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			<journal-id journal-id-type="publisher-id">ARBOR</journal-id>
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				<journal-title>ARBOR Ciencia, Pensamiento y Cultura</journal-title>
				<abbrev-journal-title>Arbor</abbrev-journal-title>
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			<issn pub-type="epub">0210-1963</issn>
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				<publisher-name>Consejo Superior de Investigaciones Cient&#x00ED;ficas</publisher-name>
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			<article-id pub-id-type="identifier">arbor.2015.0210-1963</article-id>
		    
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				<subject>RESE&#x00D1;AS DE LIBROS/BOOK REVIEWS</subject>
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			<article-title>Rese&#x00F1;a del libro &#x0022;El arte de cuidar. Atender, dialogar y responder&#x0022;</article-title>
			<alt-title alt-title-type="running-head">Rese&#x00F1;a</alt-title>
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				<surname>Hern&#x00E1;ndez Prados</surname>
				<given-names>M.ª &#x00C1;ngeles</given-names>
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			 <aff id="U1">Universidad de Murcia</aff>
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		<pub-date pub-type="epub">
				<day>30</day>
				<month>04</month>
				<year>2015</year>
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        <pub-date pub-type="collection">
			<year>2015</year>
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			<volume>191</volume>
			<issue>772</issue>
			
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			<copyright-statement>&#x00A9; 2015 CSIC</copyright-statement>
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					<license-p>Este es un art&#x00ED;culo de acceso abierto distribuido bajo los t&#x00E9;rminos de la licencia Creative Commons Attribution-Non Commercial (by-nc) Spain 3.0.</license-p>
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			<title><bold>Agust&#x00ED;n Domingo Moratalla</bold> <italic>El arte de cuidar. Atender, dialogar y responder</italic> Madrid, Ediciones Rialp, 2013. </title>
		
		
			<p>Con la sarc&#x00E1;stica y representativa portada de un m&#x00E9;dico que ausculta a un mu&#x00F1;eco con la mirada perdida hacia el infinito, desatendiendo al verdadero paciente, una ni&#x00F1;a con rosados p&#x00F3;mulos, el autor evidencia el giro que pretende dar al cuidado. La confianza ciega en la t&#x00E9;cnica y la raz&#x00F3;n, en el dominio como control, posesi&#x00F3;n y propiedad, en la que el cuidado estaba supeditado al curar, no ha sido la soluci&#x00F3;n a los problemas de la ciudadan&#x00ED;a. Este libro centrado en la &#x00E9;tica del cuidado como &#x00E9;tica de la justicia, se compone de ocho cap&#x00ED;tulos distribuidos en tres bloques: antropolog&#x00ED;a del cuidar, fuentes del cuidado en la &#x00E9;tica aplicada y aplicarse en el cuidado. </p>

			<p>El cap&#x00ED;tulo <italic>Dos tradiciones antropol&#x00F3;gicas para aprender a cuidar</italic> es el que inaugura el primero de los bloques tem&#x00E1;ticos anteriormente mencionados. En &#x00E9;l se recoge la &#x00E9;tica de la palabra como responsabilidad, la &#x00E9;tica de la amistad como veracidad y la &#x00E9;tica de la enfermedad como finitud, extra&#x00ED;dos de la tradici&#x00F3;n zubiriana de La&#x00ED;n Entralgo, junto a la tradici&#x00F3;n hermen&#x00E9;utica de Paul Ricoeur, que presenta la vida como proyecto, el t&#x00FA; como constitutivo del yo y la exigencia de la igualdad y la justicia fecundada en el tiempo y la memoria, en el perd&#x00F3;n y la misericordia. Estas propuestas poco convencionales plantean el cuidado como nuevo modelo de raz&#x00F3;n pr&#x00E1;ctica. Pero “la calidad del cuidado y, sobre todo, su pr&#x00E1;ctica en clave de responsabilidad, exigen entrenamiento, habilidades y aprendizajes permanentes”, es decir, aprender a cuidar.</p>

			<p>En el siguiente cap&#x00ED;tulo <italic>Una &#x00E9;tica para la libertad real y el cuidado responsable</italic>, el autor analiza la vida como libertad y adaptaci&#x00F3;n y la libertad como experiencia del don que puede ser aceptada o rechazada. Por tanto, se trata de un concepto abierto y reflexivo, que exige del distanciamiento ante la situaci&#x00F3;n, para evitar que nuestra libertad se instale en el conformismo o en un simple impulso. La libertad no se entiende solo como la conquista de la autonom&#x00ED;a, sino como experiencia de responsabilidad, diferenciando entre libertad abstracta (algo que se tiene o no se tiene) de la libertad sensata / real (algo que se va haciendo o deshaciendo). De este modo, la libertad se encuentra relacionada con las posibilidades, o capacidades en palabras de Nussbaum, de conseguir una vida digna, lo que implica romper con las esclavitudes o lo superfluo de nuestra estancia y descubrir lo realmente valioso. Son varias las esclavitudes que nos atan en la actualidad. Aquellas que favorecen el des&#x00E1;nimo y desconcierto son la esclavitud del emotivismo, de una vida despreciada y del atomismo. Las esclavitudes que dificultad compromisos duraderos son la corrosi&#x00F3;n del car&#x00E1;cter, la solidaridad epid&#x00E9;rmica e inmediata que no moviliza el car&#x00E1;cter de los ciudadanos, as&#x00ED; como la seguridad de la t&#x00E9;cnica que nos impide reconocer nuestra vulnerabilidad. La liberaci&#x00F3;n de las esclavitudes mencionadas radica en la &#x00E9;tica del cuidado, cuyas claves son:</p>

					<p>Cuidar es atender a otro, tener compasi&#x00F3;n del otro y ponerse en su lugar.</p>

					<p>Cuidar es ayudar al otro.</p>

					<p>Cuidar es invitar al otro a reconocer su vulnerabilidad.</p>

					<p>Cuidar es velar por el bien del otro.</p>

					<p>Cuidar en la familia y escuela es una base moral.</p>

					<p>Cuidar es acompa&#x00F1;ar.</p>

					<p>Cuidar es hacerse cargo del otro.</p>

					<p>Cuidar no es un imperativo ocasional, sino una actitud permanente.</p>

					<p>Cuidar es salvar al otro de una soledad no deseada.</p>

					<p>Cuidar es una responsabilidad comunitaria del nosotros.</p>

			<p>Este bloque antropol&#x00F3;gico finaliza con la <italic>Responsabilidad y di&#x00E1;logo en L&#x00E9;vinas: claves para una bio&#x00E9;tica del cuidado</italic>. Contra la desmoralizaci&#x00F3;n de la responsabilidad propia de la sociedad actual, L&#x00E9;vinas reivindica la subjetividad y un concepto de responsabilidad en t&#x00E9;rminos de descentramiento del sujeto, para situarse en el otro como epicentro de la conducta moral. Se trata de una &#x00E9;tica del olvido de s&#x00ED; mismo para atender y hacerse cargo del otro. Por otra parte, presenta la &#x00E9;tica dial&#x00F3;gica desde la gnoseolog&#x00ED;a del encuentro, entendiendo el di&#x00E1;logo no como alianza, sino como presencia. De modo que los l&#x00ED;mites del di&#x00E1;logo no son solo ling&#x00FC;&#x00ED;sticos, sino situacionales, corporales y contextuales. </p>

			<p>El segundo de los bloques tem&#x00E1;ticos destinado a la &#x00E9;tica aplicada como fuente del cuidado, se compone de dos cap&#x00ED;tulos. El primero de ellos, <italic>Sentido y valor del giro aplicado en la &#x00E9;tica contempor&#x00E1;nea</italic> comienza con la distinci&#x00F3;n entre &#x00E9;tica sin m&#x00E1;s, es decir, sin calificativos, y la &#x00E9;tica aplicada como aquella capaz de establecer las reglas generales para atender a los desaf&#x00ED;os de los seres humanos. Pero el desencantamiento de la filosof&#x00ED;a moral desde una visi&#x00F3;n pragm&#x00E1;tica y el reencantamiento de la misma desde una visi&#x00F3;n hermen&#x00E9;utica contribuye al nacimiento del nuevo planteamiento de la &#x00E9;tica aplicada, pasando de una aplicaci&#x00F3;n funcional a una integral, que consolida la urgencia de una &#x00E9;tica sin m&#x00E1;s vinculada a la estructura de la comunicaci&#x00F3;n humana como un proceso hist&#x00F3;rico, reflexivo y moral.</p>

			<p>El segundo de ellos, <italic>Tradiciones de verdad y responsabilidad en la &#x00E9;tica contempor&#x00E1;nea</italic>, pretende romper la relaci&#x00F3;n dicot&#x00F3;mica entre verdad y tradici&#x00F3;n, para situarse en la convergencia de ambos conceptos con la expresi&#x00F3;n de <italic>tradiciones de verdad</italic>, en la que la conciencia hist&#x00F3;rica da valor y sentido a nuestra vida, concediendo verdad a lo que somos. Desde este posicionamiento el problema se sit&#x00FA;a en el &#x00E1;mbito de la filosof&#x00ED;a pr&#x00E1;ctica, evitando caer prisionera de planteamientos estrictamente epistemol&#x00F3;gicos u ontol&#x00F3;gicos, y el sujeto se convierte en int&#x00E9;rprete. De ah&#x00ED; que la responsabilidad radica en mantener tradici&#x00F3;n y verdad unidas, evitando que los testimonios queden contaminados por la mentira. El autor centra todo su discurso en la identidad narrativa, la acci&#x00F3;n humana y la autenticidad como aspectos vitales en las tradiciones de verdad.</p>

			<p>Por &#x00FA;ltimo, el tercero de los apartados aglutina tres cap&#x00ED;tulos en los que el autor pretende mostrar las claves de c&#x00F3;mo aplicarse en el cuidado. La primera de ellas lo constituye la <italic>Interdisciplinariedad y mediaci&#x00F3;n: nuevas claves para la intervenci&#x00F3;n social</italic>. A trav&#x00E9;s de la interdisciplinariedad se obtiene un saber medidador de car&#x00E1;cter no instrumental, sino estructural, que genera “un espacio o posici&#x00F3;n nueva como desaf&#x00ED;o para el encuentro entre dos posiciones”. Existen dos tipos de interdisciplinariedad: fuerte y d&#x00E9;bil. La primera centrada en buscar nuevos desaf&#x00ED;os, y la segunda, en la complementariedad de los discursos, evitando los t&#x00E9;rminos de superioridad y moralismos y abri&#x00E9;ndose al saber integrador. La intervenci&#x00F3;n social debe estar integrada por ambas, atendiendo a las posibilidades que nos brindan cada una de ellas y recogidas en una tabla, en la cual se nos presentan no como rivales, sino como complementarias. El autor cierra este cap&#x00ED;tulo concibiendo el aprendizaje de la mediaci&#x00F3;n como un aspecto esencial del aprendizaje del cuidado, y nos ofrece diez claves para formarse en mediaci&#x00F3;n:</p>

					<p>Mediar es distinto de interceder.</p>

					<p>Mediar es establecer nuevos escenarios de comunicaci&#x00F3;n.</p>

					<p>Mediar es transformar los conflictos en problemas.</p>

					<p>Mediar es ponerse en medio para ser el medio.</p>

					<p>El mediador no es el protagonista de la mediaci&#x00F3;n.</p>

					<p>Hablando se entiende la gente.</p>

					<p>La mediaci&#x00F3;n directiva se centra en la satisfacci&#x00F3;n de intereses.</p>

					<p>La mediaci&#x00F3;n no directiva se centra en la comunicaci&#x00F3;n y encuentro.</p>

					<p>La mediaci&#x00F3;n no es la soluci&#x00F3;n a todos los conflictos.</p>

			<p>La mediaci&#x00F3;n posibilita, despierta y potencia la justicia, pero no la sustituye. </p>
			
			<p><italic>Aprender a dialogar para aprender a cuidar</italic> es la segunda de las claves de c&#x00F3;mo aplicarse en el cuidado. Desde la introducci&#x00F3;n el autor deja constancia de que el di&#x00E1;logo no es solo una actividad ling&#x00FC;&#x00ED;stica, m&#x00E1;s bien es una actividad vital. El di&#x00E1;logo no es mon&#x00F3;logo, sino que apela a la “vida humana compartida, no referida al yo como individuo sino al yo llamado, a la vida interpelada por el otro”. El di&#x00E1;logo es camino de conocimiento, realizaci&#x00F3;n y socializaci&#x00F3;n. Es participar y pertenecer a ese espacio com&#x00FA;n que se abre con la interpelaci&#x00F3;n, apelaci&#x00F3;n y vocativo, y que se inicia con la pregunta. Por tanto, la teor&#x00ED;a del di&#x00E1;logo es una teor&#x00ED;a relacional, que abandona la instrumentalizaci&#x00F3;n para situarse en lo personal, y se caracteriza por la reciprocidad, presencia y responsabilidad, siendo &#x00E9;sta la que impide la indiferencia y persigue la fidelidad al otro. Para que haya di&#x00E1;logo debe darse como condicionamientos la apertura al otro (intencionalidad y disposici&#x00F3;n), estar en relaci&#x00F3;n y confianza.</p>

			<p>En la &#x00FA;ltima de las claves, <italic>Aplicarse en la amistad para aprender a cuidar</italic>, el autor recurre a Arist&#x00F3;teles, Santo Tom&#x00E1;s y Kant para realizar el recorrido hist&#x00F3;rico por el concepto de amistad. Sin embargo, no se centra s&#x00F3;lo en el sentimiento que genera o despierta la amistad, sino en aquello que la metarializa y la convierte en una relaci&#x00F3;n humana viva, reivindicando la necesidad de confidencias y la palabra en las relaciones de amistad. En este sentido, establece cuatro momentos esenciales en las relaciones de verdadera amistad y seis reglas. El primero de los momentos, la <italic>benevolencia</italic>, hace referencia al hecho de querer el bien del amigo, generando proximidad con el otro. El segundo, la <italic>benedicencia, </italic>persigue la sinceridad con el otro. El tercero, la <italic>beneficiencia, </italic>supone el sacrificio hacia el otro, hacer el bien del amigo. Y por &#x00FA;ltimo, la <italic>benefidencia</italic>, implica la instalaci&#x00F3;n de la confianza en la relaci&#x00F3;n con el otro, lo que nos lleva a compartir confidencias. Respecto a las reglas estas hacen referencia al respeto, franqueza, liberalidad, discernimiento afectivo, imaginaci&#x00F3;n y camarader&#x00ED;a.</p>

			<p>Finalizamos esta revisi&#x00F3;n al trabajo de Domingo Moratalla con una aseveraci&#x00F3;n realizada por &#x00E9;l mismo en la introducci&#x00F3;n a su libro: “La &#x00C9;tica del Cuidado ensancha el horizonte de una &#x00C9;tica de la Justicia y no se limita &#x00FA;nicamente a una revisi&#x00F3;n o supervisi&#x00F3;n de sus lagunas o deficiencias. Ciertamente la categor&#x00ED;a de cuidado supone una lectura cr&#x00ED;tica con la Modernidad, una revisi&#x00F3;n radical de sus presupuestos antropol&#x00F3;gicos y, sobre todo, la activaci&#x00F3;n de formas nuevas, no solo de pensar, sino de actuar y entender la relaci&#x00F3;n del ser humano con el mundo”.</p>

			

			<p>Por <bold>M.ª &#x00C1;ngeles Hern&#x00E1;ndez Prados </bold></p>
			<p><italic>Universidad de Murcia</italic></p>

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