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			<journal-id journal-id-type="publisher-id">Arbor</journal-id>
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				<journal-title>ARBOR Ciencia, Pensamiento y Cultura</journal-title>
				<abbrev-journal-title>Arbor</abbrev-journal-title>
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			<issn pub-type="epub">0210-1963</issn>
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				<publisher-name>Consejo Superior de Investigaciones Cient&#x00ED;ficas</publisher-name>
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			<article-id pub-id-type="publisher-id">arbor.2014.769n5015</article-id>
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			<subject>ART&#x00CD;CULO / ARTICLE</subject>
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				<article-title>Una iconograf&#x00ED;a del ojo en Un chien andalou</article-title>
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					<trans-title>Iconography of the eye in Un chien andalou</trans-title>
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				<alt-title alt-title-type="running-head">Una iconograf&#x00ED;a del ojo en Un chien andalou</alt-title>
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					 <surname>Clariana Rodagut</surname>
					 <given-names>Ainamar</given-names>
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				<aff id="U1">Universitat Pompeu Fabra</aff>
	
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				<day>31</day>
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				<year>2014</year>
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			<year>2014</year>
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			<volume>190</volume>
			<issue>769</issue>
			
			<elocation-id content-type="doi">10.3989/arbor.2014.769n5015</elocation-id>

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					<license-p>Este es un art&#x00ED;culo de acceso abierto distribuido bajo los t&#x00E9;rminos de la licencia Creative Commons Attribution-Non Commercial (by-nc) Spain 3.0.</license-p>
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			<abstract xml:lang="es">
				<title>RESUMEN</title>
				<p>Este art&#x00ED;culo tiene como objeto realizar un an&#x00E1;lisis del motivo visual del ojo en <italic>Un chien andalou</italic>. El ojo, que en esta pel&#x00ED;cula es rasurado con una cuchilla, tiene una funci&#x00F3;n simb&#x00F3;lica que recorre toda la filmograf&#x00ED;a de su director. Numerosos ojos aparecen en toda su obra, desde los de los ciegos de nacimiento, una figura esencial en su cine, hasta las alusiones al ojo del espectador. En este art&#x00ED;culo realizo una lista de las veces que aparece el motivo del ojo en la obra del cineasta aragon&#x00E9;s y mediante los presupuestos de la teor&#x00ED;a de la recepci&#x00F3;n interpreto el significado de dicho s&#x00ED;mbolo visual en la filmograf&#x00ED;a de su autor. Se concluye que el ojo en la obra de Luis Bu&#x00F1;uel alude a la procedencia interior de las im&#x00E1;genes que componen el film, es decir, a una reflexi&#x00F3;n del mismo autor sobre su proceso creativo.</p>
			</abstract>
			
			<trans-abstract xml:lang="en">
				<title>ABSTRACT</title>
				<p>This article sets out to analyse the eye motif in <italic>Un chien andalou</italic>. The eye—cut open in the film with a razor blade—has a symbolic function that is present in Bu&#x00F1;uel’s entire filmography, where eyes are a recurrent motif: from the eyes of people who were born blind, a key character in Bu&#x00F1;uel’s films, to the allusions to the spectator’s eyes. This article lists the eyes appearing in Bu&#x00F1;uel’s films, and using reception theory, seeks to explain the significance of this visual symbol in the filmmaker’s work. The conclusion is that when the eye appears in a film it means that the images of the film come from the artist’s inner sources. Therefore, the eye in Luis Bu&#x00F1;uel’s work refers to a reflection by the filmmaker about his own creative process.</p>
			</trans-abstract>

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				<title>PALABRAS CLAVE</title>
				<kwd>ojo</kwd>	
				<kwd>visi&#x00F3;n</kwd>
				<kwd>vanguardia</kwd>
				<kwd>imaginaci&#x00F3;n</kwd>
				<kwd>ceguera</kwd>
				<kwd>interioridad</kwd>
			</kwd-group>

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				<title>KEYWORDS</title>	 
				<kwd>eye</kwd>
				<kwd>vision</kwd>
				<kwd>avant-garde</kwd>
				<kwd>imagination</kwd>
				<kwd>blindness</kwd>
				<kwd>interiority</kwd>
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			<title>INTRODUCCI&#x00D3;N </title>

			<p>Pel&#x00ED;cula en blanco y negro rodada durante abril de 1929 y estrenada oficialmente el 1 de octubre del mismo a&#x00F1;o en Studio 28, ubicado en Par&#x00ED;s. El gui&#x00F3;n de la pel&#x00ED;cula fue escrito por Salvador Dal&#x00ED; y Luis Bu&#x00F1;uel durante apenas un semana de febrero del mismo a&#x00F1;o de su estreno. El rodaje dur&#x00F3; 15 d&#x00ED;as e inicialmente cont&#x00F3; con un presupuesto de 25.000 pesetas. Luis Bu&#x00F1;uel dirigi&#x00F3; la pel&#x00ED;cula con un equipo t&#x00E9;cnico de seis componentes y Dal&#x00ED; acudi&#x00F3; al rodaje tres o cuatro d&#x00ED;as antes de que este finalizara. El filme se rod&#x00F3; entre los estudios Billancourt y algunos exteriores, entre ellos El Havre. Fueron pocos d&#x00ED;as de rodaje puesto que el gui&#x00F3;n finalizado ya inclu&#x00ED;a la distancia focal exacta de todos los lentes. De hecho, Luis Bu&#x00F1;uel acostumbraba a rodar las escenas en una sola toma, como despu&#x00E9;s demostrar&#x00ED;a. Como no hab&#x00ED;a presupuesto, los encadenados y fundidos se realizaron rebobinando la pel&#x00ED;cula o cerrando el iris de la c&#x00E1;mara. El montaje final tiene una duraci&#x00F3;n de diecisiete minutos e incluye una banda sonora compuesta por pasajes de <italic>Trist&#x00E1;n e Isolda</italic> de Wagner y algunos fragmentos de tangos argentinos<xref ref-type="fn" rid="NOTE01">1</xref>.</p>
			
			<p><italic>Un perro andaluz</italic> es, quiz&#x00E1;, la pel&#x00ED;cula sobre la que m&#x00E1;s se ha escrito. Much&#x00ED;simos cr&#x00ED;ticos<xref ref-type="fn" rid="NOTE02">2</xref> de cine, de arte en general e incluso psicoanalistas, han aportado sus argumentaciones y opiniones en torno a su significado. Hay varias razones que refuerzan la popularidad del filme; la primera, y probablemente una de las m&#x00E1;s relevantes, es que <italic>Un perro andaluz</italic> se sit&#x00FA;a como uno de los referentes esenciales de todo el cine moderno que le sigue. Octavio Paz, en el texto que reparti&#x00F3; entre el p&#x00FA;blico de Cannes en 1951, con motivo del estreno de <italic>Los Olvidados</italic> hab&#x00ED;a escrito: </p>

				<disp-quote>
					<p>La aparici&#x00F3;n de <italic>La edad de oro</italic> y <italic>Un perro andaluz </italic>se&#x00F1;alan la primera irrupci&#x00F3;n deliberada de la poes&#x00ED;a en el arte cinematogr&#x00E1;fico... El car&#x00E1;cter subversivo de los primeros filmes de Bu&#x00F1;uel reside en que, tocados apenas por la mano de la poes&#x00ED;a, se desmoronan los fantasmas convencionales (sociales, morales o art&#x00ED;sticos) de que est&#x00E1; hecha nuestra realidad. Y de esas ruinas surge una nueva verdad, la del hombre y su deseo. Bu&#x00F1;uel nos muestra que ese hombre maniatado puede, con s&#x00F3;lo cerrar los ojos, hacer saltar el mundo... El hombre de <italic>La edad de oro</italic> duerme en cada uno de nosotros y s&#x00F3;lo espera un signo para despertar: el del amor. Esta pel&#x00ED;cula es una de las pocas tentativas del arte moderno para revelar el rostro terrible del amor en libertad (S&#x00E1;nchez Vidal, <xref ref-type="bibr" rid="CIT22">1991</xref>, p. 93). </p>
				</disp-quote>

			<p>Otra de las razones que ha fomentado las controversias en torno al sentido de la pel&#x00ED;cula ha sido el desacuerdo entre las distintas declaraciones que el director ha realizado sobre ella. Antonio Castro alude a este tema en el cap&#x00ED;tulo “Evoluci&#x00F3;n y permanencia de las obsesiones en Bu&#x00F1;uel” (<xref ref-type="bibr" rid="CIT07">2001</xref>). El escritor hace referencia a la tendencia del cineasta a mentir; concretamente, apunta dos de las declaraciones que Bu&#x00F1;uel realiz&#x00F3; cuando le preguntaron de d&#x00F3;nde hab&#x00ED;a surgido la idea de <italic>Un perro andaluz</italic>. En ambas versiones el director de cine cuenta que la pel&#x00ED;cula hab&#x00ED;a nacido de la confluencia de dos sue&#x00F1;os, uno de Salvador Dal&#x00ED; y el otro suyo. Sin embargo, por una parte el cineasta da a P&#x00E9;rez Turrent y Jos&#x00E9; de la Colina la explicaci&#x00F3;n de la que se har&#x00E1; eco la cr&#x00ED;tica posteriormente: “Hombre pues yo he so&#x00F1;ado que le cortaba el ojo a alguien” (Castro, <xref ref-type="bibr" rid="CIT07">2001</xref>, p. 320). Por otra, le confiesa a Max Aub en su <italic>Conversaciones con Bu&#x00F1;uel</italic> algo diferente: (despu&#x00E9;s de que Dal&#x00ED; le preguntara qu&#x00E9; hab&#x00ED;a so&#x00F1;ado esa noche) “Le respond&#x00ED; a Dal&#x00ED;: yo tambi&#x00E9;n he so&#x00F1;ado una cosa muy extra&#x00F1;a. He so&#x00F1;ado con mi madre y con la Luna, y con una nube que atravesaba la luna, y luego le quer&#x00ED;an cortar un ojo a mi madre, y ella se echaba para atr&#x00E1;s” (Castro, <xref ref-type="bibr" rid="CIT07">2001</xref>, p. 320).</p>

			<p>Sin embargo, esta &#x00FA;ltima no es la &#x00FA;nica versi&#x00F3;n. La autor&#x00ED;a de la secuencia del pr&#x00F3;logo ha ido variando con el tiempo y seg&#x00FA;n qui&#x00E9;n la describa, pero a&#x00FA;n ahora no se ha llegado a quorum en la asignaci&#x00F3;n. Una de las versiones m&#x00E1;s extendidas dice que la idea no fue ni de Dal&#x00ED; ni de Bu&#x00F1;uel, como se ha defendido en la mayor&#x00ED;a de los casos, sino a Jos&#x00E9; Moreno Villa. Max Aub en la obra anteriormente citada entrevista, entre otros, a Santiago Onta&#x00F1;&#x00F3;n, quien asegura que la secuencia del pr&#x00F3;logo fue idea de Jos&#x00E9; Moreno Villa<xref ref-type="fn" rid="NOTE03">3</xref>:  </p>

				<disp-quote>
					<p>—Bueno. Pues a m&#x00ED; me han contado— y no puedo decirte ahora qui&#x00E9;n, pero ha sido un residente, no s&#x00E9; si fue el mismo Federico, que un d&#x00ED;a Moreno Villa baj&#x00F3; a desayunar a la Residencia muy impresionado porque hab&#x00ED;a so&#x00F1;ado que con una navaja, afeit&#x00E1;ndose, se hab&#x00ED;a cortado el ojo. Y que a todos les produjo un ramalazo de cosa tremenda, que luego se aprovech&#x00F3; para la pel&#x00ED;cula, ¿no? La prueba es que ese gag ha causado inclusive enfermos mentales, ¿no? (Aub, <xref ref-type="bibr" rid="CIT02">1985</xref>, p. 320) </p>
				</disp-quote>

			<p>En relaci&#x00F3;n a <italic>Un perro andaluz</italic> se encuentra a&#x00FA;n otra media verdad extendida. La mayor&#x00ED;a de autores cuando escriben sobre el proceso de creaci&#x00F3;n del gui&#x00F3;n citan a Luis Bu&#x00F1;uel en las aclaraciones que realiz&#x00F3; en «Notes on the Making of Un chien andalou». Por ejemplo, refiri&#x00E9;ndose a este texto Agust&#x00ED;n S&#x00E1;nchez Vidal cita:  </p>

				<disp-quote>
					<p>Escrib&#x00ED;amos acogiendo las primeras im&#x00E1;genes que nos ven&#x00ED;an al pensamiento y, en cambio, rechazando sistem&#x00E1;ticamente todo lo que viniera de la cultura o de la educaci&#x00F3;n. Ten&#x00ED;an que ser im&#x00E1;genes que nos sorprendieran, que acept&#x00E1;ramos los dos sin discutir. Nada m&#x00E1;s. Por ejemplo: la mujer agarra una raqueta para defenderse del hombre que quiere atacarla. Entonces, &#x00E9;ste mira alrededor buscando algo para contraatacar y (ahora estoy hablando con Dal&#x00ED;) “¿Qu&#x00E9; ve?” “Un sapo que vuela” “¡Malo!” “Una botella de co&#x00F1;ac” “¡Malo!” “Pues ve dos cuerdas” “Bien, pero ¿qu&#x00E9; viene detr&#x00E1;s de las cuerdas?”[...] O sea, que hac&#x00ED;amos surgir representaciones irracionales, sin ninguna explicaci&#x00F3;n (<xref ref-type="bibr" rid="CIT22">1991</xref>, p. 64).</p>
				</disp-quote>

			<p>La explicaci&#x00F3;n citada por el cr&#x00ED;tico es repetida por muchos autores, unos m&#x00E1;s cr&#x00E9;dulos que otros. Por ejemplo, John Baxter en su obra <italic>Luis Bu&#x00F1;uel</italic> expone la misma descripci&#x00F3;n; sin embargo, la pone en entredicho. El escritor arguye que es sumamente f&#x00E1;cil interpretar algunas escenas que se desarrollan en el filme con m&#x00ED;nimos conocimientos sobre teor&#x00ED;a freudiana, lo cual contradir&#x00ED;a la afirmaci&#x00F3;n bu&#x00F1;ueliana “hac&#x00ED;amos surgir representaciones irracionales, sin ninguna explicaci&#x00F3;n”. A pesar de los cautos como John Baxter, para muchos otros escritores la declaraci&#x00F3;n bu&#x00F1;ueliana es del todo cierta, como pueda ser el caso de V&#x00ED;ctor Fuentes (<xref ref-type="bibr" rid="CIT13">2005</xref>). Y es que adem&#x00E1;s, por si fuera poco el mismo Luis Bu&#x00F1;uel en sus memorias presenta una versi&#x00F3;n algo confusa sobre el proceso creativo del mismo gui&#x00F3;n: “escribimos el gui&#x00F3;n en menos de una semana, siguiendo una regla muy simple, adoptada de com&#x00FA;n acuerdo: no aceptar idea ni imagen alguna que pudiera dar lugar a una explicaci&#x00F3;n racional, psicol&#x00F3;gica o cultural. Abrir todas las puertas de lo irracional. No admitir m&#x00E1;s que las im&#x00E1;genes que nos impresionaran, sin tratar de averiguar por qu&#x00E9;.” (Bu&#x00F1;uel, <xref ref-type="bibr" rid="CIT03">1982</xref>, p. 103). Esta &#x00FA;ltima aclaraci&#x00F3;n es ligeramente diferente a la que Bu&#x00F1;uel da a Max Aub posteriormente:  </p>

				<disp-quote>
					<p>Busc&#x00E1;bamos un equilibrio inestable e invisible entre lo racional y lo irracional, que nos diera a trav&#x00E9;s de este &#x00FA;ltimo, una capacidad de entender lo ininteligible, de unir el sue&#x00F1;o y la realidad, lo consciente y lo inconsciente, huyendo de todo simbolismo. Despu&#x00E9;s del pr&#x00F3;logo, estuvimos dudando, es decir rechazando, varias ideas hasta que a Dal&#x00ED; se le ocurri&#x00F3; lo del ciclista con su caja: excelente -dije- y por all&#x00ED; nos fuimos. No se trataba de unir una imagen con la otra a base de la raz&#x00F3;n o de la sinraz&#x00F3;n, sino exclusivamente de que nos diera una continuidad que satisfaciera (sic) nuestro inconsciente, sin herir lo consciente, pero que a su vez, no tuviera una relaci&#x00F3;n directa con lo racional. Es decir lo que estuviera m&#x00E1;s cerca, te&#x00F3;ricamente de lo que Bret&#x00F3;n hab&#x00ED;a definido como una manera exacta de ser del surrealismo. Lo de la falta de ilaci&#x00F3;n l&#x00F3;gica en “Un perro andaluz” es puro cuento. Si fuese as&#x00ED;, deb&#x00ED;a de haber cortado la pel&#x00ED;cula en puros flash, echar en varios sombreros los distintos gags, y pegar las secuencias al azar. No hubo tal. Y no porque no pudiera hacerlo: no hubo raz&#x00F3;n que lo impidiera. No, sencillamente es una pel&#x00ED;cula surrealista en que las im&#x00E1;genes, las secuencias, se siguen seg&#x00FA;n un orden l&#x00F3;gico, pero cuya expresi&#x00F3;n depende del inconsciente, que naturalmente tiene su orden […] Cuando el moribundo cae en un jard&#x00ED;n, acaricia la espalda desnuda de una estatua (de mujer). Es decir, que es normal consecuencia de la ca&#x00ED;da. Lo absurdo ser&#x00ED;a que esta secuencia antecediera a la otra. Empleamos nuestros sue&#x00F1;os -no es nuevo- para expresar algo. Pero no para presentar un galimat&#x00ED;as. “Un perro andaluz” no tiene de absurdo m&#x00E1;s que el t&#x00ED;tulo, ni es -¿c&#x00F3;mo? ¿Por qu&#x00E9;?- un desesperado llamado al asesinato, como no fuese despu&#x00E9;s al de Gala, cuando se plane&#x00F3; “La edad de oro”. Ni tiene nada que ver con Lautr&#x00E9;amont. S&#x00ED; mucho, con el Dal&#x00ED; de ayer y conmigo, con nuestra manera de ser; con nuestros sue&#x00F1;os (Castro, <xref ref-type="bibr" rid="CIT07">2001</xref>, pp. 325-326). </p>
				</disp-quote>

			<p>Esta cita es importante para entender varias cosas: en primer lugar, constatar que la confusi&#x00F3;n que reina entre la cr&#x00ED;tica, referente al significado o proceso de creaci&#x00F3;n de sus filmes, ha sido, en gran parte, provocada por el mismo director. De hecho: “Bu&#x00F1;uel nunca explicitaba, en numeros&#x00ED;simas ocasiones ocultaba -a veces recurr&#x00ED;a a maniobras de despiste- y con frecuencia negaba, sus verdaderas intenciones.” (Castro, <xref ref-type="bibr" rid="CIT07">2001</xref>, p 316). Seg&#x00FA;n argumenta Castro, cuando Max Aub le pregunt&#x00F3; al cineasta si prefer&#x00ED;a explicarse o que adivinaran sus intenciones, Luis Bu&#x00F1;uel contest&#x00F3; con rotundidad que prefer&#x00ED;a ser adivinado. El director de cine consideraba el misterio una cualidad fundamental que deb&#x00ED;a poseer toda obra de arte ya que en su conferencia titulada “El cine, instrumento de poes&#x00ED;a”, publicado por primera vez por la Universidad de M&#x00E9;xico en 1958 declar&#x00F3;: “El misterio, elemento esencial de toda obra de arte, falta, por lo general, en las pel&#x00ED;culas” (Castro, <xref ref-type="bibr" rid="CIT07">2001</xref>, p. 65).</p>

			<p>En segundo lugar, la referencia anterior permite entender la relaci&#x00F3;n que Luis Bu&#x00F1;uel —y Salvador Dal&#x00ED;— ten&#x00ED;an con el grupo surrealista en el momento en que escribieron el gui&#x00F3;n del filme. A pesar de Bu&#x00F1;uel y Dal&#x00ED; no ten&#x00ED;an una relaci&#x00F3;n directa con el grupo surrealista en el momento en que rodaron la pel&#x00ED;cula, la ligaz&#x00F3;n obvia entre los postulados del movimiento y la pel&#x00ED;cula ha servido de argumento absoluto para justificar algunas de las interpretaciones de <italic>Un perro andaluz</italic>. Sin embargo, es importante tener en cuenta que la entrada de los autores al grupo surrealista no se dio hasta despu&#x00E9;s de que la pel&#x00ED;cula fuera p&#x00FA;blicamente exhibida. De hecho, despu&#x00E9;s de mucha confusi&#x00F3;n entre la cr&#x00ED;tica —de nuevo motivada por Bu&#x00F1;uel— sobre la fecha de entrada de los guionistas en el grupo surrealista, parece ser que hasta que Andr&#x00E9; Breton no vision&#x00F3; el filme Dal&#x00ED; y Bu&#x00F1;uel no comenzaron a formar parte, oficialmente, del grupo de artistas. Este hecho nos permite afirmar que la escritura del gui&#x00F3;n estuvo influenciada por el surrealismo &#x00FA;nicamente de forma indirecta.</p>

			<p>De todos modos, Salvador Dal&#x00ED; ya se consideraba surrealista antes de mantener contacto directo con los miembros del grupo<xref ref-type="fn" rid="NOTE04">4</xref>, tal como declar&#x00F3; en una carta dirigida a Pep&#x00ED;n Bello y fechada en diciembre de 1928, en la que le contaba de su participaci&#x00F3;n en <italic>L’amic de les arts </italic>(Castro, <xref ref-type="bibr" rid="CIT07">2001</xref>, p. 327). Asimismo, Luis Bu&#x00F1;uel, en una carta fechada en febrero de 1929 (despu&#x00E9;s de acabar el gui&#x00F3;n) tambi&#x00E9;n para Pep&#x00ED;n Bello, demuestra gran entusiasmo por Benjam&#x00ED;n P&#x00E9;ret, que adem&#x00E1;s lo declara &#x00ED;dolo suyo y de su amigo Dal&#x00ED; (Bu&#x00F1;uel, <xref ref-type="bibr" rid="CIT04">2000</xref>, p. 327).</p>

			<p>Entonces, podr&#x00ED;amos decir que los guionistas de <italic>Un perro andaluz</italic> se sent&#x00ED;an cercanos a la est&#x00E9;tica surrealista en el momento en que escribieron el gui&#x00F3;n de su pel&#x00ED;cula. Sin embargo, hay otro elemento fundamental para este an&#x00E1;lisis y es que parte del imaginario que se desarrolla en la pel&#x00ED;cula tiene su origen en acontecimientos o recuerdos fechados con anterioridad al encuentro de Dal&#x00ED; y Bu&#x00F1;uel con el movimiento<xref ref-type="fn" rid="NOTE05">5</xref>. Por esta raz&#x00F3;n, no es del todo absurda la declaraci&#x00F3;n que realiz&#x00F3; Federico Garc&#x00ED;a Lorca en una carta desde Nueva York en la que escrib&#x00ED;a: “Bu&#x00F1;uel y Dal&#x00ED; han hecho una mierdecita, una peliculilla que se llama «Un perro Andaluz», y el «perro andaluz» soy yo” (Castro, <xref ref-type="bibr" rid="CIT07">2001</xref>, p. 203). Si el t&#x00ED;tulo se refer&#x00ED;a a Lorca es algo que nunca se sabr&#x00E1;, puesto que Bu&#x00F1;uel se encarg&#x00F3; de desmentirlo muchas veces. Pero como afirma Poyato: “lo interesante es que esta alusi&#x00F3;n al poeta andaluz no est&#x00E1; descolgada de las im&#x00E1;genes del filme, sino que se descubre <italic>trabada, </italic>po&#x00E9;ticamente vinculada […] a ellas” (Poyato, <xref ref-type="bibr" rid="CIT19">2008</xref>, p. 151). De este modo, al margen de si el t&#x00ED;tulo se refer&#x00ED;a o no a Lorca, lo que est&#x00E1; claro es que si este se sinti&#x00F3; identificado con la pel&#x00ED;cula podr&#x00ED;a ser porque parte del imaginario que all&#x00ED; aparece tuviera relaci&#x00F3;n con el pasado que ambos guionistas compartieron con el poeta. A este prop&#x00F3;sito, Poyato alude a un proyecto que tuvieron en mente Dal&#x00ED; y Bu&#x00F1;uel: la creaci&#x00F3;n de una revista. Esta fue anunciada en <italic>La Gaceta Literaria,</italic> en la que se presentaba as&#x00ED; su proyecto: “&#x00F3;rgano de un grupo restringido m&#x00E1;s o menos af&#x00ED;n al surrealismo pero con un esp&#x00ED;ritu netamente antifranc&#x00E9;s” (Poyato, <xref ref-type="bibr" rid="CIT19">2008</xref>, p. 151). El cr&#x00ED;tico sigue:  </p>

				<disp-quote>
					<p>El proyecto, finalmente, no cristaliz&#x00F3;, pero Bu&#x00F1;uel y Dal&#x00ED; pudieron dar buena cuenta de su “antifrancesismo” en el filme <italic>Un Chien Andalou,</italic> donde lo refinado parisino se torna en un “primitivismo baturro” que aflora, como se ha dicho, a trav&#x00E9;s de elementos propios del &#x00E1;mbito rural y donde lo “putrefacto”<xref ref-type="fn" rid="NOTE06">6</xref>, t&#x00E9;rmino que sus autores hab&#x00ED;an acu&#x00F1;ado durante su estancia en la Residencia de Estudiantes, adquiere, como se ver&#x00E1;, una especial relevancia (Poyato, <xref ref-type="bibr" rid="CIT19">2008</xref>, p. 151). </p>
				</disp-quote>
		</sec>


		<sec id="S2.1">
			<title>El imaginario de <italic>Un perro andaluz</italic>: procedencia e interpretaci&#x00F3;n </title>

			<p>Se ha se&#x00F1;alado que hay una gran variedad de opiniones ya escritas sobre el significado de la obra y los diferentes elementos que en ella aparecen. De hecho, otra de las controversias que ha animado parte de la redacci&#x00F3;n de dichas cr&#x00ED;ticas o ensayos nace del desconocimiento general sobre la procedencia de algunas de las im&#x00E1;genes. En la medida en que la obra ha ido adquiriendo relevancia en la historia del cine y m&#x00E1;s generalmente en la historia del arte, han aparecido dos ramas de investigadores, los dalinianos (como podr&#x00ED;a ser el caso de Minguet i Batllori, <xref ref-type="bibr" rid="CIT16">2003</xref>), m&#x00E1;s escasos, y los bu&#x00F1;uelianos<xref ref-type="fn" rid="NOTE07">7</xref>. Como era de suponer, cada uno ha defendido la pertenencia de las im&#x00E1;genes que se muestran m&#x00E1;s emblem&#x00E1;ticas en el filme a la imaginaci&#x00F3;n de uno u otro guionista. Sin mencionar los casos en que se atribuyen, como ya hemos apuntado a Jos&#x00E9; Bello Lasierra, Jos&#x00E9; Moreno Villa o Federico Garc&#x00ED;a Lorca, como explicaremos m&#x00E1;s adelante, e incluso Maruja Mallo, quien en 1928 hizo un dibujo titulado <italic>Los ojos de Luis Bu&#x00F1;uel sobre la mesa, custodiados por Rafael Alberti, Jos&#x00E9; Bergam&#x00ED;n, Federico Garc&#x00ED;a Lorca, la Virgen del Pilar y Pablo Neruda</italic> en el que aparecen cinco ojos.</p>

			<p>Pero al margen de la escisi&#x00F3;n entre la cr&#x00ED;tica y de la autor&#x00ED;a de la idea inicial, en este art&#x00ED;culo considero, junto a Pedro Poyato, que el autor principal de <italic>Un perro andaluz</italic> es Luis Bu&#x00F1;uel. Con eso no quiero decir que la ocurrencia del ojo cortado fuera suya (tema que ahora mismo no nos incumbe), sino que las decisiones finales, la forma que tuvo finalmente el filme corre a cargo de su director: Luis Bu&#x00F1;uel. Eso no quiere decir que debamos olvidar que Salvador Dal&#x00ED; ayud&#x00F3; al director en la creaci&#x00F3;n del gui&#x00F3;n. Pero, como bien argumenta Poyato haciendo referencia al te&#x00F3;rico de cine Jean Mitry: “un autor es mucho menos quien imagina una historia que quien le da una forma y un estilo” (Poyato, <xref ref-type="bibr" rid="CIT19">2008</xref>, p. 149). Es decir, el autor es quien convierte el gui&#x00F3;n en formas cinematogr&#x00E1;ficas.</p>

			<p>Por las razones expuestas, en este apartado cito, en su mayor&#x00ED;a, ensayos de autores que se han centrado principalmente en la obra de Luis Bu&#x00F1;uel. De todos modos, no les falta raz&#x00F3;n a los que defienden que el s&#x00ED;mbolo pertenece a la invenci&#x00F3;n de uno u otro artista, ya que tenemos pruebas de la importancia que el motivo del ojo (cortado, rasgado, da&#x00F1;ado, sacado, etc.) tuvo para ambos. Por ejemplo, tanto Dal&#x00ED; como Bu&#x00F1;uel escribieron textos en los que alud&#x00ED;an a este motivo, y ambos antes de la creaci&#x00F3;n de <italic>Un perro andaluz</italic>. En el caso de Bu&#x00F1;uel: <italic>Palacio de hielo</italic>, que fue publicado en <italic>H&#x00E9;lix</italic> nº 4 en mayo de 1929, y en el de Salvador Dal&#x00ED;: <italic>Mi amiga en la playa,</italic> publicado en<italic> L’Amic de les Art</italic>s nº 19 en octubre de 1927. A pesar de todo ello, esta escena ha sido tan comentada que, antes de abordarla, se hace necesario realizar un breve repaso de las interpretaciones que m&#x00E1;s se han popularizado entre la cr&#x00ED;tica a lo largo de los a&#x00F1;os.</p>

			<p>Se pueden se&#x00F1;alar tres amplias ramas en la interpretaci&#x00F3;n tanto del motivo del ojo como del resto del filme. En primer lugar y en mayor n&#x00FA;mero, se encuentran las interpretaciones psicoanal&#x00ED;ticas. Para una interpretaci&#x00F3;n minuciosa y original, se puede consultar el an&#x00E1;lisis de Linda Williams <italic>Figures of desire: a theory and analysis of surrealist film</italic> (<xref ref-type="bibr" rid="CIT26">1992</xref>)<italic>. </italic>Otro ejemplo es el libro de William Peter Evans <italic>Las pel&#x00ED;culas de Luis Bu&#x00F1;uel. La subjetividad y el deseo </italic>(<xref ref-type="bibr" rid="CIT18">1998</xref>). Asimismo, el primer libro que sali&#x00F3; analizando las pel&#x00ED;culas de Bu&#x00F1;uel desde las teor&#x00ED;as freudianas fue <italic>El ojo de Bu&#x00F1;uel. Psicoan&#x00E1;lisis desde una butaca</italic> (<xref ref-type="bibr" rid="CIT08">1976</xref>) escrito por Fernando Cesarman. Todas estas teor&#x00ED;as, se fundamentan en las declaraciones de Luis Bu&#x00F1;uel, quien aseguraba haber le&#x00ED;do parte de la obra de Sigmund Freud.</p>

			<p>Los conceptos clave en la interpretaci&#x00F3;n psicoanal&#x00ED;tica de la obra bu&#x00F1;ueliana, y concretamente en referencia al ojo cortado son: “un s&#x00ED;mbolo de penetraci&#x00F3;n, de violaci&#x00F3;n, si atendemos a la violencia con la que se lleva a cabo, aunque otros han puesto el acento precisamente sobre lo contrario sobre una posible referencia a la castraci&#x00F3;n” (Castro, <xref ref-type="bibr" rid="CIT07">2001</xref>, p. 324). El tema de la castraci&#x00F3;n est&#x00E1; unido al del fetichismo, como consideraba Sigmund Freud, el fetiche es: “el sustituto del falo de la mujer, es decir; de la madre, que el ni&#x00F1;o piensa que ha perdido” (Castro, <xref ref-type="bibr" rid="CIT07">2001</xref>, p. 200).</p>

			<p>Entre las interpretaciones psicoanal&#x00ED;ticas tambi&#x00E9;n se hace referencia al tema del doble (con motivo de la aparici&#x00F3;n del tercer personaje en la habitaci&#x00F3;n) y la represi&#x00F3;n de los instintos sexuales. El concepto del doble y la represi&#x00F3;n se apunta a ra&#x00ED;z del piano con cola con la cabeza de un burro sin ojos descomponi&#x00E9;ndose encima, m&#x00E1;s dos calabazas, m&#x00E1;s dos maristas, que arrastra Pierre Batcheff con dos cuerdas y gran dificultad cuando quiere acercarse a Simone Maureil. </p>

			<p>A pesar de lo aludido, es importante tener en cuenta que el inter&#x00E9;s de Luis Bu&#x00F1;uel por la obra de Sigmund Freud se remonta a tiempo antes del conocimiento que tuvo este del movimiento surrealista. Esta idea vuelve sobre lo que ya se ha apuntado, es decir, que los temas que motivaban la creatividad del director coincidieron con los de los artistas surrealistas, pero no fue &#x00FA;nicamente la influencia que ejerci&#x00F3; sobre &#x00E9;l el surrealismo lo que impuls&#x00F3; el tratamiento de los t&#x00F3;picos que m&#x00E1;s tarde este desarrollar&#x00ED;a:  </p>

				<disp-quote>
					<p>Con excesiva frecuencia se ha considerado que esta preocupaci&#x00F3;n bu&#x00F1;ueliana, que se concretaba en el intento por expresar una visi&#x00F3;n integral e integradora de la realidad, derivaba de su pertenencia al grupo surrealista, y yo m&#x00E1;s bien creo que fue a la inversa, que si Bu&#x00F1;uel se incorpor&#x00F3; a la serie de gente que transitaba por el camino abierto por Andr&#x00E9; Breton, fue precisamente porque tambi&#x00E9;n los surrealistas trataban de conseguir una visi&#x00F3;n unitaria de la realidad, y adem&#x00E1;s para lograrlo, intentaban hacer compatibles dos de los m&#x00E1;ximos intereses del Bu&#x00F1;uel de la &#x00E9;poca: el marxismo y las teor&#x00ED;as freudianas (Castro, <xref ref-type="bibr" rid="CIT07">2001</xref>, p. 326). </p>
				</disp-quote>

			<p>De hecho, Luis Bu&#x00F1;uel en sus memorias considera que el surrealismo fue “ante todo, una especie de llamada que oyeron aqu&#x00ED; y all&#x00ED; […] ciertas personas que utilizaban ya una forma de expresi&#x00F3;n instintiva e irracional, incluso antes de conocerse unos a otros. Las poes&#x00ED;as que yo hab&#x00ED;a publicado en Espa&#x00F1;a antes de o&#x00ED;r hablar de surrealismo dan testimonio de esta llamada” (Bu&#x00F1;uel, <xref ref-type="bibr" rid="CIT03">1982</xref>, p. 104).</p>

			<p>Estas dos citas sirven para introducir el otro grupo de cr&#x00ED;ticas que depende en gran medida de la asimilaci&#x00F3;n del esp&#x00ED;ritu surrealista de los guionistas, aunque m&#x00E1;s concretamente, de la actitud heredada de estos del grupo dada&#x00ED;sta. Esta interpretaci&#x00F3;n es la que considera que <italic>Un perro andaluz,</italic> as&#x00ED; como <italic>La edad de oro,</italic> son fruto del azar y que tienen sobre todo una intenci&#x00F3;n provocadora. Estas teor&#x00ED;as vienen apoyadas por el esp&#x00ED;ritu de revuelta e inconformismo que caracterizaba la vanguardia dada&#x00ED;sta y posteriormente surrealista. De todos modos, estas interpretaciones las comparten los primeros cr&#x00ED;ticos que escribieron sobre la pel&#x00ED;cula, as&#x00ED; que actualmente no se tienen muy en cuenta, como por ejemplo Francisco Aranda (<xref ref-type="bibr" rid="CIT01">1970</xref>), el primero que escribe un ensayo sobre el director aragon&#x00E9;s. </p>

			<p>Por &#x00FA;ltimo, la tercera de las formas en que los cr&#x00ED;ticos analizan <italic>Un perro andaluz</italic> es la que, se&#x00F1;alando planos o escenas (motivos visuales quiz&#x00E1; podr&#x00ED;an llamarse) aqu&#x00ED; y all&#x00ED;, no tiene un marco te&#x00F3;rico fijo. Estos son los casos de los buscadores de referencias literarias que ponen en relaci&#x00F3;n la obra bu&#x00F1;ueliana con fragmentos de poemas, por ejemplo, de Federico Garc&#x00ED;a Lorca como es el caso de Jes&#x00FA;s Gonz&#x00E1;lez Requena (“La huella de Lorca en el origen del cine de Bu&#x00F1;uel” en <italic>ObsesionESbu&#x00F1;uel</italic>, 2001) o de S&#x00E1;nchez Vidal (<xref ref-type="bibr" rid="CIT21">2004</xref>); comparaciones con la obra de Benjam&#x00ED;n P&#x00E9;ret, como es el caso de Antonio Monegal (<xref ref-type="bibr" rid="CIT17">1993</xref>); o incluso con literatura narrativa, como podr&#x00ED;a ser el caso de V&#x00ED;ctor Fuentes (<xref ref-type="bibr" rid="CIT13">2005</xref>). Aparte de las referencias literarias, como se ha visto muy prol&#x00ED;ficas, existen otros te&#x00F3;ricos que centran su an&#x00E1;lisis en la forma del discurso, en su construcci&#x00F3;n, como Jenaro Talens (<xref ref-type="bibr" rid="CIT25">2010/1986</xref>).</p>

			<p>Esta &#x00FA;ltima l&#x00ED;nea de investigaci&#x00F3;n es la que aqu&#x00ED; se va a seguir. En este trabajo, intentando no limitar el an&#x00E1;lisis, se han citado los estudios que han producido mayor efecto entre la cr&#x00ED;tica a lo largo de los a&#x00F1;os. Sin embargo, en este estudio se propone una iconograf&#x00ED;a del ojo en el cine de Luis Bu&#x00F1;uel. Esta finaliza con el an&#x00E1;lisis del c&#x00E9;lebre pr&#x00F3;logo de <italic>Un perro andaluz</italic>. A pesar de volver sobre una escena tan comentada, la iconograf&#x00ED;a que aqu&#x00ED; se presenta no niega las interpretaciones citadas, puesto que la metodolog&#x00ED;a utilizada difiere del resto. Mientras estas intentaban abordar todo el filme en funci&#x00F3;n del pr&#x00F3;logo, este trabajo se centra en un solo motivo aparecido en &#x00E9;l: el ojo cortado<xref ref-type="fn" rid="NOTE08">8</xref>. Este se analiza a partir de las alusiones al mismo que aparecen a lo largo de toda la obra del director: “pues apresur&#x00E9;monos a a&#x00F1;adir que una pel&#x00ED;cula digna de ser vista no puede, posiblemente, verse limitada por cualquier descripci&#x00F3;n verbal menos de 999 veces como la extensi&#x00F3;n que posee” (Durgnat, <xref ref-type="bibr" rid="CIT11">1968</xref>, p. 43).</p>
		</sec>

		<sec id="S2.2">
			<title>Iconograf&#x00ED;a del ojo en la obra de Luis Bu&#x00F1;uel </title>

			<p>Hay tres temas en la obra bu&#x00F1;ueliana que mantienen relaci&#x00F3;n con el ojo del pr&#x00F3;logo de <italic>Un perro andaluz</italic>. Estos son: el voyeurismo relacionado directamente con el deseo, la ceguera de nacimiento, es decir, la aparici&#x00F3;n constante de personajes ciegos en sus pel&#x00ED;culas, e incluso en un texto muy temprano titulado “El ciego de las tortugas”, y por &#x00FA;ltimo, el s&#x00ED;mbolo de las &#x00F3;rbitas de los ojos vac&#x00ED;as. </p>

		
		<sec id="S2.2.1">
			<title>El voyeurismo: el cerrojo y la ventana o la c&#x00E1;mara </title>

			<p>En relaci&#x00F3;n al tema del voyeurismo encontramos dos vertientes diferentes en el cine de Bu&#x00F1;uel: por una parte, la que muestra el deseo del personaje de ver; deseo sexual, en general, con el que el espectador se siente identificado. Por otro, aunque relacionado con el primero, encontramos el voyeurismo como acto impulsor de la imaginaci&#x00F3;n.</p>

			<p>En el primer caso el ojo del personaje se ve cercenado o bien por un cerrojo o bien por una ventana. Adem&#x00E1;s, lo que intenta ver el personaje es algo que le ha sido prohibido, es decir, el personaje est&#x00E1; espiando:  </p>

				<disp-quote>
					<p>No por casualidad casi todas las pel&#x00ED;culas de Bu&#x00F1;uel est&#x00E1;n repletas de gente que observa a otras personas sin ser a su vez observada. Muchos de ellos por el ojo de la cerradura. Como la lista podr&#x00ED;a ser interminable valgan como ejemplo “<italic>Susana</italic>”, “<italic>Viridiana</italic>”, “<italic>Belle de jour</italic>”, “<italic>Ese oscuro objeto del deseo</italic>”, “<italic>El discreto encanto de la burgues&#x00ED;a</italic>”, “<italic>El fantasma de la libertad</italic>” etc. etc. (Castro, <xref ref-type="bibr" rid="CIT07">2001</xref>, p. 345). </p>
				</disp-quote>

			<p>Entre el cerrojo y la ventana, el caso de la ventana es el m&#x00E1;s com&#x00FA;n, por ejemplo: Pierre Batcheff (<italic>Un perro andaluz</italic>); la hija de Ramona, la criada (Margarita Lozano), esp&#x00ED;a a Don Jaime (Fernando Rey) intentando besar a Viridiana (Silvia Pinal), cuando esta ha ca&#x00ED;do dormida efecto de las drogas; en la misma pel&#x00ED;cula Ramona esp&#x00ED;a a Viridiana a trav&#x00E9;s del cerrojo de la puerta; Don Rafael Acosta (Fernando Rey) vigila a la presunta terrorista desde la ventana de su despacho (<italic>El discreto encanto de la burgues&#x00ED;a</italic>); Saturno (Jes&#x00FA;s Fern&#x00E1;ndez) esp&#x00ED;a a Tristana (Catherine Deneuve) cuando se viste exhibi&#x00E9;ndose desde la ventana; Francisco Galv&#x00E1;n (Arturo de C&#x00F3;rdova) observa a su mujer, Delia Garc&#x00E9;s (Gloria Milalta), obsesivamente cuando esta habla con un desconocido (<italic>&#x00C9;l)</italic>; Rosario (Rosario Granados) y Julio Mistral (Tito Junco) durante su romance vigilan desde la ventana la llegada de Don Carlos Montero (Julio Villareal), el marido de esta &#x00FA;ltima (<italic>Una mujer sin amo</italic>r); matan a la criada de Archibaldo de la Cruz de peque&#x00F1;o (Rafael Banquells), cuando esta mira desde la ventana; Alberto (Luis L&#x00F3;pez Somoza) y Don Guadalupe (Fernando Soler) esp&#x00ED;an a Susana (Rosita Quintana) desde la ventana de ella (<italic>Susana</italic>); Mathieu Faber (Fernando Rey) mira desde la ventana del tren a Conchita (Carole Bouquet) cuando parte de Sevilla y desde una puerta con rejas de la misma ciudad, observa c&#x00F3;mo Conchita (en esta escena &#x00C1;ngela Molina) mantiene relaciones sexuales con su amigo el Morenito (David Rocha) (<italic>Ese oscuro objeto del deseo</italic>); un francotirador, posteriormente llamado asesino-poeta, mata transe&#x00FA;ntes al azar desde la ventana de un rascacielos (<italic>El fantasma de la libertad); </italic>Sandro (Giani Esposito) esp&#x00ED;a desde una ventana a Gorzone (Jean-Jacques Delbo), el terrateniente, antes de matarlo (<italic>As&#x00ED; es la aurora</italic>); y un largo etc&#x00E9;tera.</p>

			<p>Como bien dice Carlos Barbachano citando a Fernando Cesarman: “Durante toda la obra de Bu&#x00F1;uel -a&#x00F1;ade con tino- se presentar&#x00E1; la necesidad de los personajes de ver a trav&#x00E9;s del ojo de la cerradura, a trav&#x00E9;s de una ventana, espiando, intentando ver lo prohibido, curiosidad que se encuentra relacionada con el deseo com&#x00FA;n de ir al teatro o al cine” (Barb&#x00E1;chano, <xref ref-type="bibr" rid="CIT05">1987</xref>, p. 62). El voyeurismo al que aluden estas acciones mantiene una estrecha relaci&#x00F3;n con el deseo de ver de todo espectador de cine, pero al mismo tiempo con el de todo cineasta. El escritor sigue: “Bu&#x00F1;uel, solo con mostrarlo, sin apenas decirlo, evidenci&#x00F3; con su obra que el m&#x00E1;ximo atractivo del cine consist&#x00ED;a, precisamente, en esa eterna vuelta al voyeurismo de la infancia” (Barb&#x00E1;chano, <xref ref-type="bibr" rid="CIT05">1987</xref>, p. 62). Una escena de <italic>&#x00C9;l</italic> muestra la obsesi&#x00F3;n de Bu&#x00F1;uel por el tema: “Entr&#x00E9; en el cine, vi la escena en que -lejano recuerdo de las casetas de ba&#x00F1;os de San Sebasti&#x00E1;n- el hombre hunde una larga aguja en el agujero de una cerradura para saltarle el ojo al observador desconocido que imagina tras la puerta, y, en efecto, la gente re&#x00ED;a a carcajadas” (Bu&#x00F1;uel, <xref ref-type="bibr" rid="CIT03">1982</xref>, p. 199). </p>

			<p>El cristal de las ventanas a trav&#x00E9;s del que miran los personajes de Bu&#x00F1;uel es una clara referencia al cristal de la c&#x00E1;mara: todos son cristales desde los que se percibe la realidad exterior. Adem&#x00E1;s de la analog&#x00ED;a entre el cerrojo de la puerta y el objetivo de la c&#x00E1;mara: en ambos casos se nos ofrece una visi&#x00F3;n limitada, cercenada. Esta comparaci&#x00F3;n: ventana y cerrojo igual a c&#x00E1;mara de cine, permite atribuir las cualidades de la acci&#x00F3;n voyeur&#x00ED;stica, que implica mirar a trav&#x00E9;s de dichas aberturas, a la actividad cinematogr&#x00E1;fica de filmar.</p>

			<p>Aparte de la analog&#x00ED;a expuesta, en la obra de Luis Bu&#x00F1;uel la identificaci&#x00F3;n entre voyeur y espectador tambi&#x00E9;n se establece a partir de otros elementos. Sin embargo, en estos casos el proceso de identificaci&#x00F3;n del espectador con el personaje se trunca, puesto que este &#x00FA;ltimo interpela al voyeur/espectador, oblig&#x00E1;ndole as&#x00ED; a des-identificarse (imaginariamente). Este interpelar al que mira responde a una acusaci&#x00F3;n de voyeurismo que el director hace al espectador, y a veces, como consecuencia de su “perversa” condici&#x00F3;n, el espectador es agredido. El ejemplo m&#x00E1;s significativo de este proceder lo encontramos en <italic>Los olvidados: </italic>en esta obra Pedro mira a c&#x00E1;mara, al espectador, y posteriormente le arroja un huevo. Pedro Poyato escribe sobre esta pel&#x00ED;cula y establece una interesante analog&#x00ED;a entre la acci&#x00F3;n que ah&#x00ED; transcurre y la imagen del corte del ojo en <italic>Un perro andaluz</italic>:  </p>

				<disp-quote>
					<p>No son pocos los estudiosos, as&#x00ED; Peter W. Evans y Fernando Ros y Rebeca Crespo, entre otros, quien a partir de la asociaci&#x00F3;n c&#x00E1;mara-ojo, no han dudado en relacionar esta escena con el corte infringido al ojo de la mujer, en el comienzo de <italic>Un perro andaluz</italic>, m&#x00E1;s ninguno de ellos parece haber reparado, como dec&#x00ED;a en el dispositivo enunciativo de la escena, en una configuraci&#x00F3;n discursiva que, siguiendo de nuevo los presupuestos establecido por F. Cassetti en el trabajo antes citado, podr&#x00E1; ser traducida en los siguientes t&#x00E9;rminos: un Yo (enunciador) se introduce en un &#x00C9;l (personaje de Pedro) para, v&#x00ED;a observatario, interpelar con la mirada, primero, y agredir, despu&#x00E9;s, al T&#x00FA; (enunciatario) […] Se deduce aqu&#x00ED;, remarqu&#x00E9;moslo, la importancia del papel jugado en la escena por el observatario; un observatario que, m&#x00E1;s all&#x00E1; de una mirada que ve-hacer, acaba convirti&#x00E9;ndose en el ente f&#x00ED;sico receptor de la agresi&#x00F3;n, lo que lleva al enunciatario a un ver-hacer «enturbiado», o, m&#x00E1;s exactamente, «manchado» —como as&#x00ED; lo acusa la propia pantalla— «de huevo» (Poyato, <xref ref-type="bibr" rid="CIT19">2008</xref>, p. 180).</p>
				</disp-quote>

			<p>Otro ejemplo de agresi&#x00F3;n del personaje (o director v&#x00ED;a personaje) al espectador se encuentra en <italic>Don Quint&#x00ED;n el amargao</italic>: al final de esta pel&#x00ED;cula el protagonista interpela al espectador; mirando a c&#x00E1;mara dice: “¿Ven ustedes? Nada me sale bien”. Inevitablemente, a trav&#x00E9;s de esta acci&#x00F3;n el asistente se ve obligado a evadirse del discurso narrativo, como si el personaje le sacara de &#x00E9;l. Otro ejemplo se encuentra en <italic>La v&#x00ED;a l&#x00E1;ctea</italic>: un cura intenta convencer a dos j&#x00F3;venes del pecado que van a cometer si duermen juntos. Mientras este, sentado al otro lado de la puerta de la habitaci&#x00F3;n en la que se encuentran los muchachos, divaga sobre el misterio de la sagrada concepci&#x00F3;n, lanza dos miradas incitantes a c&#x00E1;mara.</p>

			<p>En estos tres casos el personaje que mira a c&#x00E1;mara interpela al espectador, al mismo tiempo esta acci&#x00F3;n, por el contexto en que se desarrolla, supone una agresi&#x00F3;n al voyeur. En <italic>Los olvidados </italic>el ataque es directo, sin embargo, en <italic>Don Quint&#x00ED;n el amargao</italic> es menos expl&#x00ED;cito: la mirada a c&#x00E1;mara del final y el tono socarr&#x00F3;n que utiliza el personaje tienen un claro tono burlesco. De hecho, el comentario de Don Quint&#x00ED;n tiene la intenci&#x00F3;n de subvertir el discurso narrativo cl&#x00E1;sico, ya que fuerza al espectador a salir del terreno ficcional en el que este se hab&#x00ED;a situado tan c&#x00F3;modamente durante el resto del filme. Lo mismo sucede en <italic>La v&#x00ED;a l&#x00E1;ctea</italic>: las dos miradas a c&#x00E1;mara del cura pretenden provocar al espectador. La acci&#x00F3;n tiene un tono jocoso y no parece malintencionada. Ante el discurso del cura, los personajes, sospechosamente cr&#x00E9;dulos, pueden responder o incluso hacer caso omiso. Sin embargo, el espectador tiene que escucharlo, sinti&#x00E9;ndose as&#x00ED; impotente frente a dicha aseveraci&#x00F3;n.</p>

			<p>Por &#x00FA;ltimo, el caso m&#x00E1;s significativo de esta tendencia la detectamos en <italic>Un perro andaluz. </italic>Por una parte, el montaje lleva al espectador a identificarse con el que corta el ojo: Luis Bu&#x00F1;uel. Por la otra, cuando aparece la mujer que mira a la c&#x00E1;mara, antes del corte, el que mira inicia inconscientemente un proceso de identificaci&#x00F3;n con ella. Sin embargo, en el tiempo en el que se inicia el proceso, el voyeur sufre una agresi&#x00F3;n. De este modo, tal como Jenaro Talens propone, en el pr&#x00F3;logo de <italic>Un perro andaluz</italic> el espectador es testigo del acto, actor de &#x00E9;l (puesta la identificaci&#x00F3;n con el personaje masculino) y a su vez v&#x00ED;ctima de la secci&#x00F3;n (Talens, <xref ref-type="bibr" rid="CIT24">1986</xref>, p. 63). </p>

			<p>Lo que ni Jenaro Talens ni Pedro Poyato dicen es que al poner al espectador en esta comprometida posici&#x00F3;n, el director se descubre en la misma situaci&#x00F3;n. Por una parte, en la primera analog&#x00ED;a (c&#x00E1;mara igual a ventana o cerrojo) el director se califica de voyeur, por otra, cada vez que un personaje mira a c&#x00E1;mara, podr&#x00ED;a decirse que es el mismo director quien se pone en la piel de este. Seg&#x00FA;n Pedro Poyato, tanto en <italic>Los olvidados</italic> como en <italic>Un perro andaluz,</italic> el director y el personaje (siendo en ese momento uno mismo) agreden al espectador. Sin embargo, no se debe olvidar que en <italic>Los olvidados,</italic> cuando Pedro lanza el huevo, quien est&#x00E1; detr&#x00E1;s del lente es el mismo director (aparte del espectador). Al mismo tiempo, en <italic>Un perro andaluz,</italic> el personaje que mira a c&#x00E1;mara (Simone Mareuil) se identifica con el director, de este modo, es este quien recibe la agresi&#x00F3;n. Lo mismo sucede en los otros ejemplos en que un personaje mira a c&#x00E1;mara: en <italic>La v&#x00ED;a l&#x00E1;ctea </italic>se podr&#x00ED;a decir que es el creador del personaje a quien va dirigido el serm&#x00F3;n, antiguo recuerdo de sus a&#x00F1;os de estudio con los jesuitas. Asimismo, la actitud de <italic>Don Quint&#x00ED;n el amargao</italic> permite imaginar que es el mismo Bu&#x00F1;uel quien se r&#x00ED;e del patetismo de su propio personaje, o lo que es lo mismo, el mismo personaje, que saliendo de la narraci&#x00F3;n, se burla de s&#x00ED; mismo.</p>

			<p>Como conclusi&#x00F3;n de lo anterior, se puede afirmar que Luis Bu&#x00F1;uel mantiene una relaci&#x00F3;n ambigua con el voyeur, atributo que se asocia al que lleva a cabo la acci&#x00F3;n de filmar. Es decir, en primer lugar los personajes que esp&#x00ED;an son los que quieren ver algo que no debieran o les est&#x00E1; prohibido ver, sin embargo, ellos infringen ese veto y miran. La consecuencia dentro de la narraci&#x00F3;n es el castigo. El mir&#x00F3;n acaba muerto, como Don Jaime (<italic>Viridiana</italic>), Rafael Acosta (<italic>El discreto encanto de la burgues&#x00ED;a</italic>) o la criada de Archibaldo de la cruz; o bien internado como Francisco (<italic>&#x00C9;l</italic>); o condenado a muerte como el francotirador (<italic>El fantasma de la libertad</italic>); o sin amor, como Julio y Rosario (<italic>Una mujer sin amor</italic>); todos estos entre otros castigos. En segundo lugar, para Luis Bu&#x00F1;uel la consecuencia de ser voyeur fuera de la narraci&#x00F3;n —como el espectador y el director—, aunque aprovech&#x00E1;ndose de esta para manifestarlo, tambi&#x00E9;n es la amonestaci&#x00F3;n tal como muestran los planos del pr&#x00F3;logo de <italic>Un perro andaluz</italic> o el plano de <italic>Los olvidados</italic> ya mencionado.</p>

			<p>Respecto a este asunto, quiz&#x00E1; valga citar cierta confesi&#x00F3;n de Bu&#x00F1;uel en sus <italic>Memorias</italic> para entender la relaci&#x00F3;n ambigua que mantiene con el voyeurismo<xref ref-type="fn" rid="NOTE09">9</xref>: “En sue&#x00F1;os, y creo que mi caso no es ins&#x00F3;lito ni mucho menos, nunca he podido hacer el amor de una manera realmente completa y satisfactoria. El obst&#x00E1;culo m&#x00E1;s frecuente consiste en las miradas. Por una ventana situada frente a la habitaci&#x00F3;n en la que estaba yo con una mujer, unas personas nos miraban y sonre&#x00ED;an”. Sigue explicando que en otro caso encontraba el sexo cosido o desaparecido o incluso las miradas burlonas les persegu&#x00ED;an (Bu&#x00F1;uel, <xref ref-type="bibr" rid="CIT03">1982</xref>, p. 97).</p>
		</sec>

		
		<sec id="S2.2.2">
			<title>La apertura a las im&#x00E1;genes </title>

			<p>En sus <italic>Memorias</italic> Luis Bu&#x00F1;uel explica la forma en que &#x00E9;l potenciaba su capacidad imaginativa, ya que como tantos han referido, para Luis Bu&#x00F1;uel: “la imaginaci&#x00F3;n y la memoria son facultades del esp&#x00ED;ritu que se pueden entrenar como un m&#x00FA;sculo” (Cort&#x00E9;s, 1984). El director se refiere al bar de un hotel en Michoac&#x00E1;n donde se reclu&#x00ED;a a escribir sus guiones:  </p>

				<disp-quote>
					<p>El hotel est&#x00E1; situado en el flanco de un gran ca&#x00F1;&#x00F3;n semitropical. Por lo tanto, las ventanas del bar se abr&#x00ED;an a un paisaje espl&#x00E9;ndido, lo cual, en principio, es un inconveniente. Por suerte, delante de la ventana, tapando un poco el paisaje, crec&#x00ED;a un zirando, &#x00E1;rbol tropical de ramas ligeras, entrelazadas como una mara&#x00F1;a de largas serpientes. Yo dejaba vagar la mirada por aquel inmenso amasijo de ramas, resigui&#x00E9;ndolas como si fueran los sinuosos hilos de m&#x00FA;ltiples historias y viendo posarse en ellas ora un b&#x00FA;ho, ora una mujer desnuda etc. (Bu&#x00F1;uel, <xref ref-type="bibr" rid="CIT03">1982</xref>, p. 47). </p>
				</disp-quote>

			<p>En otro lugar del mismo libro, el autor tambi&#x00E9;n describ&#x00ED;a uno de sus bares preferidos para trabajar situado en Madrid. De este segundo lugar destacaba, aparte del silencio y la soledad, las altas columnas de granito y los cuadros de sus pintores favoritos colgados en las paredes. Entre las ramas inm&#x00F3;viles que cubren el paisaje del bar de Michoacan y las toscas columnas de granito madrile&#x00F1;as existe una relaci&#x00F3;n: ambas cubren la perspectiva, evitando distraer la imaginaci&#x00F3;n del creador. Aunque pueda parecer contradictorio, aqu&#x00ED; las peque&#x00F1;as protuberancias en superficies uniformes, como podr&#x00ED;a ser el granito, activan la imaginaci&#x00F3;n del director. Despu&#x00E9;s de hablar del monasterio g&#x00F3;tico de Madrid, el de las columnas de granito, Bu&#x00F1;uel contin&#x00FA;a as&#x00ED;:  </p>

				<disp-quote>
					<p>A solas con las reproducciones de Zurbar&#x00E1;n y las columnas de granito, esa piedra admirable de Castilla y con mi bebidas favorita (en seguida vuelvo sobre esto), me abstra&#x00ED;a sin esfuerzo, abri&#x00E9;ndome a las im&#x00E1;genes, que no tardaban en desfilar por la sala. A veces mientras pensaba en asuntos familiares o en proyectos prosaicos, de repente ocurr&#x00ED;a algo extra&#x00F1;o, se perfilaba una escena sorprendente, aparec&#x00ED;an personajes que hablaban de sus problemas. Alguna vez, solo en mi rinc&#x00F3;n me echaba a re&#x00ED;r. Cuando me parec&#x00ED;a que aquella inesperada situaci&#x00F3;n pod&#x00ED;a ser &#x00FA;til para el gui&#x00F3;n, volv&#x00ED;a atr&#x00E1;s, procurando poner orden y encauzar mis errantes ideas (Bu&#x00F1;uel, <xref ref-type="bibr" rid="CIT03">1982</xref>, p. 47). </p>
				</disp-quote>

			<p>La forma en que Luis Bu&#x00F1;uel potenciaba su imaginaci&#x00F3;n se asemeja a las lecciones sobre c&#x00F3;mo pintar que Leonardo Da Vinci daba a sus alumnos. Seg&#x00FA;n Victoria Cirlot, los surrealistas recuperan el <italic>Tratado de la pintura</italic> en el que se describe esta t&#x00E9;cnica. En &#x00E9;l Da Vinci recomendaba a sus disc&#x00ED;pulos que miraran fijamente una mancha de un muro, y transcurrido un tiempo de observaci&#x00F3;n, de la mancha emerger&#x00ED;an las formas que despu&#x00E9;s &#x00FA;nicamente deb&#x00ED;an traspasar al papel (Cirlot, <xref ref-type="bibr" rid="CIT09">2010</xref>, p. 31). Lo que el pintor quer&#x00ED;a resaltar aqu&#x00ED; era que desde el m&#x00ED;nimo saliente de una superficie uniforme, como pudiera ser la mancha en un muro, o una columna de granito, pod&#x00ED;a emerger la visi&#x00F3;n. El c&#x00E9;lebre pintor animaba a sus alumnos a pintar aquello que vieran con su ojo interior, ya que la procedencia de esas im&#x00E1;genes asegurar&#x00ED;a su originalidad. Otro ejemplo de la influencia de las ense&#x00F1;anzas de Da Vinci en los surrealistas la refleja la frase de Pablo Picasso “los muros m&#x00E1;s fuertes se abren a mi paso”, referencia que Javier Herrera atinadamente compara al pr&#x00F3;logo de <italic>Un chien andalou</italic>, ya que hace referencia a ese ir m&#x00E1;s all&#x00E1; de la materialidad para permitir que emerjan las im&#x00E1;genes de la interioridad (Herrera y Mart&#x00ED;nez-Carazo, <xref ref-type="bibr" rid="CIT15">2007</xref>, p. 188).</p>

			<p>La explicaci&#x00F3;n de Luis Bu&#x00F1;uel sobre el momento en que aparecen frente a &#x00E9;l las im&#x00E1;genes mantiene cercan&#x00ED;a con este surgir de la visi&#x00F3;n. El cineasta se refiere a la acci&#x00F3;n de “abrirse a las im&#x00E1;genes”, a una “abstracci&#x00F3;n sin esfuerzo” durante la que aparecen, se perfilan y desfilan por la sala. En este sentido, puede establecerse una analog&#x00ED;a entre abrir el ojo interior, que propon&#x00ED;a Victoria Cirlot para hablar de la visi&#x00F3;n, y el “abrirse a las im&#x00E1;genes” de Luis Bu&#x00F1;uel. Ambas presuponen un surgir de im&#x00E1;genes provenientes de la interioridad y que requieren de otro paso antes de su aparici&#x00F3;n: una actitud pasiva por parte del visionario. Esta podr&#x00ED;a compararse a la expresi&#x00F3;n bu&#x00F1;ueliana “abstraerse sin esfuerzo” con la que defin&#x00ED;a la forma en que se activaba su imaginaci&#x00F3;n.</p>

			<p>A modo de resumen, Luis Bu&#x00F1;uel en sus pel&#x00ED;culas presenta personajes con tendencias voyeur&#x00ED;sticas que son castigados dentro de la narraci&#x00F3;n. La misma represalia se infringe en el voyeur/espectador, acusado este y atacado desde dentro de la narraci&#x00F3;n. Sin embargo, por la profesi&#x00F3;n que desempe&#x00F1;a, as&#x00ED; como por las t&#x00E9;cnicas cinematogr&#x00E1;ficas de que se sirve (la mirada a c&#x00E1;mara), Bu&#x00F1;uel se identifica con el voyeur, por lo tanto se agrede tambi&#x00E9;n a s&#x00ED; mismo.</p>

			<p>Por otra parte, encontramos a un creador que necesita de un soporte para activar su imaginaci&#x00F3;n, para abrirse a las im&#x00E1;genes que despu&#x00E9;s plasmar&#x00E1; en su obra. A partir de estas dos premisas se establece una oposici&#x00F3;n: entre el ver m&#x00E1;s all&#x00E1; de lo que se puede, el querer ver lo prohibido situado en la exterioridad, y el soporte que permite el surgimiento de im&#x00E1;genes procedentes de la interioridad. Mientras la primera acci&#x00F3;n es destructiva, la segunda es creativa.</p>
		</sec>

		<sec id="S2.2.3">
			<title>El sacrificio del ojo exterior </title>

			<p>La floraci&#x00F3;n espont&#x00E1;nea de im&#x00E1;genes transcurre despu&#x00E9;s de la apertura del ojo interior. Una de las formas de “abrirse a las im&#x00E1;genes” es mediante el sacrificio del ojo f&#x00ED;sico. Este &#x00FA;ltimo va dirigido a la exterioridad. El surrealismo entiende esta exterioridad como un conjunto de convencionalismos que es necesario rebasar para dar lugar a la creaci&#x00F3;n original. En este sentido, el sacrificio del ojo exterior es necesario para acabar con la visi&#x00F3;n habitual de las cosas y dar lugar a una nueva visi&#x00F3;n: la visi&#x00F3;n de lo invisible o visi&#x00F3;n interior.</p>

			<p>Werner Spies considera que la obra de Max Ernst que sirve de portada al libro <italic>R&#x00E9;p&#x00E9;titions</italic> puede considerarse un manifiesto visual del imaginario surrealista. Seg&#x00FA;n el escritor, este motivo visual se repite en <italic>Un perro andaluz</italic> y en el contexto surrealista puede interpretarse como una alteraci&#x00F3;n de la visi&#x00F3;n, la necesidad del surgimiento de la visi&#x00F3;n interior. De este modo, se podr&#x00ED;a decir que el ojo tiene la funci&#x00F3;n de aludir a la capacidad visionaria del autor y a la procedencia interior de las im&#x00E1;genes que aparecen en la obra del mismo (Spies, <xref ref-type="bibr" rid="CIT23">1991</xref>, p. 121).</p>

			<p>Jes&#x00FA;s Gonz&#x00E1;lez Requena tambi&#x00E9;n alude a la ceguera que implica la aparici&#x00F3;n de la visi&#x00F3;n (“La huella de Lorca en el origen del cine de Bu&#x00F1;uel” en <italic>Obsesiones Bu&#x00F1;uel</italic>). El autor dedica su cap&#x00ED;tulo a demostrar las referencias que se encuentran en <italic>Un perro andaluz </italic>a un poema escrito por Federico Garc&#x00ED;a Lorca: <italic>Nocturnos de la ventana</italic>. Requena realiza su trabajo de relaci&#x00F3;n a trav&#x00E9;s de un an&#x00E1;lisis f&#x00ED;lmico del poema. Los versos que el escritor relaciona con la imagen de <italic>Un perro andaluz</italic> son: “En esta guillotina/Invisible, yo he puesto/La cabeza sin ojos/ De todos mis deseos” (Castro, <xref ref-type="bibr" rid="CIT07">2001</xref>, p. 185). El autor escribe:  </p>

				<disp-quote>
					<p>Ah&#x00ED;, decimos, se anuncia el acto, en ese momento culminante en el que el poema acusa, a la vez que desplaza, el encuentro del deseo y la muerte, atisbado en el filo de esa<italic> guillotina invisible</italic>, en la que ha <italic>puesto la cabeza sin ojos/ de todos sus deseos</italic>. La plenitud de la visi&#x00F3;n conduce a la ceguera.</p>

					<p>Deslumbrante cadena de met&#x00E1;foras por la que, como dec&#x00ED;amos, el poema designa a la vez que desplaza un acto nunca nombrado: la cuchilla del viento —¿del deseo hecho acto?—, guillotina en cuyo filo el deseo, hasta aqu&#x00ED; convocado por la mirada, da paso a una visi&#x00F3;n de lo invisible —no forzamos las palabras ni jugamos a las paradojas f&#x00E1;ciles: como han se&#x00F1;alado poetas y m&#x00ED;sticos, es lo propio de las visiones el que nadie sea capaz de explicar lo que ve en ellas— (Castro, <xref ref-type="bibr" rid="CIT07">2001</xref>, p. 185).</p>
				</disp-quote>

			<p>La visi&#x00F3;n es aquello invisible que surge cuando se sacrifica el ojo exterior. Sin embargo, esta, para acaecer, no &#x00FA;nicamente requiere de la apertura del ojo interior, sino tambi&#x00E9;n de una actitud de espera por parte del visionario. Esta tiene la funci&#x00F3;n de eludir el control del ojo mir&#x00F3;n o esp&#x00ED;a, y probablemente por esta raz&#x00F3;n el personaje voyeur sea castigado y el espectador de cine convencional avisado, puesto que &#x00FA;nicamente a trav&#x00E9;s de estas dos premisas brotar&#x00E1; la imaginaci&#x00F3;n desde la interioridad. De este modo, lo que el pr&#x00F3;logo de <italic>Un perro andaluz</italic> estar&#x00ED;a proclamando es, como escribe Victoria Cirlot (<xref ref-type="bibr" rid="CIT09">2010</xref>, p. 22): “el sacrificio del ojo exterior en aras del nacimiento del interior”.</p>
		</sec>

		
		<sec id="S2.2.4">
			<title>La ceguera de nacimiento y los ojos mutilados </title>

			<p>En la obra de Luis Bu&#x00F1;uel hay otros dos elementos que se repiten y pueden formar parte de la iconograf&#x00ED;a del ojo que intentamos trazar. Por una parte los personajes ciegos que aparecen en: <italic>Los olvidados</italic>, <italic>Viridiana, Belle de Jour</italic> y <italic>La v&#x00ED;a l&#x00E1;ctea</italic>. Por la otra, y en relaci&#x00F3;n con la ceguera, descubrimos los casos inquietantes de personajes o animales que sufren alg&#x00FA;n agravio en los ojos. Estos son los casos del pr&#x00F3;logo de <italic>Un chien andalou</italic>, el burro putrefacto sobre el piano con las &#x00F3;rbitas vac&#x00ED;as, y las cuencas sin ojos de los enamorados del &#x00FA;ltimo plano de la misma pel&#x00ED;cula; Modot en <italic>La edad de oro</italic>; de nuevo, otro burro pudri&#x00E9;ndose en <italic>Las Hurdes </italic>y con las &#x00F3;rbitas vac&#x00ED;as; el Cristo del m&#x00E9;dico con la cabeza perforada por los aislantes que sujetan los cables de luz en <italic>As&#x00ED; es la aurora</italic> y, por &#x00FA;ltimo, el Jesucristo de <italic>Ag&#x00F3;n</italic>, el &#x00FA;ltimo gui&#x00F3;n de Bu&#x00F1;uel y que nunca rod&#x00F3;.</p>

			<p>Seg&#x00FA;n el propio Luis Bu&#x00F1;uel, todos los ciegos que aparecen en sus obras son col&#x00E9;ricos y mezquinos porque “&#x00FA;nicamente el ciego es desconfiado, hip&#x00F3;crita, malvado, como todos los que padecen semejante invalidez. Por esta raz&#x00F3;n mis ciegos tienen siempre momentos de maldad” (Castro, <xref ref-type="bibr" rid="CIT07">2001</xref>, p. 368). Sin embargo, antes de dar por sentado que esta es la &#x00FA;nica opini&#x00F3;n del autor sobre los ciegos, estar&#x00ED;a bien a&#x00F1;adir dos alusiones m&#x00E1;s que aparecen en su obra refiri&#x00E9;ndose al tema de la ceguera.</p>

			<p>Por una parte, uno de los primeros textos del autor, fechado en 1923 se titula <italic>El ciego de las tortugas</italic>. En &#x00E9;l el personaje principal narra en primera persona la historia de su encuentro con un ciego. Despu&#x00E9;s de expresar su curiosidad por el personaje que pasa cada d&#x00ED;a bajo su balc&#x00F3;n, decide seguirlo. Finalmente Don Juan, el protagonista, mantiene una conversaci&#x00F3;n con el ciego. En el cuento se encuentran varios elementos interesantes. En primer lugar, el personaje explica que est&#x00E1; leyendo <italic>Le monde des aveugles</italic>, ensayo de psicolog&#x00ED;a publicado en 1914, lo cual le lleva a destacar “el grado de intuiciones a que pueden llegar los ciegos, vali&#x00E9;ndose de sus otros sentidos, quintaesenciados a costa de la visi&#x00F3;n” (Bu&#x00F1;uel, <xref ref-type="bibr" rid="CIT04">2000</xref>, p. 89). En el cuento, esta explicaci&#x00F3;n viene ejemplificada a trav&#x00E9;s de la destreza que le demuestra el ciego a Don Juan. Adem&#x00E1;s, durante la conversaci&#x00F3;n que mantiene con el ciego descubre que este es culto, ya que como le explica ha estudiado tres a&#x00F1;os de medicina antes de quedarse ciego adem&#x00E1;s de dedicarse a pintar despu&#x00E9;s de que su enfermedad le dejara en tal estado. M&#x00E1;s tarde, ante la respuesta del ciego a la pregunta sobre sus literatos preferidos, Don Juan dice para s&#x00ED; mismo: “Me tuve que agarrar a una esquina para no caer al suelo. Aquel hombre de aspecto miserable, andrajoso y ¡ciego! Era ante mis at&#x00F3;nitos ojos un semidi&#x00F3;s” (Bu&#x00F1;uel, <xref ref-type="bibr" rid="CIT04">2000</xref>, p. 92).</p>

			<p>Este cuento demuestra que no todos los ciegos de Luis Bu&#x00F1;uel son malos ni odiados por su mismo creador, tal como hab&#x00ED;a declarado a Max Aub. De hecho, el director no opinaba &#x00FA;nicamente que los ciegos fueran malvados, sino que su punto de vista se mezclaba con cierta envida, ya que declara en sus <italic>Memorias</italic>: “Una de las grandes melancol&#x00ED;as de mi final de la vida es no poder o&#x00ED;r la m&#x00FA;sica, no reconozco las notas. Si un milagro me hiciera recuperar […] No me gustan los ciegos, como a la mayor&#x00ED;a de los sordos. […] Todav&#x00ED;a me pregunto si como dicen, los ciegos son m&#x00E1;s felices que los sordos. No lo creo” (Bu&#x00F1;uel, <xref ref-type="bibr" rid="CIT03">1982</xref>, pp. 213-214). En la siguiente p&#x00E1;gina, hablando de Borges escribe: “Buen conversador como muchos ciegos” (Bu&#x00F1;uel, <xref ref-type="bibr" rid="CIT03">1982</xref>, p. 215). Como conclusi&#x00F3;n a lo citado dir&#x00ED;amos que se trata m&#x00E1;s bien de una relaci&#x00F3;n ambigua con la ceguera, m&#x00E1;s que de un rechazo total, como se ha referido anteriormente.</p>

			<p>Por otra parte, Javier Herrera tambi&#x00E9;n se&#x00F1;ala la importancia de la ceguera y su relaci&#x00F3;n con la visi&#x00F3;n en la obra de Bu&#x00F1;uel. Seg&#x00FA;n lo que apunta Herrera, el cineasta representa “la ruptura con los modos habituales de ver la realidad a trav&#x00E9;s de intervenciones sobre el &#x00F3;rgano fisiol&#x00F3;gico -el ojo- productor de la visi&#x00F3;n” (Herrera y Mart&#x00ED;nez-Carazo, <xref ref-type="bibr" rid="CIT15">2007</xref>, p. 169). En el caso de <italic>Un Chien andalou</italic> el escritor interpreta esta mutilaci&#x00F3;n de la mirada como una obligaci&#x00F3;n a mirar hacia el interior, hacia uno mismo rebel&#x00E1;ndose, de este modo, a la mirada convencional. Este gesto conduce al creador hacia un “orden m&#x00E1;s instintivo que racional, en el que la imaginaci&#x00F3;n gana enteros a la visi&#x00F3;n” (Herrera y Mart&#x00ED;nez-Carazo, <xref ref-type="bibr" rid="CIT15">2007</xref>, p. 185). Porque de hecho, esta nueva mirada que ha sido modificada tanto como da&#x00F1;ada no tiene otra funci&#x00F3;n m&#x00E1;s que la de permitir una visi&#x00F3;n m&#x00E1;s clara. Precisamente el cuchillo barbero que utiliza Bu&#x00F1;uel para realizar el corte en <italic>Un chien andalou</italic> alude a la funci&#x00F3;n que antiguamente ten&#x00ED;a el barbero de “operar las cataratas”, lo que permitir&#x00ED;a: </p>

				<disp-quote>
					<p>Responder al modelo interior, de ah&#x00ED; que, como consecuencia de ese acto de visi&#x00F3;n, es preciso romper con esas ataduras (nubes) y operarnos para ver bien, con claridad y pureza pero para conseguirlo no hay otro remedio que quedarse ciego cortando, sacando fuera lo insano, para luego, a trav&#x00E9;s de esa navaja de doble filo, recuperar la visi&#x00F3;n, la luz de la verdad: se destruye para construir, se ciega para ver (Herrera y Mart&#x00ED;nez-Carazo, 2010, p. 172) .</p>
				</disp-quote>

			<p>Es en este «abrirnos los ojos», o como dijo Bu&#x00F1;uel en ese “abrirse a las im&#x00E1;genes” que se da el acto de creaci&#x00F3;n al que Bu&#x00F1;uel nos invita a participar en el pr&#x00F3;logo.</p>

			<p>El tema de la visi&#x00F3;n no &#x00FA;nicamente se representa a trav&#x00E9;s de la alusi&#x00F3;n a los ojos y a la vista sino que, como se ha explicado, tambi&#x00E9;n se trata haciendo referencia al voyeurismo y la imaginaci&#x00F3;n que este es capaz de desatar. De hecho, Luis Bu&#x00F1;uel en el poema titulado <italic>No me parece ni bien ni mal,</italic> atribuye al ojo observador y voyeur la funci&#x00F3;n de controlar. Podr&#x00ED;a ser que el castigo del que habl&#x00E1;bamos fuera dirigido a esta mirada. El primer verso dice:</p>
				
				<disp-quote>
					<p> “Yo creo que a veces nos contemplan </p>

					<p>por delante por detr&#x00E1;s por los costados </p>

					<p>unos ojos rencorosos de gallina </p>

					<p>m&#x00E1;s temibles que el agua podrida de las grutas  </p>

					<p>incestuosos como los ojos de la madre </p>

					<p>que muri&#x00F3; en el pat&#x00ED;bulo </p>

					<p>pegajoso como un coito </p>
					
					<p>como la gelatina que tragan los buitres” </p>

					<p>(Bu&#x00F1;uel, <xref ref-type="bibr" rid="CIT04">2000</xref>, p. 141). </p>
				</disp-quote>

			<p>En este sentido, la ceguera dejar&#x00ED;a de ser un signo de maldad y mezquindad, para ser el est&#x00ED;mulo de la creatividad. Quiz&#x00E1; se trate de una ceguera extraordinaria, como la del “ciego de las tortugas”, o un juego peligroso a trav&#x00E9;s del que el voyeur puede pecar y ser posteriormente castigado. En este sentido el aumento de visi&#x00F3;n, o el ver m&#x00E1;s all&#x00E1;, es un exceso que necesita un filtro como el del lente de la c&#x00E1;mara, el cerrojo o la ventana para llevarse a cabo.</p>
		
		</sec>
		
		</sec>

		<sec id="S3">
			<title>CONCLUSI&#x00D3;N </title>

			<p>A modo de recapitulaci&#x00F3;n podemos decir que los temas de la visi&#x00F3;n, el voyeurismo y la ceguera son representativos tanto de la obra de Luis Bu&#x00F1;uel como de su propia vivencia. El pr&#x00F3;logo de <italic>Un chien andalou</italic> es el exponente m&#x00E1;s claro y conocido del sentimiento contradictorio que todos estos t&#x00F3;picos despertaban en el director aragon&#x00E9;s. Por una parte, en su obra, el querer ver lo que est&#x00E1; prohibido es motivo de castigo. Esta actitud no solo es la de ciertos personajes mirones, tambi&#x00E9;n la de un espectador de cine que se acomoda en su butaca para inmiscuirse en las vidas ajenas, o la de un director que esp&#x00ED;a el crecimiento de sus personajes. Pero todos estos actos implican una focalizaci&#x00F3;n hacia la exterioridad, en el sentido amplio de la palabra. Y es aqu&#x00ED; cuando opera la contradicci&#x00F3;n, ya que es el castigo que sufre el ojo que mira hacia afuera lo que permite que despierte el ojo interior. Al mismo tiempo, es esta apertura a las im&#x00E1;genes el m&#x00E9;todo bu&#x00F1;ueliano para despertar la creatividad, para potenciar la imaginaci&#x00F3;n. Y es precisamente esta actitud la que nos invita a adoptar Bu&#x00F1;uel en el pr&#x00F3;logo de <italic>Un chien andalou</italic>: sacrificar nuestra mirada convencional, nuestro ojo exterior, para dar espacio a las im&#x00E1;genes que emerjan de nuestra interioridad.</p>
			
		</sec>
		
	</body>
	

	<back>
	
			
		<sec id="notas">
		<title>NOTAS</title>
	
			<fn-group>
		
				<fn id="NOTE01"><label>1</label>
					<p>En 1960 se le a&#x00F1;adi&#x00F3;, a la versi&#x00F3;n original, la banda sonora tal como ahora la conocemos.</p>
				</fn>
				
				<fn id="NOTE02"><label>2</label>
					<p>En lo que se refiere a interpretaciones desde el psicoan&#x00E1;lisis podr&#x00ED;amos empezar con el libro de F. Cesarman (<xref ref-type="bibr" rid="CIT08">1976</xref>). M&#x00E1;s actualmente y en esta misma l&#x00ED;nea son interesantes las obras de P. W. Ewans (<xref ref-type="bibr" rid="CIT12">1995</xref>), Linda Williams (<xref ref-type="bibr" rid="CIT26">1992</xref>), G. Deleuze (<xref ref-type="bibr" rid="CIT10">1984</xref>) y V. Fuentes (<xref ref-type="bibr" rid="CIT13">2005</xref>). Los primeros en sus obras dedicadas a Luis Bu&#x00F1;uel y los dos &#x00FA;ltimos en cap&#x00ED;tulos y art&#x00ED;culos aislados que han dedicado al cineasta. Por otra parte, entre los autores m&#x00E1;s destacados que han abordado la obra del cineasta aragon&#x00E9;s con perspectivas diversas a la del psicoan&#x00E1;lisis encontramos a: Max Aub (<xref ref-type="bibr" rid="CIT02">1985</xref>), Antonio Monegal (<xref ref-type="bibr" rid="CIT17">1993</xref>), S&#x00E1;nchez Vidal (<xref ref-type="bibr" rid="CIT22">1991</xref> y <xref ref-type="bibr" rid="CIT21">2004</xref>), Javier Herrera (<xref ref-type="bibr" rid="CIT14">2010</xref>), Jenaro Talens (<xref ref-type="bibr" rid="CIT24">1986</xref>), Pedro Poyato (<xref ref-type="bibr" rid="CIT19">2008</xref>), Jean Collet (1967), Roman Gubern (1976) o Ian Gibson (2013) entre muchos otros. </p>
				</fn>
				
				<fn id="NOTE03"><label>3</label>
					<p>Tanto Santiago Onta&#x00F1;&#x00F3;n como Jos&#x00E9; Moreno Villa fueron amigos de Salvador Dal&#x00ED; y Luis Bu&#x00F1;uel durante los a&#x00F1;os en que vivieron en la Residencia de Estudiantes.</p>
				</fn>
				
				<fn id="NOTE04"><label>4</label>
					<p>Por miembros del grupo entiendo aquellos que en alg&#x00FA;n momento Andr&#x00E9; Breton acept&#x00F3; en su grupo de lo que llamar&#x00ED;amos surrealistas ortodoxos. </p>
				</fn>
				
				<fn id="NOTE05"><label>5</label>
					<p>Un ejemplo ser&#x00ED;a la declaraci&#x00F3;n citada de Santiago Onta&#x00F1;&#x00F3;n.</p>
				</fn>
				
				<fn id="NOTE06"><label>6</label>
					<p>En relaci&#x00F3;n al t&#x00E9;rmino de “lo putrefacto” se relaciona directamente con el concepto de <italic>carnuzo</italic> acu&#x00F1;ado por Jos&#x00E9; Bello Lasierra (m&#x00E1;s conocido por Pep&#x00ED;n Bello), tal como recuerda de nuevo Santiago Onta&#x00F1;&#x00F3;n.</p>
				</fn>
				
				<fn id="NOTE07"><label>7</label>
					<p>Todos los citados anteriormente y a continuaci&#x00F3;n.</p>
				</fn>
				
				<fn id="NOTE08"><label>8</label>
					<p>Por lo tanto, en relaci&#x00F3;n al problema de la autor&#x00ED;a, podemos decir que este es un tema que no afectar&#x00E1; a nuestro an&#x00E1;lisis, ya que nuestra intenci&#x00F3;n es la de analizar el significado que el ojo cortado tiene para el director del filme <italic>Un chien andalou</italic>.</p>
				</fn>
				
				<fn id="NOTE09"><label>9</label>
					<p>Con relaci&#x00F3;n al voyeurismo, no olvidemos la imaginaci&#x00F3;n que este es capaz de desatar. En el sentido en el que el cubrir la vista es un acto capaz de potenciar la imaginaci&#x00F3;n, tanto en el voyeurismo como excitante del deseo sexual y practicado por todos los personajes que miraban a trav&#x00E9;s de mirillas y ventanas, como en la mirada a trav&#x00E9;s de la c&#x00E1;mara.</p>
				</fn>
			</fn-group>	
		</sec>
				
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			<title>BIBLIOGRAF&#x00CD;A</title>
	
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