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				<journal-title>ARBOR Ciencia, Pensamiento y Cultura</journal-title>
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			<issn pub-type="epub">0210-1963</issn>
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				<publisher-name>Consejo Superior de Investigaciones Cient&#x00ED;ficas</publisher-name>
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			<article-id pub-id-type="publisher-id">arbor.2015.772n2012</article-id>
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				<subject>VARIA / VARIA</subject>
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				<article-title>Violencia sexual en La familia de Pascual Duarte</article-title>
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					<trans-title>Sexual violence in La familia de Pascual Duarte</trans-title>
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				<alt-title alt-title-type="running-head">Violencia sexual en La familia de Pascual Duarte</alt-title>
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					 <surname>Garrido Ardila</surname>
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				<corresp id="cor1"><email xlink:href="j.ardila@ed.ac.uk">j.ardila@ed.ac.uk</email></corresp>
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				<year>2015</year>
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				<title>RESUMEN</title>
				<p>La ambig&#x00FC;edad que impregna La familia de Pascual Duarte ha propiciado que se haya venido interpretando de modos muy varios y contradictorios. El presente trabajo se centra en la interrelaci&#x00F3;n entre sexo, familia y muerte, y c&#x00F3;mo esta provee las claves para entender la psicolog&#x00ED;a de Pascual y su responsabilidad en los hechos que narra. Un an&#x00E1;lisis de las agresiones del protagonista muestra c&#x00F3;mo relaciona el sexo con la muerte hasta concebir la violencia y el asesinato como alegor&#x00ED;as del sexo. El contexto de su vida permite determinar que Pascual agrede por raz&#x00F3;n de un complejo de inferioridad viril desarrollado a consecuencia de la impotencia sexual de su padre y de la promiscuidad de su madre, complejo agravado por su conciencia de marginaci&#x00F3;n social. Se demuestra c&#x00F3;mo Pascual interrelaciona el sexo con la violencia y con una obsesi&#x00F3;n por la procreaci&#x00F3;n, que se fija en la comparaci&#x00F3;n de Lola ext&#x00E1;tica con la yegua en trance de muerte y que culmina con el asesinato de la madre como alegor&#x00ED;a de una violaci&#x00F3;n. Se establece as&#x00ED; una nueva explicaci&#x00F3;n del matricidio y se completa el retrato psicol&#x00F3;gico de Pascual, con las consecuencias que ello posee para la interpretaci&#x00F3;n de esta obra.</p>
			</abstract>
			
			<trans-abstract xml:lang="en">
				<title>ABSTRACT</title>
				<p>Ambiguity in La familia de Pascual Duarte has caused critics to construe it in many different and often contradictory ways. This article analyses the interplay between sex, family and death and explains how it holds the key to understanding the main character’s psychology and also his guilt. An examination of the protagonist’s acts of aggression will show that he relates sex to death and has come to experience violence and murder as allegories of sex. Pascual’s social and personal background is crucial to determining that the violence he infringes upon others results from an inferiority complex developed due to his father’s sexual impotence and his mother’s promiscuity. This complex is further aggravated by his low social background. This paper also analyses how Pascual equates sex to violence, and how he fosters an obsession with procreation. This conception of sex is best exemplified in his comparing Lola’s ecstasy with the dying mare and leads to Pascual’s murdering his mother as an allegorical form of rape. This analysis thus provides a new interpretation of the mother’s murder and completes Pascual’s psychological picture.</p>
			</trans-abstract>

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				<title>PALABRAS CLAVE</title> 			
				<kwd>Cela</kwd>	
				<kwd>Pascual Duarte</kwd>
				<kwd>Guerra Civil</kwd>
				<kwd>tremendismo</kwd>
				<kwd>novela de postguerra</kwd>
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				<title>KEYWORDS</title>
				<kwd>Cela</kwd>
				<kwd>Pascual Duarte</kwd>
				<kwd>Civil War</kwd>
				<kwd>Tremendismo</kwd>
				<kwd>Spanish post-war novel</kwd>
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		<sec id="S1">
			<p>Notorio es que la intricada y dens&#x00ED;sima ambig&#x00FC;edad de <italic>La familia de Pascual Duarte</italic> ha desatado desde antiguo un caudal de interpretaciones, todas muy variopintas y muchas contrapuestas. Desde inmediatamente despu&#x00E9;s de la publicaci&#x00F3;n de la obra, los lectores m&#x00E1;s o menos avezados en psicolog&#x00ED;as literarias vieron en el ep&#x00F3;nimo protagonista a un personaje de dramatismo exacerbado, a un individuo susceptible de inspirar ora las reprobaciones m&#x00E1;s severas ora las empat&#x00ED;as m&#x00E1;s humanas. Precisamente en esa ambig&#x00FC;edad, perenne a lo largo de la trama, reside una de las grandezas literarias de la primera novela de Cela. Antes bien, es menester igualmente sopesar que, al igual que las novelas picarescas con que la cr&#x00ED;tica la ha entroncado, <italic>Pascual Duarte</italic> comporta una sem&#x00E1;ntica pol&#x00ED;tica definida; por ello, aun cuando el texto se preste a lecturas que reconocen sus floreadas iron&#x00ED;as, la sem&#x00E1;ntica ideol&#x00F3;gica del texto presenta al protagonista como a un protervo antih&#x00E9;roe de propensiones enfermizas<xref ref-type="fn" rid="NOTE01">1</xref>. Una tesis doctoral defendida recientemente —la de Francisco P&#x00E9;rez Abell&#x00E1;n (<xref ref-type="bibr" rid="CIT30">2012</xref>)— lo somete a un estudio de psicolog&#x00ED;a criminalista hasta concluir que se le debe considerar un enfermo mental con una patolog&#x00ED;a determinada y semejante a la de asesinos en serie de la historia reciente. Dicho estudio constituye, indubitablemente, un avance esclarecedor para el estudio de la mente de Pascual, el homicida confeso. Con todo, hasta la fecha, pocas lecturas cr&#x00ED;ticas han llegado a reparar en la significaci&#x00F3;n que la sexualidad adquiere en esta novela y, m&#x00E1;s concretamente, en la &#x00ED;ntima y violent&#x00ED;sima interrelaci&#x00F3;n de sexo, familia y muerte<xref ref-type="fn" rid="NOTE02">2</xref>. Se trata, como pretendo demostrar en este breve art&#x00ED;culo, de un componente esencial para el entendimiento del protagonista, con importantes repercusiones para la interpretaci&#x00F3;n de la obra.  </p>

			<p>En el presente art&#x00ED;culo analizar&#x00E9;, desde nuevas perspectivas, la violencia sexual en <italic>Pascual Duarte</italic> y su relaci&#x00F3;n con la muerte y las mujeres. Comenzar&#x00E9; considerando la ambig&#x00FC;edad de la obra y las aproximaciones psicoanal&#x00ED;ticas al personaje, que han se&#x00F1;alado nexos entre mujer, muerte y sexo en la novela. Al contrario que trabajos anteriores, mostrar&#x00E9;, por medio de un an&#x00E1;lisis de las seis agresiones ejecutadas por Pascual (antes del asesinato del conde) c&#x00F3;mo el sexo se relaciona con la muerte para forjar en Pascual una concepci&#x00F3;n de la violencia y el asesinato como alegor&#x00ED;as del sexo y v&#x00ED;as de escape a su obsesi&#x00F3;n por la paternidad. El balance arrojado por las pruebas textuales permitir&#x00E1; determinar que Pascual agrede y mata por raz&#x00F3;n de un complejo de inferioridad social y viril que le viene de la incapacidad de su padre de procrear y de la promiscuidad de su madre. Tras varias experiencias sexuales y varias agresiones, y con el condicionamiento de los comportamientos sexuales de sus padres, Pascual interrelaciona el sexo con la violencia y con una obsesi&#x00F3;n por la procreaci&#x00F3;n, que se fija en la comparaci&#x00F3;n de Lola ext&#x00E1;tica con la yegua en trance de muerte y culmina con el asesinato de la madre como alegor&#x00ED;a de una violaci&#x00F3;n. Todo ello permite establecer una nueva ex&#x00E9;gesis del matricidio y una explicaci&#x00F3;n m&#x00E1;s detallada de la psicolog&#x00ED;a de Pascual.  </p>

			<p>La intenci&#x00F3;n de ambig&#x00FC;edad de <italic>Pascual Duarte</italic> no habr&#x00E1; de pasar inadvertida incluso al m&#x00E1;s distra&#x00ED;do de los lectores. Recu&#x00E9;rdese c&#x00F3;mo, poco despu&#x00E9;s de su publicaci&#x00F3;n, Gregorio Mara&#x00F1;&#x00F3;n (<xref ref-type="bibr" rid="CIT23">1946</xref>) presentaba un di&#x00E1;logo imaginado entre dos interlocutores —uno joven y otro viejo— en el transcurso del cual se arg&#x00FC;&#x00ED;an dos posturas contrapuestas: la expiaci&#x00F3;n de Pascual y su condena. Pudiera decirse que los m&#x00E1;s de los cr&#x00ED;ticos propenden a fallar que Pascual obr&#x00F3; como obr&#x00F3; por influjo del ambiente social en que creci&#x00F3; y se form&#x00F3; su personalidad (v&#x00E9;anse, por ejemplo y entre otros muchos: Sobejano, <xref ref-type="bibr" rid="CIT41">1968</xref>, p. 50; Sobejano, <xref ref-type="bibr" rid="CIT40">1975</xref>; Breiner-Sanders, <xref ref-type="bibr" rid="CIT03">1990</xref>; Rosenberg, <xref ref-type="bibr" rid="CIT35">1991</xref>). Otros lo exoneran por juzgar que su conducta es resultado de la compleja sociedad de postguerra (v.g., Gull&#x00F3;n, <xref ref-type="bibr" rid="CIT15">1985</xref>; Merino, <xref ref-type="bibr" rid="CIT26">1999</xref>; Masoliver R&#x00F3;denas, <xref ref-type="bibr" rid="CIT25">1982</xref>). Algunos estudios han puesto la historia en su contexto hist&#x00F3;rico y entendido que el criminal convicto, asesino del conde en el transcurso de una “revoluci&#x00F3;n” campesina al inicio de la guerra, simboliza a la violenta Rep&#x00FA;blica derrotada en la Guerra Civil (Osuna, <xref ref-type="bibr" rid="CIT27">1979</xref>; v&#x00E9;anse igualmente los art&#x00ED;culos de opini&#x00F3;n de Cercas, 22 de abril <xref ref-type="bibr" rid="CIT05">2002</xref> y Garrido Ardila, 28 de marzo <xref ref-type="bibr" rid="CIT11">2013</xref>)<xref ref-type="fn" rid="NOTE03">3</xref>.  </p>

			<p>Sea como fuere, al considerar las responsabilidades de Pascual y juzgarlo ser&#x00E1; menester advertir que el narrador refiere su historia con un sempiterno &#x00E1;nimo exculpatorio —como bien se&#x00F1;alaron Claudia Schaefer (<xref ref-type="bibr" rid="CIT37">1988</xref>, p. 274), William Sherzer (<xref ref-type="bibr" rid="CIT39">2002</xref>, p. 365) y, antes, Luis G&#x00F3;nzalez del Valle (<xref ref-type="bibr" rid="CIT14">1978</xref>, p. 15)—, por lo que su narraci&#x00F3;n merece poco cr&#x00E9;dito. La narraci&#x00F3;n infidente envestida de una latente ambig&#x00FC;edad ha propiciado una serie de estudios empe&#x00F1;ados en pormenorizar la psicolog&#x00ED;a del protagonista. Merced a dichas investigaciones, a Pascual se le ha presentado de varias guisas, muchas concomitantes: como ser <italic>primitivo</italic> sujeto a instintos at&#x00E1;vicos (Sherzer, <xref ref-type="bibr" rid="CIT38">1988</xref>; Kirsner <xref ref-type="bibr" rid="CIT18">1966</xref>, p. 28), como hombre inmaduro y ani&#x00F1;ado (Pe&#x00F1;uel, <xref ref-type="bibr" rid="CIT29">1982</xref>, p. 365) y como individuo de personalidad escindida (Mar&#x00ED;n-Minguill&#x00F3;n, <xref ref-type="bibr" rid="CIT24">1991</xref>). As&#x00ED; las cosas, a d&#x00ED;a de hoy, disponiendo de tal variedad de interpretaciones sobre el texto, debemos seguir indagando en los relieves de significado de la obra. Cela envolvi&#x00F3; el texto en una absorbente y fascinante iron&#x00ED;a (advertida por Soldevilla Durante, <xref ref-type="bibr" rid="CIT42">1980</xref>, II, p. 109; Beck, <xref ref-type="bibr" rid="CIT01">1964</xref>, p. 280; Gonz&#x00E1;lez, <xref ref-type="bibr" rid="CIT12">1985</xref>, pp. 44-45 y Kronik, <xref ref-type="bibr" rid="CIT20">1988</xref>, p. 316, entre otros muchos) y esta dot&#x00F3; la novela de un fascinante c&#x00FA;mulo de capas de significado. No en vano Dru Dougherty (<xref ref-type="bibr" rid="CIT08">1977</xref>), por ejemplo, llega incluso a observar un “encubierto relato” (como lo califica en el t&#x00ED;tulo de su trabajo al respecto). En <italic>Pascual Duarte</italic> todo cuanto se presenta a primera vista oculta significados <italic>encubiertos</italic>.  </p>

			<p>Hace ya casi tres largas d&#x00E9;cadas, Hoyle (<xref ref-type="bibr" rid="CIT16">1986</xref>) estudi&#x00F3; la personalidad de Pascual mediante un breve ejercicio de psicoan&#x00E1;lisis. Concluy&#x00F3; Hoyle que el protagonista se decide a redactar sus memorias azuzado por el complejo ed&#x00ED;pico que le aquejaba y con el prop&#x00F3;sito de satisfacer su <italic>super-yo </italic>—seg&#x00FA;n el super-yo o &#x00DC;ber-Ich<sup> </sup>se entiende en el psicoan&#x00E1;lisis freudiano<xref ref-type="fn" rid="NOTE04">4</xref>—. M&#x00E1;s bien parece que Pascual, condenado a la pena capital por el asesinato de un noble y recluido en la c&#x00E1;rcel de Badajoz, toma la pluma con el firme prop&#x00F3;sito de justificar sus acciones en un intento de <italic>captatio benevolenti&#x00E6;</italic> que recorra su vida toda y pormenorice —con acento lazarillesco— las penalidades que preceden a su crimen, todo ello con el objeto de que el nuevo orden neocat&#x00F3;lico tuviese a bien perdonarlo<xref ref-type="fn" rid="NOTE05">5</xref>. El estudio de Hoyle posee una sobrada significaci&#x00F3;n por cuanto que abri&#x00F3; las puertas para interpretaciones de mayor calado.  </p>

			<p>Ocho a&#x00F1;os despu&#x00E9;s apareci&#x00F3; otro trabajo, el de Dale Knickerbocker, en que se continuaban las pesquisas psicoanal&#x00ED;ticas. Sustentando sus argumentos sobre las teor&#x00ED;as de Kristeva, Knickerbocker diagnostica a Pascual un <italic>narcisismo f&#x00F3;bico</italic> que lo convierte en un caso de abyecci&#x00F3;n social. Por medio del concepto <italic>abyecci&#x00F3;n</italic> (estudiado especialmente por Kristeva), Knickerbocker arguye que Pascual est&#x00E1; aquejado de un ostracismo social al que pretende sobreponerse. Pero, sobre todo, resalta esta fil&#x00F3;loga la estrecha relaci&#x00F3;n que a lo largo de la novela guardan las mujeres, la muerte y el sexo, relaci&#x00F3;n que califica de “sintom&#x00E1;tica de una profunda fobia hacia lo femenino” (<xref ref-type="bibr" rid="CIT19">1994</xref>, p. 413), toda vez que “Pascual sugiere que las mujeres […] son el motor de la muerte y quienes nos recuerdan nuestra mortalidad” (<xref ref-type="bibr" rid="CIT19">1994</xref>, p. 413). Conforme a este argumento, Knickerbocker supone que Pascual desarrollar&#x00ED;a una honda y amarga inquina hacia las mujeres, que culmina con el asesinato de su madre, debida a que tanto su progenitora como Lola son madres de hijos que fenecen. Esta tesis lleva a Knickerbocker, como antes hiciese Hoyle, a conjeturar que la redacci&#x00F3;n de las memorias responde a la voluntad del superego del narrador. Parece muy poco probable, empero, que Pascual odie a las mujeres: es claro que no odia a su hermana, a quien presenta como a un ser amable a pesar de su vida licenciosa (que el narratario habr&#x00ED;a de reprobar), como tampoco puede demostrarse que odie a Lola, a quien incluso permite que tenga un hijo ileg&#x00ED;timo (antes de saber qui&#x00E9;n es el padre), ni tampoco a Esperanza. Debe insistirse asimismo en que parece improbable que Pascual redacte la historia de su vida con el &#x00FA;nico objeto de complacer a su superego, cuando pende sobre &#x00E9;l una condena a muerte de efecto inmediato y en diversos momentos del relato trata la cuesti&#x00F3;n del perd&#x00F3;n. En cualquier caso, esa interrelaci&#x00F3;n mujer-muerte-sexo apuntada y escrutada por Knickerbocker posee una trascendencia capital en la obra.  </p>

			<p>En multitud de obras de Cela, el sexo se dibuja con intensidades siempre perceptibles. La presencia del sexo constituye una suerte de constante en su literatura, que a veces se introduce como elemento realista, por ejemplo en <italic>La colmena</italic>, o en ocasiones se trata en sus formas m&#x00E1;s transgresoras y escandalosas, como en <italic>Mrs. Caldwell habla con su hijo</italic> (Benssousan, <xref ref-type="bibr" rid="CIT02">1977</xref>) o en <italic>Cristo versus Arizona</italic> (Paz Gago, <xref ref-type="bibr" rid="CIT28">1994</xref>), entre otras varias (v&#x00E9;ase, por ejemplo, Charlebois, <xref ref-type="bibr" rid="CIT06">1994</xref>). Evidente es que el sexo desempe&#x00F1;a un papel de suma importancia en <italic>Pascual Duarte</italic>. En su primera novela, Cela se vale del poder de atracci&#x00F3;n del sexo. Una lectura m&#x00E1;s o menos superficial de la obra pudiera acaso entender esos pasajes tintados de sexo como un motivo m&#x00E1;s de la novela, que quiz&#x00E1; se introdujese en ella gratuitamente. En este sentido, <italic>Pascual Duarte</italic> acaso pudiese entenderse como un rebrote de la literatura er&#x00F3;tica, naturalista y feminista de finales del Diecinueve y principios del Veinte, de las que fueron exponentes las obras de Eduardo Zamacois o Felipe Trigo u otras m&#x00E1;s ilustres como <italic>Los pazos de Ulloa</italic> de Pardo Baz&#x00E1;n. (Al igual que en muchas novelas naturalistas, en<italic> Pascual Duarte</italic> el sexo rezuma violencia). Pero, a m&#x00E1;s de todo ello, el sexo explica y vertebra la trayectoria violenta del protagonista hasta el matricidio.  </p>

			<p>Sherzer ha distinguido tres identidades en Pascual: “I would suggest there are three Pascuals: the actor who kills; the writer who, through a rhetoric of falangism, justifies those killings; and the sentimental, non-falangist passive Pascual, who loves his sister, his wife and his home, and who manages to make his presence felt once and again throughout the novel” (<xref ref-type="bibr" rid="CIT39">2002</xref>, p. 356). Sin embargo, esos tres Pascuales son uno mismo: el asesino que agrede y mata justifica sus cr&#x00ED;menes precisamente por medio de esa faceta “sentimental”. El verdadero Pascual es el asesino que pretende justificarse; el sentimental es apenas una falsificaci&#x00F3;n del verdadero. Ello lo pone de manifiesto el estudio de P&#x00E9;rez Abell&#x00E1;n, quien coteja el proceder de Pascual con el de varios asesinos en serie de tendencias psicosom&#x00E1;ticas. El trabajo de P&#x00E9;rez Abell&#x00E1;n menciona en varias ocasiones el efecto que el sexo ejerce en el comportamiento criminal del protagonista y se&#x00F1;ala la “inseguridad de su sexo (de Pascual)” (<xref ref-type="bibr" rid="CIT30">2012</xref>, p. 206). Recuerda que los estudios de criminolog&#x00ED;a demuestran que el asesino en serie suele sufrir una obsesi&#x00F3;n por el sexo incluso mayor que la que condiciona a los violadores (<xref ref-type="bibr" rid="CIT30">2012</xref>, p. 351). El proceder agresivo de Pascual y sus cr&#x00ED;menes de sangre se explican merced a su psicolog&#x00ED;a. Aunque Anthony Kerrigan haya calificado esta novela de “study in the psychology of fear, of the aggressiveness of fear” (<xref ref-type="bibr" rid="CIT17">1984</xref>, p. 53), la violenta agresividad del protagonista no se debe al miedo —Pascual nunca muestra miedo cuando agrede—. Antes al contrario, la violencia y el asesinato se hallan intr&#x00ED;nsecamente condicionados por la concepci&#x00F3;n de la mujer y el sexo que Pascual posee, como tratar&#x00E9; de demostrar en las p&#x00E1;ginas que siguen.  </p>

			<p>A lo largo de la novela, Pascual ejecuta seis agresiones, cinco de ellas resultantes en asesinatos: Zacar&#x00ED;as (cap&#x00ED;tulo 8), la yegua (cap&#x00ED;tulo 9), su perra Chispa (cap&#x00ED;tulo 1), el Estirao (cap&#x00ED;tulo 16), su madre (cap&#x00ED;tulo 19) y el conde. A ello hay que a&#x00F1;adir una muerte cuya causa no se explicita, pero en la que Pascual est&#x00E1; presente y de la que parece ser el condicionante: la de Lola (cap&#x00ED;tulo 15). El asesinato de don Jes&#x00FA;s debe —en lo que al presente trabajo interesa— descontarse del repertorio: el narrador no lo relata por raz&#x00F3;n de que la novela se centra en la carrera asesina de Pascual, que se preludia en los episodios de Zacar&#x00ED;as, la yegua y la perra, y se fija en los homicidios del Estirao y la madre. El asesinato del conde es un acto de expresi&#x00F3;n pol&#x00ED;tica pre&#x00F1;ado de odio social y acontecido como parte de esa revoluci&#x00F3;n que asola el pueblo en las primeras semanas de la guerra. Los asesinatos que lo preceden explican la capacidad asesina de Pascual y en ellos se centra su relato. En los cuatro actos de violencia desmedida (y reprimida en la muerte de Lola) anteriores al asesinato de la madre hallamos dos denominadores comunes: unos los determina la cuesti&#x00F3;n de la hombr&#x00ED;a de Pascual (Zacar&#x00ED;as y el Estirao); otros, la muerte de los hijos (yegua, Chispa). A continuaci&#x00F3;n repasar&#x00E9; las circunstancias de cada una de estas agresiones antes de considerar las causas de la agresividad de Pascual.  </p>

			<p>Cuando, en una animada conversaci&#x00F3;n en la taberna de Martinete, Zacar&#x00ED;as realiza cierto comentario eutrap&#x00E9;lico sobre un “palomo ladr&#x00F3;n” (p. 92), Pascual se da por aludido e insultado y se encara con &#x00E9;l. La expresi&#x00F3;n <italic>palomo ladr&#x00F3;n</italic> se halla, en el contexto de esta obra, henchida de una significaci&#x00F3;n trascendental. Como indica el <italic>Diccionario de la Real Academia Espa&#x00F1;ola</italic>, un <italic>palomo ladr&#x00F3;n</italic> es un “palomo que con arrullos y caricias lleva las palomas ajenas al palomar propio”. Conociendo la mucha aprehensi&#x00F3;n de Pascual con las mujeres, &#x00E9;l solo podr&#x00ED;a sentirse aludido si resultase que Lola dej&#x00F3; a otro por &#x00E9;l. De ello se sigue que Lola hab&#x00ED;a andado con unos y con otros, como fue el caso —seg&#x00FA;n veremos ulteriormente— de la madre de Pascual y, despu&#x00E9;s, de la misma Lola (que se l&#x00ED;a con el Estirao). Adem&#x00E1;s de eso, la expresi&#x00F3;n <italic>palomo cojo</italic> es sin&#x00F3;nimo peyorativo de homosexual, y la voz <italic>palomo</italic> podr&#x00ED;a, en este contexto, connotar un hombre afeminado u homosexual. Es decir, que cuando, a rengl&#x00F3;n seguido, el narrador protesta que “cosas tan directas hay —o tan directas uno se las cree— que no hay forma ni de no darse por aludido ni de mantenerse uno en sus casillas y no saltar” (p. 92)<xref ref-type="fn" rid="NOTE06">6</xref>, habr&#x00E1; de entenderse que &#x00E9;l cree que la gente piensa que rob&#x00F3; la novia a otro, o que tiene fama de homosexual, o ambas cosas. El insulto de Zacar&#x00ED;as resume las dos fobias de Pascual: que su mujer sea promiscua (como lo fue su madre y como la misma Lola lo ser&#x00E1; despu&#x00E9;s) y que a &#x00E9;l se le crea impotente u homosexual como a su padre. Pascual le espeta a Zacar&#x00ED;as que no le parece “de hombres el salir con bromas a los insultos” (p. 92). Instantes despu&#x00E9;s repone Zacar&#x00ED;as: “Poco hombre me pareces t&#x00FA; para lo mucho que amenazas” (p. 92). Ese comentario sobre la poca hombr&#x00ED;a de Pascual es el detonante que activa su agresividad y viene precedido del insulto del “palomo ladr&#x00F3;n”.  </p>

			<p>El asesinato de la yegua se debe a la rabia incontrolada de Pascual cuando sabe que Lola ha perdido a su primer hijo despu&#x00E9;s de que la bestia la descabalgase. Pascual entiende entonces que la yegua es culpable del aborto y se apresura a ejecutarla. Este acto de violencia responde igualmente a la cuesti&#x00F3;n de la hombr&#x00ED;a. Pascual, a quien tanto le preocupa sentirse muy hombre, dej&#x00F3; embarazada a Lola y el hijo constituye la prueba de su hombr&#x00ED;a. Sin embargo, al provocar el aborto, la yegua le despoja de ella. Ello es especialmente as&#x00ED; porque, en &#x00FA;ltima instancia, a Pascual cabe la responsabilidad del accidente: de regreso de su luna de miel y apenas han entrado en el pueblo, Pascual, en lugar de acompa&#x00F1;ar a su esposa embarazada a casa, se queda en la taberna a beber con los hombres del pueblo. Fue muy hombre dejando embarazada a Lola, pero le ha faltado caballerosidad y sentido com&#x00FA;n para cumplir como esposo y haber estado junto a ella cuando se desboc&#x00F3; la yegua.  </p>

			<p>Hasta aqu&#x00ED; percibimos en Pascual a un individuo obsesionado por su hombr&#x00ED;a y para quien la paternidad constituye un valor simb&#x00F3;lico y supremo. Como ya apuntase Carlos Jerez-Farr&#x00E1;n, Pascual adolece de una “m&#x00F3;rbida susceptibilidad viril” (<xref ref-type="bibr" rid="CIT21">1989</xref>, p. 47). Ello vuelve a ponerse de manifiesto en el crimen siguiente. Aunque Pascual narra la muerte de Chispa en el cap&#x00ED;tulo 1, el episodio acontece entre la muerte de la yegua y la del Estirao<xref ref-type="fn" rid="NOTE07">7</xref>. En el cap&#x00ED;tulo 1 el narrador revela que dispara sobre ella cuando le mira fijamente. Primero compara la mirada del animal con la de los confesores, y acto seguido pormenoriza: “La perra segu&#x00ED;a mir&#x00E1;ndome fija, como si no me hubiese visto nunca, como si fuese a culparse de algo de un momento a otro, y su mirada me calentaba la sangre” (p. 35). Le&#x00ED;do en el cap&#x00ED;tulo 1, habr&#x00E1; de entenderse que lo que provoca a Pascual es ese mirar inquisidor. Sin embargo, algunos cap&#x00ED;tulos despu&#x00E9;s del episodio de la yegua, el narrador vuelve a hablar de la mirada de Chispa:  </p>

						<p>Y ella me miraba como suplicante, moviendo el rabillo muy de prisa, casi gimiendo y poni&#x00E9;ndome unos ojos que destrozaban el coraz&#x00F3;n. A ella tambi&#x00E9;n se le hab&#x00ED;an ahogado las cr&#x00ED;as en el vientre. En su inocencia, ¡qui&#x00E9;n sabe si no conocer&#x00ED;a la mucha pena que su desgracia me produjera! Eran los tres perrillos que vivos no llegaron a nacer; los tres igualitos, los tres pegajosos como la alm&#x00ED;bar, los tres grises y medio sarnosos como ratas. Abri&#x00F3; un hoyo entre los cantuesos y all&#x00ED; los meti&#x00F3;. Cuando al salir al monte detr&#x00E1;s de los conejos par&#x00E1;bamos un rato por templar el aliento, ella, con ese aire doliente de las hembras sin hijos, se acercaba hasta el hoyo por olerlo (p. 100).  </p>

			<p>Sabidas las circunstancias exactas, la muerte de Chispa se entiende a la perfecci&#x00F3;n en relaci&#x00F3;n con el aborto de Lola y la muerte de la yegua. Esa mirada que provoc&#x00F3; a Pascual hasta el punto de hacerle disparar sobre la perra, era la mirada de una “hembra sin hijos”. Pascual se siente culpable por haber fracasado como padre y la mirada de Chispa le recuerda esa culpa. Se trata, pues, de otro crimen violento (perpetrado en esta ocasi&#x00F3;n contra un animal) por cuesti&#x00F3;n de que su hombr&#x00ED;a se pone impl&#x00ED;citamente en entredicho (o eso entiende &#x00E9;l).  </p>

			<p>En el p&#x00E1;rrafo siguiente al antes citado, el narrador expresa su j&#x00FA;bilo porque el segundo embarazo de su esposa discurre sin problemas. El nacimiento del hijo desborda el hogar de alegr&#x00ED;a y felicidad. Pascual ha logrado ser padre y su paternidad certifica su hombr&#x00ED;a ante todos: ha embarazado a su esposa y ha sabido cuidar de ella. Pronto, sin embargo, le asalta el temor de que el ni&#x00F1;o pueda, de uno u otro modo, perecer. Pasado un tiempo, el reto&#x00F1;o enferma por un resfriado y muere. Ello pudiera entenderse como una fatalidad del destino si no fuese porque de su hermana Rosario nos dice el narrador que, de muy peque&#x00F1;a, sus padres la ten&#x00ED;an “orilla a la cama de mi madre, envuelta en tiras de algod&#x00F3;n y tan tapada que muchas veces me daba por pensar que acabar&#x00ED;an por ahogarla” (p. 44). Esto es, que sus padres supieron cuidar a Rosario —tap&#x00E1;ndola incluso aunque, como recuerda Pascual perfectamente, “hac&#x00ED;a calor la tarde en que naci&#x00F3;” (p. 42) y muy seguramente fuese verano, porque el campo estaba “agostado” (p. 42)—, mientras que Pascual no sabe evitar que su hijo se enfr&#x00ED;e y, como consecuencia de ello, fallezca. Pascual pre&#x00F1;&#x00F3; a Lola como buen macho, pero fracas&#x00F3; como padre, lo que demuestra que su hombr&#x00ED;a es incompleta. Este nuevo fracaso le despoja del hijo que simboliza su hombr&#x00ED;a.  </p>

			<p>Tras la muerte del hijo se mustia y agria la relaci&#x00F3;n entre Pascual y Lola hasta extremos insufribles. Un d&#x00ED;a conversan y ella le echa en cara que hayan perdido dos hijos. El transcriptor elimina algunos pasajes (como nos indican los puntos suspensivos) pero mantiene algunos reproches de Lola a Pascual: “¡Estoy hasta los huesos de tu cuerpo! […] ¡De tu carne de hombre que no aguanta los tiempos! […] ¡Para esto cri&#x00E9; yo mis pechos, duros como el pedernal!” (pp. 112-113). Y despu&#x00E9;s: “¡Para esto te di yo dos hijos, que ni el andar de la caballer&#x00ED;a ni el mal aire de la noche supieron guardar!” (p. 113), instantes antes de reprocharle: “¡Eres como tu hermano!” (p. 113). Su difunto hermano era, en su minusval&#x00ED;a, in&#x00FA;til total, de una inutilidad vergonzante. Lola, en definitiva, le acusa de que no tengan hijos y lo compara a su hermano Mario, incapaz de procrear y despreciado por los dem&#x00E1;s. Henos ante otra provocaci&#x00F3;n a su hombr&#x00ED;a, a que Pascual se coh&#x00ED;be y a la que responde ausent&#x00E1;ndose del pueblo. A su regreso, hallar&#x00E1; a Lola embarazada del Estirao.  </p>

			<p>Seg&#x00FA;n afirma el narrador, Pascual mata al Estirao porque consider&#x00F3; “demasiada chuler&#x00ED;a” (p. 146) que este sugiriese que Lola lo quer&#x00ED;a. Este asesinato resulta ser asimismo una manifestaci&#x00F3;n de la hombr&#x00ED;a de Pascual. El Estirao ha conquistado a Lola, como antes conquist&#x00F3; a Rosario, y la ha pre&#x00F1;ado a pesar de estar ella casada. El Estirao, jaquet&#x00F3;n y orgulloso, se sabe un macho con todas las de la ley: seduce a la mujer casada que debiera rechazarle (sobre todo si el esposo —Pascual— fuese muy hombre) y la pre&#x00F1;a. El Estirao es, en la afirmaci&#x00F3;n constante y orgullosa de su hombr&#x00ED;a, la n&#x00E9;mesis de Pascual, quien pugna sin &#x00E9;xito alguno por demostrar la suya. Cuando Lola le revela que est&#x00E1; encinta, Pascual le reprocha la “deshonra” (p. 137) que para &#x00E9;l ello supone. Lola le promete que nadie lo sabr&#x00E1;, pero el da&#x00F1;o est&#x00E1; hecho: la hombr&#x00ED;a de Pascual ha quedado en entredicho, y afirma el narrador: “Si <italic>mi condici&#x00F3;n de hombre</italic> me hubiera permitido perdonar, hubiera perdonado, pero el mundo es como es y el querer avanzar contra corriente no es sino vano intento” (p. 137; cursivas m&#x00ED;as). Pascual propone a Lola que aborte, pero ella se opone rotundamente y hasta le suplica que le deje dar a luz porque, como mujer, anhela ardientemente ser madre: “¡pero no me lo quites, que es por lo que estoy viva!” (p. 138).  </p>

			<p>Aceptados los deseos de su mujer, Pascual quiere saber qui&#x00E9;n es el hombre que su esposa ha escogido como padre despu&#x00E9;s de haber fracasado como tal. Lola reh&#x00FA;ye responder porque, dice ella a Pascual, “¡eres muy hombre!” (p. 138). Ella finge reconocerle hombr&#x00ED;a porque sabe que el adulterio se debe precisamente a que Pascual no es <italic>muy hombre</italic> (como ya le ech&#x00F3; en cara al compararlo a Mario). Pero Pascual no puede resistirse a saber qui&#x00E9;n ser&#x00E1; el padre del hijo que &#x00E9;l no supo o no pudo dar a su esposa. Instantes despu&#x00E9;s de que Lola le revele que se trata del Estirao, ella muere<xref ref-type="fn" rid="NOTE08">8</xref>. “¿El Estirao?” (p. 140) pregunta Pascual, y contin&#x00FA;a el narrador: “Lola no contest&#x00F3;. Estaba muerta, con la cabeza ca&#x00ED;da sobre el pecho y el pelo sobre la cara…” (p. 140). El fallecimiento, en momento de tama&#x00F1;o dramatismo, solo puede deberse y solo puede explicarse como causa de esa tensi&#x00F3;n extrema. La presi&#x00F3;n del momento ha vencido a Lola, aprisionada en el miedo ante el hombre que sabe obsesionado por demostrar su hombr&#x00ED;a y que en nombre de su hombr&#x00ED;a ha apu&#x00F1;alado a Zacar&#x00ED;as y ha dado muerte a la perra y a la yegua. El &#x00F3;bito de Lola debe entenderse como consecuencia de esa terror&#x00ED;fica impresi&#x00F3;n de miedo, tan intensa que le produce la muerte. En definitiva, Pascual mata al Estirao porque este le demuestra que no es un hombre, y provoca la muerte de Lola porque esta reconoce, al querer tener el hijo ileg&#x00ED;timo, que no lo cree un hombre, como ya le dijo antes de que &#x00E9;l marchase a Madrid.  </p>

			<p>Visto todo lo anterior, debe matizarse la afirmaci&#x00F3;n que Sobejano realizase hace casi medio siglo: “Mat&#x00F3; a la yegua porque malogr&#x00F3; su primer hijo, mat&#x00F3; a la perra porque en su mirada resum&#x00ED;a los reproches por la p&#x00E9;rdida del segundo, mat&#x00F3; a El Estirao porque sedujo a su mujer y explot&#x00F3; a su hermana, mat&#x00F3; a su madre para vengar en ella las desgracias todas de esta su familia de sangre” (<xref ref-type="bibr" rid="CIT41">1968</xref>, p. 4). Antes al contrario, Pascual ha matado porque sufre un acentuado complejo de inferioridad<xref ref-type="fn" rid="NOTE09">9</xref>, porque pone todo su empe&#x00F1;o en ser muy hombre y pasar por tal, pero otros lo cuestionan con sus palabras o con sus acciones. Ese complejo de inferioridad se gest&#x00F3; y madur&#x00F3; por raz&#x00F3;n de dos personas: de don Jes&#x00FA;s y de su padre.  </p>

			<p>Sobejano (<xref ref-type="bibr" rid="CIT41">1968</xref>) repar&#x00F3; en que Pascual pasa su existencia en la periferia del pueblo, mientras que don Jes&#x00FA;s ocupa simb&#x00F3;licamente el centro. Al principio de su relato describe Pascual su casa, en las afueras, y la del conde, en el centro, junto a la iglesia, y algo despu&#x00E9;s recuerda que caza en las tierras que lindan con las del conde. La geograf&#x00ED;a de la novela sit&#x00FA;a a Pascual al margen de la sociedad, y la presencia de don Jes&#x00FA;s lo convierte en un marginado. La superioridad moral y social del noble se pone de manifiesto en dos comentarios henchidos de significaci&#x00F3;n. Cuando Pascual acude a hablar con don Manuel el p&#x00E1;rroco, despu&#x00E9;s de conocer el embarazo de Lola, este le pide que espere a que celebre la liturgia. Sin que Pascual le pida consejo alguno, don Manuel le indica: “Si&#x00E9;ntate ah&#x00ED;. Cuando veas que don Jes&#x00FA;s se arrodilla, te arrodillas t&#x00FA;; cuando veas que don Jes&#x00FA;s se levanta, te levantas t&#x00FA;; cuando veas que don Jes&#x00FA;s se sienta, te sientas t&#x00FA; tambi&#x00E9;n…” (p. 79). Es decir, que el p&#x00E1;rroco le pide que espere a la misa a que asiste don Jes&#x00FA;s, que es modelo de conductas y a quien, por ser hombre principal, no debe hacerle esperar. Pascual aparece, pues, como un pecador, como un ser moralmente inferior al conde. El otro comentario lo hace el narrador antes, cuando describe su casa y relata que pescaba anguilas y a&#x00F1;ade: “Mi mujer, que en medio de todo ten&#x00ED;a gracia, dec&#x00ED;a que las anguilas estaban rollizas porque com&#x00ED;an lo mismo que don Jes&#x00FA;s, s&#x00F3;lo que un d&#x00ED;a m&#x00E1;s tarde” (p. 33). Esta gracia de escatolog&#x00ED;a quevediana resulta en todo punto humillante. De resultas, tenemos en Pascual a un personaje marginado que se sabe un inferior a don Jes&#x00FA;s, como le recuerdan los comentarios de don Manuel y de su esposa. No es de extra&#x00F1;ar, pues, que Pascual ande desesperado tratando de demostrar a todo el mundo que es muy hombre, primero con Zacar&#x00ED;as y, despu&#x00E9;s, con quienes tienen que ver con su incapacidad de criar un hijo<xref ref-type="fn" rid="NOTE10">10</xref>.  </p>

			<p>Al padre de Pascual hay que entenderlo en relaci&#x00F3;n con la madre. No obstante sus bravatas y sus constantes arrebatos de violencia, Esteban Duarte se demuestra un padre amante de sus hijos: el narrador declara que su padre deseaba que &#x00E9;l asistiese a la escuela y que amaba a Rosario. Esa violencia con la madre contrasta poderosamente con el amor por los hijos. En numerosas ocasiones, el narrador ha reprobado a su madre sin explicitar claramente en qu&#x00E9; consist&#x00ED;a la maldad de esta. Tres son las faltas de la madre: la tercera la denuncia abiertamente Pascual, las dos primeras las insin&#x00FA;a por medio de iron&#x00ED;as. La madre tiene tres hijos: Pascual, Rosario y Mario. De Mario dice el narrador que es hijo ileg&#x00ED;timo: “qued&#x00F3; la vieja con el vientre lleno, vaya a saber usted de qui&#x00E9;n, porque sospecho que, ya por la &#x00E9;poca, liada hab&#x00ED;a de andar con el se&#x00F1;or Rafael” (p. 55). Ese “vaya a saber usted de qui&#x00E9;n” denota que la madre manten&#x00ED;a (o podr&#x00ED;a haber mantenido) relaciones con varios hombres, puesto que el progenitor podr&#x00ED;a ser cualquiera. El narrador sospecha de Rafael, porque con &#x00E9;l mantendr&#x00E1; la madre una relaci&#x00F3;n despu&#x00E9;s de muerto su padre.  </p>

			<p>La promiscuidad explica ciertas afirmaciones que el narrador hab&#x00ED;a hecho antes. Del nacimiento de Rosario escribe:  </p>

						<p>Mi padre llevaba ya un largo rato paseando a grandes zancadas por la cocina. Cuando Rosario naci&#x00F3; se arrim&#x00F3; hasta la cama de mi madre y sin consideraci&#x00F3;n ninguna de la circunstancia, la empez&#x00F3; a llamar bribona y zorra y a arrearle tan fuertes hebillazos que extra&#x00F1;ado estoy todav&#x00ED;a de que no la haya molido viva. Despu&#x00E9;s se march&#x00F3; y tard&#x00F3; dos d&#x00ED;as enteros en volver; cuando lo hizo ven&#x00ED;a borracho como una bota; se acerc&#x00F3; a la cama de mi madre y la bes&#x00F3;; mi madre se dejaba besar… Despu&#x00E9;s se fue a dormir a la cuadra (p. 43).  </p>

			<p>La impaciencia del padre que aguarda el alumbramiento no se debe a la alegr&#x00ED;a del embarazo, porque de inmediato reacciona violentamente: primero llama a la madre “bribona y zorra” y despu&#x00E9;s la emprende con ella con violencia inusitada. Los insultos del padre lo dicen todo: la madre es una bribona y una zorra porque Rosario no es hija de &#x00E9;l, como tampoco era hijo suyo Mario.  </p>

			<p>Retrotray&#x00E9;ndonos en la historia avistamos el nacimiento del mismo Pascual. Rememorando su infancia, el narrador asegura que el padre, contrabandista, fue arrestado y cumpli&#x00F3; condena en presidio, a lo cual a&#x00F1;ade: “De todo esto deb&#x00ED;a hacer ya mucho tiempo, porque yo no me acuerdo de nada; a lo mejor ni hab&#x00ED;a nacido” (p. 37). La frase posee fuerza anfibol&#x00F3;gica. Enti&#x00E9;ndese que el padre estuvo en presidio y ello debiera haber ocurrido antes de que naciese Pascual, raz&#x00F3;n por la que no se acuerda de esa ausencia. Es claro que el padre no pudo haber cumplido condena cuando Pascual fue concebido, porque no ser&#x00ED;a su padre. Cuando esta frase se escribe, en el cap&#x00ED;tulo 2, el narratario don Joaqu&#x00ED;n (y los lectores) a&#x00FA;n no conoce bien a la madre de Pascual y asumir&#x00E1; que la ausencia se produjo antes del nacimiento y de la concepci&#x00F3;n de Pascual. Sin embargo, ese “a lo mejor” que el narrador antepone a “[yo] ni hab&#x00ED;a nacido” sugiere que la ausencia muy seguramente pudiera no haberse producido entonces, de lo que se colegir&#x00ED;a que Pascual fuese concebido cuando Esteban Duarte cumpl&#x00ED;a condena y, por ende, que Pascual sea hijo putativo.  </p>

			<p>El modo en que el narrador nos revela gradualmente la promiscuidad de la madre, desde la encubierta iron&#x00ED;a en el caso de Pascual, hasta la acusaci&#x00F3;n expl&#x00ED;cita en el de Mario, sugiere que los tres hijos sean ileg&#x00ED;timos: el narrador apunta la posibilidad levemente en el primer caso, m&#x00E1;s claramente en el segundo, para afirmarla inequ&#x00ED;vocamente en el tercero. Conocidas las circunstancias de los tres nacimientos, se descubre a los lectores la realidad: que el padre no ha conseguido embarazar a la madre y que los hijos se deben a otros hombres. Dicho de otro modo, el padre de Pascual carece de hombr&#x00ED;a porque no ha logrado dejar encinta a su esposa, motivo por el cual (colegir&#x00E1; Pascual) esta se ha entregado a otros hombres. Ello le habr&#x00ED;a valido a su padre la fama y el calificativo de <italic>palomo cojo</italic>. En definitiva, tenemos a un padre que pasa por ser un palomo cojo, y a un hijo que es un palomo ladr&#x00F3;n por robarle la novia a alguien y que, por no tener hijos (aunque los engendre), corre el riesgo de que se le tenga por palomo cojo —o, al menos, eso teme—.  </p>

			<p>Pascual vive su vida, pues, tratando de ganarse el respeto de sus convecinos, porque vive en la periferia de don Jes&#x00FA;s, y de las mujeres, porque teme ser tan poco hombre como su padre. Por esa raz&#x00F3;n, cuando Lola le espeta que es como su hermano Mario, a&#x00F1;ade: “¡Ay, si tu padre Esteban viera tu poco arranque!” (p. 113), significando que su padre lamentar&#x00ED;a hondamente que su hijo haya resultado ser tan poco hombre como &#x00E9;l. Ello pone de relieve el gran complejo de Pascual, y ese complejo es cifra y suma de los fracasos viriles de su padre. En Pascual retrata Cela un caso extremo del <italic>&#x00DC;ber-Ich</italic> freudiano: la naturaleza insta a Pascual a imitar a su padre, pero las circunstancias lo conminan a demostrarse un hombre como no pudo demostrarse el padre. Ello se torna una sempiterna obsesi&#x00F3;n para Pascual, hasta el punto de que le produce una gran inseguridad con las mujeres: Pascual no se atreve a seducir a las mujeres porque teme el rechazo que significar&#x00ED;a la constataci&#x00F3;n de su falta de hombr&#x00ED;a. De Lola afirma que era “por entonces medio novia” (p. 66) suya, pero &#x00E9;l no se hab&#x00ED;a declarado porque tem&#x00ED;a que lo “despreciase” (p. 66). En Madrid se siente atra&#x00ED;do por Concepci&#x00F3;n, la vivaracha esposa de su casero, “guapa y agradable como pocas” (p. 129). Sobre ella escribe: “me miraba con todo descaro, hablaba conmigo de lo que fuese, pero pronto me demostr&#x00F3; —tan pronto como yo me puse a tiro para que me lo demostrase— que con ella no hab&#x00ED;a nada que hacer, ni de ella nada que esperar” (p. 129). Lo mismo le pasar&#x00E1; con Esperanza: habr&#x00E1; de ser Rosario quien concierte su relaci&#x00F3;n con ella. Vemos, pues, que Pascual teme ser rechazado por las mujeres, y lo teme porque posee un miedo profundo a fracasar como hombre, como ya fracasase su padre. En definitiva, que Pascual es, empleando la terminolog&#x00ED;a lacaniana, un macho <italic>manqu&#x00E9;</italic>, un hombre vac&#x00ED;o de hombr&#x00ED;a en su complejo de inferioridad. Seg&#x00FA;n Lacan, los individuos se resisten a sentirse satisfechos con lo que tienen: el deseo es una condici&#x00F3;n intr&#x00ED;nseca de la psique que engendra la voluntad de poseer. Aunque Pascual es poseedor de su hombr&#x00ED;a —deja embarazada a Lola y derrota a Zacar&#x00ED;as y al Estirao en el cuerpo a cuerpo—, desea tener el reconocimiento de que, a su entender, carece. No en vano, en la conversaci&#x00F3;n con Lola sobre el embarazo fruto del adulterio trae a colaci&#x00F3;n la cuesti&#x00F3;n del honor. Ese <italic>honor</italic> se refiere a la honra: la honra que Pascual ans&#x00ED;a porque su baja estirpe (en contraste con don Jes&#x00FA;s) y la denigrante fama de su padre lo hacen menesteroso de ella.  </p>

			<p>Esa aprehensi&#x00F3;n de Pascual con las mujeres se debe, pues, a su complejo de inferioridad generado por la impericia viril del padre y la consecuente promiscuidad de la madre. Su cohibici&#x00F3;n estalla a veces en arrebatos de violencia desatada incoerciblemente, ya sea cuando le provocan los hombres como cuando le provocan las mujeres. Con Zacar&#x00ED;as mantiene la calma hasta que este cuestiona su hombr&#x00ED;a, momento en que, con una frialdad macabra, echa mano de su navaja y lo apu&#x00F1;ala. Cuando, tras la muerte de Lola, busca al Estirao y lo encuentra, se comporta con gran frialdad, control&#x00E1;ndose, hasta que este provoca su hombr&#x00ED;a. Cuando conversa con Lola y esta lo compara con Mario, el narrador apunta: “… la pu&#x00F1;alada a traici&#x00F3;n que mi mujer gozaba en asestarme…” (p. 113). (Comp&#x00E1;rese con la pu&#x00F1;alada que &#x00E9;l asesta a Zacar&#x00ED;as). Se contiene entonces (ese <italic>gozaba</italic> indica que el reproche se repiti&#x00F3; asiduamente), pero no cuando Lola le revela la identidad del ejecutor de su deshonra.  </p>

			<p>Con Lola descubre Pascual el poder del sexo como v&#x00ED;a expiativa a su complejo y como s&#x00ED;mbolo de su hombr&#x00ED;a. Durante el entierro de su hermano Mario, Pascual ha contemplado y se ha recreado en las piernas y el pecho de Lola, hasta el punto de confesar que se alegr&#x00F3; de la muerte del hermano por haberle brindado la ocasi&#x00F3;n de poder observarla (p. 67). Finalizada la ceremonia, Pascual permanece all&#x00ED;, dice el narrador que sin saber por qu&#x00E9;. Pero la raz&#x00F3;n es obvia. Antes nos ha dicho que Lola era “medio novia” suya (<italic>supra</italic>); Lola tambi&#x00E9;n se ha quedado junto a la tumba de Mario. Ambos han advertido la presencia del otro y han esperado a quedarse solos. Lola lo provoca por vez primera con el mismo reproche que utilizar&#x00E1; en ocasiones venideras: “¡Eres como tu hermano!” (p. 68). Acto seguido describe el narrador la “lucha feroz” (p. 69) que algunos cr&#x00ED;ticos han descrito como una violaci&#x00F3;n: Lapuente lo califica de “acto forzado y violento” (<xref ref-type="bibr" rid="CIT22">1994</xref>, p. 169) y P&#x00E9;rez Abell&#x00E1;n de “acto violento de sexo sobre la tumba tan parecido a una violaci&#x00F3;n” (<xref ref-type="bibr" rid="CIT30">2012</xref>, p. 65). Muy por el contrario, Lola se entrega a Pascual volitivamente, como se percibe en las l&#x00ED;neas que siguen a la copulaci&#x00F3;n: “Lola me sonre&#x00ED;a con su dentadura toda igual… Despu&#x00E9;s me alisaba el cabello” (p. 69), antes de decirle: “¡No eres como tu hermano…! ¡Eres un hombre…!” (p. 69). Y resalta el narrador: “En sus labios quedaban las palabras un poco retumbantes. ¡Eres un hombre…! ¡Eres un hombre!” (p. 69), lo que repite instantes despu&#x00E9;s.  </p>

			<p>En definitiva, Pascual ha entendido el juego sexual como una “lucha feroz” en que Lola se mostraba “m&#x00E1;s hermosa que nunca” (p. 69), en que forcejean y ella se escurre, y &#x00E9;l la muerde “hasta la sangre” (p. 69). El sexo pal&#x00ED;a su complejo pero, en su inseguridad, Pascual domina a la mujer por medio de la violencia. Ella lo disfruta y le recompensa ofrend&#x00E1;ndole el reconocimiento que Pascual tanto anhela, al llamarlo “un hombre”. De esta experiencia ha aprendido Pascual que debe dominar a las mujeres, que la violencia le sirve para dominarlas, y que solo as&#x00ED; conseguir&#x00E1; ser respetado como hombre. Pascual se atrever&#x00E1; con Lola porque se le puso “a tiro”, pero no se atrever&#x00E1; con Concepci&#x00F3;n porque no se le pone. Se replica de este modo la dicotom&#x00ED;a <italic>plaisir-jouissance</italic> de Barthes: en Pascual el sexo es inconsciente —porque &#x00E9;l no sabe a qu&#x00E9; responden sus deseos— y, sobre todo, violento. A partir de entonces, Pascual se deja dominar por el <italic>Lustprinzip</italic> freudiano que le lleva a procurar el placer que prueba su hombr&#x00ED;a: revela el narrador, por ejemplo, que durante la boda le asaltaban “ganas de irse con su mujer” (p. 84).  </p>

			<p>El anterior episodio resulta clave por cuanto que establece la relaci&#x00F3;n entre el sexo y la violencia y tambi&#x00E9;n porque preludia la relaci&#x00F3;n entre el sexo y la muerte. Pascual posee a Lola momentos despu&#x00E9;s del entierro de Mario. Su hermano patentiza el fracaso de su padre como esposo que no logra engendrar y tambi&#x00E9;n de Rafael, el padre natural, por no cuidar de su v&#x00E1;stago. Sobre la tumba del hermano, Pascual reacciona ante la muerte procreando. De este modo, la muerte de Mario incita a la vida y Pascual engendra a su primer hijo, que no llegar&#x00E1; a nacer por causa del accidente de la yegua. Se crea as&#x00ED; un c&#x00ED;rculo muerte-vida-muerte en que Pascual queda atrapado y sin lograr que su hombr&#x00ED;a quede demostrada. Inmediatamente despu&#x00E9;s de que este c&#x00ED;rculo se cierre, Pascual protagoniza otro episodio harto significativo en el desarrollo de la historia: la ejecuci&#x00F3;n de la yegua. As&#x00ED; relata el narrador el momento de la muerte del animal: “Ten&#x00ED;a la piel dura; mucho mas dura que la de Zacar&#x00ED;as… Cuando de all&#x00ED; sal&#x00ED; saqu&#x00E9; el brazo dolido; la sangre me llegaba hasta el codo. El animalito no dijo ni p&#x00ED;o; se limitaba a respirar m&#x00E1;s hondo y m&#x00E1;s de prisa, como cuando la echaban al macho” (p. 98). Ya en la escena sobre la tumba de Mario aparece la sangre, sangre de Lola causada por los mordiscos de Pascual. Al matar a la caballer&#x00ED;a, Pascual compara la muerte con la fornicaci&#x00F3;n —“como cuando la echaban al macho” (<italic>supra</italic>)— y fija en su imaginaci&#x00F3;n un nexo entre sexo y muerte. Esto es, que para Pascual —despu&#x00E9;s de la muerte del hermano, de la concepci&#x00F3;n y muerte de su hijo y de la muerte de la yegua— muerte, vida y sexo se hallan intr&#x00ED;nsecamente relacionados: al copular da vida, una vida maldita que est&#x00E1; abocada a la muerte.  </p>

			<p>Con tales antecedentes llegamos al matricidio. La madre de Pascual posee una presencia central en la novela (cf. Rosenberg, <xref ref-type="bibr" rid="CIT35">1991</xref>, p. 155). Las apreciaciones cr&#x00ED;ticas en torno a ella han oscilado entre extremos. Para Sobejano, por ejemplo, “La madre de Pascual re&#x00FA;ne, desde el principio, todos los defectos y no posee una sola cualidad buena” (<xref ref-type="bibr" rid="CIT41">1968</xref>, p. 4), y Mary Beck ha resaltado “el mal que en ella hay” (<xref ref-type="bibr" rid="CIT01">1964</xref>, p. 296)<xref ref-type="fn" rid="NOTE11">11</xref>. Para Claire Ziamandanis, por el contrario, Pascual exagera la maldad de su progenitora para tratar de exculparse: “Esto es exactamente lo que Pascual quiere: que no haya ning&#x00FA;n rasgo humano en su madre” (<xref ref-type="bibr" rid="CIT45">1996-97</xref>, p. 442). El asesinato de la madre acontece como la culminaci&#x00F3;n de todas las anteriores experiencias. Podr&#x00E1; pensarse que Pascual decide matar a su madre porque, llevando dos meses casado con Esperanza, la madre contin&#x00FA;a “usando de las mismas ma&#x00F1;as y de iguales malas artes” (p. 167) que le “quemaba[n] la sangre” a &#x00E9;l (p. 167).  </p>

			<p>A partir de ah&#x00ED;, el narrador presenta una serie de reflexiones en torno a c&#x00F3;mo lleg&#x00F3; a concebir el asesinato. Las razones que para ello aduce —que su madre segu&#x00ED;a con las ma&#x00F1;as y las malas artes— no parecen ser de fuerza mayor. De iguales ma&#x00F1;as y artes se vali&#x00F3; tambi&#x00E9;n tras el accidente de la yegua y cuando (seg&#x00FA;n afirma el narrador) actu&#x00F3; de alcahueta entre Lola y el Estirao, y Pascual no la mat&#x00F3; en ninguna de esas ocasiones. Existe una diferencia sustancial entre aquel momento y este otro. La vida era entonces insoportable para Pascual: tras la muerte del hijo ten&#x00ED;a en contra a su esposa, quien era la herramienta, como mujer, para darle otro hijo que constatase su hombr&#x00ED;a; despu&#x00E9;s de regresar de Madrid, entiende que tanto su esposa como su madre han asumido que &#x00E9;l no es hombre que pueda cuidar de hijos, por lo que han buscado a otro. Cuando, despu&#x00E9;s de casarse con Esperanza, empieza a considerar el matricidio, Pascual tiene una nueva vida por delante, con una nueva esposa que le ama y que, como el nombre de ella indica, personifica la esperanza. Sin embargo, Pascual determina matar a la madre. Obs&#x00E9;rvese el dato que el narrador apunta en la primera frase de ese p&#x00E1;rrafo: “Llev&#x00E1;bamos ya dos meses de casados” (p. 167). El apunte posee una sobrada significaci&#x00F3;n: el adverbio temporal <italic>ya</italic> indica que el tiempo ha transcurrido y que algo ha ocurrido o ha dejado de ocurrir. De esta suerte, el narrador vuelve a activar las iron&#x00ED;as. Pudiera ser que han pasado dos meses y la madre segu&#x00ED;a importun&#x00E1;ndole, pero tambi&#x00E9;n pudiera ser que ha discurrido ese tiempo y algo que ten&#x00ED;a que haber acontecido no ha acontecido. Conociendo los impulsos sexuales que a Pascual asaltaron en el pasado para certificar su hombr&#x00ED;a (en el entierro de Mario, en su boda con Lola o los deseos por Concepci&#x00F3;n), habr&#x00E1; de sospecharse que o no siente atracci&#x00F3;n por Esperanza o no ha logrado embarazarla. Esto es, que Pascual a&#x00FA;n no ha demostrado su hombr&#x00ED;a pre&#x00F1;ando a Esperanza, que el tiempo pasa y &#x00E9;l se impacienta.  </p>

			<p>El asesinato de la madre es el punto culminante de la novela porque plasma n&#x00ED;tidamente el fracaso del Pascual <italic>manqu&#x00E9;</italic>, que posee hombr&#x00ED;a pero que quiere que le sea reconocida por medio de descendencia. Llegado ese punto, Pascual ejecuta el asesinato de la madre como acto aleg&#x00F3;rico: de esa suerte vengar&#x00E1; al padre cornudo, pero tambi&#x00E9;n lograr&#x00E1; su enfermiza redenci&#x00F3;n sexual y viril con la &#x00FA;nica de las mujeres de su entorno (Lola, Esperanza, Rosario y su madre) que ha sido y es madre. Lucie Perssoneaux (<xref ref-type="bibr" rid="CIT31">1980</xref>) interpreta que la atracci&#x00F3;n que Pascual siente por su hermana se debe a que se siente rechazado por la madre. A&#x00F1;&#x00E1;dase a ello que esa atracci&#x00F3;n por Rosario no es meramente fraternal. A Rosario califica de “hermosa” (p. 61) antes de que emplee el mismo calificativo para describir a Lola (p. 76). Esto es, que Rosario sustituye los deseos ed&#x00ED;picos de Pascual. El asesinato responde a esos impulsos ed&#x00ED;picos hasta entonces ignotos o, quiz&#x00E1;, reprimidos. Si la fornicaci&#x00F3;n con Lola fue, en la imaginaci&#x00F3;n de Pascual, una “lucha feroz”, el asesinato “feroz” de la madre ser&#x00E1;, en su imaginaci&#x00F3;n, un acto sexual. As&#x00ED; lo constata el vocabulario que el narrador emplea en ambos pasajes. Describe el encuentro con Lola de este modo:  </p>

						<p>Fue una lucha feroz. Derribada en tierra, sujeta, estaba m&#x00E1;s hermosa que nunca… Sus pechos sub&#x00ED;an y bajaban al respirar cada vez m&#x00E1;s de prisa. Yo la agarr&#x00E9; del pelo y la ten&#x00ED;a bien sujeta a la tierra. Ella forcejeaba, se escurr&#x00ED;a.  </p>

						<p>La mord&#x00ED; hasta la sangre, hasta que estuvo rendida y d&#x00F3;cil como una yegua joven (p. 69).  </p>

			<p>Y el asesinato de la madre:  </p>

						<p>Me abalanc&#x00E9; sobre ella y la sujet&#x00E9;. Forceje&#x00F3;, se escurri&#x00F3;… Momento hubo en que lleg&#x00F3; a tenerme cogido por el cuello. Gritaba como una condenada. Luchamos; fue la lucha m&#x00E1;s tremenda que usted se pueda imaginar. Rug&#x00ED;amos como bestias, la baba nos asomaba por la boca… En una de las vueltas vi a mi mujer, blanca como una muerta, parada a la puerta sin atreverse a entrar […] Segu&#x00ED;amos luchando; llegu&#x00E9; a tener las vestiduras rasgadas, el pecho al aire. La condenada ten&#x00ED;a m&#x00E1;s fuerzas que un demonio. Tuve que usar de toda mi hombr&#x00ED;a para tenerla quieta. Quince veces que la sujetara, quince veces que se me hab&#x00ED;a de escurrir. Me ara&#x00F1;aba, me daba patadas, me mord&#x00ED;a. Hubo un momento en que con la boca me caz&#x00F3; un pez&#x00F3;n —el izquierdo— y me lo arranc&#x00F3; de cuajo (pp. 175-176).  </p>

			<p>El narrador emplea el mismo vocabulario, con una precisi&#x00F3;n tal que resulta imposible entenderlo como una coincidencia. Describe ambos actos como “lucha” —una es “feroz”; la otra, “tremenda”—. En ambos episodios tiene a la mujer “sujeta”. En ambos la mujer forcejea y se escurre: Lola “forcejeaba, se escurr&#x00ED;a” y la madre “forceje&#x00F3;, se escurri&#x00F3;”. El narrador dice: “mord&#x00ED; [a Lola] hasta la sangre”; su madre le “mord&#x00ED;a” a &#x00E9;l.<xref ref-type="fn" rid="NOTE12">12</xref> A Lola la compara a una yegua en clara alusi&#x00F3;n (en prolepsis) a la ejecuci&#x00F3;n de la yegua que la descabalgar&#x00ED;a despu&#x00E9;s. Para someter a la madre hubo de valerse, seg&#x00FA;n afirma, de toda su hombr&#x00ED;a. En definitiva: el sexo con Lola es violencia y muerte (por compararla a ella con la yegua y porque se ejecuta sobre la tumba del hermano); la muerte violenta de la madre es, para Pascual, una alegor&#x00ED;a del acto sexual mediante el cual demuestra su hombr&#x00ED;a. Pascual, que como padre fracasado carece de pruebas de su hombr&#x00ED;a, demuestra esa hombr&#x00ED;a con y ante su madre (madre de tres hijos), a quien su padre no pudo embarazar.  </p>

			<p>Ha escrito Sobejano que “Pascual Duarte, aunque parezca sorprendente, no es cruel” (<xref ref-type="bibr" rid="CIT41">1968</xref>, p. 48). Antes al contrario, Pascual exulta una crueldad enfermiza, psicosom&#x00E1;tica. En su tremenda inseguridad, Pascual ha hallado en la violencia su &#x00FA;nico modo de superar el complejo de inferioridad que le crearon su pobreza (en comparaci&#x00F3;n con don Jes&#x00FA;s) y los fracasos de su virilidad y la de su padre. Zacar&#x00ED;as y el Estirao merecen la muerte porque no reconocen su hombr&#x00ED;a y se burlan de ella por activa, y Lola y su madre porque fueron promiscuas, patentizando as&#x00ED; la poca hombr&#x00ED;a de Pascual y de su padre. El asesinato de su madre es, para Pascual, un acto de justicia, porque venga a su padre y demuestra su propia hombr&#x00ED;a con la mujer que le tuvo a &#x00E9;l y a su querida hermana.  </p>

			<p>Los arrestos violentos de Pascual no se deben al ambiente de la postguerra, sino a esa inseguridad que acaba por convertirse —como tambi&#x00E9;n ha demostrado P&#x00E9;rez Abell&#x00E1;n (2012)— en patol&#x00F3;gica. En el orden nacionalcat&#x00F3;lico de la Espa&#x00F1;a nacional que lo juzga en plena guerra (y de la Espa&#x00F1;a que lee la novela en la postguerra), Pascual merece consideraci&#x00F3;n de ser un peligro p&#x00FA;blico como criminal pero as&#x00ED; tambi&#x00E9;n como pecador. Dru Dougherty ha resaltado en esta novela el “respeto irreflexivo de Cela por la Iglesia” (1977, p. 5); en verdad, Pascual se va haciendo un depravado sexual que concibe el sexo como acto violento (con Lola) y la muerte como arrobo sexual (primero con la yegua, despu&#x00E9;s con la madre), todo para proclamar y demostrar la hombr&#x00ED;a que posee pero de la que &#x00E9;l cree que carece. El <italic>&#x00DC;ber-Ich</italic> de Pascual se manifiesta no en la c&#x00E1;rcel cuando toma papel y l&#x00E1;piz, sino desde el momento en que resuelve probar su hombr&#x00ED;a fecundando a Lola y demostr&#x00E1;ndola ante Zacar&#x00ED;as. El servilismo compulsivo de su <italic>&#x00DC;ber-Ich </italic>propicia que, en &#x00E9;l, el sexo se conciba como <italic>jouissance</italic>, inconsciente y violento, desatando esa violencia que concibe la muerte como una experiencia ext&#x00E1;tica sin&#x00F3;nima del sexo. El sexo engendra la descendencia; cuando la descendencia fenece, se exacerba en Pascual la violencia y &#x00E9;l agrede y mata. Todos los fracasos del Pascual <italic>manqu&#x00E9;</italic> por lograr el reconocimiento de su hombr&#x00ED;a le llevar&#x00E1;n hasta su madre, en quien culmina su concepci&#x00F3;n escatol&#x00F3;gica del sexo. Al asesinarla la posee sexualmente para satisfacer el <italic>Lustprinzip</italic> que lo reafirma como un macho. Satisfecho este, su siguiente crimen no ser&#x00E1; sexual, sino pol&#x00ED;tico.</p>
		</sec>
		
	</body>

	
	<back>
		
		<sec id="notas">
			<title>NOTAS</title>
		
			<fn-group>
				<fn id="NOTE01"><label>1</label>
					<p>Recu&#x00E9;rdese que a <italic>Pascual Duarte</italic> se la ha considerado la novela espa&#x00F1;ola contempor&#x00E1;nea m&#x00E1;s cercana al g&#x00E9;nero picaresco, por ejemplo, en Rey Hazas (<xref ref-type="bibr" rid="CIT32">2004</xref>) y en Garrido Ardila (<xref ref-type="bibr" rid="CIT10">2008</xref>, pp. 148-155).</p>
				</fn>
				
				<fn id="NOTE02"><label>2</label>
					<p>Fundamentalmente la de Dale Knickerbocker (<xref ref-type="bibr" rid="CIT19">1994</xref>), a que me referir&#x00E9; en el transcurso de este trabajo.</p>
				</fn>
				
				<fn id="NOTE03"><label>3</label>
					<p>La relaci&#x00F3;n de comentarios e interpretaciones es notoriamente dilatada. Para una perspectiva general v&#x00E9;ase Charlebois (<xref ref-type="bibr" rid="CIT06">1994</xref>, pp. 11-29).</p>
				</fn>
				
				<fn id="NOTE04"><label>4</label>
					<p>A lo largo de este estudio emplear&#x00E9; la terminolog&#x00ED;a de Freud, Lacan y Kristeva. Mediante los t&#x00E9;rminos psiqui&#x00E1;tricos forjados por estos investigadores pretendo calificar los comportamientos de Pascual y situarlos dentro de los sistemas de comportamiento fijados por la psiquiatr&#x00ED;a. Podr&#x00ED;an ciertamente realizarse estudios centrados en el proceder de Pascual en cada uno de los puntos analizados por Freud, Lacan y Kristeva, cometido que se escapa a la extensi&#x00F3;n y al prop&#x00F3;sito del presente trabajo.</p>
				</fn>
				
				<fn id="NOTE05"><label>5</label>
					<p>Para ello habr&#x00E1; de poner todo su empe&#x00F1;o y habilidades dial&#x00E9;cticas por dos razones. Primero, porque el lugar donde pena su delito y aguarda su ejecuci&#x00F3;n —la c&#x00E1;rcel de Badajoz— era el s&#x00ED;mbolo de la represi&#x00F3;n republicana antes de la toma de la ciudad por el coronel Yag&#x00FC;e: all&#x00ED; se hab&#x00ED;a encerrado a los afectos a la causa nacional y se ejecut&#x00F3; a muchos de ellos. Segundo, porque las ejecuciones acontecidas en la plaza de toros los d&#x00ED;as 14 y 15 de agosto demuestran a Pascual que los nacionales ser&#x00E1;n reacios a la clemencia.</p>
				</fn>
				
				<fn id="NOTE06"><label>6</label>
					<p>Los n&#x00FA;meros de p&#x00E1;gina indicados despu&#x00E9;s de las citas remiten a Cela (<xref ref-type="bibr" rid="CIT04">2011</xref>).</p>
				</fn>
				
				<fn id="NOTE07"><label>7</label>
					<p>Sobre la ejecuci&#x00F3;n de Chispa v&#x00E9;ase Gonz&#x00E1;lez del Valle (<xref ref-type="bibr" rid="CIT13">1975</xref>).</p>
				</fn>
				
				<fn id="NOTE08"><label>8</label>
					<p>Lola, que lo conoce, sabe de su sadismo (despu&#x00E9;s del episodio de la tumba) y su propensi&#x00F3;n violenta cuando se le provoca como le provoc&#x00F3; Zacar&#x00ED;as y la yegua. Habr&#x00E1; de pensar Lola que si apu&#x00F1;al&#x00F3; a Zacar&#x00ED;as por insinuarle que era un ladr&#x00F3;n y cuestionar su hombr&#x00ED;a, Pascual bien pudiera apu&#x00F1;alarla a ella por haber despreciado su hombr&#x00ED;a y haberse entregado a otro hombre. Ese miedo se habr&#x00ED;a asentado en su coraz&#x00F3;n y su cerebro desde que se supiese embarazada y, en el momento en que habla con Pascual, podr&#x00ED;a haberse incrementado hasta provocarle un paro cardiaco.</p>
				</fn>
				
				<fn id="NOTE09"><label>9</label>
					<p>El complejo de inferioridad lo vislumbr&#x00F3; Sherman Eoff (<xref ref-type="bibr" rid="CIT09">1956</xref>).</p>
				</fn>
				
				<fn id="NOTE10"><label>10</label>
					<p>Conforme a las teor&#x00ED;as de Freud, Pascual es objeto del mecanismo de defensa contra la frustraci&#x00F3;n conocido como <italic>supercompensaci&#x00F3;n</italic>, consistente en que el individuo pretende superar su estado de frustraci&#x00F3;n tratando impetuosamente de demostrar que no se dan en &#x00E9;l las condiciones que lo frustran. Sobre la supercompensaci&#x00F3;n v&#x00E9;ase Paul Ricoeur (<xref ref-type="bibr" rid="CIT33">2004</xref>, pp. 193-195).  </p>
				</fn>
				
				<fn id="NOTE11"><label>11</label>
					<p>Sobre la madre v&#x00E9;anse tambi&#x00E9;n: Sherzer (<xref ref-type="bibr" rid="CIT38">1988</xref>); Rodr&#x00ED;guez y Timm (<xref ref-type="bibr" rid="CIT34">1977</xref>); Knickerbocker (<xref ref-type="bibr" rid="CIT19">1994</xref>).</p>
				</fn>
				
				<fn id="NOTE12"><label>12</label>
					<p>Mi an&#x00E1;lisis e interpretaci&#x00F3;n del asesinato de la madre no es el &#x00FA;nico. Knickerbocker (<xref ref-type="bibr" rid="CIT19">1994</xref>, p. 414) lee este pasaje como la inversi&#x00F3;n de los papeles, por cuanto que las acciones de la madre simbolizan a un hijo, y las de Pascual las de una madre. Ambas interpretaciones deben leerse como complementarias y no como excluyentes.</p>
				</fn>
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