<?xml version="1.0" encoding="UTF-8"?>
<!DOCTYPE article PUBLIC "-//NLM//DTD Journal Publishing DTD v3.0 20080202//EN" "http://dtd.nlm.nih.gov/publishing/3.0/journalpublishing3.dtd">
<article article-type="research-article" dtd-version="3.0" xml:lang="es" xmlns:mml="http://www.w3.org/1998/Math/MathML" xmlns:xlink="http://www.w3.org/1999/xlink">


	<front>
		<journal-meta>
			<journal-id journal-id-type="publisher-id">Arbor</journal-id>
			<journal-title-group>
				<journal-title>ARBOR Ciencia, Pensamiento y Cultura</journal-title>
				<abbrev-journal-title>Arbor</abbrev-journal-title>
			</journal-title-group>
			<issn pub-type="epub">0210-1963</issn>
			<publisher>
				<publisher-name>Consejo Superior de Investigaciones Cient&#x00ED;ficas</publisher-name>
			</publisher>
		</journal-meta>
		
		<article-meta>
			<article-id pub-id-type="publisher-id">arbor.2014.770n6002</article-id>
			<article-id pub-id-type="doi">10.3989/arbor.2014.770n6002</article-id>
			 
			<article-categories>
				<subj-group subj-group-type="heading">
				<subject>ENTRE CUBA Y ESPA&#x00D1;A: GERTRUDIS G&#x00D3;MEZ DE AVELLANEDA EN SU BICENTENARIO (1814-2014) / BETWEEN CUBA AND SPAIN: GERTRUDIS GOMEZ DE AVELLANEDA IN HER BICENTENNIAL (1814-2014)</subject>
				</subj-group>
			</article-categories>	 	 
				
			<title-group>
				<article-title>Gertrudis G&#x00F3;mez de Avellaneda en Sevilla: ilusiones y cenizas de un periplo literario</article-title>
				<trans-title-group xml:lang="en">
					<trans-title>Gertrudis G&#x00F3;mez de Avellaneda in Sevilla: illusions and ashes of a literary tour</trans-title>
				</trans-title-group>
				<alt-title alt-title-type="running-head">Gertrudis G&#x00F3;mez de Avellaneda en Sevilla</alt-title>
			</title-group>
			
						
			<contrib-group>
			
				<contrib contrib-type="author" corresp="yes"> 
					<name>
					 <surname>Caballero Wang&#x00FC;emert</surname>
					 <given-names>Mar&#x00ED;a</given-names>
					</name>
					<xref ref-type="aff" rid="U1"/>
					<xref ref-type="corresp" rid="cor1"/>
				</contrib>
			
				<aff id="U1">Universidad de Sevilla</aff>
				
			</contrib-group>
			
			<author-notes>
				<corresp id="cor1">e-mail: <email xlink:href="mcaballero@us.es">mcaballero@us.es</email></corresp>
			</author-notes>
			
			
			<pub-date pub-type="epub">		<!-- NEW!! -->
				<day>31</day>
				<month>12</month>
				<year>2014</year>
			</pub-date>
						
			
			<pub-date pub-type="collection">
			<year>2014</year>
			</pub-date>
			
			<volume>190</volume>
			<issue>770</issue>
			
			<elocation-id content-type="doi">10.3989/arbor.2014.770n6002</elocation-id>

			 <history>
				<date date-type="received">
					<day>12</day>
					<month>02</month>
					<year>2014</year>
				</date>
				<date date-type="accepted">
					<day>30</day>
					<month>10</month>
					<year>2014</year>
				</date>
			 </history>
			 
			<permissions>
				<copyright-statement>&#x00A9; 2014 CSIC</copyright-statement>
				<copyright-year>2014</copyright-year>
				<license license-type="open-access" xlink:href="http://creativecommons.org/licenses/by-nc/3.0/">
					<license-p>Este es un art&#x00ED;culo de acceso abierto distribuido bajo los t&#x00E9;rminos de la licencia Creative Commons Attribution-Non Commercial (by-nc) Spain 3.0.</license-p>
				</license>
			</permissions>
			
			<abstract xml:lang="es">
				<title>RESUMEN</title>
				<p>En mi acercamiento a Tula en las p&#x00E1;ginas que siguen, quiero partir de una afirmaci&#x00F3;n: Sevilla marc&#x00F3; un antes y un despu&#x00E9;s en su vocaci&#x00F3;n literaria entre 1838 y 1840, d&#x00E1;ndose a conocer en los peri&#x00F3;dicos como poeta.  Las cartas a Cepeda, su primer y apasionado amor, son hoy el documento m&#x00E1;s interesante de esta etapa, tanto desde el punto de vista autobiogr&#x00E1;fico como metaliterario. Aun as&#x00ED;, todas las obras de esta &#x00E9;poca pueden leerse en clave autobiogr&#x00E1;fica. Tras una fecunda trayectoria literaria, culminar&#x00E1; en Sevilla su carrera profesional mientras prepara sus obras completas. Est&#x00E1; viuda, prematuramente envejecida y cansada. Sus restos reposan hoy en el sevillano cementerio de San Fernando. Este trabajo, que bucea en los a&#x00F1;os sevillanos de la cada vez m&#x00E1;s afamada escritora, pretende ser un homenaje en el bicentenario de su nacimiento.</p>
			</abstract>
			
			<trans-abstract xml:lang="en">
				<title>ABSTRACT</title>
				<p>This paper shows an approach to Tula.  I start from a statement: Sevilla marked a before and after in his literary vocation between 1838 and 1840, becoming known in the newspapers as a poet. Letters to Cepeda, her first and passionate love , are today the most interesting document of this period, both from the point of view metaliterary and autobiographical . All the works of this period can be read as autobiographical plays. After a prolific literary career, Sevilla will be the city where she ends her career while she prepares her complete works. She is a widow, prematurely aged and tired. Her remains now rest in Seville’s San Fernando cemetery . This work , snorkeling in Seville years of increasingly famous writer, is a tribute to the bicentennial of his birth.</p>
			</trans-abstract>

			<kwd-group xml:lang="es">
				<title>PALABRAS CLAVE</title> 			
				<kwd>Gertrudis G&#x00F3;mez de Avellaneda</kwd>	
				<kwd>Sevilla</kwd>
				<kwd>Literatura rom&#x00E1;ntica XIX</kwd>
				<kwd>mujer</kwd>
				<kwd>pasi&#x00F3;n</kwd>
				<kwd>religiosidad</kwd>
			</kwd-group>

			<kwd-group xml:lang="en">							
				<title>KEYWORDS</title>
				<kwd>Gertrudis Gomez de Avellaneda</kwd>
				<kwd>Seville</kwd>
				<kwd>Romantic Literature</kwd>
				<kwd>XIXth Century</kwd>
				<kwd>woman</kwd>
				<kwd>passion</kwd>
				<kwd>religion</kwd>
			</kwd-group>
		
		</article-meta>
	</front>		

	

	<body>	
			
		<sec id="S1">
				<disp-quote>
					<p>Y es que Gertrudis se sinti&#x00F3; ligada desde el primer momento con Andaluc&#x00ED;a. En realidad hay que insistir en el andalucismo de la Avellaneda. Conoce a Andaluc&#x00ED;a a los 22 a&#x00F1;os; en peri&#x00F3;dicos andaluces, con el seud&#x00F3;nimo de <italic>La Peregrina</italic> hace sus primeras salidas editoriales; se deslumbra con su sol […] todas sus ciudades le gustan […] y por &#x00FA;ltimo se enamora totalmente de Sevilla, a la que se entrega desde muy joven para no olvidarla ya nunca (De las Cuevas, <xref ref-type="bibr" rid="CIT06">1954</xref>, pp. 57-58).  </p>
				</disp-quote>

			<p>En mi acercamiento a la Sevilla de Tula a lo largo de las p&#x00E1;ginas que siguen, quiero partir de una afirmaci&#x00F3;n que, m&#x00E1;s all&#x00E1; de por qui&#x00E9;nes sea compartida, hace justicia a los textos de la cubana en sus a&#x00F1;os de estancia en la capital hispalense. Sevilla marc&#x00F3; un antes y un despu&#x00E9;s en la trayectoria de quien, veintea&#x00F1;era a&#x00FA;n y reci&#x00E9;n llegada de su Cuba transatl&#x00E1;ntica, se asentar&#x00E1; en esta ciudad y cuajar&#x00E1; en ella su vocaci&#x00F3;n literaria. Hablamos de un per&#x00ED;odo corto pero fecundo (1838-1840) en que se abrir&#x00E1; paso como mujer deslumbrante y escritora en ciernes: en Sevilla recibir&#x00E1; los primeros cortejos y las primeras lisonjas “profesionales”, d&#x00E1;ndose a conocer en los peri&#x00F3;dicos. Parad&#x00F3;jicamente y cerrando el c&#x00ED;rculo de una ya fecunda trayectoria literaria, en Sevilla culminar&#x00E1; su carrera profesional. Al final de los sesenta, viuda, prematuramente envejecida y cansada, retornar&#x00E1; de la Cuba que la vio nacer para recalar junto a parientes y amigos en una geograf&#x00ED;a amable. Se inicia el declive de una vida apasionante: est&#x00E1; enferma, se siente sola y atemorizada, escribe poco, los admiradores parecen haberse eclipsado. Quedan algunos j&#x00F3;venes fascinados por su leyenda, como el futuro padre Coloma. El salto a Madrid ser&#x00E1; breve: morir&#x00E1; y ser&#x00E1; enterrada en la sacramental de San Mart&#x00ED;n rodeada de un peque&#x00F1;o s&#x00E9;quito. <italic>¡Vanitas vanitatis!</italic> No obstante y seg&#x00FA;n sus &#x00FA;ltimas voluntades, sus restos reposan hoy en el sevillano cementerio de San Fernando, donde aguardan la resurrecci&#x00F3;n de la carne.  </p>

			<p>Uno podr&#x00ED;a preguntarse: ¿por qu&#x00E9; fue Sevilla el destino de esta inquieta cubana? Gracias a sus cartas editadas desde 1907 conocemos su trayectoria vital, su infancia feliz en Puerto Pr&#x00ED;ncipe respaldada por un padre consentidor y al que adoraba. Despu&#x00E9;s, el trauma de su p&#x00E9;rdida cuando solo contaba nueve a&#x00F1;os. Y el doble trauma del posterior matrimonio de la madre con Escalada, un padrastro al que no aceptar&#x00E1;… los deseos de escapar, viajar a la metr&#x00F3;poli para conocer la estirpe paterna. Es verdad que hay razones “intelectuales” m&#x00E1;s profundas: la isla se le queda corta a esta nueva Corinne, que se sabe superior y desea abrirse paso en la metr&#x00F3;poli. Siempre tuvo un apoyo en su hermano Manuel y ahora (estamos en el 36) lo convence para realizar el ansiado viaje. Arrastra a la familia y tras un atormentado viaje transatl&#x00E1;ntico muy bien estudiado por Albin (<xref ref-type="bibr" rid="CIT01">2002</xref>) y fruct&#x00ED;fero en cuanto que comienza sus cuadernillos de viaje en molde epistolar a la prima y querida amiga Elo&#x00ED;sa, y cuaja sus primeras poes&#x00ED;as impelida por la magnitud de la naturaleza y sus lecturas de Heredia, arriba a Burdeos. Por cierto que la estudiosa citada centra muy bien esa primera escritura h&#x00ED;brida de la cubana:  </p>

				<disp-quote>
					<p>Alego que la complejidad de estas <italic>Memorias</italic> radica en que pueden ser le&#x00ED;das como un diario de viajes, como un comentario socio-pol&#x00ED;tico, y como una narraci&#x00F3;n personal y autobiogr&#x00E1;fica que est&#x00E1; permeada por una meditaci&#x00F3;n po&#x00E9;tica (Albin, <xref ref-type="bibr" rid="CIT01">2002</xref>, p. 30).  </p>
				</disp-quote>

			<p>Aparco por conocida y f&#x00E1;cil de reconstruir en su <italic>Memoria</italic> la decepcionante estancia gallega, con parientes (los Escalada) que no comprenden a la <italic>doctora</italic> y amantes que se le declaran (es el <italic>fatum</italic>, el tributo que debe pagar a su belleza espectacular por ex&#x00F3;tica y tropical). En esas circunstancias, no es extra&#x00F1;o que haya vuelto los ojos a los parientes paternos de Constantina, una amable ciudad de la sierra norte sevillana a donde se dirigir&#x00E1; con Manuel en mayo del 38. Estancia breve, porque la ciudad acogedora no tiene la vida cultural que Tula anhela. En junio del 38 ya est&#x00E1;n en Sevilla, donde se instalar&#x00E1;n con la familia que les alcanza. Se inicia una vida social perceptible, si bien con cuentagotas, en las cartas a Cepeda: amistades, paseos, teatros, &#x00F3;pera y tertulias donde ¡al fin! florecer&#x00E1;n sus inquietudes literarias.  </p>

			<p>De todo ello da buena cuenta a su prima y, andando el tiempo, algo se escurrir&#x00E1; entre l&#x00ED;neas en su correspondencia con Cepeda, el amor de su vida… un amor frustrado y nunca a su altura, como es bien sabido. Las descripciones de C&#x00E1;diz y Sevilla (la ciudad, los monumentos, las costumbres…) ir&#x00E1;n paulatinamente siendo sustituidas por la vida misma: lecturas po&#x00E9;ticas que arroban a sus admiradores, no acostumbrados a la excelente modulaci&#x00F3;n de la fascinante jovencita… Publicaciones bajo el seud&#x00F3;nimo de <italic>La Peregrina</italic> en peri&#x00F3;dicos gaditanos (<italic>La Aureola)</italic>, granadinos (<italic>La Alhambra)</italic> o sevillanos (<italic>El Bolet&#x00ED;n de Teatros, El Sevillano, El Cisne…).</italic> Tula sabe ganarse a los hombres: as&#x00ED; por ejemplo, en el verano del 39 se acerca unos d&#x00ED;as a C&#x00E1;diz para conocer a D. Manuel Ca&#x00F1;ete, director de <italic>La Aureola.</italic> Y aprovecha para saludar a un veraneante, D. Alberto Lista, profesor de Humanidades en el madrile&#x00F1;o colegio de San Mateo que, poco despu&#x00E9;s, le abrir&#x00E1; las puertas del Ateneo y el Liceo literario de la capital. Tal vez de este viaje arranque tambi&#x00E9;n el conocimiento del famoso pintor Moral, a quien se debe uno de sus retratos m&#x00E1;s famosos, una preciosa miniatura.  </p>

			<p>No todo son frivolidades. Trabaja incansablemente en una novela comenzada en su viaje hacia el Viejo Mundo, la futura <italic>Sab, </italic>que publicar&#x00E1; en Madrid en el 41, junto a sus <italic>Poes&#x00ED;as</italic>. Asimismo, se arriesgar&#x00E1; con su primera obra dram&#x00E1;tica, <italic>Leoncia</italic>, estrenada en Granada en 1840 con un cierto &#x00E9;xito que se repetir&#x00E1; en Sevilla, Valencia, C&#x00E1;diz y Madrid, a pesar de los defectos estructurales propios de una principiante. De hecho, nunca la incluy&#x00F3; en sus Obras Completas.  </p>

			<p>¿Fue el triunfo que permit&#x00ED;a avizorar otros mayores en la capital? ¿O fueron los desdenes del “tibio gal&#x00E1;n” que result&#x00F3; Cepeda lo que impuls&#x00F3; a la cubana a instalarse en Madrid? Sea como fuere y de la mano de Lista y Nicasio Gallego, la Avellaneda triunfar&#x00E1; en un Madrid cortesano al que lleg&#x00F3; junto a su hermano a fines del 40, cuando irrumpe el romanticismo. La dejaremos present&#x00E1;ndose de inc&#x00F3;gnito en el Liceo literario de los Duques de Villahermosa, para pedir leyera sus versos en p&#x00FA;blico a un Zorrilla que, tiempo despu&#x00E9;s, revivir&#x00E1; as&#x00ED; el episodio:  </p>

				<disp-quote>
					<p>Sub&#x00ED; a la tribuna y le&#x00ED; como mejor supe unas estancias endecas&#x00ED;labas que arrebataron al auditorio. Rompiose el inc&#x00F3;gnito y, presentada, por m&#x00ED;, qued&#x00F3; aceptada en el Liceo, y por consiguiente en Madrid, como la primera poetisa de Espa&#x00F1;a, la hermosa cubana Gertrudis G&#x00F3;mez de Avellaneda (Zorrilla, <xref ref-type="bibr" rid="CIT22">1882</xref>, p. 131).  </p>
				</disp-quote>

			<p>Volvamos atr&#x00E1;s: ¿Qu&#x00E9; huellas quedan de Sevilla en los textos de Tula? ¿Hasta qu&#x00E9; punto contribuy&#x00F3; a cuajar su vocaci&#x00F3;n literaria y a redondear su personalidad la ciudad del Guadalquivir? </p>

		<sec id="S1.1">
			<title>1.1. Sevilla seg&#x00FA;n la “Memoria” o Cuadernos de viaje a su prima Elo&#x00ED;sa de Arteaga y Loynaz </title>

			<p>De la mano de Figarola-Caneda recuperamos hoy la <italic>Memoria de viaje… </italic>En barco, v&#x00ED;a Lisboa llega a C&#x00E1;diz junto a su hermano el once de abril del 38. Deslumbramiento y desembarco… C&#x00E1;diz es la ciudad hembra que se pasea aspirando sus fragancias. No importa cu&#x00E1;nto den de s&#x00ED; monumentos concretos como la catedral:  </p>

				<disp-quote>
					<p>Yo en mi entusiasmo nada vi, nada; vi a C&#x00E1;diz, vi la ciudad de C&#x00E1;diz toda en conjunto, linda, esbelta, coqueta y seductora […]. Yo confieso, Elo&#x00ED;sa, mi pasi&#x00F3;n y parcialidad por esta ciudad (Figarola-Caneda, <xref ref-type="bibr" rid="CIT07">1929</xref>, p. 274).  </p>
				</disp-quote>

			<p>Por fin el diecisiete toman el vapor <italic>Pen&#x00ED;nsula </italic>a Sevilla. Un mes y medio en la ciudad antes de partir a visitar a su t&#x00ED;o paterno, Felipe G&#x00F3;mez de Avellaneda, en Constantina, da la medida de lo que ser&#x00E1; su nuevo centro. Pasados tres meses y huyendo del consabido pretendiente rico que siempre se le declara, se instala definitivamente en la ciudad del Guadalquivir. Antes de poetizar sus calles y ciudades, las describir&#x00E1; dentro del ep&#x00ED;grafe “Sevilla” del cuadernillo tercero, en el que fija el tiempo de la escritura (“Siete meses han cursado despu&#x00E9;s de aquel d&#x00ED;a”) suficientes para ir calibrando el empaque y se&#x00F1;or&#x00ED;o de la hermosa ciudad del Betis, a la que inevitablemente compara con C&#x00E1;diz:  </p>

				<disp-quote>			
					<p>Se levanta, altiva y majestuosa, como una reina, coronada de sus gigantescos edificios. No presenta, ciertamente, la vista risue&#x00F1;a de C&#x00E1;diz; su aspecto es noble e imponente, y tal cual corresponde a su antig&#x00FC;edad e inmemorial grandeza (Figarola-Caneda, <xref ref-type="bibr" rid="CIT07">1929</xref>, p. 275).  </p>
				</disp-quote>

			<p>Es decir, le rinde tributo, pero no cae rendida a sus plantas con la empat&#x00ED;a demostrada con la tacita de plata. Castro y Calvo, en su completo estudio que sirve hoy de pr&#x00F3;logo a las obras completas publicadas en la B.A.E., compara estas p&#x00E1;ginas con las de otros autores que se extasiaron ante la ciudad del Betis. Tal vez olvida que Tula se mueve en un texto de &#x00E1;mbito privado, la carta, sin pretensiones literarias, pero a&#x00FA;n as&#x00ED;… la distancia entre esta somera descripci&#x00F3;n y las bellas p&#x00E1;ginas dedicadas por los viajeros a la m&#x00ED;tica Sevilla es muy grande, como se deduce por sus palabras:  </p>

				<disp-quote>
					<p>Heredia ha dedicado a Sevilla muy bellas p&#x00E1;ginas en el pr&#x00F3;logo a Bernal D&#x00ED;az. ¿Lo conoc&#x00ED;a Tula? Alfieri y Merim&#x00E9;e hablaron del hechizo de sus cantos, la inquietud de sus bandoleros, como siglos anteriores Cervantes y Mateo Alem&#x00E1;n descubrieron la picaresca…  </p>

					<p>B&#x00E9;cquer nos ha dejado una de las m&#x00E1;s bellas p&#x00E1;ginas sobre Sevilla, que acaso no ley&#x00F3; la Avellaneda: <italic>Sevilla con su Giralda de encajes, que copian temblando el Guadalquivir, y sus calles morunas, tortuosas y estrechas”… </italic>(G&#x00F3;mez de Avellaneda, <xref ref-type="bibr" rid="CIT10">1974</xref>, p. 45).  </p>
				</disp-quote>

			<p>Es cierto que la intencionalidad incide sobre el texto y que en este siglo la distancia entre p&#x00FA;blico y privado es casi insalvable. A&#x00FA;n as&#x00ED;, la comparaci&#x00F3;n no suele favorecer a la joven escritora. Aconsejo al lector interesado la lectura de un libro coet&#x00E1;neo, <italic>Sevilla y Andaluc&#x00ED;a</italic>, de Antoine Latour, quien fue corresponsal de Fern&#x00E1;n Caballero y destina p&#x00E1;ginas memorables (cap&#x00ED;tulos III al XIII) a la capital hispalense en la bella edici&#x00F3;n de Renacimiento (<xref ref-type="bibr" rid="CIT15">2006</xref>). La ciudad se encarna en una historia tejida de leyendas que, a su vez, cobran vida en la cotidianeidad de sus habitantes…  </p>

			<p>Tula no tiene esos objetivos a la vista. Da cuenta de forma escueta y a modo de sumario narrativo del marco geogr&#x00E1;fico en que su vida se desarrolla. Por ello, a continuaci&#x00F3;n y en el mismo ep&#x00ED;grafe que ven&#x00ED;amos comentando, pasa a describir la gran ciudad en torno a cien mil habitantes, los tres arrabales (Macarena, Triana y San Bernardo), la muralla &#x00E1;rabe, los puentes de barcas… y se detiene en la fisonom&#x00ED;a de cuatro calles del centro. Un d&#x00E9;dalo “arabesco” de “calles angostas y torcidas”… casas “irregulares y sin embargo deliciosas” con su “encantador patio” que “exhala mil pur&#x00ED;simos aromas”… “flores, fuentes, aguas”, aut&#x00E9;ntica fruici&#x00F3;n en este ardiente clima”. La joven poeta demuestra una singular sensibilidad y se abandona al encanto; pero ello no le impide establecer comparaciones entre su Puerto Pr&#x00ED;ncipe y la capital del Betis, al modo de los viajeros de todo tiempo y lugar. Porque el destinatario lo exige: debe saber, conocer, calibrar… y para ello es necesario comparar.  </p>

			<p>La casa y sus habitaciones, la plaza del Duque, paseo de los elegantes… El epistolario a Cepeda alude a &#x00E9;l una y otra vez; y saltando alternativamente de las p&#x00E1;ginas de la <italic>Memoria</italic> a este &#x00FA;ltimo, obtenemos una v&#x00ED;vida y completa impresi&#x00F3;n de lo que fue la vida cotidiana de la Avellaneda en este periodo de esplendor exuberante en verano; trist&#x00F3;n a fines de septiembre. Aunque dir&#x00E1; corrigi&#x00E9;ndose:  </p>

				<disp-quote>
					<p>[…] no, Elo&#x00ED;sa, no es as&#x00ED;: mi aversi&#x00F3;n al invierno me hace injusta. Sevilla es siempre seductora, y ni los vientos, ni las lluvias, ni las nieblas tristurosas que acompa&#x00F1;an a esta estaci&#x00F3;n de muerte, pueden oscurecer enteramente su sol brillante y su puro cielo (Figarola-Caneda, <xref ref-type="bibr" rid="CIT07">1929</xref>, p. 277).  </p>
				</disp-quote>

			<p>Y contin&#x00FA;a, marcando el tiempo del relato: “A&#x00FA;n gozamos aqu&#x00ED;, no obstante que escribo estas l&#x00ED;neas el 4 [sic] de diciembre, d&#x00ED;as muy bellos y noches apacibles (Figarola-Caneda, <xref ref-type="bibr" rid="CIT07">1929</xref>, p. 278).  </p>

			<p>Al hablar del estado del tiempo se desencadena una asociaci&#x00F3;n de ideas que la transporta arrobada al Caribe. Nueva cronista de Indias, focaliza su evocaci&#x00F3;n desde la mirada colombina (a&#x00FA;n sin nombrar expl&#x00ED;citamente al Almirante) reescribiendo el t&#x00F3;pico de la eterna primavera que caracteriza la regi&#x00F3;n:  </p>

				<disp-quote>
					<p>¡Feliz, empero, el pa&#x00ED;s privilegiado donde reina un eterno verano y cuyos &#x00E1;rboles jam&#x00E1;s ha osado el invierno despojar de sus galas! ¡Feliz Cuba, nuestra cara Patria, y feliz t&#x00FA;, Elo&#x00ED;sa, que no has conocido otro cielo que el suyo! […] ¡Oh Patria! ¡Oh, dulce nombre, que el destierro solo ense&#x00F1;a a apreciar! ¡Oh, tesoro que ning&#x00FA;n tesoro puede reemplazar!... Yo he visto los tr&#x00E9;mulos rayos del sol reflejar en su golfo, yo he paseado su margen encantadora, yo he respirado su ambiente puro… y el cielo de otros pa&#x00ED;ses no es cielo para m&#x00ED;. Volvamos a Sevilla (Figarola-Caneda, <xref ref-type="bibr" rid="CIT07">1929</xref>, p. 278).  </p>
				</disp-quote>

			<p>¡La imitadora de Heredia seg&#x00FA;n Albin (<xref ref-type="bibr" rid="CIT01">2002</xref>, pp. 77-104), la hija dilecta de una Cuba a&#x00FA;n colonia espa&#x00F1;ola, vibra con la emoci&#x00F3;n y a&#x00F1;oranza del exilado! Algunos cr&#x00ED;ticos no han dejado de se&#x00F1;alar la paradoja: desde el punto de vista pol&#x00ED;tico, la patria no existe, no puede existir para esta hija de funcionario espa&#x00F1;ol que, adem&#x00E1;s apost&#x00F3; por la metr&#x00F3;poli en la que quiere y conseguir&#x00E1; triunfar como poeta y dramaturga. Pero el XIX es un siglo rom&#x00E1;ntico y nacionalista, donde el exilio propicia poemarios encendidos. Por eso, y por las deudas reconocibles con su maestro (&#x00E9;l s&#x00ED; exilado), elabora esa imagen rom&#x00E1;ntica y herediana del yo en v&#x00ED;a hacia el destierro.  </p>

			<p>Retornemos a Sevilla, as&#x00ED; de modo abrupto, de la mano de Gertrudis. ¿C&#x00F3;mo no considerar una gran ciudad aquella que posee m&#x00E1;s de veinte plazas, el paseo de las Delicias, el magn&#x00ED;fico sal&#x00F3;n del Cristina, el teatro principal y sobre todo el c&#x00E9;lebre Alc&#x00E1;zar, al que por cierto escribe un poema que tampoco super&#x00F3; la criba de las obras completas? ¿Qu&#x00E9; importa que las calles est&#x00E9;n mal empedradas, que el n&#x00FA;mero de coches no llegue ni a la mitad de Puerto Pr&#x00ED;ncipe, si uno puede perderse por los salones y jardines de un Alc&#x00E1;zar a cuya historia alude sin especial inter&#x00E9;s; m&#x00E1;s con la que vuelve a vibrar, fundiendo su alma con personajes que se encarnan de nuevo, como Do&#x00F1;a Mar&#x00ED;a de Portugal, o Don Pedro su hijo, o la hermosa Mar&#x00ED;a de Padilla? Las interrogaciones ret&#x00F3;ricas tan propias de los rom&#x00E1;nticos ti&#x00F1;en un texto que rezuma lirismo por los cuatro costados:  </p>

				<disp-quote>
					<p>¡Oh, Alc&#x00E1;zar! dec&#x00ED;a yo entre mi, mientras atravesaba sus arabescas salas ¡Cu&#x00E1;ntos ilustres personajes han pisado tu pavimento! ¡De cu&#x00E1;ntos secretos has sido depositario! […]. Rev&#x00E9;lame, Alc&#x00E1;zar, el nombre de tus antiguos poseedores; refi&#x00E9;reme los reyes que has conocido, las fiestas que has presenciado ¡Ay! Tambi&#x00E9;n habr&#x00E1;s sido testigo mudo de grandes sufrimientos… Quiz&#x00E1;s has servido para sofocar entre tus espesas paredes muchos gemidos (Figarola-Caneda, <xref ref-type="bibr" rid="CIT07">1929</xref>, p. 280).  </p>
				</disp-quote>

			<p>La historia hecha carne en el texto desde la empat&#x00ED;a femenina, cuya pluma retornar&#x00E1; al tono descriptivo para perfilar la Lonja, la Giralda, el patio de los naranjos y la Catedral al modo de una gu&#x00ED;a tur&#x00ED;stica. La descripci&#x00F3;n de esta &#x00FA;ltima abre un nuevo cuadernillo, el cuarto, fechado en Sevilla, el ocho de diciembre de 1838. El lector confirma la sospecha al leer aqu&#x00ED;. “Si quieres una descripci&#x00F3;n m&#x00E1;s detallada y completa, Elo&#x00ED;sa m&#x00ED;a, proporci&#x00F3;nate la de Ce&#x00E1;n Berm&#x00FA;dez, que es la que me ha servido de gu&#x00ED;a (como ya te he repetido) al trazar este bosquejo” (Figarola-Caneda, <xref ref-type="bibr" rid="CIT07">1929</xref>, p. 290).  </p>

			<p>En resumen: el cuadernillo a Elo&#x00ED;sa y por lo que se refiere a Sevilla, combina elementos descriptivos y narrativos… Est&#x00E1; entreverado de arranques po&#x00E9;ticos te&#x00F1;idos de subjetividad rom&#x00E1;ntica; algo reconocido por la cubana a su prima:  </p>

				<disp-quote>
					<p>El Patio de los Naranjos despert&#x00F3; mi poes&#x00ED;a; me hizo desear ilusiones y hablaba mi coraz&#x00F3;n cuando trac&#x00E9; en el papel: “¡Ilusi&#x00F3;n celestial! Ante mis ojos/ cay&#x00F3; rasgado tu fulgente velo/ Y una tierra pis&#x00E9; llena de abrojos/ En vez de blando y satinado suelo” (Figarola-Caneda, <xref ref-type="bibr" rid="CIT07">1929</xref>, p. 286).  </p>
				</disp-quote>

			<p>Son versos del tercer cuarteto de “A la ilusi&#x00F3;n”, fechado en 1840 e incluido en la primera edici&#x00F3;n de sus <italic>Poes&#x00ED;as</italic> (1841); si bien lo desech&#x00F3; para las del cincuenta y sesenta y nueve, tal vez por su excesivo retoricismo ornamental. Por cierto, que de ese volumen y por lo que se refiere a la capital andaluza solo salv&#x00F3; para la posteridad su poema “Paseo por el Betis” (G&#x00F3;mez de Avellaneda, <xref ref-type="bibr" rid="CIT10">1974</xref>, pp. 247-248), una instant&#x00E1;nea pict&#x00F3;rica del amanecer sobre el r&#x00ED;o, en metro breve y ritmo ligero. Se acent&#x00FA;an los aromas de la majestuosa ciudad “perfumada de azahar” mientras el hablante l&#x00ED;rico queda extasiado ante el paisaje enmarcado en simbolog&#x00ED;a cl&#x00E1;sica (<italic>Ledo</italic>) y un vocabulario con reminiscencias orientalistas (<italic>auras</italic>, <italic>zafir</italic>, <italic>arrebol</italic>) propias de los viajeros rom&#x00E1;nticos. El poema se abre as&#x00ED;: “Ya del Betis/ Por la orilla/ Mi barquilla/ Libre va. / Y las auras/ Dulcemente/ Por mi frente/ Soplan ya. / ¡Boga, boga, / Buen remero/ Que el lucero/ Va a salir. / Y a Occidente/ Ledo sube/ En su nube/ De zafir!” (G&#x00F3;mez de Avellaneda, <xref ref-type="bibr" rid="CIT10">1974</xref>, p. 247).  </p>

			<p>El cuadernillo se cierra con la visita al cementerio de Sevilla que no encuentra tan rom&#x00E1;ntico como el de Bordeaux, aunque es “vasto y aseado”... Le aburre la “igualdad mon&#x00F3;tona y uniforme”… “ning&#x00FA;n sepulcro sobresale m&#x00E1;s que otro” –dir&#x00E1; (Figarola-Caneda, <xref ref-type="bibr" rid="CIT07">1929</xref>, p. 292). La incansable Tula anuncia una visita a It&#x00E1;lica y a Constantina, para que su prima amada pueda compartir las vivencias. Y concluye: “Es Sevilla una ciudad hist&#x00F3;rica, grande, cl&#x00E1;sica, rica de monumentos y recuerdos, que parece mejor y m&#x00E1;s bella cuanto m&#x00E1;s se la mira y examina” (Figarola-Caneda, <xref ref-type="bibr" rid="CIT07">1929</xref>, p. 292). </p>
		</sec>
		
		<sec id="S1.2">

			<title>1.2. De las cartas autobiogr&#x00E1;ficas a la autobiograf&#x00ED;a fingida: recepci&#x00F3;n y reescritura de la “Autobiograf&#x00ED;a y cartas a Cepeda” (1907/1914) </title>

			<p>En ese proceso se embarca Tula mientras se enamora, lo que da lugar a otra de sus m&#x00E1;s grandes obras literarias, las cartas a Cepeda, que se publican muchos a&#x00F1;os despu&#x00E9;s de su muerte. No es mi deseo profundizar en su estudio que tiene fort&#x00ED;simos valedores (Kirkpatrick, <xref ref-type="bibr" rid="CIT08">1991</xref>; Torras, <xref ref-type="bibr" rid="CIT21">2003</xref>; Rodr&#x00ED;guez Guti&#x00E9;rrez, <xref ref-type="bibr" rid="CIT18">2012</xref>). Pero considero necesario citarlo ahora como literatura testimonial, epistolario rom&#x00E1;ntico por excelencia y, tal vez, el legado m&#x00E1;s interesante para la posteridad en cuanto que perfila (¿construye?) la aventura vital y literaria de la Avellaneda.  </p>

			<p>Milena Rodr&#x00ED;guez, en su documentado art&#x00ED;culo ataca de frente el problema textual: no conocemos los manuscritos de ese cuadernillo, a partir del cual y por encargo de Mar&#x00ED;a Govantes, viuda de Cepeda, afirma Lorenzo Cruz-Fuentes haber arrostrado el trabajo editorial. No suele recordarse que hizo dos versiones (1907 y 1914). La segunda va “enriquecida” con trece cartas que se entremezclan con las existentes, sin mucha explicaci&#x00F3;n por parte del editor quien, adem&#x00E1;s, se atreve a suprimir p&#x00E1;rrafos o alterar, entre otras cosas, un uso peculiar de las comas que confiere personalidad al texto de Tula… “¿Qu&#x00E9; autoridad se concede a s&#x00ED; mismo el editor para atreverse a alterar ese estilo?” –se pregunta con irritada raz&#x00F3;n la doctora Rodr&#x00ED;guez (<xref ref-type="bibr" rid="CIT18">2012</xref>, p. 51)-. Y concluye apostando por el lado de la moral o el cuidado de la imagen para la famosa pareja:  </p>

				<disp-quote>
					<p>Se ha acusado a menudo a Lorenzo Cruz de Fuentes de <italic>proteger</italic> a Cepeda frente a G&#x00F3;mez de Avellaneda, debido a la amistad que uni&#x00F3; a los dos hombres. Sin embargo, consideramos que Cruz de Fuentes no s&#x00F3;lo <italic>protegi&#x00F3; </italic>a Cepeda, sino que intent&#x00F3;, adem&#x00E1;s, <italic>cuidar</italic> la imagen de la escritora […]. Se trata de cuestiones asociadas con la moral o creencias religiosas y lo suprimido contiene un elemento que pod&#x00ED;a resultar perturbador en la &#x00E9;poca en la que se editan las cartas, por lo cual creemos que no se trata de inofensivos, casuales errores del editor o de la imprenta […]. El editor se convirti&#x00F3;, tambi&#x00E9;n, en censor (Rodr&#x00ED;guez Guti&#x00E9;rrez, <xref ref-type="bibr" rid="CIT18">2012</xref>, p. 54).  </p>
				</disp-quote>

			<p>¡La cita es demasiado larga, pero tan sabrosa! No hay m&#x00E1;s que decir. Hay que ser sumamente prudentes en la lectura de este epistolario, porque ha sido “trabajado” previamente por el editor. A&#x00FA;n m&#x00E1;s por el suyo el <italic>Diario de amor</italic> (G&#x00F3;mez de Avellaneda, <xref ref-type="bibr" rid="CIT09">1928</xref>), aut&#x00E9;ntico fraude (vende como in&#x00E9;ditas cartas ya publicadas y las manipula a su antojo) que Cotarelo y Rodr&#x00ED;guez Guti&#x00E9;rrez desenmascaran. Pero esas cuestiones rebasan los l&#x00ED;mites cronol&#x00F3;gicos que nos hemos impuesto. No as&#x00ED; el estudio de la gestaci&#x00F3;n, por otra parte muy conocida. Ya Lazo hab&#x00ED;a advertido a&#x00F1;os atr&#x00E1;s de que hay como dos partes en este “eleg&#x00ED;a de un amor imposible” (Lazo, <xref ref-type="bibr" rid="CIT16">1972</xref>, p. 72) en la que interviene la pasi&#x00F3;n amorosa y lo dem&#x00E1;s. Retornaremos a la pasi&#x00F3;n, pero centr&#x00E9;monos de momento en lo dem&#x00E1;s: una mujer de talento, amiga del saber, de certera agudeza y serena imparcialidad y madurez de criterio transmite sus recuerdos de infancia y primera juventud; as&#x00ED; como las impresiones sobre la vida cotidiana en Sevilla: los paseos del Duque, la &#x00F3;pera, la rutina, las tertulias y cotilleos. Incluso sus lecturas y entretenimientos… Enfrente, la pasi&#x00F3;n; se enamora desbocadamente y… “todo se poematiza” (Lazo, <xref ref-type="bibr" rid="CIT16">1972</xref>, p. 71). Puede formarse toda una colecci&#x00F3;n de poemas en prosa a partir del texto –sigue diciendo el cr&#x00ED;tico-. De ah&#x00ED; –concluye- la envolvente ambig&#x00FC;edad en pro de elevar al objeto amoroso y las estrategias para alcanzar por caminos nuevos al imperturbable amante.  </p>

			<p>Kirkpatrick insistir&#x00E1; en su tesis de la escritura como acto de seducci&#x00F3;n a Cepeda; tesis m&#x00E1;s que sostenible porque se est&#x00E1; escribiendo el yo para otro, casi a pedido, como hac&#x00ED;an las monjas con sus confesores. Por cierto que varios trabajos relacionan a Tula con Sor Juana (Sabat de Rivers, <xref ref-type="bibr" rid="CIT19">1981</xref>, pp. 99-110; Torras, <xref ref-type="bibr" rid="CIT21">2003</xref>, pp. 13-59) por otra parte inevitable. El de esta &#x00FA;ltima repasa la bibliograf&#x00ED;a anterior dialogando con ella de forma sistem&#x00E1;tica: ¿estamos ante un documento de verdad, producto de una jovencita ingenua y enamorada, como aseguraron en su d&#x00ED;a Eugenio Su&#x00E1;rez Galv&#x00E1;n (<xref ref-type="bibr" rid="CIT20">1980</xref>, pp. 281-296) y otros? O “la intencionalidad y el tono, determinada por la relaci&#x00F3;n con el receptor, establecen claras diferencias entre los dos”, como concluye Sergio Beser en el pr&#x00F3;logo a la edici&#x00F3;n del C&#x00ED;rculo de Lectores (<xref ref-type="bibr" rid="CIT13">1996</xref>, p. 22), al comparar este cuadernillo (privado) con los cuatro cuadernillos de <italic>Memorias</italic> a Elo&#x00ED;sa (tambi&#x00E9;n privados, de hecho no se publicaron hasta 1914). Incluso con unos <italic>Apuntes autobiogr&#x00E1;ficos</italic> (1850), redactados por la autora para la revista madrile&#x00F1;a <italic>La Ilustraci&#x00F3;n, </italic>es decir, de &#x00E1;mbito p&#x00FA;blico. Porque curiosamente no coinciden, a pesar de haber sido redactados en un breve lapso de tiempo. El destinatario rige la escritura hasta el punto de modificar las perspectivas del relato.  </p>

			<p>Y por aqu&#x00ED; desembocamos en una interpretaci&#x00F3;n opuesta a la “sinceridad rom&#x00E1;ntica” para una <italic>autobiograf&#x00ED;a</italic> construida y calculada al mil&#x00ED;metro: es lo que demuestra Meri Torras en su trabajo, paso a paso, cotejando el texto con las circunstancias y constatando que “Tula, el yo autobiogr&#x00E1;fico de Gertrudis G&#x00F3;mez de Avellaneda, bebe a grandes tragos de la literatura rom&#x00E1;ntica” (Torras, <xref ref-type="bibr" rid="CIT21">2003</xref>, p. 37), mientras reinventa los corresponsales y juega con ellos, especialmente Cepeda, basculando entre ofrecimientos de amor y amistad. En la recta final (y no me detengo en analizarlo porque eso ya ha sido suficientemente estudiado) monta toda una estrategia ret&#x00F3;rica en torno a la duda entre quemarlo o entregarlo a su destinatario. Mera estrategia: ella ya ha decidido:  </p>

				<disp-quote>
					<p>Gertrudis G&#x00F3;mez de Avellaneda conoc&#x00ED;a el valor de lo que hab&#x00ED;a firmado. Ese texto epistolar<italic> no</italic> est&#x00E1; escrito para ella misma, el papel del interlocutor es primordial y sin Ignacio de Cepeda el texto –ya lo advert&#x00ED;- carece de sentido. Por eso la cubana sigui&#x00F3; el impulso de su coraz&#x00F3;n pero tambi&#x00E9;n de su cabeza cuando entreg&#x00F3; el cuadernillo al sevillano. Y sab&#x00ED;a muy bien lo que hac&#x00ED;a (Torras, <xref ref-type="bibr" rid="CIT21">2003</xref>, p. 59).  </p>
				</disp-quote>

			<p>¿Sorprender&#x00E1; entonces que en nuestro siglo se hayan escrito autobiograf&#x00ED;as ficticias de la escritora como las <italic>Memorias de una mujer libre</italic> (<xref ref-type="bibr" rid="CIT03">2008</xref>), de Cira Andr&#x00E9;s y Mar Casado? </p>
		</sec>
		
		<sec id="S1.3">
			
			<title>1.3. Poes&#x00ED;as (1841), Leoncia (drama, 1940) y Sab (novela, 1841) como textos autobiogr&#x00E1;ficos </title>

			<p>Gertrudis es poeta por excelencia, una poeta que andando el tiempo abrir&#x00E1; incluso perspectivas al modernismo por su experimentaci&#x00F3;n con la m&#x00E9;trica y el verso. Edith Checa escribi&#x00F3; en 2001 un art&#x00ED;culo colgado hoy en la red sobre la escritura period&#x00ED;stica de la cubana, donde se cita un primer poema publicado en “El Cisne” de Sevilla. Lamentablemente su interesante trabajo de rescate, no alude a publicaciones de la etapa sevillana. De hecho existen pocas referencias a poemas concretos y la mayor&#x00ED;a no perduraron en sus obras completas, por lo que no abordar&#x00E9; su estudio y remito al interesante portal que se le dedica en el Cervantes. Pero conviene recordar que se est&#x00E1; gestando en Sevilla, al hilo del d&#x00ED;a a d&#x00ED;a, una de las grandes poetas del romanticismo. Su poes&#x00ED;a intimista, amorosa, con enclaves hist&#x00F3;ricos… ir&#x00E1; incrementando el tema religioso, presente desde los or&#x00ED;genes de modo convencional, hasta convertirlo en una vivencia intensa y faceta primordial de su poes&#x00ED;a.  </p>

			<p>Por lo que se refiere a la dramaturga, el seis de junio y el ocho de noviembre respectivamente se estrena en Sevilla y Granada <italic>Leoncia</italic>, drama que adolece de defectos como obra primeriza, pero bien recibida por la cr&#x00ED;tica en su momento. Su protagonista es una mujer ultrajada y abandonada, tema que obsesionar&#x00E1; a Tula: “Hay como un vaticinio del futuro de la Avellaneda. Parece anunciar el porvenir, y las exclamaciones de Leoncia, inventadas por la autora, le&#x00ED;das hoy con mirada retrospectiva, pueden aplicarse a su vida” (Bravo-Villasante, <xref ref-type="bibr" rid="CIT04">1967/1986</xref>, p. 55). El texto fue inteligentemente desechado por la autora a la hora de preparar sus obras completas.  </p>

			<p>En cuanto a su novela <italic>Sab</italic>, empieza a escribirla en el viaje y la terminar&#x00E1; en la capital hispalense. Desde tiempo atr&#x00E1;s viene celebr&#x00E1;ndose como una de las primeras novelas abolicionistas o antiesclavistas por su temprana fecha (1841) y el mensaje tan claro. Es la tesis, entre muchos otros, de Ilia Casanova-Marengo en su libro, <italic>Ruptura y mediaci&#x00F3;n en la narrativa antiesclavista cubana</italic> (<xref ref-type="bibr" rid="CIT05">2002</xref>). Una segunda reelectura en clave de g&#x00E9;nero sirvi&#x00F3; para relanzarla desde los woman studies. Desde esta perspectiva y en su monograf&#x00ED;a <italic>El discurso de Gertrudis G&#x00F3;mez de Avellaneda: identidad femenina y otredad, </italic>Br&#x00ED;gida Pastor afirma que existe “una analog&#x00ED;a entre la condici&#x00F3;n femenina y la esclavitud, tema que se construye m&#x00E1;s expl&#x00ED;citamente en su otra novela temprana, <italic>Dos mujeres</italic> y en otras obras posteriores” (Pastor, <xref ref-type="bibr" rid="CIT17">2002</xref>, p. 97). Algo que ha sido aceptado y repetido; incluso se insiste en que la esclavitud del matrimonio es peor que la suerte del esclavo quien al menos te&#x00F3;ricamente podr&#x00ED;a cambiar de amo. As&#x00ED; el libro ser&#x00ED;a tanto un desaf&#x00ED;o al sistema patriarcal, como a los l&#x00ED;mites discursivos del lenguaje.  </p>

			<p>Relacionando este asunto con el ep&#x00ED;grafe anterior donde se pondera la manipulaci&#x00F3;n textual de la autobiograf&#x00ED;a, me parece m&#x00E1;s que interesante el rescate de p&#x00E1;rrafos dentro de ella que son pr&#x00E1;cticamente id&#x00E9;nticos a otros de <italic>Sab, </italic>(a saber, unas l&#x00ED;neas del parlamento del mulato a Teresa). El asunto demuestra al menos dos cosas: que Tula es escritora siempre, tambi&#x00E9;n cuando supuestamente escribe una carta privada para ser le&#x00ED;da por un &#x00FA;nico destinatario: su amado Cepeda. La segunda, a&#x00FA;n m&#x00E1;s importante para el taller de escritura en que se va forjando el estilo de la cubana, responder&#x00ED;a a la pregunta que se hace Milena Rodr&#x00ED;guez: “¿G&#x00F3;mez de Avellaneda mezcla a conciencia su escritura personal y su escritura literaria?” (Rodr&#x00ED;guez, <xref ref-type="bibr" rid="CIT18">2012</xref>, p. 56). Y aconseja prudencia.  </p>

			<p>Ya Kirkpatrick (<xref ref-type="bibr" rid="CIT08">1991</xref>, p. 151) hab&#x00ED;a aventurado que en esta novela la cubana distribuye su propia intimidad entre varios personajes (Sab, Teresa, Carlota), seg&#x00FA;n temas y situaciones dram&#x00E1;ticas. Y Carmen Bravo-Villasante (<xref ref-type="bibr" rid="CIT04">1967/1986</xref>) hab&#x00ED;a ido mucho m&#x00E1;s lejos al postular esta novelita como “literatura de pasi&#x00F3;n”, “una novela preciosa para el romanticismo espa&#x00F1;ol” […] “nuestro <italic>Atala</italic> rom&#x00E1;ntico” (p. 66). Y rechaza la militancia abolicionista en quien –seg&#x00FA;n ella- no se hab&#x00ED;a significado en absoluto en esta l&#x00ED;nea:  </p>

			<disp-quote>		
				<p>No obstante los alegatos contra la esclavitud, no tiene sentido comparar la novela de <italic>Sab</italic> con <italic>La caba&#x00F1;a del t&#x00ED;o Tom</italic> de H. Becher Stone, pues no se propuso la Avellaneda hacer algo semejante, sino pintar la pasi&#x00F3;n de naturalezas de fuego y los amores contrariados e imposibles. En <italic>Sab </italic>el elemento abolicionista es lo de menos (Bravo-Villasante, <xref ref-type="bibr" rid="CIT04">1967/1986</xref>, p. 71).  </p>
			</disp-quote>

			<p>Tesis muy fuertes y controvertidas por el aparente conservadurismo de su propuesta. En las d&#x00E9;cadas pasadas postular la denuncia, bien fuera maltrato femenino o esclavitud irredenta, estaba mucho m&#x00E1;s en consonancia con la directrices sociales y literarias. Pasado el tiempo y asumidas estas lecturas ¿podr&#x00ED;an ser compatibles con una relectura en clave parcialmente autobiogr&#x00E1;fica? Es lo que quisiera plantear aqu&#x00ED;, considerando que la novela por momentos adopta “el mismo tono de sus memorias y de sus cartas autobiogr&#x00E1;ficas, una experiencia inolvidable desdoblada en g&#x00E9;nero epistolar y en ficci&#x00F3;n novelesca” (Bravo-Villasante, <xref ref-type="bibr" rid="CIT04">1967/1986</xref>, p. 69). No es momento de profundizar en mi tesis, bucear en textos que lo justifiquen… Pero tiene una cierta l&#x00F3;gica. Sevilla fue punto de arranque y broche final de su vida literaria. Y no solo porque en ella comenzara a escribir sus poes&#x00ED;as, dramas y novelas durante la primera estancia; y preparara la edici&#x00F3;n de sus obras completas y el devocionario en la segunda. Es que sus vivencias autobiogr&#x00E1;ficas cuajan espl&#x00E9;ndidamente en las obras redactadas en esta ciudad. M&#x00E1;s all&#x00E1; del afamado cuadernillo a Cepeda, que siempre se consider&#x00F3; as&#x00ED;, habr&#x00ED;a que releer <italic>Leoncia, Sab, </italic>algunas poes&#x00ED;as y el devocionario desde esta perspectiva. Y enmarcarlas en un romanticismo que primaba la autenticidad de la pasi&#x00F3;n (amorosa, religiosa) hasta l&#x00ED;mites estrafalarios. Esta tesis no descarta el taller de escritura, la manipulaci&#x00F3;n textual propia de una mujer que siempre quiso ser literata. </p>
		</sec>
		</sec>
			
		<sec id="S2">	
			<title>2. LA SEGUNDA ESTANCIA SEVILLANA: ELABORANDO LA POSTERIDAD </title>

			<p>El 21 de mayo de 1864 embarca para Espa&#x00F1;a junto a su fiel hermano Manuel. Un alto de dos meses en Nueva York para visitar las cataratas del Ni&#x00E1;gara, donde el poema es obligado. Pero su prodigiosa vena l&#x00ED;rica parece haberse agotado. A su regreso al Madrid de sus tiempos juveniles lleva s&#x00F3;lo una poes&#x00ED;a en recuerdo de Heredia, el cantor del Ni&#x00E1;gara. Su salud est&#x00E1; m&#x00E1;s quebrantada que nunca, por lo que decide instalarse en Sevilla durante cuatro a&#x00F1;os. Recupera amigos, veranea en Puerto Real, donde pasea la alta sociedad, escribe <italic>Catilina </italic>(1867)… y un <italic>Devocionario nuevo y complet&#x00ED;simo en prosa y </italic>verso (1867), para el que toma como base el redactado en el 47, que cre&#x00ED;a perdido. En realidad se dedica a organizar sus <italic>Obras Completas</italic>, que saldr&#x00E1;n entre 1869 y 1871 en cinco tomos, mientras entabla amistad con Fern&#x00E1;n Caballero, mayor que ella pero que la sobrevivir&#x00E1;. Su religiosidad se acrecienta.  </p>

			<p>Est&#x00E1; avejentada y su tristeza crece con la enfermedad y muerte de Manuel, el hermano querido. Tras regalar a la universidad y la Biblioteca colombina sus <italic>Obras…</italic> ( no en vano ha desarrollado un fuerte sentido de autor&#x00ED;a, que le lleva a dejar fuera <italic>Sab, Dos mujeres, Leoncia, Guatimozin…</italic>) volver&#x00E1; como viuda a Madrid donde, enferma de diabetes, morir&#x00E1; olvidada de casi todos el uno de febrero del 73.  </p>

			<p>Su relaci&#x00F3;n con Fern&#x00E1;n Caballero fue trabajada hace muchos a&#x00F1;os por Jes&#x00FA;s de las Cuevas en un art&#x00ED;culo publicado en <italic>Archivo Hispalense</italic> (De las Cuevas, <xref ref-type="bibr" rid="CIT06">1954</xref>, pp. 51-72) bajo el t&#x00ED;tulo “Tula y Fern&#x00E1;n en Sevilla a trav&#x00E9;s de unas cartas in&#x00E9;ditas”. El art&#x00ED;culo da mucho m&#x00E1;s de lo que promete: hace un recorrido por los epistolarios de la Avellaneda desde su llegada a Andaluc&#x00ED;a, nombrando el <italic>Diario de amor </italic>editado por Ghiraldo (sic) (<xref ref-type="bibr" rid="CIT09">1928</xref>) y el libro de Figarola-Caneda (<xref ref-type="bibr" rid="CIT07">1929</xref>) ya comentados. Lo hace para se&#x00F1;alar rasgos de estilo que arrancan de la primera juventud: “claridad dentro de la necesaria brevedad y sinceridad a raudales” (De las Cuevas, <xref ref-type="bibr" rid="CIT06">1954</xref>, p. 53). Siempre muy expresivas, a veces se ti&#x00F1;en de tristeza o desaliento, parad&#x00F3;jicamente tan propias de la juventud y de las altas horas de la noche en que redacta sus misivas. Las de los &#x00FA;ltimos tiempos siguen describiendo “el paseo de por la tarde en Sevilla, junto al Guadalquivir, retrata con su gracejo espont&#x00E1;neo la sociedad sevillana en Puerto Real, o nos emociona al verla sola en una casa de la ciudad” (De las Cuevas, <xref ref-type="bibr" rid="CIT06">1954</xref>, p. 53).  </p>

			<p>Por lo que se refiere a Fern&#x00E1;n, todav&#x00ED;a en 1859 declaraba no conocerla personalmente, aunque la considera “inspirada artista”, “due&#x00F1;a de un alma muy elevada” y de “un hermoso coraz&#x00F3;n”. Ahora, en 1869 se dirige a ella como “ilustre Fern&#x00E1;n”, “sincera amiga”… Le dedica <italic>El pr&#x00ED;ncipe de Viana</italic> y le env&#x00ED;a el <italic>Devocionario Nuevo y Complet&#x00ED;simo. </italic>Por su parte, la Caballero en carta a Latour se expresa as&#x00ED;:  </p>

				<disp-quote>
					<p>Extra&#x00F1;ar&#x00E1; a Ud si le digo que somos muy amigas la Avellaneda y yo, por ser, al parecer, nuestras sendas muy opuestas, as&#x00ED; como nuestros caracteres. Esto probar&#x00E1; que no es preciso asemejarse para quererse. Es una mujer buen&#x00ED;sima, aunque yo quisiera, para su propia felicidad, su sangre corriese menos apresurada y su esp&#x00ED;ritu se elevase menos a esas regiones tan altas que, aunque bellas y puras, tienen la contra de que en ellas se pierden de vista las cosas terrenas y la senda que hemos de pisar para nuestro bienestar y conveniencia (De las Cuevas, <xref ref-type="bibr" rid="CIT06">1954</xref>, p. 64).  </p>
				</disp-quote>

			<p>La extra&#x00F1;eza no sobra: hubo quienes, como Ang&#x00E9;lica Palma, la hija del escritor peruano, pensaban que en Fern&#x00E1;n hab&#x00ED;a “admiraci&#x00F3;n, simpat&#x00ED;a y despego” hacia la que denominaba “la Magna”, en referencia a su santa. Son muy distintas, una rica y otra casi pobre; una, lanzada y otra precavida y conservadora; Tula, exuberante y Cecilia “fea, precavida y no le gusta relacionarse con muchas personas” (Alzaga, <xref ref-type="bibr" rid="CIT02">1997</xref>, p. 186). Aun as&#x00ED;, tienden puentes.  </p>

			<p>Sea como fuere y fruto de esta segunda estancia sevillana, se conservan m&#x00E1;s de seis cartas de Tula a Gonzalo Segovia (conde de Segovia, hijo) de 1866, a quien cuenta de su vida y a veces solicita peque&#x00F1;os favores. Por ellas sabemos que monta a caballo (siempre le apasionaron), va a Puerto Real a veranear con la flor y nata de la sociedad sevillana y, progresivamente (mucho m&#x00E1;s tras la muerte del hermano) se encierra en una casona con criados de los que desconf&#x00ED;a; incluso pide una pistola, hasta tal punto recela de posibles asaltos. Testimonio de la vida cotidiana de quien ya va de vuelta tras haber deslumbrado a&#x00F1;os atr&#x00E1;s a la sociedad espa&#x00F1;ola.  </p>

			<p>Alzaga en un gr&#x00E1;fico sumario describe as&#x00ED; esta etapa:  </p>

				<disp-quote>
					<p>Comienza a preparar sus <italic>Obras literarias. </italic>Corrige, reescribe. La soledad y el dolor paralizan su creaci&#x00F3;n. Desde su abandono nuevamente se refugia en Dios; crece en la fe; intenta rehacer el <italic>Manual del cristiano</italic> escrito entre 1846 y 1847, a ra&#x00ED;z de la muerte de Sabater, perdido por la casa editora “La Publicidad”; y da a la imprenta el <italic>Devocionario nuevo y complet&#x00ED;simo en prosa y verso</italic> en 1867 (Alzaga, <xref ref-type="bibr" rid="CIT02">1997</xref>, p. 69).  </p>
				</disp-quote>

			<p>A&#x00F1;os atr&#x00E1;s ya Cotarelo hab&#x00ED;a sido reticente respecto de estas correcciones. Y su bi&#x00F3;grafa Carmen Bravo-Villasante es particularmente cr&#x00ED;tica con la labor emprendida por Tula en estos momentos: “alguna vez el cambio es acertado –dice-, pero la mayor&#x00ED;a de las veces la correcci&#x00F3;n es perturbadora, totalmente in&#x00FA;til. Incapaz de crear cosas nuevas, es como si quisiera tener la sensaci&#x00F3;n de crear corrigiendo los originales” (Bravo-Villasante, <xref ref-type="bibr" rid="CIT04">1967/1986</xref>, p. 197). Un juicio bastante despiadado, en cualquier caso. Carezco de la autoridad y preparaci&#x00F3;n suficientes para contradecir un juicio al menos osado. Sea como fuere, porque no est&#x00E1; tan segura o…, imprime pocos ejemplares (sabe lo que es y su destino) hasta el punto de haberse convertido en una joya bibliogr&#x00E1;fica (hay un ejemplar en el ICI madrile&#x00F1;o). Por delante, lo que Alzaga denomina “invierno y muerte” (Alzaga, <xref ref-type="bibr" rid="CIT02">1997</xref>, p. 194): el 68 con la Gloriosa, la revoluci&#x00F3;n y huida de la reina, el cambio de gobierno… todo un recambio generacional, el fin de una era. Tula se siente desamparada sin sus protectores, los reyes y los Duques de Montpensier. Adem&#x00E1;s, el diez de octubre estalla en Cuba una de las secuelas, la denominada “guerra de los diez a&#x00F1;os”. Todo tristezas para quien se enfrenta a la recta final. ¿Extra&#x00F1;ar&#x00E1; entonces que se refugie cada vez m&#x00E1;s en una religi&#x00F3;n presente como motivo desde sus primeras poes&#x00ED;as (“A la Virgen”, “Dios y el hombre”)? En su desarreglada vida ya atisb&#x00F3; que la felicidad proviene de la conjunci&#x00F3;n de amor y virtud. Incluso en su novela primeriza <italic>Dos mujeres</italic> ya se intu&#x00ED;an esos derroteros. Es el momento de asumir esa pasi&#x00F3;n, de cuyos excesos se arrepinti&#x00F3; tantas veces y sublimarla a lo divino.  </p>

			<p>En conclusi&#x00F3;n: de este repaso por los a&#x00F1;os sevillanos de Gertrudis G&#x00F3;mez de Avellaneda se desgaja una imagen m&#x00E1;s integrada, aunque compleja y contradictoria de la mujer y la escritora. Si la bibliograf&#x00ED;a historicista tradicional la enfoc&#x00F3; como “una mujer travestida de hombre que quiso triunfar en la metr&#x00F3;poli” y la recuperaci&#x00F3;n feminista de las &#x00FA;ltimas d&#x00E9;cadas del siglo veinte como “la Corinne cubana”, es decir, la mujer superior abocada a la infelicidad amorosa, un acercamiento m&#x00E1;s ponderado desde los primeros tiempos andaluces podr&#x00ED;a desembocar en una visi&#x00F3;n m&#x00E1;s global de las incongruencias vitales (amantes tumultuosos frente a matrimonios tradicionales) y literarias (<italic>Sab, Dos mujeres</italic>, con sus denuncias abolicionistas y propuestas de emancipaci&#x00F3;n femenina, por un lado, frente a devocionarios y poes&#x00ED;as religiosas que se extienden de la juventud a la madurez, en un <italic>in crescendo</italic> cada vez m&#x00E1;s personal, por otro). La Avellaneda –como dijeran Raimundo Lazo y Carmen Bravo-Villasante- fue una mujer rom&#x00E1;ntica, acendradamente rom&#x00E1;ntica por formaci&#x00F3;n y car&#x00E1;cter–dir&#x00ED;a yo- y eso explica los excesos, las alternativas radicales entre orgullo y pasi&#x00F3;n, entre raz&#x00F3;n y fe. Es un Lope de Vega redivivo, una mujer de su &#x00E9;poca. Y se ha forjado en el catolicismo. El trabajo de Florinda Alzaga recupera esa faceta, en apariencia extempor&#x00E1;nea si la enfocamos desde los prismas feministas del pasado siglo. Tiene mucho de Beauvoir en su recelo del matrimonio y la trampa que supone para la mujer con aspiraciones intelectuales; pero no es una agn&#x00F3;stica o atea al uso. Es cierto que su car&#x00E1;cter ir&#x00E1; templando con la edad y los sinsabores de la vida, y su religiosidad acendr&#x00E1;ndose en la recta final; lo que le permite integrar facetas en origen aparentemente contradictorias del epistolario, de ciertas novelas, de sus devocionarios y poes&#x00ED;as… Y podr&#x00E1; hacerlo porque su trayectoria siempre tuvo un hilo conductor: la b&#x00FA;squeda del ideal, ll&#x00E1;mese amor humano, triunfo intelectual o Dios.</p>
		
		</sec>
		
	</body>

	<back>
					
		<ref-list>
			<title>BIBLIOGRAF&#x00CD;A</title>
			
			<ref id="CIT01">
			<element-citation publication-type="book">
			  <person-group person-group-type="author">
				  <name>
					  <surname>Albin</surname>
					  <given-names>M. C.</given-names>	  
				  </name>
			  </person-group>
			  <year>2002</year>
			  <source>G&#x00E9;nero, poes&#x00ED;a y esfera p&#x00FA;blica. Gertrudis G&#x00F3;mez de Avellaneda y la tradici&#x00F3;n rom&#x00E1;ntica</source>
			  <publisher-loc>Madrid</publisher-loc>
			  <publisher-name>Trotta</publisher-name>
			</element-citation>
			</ref>
	
			<ref id="CIT02"> 
			<element-citation publication-type="book">
			  <person-group person-group-type="author">
				  <name>
					  <surname>Alzaga</surname>
					  <given-names>F.</given-names>	  
				  </name>
			  </person-group>
			  <year>1997</year>
			  <source>La Avellaneda: intensidad y vanguardia</source>
			  <publisher-loc>Miami</publisher-loc>
			  <publisher-name>Universal</publisher-name>
			</element-citation>
			</ref>

			<ref id="CIT03">
			<element-citation publication-type="book">
			  <person-group person-group-type="author">
				  <name>
					  <surname>Andr&#x00E9;s</surname>
					  <given-names>C.</given-names>	  
				  </name>
				  <name>
					  <surname>Casado</surname>
					  <given-names>M.</given-names>	  
				  </name>
			  </person-group>
			  <year>2008</year>
			  <source>Gertrudis G&#x00F3;mez de Avellaneda: memorias de una mujer libre</source>
			  <publisher-loc>Madrid</publisher-loc>
			  <publisher-name>Icaria</publisher-name>
			</element-citation>
			</ref>

			<ref id="CIT04">
			<element-citation publication-type="book">
			  <person-group person-group-type="author">
				  <name>
					  <surname>Bravo-Villasante</surname>
					  <given-names>C.</given-names>	  
				  </name>
			  </person-group>
			  <year>1967/1986</year>
			  <source>Una vida rom&#x00E1;ntica: la Avellaneda</source>
			  <publisher-loc>Madrid</publisher-loc>
			  <publisher-name>Edhasa</publisher-name>
			</element-citation>
			</ref>

			<ref id="CIT05">
			<element-citation publication-type="book">
			  <person-group person-group-type="author">
				  <name>
					  <surname>Casanova-Marengo</surname>
					  <given-names>I.</given-names>	  
				  </name>
			  </person-group>
			  <year>2002</year>
			  <source>El intersticio de la colonia. Ruptura y mediaci&#x00F3;n en la narrativa antiesclavista cubana</source>
			  <publisher-loc>Madrid/Frankfurt</publisher-loc>
			  <publisher-name>Iberoamericana/Vervuert</publisher-name>
			</element-citation>
			</ref>

			<ref id="CIT06">
			<element-citation publication-type="journal">
			  <person-group person-group-type="author">
				  <name>
					  <surname>De las Cuevas</surname>
					  <given-names>J.</given-names>	  
				  </name>
			  </person-group>
			  <year>1954</year>
			  <article-title>Tula y Fern&#x00E1;n en Sevilla a trav&#x00E9;s de unas cartas in&#x00E9;ditas</article-title>
			  <source>Archivo Hispalense</source>
			  <volume>20</volume>
			  <fpage>51</fpage>
			  <lpage>72</lpage>
			</element-citation>
			</ref>

			<ref id="CIT07">
			<element-citation publication-type="book">
			  <person-group person-group-type="author">
				  <name>
					  <surname>Figarola-Caneda</surname>
					  <given-names>D.</given-names>	  
				  </name>
			  </person-group>
			  <year>1929</year>
			  <source>Gertrudis G&#x00F3;mez de Avellaneda: biograf&#x00ED;a, bibliograf&#x00ED;a e iconograf&#x00ED;a, incluyendo muchas cartas in&#x00E9;ditas o publicadas, escritas por la gran poetisa o dirigidas a ella, y sus memorias</source>
			  <publisher-loc>Madrid</publisher-loc>
			  <publisher-name>Sociedad General Espa&#x00F1;ola de Librer&#x00ED;a</publisher-name>
			</element-citation>
			</ref>

			<ref id="CIT08">
			<element-citation publication-type="book">
			  <person-group person-group-type="author">
				  <name>
					  <surname>Kirkpatrick</surname>
					  <given-names>S.</given-names>	  
				  </name>
			  </person-group>
			  <year>1991</year>
			  <chapter-title>Feminizaci&#x00F3;n del sujeto rom&#x00E1;ntico en la narrativa: G&#x00F3;mez de Avellaneda</chapter-title>
			  <source>Las rom&#x00E1;nticas. Escritoras y subjetividad en Espa&#x00F1;a, 1835-1850</source>
			  <publisher-loc>Madrid</publisher-loc>
			  <publisher-name>C&#x00E1;tedra/Feminismos - Universidad de Valencia: Instituto de la Mujer</publisher-name>
			  <fpage>131</fpage>
			  <lpage>164</lpage>
			</element-citation>
			</ref>

			<ref id="CIT09">
			<element-citation publication-type="book">
			  <person-group person-group-type="author">
				  <name>
					  <surname>G&#x00F3;mez de Avellaneda</surname>
					  <given-names>G.</given-names>	  
				  </name>
			  </person-group>
			  <year>1928</year>
			  <source>Diario de amor: obra in&#x00E9;dita</source>
			  <publisher-loc>Madrid</publisher-loc>
			  <publisher-name>Aguilar</publisher-name>
			</element-citation>
			</ref>

			<ref id="CIT10"> 
			<element-citation publication-type="book">
			  <person-group person-group-type="author">
				  <name>
					  <surname>G&#x00F3;mez de Avellaneda</surname>
					  <given-names>G.</given-names>	  
				  </name>
			  </person-group>
			  <year>1974</year>
			  <source>Obras de do&#x00F1;a Gertrudis G&#x00F3;mez de Avellaneda (Biblioteca de Autores Espa&#x00F1;oles)</source>
			  <publisher-loc>Madrid</publisher-loc>
			  <publisher-name>Ediciones Atlas</publisher-name>
			</element-citation>
			</ref>

			<ref id="CIT11">
			<element-citation publication-type="book">
			  <person-group person-group-type="author">
				  <name>
					  <surname>G&#x00F3;mez de Avellaneda</surname>
					  <given-names>G.</given-names>	  
				  </name>
			  </person-group>
			  <year>1989</year>
			  <source>Poes&#x00ED;as y epistolario de amor y de amistad</source>
			  <publisher-loc>Madrid</publisher-loc>
			  <publisher-name>Castalia</publisher-name>
			</element-citation>
			</ref>

			<ref id="CIT12">
			<element-citation publication-type="book">
			  <person-group person-group-type="author">
				  <name>
					  <surname>G&#x00F3;mez de Avellaneda</surname>
					  <given-names>G.</given-names>	  
				  </name>
			  </person-group>
			  <year>1907/1996</year>
			  <source>Autobiograf&#x00ED;a y cartas</source>
			  <publisher-loc>Huelva</publisher-loc>
			  <publisher-name>Diputaci&#x00F3;n de Huelva</publisher-name>
			</element-citation>
			</ref>

			<ref id="CIT13">
			<element-citation publication-type="book">
			  <person-group person-group-type="author">
				  <name>
					  <surname>G&#x00F3;mez de Avellaneda</surname>
					  <given-names>G.</given-names>		  
				  </name>
			  </person-group>
			  <year>1996</year>
			  <source>Autobiograf&#x00ED;a</source>
			  <publisher-loc>Barcelona</publisher-loc>
			  <publisher-name>C&#x00ED;rculo de Lectores</publisher-name>
			</element-citation>
			</ref>

			<ref id="CIT14">
			<element-citation publication-type="book">
			  <person-group person-group-type="author">
				  <name>
					  <surname>G&#x00F3;mez de Avellaneda</surname>
					  <given-names>G.</given-names>		  
				  </name>
			  </person-group>
			  <year>1997</year>
			  <source>Sab</source>
			  <publisher-loc>Madrid</publisher-loc>
			  <publisher-name>C&#x00E1;tedra</publisher-name>
			</element-citation>
			</ref>

			<ref id="CIT15">
			<element-citation publication-type="book">
			  <person-group person-group-type="author">
				  <name>
					  <surname>Latour</surname>
					  <given-names>A.</given-names>	  
				  </name>
			  </person-group>
			  <year>2006</year>
			  <source>Sevilla y Andaluc&#x00ED;a (Estudios sobre Espa&#x00F1;a)</source>
			  <publisher-loc>Sevilla</publisher-loc>
			  <publisher-name>Renacimiento</publisher-name>
			</element-citation>
			</ref>

			<ref id="CIT16">
			<element-citation publication-type="book">
			  <person-group person-group-type="author">
				  <name>
					  <surname>Lazo</surname>
					  <given-names>R.</given-names>	  
				  </name>
			  </person-group>
			  <year>1972</year>
			  <source>Gertrudis G&#x00F3;mez de Avellaneda. La mujer y la poetisa l&#x00ED;rica</source>
			  <publisher-loc>M&#x00E9;xico</publisher-loc>
			  <publisher-name>Porr&#x00FA;a</publisher-name>
			</element-citation>
			</ref>

			<ref id="CIT17">
			<element-citation publication-type="book">
			  <person-group person-group-type="author">
				  <name>
					  <surname>Pastor</surname>
					  <given-names>B.</given-names>	  
				  </name>
			  </person-group>
			  <year>2002</year>
			  <source>El discurso de Gertrudis G&#x00F3;mez de Avellaneda: identidad femenina y otredad</source>
			  <publisher-loc>Alicante</publisher-loc>
			  <publisher-name>Universidad de Alicante</publisher-name>
			</element-citation>
			</ref>
	
			<ref id="CIT18">
			<element-citation publication-type="book">
			  <person-group person-group-type="author">
				  <name>
					  <surname>Rodr&#x00ED;guez Guti&#x00E9;rrez</surname>
					  <given-names>M.</given-names>	  
				  </name>
			  </person-group>
			  <year>2012</year>
			  <chapter-title>La correspondencia de Gertrudis G&#x00F3;mez de Avellaneda a Cepeda: problemas en torno a la transmisi&#x00F3;n del texto</chapter-title>
			  <source>Entre el cacharro dom&#x00E9;stico y la V&#x00ED;a L&#x00E1;ctea. Poetas cubanas e hispanoamericanas</source>
			  <publisher-loc>Sevilla</publisher-loc>
			  <publisher-name>Renacimiento</publisher-name>
			  <fpage>40</fpage>
			  <lpage>64</lpage>
			</element-citation>
			</ref>
	
			<ref id="CIT19">
			<element-citation publication-type="book">
			  <person-group person-group-type="author">
				  <name>
					  <surname>Sabat de Rivers</surname>
					  <given-names>G.</given-names>	  
				  </name>
			  </person-group>
			  <year>1981</year>
			  <chapter-title>Sor Juan In&#x00E9;s de la Cruz y Gertrudis G&#x00F3;mez de Avellaneda: dos voces americanas en defensa de la mujer</chapter-title>
			  <person-group person-group-type="editor">
				  <name>
					  <surname>Zald&#x00ED;var</surname>
					  <given-names>G.</given-names>	  
				  </name>
			  </person-group>
			  <source>Homenaje a Gertrudis G&#x00F3;mez de Avellaneda</source>
			  <publisher-loc>Miami</publisher-loc>
			  <publisher-name>Universal</publisher-name>
			  <fpage>99</fpage>
			  <lpage>110</lpage>
			</element-citation>
			</ref>
	
			<ref id="CIT20">
			<element-citation publication-type="book">
			  <person-group person-group-type="author">
				  <name>
					  <surname>Su&#x00E1;rez Galv&#x00E1;n</surname>
					  <given-names>E.</given-names>	  
				  </name>
			  </person-group>
			  <year>1980</year>
			  <chapter-title>La angustia de una mujer indiana o el epistolario autobiogr&#x00E1;fico de Gertrudis G&#x00F3;mez de Avellaneda</chapter-title>
			  <source>L´autobiographie dans le monde hispanique. Actes du Colloque International de la Baume-les-Aix</source>
			  <publisher-loc>Aix-en-Provence</publisher-loc>
			  <publisher-name>Universit&#x00E9; de Provence</publisher-name>
			  <fpage>281</fpage>
			  <lpage>296</lpage>
			</element-citation>
			</ref>
	
			<ref id="CIT21">
			<element-citation publication-type="book">
			  <person-group person-group-type="author">
				  <name>
					  <surname>Torras</surname>
					  <given-names>M.</given-names>	  
				  </name>
			  </person-group>
			  <year>2003</year>
			  <source>Soy como consiga que me imagin&#x00E9;is. La construcci&#x00F3;n de la subjetividad en las autobiograf&#x00ED;as epistolares de Gertrudis G&#x00F3;mez de Avellaneda y Sor Juana In&#x00E9;s de la Cruz</source>
			  <publisher-loc>C&#x00E1;diz</publisher-loc>
			  <publisher-name>Servicio de Publicaciones Universidad de C&#x00E1;diz</publisher-name>
			</element-citation>
			</ref>
	
			<ref id="CIT22">
			<element-citation publication-type="book">
			  <person-group person-group-type="author">
				  <name>
					  <surname>Zorrilla</surname>
					  <given-names>Jos&#x00E9;</given-names>	  
				  </name>
			  </person-group>
			  <year>1882</year>
			  <source>Recuerdos del tiempo viejo</source>
			  <publisher-loc>Barcelona</publisher-loc>
			  <publisher-name>Imprenta de los Sucesores de Ram&#x00ED;rez</publisher-name>
			</element-citation>
			</ref>
			
			

		</ref-list>
		
	</back>
</article>