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			<journal-id journal-id-type="publisher-id">Arbor</journal-id>
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				<journal-title>ARBOR Ciencia, Pensamiento y Cultura</journal-title>
				<abbrev-journal-title>Arbor</abbrev-journal-title>
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			<issn pub-type="epub">0210-1963</issn>
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				<publisher-name>Consejo Superior de Investigaciones Cient&#x00ED;ficas</publisher-name>
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			<article-id pub-id-type="publisher-id">arbor.2015.772n2011</article-id>
			<article-id pub-id-type="doi">10.3989/arbor.2015.772n2011</article-id>
			 
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				<subject>VARIA / VARIA</subject>
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				<article-title>La aportaci&#x00F3;n de Jos&#x00E9; Jim&#x00E9;nez Lozano al nacimiento de Las Edades del Hombre</article-title>
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					<trans-title>Jose Jim&#x00E9;nez Lozano’s contribution to the birth of Las Edades del Hombre</trans-title>
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				<alt-title alt-title-type="running-head">La aportaci&#x00F3;n de Jos&#x00E9; Jim&#x00E9;nez Lozano al nacimiento de Las Edades del Hombre</alt-title>
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					 <surname>Merino Bobillo</surname>
					 <given-names>Mar&#x00ED;a</given-names>
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				<aff id="U1">Universidad de Valladolid</aff>
				
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				<corresp id="cor1"><email xlink:href="mar&#x00ED;a.merino@hmca.uva.es">mar&#x00ED;a.merino@hmca.uva.es</email></corresp>
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				<year>2015</year>
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			<year>2015</year>
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			<volume>191</volume>
			<issue>772</issue>
			
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				<title>RESUMEN</title>
				<p>Jos&#x00E9; Jim&#x00E9;nez Lozano desempe&#x00F1;&#x00F3; un papel esencial en el nacimiento de Las Edades del Hombre tanto por su amistad con Jos&#x00E9; Velicia, su creador, como por la hondura y particularidad de sus conocimientos sobre el arte y la cultura que marcaron la personalidad del ciclo de exposiciones. Podemos documentar dicha aportaci&#x00F3;n a trav&#x00E9;s del rastreo de sus publicaciones anteriores al proyecto y de las entrevistas con algunas de las personas que colaboraron en su puesta en marcha. Haremos especial hincapi&#x00E9; en un documento in&#x00E9;dito que sirvi&#x00F3; de presentaci&#x00F3;n del mismo y en el que se descubre la mano de Jim&#x00E9;nez Lozano. La estructura de los resultados obtenidos se relata tomando como puntos de anclaje las palabras de Jos&#x00E9; Jim&#x00E9;nez Lozano, ya sea en sus escritos, conferencias, o estudios realizados sobre &#x00E9;l. Su escritura nos permite profundizar en las claves que han hecho de unas exposiciones un referente cultural.</p>
			</abstract>
			
			<trans-abstract xml:lang="en">
				<title>ABSTRACT</title>
				<p>Jos&#x00E9; Jim&#x00E9;nez Lozano played an essential role in the birth of the Las Edades del Hombre (the Ages of Man) exhibition both through his friendship with Jos&#x00E9; Velicia, the exhibition’s creator, and his profound and detailed knowledge of the art and culture that shaped the exhibition series. This contribution can be documented by tracking his publications prior to the project and through interviews with some of the people involved in setting it up. Particular emphasis is given here to an unpublished document that served as a presentation and shows clearly Jim&#x00E9;nez Lozano’s particular style. The structure of the results is narrated taking Jos&#x00E9; Jim&#x00E9;nez Lozano’s words from his writings or lectures, or studies on him as anchor points. His writing allows us to delve into the keys that have made these exhibitions a great cultural reference.</p>
			</trans-abstract>
			
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				<title>PALABRAS CLAVE</title>
				<kwd>Jos&#x00E9; Jim&#x00E9;nez Lozano</kwd>
				<kwd>Jos&#x00E9; Velicia</kwd>
				<kwd>Las Edades del Hombre</kwd>
				<kwd>patrimonio art&#x00ED;stico</kwd>
				<kwd>Castilla y Le&#x00F3;n</kwd>
				<kwd>exposiciones</kwd>
				<kwd>cultura</kwd>
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				<title>KEYWORDS</title> 			
				<kwd>Jim&#x00E9;nez Lozano</kwd>	
				<kwd>Jos&#x00E9; Velicia</kwd>
				<kwd>Las Edades del Hombre (the Ages of Man)</kwd>
				<kwd>cultural heritage</kwd>
				<kwd>Castilla y Le&#x00F3;n</kwd>
				<kwd>artistic exhibition</kwd>
				<kwd>culture</kwd>
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		<sec id="S1">
			<title>LA GESTACI&#x00D3;N DE UNA AVENTURA CULTURAL </title>

			<p>El alcance de las exposiciones <italic>Las Edades del Hombre</italic> y su permanencia en el tiempo no pueden entenderse sin el conocimiento de lo que fueron sus or&#x00ED;genes. A la altura del a&#x00F1;o 2014 se han presentado ya diecinueve ediciones. Su objeto material es de importancia capital: se trata de mostrar el caudaloso patrimonio art&#x00ED;stico de la Iglesia Cat&#x00F3;lica en el marco territorial de la Comunidad Aut&#x00F3;noma de Castilla y Le&#x00F3;n, una de las regiones m&#x00E1;s amplias de la Uni&#x00F3;n Europea, compuesta por nueve provincias que abarcan m&#x00E1;s de 94.000 kil&#x00F3;metros cuadrados y con un patrimonio eclesi&#x00E1;stico superior al de otras regiones de Espa&#x00F1;a y sobresaliente entre las europeas. Pero <italic>Las Edades del Hombre</italic> no hubiesen sido lo que son, sino por la particular impronta de su objeto formal: el modo en el que se concibieron y en el que fueron trabajadas. Su nacimiento tiene un nombre propio, Jos&#x00E9; Velicia Berzosa. Su idea creadora encontr&#x00F3; el inapreciable apoyo de Jos&#x00E9; Jim&#x00E9;nez Lozano. En el seno de su amistad se engendr&#x00F3; un proyecto de aprecio al arte y a la historia. Cuando ya mostr&#x00F3; su rostro fue presentado como una iniciativa de la Iglesia en Castilla y Le&#x00F3;n, apoyada por la Junta de Castilla y Le&#x00F3;n, que pas&#x00F3; del t&#x00ED;mido apoyo inicial a incorporarlo a su oferta cultural y convertirlo en uno de sus proyectos tur&#x00ED;stico-art&#x00ED;sticos estrella. <italic>Las Edades del Hombre</italic> son, ante todo, la aventura de dos personas, Velicia y Jim&#x00E9;nez Lozano, a los que se unieron un selecto grupo de gente que puso toda su ilusi&#x00F3;n en hacer realidad el sue&#x00F1;o de aquellos. Conocer su alma exige acercarse a descubrir a las personas que la originaron, cap&#x00ED;tulo con el que se inicia este texto, para continuar con el estudio del papel jugado por el escritor. </p>
		</sec>

		<sec id="S2">
			<title>JOS&#x00C9; VELICIA: EL RETRATO DE UN HOMBRE JUSTO </title>

			<p>Jos&#x00E9; Velicia Berzosa naci&#x00F3; en 1931 en Traspinedo, en la provincia de Valladolid. En 1955 fue ordenado sacerdote y enviado como p&#x00E1;rroco a Olmedo, un pueblo distante 45 kil&#x00F3;metros de la capital y nueve de Alcazar&#x00E9;n, donde resid&#x00ED;a la familia de Jos&#x00E9; Jim&#x00E9;nez Lozano desde 1956. La proximidad geogr&#x00E1;fica permiti&#x00F3; su conocimiento y una amistad que permanece a&#x00F1;os despu&#x00E9;s de la muerte de Velicia. Compartieron &#x00E9;poca de nacimiento, ra&#x00ED;ces rurales y aficiones. El tema de sus conversaciones giraba en torno al arte, la lectura, la m&#x00FA;sica, la historia. “Una novela o un libro, una iglesita o una piedra que hab&#x00ED;a visto en el campo, yendo de camino, una tertulia apasionante o una charla improvisada, un disco nuevo, era seguro que constitu&#x00ED;an para nosotros un viaje muy largo, porque, como las cerezas unas se enredan a las otras y van saliendo, as&#x00ED; nos ocurre con todo en nuestra vida, pero de un modo muy especial en el mundo de la cultura, que en esto consiste.” (Jim&#x00E9;nez Lozano, conferencia in&#x00E9;dita pronunciada en 2007). </p>

			<p>En la d&#x00E9;cada de los 80, en un viaje a Barcelona, visit&#x00F3; <italic>Thesaurus</italic>, una exposici&#x00F3;n de arte sacro que puso la semilla de lo que iba a constituir la pasi&#x00F3;n de su vida: testimoniar la belleza de la fe a trav&#x00E9;s de las obras de arte diseminadas por el territorio de Castilla y Le&#x00F3;n. A partir de entonces su empe&#x00F1;o fue <italic>Las Edades del Hombre</italic>.   </p>

			<p>Era un hombre que sembraba y generaba amistades: “Jos&#x00E9; Velicia, como saben muy bien todos los que le conoc&#x00ED;an, ten&#x00ED;a el don de hacerse amigo de todo aquel con quien se encontraba, por extra&#x00F1;o que fuese, y &#x00E9;ste sab&#x00ED;a que era as&#x00ED; porque fresca e infantil como era su risa, era la vez un gran poro o puerta de s&#x00ED; mismo que dejaba abierta y por donde uno pod&#x00ED;a colarse y por la que sab&#x00ED;a que se hab&#x00ED;a colado. Era un don, ya digo, el de hacer amigos, y el de re&#x00ED;r de ese modo” (Jim&#x00E9;nez Lozano, conferencia in&#x00E9;dita pronunciada en 2007).  </p>

			<p>Si algo llama poderosamente la atenci&#x00F3;n en el estudio de c&#x00F3;mo se hizo realidad el proyecto es la impronta tan profunda que este sacerdote dejaba entre las personas que le ayudaron. Muchos lo expresan en un libro de homenaje promovido por Jim&#x00E9;nez Lozano que &#x00E9;l mismo califica en el pr&#x00F3;logo como “(…) p&#x00E1;ginas que cada cual ha sacado del cosero de su oficio y trabajo, son el ofrecimiento de un grupo de amigos a la memoria de Jos&#x00E9; Velicia.” (VV. AA., <xref ref-type="bibr" rid="CIT14">2002</xref>). Sebasti&#x00E1;n Battaner, el mecenas que apoy&#x00F3; econ&#x00F3;micamente lo que todav&#x00ED;a no era m&#x00E1;s que un sue&#x00F1;o, escribe en la presentaci&#x00F3;n: “Nunca imagin&#x00E9; lo dif&#x00ED;cil que resultar&#x00ED;a hablar de un amigo. Jam&#x00E1;s sospech&#x00E9; lo mucho que Jos&#x00E9; model&#x00F3; mi vida.” (VV. AA., <xref ref-type="bibr" rid="CIT14">2002</xref>). Sorprende la emoci&#x00F3;n con la que, veintitr&#x00E9;s a&#x00F1;os despu&#x00E9;s de su muerte, le recuerdan quienes trabajaron cerca de &#x00E9;l en esos primeros a&#x00F1;os, como si su presencia fuera todav&#x00ED;a cercana. Pablo Puente Aparicio, que comparti&#x00F3; con &#x00E9;l tantas y tantas horas en la preparaci&#x00F3;n y en la resoluci&#x00F3;n de los problemas arquitect&#x00F3;nicos de las exposiciones, confiesa que le resulta doloroso hablar sobre ello, como si la herida de la p&#x00E9;rdida no se hubiera a&#x00FA;n cerrado. As&#x00ED; lo escrib&#x00ED;a en el libro homenaje: “Pero hoy siento la soledad y no me sirven de refugio los recuerdos. Quisiera o&#x00ED;rle re&#x00ED;r fuerte (…). Quisiera estar con &#x00E9;l buscando iconograf&#x00ED;as siempre nuevas, o so&#x00F1;ando un Cister revitalizado en Santa Mar&#x00ED;a de Valbuena. (Mart&#x00ED;nez Duque, <xref ref-type="bibr" rid="CIT12">2002</xref>, p. 127). Involucraba a la gente en su proyecto de tal forma que este pasaba a constituir una de las prioridades del reci&#x00E9;n llegado. M.ª Antonia Virgili Blanquet, catedr&#x00E1;tica de Musicolog&#x00ED;a de la Universidad de Valladolid, que se convirti&#x00F3; en su principal apoyo para la exposici&#x00F3;n sobre la m&#x00FA;sica, afirma sin ambages: “Me ha enriquecido humanamente, espiritualmente y profesionalmente como ninguna otra cosa lo ha hecho en m&#x00ED;” (entrevista a M.ª Antonia Virgili Blanquet). Subraya c&#x00F3;mo respetaba las aportaciones de quienes quisieron ayudarle, d&#x00E1;ndoles una gran libertad de actuaci&#x00F3;n y corriendo el riesgo de verse defraudado: “O el de las famosas apolog&#x00ED;as y disculpas que acumulaba para excusar cualquier cosa en los dem&#x00E1;s, hasta un punto en que los que &#x00E9;ramos m&#x00E1;s cercanos le hac&#x00ED;amos cr&#x00ED;ticas o advertencias, y nos burl&#x00E1;bamos afectuosamente de tantas confianzas que le resultaron fallidas, pero cuyas fallas a &#x00E9;l no le marcaban y &#x00E9;ramos nosotros los que ten&#x00ED;amos que arrepentirnos de haber pensado mal aunque tuvi&#x00E9;ramos raz&#x00F3;n.” (Jim&#x00E9;nez Lozano, conferencia in&#x00E9;dita pronunciada en 2007).  </p>

			<p>Junto a su capacidad de hacerse amigos, los testimonios sobre &#x00E9;l subrayan su condici&#x00F3;n hondamente sacerdotal: “Jos&#x00E9; Velicia fue una gran persona, un gran amigo y un gran creyente. De su persona recordamos, sobre todo, su profunda humanidad, su sencillez, su tolerancia, su limpieza de miras, su carcajada abierta y espont&#x00E1;nea, su constancia y su tes&#x00F3;n. De su amistad recordamos su cercan&#x00ED;a, su cari&#x00F1;o, su lealtad, su discreci&#x00F3;n, su disponibilidad, su capacidad de acogida y el apoyo que siempre ofreci&#x00F3; a todos sus amigos. De su condici&#x00F3;n de creyente recordamos sus inquietudes, su compromiso, sus urgencias y prioridades, su esperanza, su coherencia animada, sobre todo, por su fidelidad a Jesucristo, a la Iglesia y a los hombres.” (Mart&#x00ED;nez Duque, <xref ref-type="bibr" rid="CIT12">2002</xref>, p. 139).   </p>

			<p>Castellano, nacido en un pueblo, se encontraba a gusto en ese medio: “Jos&#x00E9; Velicia tuvo luego otros cargos pastorales, sin duda no tan de su gusto como el del pueblo, pero de todos modos ofreci&#x00F3; siempre la sensaci&#x00F3;n de estar en su salsa, hiciera lo que hiciera” (Mart&#x00ED;nez Duque, <xref ref-type="bibr" rid="CIT12">2002</xref>, p. 125). Si con frecuencia se asimila al hombre de pueblo con el de poca cultura, figuras como la suya muestran la torpeza de esta simplificaci&#x00F3;n, pues aquella no viene condicionada por el lugar geogr&#x00E1;fico donde residan las personas, sino por la catadura y las elecciones que hacen para alimentar su intelecto. Jim&#x00E9;nez Lozano le define como especialmente culto: “(…) un hombre muy bien avenido, inmerso y preocupado en el mundo de la cultura como quien en &#x00E9;l respira: singularmente en el &#x00E1;mbito del arte, y de la m&#x00FA;sica en especial, y lector practicante de literatura” (Jim&#x00E9;nez Lozano, conferencia in&#x00E9;dita pronunciada en 2007). La expresi&#x00F3;n “lector practicante de literatura” utilizada por el escritor encierra un n&#x00ED;tido significado: “Esto es, no un n&#x00F3;mada de novedades, sino un sedentario de libros y habitante de ese universo que es lo que es un lector al que un libro puede durar medio a&#x00F1;o, o a&#x00F1;os, coleando” (Jim&#x00E9;nez Lozano, conferencia in&#x00E9;dita pronunciada en 2007).   </p>

			<p>El 18 de junio de 1997 mor&#x00ED;a en su casa, rodeado de familiares y de un grupo reducido de amigos que acudieron a vivir con &#x00E9;l las &#x00FA;ltimas edades en la tierra. Ten&#x00ED;a 66 a&#x00F1;os y dejaba un profundo legado cultural que le vali&#x00F3; la Medalla de Oro de las Bellas Artes, concedida por el Ministerio de Cultura.   </p>

			<p>Tras el retrato de Jos&#x00E9; Velicia, el fundador de <italic>Las Edades del Hombre</italic>, pasamos a dar algunas pinceladas sobre quien fue su puntal, su amigo Pepe Jim&#x00E9;nez Lozano. </p>
		</sec>

		<sec id="S3">
			<title>JOS&#x00C9; JIM&#x00C9;NEZ LOZANO </title>

			<p>Si Jos&#x00E9; Velicia fue el visionario del proyecto, la compa&#x00F1;&#x00ED;a de Jos&#x00E9; Jim&#x00E9;nez Lozano fue decisiva en su profundidad y originalidad. Nacido en el a&#x00F1;o 1930 en Langa, en la provincia de &#x00C1;vila, toda la familia se traslad&#x00F3; en 1956 en Alcazar&#x00E9;n, un pueblo de Valladolid, distante nueve kil&#x00F3;metros de Olmedo, el lugar de residencia de Velicia. Tras estudiar Derecho comenz&#x00F3; a preparar las oposiciones a judicatura, pero el destino le reserv&#x00F3; una salida a su inclinaci&#x00F3;n humanista y a la destreza de su pluma. Comenz&#x00F3; a enviar art&#x00ED;culos a <italic>El Norte de Castilla</italic>, a cuya cabeza se encontraba Miguel Delibes, quien qued&#x00F3; seducido por el talento de aquel joven de veintis&#x00E9;is a&#x00F1;os. Paulatinamente fue contando con &#x00E9;l en los proyectos que iba poniendo en marcha en el diario vallisoletano, hasta que pudo contratarle como redactor en 1965. Dotado de una fina e inquieta inteligencia, se convirti&#x00F3; en punta de lanza del peri&#x00F3;dico. Se le encargaron las partes duras del mismo: la redacci&#x00F3;n de los editoriales y las notas internacionales. A&#x00F1;os m&#x00E1;s tarde fue nombrado subdirector y los &#x00FA;ltimos a&#x00F1;os de su vida profesional, de 1992 a 1995, fue el director.  </p>

			<p>La agudeza de su pensamiento y la brillantez de su expresi&#x00F3;n literaria le hizo ser solicitado por diferentes publicaciones ya desde los a&#x00F1;os sesenta: semanarios –<italic>Destino</italic> y <italic>Vida Nueva</italic>– a los que se sumaron los peri&#x00F3;dicos –<italic>Informaciones, El Sol, El Pa&#x00ED;s, ABC, El D&#x00ED;a de Valladolid, La Raz&#x00F3;n</italic>– posteriormente publicaciones on-line –<italic>Centro Virtual Cervantes</italic>– y los grupos de comunicaci&#x00F3;n –<italic>Promecal</italic>–.  </p>

			<p>Ambas facetas, agudeza de pensamiento y brillantez de escritura, fueron desarroll&#x00E1;ndose fuera de la prensa en una carrera literaria extensa y variada –novelas, narraciones breves, ensayos, diarios, poemarios– que ha obtenido reconocimientos p&#x00FA;blicos: en 1988 el Premio Nacional de la Cr&#x00ED;tica de Novela en Castellano y el Premio Castilla y Le&#x00F3;n de las Letras; en 1992 el Premio Nacional de las Letras Espa&#x00F1;olas, el Premio Luca de Tena de Periodismo, el Premio Provincia de Valladolid a la Trayectoria Literaria en 1996, la Medalla de Oro al M&#x00E9;rito en las Bellas Artes en 1999 y el V Premio Nacional de Periodismo Miguel Delibes de 2000. Como digno colof&#x00F3;n de todos ellos, el 12 de diciembre de 2002 se le concedi&#x00F3; el Premio de Literatura en Lengua Castellana Miguel de Cervantes.  </p>

						<p>La personalidad de Jim&#x00E9;nez Lozano no deja de sorprender. Naci&#x00F3; en un pueblo, se traslad&#x00F3; con su familia a otro y en &#x00E9;l se qued&#x00F3;. No necesita habitar en el mundo urbano para ser un referente importante de la cultura de Espa&#x00F1;a. Alcazar&#x00E9;n no es el lugar r&#x00FA;stico que el hombre de ciudad elegir&#x00ED;a como destino de turismo rural. No se adecua a sus caracter&#x00ED;sticas: sus parajes no son especialmente bellos, ni propician la pr&#x00E1;ctica de alg&#x00FA;n tipo de ocio o deporte en boga. Tampoco posee m&#x00E1;s bellezas art&#x00ED;sticas que los elementos mud&#x00E9;jares de su iglesia parroquial. Desde el punto de vista intelectual tampoco es foco de cultura o que se promueva como tal, como sucede en otros pueblos de la provincia, como es el caso de Urue&#x00F1;a<xref ref-type="fn" rid="NOTE01">1</xref>. El hecho de residir en ese peque&#x00F1;o lugar responde a la coherencia con su modo de estar instalado en el mundo. Algo que sorprend&#x00ED;a al amante y defensor de la vida en el campo, Miguel Delibes, quien le propon&#x00ED;a en la d&#x00E9;cada de los sesenta instalarse en la ciudad: “Pepe Lozano vive retirado en un pueblecito de Valladolid, Alcazar&#x00E9;n, con sus casas de adobe, su barro, su trigo y su pobreza. Tambi&#x00E9;n alg&#x00FA;n pino que otro para disfrazar la aridez. All&#x00ED; estudia, escribe, all&#x00ED; trabaja: - Oye, Pepe, ¿por qu&#x00E9; no te vienes aqu&#x00ED; a Valladolid? - Por ahora, no interesa.” (Delibes, <xref ref-type="bibr" rid="CIT01">1968</xref>, pp. 118-119).  </p>

			<p>El encuentro con Jos&#x00E9; Velicia tuvo un marco singular: una librer&#x00ED;a en el medio rural: “As&#x00ED; que de un encuentro en una librer&#x00ED;a, y de muchas charletas all&#x00ED; con el librero, y luego tomando un caf&#x00E9; naci&#x00F3; nuestra amistad, y &#x00E9;sta se nutri&#x00F3; enseguida de otras charlas en su apartamento junto a la Iglesia de San Pedro, y ni que decir tiene que se solidific&#x00F3; muy pronto.” (Jim&#x00E9;nez Lozano, conferencia in&#x00E9;dita pronunciada en 2007). La amistad entre ambos se fragu&#x00F3; lentamente, con el tranquilo discurrir de lo dom&#x00E9;stico, que deja huella indeleble en las almas: “La tienda de libros, bien diferenciada de la papeler&#x00ED;a y la venta de libros escolares (…) all&#x00ED; hab&#x00ED;a un abate, que era Jos&#x00E9; Velicia, un aspirante a servir al Estado u opositor, que era yo mismo, y el librero que, como Jos&#x00E9; y yo averiguar&#x00ED;amos m&#x00E1;s tarde, hab&#x00ED;a sido mas&#x00F3;n, y hab&#x00ED;a llegado al pueblo –Olmedo, en Valladolid– en calidad no sab&#x00ED;amos si de desterrado o, con su sambenito encima, para buscarse la vida en un rinc&#x00F3;n peque&#x00F1;o.” (Mart&#x00ED;nez Duque, <xref ref-type="bibr" rid="CIT12">2002</xref>, p. 125)  </p>

			<p>No resultan balad&#x00ED;es las notas sobre aquella librer&#x00ED;a: un lugar de cultura, erguido en medio de un pueblo castellano, alrededor de un hombre de excepcional relaci&#x00F3;n con los libros: “Y que con el tiempo nos enteramos por &#x00E9;l mismo que era alguien, desde luego con un nivel cultural de cierta altura, testigo de un tiempo y una historia m&#x00E1;s que interesantes, y de una pasta humana nada com&#x00FA;n, y digamos tambi&#x00E9;n que alguien nada pol&#x00ED;ticamente correcto seg&#x00FA;n la ortodoxia de entonces, y que hab&#x00ED;a pagado por ello, y cuya esposa, una mujer muy devota, llevaba un apellido ilustre y bastante triste en la lucha anticlerical m&#x00E1;s feroz. Y lo que hoy resulta casi incomprensible, en aquella papeler&#x00ED;a, cuyos libros en su mayor&#x00ED;a eran escolares, como era l&#x00F3;gico, pod&#x00ED;an verse y adquirirse libros, en especial novelas que eran pura y simplemente la gran novela sobre todo extranjera de la &#x00E9;poca, desde Faulkner a Bernanos, y, desde luego Stephen Zweig o Franz Werfell que ahora descubren quienes leen todav&#x00ED;a. Y obviamente no ten&#x00ED;a muchos clientes tal literatura, pero el librero sab&#x00ED;a que su establecimiento no pod&#x00ED;a llamarse librer&#x00ED;a sin tener libros, y un librero pod&#x00ED;a entonces tenerlos porque la distribuci&#x00F3;n no era un gran negocio todav&#x00ED;a, y confiaba, de todos modos, en que alguien se llevara un libro en vez de un <italic>best-seller</italic>. Y se daba el caso, ciertamente” (Jim&#x00E9;nez Lozano, conferencia in&#x00E9;dita pronunciada en 2007).  </p>

			<p>La riqueza de aquella relaci&#x00F3;n desbord&#x00F3; el &#x00E1;mbito de sus personas, dio lugar a infinitos mundos, a una pl&#x00E9;yade de amigos, algunos en el presente y muchos durmiendo en el recuerdo de la historia. Apoy&#x00E1;ndose en los libros, traspasaban las fronteras de lo circunstancial, del tiempo y del espacio en el que estaban incardinados. Ello fue creando el humus en el que fecund&#x00F3;, de manera natural, el proyecto en cuesti&#x00F3;n: “Jos&#x00E9; Velicia era, en el pueblo, coadjutor de una de las parroquias y profesor en un colegio; y buena parte de esos inicios de nuestra amistad se pasaron, adem&#x00E1;s de en la charla y en el intercambio de libros, en asistir por mi parte a sus preparaciones instrumentales para que los chicos oyeran m&#x00FA;sica y miraran l&#x00E1;minas de arte, porque eso era hermoso y todo el mundo deb&#x00ED;a verlo. Y yo creo que <italic>Las Edades del Hombre</italic> comenzaron entonces” (Mart&#x00ED;nez Duque, <xref ref-type="bibr" rid="CIT12">2002</xref>, p. 125). </p>
		</sec>

		<sec id="S4">
			<title>LA G&#x00C9;NESIS DE UNA AVENTURA CULTURAL </title>

			<p>Las palabras pronunciadas por Jos&#x00E9; Jim&#x00E9;nez Lozano en la conferencia reiteradamente citada nos servir&#x00E1;n para narrar la idiosincrasia del proyecto: “Y esto me dar&#x00E1; pie para decir dos palabras sobre el asunto de <italic>Las Edades del Hombre</italic>. Esta serie de exposiciones se debe pura y exclusivamente a la idea que se le cay&#x00F3; a Jos&#x00E9; Velicia de las manos mientras est&#x00E1;bamos asando patatas en la chimenea de la cocina en que trabajo con frecuencia. Jos&#x00E9; Velicia acababa de llegar de Barcelona donde hab&#x00ED;a visto una exposici&#x00F3;n realmente de joyas art&#x00ED;sticas, pero como amontonadas con un excelente pero fr&#x00ED;o criterio acad&#x00E9;mico. ¿Qu&#x00E9; podr&#x00ED;amos hacer en esta tierra nuestra para mostrar el patrimonio art&#x00ED;stico de ella? Y nos pareci&#x00F3; que podr&#x00ED;a hacerse de otro modo m&#x00E1;s vital, seg&#x00FA;n la sucesi&#x00F3;n del sentimiento religioso” (Jim&#x00E9;nez Lozano, conferencia in&#x00E9;dita pronunciada en 2007).   </p>

			<p>Tres ideas se desgajan de este fragmento: la primera relacionada con su creador –visita de Velicia a una exposici&#x00F3;n en Barcelona–, la segunda con el entorno en el que naci&#x00F3; –la amistad– y la tercera con sus primigenias caracter&#x00ED;sticas –“modo m&#x00E1;s vital, seg&#x00FA;n la sucesi&#x00F3;n del sentimiento religioso”-.  </p>

			<p>En la rotundidad con que Jim&#x00E9;nez Lozano afirma que su origen se debe exclusivamente a Jos&#x00E9; Velicia se vislumbra que ciertas sombras se ciernen sobre la autor&#x00ED;a de un proyecto que llevaba, en el momento de pronunciar aquella conferencia, dieciocho a&#x00F1;os de recorrido. Quiz&#x00E1;s no la negaci&#x00F3;n de la misma, pero s&#x00ED; su oscurecimiento, algo que se difumina ya desde el inicio, en el documento elaborado para presentar el proyecto a las autoridades y posteriormente en los cat&#x00E1;logos de las exposiciones. Su nombre aparece como el telonero que deja paso a las palabras de los obispos de Castilla y Le&#x00F3;n, quienes presentan una iniciativa que secunda las orientaciones del Concilio Vaticano II sobre la relaci&#x00F3;n de la fe con el mundo contempor&#x00E1;neo, as&#x00ED; como la llamada de Juan Pablo II a reenvangelizar Europa por medio de la cultura. Ciertamente sin la aquiescencia de los obispos no se hubiera podido llevar a cabo un proyecto que contaba como material con el patrimonio art&#x00ED;stico de la Iglesia. Tambi&#x00E9;n es cierto que la idea encajaba con el deseo de la Iglesia de acercarse al mundo contempor&#x00E1;neo. Pero <italic>Las Edades del Hombre</italic> no nacieron para responder a ellos, ni como fruto de una reflexi&#x00F3;n conjunta de los titulares de las di&#x00F3;cesis, ni de ninguna iniciativa pastoral. Se teji&#x00F3; en las conversaciones de los dos Jos&#x00E9;s. Es m&#x00E1;s, a pesar de las repetidas afirmaciones de Jim&#x00E9;nez Lozano de que fue solo una idea de Velicia, sostenemos que fue fruto de ambos, dado el importante papel que tuvo el escritor. La iluminaci&#x00F3;n de Velicia encontr&#x00F3; el eco adecuado en &#x00E9;l, se nutri&#x00F3; del mismo af&#x00E1;n de cultura, del mismo amor a las tierras castellanas, a sus obras, a su gente, a su pasado.  </p>

			<p>La segunda idea que se desprende del texto es el entorno en el que naci&#x00F3;: “mientras est&#x00E1;bamos asando patatas en la chimenea de la cocina en que trabajo con frecuencia”. Esta extra&#x00F1;a y poco acad&#x00E9;mica manera de explicarse puede parecer en una primera impresi&#x00F3;n un exabrupto. Sin embargo enmarca el espacio geogr&#x00E1;fico de la amistad: el dom&#x00E9;stico, el cotidiano, hecho de patata y trabajo, una expresi&#x00F3;n pl&#x00E1;stica de autenticidad. Queda subrayado por las palabras con las que inici&#x00F3; su intervenci&#x00F3;n: “Lo primero que quiero decir ante ustedes es que yo no estoy aqu&#x00ED; para dar una conferencia, sino para ofrecer un testimonio de amistad” (Jim&#x00E9;nez Lozano, conferencia in&#x00E9;dita pronunciada en 2007). En la &#x00C9;tica a Nic&#x00F3;maco Arist&#x00F3;teles la define como “lo m&#x00E1;s necesario para la vida”, por lo que “nadie querr&#x00ED;a vivir sin amigos, aun estando en posesi&#x00F3;n de todos los otros bienes”, y a los amigos como “dos cuerpos con una sola alma”. <italic>Las Edades del Hombre</italic> alargan sus ra&#x00ED;ces hacia el momento en que aquellos hombres se conocieron y se reconocieron como almas que pod&#x00ED;an caminar juntas “a&#x00F1;os y leguas”, parafraseando el t&#x00ED;tulo que Jim&#x00E9;nez Lozano dio a aquella conferencia: “Creo que no le hubiera disgustado nada a don Jos&#x00E9; Velicia este t&#x00ED;tulo de ‘A&#x00F1;os y leguas con Jos&#x00E9; Velicia’ que he puesto a esta mi recordaci&#x00F3;n p&#x00FA;blica, y que es el t&#x00ED;tulo de una de las novelas de Gabriel Mir&#x00F3;, como resumen de nuestro encuentro y nuestra amistad. Porque realmente han sido a&#x00F1;os de una amistad muy profunda y en los que hemos recorrido no solamente la materialidad de muchos kil&#x00F3;metros, sino tambi&#x00E9;n leguas y navegaciones en otros mundos, los de la interioridad y la cultura” (Jim&#x00E9;nez Lozano, conferencia in&#x00E9;dita pronunciada en 2007). La elecci&#x00F3;n de este libro de Gabriel Mir&#x00F3; arroja luces. En &#x00E9;l ofrece una serie de reflexiones de cariz filos&#x00F3;fico a ra&#x00ED;z de las observaciones del paisaje de su tierra. Plasma sus vivencias personales: un espacio, una tierra, humanizada por la mirada de un pensador (La&#x00ED;n Corona, <xref ref-type="bibr" rid="CIT11">2010</xref>). Se acomoda bien a lo que Velicia y Jim&#x00E9;nez Lozano compart&#x00ED;an: contemplaban la realidad con el prisma de la pasi&#x00F3;n por la belleza, por el arte.   </p>

			<p>La l&#x00F3;gica de la amistad fue el marco de <italic>Las Edades</italic> –altruismo, lealtad, compartir ilusiones, confiarse pensamientos– y de su lenguaje: el amistoso, de recreo, con la simple ambici&#x00F3;n de alargar aquellas conversaciones sobre el pasado, el presente y las obras art&#x00ED;sticas a trav&#x00E9;s de una puesta en escena a la que invitaban a quienes fueran capaces de seguir el entramado de su amistad: “Tales fueron los or&#x00ED;genes, pero afortunadamente en este caso s&#x00ED; pudo ver Velicia la andadura de medio sue&#x00F1;o, medio invento, que se hizo medio jugando, pero cuyo trasfondo estaba en el no infrecuente comentario de tantas visitas y estancias viendo pinturas y otras hermosuras: “Esto habr&#x00ED;a que sacarlo a relucir a la calle para mostrarlo” (Jim&#x00E9;nez Lozano, conferencia in&#x00E9;dita pronunciada en 2007).  </p>

			<p>“Medio sue&#x00F1;o, medio invento” es como Jim&#x00E9;nez Lozano define a <italic>Las Edades del Hombre</italic>. Un modo de decir casi id&#x00E9;ntico al que emplea Jos&#x00E9; Velicia del que testimonia unas palabras suyas en la dedicatoria que escribi&#x00F3; a Michael Reckling, a quien le agradece “por la acogida fervorosa, por la expresi&#x00F3;n pl&#x00E1;stica de nuestra utop&#x00ED;a y nuestro sue&#x00F1;o”.  </p>
			
			
					<fig id="F1">
						<label>Figura 1</label>
						<caption>
							<title>Dedicatoria de José Velicia a Michael Reckling, 1980. <uri>http://www.catedral-valladolid.com/in-memoriam/jose-velicia/index.htm</uri>, consultado el 29 de abril de 2014</title>
						</caption>
						<graphic xmlns:xlink="http://www.w3.org/1999/xlink" xlink:href="../images/F1.jpg"/>
					</fig>

			<p>La tercera idea que se desprende del texto que estamos analizando hace referencia a una de las se&#x00F1;as de identidad m&#x00E1;s importantes sobre el modo de concebir la exposici&#x00F3;n de arte, “de otro modo m&#x00E1;s vital, seg&#x00FA;n la sucesi&#x00F3;n del sentimiento religioso” (Jim&#x00E9;nez Lozano, conferencia in&#x00E9;dita pronunciada en 2007).   </p>

			<p>Una vez enmarcada la g&#x00E9;nesis del proyecto exposivito, nos centramos en la aportaci&#x00F3;n de Jos&#x00E9; Jim&#x00E9;nez Lozano a ella.</p>
		</sec>

		<sec id="S5">
			<title>LA APORTACI&#x00D3;N DE JOS&#x00C9; JIM&#x00C9;NEZ LOZANO </title>

			<p>Elo&#x00ED;sa de Battenberg, Amando Represa, Juan Jos&#x00E9; Mart&#x00ED;n Gonz&#x00E1;lez, Sebasti&#x00E1;n Battaner, Pablo Puente Aparicio, M.ª Antonia Virgili, etc. son algunos de los numerosos testigos de la aportaci&#x00F3;n de Jos&#x00E9; Jim&#x00E9;nez Lozano a <italic>Las Edades del Hombre</italic>. Todos ellos fueron puntales en la puesta en marcha del proyecto, ganados por el entusiasmo y capacidad de hacerse amigos de Jos&#x00E9; Velicia. En un libro publicado en homenaje al sacerdote ya fallecido, as&#x00ED; lo atestigua Amando Represa: “En uni&#x00F3;n con nuestro com&#x00FA;n amigo, Jos&#x00E9; Jim&#x00E9;nez Lozano, empezaron a fraguarse <italic>Las Edades del Hombre</italic> en las ya lejanas tardes del invierno de 1985, al amor de un braserillo en Alcazar&#x00E9;n, en el que los dos Pepes platicaban, discut&#x00ED;an y programaban el acontecimiento” (Mart&#x00ED;nez Duque, <xref ref-type="bibr" rid="CIT12">2002</xref>, p. 125). Sin embargo, el mayor garante es el propio Velicia, quien escribe: “La prosa debida a Jos&#x00E9; Jim&#x00E9;nez Lozano, una de las plumas m&#x00E1;s l&#x00FA;cidas y vigorosas del mundo de las letras, y cuyo nombre est&#x00E1; inseparablemente unido a esta apasionada aventura cultural.” (Jim&#x00E9;nez Lozano, <xref ref-type="bibr" rid="CIT09">1990</xref>).  </p>

			<p>Su contribuci&#x00F3;n reviste m&#x00FA;ltiples facetas que van desde la fundamental, su amistad y apoyo a Velicia y la contribuci&#x00F3;n de su bagaje cultural, a los m&#x00FA;ltiples consejos, la ayuda en la elecci&#x00F3;n de obras art&#x00ED;sticas, la redacci&#x00F3;n de escritos y publicaciones, su influencia en terceras personas en el modo de colaborar con el proyecto, etc. Esta &#x00FA;ltima se detecta en algunas iniciativas, como es la de Adolfo Calleja de tomar un fragmento de las pinturas de San Baudelio de Berlanga<xref ref-type="fn" rid="NOTE02">2</xref> para dise&#x00F1;ar el logos&#x00ED;mbolo de <italic>Las Edades</italic>, o la idea de Pablo Puente de incluir un &#x00F3;culo cisterciense en un cap&#x00ED;tulo de la exposici&#x00F3;n. Otra influencia es la elecci&#x00F3;n de Santa Mar&#x00ED;a de Valbuena como sede de la Fundaci&#x00F3;n <italic>Las Edades del Hombre</italic>. Se trata de un monasterio cisterciense situado en San Bernardo, una localidad distante unos 45 kil&#x00F3;metros de Valladolid, fundado en el siglo XII para ayudar a la repoblaci&#x00F3;n de la meseta. Su devenir cultural de siglos se frustr&#x00F3; con las exclaustraciones y desamortizaciones del XIX, hasta que en 1964 el arzobispado de Valladolid recuper&#x00F3; su posesi&#x00F3;n. Existen art&#x00ED;culos en la prensa publicados en 1977 en los que Jim&#x00E9;nez Lozano habla de Valbuena y muestra su fascinaci&#x00F3;n por aquellas ruinas en las que &#x00E9;l ve&#x00ED;a huellas de un pasado pre&#x00F1;ado de espiritualidad, libros, belleza, modos de vida dedicados al estudio, distintas manifestaciones de cultura, etc. No es arriesgado aventurar que contagiara esta predilecci&#x00F3;n a su amigo, Jos&#x00E9; Velicia, y juntos albergaran el deseo de rescatarlo del olvido. Ante sus muros cerrados se pregunta si aquel pret&#x00E9;rito hogar de cultura no podr&#x00ED;a volver a ser un foco de irradiaci&#x00F3;n cultural y espiritual de Castilla. Eran los a&#x00F1;os de la transici&#x00F3;n democr&#x00E1;tica y las regiones espa&#x00F1;olas se encontraban en b&#x00FA;squeda de su propia identidad, por lo que, poco amigo de la pol&#x00ED;tica, apunta a la cultura como al registro desde el que deb&#x00ED;an construirse las sociedades, por lo que a&#x00F1;ade con iron&#x00ED;a “(…) que seguramente lo necesita m&#x00E1;s que saber c&#x00F3;mo es su propia bandera o pend&#x00F3;n” (Jim&#x00E9;nez Lozano, 12 de marzo <xref ref-type="bibr" rid="CIT02">1977</xref>). Durante esos a&#x00F1;os se suceden las visitas a Valbuena, de las que saca reflexiones y deja constancia en sus art&#x00ED;culos period&#x00ED;sticos (Jim&#x00E9;nez Lozano, 19 de septiembre <xref ref-type="bibr" rid="CIT03">1977</xref>).  </p>

			<p>Contribuci&#x00F3;n suya, quiz&#x00E1;s no conocida, es el nombre elegido, <italic>Las Edades del Hombre</italic>, una denominaci&#x00F3;n sugerente, abierta, indefinida, que produce extra&#x00F1;eza y al mismo tiempo abre la curiosidad y que recogi&#x00F3; Jos&#x00E9; Velicia de un poema del escritor que este destruy&#x00F3; posteriormente, seg&#x00FA;n el autor nos confes&#x00F3; recientemente en una entrevista que tuvo lugar en Alcazar&#x00E9;n el 13 de mayo de 2014.  </p>

			<p>Obviamos su aportaci&#x00F3;n escribiendo los primeros guiones para los v&#x00ED;deos que se expusieron y varias publicaciones –<italic>El ojo del icono</italic>, <italic>Estampas y Memorias</italic>, el texto de la Cantata <italic>Las Edades del Hombre</italic>– por la carencia de espacio en este art&#x00ED;culo y dado que salieron a la luz despu&#x00E9;s de la primera exposici&#x00F3;n. </p>
		</sec>

		<sec id="S6">
			<title>HUMUS INTELECTUAL DE LAS EDADES DEL HOMBRE </title>

			<p>La aportaci&#x00F3;n m&#x00E1;s peculiar de Jos&#x00E9; Jim&#x00E9;nez Lozano reside en su bagaje intelectual que marca la hondura del proyecto. La lectura de su obra period&#x00ED;stica entre los a&#x00F1;os 1970-1980 y de su libro <italic>Gu&#x00ED;a espiritual de Castilla</italic>, arroja interesantes luces que dan visibilidad al humus en el que germin&#x00F3; la iniciativa de Velicia, de qui&#x00E9;n solo podemos documentar su alto nivel cultural por los testimonios que de &#x00E9;l se han dado y, sobre todo, por el coloso que puso en marcha: <italic>Las Edades del Hombre</italic>.</p>

			<p>Las publicaciones a las que nos referimos son anteriores a ellas. En la prensa se detectan las primeras se&#x00F1;ales en 1979, cuando faltaban diez a&#x00F1;os para que se inaugurara la primera exposici&#x00F3;n y algunos para que Jos&#x00E9; Velicia visitara <italic>Thesaurus</italic>, la muestra de patrimonio art&#x00ED;stico que fue su detonante. En una de ellas comenta el nacimiento de <italic>Capela</italic>, una revista dedicada a temas culturales promovida por personajes como Caro Baroja, Ram&#x00F3;n Carande, Bernardo V&#x00ED;ctor de Carande, Justino de Azc&#x00E1;rate, Pedro Sa&#x00ED;nz Rodr&#x00ED;guez, Buero Vallejo y Antonio Llopis. Se alegraba de su existencia y explicaba as&#x00ED; la raz&#x00F3;n de ser de aquella publicaci&#x00F3;n<italic>: </italic>“(…) quiere servir de lugar de encuentro cultural o espiritual para quienes tienen una determinada concepci&#x00F3;n del hombre y pretenden continuar con el pensamiento de aquellos que la tuvieron en el pasado” (Jim&#x00E9;nez Lozano, 26 de mayo <xref ref-type="bibr" rid="CIT04">1979</xref>). Dos notas importantes se desprenden de este p&#x00E1;rrafo: la importancia que conced&#x00ED;a a la cultura, a la historia y la consideraci&#x00F3;n del hombre como n&#x00FA;cleo de las propuestas culturales. Y sobre todo, llama la atenci&#x00F3;n cuando califica la iniciativa de aquellos hombres como “(…) la labor de los monjes medievales de rescatar la cultura de la barbarie. Nuevos monjes que nos ense&#x00F1;ar&#x00E1;n el trabajo de miniar el trabajo y la paciencia, la delicadeza y los escr&#x00FA;pulos de las tareas intelectuales” (Jim&#x00E9;nez Lozano, 26 de mayo <xref ref-type="bibr" rid="CIT04">1979</xref>).  </p>

			<p>La menci&#x00F3;n a los monjes sigue la estela de las reflexiones en torno a las visitas al monasterio de Valbuena. Se hace expl&#x00ED;cita en un art&#x00ED;culo publicado en <italic>El Pa&#x00ED;s</italic>. Con ocasi&#x00F3;n de los quince siglos del nacimiento de Benito de Nursia, hace suyas las palabras de Aldous Huxley cuando declaraba que el benedictinismo “civiliz&#x00F3; el noroeste de Europa, implant&#x00F3; o restableci&#x00F3; los mejores m&#x00E9;todos agr&#x00ED;colas de su tiempo, proporcion&#x00F3; los &#x00FA;nicos elementos de educaci&#x00F3;n entonces disponibles y conserv&#x00F3; y disemin&#x00F3; los tesoros de la literatura antigua. Durante generaciones, el benedictinismo fue el principal ant&#x00ED;doto contra la barbarie” (citado en Jim&#x00E9;nez Lozano, 2 de abril <xref ref-type="bibr" rid="CIT05">1980</xref>). Se va afirmando, en Jim&#x00E9;nez Lozano, el sue&#x00F1;o de rescatar la cultura para proponerla como medicina a la sociedad actual y su convicci&#x00F3;n de que esa labor vendr&#x00ED;a de la mano de unas cuantas personas capaces de retomar el esp&#x00ED;ritu de trabajo, seriedad y amor por la belleza de aquellos cistercienses.  </p>

			<p>Un mes m&#x00E1;s tarde escribe, en el mismo peri&#x00F3;dico, sobre el lamentable estado del patrimonio art&#x00ED;stico en Espa&#x00F1;a y ahonda sobre su importancia: “Cuando todo haya acabado de caer -si es que esta hora no est&#x00E1; llegando o no ha llegado ya- se comenzar&#x00E1; a parlotear de cultura o de historia y arte, que, para m&#x00E1;s «inri», en nuestra sociedad tecnol&#x00F3;gica tambi&#x00E9;n se han convertido en saberes esot&#x00E9;ricos y t&#x00E9;cnicos con sus expertos. Como si la belleza no estuviera ah&#x00ED; para ayudar a vivir y a transcenderse a todos los hombres, como si el arte y la conciencia de identidad hist&#x00F3;rica no fuera necesario que est&#x00E9;n ah&#x00ED;, para permitirnos seguir siendo hombres, y no meros supervivientes biol&#x00F3;gicos cercados de coches, de snaks o pubs, de silos y garajes, m&#x00E1;s interesantes ya para tantos seres humanos que la Moreruela o San Clemente de Tahull”, (Jim&#x00E9;nez Lozano, 17 de mayo <xref ref-type="bibr" rid="CIT06">1980</xref>).   </p>
			
			<p>Queda patente su concepci&#x00F3;n de las obras de arte heredadas del pasado, que iluminan el vac&#x00ED;o del mundo consumista y tecnol&#x00F3;gico al que parece estar abocada la contemporaneidad, pues empez&#x00F3; destruyendo patrimonio: la Revoluci&#x00F3;n Francesa, la sovi&#x00E9;tica, las desamortizaciones espa&#x00F1;olas, las destrucciones de la Guerra Civil. A esos desmanes compara la incultura contempor&#x00E1;nea, manifestada en deshacerse de antig&#x00FC;edades o en la frivolidad de comprarlas, simplemente, como una mera inversi&#x00F3;n. Lo que est&#x00E1; siempre en riesgo es la belleza y, con ella, algo de capital importancia para el hombre, como explica al recordar cuando Gorki intent&#x00F3; convencer a Lenin para que no demoliera las iglesias, pues implicaba arrancar los iconos de ellas: “Gorki le escribi&#x00F3; una carta en la que le disculpaba de tan brutal idea s&#x00F3;lo en raz&#x00F3;n de su condici&#x00F3;n de arist&#x00F3;crata que no pod&#x00ED;a comprender lo que la belleza de los iconos significaba para las gentes pobres que ni siquiera hab&#x00ED;an comido, para quienes la vida era terrible: las iglesias deber&#x00ED;an permanecer ah&#x00ED; con sus pinturas y sus oros; el &#x00FA;nico tesoro del pueblo. Pero hablaba en balde. Y el fanatismo y la idiocia de los bur&#x00F3;cratas del partido se encargar&#x00ED;an, al fin, de arrasar todo o de concentrar aquellos tesoros en museos especiales como testimonio de una &#x00E9;poca de superstici&#x00F3;n sin planes quinquenales (…)” (Jim&#x00E9;nez Lozano, 17 de mayo <xref ref-type="bibr" rid="CIT06">1980</xref>). Estas palabras, escritas en 1980, resultan de gran trascendencia, pues expresan con claridad una de las caracter&#x00ED;sticas clave de <italic>Las Edades</italic>: exponer las obras de arte en el contexto para el que fueron creadas, esto es, los recintos sagrados. El hecho de que se eligieran posteriormente las catedrales, fue solamente una concreci&#x00F3;n de ello. Por otro lado, refleja la fascinaci&#x00F3;n de Jim&#x00E9;nez Lozano por el t&#x00E9;rmino y el significado del “icono”, con el titula la primera publicaci&#x00F3;n que aparece bajo el sello de <italic>Las Edades del Hombre</italic> en 1988, <italic>El ojo del icono</italic>, un ensayo sobre el arte.  </p>

			<p>En su obra <italic>Gu&#x00ED;a espiritual de Castilla</italic> tenemos acceso a su particular acercamiento al patrimonio art&#x00ED;stico de Castilla y a las reflexiones que le suscita. Publicada en 1984, es una obra de dif&#x00ED;cil catalogaci&#x00F3;n a la que se le concede el t&#x00ED;tulo de ensayo (Ib&#x00E1;&#x00F1;ez Ib&#x00E1;&#x00F1;ez, <xref ref-type="bibr" rid="CIT10">2005</xref>), pero no es esta la intenci&#x00F3;n del autor que modestamente se&#x00F1;ala en su pr&#x00F3;logo que pretende ofrecer “algunas claves y meditaciones para acercarse a las expresiones o a la vida misma de nuestro pasado. (…) subrayar de qu&#x00E9; modo y manera los universales sue&#x00F1;os y esperanzas del hombre y la propia realidad de la vida cotidiana se encarnaron aqu&#x00ED;, entre nosotros, de una forma que resulta significativa en el plano humano, espiritual o art&#x00ED;stico para todo el mundo” (Jim&#x00E9;nez Lozano, <xref ref-type="bibr" rid="CIT08">1984</xref>, p. 11). La palabra ‘sue&#x00F1;o’ concuerda con el modo como &#x00E9;l mismo define a&#x00F1;os m&#x00E1;s tarde a <italic>Las Edades del Hombre</italic>, como ya se ha se&#x00F1;alado. Las palabras finales del libro manifiestan su propio juicio en torno al estudio que propone: “Tampoco sabemos muy bien, al fin y al cabo, qu&#x00E9; es Castilla, despu&#x00E9;s de todo ese buceo en ella. Siempre queda un poco m&#x00E1;s all&#x00E1;, siempre asoma un poco m&#x00E1;s profundamente” (Jim&#x00E9;nez Lozano, <xref ref-type="bibr" rid="CIT08">1984</xref>, p. 294). Es decir, a trav&#x00E9;s de las manifestaciones art&#x00ED;sticas, intenta comprender y desvelar el pasado de una tierra y unas gentes, sin pretender hacer un cat&#x00E1;logo de ellas, ni centrarse en un estudio acad&#x00E9;mico. A lo largo de veinticuatro cap&#x00ED;tulos se acerca a monumentos y hechos culturales de la regi&#x00F3;n, algunos pocos conocidos, los enmarca en el tiempo en el que nacieron y los acompa&#x00F1;a de reflexiones propias o de pensamientos de otros autores. Inicia el recorrido en un lugar rec&#x00F3;ndito y bastante desconocido: la ermita de San Baudelio de Berlanga, en Soria. A lo desconcertante de esta elecci&#x00F3;n se a&#x00F1;aden unas palabras que indican que nos encontramos ante un pensador original, cuando declara como imprescindible comprender la impronta &#x00E1;rabe en estas tierra: “Y, por fuera y por dentro, la historia y el alma colectivas, los sentires, pensares y vivires de Castilla son ciertamente fronterizos, y para adentrarnos en ellos hay que pasar por un arco de herradura.” (Jim&#x00E9;nez Lozano, <xref ref-type="bibr" rid="CIT08">1984</xref>, p. 15). Su defensa es tal, que no extra&#x00F1;a que Adolfo Calleja incorporase un fragmento de las pinturas de San Baudelio, en el logos&#x00ED;mbolo de <italic>Las Edades</italic>.  </p>

			<p>El an&#x00E1;lisis de esta obra a la luz de las exposiciones de <italic>Las Edades del Hombre</italic> podr&#x00ED;a llevar lejos, pero nos interesa detenernos en un par de comentarios en relaci&#x00F3;n con el arte y en su referencia a Santa Mar&#x00ED;a de Valbuena. El primer comentario viene a prop&#x00F3;sito de ciertas tem&#x00E1;ticas burlonas que el rom&#x00E1;nico luce en capiteles, siller&#x00ED;as y canecillos. En ellos “(…) son denunciados todos estos vicios humanos con la punzada cr&#x00ED;tica y llena de sarcasmo con que s&#x00F3;lo el arte puede hacerlos, y como s&#x00F3;lo el arte puede ayudar al hombre a aspirar a serlo por encima mismo de la mediocre realidad cotidiana de su vida.” (Jim&#x00E9;nez Lozano, <xref ref-type="bibr" rid="CIT08">1984</xref>, p. 127). En ella encontramos una declaraci&#x00F3;n expl&#x00ED;cita sobre la consideraci&#x00F3;n del arte como un instrumento fundamental para la maduraci&#x00F3;n de las personas en tanto que ayuda para superar todas las deficiencias de la existencia propia y ajena.  </p>

			<p>Otro interesante comentario lo realiza al explicar que la prosperidad mat&#x00F3; el esp&#x00ED;ritu cisterciense pues le llev&#x00F3;, entre otras cosas, a que sus edificaciones fueran como “construcciones que eran copia de s&#x00ED; mismas, se enfatizaron y agigantaron, y se caricaturizaron y vaciaron al final. Ya no estaba en ellas la b&#x00FA;squeda de la pura forma, que es esencia del ser; ni la belleza se defin&#x00ED;a ya por lo que no estaba all&#x00ED;. As&#x00ED; que siempre hay que buscar lo m&#x00E1;s humilde y sencillo y no dejarse fascinar por los nombres ni las grandezas de la historia. Ni pasar deprisa o permanecer satisfechos con los datos t&#x00E9;cnicos y el conocimiento material de estas construcciones. Como si cuando se conoce el nombre de una cosa –dec&#x00ED;a tambi&#x00E9;n san Bernardo de Claraval– se conociera la cosas misma” (Jim&#x00E9;nez Lozano, <xref ref-type="bibr" rid="CIT08">1984</xref>, p. 114). Estas interesantes notas sobre las propiedades del arte, algo puro, aut&#x00E9;ntico y significativo en s&#x00ED; mismo, tendr&#x00E1;n una importante plasmaci&#x00F3;n en las exposiciones. Un ejemplo es la exaltaci&#x00F3;n de lo humilde y sencillo, en la recreaci&#x00F3;n que se hizo en Valladolid de la estancia de un monasterio de carmelitas.  </p>

			<p>De nuevo aparece Santa Mar&#x00ED;a de Valbuena, ”(…) esos arcos claustrales de elegant&#x00ED;simo y femenino calado o, casi ciegos, con sus ‘oculus’ como m&#x00ED;stico Polifemo que apunta en su mirada a una belleza, que no est&#x00E1; ante nuestros ojos pero que se presentiza”, (Jim&#x00E9;nez Lozano, <xref ref-type="bibr" rid="CIT08">1984</xref>, p. 111). Se trata de una nueva nota sobre la belleza, esa capacidad para hacer visible lo invisible y dotar de trascendencia a lo que parece que no la tiene. El impacto de estos comentarios tuvo su encarnaci&#x00F3;n pl&#x00E1;stica en la primera exposici&#x00F3;n de <italic>Las Edades del Hombre</italic>. Pablo Puente Aparicio, que no conoc&#x00ED;a a Jim&#x00E9;nez Lozano pero s&#x00ED; este escrito, aprovech&#x00F3; un peque&#x00F1;o espacio vac&#x00ED;o del recorrido arquitect&#x00F3;nico para dise&#x00F1;ar un arco del monasterio cisterciense: “Plante&#x00E9; hacer una r&#x00E9;plica (…) Hasta que un d&#x00ED;a pas&#x00F3; por all&#x00ED; Pepe Jim&#x00E9;nez Lozano. Est&#x00E1;bamos Elo&#x00ED;sa y yo trabajando y rematando cosas, cuando apareci&#x00F3; Velicia anunci&#x00E1;ndonos que hab&#x00ED;a llegado Pepe (Jim&#x00E9;nez Lozano) a verlo. (…). Lo que yo conoc&#x00ED;a de Pepe eran unos escritos muy bonitos, pero despu&#x00E9;s hab&#x00ED;a que hacer con eso una exposici&#x00F3;n. Sali&#x00F3; encantado. Velicia lo repet&#x00ED;a con emoci&#x00F3;n, ¡le ha gustado mucho!”. As&#x00ED; lo indic&#x00F3; en la entrevista que tuvo lugar en Valladolid el 22 de junio de 2010.   </p>

			<p>Con estas consideraciones se pone de manifiesto la catadura intelectual de Jim&#x00E9;nez Lozano, atesorada durante a&#x00F1;os y reflejada en sus escritos, en la que secund&#x00F3; a&#x00F1;adi&#x00F3; la ambiciosa propuesta expositiva de su amigo Velicia. </p>
		</sec>

		<sec id="S7">
			<title>EXPLICANDO UN SUE&#x00D1;O </title>

			<p>Una importante plasmaci&#x00F3;n de la aportaci&#x00F3;n de Jos&#x00E9; Jim&#x00E9;nez Lozano a <italic>Las Edades del Hombre</italic> es su intervenci&#x00F3;n en la <italic>Presentaci&#x00F3;n</italic> de la exposici&#x00F3;n, un texto an&#x00F3;nimo y sin fechar. Hab&#x00ED;a que explicar el “medio sue&#x00F1;o, medio invento” a las autoridades eclesi&#x00E1;sticas en tanto que responsables del patrimonio art&#x00ED;stico de la Iglesia, y a las civiles para pedir ayuda y autorizaci&#x00F3;n. Para ello se elabor&#x00F3; un texto del que existen varias versiones. Hemos tenido acceso a tres ejemplares, los tres diferentes: uno pertenece al archivo de la Fundaci&#x00F3;n <italic>Las Edades del Hombre</italic>, otro a Jos&#x00E9; Jim&#x00E9;nez Lozano y otro a Pablo Puente Aparicio. No es dif&#x00ED;cil deducir cu&#x00E1;l es el originario a trav&#x00E9;s de una serie de notas externas −la tipograf&#x00ED;a y el s&#x00ED;mbolo− e internas –el texto–. El de Puente posee unas caracter&#x00ED;sticas diferentes del resto ya en la portada: ausencia de la tipograf&#x00ED;a y el s&#x00ED;mbolo propio de <italic>Las Edades</italic>, as&#x00ED; como el texto “Proyecto financiado por la Caja de Ahorros y Monte de Piedad de Salamanca para una Exposici&#x00F3;n”. Este &#x00FA;ltimo se cambia en los otros ejemplares en “Proyectan: las di&#x00F3;cesis castellano-leonesas y patrocina la Caja de Ahorros de Salamanca y la Junta de Castilla y Le&#x00F3;n. La foto de la Sedes Sapientae coincide con el fragmento publicado en <italic>Los ojos del icono</italic>, lo que sigue indicando que la mano de Jim&#x00E9;nez Lozano aletea por all&#x00ED;.  </p>
			
			
					<fig id="F2">
						<label>Figura 2</label>
						<caption>
							<title>Ejemplar del archivo de la Fundación Las Edades del Hombre</title>
						</caption>
						<graphic xmlns:xlink="http://www.w3.org/1999/xlink" xlink:href="../images/F2.jpg"/>
					</fig>
					
					<fig id="F2">
						<label>Figura 3</label>
						<caption>
							<title>Ejemplar del archivo de la Fundación Las Edades del Hombre</title>
						</caption>
						<graphic xmlns:xlink="http://www.w3.org/1999/xlink" xlink:href="../images/F2.jpg"/>
					</fig>

			<p>En relaci&#x00F3;n con el contenido, el de Puente se abre con unas palabras del titular de la di&#x00F3;cesis de Valladolid, Jos&#x00E9; Delicado Baeza que, en los otros ejemplares, rubrican el resto de los obispos de Castilla y Le&#x00F3;n, lo que hace pensar que ha transcurrido un tiempo en el que se ha ido dando a conocer la iniciativa a los once mitrados, quienes la avalan y presentan como una iniciativa de la Iglesia.   </p>

			<p>El librillo se estructura en cuatro cap&#x00ED;tulos entre los que destaca el segundo, “Teor&#x00ED;a general y esquema de la exposici&#x00F3;n”, en el que se explica la esencia de la muestra. Aunque no est&#x00E1; firmado se reconoce en &#x00E9;l la mano de Jim&#x00E9;nez Lozano. Su factura es muy distinta a la del primer cap&#x00ED;tulo, en el que se hacen referencias teol&#x00F3;gicas y citas del magisterio de la Iglesia. El autor recurre a personalidades del mundo del arte –pintores, music&#x00F3;logos, escritores, estudiosos–, todos contempor&#x00E1;neos y ninguno ligado a la Iglesia, algo que es caracter&#x00ED;stico de la escritura del abulense (Merino Bobillo, <xref ref-type="bibr" rid="CIT13">2011</xref>). Comienza reflexionando sobre el objeto material de las exposiciones, sobre el que da un toque de atenci&#x00F3;n: “En t&#x00E9;rminos jur&#x00ED;dico-administrativos que han sido acu&#x00F1;ados en &#x00E9;poca burguesa, ese conjunto art&#x00ED;stico lleva el nombre de patrimonio, que desnaturaliza del todo su car&#x00E1;cter primario y esencial: se habla en efecto de “tesoros” m&#x00E1;s que nada por su valor de prestigio social y cultural y su cotizaci&#x00F3;n econ&#x00F3;mica desatan la codicia del Estado, de instituciones de toda clase y de los ciudadanos”, (<italic>Las Edades del Hombre</italic>. Presentaci&#x00F3;n, p. 7).  </p>

			<p>Lo importante, se&#x00F1;ala, no es el valor de las piezas, sino lo que significan para el hombre, en tanto que este es un ser capaz de belleza, buscador de la trascendencia y necesitado de expresar ambas: “(…) ese c&#x00FA;mulo de bellezas es, por lo pronto y de manera esencial, la memoria del pasado: una memoria hist&#x00F3;rica de los hombres y de su vividura de lo Invisible, de la fe cristiana de una colectividad concreta que as&#x00ED; se ha explicitado pl&#x00E1;sticamente a trav&#x00E9;s de unos rel&#x00E1;mpagos de belleza. Y, sin duda, en un mundo como el nuestro, es preciso se&#x00F1;alar esa memoria y su condici&#x00F3;n no arqueol&#x00F3;gica, sino existencial y por lo tanto contempor&#x00E1;nea.” (<italic>Las Edades del Hombre</italic>. Presentaci&#x00F3;n, p. 7). El t&#x00E9;rmino “vividura” es sello inconfundible de la escritura lozaniana (Merino Bobillo, <xref ref-type="bibr" rid="CIT13">2011</xref>). El pasado ilumina la andadura del presente, una afirmaci&#x00F3;n que constituye el n&#x00FA;cleo de la filosof&#x00ED;a de <italic>Las Edades del Hombre</italic>.  </p>

			<p>Sobre las piezas que se expondr&#x00E1;n, aclara que muchas ser&#x00E1;n conocidas, puesto que lo que se propone no es la novedad, sino reunirlas contando un relato dentro del marco para el que han sido creadas, el entorno religioso, pues cuando se exhiben fuera se les resta parte de su sentido: “E incluso hay que decir que ningunas condiciones mejores que las de acercarse a ellas “in situ” para comprender su profunda raz&#x00F3;n de ser, tanto desde el punto de vista hist&#x00F3;rico en general como el de la historia espec&#x00ED;fica del sentimiento religioso; y en muy amplia medida, un museo o una exposici&#x00F3;n tienen siempre algo o mucho de almac&#x00E9;n o exhibici&#x00F3;n y no s&#x00F3;lo escamotea a cada obra art&#x00ED;stica su especial relucencia y esa ligaz&#x00F3;n esencial con el medio en que ha sido producida, sino que la ofrecen poco m&#x00E1;s que admiraciones superficiales y glosa m&#x00E1;s o menos eruditas.” (<italic>Las Edades del Hombre</italic>. Presentaci&#x00F3;n, p. 7).  </p>

			<p>Ello invalidar&#x00ED;a la raz&#x00F3;n de la exposici&#x00F3;n que se propone, por lo que sale al paso de esta objeci&#x00F3;n: “De manera que un museo o una exposici&#x00F3;n s&#x00F3;lo tienen vida y profundo sentido, cuando son entendidos y configurados como “mostra” de un artista, de un movimiento art&#x00ED;stico o “a fortiori” de un esp&#x00ED;ritu que ofrece toda la polisemia de sus contenidos a trav&#x00E9;s del tiempo y de las distintas formas en que se nos revela. Y &#x00E9;ste es el caso, y de manera absolutamente singular, adem&#x00E1;s.” (<italic>Las Edades del Hombre</italic>. Presentaci&#x00F3;n, p.7).  </p>

			<p>Todav&#x00ED;a una aclaraci&#x00F3;n previa al meollo del texto es la afirmaci&#x00F3;n de que no se trata de una exposici&#x00F3;n de arte religioso. Tal sentencia puede parecer una provocaci&#x00F3;n si no se lee la explicaci&#x00F3;n: “Lejos la idea de una exposici&#x00F3;n de arte religioso. Esta ser&#x00ED;a una pretensi&#x00F3;n absolutamente falsa y falseadora de lo que es el arte y de lo que es el &#x00E1;mbito de lo religioso, una idea derivada solamente de la tr&#x00E1;gica ruptura entre religi&#x00F3;n y arte, que se consuma en el &#x00FA;ltimo barroco y determina una situaci&#x00F3;n a la deriva de ambas realidades.” (<italic>Las Edades del Hombre</italic>. Presentaci&#x00F3;n, p. 8). El autor hila fino y demuestra un conocimiento profundo y nada convencional sobre el arte y su devenir en la historia.  </p>

			<p>A partir de aqu&#x00ED;, se adentra en la teor&#x00ED;a y lo hace de la mano de tres expertos. El primero de ellos es Henri Posseur, music&#x00F3;logo belga en plena actividad profesional durante los a&#x00F1;os en los que se gestaban <italic>Las Edades del Hombre</italic>. Toma sus palabras para argumentar su anterior juicio sobre el arte religioso: “Si hasta entonces −dice Henri Posseur− no hab&#x00ED;a, por ejemplo, ninguna diferencia entre arte sacro y profano, si ambos se nutr&#x00ED;an de manera rec&#x00ED;proca y continua, si hab&#x00ED;a &#x00F3;leos que sin gran dificultad pod&#x00ED;an pasar de un campo a otro, a partir del siglo XVIII se desarrollar&#x00E1; un arte que ser&#x00E1; llamado “religioso”, pero que con mayor exactitud habr&#x00ED;a que llamar simplemente eclesi&#x00E1;stico e incluso clerical, y que, alejado de la vida corriente, de sus valores concretos, se atenuaba con una gran rapidez mientras que el arte laico o popular ve secadas sus mismas fuentes y se ir&#x00E1; extinguiendo hasta ser sustituido del todo por la pura comercialidad.” (<italic>Las Edades del Hombre</italic>. Presentaci&#x00F3;n, p. 8).  </p>

			<p>Con otro autor contempor&#x00E1;neo da un paso m&#x00E1;s en la argumentaci&#x00F3;n y parece negar lo que acaba de sentenciar como correcto. Se trata de Paul Klee, un pintor que viaj&#x00F3; desde el surrealismo, al expresionismo y posteriormente a la abstracci&#x00F3;n: “Todo arte es, por su naturaleza misma, revelaci&#x00F3;n de lo Invisible, que dec&#x00ED;a Paul Klee; todo arte es irremisiblemente religioso, porque trata de tocar la ultimidad y de mostrarla en la belleza o en lo horrible, trata de la realidad que no es la historia, pero es m&#x00E1;s fuerte que ella.” (<italic>Las Edades del Hombre</italic>. Presentaci&#x00F3;n, p. 8). La problem&#x00E1;tica del t&#x00E9;rmino religioso proviene si se le identifica con alguna derivaci&#x00F3;n –eclesi&#x00E1;stico, lit&#x00FA;rgico– y se reduce a ella su amplio significado, quiz&#x00E1;s mejor expresado en el t&#x00E9;rmino ‘espiritual’.  </p>

			<p>En tercer lugar, cita a una de las m&#x00E1;ximas autoridades mundiales en arte oriental del momento, Ananda Coomaraswamy. De &#x00E9;l toma el prop&#x00F3;sito que debe tener un museo o una exposici&#x00F3;n: “Ananda Coomaraswamy, tantos a&#x00F1;os al frente del Museo de Boston, ha escrito precisamente a prop&#x00F3;sito de lo que debe de ser un museo o una “mostra”. «La funci&#x00F3;n de un museo o de cualquier educador no consiste en halagar o divertir al p&#x00FA;blico. Si la exhibici&#x00F3;n de obras de arte, como la lectura de los libros, ha de tener un valor cultural, es decir, si ha de alimentar y cultivar lo mejor que hay en nosotros, como las plantas se alimentan y crecen en un terreno adecuado, lo que hay que estimular es la inteligencia y no los sentimientos refinados.” (<italic>Las Edades del Hombre</italic>. Presentaci&#x00F3;n, p. 8).</p>

			<p>La densidad del proyecto <italic>Las Edades del Hombre</italic> comienza a perfilarse n&#x00ED;tidamente. No se trata tan solo de provocar emociones art&#x00ED;sticas, sino de enriquecer el interior de las personas, una consideraci&#x00F3;n que se asemeja mucho a la que Jos&#x00E9; Jim&#x00E9;nez Lozano posee sobre el valor y la funci&#x00F3;n del libro.<xref ref-type="fn" rid="NOTE03">3</xref> Contin&#x00FA;a explicitando los objetivos de la exposici&#x00F3;n a trav&#x00E9;s de las palabras del experto en esoterismo tradicional hind&#x00FA;: “En un aspecto el p&#x00FA;blico tiene raz&#x00F3;n; siempre quiere saber “de qu&#x00E9; trata” una obra de arte. ¿En qu&#x00E9;, como preguntaba Plat&#x00F3;n, nos hace el sofista tan elocuente? Dig&#x00E1;mosle de qu&#x00E9; tratan estas obras de arte y no nos limitemos a decirles cosas sobre las obras mismas. Dig&#x00E1;mosle la penosa verdad: que la mayor&#x00ED;a de estas obras hablan de Dios, a quien nunca mencionamos entre personas educadas.” (<italic>Las Edades del Hombre</italic>. Presentaci&#x00F3;n, p. 8). Coomaraswamy se&#x00F1;ala con decisi&#x00F3;n uno de los complejos sociales de Occidente que, tras siglos de huella cristiana, se averg&#x00FC;enza y parece renegar de su herencia. Sin embargo, las piezas art&#x00ED;sticas religiosas remiten a ese Ser Primero y est&#x00E1;n pre&#x00F1;adas de significado: “Admitamos que si hemos de dar una educaci&#x00F3;n de acuerdo con la naturaleza profunda y la elocuencia de las obras expuestas, no ser&#x00E1; una educaci&#x00F3;n de la sensibilidad, sino una educaci&#x00F3;n filos&#x00F3;fica en el sentido plat&#x00F3;nico y aristot&#x00E9;lico de la palabra, esto es, como ontolog&#x00ED;a y teolog&#x00ED;a, como plan vital y como sabidur&#x00ED;a destinada a ser aplicada en los asuntos cotidianos.” (<italic>Las Edades del Hombre</italic>. Presentaci&#x00F3;n, pp. 8 y 9).   </p>

			<p>De ah&#x00ED; que defienda una apreciaci&#x00F3;n del arte que trascienda lo meramente est&#x00E9;tico y apunte a la interioridad del hombre: “Admitamos que no hemos conseguido nada, si lo que hemos de exponer no influye en la vida de los hombres y no cambia sus valores. Adoptando este punto de vista, eliminaremos la distinci&#x00F3;n social y econ&#x00F3;mica entre las bellas artes y reconoceremos que la aproximaci&#x00F3;n antropol&#x00F3;gica al arte es un modo mucho m&#x00E1;s riguroso de enfocar el problema que el del esteta; abandonaremos la pretensi&#x00F3;n de que el contenido de las artes populares sea otro que un contenido metaf&#x00ED;sico. Ense&#x00F1;aremos a nuestro p&#x00FA;blico a exigir lucidez por encima de todo en las obras de arte… Distingamos netamente entre la “educaci&#x00F3;n visual” que s&#x00F3;lo nos dice qu&#x00E9; aspecto tienen las cosas (dej&#x00E1;ndonos “reaccionar” como debemos) y la iconograf&#x00ED;a de las cosas que en s&#x00ED; son invisibles (por las cuales podemos saber c&#x00F3;mo actuar).” (<italic>Las Edades del Hombre</italic>. Presentaci&#x00F3;n, p. 9).   </p>

			<p>La tercera referencia es Walter Andrae, el arque&#x00F3;logo alem&#x00E1;n especialista en el mundo mesopot&#x00E1;mico. Con &#x00E9;l sigue profundizando en el aut&#x00E9;ntico significado del arte: “Hacer inteligible la verdad primordial, representar el arquetipo, &#x00E9;sta es la tarea del arte o sino, no es arte.” (<italic>Las Edades del Hombre</italic>. Presentaci&#x00F3;n, p. 9). Aporta otra nota sobre &#x00E9;l, su esencia universal.  </p>

			<p>La &#x00FA;ltima voz de autoridad pertenece a Frithjof Schuon. Al igual que los anteriores autores, su amplia personalidad y su pensamiento son dif&#x00ED;ciles de resumir. Tiene en com&#x00FA;n con Coomaraswamy su procedencia oriental. Se trata de un m&#x00ED;stico que estudi&#x00F3; y refundi&#x00F3; algunas teor&#x00ED;as hind&#x00FA;es. De Schuon toma su descripci&#x00F3;n sobre lo que es la contemplaci&#x00F3;n de la obra de arte: “(…) esa experiencia profunda de la que ha hablado F. Schoun, cuando nos invita a reflexionar sobre la muy individualizada sensaci&#x00F3;n o vividura que nos describe como experiencia art&#x00ED;stica de &#x00FA;ltima instancia. «Ante una catedral –dice, aunque se dir&#x00ED;a m&#x00E1;s bien ante una iglesia rom&#x00E1;nica y se negar&#x00ED;a a la catedral, construcci&#x00F3;n funcional, ese lugar de parang&#x00F3;n en la propuesta- uno se siente realmente situado en el centro del mundo; ante una iglesia de estilo renacimiento, barroco o rococ&#x00F3;, uno no se siente m&#x00E1;s que en Europa». Exactamente como uno se siente en China o en un pa&#x00ED;s &#x00E1;rabe, si se encuentra ante un templo chino o una gran mezquita (…).” (<italic>Las Edades del Hombre</italic>. Presentaci&#x00F3;n, p. 9).   </p>

			<p>El autor del texto defiende tambi&#x00E9;n la belleza de esos lugares, quiz&#x00E1;s m&#x00E1;s humildes y peque&#x00F1;os, pero que encierran en s&#x00ED; una carga de sentido que los convierte en sitios trascendentes y por tanto, universales: “(…) pero se siente tambi&#x00E9;n en el centro del mundo y en presencia de una poderosa e invisible belleza que nos sobrecoge, si nos situamos ante la humild&#x00ED;sima tumba de ladrillo y cal pintados, de un morabito del Magreb o de un fil&#x00F3;sofo del Turquest&#x00E1;n, ante una arquillo mud&#x00E9;jar o un <italic>oculus</italic> cisterciense.” (<italic>Las Edades del Hombre</italic>. Presentaci&#x00F3;n, p. 9).   </p>

			<p>Insiste en la presencia de esas bellezas en Castilla y en el deseo de mostrarlas de una manera particular, no como mera exhibici&#x00F3;n, sino como un viaje desde el pasado que ilumina al presente: “Y topoi o lugares de esa condici&#x00F3;n art&#x00ED;stica y espiritual umbilical hay en Castilla, e iconos. Y esto es lo que se tratar&#x00ED;a de mostrar. Mostrando, al mismo tiempo, de qu&#x00E9; modo esos iconos narran la aventura de la fe en esta tierra, el camino del hombre castellano en sus relaciones con lo Invisible, la memoria <italic>pasionis</italic> del hombre y de la belleza que le ha acompa&#x00F1;ado. Una belleza y sus contenidos, que sigue estando ah&#x00ED; y sigue habl&#x00E1;ndonos.” (<italic>Las Edades del Hombre</italic>. Presentaci&#x00F3;n, p. 9).</p>

			<p>Finaliza el texto resumiendo lo que se pretenden exponer bajo el singular t&#x00ED;tulo de <italic>Las Edades del Hombre</italic>: “Se tratar&#x00ED;a, pues, de una memoria y de una experiencia para ahora mismo, porque la belleza no muere y lo que expresa es lo eterno e invisible o la historia de Cristo siempre contempor&#x00E1;neo. Y esto es lo que quiere decirse con este ep&#x00ED;grafe general de esta <italic>mostra</italic>, <italic>Las Edades del Hombre</italic> y con la siguiente disposici&#x00F3;n mostrativa (…)”. (<italic>Las Edades del Hombre</italic>. Presentaci&#x00F3;n, p. 9).   </p>

			<p>En conclusi&#x00F3;n, todas las caracter&#x00ED;sticas del cap&#x00ED;tulo “Teor&#x00ED;a general de la exposici&#x00F3;n” perteneciente a la <italic>Presentaci&#x00F3;n</italic> de <italic>Las Edades del Hombre</italic>, remiten a la factura de Jim&#x00E9;nez Lozano. Reflejan la exquisitez intelectual y la apertura mental del escritor. En solo tres p&#x00E1;ginas se apoya en cinco densas citas para ofrecer profundas e interesantes consideraciones, que marcan con claridad el esp&#x00ED;ritu que va a guiar el proyecto: presentar la memoria religiosa de un pueblo a trav&#x00E9;s de unas obras de arte que se ofrecer&#x00E1;n como itinerario de reflexi&#x00F3;n.</p>
		</sec>

		<sec id="S8">
			<title>EL GUI&#x00D3;N DE LA EXPOSICI&#x00D3;N </title>

			<p>En el tercer cap&#x00ED;tulo de la <italic>Presentaci&#x00F3;n</italic> se anuncia el triple contenido de la exposici&#x00F3;n: iconogr&#x00E1;fica, bibliogr&#x00E1;fica y musical. Las dos &#x00FA;ltimas apenas quedan esbozadas, pero el simple comentario “la atenci&#x00F3;n al erasmismo castellano puede privilegiarse” vuelve a indicar la factura de Jim&#x00E9;nez Lozano, ya que se trata de un tema muy de su inter&#x00E9;s. (<italic>Las Edades del Hombre</italic>. Presentaci&#x00F3;n, p. 14).   </p>

			<p>De nuevo su impronta se encuentra en la explicaci&#x00F3;n de los diez cap&#x00ED;tulos en los que se estructurar&#x00E1; la exposici&#x00F3;n iconogr&#x00E1;fica. Los t&#x00ED;tulos remiten a una mente literaria, as&#x00ED; como su concepci&#x00F3;n a modo de relato que atraviesa la historia del hombre. “El sue&#x00F1;o del Para&#x00ED;so” le sit&#x00FA;a en sus or&#x00ED;genes, con la Creaci&#x00F3;n y la llegada del mal en el mundo. “El Se&#x00F1;or de la historia” presenta a Cristo como la clave por la que se entiende al hombre y su destino. “El ojo hacia lo invisible” salta en la historia hasta la est&#x00E9;tica cisterciense y, bas&#x00E1;ndose en ella, alude a las relaciones de los hombres con la imagen religiosa a trav&#x00E9;s de los tiempos, fluctuando entre la adoraci&#x00F3;n y el miedo a la idolatr&#x00ED;a. En “El dolor y la sonrisa” se entrelaza la dureza de la peste del siglo XIV, la crisis de la cristiandad y la esperanza. La respuesta a esos terribles tiempos se muestra en “La crisis del XV: el Cristo muerto y sepultado”. “Los trabajos y los d&#x00ED;as” supone un corte temporal para detenerse en la vida cotidiana de los hombres, la influencia de la organizaci&#x00F3;n lit&#x00FA;rgica en sus vidas y los ejemplos recibidos a trav&#x00E9;s de cristianos ejemplares. “El sue&#x00F1;o de la muerte y la gloria” vuelve a recuperar la noci&#x00F3;n del tiempo hist&#x00F3;rico y se vuelca en el Renacimiento, con su &#x00E9;nfasis en la belleza del cuerpo humano, reflejado tambi&#x00E9;n en la encarnaci&#x00F3;n de Cristo y su expresi&#x00F3;n menos renacentista en Castilla. El barroco lo presenta en el cap&#x00ED;tulo octavo, con sus contrastes de luces y sombras: su pesimismo sobre el hombre y, al mismo tiempo, su gusto por la alegr&#x00ED;a en las cosas peque&#x00F1;as y cotidianas. El noveno cap&#x00ED;tulo es un homenaje a una espiritualidad carmelitana, que tuvo su cuna en Castilla. “El silencio y la pobreza: el encanto y el esp&#x00ED;ritu de lo min&#x00FA;sculo” pone en relieve, frente a las obras de arte que se producen en ese momento en los Pa&#x00ED;ses Bajos, la belleza de la desnudez de sus objetos cotidianos, que todav&#x00ED;a est&#x00E1;n presentes en sus conventos. El pantocr&#x00E1;tor viene a decir, en el &#x00FA;ltimo cap&#x00ED;tulo, “El Se&#x00F1;or de la muerte y de la vida”, que la historia del hombre tiene un sentido y un final feliz.   </p>

			<p>Lo literario de los cap&#x00ED;tulos de la exposici&#x00F3;n, as&#x00ED; como su significado, marc&#x00F3; un modo de presentar que se ha querido seguir desde entonces. La brevedad de este espacio no permite reproducir los textos completos de cada uno de ellos, ni los t&#x00ED;tulos de las posteriores ediciones, que pueden consultarse en los cat&#x00E1;logos de las mismas.</p>
		</sec>

		<sec id="S9">
			<title>CONCLUSI&#x00D3;N </title>

			<p>La impronta de Jos&#x00E9; Jim&#x00E9;nez Lozano en <italic>Las Edades del Hombre</italic> es de capital importancia. Sin ella, la catadura intelectual del proyecto habr&#x00ED;a revestido otras maneras. Su contribuci&#x00F3;n es m&#x00FA;ltiple y la hemos estructurado en tres vertientes. La primera relacionada con el nacimiento y la esencia del mismo, la segunda con sus colaboraciones expresas y la tercera con la influencia que ejerce sobre terceras personas que, apoy&#x00E1;ndose en su <italic>auctoritas</italic> intelectual, se inspiran para sus creaciones. Lo m&#x00E1;s relevante de sus aportaciones, las que imprimieron car&#x00E1;cter al ciclo de exposiciones, se encuentra latente en los escritos publicados antes de que <italic>Las Edades</italic> salieran a la luz y se manifiestan posteriormente en los textos analizados y en otros que no tienen cabida en este espacio. Sin embargo, nada de ello habr&#x00ED;a fructificado fuera del seno de la amistad con Jos&#x00E9; Velicia Berzosa. En esa relaci&#x00F3;n fecunda, impregnada de cultura y arte, crecieron y se forjaron las caracter&#x00ED;sticas peculiares <italic>Las Edades del Hombre</italic>.</p>
	
		</sec>
		
	</body>

	
	<back>
	
		<ack>
			<title>AGRADECIMIENTOS</title>

				<p>Agradezco a la Fundaci&#x00F3;n Villalar la concesi&#x00F3;n de una beca para investigar la historia de <italic>Las Edades del Hombre</italic> y el apoyo recibido en el Grupo de Investigaci&#x00F3;n en Historia Reciente (GIHRE) de la Universidad de Navarra.</p>
		</ack>
		
		<sec id="notas">
			<title>NOTAS</title>
		
			<fn-group>
				<fn id="NOTE01"><label>1</label>
					<p>Desde que el m&#x00FA;sico Joaqu&#x00ED;n D&#x00ED;az inici&#x00F3; un museo dedicado a instrumentos musicales del folclore castellano, en la localidad vallisoletana de Urue&#x00F1;a, esta villa comenz&#x00F3; a convertirse en lugar de cultura tradicional. Actualmente la Junta de Castilla y Le&#x00F3;n la promueve como la ciudad del libro.</p>
				</fn>
				
				<fn id="NOTE02"><label>2</label>
					<p>La fascinaci&#x00F3;n que esta rec&#x00F3;ndita y peculiar ermita ejerci&#x00F3; en Jim&#x00E9;nez Lozano se documenta en <italic>Gu&#x00ED;a espiritual de Castilla</italic>, pp. 15-23.</p>
				</fn>
				
				<fn id="NOTE03"><label>3</label>
					<p>“La b&#x00FA;squeda y el encuentro de un libro deben ser una aventura tan personal y espiritual como la b&#x00FA;squeda de la identidad de uno mismo o el hallazgo de una amistad o del amor. Y a su vez, un libro que merezca la pena de tal nombre es tambi&#x00E9;n una tal aventura en s&#x00ED; que remite a otros libros y a otros seres humanos y a la memoria hist&#x00F3;rica colectiva. No se lee impunemente” (Jim&#x00E9;nez Lozano, 20 de abril <xref ref-type="bibr" rid="CIT07">1983</xref>).</p>
				</fn>
			</fn-group>
		</sec>
				
		<ref-list>
			<title>BIBLIOGRAF&#x00CD;A</title>


			<ref id="CIT01">
			<element-citation publication-type="book">
			  <person-group person-group-type="author">
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					  <surname>Delibes</surname>
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			<ref id="CIT02">
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			  <year>1977, 12 de marzo</year>
			  <article-title>Block de Notas</article-title>			  
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