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			<journal-id journal-id-type="publisher-id">Arbor</journal-id>
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				<journal-title>ARBOR Ciencia, Pensamiento y Cultura</journal-title>
				<abbrev-journal-title>Arbor</abbrev-journal-title>
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			<issn pub-type="epub">0210-1963</issn>
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				<publisher-name>Consejo Superior de Investigaciones Cient&#x00ED;ficas</publisher-name>
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			<article-id pub-id-type="publisher-id">arbor.2015.774n4003</article-id>
			<article-id pub-id-type="doi">10.3989/arbor.2015.774n4003</article-id>
			 
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				<subject>FRANCISCO UMBRAL Y LA POES&#x00CD;A / FRANCISCO UMBRAL AND THE POETRY</subject>
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				<article-title>Umbral y el juego de los alejandrinos (I)</article-title>
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					<trans-title>Umbral and the play on 14-syllable verses (I)</trans-title>
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				<alt-title alt-title-type="running-head">Umbral y el juego de los alejandrinos (I)</alt-title>
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					 <surname>Couceiro</surname>
					 <given-names>Mar&#x00ED;a del Pilar</given-names>
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				<aff id="U1">Universidad Complutense</aff>
				
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			<author-notes>
				<corresp id="cor1"><email xlink:href="athens-katharos@telefonica.net">athens-katharos@telefonica.net</email></corresp>
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			<pub-date pub-type="epub">
				<day>31</day>
				<month>08</month>
				<year>2015</year>
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			<pub-date pub-type="collection">
			<year>2015</year>
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			<volume>191</volume>
			<issue>774</issue>
			
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					<year>2014</year>
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				<copyright-statement>&#x00A9; 2015 CSIC</copyright-statement>
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					<license-p>Este es un art&#x00ED;culo de acceso abierto distribuido bajo los t&#x00E9;rminos de la licencia Creative Commons Attribution-Non Commercial (by-nc) Spain 3.0.</license-p>
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				<title>RESUMEN</title>
				<p>En el presente trabajo se estudia la vertiente po&#x00E9;tica de Francisco Umbral en el caso espec&#x00ED;fico de la utilizaci&#x00F3;n de cl&#x00E1;usulas de catorce s&#x00ED;labas, tanto en su escasa producci&#x00F3;n en verso como en su habitual escritura en prosa, incidiendo en el empleo de estos recursos en dos de las obras de la &#x00FA;ltima &#x00E9;poca del escritor, los conocidos como <italic>Diarios &#x00ED;ntimos</italic>, as&#x00ED; como en el libro de poemas publicado p&#x00F3;stumamente.</p>
			</abstract>
			
			<trans-abstract xml:lang="en">
				<title>ABSTRACT</title>
				<p>This work explores Francisco Umbral’s poetic side, specifically through his use of fourteen syllables clauses, not only in his low production in verse but also in his usual prose writing, having persisted in using these techniques in two of the works from his final stage, known as <italic>Diarios &#x00ED;ntimos</italic> (Intimate Diaries), and also in the book of poems published posthumously.</p>
			</trans-abstract>

	
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				<title>PALABRAS CLAVE</title>
				<kwd>Alejandrino</kwd>
				<kwd>Tetradecas&#x00ED;labo</kwd>
				<kwd>Prosa po&#x00E9;tica</kwd>
				<kwd>M&#x00E9;trica</kwd>
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				<title>KEYWORDS</title> 			
				<kwd>Alexandrine</kwd>	
				<kwd>Tetradecasyllable</kwd>
				<kwd>Poetic prose</kwd>
				<kwd>Metric</kwd>
			</kwd-group>
		
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	<body>	
			
		<sec id="S1">
			<p>“Contad si son catorce y est&#x00E1; hecho” </p>

			<p> </p>

			<p>El remate del conocid&#x00ED;simo soneto lopesco, aplicable al n&#x00FA;mero de versos, me sirve para remontarme al c&#x00F3;mputo de s&#x00ED;labas que supuso, en sus ya lejanos inicios, toda una revoluci&#x00F3;n para las letras espa&#x00F1;olas<xref ref-type="fn" rid="NOTE01">1</xref>. El <italic>Mester de Clerec&#x00ED;a</italic> inicia la n&#x00F3;mina de variantes literarias hispanas que se ver&#x00E1; incrementada, al paso de siglos  y estilos, por nombres inscritos en el canon literario, por m&#x00E1;s que algunos sean de recient&#x00ED;sima incorporaci&#x00F3;n, como es el caso de Francisco Umbral, cuya impronta es ya, sin duda, estaci&#x00F3;n de obligado descenso y estancia para los estudiosos.</p>

			<p>Las caracter&#x00ED;sticas del <italic>alejandrino</italic>, sujetas en su mayor parte a irrenunciables rigideces formales, no parecen ser las m&#x00E1;s adecuadas a la hora de su estudio en un autor caracterizado por un uso del lenguaje libre, et&#x00E9;reo a veces, compacto otras, pero siempre dando la sensaci&#x00F3;n de absoluta novedad estil&#x00ED;stica. Pero al mencionar esas catorce s&#x00ED;labas, con la hendidura de los dos hemistiquios heptas&#x00ED;labos, estamos hablando de un c&#x00F3;mputo especialmente caro a un escritor <italic>no</italic> poeta; s&#x00ED; lirista <italic>no</italic> l&#x00ED;rico; de espl&#x00E9;ndida prosa, de escaso <italic>estro</italic> (Couceiro, <xref ref-type="bibr" rid="CIT03">2012</xref>, p. 305). </p>

						<p>Este poema [...] Tiene poco valor l&#x00ED;rico, s&#x00ED;, pero me sirve para psicoanalizarme literariamente [...] Lo primero que veo es mi reincidencia en el alejandrino, jugando a veces en hemistiquios (Umbral, <xref ref-type="bibr" rid="CIT10">1996</xref>, p. 42). </p>

			<p>Como punto de partida, estos conceptos requieren una puntualizaci&#x00F3;n: lirismo no es necesariamente l&#x00ED;rica; c&#x00F3;mputo sil&#x00E1;bico no significa ritmo <italic>sensu stricto</italic>; sensaci&#x00F3;n estr&#x00F3;fica no es precisamente musicalidad. Si <italic>lirismo</italic> corresponde al hecho de “aplicar caracter&#x00ED;sticas del estilo l&#x00ED;rico en composiciones de otra clase” (<italic>DRAE</italic>, 22ª ed.) frente a <italic>l&#x00ED;rico</italic>, como v&#x00ED;a que “trata de comunicar mediante el ritmo e im&#x00E1;genes los sentimientos o emociones &#x00ED;ntimas del autor” (<italic>DRAE, </italic>23ª ed.); o si c&#x00F3;mputo sil&#x00E1;bico se ajusta solamente a la m&#x00E9;trica, al margen de secuencias internas, o, finalmente, si el concepto de musicalidad camina desde Grecia, incluso antes<xref ref-type="fn" rid="NOTE02">2</xref>, ensamblado con el Poema con may&#x00FA;sculas, centr&#x00E1;ndome en este &#x00FA;ltimo concepto ¿c&#x00F3;mo buscar musicalidad en un autor que, <italic>ab initio</italic>, afirma sus incapacidades musicales, tanto intr&#x00ED;nsecas como de cultivo?: “Y no necesito decir, a estas alturas de la p&#x00E1;gina, que yo detesto la m&#x00FA;sica” (Umbral, 1996, p. 51). La explicaci&#x00F3;n subsecuente al aserto no deja de ser alambicada, ya que el autor culpa al fen&#x00F3;meno musical del arrebatamiento, del &#x00E9;xtasis de su madre, con el alejamiento de esta de su hijo, quien se escuda en ello, revistiendo a la m&#x00FA;sica de un grado alto de personificaci&#x00F3;n que le permite sentirse celoso de ella. A este prop&#x00F3;sito, ser&#x00ED;a deseable un estudio amplio sobre la actitud de Umbral ante la m&#x00FA;sica, que desprecia y respeta simult&#x00E1;neamente, en cierta concordancia con su actitud vital ante otras manifestaciones, porque a lo largo de su inmensa obra, raro es el libro en que no aparezca de uno u otro modo esta inquina. Lo cierto es que la m&#x00FA;sica, para los no profesionales -y a veces, tambi&#x00E9;n para estos-, supone  muchas veces un <italic>abandonarse</italic> a lo est&#x00E9;tico, con el a&#x00F1;adido del hedonismo consecuente, que los atormentados no soportan<xref ref-type="fn" rid="NOTE03">3</xref>.</p>

						<p>Como me aburre tanto la m&#x00FA;sica, al joven cantante no le oigo, pero los violines son como cisnes hechos a mano, cisnes que suenan a madera y nunca tendr&#x00E1;n la gracia fresca y tranquila de un lago, aunque toquen <italic>El lago de los cisnes</italic>. [...] Esta necesidad me ha llevado siempre a ser  el aplaudidor ideal de los melodramas que no me gustan y de los conciertos que me van matando poco a poco. Un allegro m&#x00E1;s y me muero de tristeza (Umbral, <xref ref-type="bibr" rid="CIT12">2001</xref>, pp. 31-32). </p>

			<p>Umbral, poeta ag&#x00F3;nico, salpicado en detalles de amargura, unos, posiblemente intencionados; otros, camuflados en el <italic>lapsus linguae</italic>, pero todo ello motivo de evidente alerta para &#x00E9;l como autor, como creador de un lenguaje a veces h&#x00ED;brido, a fuerza de estilismos perseguidos; Umbral, antim&#x00FA;sico confeso, como acabamos de ver, y sin embargo, sujeto al ritmo envolvente de la palabra, de la frase compacta, del per&#x00ED;odo tenaz; Umbral, como Cervantes y Unamuno (Couceiro, <xref ref-type="bibr" rid="CIT03">2012</xref>, p. 305), en busca de la poes&#x00ED;a que intuye, que sabe, inalcanzable para &#x00E9;l.</p>

			<p>Escribe once a&#x00F1;os antes de su muerte: </p>

						<p>Todo lo que he dado a la vida y a la literatura son los escombros de la frustraci&#x00F3;n de un poeta l&#x00ED;rico. A veces digo c&#x00ED;nicamente [...] que escribo prosa porque la prosa se cobra, pero la verdad es que lo hubiera dado todo por escribir poes&#x00ED;a, y a Dios le agradezco, al Dios alado de los poetas, que me abriese los ojos a tiempo (Umbral, <xref ref-type="bibr" rid="CIT10">1996</xref>, p. 170). </p>

			<p>Y tres a&#x00F1;os m&#x00E1;s tarde, ahonda en el mismo motivo, con algo de <italic>excusatio non petita</italic>: </p>

						<p>Hab&#x00ED;a nacido para poeta l&#x00ED;rico y lo puse todo en prosa para vivir, para no ser un “l&#x00ED;rico menesteroso”, [...] yo descubr&#x00ED; enseguida que no quer&#x00ED;a hacer poes&#x00ED;a pura, sino prosa impura (Umbral, <xref ref-type="bibr" rid="CIT11">1999</xref>, p. 220). </p>

			<p>Pues menos mal, porque a cambio, el autor arroja en una prosa deslumbrante el suced&#x00E1;neo que m&#x00E1;s puede acercarse, eso que la cr&#x00ED;tica da en llamar “prosa l&#x00ED;rica”, y que no deja de remitir a la visi&#x00F3;n antirrom&#x00E1;ntica de la que hablaba Mesonero Romanos, cuando escrib&#x00ED;a, al referirse al escritor de la &#x00E9;poca: “Rasgu&#x00F1;&#x00F3; unas cuantas docenas de <italic>fragmentos </italic>en prosa po&#x00E9;tica y concluy&#x00F3; algunos <italic>cuentos</italic> en verso prosaico” (Mesonero Romanos, <xref ref-type="bibr" rid="CIT08">1993</xref>, p. 301). Umbral conoc&#x00ED;a muy probablemente a Mesonero, y tal vez para curarse en salud, titula su primera edici&#x00F3;n de poemas de 1981 <italic>Antolog&#x00ED;a de prosas l&#x00ED;ricas</italic>, en donde “prosas” y “l&#x00ED;ricas” est&#x00E1;n dando una clave de lectura que se sit&#x00FA;a decididamente en las ant&#x00ED;podas del concepto cabal de poes&#x00ED;a. &#x00C9;l lo sabe, y en este sentido, me parece pertinente lo que escrib&#x00ED; en otra ocasi&#x00F3;n:  </p>

						<p>Un buen poema, un excelente verso no convierten en poeta a nadie y Francisco Umbral [...] es, en todo caso, un prosopoeta, un narratopoeta. A veces, incluso puede llegar a ser cronistopoeta, pero cuando intenta la poes&#x00ED;a directa se queda [...] en el intento, en el esbozo, en la idea truncada (Couceiro, <xref ref-type="bibr" rid="CIT03">2012</xref>, p. 306).</p>
			
			<p>Hay que partir de la base de que la literatura, en su mayor parte, entra “por los ojos”, sea desde la mancha, los blancos o las l&#x00ED;neas versales. En nuestro autor llama la atenci&#x00F3;n esa querencia por la prosa a nivel gr&#x00E1;fico. Los mejores logros l&#x00ED;ricos de Umbral pertenecen a la mancha tipogr&#x00E1;fica discursiva, y la <italic>prueba del nueve</italic> es reconvertirlos en columnas versales, mientras que el caso contrario no funciona. He llevado a cabo el experimento con varios p&#x00E1;rrafos y poemas de distinta cronolog&#x00ED;a umbraliana, e invariablemente, los resultados son similares. Basten dos expresivos ejemplos, el primero construido en alejandrinos, vector de este comentario: </p>

						<p>1 a Original en prosa (mancha continua): </p>

						<p>Ah t&#x00FA;, la vieja amante, cu&#x00E1;nto cobre mentido en tu cuerpo desnudo, qu&#x00E9; viejas cicatrices, como de cimitarra, te ha deparado el tiempo, tatuando tu hermosura. Ah tus ojos peque&#x00F1;os, tus peque&#x00F1;as mentiras, tu peque&#x00F1;a vileza, que asoma entre tus dientes, ese sapo en tu cuello (Umbral, <xref ref-type="bibr" rid="CIT12">2001</xref>, p. 182)  </p>

						<p>1 b Desglose versal:  </p>

						<p>Ah t&#x00FA;, la vieja amante, cu&#x00E1;nto cobre mentido  </p>

						<p>en tu cuerpo desnudo, qu&#x00E9; viejas cicatrices,  </p>

						<p>como de cimitarra, te ha deparado el tiempo,  </p>

						<p>tatuando tu hermosura. Ah tus ojos peque&#x00F1;os,  </p>

						<p>tus peque&#x00F1;as mentiras, tu peque&#x00F1;a vileza,  </p>

						<p>que asoma entre tus dientes, ese sapo en tu cuello </p>

						<p>En el segundo caso se da la situaci&#x00F3;n contraria desde el “verso”, sin contenidos m&#x00E9;tricos:  </p>

						<p>2 a Original en l&#x00ED;neas versales:  </p>

						<p>Cuando noviembre, quiz&#x00E1; diciembre, yerra por </p>

						<p>nuestra vida como un &#x00E1;ngel custodio de marengo y de  </p>

						<p>tos, la luz mayor, la luz luminosa, la luz que necesita  </p>

						<p>uno para seguir viendo algo cuando ya no mira nada,  </p>

						<p>resulta que no nos la da el sol ni el flash insistente,  </p>

						<p>repetido, simult&#x00E1;neo, plural, de la actualidad en torno  </p>

						<p>del que soy/no soy, sino que esa luz puede pasar  </p>

						<p>moment&#x00E1;nea, en el pelo de una muchacha, o vivir fija  </p>

						<p>en el amarillo de una puerta. (Umbral, <xref ref-type="bibr" rid="CIT14">2009</xref>, p. 116)  </p>

						<p>2 b Reelaboraci&#x00F3;n en prosa: </p>

						<p>Cuando noviembre, quiz&#x00E1; diciembre, yerra por nuestra vida como un &#x00E1;ngel custodio de marengo y de tos, la luz mayor, la luz luminosa, la luz que necesita uno para seguir viendo algo cuando ya no mira nada, resulta que no nos la da el sol ni el flash insistente, repetido, simult&#x00E1;neo, plural, de la actualidad en torno del que soy/no soy, sino que esa luz puede pasar moment&#x00E1;nea, en el pelo de una muchacha, o vivir fija en el amarillo de una puerta.</p>

			<p>Las diferencias saltan a la vista. <italic>La vista</italic>, ese es el punto de inflexi&#x00F3;n. Incluso si se hace la prueba de lectura en voz alta, la disposici&#x00F3;n discursiva del lector es completamente distinta ante la percepci&#x00F3;n m&#x00E9;trica si la hay, como distinta es la actitud ante un final de l&#x00ED;nea, aunque tenga un gui&#x00F3;n de separaci&#x00F3;n de palabra o un final de <italic>l&#x00ED;nea de verso</italic>. En el discurso umbraliano, es como si a niveles internos, el escritor se viese intimidado por la plasmaci&#x00F3;n gr&#x00E1;fica, como si las caracter&#x00ED;sticas de la p&#x00E1;gina supusieran para &#x00E9;l un h&#x00E1;ndicap bloqueador. Vemos que en 1 a, el discurrir continuo de la prosa en ning&#x00FA;n momento evita la sensaci&#x00F3;n m&#x00E9;trica, no solo de las catorce s&#x00ED;labas, sino de la fuerte cesura del hemistiquio hept&#x00E1;metro, est&#x00E9; o no separado por comas. Eso nos permite la licencia de 1 b, que al trasladarse a l&#x00ED;neas versales no pierde un &#x00E1;pice de calidad literaria; por el contrario, 2 a, a pesar de la evidente construcci&#x00F3;n en encabalgamientos, pierde belleza l&#x00E9;xica y no gana ambiente l&#x00ED;rico, por no mencionar la anarqu&#x00ED;a r&#x00ED;tmica, mientras que al leerlo continuo, en 2 b, no solo se manifiesta un alto grado de lirismo sino que se realzan los valores literarios. De manera que, en el primer ejemplo (y hay centenares en Umbral) el ritmo fluye c&#x00F3;modo, proporcionado, y por eso es perfectamente veros&#x00ED;mil convertirlo en l&#x00ED;neas versales; en el segundo caso, al compactar en prosa el <italic>pseudo</italic>poema se recupera la “marca Umbral” sin fisuras, mientras que tal como &#x00E9;l lo concibe, en l&#x00ED;neas versales, <italic>no funciona</italic>, no hay ritmo ni cadencia aplicables al verso... <italic>porque es prosa</italic>. Resulta por eso sumamente interesante esa impronta referida a <italic>la mancha</italic>,<italic> </italic>puesto que el autor, cuya prosa es catalogada por tantos como l&#x00ED;rica en alto grado, desbarra sistem&#x00E1;ticamente cuando se trata de pretendidas columnas versales. Lo que en texto continuo le funciona, se estrella en cuanto lo convierte en l&#x00ED;nea versal. Y no es que no lo intente, porque no faltan pruebas de ingenio de factura barroca, como cuando construye un poema <italic>al derecho</italic> para repetirlo como mancha tipogr&#x00E1;fica de prosa <italic>al rev&#x00E9;s</italic>, es decir, con las mismas frases pero en orden inverso y seguidas: </p>

							<p>	(al derecho) </p>

						<p>El Rojito ha venido, ahilado de hospitales, </p>

						<p>mi animal adorable ya orina en su rinc&#x00F3;n. </p>

						<p>El Rojito ha venido como una hebra de gato,  </p>

						<p>como un gato magenta de las tintorer&#x00ED;as. [...] </p>
						
						<p><italic>(al rev&#x00E9;s) </italic></p>
						
						<p>[...] Como un gato magenta de las tintorer&#x00ED;as, el Rojito ha venido como una hebra de gato., mi animal adorable ya orina en su rinc&#x00F3;n, el Rojito ha venido, ahilado de hospitales (Umbral, <xref ref-type="bibr" rid="CIT13">2008</xref>, pp. 86-87).</p>

			<p>Hasta experimenta con un sistema dis&#x00E9;mico a lo largo de diez p&#x00E1;ginas, consistente en un solo verso por p&#x00E1;gina, en una primera l&#x00ED;nea aislada, con el resto de la p&#x00E1;gina en blanco. As&#x00ED;, ¿verso o viuda<xref ref-type="fn" rid="NOTE04">4</xref>? porque <italic>Carta a mi mujer</italic> presupone un convencimiento del autor acerca de que Espa&#x00F1;a Su&#x00E1;rez le sobrevivir&#x00ED;a, y Umbral, buen conocedor de los Barrocos, como acabo de se&#x00F1;alar, conoc&#x00ED;a perfectamente estos alardes de agudeza que permiten polisemias sem&#x00E1;nticas (D&#x00ED;ez Borque, <xref ref-type="bibr" rid="CIT05">1993</xref>).</p>

			<p>No sucede lo mismo con los recursos mec&#x00E1;nicos. El autor, fuertemente enraizado en su/sus m&#x00E1;quinas de escribir, a las que alude constantemente, a partir de aquella primera Olivetti, jam&#x00E1;s se enfrent&#x00F3; al ordenador, y por tanto no pudo hacer ensayos con el juego propio de un programa de edici&#x00F3;n de textos que le hubiera permitido r&#x00E1;pidamente variantes como el centrado, la variaci&#x00F3;n de m&#x00E1;rgenes o los formatos experimentales: </p>

						<p>La m&#x00E1;quina me hizo prosista, aquella vieja Underwood [...]. Aqu&#x00ED; se confirma una vez m&#x00E1;s la teor&#x00ED;a vagamente marxista o materialista de que las condiciones exteriores, objetivas, determinan incluso el arte de un tiempo (Umbral, <xref ref-type="bibr" rid="CIT10">1996</xref>, p. 136). </p>

			<p>Cinco a&#x00F1;os despu&#x00E9;s de este ejemplo, se reafirmar&#x00E1; en la idea, en un cap&#x00ED;tulo completo de <italic>Un ser de lejan&#x00ED;as</italic> (Umbral, <xref ref-type="bibr" rid="CIT12">2001</xref>, pp. 60-61). El h&#x00E1;bito hace al monje. Y al servicio de esas premisas, al bucear en la ingente obra de este poeta deslucido, dos ritmos versales se destacan reiteradamente, m&#x00E1;s all&#x00E1; de &#x00E9;pocas y estilos: la frase endecas&#x00ED;laba, la cl&#x00E1;usula alejandrina. Esta, sobre todo. Y lo primero que llama la atenci&#x00F3;n en alguien que se supone vanguardista y que, adem&#x00E1;s, reniega de patrones -dice-, es la inmersi&#x00F3;n en una f&#x00F3;rmula tan lejana en el tiempo, tan descaradamente medieval, como ya se&#x00F1;alaba al inicio de este trabajo. Es cierto que los poetas de la Vanguardia rescataron, actualiz&#x00E1;ndolos, el soneto como g&#x00E9;nero y los c&#x00F3;mputos tetradecas&#x00ED;labos como ritmo versal. Pues bien, es en este &#x00FA;ltimo caso donde el autor consigue, no solo notables hallazgos, sino frecuencia de uso, porque raro es el texto umbraliano donde no aparecen ejemplos de este recuento. Y no se trata tan solo del, aunque usual, caso aislado, dentro de un p&#x00E1;rrafo, sino del empleo sistem&#x00E1;tico del recurso al servicio de fragmentos enteros. En el caso de Umbral, uno de los lugares m&#x00E1;s apropiados para este procedimiento viene representado por la columna period&#x00ED;stica o similares. Alrededor de setecientas / ochocientas palabras, lo que arrojar&#x00ED;a una media de 110 a 130 cl&#x00E1;usulas, cada una de ellas susceptible de convertirse en una l&#x00ED;nea versal. O a&#x00FA;n mejor, algunos fragmentos de sus <italic>Diarios</italic> &#x00ED;ntimos, en los que me voy a detener, dejando para mejor ocasi&#x00F3;n el mundo de la <italic>cuaderna v&#x00ED;a</italic> period&#x00ED;stica. Lo cierto es que el escritor empieza muy pronto a utilizar este recurso del alejandrino blanco continuo, pero seg&#x00FA;n pasan los a&#x00F1;os, el sistema gana en eficacia y sensaci&#x00F3;n de espontaneidad. Parece “salirle solo”, como suele ocurrir cuando, tras dos horas de representaci&#x00F3;n de una obra de Lope de Vega, muchos de los asistentes salen del teatro hablando en redondillas. El uso del alejandrino, dentro de la prosa, se hace m&#x00E1;s frecuente en la &#x00FA;ltima d&#x00E9;cada de vida del autor, coincidiendo con dos motivos. Por una parte, el incremento de su producci&#x00F3;n literaria en formato de <italic>Diario</italic>, que, a su vez, desemboca en el segundo motivo, que no es otro que la sucesiva mayor altura literaria de su discurso: “Un director de peri&#x00F3;dico, a mis cuarenta y tantos a&#x00F1;os, me dijo que yo estaba «muertecito». Pero en los veinte a&#x00F1;os siguientes el muertecito ha escrito sus mejores cosas” (Umbral, <xref ref-type="bibr" rid="CIT12">2001</xref>, p. 198). </p>

			<p>As&#x00ED; que en los siguientes p&#x00E1;rrafos me referir&#x00E9; a la franja de 1999 a 2001<xref ref-type="fn" rid="NOTE05">5</xref>, ya en los &#x00FA;ltimos a&#x00F1;os de Francisco Umbral, cuando sus “cantos del cisne” se hacen m&#x00E1;s expl&#x00ED;citos: “Este largo libro es un moj&#x00F3;n que pongo entre la muerte y yo”, dice el 11 de noviembre de 1997 (Umbral, <xref ref-type="bibr" rid="CIT11">1999</xref>, p. 86).</p>

			<p>Comenzando por el libro m&#x00E1;s intimista que inaugura su &#x00FA;ltima d&#x00E9;cada, el <italic>Diario pol&#x00ED;tico y sentimental</italic>, la frecuencia de la cl&#x00E1;usula alejandrina se manifiesta en primer lugar, por el uso aislado, dentro del p&#x00E1;rrafo, pero cuya intenci&#x00F3;n es focalizadora de contenidos densos o de vectores de s&#x00ED; mismo. En el &#x00FA;ltimo p&#x00E1;rrafo correspondiente al 29 de septiembre de 1997 (al comienzo del libro), reniega del pasado y del futuro para afirmar que “s&#x00F3;lo somos presente” pero inmediatamente, ese aparente rechazo a lo que fue queda refutado con un &#x00FA;nico alejandrino: “y los viejos maestros a los que siempre vuelvo” (Umbral, <xref ref-type="bibr" rid="CIT11">1999</xref>, p. 22). Este sistema de verso aislado lo emplea varias veces, muchas de ellas, precisamente en el &#x00FA;ltimo p&#x00E1;rrafo de la anotaci&#x00F3;n diaria, y siempre es un contraste entre el contexto, como al describir algunos recuerdos materiales del d&#x00ED;a (personas, lugares), rompiendo la praxis del discurso con una pincelada po&#x00E9;tica, solo una: “hay un &#x00E1;ngel de an&#x00ED;s en el cielo festivo” (Umbral, <xref ref-type="bibr" rid="CIT11">1999</xref>, p. 55). De nuevo en un &#x00FA;ltimo p&#x00E1;rrafo, tras la constataci&#x00F3;n de la gravedad de Carmen D&#x00ED;ez de Rivera y el retrato descorazonador de su aspecto, es capaz de ensamblar un alejandrino con las mismas caracter&#x00ED;sticas, pero con el impacto que supone la fuerza r&#x00ED;tmica del verso: “ojos de metal fr&#x00ED;o y un azul nada l&#x00ED;rico” (Umbral, <xref ref-type="bibr" rid="CIT11">1999</xref>, p. 69). Todav&#x00ED;a con el mismo tema, y realzando la crueldad de la situaci&#x00F3;n, dice tambi&#x00E9;n de Carmen: “amazona del mar, mujer de un solo pecho” (Umbral, <xref ref-type="bibr" rid="CIT11">1999</xref>, p. 295), y seguimos encontr&#x00E1;ndolo en un &#x00FA;ltimo p&#x00E1;rrafo. </p>

			<p>El 14 de diciembre de 1987 (de nuevo al final), hablando con cierto despego de la Transici&#x00F3;n en general y de Adolfo Su&#x00E1;rez en particular, rompe el tono al decir que el expresidente genera a&#x00FA;n “el respeto po&#x00E9;tico de un Doncel de Sig&#x00FC;enza” (Umbral, <xref ref-type="bibr" rid="CIT11">1999</xref>, p. 88). Y siguiendo esta l&#x00ED;nea, el 21 de diciembre de 1997 el alejandrino no solo aparece en el &#x00FA;ltimo p&#x00E1;rrafo sino que lo cierra, en oposici&#x00F3;n a una “prosa” -el autor es expl&#x00ED;cito en este sentido-: “trenzada de las flores oscuras de diciembre”(Umbral, <xref ref-type="bibr" rid="CIT11">1999</xref>, p. 143). </p>

			<p>El texto correspondiente a una anotaci&#x00F3;n diaria puede estar construido en c&#x00F3;mputos versales en su totalidad. El viernes 3 de octubre de 1997 escribe este fragmento, en mancha continua, que, m&#x00E9;tricamente, resulta esclarecedor. Los versos los presento aislados, indicando el n&#x00FA;mero de s&#x00ED;labas, destacando en negrita los de catorce. El protagonismo de los alejandrinos se hace evidente, pero debe se&#x00F1;alarse el hecho de que hay tres endecas&#x00ED;labos<xref ref-type="fn" rid="NOTE06">6</xref> y <italic>un pentadecas&#x00ED;labo</italic> que rompe el ritmo, como si quisiera con ello destacar ese aserto, ese “s&#x00ED;” incrustado para reafirmar el primer verso<xref ref-type="fn" rid="NOTE07">7</xref>: </p>

						<p>El sexo tiene d&#x00ED;as de cuchillo,		      11 </p>

						<p>de violar a una virgen con un sable,	      11 </p>

						<p>de beber las entra&#x00F1;as a una mujer morena,        14 </p>

						<p>de montar a una madre mientras reza a su hijo.   14 </p>

						<p>Hay d&#x00ED;as de cuchillo, una espada de sangre,      14 </p>

						<p>el falo es asesino, quiere dejar un rastro	       14 </p>

						<p>de mujeres tronzadas como muebles o muertos. 14 </p>

						<p>El sexo s&#x00ED; tiene d&#x00ED;as o noches de cuchillo,	       15 </p>

						<p>siempre el mejor amante es un criminal lento,  14 </p>

						<p>hay que brutalizar un desnudo de Ingres	       14 </p>

						<p>y lavarse las manos pulcramente		       11 </p>

						<p>o pedir un gin-tonic pronunciando bifiter.	       14 </p>

						<p>	(Umbral, <xref ref-type="bibr" rid="CIT11">1999</xref>, p. 30) </p>

			<p>El viernes seis de marzo de 1998 escribe en el <italic>Diario</italic> uno de los p&#x00E1;rrafos m&#x00E1;s largos (dos p&#x00E1;ginas enteras), pr&#x00E1;cticamente completo en alejandrinos continuos, excepto dos o tres rupturas r&#x00ED;tmicas. Se trata de un paneg&#x00ED;rico a Loyola de Palacio, ministra de Agricultura, Pesca y Alimentaci&#x00F3;n en el primer Gobierno de Jos&#x00E9; Mar&#x00ED;a Aznar (Cejudo Garc&#x00ED;a y Maroto Marcos, <xref ref-type="bibr" rid="CIT02">1999</xref>). Pero ahora estamos ante otro trazado, porque en este fragmento la cuesti&#x00F3;n no es cu&#x00E1;ndo usa el alejandrino sino cu&#x00E1;ndo <italic>no</italic> lo usa.</p>

			<p>Se inicia el cap&#x00ED;tulo con versos de alabanza que camina hacia la simbiosis mujer (Loyola) / producto de la naturaleza (aceite). Las caracter&#x00ED;sticas de la primera -virginidad, lucha- se entremezclan con el segundo -pureza, suavidad-. El vocativo, dos veces reiterado -”Ah”-, que no deja de parecer forzado en aras del c&#x00F3;mputo sil&#x00E1;bico, es un recurso frecuente en este tipo de p&#x00E1;rrafos umbralianos:  </p>

						<p>Ah ni&#x00F1;a del aceite, Loyola del Olivo,  </p>

						<p>ah el puro aceite virgen y la virgen ministra,  </p>

						<p>se encontraron un d&#x00ED;a estas virginidades,  </p>

						<p>Eva blanca y ad&#x00E1;nica, clara serpiente verde,  </p>

						<p>y hoy Loyola se unge, se empe&#x00F1;a en una lucha,  </p>

						<p>salvemos el aceite, salvemos los olivos,  </p>

						<p>sangre verde de Espa&#x00F1;a, herida y andaluza. </p>

						<p>	(Umbral, <xref ref-type="bibr" rid="CIT11">1999</xref>, p. 217) </p>

			<p>Sigue el siguiente p&#x00E1;rrafo con siete alejandrinos, desglosando alabanzas en construcci&#x00F3;n de zeugmas, y aparece la primera ruptura sil&#x00E1;bica al incrustar unos versos de Machado, seguidos de un breve comentario am&#x00E9;trico, para recuperar el c&#x00F3;mputo tetradecasil&#x00E1;bico en seis versos. Viene despu&#x00E9;s otro p&#x00E1;rrafo m&#x00E1;s corto que mantiene el c&#x00F3;mputo excepto en la &#x00FA;ltima frase:  </p>

						<p>Todas las cuentas cambian, tambi&#x00E9;n las de Bruselas, </p>

						<p>pero ese viejo olivo, guerrero bajo el sol, </p>

						<p>pero ese torso viejo, barroco y tan ibero,  </p>

						<p>debemos defenderlo, dejar que se defienda  </p>

						<p>debemos salvarlo de los hombres del agio. [13 s&#x00ED;labas]  </p>

						<p>	(Umbral, <xref ref-type="bibr" rid="CIT11">1999</xref>, p. 218) </p>

			<p>En los dos &#x00FA;ltimos p&#x00E1;rrafos, solo rompe una vez el ritmo en cada uno, para terminar la anotaci&#x00F3;n recogiendo la idea del inicio, incluidas las recurrencias al Para&#x00ED;so terrenal y a la serpiente, con lo que el conjunto se cierra sobre s&#x00ED; mismo: </p>

						<p>Avanza el bosque verde con filos de resoles, </p>

						<p>el sol es arsenal de lancer&#x00ED;a,	[11 s&#x00ED;labas] </p>

						<p>ni el socialista quiere ni mi Loyola quiere  </p>

						<p>que se lleven Espa&#x00F1;a arrancando los mapas.</p>

						<p>Avanza el bosque verde, como el bosque de Shakespeare,  </p>

						<p>hacia el mal enemigo, hacia el negro contable  </p>

						<p>que les habla a las hojas con acento extranjero,  </p>

						<p>que morir&#x00E1; de bala de aceituna suav&#x00ED;sima.</p>

						<p>Loyola y la serpiente, estampario pagano,  </p>

						<p>Loyola y el aceite, rebeli&#x00F3;n de los campos.</p>

						<p>Pan y aceite es Espa&#x00F1;a y una virgen violenta.</p>

						<p>	(Umbral, <xref ref-type="bibr" rid="CIT11">1999</xref>, p. 219) </p>

			<p>A prop&#x00F3;sito de este <italic>Diario pol&#x00ED;tico y sentimental</italic>, un &#x00FA;ltimo detalle: en la anotaci&#x00F3;n correspondiente al 28 de diciembre de 1997, se encuentra, a mi juicio, el trozo m&#x00E1;s l&#x00ED;rico de toda la obra, sin embargo, salvo dos o tres heptas&#x00ED;labos, todo lo dem&#x00E1;s es... en rigurosa prosa (Umbral, <xref ref-type="bibr" rid="CIT11">1999</xref>, pp. 150-151).</p>

			<p>Aunque &#x00E9;l niega la mayor “esto que hago ahora no es una continuaci&#x00F3;n del <italic>Diario</italic>” (Umbral, <xref ref-type="bibr" rid="CIT12">2001</xref>, p. 93), el referente heideggeriano <italic>Un ser de lejan&#x00ED;as</italic> es un evidente paralelo, solo que sin encabezamientos ni fechas marcadas en los par&#x00E1;grafos, siendo la &#x00FA;nica marca de corte el espacio en blanco de inicios y finales<xref ref-type="fn" rid="NOTE08">8</xref>. Se trata de un libro varias veces anunciado (incluso tres veces en un mismo d&#x00ED;a), concretamente, en la anotaci&#x00F3;n del <italic>Diario</italic> que acabo de mencionar. El Umbral decadente, agonizante, moribundo, se intensifica en este otro <italic>canto del cisne</italic>, posiblemente su mejor prosa de los &#x00FA;ltimos a&#x00F1;os. Todos los ejemplos que siguen pertenecen a esta obra. Como en el caso precedente, los alejandrinos sueltos menudean: </p>

						<p>me morir&#x00E9; en presente, con este viento alto (Umbral, <xref ref-type="bibr" rid="CIT12">2001</xref>, p. 7)  </p>

						<p>-el destino no existe pero siempre es ir&#x00F3;nico- 	(Umbral, <xref ref-type="bibr" rid="CIT12">2001</xref>, p. 13) </p>

						<p>el espanto vac&#x00ED;o de los d&#x00ED;as festivos (Umbral, <xref ref-type="bibr" rid="CIT12">2001</xref>, p. 114) </p>

						<p>HAN venido a mi casa dos palomas de barro 	(Umbral, <xref ref-type="bibr" rid="CIT12">2001</xref>, p. 157) </p>

						<p>TODO lo que yo toco tiene un resol de muerte (Umbral, <xref ref-type="bibr" rid="CIT12">2001</xref>, p. 192) </p>

						<p>posteridad an&#x00F3;nima de mi vencido cuerpo (Umbral, <xref ref-type="bibr" rid="CIT12">2001</xref>, p. 206) </p>

						<p>Qu&#x00E9; gran rey solitario, anterior a los griegos (Umbral, <xref ref-type="bibr" rid="CIT12">2001</xref>, p. 172) </p>

						<p>Qu&#x00E9; tranquilo en lo eterno, qu&#x00E9; fugaces los hombres (Umbral, <xref ref-type="bibr" rid="CIT12">2001</xref>, p. 172). </p>

			<p>Tambi&#x00E9;n pueden ir consecutivos, de dos en dos<xref ref-type="fn" rid="NOTE09">9</xref>: </p>

						<p>EL velamen de octubre me golpea en el pecho. </p>

						<p>Una ciudad nublada se rehace a la deriva. </p>

						<p>	(Umbral, <xref ref-type="bibr" rid="CIT12">2001</xref>, p. 16) </p>

						<p>Hay un joven jud&#x00ED;o, competidor y amable, </p>

						<p>que me recuerda textos de “antijuda&#x00ED;smo”. </p>

						<p>	(Umbral, <xref ref-type="bibr" rid="CIT12">2001</xref>, p. 151) </p>

			<p>O de tres en tres: </p>

						<p>yace la mariposa de mi mirada miope, </p>

						<p>descompuesta en colores, met&#x00E1;foras o f&#x00F3;rmulas.</p>

						<p>La verdad de las cosas, tan sencilla y sangrienta. </p>

						<p>	(Umbral, <xref ref-type="bibr" rid="CIT12">2001</xref>, p. 13) </p>

			<p>A veces, los alejandrinos son un anclaje para el texto que sigue, y luego se van abandonando; arrancan con vigor, para perderse a los tres o cuatro versos y recuperarse al final. O bien, caminan entretejidos por entre la prosa del fragmento: </p>

						<p>HOJA de parra, oto&#x00F1;o, candela de domingo, </p>

						<p>mi luz mientras escribo, hoja de bronce p&#x00E1;lido [...] </p>

						<p>Afuera est&#x00E1; el caudal de un domingo que pasa [...] </p>

						<p>Salgo a respirar d&#x00ED;a, invierno venidero [...] </p>

						<p>Ah miles de domingos, cuchillo del recuerdo. </p>

						<p>	(Umbral, <xref ref-type="bibr" rid="CIT12">2001</xref>, p. 26) </p>

			<p>Luego vienen, claro, los cap&#x00ED;tulos enteros -o casi-, en los que si se rompe el ritmo una o dos veces, se percibe la intenci&#x00F3;n de esa ruptura como realce del contenido, como sucede en “SU voz en el tel&#x00E9;fono”. O a medida que el contenido se endurece de quejas, rencores, resentimientos; o en los fragmentos anaf&#x00F3;ricos cuyo motivo reiterado es “Lanza tu coche rojo”: </p>

						<p>LANZA tu coche rojo y estr&#x00E9;llalo en el viento, </p>

						<p>muramos en la llama verde de los crep&#x00FA;sculos, </p>

						<p>ll&#x00E9;vame hasta el final clamoroso del d&#x00ED;a </p>

						<p>y nuestras dobles vidas, nuestras dos juventudes, </p>

						<p>que reflorezcan lejos de nuestra biograf&#x00ED;a. [...] </p>

						<p>Lanza tu coche rojo y estr&#x00E9;llalo en el tiempo [...] </p>

						<p>acabemos de golpe con la farsa brillante </p>

						<p>de estar vivos por siempre en los saraos de sangre. </p>

						<p>	(Umbral, <xref ref-type="bibr" rid="CIT12">2001</xref>, p. 155) </p>

			<p>O en “Ah, t&#x00FA;, la vieja amante”:  </p>

						<p>AH T&#x00DA;, la vieja amante, hoy dispersa en culebras,  </p>

						<p>el tiempo ha hecho una m&#x00E1;scara sobre tu rostro ofidio,  </p>

						<p>cae una sombra mala sobre tu risa falsa,  </p>

						<p>reinas en las palabras como en tu gusanera,  </p>

						<p>las palabras que salen de tu boca no llegan [...] </p>

						<p>eres un gran silencio que profiere lenguajes.</p>

						<p>Ah t&#x00FA;, la vieja amante, cu&#x00E1;nto cobre mentido  </p>

						<p>en tu cuerpo desnudo, qu&#x00E9; viejas cicatrices,  </p>

						<p>como de cimitarra, te ha deparado el tiempo,  </p>

						<p>tatuando tu hermosura. Ah tus ojos peque&#x00F1;os,  </p>

						<p>tus peque&#x00F1;as mentiras, tu peque&#x00F1;a vileza,  </p>

						<p>que asoma entre tus dientes, ese sapo en tu cuello, [...] </p>

						<p>Ah la maldad est&#x00FA;pida, la que no vale nada, [...] </p>

						<p>y el tiempo no te ha dado grandeza ni destino, [...] </p>

						<p>Te depuran los a&#x00F1;os, afilan tus pu&#x00F1;ales,  </p>

						<p>pero nada has cambiado, mujer de boca dura. </p>

						<p>	(Umbral, <xref ref-type="bibr" rid="CIT12">2001</xref>, p. 182) </p>

			<p>Y el fragmento termina con una serie de frases fuera de ritmo, solo interrumpidas con un &#x00FA;nico verso: “toda la vieja sangre bordada entre tus pechos” (Umbral, <xref ref-type="bibr" rid="CIT12">2001</xref>, 182). Este motivo de la sangre se reiterar&#x00E1; en varias zonas del libro:  </p>

						<p>LA interrumpida sangre, la sangre de mi sangre [...] </p>

						<p>la sangre de la herida, la sangre gratuita </p>

						<p>con su infantil violencia, cervatillo encarnado </p>

						<p>que brinca por mi vida, gracia fluvial, violenta, </p>

						<p>de la observada sangre, de la olvidada sangre, </p>

						<p>la solitaria sangre que viaja mi cerebro [...] </p>

						<p>alambrada de sangre que protege mi vida. </p>

						<p>	(Umbral, <xref ref-type="bibr" rid="CIT12">2001</xref>, pp. 117-118) </p>

			<p>Porque el concepto de anatom&#x00ED;a decadente es constante a lo largo de todo el texto, reforzando el concepto-vector de “Ser de lejan&#x00ED;as”: </p>

						<p>Ah el amor cadav&#x00E9;rico del adulterio p&#x00F3;stumo, </p>

						<p>sonantes esqueletos que a&#x00FA;n dan alegre m&#x00FA;sica, </p>

						<p>as&#x00ED; pasan mis tardes, nuestras fugaces tardes [...] </p>

						<p>		(rompe el ritmo y sigue) </p>

						<p>la veo c&#x00F3;mo se aleja, desnuda entre la gente, </p>

						<p>con la cabeza baja, moren&#x00ED;a que amo,  </p>

						<p>y su rev&#x00E9;s esbelto, ah sus fluyentes piernas, </p>

						<p>vibrante todav&#x00ED;a de los &#x00FA;ltimos besos, </p>

						<p>pero otra vez trist&#x00ED;sima, falsa ni&#x00F1;a asustada, </p>

						<p>ante la inmensa sombra que la ciudad proyecta, </p>

						<p>sombra que hacia ella avanza, adem&#x00E1;n del destino  </p>

						<p>		(rompe el ritmo y sigue) </p>

						<p>en amores perdidos,  deshojada en palabras. </p>

						<p>	(Umbral, <xref ref-type="bibr" rid="CIT12">2001</xref>, p. 141) </p>

			<p>Un &#x00FA;ltimo caso, el cap&#x00ED;tulo completo en alejandrinos, solo sesgado por tres brev&#x00ED;simas interrupciones: </p>

						<p>ESE tropel de carne que pasa por tu cuerpo  </p>

						<p>		(rompe el ritmo y sigue) </p>

						<p>primavera del sexo, violencia de tu edad, </p>

						<p>qu&#x00E9; juventud perfuma tu profunda vagina. </p>

						<p>Tu cabeza francesa, tu mirada sonr&#x00ED;e  </p>

						<p>		(rompe el ritmo y sigue) </p>

						<p>ah ni&#x00F1;a de Versalles celebrando los cuerpos. </p>

						<p>Pisando pe&#x00F1;ascales, ah la Fuente del Berro,  </p>

						<p>he llegado a tu lecho, barroco, almidonado </p>

						<p>que se deshace tenue, ya como un cuerpo &#x00E9;l mismo.</p>

						<p>	(rompe el ritmo y sigue hasta el final...) </p>

						<p>Por qu&#x00E9; viniste entonces y regresas ahora, </p>

						<p>por qu&#x00E9; la edad me trajo, como una fiesta a solas, </p>

						<p>tu desnudo de sangre, la avidez de tu boca. </p>

						<p>Mas no es tu religi&#x00F3;n lo que canta este libro,  </p>

						<p>sino la hora pen&#x00FA;ltima, campanas de tu barrio,  </p>

						<p>en que fornico y canto como un general ebrio,  </p>

						<p>sabiendo ya muy cerca el tiempo de los muertos,  </p>

						<p>la oto&#x00F1;ada que espera en mi alto cementerio.</p>

						<p>Por qu&#x00E9; la vida, digo, tan cerca de la muerte,  </p>

						<p>y un pu&#x00F1;ado de rosas, tomado de tu cuerpo,  </p>

						<p>sonando en los maitines de mi cansada vida.</p>

						<p>Est&#x00E1;s lejos ahora, tu voz entre los mares,  </p>

						<p>pero eso ya no vale, la vuelta como farsa,  </p>

						<p>quiero decir tan s&#x00F3;lo, mientras sangro despacio,  </p>

						<p>que fuiste el &#x00E1;ngel malo, el dios hembra de vino  </p>

						<p>que cultiv&#x00F3; mi vida cuando ya s&#x00F3;lo un d&#x00F3;lar  </p>

						<p>	(deja el verso final en la mitad, con un heptas&#x00ED;labo) </p>

						<p>me quedaba en el pecho. </p>

						<p>	(Umbral, <xref ref-type="bibr" rid="CIT12">2001</xref>, pp. 149-150) </p>

			<p>No puedo terminar este trabajo sin detenerme brevemente en los versos de Umbral <italic>sensu stricto</italic>, lo que &#x00E9;l (ya lo se&#x00F1;al&#x00E9;) denominaba “prosas l&#x00ED;ricas” en 1981, y que su editor Miguel Garc&#x00ED;a Posada titula <italic>Obra po&#x00E9;tica (1981-2001)</italic>. Tras lo que antecede, esta publicaci&#x00F3;n p&#x00F3;stuma es quiz&#x00E1; la prueba m&#x00E1;s evidente de que Umbral como poeta baja muchos pelda&#x00F1;os en comparaci&#x00F3;n a la luminosidad de su prosa, por m&#x00E1;s que esta claudique al ritmo y a la m&#x00E9;trica con la frecuencia que acabamos de ver. Sin embargo, lo que puede salvar el libro son, precisamente, esa especie de poemas en prosa, muy abundantes, que presentan dos modelos: la mancha continua -m&#x00E1;s o menos- o la l&#x00ED;nea versal.</p>

			<p>En el primer caso, hay una diferencia con los <italic>Diarios</italic> consistente en que los fragmentos no m&#x00E9;tricos son alineados a la izquierda, algo familiar para quienes utilizan ordenador, pero a&#x00FA;n m&#x00E1;s para las viejas m&#x00E1;quinas de escribir, que no tienen la posibilidad de la mancha justificada. La mayor&#x00ED;a de estos casos es pura prosa, pura y bell&#x00ED;sima prosa, <italic>pero prosa</italic>. Hasta tal punto, que hay nueve “apartados”, sin t&#x00ED;tulo, que cabr&#x00ED;an perfectamente insertados en su <italic>Mortal y rosa</italic>. El mismo estilo, el mismo contenido. Incluyo el &#x00FA;ltimo, brev&#x00ED;simo, respetando el formato: </p>

						<p>S&#x00F3;lo he vivido cinco a&#x00F1;os de mi vida. Los cinco a&#x00F1;os </p>

						<p>que vivi&#x00F3; mi hijo. Antes y despu&#x00E9;s, todo ha sido caos y </p>

						<p>crueldad (Umbral, <xref ref-type="bibr" rid="CIT14">2009</xref>, p. 63). </p>

			<p>Sin embargo, a la hora de utilizar el c&#x00F3;mputo correspondiente al alejandrino, Umbral ofrece dos variantes: la l&#x00ED;nea a l&#x00ED;nea, manteniendo las catorce s&#x00ED;labas en cada verso: </p>

						<p>Pega, muchacha, pega, con tu melena l&#x00E1;tigo, </p>

						<p>azota la tristeza sobre mis atrios fr&#x00ED;os, </p>

						<p>desp&#x00F3;jame de historia, repite el vuelo lento </p>

						<p>de tu melena negra, p&#x00E1;jaro tan tupido, </p>

						<p>que como un ala sola, muy cargada de sexo, </p>

						<p>pasa sobre los cuerpos cad&#x00E1;ver de domingo.</p>

						<p>	(Umbral, <xref ref-type="bibr" rid="CIT14">2009</xref>, p. 34)  </p>

			<p>U otra variante consistente en el alejandrino continuo (que hemos visto en los dos libros ya comentados), pero en estos la mancha estaba justificada, y en la <italic>Obra po&#x00E9;tica</italic> aparecen, como acabo de mencionar para las prosas, alineados a la izquierda, con lo que se da la paradoja de l&#x00ED;neas versales arbitrarias al servicio de alejandrinos rigurosos, que pueden ser blancos: </p>

						<p>Hoy que la lluvia me abre l&#x00FA;gubre sus salones, cuando </p>

						<p>el silencio sube negro hasta las palabras, hoy que la  </p>

						<p>muerte toma forma casi apacible, quiero evocar con </p>

						<p>humo, como se le habla al fuego, esa voz tan dolida, </p>

						<p>esos perennes ojos (Umbral, <xref ref-type="bibr" rid="CIT14">2009</xref>, p. 133). </p>

			<p>O con rima asonante:  </p>

						<p>Calle de tantos astros, rinconada del tiempo, la </p>

						<p>dimensi&#x00F3;n del mundo me la daba un vencejo. Oro de </p>

						<p>las ma&#x00F1;anas empobreciendo el cielo, soles de cada </p>

						<p>tarde en un ladrillo eterno, de los pa&#x00ED;ses del alba ven&#x00ED;an </p>

						<p>los buhoneros y en sus pregones altos flotaba un  </p>

						<p>hombre muerto (Umbral, <xref ref-type="bibr" rid="CIT14">2009</xref>, p. 66). </p>

			<p>Hay un total de veinte composiciones alejandrinas en la primera parte del libro, <italic>Cr&#x00ED;menes y baladas (1981)</italic>, mientras que en la segunda parte, <italic>Poemas (2000-2001),</italic> al margen de algunos escasos tetradecas&#x00ED;labos salpicados en poemas, mayoritariamente de <italic>Arte menor</italic>, solo hay un caso aislado, completamente alejandrino (aunque tiene dos trozos en que los desdobla a heptas&#x00ED;labos), el poema <italic>La muerte</italic>, a lo que habr&#x00ED;a que a&#x00F1;adir otro poema completamente en heptas&#x00ED;labos (<italic>Bardem</italic>) que, naturalmente, remite a hemistiquios seguidos, creando un ritmo paralelo. En este sentido, llama la atenci&#x00F3;n el desequilibrio entre la primera parte, con tantos ejemplos de m&#x00E9;trica tetradecasil&#x00E1;bica, coincidente cronol&#x00F3;gicamente (los ochenta) con una producci&#x00F3;n del autor centrada en una alta cifra de novelas, en las que no abunda el recurso, mientras que la segunda parte (2000-2001), apenas sin ejemplos de este metro, camina af&#x00ED;n en escritura con los <italic>Diarios</italic> que acabamos de ver, y que tan pr&#x00F3;digamente emplean la cl&#x00E1;usula alejandrina.</p>

			<p>El an&#x00E1;lisis en segundo grado de cada uno de los fragmentos versales de estas caracter&#x00ED;sticas en la <italic>Obra Po&#x00E9;tica</italic> requerir&#x00ED;a una investigaci&#x00F3;n aparte, y eso me lleva a considerar el orden del ep&#x00ED;grafe que inicia estas l&#x00ED;neas con el n&#x00FA;mero (I). Teniendo en cuenta que, como tambi&#x00E9;n se&#x00F1;al&#x00E9; al principio, est&#x00E1; pendiente un estudio del alejandrino en la vertiente column&#x00ED;stica del autor, no parece aventurado adelantar que este tipo de buceo va a necesitar m&#x00E1;s de un trabajo a&#x00F1;adido.</p>

			<p>Lo que parece evidente, tanto por las declaraciones del propio Umbral como por la frecuencia de su uso, es la importancia que supone <italic>el juego de los alejandrinos</italic> dentro de su obra, sobre todo en aquella m&#x00E1;s cercana al intimismo, que no por ello va de espaldas a su capacidad de lector &#x00E1;vido, de cr&#x00ED;tico, de te&#x00F3;rico. En definitiva, “de forma impl&#x00ED;cita, en muchas de sus p&#x00E1;ginas, vuelca sus teor&#x00ED;as literarias [...] Umbral ten&#x00ED;a las ideas muy claras” (Rodr&#x00ED;guez Peque&#x00F1;o, <xref ref-type="bibr" rid="CIT09">2012</xref>, p. 98). Un punto m&#x00E1;s a favor de un autor mucho m&#x00E1;s respetuoso con la forma, el plano o la estructura de lo que podr&#x00ED;a parecer a sus lectores, si estos se quedan en una primera visi&#x00F3;n receptiva. Cierro pues estas p&#x00E1;ginas <italic>en abierto</italic>, con la propias palabras de Francisco Umbral, a prop&#x00F3;sito de una de sus frecuentes declaraciones de principios:  </p>

						<p>Si mi pensamiento tiene capacidad de borrar un dolor, tambi&#x00E9;n la tiene de crear una figura y una escritura. Y duermo dejando a un lado, muy cerca, mi pensamiento y mi fuerza, como el cl&#x00E1;sico dejaba su Biblia y su espada (Umbral, <xref ref-type="bibr" rid="CIT12">2001</xref>, p. 41).</p>
	
		</sec>
		
	</body>


	
	
	<back>
	
		<sec id="notas">
			<title>NOTAS</title>
		
			<fn-group>
				<fn id="NOTE01"><label>1</label>
					<p>La <italic>Cuaderna v&#x00ED;a</italic>, o estrofa de cuatro versos monorrimos, de catorce s&#x00ED;labas, divididos en dos hemistiquios de siete, fue el mayor cauce para la poes&#x00ED;a culta espa&#x00F1;ola durante los siglos XIII y XIV. Recibe su nombre de la descripci&#x00F3;n que aparece en la segunda estrofa del an&#x00F3;nimo <italic>Libro de Aleixandre</italic></p>
					
								<p>Mester traigo fermoso, non es de joglar&#x00ED;a, </p>

								<p>mester es sin pecado, ca es de clerez&#x00ED;a, </p>

								<p>fablar curso rimado 	por la quaderna v&#x00ED;a </p>

								<p>a s&#x00ED;labas contadas, 	ca es grant maestr&#x00ED;a. </p>
				</fn>
				
				<fn id="NOTE02"><label>2</label>
					<p>Los testimonios po&#x00E9;ticos ya est&#x00E1;n en Egipto (<italic>Textos de la Pir&#x00E1;mides </italic>V y VI Dinast&#x00ED;as); en Sumeria (<italic>Poema de Gilgamesh</italic>, s.VII a. C.); o Israel (<italic>Textos po&#x00E9;ticos</italic> veterotestamentarios -<italic>Los Salmos</italic> o <italic>El Cantar de los Cantares</italic>-), anteriores o coet&#x00E1;neos a Grecia.</p>
				</fn>
				
				<fn id="NOTE03"><label>3</label>
					<p>Este concepto musical de “abandono” est&#x00E1; secularmente presente en &#x00E1;reas eclesi&#x00E1;sticas, y para explicar algunas razones del alejamiento general de muchos espa&#x00F1;oles hacia la cultura musical, habr&#x00ED;a que remontarse a <italic>Decretos </italic>tridentinos, que durante siglos, y a niveles sociales, han atravesado la columna vertebral de la historia de Espa&#x00F1;a.</p>
				</fn>
				
				<fn id="NOTE04"><label>4</label>
					<p>En tipograf&#x00ED;a, una l&#x00ED;nea viuda es aquella que, siendo la &#x00FA;ltima de un p&#x00E1;rrafo, aparece al principio de la p&#x00E1;gina o columna siguiente, por lo que se muestra aislada de su contexto y, por norma general, seguida de una l&#x00ED;nea o varias en blanco que la separan del siguiente p&#x00E1;rrafo.</p>
				</fn>
				
				<fn id="NOTE05"><label>5</label>
					<p>La <italic>Obra Po&#x00E9;tica</italic> es publicaci&#x00F3;n p&#x00F3;stuma, en 2009, pero los poemas recogidos en ella llegan hasta 2001.</p>
				</fn>
				
				<fn id="NOTE06"><label>6</label>
					<p>Umbral tambi&#x00E9;n se vale a veces del endecas&#x00ED;labo para largos procesos, pero, frente a las catorce s&#x00ED;labas, las once se quedan en un m&#x00ED;nimo porcentaje.</p>
				</fn>
				
				<fn id="NOTE07"><label>7</label>
					<p>A partir de este momento, todos los ejemplos originales en “prosa continua” los ofrezco desglosados en versos.</p>
				</fn>
				
				<fn id="NOTE08"><label>8</label>
					<p>Algunos fragmentos del <italic>Diario pol&#x00ED;tico y sentimental</italic> no estaban fechados pero eran f&#x00E1;cilmente ubicables al estar entre otros que s&#x00ED; ten&#x00ED;an el dato cronol&#x00F3;gico definido.</p>
				</fn>
				
				<fn id="NOTE09"><label>9</label>
					<p>Como en el caso anterior, escribo los alejandrinos en l&#x00ED;neas distintas, aunque en el original est&#x00E9;n continuos.</p>
				</fn>
				
			</fn-group>
		</sec>
				
		<ref-list>
			<title>BIBLIOGRAF&#x00CD;A</title>
				
			<ref id="CIT01">
			<element-citation publication-type="book">
			  <year>1995</year>
			  <source>Libro de Alexandre</source>
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					  <surname>Ca&#x00F1;as</surname>
					  <given-names>J.</given-names>	  
				  </name>
			  </person-group>
			  <publisher-loc>Madrid</publisher-loc>
			  <publisher-name>C&#x00E1;tedra</publisher-name>
			</element-citation>
			</ref>

			<ref id="CIT02"> 
			<element-citation publication-type="journal">
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					  <surname>Cejudo Garc&#x00ED;a</surname>
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				  </name>
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					  <surname>Maroto Marcos</surname>
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			  <year>1999</year>
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			  <source>Cuadernos Geogr&#x00E1;ficos</source>
			  <volume>29</volume>
			  <fpage>85</fpage>
			  <lpage>117</lpage>
			</element-citation>
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			  <source>Los placeres literarios. Francisco Umbral como lector</source>
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			  <publisher-name>Fundaci&#x00F3;n Francisco Umbral</publisher-name>
			  <fpage>305</fpage>
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			  <fpage>245</fpage>
			  <lpage>258</lpage>
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			  <comment>(vig&#x00E9;sima segunda edici&#x00F3;n)</comment>
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			<ref id="CIT07">
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			  <source>Diccionario de la Real Academia Espa&#x00F1;ola</source>
			  <comment>(avance de la vig&#x00E9;sima tercera edici&#x00F3;n)</comment>
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