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				<journal-title>ARBOR Ciencia, Pensamiento y Cultura</journal-title>
				<abbrev-journal-title>Arbor</abbrev-journal-title>
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			<issn pub-type="epub">0210-1963</issn>
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				<publisher-name>Consejo Superior de Investigaciones Cient&#x00ED;ficas</publisher-name>
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			<article-id pub-id-type="publisher-id">arbor.2016.777n1010</article-id>
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				<subject>VARIA / VARIA</subject>
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				<article-title>El problema del tiempo en la f&#x00ED;sica: un planteamiento existencial de la ciencia desde Heidegger</article-title>
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					<trans-title>The problem of time in physics: an existential approach to science from Heidegger’s point of view</trans-title>
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				<alt-title alt-title-type="running-head">El problema del tiempo en la f&#x00ED;sica: un planteamiento existencial de la ciencia desde Heidegger</alt-title>
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				<aff id="U1">Universidad de La Frontera, Temuco/Chile</aff>
				
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				<corresp id="cor1"><email xlink:href="felipe.johnson@ufrontera.cl">felipe.johnson@ufrontera.cl</email></corresp>
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					<license-p>Este es un art&#x00ED;culo de acceso abierto distribuido bajo los t&#x00E9;rminos de la licencia Creative Commons Attribution-Non Commercial (by-nc) Spain 3.0.</license-p>
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				<title>RESUMEN</title>
				<p>Este art&#x00ED;culo se propone caracterizar el sentido propio del ejercicio cient&#x00ED;fico desde nociones del pensamiento de Heidegger como la <italic>ca&#x00ED;da</italic> y la actitud <italic>te&#x00F3;rica</italic>. En la b&#x00FA;squeda de una v&#x00ED;a de acceso que permita dicha tarea, se indagar&#x00E1; en la relaci&#x00F3;n que ha tenido la f&#x00ED;sica con el concepto de tiempo. Este ser&#x00E1; el punto de partida desde el cual se advertir&#x00E1; que su trato particular con el tiempo devela rasgos propios de su modo concreto de ocuparse con la realidad. As&#x00ED;, este art&#x00ED;culo plantear&#x00E1; c&#x00F3;mo es que la concepci&#x00F3;n de tiempo cl&#x00E1;sica y sus reformulaciones se fundan, en &#x00FA;ltima instancia, en una <italic>relaci&#x00F3;n ocupada</italic> del existir que caracterizar&#x00ED;a el quehacer cient&#x00ED;fico mismo. Con ello, se realizar&#x00E1; una elucidaci&#x00F3;n de la ciencia que rinda cuenta del <italic>presente</italic> como el horizonte <italic>existencial</italic> de su despliegue f&#x00E1;ctico.</p>
			</abstract>
			
			<trans-abstract xml:lang="en">
				<title>ABSTRACT</title>
				<p>This article aims to characterise the meaning of scientific practice deriving from Heidegger’s conceptions of <italic>falling</italic> and the <italic>theoretical</italic> attitude. To do so, we will inquire into the relationship that physics has with the concept of time. This starting point reveals how his particular treatment of time unveils specific features of how own way of understanding our encounter with reality. Thus, this article shows that the classic concept of time and its reformulations are based, in the final analysis, on an <italic>occupied relationship</italic> of existence that characterises the scientific know-how in general. Considering the above, this elucidation of science will give account of the present as the <italic>existential</italic> horizon of its factual unfolding.</p>
			</trans-abstract>


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				<title>PALABRAS CLAVE</title>
				<kwd>tiempo lineal</kwd>
				<kwd>presente</kwd>
				<kwd>ca&#x00ED;da</kwd>
				<kwd>ciencia</kwd>
				<kwd>Heidegger</kwd>
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				<title>KEYWORDS</title> 			
				<kwd>linear time</kwd>	
				<kwd>present</kwd>
				<kwd>falling</kwd>
				<kwd>science</kwd>
				<kwd>Heidegger</kwd>
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		<sec id="S1">
			<title>I. EL PROBLEMA DEL TIEMPO EN LA CIENCIA </title>

			<p>Toda investigaci&#x00F3;n cient&#x00ED;fica cuyo objeto de estudio se centre en alg&#x00FA;n tipo de ente del mundo requiere del tiempo. Ya sea como par&#x00E1;metro impl&#x00ED;cito o como medida expl&#x00ED;cita, en cualquier estudio, el pasado, el presente y el futuro delimitan determinados modos de estudio tanto del hombre individual, de las comunidades humanas, como de la naturaleza en general. Cabe mencionar a la historia, i.e., la investigaci&#x00F3;n de hechos humanos colectivos pasados. Tambi&#x00E9;n hallamos determinadas teor&#x00ED;as psicol&#x00F3;gicas, como las psicoanal&#x00ED;ticas, o biol&#x00F3;gicas, como las evolucionistas, las cuales se detienen a investigar interacciones ya acontecidas, entendi&#x00E9;ndolas como factores complejos que contribuyen a explicar estados an&#x00ED;micos u org&#x00E1;nicos presentes. Se advierte, a la vez, en tales investigaciones una particular pretensi&#x00F3;n predictiva que les conduce a adelantarse a episodios futuros, mediante la aclaraci&#x00F3;n del pasado y del presente. En definitiva, pasado, presente y futuro aparecen como el horizonte fundamental de la investigaci&#x00F3;n cient&#x00ED;fica. El concepto de tiempo, podr&#x00ED;amos decir, es un concepto <italic>fundante</italic> de las ciencias humanas y de la naturaleza. No es, por tanto, una tarea ociosa preguntarnos por la noci&#x00F3;n de tiempo que subyace al quehacer cient&#x00ED;fico, cuando dicha comprensi&#x00F3;n parece determinar su propio desarrollo. Precisamente, este es el motivo del presente trabajo: mediante una aclaraci&#x00F3;n de la noci&#x00F3;n tradicional del tiempo, interrogar por la esencia del ejercicio cient&#x00ED;fico.</p>

			<p>No todas estas investigaciones, sin embargo, parecen haber hecho del tiempo un problema expl&#x00ED;cito. Quiz&#x00E1;s sea la f&#x00ED;sica aquella disciplina en la cual es posible hallar una confrontaci&#x00F3;n manifiesta con &#x00E9;l. Su historia rinde cuenta de determinadas explicaciones que conducen incluso a desvincular ciertos fen&#x00F3;menos f&#x00ED;sicos de su necesaria dependencia con el tiempo. En efecto, el tiempo experimentado en la observaci&#x00F3;n natural, entendido como el avance progresivo e inalterable de instantes, pareciera no aplicarse a fen&#x00F3;menos moleculares. Sobre esto nos ense&#x00F1;a el fen&#x00F3;meno de la <italic>entrop&#x00ED;a</italic>. En el caso del derrame de un fluido, por ejemplo, una determinada masa muestra en principio un cierto orden, no obstante, las mol&#x00E9;culas que componen la masa total del l&#x00ED;quido se expanden en el espacio sin orden aparente alguno. La masa f&#x00ED;sica se <italic>desordena</italic> molecularmente, y dicho desorden, observable solo como “derrame ca&#x00F3;tico del l&#x00ED;quido”, podr&#x00ED;a permitirnos determinar el pasado y el futuro del evento observado. La pregunta que el f&#x00ED;sico se har&#x00ED;a (cf. Hacyan, <xref ref-type="bibr" rid="CIT15">2004</xref>, p. 73) es si acaso, a nivel molecular, la trayectoria que recorre una sola de esas mol&#x00E9;culas rinde cuenta efectiva de un progreso <italic>de</italic> pasado <italic>a</italic> futuro, como lo hace el cambio observable de la totalidad del fluido. Y es que atendiendo al movimiento de una sola de ellas, ya sea progresiva o regresivamente en el tiempo, lo que puede ser constatado es el mero recorrido de trayectorias a la manera de choques aleatorios, fen&#x00F3;meno que parece ser indiferente a la direcci&#x00F3;n temporal en la que se le observe. Con estas observaciones, la cl&#x00E1;sica comprensi&#x00F3;n del tiempo, como una instancia necesariamente vinculada al cambio de lo estudiado, parece volverse completamente cuestionable. El tiempo pasa a ser una propiedad que se dar&#x00ED;a solo en ciertos niveles de la observaci&#x00F3;n humana, mas no pareciera ser un par&#x00E1;metro de medida absoluto.</p>

			<p>Asimismo, la <italic>continuidad</italic> inmodificable del <italic>progreso</italic> del tiempo, es decir, su <italic>ritmo</italic> de avance, parece ser otro aspecto cuestionado por la f&#x00ED;sica actual. La teor&#x00ED;a de la relatividad parece, de hecho, objetar la invariabilidad de dicha continuidad. El tiempo parece expandirse o contraerse de manera inversamente proporcional a la proximidad que posea el sistema referencial respecto de la velocidad de la luz, por lo cual, no mostrar&#x00ED;a un ritmo invariable, como lo sostuvo la f&#x00ED;sica newtoneana. Por ende, se ha debido fijar otro par&#x00E1;metro absoluto de referencia que permita realizar el c&#x00E1;lculo de la interacci&#x00F3;n de los fen&#x00F3;menos de la realidad. En el caso de Einstein, dicho criterio de referencia absoluto ser&#x00ED;a la velocidad de la luz.</p>

			<p>Como se advierte, el cuestionamiento de dos caracter&#x00ED;sticas del tiempo tan decisivas como son su vinculaci&#x00F3;n necesaria con el movimiento y el cambio, y su inalterable ritmo de avance, parecen indicar que su definici&#x00F3;n ha de ser necesariamente reformulada. Sin embargo, antes de decidir si tales reformulaciones implican un efectivo progreso respecto de una comprensi&#x00F3;n del tiempo mismo, estimamos que lo decisivo es detenernos en el sentido de estas. As&#x00ED;, ser&#x00ED;a conveniente se&#x00F1;alar que los intentos de reelaborar la noci&#x00F3;n de tiempo por parte de la f&#x00ED;sica parecen motivarse desde el inter&#x00E9;s por afianzar par&#x00E1;metros de medida, requeridos por la tarea de calcular fen&#x00F3;menos que superan los l&#x00ED;mites de la observaci&#x00F3;n natural humana, ya sea a un nivel molecular como astron&#x00F3;mico. Sin embargo, mientras la f&#x00ED;sica intenta definir nuevamente el concepto de tiempo, reaccionando frente a su noci&#x00F3;n tradicional, no parece ser necesaria para ella la pregunta met&#x00F3;dica que podr&#x00ED;a contribuir a una aclaraci&#x00F3;n del tiempo <italic>mismo</italic>, esto es, la pregunta por la manera c&#x00F3;mo ser&#x00ED;a posible acceder a dicho fen&#x00F3;meno para comprenderlo <italic>en cuanto tal</italic>. Este es justamente el &#x00ED;ndice que, a nuestro juicio, se&#x00F1;ala hacia una problem&#x00E1;tica a&#x00FA;n m&#x00E1;s decisiva y que es la que pretendemos revisar en el presente trabajo. El modo como la f&#x00ED;sica ha tratado el problema del tiempo conduce a detectar que las nuevas definiciones que esta realice del mismo atienden a determinadas motivaciones que rigen su propio ejercicio. As&#x00ED;, una aclaraci&#x00F3;n de la relaci&#x00F3;n de la f&#x00ED;sica con el tiempo podr&#x00ED;a llevar a entender y a caracterizar el propio sentido de su investigaci&#x00F3;n. Por tanto, a partir de dicha relaci&#x00F3;n es que quisi&#x00E9;ramos encontrar una v&#x00ED;a para esclarecer en qu&#x00E9; consiste fundamentalmente el quehacer cient&#x00ED;fico en general.</p>

			<p>Sin embargo, antes de comenzar, es importante destacar que las presentes discusiones se proponen abordar el problema del tiempo y del sentido &#x00ED;ntimo del quehacer cient&#x00ED;fico desde los planteamientos <italic>existenciales</italic> de Martin Heidegger. Desde ellos, nuestra pretensi&#x00F3;n es la de abordar el ejercicio cient&#x00ED;fico haciendo &#x00E9;nfasis en aquella <italic>relaci&#x00F3;n</italic> vital que se advierte precisamente cuando atendemos al modo como resulta la comprensi&#x00F3;n del fen&#x00F3;meno del tiempo en tanto que progresivo y lineal: la <italic>relaci&#x00F3;n</italic> <italic>cient&#x00ED;fica</italic>. En dicho contexto, ser&#x00E1; necesario, entonces, reparar en la recepci&#x00F3;n de la noci&#x00F3;n de tiempo en la f&#x00ED;sica, entendi&#x00E9;ndola como un modo paradigm&#x00E1;tico de confrontaci&#x00F3;n te&#x00F3;rica con el problema del tiempo en general. De esta manera, desde el pensamiento de Heidegger se advertir&#x00E1; que el tiempo en su sentido progresivo y lineal pareciera acontecer tras una <italic>modificaci&#x00F3;n</italic> de una experiencia cotidiana del mismo que se hace observable en la problem&#x00E1;tica de la <italic>significatividad</italic> del tiempo descrita por el mismo Heidegger. As&#x00ED;, ser&#x00E1; posible advertir que la concepci&#x00F3;n general de tiempo en la ciencia no deviene sino desde una <italic>des-vivificaci&#x00F3;n</italic>, es decir, de una <italic>reducci&#x00F3;n</italic> de caracteres vitales pertenecientes a la vivencia del tiempo cotidiano, que resultan finalmente a partir de una condici&#x00F3;n del existir mismo, a saber, de su condici&#x00F3;n <italic>ca&#x00ED;da</italic>. Abordando, pues, el tiempo lineal desde las nociones heideggerianas se observar&#x00E1; que tal <italic>ca&#x00ED;da</italic>, en tanto actitud inmediata del existir con su entorno, no parece radicar sino en una <italic>ocupaci&#x00F3;n</italic> con lo que se le muestra efectivamente <italic>ah&#x00ED;</italic> <italic>delante</italic>, y que esta acontece, por lo dem&#x00E1;s, en un modo temporal espec&#x00ED;fico como es el <italic>presente</italic>. En definitiva, las reflexiones mostrar&#x00E1;n c&#x00F3;mo es que la <italic>ca&#x00ED;da</italic> y su respectivo <italic>privilegio del presente</italic> ser&#x00ED;an aquellos momentos existenciales fundamentales para entender el sentido &#x00ED;ntimo del ejercicio cient&#x00ED;fico en general, desde los cuales parecen concebirse conceptos como el de este trabajo, a saber, el del <italic>tiempo</italic> tal y como a&#x00FA;n parece predominar en la consideraci&#x00F3;n cient&#x00ED;fica.</p>

			<p>No obstante, como primer paso, ser&#x00E1; preciso delimitar el concepto tradicional de tiempo en juego. Para ello, atenderemos a los puntos importantes de la reconstrucci&#x00F3;n que realiza Heidegger de la noci&#x00F3;n de tiempo aristot&#x00E9;lica, pues, en ella se encuentra un planteamiento sistem&#x00E1;tico de los elementos que constituyen su comprensi&#x00F3;n cl&#x00E1;sica. Esta primera discusi&#x00F3;n nos proporcionar&#x00E1; los elementos necesarios para abordar el problema de la ciencia y su relaci&#x00F3;n con el tiempo en t&#x00E9;rminos <italic>existenciales</italic>.<xref ref-type="fn" rid="NOTE01">1</xref></p>
		</sec>


		<sec id="S2">
			<title>II. EL CONCEPTO TRADICIONAL DE TIEMPO DESDE LAS LECTURAS HEIDEGGERIANAS DE ARIST&#x00D3;TELES</title>

			<p>Deteng&#x00E1;monos en la definici&#x00F3;n del tiempo expuesta por Arist&#x00F3;teles en <italic>F&#x00ED;sica</italic>, a saber, en cuanto “n&#x00FA;mero del movimiento seg&#x00FA;n el antes y el despu&#x00E9;s” (<xref ref-type="bibr" rid="CIT02">IV a. C./1956</xref>, p. 219b2). Dicha definici&#x00F3;n ser&#x00E1; el punto de partida de la interpretaci&#x00F3;n heideggeriana, tal y como se encuentra en su lecci&#x00F3;n <italic>Die Grundprobleme der Phänomenologie.</italic></p><p>Que el tiempo sea el “n&#x00FA;mero del movimiento” ya es un &#x00ED;ndice para entender que este solo se manifestar&#x00ED;a cuando hay movimiento. No habr&#x00ED;a tiempo sin movimiento, o, en t&#x00E9;rminos amplios: “sin cambio (<italic>metabol&#x00E9;</italic>) no hay tiempo” (Arist&#x00F3;teles, <xref ref-type="bibr" rid="CIT02">IV a. C./1956</xref>, p. 218b23). El tiempo, precisa Heidegger (<xref ref-type="bibr" rid="CIT18">1975/1997</xref>, p. 337), no podr&#x00ED;a ser percibido, entonces, como una propiedad del objeto mismo que se mueve, pues, no ser&#x00ED;a algo que se presenta junto a su peso, su color, etc. Por lo cual, el tiempo ser&#x00ED;a m&#x00E1;s bien un fen&#x00F3;meno que se vincular&#x00ED;a al <italic>movimiento</italic> del m&#x00F3;vil y no al <italic>m&#x00F3;vil</italic> en movimiento. Pero, igualmente, el tiempo no podr&#x00ED;a ser identificado con el movimiento mismo (<italic>k&#x00ED;nesis</italic>), ya que precisamente es “algo <italic>del</italic> movimiento” (<italic>kin&#x00E9;seos ti</italic>). As&#x00ED; se advierte que el tiempo ha de darse separado tanto del objeto como del movimiento mismo, ya que ser&#x00ED;a, ante nada, el <italic>n&#x00FA;mero</italic> del movimiento.</p>

			<p>No obstante, el sentido de ser <italic>n&#x00FA;mero</italic> es lo que ahora debiera ser precisado, y para esto Heidegger recurrir&#x00E1; al vocablo griego “<italic>arithm&#x00F3;s</italic>” en relaci&#x00F3;n con la voz griega en participio medio-pasivo “<italic>arithmo&#x00FA;menon</italic>” (Arist&#x00F3;teles, <xref ref-type="bibr" rid="CIT02">IV a. C./1956</xref>, p. 219b8), es decir, ser <italic>contado</italic> o “lo contado” (<italic>Gezähltes</italic>) (Heidegger, <xref ref-type="bibr" rid="CIT18">1975/1997</xref>, pp. 338 ss.). En palabras de Heidegger: “El tiempo como n&#x00FA;mero del movimiento es lo contado en (<italic>an</italic>) el movimiento” (<xref ref-type="bibr" rid="CIT18">1975/1997</xref>, p. 339). Quisi&#x00E9;ramos destacar la preposici&#x00F3;n alemana “an” que figura en la reconstrucci&#x00F3;n del texto aristot&#x00E9;lico, pues, subyace en ella una decisi&#x00F3;n interpretativa importante. A diferencia de la misma, podemos encontrar casos en los cuales se le traduce conservando el sentido genitivo del vocablo “kin&#x00E9;seos”. Para ilustrar lo anterior podemos mencionar a Brentano, quien traduce “Zahl der Bewegung” (<xref ref-type="bibr" rid="CIT06">1862/1960</xref>, pp. 134 ss.) o Fink, quien opta por: “Anzahl der Bewegung” (<xref ref-type="bibr" rid="CIT11">1957</xref>, p. 226). Asimismo, en franc&#x00E9;s, Aubenque nuevamente conserva el sentido posesivo del genitivo: “nombre du mouvement” (<xref ref-type="bibr" rid="CIT04">1962</xref>, p. 50). Sin embargo, mientras que el posesivo “de” parece dirigir la atenci&#x00F3;n a la vinculaci&#x00F3;n que habr&#x00ED;a entre el tiempo y el movimiento, la inclusi&#x00F3;n de la preposici&#x00F3;n “an” parece subrayar cierta independencia entre ambos. De esta manera es que la lectura heideggeriana revela una <italic>autonom&#x00ED;a</italic> que quisi&#x00E9;ramos fijar como primer car&#x00E1;cter del tiempo aristot&#x00E9;lico. Dicha <italic>autonom&#x00ED;a</italic> del tiempo, no obstante, nos conducir&#x00E1; a otra caracterizaci&#x00F3;n fundamental del mismo.</p>

			<p>Para esto, Heidegger deber&#x00E1; detenerse en la estructura misma del movimiento (<italic>k&#x00ED;nesis</italic>). Seg&#x00FA;n lo expone, su car&#x00E1;cter general ha de ser el <italic>cambio</italic> (<italic>metabol&#x00E9;</italic>) (cf. Heidegger, <xref ref-type="bibr" rid="CIT18">1975/1997</xref>, p. 343), por tanto, este viene a ser su propia estructura. As&#x00ED;, en cuanto “<italic>metabol&#x00E9;</italic>” radica en un “<italic>ek tinos eis ti</italic>” (Arist&#x00F3;teles, <xref ref-type="bibr" rid="CIT02">IV a. C./1956</xref>, p. 224b1), i.e., en un “tr&#x00E1;nsito <italic>desde</italic> algo <italic>a</italic> algo”, el traslado espacial (<italic>for&#x00E1;</italic>), por ejemplo, puede comprenderse como el “tr&#x00E1;nsito <italic>desde</italic> un <italic>lugar</italic> <italic>a</italic> otro”. Sin embargo, el sentido espacial que parece poseer dicho traslado no puede ser un car&#x00E1;cter esencial del <italic>movimiento</italic> (<italic>k&#x00ED;nesis</italic>) mismo. Todo traslado es, por cierto, movimiento, pero no todo movimiento es traslado, por lo cual, solo en cuanto traslado es posible advertir en &#x00E9;l este sentido espacial. En otro tipo de movimiento, como la <italic>allo&#x00ED;osis</italic>, es decir, en la <italic>alteraci&#x00F3;n</italic> de una propiedad en un objeto, se observa lo anterior. El cambio del color azul, por ejemplo, al verde, es un movimiento e implica, por ende, un <italic>tr&#x00E1;nsito</italic>, en este caso “<italic>desde</italic> el azul <italic>al</italic> verde”, pero el color no se <italic>traslada</italic> de lugar, m&#x00E1;s bien “se vuelve <italic>otro</italic>” (cf. Heidegger, <xref ref-type="bibr" rid="CIT18">1975/1997</xref>, p. 343). En otras palabras, la estructura del <italic>cambio</italic>, propia del movimiento, como “tr&#x00E1;nsito <italic>desde</italic> algo <italic>a</italic> algo”, carece primariamente de sentido espacial, aunque presenta un car&#x00E1;cter m&#x00E1;s decisivo a&#x00FA;n, a saber, una determinada “prolongaci&#x00F3;n” (<italic>Dehnung</italic>), i.e., una “extensi&#x00F3;n” (<italic>Erstreckung</italic>) (cf. Heidegger, <xref ref-type="bibr" rid="CIT18">1975/1997</xref>, p. 343).</p>

			<p>Este “tr&#x00E1;nsito <italic>desde</italic>… <italic>a</italic>…”, ya sea en el sentido del “traslado <italic>desde</italic> un punto A <italic>a</italic> uno B”, o la “alteraci&#x00F3;n <italic>desde</italic> el azul <italic>al</italic> verde”, implica, entonces, ser una extensi&#x00F3;n ininterrumpida. Lo que caracteriza al movimiento en cuanto <italic>tr&#x00E1;nsito</italic> es su ejecuci&#x00F3;n <italic>de una s&#x00F3;la vez</italic> “desde… a…”. De ah&#x00ED; que Arist&#x00F3;teles advierta en &#x00E9;l el car&#x00E1;cter de <italic>synech&#x00E9;s</italic>, o, de acuerdo con la traducci&#x00F3;n de Heidegger, de un “estar-contenido-en-s&#x00ED;” (<italic>In-sich-zusammengehaltenes</italic>) (Heidegger, <xref ref-type="bibr" rid="CIT18">1975/1997</xref>, p. 344). Se trata, as&#x00ED;, de lo “con-tenido”, de un <italic>continuum</italic>, esto es, de un “constante” (<italic>Stetiges</italic>). Del mismo modo, se advierte el car&#x00E1;cter de <italic>m&#x00E9;gethos</italic>, i.e., “tama&#x00F1;o”, destacado por Arist&#x00F3;teles (cf. <xref ref-type="bibr" rid="CIT02">IV a. C./1956</xref>, p. 219a10), ya que el movimiento en cuanto “tr&#x00E1;nsito desde… a…” se <italic>prolonga</italic>, se <italic>extiende</italic>, adquiere una <italic>dimensi&#x00F3;n</italic>, constituida por lo que en dicho tr&#x00E1;nsito se encuentra <italic>constante</italic>.</p>

			<p>Entendiendo al movimiento, pues, desde su extensi&#x00F3;n no espacial y continua podemos ahora se&#x00F1;alar c&#x00F3;mo es que el tiempo puede ser “lo contado” (<italic>arithmo&#x00FA;menon</italic>). Arist&#x00F3;teles dice: “el tiempo sigue al movimiento” (<xref ref-type="bibr" rid="CIT02">IV a. C./1956</xref>, p. 219b23). El sentido de “seguir” (<italic>akolo&#x00FA;thein</italic>) en la cita vendr&#x00ED;a a caracterizar de manera m&#x00E1;s precisa la autonom&#x00ED;a del tiempo respecto del movimiento que hemos destacado. Dicho “seguir” no mienta un “resultar de…”, como si debiera acontecer primero el movimiento para que, luego, el tiempo se generase. El tiempo, m&#x00E1;s bien, <italic>se sigue</italic> del movimiento en el sentido en que cuando se percibe <italic>de una vez</italic> el movimiento, el tiempo viene a ser, en su prolongaci&#x00F3;n, co-percibido. El tiempo se hace co-presente <italic>junto</italic> al tr&#x00E1;nsito “desde… a…” ¿C&#x00F3;mo se co-presenta, pues, el tiempo en la percepci&#x00F3;n instant&#x00E1;nea de este “tr&#x00E1;nsito <italic>desde</italic>… <italic>a</italic>…”? En cuanto un “antes” (<italic>pr&#x00F3;teron</italic>) y un “despu&#x00E9;s” (<italic>hýsteron</italic>), seg&#x00FA;n reza su definici&#x00F3;n. En el caso del traslado espacial, explica Heidegger, el movimiento se expresa como el fen&#x00F3;meno que se prolonga desde el punto A al B, es decir, como un “<italic>desde aqu&#x00ED;</italic> (<italic>von dort her</italic>) <italic>hacia all&#x00E1;</italic> (<italic>dort-hin</italic>)” instant&#x00E1;neo, percepci&#x00F3;n en la cual, “<italic>reteniendo</italic>” “lo de antes” (<italic>Voriges</italic>) y “<italic>esperando</italic>” “lo que venga despu&#x00E9;s” (<italic>Nachheriges</italic>), se hace posible “intuir” el <italic>tr&#x00E1;nsito</italic> de una sola vez (cf. Heidegger, <xref ref-type="bibr" rid="CIT18">1975/1997</xref>, p. 347). En otras palabras, toda percepci&#x00F3;n de <italic>tr&#x00E1;nsito</italic>, o sea, del movimiento, requiere de la co-percepci&#x00F3;n de lo que hubo en t&#x00E9;rminos de un “<italic>antes</italic>” y de lo que habr&#x00E1;, en t&#x00E9;rminos de un “<italic>despu&#x00E9;s</italic>”. Sin los &#x00ED;ndices “antes” y “despu&#x00E9;s”, el fen&#x00F3;meno del “tr&#x00E1;nsito” en cuanto tal no podr&#x00ED;a ser aprehendido.</p>

			<p>Lo “contado” del movimiento, por lo tanto, se expresar&#x00ED;a cuando decimos “<italic>antes</italic> all&#x00ED;”, “<italic>ahora</italic> ac&#x00E1;”, “<italic>despu&#x00E9;s</italic> all&#x00E1;”, de modo que cada lugar que un m&#x00F3;vil recorriera se traducir&#x00E1;, dice Heidegger, en un “<italic>ahora</italic> ah&#x00ED;, <italic>ahora</italic> ah&#x00ED;, <italic>ahora</italic> ah&#x00ED; (Jetzt-dort)” (<xref ref-type="bibr" rid="CIT18">1975/1997</xref>, p. 347). Estos consecutivos “ahora” son precisamente lo <italic>contado</italic> (<italic>arithmo&#x00FA;menon</italic>) cuando el movimiento es percibido como “tr&#x00E1;nsito <italic>desde</italic>… <italic>a</italic>…”. As&#x00ED;, el tiempo es aquello que se cuenta, al modo de diversos “ahora” respecto de un “antes” y un “despu&#x00E9;s”, y esto ocurre <italic>junto</italic> con la percepci&#x00F3;n del tr&#x00E1;nsito mismo. El tiempo, en definitiva, no es el m&#x00F3;vil, ni tampoco el movimiento del m&#x00F3;vil, es un fen&#x00F3;meno “adyacente” a ellos.</p>

			<p>He ah&#x00ED; la raz&#x00F3;n por la cual Arist&#x00F3;teles, a juicio de Heidegger, decidir&#x00ED;a caracterizar al tiempo como <italic>n&#x00FA;mero</italic>. Se trata de aquella autonom&#x00ED;a que hemos destacado, enfatizando en que el tiempo ser&#x00ED;a un fen&#x00F3;meno “adyacente” al movimiento. En este sentido, Heidegger precisar&#x00E1; que el tiempo para Arist&#x00F3;teles no es <italic>l&#x00ED;mite</italic> (<italic>p&#x00E9;ras</italic>) (cf. Heidegger, <xref ref-type="bibr" rid="CIT18">1975/1997</xref>, p. 352s.) de lo que en &#x00E9;l ocurre, ya que en estricto rigor no es ni principio ni fin del movimiento, mucho menos del ente. El ahora en el que ocurre un movimiento no acaba con el movimiento mismo, sino que se relaciona al tiempo que vendr&#x00E1; despu&#x00E9;s. Por lo tanto, es el movimiento el que tiene un comienzo y un fin, mientras que el tiempo sigue su propio curso. Pues bien, si se dice “diez caballos”, siguiendo el ejemplo de Heidegger, nada se afirma respecto a los caballos mismos. El modo de ser del n&#x00FA;mero radica en aparecer <italic>junto</italic> a algo, mas no incide en este respecto ni de su contenido, ni de su manera de ser, ni de su movimiento como tal (cf. Heidegger, <xref ref-type="bibr" rid="CIT18">1975/1997</xref>, p. 353). As&#x00ED;, la decisi&#x00F3;n aristot&#x00E9;lica de caracterizar al tiempo como n&#x00FA;mero, implicar&#x00ED;a, en &#x00FA;ltima instancia, enfatizar en &#x00E9;l su co-presencia <italic>aut&#x00F3;noma</italic> respecto al movimiento. Seg&#x00FA;n dicha autonom&#x00ED;a, entonces, el tiempo abarcar&#x00ED;a, comprender&#x00ED;a (<italic>Umhalten</italic>) al movimiento. El tiempo es lo que, en su autonom&#x00ED;a, <italic>contiene</italic> lo que acaece dentro de &#x00E9;l, mientras que el movimiento viene a ser entendido como lo “contenido” por este (cf. Heidegger, <xref ref-type="bibr" rid="CIT18">1975/1997</xref>, p. 356). Se trata de dos instancias juntas, pero esencialmente <italic>separadas</italic>.</p>

			<p>Entonces bien, mediante las precisiones de la lectura heideggeriana de Arist&#x00F3;teles, el tiempo se muestra primariamente como una instancia aut&#x00F3;noma. Por otra parte, este parece radicar en la fijaci&#x00F3;n de diversos “ahora” que vienen a ser lo <italic>contado</italic> del movimiento en relaci&#x00F3;n a un antes y un despu&#x00E9;s. Este car&#x00E1;cter <italic>extenso</italic> del tiempo implica, por &#x00FA;ltimo, <italic>contener</italic>, mas no incidir, en el movimiento que en &#x00E9;l ocurra. De esta manera, la siguiente tarea ser&#x00E1; comprender c&#x00F3;mo es que la ciencia ha asumido esta noci&#x00F3;n de tiempo, pero, a la vez, c&#x00F3;mo es que en ella dicha noci&#x00F3;n se modifica. Precisamente, dicha modificaci&#x00F3;n habr&#x00E1; de se&#x00F1;alar el modo propio como las ciencias mismas se despliegan.</p>
			
		</sec>
		


		<sec id="S3">
			<title>III. LA F&#x00CD;SICA Y SU DEFINICI&#x00D3;N DEL TIEMPO AL SERVICIO DEL MOVIMIENTO Y EL CAMBIO</title>

			<p>Como ya dec&#x00ED;amos, la f&#x00ED;sica ha sido aquella ciencia que expl&#x00ED;citamente se ha confrontado con el concepto tradicional de tiempo. Su noci&#x00F3;n cl&#x00E1;sica radica en que este avanza en la secuencia “pasado”, “presente” y “futuro” y estos tres modos temporales son entendidos como los escenarios donde respectivamente acontecieron, acontecen y acontecer&#x00E1;n hechos reales. El tiempo se concibe como un flujo lineal constante que progresa unidireccionalmente y en el que se contienen los diversos eventos de la realidad. As&#x00ED;, consecuci&#x00F3;n, unidireccionalidad y ser el <italic>continente</italic> de hechos, son rasgos fundamentales de la definici&#x00F3;n tradicional de tiempo en la f&#x00ED;sica. </p>

			<p>As&#x00ED; formulado, este tiempo pareciera identificarse con aquel postulado por Arist&#x00F3;teles. No obstante, no coinciden totalmente. Esto se debe fundamentalmente a las pretensiones que subyacen al propio ejercicio de la f&#x00ED;sica. Cabe destacar que el tiempo en esta adquiere sus primeras expresiones en un &#x00E1;rea de estudio muy particular: la cinem&#x00E1;tica (cf. Garc&#x00ED;a Doncel, <xref ref-type="bibr" rid="CIT13">1989</xref>, p. 41). En dicho contexto, el tiempo se integra en una disciplina cuya pretensi&#x00F3;n primaria es la de atender a un fen&#x00F3;meno del mundo perceptible, esto es, el <italic>movimiento local</italic>. De esta manera es que, en un comienzo, el tiempo se determina mediante el movimiento constante del sol. Luego, en el S. XVII, Galileo igualmente se sirve del movimiento para la medici&#x00F3;n del tiempo, pero, esta vez, pesando peque&#x00F1;os vasos que progresivamente se ir&#x00E1;n llenando con el agua conducida desde una cubeta (cf. Garc&#x00ED;a Doncel, <xref ref-type="bibr" rid="CIT13">1989</xref>, pp. 42 ss.; Galilei, <xref ref-type="bibr" rid="CIT12">1638/1898</xref>, p. 213). Los pesos de las cantidades de agua vendr&#x00ED;an a indicar el tiempo del movimiento de un m&#x00F3;vil que se dejaba caer simult&#x00E1;neamente sobre un plano inclinado. Por tanto, el objeto de inter&#x00E9;s para Galileo y, en general, para la cinem&#x00E1;tica, no es el tiempo, sino la aceleraci&#x00F3;n del m&#x00F3;vil que cae describiendo una determinada trayectoria. As&#x00ED;, los valores temporales establecidos vendr&#x00ED;an a radicar, ante nada, en el n&#x00FA;mero que se obtiene del flujo del agua que cae. Con ello se constata, en consecuencia, una identidad asumida en tal investigaci&#x00F3;n entre el movimiento constante y el tiempo, pues, de lo que se trata, en &#x00FA;ltima instancia, es de fijar un <italic>par&#x00E1;metro estable</italic> para medir la aceleraci&#x00F3;n del movimiento contingente de la Naturaleza.</p>

			<p>Como se advierte, entonces, el movimiento vendr&#x00ED;a a rendir cuenta de dos caracter&#x00ED;sticas fundamentales del tiempo. Por una parte, el movimiento uniforme, ya sea de los astros como del agua, son comprensibles como par&#x00E1;metros inalterables del devenir terrestre. Por otra parte, el tiempo es, a la vez, comprendido como una dimensi&#x00F3;n paralela al mismo. En un momento pudo haber sido el desplazamiento constante del sol, pero tambi&#x00E9;n pudieron ser otros astros, como ocurri&#x00F3; con las “Estrellas Mediceas”, aquellos cuatro sat&#x00E9;lites que Galileo descubrir&#x00ED;a en J&#x00FA;piter y que describir&#x00ED;an “per&#x00ED;odos de oscilaci&#x00F3;n perfectamente definidos” (Garc&#x00ED;a Doncel, <xref ref-type="bibr" rid="CIT13">1989</xref>, p. 45). Como fuere, el tiempo viene a ser entendido en autonom&#x00ED;a respecto del cambio y la corrupci&#x00F3;n sublunar, pues, describe un flujo imperturbable y retra&#x00ED;do en s&#x00ED;, el mismo que Newton determinar&#x00E1;, por cierto, como el “tiempo absoluto”, contraponi&#x00E9;ndolo al “tiempo relativo”, que es el de la Naturaleza.</p>

			<p>En este contexto, la identificaci&#x00F3;n del tiempo con el movimiento parece rendir cuenta de dos de sus caracteres fundamentales: su <italic>constancia</italic> y <italic>autonom&#x00ED;a</italic>. No obstante, un tercer car&#x00E1;cter, su <italic>unidireccionalidad</italic>, atiende a otro problema con el cual la f&#x00ED;sica se confrontar&#x00ED;a: la <italic>causalidad</italic> (cf. Reiser, <xref ref-type="bibr" rid="CIT29">1926</xref>, p. 238). Podr&#x00ED;amos afirmar que el cambio que presenta la realidad no es un fen&#x00F3;meno <italic>espont&#x00E1;neo</italic>, sino, m&#x00E1;s bien, un <italic>resultado</italic>. En efecto, todo cambio ha de ser explicado por un evento <italic>anterior</italic> que lo posibilite. Se trata de la <italic>causa eficiente</italic> discutida por Arist&#x00F3;teles en <italic>Metaf&#x00ED;sica</italic> (<xref ref-type="bibr" rid="CIT03">IV a. C./1957</xref>, p. 1013b), en cuanto “de d&#x00F3;nde” (<italic>h&#x00F3;then</italic>) del movimiento (<italic>k&#x00ED;nesis</italic>), y que luego se consolidar&#x00E1; como el principio para comprender los acontecimientos que ocurren en el mundo f&#x00ED;sico. En Descartes encontramos esta causalidad formulada de la siguiente manera: “Debe haber por lo menos tanta realidad en la causa eficiente y total como en su efecto” (<xref ref-type="bibr" rid="CIT08">1641/1996</xref>, p. 32). As&#x00ED;, en la realidad observada podemos entender que las caracter&#x00ED;sticas que se encuentren en un determinado objeto han debido provenir ya de una instancia <italic>anterior</italic>, desde la cual ella ha “heredado” parte o la totalidad de las propiedades que exhibe. La causa, en consecuencia, ha de ser necesariamente <italic>anterior</italic> al efecto, ya que desde ella ser&#x00ED;a este <italic>de facto</italic> lo que <italic>es</italic>. En vistas a lo dicho, se har&#x00E1;n necesarios los par&#x00E1;metros del “antes” y “despu&#x00E9;s” en aquel movimiento constante e invariable que parece ser el tiempo, justamente para ordenar cronol&#x00F3;gicamente los hechos y as&#x00ED; distinguir con exactitud las causas de los efectos. La serie del tiempo, por ende, deber&#x00E1; avanzar, jam&#x00E1;s retroceder, ya que lo que interesa es la detecci&#x00F3;n de “lo ocurrido”, en vistas a una comprensi&#x00F3;n del estado <italic>actual</italic> del cambio. </p>

			<p>Ocupada la f&#x00ED;sica con el movimiento y el cambio alterables de la Naturaleza, el concepto de tiempo aut&#x00F3;nomo, alejado de todo devenir terrestre, constante y unidireccional, parece serle completamente &#x00FA;til. Pero este no siempre ser&#x00E1; el caso. Un estadio importante para comprender esto lo representa el positivismo de Mach. Su posici&#x00F3;n, empero, no estaba sino motivada por radicalizar el estatus de realidad de lo observable, por lo cual, nociones universales perder&#x00E1;n su dignidad ontol&#x00F3;gica y deber&#x00E1;n establecerse como productos de ciertos estados fisiol&#x00F3;gicos. Esta es precisamente su intenci&#x00F3;n al caracterizar al tiempo como el resultado de una operaci&#x00F3;n abstracta como ser&#x00ED;a la de traducir en n&#x00FA;mero una sensaci&#x00F3;n concreta como puede ser un movimiento percibido mediante la rotaci&#x00F3;n de un astro o de las manecillas de un reloj (cf. Mach, <xref ref-type="bibr" rid="CIT27">1885/1922</xref>, p. 285). Por lo tanto, la idea de un concepto de tiempo “real” no ser&#x00ED;a m&#x00E1;s que una universalizaci&#x00F3;n, ileg&#x00ED;tima, por lo dem&#x00E1;s, pues, carecer&#x00ED;a de todo sustento sensible (cf. Garc&#x00ED;a Doncel, <xref ref-type="bibr" rid="CIT13">1989</xref>, p. 52). Con ello, no solo se observa la ya destacada autonom&#x00ED;a del tiempo respecto del movimiento terrestre, sino que, en este caso, se le reduce al sujeto, y se le arrebata su existencia efectiva. El tiempo ser&#x00ED;a desplazado de la realidad para volverse dependiente del observador individual. Por su parte, Faraday rend&#x00ED;a cuenta de la acci&#x00F3;n a distancia del sol en el movimiento planetario mediante la atracci&#x00F3;n magn&#x00E9;tica (cf. Hacyan, <xref ref-type="bibr" rid="CIT15">2004</xref>, p. 62). De estas investigaciones, Maxwell fijar&#x00E1; el concepto de “campo”, como el “conjunto total de l&#x00ED;neas de fuerza” (Einstein e Infeld, <xref ref-type="bibr" rid="CIT09">1938/1961</xref>, pp. 112 ss.), lo que implicar&#x00E1; un estudio de la realidad seg&#x00FA;n otras leyes f&#x00ED;sicas. El resultado de estos hechos es una reformulaci&#x00F3;n total de la Naturaleza, lo cual implica, consecuentemente, una reformulaci&#x00F3;n del concepto de tiempo, y es que este ha dejado de ser &#x00FA;til para la descripci&#x00F3;n de los movimientos mec&#x00E1;nicos tal como los postul&#x00F3; la f&#x00ED;sica newtoneana.</p>

			<p>En este contexto, la posici&#x00F3;n de Einstein ser&#x00E1; radical. De lo que se trata para la f&#x00ED;sica es ahora de buscar un par&#x00E1;metro de medida en vistas a la descripci&#x00F3;n de esta “nueva” Naturaleza, aquella que ya no es material, sino m&#x00E1;s bien electromagn&#x00E9;tica. En lugar del tiempo, reducido al sujeto y considerado como variable respecto de la velocidad del sistema de referencia en el cual se encuentre el observador, habr&#x00E1; que fijar otro criterio de orden. Alguno que se halle en la misma realidad, pero que sea inalterable. Este ser&#x00E1; el rol de la velocidad de la luz. De esta manera, ya no habr&#x00E1; que depender de un criterio “subjetivo” y, por ende, impreciso e irreal, como parece ser el tiempo, para continuar con el estudio del movimiento en la realidad observada. Ella misma, podr&#x00ED;amos decir, ofrece un par&#x00E1;metro de medida efectivo, confiable y &#x00FA;til para determinar qu&#x00E9; es lo que ocurre en un “antes” y un “despu&#x00E9;s” (cf. Garc&#x00ED;a Doncel, <xref ref-type="bibr" rid="CIT13">1989</xref>, p. 57). La teor&#x00ED;a de la relatividad, en definitiva, parece ser una teor&#x00ED;a ocupada en corregir esta “problem&#x00E1;tica” relatividad del tiempo.<xref ref-type="fn" rid="NOTE02">2</xref></p>
			
			<p>As&#x00ED; es como quisi&#x00E9;ramos destacar algunos aspectos importantes que surgen de estas discusiones. Se ha visto que el problema del tiempo aparece en la f&#x00ED;sica como necesario en funci&#x00F3;n de su intento de explicar y describir el movimiento. Esto quiere decir que las modificaciones que ha experimentado su definici&#x00F3;n se circunscriben a problem&#x00E1;ticas que acaecen desde la confrontaci&#x00F3;n con un fen&#x00F3;meno que no es propiamente &#x00E9;l mismo. Esto implica, en definitiva, que la f&#x00ED;sica no se ha confrontado con el tiempo en estricto rigor. Ella, m&#x00E1;s bien, ha estado reelaborando una herramienta en vistas a otros fines (cf. Elias, <xref ref-type="bibr" rid="CIT10">1989/2013</xref>, p. 121). El sentido de sus reformulaciones del concepto de tiempo viene a traducirse, entonces, en el esfuerzo por avanzar en su trato con lo efectivamente observado. All&#x00ED; donde el tiempo no sirve m&#x00E1;s para sus pretensiones, ser&#x00E1; donde este experimentar&#x00E1; nuevas definiciones. El tiempo no parece ser otra cosa que una herramienta m&#x00E1;s de la f&#x00ED;sica para ocuparse del mundo. El tiempo, m&#x00E1;s all&#x00E1; de ser su propio tema, le es, por tanto, <italic>funcional</italic>.</p>

			<p>El problema que advertimos ac&#x00E1; es que el concepto actual de tiempo nada nos puede decir del propio fen&#x00F3;meno del tiempo, ya que desde un principio este ha sido entendido en el horizonte de una ocupaci&#x00F3;n con el mundo y desde ella se le ha definido. Formular al tiempo como par&#x00E1;metro de medida (cf. Heidegger, <xref ref-type="bibr" rid="CIT16">1987/1994</xref>, p. 73) implica ya errar en la pregunta que ha de plantearse por &#x00E9;l mismo. De esta forma, entendemos que la relaci&#x00F3;n con el tiempo por parte de la f&#x00ED;sica es <italic>interesada</italic>.<xref ref-type="fn" rid="NOTE03">3</xref> Dicho <italic>inter&#x00E9;s</italic>, podr&#x00ED;amos decir, ya es parte de un tipo de relaci&#x00F3;n particular con el mundo: el ocuparse f&#x00E1;ctico con el mismo. Obtenemos as&#x00ED; que el sentido de la f&#x00ED;sica es el del <italic>ocuparse</italic>. En efecto, dicho ocuparse se muestra como el horizonte primero de las pretensiones que subyacen a su esfuerzo expl&#x00ED;cito por reelaborar el concepto de tiempo. Por lo cual, comprendemos que esta relaci&#x00F3;n ocupada con el mundo determina la vigencia de sus definiciones del tiempo. Pues bien, quisi&#x00E9;ramos fijar este car&#x00E1;cter <italic>ocupado</italic> de la f&#x00ED;sica como horizonte de comprensi&#x00F3;n del tiempo que ella <italic>utiliza</italic>, en cuanto ser&#x00E1; en concreto dicha <italic>ocupaci&#x00F3;n</italic> aquel fen&#x00F3;meno que deberemos investigar para comprender cu&#x00E1;les son sus propios fundamentos. En &#x00FA;ltima instancia, ser&#x00E1; en este contexto donde podremos caracterizar a la ciencia respecto del sentido propio de su ejercicio.</p>
		</sec>


		<sec id="S4">
			<title>IV. EL TIEMPO DESDE LA OCUPACI&#x00D3;N CON EL MUNDO Y EL TIEMPO DE LA F&#x00CD;SICA</title>

			<p>Las discusiones anteriores se&#x00F1;alan que el tiempo en la f&#x00ED;sica, independientemente de sus reformulaciones, viene a ser el par&#x00E1;metro de <italic>medida</italic> del cambio y movimiento de la Naturaleza. Y es que este ha estado <italic>al servicio</italic> de una explicaci&#x00F3;n adecuada de la realidad misma. Con ello, se ha destacado que su definici&#x00F3;n cl&#x00E1;sica parece motivarse desde una particular <italic>ocupaci&#x00F3;n</italic> con la realidad. En lo que sigue, entonces, deberemos detenernos en dicha ocupaci&#x00F3;n para comprender c&#x00F3;mo es que esta, que no es otra que la del cient&#x00ED;fico mismo, parece fundar el concepto de tiempo propio de la investigaci&#x00F3;n cient&#x00ED;fica.</p>

			<p>En todo caso, esta reconducci&#x00F3;n del concepto de tiempo al cient&#x00ED;fico no pretende decidir si el tiempo es o no subjetivo. M&#x00E1;s bien, afirmamos que, indiferentemente de c&#x00F3;mo f&#x00E1;cticamente se le haya entendido, i.e., ya sea como una entidad cuyo flujo es radicalmente aut&#x00F3;nomo tanto respecto del mundo natural como del cient&#x00ED;fico, o ya sea como un constructo abstracto, resultado de las sensaciones del observador, ambas nociones emergen <italic>desde</italic> una ocupaci&#x00F3;n primaria que se concentra en hallar un par&#x00E1;metro de medida del cambio y movimiento de la Naturaleza. Ahora bien, desarrollar esta reconducci&#x00F3;n a la ocupaci&#x00F3;n en tanto que relaci&#x00F3;n con el mundo por parte del cient&#x00ED;fico, atiende a buscar un suelo primario desde donde acceder al fen&#x00F3;meno del tiempo en la f&#x00ED;sica. Es ac&#x00E1; donde el pensamiento de Heidegger puede guiarnos. Las siguientes consideraciones suscribir&#x00E1;n el car&#x00E1;cter <italic>existencial</italic> de sus propios planteamientos.<xref ref-type="fn" rid="NOTE04">4</xref> </p>

			<p>El mentado car&#x00E1;cter existencial que destacamos de Heidegger implica reconducir al ente a su <italic>pertenencia</italic> con el existir, de modo que la conceptualizaci&#x00F3;n que sea utilizada en dicha tarea <italic>indique</italic> al ente despleg&#x00E1;ndose en una relaci&#x00F3;n con el <italic>s&#x00ED; mismo</italic>. Este es precisamente el modo de proceder del planteamiento heideggeriano del tiempo. Luego, no es un gesto arbitrario acceder al mismo desde la lectura del reloj, como lo hace Heidegger, cuando precisamente en dicha “lectura” se plantea met&#x00F3;dicamente el problema del tiempo en el contexto de <italic>quien</italic> lo “lee”. En concreto, los an&#x00E1;lisis comenzar&#x00E1;n desde lo que podr&#x00ED;a formularse como un “contar con el tiempo” (<italic>Rechnen mit der Zeit</italic>) (cf. Heidegger, <xref ref-type="bibr" rid="CIT16">1987/1994</xref>, p. 77; <xref ref-type="bibr" rid="CIT18">1975/1997</xref>, pp. 364 ss.; <xref ref-type="bibr" rid="CIT20">1927/2001</xref>, p. 416), en el momento en que consultamos la hora en un reloj. </p>

			<p>Pues bien, cuando contamos con &#x00E9;l, es decir, cuando tenemos tiempo o no disponemos del mismo, nuestra relaci&#x00F3;n no es primariamente con este, sino con aquello con lo cual nos <italic>ocupamos</italic> durante un lapso temporal determinado. Tenemos o no tenemos tiempo, por tanto, cuando nos est&#x00E1; permitido ocuparnos de aquello que debemos o cuando esto no es posible, puesto que nos hallamos absortos en otras ocupaciones. Ac&#x00E1; se muestra un primer rasgo del tiempo en relaci&#x00F3;n a <italic>nosotros</italic>, a saber, un “para algo” que le constituye, y que Heidegger denominar&#x00E1; <italic>significatividad</italic> (<italic>Bedeutsamkeit</italic>)<italic></italic> (cf. Heidegger, <xref ref-type="bibr" rid="CIT18">1975/1997</xref>, p. 370; <xref ref-type="bibr" rid="CIT20">1927/2001</xref>, p. 414).<xref ref-type="fn" rid="NOTE05">5</xref> El tiempo <italic>remite</italic>, “indica hacia un para algo” (Heidegger, <xref ref-type="bibr" rid="CIT16">1987/1994</xref>, p. 58): <italic>hacia</italic> un &#x00E1;mbito de ocupaciones determinadas.</p>

			<p>Desde tal <italic>significatividad</italic> del tiempo aparecer&#x00E1; un segundo car&#x00E1;cter del mismo en el contexto del existir. Cuando decimos: “ahora me ocupo de tal o cual asunto”, el tiempo muestra una cierta <italic>puntualidad</italic> que no tiene sentido sino desde la ocupaci&#x00F3;n misma. La expresi&#x00F3;n “ahora, cuando ocurre esto o aquello” refiere, en consecuencia, a una situaci&#x00F3;n constituida primariamente por un ocuparse definido y concreto en la que nos hallamos. Desde lo anterior es que podemos entender que el “antes”, el “ahora” y el “despu&#x00E9;s” que podemos delimitar en t&#x00E9;rminos temporales se constituyen por determinadas ocupaciones <italic>dadas</italic> en un ahora espec&#x00ED;fico, ya sea en un “ahora” pasado, presente o futuro. Este segundo car&#x00E1;cter es el que Heidegger denominar&#x00E1; “databilidad” (<italic>Datierbarkeit</italic>) (<xref ref-type="bibr" rid="CIT18">1975/1997</xref>, pp. 370 ss.). Dichos “ahora”, no obstante, poseen un determinado “intervalo” (<italic>Spanne</italic>), una <italic>extensi&#x00F3;n</italic> propia (<italic>Erstrecktheit</italic>), que corresponder&#x00ED;a a una tercera caracter&#x00ED;stica de este tiempo vivido. As&#x00ED;, “este invierno me dedicar&#x00E9; a tal o cual asunto” es una expresi&#x00F3;n que mienta impl&#x00ED;citamente un “ahora…hasta” (<italic>bis dahin</italic>) (Heidegger, <xref ref-type="bibr" rid="CIT18">1975/1997</xref>, pp. 372 ss.). Los “ahora”, podr&#x00ED;amos decir, que delimitan un ocuparse concreto, no se identifican con el tiempo de un cron&#x00F3;metro. Un “ahora” puede durar meses o a&#x00F1;os, como cuando decimos: “entonces, cuando era ni&#x00F1;o…”, se&#x00F1;alando un periodo temporal que ciertamente se prolongar&#x00ED;a por muchos a&#x00F1;os “cronom&#x00E9;tricos”. Por &#x00FA;ltimo, estos “ahora”, constituidos por el ocuparse, son accesibles para todos, puesto que cuando se dice “ahora que escribo este trabajo” o “ma&#x00F1;ana, cuando comience con las lecciones”, se trata de expresiones que todos aquellos que las escuchen podr&#x00E1;n comprender. En otras palabras, este tiempo vivido posee, a su vez, un <italic>car&#x00E1;cter p&#x00FA;blico</italic> (&#x00D6;ffentlichkeit), i.e., compartible por el <italic>otro</italic>, dado a que las ocupaciones referidas son para todos manifiestas (cf. Johnson, <xref ref-type="bibr" rid="CIT25">2012b</xref>).</p>

			<p>Entonces bien, el hecho de que en estas consideraciones Heidegger destaque la identidad entre el modo de ser del tiempo y del mundo es un asunto que debe ser considerado. En efecto, la <italic>significatividad</italic> que le corresponder&#x00ED;a al tiempo es tambi&#x00E9;n aquella que describe el mundo propio. En este sentido es que Heidegger identificar&#x00E1; este tiempo con el <italic>tiempo</italic> <italic>del mundo</italic> (<italic>Weltzeit</italic>) (cf. Heidegger, <xref ref-type="bibr" rid="CIT18">1975/1997</xref>, p. 370; <xref ref-type="bibr" rid="CIT20">1927/2001</xref>, p. 414)<italic>.</italic> Tiempo y mundo, podr&#x00ED;amos decir, se vinculan en estas consideraciones en cuanto son instancias de un fen&#x00F3;meno primario como es, ante todo, el del <italic>ocuparse</italic> (<italic>Besorgen</italic>). As&#x00ED;, del car&#x00E1;cter “para algo” del tiempo mundano se rinde cuenta de la co-presencia del tiempo, seg&#x00FA;n un “antes y un despu&#x00E9;s”, pues, esos “ahora” se constituyen fundamentalmente en una relaci&#x00F3;n existencial determinada: la de la <italic>ocupaci&#x00F3;n con los entes del mundo</italic>.</p>

			<p>Fundamental para estas discusiones es advertir que, si bien, el ocuparse del existir se ha mostrado como aquel que, en efecto, llevar&#x00ED;a a la delimitaci&#x00F3;n del <italic>tiempo mundano</italic>, dec&#x00ED;amos tambi&#x00E9;n que las ciencias son, ante nada, un tipo de <italic>ocupaci&#x00F3;n</italic> con el mundo. No obstante, se advierte que el tiempo con el que tratan las ciencias no parece ser el mismo que aquel descrito en las caracterizaciones heideggerianas. El tiempo cl&#x00E1;sico de la f&#x00ED;sica se presenta m&#x00E1;s bien como un flujo progresivo, <italic>adyacente</italic> a los fen&#x00F3;menos f&#x00ED;sicos. En el caso del traslado, el tiempo es entendido en relaci&#x00F3;n con el cambio de lugar que presenta un m&#x00F3;vil. Podr&#x00ED;a decirse: “antes, el m&#x00F3;vil se encontraba en el punto A, ahora, en el B, y despu&#x00E9;s, en C”. Dichos “antes”, “ahora” y “despu&#x00E9;s”, se traducen para la f&#x00ED;sica en n&#x00FA;meros. En el segundo “2”, el m&#x00F3;vil estaba all&#x00E1;, en el segundo “4”, se encuentra ac&#x00E1;, etc. Sin embargo, la consecuci&#x00F3;n de segundos transcurre “retra&#x00ED;da en s&#x00ED;”, sin incidir en el m&#x00F3;vil mismo. En otras palabras, los “ahora” del movimiento, expresados en segundos, carecen de todo v&#x00ED;nculo con lo que ocurra en ellos. Se trata de un tiempo entendido como una “consecuci&#x00F3;n de ahora” <italic>indiferente</italic> a los eventos contenidos por este (cf. Heidegger, <xref ref-type="bibr" rid="CIT16">1987/1994</xref>, p. 55). La autonom&#x00ED;a del tiempo que detect&#x00E1;bamos en Arist&#x00F3;teles, parece adquirir ahora el sentido concreto de “indiferencia” respecto a los eventos de la realidad.</p>

			<p>As&#x00ED; es como se puede observar que la f&#x00ED;sica parece haber modificado su experiencia del tiempo respecto de aquella del vivir cotidiano. Como se observa, a la experiencia del tiempo de la f&#x00ED;sica le pertenece una anulaci&#x00F3;n del car&#x00E1;cter “para algo” del tiempo cotidiano, es decir, en ella se ha suprimido su <italic>significatividad</italic>. Dicha supresi&#x00F3;n no es balad&#x00ED;. Ella es la condici&#x00F3;n de posibilidad de que otro car&#x00E1;cter del tiempo tambi&#x00E9;n se anule: la <italic>databilidad</italic>. En efecto, en cuanto la co-experiencia del “antes”, “ahora” y “despu&#x00E9;s” se desliga de aquello con lo que el existir est&#x00E1; en aquellos respectos ocupado, el tiempo, como es el caso del calendario, se muestra como un conjunto de lapsos vac&#x00ED;os y dispuestos a ser “rellenados” por alg&#x00FA;n <italic>hecho</italic> que eventualmente pueda acaecer. Esto dar&#x00E1; lugar a que la <italic>extensi&#x00F3;n</italic> del tiempo, el car&#x00E1;cter dimensional que destacaba Heidegger de Arist&#x00F3;teles, que ciertamente se conserva en el tiempo de la f&#x00ED;sica, haya perdido todo suelo, y el tiempo se experimente como una instancia desligada completamente de lo que se observa, es decir, <italic>adyacente</italic> (cf. Heidegger, <xref ref-type="bibr" rid="CIT18">1975/1997</xref>, p. 371; <xref ref-type="bibr" rid="CIT20">1927/2001</xref>, p. 422). El tiempo de la f&#x00ED;sica se muestra como un fen&#x00F3;meno en el cual ni los hechos ni el observador pueden incidir, y que es igual para todos, como algo “meramente presente”. Aparece, entonces, una cierta “objetividad del tiempo”, posibilitada por la anulaci&#x00F3;n de su <italic>significatividad</italic>. En definitiva, el tiempo, desarraigado de la ocupaci&#x00F3;n f&#x00E1;ctica, se presenta como aquel <italic>continuum</italic> constituido por el pasado, el presente y el futuro en el sentido de un mero escenario pasivo que contiene eventuales hechos (cf. Heidegger, <xref ref-type="bibr" rid="CIT18">1975/1997</xref>, p. 385). </p>

			<p>Como se puede ver, la definici&#x00F3;n del tiempo nos ha conducido a comprender que su articulaci&#x00F3;n parece emerger de una determinada relaci&#x00F3;n del cient&#x00ED;fico mismo. Ha sido la detecci&#x00F3;n de su ocupaci&#x00F3;n la que nos lleva a entender c&#x00F3;mo es que el tiempo cotidiano se modifica hasta la obtenci&#x00F3;n de un tiempo <italic>indiferente</italic> a los hechos que en &#x00E9;l ocurran. Una caracterizaci&#x00F3;n inicial de esta ocupaci&#x00F3;n se&#x00F1;ala que la vivencia primaria del tiempo en tanto “para aquello en lo que nos ocuparemos” anula precisamente la relaci&#x00F3;n “para”, propia del existir, y lo que adquiere primac&#x00ED;a efectiva es el “algo” de la ocupaci&#x00F3;n, es decir, el mero objeto de estudio. En el caso de la f&#x00ED;sica, este parece ser el movimiento y el cambio, y el tiempo, al interior de su investigaci&#x00F3;n, es comprendido como un mero escenario de los eventos estudiados. La caracterizaci&#x00F3;n aristot&#x00E9;lica del tiempo en cuanto <italic>n&#x00FA;mero</italic>, en cuanto <italic>adyacente</italic>, se radicaliza como un simple trasfondo vac&#x00ED;o e <italic>indiferente</italic> a lo que lo rellene.</p>

			<p>De esta manera, las discusiones nos llevan a la necesidad de indagar qu&#x00E9; tipo de ocupaci&#x00F3;n con el mundo es aquella que se caracteriza por un olvido de su &#x00ED;ntimo sentido, de su “para”, para privilegiar aquello con lo cual ella se ocupa. Como se puede advertir, con dicha tarea ya nos aproximamos a lo que nos propon&#x00ED;amos en este trabajo, i.e., caracterizar el sentido propio del quehacer cient&#x00ED;fico mediante su relaci&#x00F3;n con el tiempo. Como veremos, dicho modo de relaci&#x00F3;n es el que Heidegger denominar&#x00E1; <italic>ca&#x00ED;da</italic> (<italic>Verfallen</italic>). Pues bien, a continuaci&#x00F3;n deberemos entender c&#x00F3;mo es que la <italic>condici&#x00F3;n ca&#x00ED;da</italic> de la ciencia posibilita su propia noci&#x00F3;n de tiempo y, con ello, c&#x00F3;mo es que ella devela lo que ella misma propiamente <italic>es</italic> en su aut&#x00E9;ntico ejercicio.</p>
		</sec>


		<sec id="S5">
			<title>V. EL QUEHACER CIENT&#x00CD;FICO DESDE LA CA&#x00CD;DA Y EL PRIVILEGIO DEL AHORA</title>

			<p>Por lo pronto, podemos decir que la ciencia es un tipo de ocupaci&#x00F3;n con su mundo, un modo de relaci&#x00F3;n existencial en el cual todo redunda en el objeto de su ocupaci&#x00F3;n. La tarea ser&#x00E1;, por consiguiente, indagar en el sentido preciso de esta ocupaci&#x00F3;n. Para ello, las siguientes discusiones deber&#x00E1;n retomar la lectura del reloj anteriormente referida, sin embargo, en un sentido distinto al ya comentado. No se trata, en lo que sigue, de entender la lectura del tiempo en este artefacto en cuanto un “contar con el tiempo”. M&#x00E1;s bien debemos fijarnos ahora en el desplazamiento de sus manecillas.</p>

			<p>Seg&#x00FA;n lo expone Heidegger, cada avance del segundero indicar&#x00ED;a impl&#x00ED;citamente un “ahora aqu&#x00ED;”, “luego aqu&#x00ED;”, etc. No obstante, mediante su paso advertimos que el “ahora” pasado que percib&#x00ED;amos ya no <italic>es</italic>, mientras que el que existe es el ahora “apuntado”, el mismo que dejar&#x00E1; de ser en la medida en que el segundero avance al segundo siguiente. La lectura del reloj nos pone ante un fen&#x00F3;meno decisivo para nuestras discusiones. Se trata de una apor&#x00ED;a que ya San Agust&#x00ED;n planteara: “Pero aquellos dos tiempos, pret&#x00E9;rito y futuro, ¿c&#x00F3;mo pueden ser, si el pret&#x00E9;rito ya no es &#x00E9;l y el futuro todav&#x00ED;a no es?” (<xref ref-type="bibr" rid="CIT01">398/1974</xref>, p. 479). En la cita se aprecia un rasgo particular del tiempo. En efecto, su flujo parece darse en la forma de un movimiento de lo que “ya no es”, a lo que “efectivamente es”, para luego pasar a lo que “a&#x00FA;n no es”. La pregunta, dentro del contexto de nuestras discusiones ser&#x00E1;, entonces: ¿qu&#x00E9; es lo que posibilita esta experiencia del tiempo como un tr&#x00E1;nsito desde el <italic>ser</italic> al <italic>no-ser</italic>?</p>

			<p>Es en este contexto cuando las consideraciones heideggerianas se&#x00F1;alan una primac&#x00ED;a del presente que quisi&#x00E9;ramos revisar. Lo pasado, seg&#x00FA;n se plantea, ser&#x00ED;a lo que “<italic>ahora</italic> ya no es” (<italic>Jetzt-nicht-mehr</italic>), mientras que el futuro, lo que “<italic>ahora</italic> no es a&#x00FA;n” (<italic>Jetzt-noch-nicht</italic>) (cf. Heidegger, <xref ref-type="bibr" rid="CIT18">1975/1997</xref>, p. 367). En otras palabras, en la lectura del reloj se encuentra impl&#x00ED;cito un “ahora” que decide entre lo que “ya pas&#x00F3;” y lo que “vendr&#x00E1;”. Un ahora que parece ser el referente seg&#x00FA;n el cual se decide entre pasado y futuro, y que se extender&#x00E1; “hacia atr&#x00E1;s” y “hacia adelante” en el sentido de un <italic>no-ser</italic>. Atendamos, por lo pronto, al movimiento que se ha efectuado en estas consideraciones. El caso es que la noci&#x00F3;n de tiempo de la f&#x00ED;sica asume un avance desde el pasado al presente, y luego, al futuro. Lo que hace Heidegger, por su parte, es aclarar este trascurso lineal haciendo &#x00E9;nfasis en<italic></italic> el presente <italic>efectivo</italic>, justo cuando consultamos el reloj, y mediante &#x00E9;l determinar para “atr&#x00E1;s” al pasado como lo que <italic>fue</italic>, as&#x00ED; como hacia “delante”, al futuro, como lo que <italic>ser&#x00E1;</italic>. Dicho de otra manera, a la determinaci&#x00F3;n del tiempo como consecuci&#x00F3;n de “ahora” subyace una relaci&#x00F3;n del existir que ya est&#x00E1; instalada en dicho <italic>presente efectivo</italic>. El tiempo de la f&#x00ED;sica y de las ciencias en general se enraizar&#x00ED;a, entonces, existencialmente en un <italic>privilegio del</italic> <italic>ahora</italic> desde el cual pasado y futuro son advertidos. Dicho privilegio, empero, no es un rasgo del tiempo mismo en juego. Este viene a caracterizar m&#x00E1;s bien la relaci&#x00F3;n con dicho tiempo. Se trata de una relaci&#x00F3;n que fundamentalmente radica en privilegiar al <italic>objeto de su ocupaci&#x00F3;n</italic> y, a la vez, en conceder primac&#x00ED;a al modo de tiempo que conocemos como “presente”. Ambos caracteres ya comienzan a indicar la manera como el quehacer cient&#x00ED;fico se despliega. Anteriormente dec&#x00ED;amos que se trata de aquel modo del existir que Heidegger denominara “<italic>ca&#x00ED;da</italic>”. Por tanto, deberemos aclararnos en sus caracteres fundamentales.</p>

			<p>El existir cotidiano no implica solo una relaci&#x00F3;n con el mundo en la cual se da un mero “hallarse” un&#x00ED;vocamente en relaci&#x00F3;n <italic>hacia</italic> las cosas. Un momento importante de dicha relaci&#x00F3;n es que los entes mismos del mundo <italic>apremian</italic>, por su parte, al existir, de modo que este se deja “arrastrar” por ellos (cf. Heidegger, <xref ref-type="bibr" rid="CIT17">1976/1995</xref>, p. 213). En t&#x00E9;rminos heideggerianos, este momento de la relaci&#x00F3;n con el mundo se expresa formalmente en la estructura del <italic>cuidado</italic> (<italic>Sorge</italic>) como un “<italic>estar ya junto a…</italic>” (<italic>schon Sein-bei…</italic>) que implica, a su vez, un estar <italic>absorto</italic> <italic>con</italic> el ente “junto al cual” nos hallamos (cf. Heidegger, <xref ref-type="bibr" rid="CIT17">1976/1995</xref>, pp. 241 ss.; <xref ref-type="bibr" rid="CIT20">1927/2001</xref>, p. 61). Es importante tener en cuenta que dicho “<italic>ya estar junto a…</italic>” no es una constataci&#x00F3;n de un hecho f&#x00E1;ctico, como si expresara que un sujeto se hallar&#x00ED;a “meramente <italic>pr&#x00F3;ximo</italic> a otras entidades”. Este caracterizar&#x00E1; la relaci&#x00F3;n misma con el ente. Es decir, en la cotidianidad, a la experiencia del mundo le pertenece el sentido de encontrarse “ya entre” las cosas, y dicha relaci&#x00F3;n se ejecuta como una tendencia a privilegiar al ente con el cual el existir se ocupa.</p>

			<p>Precisamente, este movimiento general de la ca&#x00ED;da es el que queremos identificar como un rasgo decisivo de la f&#x00ED;sica y del quehacer cient&#x00ED;fico mismo respecto del tiempo y de su mundo. Desde las consideraciones heideggerianas se advierte que el existir ca&#x00ED;do presenta una “avidez de lo <italic>nuevo</italic>”, es decir, se constituye en un modo de mirar su mundo mediante el cual, al tener privilegio el objeto del ocuparse, r&#x00E1;pidamente se pasa de un objeto de la ocupaci&#x00F3;n a otro. Se trata de la <italic>curiosidad</italic> (<italic>Neu-gier</italic>). Esta tendencia implica un af&#x00E1;n por abandonar r&#x00E1;pidamente el objeto de la ocupaci&#x00F3;n actual, lo cual da lugar a un caracter&#x00ED;stico “desarraigamiento” (<italic>Aufenthaltslosigkeit</italic>) que deja al existir ca&#x00ED;do sin un lugar propio de <italic>permanencia</italic>. As&#x00ED;, la <italic>ca&#x00ED;da</italic> viene a entenderse como una relaci&#x00F3;n del existir en la que a este, <italic>arrastrado</italic> por el mundo, le es dado “dispersarse” en cada objeto nuevo de la ocupaci&#x00F3;n con el que pueda tratar (<italic>Zerstreuung</italic>) (cf. Heidegger, <xref ref-type="bibr" rid="CIT20">1927/2001</xref>, p. 347), en tanto todo nuevo objeto de la ocupaci&#x00F3;n es, al igual que otros, digno <italic>sin m&#x00E1;s</italic> de ser procurado (cf. Johnson, <xref ref-type="bibr" rid="CIT26">2013</xref>). En su condici&#x00F3;n ca&#x00ED;da y ocupada, podemos decir en definitiva, el ejercicio cient&#x00ED;fico parece vivir <italic>para</italic> las cosas eminentemente presentes, es decir, aquellas que pueden ser objeto efectivo de su ocupaci&#x00F3;n. As&#x00ED; llegamos, entonces, a la temporalidad en la cual el quehacer cient&#x00ED;fico acaece, esto es: el <italic>presente</italic>. Al respecto, empero, hay algunos aspectos que aclarar.</p>
		</sec>


		<sec id="S6">
			<title>VI. LA CIENCIA Y SU PRESENTE </title>

			<p>Hasta este punto, se ha discutido que la noci&#x00F3;n del tiempo de la f&#x00ED;sica no nace desde una preocupaci&#x00F3;n por el tiempo en cuanto tal, sino por el movimiento y el cambio del mundo natural. Dicha observaci&#x00F3;n nos condujo a observar que la f&#x00ED;sica se constituye en una ocupaci&#x00F3;n con su entorno que privilegia el objeto de su ocupaci&#x00F3;n y, podemos decir ahora, en tanto que <italic>ca&#x00ED;da</italic> en este objeto, esta articula al tiempo como una <italic>herramienta</italic> funcional a sus propias pretensiones. El fundamento de la ocupaci&#x00F3;n cient&#x00ED;fica en general es, por tanto, aquello con lo que <italic>actualmente</italic> se ocupa. Con ello entendemos que, en su tendencia <italic>ca&#x00ED;da</italic>, la ciencia se ejecute como una posibilidad del existir cuyo horizonte temporal sea ante todo <italic>lo</italic> <italic>presente</italic>. En aquello que se <italic>presenta</italic>, en vistas al objeto <italic>actual</italic> del trato, la ciencia comprende al mundo en general y sus propias tareas. Es por ello que el <italic>presente</italic> se muestra como el horizonte temporal del quehacer cient&#x00ED;fico, ya que lo <italic>actual</italic> es lo aut&#x00E9;nticamente v&#x00E1;lido, lo &#x00FA;nico “existente”. Dicho modo de relaci&#x00F3;n primariamente <italic>presente</italic> con el mundo le conduce, a la vez, a entender que aquello con lo cual ella se <italic>ha ocupado</italic> ya no sea, y aquello con lo cual ella se <italic>ocupar&#x00E1;</italic>, <italic>a&#x00FA;n no sea</italic>, ya que ambos no son objetos del trato <italic>efectivo</italic>. Por tanto, la actualidad del presente, como aquel “cuando” en el que el cient&#x00ED;fico se ocupa <italic>de facto</italic>, es el criterio &#x00FA;ltimo que funda su noci&#x00F3;n del tiempo como un transcurso de ahoras, donde los pasados y los futuros <italic>no son</italic>.</p>

			<p>De esta manera, el modo del existir denominado <italic>ca&#x00ED;da</italic> comienza a rendir cuenta de algunos rasgos caracter&#x00ED;sticos del ejercicio cient&#x00ED;fico. En primera instancia, comprendemos que la ciencia se despliegue privilegiando el <italic>dato</italic> presente percibido. El privilegio del <italic>hecho</italic> <italic>observado</italic>, tan proclamado por la ciencia <italic>experimental</italic>, parece arraigarse en el privilegio del <italic>presente</italic> como su aut&#x00E9;ntica temporalidad, en tanto que este es el horizonte de su relaci&#x00F3;n <italic>ocupada</italic> y <italic>ca&#x00ED;da</italic>. En efecto, ser&#x00E1; lo que <italic>ahora</italic> es objeto de la ocupaci&#x00F3;n, a saber, el momento cuando el ente se presenta aut&#x00E9;nticamente, lo que tiene <italic>validez</italic>. En este contexto existencial, se presenta la decisividad de la <italic>empiria</italic> como campo aut&#x00E9;ntico de su estudio. Asimismo, en la “tentaci&#x00F3;n” de lo dado en el <italic>presente</italic>, la ciencia puede comprender tambi&#x00E9;n “lo pasado”. Es la <italic>carencia de actualidad</italic> del pasado la que ha decidido que este <italic>ya no</italic> <italic>sea</italic>. No obstante, su “irrealidad” no puede considerarse una pura nada. Dado a que la ciencia habita en la pretensi&#x00F3;n de ocuparse con lo <italic>actual</italic> y se esfuerza por optimizar dicho trato, ella ha asumido que el movimiento y cambio <italic>presente</italic> no ser&#x00ED;a espont&#x00E1;neo, sino el resultado de eventos <italic>precedentes</italic>. De esta manera, el quehacer cient&#x00ED;fico se dedica a “actualizar”, es decir, a <italic>presenciar</italic> nuevamente lo <italic>pasado</italic>, esto es, se preocupa por volverlo al “<italic>ser</italic>” en funci&#x00F3;n de determinar qu&#x00E9; configuraci&#x00F3;n de eventos ha dado paso al hecho actual de su ocupaci&#x00F3;n. Este esfuerzo se traducir&#x00E1; en leyes que se expresar&#x00E1;n de la manera: “Si A, entonces, B”, donde A ser&#x00E1; la <italic>causa</italic>, es decir, el factor o el conjunto de factores que se <italic>derivar&#x00E1;</italic> en B, esto es, el <italic>efecto</italic>, es decir, lo que es objeto aut&#x00E9;ntico de estudio. Por otra parte, el <italic>no-ser</italic> propio del futuro se distinguir&#x00E1; de aquel que caracteriza al pasado, puesto que, en tanto que “a&#x00FA;n no es”, <italic>ser&#x00E1;</italic> objeto de la ocupaci&#x00F3;n. En todo caso, nuevamente es el privilegio de la ocupaci&#x00F3;n actual la que determina su <italic>no ser</italic>, aunque ahora se trata de <italic>preparar</italic> un trato f&#x00E1;ctico <italic>eficiente</italic> con el evento esperado. Este ser&#x00E1; el sentido de<italic></italic> la <italic>predicci&#x00F3;n</italic>.<xref ref-type="fn" rid="NOTE06">6</xref> Esta viene a ejecutarse en el sentido de preparar las condiciones adecuadas para que cuando el evento se <italic>presente</italic>, la ocupaci&#x00F3;n con &#x00E9;l sea la &#x00F3;ptima. No obstante, a pesar de que la predicci&#x00F3;n se relacione con el futuro, todo lo que se hace en funci&#x00F3;n de este, acaece aut&#x00E9;nticamente en el <italic>presente</italic>. La ciencia, podemos decir, vive anclada en lo <italic>presencial</italic>. As&#x00ED; es como en esta relaci&#x00F3;n de car&#x00E1;cter existencial, en la <italic>ca&#x00ED;da</italic>, el pasado y el futuro se subordinan a la <italic>actualidad de la ocupaci&#x00F3;n</italic>. Ante nada, el pasado y el futuro son experienciados por el trato cient&#x00ED;fico como instancias que, “<italic>no siendo</italic>”, cada una a su modo, son dignas de atenci&#x00F3;n solo al servicio de la <italic>presencialidad</italic> efectiva.<xref ref-type="fn" rid="NOTE07">7</xref></p><p>Desde la primac&#x00ED;a del presente caracter&#x00ED;stica de la relaci&#x00F3;n <italic>ca&#x00ED;da</italic> de la ciencia, es posible, en &#x00FA;ltima instancia, comprender la noci&#x00F3;n de tiempo como aquella secuencia de avance del pasado al presente y, luego, al futuro, comprendiendo el sentido del <italic>no-ser</italic> que a cada instancia que no sea la <italic>presencial</italic> le pertenece. Sin embargo, resta entender ahora la comprensi&#x00F3;n del tiempo como instancia objetiva, mediante la cual se develar&#x00E1;n los &#x00FA;ltimos caracteres del quehacer cient&#x00ED;fico que aclarar&#x00E1;n su &#x00ED;ntimo sentido. Los caracteres descritos de la <italic>ca&#x00ED;da</italic> no agotan plenamente el hecho de que el tiempo sea comprendido como una instancia desligada del existir ocupado. En lo que sigue, debemos entender c&#x00F3;mo es que este existir ca&#x00ED;do en su mundo puede experimentar una posterior modificaci&#x00F3;n.</p>

			<p>Por lo pronto, la <italic>ca&#x00ED;da</italic> es una posibilidad del propio existir cotidiano mediante la cual este, antes de entrar en un trato con “cosas”, se relaciona con el ente intramundano en tanto que “&#x00FA;til” (<italic>Zeug</italic>) (Heidegger, <xref ref-type="bibr" rid="CIT20">1927/2001</xref>, p. 68). Desde las consideraciones heideggerianas se advierte que dicho &#x00FA;til expresa el nivel primario de comparecencia del ente del mundo seg&#x00FA;n el modo de ser de “lo a la mano” (<italic>Zuhandenheit</italic>) (Heidegger, <xref ref-type="bibr" rid="CIT20">1927/2001</xref>, p. 83). En dicho nivel, al existir le es dado caer en la <italic>significaci&#x00F3;n</italic> del ente, haci&#x00E9;ndose cargo del mismo en cuanto un “para algo”. Esto es lo que permitir&#x00E1; entender la inmediatez del ente que le comparece al existir como perteneciente a un “todo remitivo” (<italic>Bewandtnisganzheit</italic>) (Heidegger, <xref ref-type="bibr" rid="CIT20">1927/2001</xref>, p. 84), cuyas remisiones radican en su car&#x00E1;cter de “para algo”. Lo importante para nuestras discusiones es que el “lugar” (<italic>Platz</italic>) (Heidegger, <xref ref-type="bibr" rid="CIT20">1927/2001</xref>, p. 102) que le corresponde al ente inmediato en dicho “todo remitivo” est&#x00E1; muy lejos de identificarse con el espacio f&#x00ED;sico que &#x00E9;l “rellenar&#x00ED;a” entre otras “cosas”. Su “lugar” es el que se da desde su propio “para qu&#x00E9;”, por tanto, lo que el ente con el car&#x00E1;cter de lo “a la mano” <italic>sea</italic>, acaece dentro del todo remitivo que caracteriza la <italic>inmediatez</italic> del <italic>mundo circundante</italic> (<italic>Umwelt</italic>) para el existir ocupado. En este contexto, el existir <italic>cae</italic>, se deja arrastrar por los “para algo” que descubre en su propia ocupaci&#x00F3;n, aquella que, como sabemos, remitir&#x00E1;, en &#x00FA;ltima instancia, a un <italic>por mor</italic> de “s&#x00ED; mismo” (<italic>Worumwillen</italic>), es decir, al mismo existir (cf. Heidegger, <xref ref-type="bibr" rid="CIT20">1927/2001</xref>, p. 87).</p>

			<p>Pues bien, es posible que acaezca una modificaci&#x00F3;n <italic>te&#x00F3;rica</italic> de esta experiencia del <italic>mundo circundante</italic>. Esta, sin embargo, no consistir&#x00ED;a precisamente en la p&#x00E9;rdida total de la <italic>praxis</italic> (cf. Heidegger, <xref ref-type="bibr" rid="CIT20">1927/2001</xref>, p. 357). De hecho, el cient&#x00ED;fico de todos modos tiene un trato pr&#x00E1;ctico con aquello que encuentra en su proximidad al realizar su investigaci&#x00F3;n. Este manipula microscopios, prepara muestras, etc. Sin embargo, la manera como el quehacer <italic>te&#x00F3;rico</italic> se instala en su mundo corresponde a un modo caracter&#x00ED;stico y diferente al inmediato. El quehacer te&#x00F3;rico, se&#x00F1;ala Heidegger, tiene sus “propias maneras de permanencia” (<xref ref-type="bibr" rid="CIT20">1927/2001</xref>, p. 358) en su mundo. Atendiendo al caso que el mismo Heidegger expone, podemos decir que en una relaci&#x00F3;n cotidiana, el martillo poseer&#x00ED;a su “lugar” respecto de su “martillar para”, sin embargo, afirmar “el martillo es pesado” muestra ya la modificaci&#x00F3;n en juego. Lo decisivo en este caso no es que no se experimente m&#x00E1;s el car&#x00E1;cter de &#x00FA;til del martillo, sino, ante nada, que acaezca una p&#x00E9;rdida de su propio “lugar” en aquel contexto remitivo con el cual el existir se hallaba en alguna relaci&#x00F3;n (cf. Heidegger, <xref ref-type="bibr" rid="CIT20">1927/2001</xref>, p. 361). El ente es arrebatado de su lugar en las remisiones constituidas por los “para algo”. El lugar existencial del &#x00FA;til pasa a ser el espacio indiferente, sin <italic>v&#x00ED;nculo</italic> existencial (cf. Heidegger, <xref ref-type="bibr" rid="CIT20">1927/2001</xref>, p. 362). Esta ruptura entre el existir y su mundo viene a darse, por tanto, como un olvido del contexto desde el cual comparece el ente inmediato. Es entonces cuando este se experiencia seg&#x00FA;n el modo de ser que Heidegger denominar&#x00E1; “la mera presencia espacial” (<italic>Vorhandenheit</italic>) (cf. Heidegger, <xref ref-type="bibr" rid="CIT20">1927/2001</xref>, p. 96).</p>

			<p>As&#x00ED;, esta modificaci&#x00F3;n que deriva al <italic>existir te&#x00F3;rico</italic> nos permite regresar nuevamente a la f&#x00ED;sica. Si ya discut&#x00ED;amos que el objeto de su ocupaci&#x00F3;n es el movimiento y el cambio en la Naturaleza, ahora vemos que dichos fen&#x00F3;menos, en la tendencia desligadora de la actitud te&#x00F3;rica, pasan a ser vividos como instancias cuyo &#x00FA;nico puesto de ubicaci&#x00F3;n es el espacio geom&#x00E9;trico, es decir, se comprenden como instancias completamente indiferentes de la propia ocupaci&#x00F3;n y, por ende, se vivencian como radicalmente desvinculados del observador que con ellos se ocupa. En t&#x00E9;rminos temporales, podr&#x00ED;amos decir que la f&#x00ED;sica, “apresada” por la <italic>presencialidad</italic> de la Naturaleza, “olvida” que esta, tal como se le presenta, deviene <italic>en</italic> el horizonte de su propia ocupaci&#x00F3;n. El ocuparse mismo, el privilegio de lo <italic>presencial</italic> inherente a &#x00E9;l y su correspondiente tendencia por procurarse lo que se presenta solo en el trato efectivo, implican una definitiva anulaci&#x00F3;n de la <italic>pertenencia</italic> de <italic>quien</italic> se ocupa, el cient&#x00ED;fico mismo, y de sus propias pretensiones. La ocupaci&#x00F3;n misma y su sentido han de quedar, pues, <italic>ocultas</italic> ante el protagonismo del objeto estudiado. El mundo es vivido como “<italic>algo para s&#x00ED;</italic> mismo”, en el anonimato de quien procura de &#x00E9;l. En esta p&#x00E9;rdida del sentido existencial, la realidad pasa a ser entendida, en palabras de Heidegger, como “lo que se encuentra constantemente presente” (<italic>ständig Vorhandenes</italic>) (<xref ref-type="bibr" rid="CIT20">1927/2001</xref>, p. 362). Resulta as&#x00ED; la noci&#x00F3;n de “materia” y el privilegio tem&#x00E1;tico de la misma, ciertamente como instancia “retra&#x00ED;da en s&#x00ED;” y “a la espera de ser observada”. Asimismo, la noci&#x00F3;n de tiempo lineal responde y es el resultado de esta modificaci&#x00F3;n existencial. Dentro de esta, lo que importa, entonces, es fijar par&#x00E1;metros aut&#x00F3;nomos, como herramientas para el estudio de fen&#x00F3;menos igualmente aut&#x00F3;nomos. As&#x00ED; es como acaece una experiencia del tiempo en tanto que flujo progresivo de diversos “ahora”, cada cual, por cierto, comprendido en una <italic>desvinculaci&#x00F3;n</italic> radical respecto del existir que se ocupa de los mismos. El tiempo de las ciencias, en consecuencia, pasa a ser comprendido en su <italic>objetividad</italic>, es decir, en una indiferencia <italic>existencial</italic> del mismo ejercicio vital del cual este emerge.<xref ref-type="fn" rid="NOTE08">8</xref></p>
		</sec>


		<sec id="S7">
			<title>VII. CONSIDERACIONES FINALES </title>

			<p>Pues bien, el presente trabajo ha intentado delimitar el sentido fundamental del ejercicio cient&#x00ED;fico a partir del modo de trato con el problema del tiempo. Siguiendo la lectura heideggeriana de Arist&#x00F3;teles, se ha visto c&#x00F3;mo es que su caracterizaci&#x00F3;n en tanto que “n&#x00FA;mero del movimiento” resulta en una concepci&#x00F3;n del tiempo mismo como una instancia aut&#x00F3;noma respecto tanto del m&#x00F3;vil como del movimiento mismo, entendi&#x00E9;ndolo como un continuo que <italic>contendr&#x00ED;a</italic> hechos acaecidos en su interior, mientras este permanecer&#x00ED;a, por as&#x00ED; decir, sin ser afectado. Dicha autonom&#x00ED;a es la que habr&#x00ED;a sido recepcionada justamente en la investigaci&#x00F3;n cient&#x00ED;fica de la realidad. En el caso particular de la f&#x00ED;sica, se advirti&#x00F3;, en efecto, que tal noci&#x00F3;n de tiempo fue, en un principio, de suma utilidad para que esta pudiera ocuparse de su objeto aut&#x00E9;ntico de estudio: el movimiento y el cambio en la Naturaleza. Mas, en la f&#x00ED;sica no parece hallarse una confrontaci&#x00F3;n misma con el fen&#x00F3;meno en cuesti&#x00F3;n, sino que la vigencia de la noci&#x00F3;n de tiempo en ella parec&#x00ED;a depender de la utilidad que esta proporcionase a la investigaci&#x00F3;n de la realidad contingente. En otras palabras, el caso de la f&#x00ED;sica muestra c&#x00F3;mo es que el ejercicio cient&#x00ED;fico opta por alguna definici&#x00F3;n de sus conceptos fundamentales en vistas a su funcionalidad, entendida esta como el criterio &#x00FA;ltimo de decisi&#x00F3;n para asumir o descartar conceptos en su investigaci&#x00F3;n. La ciencia, se dijo en este contexto, radicar&#x00ED;a, en consecuencia, en un modo de trato <italic>interesado</italic> con el mundo, y dicho inter&#x00E9;s no puede ser entendido sino como la expresi&#x00F3;n de una relaci&#x00F3;n esencialmente <italic>ocupada</italic> que constituir&#x00ED;a el &#x00ED;ntimo sentido del ejercicio de la misma ciencia.</p>

			<p>Tal <italic>ocupaci&#x00F3;n</italic>, por lo dem&#x00E1;s, aparec&#x00ED;a en estas consideraciones como el &#x00E1;mbito en el cual la vivencia cotidiana del tiempo, seg&#x00FA;n Heidegger la entiende, parec&#x00ED;a ser desvinculada del propio existir. As&#x00ED;, la pregunta por qu&#x00E9; tipo de ocupaci&#x00F3;n es aquella que, atendiendo a las cosas de su mundo implica tambi&#x00E9;n una desvinculaci&#x00F3;n del mismo, fue respondida caracterizando tal relaci&#x00F3;n ocupada como una, en t&#x00E9;rminos heideggerianos, <italic>ca&#x00ED;da</italic> y <italic>te&#x00F3;rica</italic>. Esto es, el ejercicio cient&#x00ED;fico fue entendido como un tipo de ocupaci&#x00F3;n que, arrastrada por el objeto de su trato, termina, a su vez, por olvidar cualquier tipo de relaci&#x00F3;n &#x00ED;ntima con &#x00E9;l. En otros t&#x00E9;rminos, el quehacer cient&#x00ED;fico se present&#x00F3;, desde estas consideraciones heideggerianas, como uno que, ca&#x00ED;do en la <italic>presencia</italic> de las cosas entre las cuales se haya perdido, entiende que la efectividad de la realidad no es otra que lo que &#x00FA;nicamente est&#x00E1; <italic>ah&#x00ED;</italic>, delante de &#x00E9;l, dispuesto para su trato. Tal es la relaci&#x00F3;n existencial fundamental que nos llev&#x00F3; a pensar que la noci&#x00F3;n de tiempo lineal, en tanto que progreso del pasado al presente y, luego, al futuro, no es otra que el resultado de la exigencia por tratar y optimizar el trato <italic>presente</italic>. Tal condici&#x00F3;n <italic>ca&#x00ED;da</italic> y su respectiva tendencia te&#x00F3;rica que desvincula de s&#x00ED; lo que aparece se destac&#x00F3;, as&#x00ED;, como el contexto existencial en el cual la definici&#x00F3;n de tiempo se delimitaba como una entidad aut&#x00F3;noma y objetiva, es decir, experimentable por todos de la misma manera. Por esta v&#x00ED;a es que las presentes consideraciones intentaron destacar que la noci&#x00F3;n de tiempo cient&#x00ED;fico es el resultado de una relaci&#x00F3;n existencial constituida desde el privilegio del <italic>presente</italic>.</p>

			<p>Pues bien, el &#x00E9;nfasis en la tendencia <italic>ca&#x00ED;da</italic> y <italic>te&#x00F3;rica</italic> ha sido decisivo para una caracterizaci&#x00F3;n de la ciencia. Esta se ha mostrado, en efecto, como el <italic>origen</italic> <italic>existencial</italic>, no solo de aquellos conceptos que gu&#x00ED;an su propio ejercicio, sino, ante nada, del “mundo” mismo que pasa a ser objeto de su consideraci&#x00F3;n. As&#x00ED;, este <italic>presente</italic> que se devela en el seno de su quehacer se exhibe como una dimensi&#x00F3;n temporal primaria y privilegiada en la cual la ciencia permanece en esencia anclada. Finalmente se advierte que con la caracterizaci&#x00F3;n del <italic>ocuparse cient&#x00ED;fico</italic> ya estamos en condiciones de comprender la &#x00ED;ntima naturaleza de la investigaci&#x00F3;n cient&#x00ED;fica. La ciencia, podemos decir, es, en su esencia, una particular posibilidad del existir de car&#x00E1;cter eminentemente <italic>presencial</italic> y es dicha “presencialidad” el fundamento del ser de aquel &#x00E1;mbito de acci&#x00F3;n en el cual a la ciencia misma le es dado <italic>caer</italic>: su “realidad”.</p>

			<p>No obstante, estas consideraciones existenciales no han pretendido sino solo esbozar una caracterizaci&#x00F3;n vital del problema de la ciencia mediante el pensamiento de Heidegger. El problema tratado, empero, no se agota ac&#x00E1;, sino m&#x00E1;s bien se abre a posteriores reflexiones. Reflexiones que, por cierto, han de ejercerse como una investigaci&#x00F3;n atenta a la relaci&#x00F3;n entre el tiempo del mundo y lo que Heidegger entender&#x00E1; como la temporalidad originaria del <italic>Dasein</italic>: el <italic>futuro</italic> (cf. Heidegger, <xref ref-type="bibr" rid="CIT20">1927/2001</xref>, p. 365).<xref ref-type="fn" rid="NOTE09">9</xref> Por lo pronto, este estudio sobre el quehacer cient&#x00ED;fico se constituye en un esfuerzo por aclarar una posibilidad del existir indagando precisamente en el sentido temporal que la funda, de manera que aquel concepto existencial de ciencia que el mismo Heidegger considerar&#x00ED;a como necesario para comprender su esencia (cf. Heidegger, <xref ref-type="bibr" rid="CIT20">1927/2001</xref>, p. 357) pudiese ser pensado hasta el nivel que este mismo consider&#x00F3; como el originario en el &#x00E1;mbito de lo humano, esto es: el fen&#x00F3;meno del <italic>tiempo</italic>. Desde tal perspectiva, a nuestro juicio, es que la ciencia en tanto tal puede abrirse a la posibilidad de confrontarse con sus conceptos fundamentales atendiendo a la relaci&#x00F3;n vital que ella misma <italic>es</italic> en tanto modo de ser del Hombre.<xref ref-type="fn" rid="NOTE10">10</xref></p>

		</sec>
		
	</body>
	
	
	<back>
	
		<ack>
			<title>AGRADECIMIENTOS</title>

				<p>Este trabajo se realiz&#x00F3; con el apoyo del Programa Mece 2 Educaci&#x00F3;n Superior, Proyecto Fro0901: “Fortalecimiento de las Ciencias Sociales y Humanidades en la Universidad de La Frontera” del Ministerio de Educaci&#x00F3;n, y del Proyecto DIUFRO-DI 14-005: “La presentaci&#x00F3;n futura del Ah&#x00ED;”.</p>
		</ack>
		
		<sec id="notas">
			<title>NOTAS</title>
		
			<fn-group>
				<fn id="NOTE01"><label>1</label>
					<p>La pertinencia de plantear una revisi&#x00F3;n existencial del ejercicio cient&#x00ED;fico mediante el modo como la f&#x00ED;sica ha tratado con el problema del tiempo a partir del pensamiento de Heidegger se comprende a partir de dos razones. Por una parte, el inter&#x00E9;s por la ciencia como posibilidad del existir es un aspecto recurrente en el pensamiento heideggeriano como modo de aclarar c&#x00F3;mo esta se distingue del filosofar (cf. Johnson, <xref ref-type="bibr" rid="CIT24">2012a</xref>). Empero, la confrontaci&#x00F3;n de Heidegger con ella no permanece solo en la descripci&#x00F3;n existencial del modo <italic>te&#x00F3;rico</italic> de trato con el mundo. Heidegger demostr&#x00F3; reiteradamente conocer los avances de la investigaci&#x00F3;n cient&#x00ED;fica particular, como ocurre con la f&#x00ED;sica. As&#x00ED; lo atestiguan referencias a Einstein (cf. Heidegger, 2001, p. 9; 1994, pp. 73 ss.), pero tambi&#x00E9;n a Heisenberg. Respecto de este &#x00FA;ltimo, la discusi&#x00F3;n gira en torno al pensar calculador que lleva a la f&#x00ED;sica a considerar a la Naturaleza solo en cuanto fuente de recursos (cf. Heidegger, 2000, p. 24). Asimismo, Heidegger refiere a la f&#x00ED;sica moderna como fundada en los rasgos esenciales de la t&#x00E9;cnica y su tendencia al dominio de la Naturaleza, se&#x00F1;alando a Galileo, Heisenberg y Max Planck como concreciones de este pretendido <italic>se&#x00F1;or&#x00ED;o</italic> del mundo (cf. Heidegger, <xref ref-type="bibr" rid="CIT21">2005</xref>, p. 355). Para la relaci&#x00F3;n entre Heidegger y Heisenberg (cf. P&#x00F6;ggeler, <xref ref-type="bibr" rid="CIT28">1993</xref>). Cabe se&#x00F1;alar, sin embargo, que el presente estudio no se inscribe en estas tesis propias del per&#x00ED;odo tard&#x00ED;o del pensar heideggeriano.</p>
				</fn>
				
				<fn id="NOTE02"><label>2</label>
					<p>Heidegger comentar&#x00E1; que la Teor&#x00ED;a de la Relatividad se mover&#x00ED;a en la tendencia de “resguardar la invariabilidad de las leyes del movimiento” (2001, p. 10).</p>
				</fn>
				
				<fn id="NOTE03"><label>3</label>
					<p>Destacamos el concepto husserliano de “inter&#x00E9;s” (Husserl, <xref ref-type="bibr" rid="CIT22">1992</xref>, p. 143) como una caracterizaci&#x00F3;n del ejercicio cient&#x00ED;fico que lleva a comprender el “olvido de s&#x00ED; mismo” inherente a su despliegue (cf. Johnson, <xref ref-type="bibr" rid="CIT23">2011</xref>).</p>
				</fn>
				
				<fn id="NOTE04"><label>4</label>
					<p>Es importante aclarar que las siguientes consideraciones se enmarcan en el pensar del tiempo del Heidegger de la &#x00E9;poca de <italic>Ser y tiempo</italic>, es decir, atender&#x00E1; al problema de la fundaci&#x00F3;n del tiempo cronol&#x00F3;gico en la experiencia de tiempo cotidiano. No obstante, la problem&#x00E1;tica del tiempo se extiende m&#x00E1;s all&#x00E1; de este periodo. Esta ser&#x00E1; tratada por Heidegger, en efecto, en el contexto de su cr&#x00ED;tica a la t&#x00E9;cnica, con los &#x00E9;nfasis que este dar&#x00ED;a, en esta fase intelectual tard&#x00ED;a, a la tendencia propia de la ciencia moderna de afianzar su se&#x00F1;or&#x00ED;o calculador en la Naturaleza. Para una descripci&#x00F3;n de las etapas del pensamiento heideggeriano respecto al problema del tiempo cf. Gonz&#x00E1;lez (<xref ref-type="bibr" rid="CIT14">2008</xref>, pp. 23-27).</p>
				</fn>
				
				<fn id="NOTE05"><label>5</label>
					<p>M&#x00E1;s tarde, Heidegger (1994, p. 58) precisar&#x00E1; al tiempo como “deutsam”, i.e., “indicador”, y no “be-deutsam”, ya que, en cuanto “significativo”, resuena la idea de “simbolizaci&#x00F3;n”, inadecuada a su car&#x00E1;cter “referencial”</p>
				</fn>
				
				<fn id="NOTE06"><label>6</label>
					<p>Ya se observa la importancia de la predicci&#x00F3;n en la investigaci&#x00F3;n cient&#x00ED;fica desde la pretensi&#x00F3;n &#x00FA;ltima del “esp&#x00ED;ritu positivo”. Se trata de “ver para prever” (Comte, <xref ref-type="bibr" rid="CIT07">1898</xref>, p. 23), i.e, de intervenir en los hechos para modificar su cumplimiento. En este sentido, Heidegger reconduce a Descartes esta pretensi&#x00F3;n cient&#x00ED;fica en tanto un “volverse como amos y se&#x00F1;ores de la Naturaleza” (Heidegger, 1994, pp. 135 ss.).</p>
				</fn>
				
				<fn id="NOTE07"><label>7</label>
					<p>Cabe se&#x00F1;alar, empero, que, pese a que estas reflexiones heideggerianas parecen traducirse en una cr&#x00ED;tica a la ciencia misma, no pretenden sino m&#x00E1;s bien aclarar el sentido &#x00ED;ntimo y factual de su ejercicio. En este sentido, tales reflexiones no pueden descartarse sin m&#x00E1;s aludiendo a que la visi&#x00F3;n de ciencia que subyace a las consideraciones heideggerianas es fundamentalmente positivista (cf. Siegfried, <xref ref-type="bibr" rid="CIT30">1990</xref>). A nuestro juicio, el positivismo es un modo como la relaci&#x00F3;n ocupada con el mundo puede realizarse, mas la identificaci&#x00F3;n del presente como la temporalidad propia de la ciencia no es sino el contexto existencial que rinde cuenta de tal modo de investigaci&#x00F3;n positivista, como de cualquier otro, en tanto ciencia, en esencia, es <italic>ocupaci&#x00F3;n</italic> investigativa <italic>del mundo</italic>.</p>
				</fn>
				
				<fn id="NOTE08"><label>8</label>
					<p>Se advierte, en este contexto, que las presentes consideraciones se han propuesto realizar una consideraci&#x00F3;n gen&#x00E9;tica del tiempo vulgar, para una reconducci&#x00F3;n del mismo a sus fundamentos existenciales de car&#x00E1;cter temporal. Para una exposici&#x00F3;n de una fenomenolog&#x00ED;a gen&#x00E9;tica heideggeriana del tiempo remitimos al trabajo de Joan Gonz&#x00E1;lez: <italic>Heidegger y los relojes</italic>. Dicho trabajo se constituye en un estudio exhaustivo de las consideraciones temporales heideggerianas, pero que, a su vez, se confronta cr&#x00ED;ticamente con las descripciones del tiempo descritas por Heidegger, incluyendo nuevos elementos para su consideraci&#x00F3;n, como es el caso de lo que el autor se&#x00F1;ala como “la vivencia originaria de la noche” (cf. Gonz&#x00E1;lez, <xref ref-type="bibr" rid="CIT14">2008</xref>, pp. 41-55).</p>
				</fn>
				
				<fn id="NOTE09"><label>9</label>
					<p>Asimismo, en el contexto del pensar tard&#x00ED;o de Heidegger, se hace necesario indagar en la confrontaci&#x00F3;n heideggeriana con la f&#x00ED;sica y su m&#x00E9;todo matem&#x00E1;tico en el horizonte de la “historia del ser” (<italic>Seinsgeschichte</italic>) (cf. Vagt, <xref ref-type="bibr" rid="CIT31">2012</xref>).</p>
				</fn>
				
				<fn id="NOTE10"><label>10</label>
					<p>Esta es la perspectiva que se abre justamente como investigaci&#x00F3;n incluso en el contexto de la pol&#x00E9;mica frase heideggeriana “la ciencia no piensa”, entendida como un llamado a que la ciencia misma finalmente se apropie de su objeto de estudio mediante una aclaraci&#x00F3;n de los conceptos en los que ella se funda (cf. Botavanja, <xref ref-type="bibr" rid="CIT05">2008</xref>).</p>
				</fn>
				
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