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			<journal-id journal-id-type="publisher-id">ARBOR</journal-id>
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				<journal-title>ARBOR Ciencia, Pensamiento y Cultura</journal-title>
				<abbrev-journal-title>Arbor</abbrev-journal-title>
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			<issn pub-type="epub">0210-1963</issn>
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				<publisher-name>Consejo Superior de Investigaciones Cient&#x00ED;ficas</publisher-name>
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				<subject>RESE&#x00D1;AS DE LIBROS/BOOK REVIEWS</subject>
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			<article-title>Rese&#x00F1;a del libro "Alan Turing. El pionero de la era de la informaci&#x00F3;n"</article-title>
			<alt-title alt-title-type="running-head">Rese&#x00F1;a</alt-title>
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				<surname>L&#x00F3;pez Rodr&#x00ED;guez</surname>
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			<year>2014</year>
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			<title><bold>Brian Jack Copeland </bold> <italic>Alan Turing. El pionero de la era de la informaci&#x00F3;n</italic> [Traducci&#x00F3;n de Cristina N&#x00FA;&#x00F1;ez Pereira]  Madrid: Turner, 2013, 336 p&#x00E1;gs.  ISBN: 978-84-15832-12-6 </title>
		
			<p>El 23 de junio de 1912 vino al mundo Alan Mathison Turing. En 2012, por tanto, se cumplieron 100 a&#x00F1;os de su nacimiento y para conmemorarlo se celebraron numerosos actos de homenaje y difusi&#x00F3;n de la obra del matem&#x00E1;tico, l&#x00F3;gico y fil&#x00F3;sofo, muerto de forma inesperada y prematura en 1954. La movilizaci&#x00F3;n fue sorprendente y masiva –de manera especial en el mundo anglosaj&#x00F3;n, pero no solo– y se celebraron numerosas actividades dignas de menci&#x00F3;n: exposiciones, conferencias, art&#x00ED;culos, v&#x00ED;deos, etc. Aparecieron nuevas biograf&#x00ED;as y, bas&#x00E1;ndose en el personaje, se publicaron libros de ficci&#x00F3;n y se estrenaron obras de teatro, series de televisi&#x00F3;n, e incluso una &#x00F3;pera. El 23 de junio Google le dedic&#x00F3; uno de sus <italic>doodles</italic> en forma de animaci&#x00F3;n de su c&#x00E9;lebre <italic>m&#x00E1;quina universal</italic>. </p>

			<p>“No hay disciplina en ciencias sobre la que no haya tenido impacto”, podemos leer en la web que se dedic&#x00F3; al a&#x00F1;o Turing. Esta afirmaci&#x00F3;n, seguramente exagerada, es indicativa del variado cat&#x00E1;logo de campos en los que realiz&#x00F3; importantes contribuciones. Pero su brillante carrera profesional se trunc&#x00F3; s&#x00FA;bitamente cuando en 1952, un incidente con un golfillo con el que mantuvo relaciones dio pie a que las autoridades descubriesen su condici&#x00F3;n de homosexual, lo que por entonces, y hasta la d&#x00E9;cada de los sesenta, era considerado delito en Gran Breta&#x00F1;a. Acusado de “indecencia grave”, fue llevado ante un tribunal que le conden&#x00F3; a un a&#x00F1;o de c&#x00E1;rcel, pena que acept&#x00F3; conmutar por la alternativa de un tratamiento con estr&#x00F3;genos para tratar de “curar” su homosexualidad. El tratamiento le termin&#x00F3; produciendo secuelas f&#x00ED;sicas y, probablemente, ps&#x00ED;quicas. Tambi&#x00E9;n fue sometido a una estrecha vigilancia por parte del servicio secreto, ante el temor de que el proceso le pudiese llevar a desvelar sus actividades secretas en el Departamento de Criptoan&#x00E1;lisis durante la Segunda Guerra Mundial, por las que, por cierto, le hab&#x00ED;an otorgado la Orden del Imperio Brit&#x00E1;nico. Pero a pesar de todo, parec&#x00ED;a que Turing hab&#x00ED;a logrado sobreponerse al humillante proceso y ocupaba con normalidad la c&#x00E1;tedra de Teor&#x00ED;a de la Computaci&#x00F3;n de la Universidad de Manchester. Nadie pudo predecir lo acontecido en junio de 1954, cuando fue encontrado muerto, al parecer tras ingerir una manzana previamente envenenada con cianuro. Su muerte fue oficialmente considerada como suicidio, aunque algunas personas cercanas, principalmente su madre, rechazaron este dictamen.</p>

			 <p>El reconocimiento de su figura se produjo fundamentalmente tras desclasificarse las actividades confidenciales llevadas a cabo durante la guerra. Tambi&#x00E9;n fueron surgiendo diversas biograf&#x00ED;as, entre las que sin duda destaca la de Andrew Hodges de 1983 no traducida todav&#x00ED;a a nuestro idioma, que tambi&#x00E9;n contribuyeron de forma esencial a la recuperaci&#x00F3;n y consideraci&#x00F3;n de su persona. </p>

			<p>A finales del a&#x00F1;o 2012 se public&#x00F3; en Gran Breta&#x00F1;a una nueva biograf&#x00ED;a a cargo de Brian Jack Copeland, cuya traducci&#x00F3;n es la que ha publicado la editorial Turner en Espa&#x00F1;a a finales de 2013. Son muy escasas las biograf&#x00ED;as sobre este personaje aparecidas en nuestro pa&#x00ED;s, y menos a&#x00FA;n las desarrolladas a partir de investigaciones propias sobre fuentes primarias. No lo son desde luego aquellas que, aunque utilizan como reclamo el nombre de Turing en su t&#x00ED;tulo, son en realidad monograf&#x00ED;as sobre los inicios de la computaci&#x00F3;n o de la inteligencia artificial. Y no lo es tampoco la biograf&#x00ED;a escrita por David Leavitt, publicada en espa&#x00F1;ol en 2007: <italic>Alan Turing:</italic> <italic>El hombre que sab&#x00ED;a demasiado</italic>. </p>

			<p>El brit&#x00E1;nico Copeland, por el contrario, ha pasado gran parte de su carrera investigando sobre Turing, buscando informaci&#x00F3;n en diferentes archivos y entrevistando a personas que hubiesen tenido contacto con &#x00E9;l. Copeland, que ocupa la C&#x00E1;tedra de Filosof&#x00ED;a en la Universidad de Canterbury, en Nueva Zelanda, es adem&#x00E1;s el Director del <italic>Archivo Turing de la Historia de la Computaci&#x00F3;n</italic> (<uri>www.alanturing.net</uri>). Sus libros y numerosos art&#x00ED;culos se han centrado de forma especial en la filosof&#x00ED;a e historia de las matem&#x00E1;ticas, de la ciencia y de la tecnolog&#x00ED;a.</p>

			<p>Este autor ha compuesto una biograf&#x00ED;a bien escrita y amena, que se centra de manera principal en las innovadoras contribuciones intelectuales y profesionales de Alan Turing, para mostrarnos a una persona que ten&#x00ED;a la capacidad de combinar enormes dotes de observaci&#x00F3;n y reflexi&#x00F3;n con profundos conocimientos te&#x00F3;ricos, para lograr sintetizar innovadoras aportaciones a investigaciones en muchas ocasiones multidisciplinares. As&#x00ED;, entre otras, se pueden destacar: la resoluci&#x00F3;n del <italic>Problema de Decisi&#x00F3;n</italic> planteado por Hilbert; el rol fundamental en el equipo que logr&#x00F3; desencriptar c&#x00F3;digos de los mensajes cifrados utilizados por Alemania durante la Segunda Guerra Mundial; ser considerado uno de los fundadores de las ciencias de la computaci&#x00F3;n y de la inteligencia artificial; ser tambi&#x00E9;n pionero en el estudio de redes neuronales y precursor del modelado de sistemas biol&#x00F3;gicos, etc. De igual manera fueron reconocidas sus novedosas reflexiones filos&#x00F3;ficas sobre la naturaleza de la inteligencia y el pensamiento. </p>

			<p>La obra de Copeland pretende llegar a un p&#x00FA;blico amplio, interesado en los inicios de las ciencias de la computaci&#x00F3;n o de la ingenier&#x00ED;a artificial, por ejemplo, pero no necesariamente iniciado. Por tanto, cuando las aborda, trata de explicar las l&#x00ED;neas b&#x00E1;sicas de las aportaciones te&#x00F3;ricas de Turing de una forma sencilla, evitando demostraciones excesivamente complejas. Aporta adem&#x00E1;s un interesante material gr&#x00E1;fico que redunda en una lectura agradable del conjunto.</p>

			<p>Pero ampliar el p&#x00FA;blico al que pretende hacer llegar la biograf&#x00ED;a conlleva un ejercicio de s&#x00ED;ntesis que le impide tratar los cap&#x00ED;tulos con la profundidad y el detalle que otros s&#x00ED; desear&#x00ED;an, como lo hizo Hodges, por ejemplo. Adem&#x00E1;s, Copeland no oculta su admiraci&#x00F3;n por Turing y desea de manera notoria hacer part&#x00ED;cipe al lector de esa admiraci&#x00F3;n. Y, aunque en general no profundiza en los aspectos personales de su vida, se percibe un cierto esfuerzo por evitar o, al menos a restar importancia, a aquellos aspectos m&#x00E1;s controvertidos y complejos de la personalidad de Turing, en especial el de su homosexualidad. Aspecto este que de ning&#x00FA;n modo rehuyeron ni Hodges ni Leavitt en sus citadas biograf&#x00ED;as. Especialmente este &#x00FA;ltimo, que fuerza su influencia en todas las manifestaciones de la vida de Turing mucho m&#x00E1;s all&#x00E1; de lo que parece razonable. </p>

			<p>El autor dedica un interesante cap&#x00ED;tulo a sus indagaciones sobre las causas posibles de su insospechado fallecimiento. Y plantea tres posibilidades. Una de ellas es la asumida por la mayor&#x00ED;a hasta la fecha, y la dictaminada por la polic&#x00ED;a en su momento: la de suicidio. Otra es la de una posible inhalaci&#x00F3;n accidental del veneno, a causa de experimentos qu&#x00ED;micos que ocasionalmente realizaba en su casa y que debido a pr&#x00E1;cticas poco seguras o despistes ya le hab&#x00ED;an ocasionado alg&#x00FA;n percance anterior. Y la otra causa, aunque quiz&#x00E1; menos probable, podr&#x00ED;a ser una que ya hab&#x00ED;a apuntado Leavitt en su obra, aunque Copeland no lo mencione: un hipot&#x00E9;tico complot por parte de los servicios secretos para eliminarle y evitar as&#x00ED; una eventual revelaci&#x00F3;n de sus actividades confidenciales durante la Segunda Guerra Mundial. Esta hip&#x00F3;tesis podr&#x00ED;a haberse visto favorecida por un ambiente de cierta paranoia debido a descubrimientos recientes de las actividades de agentes dobles en el periodo de guerra fr&#x00ED;a. Copeland sugiere que se dio carpetazo a la investigaci&#x00F3;n de forma excesivamente prematura, en apenas 48 horas, como para poder dictaminar con certeza el veredicto de suicidio. No se investig&#x00F3; siquiera si el cianuro que le caus&#x00F3; la muerte hab&#x00ED;a sido ingerido o inhalado. Adem&#x00E1;s aporta testimonios de diferentes personas con las que se relacion&#x00F3; en sus &#x00FA;ltimos d&#x00ED;as, para tambi&#x00E9;n negar su estado de depresi&#x00F3;n y apunta que nadie de su entorno pod&#x00ED;a esperar que Turing tomara una decisi&#x00F3;n de ese tipo. Copeland defiende, en fin, que hubiese sido m&#x00E1;s adecuado dejar el dictamen abierto, ante la imposibilidad de determinar la causa verdadera. </p>

			<title>Reivindicaci&#x00F3;n tard&#x00ED;a </title>

			<p>La reivindicaci&#x00F3;n general de la obra de Turing ha llegado a que algunos, como el propio Barack Obama, le citen junto a Newton, Darwin, Edison o Einstein. No quiero, resaltando esto, restar m&#x00E9;ritos ni importancia a sus innovadoras contribuciones en las diferentes disciplinas en las que trabaj&#x00F3;. Pero considero que se puede haber llegado a cierto exceso reivindicativo a causa de un justificado deseo general de desagravio y tributo debido al humillante y deplorable proceso al que fue sometido. As&#x00ED;, en 2009 el propio Primer Ministro brit&#x00E1;nico de entonces, Gordon Brown, pidi&#x00F3; p&#x00FA;blicas disculpas por el proceso judicial llevado a cabo contra Turing. Y el pasado diciembre de 2013 la reina Isabel II le concedi&#x00F3; el perd&#x00F3;n real, culminando con &#x00E9;xito una campa&#x00F1;a popular de los &#x00FA;ltimos a&#x00F1;os.</p>

			 <p>Que su papel en la Segunda Guerra Mundial lo consideren algunos, como el propio Copeland, tan decisivo como el del mism&#x00ED;simo Churchill, o que muchos ahora le atribuyan un rol crucial en la invenci&#x00F3;n del ordenador es forzar un tanto la valoraci&#x00F3;n de los acontecimientos pasados. Pero de lo que no cabe ninguna duda es de que se le puede considerar como uno de los fundadores de las ciencias de la computaci&#x00F3;n, lo que hasta hace relativamente poco se desconoc&#x00ED;a por completo. Y lo que distingui&#x00F3; a Turing de otros pioneros fue su mayor contribuci&#x00F3;n filos&#x00F3;fica en los inicios de esta ciencia y sus anticipadoras reflexiones sobre los l&#x00ED;mites de la computaci&#x00F3;n y la inteligencia de las m&#x00E1;quinas.</p>

			<p>Copeland es una autoridad reconocida en la investigaci&#x00F3;n y difusi&#x00F3;n de la obra de Alan Turing y ha logrado componer una biograf&#x00ED;a accesible, concisa y rigurosa, que contribuir&#x00E1; a la divulgaci&#x00F3;n de la vida de este personaje a un p&#x00FA;blico amplio que, sin conocimientos t&#x00E9;cnicos previos, tenga inter&#x00E9;s en acercarse al mundo de las matem&#x00E1;ticas, de la l&#x00F3;gica, a la historia de la computaci&#x00F3;n o a la filosof&#x00ED;a de la inteligencia artificial.</p>
			
			<p> Pero mientras tanto seguiremos a&#x00F1;orando la publicaci&#x00F3;n en Espa&#x00F1;a de la exhaustiva, detallada y profunda biograf&#x00ED;a firmada por Andrew Hodges.  </p>

			<p>Por Armando L&#x00F3;pez Rodr&#x00ED;guez </p>
			<p><italic>UNED </italic></p>
			<p>arm.lop.max@gmail.com</p>

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