&#x00F3;nica, que solo atiende a ciertos reflejos de la realidad, contempl&#x00E1;ndola de lejos, en el fondo, defendi&#x00E9;ndose de ella, sin poder evitar algunos atisbos de contradicci&#x00F3;n y de inquietud, como evidenciaba sobre todo su celebraci&#x00F3;n del progreso t&#x00E9;cnico, unida a su temor por la amenaza de “desespiritualizaci&#x00F3;n” del ser humano.  </p>
		
		<p>Ante las dicotom&#x00ED;as, triunfa siempre en ella la defensa apasionada del sentimiento religioso, lo que la sit&#x00FA;a plenamente en la corriente neocat&#x00F3;lica<xref ref-type="fn" rid="NOTE27">27</xref> que en la segunda mitad del siglo XIX extendi&#x00F3; su influencia frente a la corriente positivista dominante en el panorama cient&#x00ED;fico, intelectual y art&#x00ED;stico, y frente a la ideolog&#x00ED;a liberal.<xref ref-type="fn" rid="NOTE28">28</xref></p>
		
		<p>Pero su af&#x00E1;n de saber, su inmensa curiosidad por los procesos culturales hist&#x00F3;ricos, por el progreso que los ha acompa&#x00F1;ado y por el creciente conocimiento del hombre sobre la naturaleza se confunden en su imaginario adornados por el mito y la leyenda. Un gran esfuerzo intelectual guiado por la personalidad sobria, imaginativa y mesurada de nuestra autora. </p>
		
		<p>Trabaj&#x00F3; con prudencia y coherencia dentro de un mundo organizado, jerarquizado para el predominio del hombre, y dejando atisbos de su deseo de algo m&#x00E1;s, de abrir un hueco para la mujer en el espacio del que era excluida.  </p>
		
		<p>As&#x00ED;, buscaba entrar en el mundo mental de las mujeres de las clases altas sin inquietarlas, deslizando el inter&#x00E9;s por el saber, introduciendo valores morales y culturales, accesibles, amenos, tranquilizadores, pero abr&#x00ED;a puertas para poder anhelar algo m&#x00E1;s. Fue la suya una obra sincera y h&#x00E1;bil al tiempo, que supone un eslab&#x00F3;n s&#x00F3;lido para la evoluci&#x00F3;n de la mujer que se avecina. </p>
		
		<p>En realidad, dedic&#x00F3; su obra a potenciar los valores del ser humano, a elevarlo, algo que, desde diferentes creencias e ideolog&#x00ED;as, debe ser reconocido. Ese mensaje no est&#x00E1; tan lejos del que podr&#x00ED;a proponer un esp&#x00ED;ritu menos religioso, incluso un esp&#x00ED;ritu laico que sue&#x00F1;e con una humanidad perfeccionada, generosa y fraterna, gobernada por grandes valores. Hoy ser&#x00ED;a un punto axial en que se podr&#x00ED;a compartir el esfuerzo de alcanzar esa humanidad de “hombres humanos”, evocando las palabras de C&#x00E9;sar Vallejo.</p>
		
					 
		</sec>
		
	</body>

	<back>
	
	<sec id="notas">
			 <title>NOTAS</title>
			 <fn-group>
				<fn id="NOTE01"><label>1</label><p>Todos los art&#x00ED;culos consultados y no citados en este trabajo revisten las mismas caracter&#x00ED;sticas tem&#x00E1;ticas y formales y solo confirman las conclusiones de nuestro an&#x00E1;lisis. A partir de 1867, la autora tiende a sustituir los art&#x00ED;culos por poemas y por cap&#x00ED;tulos de novelas por entregas, que publica el <italic>El Correo de la Moda</italic>, y que edit&#x00F3; tambi&#x00E9;n en forma de libro. Para la b&#x00FA;squeda de los textos ha sido imprescindible gu&#x00ED;a la conocida obra de M.ª del Carmen Sim&#x00F3;n Palmer (<xref ref-type="bibr" rid="CIT12">1991</xref>).</p></fn>
				<fn id="NOTE02"><label>2</label><p>Nos hace recordar <italic>De los nombres de Cristo</italic>, de Fray Luis de Le&#x00F3;n, autor que figura entre sus lecturas predilectas.</p></fn>
				<fn id="NOTE03"><label>3</label><p>Para evitar la acumulaci&#x00F3;n de notas, todas las citas de los art&#x00ED;culos llevar&#x00E1;n indicado entre par&#x00E9;ntesis el n&#x00FA;mero de <italic>El Correo de la Moda</italic> en que aparecen, seg&#x00FA;n se relaciona en la Bibliograf&#x00ED;a, y el n&#x00FA;mero de p&#x00E1;gina.</p></fn>
				<fn id="NOTE04"><label>4</label><p>Sus art&#x00ED;culos se agrupan en secci&#x00F3;n dentro de <italic>El Correo de la Moda</italic>, bajo el r&#x00F3;tulo “Instrucci&#x00F3;n”.</p></fn>
				<fn id="NOTE05"><label>5</label><p>S&#x00E1;nchez Llamas (<xref ref-type="bibr" rid="CIT10">2000</xref>) ha descrito el universo literario de las escritoras pertenecientes al llamado “canon isabelino”, que &#x00C1;. Grassi contribuy&#x00F3; a construir junto a otras escritoras como Pilar Sinu&#x00E9;s.</p></fn>
				<fn id="NOTE06"><label>6</label><p>[San Luis] “era devoto sin ser supersticioso. Proteg&#x00ED;a al clero pero no se dejaba dominar por &#x00E9;l” (654, p. 236).</p></fn>
				<fn id="NOTE07"><label>7</label><p>Alude a la destrucci&#x00F3;n de bibliotecas antiguas: Alejandr&#x00ED;a, Constantinopla (653, p. 226).</p></fn>
				<fn id="NOTE08"><label>8</label><p>Grassi es “escritora para mujeres” (Ruiz Silva, <xref ref-type="bibr" rid="CIT09">1990</xref>).</p></fn>
				<fn id="NOTE09"><label>9</label><p>658, p. 266; 667, p. 338; 671, p. 371.</p></fn>
				<fn id="NOTE10"><label>10</label><p>La propia Grassi, hacia 1841, pertenec&#x00ED;a al exquisito 2% de la poblaci&#x00F3;n femenina espa&#x00F1;ola que sab&#x00ED;a leer y escribir. Recordemos al respecto los datos sobre alfabetizaci&#x00F3;n de la poblaci&#x00F3;n espa&#x00F1;ola y su evoluci&#x00F3;n en el siglo: 1841 – Alfabetizados 24% (39% H, 9% M). Sab&#x00ED;an leer: 22% H y 7% M. Leer y escribir: 1 % H, 2% M. En Inglaterra el 60%, en Francia el 80%. 1877 – Alfabetizados 34% (45% H, 23% M; grandes diferencias provinciales, Madrid 73% H, 50% M. 1900 – Alfabetizados 44% (se estanca). Atraso de dos siglos, en Francia 45% en 1675.</p></fn>
				<fn id="NOTE11"><label>11</label><p>Exist&#x00ED;a una f&#x00F3;rmula de suscripci&#x00F3;n para modistas, atentas en especial a figurines, patrones y bordados.</p></fn>
				<fn id="NOTE12"><label>12</label><p>El universo literario de las escritoras isabelinas como Grassi ha sido ampliamente estudiado en su significado sociol&#x00F3;gico (Blanco, <xref ref-type="bibr" rid="CIT03">2001</xref>).</p></fn>
				<fn id="NOTE13"><label>13</label><p>Se trata de Mijail Feodorovich, que fue el primer Zar de la dinast&#x00ED;a Romanov.</p></fn>
				<fn id="NOTE14"><label>14</label><p>La torre de Nank&#x00ED;n citada en el texto data del siglo XV, muy posterior al tiempo aludido en el relato. Por otra parte, Chi-Tsong I, el emperador, fue tambi&#x00E9;n muy posterior (1507-1521). En la fecha se&#x00F1;alada en el relato era emperador Muzong (951-969). Es muestra de la libertad con que Grassi maneja los datos hist&#x00F3;ricos.</p></fn>
				<fn id="NOTE15"><label>15</label><p>El alci&#x00F3;n, m&#x00E1;s conocido como “mart&#x00ED;n pescador”.</p></fn>
				<fn id="NOTE16"><label>16</label><p>Aparecieron en <italic>El Correo de la Moda </italic>en n&#x00FA;meros sucesivos, desde el nº 658 hasta el nº 664, entre el 16 de septiembre y el 31 de octubre de 2013. El t&#x00ED;tulo que los re&#x00FA;ne se incluye bajo otro ep&#x00ED;grafe m&#x00E1;s amplio titulado “Cartas sobre la educaci&#x00F3;n”, que abarca en total doce art&#x00ED;culos.</p></fn>
				<fn id="NOTE17"><label>17</label><p>Dentro del ep&#x00ED;grafe “Cartas sobre la educaci&#x00F3;n”, se a&#x00F1;aden otros art&#x00ED;culos en que predomina el af&#x00E1;n de divulgaci&#x00F3;n de aspectos de la naturaleza: sobre los insectos (carta XII, nº 670); sobre los p&#x00E1;jaros (carta XII [bis, deb&#x00ED;a ser XIII], nº 671).</p></fn>
				<fn id="NOTE18"><label>18</label><p>N&#x00ED;nive, por ejemplo, es descrita con 1.500 torres y 70 millones de habitantes.</p></fn>
				<fn id="NOTE19"><label>19</label><p>Solo se localiza una alusi&#x00F3;n pol&#x00ED;tica, y alude a un tiempo anterior: “la horrible persecuci&#x00F3;n pol&#x00ED;tica que en aquella &#x00E9;poca [reinado de Fernando VII] sufrieron los liberales” (643, p. 147).</p></fn>
				<fn id="NOTE20"><label>20</label><p>Parecida idea suscitan sus novelas: “Para &#x00C1;ngela Grassi el verdadero camino del progreso no se halla en la lucha de clases, el racionalismo cient&#x00ED;fico, el positivismo..., la &#x00FA;nica v&#x00ED;a posible es aquella que dimana del principal precepto cristiano: amor al pr&#x00F3;jimo” (Ayala, <xref ref-type="bibr" rid="CIT01">2005</xref>, p. 61).</p></fn>
				<fn id="NOTE21"><label>21</label><p>Aunque la autora deja ver la idea social cristiana que se inclina hacia el pobre, quien mira jubiloso al “Juez justo”, mientras el poderoso siente terror frente al “Juez incorruptible” (645, p. 163).</p></fn>
				<fn id="NOTE22"><label>22</label><p>Recordemos el apelativo vulgar de “marisabidilla” dedicado a la mujer culta.</p></fn>
				<fn id="NOTE23"><label>23</label><p>A pesar de incluir a veces citas marcadas como textuales, no nos da la referencia: “La regencia de esta princesa, en circunstancias tan dif&#x00ED;ciles, dicen todos los historiadores a la par, hizo honor a su sexo; fue…” (654, p. 235).</p></fn>
				<fn id="NOTE24"><label>24</label><p>Tambi&#x00E9;n es frecuente el galicismo que antepone art&#x00ED;culo a los nombres de pa&#x00ED;ses: “La Grecia”, incluso “La Europa”. Igualmente abundan los la&#x00ED;smos: “salvarla la vida”; “la cubr&#x00ED;an las manos”. En cuanto a la ortograf&#x00ED;a, es muy caprichosa: “uracanes”, “estremo”, “magestades”, etc<italic>; </italic>a veces, sin duda, erratas de imprenta.</p></fn>
				<fn id="NOTE25"><label>25</label><p>“Recuerdos de Toledo” (nº 645, p. 163).</p></fn>
				<fn id="NOTE26"><label>26</label><p>“Cartas sobre la educaci&#x00F3;n” (VIII, nº 666, p. 332).</p></fn>
				<fn id="NOTE27"><label>27</label><p>El Neocatolicismo fue un movimiento pol&#x00ED;tico e ideol&#x00F3;gico de la Espa&#x00F1;a de la segunda mitad del siglo XIX, que intervino activamente en la vida pol&#x00ED;tica, muy cerca del Partido Moderado y del Tradicionalista. Durante la Restauraci&#x00F3;n alcanzaron gran influencia en los gobiernos, lo que se manifest&#x00F3; sobre todo en la denominada cuesti&#x00F3;n universitaria.</p></fn>
				<fn id="NOTE28"><label>28</label><p>S&#x00E1;nchez Llamas (<xref ref-type="bibr" rid="CIT11">2001</xref>) destaca de Grassi: “haber textualizado las premisas est&#x00E9;ticas de la <italic>Alta cultura</italic> isabelina” (p. 108).</p></fn>
				
				
				
			
			 </fn-group>
		</sec>
	
	


		<ref-list>
			<title>BIBLIOGRAF&#x00CD;A</title>


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			<element-citation publication-type="journal">
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				  <surname>Ayala</surname>
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			  <article-title>Ángela Grassi, del romanticismo al dualismo español</article-title>
			  <source>Anales de Literatura Española</source>
			  <volume>18</volume>
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				  <given-names>M.C.</given-names>
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			  <year>1991</year> 
			  <source>Escritoras españolas del siglo XIX. Manual bio-bibliográfico</source>
			  <publisher-loc>Madrid</publisher-loc>
			  <publisher-name>Castalia</publisher-name>
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<title>ART&#x00CD;CULOS CITADOS DE EL CORREO DE LA MODA:  </title>

<p>La mujer prudente, 626, 8-I-1866, pp. 2-4. </p>
		
		<p>Lo que nos dicen las ruinas, 627, 16-I-66, pp. 11-13. </p>
		
		<p>Un sue&#x00F1;o, 628, 24-I-66, pp. 18-20. </p>
		
		<p>El cisne, 629, 31-I-66, pp. 26-28. </p>
		
		<p>La escritura, 630, 8-II-66, pp. 34-35. </p>
		
		<p>La verdadera grandeza, 631, 16-II-66, pp. 42-44. </p>
		
		<p>Do&#x00F1;a Sancha de Navarra, 632, 24-II-66, pp. 50-52. </p>
		
		<p>La Moda, 633, 8-III-66, pp. 66-68. </p>
		
		<p>Dª. Mayor de Fonseca, 634, 16-III-66, pp. 74-76. </p>
		
		<p>El ave amiga del hombre, 636, 31-III-66, pp. 90-92. </p>
		
		<p>El grano de jenabe, 637, 8-IV-66, pp. 98-100. </p>
		
		<p>Cristina de Suecia, 638, 16-IV-66, pp. 107-108. </p>
		
		<p>Las perlas de Venecia, 640, 30-IV-66, pp. 122-124. </p>
		
		<p>Lauros y rosas, 641, 8-V-66, pp. 130-132. </p>
		
		<p>La torre de porcelana, 642, 16-V-66, pp. 138-140. </p>
		
		<p>Revista semanal, 643, 24-V-66, pp. 145-147. </p>
		
		<p>Recuerdos de Toledo, 645, 8-VI-66, pp. 162-164. </p>
		
		<p>La fiesta del Corpus en Toledo, 646, 16-VI-66, pp. 170-172. </p>
		
		<p>Dª. Juana la Loca, 647, 24-VI-66, pp. 178-180. </p>
		
		<p>La Virgen de la Esperanza, 648, 30-VI-66, pp. 186-188. </p>
		
		<p>Tiempos antiguos y modernos, 649, 8-VII-66, pp. 194-196. </p>
		
		<p>La mujer en la Edad Media, 650, 16-VII-66, pp. 202-204. </p>
		
		<p>Los haces de trigo, 651, 24-VII-66, pp. 210-212. </p>
		
		<p>La Providencia, 652, 31-VII-66, pp. 218-220. </p>
		
		<p>Las bibliotecas, 653, 8-VIII-66, pp. 226-228. </p>
		
		<p>Blanca de Castilla, 654, 16-VIII-66, pp. 234-236. </p>
		
		<p>El amor fraternal, 655, 24-VIII-66, pp. 242-244. </p>
		
		<p>¡Dos en uno!, 656, 31-VIII-66, pp. 250-252. </p>
		
		<p>La urna de oro, 657, 8-IX-66, pp. 258-260. </p>
		
		<p>Cartas sobre la educaci&#x00F3;n. Las cuatro majestades I, 658, 16-IX-66, pp. 266-267. </p>
		
		<p>Cartas sobre la educaci&#x00F3;n. Las cuatro majestades II, 659, 24-IX-66, pp. 274-275. </p>
		
		<p>Cartas sobre la educaci&#x00F3;n. Las cuatro majestades III, 660, 30-IX-66, pp. 282-283. </p>
		
		<p>Cartas sobre la educaci&#x00F3;n. Las cuatro majestades IV, 661, 8-X-66, pp. 290-291. </p>
		
		<p>Cartas sobre la educaci&#x00F3;n. Las cuatro majestades V, 662, 16-X-66, pp. 298-300. </p>
		
		<p>Cartas sobre la educaci&#x00F3;n. Las cuatro majestades VI, 663, 24-X-66, pp. 306-308. </p>
		
		<p>Cartas sobre la educaci&#x00F3;n. Las cuatro majestades. Ep&#x00ED;logo, 664, 31-X-66, pp. 314-315. </p>
		
		<p>Cartas sobre la educaci&#x00F3;n VII, 665, 8-XI-66, pp. 322-324. </p>
		
		<p>Cartas sobre la educaci&#x00F3;n VIII, 666, 16-XI-66, pp. 330-332. </p>
		
		<p>Cartas sobre la educaci&#x00F3;n IX, 667, 24-XI-66, pp. 338-340. </p>
		
		<p>Cartas sobre la educaci&#x00F3;n X, 668, 30-XI-66, pp. 346-347. </p>
		
		<p>Cartas sobre la educaci&#x00F3;n XI, 669, 8-XII-66, pp. 355-356. </p>
		
		<p>Cartas sobre la educaci&#x00F3;n XII, 670, 16-XII-66, pp. 362-363. </p>
		
		<p>Cartas sobre la educaci&#x00F3;n XII (repetido, ser&#x00ED;a XIII), 671, 24-XII-66, pp. 370-371. </p>
		
		<p>La chimenea, 672, 31-XII-66, pp. 378-379. </p>
		
		<p>La adoraci&#x00F3;n de los reyes, 673, 8-I-1867, pp. 1-2. </p>
		
		<p>Isabel de Josa, 675, 24-I-1867, pp. 18-19. </p>
		
		<p>Dos amores, 677, 8-II-1867, pp. 34-36. </p>
		
		<p>La maravilla de Catalu&#x00F1;a, 681, 8-III-1867, pp. 66-67. </p>
		
		<p>La resignaci&#x00F3;n, 683, 24-III-1867, pp. 83-84. </p>
		
		<p>Casandra Fedele, 687, 24-IV-1867, pp. 114-116. </p>
		
		<p>El &#x00E1;ngel de Polonia, 696, 30-VI-1867, pp. 186-188. </p>
		
		<p>La ciencia antigua, 698, 16-VII-1867, pp. 202-204. </p>
		
		
		

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