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				<journal-title>ARBOR Ciencia, Pensamiento y Cultura</journal-title>
				<abbrev-journal-title>Arbor</abbrev-journal-title>
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			<issn pub-type="epub">0210-1963</issn>
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				<publisher-name>Consejo Superior de Investigaciones Cient&#x00ED;ficas</publisher-name>
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				<subject>RESE&#x00D1;AS DE LIBROS / BOOK REVIEWS</subject>
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			<article-title>Rese&#x00F1;a del libro &#x0022;Dos filosof&#x00ED;as del sentir: M. Merleau-Ponty y M. Zambrano&#x0022;</article-title>
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				<trans-title>Book review</trans-title>
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			<alt-title alt-title-type="running-head">Rese&#x00F1;a</alt-title>
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				<surname>Castellanos Rodr&#x00ED;guez</surname>
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			 <aff id="U1">Universidad Nacional de Educaci&#x00F3;n a Distancia</aff>
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			<volume>191</volume>
			<issue>774</issue>
			
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			<title><bold>Mar&#x00ED;a del Carmen L&#x00F3;pez S&#x00E1;enz</bold> <italic>Dos filosof&#x00ED;as del sentir: M. Merleau-Ponty y M. Zambrano</italic> Saarbr&#x00FC;cken: Editorial Acad&#x00E9;mica Espa&#x00F1;ola, 2013</title>
			
			
		
			
			<p>Si existe una problem&#x00E1;tica filos&#x00F3;fica primera, digna de ser retomada siempre, desde las m&#x00E1;s diversas disposiciones y a prop&#x00F3;sito de homenajes e investigaciones en torno a esos personajes intelectuales que nos despiertan y acompa&#x00F1;an en la tarea del pensar, es la de cu&#x00E1;les sean las condiciones de posibilidad de tal pensar. Pensar a lo grande es pensar acerca de c&#x00F3;mo concebimos la reflexi&#x00F3;n misma, de c&#x00F3;mo damos a luz, y desde d&#x00F3;nde, los m&#x00E1;s finos discursos de la conciencia. Pues es all&#x00ED;, en esa antesala mist&#x00E9;rica donde hallamos la presencia-ausencia del inconsciente. De este, como primer principio, debe la filosof&#x00ED;a dar raz&#x00F3;n aunque solo fuera en un leve indicar. Es en este punto en el que yo recojo la obra de Mª Carmen L&#x00F3;pez; es desde esta inclinaci&#x00F3;n que la autora remueve el deseo de ahondar en el proyecto de Mar&#x00ED;a Zambrano, reivindicada definitivamente como componente ineludible para una historia de la filosof&#x00ED;a tejida a trav&#x00E9;s de los m&#x00E1;s elementales interrogantes ontol&#x00F3;gicos. Es as&#x00ED; que abordar la filosof&#x00ED;a de Zambrano desde el saber fenomenol&#x00F3;gico de Merleau-Ponty, tan querido, reescrito e indagado por nuestra especialista, resulta tremendamente fruct&#x00ED;fero y m&#x00E1;s a&#x00FA;n para aquellos que necesitan un apoyo m&#x00E1;s austero que la poes&#x00ED;a para comprender algo tan enigm&#x00E1;tico como la raz&#x00F3;n po&#x00E9;tica misma. </p>

			<p>Se&#x00F1;alar el inconsciente, apuntarlo, es, como ya advert&#x00ED;a Leibniz, Hume y, en definitiva, la filosof&#x00ED;a barroca (sobre la que la fenomenolog&#x00ED;a husserliana se vuelve), repasar las s&#x00ED;ntesis pasivas de la reflexi&#x00F3;n. De este modo, habremos de colocarnos en el m&#x00E1;s ac&#x00E1; del entendimiento, en el sentir, para as&#x00ED;, “<italic>ampliar el</italic> logos <italic>heredado, sin menospreciar el</italic> mitos” y “<italic>analizar los niveles de la pasividad, la cual no es la alternativa a la actividad, sino su necesario horizonte” </italic>(p. 4). Se&#x00F1;alar el inconsciente es, as&#x00ED;, hacer filosof&#x00ED;a, continuar engendr&#x00E1;ndola por fuera de la confusa tradici&#x00F3;n que la enfrenta al mito, para, de este modo, no fabular una raz&#x00F3;n ilimitada que perdiera, por completo, la vitalidad desde la cual se endereza.</p>

			<p>Esta vitalidad emerge, observar&#x00ED;a Zambrano, de entre un experienciar intersubjetivo, de entre intimidades que anhelan su propia transparencia, comunicaci&#x00F3;n y con-creaci&#x00F3;n del mundo. En esta vitalidad se encuentra, precisamente, la raz&#x00F3;n po&#x00E9;tica, <italic>poi&#x00E9;tica</italic>. Zambrano comprende, cl&#x00E1;sicamente, tal <italic>poiesis</italic> como acci&#x00F3;n del alma y el alma como lo que liga cuerpo y conciencia. Recuerda, as&#x00ED;, que antes de habitar en traducciones oclusivas, eso que tan distra&#x00ED;damente manejamos como intelecto agente fue, en aut&#x00E9;ntico Arist&#x00F3;teles, <italic>nous poietik&#x00F3;s</italic>, intuici&#x00F3;n creativa en Plotino, lo que es divino en nosotros, eso creativo que es pasivo, sin embargo, desde el punto de vista de nuestra identidad, eso que estaba ah&#x00ED; antes de la construcci&#x00F3;n de nuestra identidad y despu&#x00E9;s de la disoluci&#x00F3;n de la misma. No nos contradecimos si buscamos eso que estaba ah&#x00ED; antes que nosotros o eso divino que pasa por nosotros en la intimidad, pues es lo &#x00ED;ntimo lo que est&#x00E1; m&#x00E1;s adentro de todo, m&#x00E1;s adentro que la identidad, que la conciencia, que el discurso. Se trata de lo que labora cre&#x00E1;ndonos y creando al otro, de lo que ejerce de canal comunicante, de lo que precede a nuestro conocimiento y mismidad: “<italic>Zambrano emprender&#x00E1; una fenomenolog&#x00ED;a de ese sujeto, que es trascender y padecer su propia trascendencia, sentir no s&#x00F3;lo lo presente y lo que fue, sino lo que condiciona toda posibilidad y lo todav&#x00ED;a ausente, pero hacia lo que nos orientamos como superaci&#x00F3;n de lo ya sido” </italic>(p. 12).</p>

			<p>Las s&#x00ED;ntesis pasivas nos performan sin nuestro consentimiento. Lo que es pasivo para nosotros es activo en nosotros. Se trata de “<italic>una espontaneidad sobre la que no tenemos un control consciente” </italic>(p. 11) y que solo hallamos en cierta desposesi&#x00F3;n que arruina la demarcaci&#x00F3;n metaf&#x00ED;sica entre sujeto y objeto para cambiarla en una suerte de reversibilidad, tal como explica Mª Carmen L&#x00F3;pez en su decir merleaupontyano. Ser demasiado consciente elimina las posibilidades humanas de tomar conciencia de las determinaciones de la pasividad sobre nuestros actos, lo cual, aun parad&#x00F3;gicamente, anular&#x00ED;a el aut&#x00E9;ntico compromiso, pues “<italic>reflexionar no es otra cosa que desvelar ese irreflexivo” </italic>(p. 14). Entendamos que la pasividad es vinculante, no siendo fuente ni responsable nunca de la apat&#x00ED;a (pasivismo) sino de la espontaneidad o br&#x00ED;o. Merece la pena pararnos sobre este punto pues injusta y apresuradamente vinculamos, en nuestro lenguaje, pasividad con inacci&#x00F3;n, con par&#x00E1;lisis, ocurriendo en cambio que esa p&#x00E9;rdida de sangre, de arrojo y, en definitiva, de vinculaci&#x00F3;n con la vida proviene a menudo de bucles viciosos de la reflexi&#x00F3;n extra-plagada sobre s&#x00ED; misma.</p>

			<p>¿Por qu&#x00E9; enlaza, Mª Carmen L&#x00F3;pez, las filosof&#x00ED;as de Zambrano y de Merleau-Ponty como filosof&#x00ED;as del sentir? Precisamente porque descubrimos en el sentir una pasi&#x00F3;n que constituye, a su vez, acci&#x00F3;n, potencia, es decir, capacidad y ¿capacidad para qu&#x00E9;? Capacidad, en t&#x00E9;rminos spinozistas, para ser afectados. Ya en el avatar psicoanal&#x00ED;tico del fenomen&#x00F3;logo franc&#x00E9;s, ya en la raz&#x00F3;n po&#x00E9;tica de Zambrano, se sit&#x00FA;a el sue&#x00F1;o como paradigma de este padecimiento creativo en el que lo real encuentra un modo propio de aparici&#x00F3;n y mediante el cual nos es posible la <italic>epoj&#x00E9;</italic> como apertura de la temporalidad. El sue&#x00F1;o nos pondr&#x00ED;a en contacto con las matrices simb&#x00F3;licas, con los sedimentos y con los huecos que otorgan su lugar a la multiplicidad de los tiempos del sujeto, m&#x00E1;s all&#x00E1; de la linealidad de la cronolog&#x00ED;a compacta que impone la conciencia, cuyo activismo insomne no permitir&#x00ED;a, entonces, creatividad alguna.</p>

			<p>Para crear hacen falta vac&#x00ED;os e incluso viajes hacia el sin-sentido, pues la creatividad no es sino el camino de vuelta de dichos viajes: para regresar del sin-sentido, como regresan, en los cuentos, los ni&#x00F1;os perdidos en el bosque y en otros universos paralelos, no basta con girarse y pisar sobre lo andado sino que es indispensable fabricarse otro camino, otro sentido que permita comprender y elaborar de nuevo el mundo a partir de esa p&#x00E9;rdida inici&#x00E1;tica. En el sue&#x00F1;o estamos perdidos como los ni&#x00F1;os de los cuentos. En ellos no aparecemos como un solo sujeto sino como pl&#x00E9;yade de personajes pero, adem&#x00E1;s nos sentimos tambi&#x00E9;n objetos, pues no solo nos visualizamos desde fuera sino que los acontecimientos e incluso nuestro propio proceder se nos impone como llegado de otra fuerza, de una autor&#x00ED;a &#x00ED;ntima y desconocida. En el sue&#x00F1;o, como perdidos en la espesura del bosque, somos devueltos a una <italic>physis</italic> “pura”, preconceptual, abrupta y desconcertante. En &#x00E9;l subsiste e insiste aquello a lo que no hemos dado su tiempo, a lo que no hemos concedido escucha.</p>

			<p>Por ese motivo, el sentir se impone sobre el pensamiento consciente. El tiempo del sue&#x00F1;o, dice Merleau-Ponty es la profundidad, la est&#x00E1;tica, en palabras de Zambrano. El poder revelador, ancestralmente concedido a los sue&#x00F1;os, lo acoge la fil&#x00F3;sofa espa&#x00F1;ola por hallar en ellos conocimientos pasivos que solo entendemos a medias, por manifestarse en ellos la hondura de la pasividad, del inconsciente, aun sin ser necesariamente sometidos al an&#x00E1;lisis propio de la tradici&#x00F3;n freudiana (pues al parecer de Merleau-Ponty, explica Mar&#x00ED;a del Carmen L&#x00F3;pez en la p. 62 de la obra rese&#x00F1;ada “<italic>la interpretaci&#x00F3;n filos&#x00F3;fica del inconsciente no la impone una segunda conciencia m&#x00E1;s verdadera, sino que lo aborda como una de esas pasividades que quedan sedimentadas en la vida perceptiva</italic>”, dado que para &#x00E9;l, el inconsciente es sentir, es lo que da cohesi&#x00F3;n a la vida y no un resto de la conciencia, siendo as&#x00ED;, como en Gilles deleuze, primer principio ontol&#x00F3;gico, <italic>arck&#x00E9;</italic>).</p>

			<p>Hay en el simbolismo del sue&#x00F1;o una propuesta en la que captar esencias pues notamos una especie de condensaci&#x00F3;n de lo dispersamente vivido. Al despertar, podemos sintetizar las sensaciones complicadas y extra&#x00F1;amente entrelazadas en el sue&#x00F1;o. De nuevo, no desatendamos el clasicismo que devuelve a Zambrano a las preocupaciones m&#x00E1;s frescas de la antigua Grecia. Como ocurre en Plat&#x00F3;n, la esencia es aquello que se deja sentir, a condici&#x00F3;n de no vulgarizar el sentir en un mero ver sino comprenderlo como la tarea de reeducar el ver, mirando hacia aquello que posibilita lo visto como visto, captado como lo que es, intelectualmente intuido (impensado-pensado-sentido).</p>

			<p>Del mismo modo, en Merleau-Ponty “<italic>todas las ideas son sensibles y no, como solemos pensar, creadas por un sujeto, ya que, como &#x00E9;l y como la verdad, se van haciendo en sus continuas relaciones con el mundo y con los otros” </italic>(p. 84). Aceptando la sensibilidad de la esencia o, mejor dicho, lo esenciante como condici&#x00F3;n de posibilidad de la percepci&#x00F3;n, podemos apropiarnos de aquel Plat&#x00F3;n tan intelectual como apasionado, pues captar esencias es captar el fondo del sentir, dado que sentir es sentir interpretando. Escuchemos, en tal direcci&#x00F3;n, a la profesora, intelectual destacada y experta en filosof&#x00ED;as contempor&#x00E1;neas, en esta su reciente obra cuya indispensable lectura para el mundo acad&#x00E9;mico y filos&#x00F3;fico, nos impulsa a rese&#x00F1;arla y promoverla del modo m&#x00E1;s intensivo: “<italic>la filosof&#x00ED;a ayuda a sacar al sentir de su oscuridad e ir llev&#x00E1;ndolo a la raz&#x00F3;n, a entender lo que se siente sin dejar de sentirlo, es decir, sin limitarse a captarlo desde fuera, adentr&#x00E1;ndose en sus inferos para iluminarlo(...) Por eso, Zambrano habla de un logos sumergido, del sentir de la vida que s&#x00F3;lo se entrega en un lenguaje indirecto y simb&#x00F3;lico” </italic>(p. 88).</p>

			

			<p>Por Bel&#x00E9;n Castellanos Rodr&#x00ED;guez</p>
			<p><italic>Universidad Nacional de Educaci&#x00F3;n a Distancia</italic></p>
			<p>belcastellanos@gijon.uned.es</p>

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