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				<journal-title>ARBOR Ciencia, Pensamiento y Cultura</journal-title>
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			<issn pub-type="epub">0210-1963</issn>
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				<publisher-name>Consejo Superior de Investigaciones Cient&#x00ED;ficas</publisher-name>
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			<article-id pub-id-type="publisher-id">arbor.2015.776n6010</article-id>
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				<subject>APORTACI&#x00D3;N AL ESTUDIO DE EL GRECO POR INVESTIGADORES VINCULADOS AL CSIC / CONTRIBUTION TO THE STUDY OF EL GRECO BY RESEARCHERS LINKED TO THE CSIC</subject>
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				<article-title>Ep&#x00ED;logo: El Greco, Toledo y El tiempo recobrado de Maurice Barr&#x00E8;s</article-title>
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					<trans-title>Afterword: El Greco, Toledo and Maurice Barr&#x00E8;s’s El tiempo recobrado</trans-title>
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				<alt-title alt-title-type="running-head">Ep&#x00ED;logo: El Greco, Toledo y El tiempo recobrado de Maurice Barr&#x00E8;s</alt-title>
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			<issue>776</issue>
			
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			<p>Si hoy pregunt&#x00E1;ramos qui&#x00E9;n es Mauricio Barr&#x00E8;s a un pasante, nos dir&#x00ED;a probablemente que el nombre de una calle del Madrid moderno. Pero como estamos en a&#x00F1;o de conmemoraciones centenarias a las que tan aficionados somos los espa&#x00F1;oles, podr&#x00ED;amos echar un vistazo a la obra de un escritor muy influyente en su &#x00E9;poca y hoy parece que poco recordado. No solo conmemoramos la muerte del griego sino tambi&#x00E9;n el comienzo de la gran guerra lo que, para un loren&#x00E9;s humillado por la derrota de Francia ante Prusia, signific&#x00F3; un momento de efervescencia ideol&#x00F3;gica y literaria. Cien a&#x00F1;os transcurridos, tiempo, el tiempo… Pero ¿qu&#x00E9; es el tiempo? Un problema que siempre hab&#x00ED;a interesado a la filosof&#x00ED;a y que en aquellos a&#x00F1;os ocupaba a Henry Bergson, a Einstein… y a Marcel Proust.</p>

			<p>Para Bergson, elucubrador de la <italic>dur&#x00E9;e</italic>, de la duraci&#x00F3;n, el tiempo, frente a lo que dice la f&#x00ED;sica, es en lo ps&#x00ED;quico <italic>duraci&#x00F3;n</italic>, ya que es un tiempo concreto y no espacializado como lo era para los f&#x00ED;sicos. Para Proust, en frase sint&#x00E9;tica de Antoine Compagnon, “el tiempo pasa por nuestras vidas, como nos transforma y como podemos a pesar de todo retenerlo”. </p>

			<p>Maurice Barr&#x00E9;s form&#x00F3; parte de la &#x00E9;lite intelectual francesa de la llamada <italic>belle &#x00E9;poque</italic>, aquella que no solo brillaba en lo estrictamente literario sino que adem&#x00E1;s participaba de la vida mundana alternando en los <italic>salones</italic> en los que las se&#x00F1;oras del <italic>gratin</italic> reun&#x00ED;an –como dir&#x00ED;a un cronista de sociedad– a lo m&#x00E1;s florido de Par&#x00ED;s. Fue amigo de los escritores de varias generaciones, desde la declinante del tan olvidado Anatole France, la de Andr&#x00E9; Gide, a la de un joven Fran&#x00E7;ois Mauriac, siendo la suya la de Marcel Proust; es decir, los a&#x00F1;os en que la cultura francesa segu&#x00ED;a siendo, quiz&#x00E1;s, la m&#x00E1;s importante de Europa a pesar de la pujanza de la centroeuropea, de una kakania que ser&#x00ED;a vencida en la guerra.</p>

			<p>En los salones convers&#x00F3; con la Condesa Grefulhe, Robert de Montesquieu, Boni de Castellane, Anna de Noailles, a quien le unir&#x00ED;a una larga y m&#x00E1;s que estrecha amistad, y con tantos otros que nosotros hemos conocido transmutados en Duquesa de Guermantes o Bar&#x00F3;n de Charl&#x00FA;s. Y en los estudios de artistas, con m&#x00FA;sicos -Reynaldo Haan-, escultores y pintores, entre los cuales citaremos a algunos: Manet, Monet, la familia Madrazo-Ochoa, Zuloaga, Sert y muy especialmente al que habr&#x00ED;a de ser muy amigo, Jacques &#x00C9;mile Blanche, a quien una exposici&#x00F3;n en Par&#x00ED;s en 2013 est&#x00E1; sacando de un olvido al cual invariablemente arrastra la muerte de sus modelos y su mundo a aquellos que los cronificaron, penitencia que han de pagar por haber sido retratistas mundanos, no por pintores.</p>

			<p>Gracias a Blanche tenemos im&#x00E1;genes de Barr&#x00E9;s desde su juventud, cuando se conocieron en casa de los Bonni&#x00E8;res, hasta su &#x00FA;ltima efigie en el retrato colectivo de “La panne” (1905, Lyon, Mus&#x00E9;e des Beaux Arts): “…a primera vista ten&#x00ED;a un aspecto refrigerante, el porte de un dictador moderno, este Abencerraje de Lorena. Muchas mujeres pensaban en Bonaparte tal como le pint&#x00E9; a los veinticinco a&#x00F1;os, el pelo pobre y aplastado, la piel oliv&#x00E1;cea, delgado con chaqueta gris, (con) un clavel en el ojal, los brazos cruzados sobre el pecho” (&#x00F3;leo, Biblioth&#x00E8;que Nationale de France, Paris; J. E. Blanche, <italic>Mes Mod&#x00E8;les</italic>, Par&#x00ED;s, 1984, p. 11).</p>

			<p>Nuestro Barr&#x00E9;s a&#x00F1;ade: “con su pinta a lo Greco, ya volv&#x00ED;a los ojos hacia las cimas a las cuales &#x00ED;bamos despu&#x00E9;s a contemplarlo, pero no menos que Proust, no acusaba la palabra c&#x00ED;nica que le asomaba a la boca, los juicios que ridiculizan a un hombre” (p. 29). </p>

			<p>M&#x00E1;s adelante Blanche a&#x00F1;adir&#x00E1;: “Dec&#x00ED;a lo que hab&#x00ED;a sido para &#x00E9;l la conversaci&#x00F3;n de un Jules Tellier, con el cual hablaba de S&#x00E9;neca, «el gran calumniado», cuyas relaciones con las cosas y los hombres estaban dirigidas por el sentimiento intenso de que hay que morir y que vivimos en medio de cosas que deben perecer” (p. 36).</p>

			<p>“H&#x00E1;bleme del Greco, Jacques Emile, <italic>”El Entierro del Conde de Orgaz”</italic> es a pesar de todo m&#x00E1;s estimulante que el Ornans de vuestro Courbet”.</p>

			<p>Barr&#x00E8;s se parece a un Greco, es m&#x00E1;s aceitunado, m&#x00E1;s febril, comienzo su segundo retrato. El joven de la chaqueta gris, con el clavel, tiene cuarenta a&#x00F1;os. Jam&#x00E1;s tendr&#x00E1; la cinta roja de la L&#x00E9;gion d´honneur” (p. 56).</p>

			<p>Ya tenemos aqu&#x00ED; a nuestro personaje unido al Greco por algo que el tiempo ha venido a confirmar, ya que probablemente la obra hoy m&#x00E1;s recordada sea su <italic>Greco ou le secret de Tolede</italic> (Paris, Plon, 1923), por encima de aquellas que agrup&#x00F3; en conjuntos tal que <italic>El culto del yo,</italic> que inclu&#x00ED;a<italic> El Jard&#x00ED;n de Berenice -</italic>con<italic> Los bastiones del Este–</italic>, que inclu&#x00ED;a <italic>Colette Baudoche</italic> o, por ejemplo, <italic>La novela de la energ&#x00ED;a nacional,</italic> muestras todas de su vertiente pol&#x00ED;tica. Barr&#x00E9;s, a quien la madre de Blanche llamaba el anarquista de los escarpines verdes, empez&#x00F3; muy pronto en la pol&#x00ED;tica; joven diputado por la Lorena en el partido del General Boulanger –quien se postul&#x00F3; como redentor nacional de Francia tras la Guerra franco-prusiana para no ser m&#x00E1;s que un fiasco- tuvo una actuaci&#x00F3;n pol&#x00ED;tico-literaria semejante a la que tendr&#x00ED;an, a&#x00F1;os m&#x00E1;s tarde, algunos pol&#x00ED;ticos e intelectuales espa&#x00F1;oles. Activo polemista en el <italic>affaire</italic> Dreyfus, impulsor de un peculiar nacionalismo en obras como su <italic>Colette Baudoche</italic> y especialmente en <italic>La colina inspirada,</italic> libro condenado por la jerarqu&#x00ED;a eclesi&#x00E1;stica, pretend&#x00ED;a reconciliar la legalidad republicana y el laicismo con la Francia tradicional, con la Francia eterna. Aunque Charles Maurras pretendi&#x00F3; atraerlo, no comulgaba con las ideas de la <italic>Action Fran&#x00E7;aise</italic> a pesar de fundamentarlas en la <italic>tierra</italic> y los <italic>hombres</italic>. Un cierto regeneracionismo que no deja de tener puntos de contacto con algunos intelectuales espa&#x00F1;oles de la &#x00F3;rbita de la Instituci&#x00F3;n Libre de Ense&#x00F1;anza, tal que Coss&#x00ED;o, Beruete, Giner u otros como Unamuno, Garc&#x00ED;a Morente o Valdecasas. Ser&#x00ED;a interesante comparar textos del profesor de &#x00E9;tica y metaf&#x00ED;sica –el discurso de inauguraci&#x00F3;n del curso acad&#x00E9;mico 1942-43 -”Ideas para una Filosof&#x00ED;a de la Historia de Espa&#x00F1;a”-, por ejemplo, con su definici&#x00F3;n del caballero cristiano, en la que se encuentran reminiscencias de lo que, acerca de los viejos hidalgos, escribi&#x00F3; Barr&#x00E8;s. Intentos de definir lo <italic>nacional,</italic> soslayando algunos caracteres tradicionales para enfatizar otros como hac&#x00ED;an nuestros ochentayochistas, Coss&#x00ED;o entre ellos.</p>

			<p>El libro de Manuel B. Coss&#x00ED;o <italic>El Greco</italic>, publicado en 1908, supuso un aldabonazo que despert&#x00F3; el dormido inter&#x00E9;s por El Greco, pintor en gran medida olvidado a pesar de los rom&#x00E1;nticos, cuando se consider&#x00F3; como alguien que representaba la originalidad, la libertad, la rebeld&#x00ED;a frente a los cors&#x00E9;s acad&#x00E9;micos aunque, en palabras de Coss&#x00ED;o, “el clasicismo era impotente para entender al Greco. El romanticismo comenz&#x00F3; su rehabilitaci&#x00F3;n; pero solo el actual neorromanticismo, que llamamos <italic>modernismo,</italic> ha podido acabarla”. Por esa senda anduvieron artistas como Mart&#x00ED;n Rico, Rusi&#x00F1;ol, Sert y Zuloaga, pintores con largas estancias en Par&#x00ED;s quienes, a diferencia de Federico de Madrazo, apreciaron al cretense y algunos decidieron, como dir&#x00ED;amos hoy, <italic>homenajearlo</italic> con algo m&#x00E1;s que copias; o Beruete, autor de la primera monograf&#x00ED;a cient&#x00ED;fica sobre el pintor. Precisamente conocemos lo que Barr&#x00E8;s pensaba de Sert, como recuerda Blanche: “con Sert, siempre “algo sucede”, se dec&#x00ED;a. Te arrastraba a cualquier placer, a espect&#x00E1;culos imprevistos. Barr&#x00E8;s quer&#x00ED;a conocer a este alumno de los jesuitas de Catalu&#x00F1;a, este te&#x00F3;logo coleccionista de libros raros” (p. 58).</p>

			<p>Todo ello en unos a&#x00F1;os en los que los intelectuales espa&#x00F1;oles empezaban a desentra&#x00F1;ar y definir lo que Espa&#x00F1;a era, en qu&#x00E9; consist&#x00ED;a ser espa&#x00F1;ol, qu&#x00E9; era nuestro arte, si lo hab&#x00ED;a o no, y c&#x00F3;mo podr&#x00ED;a ser una escuela espa&#x00F1;ola de pintura. </p>

			<p>El libro de Coss&#x00ED;o consagr&#x00F3; la nacionalizaci&#x00F3;n o la hispanizaci&#x00F3;n de El Greco, lo que precisamente discute el presente centenario.</p>

			<p>En Francia pasaron de la consideraci&#x00F3;n de los rom&#x00E1;nticos a la “cient&#x00ED;fica” de Paul Laffond pero siempre con la sombra de Delacroix tras ello, como la de Chateaubriand, que seguimos viendo proyectada cuando Blanche califica a Barr&#x00E9;s de “Abencerraje de Lorena”.</p>

			<p>El Par&#x00ED;s del modernismo, del <italic>art nouveau</italic>, se interesa por El Greco. Est&#x00E1; en los peri&#x00F3;dicos, en las librer&#x00ED;as, en las conversaciones de las gentes que acuden a los salones, que hablan y escriben de El Greco, desde Proust a Rilke y especialmente que tratan a los pintores espa&#x00F1;oles, como Zuloaga, quien entonces pose&#x00ED;a catorce lienzos del maestro incluyendo el Apocalipsis. Este ambiente es el que impulsa a Barr&#x00E9;s a viajar a Toledo y a publicar su <italic>Greco ou le secret de Tol&#x00E8;de</italic> en 1909, traducido al espa&#x00F1;ol en 1911.</p>

			<p>Robert d´Humi&#x00E8;rs criticaba el libro diciendo que el gusto de su autor por las culturas compuestas abr&#x00ED;a un m&#x00E9;todo excelente de exploraci&#x00F3;n psicol&#x00F3;gica: “un extranjero simp&#x00E1;tico hacia una civilizaci&#x00F3;n es un espejo oblicuo para escrutarla. La luz frontal ciega. El porvenir siempre nos dar&#x00E1; m&#x00E1;s mixtos de estos interesantes o curiosos, particularmente aguzados y sutiles”. </p>

			<p>Barr&#x00E9;s en efecto enfatiza los componentes de nuestra cultura, sobre todo los orientales, para acabar muchas veces en un t&#x00F3;pico folklorismo galo como un M&#x00E9;rim&#x00E9;e retardatario. Nos habla de unos hidalgos que m&#x00E1;s que salir de la obra de Cervantes se escapan de los pastiches espa&#x00F1;oles de Corneille o Moli&#x00E8;re, del Gil Blas de Santillana. Unos tipos sem&#x00ED;ticos con los que se encuentra en el paseo, en torno al quiosco de la m&#x00FA;sica, en esos quijotes y sanchos escapados de los lienzos, de unos hidalgos preocupados por <italic>El Tiz&#x00F3;n de la Nobleza</italic>, con una espiritualidad que bebe de Santa Teresa. “As&#x00ED; el genio del Greco consigue hacernos sensible la metaf&#x00ED;sica que encanta a sus modelos. A medida que envejece, parece que sus sue&#x00F1;os de artista cambian cada vez m&#x00E1;s a meditaciones religiosas. ¿Qu&#x00E9; noble ternura exhala su decoraci&#x00F3;n de la capilla de San Jos&#x00E9;: este San Mart&#x00ED;n casi incoloro, joven encantador que hace gracia de su capa a un compa&#x00F1;ero desfavorecido; ese San Jos&#x00E9;, tutor de un joven pr&#x00ED;ncipe, todos los dos festejados por la adolescencia y a los que coronan los &#x00E1;ngeles con los gestos m&#x00E1;s acogedores y m&#x00E1;s corteses?” (pp. 128-129 ).</p>

			<p>Expresa su admiraci&#x00F3;n por el artista en p&#x00E1;rrafos como este: “Y la obra maestra del Greco para mi coraz&#x00F3;n, la flor de su vida sobrenatural, es precisamente el &#x00FA;ltimo cuadro que pint&#x00F3;, su Pentecost&#x00E9;s, que se ve en el museo de Madrid”. Y con una incomprensi&#x00F3;n propia de su tiempo hacia el manierismo, a&#x00F1;ade: “A veces los greco me exigen un esfuerzo, creo distinguir movimientos que se contrar&#x00ED;an, una falta de continuidad en el acento y en la manera de tratar. As&#x00ED;, sean cual sean mis razones para que me guste la parte superior de Orgaz, la encuentro diversa. Es leg&#x00ED;tima, necesaria pero mal armonizada, mal fundida<italic>.</italic> Por el contrario, esta Pentecost&#x00E9;s, esta venida del Esp&#x00ED;ritu Santo, me da una plena unidad de impresi&#x00F3;n. Todos esos seres, Ap&#x00F3;stoles y Santas Mujeres, que en decir verdad son retratos, se impelen con un solo y parejo movimiento, fuera de su condici&#x00F3;n natural, para unirse al Esp&#x00ED;ritu Santo que planea luminosamente. Los vemos ante nosotros c&#x00F3;mo se espiritualizan. Un ensalmo de entusiasmo los atraviesa y los traspasa y los heroiza (pp. 134-135).</p>

			<p>El primer cap&#x00ED;tulo del libro es el Combray de Proust y su noche la magdalena que dispara los recuerdos, que hace recuperar el tiempo ido: “Si trato de acordarme de mi primera visita a Toledo, me encuentro entremezclado el recuerdo de mi primera noche en las calles de Toledo. Hab&#x00ED;a salido al azar despu&#x00E9;s de mi colaci&#x00F3;n, y a lo largo de los altos muros que se hunden en un cielo sin estrellas, segu&#x00ED;a la estrecha cinta empedrada. Flanqueaba inmensos conventos y pesados palacios, enrejados blasonados, cuya mala fortuna no ha abatido el orgullo. La noche reanima a su alrededor toda su vida pasada, convertida en bella como un sue&#x00F1;o. Un pueblo de im&#x00E1;genes desamparadas, flamencas, jud&#x00ED;as, cat&#x00F3;licas, sarracenas, me esperaban en el retranqueo de cada portada. Desde esta primera noche, se han arrojado sobre m&#x00ED;, como la miseria sobre la pobre gente, y desde hace veinte a&#x00F1;os las alimento con una sangre extranjera. No me quejo; me han servido, a cambio, en todos mis placeres…” (pp. 3-4).</p>

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