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				<journal-title>ARBOR Ciencia, Pensamiento y Cultura</journal-title>
				<abbrev-journal-title>Arbor</abbrev-journal-title>
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			<issn pub-type="epub">0210-1963</issn>
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				<publisher-name>Consejo Superior de Investigaciones Cient&#x00ED;ficas</publisher-name>
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				<subject>RESE&#x00D1;AS DE LIBROS/BOOK REVIEWS</subject>
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			<article-title>Rese&#x00F1;a del libro &#x0022;Vida de Mar&#x00ED;a de Maeztu&#x0022;</article-title>
			<alt-title alt-title-type="running-head">Rese&#x00F1;a</alt-title>
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				<surname>Arbona-Abascal</surname>
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			 <aff id="U1">Universidad Complutense de Madrid</aff>
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				<year>2015</year>
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			<year>2015</year>
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			<volume>191</volume>
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			<title><bold>Concha D’Olhaberriague </bold> <italic>Vida de Mar&#x00ED;a de Maeztu</italic> Madrid: Asociaci&#x00F3;n Matritense de Mujeres
			Universitarias, EILA Editores, 2013. </title>
		
			
			
			<title>MAR&#x00CD;A DE MAEZTU. ¿UN REGENERACIONISMO EDUCATIVO? DE AYER A HOY </title>
			
			<p>La publicaci&#x00F3;n de una biograf&#x00ED;a de Mar&#x00ED;a de Maeztu Whitney, por Concha D’Olhaberriague, catedr&#x00E1;tica de Griego en Madrid, pone sobre la mesa la importancia de una figura se&#x00F1;era en la cultura y educaci&#x00F3;n espa&#x00F1;olas. La biograf&#x00ED;a hace el n&#x00FA;mero 23 de la colecci&#x00F3;n que publica la Asociaci&#x00F3;n Matritense de Mujeres Universitarias. El estudio se inserta en otros tantos dedicados a esa galer&#x00ED;a de mujeres que han sido rompedoras de formalismos en su tiempo o que han generado con su vida huellas indelebles. As&#x00ED; entre las espa&#x00F1;olas est&#x00E1;n Mar&#x00ED;a Zambrano, Clara Campoamor, Emilia Pardo Baz&#x00E1;n o Mar&#x00ED;a Moliner; entre las extranjeras Juana de Arco, Virginia Woolf o Simone Weil. El sexto cap&#x00ED;tulo del estudio, titulado <italic>Im&#x00E1;genes para una vida</italic>, es una cortes&#x00ED;a de su sobrino y heredero Ramiro de Maeztu Manso de Z&#x00FA;&#x00F1;iga.</p>

			<p>La obra tiene la virtud de abrir muchas cuestiones y despertar curiosidades. La biograf&#x00ED;a de D’olhaberriague cuenta con antecedentes estimables, a los que la actual dice deber mucho: la biograf&#x00ED;a pionera de Antonina Rodrigo (1979), la magn&#x00ED;fica de Isabel P&#x00E9;rez-Villanueva Tovar (1989) que adem&#x00E1;s se complementa con otro estudio de la autora, titulado <italic>La Residencia de Estudiantes 1910-1936. Grupo Universitario y Residencia de se&#x00F1;oritas</italic> (1990 y 2011) y una docena de rigurosos y excelentes estudios sobre la Instituci&#x00F3;n Libre de Ense&#x00F1;anza (ILE), la Junta para la Ampliaci&#x00F3;n de Estudios (JAE) y las iniciativas culturales de esas primeras d&#x00E9;cadas del siglo XX. Felizmente los estudios sobre las mujeres espa&#x00F1;olas pioneras en el mundo de la cultura y la educaci&#x00F3;n se han multiplicado en los &#x00FA;ltimos a&#x00F1;os: G&#x00F3;mez Molleda (1966), Rosa M.ª Capel (1975), Carmen Zulueta (1984 y 1993), M.ª Luisa Maillard (1990), Consuelo Flecha Garc&#x00ED;a (1996), Raquel V&#x00E1;zquez Ramil (2001), Shirley Mangini (2001), &#x00C1;lvaro Ribagorda (2006). A estos habr&#x00ED;a que a&#x00F1;adir la valiosa tentativa de Mercedes Montero (2009 y 2010) de poner en relaci&#x00F3;n dos experiencias educativas coet&#x00E1;neas, las relacionadas con la JAE y las nacidas al calor de la Instituci&#x00F3;n Teresiana y su fundador el padre Poveda. Los estudios de Montero tienen especial inter&#x00E9;s por el car&#x00E1;cter de estudio conjunto de la diversidad educativa en el momento previo a la dolorosa fractura de la sociedad espa&#x00F1;ola. </p>

			<p>Lo que se desprende de las p&#x00E1;ginas de esta biograf&#x00ED;a es la ardiente vitalidad de la que estaba dotada Mar&#x00ED;a de Maeztu. Una energ&#x00ED;a que quiso dedicar a la actividad educativa. Su amiga y compa&#x00F1;era Victoria Ocampo la describe con acierto: “Mar&#x00ED;a saboreaba su trabajo, lo paladeaba. Hab&#x00ED;a siempre en torno suyo como la persistencia de un zumbido de colmena. Jam&#x00E1;s la sorprend&#x00ED; inactiva. Siempre en movimiento, como la llama o el mar” (<italic>Sur</italic>, 1948). En este sentido el viejo lema de “la letra con sangre entra” se transform&#x00F3;, con una variante no menor, en ilustraci&#x00F3;n de su vida, es decir, el refr&#x00E1;n cambiaba de destinatario y se aplicaba a los esfuerzos denodados del maestro que, en dicha tarea, ha de dejarse la piel. Y as&#x00ED; dice: “Es verdad el dicho antiguo de que la letra con sangre entra, pero no ha de ser con la del ni&#x00F1;o, sino con la del maestro” (D’olhaberriague 2013, p. 57). El secreto de la infatigable donaci&#x00F3;n de s&#x00ED; misma se descubre en los escritos de los a&#x00F1;os 40, cuyo origen pone la misma Mar&#x00ED;a en la “emoci&#x00F3;n de lo infinito” (1941). </p>

			<p>La trayectoria completa de Mar&#x00ED;a de Maeztu aparece resumida en el pr&#x00F3;logo, “La misi&#x00F3;n docente”. A continuaci&#x00F3;n se presentan las etapas vitales que se corresponden con la estructura de los cap&#x00ED;tulos y que cuentan c&#x00F3;mo desarroll&#x00F3; esa llamada a la educaci&#x00F3;n en los diferentes per&#x00ED;odos de su vida y ante las diferentes circunstancias por las que pas&#x00F3;. El primero, titulado <italic>Infancia y primera juventud</italic>, pone de manifiesto el car&#x00E1;cter fundamental que tiene su madre en la trayectoria posterior de la educadora. Jane Whitney Don&#x00E9; apoya la vocaci&#x00F3;n educativa de su hija: es firme defensora de la igualdad de las mujeres y su car&#x00E1;cter cosmopolita y viajero facilita a Mar&#x00ED;a el aprendizaje de lenguas, cosa que le abrir&#x00E1; muchas puertas. Adem&#x00E1;s predicaba con el ejemplo. El segundo cap&#x00ED;tulo, titulado <italic>Juventud</italic>, describe su actividad en la Escuela de Bilbao, germen de esa educaci&#x00F3;n completa que persigui&#x00F3; en todas sus obras, atendiendo a los ni&#x00F1;os (educaci&#x00F3;n sensorial, intelectual y moral) y a las familias en un contexto hist&#x00F3;rico y social humilde. Poco despu&#x00E9;s decide continuar sus estudios y lo hace en Salamanca, donde conoce a Unamuno y comienza a viajar empap&#x00E1;ndose del pensamiento de pedagogos y psic&#x00F3;logos europeos (Natorp, Pestalozzi, Fr&#x00F6;bel, Herbart…) Todos ellos desarrollaban teor&#x00ED;as educativas marcadas por los imperativos de regeneraci&#x00F3;n moral y eficiencia social. La marcha a Madrid en 1909 le abre nuevas perspectivas: conoce a Ortega y Gasset, que se convertir&#x00E1; en una referencia y amistad constante, as&#x00ED; como su hermana, Rafaela, colaboradora estrecha de Mar&#x00ED;a. Ortega le ampl&#x00ED;a su inter&#x00E9;s por la pedagog&#x00ED;a y adem&#x00E1;s le ofrece posibilidades profesionales. Favorece el encuentro con las iniciativas de Giner de los R&#x00ED;os y la amistad con Jos&#x00E9; Castillejo. El cap&#x00ED;tulo sobre la madurez coincide con la &#x00E9;poca de mayor fecundidad de Mar&#x00ED;a de Maeztu: su papel fundamental al frente de la Residencia de Se&#x00F1;oritas, que comienza a dirigir desde su fundaci&#x00F3;n en 1915, y la creaci&#x00F3;n del Lyceum Club Femenino, en 1916. La primera estaba vinculada al Grupo universitario de la Residencia de Estudiantes; el segundo persegu&#x00ED;a, seg&#x00FA;n figura en el <italic>Reglamento</italic>, facilitar a trav&#x00E9;s de la celebraci&#x00F3;n de conferencias, cursillos, excursiones y fiestas “un intercambio de ideas y la compenetraci&#x00F3;n de sentimientos” (P&#x00E9;rez-Villanueva, 1989, p. 113). </p>

			<p>El exilio argentino, tras el comienzo de la Guerra Civil espa&#x00F1;ola y la tr&#x00E1;gica muerte de su hermano Ramiro, nos pinta a una Mar&#x00ED;a doliente y reflexiva. D’Olhaberriague subraya el pesimismo de este periodo y la acentuaci&#x00F3;n del elitismo (p. 136) que ya estaba presente en los institucionistas (p. 137) y que parece tan contrario a los inicios en la escuela del barrio bilba&#x00ED;no. Este cap&#x00ED;tulo se titula “Segunda madurez, &#x00FA;ltimos a&#x00F1;os”. Las circunstancias vitales de Mar&#x00ED;a cambiaron: la muerte de su hermano, Ramiro de Maeztu, hizo que volviese los ojos al legado fraterno, cosa que permiti&#x00F3; que su actividad continuase de otra manera, especialmente a trav&#x00E9;s de la escritura de dos obras. Una somera revisi&#x00F3;n sobre los escritos de este per&#x00ED;odo se echa de menos. La primera se titula <italic>Historia de la cultura europea. La edad moderna: grandeza y servidumbre. Intento de ligar la historia pret&#x00E9;rita a las circunstancias del mundo presente</italic>, 1941. La segunda <italic>Antolog&#x00ED;a-Siglo XX. Prosistas espa&#x00F1;oles. Semblanzas y comentarios, </italic>1943. En ellas se encuentran las claves reflexivas de una trayectoria muy rica. Creo que la etapa final arroja luz sobre las anteriores y el estudio de este legado est&#x00E1; por analizar. Si la primera y jovenc&#x00ED;sima Mar&#x00ED;a de Maeztu intent&#x00F3; renovar los h&#x00E1;bitos y costumbres de los ni&#x00F1;os y m&#x00E1;s tarde crear foros y &#x00E1;mbitos que hiciesen posible la formaci&#x00F3;n de las mujeres, el periodo que va tras la Guerra Civil, y que le obliga a un alejamiento argentino, le permiti&#x00F3; escribir dos obras que completan su personalidad.</p> 

			<p> Adem&#x00E1;s me parece que estas dos obras merecen ser recuperadas y estudiadas al hilo de los desaf&#x00ED;os educativos de hoy. Maeztu sostiene la exigencia educativa en los notables y sacrificados esfuerzos que el maestro debe mantener: considerado como un nuevo m&#x00E1;rtir y sacerdote, debe buscar la eficiencia social, en el entorno de una tensi&#x00F3;n Espa&#x00F1;a/Europa que la maestra intentar&#x00E1; resolver. La generosidad de su personalidad y el movimiento en el que estuvo inmersa nos permiten revisar acciones y postulados a la luz del tiempo transcurrido y de las nuevas circunstancias de la educaci&#x00F3;n. A este respecto me pregunto por sus planteamientos educativos, pasado casi un siglo, con el &#x00E1;nimo de sumar su pensamiento a las dificultades de hoy. Su herencia debe ser revisada en su contexto hist&#x00F3;rico y puede tener un valor hoy, sobre todo para aprender de sus aciertos y no insistir en sus posibles errores. El intento que podr&#x00ED;amos llamar de <italic>regeneracionismo educativo</italic> es loable: Mar&#x00ED;a siente la hiriente injusticia de la mala educaci&#x00F3;n de los ni&#x00F1;os primero, de las mujeres despu&#x00E9;s, le parece terrible que la ignorancia de las mujeres se consienta como parte de su femineidad y se aplica con todo el alma a darles una respuesta. A juzgar por lo que vemos hoy en la sociedad espa&#x00F1;ola transcurrido un siglo, cabe preguntarse si su presencia puede ofrecer hoy una revitalizaci&#x00F3;n del crecimiento de las personas, fin primordial de la educaci&#x00F3;n. Muchas cosas han pasado desde entonces en el &#x00E1;mbito educativo: sucesivas reformas educativas en Espa&#x00F1;a, el acceso generalizado de la mujer a los estudios universitarios, amplia oferta de formaci&#x00F3;n educativa y cultural y, sin embargo, el abandono escolar y el desinter&#x00E9;s cultural de los j&#x00F3;venes aumenta. Los problemas educativos de la sociedad espa&#x00F1;ola son evidentes y exigen respuestas. </p>

			<p>Por eso, a la luz del presente, la funci&#x00F3;n social y la b&#x00FA;squeda del car&#x00E1;cter ben&#x00E9;fico de la educaci&#x00F3;n para Espa&#x00F1;a defendida por Maeztu son cruciales. Las palabras de la maestra y directora son reveladoras cuando habla de cu&#x00E1;l debe ser el contenido de ese derramar sangre del maestro: “El maestro sabe que tiene en sus manos el porvenir de la raza y la modela y transforma acopl&#x00E1;ndola a las necesidades de la evoluci&#x00F3;n social” (P&#x00E9;rez-Villanueva, 1989, p. 39). Quiz&#x00E1; habr&#x00ED;a que abrir un debate sobre la inclinaci&#x00F3;n a considerar la educaci&#x00F3;n en su funcionalidad social. Cabe el riesgo de dar por supuesto su fundamento y su recurso irrenunciable: la persona y su ansia de conocimiento. Es decir el hombre y la mujer cuyas aspiraciones salen a la luz en el proceso educativo y que por el hecho de ser personas poseen un criterio objetivo de evaluaci&#x00F3;n, una capacidad de descubrir la correspondencia de las verdades que se le proponen. Creo que de esto hizo experiencia Mar&#x00ED;a de Maeztu con sus maestros –primero con su madre, luego con los Ortega, los hombres de la generaci&#x00F3;n del 98, las mujeres de la residencia, su hermano-. Probablemente los fatales acontecimientos que vivi&#x00F3; en su exilio <italic>sui generis </italic>la inclinaron a subrayar la cualidad heroica y voluntariosa del saber, pero a veces se echa en falta que vaya acompa&#x00F1;ado por un gusto en el descubrimiento del significado que esa educaci&#x00F3;n tiene para la persona, lo que hoy llaman los pedagogos la inteligencia emocional. Parece, a la vista de los resultados hodiernos, que no basta poner el origen de la regeneraci&#x00F3;n educativa en un imperativo moral y en una acumulaci&#x00F3;n de saberes. La ILE y su entorno lo intuy&#x00F3;, por eso insisti&#x00F3;, por un lado, en el papel prioritario de la disciplina y de la exaltaci&#x00F3;n de la voluntad (cfr. p. 97) a lo largo del proceso educativo; por otro en la necesidad de convivencia y de aprendizaje en entornos naturales (son famosas las excursiones por la sierra de Madrid) y art&#x00ED;sticos (cfr. la vitalidad de creaci&#x00F3;n po&#x00E9;tica, art&#x00ED;stica y teatral del Grupo Universitario y la Residencia). Por supuesto, las dos cosas eran necesarias pero si no nacieron desgajadas, ¿se desgajaron con el tiempo? Son preguntas que requieren m&#x00E1;s tiempo pero cuyo planteamiento permite no dejar a las grandes figuras de nuestra historia reciente encerradas en la mitificaci&#x00F3;n o en la desmitificaci&#x00F3;n simplificadoras. La figura de Mar&#x00ED;a de Maeztu sigue estando envuelta en la pol&#x00E9;mica que fuerza a encorsetar a nuestros hombres y mujeres de cultura en un bando. Mar&#x00ED;a de Maeztu se escapa a la clasificaci&#x00F3;n de adscripciones simplificadoras: fue institucionista y cat&#x00F3;lica y es evidente que su buen hacer, tanto como su pensamiento, deben ser revisados para dar luz en la urgente reflexi&#x00F3;n sobre la educaci&#x00F3;n en Espa&#x00F1;a.</p>  

			<p>Mar&#x00ED;a de Maeztu muere en 1948 en el exilio y marcada por la nostalgia de su pa&#x00ED;s y de su hermano asesinado, Ramiro, que desde el afecto pint&#x00F3; el mejor retrato de Mar&#x00ED;a, vincul&#x00E1;ndola a la Mariucha de la obra teatral galdosiana: </p>

			<p>Leo en mi despacho el &#x00FA;ltimo drama de Gald&#x00F3;s (…) evoco tu imagen, Mariucha verdadera, para contemplar en lo negro de mis p&#x00E1;rpados cerrados el conjunto luminoso de tus crenchas rubias, de tu amplia, p&#x00E1;lida y grave frente pensadora, de la mano nerviosa en que apoyas la cabeza al inclinarla, de los ojos claros, penetrantes y en&#x00E9;rgicos con que tu alma curiosa y altanera se asoma al mundo en actitud de estudio, de alerta y de reto (Ramiro de Maeztu, <italic>Espa&#x00F1;a y Europa</italic>, 1959, p. 37). </p>
			<p>Si es posible volver a confiar la educaci&#x00F3;n a la libertad su lucha no fue en vano.  </p>

			

			<p>Por Guadalupe Arbona-Abascal</p>
			<p><italic>Universidad Complutense de Madrid</italic></p>
			
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