<?xml version="1.0" encoding="UTF-8"?><!DOCTYPE article PUBLIC "-//NLM//DTD Journal Publishing DTD v3.0 20080202//EN" "journalpublishing3.dtd"><article article-type="research-article" dtd-version="3.0" xml:lang="es" xmlns:mml="http://www.w3.org/1998/Math/MathML" xmlns:xlink="http://www.w3.org/1999/xlink">	<front>		<journal-meta>			<journal-id journal-id-type="publisher-id">Arbor</journal-id>			<journal-title-group>				<journal-title>ARBOR Ciencia, Pensamiento y Cultura</journal-title>				<abbrev-journal-title>Arbor</abbrev-journal-title>			</journal-title-group>			<issn pub-type="epub">0210-1963</issn>			<publisher>				<publisher-name>Consejo Superior de Investigaciones Cient&#x00ED;ficas</publisher-name>			</publisher>		</journal-meta>		<article-meta>			<article-id pub-id-type="publisher-id">arbor.2014.767n3013</article-id>			<article-id pub-id-type="doi">10.3989/arbor.2014.767n3013</article-id>			 			<article-categories>			<subj-group subj-group-type="heading">			<subject>MUJER Y PERIODISMO EN EL SIGLO XIX. LAS PIONERAS / WOMEN AND JOURNALISM IN THE 19TH CENTURY. THE PIONEERS</subject>			</subj-group>			</article-categories>	 	 							<title-group>				<article-title>La mirada social en la prensa: Concepci&#x00F3;n Arenal</article-title>				<trans-title-group xml:lang="en">					<trans-title>The social look in the press: Concepci&#x00F3;n Arenal</trans-title>				</trans-title-group>				<alt-title alt-title-type="running-head">CONCEPCI&#x00D3;N ARENAL</alt-title>			</title-group>						<contrib-group>				<contrib contrib-type="author" corresp="yes"> 					<name>					 <surname>Sim&#x00F3;n Palmer</surname>					 <given-names>Mar&#x00ED;a del Carmen</given-names>					</name>					<xref ref-type="aff" rid="U1"/>				</contrib>								<aff id="U1">Consejo Superior de Investigaciones Cient&#x00ED;ficas</aff>			</contrib-group>						<author-notes>				<corresp id="cor1">e-mail: <email xlink:href="carmen.simon@cchs.csic.es">carmen.simon@cchs.csic.es</email>				</corresp>			</author-notes>									<pub-date pub-type="epub">		<!-- NEW!! -->				<day>30</day>				<month>06</month>				<year>2014</year>			</pub-date>												<pub-date pub-type="collection">			<year>2014</year>			</pub-date>						<volume>190</volume>			<issue>767</issue>						<elocation-id content-type="doi">10.3989/arbor.2014.767n3013</elocation-id>			 <history>				<date date-type="received">					<day>03</day>					<month>07</month>					<year>2013</year>				</date>				<date date-type="accepted">					<day>06</day>					<month>04</month>					<year>2014</year>				</date>			 </history>			 			<permissions>				<copyright-statement>&#x00A9; 2014 CSIC</copyright-statement>				<copyright-year>2014</copyright-year>				<license license-type="open-access" xlink:href="http://creativecommons.org/licenses/by-nc/3.0/">					<license-p>Este es un art&#x00ED;culo de acceso abierto distribuido bajo los t&#x00E9;rminos de la licencia Creative Commons Attribution-Non Commercial (by-nc) Spain 3.0.</license-p>				</license>			</permissions>						<abstract xml:lang="es">				<title>RESUMEN</title>				<p>Concepci&#x00F3;n Arenal dej&#x00F3; en <italic>La Voz de la Caridad</italic>, sus opiniones sobre una serie de problemas sociales que, a&#x00FA;n hoy, siguen de plena actualidad aunque no han merecido tanta atenci&#x00F3;n como los referentes a la mujer, los presos o la pobreza. </p>			</abstract>						<trans-abstract xml:lang="en">				<title>ABSTRACT</title>				<p>In <italic>La Voz de la Caridad</italic> Concepci&#x00F3;n Arenal set out her views on a series of social problems that remain current even today, although though they have not received as much attention as those relating to women, prisoners, or poverty.</p>			</trans-abstract>						<kwd-group xml:lang="es">				<title>PALABRAS CLAVE</title>				<kwd>Concepci&#x00F3;n Arenal</kwd>				<kwd>La Voz de la Caridad</kwd>				<kwd>trabajos peligrosos</kwd>				<kwd>libertad de cultos</kwd>				<kwd>desahucios</kwd>				<kwd>alcoholismo</kwd>				<kwd>sueldo de obreros</kwd>				<kwd>Cajas de Ahorros</kwd>				<kwd>fiesta de toros</kwd>			</kwd-group>						<kwd-group xml:lang="en">				<title>KEYWORDS</title>				<kwd>Concepci&#x00F3;n Arenal</kwd>				<kwd>La Voz de la Caridad</kwd>				<kwd>dangerous jobs</kwd>				<kwd>freedom of religion</kwd>				<kwd>evictions</kwd>				<kwd>alcoholism</kwd>				<kwd>labour wages</kwd>				<kwd>savings banks</kwd>				<kwd>bullfights</kwd>			</kwd-group>		</article-meta>	</front>				<body>						<sec id="S0">		<title></title>				<p>Es muy dif&#x00ED;cil aportar alguna novedad sobre la obra de Concepci&#x00F3;n Arenal, una autora con una personalidad singular que rompi&#x00F3; con los roles asignados a su sexo y abord&#x00F3;, por escrito y sin concesiones, temas conflictivos como la situaci&#x00F3;n de los presos, de los pobres o de la mujer. </p>				<p>En el plano ideol&#x00F3;gico no se adscribi&#x00F3; a ninguna escuela pero estuvo cercana a un liberalismo cristiano, liberalismo que dej&#x00F3; m&#x00E1;s patente a medida que la situaci&#x00F3;n pol&#x00ED;tica se lo permiti&#x00F3;. Destaca asimismo el hermetismo que guarda de su vida privada, sin molestarse en desmentir la idea de una austeridad impuesta por las circunstancias econ&#x00F3;micas, que acompa&#x00F1;&#x00F3; con la negativa a dejarse fotografiar, de modo que solo qued&#x00F3; su imagen vestida de negro, sin ning&#x00FA;n adorno salvo el broche que menciona en su testamento de 1872, donde se define como propietaria y descubre una serie de propiedades de las que nunca hizo publicidad. Este secretismo no hubiera sido posible de no contar con personas que la mantuvieron alejada de las intrigas. Fue la primera su &#x00ED;ntima amiga Juana Vega, condesa de Espoz y Mina, adem&#x00E1;s de algunas figuras destacadas de la pol&#x00ED;tica como Ol&#x00F3;zaga y del mundo intelectual como Fernando de Castro, que incluso se acordar&#x00ED;an de ella en sus respectivos testamentos. Su hijo, Fernando, que en los &#x00FA;ltimos a&#x00F1;os hace de agente literario, concierta sus colaboraciones con L&#x00E1;zaro Galdiano en <italic>La Espa&#x00F1;a Moderna</italic> y se asegura antes las intenciones del editor con sus amigos krausistas. Sin embargo, a pesar de su independencia no pudo evitar en m&#x00E1;s de una ocasi&#x00F3;n ser v&#x00ED;ctima de las rencillas de la pol&#x00ED;tica y la destituci&#x00F3;n de sus cargos. </p>				<p>En los inicios de su carrera muestra su afici&#x00F3;n a la literatura con algunas composiciones po&#x00E9;ticas, tres obras de teatro, una novela y un libro de f&#x00E1;bulas en verso.  </p>				<p>Sus colaboraciones en la prensa no van a ser muy frecuentes. </p>				<p>En 1855, junto a su esposo, Garc&#x00ED;a Carrasco, comienza a colaborar en <italic>La Iberia</italic>, peri&#x00F3;dico liberal fundado por Pedro Calvo Asensio, y el 28 de julio de 1855 inicia el primero de una serie de siete art&#x00ED;culos que llevan como t&#x00ED;tulo “Watt, su vida y sus inventos”. Ya demuestra unos intereses diferentes de los propios de su sexo entonces, al fijarse en la figura de este ingeniero escoc&#x00E9;s cuya obra supuso un gran avance en la revoluci&#x00F3;n industrial, con la mejora de la m&#x00E1;quina de vapor y la creaci&#x00F3;n de la unidad de potencia que lleva su nombre.  </p>				<p>Tras el fallecimiento de su esposo, la primera colaboraci&#x00F3;n que encontramos es en <italic>El Cristianismo</italic>, de Madrid, ya interesada en la Filantrop&#x00ED;a y la Caridad (1862). Dos a&#x00F1;os m&#x00E1;s tarde es nombrada, el 4 de abril de 1864, Visitadora de Prisiones de Mujeres y se traslada a La Coru&#x00F1;a, donde conocer&#x00E1; personalmente a la condesa de Espoz y Mina, que se convertir&#x00E1; en una de sus mejores amigas y colaboradoras. En 1865 publica <italic>Cartas a los delincuentes</italic> (1865) donde trata de la necesidad de reformar el C&#x00F3;digo Penal, lo que provoca su cese inmediato.  </p>				<p>En <italic>El &#x00E1;lbum de las familias</italic> su firma aparece en 1866 junto a la de autoras como la espiritista Amalia Domingo Soler, Ventura Ruiz Aguilera, Hartzenbusch, &#x00C1;ngela Grassi, etc. Reproduce unas veces fragmentos de sus obras, como el titulado “El dolor”, extra&#x00ED;do del <italic>Manual del visitador del pobre</italic>: “Sin lucha, sin contrariedad, sin abnegaci&#x00F3;n, sin prueba, sin sacrificio, sin dolor, en fin, no es posible moralidad ni virtud” (<italic>&#x00C1;lbum de las Familias</italic>, 18-VI-1866); otras, breves “Pensamientos” sobre lo circunstancial que es la pobreza y la necesidad de hacer el bien quien no la sufre. (<italic>&#x00C1;lbum de las Familias</italic>, 13 y 27-VII-1866) </p>				<p>Tras la Revoluci&#x00F3;n del 68, el gobierno provisional presidido por Serrano la nombra Inspectora de Casas de Correcci&#x00F3;n de Mujeres, cargo que desempe&#x00F1;a hasta 1873, aunque mantiene una postura cr&#x00ED;tica ante las medidas pol&#x00ED;ticas que manifiesta en su <italic>Examen de las bases aprobadas por las Cortes para la reforma de las prisiones</italic> (1869). </p>				<p>Su vena patri&#x00F3;tica le lleva a escribir en diciembre de 1868 un poema en honor al marino, h&#x00E9;roe de la batalla del Callao, que hab&#x00ED;a fallecido poco antes: <italic>A M&#x00E9;ndez N&#x00FA;&#x00F1;ez</italic> [“Cuando surcas el pi&#x00E9;lago profundo…”] (<italic>El Moro Muza</italic>, 14-II-1869) </p>				<p>Cuando ya ha iniciado la publicaci&#x00F3;n de su gran revista altruista <italic>La Voz de la Caridad</italic>, reproduce alguno de sus poemas de los “Anales de la virtud”, en <italic>La Ilustraci&#x00F3;n de Madrid</italic> (1871); en <italic>El Abolicionista</italic> sus ideas sobre la esclavitud (1873-1875); en la <italic>Revista de Espa&#x00F1;a</italic> su “Juicio cr&#x00ED;tico sobre las obras del Padre Feijoo” (1875); en <italic>Los Ni&#x00F1;os</italic>, emplea la poes&#x00ED;a para hablarles del Padrenuestro, la Salve o la Semana Santa (1872-1876). De la misma manera que sorprende encontrar la firma de Rosario de Acu&#x00F1;a entre los figurines de <italic>El Correo de la Moda</italic>, sucede con Concepci&#x00F3;n Arenal, que en cinco art&#x00ED;culos sucesivos hablar&#x00E1; a las lectoras de esta publicaci&#x00F3;n sobre los perjuicios del servicio dom&#x00E9;stico, los asilos y las sociedades de beneficencia (<italic>El Correo de la Moda,</italic> 1878-1882). En los &#x00FA;ltimos diez a&#x00F1;os de su vida sus preferencias se inclinan por el <italic>Bolet&#x00ED;n de la Instituci&#x00F3;n Libre de Ense&#x00F1;anza,</italic> donde tiene grandes amigos y expone sus ideas acerca de la miseria y queda patente su preocupaci&#x00F3;n por la dignidad y libertad de la mujer y la necesidad de instruirla igual que al obrero y al preso.  </p>				<p>Su firma aparece tambi&#x00E9;n en <italic>La Ilustraci&#x00F3;n gallega y asturiana</italic> (1880-1881), <italic>El D&#x00ED;</italic>a (1881) y por &#x00FA;ltimo en <italic>La Espa&#x00F1;a Moderna</italic>, para la que L&#x00E1;zaro Galdiano consigue su participaci&#x00F3;n, ya en 1890. Hasta poco antes de fallecer continua trabajando y enviando sus composiciones simult&#x00E1;neamente a varias revistas, como la titulada “Desigualdad excesiva” en <italic>Las Dominicales del Librepensamiento</italic> (1892). El mismo mes en que muere aparece en <italic>La Ilustraci&#x00F3;n Espa&#x00F1;ola y Americana</italic> su poema “El proyectista” [“Si no ha mentido o se enga&#x00F1;a...”] sobre aquellos que no escuchan a los hombres sabios que proponen medidas para mejorar la sociedad (<italic>La Ilustraci&#x00F3;n Espa&#x00F1;ola y Americana</italic>, 22-II-1893).  </p>				<p>Siempre firm&#x00F3; sus escritos aunque en algunas publicaciones tuvo, en ocasiones, que advertir de su no adhesi&#x00F3;n a la doctrina de sus redactores. Esto sucede, por ejemplo, cuando tras admitir el gobierno en 1868 la libertad de asociaci&#x00F3;n, y crearse en 1872 <italic>Las Hijas del Sol</italic>, revista &#x00F3;rgano de la asociaci&#x00F3;n mas&#x00F3;nica del mismo nombre, al frente de la cual est&#x00E1; la Baronesa de Wilson, incluyen su nombre como colaboradora. Indignada, va a escudarse en su baja por enfermedad tras el fallecimiento de la Condesa de Mina, para negar cualquier vinculaci&#x00F3;n. </p>				<p>En 1873 se crea la rama femenina de la <italic>Asociaci&#x00F3;n Abolicionista</italic> a la que pertenecen ilustres masones y en la que inicialmente figura, pero pronto se separa. Tambi&#x00E9;n participa como secretaria de la Cruz Roja y tiene que enfrentarse de nuevo a la acusaci&#x00F3;n de pertenecer a una asociaci&#x00F3;n mas&#x00F3;nica por parte de <italic>El Consultor de los P&#x00E1;rrocos. </italic></p>				<p>Fuera de sus libros, puso la atenci&#x00F3;n en la publicaci&#x00F3;n de <italic>La Voz de la Caridad</italic>, subtitulada <italic>Revista quincenal de Beneficencia y Establecimientos Penales</italic>, fundada en 1870 y en la que, como en todos aquellos colectivos en que colabora, nunca figura como responsable, aunque de hecho lo fuera en gran medida.<xref ref-type="fn" rid="NOTE01">1</xref> En 1873 con motivo de la Exposici&#x00F3;n de Viena se les pide una explicaci&#x00F3;n hist&#x00F3;rica de sus or&#x00ED;genes, explica entonces que unas pocas personas concibieron la idea de fundar un peri&#x00F3;dico destinado a tratar exclusivamente las cuestiones de los pobres y de los presos y penados, porque pensaban que deb&#x00ED;an estar representados en la prensa, trabajando en ello gratuitamente para poder aplicar el producto de la subscripci&#x00F3;n al socorro de familias necesitadas (<italic>La Voz de la Caridad</italic>, 1-I-1873). Dos personas aportaron el capital inicial, la condesa de Espoz y Mina y Fernando de Castro que luego siguieron contribuyendo hasta que el peri&#x00F3;dico pudo sostenerse por s&#x00ED; mismo. </p>				<p>En la “protesta” inicial los redactores dejan claro que, si bien tienen sus propias ideas pol&#x00ED;ticas, estas quedan fuera de la revista, aunque se temen que los lectores tratar&#x00E1;n de formar un juicio pol&#x00ED;tico de ella (<italic>La Voz de la Caridad</italic>, 15-III-1870). </p>				<p>No se limitan a exponer las cuestiones relativas a los pobres y encarcelados sino que pronto a&#x00F1;aden hechos concretos: abren una suscripci&#x00F3;n para los heridos en la guerra franco- prusiana, establecen en Espa&#x00F1;a la instituci&#x00F3;n francesa del Patronato de los Diez, que en Par&#x00ED;s se llama <italic>Obra de las Familias</italic> y un Taller de Caridad, donde semanalmente se re&#x00FA;ne un grupo de se&#x00F1;oras y cosen ropa para los pobres, que entregaban los lectores en la redacci&#x00F3;n de la revista. Arenal propone que, adem&#x00E1;s de las noches de moda para acudir al teatro haya noche de caridad para vestir al desnudo (<italic>La Voz de la Caridad</italic>, 1-III-1872) y lo cierto es que puso a hacer hilas a las arist&#x00F3;cratas en el palacio de la Duquesa de Medinaceli, los a&#x00F1;os en que fue secretaria de la Cruz Roja. </p>				<p>Arenal no mantuvo ning&#x00FA;n contacto directo con Isabel II, aunque la condesa de Mina intercedi&#x00F3; por carta ante su antigua pupila para que colaborara en sus obras ben&#x00E9;ficas: S&#x00ED; va a obsequiar, en cambio, el primer tomo de la revista a la Reina Mar&#x00ED;a Victoria, esposa de Amadeo de Saboya, algo que no sorprende al ser su amigo Salustiano de Ol&#x00F3;zaga, embajador en Francia del monarca. La nueva revista ser&#x00ED;a apoyada por publicaciones de ideolog&#x00ED;a liberal, con responsables que en ese tiempo ocupaban algunos altos puestos en la Universidad. </p>				<p>Colaboran en ella, entre otros, Josefa Ugarte Barrientos, Ferm&#x00ED;n Caballero. Carlos Mª Perier, Emilia Mijares del Real, Leopolda Gass&#x00F3; y Vidal, Joaquina Garc&#x00ED;a Balmaseda, Micaela de Silva, etc. </p>				<p>Poco conocida es la mutua admiraci&#x00F3;n entre Concepci&#x00F3;n Arenal y Gertrudis G&#x00F3;mez de Avellaneda y de esta con Guerola. El a&#x00F1;o 1871, publican una carta suya pidiendo ayuda para un convento de cuarenta monjas desvalidas, que han sufrido un incendio y una inundaci&#x00F3;n (<italic>La Voz de la Caridad</italic>, 15-III-1871). Dos a&#x00F1;os despu&#x00E9;s, se da noticia de un nuevo legado de la se&#x00F1;ora Avellaneda, son siete onzas de oro para siete pobres ciegos o baldados, cantidad de la que Hacienda se quedar&#x00E1; con el diez por ciento (<italic>La Voz de la Caridad</italic>, 1-III-1873). </p>				<p>Pero sin duda su <italic>alter ego </italic>fue hasta su fallecimiento Juana Vega, condesa de Espoz y Mina, aya en su juventud de Isabel II y escritora de las memorias de su esposo. Juntas desarrollaron una gran labor ben&#x00E9;fica y Arenal estuvo a su lado cuando cay&#x00F3; enferma en una casa de hu&#x00E9;spedes, de viaje, por lo que dej&#x00F3; un tiempo la revista para atenderla porque la condesa no ten&#x00ED;a parientes cercanos, Al regresar agradece a todos los que se han interesado por ella (<italic>La Voz de la Caridad</italic>, 1-XII-1871), y cuando fallece se le dedica gran parte de un n&#x00FA;mero con la portada orlada de luto. Pilar Matamoros de Tornos, amiga de ambas, resalta su vida ejemplar y consagrada al alivio y consuelo de los sufrimientos, Emilia Mijares le dedica un poema y el conde de Ripalda da el p&#x00E9;same a Arenal (<italic>La Voz de la Caridad</italic>, 1-VII-1872). Quince d&#x00ED;as despu&#x00E9;s, Fernando de Castro escribe “A los que lloran a la Condesa de Mina” y el 15 de agosto se habla del entierro y de su testamento. Sabemos que Concepci&#x00F3;n Arenal cae enferma y deja de escribir unos meses, despu&#x00E9;s de los que su colaboraci&#x00F3;n contin&#x00FA;a sin interrupci&#x00F3;n hasta el a&#x00F1;o 1875, cuando la mujer de su hijo sufre una enfermedad irreversible de la que muere ese a&#x00F1;o. Entonces se trasladar&#x00E1; de Madrid a Gij&#x00F3;n, donde Fernando obtuvo plaza de ingeniero en el puerto. </p>				<p>En 1874, al fallecer Fernando de Castro, Arenal, que pierde un gran amigo, recuerda c&#x00F3;mo cuatro a&#x00F1;os fue una de las dos personas que aportaron fondos para publicar <italic>La Voz de la Caridad</italic> y pertenec&#x00ED;a a dos Decenas, un organismo creado por ella por el que diez personas se hac&#x00ED;an cargo de una familia, adem&#x00E1;s de ofrecer frecuentes limosnas para los pobres (<italic>La Voz de la Caridad</italic>, 15-V-1874). </p>				<p>Se supone que las relaciones de Arenal con Antonio Guerola, el otro <italic>factotum</italic> de la revista, fueron cordiales puesto que ambos estuvieron al principio al frente de la publicaci&#x00F3;n y &#x00E9;l la sustituy&#x00F3; en los periodos de baja escribiendo m&#x00E1;s art&#x00ED;culos y buscando otros autores para llenar los n&#x00FA;meros. Por eso extra&#x00F1;a su comentario sobre la obra francesa <italic>Le Visiteur du pauvre</italic>, de Mr. de Gerande, premiada en 1820 por la Academia Francesa, que era poco conocida en Espa&#x00F1;a y no hab&#x00ED;a sido traducida. Establece una comparaci&#x00F3;n con la de Concepci&#x00F3;n Arenal, <italic>El visitador del pobre</italic>, publicada bastantes a&#x00F1;os antes que su art&#x00ED;culo, en 1863 (31-I-1871) Cuando Guerola entre en pol&#x00ED;tica dejar&#x00E1; el cargo de director y a&#x00F1;os despu&#x00E9;s, al intentar volver, Arenal le aconsejar&#x00E1; no hacerlo. </p>				<p>En 1871 es nombrada secretaria general de la Cruz Roja de Madrid, y desde entonces <italic>La Voz de la Caridad</italic> dar&#x00E1; cuenta de todas sus iniciativas durante las guerras carlistas. Su defensa de este organismo, que act&#x00FA;a bajo el lema: “Los enemigos heridos son hermanos”, le supone un ataque en <italic>El Consultor de los p&#x00E1;rrocos</italic>, escrito por un sacerdote. Cuando se dispone a protestar se entera de que la Asociaci&#x00F3;n ha encargado su defensa a D. Antonio Balb&#x00ED;n y Unquera (<italic>La Voz de la Caridad</italic>, 1-XII-1873). </p>				<p>Arenal inicia su colaboraci&#x00F3;n con “La ley y la Beneficencia” ante su posible reforma, ya que la existente la centralizaba, y a&#x00F1;os m&#x00E1;s tarde recoger&#x00E1; sus art&#x00ED;culos sobre Beneficencia y Prisiones en cinco vol&#x00FA;menes de sus <italic>Obras Completas</italic> (Arenal, 1900-1901, pp. 18-21). </p>				<p>Da la impresi&#x00F3;n de que la vocaci&#x00F3;n literaria de Arenal era la poes&#x00ED;a y eso explica la cantidad de composiciones en verso que, con un tono siempre moralista, compone para ilustrar en su revista distintos tipos de desgracias o heroicidades en esos primeros a&#x00F1;os, casi todos bajo el ep&#x00ED;grafe <italic>Anales de la virtud,</italic> donde deja claro en qu&#x00E9; consiste para ella la virtud: la “Resignaci&#x00F3;n” como consuelo, la “Dignidad. Amor al trabajo” [¡Pobre Jaime! ¡Cu&#x00E1;n alegre…], que narra la historia de un joven inv&#x00E1;lido que decide estudiar; “La limosna del pobre” [En una humilde vivienda…], sobre la limosna que da una desvalida para los pobres. </p>				<p>Tambi&#x00E9;n utiliza el verso para ensalzar actos heroicos: en la “Precocidad para el bien” relata la salvaci&#x00F3;n de un ni&#x00F1;o por otro que ha sido premiado por la Sociedad Econ&#x00F3;mica de Barcelona, el caso de un empleado de la Bolsa que hab&#x00ED;a devuelto un saco lleno de valores a su propietario: “Probidad her&#x00F3;ica”: [Ser&#x00E1; la gloria y la fama…] (<italic>La Voz de la Caridad</italic>, 15-VIII-1870), o el largu&#x00ED;simo titulado “Abnegacion her&#x00F3;ica. Francisco Sola” [No es en humilde romance,…], sobre este hombre que salva a los tripulantes de un barco y al que acaba aconsej&#x00E1;ndole que se cuide “que no te queremos m&#x00E1;rtir / los que te hemos visto santo” (<italic>La Voz de la Caridad</italic>, 1-I-1873). Ante cada desgracia en distintas provincias: inundaciones, epidemias, Arenal escribe un poema solicitando ayuda. </p>				<p>Adem&#x00E1;s de los asuntos que menciona el subt&#x00ED;tulo de la revista y que han sido objeto de estudios rigurosos, hay otros colaterales intercalados en los que vamos a detenernos por su actualidad dentro de una inmensa obra, muy estudiada. </p>				</sec>				<sec id="S1">		<title>1. TRABAJOS INSALUBRES Y PELIGROSOS </title>				<p>Bajo este ep&#x00ED;grafe general nos deja sus opiniones sobre profesiones que hoy se han transformado y por eso resulta interesante su descripci&#x00F3;n. Por ejemplo, el <italic>cartero</italic> vest&#x00ED;a entonces con levita abierta con bot&#x00F3;n dorado, vuelta encarnada en la manga, gorra con vivo y visera, llevaba una bolsa de cuero y un paquete de papeles, andaba deprisa y ca&#x00ED;a enfermo a menudo por el fr&#x00ED;o que pasaba hasta que acud&#x00ED;a el interesado a recoger su carta: a&#x00FA;n no exist&#x00ED;an los buzones en las casas. La &#x00FA;nica compensaci&#x00F3;n era una propina en navidad (<italic>La Voz de la Caridad</italic>, 15-X-1873). </p>				<p>Otro trabajo que considera, en este caso peligroso, es el del <italic>marinero</italic> (<italic>La Voz de la Caridad</italic>, 1-XI-1873) porque al estar muchos meses inactivo suele caer en algunos vicios. </p>				<p>El <italic>servicio dom&#x00E9;stico</italic> es otra de las profesiones que considera censurables y que recomienda suprimir en aquellas casas que no sean ricas. Comprende que llevar&#x00E1; tiempo el conseguir un cambio de h&#x00E1;bitos en Espa&#x00F1;a porque, aunque las aspiraciones a la independencia y a la igualdad son inevitables, el que las se&#x00F1;oras acepten que pueden hacer muchas tareas dom&#x00E9;sticas, sin dejar de serlo, no es sencillo. Est&#x00E1; convencida de lo dif&#x00ED;cil que es que la criada y el criado no sean un elemento de inmoralidad en el hogar dom&#x00E9;stico, adem&#x00E1;s de la ruina que suponen para muchos hogares y est&#x00E1; convencida de que la soluci&#x00F3;n vendr&#x00E1; de los adelantos cient&#x00ED;ficos e industriales aplicados al hogar (<italic>La Voz de la Caridad</italic>, 1-III-1878). </p>				<p>Otro trabajo peligroso, entonces y ahora, es el de los obreros y especialmente el del <italic>alba&#x00F1;il</italic>, v&#x00ED;ctima por los frecuentes accidentes que padece y que podr&#x00ED;an evitarse f&#x00E1;cilmente, por ejemplo, con poner barandillas y redes en los andamios como hacen en el extranjero. Propone la creaci&#x00F3;n de una “Asociaci&#x00F3;n protectora de la salud y de la vida de los obreros”, que se ocupe de que sean indemnizados debidamente por los perjuicios causados, tras discutir si es el Estado el que debe atender al inv&#x00E1;lido del trabajo o corresponde al patr&#x00F3;n (<italic>La Voz de la Caridad</italic>,15-IV-1876 y 1-V-1876). </p>				</sec>				<sec id="S2">		<title>2. LA LIBERTAD DE CULTOS </title>				<p>No oculta Arenal nunca sus creencias religiosas de modo que cuando salta la pol&#x00E9;mica de la libertad de cultos en 1871, ya bajo el reinado de Amadeo I, ella va a defender la necesidad del regreso de las Hermanas de la Caridad a las casas de beneficencia porque cree que un establecimiento de este tipo “necesita religi&#x00F3;n”. Ante el argumento de que el Estado no la tiene, defiende que la libertad consiste en no imponerla, no en suprimirla, porque nunca es una negaci&#x00F3;n, (<italic>La Voz de la Caridad</italic>, 15-IX-1871). Esas Hermanas junto a otras &#x00F3;rdenes religiosas van a encargarse de una funci&#x00F3;n, que por desgracia ha vuelto a ser importante en nuestros d&#x00ED;as, como es el reparto de comida, los hoy llamados comedores sociales y entonces <italic>Comedores de caridad</italic>, en una sociedad con multitud de mendigos tan bien reflejados en la literatura por Gald&#x00F3;s o Baroja. La misma reina Mar&#x00ED;a Victoria costea entonces dos mil raciones diarias de comida pero el sistema de distribuci&#x00F3;n de los bonos no se hace bien, como se&#x00F1;ala Arenal desde su revista, porque obliga a que pasen dos horas diarias bajo la lluvia y el fr&#x00ED;o (<italic>La Voz de la Caridad</italic>, 15- I-1872). </p>				<p>Vuelve a insistir en la necesidad del culto, esta vez en el ej&#x00E9;rcito, de manera que las ambulancias lleven un capell&#x00E1;n, y tambi&#x00E9;n en las prisiones porque considera que, especialmente a las de mujeres les sirve de consuelo (<italic>La Voz de la Caridad</italic>, 1-IX-1873). </p>				</sec>				<sec id="S3">		<title>3. LOS DESAHUCIOS Y LA FALTA DE VIVIENDAS SOCIALES </title>				<p>En 1871, Arenal publica su art&#x00ED;culo “El cochero que merec&#x00ED;a andar dentro del coche” (<italic>La Voz de la Caridad</italic>, 15-III-1871), donde plantea en forma de noticia un tema de plena actualidad como el del desalojo de las viviendas. En su caso, la protagonista ha sido una anciana desvalida en la calle de la Reina que no ha podido pagar su alquiler y a la que acaba socorriendo un cochero que habita en la buhardilla vecina: “Las prevenciones de clase son siempre injustas; el pensar as&#x00ED; desfavorablemente es malo y hace mal”, concluye Arenal. </p>				<p>La situaci&#x00F3;n de la vivienda en la capital, con una afluencia de personas que llegaban del campo para tratar de incorporarse a la industria, era cr&#x00ED;tica por su escasez y carest&#x00ED;a.La idea de crear una sociedad de caridad para construir viviendas para obreros, <italic>La Constructora Ben&#x00E9;fica</italic>, surgi&#x00F3; a ra&#x00ED;z de un donativo hecho el a&#x00F1;o 1872 por la condesa Krasinski en Par&#x00ED;s, al embajador entonces en la capital francesa, Salustiano de Ol&#x00F3;zaga. A la cantidad inicial se a&#x00F1;adi&#x00F3; la aportada en su testamento por Gertrudis G&#x00F3;mez de Avellaneda y el producto de la suscripci&#x00F3;n abierta en Paris, todo lo cual ascend&#x00ED;a, ya en el mes de mayo de 1875, a 200.000 reales, aproximadamente. Ese a&#x00F1;o, el alcalde, conde de Toreno, re&#x00FA;ne a personalidades de ideolog&#x00ED;a distinta y a varios diarios para llevar a cabo la idea y elaborar los estatutos (<italic>La Voz de la Caridad</italic>, 15-VI-1875). </p>				<p>Arenal reconoce que muchas personas no est&#x00E1;n de acuerdo con un barrio exclusivo para obreros, que quedar&#x00ED;an aislados, y lo comprende: “pero la hostilidad entre las clases es m&#x00E1;s profunda aislando la vivienda que separando el coraz&#x00F3;n”. Argumenta que hay muchos m&#x00E1;s pobres que ricos, que el valor de las casas de estos es prohibitivo para ellos, entre otras cosas porque cuando se derriba una vivienda humilde se construye otra mejor lo que obliga a varias familias pobres a vivir api&#x00F1;adas de alquiler. En los grandes barrios que se han hecho entonces para ricos, Salamanca y Argüelles, no hay habitaciones para ellos; hab&#x00ED;a algunas en el de Pozas en condiciones higi&#x00E9;nicas y econ&#x00F3;micas que no eran deseables. </p>				<p>Defiende nuestra autora la separaci&#x00F3;n por clase econ&#x00F3;mica para evitar que en un portal lujoso coincidiera el que habitaba en una miserable “boardilla” e iba descalzo con el vecino que ten&#x00ED;a un lujoso gabinete (<italic>La Voz de la Caridad</italic>, 15-V-1876). </p>				<p>Las viviendas que se proyectaban, modestas pero higi&#x00E9;nicas, permitir&#x00ED;an que pagando unas cuotas mensuales pudieran llegar a ser propietarios al cabo de unos a&#x00F1;os. Compraron unos terrenos en el barrio de Pac&#x00ED;fico, a ambos lados de la calle de la Caridad, esquina a la Ciudad de Barcelona. A&#x00F1;os despu&#x00E9;s esta Asociaci&#x00F3;n construir&#x00ED;a viviendas en la calle de su nombre y Tenerife, en Cuatro Caminos y en 1876 unas casitas unifamiliares en el barrio de Tetu&#x00E1;n, dise&#x00F1;adas por el arquitecto Arturo Calvo Tomel&#x00E9;n. </p>				<p>3.1. <italic>La repatriaci&#x00F3;n.</italic> Hemos visto c&#x00F3;mo en el &#x00FA;ltimo tercio del siglo XIX llegan a la capital gentes del extranjero y de otras provincias tras pasar un aut&#x00E9;ntico calvario en el camino en muchos casos. En su trabajo “Al pueblo de su naturaleza”, Arenal explica que cuando se les reenv&#x00ED;a a su pueblo de origen de manera forzada, ya sean d&#x00E9;biles o fuertes, peligrosos o inofensivos se encuentran sin nada que hacer y repiten lo que hac&#x00ED;an en la ciudad: los trabajadores intentar buscar trabajo y los holgazanes vagar, y todos acaban pidiendo para comer casi sin excepci&#x00F3;n  </p>				<p>Los pueblos peque&#x00F1;os carec&#x00ED;an de medios y si en la capital no exist&#x00ED;a “trabajo para los &#x00FA;tiles, caridad para los impedidos y c&#x00E1;rcel para los delincuentes”, los alcaldes de los pueblos eran a&#x00FA;n m&#x00E1;s impotentes para ocuparse de ellos y, por lo general, los vecinos trataban de proteger a los mendigos frente a los agentes de la autoridad. </p>				<p>...Esta deb&#x00ED;a meditar sobre el hecho; considerar si la conciencia p&#x00FA;blica est&#x00E1; extraviada o el funcionario se extralimita, y preguntarse por qu&#x00E9; se aplaude a la polic&#x00ED;a cuando reduce a prisi&#x00F3;n a un delincuente, y se la censura cuando lleva preso a un mendigo (<italic>La Voz de la Caridad</italic>, 1-V-1880 y 1-VI-1880). </p>				<p>Diferencia entre el <italic>mendigo</italic> y el que <italic>pide limosna</italic>. Mendigo es el que vive de implorar constante y p&#x00FA;blicamente la caridad y los hay de dos clases: unos que no pueden trabajar, y otros que no quieren. </p>				</sec>				<sec id="S4">		<title>4. EL ALCOHOLISMO </title>				<p>Entre los muchos retratos de los problemas sociales que la rodean, Arenal va a detenerse en uno de los m&#x00E1;s generales entre las clases humildes, el de la embriaguez, que para ella tiene todos los caracteres esenciales del delito y habr&#x00ED;a que penarlo, porque ataca a la moral y produce una honda perturbaci&#x00F3;n social. Como cree que el pobre empieza a beber por distracci&#x00F3;n, divide las diversiones en juegos y tertulias que deber&#x00ED;an ser honestas e instructivas (<italic>La Voz de la Caridad</italic>, 1-II-1874).<italic> </italic></p>				<p>Reconoce que la opini&#x00F3;n p&#x00FA;blica es permisiva y no lo considera punible, ella cree que es un vicio de gente ordinaria; una rareza en las personas decentes; en suma, la embriaguez no es un delito ni una deshonra, y el gobierno que recorta derechos civiles o pol&#x00ED;ticos no le niega a ning&#x00FA;n espa&#x00F1;ol el de embriagarse. Opina que el espa&#x00F1;ol es “naturalmente sobrio”, de manera que si la ley y la opini&#x00F3;n p&#x00FA;blica condenasen la embriaguez pronto disminuir&#x00ED;a. Tres a&#x00F1;os despu&#x00E9;s reconoce que no basta con considerarla un delito porque es preciso a la vez condenar a la taberna que lo permite con un aumento de la contribuci&#x00F3;n: “Los cr&#x00ED;menes y los vicios de los pobres salen casi todos de sus pasatiempos, que nadie procura que sean racionales, honestos y hasta instructivos, como pod&#x00ED;an ser” (<italic>La Voz de la Caridad</italic>, 15-II-1876)  </p>				<p>En su art&#x00ED;culo “Vicio, delito y crimen” explica que en Inglaterra se considera a la dipsoman&#x00ED;a como locura, algo con lo que no est&#x00E1; conforme y se mantiene en su idea de delito y pide que se la persiga directa o indirectamente, aunque con cierta blandura, en consideraci&#x00F3;n a la dificultad de la enmienda tras muchos a&#x00F1;os de culpa e insiste de nuevo en la necesidad de diversiones racionales (<italic>La Voz de la Caridad</italic>, 1-IV-1876). </p>				</sec>				<sec id="S5">		<title>5. EL SUELDO DE LOS OBREROS </title>				<p>Resulta interesante la opini&#x00F3;n de Arenal, propietaria y madre de un ingeniero de los de entonces, sobre las retribuciones convenientes a los obreros por su trabajo. En el art&#x00ED;culo “¿El alto salario es el bienestar del obrero?” (<italic>La Voz de la Caridad</italic>, 15-XII-1876) se muestra convencida de que un salario alto y seguro conduce al derroche y toma como ejemplo la situaci&#x00F3;n de la f&#x00E1;brica de cristales de Gij&#x00F3;n, donde los operarios no son ricos pero hacen su capitalito, lo mandan a su pa&#x00ED;s si son extranjeros, se dedican a los negocios o se dan a la buena vida y lo gastan en comer y beber. La pobreza, tambi&#x00E9;n moral e intelectual que les supone no se remedia solo con un sueldo alto y destaca su diferente reacci&#x00F3;n frente a las clases bien acomodadas, que si no hacen econom&#x00ED;as, gastan en cultivar su esp&#x00ED;ritu o en proporcionarle goces con los libros, la m&#x00FA;sica, teatro, etc. La inexistencia de equilibrio entre los medios materiales y los intelectuales en la gente llamada “baja” con altos salarios es un peligro porque carecen de freno, aunque comprende que pidan aumento de salario. </p>				</sec>				<sec id="S6">		<title>6. LA CAJA DE AHORROS DE MADRID </title>				<p>Las Cajas de Ahorro se fundaron en Espa&#x00F1;a en el siglo XVIII, y la de Madrid en 1702 por Francisco Piquer, con una finalidad ben&#x00E9;fica. Arenal va a cuestionar su gesti&#x00F3;n y algunas de sus decisiones en 1879 y explica as&#x00ED; el funcionamiento: </p>				<p>...el Monte de Piedad y Caja de Ahorros dice al p&#x00FA;blico: Si quieres traerme tus econom&#x00ED;as, las prestar&#x00E9; al 7 por 100, aproximadamente, y te dar&#x00E9; el cuatro; ya que el r&#x00E9;dito sea tan mezquino, tan poco a prop&#x00F3;sito para estimularte al ahorro, al menos tendr&#x00E1;s seguridad (<italic>La Voz de la Caridad</italic>, 15-V-1879). </p>				<p>La entidad respond&#x00ED;a de los fondos que se le confiaban formando reglamentos, exigiendo formalidades, tomando precauciones y nombrando empleados. La realizaci&#x00F3;n de sus fines es lo que ya entonces Arenal pon&#x00ED;a en duda: “mi fianza material es un capital cuantioso, mi fianza moral es mi cr&#x00E9;dito, mi justicia la respetabilidad de las personas que dirigen mis asuntos” (<italic>La Voz de la Caridad</italic>, 15-V-1879). </p>				<p>En su caso, la falta de confianza ha surgido tras un incidente donde la estafada ha sido la propia Caja y no el imponente, de manera que aunque su empleado resulte culpable, la entidad tiene que pagar la cantidad estafada, porque el p&#x00FA;blico no conf&#x00ED;a el dinero a un empleado sino a la Caja.  </p>				<p>Para vencer el obst&#x00E1;culo de la falta de fondos, las Cajas sol&#x00ED;an unirse a los Montes de Piedad, de modo que con las econom&#x00ED;as del impositor hac&#x00ED;an el anticipo al que necesitaba un pr&#x00E9;stamo. La combinaci&#x00F3;n era beneficiosa en opini&#x00F3;n de Arenal, siempre que la diferencia fuera escasa entre lo que ofrece de inter&#x00E9;s y lo que pide por el pr&#x00E9;stamo. Cuando esta era muy grande, como suced&#x00ED;a en la Caja de Ahorros y Monte de Piedad de Madrid, no animaba a confiar los ahorros por la escasez de inter&#x00E9;s que ofrec&#x00ED;a: “Es deplorable, por muchos conceptos, que las econom&#x00ED;as del pobre no hallen empleo m&#x00E1;s beneficioso, o que cuando tiene que pedir prestado se le exija tanto inter&#x00E9;s”. </p>				<p>Concluye con una cr&#x00ED;tica al gasto superfluo que acaba de realizar el Monte de Piedad de Madrid con el nuevo edificio, en un solar que ha costado un gran capital, en el centro de la capital, que no era el lugar donde estaban los pobres, con lujo arquitect&#x00F3;nico en la decoraci&#x00F3;n de los salones y las elegantes habitaciones de los empleados: </p>				<p>…las pretensiones de servir la est&#x00E9;tica dan por resultado la deformidad moral de 	hacer gastos innecesarios a costa de los necesitados, a quienes no producir&#x00E1; buen efecto el lujo que all&#x00ED; ven, y precisamente en un momento en que el contraste con su situaci&#x00F3;n debe dar lugar a reflexiones que no redundan en 	elogio del establecimiento, y que probablemente har&#x00ED;a el fundador si viviera (<italic>La Voz de la Caridad</italic>, 15-III- 1880). </p>				<p>Censura el que la epidemia del lujo haya afectado incluso a lugares donde no deb&#x00ED;a existir y que, como contraste con los excesivos intereses que pide por los pr&#x00E9;stamos, tenga un horario muy corto de apertura y no acepte muchos objetos, lo que llevaba a muchos al usurero. </p>				</sec>						<sec id="S7">		<title>7. LA FIESTA DE LOS TOROS </title>				<p>La carta enviada por un lector a Arenal manifestando su perplejidad por la reacci&#x00F3;n negativa de su esposa e hija, a las que hab&#x00ED;a invitado a una corrida de toros, va a permitir a nuestra autora exponer, sin ninguna clase de diplomacia, su opini&#x00F3;n sobre la fiesta. Achaca a la rutina y falta de razonamiento en una persona culta el no considerar la acci&#x00F3;n en s&#x00ED;, sin tener en cuenta los elogios o ataques de que es objeto. Duda de que la mayor&#x00ED;a de los espa&#x00F1;oles sea favorable a un espect&#x00E1;culo sangriento y, en cualquier caso, cree que hay que guiarse no por el juicio de los m&#x00E1;s, sino de los mejores. &#x00C9;l ha seguido el ejemplo de su padre y del vulgo moral, al que considera aunque vaya bien vestido y en coche. </p>				<p>Reconoce el atractivo poderoso de la lucha para los hombres, y su poder para embotar la sensibilidad de las masas. En las corridas, los espectadores se acostumbran a los horrores y multiplican sus instintos crueles por lo que es necesario que la sociedad contenga las malas inclinaciones humanas y fomente las buenas, que son justo las contrarias a esa lucha sangrienta que adem&#x00E1;s est&#x00E1; presidida por la autoridad y protegida por la ley. </p>				<p>Se convierte al toro, que es un animal manso y &#x00FA;til, en una fiera que trata de huir y que ataca cuando le obligan en una reacci&#x00F3;n natural en leg&#x00ED;tima defensa frente al agresor, por lo que Arenal considera grave el que el m&#x00E1;s razonable en la Plaza de Toros sea el toro. </p>				<p>Adem&#x00E1;s de la inmoralidad que supone torturar a un animal inocente, cree que no hay raz&#x00F3;n alguna para que un hombre arriesgue su vida por dinero y para diversi&#x00F3;n de otros, aunque puede alegar como atenuante el que es un hombres sin instrucci&#x00F3;n, pobre y al que tienta el poder convertirse en rico, ser admirado e invitado por los grandes que le regalan joyas y le invitan a su mesa. </p>				<p>Reconoce que los espectadores no son los pobres, que no pueden pagar la entrada sino la gente “distinguida”, la aristocracia y la clase culta se ponen al nivel de la plebe m&#x00E1;s ignorante con su lenguaje, maneras groseras y dureza, todos se convierten en chusma El peor es el presidente, que como funcionario p&#x00FA;blico autoriza todo aquel sangriento espect&#x00E1;culo que, en lugar de buscar el bien, coopera al mal: </p>				<p>¿No quieren todos que haya muchos caballos muertos, muchas tripas colgando, mucha horrible tortura de aquellos nobles y &#x00FA;tiles animales, servidores del hombre, que, en pago de que le auxiliaron toda la vida, les da por diversi&#x00F3;n una horrible muerte? ¿No llaman todos <italic>bueno</italic> al toro que hace m&#x00E1;s da&#x00F1;o, mejor cuantos m&#x00E1;s dolores causa y pone en mayor peligro la vida de los lidiadores? (<italic>La Voz de la Caridad</italic>, 1-VI-1877). </p>				<p>Todos cooperan al enriquecimiento de los empresarios, “traficantes de dolores y sangre” y del torero que gana en tres horas lo que un trabajador en un a&#x00F1;o. Le sorprende que se entusiasmen por la habilidad del diestro y no lo hagan ante una obra de arte o un descubrimiento cient&#x00ED;fico, de la misma manera que tras ser herido de muerte un lidiador contin&#x00FA;en divirti&#x00E9;ndose en la plaza. </p>				<p>Su conclusi&#x00F3;n es que en la Plaza el p&#x00FA;blico es la fiera y le sorprende el cartel en que se le dice: “que en caso de inutilizarse los cinco picadores no tiene derecho a pedir que salgan m&#x00E1;s” (<italic>La Voz de la Caridad</italic>, 1-VI-1877). </p>				<p>Queda palpable c&#x00F3;mo a&#x00FA;n perviven en Espa&#x00F1;a muchos de los problemas planteados ya en el siglo XIX por esta mujer excepcional, que tuvo la valent&#x00ED;a de defender sus ideas frente al poder establecido, aunque en ocasiones este estuviera en manos amigas. </p>				</sec>			</body>	<back>			<sec id="notas">			<title>NOTAS</title>			<fn-group>				<fn id="NOTE01"><label>1</label><p>Los 23 n&#x00FA;meros anuales formaban un tomo y el precio de la suscripci&#x00F3;n era de 10 reales al semestre en provincias, 19 rs. en las Antillas espa&#x00F1;olas y 15 rs. en el extranjero. A los tres a&#x00F1;os de su existencia, en 1873, tan solo llegaban al millar. El tomo V, en 1875, se subtitula ya <italic>Revista quincenal de beneficencia y establecimientos penales y &#x00F3;rgano oficial de la Secci&#x00F3;n de Se&#x00F1;oras de la Cruz Roja</italic> (LVC,15-III-1875).</p></fn>						</fn-group>		</sec>				<app-group>			<app>				<title>AP&#x00C9;NDICE </title>								<p>Concepci&#x00F3;n Arenal. Trabajos en prensa citados </p>								<p><italic>La Iberia</italic>, Madrid, 1855 </p>								<p><italic>El Cristianismo</italic>, Madrid, 1862 </p>								<p><italic>El &#x00C1;lbum de las Familias</italic>, Madrid, 1866 </p>								<p><italic>El Moro Muza</italic>, La Habana, 1869 </p>								<p><italic>La Voz de la Caridad</italic>, Madrid, 1870—1884 </p>								<p><italic>La Ilustraci&#x00F3;n de Madrid, </italic> Madrid, 1871 </p>								<p><italic>El Abolicionista</italic>, Madrid, 1873, 1875 </p>								<p><italic>Revista de Espa&#x00F1;a,</italic> Madrid, 1875 </p>								<p><italic>El Correo de la Moda</italic>, Madrid, 1878-9, 1882 </p>								<p><italic>La Ilustraci&#x00F3;n gallega y asturiana</italic>, Madrid, 1880-1881 </p>								<p><italic>Bolet&#x00ED;n de la Instituci&#x00F3;n Libre de Ense&#x00F1;anza,</italic> Madrid, 1883, 1884, 1889-1893 </p>								<p><italic>La Ilustraci&#x00F3;n Espa&#x00F1;ola y Americana,</italic> Madrid, 1892 </p>								<p><italic>Las Dominicales del Librepensamiento</italic>, Madrid, 1892 </p>								<p><italic>La Espa&#x00F1;a Moderna</italic>, Madrid, 1889-1895</p>										 			</app>		</app-group>				</back></article>