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			<journal-id journal-id-type="publisher-id">Arbor</journal-id>
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				<journal-title>ARBOR Ciencia, Pensamiento y Cultura</journal-title>
				<abbrev-journal-title>Arbor</abbrev-journal-title>
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			<issn pub-type="epub">0210-1963</issn>
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				<publisher-name>Consejo Superior de Investigaciones Cient&#x00ED;ficas</publisher-name>
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			<article-id pub-id-type="publisher-id">arbor.2015.775n5001</article-id>
			<article-id pub-id-type="doi">10.3989/arbor.2015.775n5001</article-id>
			 
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				<subject>HISTORIA DE LAS CONCEPCIONES CIENT&#x00CD;FICAS SOBRE LA LUZ / HISTORY OF SCIENTIFIC IDEAS ABOUT LIGHT</subject>
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				<article-title>Alhac&#x00E9;n: una revoluci&#x00F3;n &#x00F3;ptica</article-title>
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					<trans-title>Ibn al-Haytham: an optical revolution</trans-title>
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				<alt-title alt-title-type="running-head">Alhac&#x00E9;n: una revoluci&#x00F3;n &#x00F3;ptica</alt-title>
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					 <surname>Gonz&#x00E1;lez-Cano</surname>
					 <given-names>Agust&#x00ED;n</given-names>
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				<aff id="U1">Universidad Complutense de Madrid</aff>
				
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				<corresp id="cor1"><email xlink:href="agugonza@ucm.es">agugonza@ucm.es</email></corresp>
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			<pub-date pub-type="epub">
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				<year>2015</year>
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			<year>2015</year>
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			<volume>191</volume>
			<issue>775</issue>
			
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				<title>RESUMEN</title>
				<p>Alhac&#x00E9;n es un punto de inflexi&#x00F3;n en la historia de la &#x00D3;ptica, uno de los nombres clave en el desarrollo de las teor&#x00ED;as &#x00F3;pticas y un personaje de gran talla cient&#x00ED;fica. Se pasa revista aqu&#x00ED; a su figura, a sus principales aportaciones y la trascendencia de esas aportaciones. En particular, se pone el &#x00E9;nfasis en el replanteamiento que Alhac&#x00E9;n hace del papel de la luz en la visi&#x00F3;n y en el modelo intromisivo que propone para esta &#x00FA;ltima.</p>
			</abstract>
			
			<trans-abstract xml:lang="en">
				<title>ABSTRACT</title>
				<p>Ibn al-Haytham (Alhazen) represents a turning point in the history of Optics, as a key figure in the development of optical theory and an outstanding scientist. Here we summarize his main contributions and their significance, with particular emphasis on Ibn al-Haytham’s reconsideration of the role of light in vision and the intromission model he proposed.</p>
			</trans-abstract>
			
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				<title>PALABRAS CLAVE</title>
				<kwd>Alhac&#x00E9;n</kwd>
				<kwd>historia de la &#x00D3;ptica</kwd>
				<kwd>intromisionismo</kwd>
				<kwd>refracci&#x00F3;n</kwd>
				<kwd>visi&#x00F3;n</kwd>
			</kwd-group>

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				<title>KEYWORDS</title> 			
				<kwd>Ibn al-Haytham</kwd>	
				<kwd>History of Optics</kwd>
				<kwd>intromission theory</kwd>
				<kwd>refraction</kwd>
				<kwd>vision</kwd>
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		<sec id="S1">
			<title>EX ORIENTE LUX: ALHAC&#x00C9;N EN EL CONTEXTO DE LA HISTORIA DE LA &#x00D3;PTICA</title>


			<p><italic>Alhac&#x00E9;n</italic> suele ser el modo en el que, en el contexto de la literatura en castellano, se nombra a Abū ‘Alī al-Hasan ibn al-Hasan ibn al-Haytham. Cuando en 1572 Friedrich Risner edita en Basilea la traducci&#x00F3;n medieval al lat&#x00ED;n de la obra de al-Hasan, transcribe este nombre como Alhazen, estableciendo as&#x00ED; la forma definitiva el nombre de nuestro autor en el contexto occidental, tras la vacilaci&#x00F3;n existente en la transcripci&#x00F3;n del nombre &#x00E1;rabe al lat&#x00ED;n a lo largo de los siglos anteriores. Es costumbre, por otro lado, <italic>espa&#x00F1;olizar</italic> la graf&#x00ED;a convirti&#x00E9;ndola en Alhac&#x00E9;n. En la literatura anglosajona es igualmente frecuente el uso del patron&#x00ED;mico, ibn al-Haytham (Sabra, <xref ref-type="bibr" rid="CIT05">1989</xref>).</p>

			<p>Durante los siglos precedentes a Alhac&#x00E9;n, el discurso &#x00F3;ptico que entendemos hoy como un todo coherente e interconectado se hallaba m&#x00E1;s bien fragmentado en diversos &#x00E1;mbitos, que empleaban m&#x00E9;todos y enfoques diferentes e incluso contradictorios (Lindberg, <xref ref-type="bibr" rid="CIT02">1976</xref>). En todo momento, no obstante, la gran protagonista de la &#x00D3;ptica era la visi&#x00F3;n y su problem&#x00E1;tica, y el desarrollo de la &#x00D3;ptica matem&#x00E1;tica alejandrina hab&#x00ED;a permitido establecer una t&#x00E9;cnica operativa para dilucidar una buena parte de los llamados <italic>errores </italic>de la visi&#x00F3;n (una manifestaci&#x00F3;n de un conflicto de profundas resonancias filos&#x00F3;ficas entre esencia y apariencia). La naturaleza f&#x00ED;sica del est&#x00ED;mulo visual era un asunto, por lo general, mal resuelto y frecuente causa de pol&#x00E9;mica y discusi&#x00F3;n entre los autores que se suced&#x00ED;an en el tiempo, dado que la &#x00D3;ptica matem&#x00E1;tica part&#x00ED;a de un extramisionismo <italic>b&#x00E1;sico</italic>: rayos visuales entendidos esencialmente como l&#x00ED;neas geom&#x00E9;tricas, sin entrar en la composici&#x00F3;n o naturaleza de tales rayos visuales. El planteamiento m&#x00E1;s f&#x00ED;sico o filos&#x00F3;fico quedaba por lo general incluido en otro tipo de obras <italic>no t&#x00E9;cnicas</italic>, entre las que se destacan las aportaciones de fil&#x00F3;sofos del rango de Plat&#x00F3;n o Arist&#x00F3;teles. En todo momento, no obstante, se mantienen unas constantes en la formulaci&#x00F3;n del proceso visual: car&#x00E1;cter <italic>t&#x00E1;ctil</italic> y necesidad de contacto para la visi&#x00F3;n, papel ambiguo y en general subsidiario del medio de propagaci&#x00F3;n (si la hubiere) y por ende de la luz (como propiciador del proceso visual, pero no como protagonista del mismo), separaci&#x00F3;n (aunque cierta comunidad de naturalezas) entre rayos &#x00F3;pticos (visuales) y emanaciones &#x00ED;gneas como rayos de sol (de ah&#x00ED; que la cat&#x00F3;ptrica no incluyera por lo general el estudio de los espejos ustorios), exteriorizaci&#x00F3;n del proceso visual respecto del cuerpo y silencio sobre posibles ulteriores instancias, digamos, psicol&#x00F3;gicas en el mismo, etc. (Simon, <xref ref-type="bibr" rid="CIT06">1988</xref>).</p>

			<p>Otros &#x00E1;mbitos de la &#x00D3;ptica cl&#x00E1;sica (pero fuera de las obras consagradas a ella, e identificados como temas &#x00F3;pticos por nosotros a posteriori) podr&#x00ED;an ser la Astronom&#x00ED;a, el estudio de los fen&#x00F3;menos atmosf&#x00E9;ricos, el conocimiento y tratamiento de las patolog&#x00ED;as oftalmol&#x00F3;gicas, el estudio anat&#x00F3;mico y fisiol&#x00F3;gico del ojo, etc. Cada uno de esos &#x00E1;mbitos encontraba su acomodo en diferentes estratos de la estructura del pensamiento cl&#x00E1;sico y era infrecuente encontrar obras de s&#x00ED;ntesis entre esos enfoques, hasta, parcialmente, la llegada de Ptolomeo (Lindberg, <xref ref-type="bibr" rid="CIT02">1976</xref>; Lejeune <xref ref-type="bibr" rid="CIT01">1956</xref>; Smith, <xref ref-type="bibr" rid="CIT07">1999</xref>). Ser&#x00E1; Alhac&#x00E9;n el primero que re&#x00FA;na esas diversas ramas en un todo coherente a partir de un verdadero giro en los planteamientos recibidos, pero siempre dentro del conocimiento de esa tradici&#x00F3;n cl&#x00E1;sica.</p>

			<p>Por ello, la cuesti&#x00F3;n de la transmisi&#x00F3;n del bagaje de la &#x00D3;ptica griega durante la Edad Media tambi&#x00E9;n resulta decisiva para entender la aportaci&#x00F3;n de Alhac&#x00E9;n. La labor de traducci&#x00F3;n realizada frecuentemente a trav&#x00E9;s del paso por el sir&#x00ED;aco y en gran parte a cargo de cristianos nestorianos, que culmina en el establecimiento de la llamada Casa de la Sabidur&#x00ED;a por los califas omeyas, y la dedicaci&#x00F3;n de personajes como Hunayn b. Ishaq o Al-Kindi, permitieron que se preservara en buena medida el corpus &#x00F3;ptico, poniendo a disposici&#x00F3;n de los estudiosos ulteriores (lo cual incluye tambi&#x00E9;n al Occidente cristiano, privado durante la Alta Edad Media de la mayor parte de los textos griegos y que recibir&#x00E1; a Euclides o Ptolomeo a partir de los &#x00E1;rabes en una primera instancia) un conjunto de autores que definen el punto de partida para los avances que los autores que escriben en &#x00E1;rabe en el amplio arco geogr&#x00E1;fico del Islam, autores que se vieron obligados a adaptar a una lengua sin tradici&#x00F3;n filos&#x00F3;fica o cient&#x00ED;fica textos de Euclides, Galeno o Ptolomeo entre otros, y no solo, claro est&#x00E1;, en el campo de la &#x00D3;ptica sino en Astronom&#x00ED;a, Medicina, Matem&#x00E1;tica y otras muchas &#x00E1;reas (Lindberg, <xref ref-type="bibr" rid="CIT02">1976</xref>; Rashed, <xref ref-type="bibr" rid="CIT03">1997</xref>).</p>

			<p>Alhac&#x00E9;n es uno de los primeros autores que conoce y asimila de manera casi completa todo ese legado y su labor de integraci&#x00F3;n de las diversas contribuciones es tan importante como el avance que suponen sus propias aportaciones. Es sabido que de la &#x00D3;ptica de Ptolomeo se hab&#x00ED;a perdido el primer libro (para ya no recuperarse nunca m&#x00E1;s), en el que se discute el planteamiento del autor sobre la naturaleza del proceso visual y sus agentes, y es posible que el conocimiento de Alhac&#x00E9;n de la obra de Ptolomeo en sus inicios no fuera tan profundo como lleg&#x00F3; a serlo. De Arist&#x00F3;teles conoce una parte significativa de su obra, pero, por lo general, no entra en los discursos m&#x00E1;s puramente &#x00F3;pticos, que est&#x00E1;n incluidos en obras como <italic>Sobre el alma</italic>. Est&#x00E1; perfectamente al tanto de los autores fundamentales de la rama de la &#x00D3;ptica matem&#x00E1;tica, como Euclides o Her&#x00F3;n, por lo general a trav&#x00E9;s de los compiladores posteriores como Te&#x00F3;n de Alejandr&#x00ED;a o Antemio de Tralles, y conoce tambi&#x00E9;n las principales obras sobre espejos ustorios, por no hablar de libros clave en disciplinas como la Astronom&#x00ED;a, entre los que destaca el <italic>Almagesto </italic>de Ptolomeo. En cuanto a la obra de Galeno, es fundamental para la historia de la &#x00D3;ptica porque es por ese medio como por lo general los autores isl&#x00E1;micos se enfrentan al problema de la naturaleza del est&#x00ED;mulo visual o a la descripci&#x00F3;n b&#x00E1;sica del mecanismo de la visi&#x00F3;n, con la consabida pugna entre las variantes intro- y extramisiva, que sistem&#x00E1;ticamente se vence del lado de esta &#x00FA;ltima hasta la renovadora propuesta intromisiva de Alhac&#x00E9;n (Lindberg, <xref ref-type="bibr" rid="CIT02">1976</xref>).</p>

			<p>Al-Kindi e Ibn Sahl ser&#x00ED;an los principales autores &#x00E1;rabes que antecedieron a Alhac&#x00E9;n en el estudio de la &#x00D3;ptica y de ellos toma bastantes cosas, pero, precisamente en una cuesti&#x00F3;n tan relevante dentro de las aportaciones de Alhac&#x00E9;n, como es el estudio de la refracci&#x00F3;n, parece no haber conocido o no haber comprendido suficientemente la propuesta del segundo de los autores, al que en justicia se le podr&#x00ED;a atribuir el descubrimiento de la ley de la refracci&#x00F3;n, muchos siglos antes que Snel o Descartes (Rashed, <xref ref-type="bibr" rid="CIT03">1997</xref>). En ese sentido, no es exagerado decir que el punto de partida y el <italic>espejo</italic> en que se mira Alhac&#x00E9;n es la &#x00D3;ptica de Ptolomeo, de la cual su <italic>Kitab al-Manazir</italic> es en buena medida el sucesor en su labor de s&#x00ED;ntesis e integraci&#x00F3;n de todo el corpus &#x00F3;ptico existente, pero la asimilaci&#x00F3;n de todas las otras contribuciones de autores cl&#x00E1;sicos e isl&#x00E1;micos, que apenas hemos esbozado aqu&#x00ED;, adem&#x00E1;s del propio talento de Alhac&#x00E9;n, confieren un alcance muy superior a su obra respecto de cualquiera de las precedentes, hasta tal punto que no ser&#x00ED;a incorrecto afirmar que la &#x00D3;ptica alhaceniana supone una verdadera <italic>fundaci&#x00F3;n </italic>de la disciplina que hoy designamos con el nombre de &#x00D3;ptica, en la que el proceso visual es explicado por la intervenci&#x00F3;n, con car&#x00E1;cter protag&#x00F3;nico, del agente f&#x00ED;sico <italic>luz</italic>, de cuyas propiedades y comportamientos hemos de ocuparnos, y donde el <italic>conocimiento</italic> del mundo exterior a partir de la vista incluye instancias fisiol&#x00F3;gicas y psicol&#x00F3;gicas, un <italic>dentro</italic> hasta entonces pr&#x00E1;cticamente olvidado, en una estructura l&#x00F3;gica a partir de una secuencia de procesos bien interconectados, entre los cuales la refracci&#x00F3;n juega un importante papel. </p>

			<p>Esa profunda renovaci&#x00F3;n del esquema intromisivo (cuya versi&#x00F3;n cl&#x00E1;sica, desarrollada dentro de la escuela atom&#x00ED;stica y explicitada por autores como Epicuro o Lucrecio, resultaba inviable e inoperativa, por no resultar compatible con la bien desarrollada &#x00D3;ptica matem&#x00E1;tica, de esencia fuertemente extramisiva) solo puede, pues, llevarse a cabo a partir de una meditaci&#x00F3;n sobre los elementos fundamentales del proceso visual, que llevar&#x00E1; a un verdadero giro en los intereses futuros de la disciplina, que se ir&#x00E1; convirtiendo m&#x00E1;s y m&#x00E1;s en la ciencia de la luz dado que la visi&#x00F3;n quedar&#x00E1; en buena medida explicada como un <italic>asunto de la luz</italic>. En ese sentido, es correcto el empleo (puramente metaf&#x00F3;rico, si se quiere) del t&#x00E9;rmino <italic>revoluci&#x00F3;n</italic> para definir la labor de Alhac&#x00E9;n, dado que hay un intercambio de roles muy acusado entre el est&#x00ED;mulo sensorial y el &#x00F3;rgano sensible, que pierde su car&#x00E1;cter activo para convertirse en el receptor de un est&#x00ED;mulo perfectamente identificado con un agente f&#x00ED;sico de existencia <italic>objetiva</italic> y que se <italic>presenta</italic> al mundo cient&#x00ED;fico como el objeto de estudio fundamental de la &#x00D3;ptica: la luz.</p>

			<p>Es en el <italic>Kitab al-Manazir </italic>donde Alhac&#x00E9;n desgrana morosamente todas las etapas de ese proceso <italic>fundador</italic> y en ese libro nos centraremos en nuestra presentaci&#x00F3;n. No obstante, las contribuciones de Alhac&#x00E9;n a la &#x00D3;ptica no se agotan en esa obra y tambi&#x00E9;n es muy relevante su aportaci&#x00F3;n a la Matem&#x00E1;tica o la Astronom&#x00ED;a. Un estudio detallado de todas esas contribuciones queda, como puede imaginarse fuera de las posibilidades de este trabajo.</p>
		</sec>


		<sec id="S2">
			<title>EL R&#x00CD;O Y EL LIBRO. INFORMACI&#x00D3;N BIO-BIBLIOGR&#x00C1;FICA</title>

			<p>Las fuentes bibliogr&#x00E1;ficas que se ocupan m&#x00E1;s extensamente de la vida de Alhac&#x00E9;n son unos doscientos a&#x00F1;os posteriores a su vida, con lo que eso conlleva desde el punto de vista de la fiabilidad de las informaciones en ella incluidas, y corresponden a las obras de al-Qiftī (m. en 1248) e Ibn Abī Usaybi‘a (m. en 1270), quienes vivieron en Egipto y Siria (Sabra, <xref ref-type="bibr" rid="CIT05">1989</xref>).</p>

			<p>A partir de esas biograf&#x00ED;as y en base tambi&#x00E9;n a otros testimonios, que incluyen las transcripciones de documentos posiblemente originales de Alhac&#x00E9;n a cargo de Ibn Abī Usaybi‘a se puede determinar con cierta precisi&#x00F3;n que Alhac&#x00E9;n naci&#x00F3; en Basora (hoy en Irak) hacia el 965 y muri&#x00F3; en El Cairo en torno a 1040, as&#x00ED; como la totalidad (o al menos una muestra muy extensa) de los t&#x00ED;tulos de las obras que se le atribuyen, que se han conservado en un porcentaje apreciable hasta nuestros d&#x00ED;as.</p>

			<p>En cuanto a los detalles concretos de su peripecia vital, hemos de ser cautelosos, porque los diversos testimonios tienden a relatos muy coloridos y detallados que no tienen por qu&#x00E9; corresponder a la realidad. Seg&#x00FA;n uno de ellos, que recoge al-Qiftī, Alhac&#x00E9;n se traslad&#x00F3; de Irak a Egipto, a la corte fatimita de al-H&#x00E2;kim (califa de 996 a 1021), el monarca interesado en la cultura que fund&#x00F3; en El Cairo una biblioteca cuya fama casi alcanz&#x00F3; la de la Casa de la Sabidur&#x00ED;a de Bagdad. El califa, impresionado por la pretensi&#x00F3;n de Alhac&#x00E9;n, quien declar&#x00F3; ser capaz de realizar construcciones en el Nilo que pudieran regular el flujo de sus aguas, persuadi&#x00F3; al ya famoso matem&#x00E1;tico para que fuera a Egipto. Cuando Alhac&#x00E9;n recorri&#x00F3; el curso del Nilo y conoci&#x00F3; las excelentes construcciones que ya exist&#x00ED;an desde antiguo y que hab&#x00ED;an sido insuficientes para regular el caudal del r&#x00ED;o, perdi&#x00F3; confianza en su proyecto inicial y se declar&#x00F3; incapaz de llevar a cabo lo que hab&#x00ED;a prometido. Al confesarle su fracaso al califa, este le puso al frente de un departamento gubernamental, cargo que Alhac&#x00E9;n acept&#x00F3; llevado por el miedo para inmediatamente fingirse loco y ser confinado por ello en su domicilio hasta la muerte del califa en 1021. Alhac&#x00E9;n entonces <italic>recuper&#x00F3; </italic>su salud mental y dedic&#x00F3; el resto de su vida a un trabajo casi asc&#x00E9;tico de lectura y copia de trabajos cient&#x00ED;ficos, instalado en las proximidades de la mezquita Azhar en El Cairo. Otra fuente indica que cada a&#x00F1;o Alhac&#x00E9;n produc&#x00ED;a una copia manuscrita de los <italic>Elementos </italic>de Euclides o del <italic>Almagesto </italic>de Ptolomeo en lengua &#x00E1;rabe. Tambi&#x00E9;n pudo haber tenido disc&#x00ED;pulos, dedic&#x00E1;ndose a la ense&#x00F1;anza. </p>

			<p>Ibn Abī Usaybi‘a recoge el relato de al-Qiftī, acreditando su procedencia, y alg&#x00FA;n otro testimonio o detalle, pero, sobre todo, pone a nuestra disposici&#x00F3;n lo que ser&#x00ED;a la transcripci&#x00F3;n de un documento de la mano del propio Alhac&#x00E9;n en la que en realidad este no ofrece detalles concretos de su vida (ni siquiera la fecha o el lugar de nacimiento), pero donde nos ofrece una lista parcial de sus obras, que alcanzar&#x00ED;an hasta el momento de la redacci&#x00F3;n al documento, 1027. Hay una segunda lista de obras que cubrir&#x00ED;a el periodo de 1027 a 1028 y una tercera lista, ya posterior al fallecimiento de Alhac&#x00E9;n, que incluir&#x00ED;a un cat&#x00E1;logo presuntamente completo de las obras de este.  </p>

			<p>En base al an&#x00E1;lisis de esas informaciones se puede reconstruir hasta cierto punto la evoluci&#x00F3;n intelectual de Alhac&#x00E9;n y establecer con cierta fiabilidad los datos b&#x00E1;sicos de su vida, como las fechas de su nacimiento y muerte. En lo que nos concierne, es especialmente valiosa la informaci&#x00F3;n sobre las numerosas obras que Alhac&#x00E9;n dedic&#x00F3; a estudios de &#x00D3;ptica (o, por ser m&#x00E1;s precisos, a temas que hoy incluimos en la &#x00D3;ptica) dentro de su trabajo de matem&#x00E1;tico y astr&#x00F3;nomo, que fue por el que fue m&#x00E1;s conocido en su tiempo.  </p>

			<p>En ese &#x00E1;mbito, la obra <italic>estrella</italic>, como venimos diciendo, es la que recibe el nombre &#x00E1;rabe de <italic>Kitab al-Manazir</italic>. <italic>Al-Manazir</italic> es el t&#x00E9;rmino que se hab&#x00ED;a ido eligiendo por los autores &#x00E1;rabes cuando se iba definiendo el campo de la &#x00D3;ptica, fundamentalmente a partir de las contribuciones de Euclides y otros <italic>matem&#x00E1;ticos</italic>, por lo que estamos refiri&#x00E9;ndonos m&#x00E1;s bien a esa faceta de nuestra disciplina que luego los autores que escrib&#x00ED;an en lat&#x00ED;n tradujeron como <italic>De aspectibus</italic>, o <italic>Perspectiva</italic> (t&#x00E9;rmino que en los siglos XIII y XIV podemos considerar por completo equivalente al griego de &#x00D3;ptica, para luego pasar a designar preferentemente la aplicaci&#x00F3;n de las reglas &#x00F3;pticas al problema de la representaci&#x00F3;n pict&#x00F3;rica de la realidad). Esas fueron tambi&#x00E9;n algunas de las denominaciones que recibi&#x00F3; tambi&#x00E9;n el libro de Alhac&#x00E9;n cuando se fue traduciendo al lat&#x00ED;n. Alhac&#x00E9;n, as&#x00ED;, se incluye desde el mero t&#x00ED;tulo en la tradici&#x00F3;n que hemos esbozado en el apartado anterior y que toma como referencia la obra de Ptolomeo, aunque incorpora otras cosas que no se hallan all&#x00ED; expl&#x00ED;citamente (como consecuencia, seg&#x00FA;n Alhac&#x00E9;n, de la p&#x00E9;rdida del primer libro) y muchas aportaciones originales que extienden considerablemente el alcance de ese <italic>al-Manazir</italic>, ya dif&#x00ED;cilmente identificable de forma exclusiva con la &#x00D3;ptica matem&#x00E1;tica. Pero, por ese mismo motivo, Alhac&#x00E9;n no incluye en el <italic>Kitab</italic> sus estudios sobre espejos o esferas ustorios, el arco iris y el halo, la luz de la luna o los eclipses, que desarrolla en otros op&#x00FA;sculos (en los que se muestra su inter&#x00E9;s por el estudio de la <italic>luz</italic> y sus diferentes manifestaciones), pero que no considera propiamente parte del <italic>corpus &#x00F3;ptico</italic> definido a partir de Ptolomeo. El estudio detallado de esos tratados (menores si se comparan con la monumentalidad del <italic>Kitab-al-Manazir</italic>) es interesante adem&#x00E1;s porque nos permite entrever una cierta evoluci&#x00F3;n del pensamiento de Alhac&#x00E9;n y del grado de conocimiento o influencia que van teniendo sobre &#x00E9;l autores como Arist&#x00F3;teles o Ptolomeo, y nos muestra las aportaciones de Alhac&#x00E9;n a cuestiones como el estudio de la <italic>camera obscura</italic>, el arco iris, la esfera ustoria o el problema del tama&#x00F1;o aparente de la luna (que se conoci&#x00F3; en Occidente como el <italic>problema de Alhac&#x00E9;n</italic>). Dado el alcance de nuestro trabajo, sin embargo, no podremos ocuparnos realmente de esos tratados y de esas contribuciones, digamos, <italic>laterales</italic> de Alhac&#x00E9;n. </p>
		</sec>


		<sec id="S3">
			<title>LAS CONDICIONES DE LA VISI&#x00D3;N: UNA RENOVACI&#x00D3;N DEL ESQUEMA INTROMISIVO</title>

			<p>Si hemos de hacer caso a su propio testimonio, enunciado en las primeras (e intensas) p&#x00E1;ginas de su voluminoso <italic>Kitab al-Manazir</italic>, es la inquietud la que lleva a Alhac&#x00E9;n a reformular el tratamiento de los problemas &#x00F3;pticos, insatisfecho ante la falta de concordancia de los diversos autores que se han ocupado antes de &#x00E9;l de esas cuestiones. Reconoce la dificultad de las tareas emprendidas por todos esos autores, pero se propone, de alg&#x00FA;n modo, <italic>reformular el m&#x00E9;todo</italic>, dado que tiene el convencimiento de la unicidad de la verdad, y considera preciso encontrar un procedimiento por el que las aparentes contradicciones se resuelvan y la luz triunfe sobre la obscuridad. Aunque no se puede sin grave riesgo de anacronismo categorizar a Alhac&#x00E9;n como un cient&#x00ED;fico experimental, s&#x00ED; es cierto que en todo momento recurre a observaciones, experiencias y tambi&#x00E9;n experimentos para justificar el avance en la construcci&#x00F3;n de su edificio, a partir de esa declaraci&#x00F3;n inicial de principios, que establece la necesidad de una <italic>nueva mirada</italic>, de un an&#x00E1;lisis riguroso y desprejuiciado del problema tratado (el problema de la visi&#x00F3;n) y los elementos que lo constituyen (Sabra, <xref ref-type="bibr" rid="CIT05">1989</xref>). </p>

			<p>El <italic>Kitab al-Manazir</italic> est&#x00E1; dividido, al modo de la &#x00D3;ptica de Ptolomeo (Lejeune, <xref ref-type="bibr" rid="CIT01">1956</xref>; Smith, <xref ref-type="bibr" rid="CIT07">1999</xref>) en siete libros, como el propio Alhac&#x00E9;n nos anuncia en su primer cap&#x00ED;tulo: </p>


						<p><italic>Dividimos esta obra en siete libros. En el primero nos ocupamos de la visi&#x00F3;n de forma general. En el libro II detallamos las propiedades visibles, sus causas y el modo en que se perciben. En el libro III mostramos los errores de la vista en lo que percibe directamente, y sus causas. En el libro IV tratamos de la percepci&#x00F3;n visual por re-flexi&#x00F3;n en los cuerpos lisos. En el libro V mostramos la posici&#x00F3;n de las im&#x00E1;genes, es decir, las formas vistas dentro de los cuerpos lisos. En el libro VI nos ocupamos de los errores de la visi&#x00F3;n en lo que percibe por reflexi&#x00F3;n, y sus causas. En el libro VII estudiamos la percepci&#x00F3;n visual por refracci&#x00F3;n a trav&#x00E9;s de cuerpos transparentes, cuya transparencia difiere de la del aire. Y con el final de este libro concluye la obra (Sabra, <xref ref-type="bibr" rid="CIT05">1989</xref>). </italic></p>

			<p>Los primeros cap&#x00ED;tulos del libro I de la &#x00D3;ptica de Alhac&#x00E9;n son una demostraci&#x00F3;n admirable de rigor y buen hacer cient&#x00ED;fico. A diferencia de lo que sol&#x00ED;a ocurrir con los autores precedentes, m&#x00E1;s ocupados en rebatirse unos a otros en base a argumentos m&#x00E1;s o menos brillantes, Alhac&#x00E9;n <italic>empieza realmente por el principio</italic>, sin asunciones previas y sin perder demasiado tiempo en discusiones esencialistas sobre el <italic>qu&#x00E9; </italic>de la visi&#x00F3;n. Ser&#x00E1; a partir del <italic>c&#x00F3;mo</italic>, de la fenomenolog&#x00ED;a (y con el frecuente recurso a lo experimental), como podremos dilucidar adecuadamente ese <italic>qu&#x00E9;</italic>, <italic>a posteriori</italic>. Es un planteamiento estrictamente <italic>moderno</italic>, si bien, como veremos, no ser&#x00ED;a adecuado asumir que la obra de Alhac&#x00E9;n se puede enmarcar rigurosamente dentro del paradigma de la ciencia experimental que se desarrolla a partir de Galileo. No obstante, el contraste con sus predecesores es muy notable. </p>

			<p>En el cap&#x00ED;tulo 2 Alhac&#x00E9;n va enumerando <italic>las condiciones</italic> que hacen posible la visi&#x00F3;n, esto es, las circunstancias o elementos que deben estar presentes para que la visi&#x00F3;n pueda tener lugar, y en ausencia de los cuales se hace imposible. El an&#x00E1;lisis huye de preconcepciones y trata de dilucidar fenomenol&#x00F3;gicamente <italic>c&#x00F3;mo</italic> se ve para poder explicar posteriormente el mecanismo o el proceso responsable de esa visi&#x00F3;n. </p>

			<p>En primer lugar, es preciso que haya <italic>cierta distancia</italic> entre el ojo y el objeto. No hay visi&#x00F3;n si hay contacto directo con el ojo, aunque el objeto sea visible y, como tal, propio de la percepci&#x00F3;n visual. Este hecho obvio no es, sin embargo, f&#x00E1;cil de tratar, ya que las teor&#x00ED;as cl&#x00E1;sicas sobre la visi&#x00F3;n parten del presupuesto t&#x00E1;cito de que deb&#x00ED;a haber contacto (al modo t&#x00E1;ctil) entre el &#x00F3;rgano perceptor y el objeto percibido. Precisamente es la aparente incongruencia entre esa necesidad de distancia y la paralela necesidad de contacto f&#x00ED;sico la que lleva a las diferentes propuestas extra- e intromisivas.  </p>

			<p>Pero, adem&#x00E1;s, solo hay visi&#x00F3;n si el objeto se sit&#x00FA;a <italic>frente al ojo</italic>, de modo que se pueda trazar <italic>una l&#x00ED;nea recta de cada punto del objeto al ojo</italic>, y siempre que no se interpongan <italic>obst&#x00E1;culos</italic> opacos que interrumpan esas l&#x00ED;neas imaginarias (como tales las trata por el momento Alhac&#x00E9;n, para no prejuzgar su naturaleza, y ni siquiera el <italic>sentido </italic>de una supuesta propagaci&#x00F3;n que tales l&#x00ED;neas indicar&#x00ED;an, de rayos visuales o de otra &#x00ED;ndole). La presencia de los obst&#x00E1;culos hace imposible la visi&#x00F3;n mientras se mantengan en el camino rectil&#x00ED;neo entre el objeto y el ojo, aunque se den el resto de circunstancias favorables. Es m&#x00E1;s, si hay un obst&#x00E1;culo que interfiere solo parcialmente en esas trayectorias imaginarias, ser&#x00E1; la <italic>parte</italic> correspondiente del objeto la que quedar&#x00E1; oculta a la visi&#x00F3;n hasta que termine la interposici&#x00F3;n. Esta posible <italic>parcelaci&#x00F3;n</italic> del objeto visual es muy importante, ya que una de las flaquezas del intromisionismo cl&#x00E1;sico era el car&#x00E1;cter <italic>de facto indivisible</italic> de los simulacros, entendidos como emanaciones del <italic>objeto como todo</italic>, y no de sus partes. La visi&#x00F3;n parcial de un objeto solo a medias cubierto implica que de alg&#x00FA;n modo es en las direcciones preservadas en las que tiene lugar la visi&#x00F3;n independientemente de nuestra categorizaci&#x00F3;n, dir&#x00ED;amos, <italic>verbal</italic>, del objeto como entidad. Estamos en el camino del an&#x00E1;lisis puntiforme del objeto, que es clave para la operatividad del intromisionismo alhaceniano como base de una renovada &#x00D3;ptica matem&#x00E1;tica que no renuncie a los logros de la cl&#x00E1;sica, extramisionista. </p>

			<p>Alhac&#x00E9;n, de hecho, est&#x00E1; reconociendo en esta parte de su an&#x00E1;lisis, la <italic>frontalidad</italic> de la mirada, y su <italic>rectilinealidad</italic>, caracter&#x00ED;sticas estas responsables de la <italic>naturalidad </italic>del extramisionismo. Pero, como Alhac&#x00E9;n nos pone claramente de manifiesto un poco m&#x00E1;s adelante, la posibilidad de trazado de l&#x00ED;neas rectas imaginarias de objeto a ojo ata&#x00F1;e a los diversos puntos del objeto y <italic>tambi&#x00E9;n del ojo</italic>, con lo que se establece una doble multiplicidad de l&#x00ED;neas, que es obligatoria para garantizar la visi&#x00F3;n. Propone entonces Alhac&#x00E9;n una sencilla prueba experimental de lo que acaba de afirmar, mediante el empleo de un tubo hueco y una regla que act&#x00FA;a de obst&#x00E1;culo.  </p>

			<p>Asumida, entonces, la necesidad de esa rectilinealidad, Alhac&#x00E9;n nos muestra otra condici&#x00F3;n <italic>sine qua non</italic> de la visi&#x00F3;n: </p>

						<p><italic>La vista no percibe ning&#x00FA;n objeto visible a menos que haya en ese objeto alguna luz, bien propia de &#x00E9;l, o procedente de alg&#x00FA;n otro objeto que radia sobre &#x00E9;l. Si el objeto es obscuro y no tiene ninguna luz no podr&#x00E1; ser percibido por la vista. Si el ojo est&#x00E1; situado en un lugar obscuro puede percibir los objetos que tiene frente a &#x00E9;l si est&#x00E1;n iluminados, siempre que la atm&#x00F3;sfera intermedia sea continua y no se interpongan obst&#x00E1;culos opacos, pero si el objeto est&#x00E1; en un lugar obscuro en el que no hay luz y el ojo est&#x00E1; situado en un lugar iluminado, el objeto no puede ser percibido. Y este estado de cosas se mantiene siempre sin ninguna variaci&#x00F3;n (Sabra, <xref ref-type="bibr" rid="CIT05">1989</xref>). </italic></p>

			<p>Es, por tanto, preciso, que el objeto tenga alguna luz (no hablamos a&#x00FA;n propiamente de emisi&#x00F3;n por parte de &#x00E9;l) y es irrelevante que el ojo la tenga, ya que si el objeto no est&#x00E1; iluminado nunca podr&#x00E1; percibirse. Los esquemas extramisivos postulan la existencia de alg&#x00FA;n tipo de fuego o luz o emisi&#x00F3;n del ojo que ser&#x00ED;a la responsable del <italic>acceso </italic>al exterior del <italic>alma</italic> y, a trav&#x00E9;s del contacto con el objeto, la visi&#x00F3;n del mundo. Alhac&#x00E9;n no quiere todav&#x00ED;a <italic>negar</italic> la existencia de esos rayos visuales, o entrar en las fatigosas discusiones sobre el tema que encontramos en el resto de los autores. Se limita a afirmar un hecho incontrovertible: <italic>el estado de iluminaci&#x00F3;n del ojo es irrelevante, el estado de iluminaci&#x00F3;n del objeto es fundamental</italic>. La luz no puede ser solo un <italic>coadyuvante</italic> a la acci&#x00F3;n de los rayos visuales, o un mero <italic>estado de transparencia </italic>que <italic>activa </italic>una visi&#x00F3;n que no requiere de mayor elucidaci&#x00F3;n: no, un objeto obscuro no se ve, y s&#x00ED; se ve uno iluminado. Un ojo en la obscuridad ve lo luminoso tan bien como si el ojo est&#x00E1; en la luz.  </p>

			<p>Alhac&#x00E9;n pasa entonces a indicarnos otra nueva condici&#x00F3;n para la visi&#x00F3;n: que el objeto visible tenga <italic>un cierto tama&#x00F1;o,</italic> ya que no se perciben los objetos extremadamente peque&#x00F1;os, como (dice, por ejemplo) la pupila del ojo de un mosquito, de cuya existencia no tendr&#x00ED;amos por qu&#x00E9; dudar. Adem&#x00E1;s, el tama&#x00F1;o m&#x00ED;nimo requerido depende de la fuerza o la debilidad de la vista, ya que hay personas que pueden ver objetos que otros no ven. Pero, en todo caso, es claro que los objetos peque&#x00F1;&#x00ED;simos no pueden ser percibidos por nadie, y que hay siempre una cota inferior para el tama&#x00F1;o visible. </p>

			<p>Nos encontramos aqu&#x00ED; con un argumento interesante. Aunque es obvio que la limitaci&#x00F3;n de la resoluci&#x00F3;n se conoc&#x00ED;a desde los comienzos y que tanto Euclides como Ptolomeo hab&#x00ED;an propuesto explicaciones dentro del modelo de cono visual, lo que aqu&#x00ED; nos propone Alhac&#x00E9;n es algo m&#x00E1;s fuerte: <italic>siempre</italic> habr&#x00E1; un tama&#x00F1;o m&#x00ED;nimo discernible, por debajo del cual existen sin duda cosas que de natural deber&#x00ED;an ser visibles (esto es, objetos propios de la visi&#x00F3;n, como las peque&#x00F1;as partes de la anatom&#x00ED;a de los mosquitos) pero que no lo pueden ser por su tama&#x00F1;o. As&#x00ED;, la mera <italic>visibilidad</italic>, digamos, <italic>esencial</italic> de un objeto ni es suficiente ni es la causa &#x00FA;ltima de la visi&#x00F3;n, y, desde luego, puede haber cosas que existan y que <italic>potencialmente </italic>podr&#x00ED;an ser vistas por un ojo m&#x00E1;s potente que no lo son (esas cosas tan peque&#x00F1;as acabar&#x00E1;n siendo vistas siglos despu&#x00E9;s cuando los <italic>instrumentos</italic> &#x00F3;pticos <italic>potencien </italic>o <italic>extiendan </italic>esas capacidades y esa <italic>explosi&#x00F3;n de lo visible</italic>, ya sabemos, abrir&#x00E1; un <italic>abismo de lo peque&#x00F1;o </italic>que inquietar&#x00E1; a Pascal tanto o m&#x00E1;s que el de los espacios infinitos). Una teor&#x00ED;a de la visi&#x00F3;n no se debe ocupar solo, pues, de garantizar un contacto entre el &#x00F3;rgano visual y lo que <italic>necesariamente</italic> ha de ser visto, pues est&#x00E1; en su naturaleza. La <italic>necesidad</italic> de ese car&#x00E1;cter visual no implica su <italic>suficiencia</italic>: es preciso que se cumplan un n&#x00FA;mero de circunstancias concomitantes, que pueden ser contingentes sin duda, pero que imponen limitaciones al proceso de la visi&#x00F3;n que no pueden soslayarse en el discurso. Por primera vez se contextualiza el problema de la limitaci&#x00F3;n de la resoluci&#x00F3;n y se indica que el esquema matem&#x00E1;tico sobre el que reposa la &#x00D3;ptica cl&#x00E1;sica no puede ser completo, y que debe pivotar m&#x00E1;s bien sobre un an&#x00E1;lisis <italic>f&#x00ED;sico</italic> del proceso, an&#x00E1;lisis que luego se completar&#x00E1; tambi&#x00E9;n con an&#x00E1;lisis <italic>fisiol&#x00F3;gicos </italic>y <italic>psicol&#x00F3;gicos</italic>. A un objeto peque&#x00F1;&#x00ED;simo, en principio, siempre podr&#x00ED;a llegar una l&#x00ED;nea imaginaria de anchura nula que uniera los inconcebibles puntos de esa cosa diminuta con nuestro ojo, venga esa l&#x00ED;nea imaginaria del objeto o del ojo: eso, que las anteriores proposiciones de Alhac&#x00E9;n han mostrado <italic>necesario</italic> no es, sin embargo <italic>suficiente</italic>. Para la visibilidad influir&#x00E1;n otras cuestiones, como la potencia del ojo y, esto es muy importante, <italic>la luminosidad</italic>, que siempre ser&#x00ED;a relativa, como Alhac&#x00E9;n nos muestra un poco m&#x00E1;s adelante. </p>

			<p>Antes, en nuestro an&#x00E1;lisis de lo visible en t&#x00E9;rminos pr&#x00E1;cticos, hallamos que los objetos deben ser, para poder ser visto, <italic>opacos</italic> ellos mismos, ya que si son extremadamente transparentes, como un aire rarificado, la vista no encuentra su objeto en ellos, sino en lo que viene tras ellos. Los cuerpos dotados de cierta opacidad, adem&#x00E1;s, van a presentar cierto <italic>color</italic> (en tanto que cualidad visible, propiedad directamente accesible por la vista), cosa que puede no darse en los medios completamente transparentes, que, por ello, permanecen invisibles. </p>

			<p>En el siguiente p&#x00E1;rrafo, Alhac&#x00E9;n abunda en la limitaci&#x00F3;n de resoluci&#x00F3;n, en este caso dando cuenta de la posibilidad de que un objeto lejano <italic>deje de ser</italic> visto, pierda su visibilidad en funci&#x00F3;n de la distancia de observaci&#x00F3;n (no del tama&#x00F1;o, como hemos visto antes). Ahora bien, esa limitaci&#x00F3;n viene mediada por la potencia de la <italic>luz del objeto</italic>, siendo as&#x00ED; posible observar una d&#x00E9;bil llama desde muy lejos si nos rodea una obscuridad absoluta, pero ninguno de los objetos intermedios, por voluminosos que sean. De igual modo, las velas blancas de las embarcaciones (que son m&#x00E1;s <italic>brillantes</italic>) se ven desde m&#x00E1;s lejos que el cuerpo del barco en s&#x00ED;. Hablando en t&#x00E9;rminos modernos, la resoluci&#x00F3;n est&#x00E1; en funci&#x00F3;n de un tama&#x00F1;o <italic>angular</italic> (puesto que el tama&#x00F1;o del objeto debe ponerse en relaci&#x00F3;n con la distancia de observaci&#x00F3;n) y tambi&#x00E9;n de la <italic>luminancia</italic>, de la luminosidad del objeto observado (y las condiciones ambiente de iluminaci&#x00F3;n, a&#x00F1;adir&#x00ED;amos). Interesante esta puntualizaci&#x00F3;n sobre la intensidad luminosa y su incidencia en la posibilidad de percepci&#x00F3;n de los objetos. Ya Alhac&#x00E9;n est&#x00E1; apuntando hacia la luz como el agente principal de la visi&#x00F3;n, pero lo est&#x00E1; haciendo con la simple afirmaci&#x00F3;n de hechos evidentes y cotidianos (y con un continuo recurso a la experiencia), para no <italic>imponer </italic>esa opci&#x00F3;n <italic>a priori</italic>. </p>

			<p>Resume entonces Alhac&#x00E9;n: </p>

						<p><italic>Se sigue de lo que hemos ido afirmando y se induce de los hechos que hemos reunido que, en lo que se refiere a las distancias a las que un objeto puede ser percibido o se vuelve invisible, estas dependen de condiciones y propiedades del objeto en s&#x00ED; mismo, y tambi&#x00E9;n de la fuerza o debilidad de la vista con la que son percibidos (Sabra, <xref ref-type="bibr" rid="CIT05">1989</xref>). </italic></p>

			<p>Es decir: no <italic>solo</italic> del ojo, sino tambi&#x00E9;n del <italic>objeto</italic>. No solo extramisionismo, no solo concurso m&#x00E1;s o menos pasivo del medio circundante: al menos cierto protagonismo del objeto, que va abriendo el camino hacia el intromisionismo. Alhac&#x00E9;n se siente seguro de sus conclusiones que ha obtenido, seg&#x00FA;n nos dice expresamente <italic>por inducci&#x00F3;n y experimento</italic>, y resume entonces todas las <italic>condiciones obligatorias </italic>para la visi&#x00F3;n. </p>

			<p>Concluye entonces Alhac&#x00E9;n con una extensi&#x00F3;n de sus consideraciones sobre la capacidad de <italic>discernimiento</italic> como funci&#x00F3;n de la distancia que incorpora el <italic>movimiento</italic> del objeto: cuando lo alejamos los detalles se pierden progresivamente seg&#x00FA;n disminuye su tama&#x00F1;o aparente, hasta que el propio objeto se hace del todo invisible, y el proceso inverso se da cuando el objeto se acerca, siempre teniendo en cuenta que si acercamos en demas&#x00ED;a el objeto al ojo la visi&#x00F3;n se har&#x00E1; confusa, como ha quedado establecido desde el principio. As&#x00ED; pues, solo en un cierto rango de distancias, que Alhac&#x00E9;n califica de <italic>moderadas</italic> (no muy lejanas ni muy cercanas), podremos apreciar con nitidez el objeto en todos sus detalles. </p>

			<p>Cierra Alhac&#x00E9;n este cap&#x00ED;tulo, tan importante, como vemos, para la historia de la &#x00D3;ptica, present&#x00E1;ndonos el resto de su programa de investigaci&#x00F3;n, en el que, a partir de lo establecido en su an&#x00E1;lisis, otorga el papel estrella a la <italic>luz</italic>, entidad f&#x00ED;sica externa al ojo y responsable de la visi&#x00F3;n. </p>

						<p><italic>Es as&#x00ED; evidente que la vista no percibe ning&#x00FA;n objeto visible que no tenga alguna luz en &#x00E9;l, bien propia o bien procedente de otro objeto (…). Debemos ahora investigar las propiedades de la luz y su modo de radiaci&#x00F3;n, y estudiar entonces el efecto de la luz sobre la vista. A esto deberemos entonces a&#x00F1;adir el estudio del ojo, para, por medio de un razonamiento cuidadoso, proceder en nuestro camino hacia la conclusi&#x00F3;n (Sabra, <xref ref-type="bibr" rid="CIT05">1989</xref>). </italic></p>
			</sec>


		<sec id="S4">
			<title>LUZ QUE HIERE LOS OJOS: EL GIRO ALHACENIANO EN LAS TEOR&#x00CD;AS DE LA VISI&#x00D3;N  </title>

			<p>En el cap&#x00ED;tulo 3 del libro I de su &#x00D3;ptica Alhac&#x00E9;n lleva a cabo lo que podr&#x00ED;amos considerar el estudio m&#x00E1;s detallado y de mayor alcance sobre la luz como fen&#x00F3;meno f&#x00ED;sico hasta sus d&#x00ED;as. El estilo es, de nuevo, moderno, procedi&#x00E9;ndose solo a trav&#x00E9;s de consideraciones de hechos evidentes y dirigiendo la investigaci&#x00F3;n a la determinaci&#x00F3;n de las propiedades objetivas de la luz, antes de abordar la cuesti&#x00F3;n de la interacci&#x00F3;n entre la luz y la visi&#x00F3;n. </p>

			<p>En primer lugar se afirma que la luz que procede de los cuerpos que son luminosos en s&#x00ED; mismos radia en toda direcci&#x00F3;n, hacia cualquier cuerpo que se oponga a la fuente luminosa. Esa radiaci&#x00F3;n tiene lugar seg&#x00FA;n <italic>l&#x00ED;neas rectas</italic> (que ya son <italic>l&#x00ED;neas de luz </italic>o <italic>rayos</italic> de <italic>algo f&#x00ED;sico</italic>, dotando as&#x00ED; de un posible <italic>cuerpo </italic>a las l&#x00ED;neas imaginarias de la Perspectiva: una alternativa a los rayos visuales), siempre que se garantice que su medio de propagaci&#x00F3;n es &#x00FA;nico (de una &#x00FA;nica transparencia, es decir, que no haya refracci&#x00F3;n). Esto se puede probar con experimentos sencillos, empleando, por ejemplo, orificios por los que fluye la luz hacia el interior de una habitaci&#x00F3;n obscura. Si hay polvo o part&#x00ED;culas flotando en el aire veremos la luz como formando un rayo rectil&#x00ED;neo que se dirige hacia la pared opuesta al orificio; si el aire est&#x00E1; extremadamente claro solo apreciaremos una mancha de luz en esa pared, sin ser visible el camino de la luz. Pero si movemos una pantalla a lo largo del camino de la luz, iremos apreciando como el rayo de luz es interceptado por esa pantalla, revel&#x00E1;ndose as&#x00ED; el car&#x00E1;cter rectil&#x00ED;neo de esa marcha. Otros experimentos de esta &#x00ED;ndole (algunos involucrando la observaci&#x00F3;n directa mediante el ojo; tambi&#x00E9;n, la mera formaci&#x00F3;n de sombras) se proponen, de modo que la propagaci&#x00F3;n rectil&#x00ED;nea de la luz queda suficientemente probada. </p>

			<p>Dice entonces Alhac&#x00E9;n que <italic>la luz radia de toda parte de un cuerpo luminoso y la luz que radia del conjunto del cuerpo luminoso es m&#x00E1;s fuerte que la que proviene de una parte de &#x00E9;l </italic>y nos pone el ejemplo del Sol en el amanecer o durante los eclipses. Cada punto de un cuerpo luminoso como el Sol, es una fuente de radiaci&#x00F3;n: la luz no procede del centro de esa fuente, sino de cada parte del cuerpo (por separado, dir&#x00ED;amos). Si se produce un eclipse y hay una interposici&#x00F3;n de un objeto opaco en el trayecto de los rayos solares, son solo aquellos rayos que en su marcha rectil&#x00ED;nea se encuentran con el obst&#x00E1;culo los que se ven afectados, siendo posible la observaci&#x00F3;n de ciertas partes del Sol cuyos rayos pueden alcanzar el ojo del observador. </p>

			<p>Nos encontramos aqu&#x00ED; con una afirmaci&#x00F3;n rotunda de <italic>la posibilidad de an&#x00E1;lisis puntiforme</italic> aplicada a las fuentes de luz que antes anticip&#x00E1;bamos. Es <italic>cada punto</italic> de esa fuente el que debe considerarse a su vez como fuente de infinitos rayos rectil&#x00ED;neos, no es preciso referirse al objeto <italic>como un todo</italic>. Desde el momento en que es posible la observaci&#x00F3;n de <italic>un trozo</italic> de Sol en un eclipse, deberemos admitir que no es preciso mantener la integridad de su forma en la propagaci&#x00F3;n de los rayos que proceden de &#x00E9;l. As&#x00ED;, salvamos el gran obst&#x00E1;culo del intromisionismo atomista y nos encaminamos a la soluci&#x00F3;n definitiva del problema de la visi&#x00F3;n. Alhac&#x00E9;n nos ha hablado antes de la doble multiplicidad de l&#x00ED;neas imaginarias entre objeto y ojo; ahora nos muestra c&#x00F3;mo una fuente luminosa produce de manera natural una infinidad de l&#x00ED;neas <italic>reales</italic>, f&#x00ED;sicas, trayectorias de luz. Ya solo restar&#x00E1; probar que tales rayos afectan al ojo y quedar&#x00E1; garantizada la plausibilidad del esquema intromisionista renovado de Alhac&#x00E9;n. </p>

			<p>Alhac&#x00E9;n nos proporciona m&#x00E1;s ejemplos y demostraciones del concepto de an&#x00E1;lisis puntiforme, con otras fuentes de luz como la Luna o el fuego. Una vez concluido con seguridad que <italic>de cada parte de un cuerpo luminoso, la luz radia en toda l&#x00ED;nea recta que se extiende desde esa parte</italic>, Alhac&#x00E9;n da el paso crucial. Esto que ha revelado la experimentaci&#x00F3;n para las partes m&#x00E1;s o menos grandes de las fuentes, debe extenderse a las partes m&#x00E1;s peque&#x00F1;as, <italic>sin que haya un l&#x00ED;mite natural a la divisibilidad del cuerpo</italic>, ya que la propiedad hallada es consubstancial a la esencia de los cuerpos luminosos y por tanto debe existir <italic>en toda parte de ellos</italic>, por peque&#x00F1;a que fuera (de hecho, lo que se propone es un modelo continuo de substancia, por lo que no se est&#x00E1; pensando en un t&#x00E9;rmino de la divisibilidad, en un &#x00E1;tomo, sino en un inalcanzable punto matem&#x00E1;tico). He aqu&#x00ED; el an&#x00E1;lisis puntiforme: desde un cuerpo luminoso hasta un punto dado existir&#x00E1;n tantas trayectorias de luz como l&#x00ED;neas se puedan trazar de cada punto de la fuente a ese punto receptor.  </p>

			<p>Una vez investigada esta importante propiedad de los cuerpos luminosos por s&#x00ED; mismos (de las <italic>luces primarias</italic> en la terminolog&#x00ED;a de Alhac&#x00E9;n), se estudia el comportamiento de las <italic>luces accidentales</italic>, producidas por la acci&#x00F3;n de esas fuentes primarias sobre los objetos opacos. De nuevo se proponen diversos experimentos (por ejemplo, involucrando una c&#x00E1;mara dentro de una c&#x00E1;mara), cuyo an&#x00E1;lisis es muy interesante, aunque no podemos incluirlo aqu&#x00ED; con detalle. La conclusi&#x00F3;n es que tambi&#x00E9;n esas luces accidentales progresan seg&#x00FA;n trayectorias rectil&#x00ED;neas desde cada punto del objeto iluminado (fuente secundaria de radiaci&#x00F3;n en este caso). Para esa luz accidental, es decir, para todo objeto que iluminemos y no sea completamente transparente, se sigue, en virtud del principio del an&#x00E1;lisis puntiforme, lo mismo que para la luz esencial: cada punto del objeto emitir&#x00E1; luz seg&#x00FA;n trayectorias rectil&#x00ED;neas en todas direcciones. </p>

			<p>La propiedad b&#x00E1;sica de rectilinearidad se mantiene tambi&#x00E9;n para la luz reflejada (entendiendo por tal la que procede de una fuente primaria y ha sufrido lo que denominar&#x00ED;amos reflexi&#x00F3;n especular), que se propagar&#x00E1; seg&#x00FA;n ciertas direcciones, aquellas para las que se cumple la ley de la reflexi&#x00F3;n. Y en lo que hoy denominamos refracci&#x00F3;n se mantiene la rectilinearidad de las trayectorias, aunque habr&#x00E1; un cambio de direcci&#x00F3;n. Alhac&#x00E9;n no menciona aqu&#x00ED; el t&#x00E9;rmino refracci&#x00F3;n pero s&#x00ED; nos indica claramente de qu&#x00E9; se trata: un cambio entre medios de distinta transparencia. Y siguen nuevos experimentos que sustentan todas esas conclusiones. </p>

			<p>Caracterizada de este modo la luz, Alhac&#x00E9;n se ocupa entonces del <italic>color</italic>, siempre entendiendo por tal la propiedad de los objetos visibles que los convierte precisamente en visibles. Ese color (o sus formas correspondientes a cada objeto, siempre asumiendo que debemos llevar el alcance de la palabra objeto a cada punto de cada cosa) <italic>acompa&#x00F1;a</italic> a la luz secundaria cuando se ilumina el cuerpo. Lo mismo puede decirse de las luces primarias. </p>

			<p>No nos dejemos despistar por el lenguaje de las <italic>formas</italic>. Lo que se nos propone aqu&#x00ED; es una relaci&#x00F3;n entre la visibilidad (o lo visible) de los objetos y la luz que radian. No es una identificaci&#x00F3;n <italic>sensu strictu</italic>, pero s&#x00ED; una declaraci&#x00F3;n de la mutua influencia de <italic>color</italic> (en tanto propiedad del objeto) y <italic>luz</italic> (que puede ser propiedad del objeto, cuando es luminoso, en cuyo caso viene a ser equivalente a su color, es decir, a lo que lo hace visible). Lo que veamos del objeto vendr&#x00E1; inscrito en la luz que nos llegue de &#x00E9;l. La familiaridad de las formas de luz y color queda justificada por una serie de experimentos propuestos, en los que se ve c&#x00F3;mo es posible que la luz se coloree (al atravesar una tela, por ejemplo) o como los diferentes niveles de iluminaci&#x00F3;n afectan al color de un objeto (m&#x00E1;s obscuro cuando hay menos luz). Dado que el color es la informaci&#x00F3;n visual del objeto, aquello que conocer&#x00E1; nuestro sentido, lo que se nos propone aqu&#x00ED; es el reconocimiento de la luz radiada por los objetos como el soporte de esa informaci&#x00F3;n visual. </p>

			<p>Estamos pues hablando de <italic>una inseparabilidad luz-color</italic>, que, sin mucha dificultad, acabaremos convirtiendo en una declaraci&#x00F3;n formal de la luz como el agente de la sensaci&#x00F3;n visual (por s&#x00ED; misma y en tanto que veh&#x00ED;culo del color). Existen las formas del color, y tienen su origen en los objetos (en cada punto de los objetos), pero penetran en la vista a caballo de la luz. No es que se nos diga, por el momento, que es esa m&#x00FA;ltiple emanaci&#x00F3;n luz-color la que nos permitir&#x00E1; ver, pero s&#x00ED; se nos ha probado su existencia y se nos han mostrado sus propiedades. Los rayos visuales de las teor&#x00ED;as extramisivas acabar&#x00E1;n por ser simplemente <italic>in&#x00FA;tiles</italic> en presencia de esta entidad tan claramente definida y caracterizada. </p>

			<p>Pero nos queda el &#x00FA;ltimo paso: mostrar que la luz afecta al ojo. A ese fin est&#x00E1; consagrado el cap&#x00ED;tulo 4. No lo pasemos por alto: hemos ya comentado como la luz no se consideraba hasta ese momento en las teor&#x00ED;as &#x00F3;pticas nunca en t&#x00E9;rminos de <italic>agente</italic> visual, sino m&#x00E1;s bien como un factor, necesario pero lateral, en el proceso de la visi&#x00F3;n. Alhac&#x00E9;n va a desmontar el extramisionismo no neg&#x00E1;ndolo o indicando sus fallas y defectos, sino m&#x00E1;s bien apelando a su absoluta falta de necesidad, al mostrarnos c&#x00F3;mo basta con la luz y sus propiedades para justificar la existencia de la vista y los resultados de la Perspectiva sin que haya que recurrir a los rayos visuales. Como tambi&#x00E9;n va a poder probar que su nueva forma de intromisionismo, en la que el agente f&#x00ED;sico decisivo es la luz, es viable y mejor que todo esquema extramisivo tradicional: &#x00E9;l dispone de <italic>un modelo f&#x00ED;sico</italic> claramente contrastado de ese agente sensorial, mientras que los rayos visuales no pasar&#x00ED;an de ser meras construcciones, sin entidad f&#x00ED;sica y, por tanto, del todo prescindibles.  </p>

			<p>La clave de la demostraci&#x00F3;n de la acci&#x00F3;n de la luz sobre el ojo es el <italic>dolor</italic>, el da&#x00F1;o que la luz produce, cuando es muy intensa, a quien la mira. A veces hay un puro deslumbramiento, a veces se produce el fen&#x00F3;meno de la persistencia de la imagen retiniana. Cuando, por ejemplo, miramos un espejo en el que se refleja el Sol, debemos apartar la mirada porque sentimos dolor debido a la potencia de la luz reflejada. Tambi&#x00E9;n ocurre que, tras estar expuestos a un nivel de iluminaci&#x00F3;n alto (por ejemplo, al mirar un cuerpo blanco irradiado por la luz solar), nos cuesta apreciar los detalles de cuerpos m&#x00E1;s obscuros. Incluso nos puede aparecer la apariencia del objeto luminoso observado cuando dirigimos nuestra vista a la obscuridad (persistencia retiniana). Esto que ocurre con la luz tambi&#x00E9;n sucede con el color: tras mirar una superficie de color intenso, de alg&#x00FA;n modo nuestra vista queda afectada y vemos con ese color el resto de los objetos. Parece claro, pues, que la vista <italic>s&#x00ED;</italic> se ve afectada por la luz, que una luz m&#x00E1;s o menos intensa puede alterar nuestras percepciones. </p>

			<p>Otro hecho importante es que la presencia de luces muy fuertes nos impide apreciar otras luces m&#x00E1;s d&#x00E9;biles: los objetos m&#x00E1;s luminosos nos ocultan la presencia de otros objetos de menor brillo. La visibilidad, pues, de los objetos, est&#x00E1; asociada a la intensidad de la luz, y eso afecta directamente a nuestra percepci&#x00F3;n. En resumen, </p>

						<p><italic>Dado que las luces m&#x00E1;s intensas al incidir sobre objetos visibles causan la desaparici&#x00F3;n de detalles en ciertos objetos o la aparici&#x00F3;n de detalles en otros, y dado que las luces m&#x00E1;s d&#x00E9;biles de los objetos visibles pueden tambi&#x00E9;n causar la aparici&#x00F3;n de ciertos detalles y la desaparici&#x00F3;n de otros, y dado que los colores de los cuerpos cambian en funci&#x00F3;n de la luz con la que son iluminadas, y adem&#x00E1;s la presencia de luces intensas impiden la percepci&#x00F3;n por la vista de ciertos objetos, y que, en adici&#x00F3;n a esto, la vista no percibe los objetos que no son brillantes – por todo esto, la forma en la que la vista percibe un objeto debe estar en acuerdo con la luz emitida por tal objeto, y en acuerdo con el resto de las luces visibles para el ojo en el momento de la percepci&#x00F3;n y en el medio intermedio entre el ojo y el objeto visible (Sabra, <xref ref-type="bibr" rid="CIT05">1989</xref>). </italic></p>

			<p>Solo por la luz es posible la visi&#x00F3;n y ser&#x00E1; el estudio de la luz el que nos explique lo que vemos y c&#x00F3;mo vemos. Habremos de perseguir a la luz por el ojo para entender de qu&#x00E9; modo es posible adquirir la informaci&#x00F3;n visual de los objetos que la luz transporta.  </p>
		</sec>



		<sec id="S5">
			<title>LUZ QUE SE ROMPE. EL PAPEL DE LA REFRACCI&#x00D3;N EN LA SELECCI&#x00D3;N DE LAS TRAYECTORIAS  </title>

			<p>En los cruciales cap&#x00ED;tulos iniciales de su <italic>&#x00D3;ptica</italic>, Alhac&#x00E9;n nos ha mostrado la plausibilidad de un esquema intromisivo, en el que la luz que procede, seg&#x00FA;n trayectorias rectil&#x00ED;neas, de cada punto del objeto e incide en el ojo pueda ser el agente de la sensaci&#x00F3;n visual. Pero nos restan a&#x00FA;n algo importante. Para que ese esquema sea v&#x00E1;lido debemos a&#x00FA;n explicar c&#x00F3;mo es posible <italic>componer</italic> esa informaci&#x00F3;n transportada por la luz de modo que obtengamos una percepci&#x00F3;n n&#x00ED;tida. Abolida la integridad de los simulacros del atomismo y establecida la multiplicidad de trayectorias objeto-ojo, debemos encontrar un argumento que nos permita reestablecer de alg&#x00FA;n modo la <italic>correspondencia</italic> entre la disposici&#x00F3;n de puntos en el objeto original y la forma percibida por el intelecto mediante la acci&#x00F3;n del ojo. Aqu&#x00ED; la anatom&#x00ED;a de este &#x00F3;rgano va a jugar un papel decisivo y Alhac&#x00E9;n nos la va a describir, apunt&#x00E1;ndonos ya qu&#x00E9; caracter&#x00ED;sticas de esa anatom&#x00ED;a van a ser las que le permitan justificar esa visi&#x00F3;n n&#x00ED;tida que precisamos, en el cap&#x00ED;tulo 5 del primer libro del <italic>Kitab al-Manazir</italic>, proponiendo un (bastante arbitrario y muy poco experimental) modelo geom&#x00E9;trico que resulta congruente con su esquema general de la visi&#x00F3;n y que le permita reunir dentro de ese esquema las facetas f&#x00ED;sica, matem&#x00E1;tica y anat&#x00F3;mica de la &#x00D3;ptica. </p>

			<p>En principio, Alhac&#x00E9;n basa su descripci&#x00F3;n en autores &#x00E1;rabes anteriores y en la tradici&#x00F3;n gal&#x00E9;nica. Los nervios &#x00F3;pticos parten de la regi&#x00F3;n anterior del cerebro y se re&#x00FA;nen en el quiasma &#x00F3;ptico, en un solo nervio hueco, para volver a dividirse y extenderse a las &#x00F3;rbitas oculares. Los ojos constan de cuatro t&#x00FA;nicas y tres humores. La primera t&#x00FA;nica es la <italic>consolidativa</italic>, en la que se encuentra la &#x00FA;vea, que la consolidativa rodea enteramente, salvo por la parte delantera. La <italic>pupila</italic> es una abertura en la &#x00FA;vea, y se encuentra en la parte frontal del ojo, justamente enfrente del nervio &#x00F3;ptico. En esa parte frontal el ojo est&#x00E1; cubierto por la <italic>c&#x00F3;rnea</italic>, que es dura, transparente e incolora. La cuarta t&#x00FA;nica propuesta por Alhac&#x00E9;n es la <italic>aracnea</italic>, que recibe su nombre de su semejanza con una tela de ara&#x00F1;a y rodea al <italic>humor glacial</italic>, que se encuentra dentro de la &#x00FA;vea, consta de dos partes, la anterior, <italic>humor cristalino</italic>, densa y no muy transparente y la posterior o interior, el <italic>humor v&#x00ED;treo</italic>. La superficie anterior del cristalino es m&#x00E1;s bien plana y lo que convierte a la forma de este en lenticular. En combinaci&#x00F3;n con el v&#x00ED;treo (es decir, el humor glacial al completo) forman una esfera rodeada por la membrana aracnoide. El tercer humor del ojo es el <italic>albuginoso o acuoso</italic>, que se asemeja a la clara del huevo y llena el hueco de la &#x00FA;vea frente al humor glacial y el espacio entre la &#x00FA;vea y la c&#x00F3;rnea. </p>

			<p>Esta descripci&#x00F3;n es, como decimos, bastante tradicional, y, en ese sentido, no totalmente ajustada a la realidad tal como hoy la conocemos. M&#x00E1;s interesante nos resulta la decidida introducci&#x00F3;n de argumentos geom&#x00E9;tricos que van a jugar un papel, como veremos, decisivo en el modelo de visi&#x00F3;n propuesto por Alhac&#x00E9;n. Para este, todos los elementos del ojo tienen forma esf&#x00E9;rica, estando sus centros alineados en una &#x00FA;nica recta (que as&#x00ED; ser&#x00ED;a un eje del ojo), que pasa adem&#x00E1;s por el centro de la pupila. La c&#x00F3;rnea y la superficie anterior del cristalino son conc&#x00E9;ntricas (no as&#x00ED; la posterior, pues ya hemos visto que el cristalino tiene una forma lenticular). Ese centro com&#x00FA;n es a su vez el centro del ojo, por lo que se mantiene durante el movimiento de rotaci&#x00F3;n ocular. Por supuesto, como podemos imaginarnos, este esquema se aleja de la realidad en varios puntos. Podr&#x00ED;amos considerarlo una idealizaci&#x00F3;n, un modelo que cumplir&#x00E1; su prop&#x00F3;sito al garantizar la viabilidad del esquema intromisivo propuesto por Alhac&#x00E9;n. No es un producto de detalladas observaciones anat&#x00F3;micas o de ning&#x00FA;n tipo de experimentaci&#x00F3;n, sino m&#x00E1;s bien <italic>una construcci&#x00F3;n</italic> que se sigue necesariamente de los presupuestos sobre la visi&#x00F3;n que se formulan en el cap&#x00ED;tulo siguiente del <italic>Kitab</italic>. </p>

			<p>La clave de ese modelo intromisivo es la introducci&#x00F3;n de un mecanismo de <italic>selectividad </italic>de la doble infinitud de l&#x00ED;neas de comunicaci&#x00F3;n entre objeto y ojo (una de cada punto del objeto a cada punto del ojo) que permita eliminar la profusi&#x00F3;n inmanejable de informaci&#x00F3;n recibida y restaure la necesaria <italic>correspondencia</italic> entre el objeto y lo que de &#x00E9;l acaba siendo percibido. No es, pues, el problema ya mostrar que son los rayos de luz (que llevan sobre ellos las <italic>formas del color</italic>) los que van a hacernos ver, sino decidir, dentro de esa mara&#x00F1;a cu&#x00E1;les son los que llevan la informaci&#x00F3;n significativa para permitir una cierta <italic>restauraci&#x00F3;n del simulacro</italic> en el final del proceso visual. La clave es aqu&#x00ED; la introducci&#x00F3;n, por primera vez (de un modo incompleto e incluso inconsistente) de la refracci&#x00F3;n de la luz como responsable de esa selectividad. No nos encontramos a&#x00FA;n ante la afirmaci&#x00F3;n del estatus del ojo como instrumento &#x00F3;ptico formador de imagen. Ese paso final requerir&#x00E1; la asignaci&#x00F3;n del papel sensible a la retina, contrariamente a lo sostenido por Alhac&#x00E9;n y el resto de los autores, que lo atribuyen al cristalino, la aceptaci&#x00F3;n del car&#x00E1;cter invertido de la imagen retiniana y el conocimiento de (al menos) las f&#x00F3;rmulas de la &#x00D3;ptica paraxial que permiten justificar la formaci&#x00F3;n de esa imagen a partir de las propiedades refractivas de los medios oculares. Eso no ocurre hasta el siglo XVI de la mano de Kepler entre otros autores. </p>

			<p>Volvamos a Alhac&#x00E9;n. Las formas del color, a caballo de los rayos de luz han accedido, tras su viaje por los medios transparentes anteriores a nuestro ojo, a este. Llegados all&#x00ED; pueden proseguir su camino, pues las diversas t&#x00FA;nicas y humores son transparentes. Todas esas formas alcanzar&#x00ED;an, pues, la zona sensible, que es el cristalino. En cada punto de &#x00E9;l tendr&#x00ED;amos una infinidad de rayos, con la consiguiente confusi&#x00F3;n. ¿C&#x00F3;mo, de ese desorden, ser capaces de extraer una informaci&#x00F3;n adecuada? ¿En virtud de qu&#x00E9; principio o qu&#x00E9; fen&#x00F3;meno podemos <italic>ordenar</italic> o <italic>jerarquizar</italic> esas formas de modo que la visi&#x00F3;n sea n&#x00ED;tida y nuestra percepci&#x00F3;n sea congruente con las caracter&#x00ED;sticas del objeto? La meta es llegar a garantizar una correspondencia uno-a-uno con los puntos del objeto. La opci&#x00F3;n de Alhac&#x00E9;n es <italic>descartar el valor sensorial de todos los rayos salvo uno</italic>, el que pasa perpendicularmente por todas las superficies que separan los diversos medios (como son conc&#x00E9;ntricos, sus normales coinciden). Esa es una trayectoria esencialmente diferente, porque solo hay un modo de ser perpendicular e infinitos modos de ser oblicuo. Si de cada punto del objeto, a los efectos de producir sensaci&#x00F3;n solo llega un rayo, recuperamos el esquema cl&#x00E1;sico de la &#x00D3;ptica matem&#x00E1;tica con solo una especie de <italic>cambio de sentido</italic> del rayo visual. </p>

			<p>Pero no podemos hacer de modo arbitrario esa <italic>poda</italic>. ¿Por qu&#x00E9; solo el rayo perpendicular? Alhac&#x00E9;n entonces recurre, como hemos dicho, a la refracci&#x00F3;n. Analiza este proceso y concluye que todo rayo refractado sufre desviaci&#x00F3;n salvo el que incide normalmente. Asocia a esa no desviaci&#x00F3;n una mayor potencia, una mayor capacidad de penetraci&#x00F3;n, ofreciendo para ello algunas analog&#x00ED;as mec&#x00E1;nicas. Y colige de ah&#x00ED; que los rayos dispersados no dispondr&#x00E1;n del poder suficiente para provocar la sensaci&#x00F3;n y que ser&#x00E1; solo el rayo principal el que ser&#x00E1; v&#x00E1;lido desde ese punto de vista. As&#x00ED;, de cada punto del objeto a cada punto del cristalino solo habr&#x00E1; una trayectoria que pueda llegar habiendo atravesado perpendicularmente todas esas superficies, y se podr&#x00E1; recomponer (<italic>derecha</italic>, adem&#x00E1;s) una <italic>r&#x00E9;plica</italic> del objeto en el cristalino, salv&#x00E1;ndose pues el esquema perspectivo y recuperando el <italic>cono visual</italic>, ahora formado por rayos de luz que entran en el ojo. </p>

			<p>¿Y qu&#x00E9; ocurre entonces? Alhac&#x00E9;n ha sido consciente desde el comienzo que el proceso visual solo se completa, por as&#x00ED; decir, <italic>en la mente</italic>, y que el papel del ojo es poner a disposici&#x00F3;n de la <italic>virtus sensitiva</italic> las formas del color de los objetos exteriores. Falta pues el &#x00FA;ltimo paso, el transporte de esas formas al nervio &#x00F3;ptico y de ah&#x00ED; al cerebro. Sin embargo, aqu&#x00ED; Alhac&#x00E9;n detiene la marcha de su esquema intromisivo e impone un nuevo modelo de propagaci&#x00F3;n de las formas, ya de alg&#x00FA;n modo <italic>transformadas</italic> por haber sido <italic>percibidas </italic>en el cristalino, que, desde &#x00E9;l y a trav&#x00E9;s del v&#x00ED;treo, se dirigen rectil&#x00ED;nea y ordenadamente hacia el nervio, que est&#x00E1;, record&#x00E9;moslo (en contra de la evidencia anat&#x00F3;mica) en el eje &#x00F3;ptico del ojo. As&#x00ED;, no hay inversi&#x00F3;n de la imagen, no hay un papel sensorial de la retina y hay una <italic>conversi&#x00F3;n</italic> de la luz en otro tipo de veh&#x00ED;culo o agente responsable de la &#x00FA;ltima etapa del proceso. Una cierta <italic>traici&#x00F3;n</italic>, por tanto, de Alhac&#x00E9;n a sus planteamientos, una cierta incompletitud en su esquema, como vemos.  </p>

			<p>A la instancia, digamos, <italic>psicol&#x00F3;gica</italic> que resulta subsiguiente a esa traslaci&#x00F3;n fisiol&#x00F3;gica consagra Alhac&#x00E9;n el resto de sus discusiones. En ellas, por ejemplo, aborda la visi&#x00F3;n binocular, caracteriza los diversos aspectos de la visualidad sobre los que entiende la mente, introduce en el discurso &#x00F3;ptico muchas cuestiones que resultan de absoluta novedad en su tiempo e influye as&#x00ED; tambi&#x00E9;n en autores futuros que aborden el problema de la Gnoseolog&#x00ED;a. Pero eso ya queda fuera del alcance de nuestro trabajo, pues poco tiene ya que ver con la luz en tanto que agente visual. </p>
		</sec>



		<sec id="S6">
			<title>EL FIN DE LA OBSCURIDAD. A MODO DE CONCLUSI&#x00D3;N. LA INFLUENCIA POSTERIOR DE ALHAC&#x00C9;N</title>

			<p>Alhac&#x00E9;n considera que el estudio de la luz y sus modos de propagaci&#x00F3;n es un ejemplo claro de la necesidad de unir las matem&#x00E1;ticas y la f&#x00ED;sica para la correcta comprensi&#x00F3;n de los fen&#x00F3;menos. En sus investigaciones sobre los fen&#x00F3;menos de la reflexi&#x00F3;n y la refracci&#x00F3;n vistos objetivamente (a partir de experimentos en la l&#x00ED;nea marcada por Ptolomeo) ese es su modo de proceder: </p>

						<p><italic>Tratar de la esencia de la luz corresponde a las ciencias f&#x00ED;sicas, pero tratar del modo en que se propaga necesita del recurso a las ciencias matem&#x00E1;ticas, en raz&#x00F3;n de las l&#x00ED;neas seg&#x00FA;n las cuales las luces se propagan. Del mismo modo, el estudio de la esencia del rayo forma parte de las ciencias f&#x00ED;sicas, mientras que el de su forma y su figura corresponde a las ciencias matem&#x00E1;ticas. De la misma manera, para los cuerpos transparentes en los que la luz penetra, tratar de la esencia de su transparencia corresponde a las ciencias f&#x00ED;sicas, mientras que el estudio del modo en el que la luz se propaga en ellos forma parte de las ciencias matem&#x00E1;ticas. As&#x00ED;, el estudio de la luz, el rayo y la transparencia debe necesariamente componerse de partes f&#x00ED;sicas y partes matem&#x00E1;ticas (Sabra, <xref ref-type="bibr" rid="CIT05">1989</xref>). </italic></p>

			<p>Esta es una declaraci&#x00F3;n bien rotunda y adem&#x00E1;s nos resulta muy significativa por el modo tan n&#x00ED;tido en que nos indica los elementos de una &#x00D3;ptica en tanto que ciencia de la luz: luz, rayos y medios. Y tiene a&#x00FA;n un mayor alcance en lo que se refiere al establecimiento de una metodolog&#x00ED;a cient&#x00ED;fica en la que el recurso a la matem&#x00E1;tica y a la observaci&#x00F3;n est&#x00E1; apuntando en la direcci&#x00F3;n de la ciencia moderna. </p>

			<p>Esos planteamientos se llevan a la pr&#x00E1;ctica en su obra. En los libros IV a VI de la &#x00D3;ptica, Alhac&#x00E9;n ofrece el tratamiento m&#x00E1;s exhaustivo de Cat&#x00F3;ptrica hasta sus d&#x00ED;as y en el libro VII, un tratado de Di&#x00F3;ptrica, en el que se estudia la refracci&#x00F3;n, que es tambi&#x00E9;n el m&#x00E1;s avanzado desde Ptolomeo. La clara apuesta por la existencia de una <italic>luz-entidad f&#x00ED;sica</italic>, objetivable, que obedece a leyes cuantitativas y que se debe investigar experimentalmente rinde sus frutos y no ser&#x00E1; posible ya encontrar un mejor marco de referencia para el estudio de los fen&#x00F3;menos &#x00F3;pticos. Se han sentado las bases de lo que podr&#x00ED;a ser una Fotometr&#x00ED;a, al considerar la importancia de la intensidad de las formas luminosas, aunque no se nos ha propuesto un modelo f&#x00ED;sico para la naturaleza de esa luz, m&#x00E1;s all&#x00E1; de ciertas analog&#x00ED;as mec&#x00E1;nicas. Esa cuesti&#x00F3;n quedar&#x00E1; para desarrollos ulteriores, desde el siglo XVII en adelante. Y tambi&#x00E9;n queda Alhac&#x00E9;n a las puertas de una ley cuantitativa que d&#x00E9; cuenta del comportamiento del rayo refractado, a pesar de sus observaciones experimentales y su esfuerzo por ajustarlas a leyes matem&#x00E1;ticas. De haber contado con esa ley hubiera podido desarrollar una verdadera teor&#x00ED;a de formaci&#x00F3;n de im&#x00E1;genes por refracci&#x00F3;n, que aborda limitadamente en el libro VII, y que hubiera completado su esquema intromisivo. Pero en su trato con la refracci&#x00F3;n, a pesar de contar con el antecedente ptolemaico y conocer los trabajos sobre esferas ustorias de Ibn Sahl no muestra demasiada soltura, como se comprueba en su teor&#x00ED;a sobre el arco iris, que se reafirma en los planteamientos cl&#x00E1;sicos, sin extraer de ese conocimiento de la esfera refractora ni teor&#x00ED;as completas sobre el arco iris, como s&#x00ED; har&#x00E1; al-Farisi ni un buen tratamiento del ojo como sistema refractor.  </p>

			<p>Cuando Alhac&#x00E9;n llega en el siglo XIII a Occidente ofrece a los estudiosos, pues, un esquema tan completo como era posible, y como tal es saludado, condicionando as&#x00ED; de un modo poderos&#x00ED;simo el desarrollo ulterior de la Perspectiva medieval, que encuentra en nombres como Grossetesta (que lo conoci&#x00F3;, como mucho, de forma limitada), Roger Bacon o Witelo sus mejores continuadores. Durante muchos siglos la obra de Alhac&#x00E9;n o las de esos autores, claramente tributarios del basor&#x00ED;, marc&#x00F3;, por as&#x00ED; decir, el <italic>est&#x00E1;ndar</italic> de los conocimientos en &#x00D3;ptica. </p>

			<p>La completitud de su trabajo, lo innovador de sus planteamientos, el rigor de su exposici&#x00F3;n, el af&#x00E1;n de combinar la Matem&#x00E1;tica y la F&#x00ED;sica, el recurso constante a la experimentaci&#x00F3;n… son algunos de los argumentos que nos permiten se&#x00F1;alar a Alhac&#x00E9;n como uno de los autores que m&#x00E1;s decisivamente han contribuido a la mera existencia de la &#x00D3;ptica como disciplina cient&#x00ED;fica y al avance de la ciencia en general. La accesibilidad, aunque limitada, a su obra hace aconsejable, no obstante, considerar este trabajo meramente como una <italic>invitaci&#x00F3;n</italic> a sumergirse en el legado de Alhac&#x00E9;n y en el estudio de un periodo tan fundamental en la construcci&#x00F3;n de nuestra moderna visi&#x00F3;n del mundo.</p>

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			<title>BIBLIOGRAF&#x00CD;A</title>
				
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