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			<journal-id journal-id-type="publisher-id">Arbor</journal-id>
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				<journal-title>ARBOR Ciencia, Pensamiento y Cultura</journal-title>
				<abbrev-journal-title>Arbor</abbrev-journal-title>
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			<issn pub-type="epub">0210-1963</issn>
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				<publisher-name>Consejo Superior de Investigaciones Cient&#x00ED;ficas</publisher-name>
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			<article-id pub-id-type="publisher-id">arbor.2015.775n5003</article-id>
			<article-id pub-id-type="doi">10.3989/arbor.2015.775n5003</article-id>
			 
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				<subj-group subj-group-type="heading">
				<subject>HISTORIA DE LAS CONCEPCIONES CIENT&#x00CD;FICAS SOBRE LA LUZ / HISTORY OF SCIENTIFIC IDEAS ABOUT LIGHT</subject>
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				<article-title>Teor&#x00ED;as de la luz y el color en la &#x00E9;poca de las Luces. De Newton a Goethe</article-title>
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					<trans-title>Theories of the light and color in the Age of Enlightenment. From Newton to Goethe</trans-title>
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				<alt-title alt-title-type="running-head">Teor&#x00ED;as de la luz y el color en la &#x00E9;poca de las Luces. De Newton a Goethe</alt-title>
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					 <surname>Pimentel</surname>
					 <given-names>Juan</given-names>
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				<aff id="U1">Consejo Superior de Investigaciones Cient&#x00ED;ficas</aff>
				
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				<corresp id="cor1"><email xlink:href="juan.pimentel@cchs.csic.es">juan.pimentel@cchs.csic.es</email></corresp>
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			<pub-date pub-type="epub">
				<day>31</day>
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				<year>2015</year>
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			<pub-date pub-type="collection">
			<year>2015</year>
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			<volume>191</volume>
			<issue>775</issue>
			
			<elocation-id>a264</elocation-id>

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					<license-p>Este es un art&#x00ED;culo de acceso abierto distribuido bajo los t&#x00E9;rminos de la licencia Creative Commons Attribution-Non Commercial (by-nc) Spain 3.0.</license-p>
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				<title>RESUMEN</title>
				<p>En este art&#x00ED;culo comenzamos por revisar la teor&#x00ED;a de la luz de Isaac Newton, centr&#x00E1;ndonos en el car&#x00E1;cter controvertido del experimento crucial. Despu&#x00E9;s nos detenemos en algunos aspectos de su legado en un siglo quiz&#x00E1;s m&#x00E1;s newtoniano que su propia &#x00F3;ptica, analizando algunas met&#x00E1;foras bajo las que fue entendida la luz, as&#x00ED; como el papel simb&#x00F3;lico de la luz, met&#x00E1;fora del conocimiento por excelencia. Finalmente repasamos la teor&#x00ED;a de los colores de Goethe, su impugnaci&#x00F3;n de la &#x00F3;ptica newtoniana y su empe&#x00F1;o en recuperar al ser humano y la historia de la ciencia para entender mejor no s&#x00F3;lo qu&#x00E9; son la luz, el ojo o los fen&#x00F3;menos crom&#x00E1;ticos, sino la actividad cient&#x00ED;fica en su conjunto.</p>
			</abstract>
			
			<trans-abstract xml:lang="en">
				<title>ABSTRACT</title>
				<p>This article opens with a review of Isaac Newton’s theory of light, focusing on the controversial character of his crucial experiment. It then proceeds to examine certain aspects of his legacy in a century that was perhaps more Newtonian than his own optics. We analyse some of the metaphors connected with light and the symbolic role of light as the metaphor for knowledge. The article concludes with Goethe’s colour theory, his challenge to Newtonian theory, and his reinstatement of human beings and the history of science in order to achieve a better understanding not only of light, the eye and chromatic phenomena, but also of scientific activity as a whole.</p>
			</trans-abstract>

			
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				<title>PALABRAS CLAVE</title>
				<kwd>Luz</kwd>
				<kwd>filosof&#x00ED;a experimental</kwd>
				<kwd>newtonismo</kwd>
				<kwd>met&#x00E1;foras</kwd>
				<kwd>colores</kwd>
				<kwd>historia cultural de la ciencia</kwd>
			</kwd-group>

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				<title>KEYWORDS</title> 			
				<kwd>Light</kwd>	
				<kwd>experimental philosophy</kwd>
				<kwd>Newtonianism</kwd>
				<kwd>metaphors</kwd>
				<kwd>colours</kwd>
				<kwd>cultural history of science</kwd>
			</kwd-group>
		
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		<sec id="S1">
			<title>INTRODUCCI&#x00D3;N</title>

						<p>“A tal efecto dej&#x00E9; mi cuarto en la oscuridad e hice un peque&#x00F1;o agujero en el postigo para que entrara una adecuada cantidad de luz del sol. Coloqu&#x00E9; mi prisma junto al agujero para que la luz se refractara hacia la pared opuesta del cuarto. Al principio fue una diversi&#x00F3;n muy agradable ver los colores vivos e intensos as&#x00ED; producidos. Pero despu&#x00E9;s de un rato me puse a considerarlos de una manera m&#x00E1;s prudente y me asombr&#x00F3; ver que ten&#x00ED;an una forma oblonga, aunque seg&#x00FA;n las leyes aceptadas de la refracci&#x00F3;n esperaba que fueran circulares”.</p>

						<p>Isaac Newton, “Nueva teor&#x00ED;a de la luz y los colores” (Lafuente, Valverde y Pimentel, <xref ref-type="bibr" rid="CIT22">2004</xref>, pp. 49-86).</p>

			<p>As&#x00ED; iniciaba su relato Isaac Newton en la famosa carta a Henry Oldenburg, secretario de la Royal Society, fechada el 6 de febrero de 1672 y publicada de inmediato en las <italic>Philosophical Transactions</italic>. Comunicaba en ella su nueva teor&#x00ED;a de la luz y los colores a ra&#x00ED;z de un experimento central en la historia de la &#x00F3;ptica y en el de la filosof&#x00ED;a experimental, un episodio controvertido, recreado mil veces y finalmente idealizado por una legi&#x00F3;n de pintores, poetas e historiadores que quisieron ver en aquel descubrimiento y en aquel genio la quintaesencia de la ciencia moderna. Un hombre que se encierra en una habitaci&#x00F3;n oscura, fascinado al principio como un ni&#x00F1;o, al poco recapacita y observa que un determinado fen&#x00F3;meno (el alargamiento de un rayo de luz) no se rige seg&#x00FA;n “las leyes aceptadas”. A partir de ah&#x00ED;, lejos de refutar la doctrina de la naturaleza homog&#x00E9;nea de la luz, establece algunas hip&#x00F3;tesis capaces de predecir el espectro oblongo, pero descart&#x00E1;ndolas todas, pasa a proponer un <italic>experimentum crucis</italic>, el ‘experimento crucial’ con el que dirimir&#x00E1; la cuesti&#x00F3;n entre la citada doctrina de la naturaleza homog&#x00E9;nea de la luz y la suya, sustentada en la idea de la luz solar como una mezcla heterog&#x00E9;nea de diferentes rayos, cada uno con un grado diferente de refrangibilidad. Los dos tableros agujereados y los dos prismas est&#x00E1;n preparados. El primer prisma proyecta los colores sobre el primer tablero, mientras que el segundo no logra descomponer los rayos aislados. Las refracciones posteriores no alteran ni producen una nueva dispersi&#x00F3;n. Los colores primarios son inalterables, sus rayos poseen diferentes grados de refrangibilidad, lo que por otra parte explica la desviaci&#x00F3;n constante que produce la longitud de la imagen oblonga. La luz blanca encierra todos los colores…Todav&#x00ED;a resuenan los versos b&#x00ED;blicos que Pope hizo grabar en su epitafio: “Nature and Nature’s laws lay hid in night: God said ‘Let Newton be!’ and all was light”.</p>
			
			
						<fig id="F1">
							<label>Figura 1</label>
							<caption>
								<title>Grabado de 1879 con una recreaci&#x00F3;n retrospectiva del experimento crucial</title>
							</caption>
							<graphic xmlns:xlink="http://www.w3.org/1999/xlink" xlink:href="../images/F1.jpg"/>
						</fig>
						
						

			<p>La luz es y ha sido uno de los objetos cient&#x00ED;ficos m&#x00E1;s apasionantes y debatidos a lo largo de la historia. Su inter&#x00E9;s rebasa con mucho los desarrollos de la &#x00F3;ptica. La geometr&#x00ED;a, la astronom&#x00ED;a, la qu&#x00ED;mica, el electromagnetismo o la f&#x00ED;sica cu&#x00E1;ntica son algunos de los campos que se han ocupado de este fen&#x00F3;meno natural. Pero hay m&#x00E1;s. Asociada a la propia idea de conocimiento, la luz y sus misterios han encarnado la actividad cient&#x00ED;fica de manera muy dominante en nuestra tradici&#x00F3;n, hasta el punto de que m&#x00ED;sticos, iluminados, pintores y fil&#x00F3;sofos le han dedicado sus investigaciones y pensamientos desde tiempos inmemoriales. Dentro de esta larga y rica historia, la teor&#x00ED;a newtoniana ocupa un lugar por derecho propio, pues al margen de su vigencia como paradigma, m&#x00E1;s all&#x00E1; de su dominio como explicaci&#x00F3;n en el &#x00E1;mbito de la &#x00F3;ptica, los trabajos de Newton con la luz nos hablan de las vicisitudes del m&#x00E9;todo experimental y del poderoso ascendente que gracias a estas pr&#x00E1;cticas adquirieron Newton y su filosof&#x00ED;a natural en el periodo que le sucede y que no en vano (aunque no por ello, ciertamente) llamamos &#x00E9;poca de las Luces.</p>

			<p>En este art&#x00ED;culo nos ocuparemos primero de la teor&#x00ED;a newtoniana de la luz. Despu&#x00E9;s repasaremos algunas manifestaciones culturales del newtonismo y de las met&#x00E1;foras de la luz en la Ilustraci&#x00F3;n y finalmente desembocaremos en un episodio igualmente conocido y significativo, la impugnaci&#x00F3;n de la &#x00F3;ptica newtoniana a finales de siglo por Goethe, el pr&#x00ED;ncipe de las letras germ&#x00E1;nicas. La luz, al igual que la historia, es un objeto susceptible de ser compuesto y descompuesto de muy diversas maneras, de ser entendido bajo diversas propuestas, met&#x00E1;foras y narrativas. Los episodios que figuran a continuaci&#x00F3;n, al menos, nos hablan del car&#x00E1;cter controvertido de unas formas de producir conocimiento de la naturaleza que tampoco fueron jam&#x00E1;s homog&#x00E9;neas.</p>
		</sec>


		<sec id="S2">
			<title>LA &#x00D3;PTICA NEWTONIANA Y LA VIDA SOCIAL DE LOS EXPERIMENTOS </title>

			<p>La teor&#x00ED;a newtoniana de la luz se inscribe en el contexto de la &#x00F3;ptica del siglo XVII, dominada por los desarrollos del microscopio y el telescopio, la exploraci&#x00F3;n de sus aberraciones y la b&#x00FA;squeda de leyes que dieran cuenta de la refracci&#x00F3;n (Darrigol, <xref ref-type="bibr" rid="CIT11">2012</xref>, p. 78). Hab&#x00ED;an destacado en este terreno Willebrod Snel y Descartes, en cuya <italic>Di&#x00F3;ptrica</italic> (1637) hab&#x00ED;a deducido que la luz, entendida como un fen&#x00F3;meno m&#x00E1;s dentro del mecanicismo, se mov&#x00ED;a como una presi&#x00F3;n transmitida a trav&#x00E9;s de la materia sutil hasta la retina y que lo hac&#x00ED;a m&#x00E1;s r&#x00E1;pidamente en medios m&#x00E1;s densos. Fermat hab&#x00ED;a postulado la idea contraria, la relaci&#x00F3;n inversa entre velocidad y densidad, pero en todo caso y en t&#x00E9;rminos generales, lo interesante es apreciar c&#x00F3;mo tras la impronta geom&#x00E9;trica que las investigaciones renacentistas (con Kepler a la cabeza) hab&#x00ED;an asignado al estudio de la luz, ahora las innovaciones tecnol&#x00F3;gicas estaban procurando un ensanchamiento considerable de los fen&#x00F3;menos observables y por lo tanto nuevas aproximaciones a las dos preguntas b&#x00E1;sicas: ¿c&#x00F3;mo se comporta la luz? ¿Qu&#x00E9; es la luz?</p>

			<p>El holand&#x00E9;s Christian Huygens, objeto de otro art&#x00ED;culo en este monogr&#x00E1;fico, tambi&#x00E9;n defendi&#x00F3; que la luz viajaba m&#x00E1;s deprisa en medios menos densos, y ocupa un lugar destacado por su teor&#x00ED;a ondulatoria, seg&#x00FA;n la cual la luz se propagaba por impulsos irregulares (y no por oscilaciones regulares), unos movimientos esf&#x00E9;ricos que se transmit&#x00ED;an alcanzando una cierta autonom&#x00ED;a desde la perturbaci&#x00F3;n inicial. Tambi&#x00E9;n Huygens se vio beneficiado por las mejoras del instrumental, que le llevaron a distinguir el anillo de Saturno. El procedimiento al uso para mejorar el telescopio galileiano era ampliar la distancia focal, lo que produjo la aparici&#x00F3;n de los primeros telescopios a&#x00E9;reos. Sin embargo, a la dificultades para manejarlos (el de Huygens med&#x00ED;a 37,5 mts.) se sumaba la aberraci&#x00F3;n crom&#x00E1;tica caracter&#x00ED;stica de las lentes propias de este tipo de telescopios (de refracci&#x00F3;n). Hab&#x00ED;a que incrementar la potencia sin aumentar la distancia focal y corregir al tiempo la aberraci&#x00F3;n crom&#x00E1;tica. James Gregory ide&#x00F3; el primer telescopio de reflexi&#x00F3;n en 1663, sustituyendo la lente del objetivo por un espejo parab&#x00F3;lico que a su vez proyectaba los rayos de luz sobre otro segundo espejo plano. Ahora bien, producir espejos planos y sobre todo parab&#x00F3;licos no estaba al alcance de cualquier artesano. Consciente de ello, Newton cre&#x00F3; en 1671 su telescopio de reflexi&#x00F3;n con un espejo esf&#x00E9;rico y con su peculiar ocular sobre el espejo plano colocado oblicuamente en el interior del tubo. Lograba 38 aumentos con unas dimensiones muy reducidas, 16 cm. Antes de la invenci&#x00F3;n de las lentes acrom&#x00E1;ticas, era el &#x00FA;nico modelo que evitaba la aberraci&#x00F3;n crom&#x00E1;tica, aunque generaba aberraci&#x00F3;n esf&#x00E9;rica, pues Newton no pudo producir un espejo parab&#x00F3;lico. Pasado medio siglo, sin embargo, gracias a las mejoras en las t&#x00E9;cnicas para pulir espejos y lentes en la &#x00E9;poca de Hadley, se iba a convertir en el m&#x00E1;s popular de los telescopios y el de m&#x00E1;s f&#x00E1;cil manejo (Lafuente, Valverde y Pimentel, <xref ref-type="bibr" rid="CIT22">2004</xref>, pp. 30-35).</p>

			<p>Gracias a este telescopio reflector o de reflexi&#x00F3;n, presentado por su mentor Isaac Barrow a la Royal Society, Newton ingres&#x00F3; en la academia londinense. Lo hab&#x00ED;a dise&#x00F1;ado y fabricado en el contexto de las investigaciones que manten&#x00ED;a desde mediados de la d&#x00E9;cada de 1660 sobre los problemas relacionados con la refracci&#x00F3;n de la luz y tratando de demostrar que la luz blanca, en contra de las tesis de Descartes, era resultado de la suma de los colores primarios. Fue entonces, en el <italic>annus mirabilis</italic> (seg&#x00FA;n reza la historia oficial, pues coincidiendo con el a&#x00F1;o de la peste y el gran incendio de Londres, Newton concentr&#x00F3; en 1666 algunos de sus mayores logros en la &#x00F3;ptica, las leyes del movimiento y el c&#x00E1;lculo), cuando supuestamente tuvo lugar el famoso experimento de los prismas.</p>

			<p>Newton acababa de estudiar a fondo la <italic>Di&#x00F3;ptrica</italic> cartesiana, en la que denunciaba la distinci&#x00F3;n escol&#x00E1;stica entre colores <italic>enf&#x00E1;ticos</italic> o <italic>aparentes</italic> (los producidos mediante los prismas o por el arco iris) y los <italic>reales</italic> (los propios de los cuerpos, desvelados pero no producidos por la luz). Seg&#x00FA;n demostr&#x00F3; Simon Schaffer en un art&#x00ED;culo ya cl&#x00E1;sico sobre este episodio del experimento crucial, el empleo de prismas era muy reciente (Schaffer, <xref ref-type="bibr" rid="CIT32">2011</xref>). Hasta la fecha eran m&#x00E1;s bien unos instrumentos empleado por la magia natural, &#x00FA;tiles para provocar ilusiones &#x00F3;pticas y entretenimiento, hasta el punto de que eran llamados “para&#x00ED;sos de los necios” (<italic>fools paradises</italic>). Pero el hecho de que Descartes borrara esa distinci&#x00F3;n entre colores <italic>aparentes</italic> y <italic>reales</italic>, hizo que experimentalistas como Boyle o Hooke comenzaran a incluirlos en sus investigaciones. En todo caso, fue Newton quien, tras adquirir varios de estos prismas en la feria de Stourbridge, llev&#x00F3; a cabo una serie de ensayos y pruebas con diferentes modelos de prismas, narrados con cierto detalle primero en su manuscrito <italic>Of Colours </italic>(1666) y luego en su citada carta a Oldenburg publicada por las <italic>Philosophical Transactions</italic> bajo el t&#x00ED;tulo de “A new theory about light and colours” (1672), un texto mucho m&#x00E1;s elaborado, esto es, m&#x00E1;s ‘cocinado’(Lafuente, Valverde y Pimentel, <xref ref-type="bibr" rid="CIT22">2004</xref>, pp. 49-86).</p>

			<p>En uno de estos experimentos logr&#x00F3; proyectar a una distancia de unos 6,30 metros una luz que se manifestaba m&#x00E1;s oblonga que esf&#x00E9;rica, lo que atribuy&#x00F3; a la diferente refrangibilidad de los distintos rayos. Trabajando con un hilo bicolor, tambi&#x00E9;n se hab&#x00ED;a percatado de que el azul y el rojo se alejaban, lo que atribuy&#x00F3; igualmente a su diferente refrangibilidad. En otra de las pruebas incluy&#x00F3; un segundo prisma que sometiese a los rayos a una segunda refracci&#x00F3;n, la que mostraba la inalterabilidad de los colores b&#x00E1;sicos o primarios, un experimento que fue reelaborado hasta convertirse en el ‘experimento crucial’ del texto de 1672 y posteriormente en su gran tratado de &#x00D3;ptica de 1704. Sin embargo, una vez que se intent&#x00F3; replicar el experimento, tanto en Inglaterra como en el continente, comenzaron las dificultades. En este sentido, si damos por v&#x00E1;lida la definici&#x00F3;n de Harry Collins (“la replicabilidad, por decirlo de alguna manera, es la corte suprema del sistema cient&#x00ED;fico”) (Collins, <xref ref-type="bibr" rid="CIT08">1985</xref>, p. 19), habremos de reconocer que este experimento cont&#x00F3; con un buen n&#x00FA;mero de objeciones, testigos contrarios a su causa y hasta fiscales encarnizados.</p>

			<p>Por de pronto, a Newton le ocurri&#x00F3; algo semejante a lo que le hab&#x00ED;a ocurrido a Galileo con sus observaciones astron&#x00F3;micas de principios de siglo, cuando aquellas im&#x00E1;genes de la luna, el sol y los sat&#x00E9;lites de J&#x00FA;piter hab&#x00ED;an encontrado muchas resistencia pues ni siquiera el telescopio estaba legitimado como instrumento para practicar filosof&#x00ED;a natural (Biagioli, <xref ref-type="bibr" rid="CIT05">1994</xref>). Adem&#x00E1;s, los detalles que Newton dio sobre el tipo de prismas empleados eran insuficientes, as&#x00ED; como numerosos los vac&#x00ED;os sobre varios de los procedimientos seguidos a la hora de colocarlos y disponer el experimento en su conjunto. La separaci&#x00F3;n limpia de los colores primitivos en la primera refracci&#x00F3;n no result&#x00F3; sencilla m&#x00E1;s all&#x00E1; de la habitaci&#x00F3;n de Newton, quien lejos de establecer un relato pormenorizado y minucioso de c&#x00F3;mo lo hab&#x00ED;a realizado (al estilo de Boyle), dio por sentada la teor&#x00ED;a que pretend&#x00ED;a mostrar (la divisi&#x00F3;n de la luz blanca en rayos a su vez inalterables correspondientes a los colores simples), todo lo cual acab&#x00F3; por generar ese c&#x00ED;rculo vicioso que la sociolog&#x00ED;a del conocimiento llama la ‘regresi&#x00F3;n del experimentador’ (<italic>experimenter’s regress</italic>), all&#x00ED; cuando la teor&#x00ED;a que se pretende probar forma parte de los supuestos del experimento consagrado a probar dicha teor&#x00ED;a (Collins, <xref ref-type="bibr" rid="CIT08">1985</xref>, p. 84; Schaffer, <xref ref-type="bibr" rid="CIT32">2011</xref>, p. 79).</p>

			<p>Uno de sus primeros cr&#x00ED;ticos fue Robert Hooke, el encargado de experimentos de la Royal Society, un personaje conocido por sus observaciones microsc&#x00F3;picas y su variado talento, hasta el punto de haber sido calificado como ‘el Leonardo ingl&#x00E9;s’ (Bennett <italic>et al</italic>., <xref ref-type="bibr" rid="CIT04">2003</xref>). Aunque Hooke acept&#x00F3; algunos de los hechos mostrados por Newton, no le asign&#x00F3; al experimento su car&#x00E1;cter crucial para probar la inmutabilidad de los rayos simples y pronto desarroll&#x00F3; su propia teor&#x00ED;a sobre la vibraci&#x00F3;n de la luz y el color, obteniendo mediante la difracci&#x00F3;n colores sin necesidad de acudir a la refracci&#x00F3;n. Tambi&#x00E9;n se opusieron a las tesis de Newton un grupo de jesuitas ingleses afincados en Lieja (Francis Line, John Gascoine y Anthony Lucas), quienes a mediados de los a&#x00F1;os ’70 replicaron repetidas veces el experimento con resultados desiguales a los descritos por Newton. Otro tanto le ocurri&#x00F3; a Edm&#x00E9; Mariotte, un c&#x00E9;lebre experimentalista franc&#x00E9;s y verdadero experto en &#x00F3;ptica que reprodujo una variaci&#x00F3;n sobre el experimento crucial en el que observ&#x00F3; c&#x00F3;mo tras la segunda refracci&#x00F3;n un rayo violeta parec&#x00ED;a desprender tintes rojos y amarillos. En 1681 Mariotte public&#x00F3; <italic>De la Nature des couleurs</italic>, obra que fue entendida en Francia como la refutaci&#x00F3;n definitiva de los experimentos newtonianos (Guerlac, <xref ref-type="bibr" rid="CIT15">1981</xref>, p. 98). Otro jesuita del Colegio de Clermont, Ignace Pardies, tambi&#x00E9;n impugn&#x00F3; la teor&#x00ED;a newtoniana. Y por supuesto el propio Huygens, quien acept&#x00F3; algunos aspectos (la diferente refrangibilidad de los distintos rayos), pero desech&#x00F3; la explicaci&#x00F3;n general de la formaci&#x00F3;n de los colores. Como mucho, Newton hab&#x00ED;a descrito satisfactoriamente un accidente del fen&#x00F3;meno de la luz, pero en absoluto la naturaleza de los colores. En los a&#x00F1;os inmediatos, Leibniz, el gran oponente de Newton en varios frentes, les iba a dar a muchos de ellos la oportunidad de exponer sus objeciones y reparos en el <italic>Acta Eroditorum</italic>.</p>

			<p>En el curso de estos debates, Newton primero descalific&#x00F3; los procedimientos y el instrumental empleado, para despu&#x00E9;s optar por la c&#x00F3;lera y el silencio hasta que public&#x00F3; su gran tratado, <italic>&#x00D3;ptica o Tratado de las reflexiones, refracciones, inflexiones y colores de la luz</italic> (Newton, <xref ref-type="bibr" rid="CIT26">1704/1977</xref>7).<xref ref-type="fn" rid="NOTE01">1</xref> La edici&#x00F3;n original fue en ingl&#x00E9;s, poco despu&#x00E9;s se tradujo al lat&#x00ED;n. El a&#x00F1;o anterior Newton se hab&#x00ED;a hecho con la presidencia de la Royal Society y tambi&#x00E9;n hab&#x00ED;a muerto Robert Hooke, su rival dom&#x00E9;stico m&#x00E1;s temible. En todo caso, el ascendente que Newton estaba adquiriendo como sublime matem&#x00E1;tico tras la publicaci&#x00F3;n de los <italic>Principia Mathematica</italic> (1687) contribuy&#x00F3; a relanzar su programa experimental en el dominio de la luz y los colores, pues lo cierto es que hasta entonces su teor&#x00ED;a distaba mucho de ser hegem&#x00F3;nica y el experimento estaba lejos de alcanzar el estatus de crucial. Durante esos primeros a&#x00F1;os del siglo XVIII, la estrategia seguida por Newton y sus partidarios consisti&#x00F3; en un programa sostenido de demostraciones p&#x00FA;blicas en el que la Royal Society, algunas universidades y hasta instituciones populares como determinados <italic>coffe-houses</italic> desempe&#x00F1;aron un papel destacado. Newton descalific&#x00F3; los instrumentos empleados por sus oponentes y afirm&#x00F3; la autoridad incontestable de sus pr&#x00E1;cticas experimentales, comenzando por sus propios prismas, que eran los id&#x00F3;neos y que garantizaban la verdad de su doctrina. La historia de la aceptaci&#x00F3;n de dichas doctrinas es la historia de c&#x00F3;mo esos prismas lograron ser contemplados como unos objetos transparentes, algo que verdaderamente s&#x00F3;lo sucedi&#x00F3; en Londres.</p>

			<p>En su libro sobre la recepci&#x00F3;n de Newton en el continente, Henry Guerlac le dedic&#x00F3; un extenso cap&#x00ED;tulo a la tard&#x00ED;a adopci&#x00F3;n de su teor&#x00ED;a de los colores en Francia (Guerlac, <xref ref-type="bibr" rid="CIT15">1981</xref>, pp. 78-163). Este proceso estuvo marcado primero por los sucesivos intentos fallidos de replicar el experimento crucial, despu&#x00E9;s por la conversi&#x00F3;n al newtonismo de algunas figuras significativas como Malebranche (un cartesiano defensor de otra versi&#x00F3;n tenida por antecedente de las tesis ondulatorias) y sin duda por el inestimable concurso de Jean Th&#x00E9;ophile Desaguliers, hijo de unos hugonotes refugiados en Londres tras la Revocaci&#x00F3;n del Edicto de Nantes, encargado de experimentos en la Royal Society y principal aliado de Newton en sus campa&#x00F1;as de demostraciones p&#x00FA;blicas tanto en Londres como en Par&#x00ED;s.</p>

			<p>Las impugnaciones de la teor&#x00ED;a newtoniana y de su controvertido experimento crucial como prueba concluyente que mostraba la homogeneidad del color (y no s&#x00F3;lo la refrangibilidad espec&#x00ED;fica) no tuvieron lugar s&#x00F3;lo en Francia, donde esta batalla formaba parte de la guerra que cartesianos y newtonianos libraban en varios frentes, ni comprometieron s&#x00F3;lo a los jesuitas, que representaban la vanguardia de la Iglesia cat&#x00F3;lica en materia de ciencia moderna y que pod&#x00ED;an ser vistos como enemigos potenciales de quienes en Inglaterra vertebraban un sector muy notable de la Iglesia anglicana. En Italia tambi&#x00E9;n tuvieron lugar episodios semejantes, con partidarios y defensores de Newton, como Francesco Algarotti, cuyo <italic>Newtonianismo per le dame </italic>(1737) le sit&#x00FA;a a la altura de Fontenelle o el propio Voltaire como popularizador de las teor&#x00ED;as newtonianas m&#x00E1;s all&#x00E1; del &#x00E1;mbito erudito; pero tambi&#x00E9;n con tenaces opositores, como el veneciano Giovanni Rizzetti, quien trat&#x00F3; de replicar sin &#x00E9;xito el experimento crucial y mantuvo una agria pol&#x00E9;mica con Newton y sus partidarios hasta la d&#x00E9;cada de 1740 (Schaffer, <xref ref-type="bibr" rid="CIT32">2011</xref>, pp. 111-116). Resulta significativo que incluso en esta ocasi&#x00F3;n el rival fuera descalificado por usar prismas fabricados en Venecia (“que no son de un vidrio tan puro como los nuestros”, alegaron desde Londres). Desconsolado, Rizzetti se&#x00F1;al&#x00F3;:</p>

						<p>“Ser&#x00ED;a una bonita situaci&#x00F3;n si en aquellos lugares donde el experimento goza del favor de la ley, los prismas para llevarlo a cabo funcionan bien, mientras que en lugares donde no ocurre esto, resulta que los prismas son defectuosos” (cit. en Schaffer, <xref ref-type="bibr" rid="CIT32">2011</xref>, p. 116).</p>

			<p>Como vemos, pues, las contingencias sociales y tecnol&#x00F3;gicas de la filosof&#x00ED;a experimental, una forma novedosa de practicar ciencia, marcaron la difusi&#x00F3;n de unas ideas que, por otra parte, sufrieron varias alteraciones. Newton comenz&#x00F3; por entender la luz bajo el marco de las concepciones mecanicistas y corpusculares de la materia para dejar luego la puerta abierta a ciertas explicaciones relacionadas con la teor&#x00ED;a ondulatoria (para explicar la interferencia acudi&#x00F3; a la noci&#x00F3;n de vibraci&#x00F3;n interna o convulsi&#x00F3;n, asociando una longitud diferente de convulsi&#x00F3;n a cada &#x00ED;ndice de refracci&#x00F3;n). Igualmente pol&#x00E9;mico fue su empleo en este campo de la noci&#x00F3;n que quiz&#x00E1;s m&#x00E1;s desconfianza suscit&#x00F3; entre sus cr&#x00ED;ticos, la <italic>acci&#x00F3;n a distancia</italic>, un concepto que daba cuenta de la atracci&#x00F3;n pero que evocaba las fuerzas ocultas del lenguaje de la magia natural. La <italic>acci&#x00F3;n a distancia</italic> tambi&#x00E9;n determinaba la trayectoria de las part&#x00ED;culas de la luz, aunque en otras ocasiones atribuy&#x00F3; ese movimiento a los diferentes gradientes de densidad del &#x00E9;ter. Ciertamente, el problema era que Newton entendi&#x00F3; la <italic>&#x00D3;ptica</italic> como un ap&#x00E9;ndice o un caso experimental de su muy ambicioso programa de filosof&#x00ED;a natural, una “matematizaci&#x00F3;n de una ciencia baconiana” –como se&#x00F1;al&#x00F3; Carlos Sol&#x00ED;s (Newton, <xref ref-type="bibr" rid="CIT26">1704/1977</xref>, p. XLV)-, algo que le confiri&#x00F3; una autoridad incuestionable pero que tambi&#x00E9;n le granje&#x00F3; serias dificultades.</p>
		</sec>


		<sec id="S3">
			<title>LA LUZ Y LAS LUCES DEL SIGLO </title>

			<p>Es parad&#x00F3;jico el contraste que hay entre el influjo de la &#x00F3;ptica newtoniana m&#x00E1;s all&#x00E1; de su campo y su desigual fortuna si pensamos en las teor&#x00ED;as sobre la luz en el siglo XVIII. M&#x00E1;xime teniendo en cuenta que el triunfo del newtonismo como fen&#x00F3;meno cultural, la percepci&#x00F3;n de la Ilustraci&#x00F3;n como la edad de Newton, se debi&#x00F3; en mayor medida a la <italic>&#x00D3;ptica</italic> que a los <italic>Principia</italic>, una obra esta mucho m&#x00E1;s exigente, apta para muy pocos. A&#x00FA;n siendo un tratado que versaba fundamentalmente sobre las propiedades y los movimientos de la luz, la <italic>&#x00D3;ptica</italic> desempe&#x00F1;&#x00F3; un papel decisivo como estandarte de la filosof&#x00ED;a experimental, pero tambi&#x00E9;n de la gran tradici&#x00F3;n matem&#x00E1;tica que Newton hab&#x00ED;a culminado con tanto &#x00E9;xito. La famosa s&#x00ED;ntesis newtoniana se traslad&#x00F3; a trav&#x00E9;s de su teor&#x00ED;a de la luz y los colores, y s&#x00F3;lo hace falta echarle un vistazo a las <italic>queries</italic>, las interrogaciones finales que cerraban el tratado, para percatarse de la voluntad con que fueron redactadas. Las <italic>queries</italic> ven&#x00ED;an a ser una suerte de conjeturas finales que sustitu&#x00ED;an a las hip&#x00F3;tesis que tantos problemas le hab&#x00ED;an dado (Newton, <xref ref-type="bibr" rid="CIT26">1704/1977</xref>, pp. 278-350). Eran intentos de generalizar su m&#x00E9;todo y sus observaciones a otros campos. En ellas se preguntaba si los cuerpos no actuaban a distancia sobre la luz y c&#x00F3;mo se doblaban los rayos antes de llegar a los cuerpos, o por qu&#x00E9; la luz engendraba m&#x00E1;s calor sobre los cuerpos negros que sobre los blancos, o qu&#x00E9; hab&#x00ED;a en los lugares vac&#x00ED;os de materia, all&#x00ED; donde el sol y los planetas gravitaban unos hacia otros. Tambi&#x00E9;n se preguntaba por la refracci&#x00F3;n inusual del cristal de Islandia y por las analog&#x00ED;as y diferencias de las vibraciones de la luz y el sonido. Newton, en fin, extend&#x00ED;a sus observaciones hacia campos como el calor, la astronom&#x00ED;a, la electricidad y el magnetismo, para concluir extrapolando el procedimiento de las matem&#x00E1;ticas a toda la filosof&#x00ED;a natural, donde al an&#x00E1;lisis (los experimentos y las observaciones) le deb&#x00ED;a seguir la inducci&#x00F3;n y a esta la s&#x00ED;ntesis, el establecimiento de principios que explicaran los fen&#x00F3;menos. Todo ello, en realidad, formaba parte de una enumeraci&#x00F3;n de asuntos “sobre la luz y sus efectos en la trama de la naturaleza” que estaban por descubrir, sugiriendo diversas cosas al respecto para que las examinaran y mejoraran “los esp&#x00ED;ritus inquisitivos con nuevos experimentos y observaciones”. (Newton, <xref ref-type="bibr" rid="CIT26">1704/1977</xref>, p 350). Procediendo as&#x00ED;:</p>

						<p>“No s&#x00F3;lo la filosof&#x00ED;a natural se perfeccionar&#x00E1; en todas sus partes siguiendo este m&#x00E9;todo, sino que tambi&#x00E9;n la filosof&#x00ED;a moral ensanchar&#x00E1; sus fronteras” (Newton, <xref ref-type="bibr" rid="CIT26">1704/1977</xref>, p. 350).</p>

			<p>Sin duda, Newton mostr&#x00F3; en este punto una gran capacidad predictiva, pues dicho m&#x00E9;todo coloniz&#x00F3; o trat&#x00F3; de colonizar &#x00E1;reas del saber muy variadas, desde la qu&#x00ED;mica hasta la mec&#x00E1;nica de fluidos, pasando por la astronom&#x00ED;a, pero tambi&#x00E9;n la aritm&#x00E9;tica pol&#x00ED;tica, la econom&#x00ED;a pol&#x00ED;tica o el estudio de los sentimientos y las pasiones humanas. Nac&#x00ED;a pues hasta un newtonismo social, del que hay versiones c&#x00E9;lebres que recorren todo el periodo: Locke, Montesquieu, Antonio Genovesi, Adam Smith, Condorcet e incluso Kant, todos ellos fueron newtonianos de una manera u otra. Sin duda, al siglo no le faltaron voceros y convertidos al lenguaje y las im&#x00E1;genes newtonianas. Hemos mencionado a Algarotti, Voltaire o Fontenelle, pero podr&#x00ED;amos a&#x00F1;adir algunos casos espa&#x00F1;oles: Feijoo en su versi&#x00F3;n m&#x00E1;s popular; Jorge Juan o Mazarredo como exponentes de la introducci&#x00F3;n de la f&#x00ED;sica y la astronom&#x00ED;a newtonianas en un &#x00E1;mbito m&#x00E1;s acad&#x00E9;mico; en fin, el propio Alejandro Malaspina, el navegante que compuso una visi&#x00F3;n newtoniana del Imperio en la v&#x00ED;spera de la emancipaci&#x00F3;n (Pimentel, <xref ref-type="bibr" rid="CIT29">1998</xref>).</p>

			<p>Es discutible que dicho m&#x00E9;todo fuera un m&#x00E9;todo homog&#x00E9;neo y compacto, y mucho menos, como algunos han querido ver, que fuera ‘el m&#x00E9;todo cient&#x00ED;fico’ por antonomasia, pues jam&#x00E1;s hubo uno tan hegem&#x00F3;nico que monopolizara las muchas formas de hacer ciencia (podemos hablar de m&#x00E9;todos, pero resulta muy simplificador hablar de <italic>un m&#x00E9;todo cient&#x00ED;fico</italic>). De hecho, muchos historiadores han preferido hablar de ‘estilo newtoniano’. A&#x00FA;n as&#x00ED;, lo cierto es que la influencia de Newton en todos los &#x00F3;rdenes del pensamiento ilustrado fue m&#x00E1;s que notable (aunque con muy diferentes significados en cada materia, en cada contexto, en cada lugar). Su descubrimiento de la legalidad del universo, la unificaci&#x00F3;n de la mec&#x00E1;nica celeste con la din&#x00E1;mica galileiana, caus&#x00F3; un impacto cultural que ha sido objeto de numerosos trabajos en historia de la ciencia. Es uno de los episodios finales del estudio cl&#x00E1;sico de Alexandre Koyr&#x00E9; sobre el tr&#x00E1;nsito del mundo cerrado al universo infinito que retrataba la crisis de la conciencia europea (Koyr&#x00E9;, <xref ref-type="bibr" rid="CIT21">1979</xref>). A su vez, Margaret Jacob, otra destacada historiadora de la ciencia, estudi&#x00F3; las implicaciones pol&#x00ED;ticas y religiosas del newtonismo en el seno del sector latitudinario de la Iglesia anglicana, los fundamentos de una alianza y una presencia que se arrastran hasta la revoluci&#x00F3;n industrial en las islas (Jacob, <xref ref-type="bibr" rid="CIT19">1976</xref>; Dobbs y Jacob, <xref ref-type="bibr" rid="CIT12">1995</xref>). Otra variante, en fin, ser&#x00ED;a la que explor&#x00F3; Marjorie Hope Nicolson, una historiadora de la ciencia que estudi&#x00F3; el impacto de la &#x00F3;ptica newtoniana, precisamente, en la poes&#x00ED;a del siglo XVIII (Nicolson, <xref ref-type="bibr" rid="CIT27">1979</xref>).</p>

			<p>En dicho trabajo Nicolson repasaba c&#x00F3;mo las teor&#x00ED;as de la luz y el color del “amado de las musas” hab&#x00ED;an fecundado la imaginaci&#x00F3;n literaria de los <italic>Night Thoughts</italic> de Edward Young (unos ‘pensamientos nocturnos’ cuyo correlato espa&#x00F1;ol fueron las <italic>Noches l&#x00FA;gubres</italic> de Cadalso); el poema did&#x00E1;ctico <italic>The Pleasures of the Imagination</italic> de Mark Akenside; los cuatro poemas que componen las <italic>Seasons</italic> de James Thomson; o la propia obra de Shelley, uno de los grandes del romanticismo ingl&#x00E9;s.</p>

			<p>Todo lo cual, efectivamente, contrasta en cierto sentido con lo ocurrido en el terreno concreto de la &#x00F3;ptica, donde el impacto de las ideas newtonianas fue menos acusado, hasta el punto de que las primeras historias de la ciencia, que nacieron precisamente en la Ilustraci&#x00F3;n y en el periodo inmediato, caracterizaron la &#x00F3;ptica newtoniana como un saber inscrito en el paradigma corpuscular de la materia (a pesar de los matices que el propio Newton hab&#x00ED;a introducido) y por lo tanto como una disciplina obsoleta. La rehabilitaci&#x00F3;n de la interpretaci&#x00F3;n corpuscular de la luz, su compatibilidad con la teor&#x00ED;a ondulatoria, no se dar&#x00E1; hasta la teor&#x00ED;a cu&#x00E1;ntica. Pero desde la perspectiva del siglo XIX la &#x00F3;ptica newtoniana representaba un pasado superado. Es el caso de William Whewell, uno de los pioneros de la historia de la ciencia y de hecho el creador del t&#x00E9;rmino <italic>cient&#x00ED;fico</italic> en su acepci&#x00F3;n actual como profesional o persona dedicada a la actividad cient&#x00ED;fica. Su <italic>History of inductive sciences</italic> (1837) forj&#x00F3; un relato muy exitoso (Cantor, <xref ref-type="bibr" rid="CIT07">1983</xref>, pp. 4-8). A su juicio, la historia de la &#x00F3;ptica del siglo anterior se explicaba en t&#x00E9;rminos de la pugna entre las ideas corpusculares y las ondulatorias, siendo las segundas, sobre toda en las versiones que recientemente hab&#x00ED;a propuesto Augustin Fresnel y Thomas Young, las que hab&#x00ED;an hecho ingresar a la disciplina en un estado de aut&#x00E9;ntica madurez. Visto as&#x00ED;, figuras como Huygens o Euler pasaban a ser considerados como precursores, y Newton, en cambio, ven&#x00ED;a ser el causante de que el siglo XVIII, en su conjunto, hubiera sido un periodo de relativo estancamiento, de escasa innovaci&#x00F3;n. En las primeras d&#x00E9;cadas del siglo XIX las teor&#x00ED;as ondulatorias le hab&#x00ED;an dado una explicaci&#x00F3;n m&#x00E1;s convincente a los fen&#x00F3;menos de la difracci&#x00F3;n, la interferencia y la polarizaci&#x00F3;n. Una tesis doctoral sobre la &#x00F3;ptica del siglo XVIII realizada en una universidad americana en los a&#x00F1;os ’60 llevaba un t&#x00ED;tulo significativo: <italic>The Age of unenlightenment</italic> (Pay, <xref ref-type="bibr" rid="CIT28">1964</xref>).</p>

			<p>El car&#x00E1;cter polim&#x00F3;rfico del newtonismo, esa ambig&#x00FC;edad o car&#x00E1;cter difuso que explica su propio &#x00E9;xito, es apreciable tambi&#x00E9;n en el seno de la &#x00F3;ptica propiamente dicha. Como antes apunt&#x00E1;bamos, las citadas <italic>queries</italic> de las &#x00FA;ltimas ediciones de su tratado hab&#x00ED;an explicado la reflexi&#x00F3;n y la refracci&#x00F3;n de dos maneras alternativas, bien como fen&#x00F3;menos producidos por diferentes densidades del &#x00E9;ter, bien como efectos debidos a las fuerzas de atracci&#x00F3;n y repulsi&#x00F3;n (Cantor, <xref ref-type="bibr" rid="CIT07">1983</xref>, p. 10). ¿Cu&#x00E1;l de las dos explicaciones era m&#x00E1;s newtoniana? Ambas lo eran, lo que resta significado a la adscripci&#x00F3;n, aunque da cuenta de la paradoja de la consideraci&#x00F3;n gen&#x00E9;rica de un siglo XVIII <italic>newtoniano</italic> y a la vez su r&#x00E1;pido descarte por los herederos inmediatos de la Ilustraci&#x00F3;n.</p>

			<p>Geoffrey Cantor describi&#x00F3; cuatro formas de concebir la luz en el siglo XVIII, cuatro analog&#x00ED;as que enriquecen la f&#x00F3;rmula entre teor&#x00ED;as corpusculares y ondulatorias (Cantor, <xref ref-type="bibr" rid="CIT07">1983</xref>, p. 16). La primera de estas analog&#x00ED;as entend&#x00ED;a la luz como peque&#x00F1;as part&#x00ED;culas de materia o proyectiles, pues su comportamiento obedec&#x00ED;a a las leyes newtonianas del movimiento y las fuerzas. Esta fue la concepci&#x00F3;n defendida por los newtonianos de primera generaci&#x00F3;n, como Martin Benjamin, John Keill o el propio Desaguliers, quienes quisieron hacer de la &#x00F3;ptica una rama de la din&#x00E1;mica. Una segunda teor&#x00ED;a contemplaba la luz como un fluido, una analog&#x00ED;a que la acercaba al calor o la electricidad. Era esta una idea con resonancias neoplat&#x00F3;nicas que hab&#x00ED;a sido muy preeminente en el pasado y que en el siglo XVIII ocup&#x00F3; un lugar marginal en ciertos autores como el m&#x00E9;dico holand&#x00E9;s Boerhaave o el te&#x00F3;logo brit&#x00E1;nico John Hutchinson. La tercera forma consisti&#x00F3; en equiparar la luz a una serie de ondas o pulsos que vibraban en el &#x00E9;ter (ese medio que presidi&#x00F3; el pensamiento cient&#x00ED;fico occidental desde la filosof&#x00ED;a natural de Arist&#x00F3;teles hasta el electromagnetismo de Maxwell). Cantor las denomin&#x00F3; a estas &#x00FA;ltimas teor&#x00ED;as ondulatorias-vibratorias y fueron defendidas por cient&#x00ED;ficos como Leonhard Euler (el matem&#x00E1;tico y f&#x00ED;sico suizo que realiz&#x00F3; la aportaci&#x00F3;n a la &#x00F3;ptica quiz&#x00E1;s m&#x00E1;s destacada del siglo XVIII) o el citado Thomas Young (recuperador de la teor&#x00ED;a ondulatoria a principios del siglo XIX y padre putativo de la fisiolog&#x00ED;a &#x00F3;ptica junto con Helmholtz). Finalmente, en cuarto lugar estar&#x00ED;an las teor&#x00ED;as ondulatorias propiamente dichas, las que se sustentaban sobre una base matem&#x00E1;tica para explicar los modelos de propagaci&#x00F3;n de las ondas, cuyo m&#x00E1;ximo exponente fue el f&#x00ED;sico franc&#x00E9;s Agustine Fresnel, que vivi&#x00F3;, como Young, a caballo entre los siglos XVIII y XIX.</p>

			<p>As&#x00ED; que en cierto sentido el siglo fue m&#x00E1;s newtoniano que su &#x00F3;ptica y que la luz fue entendida mediante determinadas analog&#x00ED;as que trataban de ofrecer una descripci&#x00F3;n plausible a su comportamiento, sus movimientos y sus cualidades. Recurriendo a las im&#x00E1;genes de otros fen&#x00F3;menos naturales (el movimiento de los proyectiles, el agua, el calor, el sonido), con la ayuda de la din&#x00E1;mica, la geometr&#x00ED;a y las matem&#x00E1;ticas, pero tambi&#x00E9;n gracias a los desarrollos tecnol&#x00F3;gicos en la fabricaci&#x00F3;n de lentes e instrumentos de observaci&#x00F3;n, la luz fue concebida sucesivamente como un conjunto de part&#x00ED;culas, unos pulsos, unas vibraciones o unas ondas en movimiento. Es decir, la luz fue descrita como otra cosa, bajo ciertas met&#x00E1;foras, pues el conocimiento de la naturaleza –como todo conocimiento- act&#x00FA;a por analog&#x00ED;a y comparaci&#x00F3;n, extrapolando y asociando ideas y objetos de unos campos a otros, desplaz&#x00E1;ndolos para poder examinarlos de otra manera. La met&#x00E1;fora es un tropo, una figura del discurso, pero su campo de acci&#x00F3;n es el de todo el pensamiento. La ciencia, como cualquier actividad relacionada con la representaci&#x00F3;n, emplea el lenguaje y el pensamiento metaf&#x00F3;rico continuamente, siendo el caso de la luz uno de sus muchos ejemplos (Hesse, <xref ref-type="bibr" rid="CIT17">1966</xref>; Leatherdale, <xref ref-type="bibr" rid="CIT23">1974</xref>; Coopmans <italic>et al</italic>., <xref ref-type="bibr" rid="CIT09">2014</xref>).</p>

			<p>Pero adem&#x00E1;s de haber sido entendida bajo ciertas met&#x00E1;foras, la luz misma ha sido una met&#x00E1;fora recurrente, casi podr&#x00ED;a decirse la met&#x00E1;fora por excelencia del conocimiento y la actividad cient&#x00ED;fica, un hecho que no puede omitirse en un repaso de las teor&#x00ED;as de la luz, precisamente, en el Siglo de las Luces. En las religiones (en el Cristianismo pero no s&#x00F3;lo), la luz ha desempe&#x00F1;ado la propia idea de la divinidad y la verdad, ese contacto privilegiado con Dios no en vano llamado <italic>iluminaci&#x00F3;n</italic>, una idea que por otra parte siempre ha tenido en el platonismo y los sucesivos neoplatonismos su caldo de cultivo m&#x00E1;s f&#x00E9;rtil. El mito de la Caverna planteaba ya los problemas de la verdad, la vida y el conocimiento asociados indisolublemente a la visi&#x00F3;n y la luz. En la &#x00E9;poca de la ciencia moderna, quiz&#x00E1;s por el ensanchamiento del campo que contrajeron los descubrimientos geogr&#x00E1;ficos, astron&#x00F3;micos y microsc&#x00F3;picos, la visi&#x00F3;n tambi&#x00E9;n cop&#x00F3; la imaginer&#x00ED;a del conocimiento. As&#x00ED;, Descartes, fascinado por la &#x00F3;ptica y la geometr&#x00ED;a, y priorizando la vista sobre el resto de los sentidos, desplaz&#x00F3; sobre la mente las operaciones visuales, aunque rebajando as&#x00ED; las capacidades sensoriales. Los ojos enga&#x00F1;an y generan ilusiones, luego han de ser guiados por la raz&#x00F3;n y el m&#x00E9;todo: este ser&#x00E1; el fundamento del m&#x00E9;todo cartesiano, que entronizar&#x00E1; a la Raz&#x00F3;n, cuya funci&#x00F3;n s&#x00F3;lo es comparable –de nuevo- a la del astro sobre la vida: <italic>sola solet ratio</italic>. La &#x00F3;ptica newtoniana y la imagen que el propio Newton primero y luego la Ilustraci&#x00F3;n construyeron sobre su figura y su papel en la historia de la ciencia no son ajenas a esta dimensi&#x00F3;n metaf&#x00F3;rica de la luz como trasunto del conocimiento. S&#x00F3;lo hace falta recordar los versos de Pope (<italic>let Newton be! And all was light</italic>) o contemplar im&#x00E1;genes como el &#x00F3;leo del monumento aleg&#x00F3;rico a Newton de Giovanni Pittoni y los hermanos Domenico y Giusseppe Valeriani, hoy d&#x00ED;a en el Fitzwilliam Museum, Cambridge. La descomposici&#x00F3;n de la luz fue le&#x00ED;da por la Ilustraci&#x00F3;n como una conquista heroica, un acto liberador y lleno de significado para la humanidad.</p>

			<p>Adem&#x00E1;s, habida cuenta de su conocida pasi&#x00F3;n por la alquimia y el trasfondo neoplat&#x00F3;nico de su pensamiento, los intereses de Newton por el fen&#x00F3;meno de la luz desbordan los m&#x00E1;rgenes de una &#x00F3;ptica concebida retrospectivamente como una subdisciplina de la f&#x00ED;sica. La luz era –y sigue siendo- m&#x00E1;s que un simple fen&#x00F3;meno natural. Desde Prometeo a Franklin, descifrar su misterio siempre tuvo una dimensi&#x00F3;n simb&#x00F3;lica a la que nadie, y menos Newton, fueron ajenos.</p>

			<p>Hans Blumenberg, quiz&#x00E1;s el fil&#x00F3;sofo del siglo XX que mejor explor&#x00F3; la met&#x00E1;fora y su legitimidad en el pensamiento occidental, le dedic&#x00F3; uno de sus tempranos art&#x00ED;culos a la luz como met&#x00E1;fora de la verdad (Blumenberg, <xref ref-type="bibr" rid="CIT06">1957/1993</xref>). All&#x00ED; comentaba el poderoso car&#x00E1;cter persuasivo de una met&#x00E1;fora fecunda y vers&#x00E1;til, pues la luz puede aparecer como un rayo o como un faro en la oscuridad, como algo que destrona las tinieblas, pero tambi&#x00E9;n como una presencia deslumbrante que ciega e impide la visi&#x00F3;n. En este contexto de las alteraciones de las met&#x00E1;foras de la luz, la Ilustraci&#x00F3;n asisti&#x00F3; a un desplazamiento desde la antigua verdad autoevidente a una verdad que hab&#x00ED;a de obtenerse mediante un trabajo orientado al futuro. La verdad perd&#x00ED;a aquella facilidad natural con la que se afirmaba a s&#x00ED; misma en el mundo antiguo. Para la Ilustraci&#x00F3;n la verdad no se revela sola, ha de ser revelada. Su constituci&#x00F3;n es d&#x00E9;bil, el hombre debe someterla a una terapia luminosa (Blumenberg, <xref ref-type="bibr" rid="CIT06">1957/1993</xref>, p. 52). As&#x00ED; aparece en el <italic>Discurso preliminar</italic> de D’Alembert en la <italic>Encylop&#x00E9;die</italic>: el universo es una obra sumamente oscura que ha de ser ocasionalmente desvelada con la ayuda del entendimiento (D’Alambert, <xref ref-type="bibr" rid="CIT10">1751/1984</xref>).Y as&#x00ED; figura en el frontispicio de la misma <italic>Encyclop&#x00E9;die</italic>, en esa imagen dibujada por Cochin y grabada por Pr&#x00E9;vost en la que la Verdad, asistida por la Raz&#x00F3;n y la Filosof&#x00ED;a, resplandece e ilumina el mundo, disipando las nubes, mientras abajo otras figuras femeninas representan diversas artes y ciencias, entre las que se encuentran, naturalmente, la astronom&#x00ED;a y la &#x00F3;ptica.</p>
			
			
						<fig id="F2">
							<label>Figura 2</label>
							<caption>
								<title>Frontispicio de la Encylop&#x00E9;die, grabado de Bonaventure Louis Pr&#x00E9;vost, seg&#x00FA;n el dibujo de de Charles-Nicolas Cochin</title>
							</caption>
							<graphic xmlns:xlink="http://www.w3.org/1999/xlink" xlink:href="../images/F2.jpg"/>
						</fig>
						
						

			<p>La luz, por tanto, posee un rol fundamental para explicar la epistemolog&#x00ED;a de la &#x00E9;poca (Hulme y Jordanova, <xref ref-type="bibr" rid="CIT18">1990</xref>, pp. 1-15). Era la met&#x00E1;fora central del conocimiento y se apoyaba en la creencia de que todo conocimiento proven&#x00ED;a de los sentidos, siendo la vista el principal y la observaci&#x00F3;n la actividad caracter&#x00ED;stica del ser humano. De hecho, el ciego de Molyneux (la paradoja de si un hombre nacido ciego que recuperara la vista ser&#x00ED;a capaz de reconocer las cosas que hab&#x00ED;a distinguido por el tacto) recorri&#x00F3; todas las teor&#x00ED;as del conocimiento, desde Locke a Diderot, pasando por Berkeley y Hume. La Ilustraci&#x00F3;n era un proceso de desvelamiento m&#x00E1;s que un estado, y la observaci&#x00F3;n un acto m&#x00E1;s colectivo que individual, pues no conviene confundir –como ha se&#x00F1;alado Lorraine Daston- la luz interior del misticismo y el <italic>entusiasmo</italic> con la luz social que a trav&#x00E9;s de las cartas, las memorias, los peri&#x00F3;dicos o los experimentos se generaba (Klein, <xref ref-type="bibr" rid="CIT20">2001</xref>, p. 149). Quiz&#x00E1;s entonces las luces del siglo se asemejaran m&#x00E1;s a una conversaci&#x00F3;n ilustrativa, un acto de pedagog&#x00ED;a emparentado con la palabra y el di&#x00E1;logo. Pero en todo caso, la met&#x00E1;fora de la luz sigui&#x00F3; impregnando y ha pervivido en la historia de la ciencia hasta fechas muy recientes, una disciplina que, en virtud de ese legado ilustrado, se entendi&#x00F3; durante mucho tiempo como el avance y difusi&#x00F3;n de las luces desde unos puntos hacia otras regiones. La propagaci&#x00F3;n, la iluminaci&#x00F3;n de las zonas sombr&#x00ED;as, el progreso y el desvelamiento paulatino de la verdad son algunas de las im&#x00E1;genes deudoras de esta met&#x00E1;fora de la luz.</p>
		</sec>


		<sec id="S4">
			<title>GOETHE Y LA TEOR&#x00CD;A DE LOS COLORES</title>

			<p>No le faltaron cr&#x00ED;ticos a esta visi&#x00F3;n de c&#x00F3;mo se produce y circula el conocimiento. Tampoco le faltaron cr&#x00ED;ticos a la teor&#x00ED;a de la luz y la composici&#x00F3;n de los colores de Newton, entre los cuales Goethe ocupa un lugar distinguido, precisamente porque su cr&#x00ED;tica, situada a finales de la Ilustraci&#x00F3;n, afecta doblemente a su &#x00F3;ptica pero tambi&#x00E9;n a su forma de concebir la ciencia.</p>

			<p>Johann Wolfgang von Goethe (1749-1832), el gran poeta y dramaturgo alem&#x00E1;n, una figura que viene a significar para las letras germ&#x00E1;nicas lo que Shakespeare o Cervantes para sus respectivos contextos culturales, desarroll&#x00F3; una actividad cient&#x00ED;fica m&#x00E1;s que notable. En su <italic>Metamorfosis de las plantas</italic> (1790) abord&#x00F3; el tema del crecimiento y la transformaci&#x00F3;n del ser vivo a trav&#x00E9;s del estudio del mundo vegetal (Goethe, <xref ref-type="bibr" rid="CIT14">1790/1997</xref>, p. 3-138) (Pimentel, <xref ref-type="bibr" rid="CIT30">2005</xref>). En su constante b&#x00FA;squeda de la unidad en la diversidad, Goethe hab&#x00ED;a tratado de hallar la planta arquet&#x00ED;pica o primordial (<italic>Urpflanze</italic>), una forma ideal y original de la que pensaba se derivaban y proced&#x00ED;an los s&#x00E9;palos, los estambres y el resto de los &#x00F3;rganos de floraci&#x00F3;n y las hojas. Antes de la teor&#x00ED;a celular y tras la hegemon&#x00ED;a de la sistem&#x00E1;tica linneana, Goethe quer&#x00ED;a recomponer lo que la taxonom&#x00ED;a hab&#x00ED;a escindido, investigando el mundo de las formas (<italic>Gestalt</italic>) y el crecimiento (<italic>Bildung</italic>). Realiz&#x00F3; esta monograf&#x00ED;a tras su viaje a Italia, cuando frecuentaba los c&#x00ED;rculos de Weimar y Jena, entre los que figuraban Herder, Schiller, Schelling y otros <italic>naturforscher</italic> (investigadores de la naturaleza) del romanticismo, quienes persegu&#x00ED;an “tratar la f&#x00ED;sica como un arte”. Trataban de recuperar un viejo ideal hel&#x00E9;nico, restaurar una alianza mediante la cual –en palabras de Schlegel- “todo arte llegar&#x00E1; a ser ciencia y toda ciencia se har&#x00E1; arte; la poes&#x00ED;a y la filosof&#x00ED;a habr&#x00E1;n de fundirse en la misma cosa” (Richards, <xref ref-type="bibr" rid="CIT31">2002</xref>).</p>

			<p>Entre 1790 y 1810 Goethe trabaj&#x00F3; intensamente en su teor&#x00ED;a de los colores, que cristaliz&#x00F3; en la publicaci&#x00F3;n de la primera versi&#x00F3;n de <italic>Zur Farbenlehre</italic>, un trabajo que &#x00E9;l mismo consider&#x00F3; siempre como su aportaci&#x00F3;n m&#x00E1;s valiosa a la humanidad (incluyendo su fecunda y exitosa obra literaria). Est&#x00E1; compuesto por tres partes bien diferencias: la parte did&#x00E1;ctica, en la que expone el grueso de sus ideas; la parte pol&#x00E9;mica, donde impugna y desmonta la &#x00F3;ptica newtoniana; y la parte hist&#x00F3;rica, una muy extensa colecci&#x00F3;n de documentos y escritos sobre la luz y los colores desde la antig&#x00FC;edad hasta sus d&#x00ED;as (Goethe, <xref ref-type="bibr" rid="CIT13">1810/1992</xref>).</p>

			<p>Goethe comenzaba la parte did&#x00E1;ctica indagando las relaciones entre la luz y los colores con una definici&#x00F3;n que se ha hecho cl&#x00E1;sica: “los colores son actos de la luz; actos y sufrimientos” (Goethe, <xref ref-type="bibr" rid="CIT13">1810/1992</xref>, p. 57). A continuaci&#x00F3;n expon&#x00ED;a toda una serie de fen&#x00F3;menos, experiencias y particularidades de la luz con un &#x00E1;nimo y un estilo bien diferentes a los de la filosof&#x00ED;a experimental: nada de experimentos cruciales ni complejos dispositivos de improbable reproducci&#x00F3;n, sino m&#x00E1;s bien observaciones y fen&#x00F3;menos de alcance universal. Goethe divide los colores en fisiol&#x00F3;gicos, f&#x00ED;sicos y qu&#x00ED;micos, divisi&#x00F3;n con la que quer&#x00ED;a romper el absolutismo de una &#x00F3;ptica entendida como una disciplina de fen&#x00F3;menos objetivos susceptibles de ser reducidos a principios matem&#x00E1;ticos, una ciencia centrada en los colores f&#x00ED;sicos. Por el contrario, Goethe otorga la m&#x00E1;xima importancia a los colores fisiol&#x00F3;gicos, los que comprometen al &#x00F3;rgano visual, aquellos que el ojo humano, m&#x00E1;s que percibir, genera, pues la retina produce determinados fen&#x00F3;menos y efectos crom&#x00E1;ticos, como cuando tras cerrar los ojos distinguimos destellos de colores auxiliares de los reci&#x00E9;n vistos. Ciertamente, no hab&#x00ED;a sido el primero en distinguirlos. Boyle los hab&#x00ED;a llamado colores <italic>advenedizos</italic>; el propio Rizzetti <italic>imaginarios o fant&#x00E1;sticos</italic>; Buffon, colores <italic>accidentales</italic>; Scherffer, <italic>aparentes</italic>; otros se refer&#x00ED;an a ellos como <italic>ilusiones &#x00F3;pticas </italic>o<italic> espectros oculares</italic>. Pero dada su fugacidad, se los hab&#x00ED;a confinado “al reino de los fantasmas” (Goethe, <xref ref-type="bibr" rid="CIT13">1810/1992</xref>, p. 69).</p>

			<p>En cierto sentido, antes que Young, Helmholtz o Maxwell, Goethe estaba se&#x00F1;alando el fundamento organicista y biol&#x00F3;gico de los colores y la luz, aunque desde otros principios. Para Goethe el ojo era “hijo de la luz y af&#x00ED;n al sol” (Goethe, <xref ref-type="bibr" rid="CIT13">1810/1992</xref>, p. 64), pues entend&#x00ED;a la correspondencia entre el &#x00F3;rgano y la principal fuente de luminosidad como la base de la posibilidad de conocimiento, una idea de resonancias plat&#x00F3;nicas e incluso presocr&#x00E1;ticas. Goethe atribu&#x00ED;a al ojo (y en general a los sentidos) un papel activo y no pasivo. Habl&#x00F3; de ello en numerosos pasajes de <italic>Poes&#x00ED;a y Verdad</italic>, pero quiz&#x00E1;s ning&#x00FA;n testimonio mejor que sus propios paisajes y dibujos, donde encauz&#x00F3; su vocaci&#x00F3;n pl&#x00E1;stica y visual quien puede considerarse como el pen&#x00FA;ltimo de los hombres universales (Arnaldo, <xref ref-type="bibr" rid="CIT02">2008</xref>) (Goethe, <xref ref-type="bibr" rid="CIT13">1810/1992</xref>).<xref ref-type="fn" rid="NOTE02">2</xref> </p>

			<p>Seg&#x00FA;n otro de sus c&#x00E9;lebres aforismos, el ser humano es el instrumento m&#x00E1;s preciso y el m&#x00E1;s exacto, as&#x00ED; como el actor y el destinatario de todo acto de conocimiento, pues el hombre observa los objetos siempre en referencia a &#x00E9;l mismo, como dej&#x00F3; escrito en otro de sus textos cient&#x00ED;ficos de la d&#x00E9;cada de 1790, el <italic>Experimento como mediador entre sujeto y objeto</italic> (Goethe, <xref ref-type="bibr" rid="CIT14">1790/1997</xref>, pp. 151-165). All&#x00ED; se quejaba de que “cuando se observan los objetos desde un punto de vista cient&#x00ED;fico, les falta la medida del placer y del displacer, de la atracci&#x00F3;n y del rechazo, de lo &#x00FA;til y de lo perjudicial” (Goethe, <xref ref-type="bibr" rid="CIT14">1790/1997</xref>, p. 151). Su concepci&#x00F3;n de lo que era un experimento difer&#x00ED;a radicalmente de la de Newton, de ah&#x00ED; que Fausto renegara del saber obtenido a base de torturar la naturaleza con palancas, tornillos y herramientas. Para Goethe, un experimento era una observaci&#x00F3;n puntual que deb&#x00ED;a conectarse con otras y al tiempo una ocasi&#x00F3;n &#x00FA;nica para que se produjera un <italic>aper&#x00E7;u</italic>, una suerte de visi&#x00F3;n/intuici&#x00F3;n: nada m&#x00E1;s universal que el hecho concreto y nada m&#x00E1;s singular que millones de observaciones, seg&#x00FA;n reza otra de sus<italic> m&#x00E1;ximas. </italic>Todo acto de observaci&#x00F3;n es en s&#x00ED; un acto de teor&#x00ED;a, pues “todo mirar se transforma en considerar, todo considerar en meditar, todo meditar en relacionar” (Goethe, <xref ref-type="bibr" rid="CIT13">1810/1992</xref>, p. 58). En velada alusi&#x00F3;n a Newton, advert&#x00ED;a de los peligros de sacar conclusiones precipitadas de determinados experimentos:</p>

						<p>“(…) ya que en el paso de la experiencia al juicio, del conocimiento a la aplicaci&#x00F3;n, es donde, como en un desfiladero, todos los enemigos interiores del hombre est&#x00E1;n al acecho: la imaginaci&#x00F3;n (…), la impaciencia, la precipitaci&#x00F3;n, la autocomplacencia, la testarudez, la mentalidad, las opiniones preconcebidas, la pereza, la ligereza, la volubilidad” (Goethe, <xref ref-type="bibr" rid="CIT14">1790/1997</xref>, p. 157).</p>

			<p>Luego estaban los colores f&#x00ED;sicos, poco estables y producidos por medios transparentes, transl&#x00FA;cidos u opacos, aquellos colores generados por la luz cuando atraviesa un medio de diferente densidad, como el agua, el vidrio o los propios prismas. Entre ellos, los m&#x00E1;s importantes eran los colores di&#x00F3;ptricos, entre los cuales figuraban los que aparec&#x00ED;an bajo determinados fen&#x00F3;menos atmosf&#x00E9;ricos, como las luces a trav&#x00E9;s de las neblinas, los vahos, las tonalidades de las m&#x00E1;s altas cumbres de los cielos, las primeras o las &#x00FA;ltimas luces del d&#x00ED;a. Son esos colores que interesaron a una legi&#x00F3;n de pintores, entre los que resulta t&#x00F3;pico pero imprescindible citar a William Turner, el pintor de la luz, que rindi&#x00F3; tributo expl&#x00ED;cito a Goethe en sus &#x00F3;leos sobre el diluvio (Hamilton, <xref ref-type="bibr" rid="CIT16">1998</xref>).Pero tambi&#x00E9;n en este apartado se encontraban los colores di&#x00F3;ptricos producidos por medios transparentes, como era el caso de la refracci&#x00F3;n en los prismas, el caballo de batalla en su diatriba antinewtoniana. Goethe neg&#x00F3; que los colores formaran parte de la luz, m&#x00E1;s bien eran gradaciones del contacto de la luz con la oscuridad, siendo el amarillo la primera variaci&#x00F3;n y el azul la &#x00FA;ltima, la m&#x00E1;s cercana a la sombra. Lo tradujo en su c&#x00E9;lebre c&#x00ED;rculo crom&#x00E1;tico, que refleja la disposici&#x00F3;n binaria de dicha oposici&#x00F3;n inicial (amarillo/azul) cuya intensificaci&#x00F3;n, a su vez, genera el anaranjado y el violeta respectivamente hasta llegar al m&#x00E1;ximo, donde aparece el p&#x00FA;rpura, opuesto en el c&#x00ED;rculo al verde, la mezcla de los dos primeros.</p>
			
			
						<fig id="F3">
							<label>Figura 3</label>
							<caption>
								<title>C&#x00ED;rculo crom&#x00E1;tico de Goethe</title>
							</caption>
							<graphic xmlns:xlink="http://www.w3.org/1999/xlink" xlink:href="../images/F3.jpg"/>
						</fig>
						
						

			<p>Finalmente, estar&#x00ED;an los colores qu&#x00ED;micos, llamados tambi&#x00E9;n corporales, materiales o permanentes, aquellos que se pod&#x00ED;an originar, fijar, quitar y comunicar a otros objetos de manera persistente. Tal y como hab&#x00ED;an apuntado diversos autores (desde Paracelso a Priestley), los colores minerales ten&#x00ED;an una correspondencia con su alcalinidad o acidez. Goethe desarroll&#x00F3; los principios del mencionado c&#x00ED;rculo crom&#x00E1;tico a partir de las nociones de polaridad, exaltaci&#x00F3;n, culminaci&#x00F3;n y modificaci&#x00F3;n. Como en tantos aspectos de su pensamiento, la polaridad o complementariedad jug&#x00F3; un papel destacado en su teor&#x00ED;a del color: “pues a&#x00FA;n sin propon&#x00E9;rselo, cada uno desea lo opuesto de s&#x00ED; mismo para tener el todo” hab&#x00ED;a asegurado en la <italic>Metamorfosis de las plantas </italic>(Goethe, <xref ref-type="bibr" rid="CIT14">1790/1997</xref>, p. 79). Tambi&#x00E9;n aqu&#x00ED; “el &#x00F3;rgano visual tiende, esencialmente, a la totalidad y contiene en s&#x00ED; toda la gama de colores” (Goethe, <xref ref-type="bibr" rid="CIT13">1810/1992</xref>, p. 81). En lugar de los siete colores b&#x00E1;sicos de Newton, dej&#x00F3; los cinco mencionados, un asunto y un dispositivo este de los c&#x00ED;rculos o discos crom&#x00E1;ticos que m&#x00E1;s adelante perfeccionar&#x00E1;n muchos otros, hasta que Maxwell redujera a tres los colores a partir de los cuales se obtienen (casi) todos los dem&#x00E1;s. En realidad, las gradaciones crom&#x00E1;ticas, la taxonom&#x00ED;a del color, era un tema del que se hab&#x00ED;an ocupado a lo largo de los siglos pintores, m&#x00E9;dicos y fil&#x00F3;sofos de la naturaleza (Ball, <xref ref-type="bibr" rid="CIT03">2003</xref>). Ahora, a finales de la Ilustraci&#x00F3;n, el problema ocupaba incluso a los bot&#x00E1;nicos, como es el caso de Tadeo Haencke, uno de los naturalistas de la Expedici&#x00F3;n Malaspina, quien viaj&#x00F3; por Am&#x00E9;rica Latina con una <italic>Carta de Colores</italic> hoy conservada en el Jard&#x00ED;n Bot&#x00E1;nico de Madrid (Mabberley y San P&#x00ED;o, <xref ref-type="bibr" rid="CIT24">2012</xref>).</p>

			<p>En la parte pol&#x00E9;mica de la<italic> Farbenlehre</italic>, su autor impugna directamente la &#x00F3;ptica newtoniana, que hab&#x00ED;a suscitado una “confianza ciega”, como si fuera portadora de una “verdad indiscutible”. All&#x00ED; relata c&#x00F3;mo Newton hab&#x00ED;a abusado a la hora de “pasar de las experiencias a los principios y de los principios a las experiencias” (Goethe, <xref ref-type="bibr" rid="CIT13">1810/1992</xref>, p. 266); de su desorden en la presentaci&#x00F3;n de experimentos, multiplicados y superpuestos; de sus continuas elipsis. El experimento crucial no muestra que la luz blanca est&#x00E9; formada por la suma de los colores, sino que en esas circunstancias, bajo esas condiciones, la luz, en efecto, se comporta as&#x00ED;. Pero el fen&#x00F3;meno de la refracci&#x00F3;n prism&#x00E1;tica no prueba la teor&#x00ED;a newtoniana, “un vetusto castillo que, levantado por el constructor con precipitaci&#x00F3;n juvenil, tuvo que ser ampliado y reacondicionado gradualmente por &#x00E9;l de acuerdo con las necesidades de la &#x00E9;poca y las circunstancias, a la vez que fortificado cada vez m&#x00E1;s para hacer frente a los enemigos” (Goethe, <xref ref-type="bibr" rid="CIT13">1810/1992</xref>, p. 59).</p>

			<p>Tal vez la &#x00F3;ptica de Goethe carezca de relevancia para algunos cient&#x00ED;ficos (aunque otros muchos lo hayan rescatado o salvado parcialmente, como es el caso de Ewald Hering o el propio Heisenberg). Su impugnaci&#x00F3;n de la tradici&#x00F3;n heredada es sin embargo una actitud cl&#x00E1;sicamente cient&#x00ED;fica. As&#x00ED;, Goethe denuncia que parezca “un crimen perturbar la fe beata de la escuela newtoniana y aun la confianza ciega que todo el mundo semiculto tiene depositada en dicha escuela” (Goethe, <xref ref-type="bibr" rid="CIT13">1810/1992</xref>, p. 273), lo que introduce un elemento fundamental para comprender c&#x00F3;mo se construyen las tradiciones, dando cuenta, en definitiva, del car&#x00E1;cter hist&#x00F3;rico y social (esto es, negociado, disputado y construido) de nuestros conocimientos, de todo conocimiento. Esto explica la voluminosa tercera parte dedicada a los materiales hist&#x00F3;ricos. Goethe se sabe instalado en una antiqu&#x00ED;sima y riqu&#x00ED;sima tradici&#x00F3;n de la que quiere ofrecer sus hilos, una tradici&#x00F3;n que no se comporta de manera uniforme y rectil&#x00ED;nea, sino m&#x00E1;s bien de forma sinuosa y no siempre n&#x00ED;tida.</p>

			<p>Su denuncia de la teor&#x00ED;a newtoniana, pues, se dirige a la generalizaci&#x00F3;n abusiva del m&#x00E9;todo, al imperio de las matem&#x00E1;ticas y la geometr&#x00ED;a sobre una serie de fen&#x00F3;menos, ocultando as&#x00ED; el car&#x00E1;cter org&#x00E1;nico de la visi&#x00F3;n, priorizando formas artificiales y alienantes de obtenci&#x00F3;n de conocimiento, desplazando en definitiva al hombre. Sin duda, son muchas las deudas que la posteridad encuentra en la teor&#x00ED;a de Goethe en lo que hace a las dimensiones psicol&#x00F3;gicas, sensibles y morales del color, y cuyas huellas pueden rastrearse en la experimentaci&#x00F3;n fisiol&#x00F3;gica, en la <italic>Gestalt</italic>, en la propia historia de la pintura, desde Delacroix a Kandinsky o Delaunay, en fin, en el propio Heisenberg, el autor del principio de incertidumbre y uno de los padres de la mec&#x00E1;nica cu&#x00E1;ntica, quien manifest&#x00F3; mucho inter&#x00E9;s por la <italic>Farbenlehre</italic>.</p>

			<p>Pero antes que Heisenberg, fue Helmholtz, el m&#x00E9;dico y f&#x00ED;sico alem&#x00E1;n del siglo XIX, maestro de Hertz y Max Planck, qui&#x00E9;n postul&#x00F3; una lectura de dicha pol&#x00E9;mica que perdura hasta nuestros d&#x00ED;as, seg&#x00FA;n la cual Newton ocupa el espacio de la ciencia, mientras que Goethe representa el acercamiento de un poeta. Este es el argumento cl&#x00E1;sico de las dos culturas, que ha presidido buena parte de las interpretaciones de la controversia, tal y como despleg&#x00F3; Denis Sepper en su detallado estudio monogr&#x00E1;fico (Sepper, <xref ref-type="bibr" rid="CIT33">1988</xref>, pp. 5-21).</p>

			<p>Esta demarcaci&#x00F3;n hace que la teor&#x00ED;a de Goethe despierte cierto escepticismo, pues efectivamente nos encontramos ante una relaci&#x00F3;n donde se mezclan sin soluci&#x00F3;n de continuidad agudas observaciones, reflexiones variadas, intuiciones felices e manifiestas incorrecciones. Pero esto ya forma parte de una manera de entender la historia de la ciencia a la manera que inaugur&#x00F3; precisamente la Ilustraci&#x00F3;n, como una sucesi&#x00F3;n de conquistas y alumbramientos progresivos juzgados a posteriori en funci&#x00F3;n de nuestra posici&#x00F3;n respecto a dichas tradiciones. Como es obvio, no es la lectura que nosotros defendemos, aunque siga siendo la m&#x00E1;s extendida. En realidad, no se trata de rebajar la importancia de la &#x00F3;ptica newtoniana ni de menospreciar las aportaciones de Goethe, sino de aprender de una controversia que, como suele ocurrir, pone a flote los argumentos y las estrategias de sus contrincantes. Los conflictos son ocasiones privilegiadas para acceder al coraz&#x00F3;n de la actividad cient&#x00ED;fica. No se trata de tomar partido por las ideas y pr&#x00E1;cticas del pasado, sino de entender que “la historia de la ciencia es la ciencia misma”, como expres&#x00F3; el propio Goethe (Naydler, <xref ref-type="bibr" rid="CIT25">2002</xref>, p. 13). Al menos, en este punto, habremos de admitir que Goethe nos sigue iluminando. Javier Arnaldo comentaba en su edici&#x00F3;n de la <italic>Farbenlehre</italic> que la propia aspiraci&#x00F3;n de Goethe al conocimiento visual, que delata la relaci&#x00F3;n del deseo de saber con el amor a la visualidad, proverbial desde la filosof&#x00ED;a cl&#x00E1;sica, es una invitaci&#x00F3;n “a la ciencia a comprometerse en el acto de <italic>mirar</italic>” (Goethe, <xref ref-type="bibr" rid="CIT13">1810/1992</xref>, p. 41). Bien podemos a&#x00F1;adir aqu&#x00ED; que tambi&#x00E9;n es una llamada a la historia, guiada por ese mismo deseo esc&#x00F3;pico y comprometida con esa pr&#x00E1;ctica que tiene tanto de contemplaci&#x00F3;n como de b&#x00FA;squeda.</p>
	
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		<ack>
			<title>AGRADECIMIENTOS</title>

				<p>Proyecto Nacional HAR 2014-52157-P.</p>
		</ack>
		
		<sec id="notas">
			<title>NOTAS</title>
		
			<fn-group>
				<fn id="NOTE01"><label>1</label>
					<p>Hemos manejado la extraordinaria edici&#x00F3;n en castellano que hizo y prolog&#x00F3; Carlos Sol&#x00ED;s.</p>
				</fn>
				
				<fn id="NOTE02"><label>2</label>
					<p>En Madrid tuvimos ocasi&#x00F3;n de apreciar estos dibujos y acuarelas gracias a la exposici&#x00F3;n del C&#x00ED;rculo de Bellas Artes en 2008, una muestra comisariada por Javier Arnaldo, editor del <italic>espl&#x00E9;ndido cat&#x00E1;logo</italic> y tambi&#x00E9;n de la <italic>Teor&#x00ED;a de los colores</italic> en castellano que hemos manejado. A su estudio introductorio remitimos al lector interesado en ampliar conocimientos sobre la teor&#x00ED;a de los colores de Goethe.</p>
				</fn>
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			<title>BIBLIOGRAF&#x00CD;A</title>
				
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			  <source>El reino vegetal en el imaginario religioso del Mediterr&#x00E1;neo</source>
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			  <source>Trabajos de cristal. Ensayos de historia de la ciencia</source>
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