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				<journal-title>ARBOR Ciencia, Pensamiento y Cultura</journal-title>
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			<issn pub-type="epub">0210-1963</issn>
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				<publisher-name>Consejo Superior de Investigaciones Cient&#x00ED;ficas</publisher-name>
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				<subject>RESE&#x00D1;AS DE LIBROS/BOOK REVIEWS</subject>
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			<article-title>Rese&#x00F1;a del libro &#x0022;Puntos de vista. Una investigaci&#x00F3;n filos&#x00F3;fica&#x0022;</article-title>
			<alt-title alt-title-type="running-head">Rese&#x00F1;a</alt-title>
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				<surname>Herrera Gonz&#x00E1;lez</surname>
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			<title><bold>Manuel Liz (ed.) </bold> <italic>Puntos de vista. Una investigaci&#x00F3;n filos&#x00F3;fica</italic>   Barcelona: Laertes, 2013, 286 p&#x00E1;gs.  ISBN: 978-84-7584-903-4 </title>
		
			<p>En la obra objeto de este comentario se sustenta una concepci&#x00F3;n perspectivista de la realidad (o de nuestro acceso a ella), concepci&#x00F3;n que se distancia tanto de las posiciones absolutistas como de las relativistas. Si el absolutismo defiende un modo estable de ser de la realidad y el relativismo, por el contrario, considera la realidad como irreductiblemente relativa a un cierto punto de vista, el perspectivismo se sit&#x00FA;a en un “razonable” t&#x00E9;rmino medio, sosteniendo “que hay formas estables en las que la realidad es en s&#x00ED; misma de un cierto modo” y tambi&#x00E9;n que “hay otras maneras de ser de la realidad en relaci&#x00F3;n a ciertos puntos de vista, y que tales maneras relativas de ser son irreducibles” (p. 25).  </p>

			<p>Para el tratamiento de este tipo de tem&#x00E1;ticas resulta crucial la noci&#x00F3;n de “puntos de vista”, cuesti&#x00F3;n a la que, sin embargo, no se le ha prestado generalmente la atenci&#x00F3;n que merece dada su importancia a la hora de afrontar un buen n&#x00FA;mero de problemas filos&#x00F3;ficos. Esto es lo que nos dice, ya en las primeras p&#x00E1;ginas, Manuel Liz, editor y coautor del libro que nos ocupa; de ah&#x00ED; que este trabajo se centre en el an&#x00E1;lisis conceptual de dicha noci&#x00F3;n y de su papel en el tratamiento de relevantes cuestiones filos&#x00F3;ficas.  </p>

			<p>En la primera parte de la obra, y bajo el ep&#x00ED;grafe de “Analizando la noci&#x00F3;n de puntos de vista”, M. Liz desarrolla un exhaustivo an&#x00E1;lisis del concepto de puntos de vista, defendiendo la relevancia filos&#x00F3;fica de dicha noci&#x00F3;n, en tanto que no es susceptible de una ulterior reducci&#x00F3;n a otros elementos m&#x00E1;s simples. Pero que se subraye la centralidad de los puntos de vista como modo ineludible de nuestro acceso a la realidad no significa, sostiene M. Liz, que estemos irremediablemente abocados, como algunos sostienen, a defender posiciones relativistas. Como apuntamos al comienzo de este comentario, en esta obra se argumenta a favor de una concepci&#x00F3;n perspectivista, que se mantiene en un tenso punto intermedio entre el relativismo y el absolutismo, pero que no se confunde con ninguno de ellos, como tampoco se confunde con el escepticismo o el subjetivismo (pp. 52 y ss.).  </p>

			<p>En su recorrido por la historia del pensamiento, y en particular del perspectivismo contempor&#x00E1;neo, Liz destaca a Ortega y Gasset como el primero que defiende esta posici&#x00F3;n filos&#x00F3;fica de forma abierta y decidida, y subraya que si bien las teor&#x00ED;as sobre la estructura de los puntos de vista son muy escasas, se puede distinguir entre dos grandes modelos a la hora de abordar esta cuesti&#x00F3;n: el modelo de las “actitudes proposicionales” y el modelo de “emplazamiento y acceso”. Ambos modelos no son incompatibles y de ellos se desprende una visi&#x00F3;n de los puntos de vista como “entidades con un fuerte car&#x00E1;cter relacional y con una no menos fuerte dimensi&#x00F3;n modal” (p. 110).  </p>

			<p>En su an&#x00E1;lisis de la estructura y din&#x00E1;mica de los puntos de vista, Liz quiere delimitar y separar la concepci&#x00F3;n perspectivista que defiende del trascendentalismo, pues si bien el autor sostiene que es posible trascender nuestros puntos de vista, considera que con ello s&#x00F3;lo se afirma la posibilidad de ver las cosas “con independencia de cualquier punto de vista particular”, lo que es muy distinto de verlas “con independencia de todos los puntos de vista” (lo que s&#x00ED; ser&#x00ED;a una posici&#x00F3;n netamente trascendental, que &#x00E9;l rechaza). En este punto de su recorrido argumental, M. Liz recurre a la noci&#x00F3;n de “invarianza respecto a las perspectivas” que, a su juicio, nos permitir&#x00ED;a “trascender todos nuestros puntos de vista particulares sin adoptar ninguna posici&#x00F3;n trascendental” (p. 141). Eso s&#x00ED;, como el propio autor reconoce, es necesario precisar con mayor detalle esta noci&#x00F3;n que tan fundamental resulta para escapar del trascendentalismo, lo cual no es, ni mucho menos, una cuesti&#x00F3;n menor en relaci&#x00F3;n con las problem&#x00E1;ticas abordadas en la investigaci&#x00F3;n filos&#x00F3;fica que este libro desarrolla.  </p>

			<p>En las postrimer&#x00ED;as de esta primera parte de <italic>Puntos de vista</italic>, Liz aborda una cuesti&#x00F3;n de absoluta relevancia, y es la del estatus de los “puntos de vista filos&#x00F3;ficos”: ¿qu&#x00E9; lugar debe ocupar la filosof&#x00ED;a dentro de la variedad de puntos de vista que podemos mantener acerca de la realidad? A este respecto, el autor defiende que la indagaci&#x00F3;n filos&#x00F3;fica debe circunscribirse a ciertos l&#x00ED;mites definidos por lo que nos ense&#x00F1;a la ciencia y el propio conocimiento ordinario. Sin embargo, ¿no significa esto renunciar a la filosof&#x00ED;a misma? ¿Podemos dar la espalda a las cuestiones radicales, esas que se plantean m&#x00E1;s all&#x00E1; de los l&#x00ED;mites fijados por la ciencia y el conocimiento ordinario, y seguir haciendo filosof&#x00ED;a? Sobre la pertinencia de no superar estos l&#x00ED;mites ya nos han advertido autorizadas voces de la historia del pensamiento; otra cosa es que sea posible e incluso aconsejable.  </p>

			<p>La segunda parte de <italic>Puntos de vista</italic>, titulada “Tomando perspectiva”, recoge un total de siete ensayos en los que, tomando como base m&#x00E1;s o menos central la noci&#x00F3;n de puntos de vista, se abordan destacables cuestiones relativas a la l&#x00F3;gica, la ontolog&#x00ED;a, la epistemolog&#x00ED;a y la filosof&#x00ED;a del lenguaje.  </p>

			<p>En el primero de estos trabajos, que lleva por t&#x00ED;tulo “La concepci&#x00F3;n absoluta de la realidad y los l&#x00ED;mites del conocimiento filos&#x00F3;fico”, David P&#x00E9;rez Chico discute la tesis de Bernard Williams seg&#x00FA;n la cual s&#x00F3;lo la ciencia, y en particular las ciencias naturales, pueden ofrecer una concepci&#x00F3;n absoluta de la realidad, mientras que disciplinas como la filosof&#x00ED;a, por el contrario, no son capaces de trascender sus propias perspectivas. Pero P&#x00E9;rez Chico argumenta que esto no tiene por qu&#x00E9; ser necesariamente as&#x00ED;, m&#x00E1;xime si tenemos en cuenta que la filosof&#x00ED;a puede ofrecernos puntos de vista sobre realidades cruciales para el ser humano que, sin estar absolutamente “descentralizados”, son capaces de trascender sus propios l&#x00ED;mites.  </p>

			<p>En su ensayo “Falta, desacuerdo y gusto” Mar&#x00ED;a Ponte se centra en los denominados “desacuerdos sin tacha”, esto es, situaciones en las que dos sujetos mantienen aserciones contradictorias entre s&#x00ED; sin que pueda afirmarse que uno de ellos est&#x00E1; equivocado. En particular, desarrolla este an&#x00E1;lisis en relaci&#x00F3;n con los predicados de gusto y en el marco de una reflexi&#x00F3;n sobre dos de las posiciones que, <italic>a priori</italic>, parecer&#x00ED;a que se ven de alguna manera confirmadas por la existencia de este tipo de desacuerdos sin falta, a saber, el contextualismo y el relativismo sem&#x00E1;nticos. Ponte llega a la conclusi&#x00F3;n de que ni el relativismo ni el contextualismo logran dar cuenta de forma satisfactoria de la existencia de los desacuerdos sin tacha, por lo que esta clase de desacuerdos en ning&#x00FA;n caso podr&#x00ED;an constituir una suerte de <italic>experimentum crucis</italic> en el debate entre relativistas y contextualistas.  </p>

			<p>A los “desacuerdos sin tacha” hace tambi&#x00E9;n referencia Juan Jos&#x00E9; Colomina en el tercer cap&#x00ED;tulo de esta segunda parte, titulado “Desde el punto de vista del hablante”, considerando que este tipo de desacuerdos realmente se da en el caso de los juicios de gusto personal y otros similares. Colomina interpreta este tipo de casos desde una posici&#x00F3;n que califica de “contextualismo moderado subjetivista”, actuando como elemento de contextualizaci&#x00F3;n lo que denomina “el punto de vista del hablante”. Ahora bien, si como el autor sostiene, el par&#x00E1;metro del punto de vista del hablante s&#x00F3;lo presupone que cuando alguien expresa, por ejemplo, un juicio de gusto personal, &#x00FA;nicamente est&#x00E1; exponiendo su propio punto de vista ante cierto estado de cosas (y con ello se defiende la existencia efectiva de “desacuerdos sin tacha”), la pregunta que inevitablemente sale al paso es ¿qu&#x00E9; diferencia sustancial existe, entonces, entre la concepci&#x00F3;n contextualista que se propone en este cap&#x00ED;tulo y la concepci&#x00F3;n relativista respecto a la verdad?  </p>

			<p>En “Im&#x00E1;genes del tiempo”, ensayo que constituye el cuarto cap&#x00ED;tulo de la segunda parte, Sebasti&#x00E1;n &#x00C1;lvarez contrapone dos perspectivas temporales, las denominadas por John McTaggart como serie A y serie B. La serie A (concepci&#x00F3;n <italic>tensed</italic>) consiste en la visi&#x00F3;n del tiempo como din&#x00E1;mico y dividido en pasado, presente y futuro. Por su parte, la serie B (concepci&#x00F3;n <italic>tenseless</italic>) es la imagen est&#x00E1;tica del tiempo en la que los momentos y sucesos se ordenan entre s&#x00ED; seg&#x00FA;n las relaciones de anterioridad/posterioridad y simultaneidad. S. &#x00C1;lvarez pone de manifiesto c&#x00F3;mo para McTaggart ambas concepciones del tiempo son inaceptables, llegando a la sorprendente conclusi&#x00F3;n de que en realidad el tiempo no existe. En su an&#x00E1;lisis de las tesis de McTaggart, &#x00C1;lvarez concluye que la concepci&#x00F3;n <italic>timeless </italic>puede aceptarse como una imagen adecuada del tiempo, mientras que la concepci&#x00F3;n <italic>tensed </italic>no pasar&#x00ED;a de ser una met&#x00E1;fora sustentada en una visi&#x00F3;n excesivamente antropoc&#x00E9;ntrica de la realidad.  </p>

			<p>En “El cable del tiempo” de Margarita V&#x00E1;zquez se plantea un debate con algunas de las ideas expuestas por Sebasti&#x00E1;n &#x00C1;lvarez en el cap&#x00ED;tulo precedente. En particular, M. V&#x00E1;zquez sostiene que la serie A de McTaggart no tiene que ser desde&#x00F1;ada como necesariamente parad&#x00F3;jica, siempre que se la interprete de la manera adecuada. Como base de su propuesta, V&#x00E1;zquez recurre a sistemas de l&#x00F3;gica temporal bidimensionales, en los que se formaliza una concepci&#x00F3;n del tiempo indeterminista, combinando una dimensi&#x00F3;n temporal con una dimensi&#x00F3;n modal para los futuros posibles. V&#x00E1;zquez defiende que este tipo de sistemas formales dan buena cuenta de la din&#x00E1;mica temporal de los puntos de vista, configurando un modelo en el que el tiempo se contempla como un flujo de historias independientes con pasados paralelos, concepci&#x00F3;n &#x00E9;sta que ilustra mediante la imagen de “el cable del tiempo”.  </p>

			<p>Por su parte, Andr&#x00E9;s Luis Jaume sostiene en “Maquiavelismo epistemol&#x00F3;gico” una concepci&#x00F3;n del conocimiento de corte pragm&#x00E1;tico, que toma como base las ideas del confiabilismo y de la epistemolog&#x00ED;a de las virtudes, pero otorgando un papel m&#x00E1;s activo a los mecanismos y fuentes que propician la justificaci&#x00F3;n epist&#x00E9;mica, con el fin de reducir el papel del azar en lo que respecta a dicha justificaci&#x00F3;n. El autor denomina a esta propuesta “maquiavelismo epistemol&#x00F3;gico”, pues en ella la virtud (epistemol&#x00F3;gica) se concibe, a la manera de Maquiavelo, en un sentido activo, estrat&#x00E9;gico, muy alejado del sentido circunspecto de la virtud aristot&#x00E9;lica (cuyo paradigma vendr&#x00ED;a representado por la prudencia).  </p>

			<p>En el trabajo que cierra el libro, y que lleva por t&#x00ED;tulo “La necesidad del v&#x00ED;nculo entre sem&#x00E1;ntica y pragm&#x00E1;tica”, Juan Jos&#x00E9; Colomina aborda la pol&#x00E9;mica entre “literalistas” (defensores de la concepci&#x00F3;n sem&#x00E1;ntica del lenguaje) y contextualistas (partidarios del enfoque pragm&#x00E1;tico), defendiendo que, para poder determinar el contenido de lo que se dice, se precisa una recuperaci&#x00F3;n del realismo psicol&#x00F3;gico (si lo que de verdad se pretende es una interpretaci&#x00F3;n realista de la comunicaci&#x00F3;n humana), y para ello se hace imprescindible una teor&#x00ED;a del significado que contemple el necesario v&#x00ED;nculo entre sem&#x00E1;ntica y pragm&#x00E1;tica.  </p>

			<p>En suma, en <italic>Puntos de vista </italic>se investigan, desde el m&#x00E1;s exigente rigor anal&#x00ED;tico, cuestiones que revisten un inter&#x00E9;s crucial en no pocos debates filos&#x00F3;ficos. Por ello resulta una obra de inter&#x00E9;s para todo aquel que pretenda acercarse a este tipo de problemas benefici&#x00E1;ndose de la clarificaci&#x00F3;n conceptual que usualmente proporciona el an&#x00E1;lisis en filosof&#x00ED;a. </p>

			<p>Por <bold>Jos&#x00E9; Rafael Herrera Gonz&#x00E1;lez </bold></p>
			<p><italic>Universidad de La Laguna</italic></p>
			<p>rahego@ull.es</p>

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