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			<journal-id journal-id-type="publisher-id">Arbor</journal-id>
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				<journal-title>ARBOR Ciencia, Pensamiento y Cultura</journal-title>
				<abbrev-journal-title>Arbor</abbrev-journal-title>
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			<issn pub-type="epub">0210-1963</issn>
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				<publisher-name>Consejo Superior de Investigaciones Cient&#x00ED;ficas</publisher-name>
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			<article-id pub-id-type="publisher-id">arbor.2015.776n6002</article-id>
			<article-id pub-id-type="doi">10.3989/arbor.2015.776n6002</article-id>
			 
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				<subj-group subj-group-type="heading">
				<subject>APORTACI&#x00D3;N AL ESTUDIO DE EL GRECO POR INVESTIGADORES VINCULADOS AL CSIC / CONTRIBUTION TO THE STUDY OF EL GRECO BY RESEARCHERS LINKED TO THE CSIC</subject>
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				<article-title>La luz y el color en la pintura de El Greco</article-title>
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					<trans-title>Light and color in Greco’s painting</trans-title>
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				<alt-title alt-title-type="running-head">La luz y el color en la pintura de El Greco</alt-title>
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				<aff id="U1">Universitat de Lleida</aff>
				
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			<pub-date pub-type="epub">
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				<year>2015</year>
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			<year>2015</year>
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			<volume>191</volume>
			<issue>776</issue>
			
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					<license-p>Este es un art&#x00ED;culo de acceso abierto distribuido bajo los t&#x00E9;rminos de la licencia Creative Commons Attribution-Non Commercial (by-nc) Spain 3.0.</license-p>
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				<title>RESUMEN</title>
				<p>El presente trabajo reconsidera el extraordinario valor est&#x00E9;tico de la luz y el color en la pintura de El Greco, entendidas ambas categor&#x00ED;as como el resultado de un extenso y meditado proceso mental y creativo del gran maestro cretense. Ahonda, adem&#x00E1;s, en la urgente necesidad de practicar una historia del arte en Espa&#x00F1;a que equilibre la excesiva hipertrofia del dato literario en beneficio de un conocimiento de la pintura m&#x00E1;s en directo y a pie de obra.</p>
			</abstract>
			
			<trans-abstract xml:lang="en">
				<title>ABSTRACT</title>
				<p>This work reconsiders the extraordinary aesthetic value of light and colour in El Greco’s paintings, both of which are understood as the result of a lengthy and deliberate mental and creative process by the Cretan master. It also looks closely at the urgent need to rebalance art history in Spain to counter the proliferation of literary data with a more direct understanding of the paintings themselves in situ.</p>
			</trans-abstract>

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				<title>PALABRAS CLAVE</title>
				<kwd>El Greco</kwd>
				<kwd>pintura</kwd>
				<kwd>luz</kwd>
				<kwd>t&#x00E9;cnica</kwd>
				<kwd>color</kwd>
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				<title>KEYWORDS</title> 			
				<kwd>El Greco</kwd>	
				<kwd>painting</kwd>
				<kwd>light</kwd>
				<kwd>technique</kwd>
				<kwd>colour</kwd>
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		<sec id="S1">
			<title>EL RELATIVO VALOR DE LA <italic>NOTITIA</italic> </title>

			<p>En 1981, hurgando en un ejemplar de la Biblioteca Nacional de Madrid de los <italic>Diez Libros de Arquitectura</italic> de Vitruvio comentados por Daniele Barbaro (Venecia, 1556), cuyos m&#x00E1;rgenes est&#x00E1;n llenos de valiosas anotaciones manuscritas por El Greco, los profesores Fernando Mar&#x00ED;as y Agust&#x00ED;n Bustamante descubrieron algo clave y medular en el desarrollo mental y creativo del Greco, y a&#x00FA;n m&#x00E1;s, a juicio de quien esto escribe, en el desarrollo cabal y estructural de esa apasionante disciplina universitaria que llamamos Historia del Arte; lo advirtieron con sagacidad y sigue teniendo, quiz&#x00E1; hoy m&#x00E1;s que nunca, una extraordinaria importancia. Al amparo del Greco Mar&#x00ED;as y Bustamante escribieron lo siguiente: “Para nuestro pintor el conocimiento adquirido a partir de la lectura no es verdadero conocimiento, sino <italic>notitia</italic>, noci&#x00F3;n superficial cuya posesi&#x00F3;n proporciona placer (<italic>dileto</italic>), pero no un conocimiento que permita un juicio fundado” (Mar&#x00ED;as y Bustamante, <xref ref-type="bibr" rid="CIT24">1981</xref>, p. 75). En efecto seg&#x00FA;n El Greco (y seg&#x00FA;n el pintor y tratadista Gian Paolo Lomazzo a quien en parte sigue nuestro pintor), “s&#x00F3;lo a trav&#x00E9;s de la lectura [no se puede] obtener el conocimiento necesario para el juicio, puesto que el juicio y el aprendizaje son aspectos del Arte que requieren tiempo y pr&#x00E1;ctica” (Lomazzo, <xref ref-type="bibr" rid="CIT20">1584</xref>, VI, pp. i-ii). </p>

			<p>Bien. No solo hace falta leer (que debe hacerse), sino que tambi&#x00E9;n se precisa tiempo para “ver”; mucho tiempo, muchas horas y mucha pr&#x00E1;ctica para ver arte, pacientemente, a fondo, en directo. </p>

			<p>Hoy, sin embargo, y ah&#x00ED; est&#x00E1; la lluvia de excelentes libros y cat&#x00E1;logos de exposici&#x00F3;n aparecidos durante la rica conmemoraci&#x00F3;n del IV Centenario de la muerte de El Greco,<xref ref-type="fn" rid="NOTE01">1</xref> la <italic>notitia</italic> y el <italic>dileto</italic> (la abundante y erudita literatura que desde luego ser&#x00E1; siempre necesaria y bienvenida para construir los mil matices de la narrativa e historia global del Greco) se han impuesto al goce y contemplaci&#x00F3;n visual, mental y espiritual de la obra, de la pintura, de la luz y el color del Greco. Admitamos que nos ha podido la <italic>notitia</italic>, es decir, de acuerdo con Mar&#x00ED;as y Bustamante, la “noci&#x00F3;n” superficial cuya posesi&#x00F3;n proporciona placer pero no un conocimiento que permita un juicio verdaderamente fundado sobre la obra pict&#x00F3;rica, la luz, el color y la composici&#x00F3;n del Greco. Confes&#x00E9;moslo: nos ha podido la <italic>notitia</italic>, el saber, la erudici&#x00F3;n. Para El Greco, sin embargo, y vamos a citarlo a &#x00E9;l esta vez de forma literal, “la pintura es la &#x00FA;nica que puede juzgar todas las cosas, forma, color”.<xref ref-type="fn" rid="NOTE02">2</xref> Y El Greco, es bien sabido por todos, es uno de los artistas m&#x00E1;s inteligentes, cr&#x00ED;ticos y sesudos de la Europa del siglo XVI; lo que ha escrito no es una reflexi&#x00F3;n secundaria y accidental, tiene mucha profundidad. </p>

			<p><italic>La pintura es la &#x00FA;nica que puede juzgar todas las cosas</italic>. Podemos estar en acuerdo o desacuerdo con esta aseveraci&#x00F3;n, pero lo cierto es que tiene una traducci&#x00F3;n muy clara: la pintura del Greco es la &#x00FA;nica que nos puede llevar hasta el fondo de la comprensi&#x00F3;n de su obra: forma, luz, color..., pero tambi&#x00E9;n a la cabal comprensi&#x00F3;n y diagnosis de su verdadero y &#x00FA;ltimo significado. </p>

			<p>¿Vemos hoy, sin embargo, mucha o al menos suficiente pintura en nuestras universidades a lo largo de los estudios de licenciatura, grado y postgrado? ¿Qu&#x00E9; hay en nuestras facultades? Solo o muy predominantemente libros. Tambi&#x00E9;n, hoy, afortunadamente, muchas im&#x00E1;genes digitales sobre pantalla; antes diapositivas. Y muy poco m&#x00E1;s. Un 99% de nuestro aprendizaje se lo llevan los libros; solo un 1% lo ocupamos en visitar alg&#x00FA;n gabinete anal&#x00ED;tico, alg&#x00FA;n centro de conservaci&#x00F3;n y restauraci&#x00F3;n, alguna exposici&#x00F3;n, alg&#x00FA;n museo, sus dep&#x00F3;sitos de fondos, alguna observaci&#x00F3;n detenida de las obras pict&#x00F3;ricas por delante y por detr&#x00E1;s. Curiosamente, tambi&#x00E9;n a los museos, de ordinario, vamos m&#x00E1;s para tomar apuntes que para ver pintura. Es una preocupante hipertrofia de la <italic>notitia</italic> que ha conllevado una atrofia de la percepci&#x00F3;n de la pintura, “la &#x00FA;nica que puede juzgar todas las cosas”, seg&#x00FA;n El Greco. Y ya llevamos m&#x00E1;s de 100 a&#x00F1;os desarrollando as&#x00ED; la disciplina de la Historia del Arte: agazapados por la <italic>notitia</italic> y demasiado desprovistos de capacidad visiva. Leemos mucho, pero vemos menos, a veces muy poco, de prisa y a lo lejos. </p>

			<p>Nada de lo escrito hasta ahora es balad&#x00ED;. Nada. “Detr&#x00E1;s de cada pintura del Greco hay una reflexi&#x00F3;n profunda, una idea que expresar con claridad, un trabajo t&#x00E9;cnico de realizaci&#x00F3;n compleja, perfectamente planificado basado en el aprendizaje de los procedimientos pict&#x00F3;ricos (...), una b&#x00FA;squeda continua de perfecci&#x00F3;n durante toda su vida” (Alonso Alonso, <xref ref-type="bibr" rid="CIT02">2014</xref>, p. 123). Y a&#x00F1;ade Rafael Alonso: “para construir su creaci&#x00F3;n intelectual, El Greco va a emplear una t&#x00E9;cnica precisa, compleja, pero perfectamente planificada” (Alonso Alonso, <xref ref-type="bibr" rid="CIT01">2008</xref>, p. 228). Si conoci&#x00E9;ramos un poco m&#x00E1;s a fondo la t&#x00E9;cnica, mir&#x00E1;ndola de cerca, dedicando horas a su contemplaci&#x00F3;n, ahondar&#x00ED;amos m&#x00E1;s y mejor en la construcci&#x00F3;n creativa e intelectual del Greco. Recordemos, seg&#x00FA;n El Greco y seg&#x00FA;n Mar&#x00ED;as y Bustamante, que el conocimiento de la pintura adquirido a partir &#x00FA;nicamente de la lectura es insuficiente, “no es verdadero conocimiento, sino <italic>notitia</italic>, noci&#x00F3;n superficial”. </p>

			<p>De acuerdo, de nuevo, con Mar&#x00ED;as y Bustamante (<xref ref-type="bibr" rid="CIT24">1981</xref>) la categor&#x00ED;a m&#x00E1;s apreciada por El Greco es el color.<xref ref-type="fn" rid="NOTE03">3</xref> Parece l&#x00F3;gico en un pintor tan excepcional. Trataremos, pues, a continuaci&#x00F3;n, de adentrarnos en el conocimiento de la luz y del color, en el concepto pict&#x00F3;rico del Greco. </p>

			<p>En el manejo de la luz y del color en El Greco “nada es casual y todo se encamina a un resultado final” (Alonso Alonso, <xref ref-type="bibr" rid="CIT01">2008</xref>, p. 228). Seg&#x00FA;n Alonso, cuando se contempla una obra del Greco por primera vez, al primer golpe de vista podemos llegar a tener la impresi&#x00F3;n de que estamos ante una obra espont&#x00E1;nea, de ejecuci&#x00F3;n r&#x00E1;pida, improvisada, ligera y f&#x00E1;cil. Sin embargo se trata de una percepci&#x00F3;n epid&#x00E9;rmica que puede distorsionar la realidad. Podemos levantar el vuelo literario ante la gran soltura y modernidad del Greco, sin reparar, como escribe Alonso, en que esa es la virtud que tienen los grandes artistas, es decir el “hacer que parezca f&#x00E1;cil lo que es complejo y dif&#x00ED;cil, haciendo que no se note el trabajo previo de preparaci&#x00F3;n” (Alonso Alonso, <xref ref-type="bibr" rid="CIT02">2014</xref>, p. 123). </p>

			<p>Deteng&#x00E1;monos a examinar una obra concreta: el penetrante <italic>Retrato de Don Diego de Covarrubias</italic> (obispo, pol&#x00ED;tico y gran eclesi&#x00E1;stico nacido en Toledo en 1512 y fallecido y enterrado en la catedral de Segovia, donde fue obispo, en 1577), obra que se conserva en el Museo del Greco de Toledo, &#x00F3;leo sobre tela, 67 x 55 cm, h. 1600, con residuos de una firma ilegible. Junto con otros dos retratos de su hermano Antonio de Covarrubias,<xref ref-type="fn" rid="NOTE04">4</xref> los tres aparecen citados en el inventario de bienes del 13 de julio de 1629 de don Pedro Salazar de Mendoza, amigo y mecenas de Dom&#x00E9;nico. Merece la pena examinar este retrato porque nos permite hacerlo en clave comparativa con el realizado por Alonso S&#x00E1;nchez Coello hacia 1573 y tambi&#x00E9;n conservado en la colecci&#x00F3;n toledana (61 x 50 cm aunque est&#x00E1; recortado).<xref ref-type="fn" rid="NOTE05">5</xref> (Figuras <xref ref-type="fig" rid="F1">1</xref> y <xref ref-type="fig" rid="F2">2</xref>) </p>
			
			
					<fig id="F1">
						<label>Figura 1</label>
						<caption>
							<title>El Greco, <italic>Retrato de Diego de Covarrubias y Leiva</italic>, h. 1600, Museo del Greco, Toledo</title>
						</caption>
						<graphic xmlns:xlink="http://www.w3.org/1999/xlink" xlink:href="../images/F1.jpg"/>
					</fig>
					
					<fig id="F2">
						<label>Figura 2</label>
						<caption>
							<title>Alonso S&#x00E1;nchez Coello, <italic>Don Diego de Covarrubias</italic>, 1574, Museo del Greco, Toledo</title>
						</caption>
						<graphic xmlns:xlink="http://www.w3.org/1999/xlink" xlink:href="../images/F2.jpg"/>
					</fig>
						
						

			<p>Es posible que El Greco no hubiera conocido a don Diego, por lo que bien pudo inspirarse en el retrato de S&#x00E1;nchez Coello. Las diferencias, sin embargo, son notorias. La luz, la pasta mat&#x00E9;rica del Greco, sus colores y su soltura ejecutiva difieren de las empleadas por Alonso S&#x00E1;nchez Coello. De acuerdo con la Dra. Carmen Garrido, sobre la mancha de color base y las pinceladas negras que perfilan el rostro de Covarrubias en torno a la barba y el alzacuello de la sotana, El Greco construy&#x00F3; la imagen del retratado a base de peque&#x00F1;os y vibrantes toques, produciendo una peculiar e inteligente sensaci&#x00F3;n de “borrosidad” (Garrido, <xref ref-type="bibr" rid="CIT15">2008</xref>, p. 264) y movimiento en la carnaci&#x00F3;n que desdibuja las facciones del personaje, con el fin de mostrar mejor su avanzada edad; algo que supera enormemente el concepto m&#x00E1;s fr&#x00ED;o y m&#x00E1;s lineal de S&#x00E1;nchez Coello. </p>

			<p>Retomaremos de inmediato el importante tema de las preparaciones y los colores base del Greco, pero ahora merece la pena detenernos en la manera utilizada por el maestro cretense para introducir la luz en el perfil de la nariz de Don Diego de Covarrubias; es importante hacer este peque&#x00F1;o ejercicio visivo. Observaremos algo verdaderamente sorprendente como ha se&#x00F1;alado Garrido (<xref ref-type="bibr" rid="CIT15">2008</xref>, p. 265). El Greco consigue su objetivo mediante un simple golpe de pincel que parte del entrecejo y con aplicaciones puntuales de laca roja en los lagrimales, la boca y la oreja; ese es el estilo minucioso -y prodigioso- del Greco; y es eso lo que nos permite sostener la autor&#x00ED;a suya en el lienzo de Toledo. Algo que se observa tambi&#x00E9;n en las pinceladas muy diluidas que El Greco esparce alrededor del rostro de Don Diego con el fin de suavizar y oscurecer el tono del fondo; produce con ello, adem&#x00E1;s, un cierto movimiento envolvente que deja transparentar ese concepto de luminosidad retrat&#x00ED;stica tan peculiar y caracter&#x00ED;stico del Greco -y tan ausente entre sus imitadores- a pesar de la parquedad crom&#x00E1;tica con que ha resuelto la totalidad del mencionado retrato. Ocurre algo similar en la versi&#x00F3;n del Louvre, realizada tal vez unos a&#x00F1;os posteriores a la del Museo de Toledo. Dud&#x00F3; Harold Edwin Wethey en 1962 de la paternidad de la sobrepelliz en el retrato que aqu&#x00ED; estamos abordando (Wethey, 1967, p. 104, nº 137), pero la radiograf&#x00ED;a publicada por la Dra. Garrido (<xref ref-type="fig" rid="F3">Figura 3</xref>) permite observar numerosas pinceladas blancas de manera m&#x00E1;s individualizada que lo reflejado en la epidermis final de la obra; son trazos insistentes que parten de la zona superior y respetan el espacio ocupado por la cinta pectoral; un recurso t&#x00ED;pico de la t&#x00E9;cnica del Greco que vendr&#x00E1; a despejar las dudas del historiador del arte estadounidense (Garrido, <xref ref-type="bibr" rid="CIT15">2008</xref>, pp. 264-265, figs. b y d; Garrido, <xref ref-type="bibr" rid="CIT14">2007</xref>, pp. 175-225). </p>
			
			
					<fig id="F3">
						<label>Figura 3</label>
						<caption>
							<title>El Greco, <italic>Retrato de Diego de Covarrubias y Leiva</italic>, imagen radiogr&#x00E1;fica</title>
						</caption>
						<graphic xmlns:xlink="http://www.w3.org/1999/xlink" xlink:href="../images/F3.jpg"/>
					</fig>
						
						
		</sec>


		<sec id="S2">
			<title>LUZ Y COLOR. DATOS T&#x00C9;CNICOS </title>

			<p>Debemos admitir con Yasunari Kitaura que “todo lo que est&#x00E1; m&#x00E1;s all&#x00E1; de los l&#x00ED;mites del lenguaje verbal no puede ser formulado verbalmente sino s&#x00F3;lo mostrado” (Kitaura, <xref ref-type="bibr" rid="CIT17">2003</xref>, p. 75). Eso fue lo que hizo El Greco, con “su lenguaje pict&#x00F3;rico extraordinariamente eficaz” y “mediante el pincel m&#x00E1;s suave que el mundo conoci&#x00F3;”, al decir de G&#x00F3;ngora (Kitaura, <xref ref-type="bibr" rid="CIT17">2003</xref>, p. 75). Es una advertencia y una aseveraci&#x00F3;n que suscriben con raz&#x00F3;n muchos historiadores y cr&#x00ED;ticos del arte. Hoy nadie duda de que El Greco ha ejercido como muy pocos pintores y artistas de la historia universal la privilegiada “capacidad de hacer cre&#x00ED;ble lo incre&#x00ED;ble” (Mar&#x00ED;as, <xref ref-type="bibr" rid="CIT22">2014a</xref>, p. 44). Todo esto, sin embargo, que es indiscutiblemente cierto, deber&#x00ED;a ser compatible con ejercicios serios y continuados por conocer a&#x00FA;n m&#x00E1;s a fondo, en directo y a pie de obra, el modo pict&#x00F3;rico que El Greco utiliz&#x00F3; para llegar hasta donde lleg&#x00F3;; su t&#x00E9;cnica, los misterios de su singular&#x00ED;sima <italic>t&#x00E9;kne</italic>. De otro modo, y sin otro apoyo que el de la literatura escrita, el deleite de la <italic>notitia</italic> nos puede vencer y disminuir con ello nuestra capacidad comprehensiva del Greco, de su obra, de su mencionada <italic>t&#x00E9;kne</italic>. Debemos insistir en la advertencia de Mar&#x00ED;as y Bustamante, perfectamente aplicable cuando menos al estudio de las obras de arte: “el conocimiento adquirido a partir de la lectura no es verdadero conocimiento, sino <italic>notitia</italic>, noci&#x00F3;n superficial cuya posesi&#x00F3;n proporciona placer (<italic>dileto</italic>), pero no un conocimiento que permita un juicio fundado”. </p>

			<p>Adentr&#x00E9;monos, pues, si de verdad queremos crecer en nuestro conocimiento como historiadores del arte, en algo m&#x00E1;s que en la literatura escrita sobre El Greco. Para los historiadores del arte entrar, estudiar y “convivir” con obras de arte en un gabinete t&#x00E9;cnico y anal&#x00ED;tico deber&#x00ED;a ser tan importante como realizar la misma visita obligada a la Biblioteca Nacional o al Archivo Nacional de nuestro pa&#x00ED;s. Deber&#x00ED;amos reforzar much&#x00ED;simo m&#x00E1;s en nuestras carreras universitarias el aprendizaje en directo y junto a otros expertos y conocedores de la materialidad y t&#x00E9;cnica pict&#x00F3;rica de los maestros de todos los tiempos; ahora, en nuestro caso, de Dom&#x00E9;nikos Theotok&#x00F3;poulos, El Greco. </p>

			<p>Escribi&#x00F3; Luis Rosales en 1949 que “lo decisivo es la manera de ver”; y dice a&#x00FA;n m&#x00E1;s: “Lo decisivo al <italic>contemplar</italic> una pintura es convivirla; mirarla convivi&#x00E9;ndola”; porque un cuadro es “una forma viviente que mueve la voluntad del hombre a convivirla” (Rosales, <xref ref-type="bibr" rid="CIT27">1949</xref>, p. 265). Lo dicho es muy profundo. Intent&#x00E9;moslo. Contemplemos. Ganar&#x00ED;amos todos. </p>

			<p>De ordinario y mayoritariamente El Greco utiliz&#x00F3; en Espa&#x00F1;a para obras de peque&#x00F1;o formato lienzos de tafet&#x00E1;n de lino o c&#x00E1;&#x00F1;amo y torsi&#x00F3;n Z,<xref ref-type="fn" rid="NOTE06">6</xref> con un ligamento simple y densidades medias (en torno a 9-11 hilos/pasadas por cm<sup>2</sup> en la urdimbre y en la trama). Sabemos que antes, en su etapa veneciana, utiliz&#x00F3; tambi&#x00E9;n el soporte de peque&#x00F1;as tablas de abeto blanco (<italic>abies alba</italic>), de la familia de las <italic>Pinaceae</italic>, dentro de las Gimnospernas o con&#x00ED;feras que desde los Alpes llegaban hasta la laguna v&#x00E9;neta a trav&#x00E9;s de los r&#x00ED;os que en ella desembocaban (F&#x00FA;ster Sabater, <xref ref-type="bibr" rid="CIT11">2000</xref>, pp. 196-206).<xref ref-type="fn" rid="NOTE07">7</xref> De nuevo en Espa&#x00F1;a, y para obras de gran formato, El Greco utiliz&#x00F3; casi siempre telas de sarga, tambi&#x00E9;n conocidas como “manteles alemaniscos”, por su procedencia, o bien “mantelillos venecianos”, cuyos hilos dibujan formas romboides, de uso habitual en la pintura veneciana del siglo XVI; suelen ser de lino crudo con torsi&#x00F3;n Z. Por el hecho de tener grandes dimensiones evitaba las costuras intermedias con que hab&#x00ED;a que unir las telas de tafet&#x00E1;n. Los manteles pod&#x00ED;an ser de constituci&#x00F3;n fina pero tambi&#x00E9;n los hab&#x00ED;a con un robusto grosor (algunos con 13-14 hilos en la urdimbre y 11-12 pasadas en la trama por cm<sup>2</sup>), a veces con dibujos en forma de espiga o raspa de pez. En forma de rombo compuesto como se ha dicho, y con hilos gruesos es, por ejemplo, la tela y el forro del famoso <italic>Entierro del Se&#x00F1;or de Orgaz</italic> conservado en la iglesia de Santo Tom&#x00E9; de Toledo (Mantilla de los R&#x00ED;os y de Rojas, <xref ref-type="bibr" rid="CIT21">1977</xref>). </p>

			<p>A priori podr&#x00ED;amos considerar que quiz&#x00E1; bien poco puede importar la constituci&#x00F3;n de un soporte de tela en el desarrollo creativo de un artista, pero eso no es as&#x00ED;; muy al contrario, de ello va a depender el tipo de preparaci&#x00F3;n que se emplear&#x00E1; y el significativo e influyente tono que se le dar&#x00E1; a la imprimatura o imprimaci&#x00F3;n final de cada obra. No, no estamos ante aspectos accidentales a la hora calibrar e interpretar bien muchas soluciones formales en el acabado final que El Greco va a infundir en sus tratamientos crom&#x00E1;ticos y lum&#x00ED;nicos. </p>

			<p>Despu&#x00E9;s de un encolado previo, en el taller del Greco (y en muchos otros de la Espa&#x00F1;a del XVI) los lienzos se preparaban con yeso (sulfato c&#x00E1;lcico) emulsionado y ligado con cola de origen animal disuelta en agua; con ello se preven&#x00ED;an contracciones y posteriores movimientos de la pintura final; esa era la primera capa, blanquinosa, que se aplicaba a la tela. En el caso concreto del Greco este aparejo apenas variar&#x00E1; a lo largo de toda su producci&#x00F3;n pict&#x00F3;rica en Espa&#x00F1;a. </p>

			<p>Sobre la anterior preparaci&#x00F3;n nuestro pintor -y sus ayudantes- extend&#x00ED;an una capa de imprimaci&#x00F3;n (o imprimatura), homogeneizando la tonalidad del fondo, algo que va a ser fundamental en el juego de texturas, luces e irisaciones que se alcanzar&#x00E1;n posteriormente. Se trata de una genuina capa-estrato de color rojo-anaranjado donde podemos encontrarnos con pigmentos de diferentes colores: tierras marrones, rojas y naranjas, y negro de origen org&#x00E1;nico, mezclados con el blanco de base que es el mencionado albayalde (blanco de plomo) y calcita, as&#x00ED; como otros elementos en menor proporci&#x00F3;n como la laca org&#x00E1;nica roja, minio de plomo y azurita. La variedad y el resultado crom&#x00E1;tico final de esta imprimaci&#x00F3;n variar&#x00E1; en funci&#x00F3;n de la disponibilidad de todos estos materiales en el Toledo del &#x00FA;ltimo tercio del siglo XVI, algo que conllevar&#x00E1; que en ocasiones las mencionadas imprimaciones tuvieran un tono m&#x00E1;s agrisado (quiz&#x00E1; por la posible escasez, por ejemplo, de ocres rojizos), frente al tono anaranjado m&#x00E1;s dominante, e incluso m&#x00E1;s rojizo en los &#x00FA;ltimos a&#x00F1;os de la carrera profesional del Greco. Como ha escrito Carmen Garrido, “la existencia de este estrato es muy importante, ya que es un elemento tonal m&#x00E1;s que se suma en el conjunto de sus obras” (Garrido, <xref ref-type="bibr" rid="CIT13">2001</xref>, p. 69; Alonso Alonso, <xref ref-type="bibr" rid="CIT01">2008</xref>). En efecto, a medida que avance la t&#x00E9;cnica del Greco esta imprimaci&#x00F3;n quedar&#x00E1; cada vez m&#x00E1;s al descubierto y constituir&#x00E1; una parte esencial del resultado est&#x00E9;tico final de sus obras. En una primera fase la aplicaci&#x00F3;n de esta imprimaci&#x00F3;n fue muy regular y homog&#x00E9;nea, pero a medida que han avanzado los a&#x00F1;os se ha podido comprobar que su aplicaci&#x00F3;n es deliberadamente desigual, y ejecutada de forma m&#x00E1;s veloz. Y por supuesto, si para los presupuestos creativos del pintor conviene obtener fondos m&#x00E1;s claros y luminosos, se ha comprobado tambi&#x00E9;n que en ese caso la imprimaci&#x00F3;n tendr&#x00E1; una composici&#x00F3;n mayor de albayalde; todo, a la postre, estar&#x00E1; muy meditado, en funci&#x00F3;n de las ideas creativas, compositivas, crom&#x00E1;ticas y lum&#x00ED;nicas del maestro. </p>

			<p>En el estudio que la Dra. Garrido realiza sobre el <italic>Apostolado</italic> del Museo del Greco de Toledo (“cuya calidad supera con creces” (Garrido, <xref ref-type="bibr" rid="CIT15">2008</xref>, p. 253) a la del <italic>Apostolado</italic> de la Sacrist&#x00ED;a de la Catedral de Toledo o a la del Marqu&#x00E9;s de San Feliz hoy en el Museo de Bellas Artes de Oviedo) se descubre que en su mayor&#x00ED;a estos cuadros est&#x00E1;n sin terminar y que “el efecto de la imprimaci&#x00F3;n tiene un papel decisivo en nuestra impresi&#x00F3;n visual y est&#x00E9;tica” (Garrido, <xref ref-type="bibr" rid="CIT15">2008</xref>, p. 255). Es asombroso el modo descriptivo utilizado por Carmen Garrido porque facilita enormemente el conocimiento de la pintura del Greco, nos conduce a la penetraci&#x00F3;n y comprensi&#x00F3;n de sus entresijos m&#x00E1;s sutiles. En concreto, y para resolver el <italic>Apostolado</italic> de Toledo se descubre que el cretense realiza primero un somero dibujo a pincel con tierras oscuras y con negro sobre el mencionado fondo anaranjado. Unos trazos, sin embargo, que no debemos confundir con los del mismo tono que el pintor aplica posteriormente para crear o intensificar partes en sombra, o bien para dar m&#x00E1;s profundidad a determinados contornos, bordeando, por ejemplo, en un tono negruzco, las barbas o los brazos, manos y cabezas acopladas al encaje de las mangas y cuellos de las t&#x00FA;nicas. Procede observar, por ejemplo, con mucha atenci&#x00F3;n, el poderoso contraste de la mano y antebrazo de la figura del Salvador; (<xref ref-type="fig" rid="F4">Figura 4</xref>) la soltura ejecutiva que se observa es impresionante, pero a su vez se comprueba un c&#x00E1;lculo de precisi&#x00F3;n t&#x00E9;cnica muy notorio; todo nos lleva a concluir, como escribi&#x00F3; Garrido en 2008, que “el pintor tiene las ideas creativas resueltas antes de iniciar el trabajo” (Garrido, <xref ref-type="bibr" rid="CIT15">2008</xref>, p. 256). Es importante conocer esta decisiva realidad. </p>
			
			
					<fig id="F4">
						<label>Figura 4</label>
						<caption>
							<title>El Greco, <italic>El Salvador</italic> (1608-1614), Museo del Greco, Toledo</title>
						</caption>
						<graphic xmlns:xlink="http://www.w3.org/1999/xlink" xlink:href="../images/F4.jpg"/>
					</fig>
						
						

			<p>Ese es el estilo fascinante de El Greco al que todos tenemos derecho a acceder en nuestro aprendizaje universitario. Enti&#x00E9;ndase esto en tono positivo, es decir, en el leg&#x00ED;timo deseo de una comprensi&#x00F3;n m&#x00E1;s profunda del quehacer creativo del Greco, especialmente en lo relativo a su sabio manejo de la luz y el color. Un estilo que alcanza una afortunada fusi&#x00F3;n entre una desconcertante libertad creativa y un culto al rigor t&#x00E9;cnico que lo convierten en un maestro &#x00FA;nico e irrepetible. </p>

			<p>Un pintor, El Greco, que utiliza brochas y pinceles de todo tipo y tama&#x00F1;os y con las m&#x00E1;s diversas cargas de materia pict&#x00F3;rica; a veces con fuertes y densos empastes, otras con capas muy finas y diluidas, casi transparentes. Un pintor que es capaz de modelar como muy pocos maestros las angulosidades de mantos y ropajes, que alcanza veladuras que no solo matizan y enriquecen el cromatismo de la obra, sino que consiguen a su vez modelar tonalidades que contribuyen a alcanzar profundos y poderosos realces de las luces sobre las sombras. A veces, si se observa detenidamente, lo logra con iridiscencias convertidas en inveros&#x00ED;miles manchas difusas; puede llegar a superponer amarillo sobre violeta o verde, rojo sobre amarillo o naranja intenso sobre rojo de laca. </p>

			<p>A menudo, y esto vuelve a ser sorprendente, con ligeros toques y l&#x00ED;neas blancas consigue adelantar las figuras y los vol&#x00FA;menes en su conjunto, mientras que con negro los hace retroceder. As&#x00ED; lo hace, por ejemplo, alrededor de las piernas y los brazos de los personajes o en zonas puntuales de los mantos (Garrido, <xref ref-type="bibr" rid="CIT14">2007</xref>, p. 182). Algo que hay que ver en directo, de cerca, poco a poco, penetrando en el esp&#x00ED;ritu creativo, t&#x00E9;cnico y mental, del Greco. Algo, insistimos, que resulta prodigiosamente espectacular. </p>

			<p>Un pintor, en definitiva, capaz de realizar toques r&#x00E1;pidos e individualizados, toques nerviosos, abreviados, leves y escuetos, combinados a su vez con inusuales arrastres de materia pict&#x00F3;rica que semejan aut&#x00E9;nticos restregones capaces, sin embargo, de conformar todo tipo de masas y vol&#x00FA;menes, de planos y densidades espaciales que estiran, ensanchan y tridimensionalizan los lienzos de dentro hacia fuera y a la inversa. Espacios rotundos con luces y colores portentosos, a menudo poco menos que sobrenaturales, destinados a envolver un interminable repertorio de figuras (santos, &#x00E1;ngeles, v&#x00ED;rgenes, querubines, hombres y mujeres de carne y hueso que rebosan la humanidad toledana del siglo XVI y que a su vez est&#x00E1;n penetrados de una indiscutible espiritualidad de efluvio tridentino). Figuras que pesan -y no pesan-, figuras claras, oscuras, robustas, ligeras, que vuelan, luminosas, alargadas, deformadas, deshechas; figuras con apenas cuerpo mat&#x00E9;rico que amagan a su vez con iridiscencias conmovedoras y que a un mismo tiempo pueden convivir con gruesos empastes de pigmentos radiopacos. As&#x00ED; es la inmensa riqueza de la luz y el color de nuestro pintor. Como ha escrito Rafael Alonso: “Es pintura en estado puro, en estado de gracia” (Alonso Alonso, <xref ref-type="bibr" rid="CIT02">2014</xref>, p. 143). </p>

			<p>Esa es la grandeza de El Greco. Y solo estudiando y distinguiendo bien esa grandeza aprenderemos de verdad y seremos capaces de descubrir, de lejos, con criterio razonado, por ejemplo, cu&#x00E1;les son los grecos falsos, aunque debamos admitir con realismo y humildad que algunos est&#x00E1;n muy bien imitados. </p>

			<p>A discernir y diferenciar lo aut&#x00E9;ntico de lo falso no nos puede ayudar &#x00FA;nicamente la <italic>notitia</italic>, es decir esa noci&#x00F3;n superficial con la que quiz&#x00E1; hemos enfundado demasiadas cabezas pensantes de la historia del arte en Espa&#x00F1;a. Algo, la <italic>notitia</italic>, cuya posesi&#x00F3;n proporciona placer (<italic>dileto</italic>), pero no, como se ha dicho, un conocimiento que permita un juicio penetrante y verdaderamente contrastado de la historia de la pintura. No, no es accidental conocer bien, por ejemplo, el tema de las imprimaciones para desentra&#x00F1;ar la interminable nube de copias indebidas que se han realizado a espaldas del pintor cretense.<xref ref-type="fn" rid="NOTE08">8</xref></p>

			<p>Desde este apego desmesurado a la <italic>notitia</italic> un historiador del arte tan conocido como don Jos&#x00E9; Cam&#x00F3;n Aznar lleg&#x00F3; a atribuir al Greco en 1950 nada m&#x00E1;s y nada menos que 829 obras.<xref ref-type="fn" rid="NOTE09">9</xref> Esto fue corregido seis a&#x00F1;os m&#x00E1;s tarde por el conservador de pintura espa&#x00F1;ola en los museos estatales b&#x00E1;varos, Halldor Soehner, quien empez&#x00F3; por una rigurosa investigaci&#x00F3;n grafol&#x00F3;gica sobre el sinf&#x00ED;n de firmas falsas de El Greco. Dej&#x00F3; en 137 las obras del periodo espa&#x00F1;ol de El Greco y empez&#x00F3; a distinguir entre “obras originales”, “r&#x00E9;plicas de taller”, “obras de El Greco y Jorge Manuel”, “obras de Jorge Manuel y su taller”, “copias del siglo XVII” e “imitaciones y copias modernas” (Soehner, <xref ref-type="bibr" rid="CIT32">1956a</xref>).<xref ref-type="fn" rid="NOTE10">10</xref>La otra gran llamada al orden fue protagonizada por el citado profesor norteamericano Harold E. Wethey (<xref ref-type="bibr" rid="CIT38">1962</xref> y versi&#x00F3;n espa&#x00F1;ola de <xref ref-type="bibr" rid="CIT39">1967</xref>), quien en 1962 asign&#x00F3; &#x00FA;nicamente 285 cuadros al Greco (de todas las &#x00E9;pocas), frente a los m&#x00E1;s de 800 atribuidos por Cam&#x00F3;n, dejando fuera a 466 obras, reasignadas ahora como obras de escuela, copias y falsas atribuciones. Incluso en nuestro “Centre d’Art d’&#x00C8;poca Moderna” (CAEM) de la Universitat de Lleida pudimos estudiar a fondo y en directo la obra de un buen seguidor de El Greco. Por supuesto, muchos de los razonamientos expuestos anteriormente nos sirvieron para diseccionar bien y advertir con contrastada fiabilidad que se trataba de una buena copia del siglo XIX.<xref ref-type="fn" rid="NOTE11">11</xref></p>
		</sec>


		<sec id="S3">
			<title>EL CARM&#x00CD;N DE LA TRASCENDENCIA </title>

			<p>El 15 de junio de 1579 el can&#x00F3;nigo obrero de la catedral de Toledo, don Garc&#x00ED;a de Loaysa Gir&#x00F3;n, declaraba que “el dicho Dominico a hecho cierta pintura para la dicha sancta yglesia, ques un quadro del espolio de Christo quando le quer&#x00ED;an poner en la cruz” (&#x00C1;lvarez Lopera, <xref ref-type="bibr" rid="CIT03">2007</xref>, p. 133).<xref ref-type="fn" rid="NOTE12">12</xref> Sabemos que hubo problemas a la hora de su tasaci&#x00F3;n y valoraci&#x00F3;n econ&#x00F3;mica final, pero incluso los tasadores nombrados por la catedral no dudaron en escribir que era una obra tan “conforme a la grandeza del arte [...] que no tiene prescio ni estimaci&#x00F3;n” (&#x00C1;lvarez Lopera, <xref ref-type="bibr" rid="CIT03">2005</xref>, p. 94). As&#x00ED; fue considerado <italic>El Expolio</italic> al poco de realizarse como obra destinada al vestuario de la sacrist&#x00ED;a de la Catedral de Toledo (el emplazamiento dice mucho: lugar de la preparaci&#x00F3;n de los sacerdotes para el rito de la Misa, es decir, de meditaci&#x00F3;n sobre el extraordinario s&#x00ED;mbolo del despojo -expolio- de la vestiduras de Cristo como acto imprescindible para culminar con fecundidad la gran Misa o el gran sacrificio redentor del G&#x00F3;lgota), y desde entonces el arte universal cuenta con una de las manchas con “colorido carminoso” (&#x00C1;lvarez Lopera, <xref ref-type="bibr" rid="CIT03">2005</xref>, p. 137)<xref ref-type="fn" rid="NOTE13">13</xref> m&#x00E1;s intensas y penetrantes de toda la historia (Ruiz G&#x00F3;mez, <xref ref-type="bibr" rid="CIT30">2014b</xref>, pp. 60-62). (<xref ref-type="fig" rid="F5">Figura 5</xref>) </p>
			
			
					<fig id="F5">
						<label>Figura 5</label>
						<caption>
							<title>El Greco, <italic>El Expolio</italic>, 1577-1579, Sacrist&#x00ED;a de la catedral de Toledo</title>
						</caption>
						<graphic xmlns:xlink="http://www.w3.org/1999/xlink" xlink:href="../images/F5.jpg"/>
					</fig>
						
						

			<p>Todas las interminables descripciones y valoraciones que se han hecho sobre este lienzo confluyen en el extraordinario impacto crom&#x00E1;tico de la t&#x00FA;nica escarlata de Cristo. De hecho, si con justicia se le ha concedido a Vermeer (con permiso de Tiziano y Veronese) la supremac&#x00ED;a de haber “fabricado” el azul m&#x00E1;s po&#x00E9;tico y a su vez m&#x00E1;s atmosf&#x00E9;rico de la historia del arte universal, pocos podr&#x00ED;an negar que con la t&#x00FA;nica escarlata del Cristo del <italic>Expolio</italic> de El Greco se ha alcanzado uno de los v&#x00E9;rtices crom&#x00E1;ticos m&#x00E1;s altos, intensos y proverbiales, en clave carminesca, de la historia de la pintura (Ruiz G&#x00F3;mez, <xref ref-type="bibr" rid="CIT29">2014a</xref>, pp. 41-42).<xref ref-type="fn" rid="NOTE14">14</xref></p>

			<p>Pero no solo es una cuesti&#x00F3;n de logro t&#x00E9;cnico indiscutible, estrictamente formal y est&#x00E9;tico que merece la pena ver y saborear despacio, sino que esta portentosa mancha escarlata de El Greco nos transporta al m&#x00E1;s all&#x00E1;, nos conduce al terreno de la trascendencia, de lo beat&#x00ED;fico; es un rojo que alude a “la intemporalidad de lo permanente” como defini&#x00F3; Azc&#x00E1;rate en 1982,<xref ref-type="fn" rid="NOTE15">15</xref> insistiendo en que aqu&#x00ED; el pintor no solo narra lo que sensorialmente perciben sus ojos, sino que sublima aquello que ve, para que luego, mediante destellos de luz y empastes crom&#x00E1;ticos &#x00FA;nicos e irrepetibles, nos transporte a una suprarealidad nueva, divina, espiritualizada, trascendente. Es un manejo del color que contribuye enormemente a convertir lo invisible en visible, en cre&#x00ED;ble, en posible y adem&#x00E1;s en apetecible. Es una mancha carminesca cargada de valor est&#x00E9;tico, simb&#x00F3;lico, divino, pero a su vez es una mancha pragm&#x00E1;tica y catequ&#x00E9;tica, si recordamos de nuevo el lugar en que se encontraba <italic>El Expolio</italic> en el momento de su encargo: el paso del oficiante de la sacrist&#x00ED;a al rito de la Santa Misa. </p>

			<p>Es verdad que podr&#x00ED;amos referir aqu&#x00ED; que a todo lo dicho contribuye el poderoso significado de que en la Catedral de Toledo, en la mencionada sacrist&#x00ED;a, se conservaba un fragmento de “la t&#x00FA;nica p&#x00FA;rpura con que el Se&#x00F1;or fue vestido [...] en su santa Pasi&#x00F3;n”, fragmento que hab&#x00ED;a sido regalado por San Luis, rey de Francia, en 1248 (Pisa, <xref ref-type="bibr" rid="CIT26">1976</xref>, p. 45), pero en cualquier caso el m&#x00E9;rito pict&#x00F3;rico de El Greco es indiscutible. &#x00C9;l convierte este dato hist&#x00F3;rico y los componentes simb&#x00F3;licos que le ata&#x00F1;en en un claro mensaje religioso y espiritual, y lo resuelve con un modo de expresi&#x00F3;n pl&#x00E1;stica y est&#x00E9;tica, lum&#x00ED;nica y crom&#x00E1;tica de alt&#x00ED;sima calidad. </p>

			<p>Se comprueba en los estudios e interpretaciones radiol&#x00F3;gicas realizadas (Alonso Alonso, <xref ref-type="bibr" rid="CIT02">2014</xref>, pp. 126-127),<xref ref-type="fn" rid="NOTE16">16</xref> que la gestaci&#x00F3;n del <italic>Expolio</italic> parte de una idea precisa de la composici&#x00F3;n. El Greco lo pint&#x00F3;<italic></italic> directamente a base de manchas de color y pinceladas que construyen con fuerza a las figuras del primer t&#x00E9;rmino, lo mismo que ocurri&#x00F3; con el abigarrado “bosque de picas y celadas” (&#x00C1;lvarez Lopera, <xref ref-type="bibr" rid="CIT03">2007</xref>, p. 136) que aparece en la parte superior y que de un modo admirable cierra la composici&#x00F3;n sobre un fondo azulado bell&#x00ED;simo, de muy malos presagios en el pat&#x00ED;bulo del G&#x00F3;lgota como se cita en la meditaci&#x00F3;n de la Hora Sexta de las <italic>Meditationes de Passione Christi</italic> de San Buenaventura, pero resuelto formal y estil&#x00ED;sticamente con unas sabias pinceladas de indiscusa clave y pertenencia veneciana. </p>

			<p>Se sabe que la figura de Cristo sufri&#x00F3; peque&#x00F1;os ajustes en los perfiles de la t&#x00FA;nica, en el rostro y sobre todo en la interferencia con el personaje situado a la derecha. El Greco hizo una modificaci&#x00F3;n importante para que el brazo izquierdo del esbirro pasase por encima de la t&#x00FA;nica de Cristo. La misma cuerda del prendimiento, con sus destellos lum&#x00ED;nicos, casi m&#x00E1;gicos a juicio de quien esto escribe, contribuye con su d&#x00FA;ctil volumetr&#x00ED;a a crear y ensanchar el espacio entre Cristo y el espectador. Es importante, adem&#x00E1;s, subrayar el meditado y a mi juicio irremplazable contrapunto crom&#x00E1;tico logrado con el poderoso amarillo del manto de Mar&#x00ED;a Magdalena situada en la parte baja del primer t&#x00E9;rmino, (<xref ref-type="fig" rid="F6">Figura 6</xref>) pero destaca sobre todo el rojo. Ese rojo-carm&#x00ED;n que por una parte podemos interpretar como la mancha y el color indescriptible de la transcendencia, del bien, de la verdad y del camino salv&#x00ED;fico a la que nos conduce el ideario de Jes&#x00FA;s de Nazaret, pero que por otra parte, y ahora desde una perspectiva interpretativa algo m&#x00E1;s en clave iconol&#x00F3;gica, conlleva inequ&#x00ED;vocas exhortaciones, directas y muy claras, dirigidas al clero toledano del &#x00FA;ltimo cuarto del siglo XVI. Es el carm&#x00ED;n de la trascendencia, pero es adem&#x00E1;s la t&#x00FA;nica escarlata de la purificaci&#x00F3;n de cuantos sacerdotes han podido llegar a revestirse, a lo largo de los siglos, en la sacrist&#x00ED;a de la Catedral de Toledo. ¿Si el maestro se despoj&#x00F3; de todo hasta llegar a la cruz redentora, c&#x00F3;mo deber&#x00ED;a celebrar yo -podr&#x00ED;a comentar cada presb&#x00ED;tero- el sacrificio de la Santa Misa en esta insigne catedral? ¿Revestido o despojado? </p>
			
			
					<fig id="F6">
						<label>Figura 6</label>
						<caption>
							<title>El Greco, <italic>El Expolio</italic> (detalle), 1577-1579, Sacrist&#x00ED;a de la catedral de Toledo</title>
						</caption>
						<graphic xmlns:xlink="http://www.w3.org/1999/xlink" xlink:href="../images/F6.jpg"/>
					</fig>
						
						
		</sec>


		<sec id="S4">
			<title>EL GRECO: “EMINENTE EN SU ARTE Y OFICIO” </title>

			<p>As&#x00ED;, “eminente en su arte y oficio”, fue considerado El Greco por su gran amigo don Luis de Castilla, hijo del de&#x00E1;n de la Catedral de Toledo, don Diego de Castilla, en la primavera o comienzos del verano de 1577, en una “Memoria” que relata el compromiso de El Greco en las pinturas del retablo de la iglesia del Monasterio de Santo Domingo el Antiguo de Toledo.<xref ref-type="fn" rid="NOTE17">17</xref> Esa fue su carta de presentaci&#x00F3;n al poco de llegar a Espa&#x00F1;a en la ciudad de Toledo. Y eso es, en verdad, lo que le distingui&#x00F3; a lo largo de toda su carrera art&#x00ED;stica: un extraordinario talento creativo y un gran dominio de su oficio. Y eso se ve, se comprueba y se contrasta en cualquiera de sus obras. Su gran dominio de la t&#x00E9;cnica, de la luz y el color le permiti&#x00F3; pintar lo trascendente, lo imposible; supo as&#x00ED; “pintar para la eternidad” (Bruquetas Gal&#x00E1;n, <xref ref-type="bibr" rid="CIT08">2014</xref>). </p>

			<p>Para quien suscribe este texto el estudio y conocimiento de las cuestiones t&#x00E9;cnicas contribuyen a mejorar la percepci&#x00F3;n y comprensi&#x00F3;n de las obras de arte. Y subrayo y agradezco los avances y contribuciones que en este sentido se han realizado, desde hace muchos a&#x00F1;os, en el Museo del Prado. Para la Dra. Garrido, la que ha sido durante mucho tiempo responsable m&#x00E1;xima del Gabinete T&#x00E9;cnico de la mencionada pinacoteca, “desde el punto de vista t&#x00E9;cnico lo que distingue al Greco de sus coet&#x00E1;neos es la forma de aplicar el color y su manera de utilizar y combinar los pigmentos, as&#x00ED; como los resultados que consigue a trav&#x00E9;s de su t&#x00E9;cnica y de sus recursos” (Garrido, <xref ref-type="bibr" rid="CIT13">2001</xref>, p. 70). </p>

			<p>Conocer, pues, la paleta crom&#x00E1;tica de El Greco contribuye a conocer mejor su obra. El blanco: yeso (sulfato de calcio), albayalde (blanco de plomo), calcita (carbonato c&#x00E1;lcico). El negro: negro de origen org&#x00E1;nico. El azul: azurita, lapisl&#x00E1;zuli, esmalte. El verde: resinato de cobre, cardenillo, malaquita. El naranja: &#x00F3;xido de hierro, minio de plomo, bermell&#x00F3;n de mercurio. El rojo: laca org&#x00E1;nica roja, &#x00F3;xido de hierro. El morado: mezcla de laca roja y azurita. No son datos accidentales y poco relevantes. La Dra. Leticia Ruiz G&#x00F3;mez ahonda tambi&#x00E9;n en estas cuestiones t&#x00E9;cnicas que le sirven para redondear mejor “la construcci&#x00F3;n pict&#x00F3;rica de El Greco” (Ruiz G&#x00F3;mez, <xref ref-type="bibr" rid="CIT30">2014b</xref>, p. 51), y esa misma fascinaci&#x00F3;n por el manejo t&#x00E9;cnico del colorido y la luz de El Greco la prodigaron Vel&#x00E1;zquez, Goya, Vicente L&#x00F3;pez, Fortuny, Madrazo, Sorolla, Rusi&#x00F1;ol Zuloaga y tantos otros pintores espa&#x00F1;oles en el siglo XIX, pero sobre todo fue eso lo que cautiv&#x00F3; a Manet, Cez&#x00E1;nne, Picasso, Derain, Rivera, Modigliani, Chagall, Bacon, Saura o Jackson Pollok entre otros muchos maestros de las vanguardias de la pintura moderna. </p>

			<p>Como ha escrito Javier Bar&#x00F3;n (<xref ref-type="bibr" rid="CIT06">2014b</xref>), “en el imaginario de muchos de los pintores de los siglos XIX y XX la figura de El Greco (1541-1614) ocup&#x00F3; un lugar muy peculiar, que se convirti&#x00F3; en verdaderamente central a partir del cambio de centuria” (p. 15). Se se&#x00F1;ala, por ejemplo, con acierto, referidos a Picasso, que “en el tr&#x00E1;nsito a su primer estilo profundamente personal, el periodo azul, la pintura de El Greco fue uno de los or&#x00ED;genes de su inspiraci&#x00F3;n” (Bar&#x00F3;n, <xref ref-type="bibr" rid="CIT06">2014b</xref>, p. 17). Es algo fascinante. </p>

			<p>Una fascinaci&#x00F3;n lumino-crom&#x00E1;tica que se observa en las modern&#x00ED;simas cabezas de los ap&#x00F3;stoles de <italic>La Pentecost&#x00E9;s</italic> del retablo de la iglesia del Colegio de Mar&#x00ED;a de Arag&#x00F3;n, conservada hoy en el Museo del Prado (<italic>ca</italic>. 1600), (<xref ref-type="fig" rid="F7">Figura 7</xref>) y (<xref ref-type="fig" rid="F8">Figura 8</xref>) en el torso desnudo del <italic>San Sebasti&#x00E1;n</italic> del Prado (1610-1614), (<xref ref-type="fig" rid="F9">Figura 9</xref>) en los asombrosos y desvanecidos azules que vemos en los &#x00E1;ngeles del extremo superior izquierdo de <italic>La Trinidad</italic> del Prado (1577-1579) (<xref ref-type="fig" rid="F10">Figura 10</xref>), en el azul que se rompe y “craquela” en haces blancos en la portentosa figura del San Juan Evangelista de <italic>La visi&#x00F3;n de San Juan</italic> del Metropolitan Museum de Nueva York (<italic>ca</italic>. 1608) (<xref ref-type="fig" rid="F11">Figura 11</xref>), en los verdes y amarillos nocturnos de <italic>La Resurrecci&#x00F3;n de Cristo</italic> del Prado (1597-1600), (<xref ref-type="fig" rid="F12">Figura 12</xref>) en el blanco abreviad&#x00ED;simo, suelto y empedernidamente sumario de la gorguera del retrato de <italic>Jer&#x00F3;nimo de Cevallos</italic> que se conserva en el Prado (1613) (<xref ref-type="fig" rid="F13">Figura 13</xref>) o, de un modo a&#x00FA;n m&#x00E1;s especial, en la arrobadora, m&#x00ED;stica y teol&#x00F3;gica luz de los tonos carne aporcelanados que vemos en lo que tal vez sea su obra m&#x00E1;s suprema, <italic>El Entierro del Se&#x00F1;or de Orgaz</italic> que se conserva en la iglesia de Santo Tom&#x00E9; de Toledo (1586-1588). (<xref ref-type="fig" rid="F14">Figura 14</xref>)  </p>
			
			
					<fig id="F7">
						<label>Figura 7</label>
						<caption>
							<title>El Greco, <italic>Pentecost&#x00E9;s</italic> (detalle), h. 1600, Museo Nacional del Prado, Madrid</title>
						</caption>
						<graphic xmlns:xlink="http://www.w3.org/1999/xlink" xlink:href="../images/F7.jpg"/>
					</fig>
					
					<fig id="F8">
						<label>Figura 8</label>
						<caption>
							<title><italic>Pentecost&#x00E9;s</italic> (detalle), h. 1600, Museo Nacional del Prado, Madrid</title>
						</caption>
						<graphic xmlns:xlink="http://www.w3.org/1999/xlink" xlink:href="../images/F8.jpg"/>
					</fig>
					
					<fig id="F9">
						<label>Figura 9</label>
						<caption>
							<title>El Greco, <italic>San Sebasti&#x00E1;n</italic> (detalle), h. 1610-1614, Museo Nacional del Prado, Madrid</title>
						</caption>
						<graphic xmlns:xlink="http://www.w3.org/1999/xlink" xlink:href="../images/F9.jpg"/>
					</fig>
					
					<fig id="F10">
						<label>Figura 10</label>
						<caption>
							<title>El Greco, <italic>La Trinidad</italic> (detalle), 1577-1579, Museo Nacional del Prado, Madrid</title>
						</caption>
						<graphic xmlns:xlink="http://www.w3.org/1999/xlink" xlink:href="../images/F10.jpg"/>
					</fig>
					
					<fig id="F11">
						<label>Figura 11</label>
						<caption>
							<title>El Greco, <italic>Visi&#x00F3;n de San Juan</italic> (detalle), h. 1608-1614, Metropolitan Museum of Art, Nueva York</title>
						</caption>
						<graphic xmlns:xlink="http://www.w3.org/1999/xlink" xlink:href="../images/F11.jpg"/>
					</fig>
					
					<fig id="F12">
						<label>Figura 12</label>
						<caption>
							<title>El Greco, <italic>La Resurrecci&#x00F3;n de Cristo</italic> (detalle), 1597-1600, Museo Nacional del Prado, Madrid</title>
						</caption>
						<graphic xmlns:xlink="http://www.w3.org/1999/xlink" xlink:href="../images/F12.jpg"/>
					</fig>
					
					<fig id="F13">
						<label>Figura 13</label>
						<caption>
							<title>El Greco, <italic>Jer&#x00F3;nimo de Cevallos</italic> (detalle), 1613, Museo Nacional del Prado, Madrid</title>
						</caption>
						<graphic xmlns:xlink="http://www.w3.org/1999/xlink" xlink:href="../images/F13.jpg"/>
					</fig>
					
					<fig id="F14">
						<label>Figura 14</label>
						<caption>
							<title>El Greco, <italic>El entierro del Conde de Orgaz</italic> (detalle), 1586-1588, Iglesia de Santo Tom&#x00E9;, Toledo</title>
						</caption>
						<graphic xmlns:xlink="http://www.w3.org/1999/xlink" xlink:href="../images/F14.jpg"/>
					</fig>
						

			<p>Debemos mirar sin prisas para que no nos pueda en exceso la <italic>notitia</italic>, la noci&#x00F3;n superficial por demasiado erudita -y poco m&#x00E1;s- de la pintura de El Greco. Debemos verla de cerca, a pie de obra. El Greco supo construir “la belleza de lo ultraterreno” (Mar&#x00ED;as, <xref ref-type="bibr" rid="CIT23">2014b</xref>, p. 275), am&#x00E9;mosla, pues, y estudi&#x00E9;mosla nosotros, con reverencia, desde nuestra humilde posici&#x00F3;n de historiadores del arte anclados en lo terreno. </p>
	
		</sec>
		
	</body>
	
	
	<back>
		
		<sec id="notas">
			<title>NOTAS</title>
		
			<fn-group>
				<fn id="NOTE01"><label>1</label>
					<p>Anotamos una breve selecci&#x00F3;n: Ruiz G&#x00F3;mez (<xref ref-type="bibr" rid="CIT29">2014a</xref>), Mar&#x00ED;as (<xref ref-type="bibr" rid="CIT22">2014a</xref>), Bar&#x00F3;n, (<xref ref-type="bibr" rid="CIT05">2014a</xref>).</p>
				</fn>
				
				<fn id="NOTE02"><label>2</label>
					<p>Del manuscrito citado en la Biblioteca Nacional de Madrid de los <italic>Diez Libros de Arquitectura</italic> de Vitruvio comentados por Daniele Barbaro; Greco, VII, VI, p. 188. Cf. Mar&#x00ED;as y Bustamante (<xref ref-type="bibr" rid="CIT24">1981</xref>, p. 165) y Mar&#x00ED;as (<xref ref-type="bibr" rid="CIT22">2014a</xref>, p. 36: “la pintura es aqu&#x00E9;l[l]a sola arte que a todas cosas puede judicar forma color”).</p>
				</fn>
				
				<fn id="NOTE03"><label>3</label>
					<p>“As&#x00ED; pues -escribe el prof. Mar&#x00ED;as (<xref ref-type="bibr" rid="CIT22">2014a</xref>)-, el color y la luz son elementos basilares del arte del Greco” (p. 37); y sigue Mar&#x00ED;as advirtiendo aspectos fundamentales en El Greco, en la pintura y en la misma percepci&#x00F3;n-comprensi&#x00F3;n de la realidad humana: “por otra parte, el color y la luz son elementos esenciales de la belleza de la naturaleza, no son mero accidente, sino parte intr&#x00ED;nseca de ella, solo perceptible gracias a su poder [el poder del pintor, del Greco] para hacerla visible” (p. 37).</p>
				</fn>
				
				<fn id="NOTE04"><label>4</label>
					<p>Se conservan dos retratos de don Antonio de Covarrubias, uno en el Louvre (65 x 52 cm), firmado y procedente del Museo de El Greco de Toledo de donde parti&#x00F3; hacia Par&#x00ED;s en 1941 con el benepl&#x00E1;cito del creador del museo toledano, Don de la Vega Incl&#x00E1;n o Marqu&#x00E9;s de la Vega Incl&#x00E1;n, y otro conservado en el citado museo toledano (67 x 55 cm), firmado “domen&#x00ED;kos theotok&#x00F3;poulos e’po&#x00ED;ei”.</p>
				</fn>
				
				<fn id="NOTE05"><label>5</label>
					<p>Lo adquiri&#x00F3; en Segovia para el Museo de Toledo el Marqu&#x00E9;s de la Vega Incl&#x00E1;n en 1908. Otro ejemplar de S&#x00E1;nchez Coello, de m&#x00E1;s calidad, est&#x00E1; en el Museo del Castillo de Peralada de Girona (Lav&#x00ED;n, <xref ref-type="bibr" rid="CIT18">2012</xref>; Ruiz G&#x00F3;mez, <xref ref-type="bibr" rid="CIT28">2006</xref>).</p>
				</fn>
				
				<fn id="NOTE06"><label>6</label>
					<p>Los expertos en tecnolog&#x00ED;a textil entienden por torsi&#x00F3;n la acci&#x00F3;n que sufre un conjunto de fibras, al proporcionarles cierta cantidad de giros en el sentido de su eje longitudinal. El objetivo de las torsiones es proporcionar a las mechas e hilos la resistencia necesaria para su correcta manipulaci&#x00F3;n. Pero, adem&#x00E1;s, la cantidad de torsi&#x00F3;n de los hilos puede provocar determinados efectos: producir reflejos en el tejido, flexibilidad o rigidez. El tipo de torsi&#x00F3;n depende del sentido de rotaci&#x00F3;n del huso mientras se est&#x00E1; hilando; la torsi&#x00F3;n “S” (de izquierda a derecha) gira en sentido contrario a las manecillas del reloj; la torsi&#x00F3;n “Z” (de derecha a izquierda), que es la utilizada por El Greco, gira en el mismo sentido que las manecillas del reloj (Locku&#x00E1;n Lavado, <xref ref-type="bibr" rid="CIT19">2012</xref>; Bruquetas Gal&#x00E1;n, <xref ref-type="bibr" rid="CIT07">2002</xref>).</p>
				</fn>
				
				<fn id="NOTE07"><label>7</label>
					<p>Los colores de esta tablita, una <italic>Adoraci&#x00F3;n de los Reyes</italic> de hacia 1567-1570, 44 x 51 x 0’6 cm, del Museo L&#x00E1;zaro Galdiano, son bermell&#x00F3;n, amarillo de plomo y esta&#x00F1;o, albayalde, verdes de cobre, laca roja (laca kermes), tierras rojas (&#x00F3;xidos de hierro) y negros de hueso y de carb&#x00F3;n, todos ellos aglutinados con aceite secante y no con temple de huevo como a veces se hab&#x00ED;a pensado err&#x00F3;neamente para el primer Greco. El azul que justifica el art&#x00ED;culo es el poco ostentoso (por m&#x00E1;s econ&#x00F3;mico en los duros inicios de El Greco) azul esmalte de cobalto, conocido y empleado desde la antig&#x00FC;edad para la coloraci&#x00F3;n del vidrio y metal y para la pintura sobre tabla (a veces mezclado con azurita y lapisl&#x00E1;zuli) desde el siglo XV en Flandes, por ejemplo, por Dieric Bouts y Pieter Brueghel; un azul, sin embargo, de f&#x00E1;cil degradaci&#x00F3;n llegando a verdear e incluso, como es el caso de la obra en cuesti&#x00F3;n, a pardear tanto en los celajes como en el manto de la Virgen.</p>
				</fn>
				
				<fn id="NOTE08"><label>8</label>
					<p>Garrido (<xref ref-type="bibr" rid="CIT13">2001</xref>) escribe lo siguiente: “El maestro cre&#x00F3; los originales y en ocasiones realiza alguna r&#x00E9;plica, pero la mayor&#x00ED;a de estas son copias llevadas a cabo por su taller o posteriormente por otros pintores. Existen tambi&#x00E9;n numerosas falsificaciones” (p. 75, n. 8). Y poco antes afirma: “Las t&#x00E9;cnicas de examen cient&#x00ED;fico son muy importantes en la determinaci&#x00F3;n de la autor&#x00ED;a”. Ruiz G&#x00F3;mez (<xref ref-type="bibr" rid="CIT29">2014a</xref>) escribe: “El maestro conceb&#x00ED;a la primera de las versiones, que luego era replicada con diverso grado de participaci&#x00F3;n del propio pintor, adecu&#x00E1;ndose a las posibilidades adquisitivas de los compradores” (p. 41).</p>
				</fn>
				
				<fn id="NOTE09"><label>9</label>
					<p>V&#x00E9;ase Cam&#x00F3;n Aznar (<xref ref-type="bibr" rid="CIT09">1950</xref>). &#x00C1;lvarez Lopera (<xref ref-type="bibr" rid="CIT03">2005</xref>) lleg&#x00F3; a escribir sobre don Jos&#x00E9; Cam&#x00F3;n Aznar que “al menos en 160 casos no identificaba las medidas de los cuadros, en otros registr&#x00F3; un mismo cuadro con dos n&#x00FA;meros distintos, y cometi&#x00F3; numerosos errores a la hora de registrar la firma o la localizaci&#x00F3;n de las obras. Lo m&#x00E1;s grave, sin embargo, resid&#x00ED;a en su ‘generosidad’ atributiva” (pp. 49-50).</p>
				</fn>
				
				<fn id="NOTE10"><label>10</label>
					<p>Hubo una inmediata versi&#x00F3;n espa&#x00F1;ola (Soehner, <xref ref-type="bibr" rid="CIT32">1956a</xref> y <xref ref-type="bibr" rid="CIT33">1956b</xref>). El mismo Soehner escribi&#x00F3; posteriormente tres importantes art&#x00ED;culos m&#x00E1;s (una “monograf&#x00ED;a despiezada”, como se&#x00F1;al&#x00F3; &#x00C1;lvarez Lopera) que insistieron en las siete divisiones anteriores (Soehner, <xref ref-type="bibr" rid="CIT35">1957</xref>, <xref ref-type="bibr" rid="CIT36">1958-1959</xref> y <xref ref-type="bibr" rid="CIT37">1960</xref>).</p>
				</fn>
				
				<fn id="NOTE11"><label>11</label>
					<p>Company, X. y Argelich, M. A. Informe in&#x00E9;dito del Centre d’Art d’&#x00C8;poca Moderna, Lleida, CAEM, 2010, 73 p&#x00E1;ginas.</p>
				</fn>
				
				<fn id="NOTE12"><label>12</label>
					<p>La obra se inici&#x00F3; en 1577 seg&#x00FA;n un documento del 2 de julio de dicho a&#x00F1;o en el se afirma la entrega de 13.600 maraved&#x00ED;s (36 ducados) a cuenta “de lo que a de aver por hacer un quadro de pintura para el sagrario desta sancta iglesia” (Archivo de la Catedral. Libro de Gastos del a&#x00F1;o 1577, fol. 164). V&#x00E9;ase Zarco del Valle (<xref ref-type="bibr" rid="CIT40">1916</xref>, vol. II, p. 127, doc. 594) y &#x00C1;lvarez Lopera (<xref ref-type="bibr" rid="CIT03">2005</xref>, p. 94).</p>
				</fn>
				
				<fn id="NOTE13"><label>13</label>
					<p>“La t&#x00FA;nica escarlata”, seg&#x00FA;n Alonso Alonso (<xref ref-type="bibr" rid="CIT02">2014</xref>, p. 127).</p>
				</fn>
				
				<fn id="NOTE14"><label>14</label>
					<p>La autora habla de “diferentes versiones del <italic>Expolio</italic> o <italic>La Santa Faz</italic>” como prueba de la gran aceptaci&#x00F3;n que tuvieron estos asuntos en la pintura toledana del momento. Cita, por ejemplo, el atractivo <italic>Expolio</italic> que atribuye a El Greco y taller (<italic>ca.</italic> 1580, &#x00F3;leo sobre lienzo, 190 x 129 cm) conservado en el Museo de Santa Cruz de Toledo, en dep&#x00F3;sito de la parroquia de Santa Leocadia. Cita tambi&#x00E9;n la copia de menor calidad que Jorge Manuel realiz&#x00F3; hacia 1596-1600 (obra firmada por el hijo de El Greco; &#x00F3;leo sobre lienzo, 106,8 x 69 cm), conservada en el Museo Nacional del Prado [P00832]. Sobre la fortuna de El Greco es importante el trabajo de Mart&#x00ED;nez Plaza (<xref ref-type="bibr" rid="CIT25">2014</xref>). Se cita aqu&#x00ED;, por ejemplo, <italic>El Expolio</italic> del National Museum Wales de Cardiff (&#x00F3;leo sobre lienzo, 130 x 163 cm, 1585-1595, inv. NMW A5, atribuido al taller de El Greco (p. 83), <italic>El Expolio</italic> de Mariano Fortuny (identificable quiz&#x00E1; con el que se conserva ahora en el Museo de Lyon) (p. 93 y nota 96 en p. 99) o <italic>El Expolio</italic> de Raimundo de Madrazo que en 1909 pudo recalar en el Museo de M&#x00FA;nich (p. 93 y nota 97 en p. 99). Citemos tambi&#x00E9;n la versi&#x00F3;n de <italic>ca.</italic> 1575 que se conserva en Wiltshire, Upton House, ilustrada en Mar&#x00ED;as (<xref ref-type="bibr" rid="CIT22">2014a</xref>, p. 191, cat. 42).</p>
				</fn>
				
				<fn id="NOTE15"><label>15</label>
					<p>V&#x00E9;ase tambi&#x00E9;n Azc&#x00E1;rate (<xref ref-type="bibr" rid="CIT04">1955</xref>), Davies (<xref ref-type="bibr" rid="CIT10">1990</xref>) y &#x00C1;lvarez Lopera (<xref ref-type="bibr" rid="CIT03">2007</xref>, p. 137).</p>
				</fn>
				
				<fn id="NOTE16"><label>16</label>
					<p>V&#x00E9;ase tambi&#x00E9;n, del mismo autor, <uri>https://www.museodelprado.es/actualidad/multimedia/la-restauracion-de-el-expolio-de-cristo-de-el/64a6c8f9-6645-4a3a-bd91-55c1eb441d29?searchMeta=restauracion%20expolio</uri>.</p>
				</fn>
				
				<fn id="NOTE17"><label>17</label>
					<p>Se conserva en el Archivo del Monasterio de Santo Domingo el Antiguo de Toledo; fue publicado por Garc&#x00ED;a Rey (<xref ref-type="bibr" rid="CIT12">1932</xref>, pp. 23-24), San Rom&#x00E1;n (<xref ref-type="bibr" rid="CIT31">1934</xref>), &#x00C1;lvarez Lopera (<xref ref-type="bibr" rid="CIT03">2005</xref>, pp. 97-98).</p>
				</fn>
			</fn-group>
		</sec>
				
		<ref-list>
			<title>BIBLIOGRAF&#x00CD;A</title>
			
			<ref id="CIT01">
			<element-citation publication-type="book">
			  <person-group person-group-type="author">
				  <name>
					  <surname>Alonso Alonso</surname>
					  <given-names>R.</given-names>	  
				  </name>
			  </person-group>
			  <year>2008</year>
			  <chapter-title>El Greco conservado: las restauraciones y la t&#x00E9;cnica pict&#x00F3;rica de las obras del Museo del Greco</chapter-title>
				<person-group person-group-type="author">
				  <name>
					  <surname>AA. VV.</surname>
				  </name>
				</person-group>
			  <source>El Greco. Toledo 1900</source>
			  <publisher-loc>Madrid</publisher-loc>
			  <publisher-name>Ministerio de Cultura</publisher-name>
			  <fpage>225</fpage>
			  <lpage>243</lpage>
			</element-citation>
			</ref>

			<ref id="CIT02">
			<element-citation publication-type="book">
			  <person-group person-group-type="author">
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					  <surname>Alonso Alonso</surname>
					  <given-names>R.</given-names>	  
				  </name>
			  </person-group>
			  <year>2014</year>
			  <chapter-title>El oficio controlado por la inteligencia</chapter-title>
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					  <surname>AA. VV.</surname>
				  </name>
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			  <source>El Greco. Arte y oficio</source>
			  <publisher-loc>Madrid</publisher-loc>
			  <publisher-name>El Viso</publisher-name>
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			  <lpage>147</lpage>
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			<ref id="CIT03">
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					  <surname>&#x00C1;lvarez Lopera</surname>
					  <given-names>J.</given-names>	  
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			  <year>2005-2007</year>
			  <source>El Greco. Estudio y cat&#x00E1;logo</source>
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			  <article-title>Greco in Spanien (Teil IV: Die RetabelGrecos)</article-title>
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