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				<journal-title>ARBOR Ciencia, Pensamiento y Cultura</journal-title>
				<abbrev-journal-title>Arbor</abbrev-journal-title>
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			<issn pub-type="epub">0210-1963</issn>
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				<publisher-name>Consejo Superior de Investigaciones Cient&#x00ED;ficas</publisher-name>
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				<subject>FRANCISCO UMBRAL Y LA POES&#x00CD;A / FRANCISCO UMBRAL AND THE POETRY</subject>
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				<article-title>Prosa y verso en Umbral: entre la dispersi&#x00F3;n y el cancionero de Mis para&#x00ED;sos artificiales</article-title>
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					<trans-title>Prose and verse in Umbral: between the dispersion and the cancionero of Mis para&#x00ED;sos artificiales</trans-title>
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				<alt-title alt-title-type="running-head">Prosa y verso en Umbral: entre la dispersi&#x00F3;n y el cancionero de Mis para&#x00ED;sos artificiales</alt-title>
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					 <surname>D&#x00ED;ez</surname>
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			<issue>774</issue>
			
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				<title>RESUMEN</title>
				<p>frente a toda la tradici&#x00F3;n cl&#x00E1;sica que aborrece la mezcla de prosa y verso, Umbral entrevera los poemas (en verso a veces y tambi&#x00E9;n en prosa) dentro de su obra. Llena Umbral su camino literario con piezas po&#x00E9;ticas que demuestren que es poeta, que suplan su abandono de la poes&#x00ED;a por m&#x00E1;s productivas dedicaciones y que compongan una suerte de gigantesco cancionero que, muy significativamente, nunca quiso reunir. En <italic>Mis para&#x00ED;sos artificiales</italic> el recurso es cuantitativa y cualitativamente distinto: componer un cancionero &#x00FA;nico que alterne prosa y verso al viejo estilo renacentista, aunque Umbral prefiere entroncar con Juan Ram&#x00F3;n Jim&#x00E9;nez. El recurso tambi&#x00E9;n se utiliza en <italic>Mortal y rosa</italic>, en menor medida y con otras funciones</p>
			</abstract>
			
			<trans-abstract xml:lang="en">
				<title>ABSTRACT</title>
				<p>In contrast with the whole classical tradition that abhors the mixture of prose and verse, Umbral mixes poems (sometimes in verse and sometimes in prose) in his work. Umbral filled his literary path with fragments of poetry showing him to be a genuine poet; these pieces also serve to compensate for his giving up poetry for more productive pursuits and to compose a sort of giant songbook that, significantly, he never wanted to compile. In <italic>Mis para&#x00ED;sos artificiales</italic> the technique is quantitatively and qualitatively different: to organise a single songbook that alternates prose and verse in the old Renaissance style, although Umbral prefers to tie in with with Juan Ram&#x00F3;n Jim&#x00E9;nez. This technique is used in <italic>Mortal y rosa</italic>, to a lesser extent and with other features</p>
			</trans-abstract>


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				<title>PALABRAS CLAVE</title>
				<kwd>Umbral</kwd>
				<kwd>poes&#x00ED;a</kwd>
				<kwd>cancionero</kwd>
				<kwd>novela</kwd>
				<kwd>diario</kwd>
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				<title>KEYWORDS</title> 			
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				<kwd>poetry</kwd>
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		<sec id="S1">
			<title>1. VERSO Y PROSA: ¿FUSI&#x00D3;N IMPOSIBLE? </title>

			<p>Sorpresa es sin duda lo que provoca comprobar c&#x00F3;mo la supuesta ruptura de las normas cl&#x00E1;sicas que define al Romanticismo no siempre va mucho m&#x00E1;s all&#x00E1; de un ingenuo planteamiento docente. Es lo que ocurre con la mezcla de prosa y verso, uno de los grandes horrores de la po&#x00E9;tica cl&#x00E1;sica. En la redefinici&#x00F3;n de los g&#x00E9;neros o en el nacimiento de los mismos, que deber&#x00ED;a suceder tras la revoluci&#x00F3;n rom&#x00E1;ntica o tras la creaci&#x00F3;n del Paradigma Rom&#x00E1;ntico, no se suele cruzar la frontera que divide al verso de la prosa m&#x00E1;s que en un pu&#x00F1;ado de ocasiones. Es cierto que parte de la provocaci&#x00F3;n gusta de esa mixtura, como en el drama rom&#x00E1;ntico por excelencia <italic>Don &#x00C1;lvaro o la fuerza del sino</italic>, pero en la narrativa, sin embargo, el verso se mantiene tan alejado de la prosa y la prosa del verso como cabr&#x00ED;a esperar desde un planteamiento cl&#x00E1;sico. </p>

			<p>¿Hay, acaso, una distancia infranqueable que impide la fusi&#x00F3;n de ambos cauces? No del todo, como lo demuestran unos pocos ejemplos. Ya en nuestra literatura medieval el arcipreste de Hita inserta un serm&#x00F3;n en prosa en los preliminares de su <italic>Libro de buen amor </italic>(“Intellectum tibi dabo...”) y, en la misma centuria, don Juan Manuel no resiste la tentaci&#x00F3;n de recurrir al verso en la conclusi&#x00F3;n de la cincuentena de relatos que componen la primera parte de <italic>El conde Lucanor. </italic>Pero es sin duda en los Siglos de Oro cuando se puede decir que en algunos g&#x00E9;neros narrativos el verso convive con la prosa, supongo que naturalmente. La novela pastoril se convierte en adalid de las mezclas, quiz&#x00E1; como deudora (en este sentido) de <italic>L’Arcadia</italic> de Sannazaro, pero no es el &#x00FA;nico g&#x00E9;nero novelesco que acude a la prohibida mixtura (D&#x00ED;ez, <xref ref-type="bibr" rid="CIT05">1996</xref>). Lope, uno de los genios de nuestro Barroco —&#x00E9;poca poco cl&#x00E1;sica—, se vale de esa mezcla para componer un “pros&#x00ED;metro” de variada descendencia (Pittel, <xref ref-type="bibr" rid="CIT09">2011</xref>). </p>

			<p>Pero, m&#x00E1;s que estos lejanos e ilustres antecedentes, lo que sorprende de verdad es la falta de continuidad de estos experimentos en los dos siglos de Paradigma Rom&#x00E1;ntico. O quiz&#x00E1; no sorprende tanto porque la novela ha hallado en esos dos siglos un camino que pasa por huir de la poes&#x00ED;a: la novela es prosa, por m&#x00E1;s que pueda ser novela l&#x00ED;rica. Prosa y solo prosa. Sin duda hace falta cruzarse con un innovador, con un radical innovador como Francisco Umbral, para hallar una profunda mezcla de g&#x00E9;neros o “hibridaci&#x00F3;n”, una mixtura que obedece a criterios tan personales como ins&#x00F3;litos (el caso de &#x00C1;vila, <xref ref-type="bibr" rid="CIT01">2001</xref>, es tambi&#x00E9;n excepcional por m&#x00E1;s de un motivo). No pretendo insistir en que las novelas de Umbral son muy peculiares (tanto que para algunos no son novelas), ni en que el r&#x00F3;tulo de “novela” que Umbral emplea en ellas solamente sirve como reclamo comercial, ni me dedicar&#x00E9; a cantar las bondades del diario m&#x00E1;s o menos &#x00ED;ntimo que tanto cultiv&#x00F3; Umbral, ni siquiera me detendr&#x00E9; en esa viej&#x00ED;sima consideraci&#x00F3;n que obliga al cr&#x00ED;tico a decantarse entre la prosa y el verso y a certificar que los buenos prosistas no son poetas (recu&#x00E9;rdese el caso de Cervantes, que al menos en este asunto anticipa otras repetidas valoraciones) o que los buenos poetas no son prosistas (y aqu&#x00ED; la lista es muy larga). Solo quiero explorar el uso que Umbral hace del verso dentro de sus textos en prosa y muy en particular en esa obra privilegiada para adentrarse en este fen&#x00F3;meno de est&#x00E9;tica y po&#x00E9;tica que es <italic>Mis para&#x00ED;sos artificiales</italic>. </p>
		</sec>

		<sec id="S2">
			<title>2. POEMAS EN LA PROSA: EL CASO DE UMBRAL </title>

			<p>La relaci&#x00F3;n de Umbral con la poes&#x00ED;a no es simple. Queda claro para cualquier lector que Umbral ha le&#x00ED;do mucho a muchos poetas, as&#x00ED; como que su prosa se vale de un intenso lirismo, lo que es una de las notas m&#x00E1;s caracter&#x00ED;sticas de su producci&#x00F3;n. Algo menos evidente y sin embargo muy importante es el deseo umbraliano de escribir versos. La primera publicaci&#x00F3;n exenta de esos versos se realiza como antolog&#x00ED;a y en una editorial aut&#x00E9;nticamente perif&#x00E9;rica. ¿Es la manera de cumplir un deseo —publicar versos y ser, por tanto, poeta— y, al mismo tiempo, manifestar una intensa desconfianza hacia esa labor apart&#x00E1;ndola del centro del mundo editorial o de lo que luego se llamar&#x00E1; el “foco medi&#x00E1;tico”? Los <italic>Cr&#x00ED;menes y baladas </italic>son la materializaci&#x00F3;n de ese deseo umbraliano de ser visto como poeta, pero tambi&#x00E9;n demuestran la inseguridad de no serlo de la manera com&#x00FA;nmente aceptada. En la pesta&#x00F1;a del volumen se constata que hay un poeta visible en libros como <italic>Mortal y rosa</italic> y en los art&#x00ED;culos, y se traza una divisi&#x00F3;n capital cuando se anota que el libro es “de poemas en verso y de poemas en prosa”. Ninguno de ellos procede de <italic>Mis para&#x00ED;sos artificiales, </italic>pero varios s&#x00ED; estaban en <italic>Mortal y rosa</italic>: cinco, seg&#x00FA;n Garc&#x00ED;a-Posada (Umbral, <xref ref-type="bibr" rid="CIT24">2009</xref>, p. 16), aunque en realidad son ocho (Umbral, <xref ref-type="bibr" rid="CIT14">1981</xref>, pp. 35-49 y Umbral, <xref ref-type="bibr" rid="CIT17">1975/1995</xref>, pp. 103-104, 119, 120, 123, 170, 174-175, 203 y 226)<xref ref-type="fn" rid="NOTE01">1</xref>. Pero tambi&#x00E9;n los dos “poemas” siguientes en <italic>Cr&#x00ED;menes y baladas </italic>proceden de un libro previo, aunque ni Umbral ni Garc&#x00ED;a-Posada lo indican: “Ayer, hijo, ya sabes, era el d&#x00ED;a de nuestro encuentro” (Umbral <xref ref-type="bibr" rid="CIT13">1979</xref>, pp. 208-209 y <xref ref-type="bibr" rid="CIT14">1981</xref>, pp. 51-52) y “Solo he vivido cinco a&#x00F1;os de mi vida” (Umbral, <xref ref-type="bibr" rid="CIT13">1979</xref>, p. 238 y <xref ref-type="bibr" rid="CIT14">1981</xref>, p. 53). Si ha sido Umbral el autor de la pesta&#x00F1;a, pues en el mundo editorial suele ocurrir que el autor redacte las piezas de la cubierta y alrededores, la fascinaci&#x00F3;n por <italic>Mortal y rosa</italic> no es solo asunto de los lectores o de la cr&#x00ED;tica. Pero, m&#x00E1;s importante es que Umbral se decida a desgajar diez poemas, conectados direct&#x00ED;simamente con su hijo, de dos libros para incluirlos en esa antolog&#x00ED;a que es <italic>Cr&#x00ED;menes y baladas</italic>. La peculiar selecci&#x00F3;n arroja interesantes cuestiones sobre lo que Umbral entiende que es un poema en prosa y, de paso, confirma mis ideas sobre la relaci&#x00F3;n de los dos diarios, <italic>Mortal y rosa</italic> y <italic>Diario de un escritor burgu&#x00E9;s</italic>, como he explicado en otro lugar (D&#x00ED;ez, <xref ref-type="bibr" rid="CIT07">2014</xref>). </p>

			<p>La publicaci&#x00F3;n p&#x00F3;stuma de su obra po&#x00E9;tica (Umbral, <xref ref-type="bibr" rid="CIT24">2009</xref>) no solo pone a disposici&#x00F3;n de los lectores otros textos, sino que incide en la misma cuesti&#x00F3;n: Umbral no publica sus versos por diversos factores, cabe pensar, como una casi cong&#x00E9;nita falta de tiempo en quien tiene que ocuparse constantemente de la actualidad en sus columnas, pero tambi&#x00E9;n por una manifiesta inseguridad o timidez. Que Umbral quiere ser poeta y de alg&#x00FA;n modo lo es resulta poco discutible. Lo que debo destacar ahora es c&#x00F3;mo el prosista Umbral, el prosista l&#x00ED;rico Umbral, no se resiste a incorporar no ya el lirismo sino los versos a sus libros en prosa. </p>

			<p>Ese desgranar un rosario de poemas, ese desmigajar su producci&#x00F3;n, o quiz&#x00E1; esa composici&#x00F3;n ocasional de versos se percibe en distintas ocasiones. En el libro dedicado a Cela, otro prosista de calidad con una peculiar relaci&#x00F3;n con la poes&#x00ED;a, la pieza final es un poema: “Profesor de energ&#x00ED;a” (“Qu&#x00E9; grieta de hombre, tremedal ca&#x00ED;do”: Umbral, <xref ref-type="bibr" rid="CIT22">2002/2003</xref>, pp. 219-220), lo que demuestra, por un lado, la vieja confianza en la poes&#x00ED;a como la mejor forma de eleg&#x00ED;a y como el m&#x00E1;ximo homenaje al difunto convertido en maestro (“Los p&#x00E1;rvulos de Espa&#x00F1;a le recitan” es el verso final), pero, por otro lado, afirma tambi&#x00E9;n una confianza en un cambio de registro, de g&#x00E9;nero y de tono, para cerrar un libro que no ha sido el homenaje que los versos pretenden hacer creer. De hecho <italic>Cela: un cad&#x00E1;ver exquisito </italic>tiene un doble cierre, porque el “Ep&#x00ED;logo” que antecede al poema final tambi&#x00E9;n trata de la muerte, pero desde la cr&#x00F3;nica. Casi veinte a&#x00F1;os antes Umbral hab&#x00ED;a concluido otro libro, muy distinto, con un poema: <italic>F&#x00E1;bula del falo</italic> (Umbral, <xref ref-type="bibr" rid="CIT15">1985</xref>). El ep&#x00ED;logo &#x00FA;nico es aqu&#x00ED; hom&#x00F3;nimo del libro y discurre a lo largo de 54 alejandrinos, quiz&#x00E1; el verso preferido por Umbral, tanto por su conexi&#x00F3;n francesa como por una longitud m&#x00E1;s cercana a la del rengl&#x00F3;n de la prosa (“El falo como un ave que penetra otros cielos”, pp. 141-43; D&#x00ED;ez, <xref ref-type="bibr" rid="CIT06">2009</xref>). </p>

			<p>En la t&#x00E9;cnica del engastado de poemas en prosa que atraviesa la producci&#x00F3;n umbraliana la dificultad para detectar el poema se borra al marcarlo con una brevedad caracter&#x00ED;stica y al aislarlo de las otras piezas en prosa con los t&#x00ED;picos espacios en blanco. As&#x00ED;, en <italic>Madrid, tribu urbana</italic> el m&#x00E1;s claro de los poemas en prosa (y creo que el primero) despliega sus once l&#x00ED;neas por sorpresa bien avanzado el libro: “Este mont&#x00F3;n de tiempo que ya somos toma a veces figura soleada, entre enero y diciembre, una urna griega...” (Umbral, <xref ref-type="bibr" rid="CIT20">2000</xref>, p. 86). Unas cuantas p&#x00E1;ginas despu&#x00E9;s aparece otro (“Dolor y yo desnudos dentro de su autom&#x00F3;vil, en la luna desenfocada de febrero…”, p. 145) y m&#x00E1;s cerca del final Umbral incluye un poema en verso (“Estatua de oro joven”, p. 228) en la corta extensi&#x00F3;n habitual de estos textos (23 versos en este caso). La libertad del autor es manifiesta en la organizaci&#x00F3;n del libro, en los temas que aborda, en la bendici&#x00F3;n que el yo otorga a una y a otros: la caprichosa inclusi&#x00F3;n de poemas, en prosa o en verso, incide en esa poderos&#x00ED;sima voluntad que concede un estilo deslumbrante, pero tambi&#x00E9;n muestra la necesidad de romper lo que podr&#x00ED;a percibirse como una cierta monoton&#x00ED;a. Probablemente esas rupturas poem&#x00E1;ticas tambi&#x00E9;n indican una concepci&#x00F3;n muy directa y una poes&#x00ED;a poco elaborada, pues parece que se escribe r&#x00E1;pida y se inserta en medio de esa prosa tambi&#x00E9;n r&#x00E1;pida. El poema en verso de <italic>Madrid, tribu urbana </italic>es un texto sat&#x00ED;rico sobre el dinero y dedicado quiz&#x00E1; a Villalonga. Su inclusi&#x00F3;n atrae otro poema, muy pr&#x00F3;ximo, “A In&#x00E9;s” (“Toledo. / Vasija mora en mitad del tiempo”, p. 237), con un verso menos. Ambas piezas, tan cercanas en el espacio del libro, apoyan mi idea de una escritura r&#x00E1;pida, casi repentizada, y la de una organizaci&#x00F3;n del texto sin un plan previo. Los poemas reflejan en una escritura diar&#x00ED;stica la versatilidad del autor, pero tambi&#x00E9;n se&#x00F1;alan un camino dibujado no por migajas de pan sino por poemas r&#x00E1;pidamente compuestos, obrecillas casi ca&#x00ED;das de las manos al estilo de fray Luis de Le&#x00F3;n (aunque ahora en un sentido pleno), textos que surgen un d&#x00ED;a y que no ser&#x00E1;n recogidos nunca en un libro de versos. Ocurre de manera clar&#x00ED;sima en otra de las obras centrales de Umbral, en <italic>Diario pol&#x00ED;tico y sentimental</italic>, un diario con todas las marcas formales. En &#x00E9;l aparecen dos poemas: uno dedicado a Caballero Bonald, cuando trata de &#x00E9;l (“Renaceres del hombre en el silencio”, p. 213), y otro a Sara Montiel (“Sara est&#x00E1; hecha de campo”, p. 272), un poema para leer en el setenta cumplea&#x00F1;os de la artista y que Umbral confiesa no haber le&#x00ED;do entonces. En verso ambos, testimonian, una vez m&#x00E1;s, toda una producci&#x00F3;n po&#x00E9;tica que Umbral no quiere recoger m&#x00E1;s que integrada en obras en prosa. Estos versos contin&#x00FA;an y completan de alg&#x00FA;n modo el resto de su producci&#x00F3;n diaria en prosa, de la que se siente mucho m&#x00E1;s seguro. </p>

			<p>Sin embargo esta t&#x00E9;cnica se adapta a la textura de cada libro y as&#x00ED; en uno de los considerados como centrales de la producci&#x00F3;n umbraliana y publicado justamente un a&#x00F1;o despu&#x00E9;s de <italic>Madrid, tribu urbana</italic>, compuesto por entradas o textos realmente breves, el lirismo concentrado de los poemas en prosa aparece como menos necesario. Es verdad que alguno se lee muy pronto (“Hoja de parra, oto&#x00F1;o, candela del domingo, mi luz mientras escribo...”, Umbral, <xref ref-type="bibr" rid="CIT21">2001</xref>, p. 26), pero no es hasta bien avanzado el libro cuando esos poemas aumentan su frecuencia, como ocurre tras este que reproduzco completo: “Han venido a mi casa dos palomas de barro. Tienen el color gris de los viajes. Est&#x00E1;n tomando posesi&#x00F3;n del mundo. Se acercan a la fuente como a una gran pagoda. Y mi jard&#x00ED;n se ensancha cuando vuelan” (Umbral, <xref ref-type="bibr" rid="CIT21">2001</xref>, p. 157). Si como es de sobra sabido la prosa de Umbral es l&#x00ED;rica, no por eso sus textos dejan de incluir datos, fechas, nombres, y la omn&#x00ED;moda actualidad. Sin embargo los poemas en prosa son mucho m&#x00E1;s l&#x00ED;ricos e intimistas y carecen de toda esa “vida” para tener otra y son, adem&#x00E1;s, much&#x00ED;simo m&#x00E1;s breves. La t&#x00E9;cnica umbraliana del contraste entre el lirismo que la escritura de Umbral pone en lo cotidiano y la concentrada visi&#x00F3;n l&#x00ED;rica, a menudo introspectiva, no necesita en <italic>Un ser de lejan&#x00ED;as</italic> acudir al verso, quiz&#x00E1; una ruptura m&#x00E1;s importante e innecesaria en un libro denso monocordemente en prosa. </p>

			<p>Las fechas de publicaci&#x00F3;n de la extensa producci&#x00F3;n de Umbral pueden provocar ciertos desajustes en la percepci&#x00F3;n cr&#x00ED;tica. Es lo que ocurre con <italic>Carta a mi mujer</italic>, libro aparecido en <xref ref-type="bibr" rid="CIT23">2008</xref>, pero redactado en dos partes y en dos a&#x00F1;os contiguos: 1985 y 1986. En el volumen aparecen varios poemas en verso, textos breves como es habitual. La colocaci&#x00F3;n demuestra corresponderse con una distribuci&#x00F3;n caprichosa: comienza bien mediado el libro (“Estamos entre bragas y tomates”, p. 69) y sigue de varias formas a partir de ese momento: con un poema en prosa (“Hay d&#x00ED;as en que la ingenuidad predomina en ti como el azul en los vitrales…”, p. 74) y varios m&#x00E1;s en verso (“Hoy es s&#x00E1;bado, co&#x00F1;o, y viene en el peri&#x00F3;dico”, p. 75; “La casa era una balsa navegando en lo verde”, p. 81; “Cuando llegue septiembre y se muera un racimo”, p. 85; “El rojito ha venido, ahilado de hospitales”, p. 86; este &#x00FA;ltimo poema tiene justo a continuaci&#x00F3;n una versi&#x00F3;n en prosa que se titula “Al rev&#x00E9;s” para corresponder con “Al derecho” de la versi&#x00F3;n metrificada: “Ya soy su prisionero, soy de alguien…”, p. 87). La voluntad de juego es evidente, lo que tambi&#x00E9;n es deseo de ruptura y de afirmaci&#x00F3;n de la libertad creadora. Se percibe muy bien en las dos versiones, en verso y prosa, de un mismo poema, en las p&#x00E1;ginas seguidas que incluyen un solo verso (pp. 108-117) y, de manera muy especial, en una suerte de po&#x00E9;tica ir&#x00F3;nica colocada justo tras el primer poema, y de la que me ocupo enseguida. </p>
		</sec>

		<sec id="S3">
			<title>3. DE PO&#x00C9;TICA Y POETAS</title>

			<p>Umbral es ultraconsciente de los recursos de su escritura y es tambi&#x00E9;n ultraconsciente de sus influencias (de las que recibe al menos). Por eso, aqu&#x00ED; y all&#x00E1;, trata de su relaci&#x00F3;n con la poes&#x00ED;a desde esa compleja m&#x00E1;scara literaria que viste en &#x00E9;l la biograf&#x00ED;a: </p>

						<p>cuando yo hac&#x00ED;a poemas a l&#x00E1;piz en las tabernas de provincias, so&#x00F1;aba con la gloria, pero mi inexperiencia no so&#x00F1;&#x00F3; nunca con el dinero [...] Yo s&#x00F3;lo iba para poeta puro, y el tiempo, la sociedad —esa cosa que no entiendo—, el mercado, han convertido mi prosa en instrumento de cambio [...] Iba para poeta solitario y me he convertido, sin saber c&#x00F3;mo, en prosista bien pagado, en dinero al portador, en cheque en blanco (Umbral, <xref ref-type="bibr" rid="CIT21">2001</xref>, pp. 73-74). </p>

			<p>En <italic>Carta a mi mujer</italic>, justo antes del despliegue po&#x00E9;tico al que me he referido, Umbral inserta una sorprendente declaraci&#x00F3;n donde recoge a Juan Ram&#x00F3;n como el referente de sus mezclas de prosa y verso, de modo que, tirando de ese hilo, parece que el madrile&#x00F1;o quiere insistir en los modelos po&#x00E9;ticos de sus libros en prosa. Pero tambi&#x00E9;n se divierte criticando a Cort&#x00E1;zar y, de su mano, todo intento de normativa, pues a la hora de hacer literatura todo vale, incluso mezclar prosa y verso: </p>

						<p>(Aqu&#x00ED; iba a seguir hilando algunos poemas, pero leo en Cort&#x00E1;zar que no se deben hacer libros alternados de poes&#x00ED;a y prosa, porque eso, m&#x00E1;s o menos, crea malestar en el lector, le obliga a funcionar, Mar&#x00ED;a, a distintas temperaturas [...] Oviedo dijo de &#x00E9;l que sus versos son ‘conmovedoramente malos’. Y es verdad. Los m&#x00ED;os tambi&#x00E9;n [...] Sin embargo, &#x00ED;tem m&#x00E1;s, y pese a todo, JRJ hace <italic>Diario de poeta y mar </italic>alternando verso y prosa, y el libro es unitario y fascinante/itinerante [...] Y luego hizo otros varios as&#x00ED; y hasta pens&#x00F3; en poner toda su poes&#x00ED;a en prosa (hab&#x00ED;a escrito mucho m&#x00E1;s en prosa que en verso), y el almirante Carlos Martel, poeta malo y andaluz, hizo un <italic>Platero</italic> donde resum&#x00ED;a cada cap&#x00ED;tulo juanramoniano en un soneto, qu&#x00E9; disparate. </p>

						<p>O sea que nunca se sabe, Mar&#x00ED;a, nunca se sabe) (Umbral, <xref ref-type="bibr" rid="CIT23">2008</xref>, p. 70). </p>

			<p>El mismo Juan Ram&#x00F3;n cierra su <italic>Diario de poeta y mar </italic>reiterando que las 243 piezas que recoge el &#x00ED;ndice son un “diario” (Jim&#x00E9;nez, <xref ref-type="bibr" rid="CIT08">1916/1955</xref>, p. 277). Sin embargo, las diferencias con los diarios de Umbral son m&#x00E1;s que evidentes. Diez a&#x00F1;os despu&#x00E9;s, en uno de sus libros m&#x00E1;s buscadamente biogr&#x00E1;ficos, por m&#x00E1;s que en Umbral todos sus textos lo sean, en <italic>Los cuadernos de Luis Vives</italic>, no solo se explica la querencia por imprimir en cursiva todos los poemas en verso (que no es otra que el uso de la cursiva en Juan Ram&#x00F3;n: Umbral, <xref ref-type="bibr" rid="CIT18">1996</xref>, p. 38), sino que, en ese umbraliano rizar el rizo, el madrile&#x00F1;o se decanta en la madurez por el poeta en prosa que tambi&#x00E9;n es el onubense: “Hoy prefiero al Juan Ram&#x00F3;n en prosa, porque es menos <italic>sublime</italic>, y tengo siempre en mi mesilla su <italic>Pol&#x00ED;tica po&#x00E9;tica</italic>, bajo una navaja abierta y eficac&#x00ED;sima que guardo para los ladrones en descampado” (Umbral, <xref ref-type="bibr" rid="CIT18">1996</xref>, pp. 39-40). Por supuesto, es inevitable que en la reconstrucci&#x00F3;n m&#x00ED;tico-biogr&#x00E1;fica apoyada en los “cuadernos” Umbral recupere poemas de su juventud, convenientemente reescritos para la ocasi&#x00F3;n. La publicaci&#x00F3;n de estos poemas cumple una funci&#x00F3;n muy distinta de las que he rastreado en el apartado anterior. Ahora se trata de probar esos inequ&#x00ED;vocos or&#x00ED;genes po&#x00E9;ticos de ese gran prosista que es Umbral, y al mismo tiempo y de paso (como siempre) Umbral va tejiendo ese peculiar cancionero en verso repartido en buena parte de su centenar de libros. Pero importa m&#x00E1;s, como dec&#x00ED;a, poner esa poes&#x00ED;a al servicio de una explicaci&#x00F3;n, de modo que al primer poema del libro (“Marzo es una capilla que entroniza lo azul”, p. 38) le sigue la columna vertebral de este retrato literario: “este libro no narra sino la destrucci&#x00F3;n de un poeta previa a la construcci&#x00F3;n de un prosista” (p. 40). Hay otros tres poemas (“Muchacha”, pp. 50-51, “Estoy entre desnudos y pistolas”, p. 58, y “Parque de cisnes y oro”, p. 174), breves como casi siempre, y con estos escasos hilos m&#x00E1;s el plato fuerte de lo que cuenta la prosa, el lector no puede sino obtener una idea clar&#x00ED;sima sobre los cambios, sus razones y los fantasmas que no mueren: </p>

						<p>Observo que en estos cuadernos vengo hablando de m&#x00ED; m&#x00E1;s como poeta que como prosista, que es lo que luego he sido. La cosa me parece que tiene dos explicaciones. En principio, yo, como todo adolescente, iba para poeta (la poes&#x00ED;a es la sombra clara de la edad) [...] La segunda explicaci&#x00F3;n (si es que no se han perdido ya en estas digresiones) es que, efectivamente, en m&#x00ED; hay un fondo l&#x00ED;rico insobornable (una l&#x00ED;rica negra, hoy), y que mi &#x00F3;rgano de comprender el mundo y los hombres es la antena delgada del poeta m&#x00E1;s que la lupa gorda de Balzac (Umbral, <xref ref-type="bibr" rid="CIT18">1996</xref>, p. 134). </p>

			<p>Un autocomentario, fino e inteligente —que tambi&#x00E9;n sirve para marcar la senda a esos cr&#x00ED;ticos aparentemente despreciados pero que de forma inevitable Umbral parece sentir que hundir&#x00E1;n el escalpelo en sus textos—, acompa&#x00F1;a multitud de reflexiones que parecen exhalar el conocido aroma de una improvisaci&#x00F3;n que no es tal. En todo caso, para Umbral autocomentarse es tambi&#x00E9;n una t&#x00E9;cnica que llena p&#x00E1;ginas, que gana dinero, que cumple encargos y que despide a amigos muertos. Para valorar la poes&#x00ED;a tienen un valor especial las palabras de Umbral cuando contrasta, en ese doble cierre de <italic>Cela: un cad&#x00E1;ver exquisito</italic>, la pieza en prosa y los versos:  </p>

						<p>Tambi&#x00E9;n hago un poema que dar&#x00E1;n en el mismo peri&#x00F3;dico o en el suplemento cultural. Es curioso c&#x00F3;mo le salen a uno los versos, los endecas&#x00ED;labos y los alejandrinos blancos, medidos, cuando no se tiene ni idea de lo que va a decir. La poes&#x00ED;a se escribe mejor as&#x00ED;. Con un mogoll&#x00F3;n de ideas en la cabeza es imposible organizar el endecas&#x00ED;labo, que no es sino la nada dibujada con una fina raya (Umbral, <xref ref-type="bibr" rid="CIT22">2002/2003</xref>, pp. 213-214). </p>

			<p>Las ideas previas para los art&#x00ED;culos, para la prosa, y “cuando no se tiene ni idea de lo que va a decir” mejor confiar en la poes&#x00ED;a medida, en los versos. Una dualidad muy reveladora. Como tambi&#x00E9;n lo es el comentario que antecede y sigue a un poema dedicado a Alberti y que “no lo he publicado ni se lo he enviado a &#x00E9;l” y sin embargo se incluye en <italic>Diario de un escritor burgu&#x00E9;s</italic>, en un diario, “para que florezca o se seque entre las p&#x00E1;ginas del libro” (Umbral, <xref ref-type="bibr" rid="CIT13">1979</xref>, p. 140). </p>
		</sec>

		<sec id="S4">
			<title>4. PROSA Y VERSO EN MIS PARA&#x00CD;SOS ARTIFICIALES</title>

			<p>M&#x00E1;s all&#x00E1; y m&#x00E1;s ac&#x00E1; de la pasi&#x00F3;n de Umbral por la poes&#x00ED;a, de la que es fin&#x00ED;simo lector y complejo cultivador<xref ref-type="fn" rid="NOTE02">2</xref>, me interesa la mezcla de prosa y verso en <italic>Mis para&#x00ED;sos artificiales</italic>, texto gen&#x00E9;ricamente ambiguo que podr&#x00ED;a caber en el caj&#x00F3;n de sastre del diario, no s&#x00E9; si m&#x00E1;s umbraliano que &#x00ED;ntimo. El libro, oscurecido por la publicaci&#x00F3;n un a&#x00F1;o antes del m&#x00ED;tico texto <italic>Mortal y rosa</italic>, mantiene con el t&#x00ED;tulo m&#x00E1;s le&#x00ED;do de Umbral una relaci&#x00F3;n muy directa que ya he explorado y que permite adelantar la fecha de composici&#x00F3;n del publicado m&#x00E1;s tarde sobre el diario (que algunos err&#x00F3;neamente consideran novela) de mayor prestigio (D&#x00ED;ez, <xref ref-type="bibr" rid="CIT07">2014</xref>). Sin embargo el uso de los poemas, en verso y prosa en uno y otro, permite aquilatar a&#x00FA;n m&#x00E1;s la interesant&#x00ED;sima relaci&#x00F3;n de ambos textos. </p>
			
			<p><italic>Mis para&#x00ED;sos artificiales</italic> debe el t&#x00ED;tulo al libro casi hom&#x00F3;nimo de Baudelaire, aunque nada m&#x00E1;s tiene en com&#x00FA;n con &#x00E9;l (Baudelaire, <xref ref-type="bibr" rid="CIT02">1978</xref>). Si a uno le parec&#x00ED;a “oiseux de faire un trait&#x00E9; complet des excitants” y si al mismo tiempo declaraba en el “exorde” sus intenciones (“je veux faire un livre non pas de pure physiologie, mais surtout de morale”, p. 339), el texto de Umbral camina por otros pasajes mucho m&#x00E1;s personales. El madrile&#x00F1;o gusta de jugar abundantemente con citas y homenajes a otros autores y no solo en sus t&#x00ED;tulos (Buron-Brun, <xref ref-type="bibr" rid="CIT03">2012</xref>). La motivaci&#x00F3;n de la conexi&#x00F3;n en <italic>Mis para&#x00ED;sos artificiales </italic>podr&#x00ED;a interpretarse como una oposici&#x00F3;n: frente a las drogas que estudia el poeta franc&#x00E9;s Umbral propone su cuerpo y su biograf&#x00ED;a como elementos intoxicantes y de manera muy ir&#x00F3;nica “un inventario melanc&#x00F3;lico de intimidades” (Umbral, <xref ref-type="bibr" rid="CIT12">1976</xref>, p. 70), pero creo que no hace falta llegar tan lejos. <italic>Mis para&#x00ED;sos artificiales </italic>es una suerte de diario sin fechas, un libro muy personal, incluso dentro del socorrido adjetivo “umbraliano”, dominado por un intenso tono l&#x00ED;rico repartido en sus sesenta piezas sin numerar. Estas son de dos tipos: a) siempre con cuatro p&#x00E1;ginas hay cuarenta y dos textos en prosa, cuya extensi&#x00F3;n viene a coincidir con la que tienen los art&#x00ED;culos en otras compilaciones de textos umbralianos publicados antes de la muerte de Franco (Umbral, <xref ref-type="bibr" rid="CIT10">1973</xref> y <xref ref-type="bibr" rid="CIT11">1975</xref>, por ejemplo) y b) dieciocho poemas (once en prosa y siete en verso), entreverados en la prosa y marcados tanto por la tipograf&#x00ED;a (los versos siempre van en cursiva) como por la extensi&#x00F3;n (los poemas en prosa ocupan una o dos p&#x00E1;ginas), tal y como recoge el <xref ref-type="fig" rid="F1">cuadro</xref> siguiente (los Versos [V] y los Poemas en Prosa [PP] llevan entre par&#x00E9;ntesis el n&#x00FA;mero de versos o de l&#x00ED;neas, entre comillas el primer verso/ l&#x00ED;nea y entre par&#x00E9;ntesis otra vez el n&#x00FA;mero de p&#x00E1;gina): </p>
			
			
					<fig id="F1">
						<label>Cuadro</label>
						<caption>
							<title>Cuadro</title>
						</caption>
						<graphic xmlns:xlink="http://www.w3.org/1999/xlink" xlink:href="../images/F1.jpg"/>
					</fig>

			<p>Tanto por el n&#x00FA;mero como por la distribuci&#x00F3;n, Umbral deja claro en <italic>Mis para&#x00ED;sos artificiales</italic> que el uso del verso dista mucho de ser ocasional, a diferencia de su empleo m&#x00E1;s com&#x00FA;n en los libros anteriores y en los que seguir&#x00E1;n; deja claro que no se trata solo de cerrar el libro con poes&#x00ED;a (aqu&#x00ED; lo hace con dos poemas en prosa); y deja tambi&#x00E9;n muy claro que la irrupci&#x00F3;n de los poemas no obedece como en otros libros a una facilidad versificadora irresistible: los dieciocho poemas, en un libro saturado de l&#x00ED;rica, suponen con todo un cambio, una variaci&#x00F3;n, una ruptura o transici&#x00F3;n, una forma de aumentar el sentido l&#x00ED;rico y al mismo tiempo un combate contra la monoton&#x00ED;a de la acumulaci&#x00F3;n de piezas de id&#x00E9;ntica factura. Por supuesto, tambi&#x00E9;n demuestran esos poemas que el autor es poeta: en prosa y en verso. Con la astucia de un escritor muy fogueado, Umbral deja caer este comentario nada inocente al recordar a otro gran prosista y poeta: “Dice un verso de Borges, o una prosa, que todo amanecer nos finge un comienzo” (<xref ref-type="bibr" rid="CIT21">2001</xref>, p. 78). Un verso o una prosa se funden en su sentido l&#x00ED;rico, pero en <italic>Mis para&#x00ED;sos artificiales </italic>Umbral est&#x00E1; ensayando una t&#x00E9;cnica constructiva que no repetir&#x00E1;. Es verdad que las piezas que lo forman ya no son los art&#x00ED;culos que agavilla en torno a un pr&#x00F3;logo que predica la coherencia (como en Umbral, <xref ref-type="bibr" rid="CIT10">1973</xref>), sino piezas personales tan pr&#x00F3;ximas a las que componen <italic>Mortal y rosa</italic> que podr&#x00ED;a suponerse que ambos libros salen de un mismo proyecto, que ambos libros son inicialmente uno y que en alg&#x00FA;n momento Umbral divide para componer uno en torno al hijo (y a su muerte, cuando los signos tuercen el ritmo alegre del canto a la vida) y otro en torno a uno mismo, a una infancia propia, sostenidamente alegre en medio de la melancol&#x00ED;a. </p>

			<p>Los poemas de <italic>Mis para&#x00ED;sos artificiales </italic>sirven para pautar un necesario contraste en esa nueva t&#x00E9;cnica integradora: las piezas, de extensi&#x00F3;n tan uniforme como en los libros previos, ahora no tratan de la actualidad sino del yo diar&#x00ED;stico que es tambi&#x00E9;n un yo l&#x00ED;rico. En un aut&#x00E9;ntico <italic>tour de force</italic>, Umbral se propone variar una estructura muy r&#x00ED;gida, pese a esos cambios tem&#x00E1;ticos, con la introducci&#x00F3;n de piezas breves gobernadas por el yo de un poeta. Pero la brevedad en otros diarios no garantiza la poeticidad. As&#x00ED;, cerca del final del <italic>Diario de un escritor burgu&#x00E9;s</italic> (acabado en 1977 como reza la &#x00FA;ltima p&#x00E1;gina) Umbral escribe un lunes de diciembre: “Todo lo que no se puede anotar ni siquiera en un diario &#x00ED;ntimo” (p. 233), lo que, pese a su brevedad no es un poema en prosa. Pero en estos a&#x00F1;os de intensa experimentaci&#x00F3;n, en los a&#x00F1;os de la primera Transici&#x00F3;n, Umbral est&#x00E1; reconvirtiendo aceleradamente la presentaci&#x00F3;n de sus libros, la composici&#x00F3;n de ellos, la estructura. <italic>Diario de un escritor burgu&#x00E9;s</italic> cubre un a&#x00F1;o (como el libro de Miguel Delibes <italic>Un a&#x00F1;o de mi vida</italic>, de 1972), con una cronolog&#x00ED;a que renuncia a los n&#x00FA;meros de cada d&#x00ED;a, pero no evita ni el mes ni el d&#x00ED;a de la semana. Cabe concluir que el texto consiste en anotaciones muy frecuentes, pero no diarias, de enero a diciembre de 1977 y esas anotaciones no est&#x00E1;n constre&#x00F1;idas por ninguna extensi&#x00F3;n predeterminada. Es un diario muy confesional, pero tambi&#x00E9;n en &#x00E9;l cabe un poema, por supuesto en alejandrinos, doce alejandrinos: “Un sol igual que un arpa de oros sacrificados” (p. 172). No solo lo incluye Umbral (“me ha salido, hoy martes, de pronto este poema”), lo justifica por esa libertad ya conocida (“&#x00C9;ste lo paso al diario porque me gusta”), sino que se detiene en distintas consideraciones sobre una inspiraci&#x00F3;n menos accesible que otras (“no siempre puede uno escribir alejandrinos, ni mucho menos”) y, lo que es para m&#x00ED; determinante, explica algo que parece f&#x00E1;cilmente extensible a los dieciocho poemas de <italic>Mis para&#x00ED;sos artificiales</italic>: “¿Qu&#x00E9; dice? Nada. Pero siento que me expresa, que cuaja un instante triste de mi triste vida” (p. 173). En <italic>Diario de un escritor burgu&#x00E9;s </italic>Umbral ensaya el modelo que va a perpetuar en su producci&#x00F3;n diar&#x00ED;stica posterior: prosa atada al d&#x00ED;a a d&#x00ED;a personal en la que caben escasos poemas, en prosa (“Ojos verdes” y “Ojos negros” se anotan el mismo d&#x00ED;a y suponen claramente un ejercicio motivado por los ojos de Mar&#x00ED;a Teresa en la cena del d&#x00ED;a previo, pp. 117-118), y en verso (“Alberti era una rosa grande de adolescencia”, pp. 141-142). </p>

			<p>El uso sistem&#x00E1;tico de la alternancia de prosa y verso que Umbral ensaya en <italic>Mis para&#x00ED;sos artificiales </italic>no vuelve a darse, al menos hasta donde yo s&#x00E9;. Esa t&#x00E9;cnica convierte al libro en &#x00FA;nico en la producci&#x00F3;n umbraliana y, al mismo tiempo, en una privilegiada atalaya para otear su relaci&#x00F3;n con la poes&#x00ED;a, mucho m&#x00E1;s all&#x00E1; y m&#x00E1;s ac&#x00E1; del dirigismo que Umbral, como todo escritor de raza, despliega para manipular u “orientar” a sus lectores y cr&#x00ED;ticos en la direcci&#x00F3;n adecuada. Si todav&#x00ED;a en <italic>Diario de un escritor burgu&#x00E9;s </italic>Umbral dice dudar entre prosa y verso y al mismo tiempo se decanta por la prosa<xref ref-type="fn" rid="NOTE03">3</xref>, parece que en <italic>Mis para&#x00ED;sos artificiales</italic> el vencedor no era a&#x00FA;n tan claro. </p>

			<p>El humor que se asocia con la melancol&#x00ED;a en un texto que se abre con una nariz (“Mi nariz es un poco grande, un poco excesiva, y esto me creaba muchos traumas cuando ni&#x00F1;o”) y que contin&#x00FA;a con una memoria de cuarent&#x00F3;n, se modula con poemas en prosa y en verso que tienden hacia una melancol&#x00ED;a m&#x00E1;s pesimista (“como el desnudo lento de lo rojo / o el estandarte ciego / de la muerte”, p. 24; “hay una lenta pr&#x00F3;rroga de la nada en la nada, / por donde vago absorto, / sin autobiograf&#x00ED;a”, p. 43; “quiero que el hondo ni&#x00F1;o, deslumbrado y lejano, / viva en el relicario funeral de mi vida”, p. 109; “y las grietas del tiempo donde habita la nada”, p. 139), que a veces puede tambi&#x00E9;n enlazar con el humor de la prosa (“O en el grave peligro de que en la partitura / de Bach anide un grillo que se coma las hojas”, p. 69) y que otras se vuelve una tonalidad m&#x00FA;ltiple (“Peinado a contrapelo, calzado de caminos, recorro las distancias p&#x00F3;stumas de la vida y miro en las revistas chicas de ombligo dulce como una flor inversa que florece hacia adentro: p&#x00E1;lida celulosa de sus cuerpos turbados que pego en las paredes duras del solitario”, p. 82), con elementos f&#x00ED;sicos y femeninos que puede reconducirse con facilidad hacia una tristeza m&#x00E1;s viva (“Una muchacha que amo mientras el mar me mata”, p. 115) o un sentimiento ambiguo (“C&#x00F3;mo en un cuerpo claro, de latitudes lentas, puede alumbrar el tiempo con tanta persistencia, por qu&#x00E9; cuando amanece entre unos muslos l&#x00FA;cidos la vida nos traspasa como una flor de hierro”, p. 120). No por casualidad el pen&#x00FA;ltimo poema, en prosa, es un poema largo a una muchacha misteriosa (“Rubia, la muchacha, largamente rubia, como un d&#x00ED;a, s&#x00F3;lidamente rubia, como el tiempo...”, p. 192) despose&#x00ED;do de tristezas y melancol&#x00ED;as, aunque, en esta doble conclusi&#x00F3;n po&#x00E9;tica, el poema en prosa final pretende ganar la profundidad de lo oscuro o de la nada (“[...] porque la vida es solo una variante in&#x00FA;til del azul y la nada. Ya te ha pasado todo, ya le has tomado al tiempo su l&#x00E1;nguido cuchillo y su agresivo ramo. Puedes morir despacio, dejando que la noche tome en tus ojos de oro forma definitiva”, 194), tan apto como conclusi&#x00F3;n que le sirve a Garc&#x00ED;a-Posada para cerrar su antolog&#x00ED;a (Umbral, <xref ref-type="bibr" rid="CIT16">1994</xref>, p. 318). </p>

			<p>En 1976 Umbral no ha publicado un libro de poes&#x00ED;a y quiz&#x00E1; tambi&#x00E9;n hay en <italic>Mis para&#x00ED;sos artificiales</italic> algo de ensayo en este sentido. Resulta cuando menos curiosa la proporci&#x00F3;n de versos y poemas en prosa en <italic>Cr&#x00ED;menes y baladas</italic>, nueve y veintis&#x00E9;is seg&#x00FA;n el c&#x00F3;mputo de Garc&#x00ED;a-Posada, frente al absoluto predominio del verso en los in&#x00E9;ditos que se recogen en Umbral, <xref ref-type="bibr" rid="CIT24">2009</xref> (donde, en la fusi&#x00F3;n anticl&#x00E1;sica, una de las piezas mezcla prosa y verso: “Poeta, ala de ox&#x00ED;geno”, pp. 249-250). Por otra parte hay que recordar la tendencia a la “metrificaci&#x00F3;n” en Umbral (como ha estudiado Couceiro, <xref ref-type="bibr" rid="CIT04">2012</xref>) y de la que en ocasiones presume el autor: “Por eso en estos versos, tardos como el ocaso, por eso en esta carta, toda de alejandrinos —alejandrinos sordos, f&#x00E9;retros cangilones—, anuncio ya el oto&#x00F1;o con palabras nocturnas, y un amor que nos busca tr&#x00E9;mulo como un ciego” (Umbral, <xref ref-type="bibr" rid="CIT12">1976</xref>, p. 64; el poema se abre, en prosa, con un alejandrino: “Hoy escribo con versos una carta de oto&#x00F1;o”). En <italic>Mis para&#x00ED;sos artificiales</italic>, como despu&#x00E9;s en <italic>Cr&#x00ED;menes y baladas</italic>, domina el poema en prosa, quiz&#x00E1; porque Umbral se siente m&#x00E1;s c&#x00F3;modo, aunque en mi opini&#x00F3;n la raz&#x00F3;n estriba en la proximidad con otras piezas, tambi&#x00E9;n en prosa, dif&#x00ED;ciles de definir. </p>

			<p>De alg&#x00FA;n modo Umbral retoma en <italic>Mis para&#x00ED;sos artificiales</italic>, seguramente sin saberlo, no tanto a Juan Ram&#x00F3;n Jim&#x00E9;nez como la vieja idea de los poetas que escriben las novelas pastoriles. Montemayor y Gil Polo, entre otros, ofrecen sus narraciones trufadas de versos, como una necesaria variaci&#x00F3;n y como una doble publicaci&#x00F3;n: una narraci&#x00F3;n y un cancionero. En Umbral la idea de variaci&#x00F3;n me parece evidente y el intento de un cancionero tambi&#x00E9;n. Adem&#x00E1;s, como ocurre en Montemayor, los versos y los poemas son sensiblemente inferiores a la prosa. Pero Umbral quiere demostrar que es poeta (como Montemayor y Gil Polo, mientras nadie discute que JRJ lo es) y se vale de ese <italic>tour de force</italic> de hacerlo en medio de su inconfundible prosa l&#x00ED;rica. </p>
		</sec>

		<sec id="S5">
			<title>5. EVOLUCIONES Y CAMBIOS: DEL CANCIONERO A LA INTEGRACI&#x00D3;N EN MORTAL Y ROSA</title>

			<p>Los poemas proporcionan un sentido de la variaci&#x00F3;n que tambi&#x00E9;n se da en <italic>Mortal y rosa</italic>, pero desde otra funci&#x00F3;n diferente de la que domina en <italic>Mis para&#x00ED;sos artificiales</italic>: el diario m&#x00E1;s famoso de Umbral utiliza la poes&#x00ED;a de una manera mucho m&#x00E1;s trabada con el texto en prosa. Garc&#x00ED;a-Posada habla de la “incorporaci&#x00F3;n del discurso l&#x00ED;rico”, pero de sus palabras se desprende que es radicalmente distinto del procedimiento de <italic>Mis para&#x00ED;sos artificiales</italic>: “A veces se trata de r&#x00E1;fagas aisladas, pero otras son aut&#x00E9;nticos poemas, que pueden incluso adoptar la forma del poema m&#x00E9;trico, lo que sucede en tres ocasiones, o verterse en versos prosificados, lo que tambi&#x00E9;n ocurre y no de manera aislada” (Umbral, <xref ref-type="bibr" rid="CIT17">1975/1995</xref>, p. 28). Esta integraci&#x00F3;n, en mi opini&#x00F3;n, es un factor m&#x00E1;s para proponer una composici&#x00F3;n anterior de <italic>Mis para&#x00ED;sos artificiales</italic>, un argumento que debe a&#x00F1;adirse a los ya expuestos (D&#x00ED;ez, <xref ref-type="bibr" rid="CIT07">2014</xref>). </p>

			<p>El cancionero de <italic>Mis para&#x00ED;sos artificiales</italic> sufre, a pesar de la inclusi&#x00F3;n de distintos poemas, una aniquilaci&#x00F3;n en <italic>Mortal y rosa</italic>, donde los poemas en prosa indican una conciencia doble: de la calidad de los versos y de las posibilidades de la integraci&#x00F3;n. Mientras en <italic>Mis para&#x00ED;sos artificiales</italic> se trata de interludios l&#x00ED;ricos, en prosa y verso como se ha visto y con una distribuci&#x00F3;n muy caprichosa que a&#x00FA;n subraya m&#x00E1;s la conexi&#x00F3;n mucho m&#x00E1;s compleja con las piezas de cuatro p&#x00E1;ginas (incluso esa misma divisi&#x00F3;n tan pautada, tan r&#x00ED;gida, obliga a la ruptura irregular y esperable de los poemas), en <italic>Mortal y rosa</italic> los poemas en prosa est&#x00E1;n realmente integrados con el resto de las piezas que componen el diario, hasta el punto de que, como he explicado, Umbral puede recoger piezas en prosa l&#x00ED;rica y aut&#x00E9;nticos poemas en prosa en <italic>Cr&#x00ED;menes y baladas. </italic>Los poemas en prosa de <italic>Mortal y rosa</italic> siguen siendo piezas breves, pero aqu&#x00ED; la relaci&#x00F3;n tem&#x00E1;tica es evidente por la introducci&#x00F3;n del sintagma “mi hijo” o “los ni&#x00F1;os”, de modo que el famoso “Estoy oyendo crecer a mi hijo” (p. 84), as&#x00ED; como “Octubre. Se perfecciona la redondez del mundo...” (p. 116) y “Miro a veces los d&#x00ED;as que pasan como huecos...” (p. 117, en alejandrinos seg&#x00FA;n anota Garc&#x00ED;a-Posada) contin&#x00FA;an el desarrollo central de <italic>Mortal y rosa</italic>. Es verdad que el primero de los tres poemas en verso del libro (“Tu cuerpo es un hermoso fragmento”, p. 118) as&#x00ED; como el tercero (“Abril canta”, p. 188) recuerdan el uso y la factura de <italic>Mis para&#x00ED;sos artificiales</italic>, pero el segundo ya es otra cosa, como se aprecia desde el primer verso: “Hijo, salto que da el d&#x00ED;a” (p. 123). En otros claros poemas en prosa ocurre lo mismo, ya que incorporan siempre “mi hijo” (en “El tiempo es un caballo que llora como una m&#x00E1;quina sentimental…” y “Qu&#x00E9; hoguera de sol, el mediod&#x00ED;a, qu&#x00E9; domingo de humo y aviones…”, pp. 124 y 128). As&#x00ED;, en el segundo libro, que se publica el primero, Umbral ensaya la t&#x00E9;cnica de un cancionero mucho m&#x00E1;s reducido e integrado de una manera m&#x00E1;s s&#x00F3;lida y mucho m&#x00E1;s elegante en el discurrir de un diario que, adem&#x00E1;s, se ha vuelto much&#x00ED;simo m&#x00E1;s l&#x00ED;rico. Queda as&#x00ED; convertido en un experimento &#x00FA;nico y superado la composici&#x00F3;n de un cancionero que dialogue de manera compleja con los mayoritarios textos en prosa deudores del art&#x00ED;culo que componen <italic>Mis para&#x00ED;sos artificiales</italic>. El poeta y el prosista quedan soldados de una manera indisoluble en <italic>Mortal y rosa</italic>, tambi&#x00E9;n de forma &#x00FA;nica en la producci&#x00F3;n de Umbral. </p>	
		</sec>
		
	</body>

	
	<back>
		
		<sec id="notas">
			<title>NOTAS</title>
		
			<fn-group>
				<fn id="NOTE01"><label>1</label>
					<p>Las ocho piezas incluyen una en verso, un poema en prosa y seis fragmentos de prosa po&#x00E9;tica, uno de ellos recortado (“Y entre todo el desorden” tiene dos p&#x00E1;rrafos menos en Umbral, <xref ref-type="bibr" rid="CIT14">1981</xref>, pp. 45-46).</p>
				</fn>
				
				<fn id="NOTE02"><label>2</label>
					<p>Leer “mucha poes&#x00ED;a” no implica escribir poes&#x00ED;a, aunque Garc&#x00ED;a-Posada parece creerlo as&#x00ED;: “Ley&#x00F3; mucha poes&#x00ED;a, s&#x00F3;lo public&#x00F3; alguna, pero para ninguno de quienes lo frecuent&#x00E1;bamos ha sido una sorpresa la aparici&#x00F3;n <italic>post mortem</italic> de varias carpetas conteniendo alrededor de 300 poemas” (Umbral, <xref ref-type="bibr" rid="CIT24">2009</xref>, p. 16).</p>
				</fn>
				
				<fn id="NOTE03"><label>3</label>
					<p>“Este poema, como otros que hago a veces, me plantea una vez m&#x00E1;s la enojosa cuesti&#x00F3;n de por qu&#x00E9; no escribir en verso. Hay unos hallazgos que s&#x00F3;lo da el verso. Pero est&#x00E1; tambi&#x00E9;n lleno de recursos, de trucos. Prefiero el albur de la prosa. Es curioso c&#x00F3;mo puede un escritor llegar a la madurez literaria sin haber elegido camino definitivo. Todav&#x00ED;a no s&#x00E9;, en realidad, si lo m&#x00ED;o es el ensayo, el poema, el art&#x00ED;culo o qu&#x00E9;” (Umbral, <xref ref-type="bibr" rid="CIT13">1979</xref>, p. 142).</p>
				</fn>
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			<title>BIBLIOGRAF&#x00CD;A</title>
			
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