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				<journal-title>ARBOR Ciencia, Pensamiento y Cultura</journal-title>
				<abbrev-journal-title>Arbor</abbrev-journal-title>
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			<issn pub-type="epub">0210-1963</issn>
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				<publisher-name>Consejo Superior de Investigaciones Cient&#x00ED;ficas</publisher-name>
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			<article-id pub-id-type="publisher-id">arbor.2016.778n2001</article-id>
			<article-id pub-id-type="doi">10.3989/arbor.2016.778n2001</article-id>
			 
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				<subj-group subj-group-type="heading">
				<subject>¿HAY MUJERES M&#x00C1;S ALL&#x00C1; DEL FEMINISMO? / DO SOME WOMEN GO BEYOND FEMINISM?</subject>
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				<article-title>Las carreras profesionales de las primeras universitarias espa&#x00F1;olas (1910-1936)</article-title>
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					<trans-title>The careers of the first women university graduates in Spain (1910-1936)</trans-title>
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				<alt-title alt-title-type="running-head">Las carreras profesionales de las primeras universitarias espa&#x00F1;olas (1910-1936)</alt-title>
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					 <surname>Montero</surname>
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				<aff id="U1">Universidad de Navarra</aff>
				
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				<corresp id="cor1"><email xlink:href="mmontero@unav.es">mmontero@unav.es</email></corresp>
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				<day>30</day>
				<month>04</month>
				<year>2016</year>
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			<pub-date pub-type="collection">
			<year>2016</year>
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			<volume>192</volume>
			<issue>778</issue>
			
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					<license-p>Este es un artículo de acceso abierto distribuido bajo los términos de la licencia Creative Commons Attribution (CC BY) España 3.0.</license-p>
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				<title>RESUMEN</title>
				<p>El art&#x00ED;culo est&#x00E1; centrado en la presencia progresiva de la mujer espa&#x00F1;ola en el mundo profesional, como consecuencia del libre acceso a la Universidad (1910). Metodol&#x00F3;gicamente es un estudio historiogr&#x00E1;fico que compara las distintas tendencias en la literatura cient&#x00ED;fica generada sobre el tema. Los resultados apuntan a la existencia de dos momentos importantes. En el primero (a&#x00F1;os 20), las mujeres trabajaron en especialidades m&#x00E9;dicas (preferentemente ginecolog&#x00ED;a, pediatr&#x00ED;a u oftalmolog&#x00ED;a) y empezaron a ganar oposiciones tanto para el cuerpo oficial de Archivos y Bibliotecas como para los institutos de ense&#x00F1;anza media. En el segundo (a&#x00F1;os 30), las mujeres alcanzaron la investigaci&#x00F3;n cient&#x00ED;fica, y el ejercicio profesional del periodismo, el derecho y la pol&#x00ED;tica. La discusi&#x00F3;n cient&#x00ED;fica est&#x00E1; en c&#x00F3;mo se alcanzaron estas metas en el contexto social, pol&#x00ED;tico y cultural de aquellos a&#x00F1;os, concluyendo que se debi&#x00F3; al propio empuje de las mujeres, apoyadas por corrientes sociales ajenas al feminismo.</p>
			</abstract>
			
									
			<trans-abstract xml:lang="en">
				<title>ABSTRACT</title>
				<p>The article focuses on the increasing presence of Spanish women in the professional world as a result of free access to the University (1910). Methodologically, it is a historiographical study comparing the different trends in the scientific literature on the subject. The results explain the existence of two important moments in time. In the first (20s), women worked in medical specialties (preferably gynecology, pediatrics or ophthalmology) and began to hold posts in the public sector: in archives, libraries and high schools. In the second (30s), women managed to work in scientific research and the professional practice of journalism, law and politics. The scientific debate centers on how these goals were achieved in the social, political and cultural context of those years, concluding that it was a result of the women’s own efforts with support from social trends outside feminism.</p>
			</trans-abstract>
			

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				<title>PALABRAS CLAVE</title>
				<kwd>Mujeres</kwd>
				<kwd>universidad</kwd>
				<kwd>profesi&#x00F3;n</kwd>
				<kwd>Espa&#x00F1;a</kwd>
				<kwd>1910-1936</kwd>
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				<title>KEYWORDS</title>	
				<kwd>Women</kwd>	
				<kwd>University</kwd>
				<kwd>work</kwd>
				<kwd>Spain</kwd>
				<kwd>1910-1936</kwd>
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		<sec id="S0">
			<p>En 1910 se permiti&#x00F3; en Espa&#x00F1;a el acceso oficial de las mujeres a la Educaci&#x00F3;n Superior y, como consecuencia, estas estuvieron capacitadas para desarrollar con posterioridad carreras profesionales. Aquellas primeras universitarias vivieron una &#x00E9;poca convulsa, con el tel&#x00F3;n de fondo del eterno conflicto entre las <italic>dos Espa&#x00F1;as</italic>. Por un lado la liberal laicista, calificada de progresista, culta y abierta. Por otro, la tradicional, que suele presentarse configurada por los c&#x00E1;nones morales de la Iglesia, culpable siempre, al parecer, del retraso y la ignorancia de las mujeres.</p>

			<p>Desde 1910 hasta la Guerra Civil, ambas tendencias apoyaron los esfuerzos femeninos para la formaci&#x00F3;n intelectual y el desempe&#x00F1;o de una profesi&#x00F3;n. En el campo liberal fue la Instituci&#x00F3;n Libre de Ense&#x00F1;anza, a trav&#x00E9;s de los organismos de la Junta para Ampliaci&#x00F3;n de Estudios (JAE) quien se ocup&#x00F3; de esta tarea. En el &#x00E1;mbito cat&#x00F3;lico fue Pedro Poveda quien percibi&#x00F3; esta necesidad, que encauz&#x00F3; a trav&#x00E9;s de la fundaci&#x00F3;n de la Instituci&#x00F3;n Teresiana. Entre las mujeres que desarrollaron una carrera profesional encontramos un buen n&#x00FA;mero de ellas relacionadas con las instituciones de la Junta para Ampliaci&#x00F3;n de Estudios. Aunque Pedro Poveda apoy&#x00F3; igualmente los afanes profesionales de las mujeres, tanto &#x00E9;l como la Instituci&#x00F3;n Teresiana trabajaron en gran medida con el sector del magisterio, aunque no exclusivamente. Este hecho es la causa de que no aparezcan en el presente art&#x00ED;culo demasiadas mujeres profesionales vinculadas al &#x00E1;mbito cat&#x00F3;lico, aunque s&#x00ED; hubo muchas j&#x00F3;venes universitarias. E incluso la Residencia para chicas estudiantes, fundada por la Instituci&#x00F3;n Teresiana en 1914, es anterior a la Residencia de Se&#x00F1;oritas, emanada con el mismo fin, por parte de la JAE en 1915.</p>

			<p>No todas las mujeres profesionales que se formaron en el &#x00E1;mbito de las instituciones de la JAE fueron contrarias al sentido religioso cat&#x00F3;lico. Por el contrario, muchas de ellas se consideraron siempre creyentes y de modo especial algunas de las m&#x00E1;s visibles.</p>

			<p>Es necesario afirmar que fue el esfuerzo y la voluntad de las propias mujeres el motor principal de su presencia en la Universidad y en las profesiones. Las iniciativas que hemos mencionado solo apoyaron un impulso que ya exist&#x00ED;a. Es m&#x00E1;s: tanto en el &#x00E1;mbito institucional como en el cat&#x00F3;lico fueron multitud los que vieron con prevenci&#x00F3;n y prejuicios notables este lento avance femenino desde el espacio privado hacia la presencia p&#x00FA;blica. En el mundo cat&#x00F3;lico, la pretensi&#x00F3;n de Poveda de “educar se&#x00F1;oritas” no dejaba de verse como una excentricidad y acaso como un serio peligro, pues estaba muy extendida la idea de que la ciencia destru&#x00ED;a la piedad y alejaba a las mujeres de Dios. Por parte de la Residencia de Se&#x00F1;oritas, el principal organismo de apoyo a la mujer universitaria emanado de la JAE, hay que decir que cont&#x00F3; siempre con recursos materiales inferiores a la Residencia de varones y que, en buena medida, ocup&#x00F3; de costumbre un lugar secundario en el organismo general. Por ejemplo, Madame Curie se aloj&#x00F3; en la Residencia de Se&#x00F1;oritas durante su visita a Espa&#x00F1;a, pero &#x00FA;nicamente expuso su saber en la Residencia de Estudiantes.</p>

			<p>No existi&#x00F3; en Espa&#x00F1;a por aquellos a&#x00F1;os un movimiento feminista propiamente dicho; teniendo en cuenta adem&#x00E1;s que, en esos momentos, tal fen&#x00F3;meno se hallaba circunscrito a las corrientes sufragistas y de igualdad con el var&#x00F3;n en el acceso al trabajo. Faltaban todav&#x00ED;a muchos a&#x00F1;os para que Simone de Beauvoir escribiera <italic>El segundo sexo</italic>. Evidentemente hubo en Espa&#x00F1;a mujeres que se declararon desde muy temprano partidarias del voto femenino. Pero aquello no fue una corriente masiva, tal como lo entender&#x00ED;amos hoy. De hecho, el agrio debate que se produjo a ra&#x00ED;z de la aprobaci&#x00F3;n de este derecho, en plena Rep&#x00FA;blica y entre los grupos izquierdistas, es una muestra llamativa de lo que venimos diciendo.</p>

			<p>S&#x00ED; hubo un contado grupo de mujeres con carrera universitaria y carrera profesional que fundaron algunas asociaciones femeninas con el objetivo de relacionarse con otras similares de car&#x00E1;cter internacional. Estas mujeres fueron Elena Soriano (m&#x00E9;dico), Mar&#x00ED;a de Maeztu (directora de la Residencia de Se&#x00F1;oritas), Clara Campoamor y Victoria Kent (ambas abogadas). As&#x00ED;, en 1920 naci&#x00F3; en Madrid la Juventud Universitaria Femenina (JUF), que solo admit&#x00ED;a graduadas y que se adscribi&#x00F3; ese mismo a&#x00F1;os a la FIMU (Federaci&#x00F3;n Internacional de Mujeres Universitarias). En enero de 1921 se cre&#x00F3; otra asociaci&#x00F3;n, derivada de la JUF: la Federaci&#x00F3;n Espa&#x00F1;ola de Mujeres Universitarias, para chicas que a&#x00FA;n estaban estudiando. Ni una ni otra contaron con demasiadas socias, ya que eran pocas las universitarias en los a&#x00F1;os veinte y adem&#x00E1;s no ten&#x00ED;an especial inter&#x00E9;s en relacionarse con estudiantes de otras naciones. Tampoco la secci&#x00F3;n espa&#x00F1;ola tuvo peso espec&#x00ED;fico en la FIMU: en 1928 hab&#x00ED;a 68 afiliadas de nuestro pa&#x00ED;s sobre un total de 48.568.</p>

			<p>En el &#x00E1;mbito nacional estas asociaciones llevaron a cabo acciones interesantes pero sin excesiva continuidad y cuya incidencia real apenas se conoce: campa&#x00F1;as orientadas a la mejora de las condiciones higi&#x00E9;nico-sanitarias de mujeres y ni&#x00F1;os y al conocimiento de sus derechos jur&#x00ED;dicos, conferencias en la Universidad y el Ateneo, concesi&#x00F3;n de becas a muchachas para el pago de las matr&#x00ED;culas universitarias, oficina de trabajo para ayudar a las licenciadas a ejercer sus carreras y tambi&#x00E9;n oficina de empleo para mujeres de las clases populares (Maillard, <xref ref-type="bibr" rid="CIT23">1990</xref>, pp. 11-31). No parece que el asociacionismo femenino en este &#x00E1;mbito concreto resultara una ayuda decisiva para la conquista del espacio p&#x00FA;blico.</p>

			<p>El presente art&#x00ED;culo est&#x00E1; centrado en el estudio de las carreras profesionales m&#x00E1;s notables que desarrollaron las mujeres en Espa&#x00F1;a a partir de su formaci&#x00F3;n universitaria. Metodol&#x00F3;gicamente es un trabajo de historiograf&#x00ED;a donde se estudia, se compara y se obtienen conclusiones a partir de la literatura publicada sobre el tema.</p>
		</sec>


		<sec id="S1">
			<title>1. A&#x00D1;OS VEINTE: LENTO CRECIMIENTO EN LAS AULAS, PRESENCIA TESTIMONIAL EN LAS PROFESIONES</title>

			<p>Hasta comienzos de los a&#x00F1;os veinte no hubo en Espa&#x00F1;a cifras oficiales sobre el n&#x00FA;mero de mujeres matriculadas en la Universidad. En el curso acad&#x00E9;mico 1919-1920 eran 345 alumnas. Diez a&#x00F1;os despu&#x00E9;s el n&#x00FA;mero ya ascend&#x00ED;a a 1.744.</p>
			
			<p>La <xref ref-type="table" rid="T1">tabla I</xref> ofrece datos de los cursos 1919-20 y 1927-28.</p>

			
					<fig id="T1">
						<label>Tabla I</label>
						<caption>
							<title>Evoluci&#x00F3;n del n&#x00FA;mero total de matr&#x00ED;culas femeninas por Universidades (1919-1928)</title>
						</caption>
						<graphic xmlns:xlink="http://www.w3.org/1999/xlink" xlink:href="../images/T1.jpg"/>
					</fig>

			
			<p>Sin embargo, a pesar del evidente avance, comparando la presencia femenina en la Universidad con la de los hombres, resulta evidente el largo camino que todav&#x00ED;a le quedaba por recorrer a la mujer. Lo podemos ver gr&#x00E1;ficamente en la <xref ref-type="table" rid="T2">tabla II</xref>.</p>
			
			
					<fig id="T2">
						<label>Tabla II</label>
						<caption>
							<title>Varones y mujeres en la Universidad espa&#x00F1;ola (1919-1930)</title>
						</caption>
						<graphic xmlns:xlink="http://www.w3.org/1999/xlink" xlink:href="../images/T2.jpg"/>
					</fig>
						


			<p>La presencia femenina en las distintas Facultades no estaba muy equilibrada. La mujer espa&#x00F1;ola opt&#x00F3; en aquellos primeros a&#x00F1;os por dos carreras fundamentales: Filosof&#x00ED;a y Letras, y Farmacia. La primera fue la m&#x00E1;s solicitada durante alg&#x00FA;n tiempo porque permit&#x00ED;a despu&#x00E9;s desarrollar un trabajo profesional, como era la preparaci&#x00F3;n de oposiciones al cuerpo de Archiveros, Bibliotecarios y Arque&#x00F3;logos y a c&#x00E1;tedras de Instituto. Pero a partir de 1923-1924, Farmacia mantuvo ya siempre el primer lugar.</p>

			<p>En la <xref ref-type="table" rid="T3">tabla III</xref> podemos apreciar la distribuci&#x00F3;n de las alumnas seg&#x00FA;n facultades.</p>
			
			
					<fig id="T3">
						<label>Tabla III</label>
						<caption>
							<title>Nº de mujeres en las distintas carreras universitarias (1919-1920/1929-1930)</title>
						</caption>
						<graphic xmlns:xlink="http://www.w3.org/1999/xlink" xlink:href="../images/T3.jpg"/>
					</fig>
						


		<sec id="S1.1">
			<title>1.1. Mujeres intelectuales; humanistas; pedagogas y escritoras</title>

			<p>Puesto que los estudios de Filosof&#x00ED;a y Letras fueron los preferidos hasta mediados de los a&#x00F1;os veinte, es razonable que algunas de las carreras profesionales m&#x00E1;s interesantes del mundo femenino fueran desarrolladas por mujeres que realizaron dichos estudios. Tres personalidades destacaron sobre las dem&#x00E1;s: Mar&#x00ED;a de Maeztu Whitney, Mar&#x00ED;a Vicenta Amalia Goyri y Mar&#x00ED;a Zambrano.</p>

			<p>La primera fue directora de la Residencia de Se&#x00F1;oritas (1915-1936), creada por la Junta para Ampliaci&#x00F3;n de Estudios (JAE) con el objetivo de proporcionar un entorno adecuado a las muchachas que quer&#x00ED;an estudiar una carrera universitaria en Madrid. Mar&#x00ED;a de Maeztu (1881-1948) se nos presenta como “la s&#x00FA;per mujer del primer tercio del siglo”, seg&#x00FA;n la denomin&#x00F3; Mangini. Estudi&#x00F3; Magisterio y Filosof&#x00ED;a y Letras, (con Premio Extraordinario) e incluso comenz&#x00F3; Derecho. Pero renunci&#x00F3; a esta carrera porque nunca iban a dejarla ejercer. En declaraciones a Josefina Carabias en <italic>Estampa</italic> el 24 de junio de 1933, dec&#x00ED;a:… “la noticia de que yo pensaba vestir la toga se extendi&#x00F3; por Bilbao, y el Colegio de Abogados, reunido para examinar tan grave cuesti&#x00F3;n, acord&#x00F3; cerrarme sus puertas, caso de que yo terminase la carrera, e instar a los otros colegios de Espa&#x00F1;a para que hicieran lo mismo. En vista de esto y de otras cosas, desist&#x00ED; de vestir la toga”. Recibi&#x00F3; pensiones de la JAE para estudios de pedagog&#x00ED;a y filosof&#x00ED;a en 1910 y 1912. En 1919 ya dict&#x00F3; cursos en la Universidad de Columbia (Nueva York) y en Smith College, donde recibi&#x00F3; el nombramiento de Doctora Honoris Causa. En los a&#x00F1;os veinte, sucesivos viajes la llevaron a las Universidades de Chicago, San Francisco y Berkeley, as&#x00ED; como a diversos Colleges femeninos americanos. Viaj&#x00F3; y pronunci&#x00F3; conferencias en Cuba, Argentina, M&#x00E9;xico y Londres. Fue delegada espa&#x00F1;ola en importantes congresos internacionales, bien de mujeres universitarias, bien de educaci&#x00F3;n. En fin, pocos hombres pod&#x00ED;an presentar en aquellos tiempos el curr&#x00ED;culo profesional de Mar&#x00ED;a de Maeztu. Particip&#x00F3; tambi&#x00E9;n en pol&#x00ED;tica durante la Dictadura del general Primo de Rivera, pues acept&#x00F3; ser miembro de la Asamblea Nacional desde su constituci&#x00F3;n en 1927. Pero el verdadero tema de su vida no fue la pol&#x00ED;tica sino la educaci&#x00F3;n y la emancipaci&#x00F3;n de la mujer. Era de car&#x00E1;cter apasionado, entusiasta y tambi&#x00E9;n irritable. En 1932 naci&#x00F3; la secci&#x00F3;n de Pedagog&#x00ED;a de la Facultad de Filosof&#x00ED;a y Letras, de la que fue nombrada auxiliar temporal de Pedagog&#x00ED;a. Poco antes de estallar la guerra civil, el 27 de junio de 1936 se le adjudic&#x00F3; la c&#x00E1;tedra de Pedagog&#x00ED;a porque el titular, Luis de Zulueta, hab&#x00ED;a sido nombrado embajador ante la Santa Sede (P&#x00E9;rez-Villanueva Tovar, <xref ref-type="bibr" rid="CIT29">1989</xref>, pp. 20-27, 74-89; Jim&#x00E9;nez-Landi, <xref ref-type="bibr" rid="CIT17">1996</xref>, pp. 485-486; L&#x00F3;pez S&#x00E1;nchez, <xref ref-type="bibr" rid="CIT21">2006</xref>, p. 144; V&#x00E1;zquez Ramil, <xref ref-type="bibr" rid="CIT36">2001</xref>, pp. 148-151; Mangini, <xref ref-type="bibr" rid="CIT24">2001</xref>, pp. 80-81).</p>

			<p>Cap&#x00ED;tulo especial merece tambi&#x00E9;n Mar&#x00ED;a Vicenta Amalia Goyri (1873-1955). En 1891-92 fue admitida como alumna libre oyente de la Facultad de Filosof&#x00ED;a y Letras de la Universidad Central. Iba con su amiga Carmen Gallardo y el padre de esta. Al casarse la primera, Goyri decidi&#x00F3; seguir en la Universidad y adem&#x00E1;s de modo oficial, cosa que consigui&#x00F3; despu&#x00E9;s de muchas deliberaciones de las autoridades universitarias, pues se tem&#x00ED;a que pudiera perturbar el orden de las clases. Se estableci&#x00F3; un protocolo: “En las aulas estar&#x00E1; separada de sus compa&#x00F1;eros y tampoco podr&#x00E1; hablar con ellos en los pasillos. Entre clase y clase debe permanecer en la antesala de los profesores. Cuando el bedel anunciara el comienzo de las clases habr&#x00ED;a de ser acompa&#x00F1;ada por un catedr&#x00E1;tico para ocupar en el aula la mesita supletoria a ella destinada” (Mangini, <xref ref-type="bibr" rid="CIT24">2001</xref>, pp. 52-54). En 1898 empez&#x00F3; a escribir en <italic>Revista Popular,</italic> donde tuvo una tribuna propia titulada “Cr&#x00F3;nicas femeninas”. En la primera entrega, hablando del trabajo fuera del hogar, dec&#x00ED;a que lo primero era fomentar la conciencia clara de que no era rebajarse el hecho de prestar un trabajo retribuido. El trabajo siempre dignificaba y hab&#x00ED;a que colocarse en condiciones de no ser una carga. Adem&#x00E1;s, la mujer deb&#x00ED;a participar en la sociedad en igualdad de condiciones porque su aportaci&#x00F3;n resultaba valiosa (Flecha y Torres, <xref ref-type="bibr" rid="CIT13">1998</xref>, pp. 147-150). En 1900 contrajo matrimonio con Ram&#x00F3;n Men&#x00E9;ndez Pidal. Colabor&#x00F3; intensamente en los estudios filol&#x00F3;gicos de su marido. El suyo fue un caso de entrega excepcional, hasta el punto de que nunca sabr&#x00E1; nadie d&#x00F3;nde lleg&#x00F3; la labor de uno y empez&#x00F3; la de la otra. Se les llam&#x00F3; el matrimonio Curie de las letras espa&#x00F1;olas. Ella personalmente edit&#x00F3; varios libros en solitario pero nunca apareci&#x00F3; su firma en los trabajos realizados junto a su marido (Mangini, <xref ref-type="bibr" rid="CIT24">2001</xref>, pp. 52-54).</p>

			<p>Era creyente, pero se recelaba de ella porque no era convencional ni en su vida, ni en su matrimonio. Hasta sus suegros hubieran querido que su hijo se casase con una chica menos moderna. La familia de su marido era muy conservadora y no les gustaba Mar&#x00ED;a. El hecho de haber ido a la Universidad con hombres era de un atrevimiento rayano en el esc&#x00E1;ndalo. Adem&#x00E1;s le acusaban de haber influido negativamente en la religiosidad de su hijo. Pero como ya hemos dicho, Goyri era creyente: iba a Misa a las seis de la ma&#x00F1;ana y nadie en la casa lo advert&#x00ED;a. Era absolutamente reservada en sus asuntos espirituales (Rodrigo, <xref ref-type="bibr" rid="CIT32">1979</xref>, pp. 32-53).</p>

			<p>Mar&#x00ED;a Zambrano fue otra universitaria y profesional notable, ligada (como las dos anteriores) a la Instituci&#x00F3;n Libre de Ense&#x00F1;anza. Se licenci&#x00F3; en Filosof&#x00ED;a y comenz&#x00F3; la tesis doctoral con Ortega y Gasset, aunque nunca lleg&#x00F3; a terminarla. Trabaj&#x00F3; en el Instituto-Escuela (Ribagorda, <xref ref-type="bibr" rid="CIT31">2005</xref>, p. 60). Su c&#x00ED;rculo social fue ampl&#x00ED;simo. Trat&#x00F3; a la generaci&#x00F3;n del 98 por influencia de su padre, Blas Zambrano, amigo &#x00ED;ntimo de Antonio Machado. En la Universidad estableci&#x00F3; relaciones con varios de sus profesores, entre ellos Manuel Aza&#x00F1;a, Juli&#x00E1;n Besteiro, Garc&#x00ED;a Morente, Zubiri y Ortega y Gasset. Conoci&#x00F3; y trat&#x00F3; igualmente a Le&#x00F3;n Felipe, Garc&#x00ED;a Lorca, Rosa Chacel, Jim&#x00E9;nez de As&#x00FA;a, Jos&#x00E9; Giral, Indalecio Prieto o Valle-Incl&#x00E1;n. Fueron sus compa&#x00F1;eros de estudios Aurora Ria&#x00F1;o, Domingo D&#x00ED;az Hambrona y Francisco Giral. Ella se convirti&#x00F3; en el puente entre las dos generaciones que se manifiestan en estos nombres. El 23 de junio de 1928 comenz&#x00F3; una tertulia con gentes de ambos grupos en un establecimiento de Madrid llamado “La Bombilla”. A principios de los a&#x00F1;os 30 su casa se convirti&#x00F3; en lugar de reuni&#x00F3;n de los ya citados con otros como Cela, Neruda, Miguel Hern&#x00E1;ndez, Bergam&#x00ED;n, Rosales, Maravall, o la pintora Maruja Mallo (Franco, <xref ref-type="bibr" rid="CIT14">2007</xref>, pp. 66-71). A pesar de ser quiz&#x00E1; la m&#x00E1;s destacada entre los disc&#x00ED;pulos de Ortega, este nunca la invit&#x00F3; a la tertulia m&#x00E1;s famosa del momento, la que se celebraba en la redacci&#x00F3;n de la <italic>Revista de Occidente</italic> (Marset, <xref ref-type="bibr" rid="CIT25">2004</xref>, p. 348).</p>

			<p>Mar&#x00ED;a Moliner es otra mujer que trabaj&#x00F3; en los a&#x00F1;os veinte. Se licenci&#x00F3; en la rama de Historia en 1921, en la Universidad de Zaragoza. En 1922, gan&#x00F3; la oposici&#x00F3;n para el cuerpo de Archiveros, Bibliotecarios y Arque&#x00F3;logos, desarrollando su labor en el Archivo de Simancas primero y en el de Murcia m&#x00E1;s tarde. Su inmensa labor en lexicograf&#x00ED;a quedar&#x00ED;a manifiesta a&#x00F1;os despu&#x00E9;s en el <italic>Diccionario de usos del espa&#x00F1;ol</italic>.</p>

			<p>Mar&#x00ED;a S&#x00E1;nchez Arb&#x00F3;s fue otra Licenciada en Filosof&#x00ED;a y Letras, pedagoga de renombre, esposa del institucionista Manuel Onta&#x00F1;&#x00F3;n.</p>

			<p>Encarnaci&#x00F3;n Aragoneses, m&#x00E1;s conocida como Elena Fort&#x00FA;n, se licenci&#x00F3; en Filosof&#x00ED;a y Letras en la Universidad de Madrid y se dedic&#x00F3; a la literatura, siendo la famosa autora de los libros de<italic> Celia</italic>.</p>

			<p>Figura de relieve fue tambi&#x00E9;n Benita Asas Manterola, que comenz&#x00F3; Filosof&#x00ED;a y Letras a los 37 a&#x00F1;os. Antes hab&#x00ED;a cursado Magisterio. Nacida en 1873, su vida estuvo dedicada a promover la mejora de la condici&#x00F3;n social, pol&#x00ED;tica, jur&#x00ED;dica y econ&#x00F3;mica de la mujer. Milit&#x00F3; activamente como sufragista. Era cat&#x00F3;lica. Entre 1924 y 1932 presidi&#x00F3; la Asociaci&#x00F3;n Nacional de Mujeres Espa&#x00F1;olas (ANME), que buscaba la uni&#x00F3;n de las mujeres en un espacio com&#x00FA;n, un frente que las defendiera de la discriminaci&#x00F3;n a la que estaban sometidas. El franquismo la depur&#x00F3; del cuerpo de maestras (Mart&#x00ED;nez <italic>et al</italic>., <xref ref-type="bibr" rid="CIT26">2000</xref>, pp. 408-412).</p>

			<p>Otras, menos conocidas, procedentes tambi&#x00E9;n de los estudios de Humanidades, lograron realizar cierta carrera profesional. Entre ellas podemos citar a Luisa Cuesta Guti&#x00E9;rrez, que entre 1918 y 1921 fue auxiliar interino y luego profesor ayudante de la Facultad de Filosof&#x00ED;a y Letras de Valladolid, y entre 1924 y 1927 auxiliar de la Facultad del mismo nombre en la Universidad de Santiago de Compostela. Otra licenciada en Filosof&#x00ED;a y Letras que alcanz&#x00F3; metas profesionales fue Mar&#x00ED;a Luisa Garc&#x00ED;a Dorado, que en 1923 ingres&#x00F3; en el escalaf&#x00F3;n de Catedr&#x00E1;ticos de Instituto, siendo una de las primeras mujeres en conseguirlo; o Aurea Javierre, doctora con Premio Extraordinario, una competente archivera e investigadora que gan&#x00F3; en 1930 el premio de Historia de la Sociedad Econ&#x00F3;mica Barcelonesa de Amigos del Pa&#x00ED;s (Ezquerra, <xref ref-type="bibr" rid="CIT07">1926</xref>, pp. 492-494; Capel Mart&#x00ED;nez, <xref ref-type="bibr" rid="CIT04">1982</xref>, p. 473; Laffitte, <xref ref-type="bibr" rid="CIT18">1964</xref>, p. 324 y p. 329; Varela, <xref ref-type="bibr" rid="CIT35">1989</xref>, pp. 185-186; Mart&#x00ED;nez <italic>et al</italic>., <xref ref-type="bibr" rid="CIT26">2000</xref>, pp. 505-507, pp. 565-568 y pp. 598-599; P&#x00E9;rez-Villanueva Tovar, <xref ref-type="bibr" rid="CIT30">1990</xref>, p. 322; Jim&#x00E9;nez-Landi, <xref ref-type="bibr" rid="CIT17">1996</xref>, pp. 496-498; Rodrigo, <xref ref-type="bibr" rid="CIT32">1979</xref>, pp. 32-53).</p>
		</sec>


		<sec id="S1.2">
			<title>1.2. De las recetas de cocina a la investigaci&#x00F3;n cient&#x00ED;fica</title>

			<p>A mediados de los a&#x00F1;os veinte los estudios de Farmacia superaban ya ampliamente a los de Filosof&#x00ED;a como primera elecci&#x00F3;n entre las mujeres. En el total de las Universidades espa&#x00F1;olas, en el curso acad&#x00E9;mico 1922-1923, estaban matriculadas 207 chicas estudiantes de Farmacia. En el curso acad&#x00E9;mico 1927-1928 eran ya 596, el 17,6% del total y el 34,7% de la matr&#x00ED;cula femenina.</p>

			<p>Los estudios de Farmacia se consideraban muy apropiados para la mujer, porque regentar una oficina de composici&#x00F3;n y dispensa de medicamentos era visto como una extensi&#x00F3;n de sus tareas dom&#x00E9;sticas habituales. Citando a un autor de la &#x00E9;poca, dice V&#x00E1;zquez Ramil que la Farmacia se consideraba como una forma superior de la cocina, en la que solo era necesario seguir al pie de la letra la “receta”, tener paciencia y permanecer en quieta y sosegada reflexi&#x00F3;n. Nos puede servir de ejemplo de esta mentalidad la trayectoria profesional de Isabel Torres, Licenciada en Farmacia, que fue la &#x00FA;nica mujer que trabaj&#x00F3; en la Casa de Salud de Valdecilla (Santander) ya a finales de la d&#x00E9;cada, en 1929. Su perfil biogr&#x00E1;fico muestras las caracter&#x00ED;sticas sociales e intelectuales del personal de la Casa de Salud: la plasmaci&#x00F3;n del programa de la ILE y la JAE de regeneraci&#x00F3;n del pa&#x00ED;s mediante elites. Isabel Torres se incorpor&#x00F3; como alumna interna en el servicio de Qu&#x00ED;mica del flamante hospital, pero su sexo condicion&#x00F3; tanto su adscripci&#x00F3;n laboral como el tipo de investigaci&#x00F3;n que tuvo que realizar. En cuanto a lo primero, fue contratada bajo diversas figuras curiosas: m&#x00E9;dico externo de guardia, farmac&#x00E9;utica sin salario o personal de Qu&#x00ED;mica, pero nunca como interno. Era m&#x00E1;s f&#x00E1;cil sostener una adscripci&#x00F3;n laboral extra&#x00F1;a, que, siendo mujer, asumir ese t&#x00ED;tulo. En cuanto a lo segundo, el sexo condicion&#x00F3; igualmente la investigaci&#x00F3;n: la comida era asunto de se&#x00F1;oras. Ella no tuvo inter&#x00E9;s intelectual en la valoraci&#x00F3;n nutricional de los alimentos hospitalarios, pero aquello constitu&#x00ED;a un querer esencial de la cl&#x00ED;nica. De hecho, se utiliz&#x00F3; decididamente en la creaci&#x00F3;n de su peculiar imagen. La Casa de Salud de Valdecilla supuso una experiencia piloto de moderno hospital en Espa&#x00F1;a. Quer&#x00ED;a alimentar a sus pacientes seg&#x00FA;n m&#x00E9;todos cient&#x00ED;ficos, siguiendo una l&#x00ED;nea ya comenzada en Estados Unidos y Canad&#x00E1; (Ezquerra, <xref ref-type="bibr" rid="CIT07">1926</xref>, p. 492; Capel Mart&#x00ED;nez, <xref ref-type="bibr" rid="CIT04">1982</xref>, p. 473; V&#x00E1;zquez Ramil, <xref ref-type="bibr" rid="CIT36">2001</xref>, p. 121; Segura Grai&#x00F1;o, <xref ref-type="bibr" rid="CIT34">1997</xref>, pp. 44-51).</p>

			<p>Otras licenciadas en Farmacia con cierta proyecci&#x00F3;n investigadora fueron Mar&#x00ED;a Josefa Barba Gose, Rosa Herrera, Carmen Pradel y Trinidad Salinas. La primera gan&#x00F3; una pensi&#x00F3;n de la JAE en 1928 para estudiar Farmacolog&#x00ED;a y valoraciones farmacol&#x00F3;gicas en Inglaterra. Rosa Herrera fue directora del Laboratorio Foster, de la Residencia de Se&#x00F1;oritas, entre 1923 y 1925. En 1929 obtuvo una beca de la JAE para ampliar estudios de Qu&#x00ED;mica en Inglaterra, Francia y Suiza. Adem&#x00E1;s de Licenciada en Farmacia lo era tambi&#x00E9;n en Ciencias Naturales. Carmen Pradel trabajaba ya en 1921 en la Secci&#x00F3;n de F&#x00ED;sico-Qu&#x00ED;mica del Laboratorio de Investigaciones Cient&#x00ED;ficas (Instituto Nacional de Ciencias), dedicada a la revisi&#x00F3;n de pesos at&#x00F3;micos. Trinidad Salinas realiz&#x00F3; su doctorado en Farmacia a partir de 1928, investigando sobre el fl&#x00FA;or en plantas y animales, en el Laboratorio de An&#x00E1;lisis Qu&#x00ED;micos de la Facultad de Farmacia (Magall&#x00F3;n Portol&#x00E9;s, <xref ref-type="bibr" rid="CIT22">1999</xref>, pp. 121-213, p. 215, p. 217, p. 295, p. 308, pp. 324-325, p. 337).</p>

			<p>Tambi&#x00E9;n se dedicaron a la investigaci&#x00F3;n cient&#x00ED;fica mujeres procedentes de la carrera de Ciencias. Se conoce la identidad y contribuciones de 17 mujeres que estuvieron presentes en los laboratorios del Instituto Nacional de Ciencias durante la d&#x00E9;cada de los veinte. As&#x00ED;, en el Laboratorio de Investigaciones F&#x00ED;sicas, en el &#x00E1;rea de Rayos X y estructura de cristales nos encontramos con Felisa Mart&#x00ED;n Bravo y Pilar &#x00C1;lvarez-Uder; en Electroqu&#x00ED;mica y Electro-an&#x00E1;lisis con Teresa Salazar, Francisca Lorente y Carmen Garc&#x00ED;a Amo. En el Laboratorio de An&#x00E1;lisis Qu&#x00ED;mico de la Facultad de Farmacia investigaron Carmen Miguel, Ascensi&#x00F3;n Vidal, Mar&#x00ED;a Luz Navarro, Mercedes Loperena, y Carmen y Mar&#x00ED;a de los Desamparados Brugger. Y por &#x00FA;ltimo, en el Laboratorio de Qu&#x00ED;mica Org&#x00E1;nica y Biolog&#x00ED;a desarrollaron sus trabajos Concepci&#x00F3;n Espeso, Carmen G&#x00F3;mez Escolar y Natividad G&#x00F3;mez.</p>

			<p>Destaca entre todas Felisa Mart&#x00ED;n Bravo, primera doctora espa&#x00F1;ola en Ciencias F&#x00ED;sicas en 1926, que seguir&#x00ED;a desarrollando en los a&#x00F1;os 30 una s&#x00F3;lida carrera profesional, con becas en el extranjero y docencia en la Universidad Central. La misma trayectoria (estancias en otros pa&#x00ED;ses, profesor auxiliar en la Universidad) sigui&#x00F3; Teresa Salazar. Carmen G&#x00F3;mez Escolar continu&#x00F3; igualmente con sus investigaciones hasta 1936.</p>

			<p>Jenara Vicenta Arnal, hija de jornalero y de ama de casa, es otro buen ejemplo de la val&#x00ED;a profesional de estas mujeres universitarias de los a&#x00F1;os veinte. En 1921 logr&#x00F3; el t&#x00ED;tulo de maestra de primera ense&#x00F1;anza. En 1923 el de bachillerato. En 1926 era licenciada en Qu&#x00ED;mica por la Universidad de Zaragoza. Accedi&#x00F3; tempranamente a la docencia superior, pues en 1927-28 la encontramos en esa misma Universidad como ayudante de pr&#x00E1;cticas, y el curso siguiente como ayudante temporal de Electroqu&#x00ED;mica. Este trabajo lo compagin&#x00F3; con la preparaci&#x00F3;n de oposiciones a c&#x00E1;tedra de instituto, ganadas en 1928, y con la realizaci&#x00F3;n de su tesis doctoral, defendida en 1929, por la que obtuvo adem&#x00E1;s premio extraordinario.</p>

			<p>La primera licenciada y doctora en Matem&#x00E1;ticas fue Carmen Mart&#x00ED;n Sancho. En 1924 consigui&#x00F3; la licenciatura y en 1927 el doctorado, con premio extraordinario. Hizo oposiciones a c&#x00E1;tedra de instituto y ejerci&#x00F3; primero en El Ferrol (1928) y despu&#x00E9;s en el Infanta Beatriz de Madrid (1929). En 1931 recibir&#x00ED;a una pensi&#x00F3;n de la JAE para realizar estudios de geometr&#x00ED;a multidimensional en Berl&#x00ED;n.</p>

			<p>Mar&#x00ED;a Dolores Ferrer Sensat, licenciada en Ciencias por la Universidad de Barcelona, tambi&#x00E9;n fue en 1929 profesora auxiliar de esa Facultad.</p>

			<p>Margarida Comas i Camps se licenci&#x00F3; en Ciencias en 1925, tambi&#x00E9;n en la Universidad de Barcelona. Era de origen mallorqu&#x00ED;n, y su padre estuvo ligado a la ILE. En 1911 consigui&#x00F3; su t&#x00ED;tulo de maestra de primera ense&#x00F1;anza y en 1912-15 estudi&#x00F3; en la Escuela Superior de Estudios del Magisterio, en Madrid. En 1920, gracias una pensi&#x00F3;n de la JAE, ampli&#x00F3; estudios en Inglaterra, en el Belford College for Women de la Universidad de Londres. En 1926, despu&#x00E9;s de su licenciatura consigui&#x00F3; otra beca de la JAE para estudiar en la Sorbona, de cara a realizar su tesis doctoral. En los a&#x00F1;os 30 se introdujo en temas de pedagog&#x00ED;a sexual. Fue admiradora y seguidora de los principios de la ‘Escuela Nueva’ inglesa y colaboradora de <italic>Revista de Educaci&#x00F3;n</italic>. Tras la guerra se exili&#x00F3; en Inglaterra.</p>

			<p>Por &#x00FA;ltimo, cabe destacar el caso de Dorotea Barn&#x00E9;s, una de las cuatro hijas del que ser&#x00ED;a ministro de Educaci&#x00F3;n de la Segunda Rep&#x00FA;blica, Domingo Barn&#x00E9;s. Todas fueron universitarias. Dorotea estudi&#x00F3; su carrera durante los a&#x00F1;os veinte. En 1928 fue admitida como miembro de la Real Academia de Espa&#x00F1;ola de F&#x00ED;sica y Qu&#x00ED;mica. En 1929 pas&#x00F3; un a&#x00F1;o en el Smith College, con una beca de intercambio, completada por una pensi&#x00F3;n de la JAE. Al a&#x00F1;o siguiente consigui&#x00F3; la beca “Marion Le Roy Burton” para trabajar en el Departamento de Qu&#x00ED;mica de la Universidad de Yale. La distinci&#x00F3;n era ya en s&#x00ED; algo de bastante envergadura, pero mucho m&#x00E1;s trat&#x00E1;ndose de una mujer (Ezquerra, <xref ref-type="bibr" rid="CIT07">1926</xref>, p. 492; Magall&#x00F3;n Portol&#x00E9;s, <xref ref-type="bibr" rid="CIT22">1999</xref>, p. 129, p. 134, p. 137, pp. 213-217, p. 219, pp. 223-235, pp. 278-290, p. 297, p. 307, p. 329, p. 337; Capel Mart&#x00ED;nez, <xref ref-type="bibr" rid="CIT04">1982</xref>, p. 473).</p>
		</sec>


		<sec id="S1.3">
			<title>1.3. Pediatras, oftalm&#x00F3;logas y m&#x00E9;dicas en la marina mercante</title>

			<p>Muy por detr&#x00E1;s en las preferencias femeninas quedaba Medicina. En 1922-1923 estudiaban esta carrera en Espa&#x00F1;a un total de 106 chicas. Precisamente hab&#x00ED;a sido Medicina la carrera cursada en el siglo XIX por las pioneras espa&#x00F1;olas. La primera universitaria (Mar&#x00ED;a Dolores Maseras) realiz&#x00F3; estos estudios, y la primera doctora (Martina Castells) lo fue tambi&#x00E9;n en esa ciencia. Sin embargo, con el paso de los a&#x00F1;os, el n&#x00FA;mero de mujeres interesadas en la Medicina fue decayendo. El motivo de este relativo abandono pudo estar en el estrecho margen profesional que le quedaba a la mujer m&#x00E9;dico: casi &#x00FA;nicamente Ginecolog&#x00ED;a, Obstetricia, Pediatr&#x00ED;a y Oftalmolog&#x00ED;a. Otras especialidades como la Cirug&#x00ED;a no parec&#x00ED;an aptas para la sensibilidad femenina.</p>

			<p>Hubo en Espa&#x00F1;a, a pesar de todo, algunas mujeres m&#x00E9;dicas de relieve en los a&#x00F1;os veinte. Nos encontramos, en primer lugar, con Concepci&#x00F3;n Aleixandre Ballester, doctora del Hospital de la Princesa en Madrid y activa profesional desde principios de siglo. Fue miembro de la Asociaci&#x00F3;n Espa&#x00F1;ola para el Progreso de las Ciencias en 1912 y ponente en 1913 de un trabajo sobre “La lactancia materna y la tuberculosis” en el segundo congreso internacional sobre este tema, celebrado en nuestro pa&#x00ED;s. Trinidad Arroyo logr&#x00F3; ser m&#x00E9;dico del cuerpo facultativo del Consultorio de Ni&#x00F1;os de Pecho, en oftalmolog&#x00ED;a. Cecilia Garc&#x00ED;a de la Cosa fue una de las primeras m&#x00E9;dicos por oposici&#x00F3;n de la Marina Mercante Espa&#x00F1;ola. Ya antes, entre 1923 y 1926 hab&#x00ED;a sido nombrada alumna interna numeraria de la Facultad de Medicina de la Universidad de Sevilla.</p>

			<p>La otra mujer m&#x00E9;dico que gan&#x00F3; la misma oposici&#x00F3;n de la Marina Mercante, en 1928, fue Elena Soriano Fisher. Maestra y oftalm&#x00F3;loga, Soriano fue hu&#x00E9;rfana de madre desde la infancia y la educ&#x00F3; su padre, el ginec&#x00F3;logo Soriano Surroca. Con &#x00E9;l acud&#x00ED;a a las visitas m&#x00E9;dicas y a los congresos. Fue la tercera mujer que estudi&#x00F3; Medicina en la Universidad de Madrid y adem&#x00E1;s realiz&#x00F3; el doctorado. Se especializ&#x00F3; en oftalmolog&#x00ED;a que era entonces una rama muy feminizada. Ejerci&#x00F3; desde 1923 en el Instituto de Oftalmolog&#x00ED;a de la Beneficencia. Fue adem&#x00E1;s la primera mujer profesor cl&#x00ED;nico del Hospital de San Carlos en Madrid. Estuvo vinculada a organizaciones higi&#x00E9;nicas y sociales, public&#x00F3; numerosos art&#x00ED;culos y denunci&#x00F3; la situaci&#x00F3;n discriminatoria que sufr&#x00ED;an las mujeres m&#x00E9;dicos. Elena Soriano tuvo un papel muy activo en el movimiento universitario femenino internacional y en la vida p&#x00FA;blica espa&#x00F1;ola durante los a&#x00F1;os veinte. En este sentido, organiz&#x00F3; en Espa&#x00F1;a el XII Congreso de la International of Women University (13-25 de septiembre de 1928) Particip&#x00F3; igualmente en pol&#x00ED;tica, formando parte del Partido Radical en un momento incierto de su vida, adem&#x00E1;s de haber pertenecido antes a la Uni&#x00F3;n Patri&#x00F3;tica del general Primo de Rivera. Fue tambi&#x00E9;n sufragista convencida, miembro de la Asociaci&#x00F3;n Nacional de Mujeres Espa&#x00F1;olas (ANME) e impulsora y secretaria de la Asociaci&#x00F3;n de M&#x00E9;dicas Espa&#x00F1;olas, fundada en Madrid en 1928 con quince mujeres.</p>

			<p>Podemos citar tambi&#x00E9;n a la doctora barcelonesa Mar&#x00ED;a Luisa Quadras Bordes, primera radi&#x00F3;loga espa&#x00F1;ola, una especialidad que se sale de las habituales entre las mujeres (Ezquerra, <xref ref-type="bibr" rid="CIT07">1926</xref>, pp. 492-493; Capel Mart&#x00ED;nez, <xref ref-type="bibr" rid="CIT04">1982</xref>, pp. 469-480; Magall&#x00F3;n Portol&#x00E9;s, <xref ref-type="bibr" rid="CIT22">1999</xref>, p. 303 y p. 317; H&#x00FA;der y Lasala, 1913, p. 13; P&#x00E9;rez-Villanueva Tovar, <xref ref-type="bibr" rid="CIT30">1990</xref>, p. 323; Mart&#x00ED;nez <italic>et al</italic>., <xref ref-type="bibr" rid="CIT26">2000</xref>, pp. 689-690).</p>

			<p>Por su parte, Marina Garc&#x00ED;a Escalera, tambi&#x00E9;n licenciada en Medicina, lleg&#x00F3; a ser Inspectora Nacional de Sanidad y contribuy&#x00F3; decisivamente a la fundaci&#x00F3;n de la Escuela Nacional de Puericultura. Ejerci&#x00F3; como ginec&#x00F3;loga en la organizaci&#x00F3;n sanitaria p&#x00FA;blica. Hab&#x00ED;a sido becaria de la Residencia de Se&#x00F1;oritas en los a&#x00F1;os 20, durante sus estudios en la Universidad (P&#x00E9;rez-Villanueva Tovar, <xref ref-type="bibr" rid="CIT30">1990</xref>, p. 323). Juana Garc&#x00ED;a Orcoyen fue la primera licenciada navarra en Medicina, carrera que estudi&#x00F3; en los a&#x00F1;os veinte y que posteriormente ejerci&#x00F3; junto a su marido, m&#x00E9;dico tambi&#x00E9;n, director del Sanatorio Mar&#x00ED;timo de Malvarrosa (Valencia) (<italic>Diario de Navarra,</italic> 7 de enero de 2007, p. 49).</p>
		</sec>


		<sec id="S1.4">
			<title>1.4. El ejercicio privado de la abogac&#x00ED;a</title>

			<p>La carrera de Derecho se hallaba en el &#x00FA;ltimo lugar de las preferencias femeninas. No era extra&#x00F1;o. Se trataba de unos estudios que capacitaban para un conjunto de profesiones prohibidas por ley a la mujer, pues no pod&#x00ED;a presentarse a las oposiciones a Judicaturas, Notar&#x00ED;as, Registros de la Propiedad y Abogados del Estado. Por otra parte, era la carrera que abr&#x00ED;a las puertas a la vida pol&#x00ED;tica, y la mujer no tuvo pleno derecho al voto hasta 1931. Evidentemente, el n&#x00FA;mero de estudiantes era muy reducido, puesto que les quedaba el ejercicio privado de la profesi&#x00F3;n o la dedicaci&#x00F3;n al periodismo. As&#x00ED;, no resulta extra&#x00F1;o comprobar que tan solo 18 alumnas, en todo el pa&#x00ED;s, estudiaban esa carrera. Casi al final de la d&#x00E9;cada, en el curso 1927-1928 hab&#x00ED;a ya 81 mujeres cursando Derecho, pero no pasaban de ser el 0,6% del total de estudiantes de Leyes en Espa&#x00F1;a, y el 4,4% de la matr&#x00ED;cula femenina.</p>

			<p>Aunque fueron pocas, algunas de estas licenciadas en Derecho jugar&#x00ED;an un papel destacado en la vida pol&#x00ED;tica espa&#x00F1;ola, ya en la Segunda Rep&#x00FA;blica. Victoria Kent Siano logr&#x00F3; convertirse en la primera licenciada en Derecho y, sucesivamente, en la primera mujer que se colegi&#x00F3; y en la primera que abri&#x00F3; un bufete en Madrid. En mayo de 1925 tuvo su primer juicio. Clara Campoamor Rodr&#x00ED;guez obtuvo su t&#x00ED;tulo en diciembre de 1924, cuando contaba ya 36 a&#x00F1;os de edad, y se colegi&#x00F3;, abri&#x00F3; bufete y empez&#x00F3; a ejercer la abogac&#x00ED;a casi a la par que Victoria Kent. Fue la segunda mujer en ingresar en la Academia de Jurisprudencia y Legislaci&#x00F3;n (la primera hab&#x00ED;a sido Concepci&#x00F3;n Pe&#x00F1;a). Durante los a&#x00F1;os 20 particip&#x00F3; activamente en la vida p&#x00FA;blica, formando parte de las juntas directivas de numerosas asociaciones de mujeres universitarias, intelectuales y juristas. Tambi&#x00E9;n particip&#x00F3; en congresos internacionales de universitarias. Tanto Clara Campoamor como Victoria Kent pudieron dedicarse al ejercicio privado del derecho porque su trabajo profesional habitual era otro y pod&#x00ED;an vivir de &#x00E9;l. En el caso de Kent, entre 1921 y 1927 form&#x00F3; parte del personal administrativo del Instituto-Escuela de la Instituci&#x00F3;n Libre de Ense&#x00F1;anza, ocupando el cargo de Secretaria General del centro. Campoamor era funcionaria por oposici&#x00F3;n, desde hac&#x00ED;a a&#x00F1;os, del Ministerio de Instrucci&#x00F3;n P&#x00FA;blica, adem&#x00E1;s de colaborar habitualmente con peri&#x00F3;dicos como <italic>La Tribuna</italic>, <italic>Nuevo Heraldo</italic>, <italic>El Sol</italic> y <italic>El Tiempo</italic>.</p>

			<p>En el bufete de Clara Campoamor trabaj&#x00F3; otra mujer abogada, Justina Ruiz Malaxechevarr&#x00ED;a. Casada con el m&#x00E9;dico Manuel Conde, se exili&#x00F3; a los Estados Unidos despu&#x00E9;s de la guerra civil. Obtuvo un doctorado en Harvard y se dedic&#x00F3; a la docencia en literatura.</p>

			<p>Matilde Huici Navaz fue la tercera licenciada en Derecho de Espa&#x00F1;a, despu&#x00E9;s de Kent y Campoamor. Particip&#x00F3; activamente en pro de los derechos de la mujer, y ello la condujo a estar presente en numerosas conferencias, actos culturales y de propaganda organizados por los grupos de izquierdas, como Mujeres Socialistas. Tambi&#x00E9;n trabaj&#x00F3; en la Secci&#x00F3;n Preparatoria del Instituto-Escuela durante los a&#x00F1;os veinte, lo que quiz&#x00E1; le permiti&#x00F3;, como a las dos anteriores, poder ejercer su carrera de Derecho. Perteneci&#x00F3; a la Real Academia de Jurisprudencia y Legislaci&#x00F3;n.</p>

			<p>Por &#x00FA;ltimo debemos citar a Carmen Cuesta del Muro, directora de la Residencia universitaria de la Instituci&#x00F3;n Teresiana. Se mostr&#x00F3; activa partidaria de otorgar cuanto antes el voto a la mujer, para que esta, desde el Parlamento, estuviera en disposici&#x00F3;n de acabar con el maltrato jur&#x00ED;dico al que se ve&#x00ED;a sometida. Quiz&#x00E1; por ello form&#x00F3; parte de la Asamblea Nacional en la &#x00E9;poca de Primo de Rivera, al igual que Mar&#x00ED;a de Maeztu (Ezquerra, <xref ref-type="bibr" rid="CIT07">1926</xref>, pp. 492-493; V&#x00E1;zquiz Ramil, 2001, p. 121; Capel Mart&#x00ED;nez, <xref ref-type="bibr" rid="CIT04">1982</xref>, pp. 469-480, pp. 519-520, pp. 566-567; Guti&#x00E9;rrez Vega, <xref ref-type="bibr" rid="CIT16">2001</xref>, pp. 33-39; Fagoaga y Saavedra, <xref ref-type="bibr" rid="CIT10">2007</xref>, pp. 28-29 y pp. 53-54; P&#x00E9;rez-Villanueva Tovar, <xref ref-type="bibr" rid="CIT30">1990</xref>, p. 322; Mart&#x00ED;nez <italic>et al</italic>., <xref ref-type="bibr" rid="CIT26">2000</xref>, pp. 486-488; Flecha y Torres, <xref ref-type="bibr" rid="CIT11">1993</xref>, pp. 119-207)</p>
		</sec>
		</sec>


		<sec id="S2">
			<title>2. UNA COMPARACI&#x00D3;N CON LAS CARRERAS PROFESIONALES DE LAS MUJERES NORTEAMERICANAS</title>

			<p>En la d&#x00E9;cada de los veinte la penetraci&#x00F3;n de la mujer en la Universidad era en Europa y Estados Unidos mucho m&#x00E1;s intensa que en Espa&#x00F1;a, como podemos observar en la <xref ref-type="table" rid="T4">tabla IV</xref>.</p>
			
			
					<fig id="T4">
						<label>Tabla IV</label>
						<caption>
							<title>Porcentaje de mujeres universitarias respecto al total de estudiantes</title>
						</caption>
						<graphic xmlns:xlink="http://www.w3.org/1999/xlink" xlink:href="../images/T4.jpg"/>
					</fig>
						

			<p>En los Estados Unidos, adem&#x00E1;s, se hab&#x00ED;a planteado ya un tema radical: la compatibilidad entre trabajo y familia. En la Espa&#x00F1;a de los a&#x00F1;os veinte estas cuestiones sonaban a ciencia ficci&#x00F3;n, incluso para las mentes m&#x00E1;s liberales. Pero en los Estados Unidos las propias universidades y las asociaciones femeninas hicieron encuestas y estudios sobre la inserci&#x00F3;n laboral de las graduadas y las circunstancias ambientales que acompa&#x00F1;aban su carrera profesional. En 1926 el Smith College ya hab&#x00ED;a demostrado que sus antiguas alumnas mayoritariamente sol&#x00ED;an trabajar antes de casarse; que las casadas con carrera profesional no sol&#x00ED;an tener hijos y que, si los ten&#x00ED;an, era entre uno y tres. En general las casadas ten&#x00ED;an &#x00E9;xito si su actividad laboral era flexible o la realizaban en casa, de ah&#x00ED; que hubiera un n&#x00FA;mero alto de escritoras, periodistas, pintoras o m&#x00FA;sicas. De las pocas mujeres cient&#x00ED;ficas que trabajaban, la mayor&#x00ED;a lo hac&#x00ED;a colaborando con sus maridos.</p>

			<p>En 1927, la American Association of University Women (AAUW) trabaj&#x00F3; sobre una muestra de 243 graduadas, casadas y profesionales, ex alumnas de tres Colleges: Radcliffe, Boston University y Simmons. La mayor parte de ellas, 231, hab&#x00ED;an trabajado antes y despu&#x00E9;s de casarse; y aproximadamente un quinto de ellas, 47, lo hac&#x00ED;an con su marido. De manera significativa, cerca de la mitad, 139, no ten&#x00ED;an ni&#x00F1;os. Las que eran madres daban una media de 2.1 hijos por mujer.</p>

			<p>En 1929 otro estudio de la AAUW demostraba que m&#x00E1;s de la mitad de las encuestadas, el 58%, confesaba trabajar por motivos econ&#x00F3;micos, siendo la vocaci&#x00F3;n profesional un est&#x00ED;mulo secundario. Las que hab&#x00ED;an contra&#x00ED;do matrimonio ve&#x00ED;an m&#x00E1;s necesario que las solteras poder combinar familia y trabajo, lo cual no sorprende, pues ya hab&#x00ED;a sobrevenido la Gran Depresi&#x00F3;n y las razones econ&#x00F3;micas iban a ser las m&#x00E1;s importantes en los a&#x00F1;os treinta (Salomon, <xref ref-type="bibr" rid="CIT33">1985</xref>, pp. 172-185).</p>

			<p>Resulta tambi&#x00E9;n muy interesante la situaci&#x00F3;n laboral de la mujer cient&#x00ED;fica en los Estados Unidos. No eran muchas y adem&#x00E1;s normalmente trabajaban con sus maridos. Es lo que hab&#x00ED;a hecho Madame Curie, el referente por antonomasia en aquellos momentos. Seg&#x00FA;n Magall&#x00F3;n, para la mayor&#x00ED;a de los profesores varones el “ejemplo Curie” pod&#x00ED;a significar que cada mujer que aspirara a ser cient&#x00ED;fica deb&#x00ED;a alcanzar ese nivel, lo cual no se esperaba que lograra ning&#x00FA;n hombre. La misma autora, citando a Rossiter, a&#x00F1;ade que en la d&#x00E9;cada de los veinte las norteamericanas que deseaban dedicarse a la ciencia, en vez de la confrontaci&#x00F3;n y la protesta p&#x00FA;blica, utilizaron la llamada ‘estrategia Curie’, caracterizada por la sobre-cualificaci&#x00F3;n y el estoicismo personal (Magall&#x00F3;n Portol&#x00E9;s, <xref ref-type="bibr" rid="CIT22">1999</xref>, p. 117).</p>
		</sec>


		<sec id="S3">
			<title>3. ENTRE EL TEMOR MASCULINO Y LA MARGINALIDAD SOCIAL</title>

			<p>En Espa&#x00F1;a, en aquellos mismos a&#x00F1;os, y a pesar de la poca presencia femenina tanto en la Universidad como en las profesiones, se ten&#x00ED;a ya cierto miedo a la posible presencia de la mujer en el &#x00E1;mbito p&#x00FA;blico. Tres art&#x00ED;culos de investigaci&#x00F3;n, publicados en 1925 por la revista de sociolog&#x00ED;a <italic>Renovaci&#x00F3;n Espa&#x00F1;ola</italic>, dejan entrever esa inquietud incipiente: se tem&#x00ED;a que la Facultad de Filosof&#x00ED;a y Letras, orientadora de la vida cultural, cayera en pocos a&#x00F1;os en manos de las mujeres. Y se tem&#x00ED;a quiz&#x00E1; porque –seg&#x00FA;n algunos- las universitarias eran voluntariosas y aplicadas, pero en general carec&#x00ED;an de esas grandes inteligencias m&#x00E1;s propias del hombre. La mujer se dedicaba a lo memor&#x00ED;stico y ameno, rechazando lo que supon&#x00ED;a mayor dificultad especulativa, quiz&#x00E1; porque no era muy capaz de generar pensamiento aut&#x00F3;nomo. Y sin capacidad especulativa ¿c&#x00F3;mo se iba a guiar la entera vida cultural de una naci&#x00F3;n? Adem&#x00E1;s, era otro argumento, la incorporaci&#x00F3;n de la mujer a la vida laboral restaba puestos de trabajo al var&#x00F3;n. El autor de estos art&#x00ED;culos, Ram&#x00F3;n Ezquerra, curiosamente, no era contrario a la educaci&#x00F3;n universitaria de la mujer. Parece que solo estaba poniendo de manifiesto ideas compartidas por buena parte de la sociedad (Ezquerra, <xref ref-type="bibr" rid="CIT07">1926</xref>; Ezquerra, <xref ref-type="bibr" rid="CIT08">1926b</xref>; Ezquerra, <xref ref-type="bibr" rid="CIT09">1926c</xref>).</p>

			<p>El problema por excelencia para el trabajo femenino se encontraba, seg&#x00FA;n el autor, en “el factor neutralizador de esfuerzos”: el matrimonio. Las chicas se casaban y dejaban de ejercer, si es que en alg&#x00FA;n momento hab&#x00ED;an empezado a hacerlo. No hab&#x00ED;an prestado ninguna atenci&#x00F3;n a su t&#x00ED;tulo, dice, y adem&#x00E1;s “este camino (el matrimonio) es el que seguir&#x00E1; la mayor parte, ya que todas tienden a &#x00E9;l, manifest&#x00E1;ndolo m&#x00E1;s o menos abiertamente […] esterilizando los resultados que pudieran esperarse […]”. La conclusi&#x00F3;n era demoledora para las inquietudes profesionales femeninas:</p>

						<disp-quote><p>… la mujer no puede eludir el destino biol&#x00F3;gico que tiene se&#x00F1;alado, y que triunfar&#x00E1; de las tentativas de apartarlo o desvirtuarlo. Continuar&#x00E1; siendo, aun para la mujer erudita, imprescindible su puesto en el hogar, y no podr&#x00E1; ni deber&#x00E1; rechazar las cargas que le impone su papel en la perpetuaci&#x00F3;n de la raza o en la crianza y educaci&#x00F3;n de los hijos, sobre cuya importancia no hay que insistir aqu&#x00ED; y que no dejan de ser incompatibles con la atenci&#x00F3;n asidua y persistente al cultivo de una carrera (Ezquerra, <xref ref-type="bibr" rid="CIT09">1926c</xref>, p. 632).</p></disp-quote>

			<p>Est&#x00E1; claro que en los a&#x00F1;os veinte quedaba en Espa&#x00F1;a mucho camino que recorrer, mucha mentalidad que abrir, muchos obst&#x00E1;culos que superar para que las mujeres pudieran desarrollar, no solo estudios universitarios, sino un trabajo profesional en igualdad con el hombre. Adem&#x00E1;s, con independencia de los prejuicios, exist&#x00ED;a un dato real y preocupante respecto a la preparaci&#x00F3;n de la mujer para participar en el espacio p&#x00FA;blico y era el analfabetismo femenino: en 1930 el 47,5% de las espa&#x00F1;olas no sab&#x00ED;a leer ni escribir (Capel Mart&#x00ED;nez, <xref ref-type="bibr" rid="CIT04">1982</xref>, p. 370; Garrido, <xref ref-type="bibr" rid="CIT15">1997</xref>, p. 466).</p>
		</sec>


		<sec id="S4">
			<title>4. EL DESARROLLO DE LAS CARRERAS PROFESIONALES FEMENINAS DURANTE LA SEGUNDA REP&#x00DA;BLICA</title>

			<p>Desde el punto de vista educativo, la Rep&#x00FA;blica no se centr&#x00F3; en promover el acceso de la mujer a la Universidad. Para cualquier gobierno era mucho m&#x00E1;s urgente y razonable luchar contra las apabullantes cifras de analfabetismo, que dedicar sus esfuerzos al 6% de la poblaci&#x00F3;n universitaria. De hecho, en 1931 casi la mitad de las ni&#x00F1;as espa&#x00F1;olas no iban al colegio (Garrido, <xref ref-type="bibr" rid="CIT15">1997</xref>, p. 499). El nuevo r&#x00E9;gimen multiplic&#x00F3; los presupuestos del Estado destinados a la educaci&#x00F3;n en todos sus grados y aceler&#x00F3; la creaci&#x00F3;n de escuelas para ni&#x00F1;as. De cualquier manera, a pesar del esfuerzo cuantitativo y del aumento real de posibilidades de acceso a los diversos grados de ense&#x00F1;anza, las ni&#x00F1;as y adolescentes siguieron recibiendo una educaci&#x00F3;n cuyo contenido se hallaba diferenciado en funci&#x00F3;n de los roles que hombre y mujer iban a jugar en la sociedad. Pese a todo, la aceleraci&#x00F3;n en el bachillerato fue notable: si en 1930-31 el porcentaje de chicas matriculadas en secundaria era de un 17,1%; en 1935-36 la cifra hab&#x00ED;a crecido hasta el 46,2% (Merino Hern&#x00E1;ndez, <xref ref-type="bibr" rid="CIT27">2003</xref>, p. 419, p. 439, pp. 456-457). Todo hace suponer que el fruto de aquel esfuerzo se hubiera recogido en los a&#x00F1;os 40, en forma de un notable aumento de matr&#x00ED;culas femeninas en la Universidad.</p>

			<p>De momento, durante la Rep&#x00FA;blica, la presencia de mujeres en la Universidad creci&#x00F3; como indica la <xref ref-type="table" rid="T5">tabla V</xref>.</p>
			
			
					<fig id="T5">
						<label>Tabla V</label>
						<caption>
							<title>Varones y mujeres en la Universidad durante la Segunda Rep&#x00FA;blica</title>
						</caption>
						<graphic xmlns:xlink="http://www.w3.org/1999/xlink" xlink:href="../images/T5.jpg"/>
					</fig>
						

			<p>Pese a la mejora de la educaci&#x00F3;n secundaria y el relativo aumento de las estudiantes universitarias, el espacio p&#x00FA;blico segu&#x00ED;a siendo remiso a la plena igualdad de derechos entre el var&#x00F3;n y la mujer. As&#x00ED; lo puso de manifiesto el agrio debate sobre el voto femenino que se desencaden&#x00F3; en Espa&#x00F1;a. En las primeras Cortes republicanas (1931-1933) hubo tres mujeres que obtuvieron su acta de diputada: Margarita Nelken, Clara Campoamor y Victoria Kent. Nelken era escritora y Kent y Campoamor, las primeras espa&#x00F1;olas licenciadas en Derecho. Parad&#x00F3;jicamente pod&#x00ED;an ser elegidas, pero ellas mismas no ten&#x00ED;an derecho al voto.</p>

			<p>El enfrentamiento por el sufragio femenino entre Kent y Campoamor, probablemente las mujeres profesionales m&#x00E1;s brillantes de los a&#x00F1;os treinta, llen&#x00F3; durante unos meses las p&#x00E1;ginas de los peri&#x00F3;dicos y podr&#x00ED;amos afirmar que toda la vida del pa&#x00ED;s. Ambas eran licenciadas universitarias con una activa vida laboral. Victoria Kent hab&#x00ED;a sido poco antes la primera mujer del mundo que actu&#x00F3; ante un Tribunal Supremo de Guerra y Marina, en la defensa de &#x00C1;lvaro de Albornoz. Adem&#x00E1;s de ganar el juicio, aquello le proporcion&#x00F3; una tremenda popularidad en los primeros meses de la Rep&#x00FA;blica, llegando hasta a ser motivo de un popular <italic>chotis</italic> del momento. Poco despu&#x00E9;s del espinoso tema del sufragio femenino, Kent llegar&#x00ED;a a convertirse en Directora General de Prisiones, de nuevo la primera mujer en el mundo que ocupaba tal cargo y desde luego la que m&#x00E1;s alto hab&#x00ED;a llegado –hasta el momento- en la vida pol&#x00ED;tica espa&#x00F1;ola (Capel Mart&#x00ED;nez, <xref ref-type="bibr" rid="CIT04">1982</xref>, pp. 525-529; Guti&#x00E9;rrez Vega, <xref ref-type="bibr" rid="CIT16">2001</xref>, p. 90).</p>

			<p>Por su parte, Campoamor fue delegada de Espa&#x00F1;a ante la Sociedad de Naciones entre 1931 y 1933, Directora General de Beneficencia en 1933 y en el ejercicio privado de la abogac&#x00ED;a se dedic&#x00F3; en buena medida –a partir de 1932- a causas de divorcio. Llev&#x00F3; dos casos notables de la &#x00E9;poca: el divorcio de Concha Espina de su marido Ram&#x00F3;n de la Serna y Cueto; y el de Josefina Blanco de su marido Ram&#x00F3;n Mar&#x00ED;a del Valle-Incl&#x00E1;n (Capel Mart&#x00ED;nez, <xref ref-type="bibr" rid="CIT04">1982</xref>, pp. 519-524; Fagoaga y Saavedra, <xref ref-type="bibr" rid="CIT10">2007</xref>, p. 39). Victoria Kent y Clara Campoamor militaron en las filas del Partido Republicano Radical Socialista.</p>

			<p>Con independencia de la dureza del debate parlamentario en torno a esta cuesti&#x00F3;n, lo verdaderamente interesante del tema se halla en la mentalidad que condicionaba la entera discusi&#x00F3;n: todos daban por hecho el tradicionalismo cultural y religioso de la mujer espa&#x00F1;ola. La derecha –convencida de que era as&#x00ED;- se congratulaba con ello y se mostraba partidaria del sufragio femenino; la izquierda –compartiendo la misma convicci&#x00F3;n- se debat&#x00ED;a, contradictoria, entre la aceptaci&#x00F3;n te&#x00F3;rica del concepto y el miedo ante su realidad en la pr&#x00E1;ctica.</p>

			<p>Clara Campoamor defend&#x00ED;a el sufragio femenino con rotundidad, aunque existiera la posibilidad de que las mujeres se inclinasen a apoyar a las derechas. Victoria Kent, por su parte, no se opon&#x00ED;a al sufragio femenino, pero le parec&#x00ED;a mejor aplazar esta concesi&#x00F3;n porque estaba convencida de que en aquellos momentos supon&#x00ED;a un gran peligro para la Rep&#x00FA;blica. En su opini&#x00F3;n, todo el problema resid&#x00ED;a en la educaci&#x00F3;n. La mujer carec&#x00ED;a de la formaci&#x00F3;n adecuada para entender los logros republicanos; le hac&#x00ED;a falta recibir una formaci&#x00F3;n especial, era necesario incidir pedag&#x00F3;gicamente en ella para que admitiera el nuevo r&#x00E9;gimen y se encari&#x00F1;ase con &#x00E9;l. Mientras las escuelas no cumplieran su funci&#x00F3;n –seg&#x00FA;n Kent- las mujeres no podr&#x00ED;an intervenir en pol&#x00ED;tica con eficacia y con fruto.</p>

			<p>Campoamor no ten&#x00ED;a –en este caso- la r&#x00E9;mora de una educaci&#x00F3;n elitista. Procedente de las clases m&#x00E1;s humildes, fue modista, dependienta y empleada de tel&#x00E9;grafos, antes de opositar a Instrucci&#x00F3;n P&#x00FA;blica, empezar el bachillerato (con 33 a&#x00F1;os) y continuar con la carrera. Su contacto con la Instituci&#x00F3;n Libre de Ense&#x00F1;anza hab&#x00ED;a sido mucho m&#x00E1;s ligero que el de Kent. Esta hab&#x00ED;a recibido, por el contrario, una atenta educaci&#x00F3;n en su casa dirigida por su madre, estudi&#x00F3; despu&#x00E9;s magisterio, estuvo en contacto con maestras feministas moderadas como Suceso Luengo y Teresa Aspiazu, y se hall&#x00F3; inmersa en el universo institucionista desde los 18 a&#x00F1;os, tras su llegada a Madrid. Incluso antes, pues tambi&#x00E9;n en M&#x00E1;laga hab&#x00ED;a frecuentado grupos afines a la Instituci&#x00F3;n, como la Sociedad Malague&#x00F1;a de Ciencias (fundada en 1872), y adem&#x00E1;s uno de los mejores amigos de su familia fue desde muy temprano Alberto Jim&#x00E9;nez Fraud, director desde su fundaci&#x00F3;n de la Residencia de Estudiantes. Como indica Guti&#x00E9;rrez Vega, Kent gest&#x00F3; en esos ambientes “un neo-elitismo burgu&#x00E9;s, marcadamente liberal que conform&#x00F3; su pensamiento” (Capel Mart&#x00ED;nez, <xref ref-type="bibr" rid="CIT04">1982</xref>, pp. 519-520; Guti&#x00E9;rrez Vega, <xref ref-type="bibr" rid="CIT16">2001</xref>, p. 28). Las elecciones de 1933 parecieron dar la raz&#x00F3;n a los contrarios al sufragio femenino, pues ganaron las derechas. Pero dos a&#x00F1;os despu&#x00E9;s lo hicieron las izquierdas. Es imposible que en unos pocos meses la mujer espa&#x00F1;ola se educara de forma tan intensa en las bondades de la Rep&#x00FA;blica (de la que al parecer era enemiga mortal) como para dar la vuelta radical a la vida pol&#x00ED;tica del pa&#x00ED;s. Parece m&#x00E1;s razonable pensar que todo era m&#x00E1;s complicado y no depend&#x00ED;a tan crucialmente del voto femenino. No obstante, Campoamor carg&#x00F3; con este sambenito el resto de su vida. Fue acusada por toda la izquierda de ser la &#x00FA;nica culpable de la victoria de las derechas en 1933. Su vida pol&#x00ED;tica declin&#x00F3;: no fue admitida en la Izquierda Republicana de Casares Quiroga ni en ninguna otra agrupaci&#x00F3;n del Frente Popular. En junio de 1936, un mes antes de la sublevaci&#x00F3;n militar, escribi&#x00F3; <italic>El voto femenino y yo: mi pecado mortal</italic> (<xref ref-type="bibr" rid="CIT03">1936/2006</xref>).</p>

			<p>De cualquier manera, lo que el tema del sufragio revela es la fuerza y extensi&#x00F3;n de una mentalidad compartida sobre la mujer: su incapacidad de aportar algo a la vida de la naci&#x00F3;n debido a sus notables carencias. Cuesti&#x00F3;n totalmente err&#x00F3;nea, como ya se estaba encargando de demostrar la vida pr&#x00E1;ctica en varios &#x00E1;mbitos profesionales.</p>


		<sec id="S4.1">
			<title>4.1. Mujeres cient&#x00ED;ficas en la vida profesional</title>

			<p>Porque Victoria Kent y Clara Campoamor, universitarias, abogadas y pol&#x00ED;ticas, no fueron las &#x00FA;nicas mujeres que destacaron en los a&#x00F1;os treinta. Otra universitaria, licenciada en Medicina, ocup&#x00F3; un puesto pol&#x00ED;tico durante la Rep&#x00FA;blica: Amparo Poch y Gasc&#x00F3;n (1902-1968), propagandista libertaria, especializada en Pediatr&#x00ED;a y Puericultura, defensora del sexo l&#x00FA;dico, que fue nombrada Directora General de Asistencia Social una vez comenzada la guerra civil. Se dedic&#x00F3; a la reinserci&#x00F3;n de las prostitutas y a poner en marcha las granjas escuelas para ni&#x00F1;os. Ambos proyectos tuvieron una vigencia limitada, pues fueron superados por la din&#x00E1;mica de la guerra y en especial por la defenestraci&#x00F3;n del gobierno y sus cuatro ministros anarquistas en mayo de 1937. Se exili&#x00F3; en 1939 (Franco, <xref ref-type="bibr" rid="CIT14">2007</xref>, p. 196; Mart&#x00ED;nez <italic>et al</italic>., <xref ref-type="bibr" rid="CIT26">2000</xref>, pp. 636-639).</p>

			<p>Pero quiz&#x00E1; lo m&#x00E1;s relevante de los a&#x00F1;os treinta sea la aportaci&#x00F3;n femenina al campo de las ciencias experimentales. Conocemos la identidad y contribuciones de 36 mujeres que entre 1931 y 1936 trabajaron en el Instituto Nacional de F&#x00ED;sica y Qu&#x00ED;mica, una de las instituciones creadas por la Junta para Ampliaci&#x00F3;n de Estudios. Esas 36 mujeres, de un total de 158 personas, supon&#x00ED;an el 22% de los investigadores del Instituto: una cifra nada despreciable. Las cient&#x00ED;ficas que all&#x00ED; desarrollaron su carrera profesional proced&#x00ED;an de familias de clase media, con padres de profesi&#x00F3;n liberal; once de ellas eran antiguas alumnas del Instituto-Escuela; ocho fueron becadas para investigar en el extranjero; y al menos nueve de ellas lograron terminar el doctorado. Sus trabajos se centraron en Espectroscopia y Qu&#x00ED;mica-F&#x00ED;sica. De esas 36 mujeres, 18 produjeron un total de 63 art&#x00ED;culos cient&#x00ED;ficos, pues no todas llegaron a publicar. Seis de ellas destacan sobre las dem&#x00E1;s, ya que fueron autoras de las tres cuartas partes de la literatura cient&#x00ED;fica citada: Jenara Vicenta Arnal, Teresa Toral, Piedad de la Cierva, Dorotea Barn&#x00E9;s, Teresa Salazar y Carlota Rodr&#x00ED;guez.</p>

			<p>De Jenara Vicenta Arnal ya hablamos anteriormente, pues comenz&#x00F3; su carrera profesional en los a&#x00F1;os 20. Hay que a&#x00F1;adir que fue la mujer que m&#x00E1;s public&#x00F3; del Instituto Nacional de F&#x00ED;sica y Qu&#x00ED;mica, once art&#x00ED;culos a lo largo de estos a&#x00F1;os. En 1931 logr&#x00F3; ser catedr&#x00E1;tica interina de F&#x00ED;sica y Qu&#x00ED;mica en el Instituto Nacional Femenino de Barcelona. En 1932 fue becaria de la Junta para Ampliaci&#x00F3;n de Estudios y pas&#x00F3; seis meses en Alemania y Suiza investigando en temas de electroqu&#x00ED;mica y f&#x00ED;sico-qu&#x00ED;mica. En 1932-33 obtuvo por concurso la c&#x00E1;tedra del Instituto Vel&#x00E1;zquez de Madrid (Magall&#x00F3;n Portol&#x00E9;s, <xref ref-type="bibr" rid="CIT22">1999</xref>, pp. 223-235, p. 307).</p>

			<p>Dorotea Barn&#x00E9;s Gonz&#x00E1;lez se doctor&#x00F3; en 1931 con una tesis sobre la cistina. En 1931-32 empez&#x00F3; a trabajar en la secci&#x00F3;n de Espectroscopia del Instituto Nacional de F&#x00ED;sica y Qu&#x00ED;mica, concretamente en Raman, y viaj&#x00F3; a Graz para trabajar un tiempo con el cient&#x00ED;fico europeo que m&#x00E1;s hab&#x00ED;a investigado sobre ello. Public&#x00F3; cinco art&#x00ED;culos y fue la introductora de la espectroscopia Raman en Espa&#x00F1;a. En 1933-34, adem&#x00E1;s de seguir con sus investigaciones, logr&#x00F3; la c&#x00E1;tedra de F&#x00ED;sica y Qu&#x00ED;mica en el Instituto Lope de Vega de Madrid. El matrimonio le apart&#x00F3; de su trabajo profesional antes de estallar la guerra civil. Hubo de salir de Espa&#x00F1;a con su marido y su hija de pocos meses. En Francia trabaj&#x00F3; en un Liceo. A su vuelta a Espa&#x00F1;a ocult&#x00F3; tanto sus apellidos como sus grados y m&#x00E9;ritos acad&#x00E9;micos (Laporta <italic>et al</italic>., <xref ref-type="bibr" rid="CIT19">1987</xref>, pp. 165-166; Magall&#x00F3;n Portol&#x00E9;s, <xref ref-type="bibr" rid="CIT22">1999</xref>, pp. 278-290).</p>

			<p>Teresa Toral, nacida en Madrid el 20 de mayo de 1911, se licenci&#x00F3; en Qu&#x00ED;mica con sobresaliente y premio extraordinario en 1933. A partir de ese momento fue colaboradora del Instituto Nacional de F&#x00ED;sica y Qu&#x00ED;mica, en la secci&#x00F3;n de Qu&#x00ED;micas. Tambi&#x00E9;n fue ayudante de pr&#x00E1;cticas en la Facultad de Ciencias de la Universidad de Madrid. En 1939 fue detenida en la capital y encarcelada en la prisi&#x00F3;n de Ventas.</p>

			<p>Piedad de la Cierva Viudes (1913-2007) se licenci&#x00F3; en Qu&#x00ED;micas en Murcia en 1932 con Premio Extraordinario. En 1934 obtuvo el doctorado. Desde 1932 hasta 1936 trabaj&#x00F3; en el Instituto Nacional de F&#x00ED;sica y Qu&#x00ED;mica en la secci&#x00F3;n de rayos X. Public&#x00F3; siete art&#x00ED;culos cient&#x00ED;ficos durante su estancia en este organismo. En 1936 recibi&#x00F3; una pensi&#x00F3;n de la Junta para Ampliaci&#x00F3;n de Estudios para dedicarse a la f&#x00ED;sica te&#x00F3;rica en Copenhague.</p>

			<p>Carlota Rodr&#x00ED;guez de Robles Junquera (1907) se licenci&#x00F3; en Qu&#x00ED;mica con premio extraordinario en 1933, en la Universidad de Madrid y logr&#x00F3; el doctorado en 1936. En esos a&#x00F1;os public&#x00F3; cuatro art&#x00ED;culos cient&#x00ED;ficos, mientras investigaba en la secci&#x00F3;n de Qu&#x00ED;mica-F&#x00ED;sica en el Instituto Nacional de F&#x00ED;sica y Qu&#x00ED;mica. Por su parte, Teresa Salazar Berm&#x00FA;dez ya era doctora, con premio extraordinario, en 1931. Trabaj&#x00F3; en el Instituto Nacional de F&#x00ED;sica y Qu&#x00ED;mica y su trayectoria estuvo unida a la revisi&#x00F3;n de pesos at&#x00F3;micos. Con este fin, disfrut&#x00F3; una pensi&#x00F3;n de la Junta para Ampliaci&#x00F3;n de Estudios y pas&#x00F3; unos meses en Par&#x00ED;s para profundizar en el n&#x00FA;cleo at&#x00F3;mico. Public&#x00F3; cinco art&#x00ED;culos cient&#x00ED;ficos y colabor&#x00F3; estrechamente con el Dr. Moles, con quien realiz&#x00F3; algunas de las publicaciones aludidas. Entre 1930 y 1933 fue profesora auxiliar de la Facultad de Ciencias de Madrid (Ballar&#x00ED;n y Ortiz, <xref ref-type="bibr" rid="CIT01">1998</xref>, p. 59; Magall&#x00F3;n Portol&#x00E9;s, <xref ref-type="bibr" rid="CIT22">1999</xref>, pp. 213-214, pp. 234-235, p. 314, pp. 337-339).</p>

			<p>Con independencia de las anteriores, pues no trabaj&#x00F3; en el Instituto Nacional de F&#x00ED;sica y Qu&#x00ED;mica, tenemos el caso de Isabel Torres, que hab&#x00ED;a realizado su tesis doctoral en Nutrici&#x00F3;n en la Casa de Salud de Valdecilla. En los a&#x00F1;os treinta se convirti&#x00F3; en una importante promesa de la investigaci&#x00F3;n espa&#x00F1;ola. En 1933 obtuvo una beca post doctoral para trabajar sobre la estructura de las vitaminas en el Instituto de Patolog&#x00ED;a M&#x00E9;dica de Madrid, con Jos&#x00E9; Collazo. En 1934 recibi&#x00F3; una pensi&#x00F3;n de la JAE que le permitir&#x00ED;a seguir con ese tema en Heidelberg. Pero cambi&#x00F3; de destino y se dirigi&#x00F3; a Munich, donde estudi&#x00F3; la estructura qu&#x00ED;mica de la vitamina K. Renov&#x00F3; un a&#x00F1;o m&#x00E1;s y estando all&#x00ED; sobrevino la guerra civil. Ten&#x00ED;a una propuesta del Dr. Mara&#x00F1;&#x00F3;n para regresar en 1937 con un puesto de investigadora en el Hospital Central. Pero en 1939 sus colegas y maestros estaban en el exilio y no tuvo posibilidad de continuar con su carrera.</p>
		</sec>


		<sec id="S4.2">
			<title>4.2. Carreras profesionales en las humanidades y la ense&#x00F1;anza</title>

			<p>La presencia de un porcentaje no peque&#x00F1;o de mujeres en el mundo cient&#x00ED;fico y la brillantez de las carreras brevemente rese&#x00F1;adas aqu&#x00ED;, hace pensar que el movimiento de incorporaci&#x00F3;n a la vida profesional empezaba a tomar ciertas dimensiones. De hecho, si nos fijamos en las becas que ofreci&#x00F3; la Junta para Ampliaci&#x00F3;n de Estudios, desde su creaci&#x00F3;n hasta la guerra civil, vemos que en los a&#x00F1;os treinta aumenta de manera considerable el n&#x00FA;mero de mujeres que reciben una pensi&#x00F3;n. Entre 1908 y 1919, la Junta concedi&#x00F3; 645 becas, 27 de ellas a mujeres, lo que supone un 4%; para el per&#x00ED;odo 1920-1929 las cifras son 539 ayudas, 41 de ellas disfrutadas por mujeres, y un porcentaje del 8%; por fin, en el corto segmento 1930-1934, se concedieron 410 becas por parte de la Junta, de las cuales 53 fueron destinadas a mujeres y el porcentaje se elev&#x00F3; hasta el 13% (Magall&#x00F3;n Portol&#x00E9;s, <xref ref-type="bibr" rid="CIT22">1999</xref>, p. 142; Capel Mart&#x00ED;nez, <xref ref-type="bibr" rid="CIT04">1982</xref>, pp. 569-581). Cabe suponer que estos n&#x00FA;meros hubieran seguido su tendencia natural al alza de no haber sobrevenido la contienda.</p>

			<p>De estas 53 becas de los a&#x00F1;os treinta destinadas a mujeres, la mayor&#x00ED;a, 35, fueron disfrutadas por maestras de Normales, directoras de Primera Ense&#x00F1;anza y directoras de grupos escolares, as&#x00ED; como por mujeres que practicaban actividades art&#x00ED;sticas: canto, pintura, escenograf&#x00ED;a. Es decir, no eran licenciadas universitarias. Las cient&#x00ED;ficas se llevaron 18 de esas 53 pensiones, lo cual supone una proporci&#x00F3;n mucho menor, aunque se puede afirmar tambi&#x00E9;n que, en aquel per&#x00ED;odo, de ocho ayudas concedidas para investigaci&#x00F3;n en ciencias experimentales, una de ellas era disfrutada por una mujer (Magall&#x00F3;n, <xref ref-type="bibr" rid="CIT22">1999</xref>, 160-161). No es una mala proporci&#x00F3;n.</p>

			<p>Hubo pensiones igualmente para licenciadas en Humanidades. En 1930, Adela Trepat, catedr&#x00E1;tica del Instituto de Reus pas&#x00F3; catorce meses en Alemania estudiando Epigraf&#x00ED;a latina. En 1932, Amanda L&#x00F3;pez Meneses, licenciada en Filosof&#x00ED;a y Letras estuvo dos meses en Francia realizando ‘investigaci&#x00F3;n hist&#x00F3;rica’, sin m&#x00E1;s detalles. Tambi&#x00E9;n en 1932 Teresa Andr&#x00E9;s Zamora, del cuerpo de Archiveros, Bibliotecarios y Arque&#x00F3;logos, pas&#x00F3; once meses en Alemania realizando estudios de esta &#x00FA;ltima especialidad. En 1934 nos encontramos con Mar&#x00ED;a Encarnaci&#x00F3;n Cabr&#x00E9;, que pasa igualmente once meses entre Francia, Suiza y Alemania realizando estudios de Etnograf&#x00ED;a y Prehistoria. Era Licenciada en Filosof&#x00ED;a y Letras (Capel Mart&#x00ED;nez, <xref ref-type="bibr" rid="CIT04">1982</xref>, pp. 576-581).</p>

			<p>Igual que las becas logradas por las mujeres cient&#x00ED;ficas parecen estar relacionadas con los intereses de sus equipos o con sus propias tesis doctorales, las de las maestras o licenciadas en Letras dan la impresi&#x00F3;n de ir dirigidas a ampliar conocimientos o a adquirir t&#x00E9;cnicas pedag&#x00F3;gicas, pero no a realizar investigaci&#x00F3;n acad&#x00E9;mica.</p>

			<p>Existen mujeres que trabajaron en el Centro de Estudios Hist&#x00F3;ricos, creado por la Junta para Ampliaci&#x00F3;n de Estudios, pero no estamos en condiciones de asegurar que fueran licenciadas, ni que sus trabajos estuvieran dirigidos a enriquecer la investigaci&#x00F3;n de un equipo o a realizar sus propias tesis doctorales. Podemos citar a Mar&#x00ED;a Teresa Casares, Consuelo Guti&#x00E9;rrez del Arroyo, Mar&#x00ED;a Brey y Carmen D&#x00ED;az Caama&#x00F1;o, a quienes encontramos en 1932 trabajando en el Instituto de Estudios Medievales, dirigido por S&#x00E1;nchez Albornoz, en la sub-secci&#x00F3;n de Diplomas. Los nombres de Pilar Loscertales y Ana Pardo aparecen en la sub-secci&#x00F3;n de Fueros. En la misma fecha, Mar&#x00ED;a Victoria Gonz&#x00E1;lez Mateos trabajaba como becaria en el Fichero de Arte Antiguo, con Ricardo de Orueta y S&#x00E1;nchez Cant&#x00F3;n. Sacaron a la luz dos vol&#x00FA;menes de <italic>Monumentos Espa&#x00F1;oles</italic> en 1932. Por &#x00FA;ltimo, hay que referirse a Mar&#x00ED;a Mill&#x00E1;s, que en 1933 public&#x00F3; “Contratos de jud&#x00ED;os y moriscos del reino de Navarra”, en el <italic>Anuario de Historia del Derecho Espa&#x00F1;ol</italic>, una revista del Centro de Estudios Hist&#x00F3;ricos (L&#x00F3;pez S&#x00E1;nchez, <xref ref-type="bibr" rid="CIT21">2006</xref>, p. 113, p. 119, p. 408).</p>

			<p>Por los a&#x00F1;os 30 siguieron tambi&#x00E9;n con actividad profesional mujeres que ya contaban con cierta trayectoria, como Mar&#x00ED;a S&#x00E1;nchez Arb&#x00F3;s que en 1933 obtuvo la primera plaza en las oposiciones a directora de grupo escolar, y que en 1934 fue nombrada para uno de nueva creaci&#x00F3;n, experimental en buena medida, llamado “Francisco Giner de los R&#x00ED;os”. Tambi&#x00E9;n podemos referirnos a Mar&#x00ED;a Moliner, que a partir de 1931 trabaj&#x00F3; en la Biblioteca del Ministerio de Hacienda en Valencia, dio clases en la Escuela Coss&#x00ED;o, seguidora de los m&#x00E9;todos y la mente del Instituto-Escuela de Madrid; y a partir de septiembre de1936 pas&#x00F3; a dirigir la Biblioteca de la Universidad de Valencia (Jim&#x00E9;nez-Landi, <xref ref-type="bibr" rid="CIT17">1996</xref>, pp. 496-498; Mart&#x00ED;nez <italic>et al</italic>., <xref ref-type="bibr" rid="CIT26">2000</xref>, pp. 598-599).</p>

			<p>Hubo otras muchas mujeres an&#x00F3;nimas que desarrollaron sus carreras en el mundo profesional. Conocemos, por ejemplo, el dato de profesoras de los Institutos de Ense&#x00F1;anza Media, puesto al que se llegaba por oposici&#x00F3;n y con una licenciatura previa: en 1930-31 eran 144; en 1931-32 bajaron a 126; pero en el curso siguiente, 1932-33, casi se doblaron: hubo 236 mujeres que impartieron ense&#x00F1;anzas variadas en los establecimientos oficiales espa&#x00F1;oles de Ense&#x00F1;anza Media (Merino Hern&#x00E1;ndez, <xref ref-type="bibr" rid="CIT27">2003</xref>, p. 419).</p>

			<p>Hay que a&#x00F1;adir, por &#x00FA;ltimo, que la Universidad en s&#x00ED; misma fue una de las instituciones que m&#x00E1;s tarde abrieron sus puertas a la carrera profesional de la mujer. El personal docente femenino fue muy escaso y estuvo siempre en puestos auxiliares. En 1932-33 V&#x00E1;zquez Ramil ha contado 64 mujeres en las Facultades espa&#x00F1;olas: diecis&#x00E9;is en Ciencias, una en Derecho, nueve en Farmacia, veintitr&#x00E9;s en Filosof&#x00ED;a y quince en Medicina (V&#x00E1;zquez Ramil, <xref ref-type="bibr" rid="CIT36">2001</xref>, p. 125). En Estados Unidos, en 1930, casi un tercio del profesorado femenino universitario eran mujeres (el 27%) (Salomon, <xref ref-type="bibr" rid="CIT33">1985</xref>, p. 133).</p>
		</sec>


		<sec id="S4.3">
			<title>4.3. Las variedades profesionales de las licenciadas en Derecho</title>

			<p>Entre las mujeres universitarias que desarrollaron carreras profesionales de prestigio en los a&#x00F1;os 30 en &#x00E1;mbitos ajenos a la ciencia, hay que citar a Josefina Carabias, licenciada en Derecho y periodista de enorme popularidad en el Madrid republicano. Comenz&#x00F3; en 1931 su trabajo en la prensa. Fue corresponsal parlamentaria del diario <italic>La Voz</italic>, la &#x00FA;nica en ese momento de un peri&#x00F3;dico de informaci&#x00F3;n general. Colabor&#x00F3; en <italic>Cr&#x00F3;nica</italic> y <italic>Mundo Gr&#x00E1;fico</italic>, semanarios; y en otros diarios como <italic>Ahora</italic> y en otras revistas como <italic>Estampa</italic>. En 1934 se incorpor&#x00F3; a Uni&#x00F3;n Radio, convirti&#x00E9;ndose en la primera locutora de noticias en Espa&#x00F1;a. Adem&#x00E1;s en 1932 hab&#x00ED;a aprobado las oposiciones para Registradora de la Propiedad, pues durante la Rep&#x00FA;blica la mujer s&#x00ED; pudo acceder a este tipo de ex&#x00E1;menes. Se cas&#x00F3; en 1936 y sali&#x00F3; al exilio al estallar la guerra civil, no pudiendo regresar hasta 1943 (Mart&#x00ED;nez <italic>et al</italic>., <xref ref-type="bibr" rid="CIT26">2000</xref>, pp. 460-461; Mangini, <xref ref-type="bibr" rid="CIT24">2001</xref>, pp. 193-194).</p>

			<p>Mar&#x00ED;a Lacunza, otra licenciada en Derecho fue la primera navarra que obtuvo este t&#x00ED;tulo y tambi&#x00E9;n la primera en colegiarse en Pamplona (1927). En 1932, en Madrid, ingres&#x00F3; como funcionaria en la Administraci&#x00F3;n del Estado, ocupando una plaza de auxiliar interino en el Ministerio de Agricultura, Industria y Comercio, en la Inspecci&#x00F3;n General de los servicios social-agrarios. Fue secretaria de una Comisi&#x00F3;n organizada en 1932 para estudiar la reforma agraria en diversos pa&#x00ED;ses, y se le expidi&#x00F3; pasaporte para viajar al extranjero. No perteneci&#x00F3; a ning&#x00FA;n partido y por ello fue sospechosa para la Rep&#x00FA;blica una vez estallada la guerra civil y depurada en 1940 por el r&#x00E9;gimen de Franco (<italic>Diario de Navarra</italic>, 20 de noviembre de 2005, p. 64).</p>

			<p>Podemos concluir que iba avanzando, aunque lentamente, la presencia de la mujer en la vida profesional. Sin embargo, la mayor parte de las carreras quedaban cortadas por el matrimonio. Nadie entend&#x00ED;a, ni siquiera la mayor parte de las mujeres, que las cosas pudieran ser de otra manera. Dorotea Barn&#x00E9;s dej&#x00F3; sus investigaciones cuando se cas&#x00F3; y era una de las cient&#x00ED;ficas m&#x00E1;s brillantes del momento. Lo mismo cabe decir de otras, como Teresa Zorraquino, que tras leer su tesis en 1930 en Qu&#x00ED;micas, contrajo matrimonio y abandon&#x00F3; la actividad investigadora. Su marido no le permiti&#x00F3; seguir. &#x00C9;l tambi&#x00E9;n era qu&#x00ED;mico y lleg&#x00F3; a ser catedr&#x00E1;tico de la Universidad de Zaragoza en la d&#x00E9;cada de los sesenta. El trabajo de la mujer fuera de casa, seg&#x00FA;n confesi&#x00F3;n de la propia Mar&#x00ED;a Teresa Zorraquino, supon&#x00ED;a un menoscabo para el hombre. Enriqueta Castej&#x00F3;n, licenciada en Farmacia y Qu&#x00ED;mica por la Universidad de Zaragoza, sufri&#x00F3; la misma suerte pues abandon&#x00F3; las clases que impart&#x00ED;a en la Universidad cuando se cas&#x00F3; con un catedr&#x00E1;tico de Qu&#x00ED;mica de la misma Facultad. Sin embargo regent&#x00F3; hasta su jubilaci&#x00F3;n una farmacia propia en la capital aragonesa, compra que hizo su padre para ella en los a&#x00F1;os veinte (Magall&#x00F3;n Portol&#x00E9;s, <xref ref-type="bibr" rid="CIT22">1999</xref>, pp. 106-109).</p>
		</sec>


		<sec id="S4.4">
			<title>4.4. Carreras profesionales en Europa y Am&#x00E9;rica</title>

			<p>Cuando la mujer espa&#x00F1;ola, en los a&#x00F1;os de la Segunda Rep&#x00FA;blica, estaba todav&#x00ED;a asomando la cabeza a la vida profesional, otros pa&#x00ED;ses del entorno occidental le llevaban ventaja, en alg&#x00FA;n caso notable. En primer lugar, los Estados Unidos. Muchas de las cuestiones que en Espa&#x00F1;a no ten&#x00ED;an vuelta atr&#x00E1;s (el matrimonio lo cortaba todo, o casi todo) eran asuntos que ya estaban abiertamente planteados al otro lado del Atl&#x00E1;ntico y para los cuales se buscaban soluciones.</p>

			<p>El tema fue tratado por dos prestigiosos &#x00F3;rganos period&#x00ED;sticos del momento: en 1933 se hizo eco del nuevo fen&#x00F3;meno el <italic>New York Times</italic> y en 1936 la revista <italic>Fortune</italic>. Las mujeres entrevistadas por ambas publicaciones mostraban el mismo deseo de casarse que de trabajar y pensaban que familia y profesi&#x00F3;n eran compatibles, al menos si se ten&#x00ED;a clara la vocaci&#x00F3;n. Se decantaban por horarios flexibles y por ocupaciones que lo hicieran factible, como escritora o decoradora. Pero tambi&#x00E9;n hab&#x00ED;a muchachas que en esas entrevistas declaraban sentirse incapaces de compaginar trabajo y familia, y animaban a las dem&#x00E1;s a dejar la profesi&#x00F3;n. El debate, pues, estaba abierto. En t&#x00E9;rminos globales, el n&#x00FA;mero de casadas que afrontaban un trabajo fue creciendo en Estados Unidos en el periodo de entreguerras y aument&#x00F3; con la Segunda Guerra Mundial: en 1945 un cuarto de las mujeres casadas trabajaban y supon&#x00ED;an un tercio de la poblaci&#x00F3;n femenina activa (Salomon, <xref ref-type="bibr" rid="CIT33">1985</xref>, pp. 172-185).</p>

			<p>En Gran Breta&#x00F1;a, en la d&#x00E9;cada de los 30, parec&#x00ED;a que la &#x00FA;nica salida para una mujer con carrera universitaria era la ense&#x00F1;anza, y a ella se dedicaba la mayor&#x00ED;a de las graduadas: en 1939 eran profesoras de secundaria entre la mitad y las tres cuartas partes de las licenciadas. Dyhouse ha hecho notar que la formaci&#x00F3;n para la ense&#x00F1;anza secundaria era m&#x00E1;s popular y se tomaba mucho m&#x00E1;s en serio entre las mujeres que entre los hombres. Esta misma autora afirma tambi&#x00E9;n que en Gran Breta&#x00F1;a, todav&#x00ED;a en los a&#x00F1;os 30, si la mujer optaba por la carrera acad&#x00E9;mica, quedaba fuera una vez que contra&#x00ED;a matrimonio. No obstante, en esa d&#x00E9;cada funcion&#x00F3; con eficacia, siguiendo la tradici&#x00F3;n asociacionista anglosajona, The British Federation of University Women, una red de mujeres que desempe&#x00F1;aba su tarea profesional en puestos universitarios. En 1932 contaba con 25 agrupaciones locales, 3.500 socias y su propia revista (Dyhouse, <xref ref-type="bibr" rid="CIT06">1995</xref>, pp. 18-19, p. 134-141, p. 170). Ello demuestra que no eran pocas y que ten&#x00ED;an sus propios objetivos.</p>

			<p>Parece que el movimiento de acceso de las mujeres a la educaci&#x00F3;n superior, y despu&#x00E9;s a la vida profesional, nac&#x00ED;a de la base tanto en los Estados Unidos como en Gran Breta&#x00F1;a; y que se autoalimentaba o se dinamizaba por s&#x00ED; mismo, con iniciativa propia, sin detenerse ante la fuerza de la mentalidad social: ellas eran quienes la configuraban, las que se empe&#x00F1;aban constantemente en estar en el origen de los cambios.</p>
		</sec>
		</sec>


		<sec id="S5">
			<title>5. A MODO DE CONCLUSI&#x00D3;N</title>

			<p>Las mujeres espa&#x00F1;olas durante los a&#x00F1;os veinte y treinta se empe&#x00F1;aron por si mismas en estudiar en la Universidad y en desarrollar carreras profesionales al mismo nivel que el hombre. No fueron muchas pero puede afirmarse que su contribuci&#x00F3;n no fue peque&#x00F1;a: alcanzaron puestos pol&#x00ED;ticos e hicieron avanzar al pa&#x00ED;s (por ejemplo con la introducci&#x00F3;n del voto femenino); estudiaron &#x00E1;mbitos nuevos en sus investigaciones cient&#x00ED;ficas e introdujeron en Espa&#x00F1;a t&#x00E9;cnicas y aportaciones hasta entonces desconocidas. A algunas les debemos importantes contribuciones en el &#x00E1;mbito de la filolog&#x00ED;a, como a Mar&#x00ED;a Goyri y a Mar&#x00ED;a Moliner. Fueron muchas las que ense&#x00F1;aron a otras mujeres en los Institutos de Ense&#x00F1;anza Media, fomentando entre las ni&#x00F1;as y adolescentes el ejemplo de la mujer instruida y moderna. Todas contribuyeron a que fuera cambiando la mentalidad.</p>

			<p>Esta se caracterizaba por una atrofia de la raz&#x00F3;n que se paraba ante los pretendidos obst&#x00E1;culos insalvables (matrimonio), o los prejuicios simplistas (falta de inteligencia, conservadurismo social) para impedir el acceso de las mujeres al ejercicio de sus derechos o a una carrera profesional. Cuando no se trataba pura y simplemente del espanto del var&#x00F3;n ante la presencia femenina en la escena p&#x00FA;blica.</p>

			<p>Pero se trataba de una mentalidad sin futuro. Los pa&#x00ED;ses m&#x00E1;s avanzados hac&#x00ED;a ya tiempo que debat&#x00ED;an estas cuestiones y no faltaban propuestas para que la mujer siguiera avanzando en sus aspiraciones. No faltaban tampoco los obst&#x00E1;culos, pero por la v&#x00ED;a de los hechos las mujeres con educaci&#x00F3;n superior se impon&#x00ED;an en los distintos &#x00E1;mbitos profesionales. Era cuesti&#x00F3;n de tiempo que llegara a todos.</p>

			<p>La din&#x00E1;mica espa&#x00F1;ola, m&#x00E1;s atrasada que la norteamericana o la brit&#x00E1;nica, no era, sin embargo, menos ambiciosa: Victoria Kent fue la primera mujer del mundo que ocup&#x00F3; un alto cargo pol&#x00ED;tico. Podemos concluir que, de no haber sobrevenido la guerra civil, el acceso femenino a la educaci&#x00F3;n superior y al ejercicio profesional hubiera sido mucho m&#x00E1;s r&#x00E1;pido en Espa&#x00F1;a.</p>

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